Serbia: ¿el comienzo de una segunda transición democrática?

Multitud de simpatizantes de la Lista Estudiantil celebra la victoria electoral del 25 de octubre de 2026 frente a la Asamblea Nacional de Serbia, en Belgrado. Los asistentes ondean banderas serbias y se concentran de noche en las escalinatas del edificio, cuya fachada aparece iluminada. Una de las banderas aparece difuminada en primer plano, en el centro de la imagen.
Celebración de la victoria de la Lista Estudiantil en las elecciones de Serbia (26/10/2026). Foto: Pierre Crom / Getty Images.

Las elecciones parlamentarias anticipadas celebradas en Serbia el 25 de octubre de 2026 han supuesto un cambio político de dimensiones históricas. Después de 14 años de hegemonía del Partido Progresista Serbio (SNS), Aleksandar Vučić ha reconocido su derrota frente a la Lista Estudiantil, surgida de las protestas contra la corrupción y el deterioro institucional que comenzaron en noviembre de 2024. La victoria, por mayoría absoluta, demuestra que un movimiento de protesta social puede transformarse en una alternativa política capaz de disputar y conquistar el poder, incluso en un sistema caracterizado por el control gubernamental de los medios de comunicación, el clientelismo y la debilidad de los contrapesos institucionales.

Según los resultados preliminares, la Lista Estudiantil ha obtenido el 52,9% de los votos y 141 de los 250 escaños de la Asamblea Nacional, frente al 38,8% y 103 diputados de la candidatura encabezada por Vučić. Estas cifras le garantizan una holgada mayoría absoluta, situada en 126 escaños. La participación, cercana al 70%, ha alcanzado su nivel más alto desde la desintegración de Yugoslavia. La magnitud del resultado resulta especialmente significativa porque no se trata únicamente de una derrota del partido gobernante, sino también de una ruptura con el predominio político de Vučić y con las prácticas que han sostenido su sistema de poder.

Los comicios enfrentaban dos concepciones del Estado: una basada en el liderazgo personalista y la concentración del poder, y otra que reivindicaba instituciones independientes, responsabilidad pública y Estado de derecho. Los resultados han dado la mayoría parlamentaria a la segunda opción, aunque la transformación institucional que reclama continúa pendiente.

El principal logro de los estudiantes ha sido convertir la indignación ciudadana en una organización política y electoral. A diferencia de la oposición tradicional, fragmentada y debilitada por sucesivas derrotas, los estudiantes consiguieron mantener durante casi dos años una movilización sostenida, construir redes de apoyo territorial y articular una candidatura común. La Lista Estudiantil incorporó a profesores universitarios, médicos, intelectuales, profesionales y representantes de la sociedad civil, evitando identificarse exclusivamente con los partidos establecidos. Esta estrategia permitió superar algunas de las divisiones ideológicas que habían dificultado anteriormente la construcción de una alternativa a Vučić. El movimiento reunió a ciudadanos liberales, conservadores, nacionalistas y europeístas alrededor de unas reivindicaciones compartidas: la lucha contra la corrupción, la independencia institucional y la exigencia de responsabilidad política. Sin embargo, esa heterogeneidad, decisiva para ganar las elecciones, podría complicar la futura acción de gobierno.

La elevada participación ha sido uno de los factores determinantes del resultado electoral. El SNS disponía de una organización territorial consolidada, redes clientelares y una base electoral relativamente disciplinada. Para superar estas ventajas, la Lista Estudiantil necesitaba movilizar a ciudadanos tradicionalmente abstencionistas, especialmente a los jóvenes y a los sectores desencantados con la oposición convencional.

La victoria adquiere mayor relevancia por las condiciones en las que se celebraron los comicios. Durante los años de gobierno del SNS, el Ejecutivo ejerció una influencia considerable sobre los principales medios de comunicación, las empresas públicas y diversas instituciones estatales.

La victoria de los estudiantes serbios presenta importantes similitudes con la derrota de Viktor Orbán en las elecciones parlamentarias húngaras del 12 de abril de 2026. Después de 16 años en el poder, Orbán fue derrotado por el partido Tisza, liderado por Péter Magyar, que obtuvo más del 53% de los votos y una mayoría parlamentaria de dos tercios, en unas elecciones con una participación cercana al 80%.

Tanto Orbán como Vučić construyeron sistemas políticos caracterizados por una fuerte concentración del poder ejecutivo, la influencia gubernamental sobre los medios de comunicación, la erosión de la independencia judicial y la utilización de recursos estatales para reforzar su posición electoral. Ambos mantuvieron mecanismos electorales competitivos, pero en condiciones estructuralmente desiguales para la oposición. La ausencia de una separación efectiva de poderes limitó la capacidad de las instituciones para controlar a los gobiernos.

En ambos países, la elevada participación fue fundamental para superar estas ventajas. Sin embargo, existe una diferencia importante: mientras que Magyar construyó una alternativa alrededor de su liderazgo personal, los estudiantes serbios desarrollaron una organización, no un partido político, descentralizada y una candidatura colectiva. Esta fórmula ha demostrado su capacidad electoral, pero todavía deberá demostrar su eficacia para gobernar. Los casos de Hungría y Serbia muestran que incluso sistemas políticos caracterizados por una profunda concentración institucional pueden experimentar una alternancia mediante elecciones. No obstante, la derrota de sus dirigentes no implica automáticamente el desmantelamiento de las estructuras de poder que construyeron durante años.

La victoria estudiantil plantea una cuestión histórica: ¿podrá Serbia completar la transición democrática iniciada tras la caída de Slobodan Milošević en octubre de 2000? La movilización ciudadana que entonces provocó el final de su régimen abrió expectativas de democratización, modernización e integración europea. Sin embargo, aquel proceso quedó gravemente interrumpido por el asesinato del primer ministro reformista Zoran Đinđić, el 12 de marzo de 2003, a manos de miembros de redes criminales vinculadas a estructuras de seguridad del antiguo régimen. Su muerte puso de manifiesto la persistencia de intereses y organizaciones que habían sobrevivido al cambio político y que obstaculizaban la transformación del Estado. Más de dos décadas después, Serbia vuelve a encontrarse ante una oportunidad de transformación.

La mayoría absoluta proporciona a la Lista Estudiantil una legitimidad democrática considerable, pero no resuelve por sí sola los obstáculos estructurales. Las redes clientelares, los intereses económicos vinculados al antiguo gobierno, la debilidad institucional y las profundas divisiones sociales no desaparecerán como consecuencia de una sola elección. La experiencia de 2000 demuestra que derrotar a un dirigente no equivale necesariamente a transformar el sistema que lo sostuvo.

La victoria del 25 de octubre representa algo más que una alternancia política: una segunda oportunidad para completar la transición democrática que quedó inconclusa tras la caída de Milošević y el asesinato de Đinđić. Si en el año 2000 los ciudadanos serbios consiguieron cambiar el gobierno sin transformar plenamente el Estado, en 2026 los estudiantes afrontan el desafío de convertir una victoria electoral en una democracia institucionalmente consolidada. El verdadero alcance de su triunfo no dependerá únicamente de haber puesto fin a la hegemonía de Vučić, sino de su capacidad para construir instituciones que garanticen la separación de poderes estatales.