Dos Serbias, una elección: las parlamentarias de 2026

Fachada de la Asamblea Nacional de Serbia, en Belgrado, con varias banderas serbias frente al edificio y su característica cúpula central.
Asamblea Nacional de Serbia en Belgrado. Foto: Boris Dimitrov (CC BY-SA 3.0).

El próximo 25 de octubre Serbia celebra elecciones parlamentarias anticipadas en un ambiente de muy alta polarización y tensión social, marcado por casi dos años de protestas antigubernamentales iniciadas tras el derrumbe de la marquesina de la estación de ferrocarril de Novi Sad el 1 de noviembre de 2024.[1] Desde entonces los estudiantes que iniciaron las protestas han conseguido mantener el pulso al gobierno y articular un apoyo ciudadano más amplio, alimentado por el descontento con la corrupción, el clientelismo y la captura de las instituciones, características de un sistema político de la democracia imitativa. La polarización social se nutre principalmente de dos interpretaciones opuestas de estas protestas. Para una parte de la sociedad representan una exigencia de democratización, mayor responsabilidad pública y fortalecimiento de las instituciones. El actual presidente de Serbia Aleksandar Vučić y sus partidarios, en cambio, han presentado las movilizaciones como una posible amenaza para la estabilidad y han denunciado una supuesta influencia extranjera. Vučić llegó a describirlas como parte de una “revolución de color” y relacionó esas presiones externas con la negativa de Serbia a imponer sanciones a Rusia.[2]

En las elecciones se refleja la polarización social en dos grandes coaliciones: la “primera Serbia”, la lista Aleksandar Vučić-Serbia Unida, encabezada por el Partido Progresista Serbio (SNS), representa esencialmente la continuidad del sistema político actual. Vučić, que tras dos mandatos presidenciales no puede volver a presentarse a la presidencia, aspira ahora al puesto de primer ministro. Junto al SNS concurren candidatos de sus socios tradicionales, entre ellos el Partido Radical Serbio (SRS), el Partido de los Pensionistas, Agricultores y Proletarios Unidos de Serbia (PUPS), el Partido de los Trabajadores y el Partido Popular Campesino. El principal lema de su campaña electoral es “Toquemos madera para no gafar a Serbia. Unámosla y sigamos adelante”.

La “segunda Serbia” es las que ha apoyado a los estudiantes durante los últimos dos años, que concurren con la Lista Estudiantil-Los Estudiantes Ganan, integrada no por los propios dirigentes de las protestas, sino por personalidades, profesionales e intelectuales en quienes el movimiento ha depositado su confianza para trasladar a las instituciones las demandas surgidas en la calle. El principal lema de su campaña es “Serbia o mafia”.

Fuera de estos dos polos existen otras coaliciones, compuestas por unos partidos de la oposición política en los que estudiantes no confían. Entre ellas destaca Serbia Europea, (que agrupa el Partido de la Libertad y la Justicia, Serbia Centro y Solidaridad-Autodefensa-Liberación) y Derecha Auténtica (que agrupa a Nueva DSS, los monárquicos y la coalición NADA).

Las elecciones se celebran sobre un profundo déficit de confianza institucional. Según una encuesta realizada en junio de 2026 por CRTA (las siglas en serbio del Centro para la Investigación, la Transparencia y la Rendición de Cuentas) y el Democracy Action Lab de la Universidad de Stanford,[3] seis de cada 10 ciudadanos consideran que la democracia es el mejor sistema político, pero aproximadamente la misma proporción está insatisfecha con su funcionamiento en Serbia. La diferencia es significativa: no parece existir un rechazo mayoritario de la democracia como principio, sino una creciente desconfianza hacia la manera en que funcionan las instituciones serbias. Estas percepciones de los ciudadanos serbios coinciden con el “Informe sobre el Estado de Derecho” de 2026 de la Comisión Europea,[4] que señala problemas persistentes en Serbia relacionados con la independencia judicial y la autonomía de la fiscalía, la lucha contra la corrupción, el pluralismo y la autonomía de los medios de comunicación, la reforma electoral y el funcionamiento de los contrapesos institucionales. La Comisión advierte, además, que la presión política sobre jueces y fiscales aumentó significativamente durante el último año.

Dos modelos de Serbia

La campaña de Serbia Unida se articula en torno a tres ejes principales: estabilidad, crecimiento económico y soberanía. El SNS presenta a Vučić como garante de la continuidad de las inversiones, el desarrollo de grandes infraestructuras y la estabilidad interna. Sus dirigentes plantean la candidatura como una respuesta a los “bloqueos” y a las divisiones que, a su juicio, han marcado los últimos dos años, y defienden la necesidad de preservar la autonomía del país frente a las presiones externas. En política exterior, este planteamiento prolonga la estrategia de los “cuatro pilares” desarrollada por Vučić durante más de una década. Esta política busca mantener simultáneamente relaciones estrechas con la UE, EEUU, Rusia y China. Durante años, este equilibrio permitió a Belgrado ampliar su margen de maniobra internacional; sin embargo, la guerra en Ucrania y la creciente rivalidad entre las grandes potencias han reducido considerablemente el espacio disponible para mantener esa ambigüedad estratégica. El gobierno serbio justifica la continuidad de esta política argumentando que el orden liberal internacional ha dejado de estructurar de manera efectiva las relaciones internacionales y que, ante la consolidación de un escenario cada vez más multipolar, Serbia debe preservar buenas relaciones con los principales actores estratégicos y evitar una alineación exclusiva con cualquiera de ellos.

La Lista Estudiantil plantea la campaña desde una lógica distinta. Su centro de gravedad está en la política interior: lucha contra la corrupción, responsabilidad de los cargos públicos, independencia institucional y Estado de derecho. El contraste también se refleja en política exterior. Según la encuesta mencionada de CRTA, el 75% de los simpatizantes de la Lista Estudiantil desea relaciones más estrechas con la UE, mientras sólo el 15% de los votantes del SNS comparte esa preferencia; entre estos últimos, una mayoría se inclina por fortalecer las relaciones con Rusia. La división electoral es, por lo tanto, institucional y geopolítica al mismo tiempo.

Esta confrontación coincide con el progresivo estancamiento de Serbia en su proceso de adhesión a la UE. Las negociaciones comenzaron formalmente en 2014. Doce años después, Serbia ha abierto 22 de los 35 capítulos negociadores y sólo dos han sido cerrados provisionalmente. La propia Comisión Europea insiste en que el ritmo de las negociaciones dependerá fundamentalmente de las reformas del Estado de derecho y de la normalización de las relaciones con Kosovo. Serbia continúa declarando oficialmente que la adhesión a la UE constituye su objetivo estratégico, pero la distancia entre esa declaración y determinadas decisiones de política interior (como el funeral oficial al criminal de guerra Ratko Mladic) y exterior (no imponer sanciones a Rusia) se han convertido en uno de los principales obstáculos para avanzar.

¿Puede cambiar el sistema político serbio?

Según la encuesta CRTA/Stanford citada, realizada en junio de 2026, antes de la convocatoria de las elecciones, entre los votantes que ya habían decidido su opción, una lista estudiantil alcanzaba alrededor del 44,9%, frente al 35,7% del SNS.[5] Esto convierte las elecciones de 2026 en una competición potencialmente mucho más abierta que las anteriores, aunque quienes conocen bien a Vučić sostienen que no habría convocado elecciones anticipadas si no creyera que puede ganarlas.

Las elecciones del 25 de octubre no decidirán únicamente quién gobernará Serbia durante los próximos años. Su importancia reside en que pueden determinar si el final de la presidencia de Vučić supone también una transformación del sistema político construido durante más de una década alrededor de su figura. Una eventual llegada de Vučić al cargo de primer ministro demostraría que un cambio de cargo institucional no implica un cambio en el centro efectivo del poder. En ese escenario, Serbia podría entrar en una nueva etapa constitucional manteniendo una considerable continuidad política. La alternativa que representa el movimiento estudiantil plantea precisamente la cuestión contraria: si la movilización social acumulada desde Novi Sad puede convertirse en poder institucional y si unas instituciones más autónomas pueden sustituir progresivamente a un sistema altamente personalizado.

Por ello, la verdadera elección no se limita al enfrentamiento entre Vučić y sus adversarios o entre los partidos de izquierda y derecha. Lo que está en juego es si Serbia seguirá siendo un sistema organizado alrededor de un liderazgo dominante o si avanzará hacia un modelo en el que las instituciones, los controles democráticos y el Estado de derecho tengan más peso que cualquier dirigente individual. En ese sentido, el 25 de octubre se enfrentan dos Serbias y dos concepciones diferentes del Estado y de cómo debe ejercerse el poder.


[1] https://www.realinstitutoelcano.org/comentarios/las-protestas-antigubernamentales-en-serbia/.

[2] https://www.realinstitutoelcano.org/comentarios/las-protestas-progubernamentales-en-serbia/.

[3] https://crta.plus/public-sentiments.

[4] https://commission.europa.eu/document/download/b0b87aac-b88d-405b-bdc5-4e32f0765926_en?filename=Country+report+-+Serbia+-+EN.pdf.

[5] https://crta.plus/public-sentiments