Mensajes clave
- La cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Ankara de 2026 no ha estado políticamente tan significada como las de Madrid en 2022 y La Haya en 2025. La conclusión principal es que los cambios de responsabilidades y cargas entre Estados Unidos (EEUU) y el resto de sus aliados prosiguen su curso. Se avanza por tanto hacia el objetivo de que los aliados europeos asuman la responsabilidad principal de la disuasión y defensa convencional de Europa (lo cuál sería el rasgo central de la llamada OTAN 3.0).
- Tras Ankara, queda por ver si la arquitectura de defensa y disuasión de la OTAN 3.0 seguirá siendo similar a la actual o si los cambios acaban exigiendo una revisión más profunda del propio modelo aliado de disuasión y defensa.
- España ya ha anunciado que contribuirá a la redistribución de cargas para liberar a EEUU de sus compromisos de refuerzo con siete cazas, dos aviones cisterna, una batería antiaérea y un avión de patrulla marítima, y que está dispuesta a asumir nuevos compromisos. Sin embargo, la previsible reducción de la contribución estadounidense a la OTAN y consiguiente presión para que los europeos revisen al alza sus compromisos de capacidades harán aún más difícil para España cumplir con los objetivos ampliados con un techo de gasto anclado en el 2%.
Análisis
1. Introducción
La cumbre de la OTAN en Ankara de 2026 no ha generado las mismas expectativas políticas ni la pasión mediática que levantaron las cumbres de Madrid en 2022, cuando Rusia acababa de invadir Ucrania, o la de La Haya en 2025, cuando el presidente Donald Trump propuso subir el objetivo de gasto al 5% del PIB. No es una cumbre política, en el sentido de tomar decisiones trascendentes para la organización, y la necesidad de preservar la imagen de cohesión en la Alianza impide recoger en el Comunicado Final todo lo que la cumbre ha dado de sí. Aun así, el seguimiento de la cumbre ha permitido conocer que siguen adelante los cambios de responsabilidades y cargas entre EEUU y el resto de sus aliados. Lo que todavía no se puede saber es si la arquitectura de defensa y disuasión de la llamada OTAN 3.0 seguirá siendo la actual, o si los cambios –precipitados principalmente por una previsible reducción significativa de la contribución militar estadounidense– acabarán exigiendo una revisión más profunda del propio modelo aliado de disuasión y defensa.
2. El contenido de la cumbre
La Cumbre se ha limitado a evaluar el estado de cumplimiento de los acuerdos anteriores sobre el gasto militar, el apoyo a Ucrania y la industria de defensa. El secretario general, Mark Rutte, elaboró un relato positivo en el que los aliados europeos y canadienses incrementaron su gasto de defensa en casi 90.000 millones de dólares, un 20% más que en 2024 y casi un punto más del PIB respecto a 2014 (2,3% frente al 1,4% de entonces). Como explicó el secretario general con sus gráficos al presidente Trump en el despacho oval, los europeos y canadienses están igualando su gasto en defensa (634.000 millones de dólares estimados para 2026) con el de EEUU (850.000 millones).[1] Los aliados han presentado sus previsiones de cumplimiento anual y sólo Albania, la República Checa y Eslovenia presentan dificultades para mantener el ritmo del 2% este año, como ha reconocido el secretario general pero, según él mismo, con voluntad de recuperar el ritmo enseguida. En ese relato bien empaquetado y vendido por su secretario general, radica la tranquilidad y la falta de sobresaltos con las que ha trascurrido la pasada cumbre de Ankara.
A diferencia del año pasado, España ha llegado a la cumbre con un gasto estimado del 2% del PIB avalado por el informe del secretario general según refleja la Figura 1, lo que ha evitado a España tener que dar explicaciones sobre incumplimiento. Además, y como se espera una revisión importante en 2029, no parece que se vayan a exigir grandes avances en el primer año y España puede explotar el crédito que se ha ganado al pasar de 12.634 millones de euros (0,92% PIB) de gasto en defensa en 2014 a 35.670 millones (2% del PIB) estimados en 2025 y al dedicar a sus inversiones en equipo más del 20% del presupuesto de defensa que fija el objetivo aliado.
Figura 1. Gasto en defensa de 2025 como porcentaje del PIB

En esta cumbre de seguimiento, cada aliado ha tenido que detallar sus progresos hacia los objetivos de gasto sobre el PIB acordados en La Haya: un 3,5% para las necesidades básicas de defensa (core defence requirements y capability targets) y un 1,5% para las de asociadas a la seguridad y la defensa (resiliencia, infraestructuras críticas, innovación, industria de defensa, ciberseguridad). En la Figura 2 se muestra la evolución de ambos objetivos para alcanzar el 5% en 2035, tras un examen de revisión en 2029. Según los datos aportados en la cumbre, el nivel medio de gasto desde La Haya alcanza el 3,76% en 2025 y el 3,93% en 2026, ambos porcentajes estimados como señala la Figura 2.
Figura 2. Gasto en defensa (3,5%) y asociados a seguridad y defensa (1,5%)

De la actualización de datos sobre los conocidos de 2025, se ve que España ha estimado un gasto en defensa de 35.419 euros, frente a los 33.743 de 2025, lo que representa un incremento del 2,19% frente al del 44,49% del año anterior. Las cifras muestran que el gasto en defensa español se ha mantenido en el objetivo fijado por el gobierno del 2% del PIB sin que registre avances hacia los dos objetivos de gasto de la Figura 2 (3,5% y 1,5%) acordados en La Haya.
Los aliados de la OTAN proporcionan a Ucrania el 99% de la ayuda militar que recibe mediante la coordinación del Mando de Asistencia y Adiestramiento (NSATU) creado para Ucrania en la OTAN en Wiesbaden, Alemania. En la cumbre Washington de 2024 se comprometieron a suministrar unos 40.000 millones anuales de euros a Ucrania para que pudiera sostener su esfuerzo de defensa. En 2025 recibió 50.000 millones de los cuales el 60% ha sido a cargo de los aliados europeos y canadienses, y en Ankara se han aprobado 70.000 para 2026 y 2027. Además de lo anterior, y para proveer a Ucrania con equipamiento y munición especialmente necesarios, los aliados disponen de una lista de solicitudes prioritarias (PURL) que proporciona EEUU y costean el resto de los aliados y los socios del Indo-Pacífico, más de 6.000 millones de dólares desde 2025.
España ha comprometido 150 millones de ayuda al programa PURL y ha apoyado a las Fuerzas Armadas ucranianas con un total de 2.795 millones de euros desde 2022, lo que la sitúa como el octavo Aliado de la OTAN por valor del apoyo militar a Ucrania según el Informe anual del Departamento de Seguridad Nacional. No obstante, los retos en la ayuda a Ucrania son el de reemplazar totalmente las donaciones de EEUU y el de reducir la disparidad entre los donantes europeos, lo que obligará a España a aumentar su contribución militar y total hasta una cifra de 3.000 millones de euros anuales desde los 500 actuales (0,03% del PIB) según el Instituto Kiel.[2]
Como no podía ser de otra forma en tiempos de guerra, la preocupación por la industria de defensa ha acabado entrando en las prioridades de la OTAN y de sus cumbres, para lo que ha organizado el primer Foro Industrial de Defensa. La OTAN ya cuenta con un Plan de Acción para la Producción de Defensa acordado en la Cumbre de Vilna que los ministros de Defensa aprobaron en febrero de 2026. En el Foro de la Industria de Defensa se han anunciado acuerdos de algunos aliados para producir equipos de utilidad para la OTAN, señalar el interés por nuevos programas como drones o satélites y ofrecer a la industria plataformas para conocer la demanda aliada e identificar posibles colaboradores. El Foro ha dado publicidad a programas que ya existían como el Alliance Persistent Surveillance from Space (APSS) y a la entrada de nuevos socios, como es el caso de España en el anterior para contribuir a la vigilancia con los satélites de su “Constelación Atlántica”.
Más allá de la puesta en escena del Foro en Ankara y del incentivo de “testado en la OTAN” para sus productos, la Alianza sólo puede incentivar a aliados e industrias para que produzcan capacidades militares, pero no imponérselas. Una experiencia que la base industrial y tecnológica de la defensa europea ha adquirido con las estrategias, planes, agencias, años y fondos de la Unión Europea (UE), que la OTAN no tiene.
La colaboración entre la industria y la OTAN que propone, la conciliación de los planeamientos de defensa de la OTAN (NDPP), la UE (CDP) y los aliados que busca, las buenas intenciones para acelerar la producción, agregar la demanda, la integración de las nuevas tecnologías o asegurar las cadenas de suministro, son medidas de sentido común que no tienen en cuenta la realidad del ecosistema industrial y tecnológico. Dicho esto, todas las medidas adoptadas al calor del Foro Industrial de Ankara tendrán que exponerse a la fría realidad de las industrias, presupuestos y prioridades nacionales de cada aliado.
Los proyectos de alta visibilidad de la OTAN (HVP) tras la cumbre y la sintonía industrial entre la OTAN y la UE no tardarán en enfrentarse a las preferencias nacionales, la ambición de autonomía estratégica por parte de la UE, las restricciones que impone EEUU al comercio militar a través de su International Traffic in Arms Regulations (ITAR), la coerción económica o la renacionalización del gasto. En lo que a la autonomía estratégica europea se refiere, está por ver si la irrupción industrial de la OTAN allana la participación de EEUU, Turquía y los socios del Indo-Pacífico en el ecosistema industrial y tecnológico de la UE. España deberá estar atenta al efecto que puedan tener sus acuerdos para que su industria de defensa pueda participar en los proyectos colectivos y asegurarse la presencia en las cadenas de suministro aliadas o para impedir que la entrada de competidores externos a la UE pueda desplazarlas de las cadenas europeas.
3. La OTAN 3.0: del burden sharing al burden shifting
La OTAN está revisando su modelo de fuerzas de forma discreta fuera de la exposición mediática de la cumbre. El proceso ha salido a la luz cuando el secretario general lo ha asociado a la redistribución de responsabilidades entre los aliados estadounidenses y los demás.[3] La redistribución ya se había puesto en marcha con los planes regionales de defensa, la presencia adelantada y el mayor nivel de alistamiento, pero ahora deberán asumir nuevas responsabilidades de mando, operativas y de capacidades.[4] Aún faltan por concretar detalles sobre el reparto final de capacidades convencionales, ya que de momento se mantiene la garantía nuclear, y cuál sería el calendario del traspaso, pero el cambio de la responsabilidad apunta a un menor compromiso de los aliados estadounidenses en el futuro. Las noticias sobre el cambio se prodigan y el secretario de Defensa de EEUU comunicó a sus aliados el mes previo a la cumbre de Ankara que también se reduciría la contribución estadounidense al refuerzo de Europa mediante una revisión del despliegue de fuerza estadounidense en Europa, cuyos resultados se esperan a finales de este año.
Sin embargo, el verdadero desafío no consiste únicamente en sustituir capacidades de EEUU concretas. La reducción anunciada de las llamadas capacidades de refuerzo estadounidenses plantea una cuestión mucho más profunda: si la Alianza pretende preservar la actual arquitectura de disuasión y defensa –que descansa sobre la premisa de una contribución significativa por parte de Washington– o si debe prepararse para una diferente. La primera opción pasa por llenar los huecos dejados por EEUU en lo que respecta a unidades o plataformas de combate determinadas y asumiría que, o bien EEUU continuará ofreciendo a la OTAN los llamados habilitadores críticos –las capacidades de mando, inteligencia, movilidad y sistemas de precisión sobre los que descansan el Concepto para la Disuasión y la Defensa Aliada (DDA) aprobado en 2020 y los Planes Regionales acordados en 2023–, o bien los aliados europeos estarían en condiciones de reemplazarlos (aunque sea parcialmente). La segunda asumiría que ese nivel de apoyo estadounidense –sobre todo en el ámbito de los habilitadores críticos– dejará de estar disponible y obligaría a revisar el propio modo de hacer la guerra de la OTAN, aproximándolo a un modelo europeo más apoyado en la masa, la resiliencia y el desgaste, inspirado parcialmente en las lecciones de Ucrania.
Aunque la prioridad lógica sigue siendo preservar la arquitectura actual en la medida de lo posible, tampoco puede descartarse la necesidad de prepararse para este segundo escenario. De hecho, el que la cumbre de Ankara se haya diseñado para la implementación de los compromisos acordados en La Haya valida la vigencia del marco estratégico acordado hace apenas un año. Sin embargo, conforme EEUU acelera la reducción de su presencia convencional y de sus capacidades de refuerzo, la Alianza podría verse obligada a revisar algunos de esos supuestos incluso antes de completar su implementación.
Ese debate tiene importantes implicaciones para los europeos. Asumir una mayor responsabilidad convencional no consiste únicamente en adquirir nuevas capacidades, sino también en generar una estructura de fuerza capaz de integrarlas eficazmente. El reto pasa de ser cuánto invertir a cómo organizar, integrar y mandar fuerzas multinacionales capaces de operar conjuntamente a gran escala. La siguiente fase de adaptación de la OTAN exigirá probablemente pasar de una lógica de expansión de estructuras nacionales y multinacionales a otra basada en una mayor integración operacional europea.
España ya ha anunciado que contribuirá a la redistribución de cargas para liberar a EEUU de sus compromisos de refuerzo con siete cazas, dos aviones cisterna, una batería antiaérea y un avión de patrulla marítima y que está dispuesta a asumir nuevos compromisos.[5] Sin embargo, si los compromisos de capacidades con la OTAN se revisan al alza y la incipiente revisión de la contribución militar estadounidense a la seguridad europea genera aún más expectativas sobre la contribución de los aliados europeos, sería todavía más difícil para España cumplir con el techo de gasto anclado en el 2% y con los presupuestos de defensa comprometidos con los numerosos programas nacionales de modernización en curso.
5. Noticias al margen del comunicado
A veces la cohesión de los comunicados esconde las discrepancias registradas. Cada líder aliado, sobre todo el presidente Trump, acude a las cumbres con su propia agenda de interés que a veces se refleja y a veces no en los comunicados. Lo que no saldrá en el Comunicado Final seguramente, son las discrepancias de los aliados con EEUU a propósito de su aventura militar en Irán y los reproches, algunos deliberadamente públicos y excesivos como el del secretario de defensa Pete Hegseth, afeando a los aliados que no apoyaran una operación militar de la que se enteraron por los medios de comunicación. Sí que se han hecho públicas reacciones a los comentarios del presidente Trump sobre Groenlandia o la escasa ayuda que le han prestado Alemania, Francia, Italia y España en relación con Irán. Éstas últimas, particularmente despectivas, llueven sobre mojado y, como en ocasiones anteriores, apenas alterarán la vida práctica de España en la OTAN.
Tampoco aparece en el Comunicado la necesidad de reforzar la atención hacia el flanco sur de la OTAN tras lo sucedido en el estrecho de Ormuz, la inestabilidad generada en Oriente Medio o la inseguridad creada por los misiles iraníes sobre territorio europeo.[6] Apelar en el comunicado final a la libertad de navegación u oponerse a que Irán acceda a armamento nuclear es otro lugar común. La OTAN sólo ha podido responder a la búsqueda de garantías complementarias de seguridad por los países árabes con el diálogo de la Iniciativa de Cooperación de Estambul, un diálogo de seguridad cooperativa que pertenece a la OTAN 2.0. El secretario general ha mencionado lo que los aliados están haciendo por la defensa y la disuasión del flanco oriental, el Báltico o el Ártico, pero nada específico sobre lo que hacen respecto al flanco sur, si bien la Cumbre de Ankara albergó un intercambio entre los aliados y los socios del Golfo. El comunicado sí que hace mención del concepto de la seguridad en 360% que defiende España para evitar la postergación de sus intereses de seguridad.
Finalmente, frente al protagonismo adquirido por China y la cooperación con los socios del Indo-Pacífico en las cumbres de Madrid, Vilna o Washington, Ankara parece otorgar menor visibilidad política a esta dimensión. Ello no significa necesariamente un abandono de esa agenda –la invitación a los líderes del Indo-Pacífico, incluida la asistencia del presidente de Corea del Sur y su participación en el Foro Industrial, así lo sugiere–, pero sí refleja que la prioridad inmediata de la Alianza se ha desplazado hacia la gestión de la transición transatlántica y el reparto de responsabilidades en Europa.
Conclusiones
La cumbre ha cumplido con sus objetivos de seguimiento presupuestarios, industriales y de ayuda a Ucrania sin abrirse a grandes declaraciones políticas de intenciones. En este sentido, se avanza en la hoja de ruta marcada por La Haya, según la cual los aliados europeos y canadienses asumirían la responsabilidad principal de los aspectos convencionales de la disuasión y la defensa de Europa a la vez que EEUU asumiría una posición de apoyo. Esto es, en esencia, la llamada OTAN 3.0 que inspirará un nuevo modelo de fuerzas.
Queda por ver en qué medida la incipiente revisión de la contribución estadounidense a Europa permitiría a la OTAN preservar la misma arquitectura de disuasión y defensa, que actualmente descansa sobre una contribución significativa por parte de EEUU, sobre todo en ámbitos como los habilitadores críticos.
La cumbre no ha recriminado a España ningún incumplimiento de compromisos, pero la redistribución de responsabilidades progresa en contra de sus criterios presupuestarios. Resultará por tanto cada vez más difícil asumir más responsabilidades sin elevar el porcentaje de gasto.
[1] David E. Sanger (2026), “NATO’s Leader Makes His Case to Trump for Preserving the Alliance”, The New York Times, 24/VI/2026.
[2] Taro Nishikawa y Ch. Trebesch (2025), “Ukraine Support Tracker: Europe fails to offset US aid drop”, Kiel Institute News, 10/XII/2025; Giussepe Irto et al. (2025), “Ukraine Aid: How Europe Can Replace US support”, Kiel Policy Brief 186, marzo, p. 12.
[3] Mark Rutte (2026), “Rueda de prensa en la cumbre del grupo B9 en Bucarest”, 13/V/2026, y “Rueda de prensa previa a la cumbre de ministros de Defensa de la OTAN”, 17/VI/2026.
[4] Jonathan Burchell (2026), “The NATO Ankara Summit: “NATO 3.0” in practice”, CSIS, 09/VI/2026.
[5] Miguel González (2026), “Robles: Pese a lo que diga Trump, los mandos de la OTAN saben que España está cumpliendo”, El País, 05/VII/2026.
[6] Pinar Dost (2026), “From burden sharing to strategic delivery: NATO and Turkey’s priorities ahead of the Ankara summit”, Atlantic Council Issue Brief, 02/VII/2026.
