Resumen ejecutivo

Este policy paper analiza la consolidación de los vínculos entre China, Rusia, Irán y Corea del Norte, agrupados bajo la denominación CRINK, como una de las dinámicas más relevantes de la fragmentación del orden internacional. Su tesis central es que estos cuatro países no constituyen una alianza formal, ni un bloque plenamente cohesionado. Sin embargo, tampoco pueden entenderse como amenazas separadas o como una simple suma de relaciones bilaterales. Lo que está emergiendo es una constelación revisionista de geometría variable: una red flexible, asimétrica y transaccional de cooperación entre regímenes autoritarios que comparten la oposición al liderazgo de Estados Unidos (EEUU) y su sistema de alianzas y una percepción común de amenaza frente a la presión occidental. Desde esta perspectiva, su acercamiento no responde sólo a una lógica de contestación geopolítica, sino también a una lógica de seguridad de régimen: cooperan porque perciben que la primacía estadounidense, las sanciones, la presión militar, el aislamiento diplomático y el apoyo occidental a cambios políticos internos pueden afectar a la supervivencia de sus respectivos sistemas políticos.

El desafío estratégico que representan los CRINK es sistémico, híbrido y acumulativo. Su peligrosidad no reside sólo en la suma de capacidades militares, tecnológicas, energéticas, financieras o coercitivas, sino en la complementariedad entre ellas. Rusia aporta presión militar y desestabilización regional; China, profundidad económica, tecnológica y diplomática; Irán, capacidad de proyección asimétrica en Oriente Medio; y Corea del Norte, proliferación y disuasión nuclear y apoyo militar disruptivo. La interacción entre estos actores permite amortiguar sanciones, sostener esfuerzos militares, compartir tecnologías críticas, diversificar apoyos diplomáticos y ampliar instrumentos de presión sobre terceros países. El principal riesgo no es la aparición de un bloque monolítico, sino la consolidación gradual de un ecosistema revisionista capaz de reforzar la resiliencia de cada régimen y dificultar la respuesta occidental.

Aunque la guerra en Ucrania ha sido el principal catalizador y acelerador de esta dinámica, la trayectoria rusa de alejamiento de Occidente es anterior. Ya desde mediados de la década de 2000, Moscú comenzó a abandonar la expectativa de integración en la órbita occidental y a buscar la construcción de su propia constelación de poder. Desde 2022, esa orientación se ha intensificado y Rusia se ha convertido en el nodo operativo de la constelación CRINK. Su capacidad para sostener una guerra prolongada depende en parte del apoyo exterior de China, Irán y Corea del Norte

El análisis comercial muestra que los CRINK no forman un bloque económico integrado. La relación central es la de China y Rusia, que concentra la mayor parte del comercio y sirve como sostén económico de la constelación. En términos económicos, se trata de una estructura jerárquica, no horizontal: China ocupa el centro; Rusia es un socio de peso, pero crecientemente subordinado; e Irán y Corea del Norte son actores periféricos, sancionados y dependientes.

La cooperación en seguridad y defensa entre China, Rusia, Irán y Corea del Norte se analiza a partir de cuatro dimensiones complementarias: transferencias de armamento, ejercicios militares conjuntos, amenazas híbridas y defensa mutua de sus regímenes autoritarios. Estas dimensiones permiten observar tanto el apoyo material y operativo entre los CRINK como su capacidad para actuar en la zona gris mediante desinformación, ciberataques, sabotajes, presión sobre infraestructuras críticas y redes proxy.

En seguridad y defensa, la cooperación se ha intensificado de forma más visible mediante ejercicios navales, patrullas aéreas, maniobras conjuntas, transferencias de armamento y acuerdos bilaterales, incluido el tratado de defensa mutua firmado por Rusia y Corea del Norte en junio de 2024. La dimensión híbrida convierte a los CRINK en un ecosistema de presión multidominio contra Occidente. Pese a ello, no existe una arquitectura militar cuadrilateral integrada ni una interoperabilidad comparable a la de las alianzas occidentales.

La cooperación entre CRINK incorpora una dimensión regimental: el apoyo mutuo a la supervivencia de sus respectivos sistemas autoritarios. Aunque no comparten una ideología homogénea, sí coinciden en percibir las protestas sociales, los movimientos prodemocráticos, el periodismo independiente, las revoluciones de color y la influencia occidental como amenazas potenciales a la estabilidad del régimen. Desde esta perspectiva, la seguridad nacional se confunde con la seguridad de las élites gobernantes, y conceptos como soberanía, estabilidad, no injerencia o lucha contra el extremismo sirven para justificar la represión interna y desacreditar alternativas políticas más alineadas con Occidente. Esta dimensión refuerza la cohesión práctica de los CRINK más allá de la cooperación militar y económica porque comparten el temor a que una derrota estratégica, una transición interna o el éxito de un movimiento democrático prooccidental en uno de ellos tenga efectos de contagio sobre los demás. La cooperación entre los CRINK funciona así también como una arquitectura de protección autoritaria, en la que la defensa externa y la defensa interna quedan estrechamente conectadas: proteger al Estado significa proteger al régimen, y proteger al régimen exige limitar la influencia occidental y neutralizar posibles alternativas domésticas.

En el plano diplomático, los CRINK muestran una coordinación creciente, pero no una disciplina de bloque. China y Rusia coinciden con frecuencia en las Naciones Unidas, aunque Pekín conserva mayor prudencia en votaciones de alto coste político. Corea del Norte aparece como el socio más alineado con Moscú, mientras que Irán combina oposición, abstención y cálculo diplomático. El grupo utiliza foros como las Naciones Unidas, los BRICS+ y la Organización de Cooperación de Shanghái para proyectar una narrativa de orden alternativo dirigida especialmente al sur global.

Una de las dimensiones clave de los CRINK es la evasión de sanciones. Corea del Norte, Rusia e Irán han desarrollado o ampliado redes de flotas fantasma, empresas pantalla, registros opacos, cambios de bandera, intermediarios y transferencias marítimas encubiertas, con China como mercado, proveedor o beneficiario indirecto en muchas de estas dinámicas. La evasión de sanciones no es un elemento secundario, sino una forma de adaptación estratégica que reduce la eficacia de los instrumentos occidentales de coerción.

Como actores individuales, Rusia, China, Irán y Corea del Norte son amenazas regionales porque combinan capacidades militares, intención revisionista y escenarios concretos de posible empleo de la fuerza. Como conjunto, representan un riesgo sistémico porque sus interacciones pueden producir efectos acumulativos que van más allá de la suma de sus partes.

La fuerza principal de los CRINK reside menos en la cohesión institucional que en la flexibilidad de sus vínculos. Su función estratégica consiste en convertir amenazas regionales dispersas en una presión sistémica contra Occidente mediante apoyo mutuo, saturación de frentes, transferencia tecnológica, convergencia narrativa, evasión de sanciones y disuasión indirecta. No necesitan coordinar una ofensiva global para generar efectos sistémicos: basta con que sus crisis regionales se solapen o se refuercen mutuamente para producir sobreextensión, fatiga estratégica y dilemas de priorización para EEUU y sus aliados. Sus límites son también claros: desconfianzas históricas, asimetrías de poder, intereses regionales divergentes y distintos niveles de exposición a la economía global.

Para Europa, los CRINK son una prueba más que la seguridad continental se ha vuelto interregional. La guerra en Ucrania no puede analizarse únicamente como un conflicto europeo, porque la capacidad rusa para sostenerla depende de conexiones militares, tecnológicas, logísticas, financieras y diplomáticas que se extienden hacia Asia oriental, Oriente Medio y el sistema marítimo global.

Para España, el fenómeno CRINK exige evitar una lectura periférica. Aunque no esté situada en el flanco oriental de la Unión Europea (UE) ni en el Indo Pacífico, su seguridad se ve afectada por la prolongación de la guerra en Ucrania, la presión sobre la industria europea de defensa, la seguridad marítima, la estabilidad energética, la exposición a campañas de desinformación y la competencia por influencia en el sur global.

La UE y España deben adoptar una respuesta interregional, industrial, tecnológica, marítima, diplomática e informativa, orientada no sólo a contener a cada actor por separado, sino también a interrumpir, dificultar y encarecer las conexiones que hacen posible su cooperación.


Imagen: Banderas de China, Rusia, Irán y Corea del Norte. Foto: Ruma Aktar / Getty Images.