El nuevo orden de seguridad de Rusia en el Sahel y sus implicaciones euroatlánticas

Vehículo blindado y varios soldados en una zona militar del aeropuerto internacional Diori Hamani, en Niamey, Níger, con hangares al fondo y terreno árido en primer plano. El cielo es claro aunque hay un ambiente empolvado.
Vehículo blindado y soldados en el aeropuerto internacional Diori Hamani de Niamey, Níger. Foto: Mtcurado / Getty Images.

Mensajes clave

  • El Africa Corps está redefiniendo el orden de seguridad en la zona central del Sahel al institucionalizar el modelo ruso de protección de regímenes y desplazar a los agentes europeos. En el presente análisis se examinan las herramientas militares, políticas e informativas de Moscú y el modo en el que las utiliza para alterar la dinámica local en materia de seguridad, así como las implicaciones correspondientes para los intereses de la UE y la OTAN en el flanco sur de Europa.
  • Los objetivos principales de Rusia son la preservación de los regímenes y el control territorial, no la promoción del buen gobierno, la inclusión ni la protección de la población civil. En el corto plazo, esta estrategia refuerza a las juntas militares en apuros en el campo de batalla, pero, con el paso del tiempo, los patrones de abuso, violencia y falta de rendición de cuentas avivan el resentimiento de la opinión pública, facilitan el reclutamiento para los grupos yihadistas y hacen mella en la confianza depositada en las instituciones gubernamentales.
  • Europa y la OTAN no resolverían los problemas de fondo del Sahel, pero pueden reducir el riesgo de verse sorprendidas si abordan la región como un elemento integrante de la seguridad euroatlántica e invierten en herramientas como atribuciones claras, alianzas flexibles y una mejora de la coordinación entre la UE y la OTAN.

Análisis

Introducción

El entorno de seguridad en el Sahel está cambiando con rapidez. Las juntas militares de Mali, Burkina Faso y Níger han estrechado sus lazos con Moscú y han expulsado a las fuerzas occidentales. La presencia de personal y materiales militares rusos son ahora más evidentes, en especial en Mali. La transición de Wagner al Africa Corps supone pasar de un grupo aliado con el que cabe negar la implicación a optar por una rama oficial del Ministerio de Defensa ruso. El cambio de una fuerza sustituta de cuyas acciones es posible desmarcarse a un brazo formal del aparato militar ruso tiene consecuencias de peso para Europa y los interlocutores transatlánticos, puesto que la inestabilidad aviva la migración, la amenaza terrorista y la competencia estratégica entre los distintos agentes a lo largo de la frontera sur de Europa.

En el presente análisis se examina el modo en el que Rusia consolida las estructuras de poder hasta entonces más irregulares en el Sahel y altera la dinámica local en materia de seguridad. Asimismo, se apuntan medidas que podrían adoptar los interlocutores europeos y de la OTAN a fin de reducir los riesgos estratégicos y proteger sus intereses. El Africa Corps no es una mera etiqueta nueva, sino el instrumento principal del que se vale Rusia para construir un sistema de seguridad duradero en el Sahel que deje de lado la influencia europea.

Institucionalización del poder irregular

Durante operaciones anteriores en la República Centroafricana y Mali, el Kremlin echó mano de Wagner para poder negar con verosimilitud su implicación, habida cuenta de que se consideraba a Wagner una entidad no estatal. El Africa Corps no presenta esta ventaja. Liderado por Yunús-bek Yevkúrov, viceministro de Defensa, y Andréi Averyánov, un alto cargo del GRU, el Africa Corps actúa dentro de la estructura militar y diplomática oficial de Rusia, si bien se sigue haciendo referencia a sus miembros como “instructores” o “socios de seguridad”.[1]

La decisión de decantarse por una estructura formal cambia las opciones disponibles para Rusia. Wagner solía actuar con una autoridad considerable y se oponía al orden imperante, pero el objetivo del Africa Corps consiste en consolidar una presencia rusa duradera. Al pasar de un grupo militar privado a una unidad oficial del Ministerio de Defensa, el Kremlin parece dispuesto a perder una parte de esa capacidad de negación verosímil y apuesta por una vía más estable y fiable para acumular influencia a medida que se reduce la implicación occidental.

Un nuevo orden de seguridad

Tras la salida de las misiones occidentales, el personal, los materiales y los asesores de Rusia ocuparon el vacío dejado para respaldar a la junta militar en Bamako y ayudar en las operaciones contra la insurgencia. En Mali el apoyo ruso se centra sobre todo en proteger al régimen, echar una mano en el campo de batalla y consolidar al pequeño grupo de las elites gobernantes, en lugar de proteger a la población civil o construir instituciones.

Este modelo lo han adoptado otros países como Burkina Faso y Níger, quienes han seguido el ejemplo de Mali y han incrementado la cooperación en materia de seguridad a través de la Confederación de Estados del Sahel y organizaciones conexas. En Níger los instructores del Africa Corps llegaron después del golpe de Estado militar de julio de 2023, el cual supuso también la retirada del apoyo militar occidental. De este modo, Moscú dejó patente su capacidad de responder con rapidez a los cambios políticos.

Se observa una dinámica parecida en Madagascar, donde, tras el golpe de Estado de octubre de 2025, se estrecharon lazos en materia de seguridad con Moscú y se abrió la puerta a la asistencia técnica militar de Rusia.[2] Siempre que surge una crisis política en un país africano, Rusia aprovecha para ofrecer apoyo militar y alianzas con las elites, a cambio de acuerdos de acceso estratégico y explotación de recursos.

Los objetivos principales de Rusia son la preservación de los regímenes y el control territorial, no la promoción del buen gobierno ni la inclusión. La protección de la población civil es secundaria. En el corto plazo, esta estrategia refuerza a las juntas militares en apuros en el campo de batalla, pero, con el paso del tiempo, los patrones de abuso, violencia y falta de rendición de cuentas avivan el resentimiento de la opinión pública, facilitan el reclutamiento para los grupos yihadistas y hacen mella en la confianza depositada en las instituciones gubernamentales.

Lo sucedido en Kidal a finales de abril de 2026 puso de manifiesto la fragilidad de los avances de la junta militar de Mali. Los rebeldes tuaregs (FLA), aliados con Jama’a Nusrat ul-Islam wa al-Muslimin (JNIM), la rama de al-Qaeda en el Sahel, habrían utilizado drones pilotados por visión remota contra el ejército maliense y el Africa Corps, tomando Kidal y obligando a las tropas rusas a abandonar una ciudad que Wagner ayudó a la junta militar a capturar a finales de 2023.[3] A consecuencia de la presencia constante del Africa Corps en las inmediaciones de zonas importantes, sobre todo en las ricas en recursos, el resto del país ha quedado expuesto a los grupos yihadistas.

Lo ocurrido en Kidal pone de manifiesto que el modelo ruso de protección de regímenes se enfrenta a escollos considerables y no deja de resultar frágil. Aunque el Africa Corps tenga presencia en el Sahel, sus fuerzas son vulnerables y sus garantías de estabilidad son limitadas. Constatar esas limitaciones puede servir para evitar tanto el fatalismo ante la influencia rusa como la complacencia con la respuesta europea.

El campo de batalla de la información

Aparte de su presencia militar, Rusia cuenta con una campaña de información que aspira a influir en las percepciones sobre la legitimidad y la jurisdicción territorial. Los medios de comunicación vinculados a Rusia, los enjambres de bots de inteligencia artificial y los periodistas locales difunden relatos que presentan a Francia y la UE como potencias neocoloniales, mientras que a Rusia la pintan como un socio en potencia que respeta la soberanía y ofrece ayuda rápida en materia de seguridad. Estos mensajes intensifican la frustración creciente que suscitan las iniciativas antiterroristas occidentales, las bajas civiles que provocan y la corrupción de las elites.

Este relato permite que los dirigentes locales presenten la colaboración con Moscú como una vía para reivindicar la soberanía nacional. También les ayuda a justificar la expulsión o marginación de las misiones europeas.

Las campañas de desinformación son ahora mucho más rentables y rápidas a raíz de los avances en la tecnología de IA. Grupos pequeños pueden generar cientos de publicaciones al día en varios idiomas —francés, árabe, inglés y lengua local— mientras adaptan el mismo mensaje cambiando las imágenes, los reclamos y las referencias culturales.[4] Además, la tecnología deepfake puede producir audio y vídeo en el que resulta difícil distinguir lo real de lo falso, lo que ayuda a difundir contenido ficticio que sigue avivando los sentimientos negativos contra Occidente y las Naciones Unidas.

Estas campañas afectan de manera considerable a los objetivos de las políticas europeas. Cada vez más son más los habitantes de las capitales sahelianas que perciben la ayuda bienintencionada como injerencia extranjera, lo que dificulta el fortalecimiento del buen gobierno y los derechos humanos. Por lo tanto, la campaña de información refuerza el despliegue militar: Rusia no necesita lograr la victoria sobre el terreno si consigue que la interacción con Europa resulte insostenible desde el punto de vista político.

Motivos por los que esta situación importa para la UE y la OTAN

La inestabilidad en el Sahel, que abarca la migración irregular, el terrorismo, la trata de personas y los disturbios en el norte y oeste de África, supone un gran reto para Europa. La intensificación de la violencia provoca más migración y aumenta la presión sobre las fronteras europeas. También facilita que los grupos armados encuentren refugios desde los que poder amenazar a otras regiones. Los países europeos dependen del Sahel por lo que respecta a minerales, energía y rutas comerciales, pero estos intereses están más expuestos ahora a la influencia rusa en los contratos, la logística y la toma de decisiones.

La presencia de Rusia en el Sahel brinda acceso a Moscú a bases, aeródromos y puntos de abastecimiento próximos a la frontera meridional de Europa. Asimismo, Rusia apoya las iniciativas diplomáticas, propaga la desinformación y presiona a favor de sus intereses en las negociaciones. África ha pasado a ser un espacio de pugna entre Rusia y Occidente, con Moscú recurriendo a su ejército, la desinformación y los acuerdos en materia de seguridad para bloquear la implicación europea. Por consiguiente, la influencia de la UE ha disminuido, en especial tras la retirada de las misiones, el deterioro de su reputación a raíz de las acusaciones de neocolonialismo y los desacuerdos sobre el modo de lidiar con los gobiernos que dirigen su mirada a Moscú. Sus miembros, entre ellos España, Italia, Francia y Portugal, se enfrentan a problemas como el terrorismo, la migración irregular y la inseguridad marítima. El Sahel es un ejemplo paradigmático de región en la que la inestabilidad y varias amenazas diferentes se entrecruzan. Es posible que la OTAN no necesite una estrategia exhaustiva para el Sahel, pero la presencia creciente de Rusia complica los esfuerzos destinados a la disuasión de amenazas, el mantenimiento de la resiliencia y la preservación de la cohesión de la Alianza en el ámbito euroatlántico.

Mauritania es el único socio formal de la OTAN en el Sahel que coopera con la UE y sus Estados integrantes, en especial con España y Francia, en materia de seguridad regional. Goza de la consideración de interlocutor importante y eficaz en los casos de lucha contra el terrorismo. No obstante, esta estrategia ha sido objeto de numerosas críticas por centrarse en los síntomas y dejar de lado las causas estructurales. Un escollo considerable es que el terrorismo y la migración son fenómenos interconectados, pero no son idénticos. El representante especial del secretario general de la OTAN para el Vecindario Sur y el representante especial de la UE para el Sahel sirven de vías para la cooperación, pero se trata de funciones infrautilizadas, sobre todo porque las estrategias actuales giran sobre todo en torno a Rusia. Una coordinación más constante y organizada entre estos cargos podría afianzar los lazos políticos de la UE y la OTAN en la región sin un gran coste adicional. Aun así, las desavenencias entre la OTAN y los miembros de la EU sobre la colaboración con las juntas militares del Sahel y la inversión necesaria a nivel político y militar dificultan que se establezca una cooperación firme en este sentido. La Iniciativa de la UE en materia de seguridad y defensa en apoyo a los países de África Occidental del golfo de Guinea (EU SDI GoG) ya ayuda a los países del litoral en el ámbito de la seguridad marítima y el desarrollo de capacidades. Vincular esta iniciativa de manera más clara con la inquietud derivada de la influencia rusa podría contribuir a diseñar una estrategia regional más amplia.

Otros interlocutores externos: China y Turquía ante el nuevo mercado para la seguridad en el Sahe

China y Turquía se están sumando a Rusia para cubrir el vacío dejado por Francia y la UE en el Sahel y las regiones limítrofes. Ofrecen distintas combinaciones de apoyo financiero, político y de seguridad a unos gobiernos que cada vez hacen gala de una mayor determinación.

Inversión china

China no ha dejado de ser el principal acreedor bilateral oficial a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Hasta 2025, se han adjudicado a China contratos de construcción por valor de 61.200 millones de dólares, entre ellos importantes proyectos de desarrollo en Nigeria y la República del Congo.[5] Los países en desarrollo de todo el continente se benefician de los préstamos en condiciones favorables concedidos por China, la reestructuración periódica de la deuda y distintas infraestructuras a gran escala, como son carreteras, puertos y redes de telecomunicaciones, todo lo cual contribuye a afianzar la posición dominante de China en la construcción de infraestructuras a lo largo y ancho de África. Del mismo modo, estos acuerdos comerciales proporcionan una ventaja estratégica a Pekín a través de sus empresas estatales, sus ingenieros y su influencia, recurriendo a permutas de deuda por capital y plataformas digitales gestionadas por Huawei. Además, al posicionarse como una alternativa a Europa, China ve en el Sahel un socio atractivo a largo plazo en el ámbito de las infraestructuras y la tecnología. Asimismo, China ha ampliado su presencia en materia de seguridad al abrir en 2017 en Yibuti su primera base militar en el extranjero y recurrir a contratistas militares y programas de formación privados para estrechar lazos con las fuerzas armadas africanas.[6] Para la UE esta situación no constituye tanto una amenaza cinética inmediata, sino que representa un reto en materia de resiliencia y conocimiento del entorno de cara a ampliar su influencia en el Sahel en el ámbito del desarrollo de las capacidades humanas e institucionales.

La diplomacia cultural de Turquía

Al aportar ayuda humanitaria, diplomacia cultural islámica y tecnología militar asequible, Turquía se ha convertido en un socio flexible en materia de seguridad para los gobiernos africanos y sahelianos. Gracias a esas tres herramientas, Turquía se ha posicionado como un Estado musulmán poscolonial que no impone tantas condiciones políticas como los países occidentales. Ankara combina la restauración de mezquitas, las becas, la ayuda en caso de catástrofes y la inversión en infraestructuras, por un lado, con exportaciones militares –drones Bayraktar TB2–, capacitación de equipos e instalaciones de mantenimiento, por el otro. La labor de la Agencia Turca de Cooperación y Coordinación (TİKA), el presidente del Departamento de Asuntos Religiosos y la Fundación Maarif ayuda a crear relaciones duraderas entre los dirigentes políticos y las comunidades religiosas. La colaboración de Turquía con Somalia ilustra bien este modelo: lo que empezó como mera ayuda humanitaria se amplió después a infraestructuras, formación militar y apoyo en defensa.[7] En los países que colindan con el Sahel y el golfo de Guinea también se observa este patrón, y los drones y la formación militar de Turquía contribuyen en gran medida al desarrollo de sus fuerzas de seguridad locales. El apoyo constante de Ankara en materia de mantenimiento, logística e inteligencia incrementa su influencia regional, además de servir para forjar alianzas duraderas sin tener que recurrir a grandes contingentes ni extraer recursos.

El apoyo ruso a los regímenes de la zona se engloba en un panorama más amplio en materia de seguridad, pero los planteamientos de Europa y la OTAN respecto al Sahel también deben tener en cuenta la influencia de China y Turquía sobre el modo en el que los dirigentes locales perciben las amenazas y su estrategia de negociación.

Opciones políticas para los agentes europeos y euroatlánticos

Europa no puede superar a Rusia en cuanto a protección de los regímenes, pero puede influir en el entorno. El objetivo no consiste en restaurar un orden Occidental que ya no existe, sino en limitar el coste estratégico que supone Rusia y tener opciones disponibles.

De la información interna a la inteligencia compartida

Los miembros de la UE y los aliados euroatlánticos deben dejar de limitarse a las peticiones genéricas y mejorar directamente la información de inteligencia en el Sahel. Una unidad conjunta de UE y OTAN podría elaborar informes desclasificados sobre los desplazamientos rusos, las agresiones a la población civil y las adaptaciones yihadistas en la zona central del Sahel. Esta iniciativa podría servir para ampliar herramientas existentes como el Centro de Satélites de la UE y potenciar la cooperación entre las agencias de inteligencia nacionales y el análisis de datos de fuentes abiertas.

Se podría instaurar un respaldo financiero para grupos como periodistas de investigación, investigadores propiamente dichos o verificadores de datos de países africanos y europeos. Servirían para hacer un seguimiento del Africa Corps y los demás métodos de influencia, lo que podría reforzar la coordinación de la generación de datos en el marco de la lucha informativa en Europa y África.

Aprovechar la influencia económica que persiste para ampliar las opciones de los países del Sahel

El buen funcionamiento de las nuevas instituciones regionales en el Sahel depende de sus integrantes y de los recursos disponibles. Los países de la UE deben seguir recurriendo a herramientas financieras y económicas para ofrecerles más opciones al Sahel y a sus países vecinos en materia de seguridad. El apoyo a grupos como la Unión Africana y la Comunidad Económica de los Estados del África Occidental puede ayudar a que la región sea más segura. La política europea de desarrollo debería centrarse en los países clave del África Occidental y Central, donde, si bien la influencia rusa va en aumento, aún no está consolidada. La ayuda financiera, las ventajas comerciales y los programas específicos deberían vincularse a acuerdos transparentes en materia de seguridad que incluirían la divulgación de cualquier pacto de exclusividad con socios externos. Los préstamos para mejorar la gestión de fronteras y reforzar las instituciones pueden servir para ir restándole atractivo a los acuerdos de seguridad contraídos con Rusia a cambio de recursos.

Plasmar la coordinación UE-OTAN en acciones concretas que miren al sur

La atención de la UE y la OTAN en el Sahel debería centrarse en objetivos concretos, sin limitarse a las declaraciones genéricas. El marco de referencia de 360 grados de la Alianza puede servir para detectar y solventar la inestabilidad en el sur de Europa y sus interacciones con otras amenazas. Además de contribuir a las iniciativas actuales de la UE y la OTAN, los países del sur de Europa como España, Italia, Portugal y Francia pueden informar de manera periódica al Consejo del Atlántico Norte y otras entidades pertinentes de la UE sobre la situación en el Sahel. De ese modo, se garantizaría que la región se mantuviese en primera línea de las consideraciones de seguridad sin crear expectativas de actuaciones a gran escala. A través de una selección de iniciativas coordinadas en materia de comunicaciones, las respuestas de la UE y la OTAN podrían aportar más cohesión sin que ninguna institución contribuyese a la militarización excesiva del Sahel.

Creación de coaliciones de países recelosos ante el dominio ruso

Los Estados miembros de la UE deben colaborar con los países africanos y del Golfo a los que les preocupe el protagonismo de Rusia en materia de seguridad en el Sahel. El objetivo no es sustituir a Moscú como patrón principal, sino crear coaliciones informales que ofrezcan alternativas prácticas de apoyo en cuanto a formación, logística, financiación y mediación. Se puede ayudar a potencias intermedias de África como Ghana, Senegal, Kenia y Marruecos, así como a países específicos del Golfo, a ampliar sus ofertas de cooperación en materia de seguridad sin implicar el intercambio de servicios y recursos con el Golfo u otras potencias. La diplomacia europea debería normalizar la idea de que la dependencia excesiva de cualquier proveedor extranjero de seguridad tendrá implicaciones a largo plazo para la seguridad regional.

Conclusiones

El Africa Corps es una pieza clave del plan de Rusia para acumular influencia recurriendo a la fuerza militar, la ayuda política y las campañas de información. En el Sahel esta estrategia ya está cambiando el panorama de seguridad al dar prioridad a los gobiernos militares frente a la seguridad de la población civil. Estos cambios tienen repercusiones que se extienden hasta la región meridional europea. Europa y la OTAN no resolverían los problemas de fondo del Sahel, pero pueden reducir el riesgo de verse sorprendidas si abordan la región como elemento integrante de la seguridad euroatlántica e invierten en herramientas como atribuciones claras, alianzas flexibles y una mejora de la coordinación entre la UE y la OTAN.


[1] Sébastian Seibt (2023), «Notorious Russian general, master spy duo organise in Africa after Prigozhin’s demise», France 24, 20/IX/2023, párrafos 1-5.

[2] «Russia sends weapons to Madagascar following military coup», The Moscow Times, 22/XII/2025.

[3] «Rebel checkpoints reported around Mali’s capital, northern town seized», Al Jazeera, 1/V/2026.

[4] Stanislav Vasyliuk (2026), «Russia’s information warfare in Africa: influence operations in the Sahel», Journal of Strategic Security, vol. 19, nº 1, pp. 78-92.

[5] C.N. Wang (2025), «China Belt and Road Initiative (BRI) Investment Report 2025 H1», Green Finance & Development Center.

[6] Charlotte Gao (2017), «China officially sets up its first overseas base in Djibouti”, The Diplomat, 12/VII/2017.

[7] Margherita Rigoli (2024), «Turkey’s growing influence in Somalia», NATO Defence College Foundation.