Mensajes clave
- Desde el inicio de la segunda Administración Trump, EEUU pasó de la teoría (Corolario Trump-Monroe) a la práctica en lo relativo a América Latina y el Caribe (ALC).
- En Venezuela, la Operación Resolución Absoluta (3/I/2026) acabó con Nicolás Maduro; en Panamá, el Tribunal Supremo anuló la concesión de la empresa china CK Hutchison para operar en dos puertos próximos al Canal.
- Venezuela y Panamá evidencian los objetivos hemisféricos de EEUU: impedir que China controle materias primas estratégicas e infraestructuras vitales.
- La relación de EEUU con ALC es heterogénea: alianza desde la hegemonía y proximidad ideológica con América del Sur; adhesión incondicional con América Central y el Caribe; rivalidad con Brasil y México y presión sobre Cuba y, en menor medida, Nicaragua.
- Los países de ALC oscilan entre preservar su autonomía (Brasil), vincularse a EEUU o mantener una estrategia dual: alianza política y militar con Washington y económica y comercial con Pekín.
- China parece respetar la esfera de intereses e influencia definida por Trump. Ha condenado el intervencionismo en Venezuela y Cuba, pero sin hacer nada relevante.
- El reto más complejo para ALC es gestionar las tensiones derivadas de sus vínculos con las dos superpotencias.
Análisis
Introducción
Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, la estrategia para América Latina y el Caribe (ALC) de EEUU pasó de la teoría a la práctica, una teoría articulada en torno a la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN, diciembre de 2025) y del Corolario Trump de la Doctrina Monroe.[1] La Estrategia de Defensa Nacional (EDN, enero de 2026) del Departamento de Defensa ratificó lo expuesto en la ESN: prioridad de las fronteras interiores (Homeland Security) y del llamado Hemisferio Occidental.
La estrategia diseñada en 2025 se puso en práctica al año siguiente, previo ensayo de la operación Lanza del Sur para combatir al narcoterrorismo. En Venezuela la Operación Resolución Absoluta (3 de enero) extrajo a Nicolás Maduro y sometió al gobierno de Delcy Rodríguez a su tutela. Tras meses de presión y amenazas de anexión del Canal de Panamá, el 30 de enero se logró que el Tribunal Supremo panameño anulara la concesión a la empresa china Panama Ports Company (PPC), filial de CK Hutchison, con sede en Hong Kong, para operar los puertos de Cristóbal, en la vertiente atlántica, y Balboa, en la pacífica, próximos a las desembocaduras del Canal.
EEUU pasó a controlar las mayores reservas de crudo del mundo y expulsó a su máximo rival de una ruta interoceánica crucial. Su valor estratégico aumentó con la Guerra de Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz. El objetivo geopolítico de EEUU no es expulsar a China de América Latina sino impedir que controle materias primas estratégicas e infraestructuras críticas. La idea está incluida en el Corolario Trump-Monroe y en la ESN: “Negaremos a los competidores extrahemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas… o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales”.
La relación con ALC está guiada por la idea de hegemonía. Washington marca la agenda y la estrategia, no desde la igualdad sino desde la superioridad plasmada en el Corolario Trump-Monroe. La superioridad se basa en el poder militar y en el hecho de ser el principal socio comercial de México y América Central y el mayor inversor extranjero, situación que se mantiene en lo que llevamos de siglo. Aunque China gana peso en logística, minería y automoción, su predominio se asienta en dos sectores destacados: energía e infraestructura digital, y se manifiesta de forma heterogénea en cuatro planos: (a) alianza con los países sudamericanos, junto a la comunión ideológica plasmada en el Escudo de las Américas; (b) adhesión incondicional de los países de América Central y el Caribe, con sintonía con Honduras y El Salvador en materia migratoria, colaboración con Guatemala en infraestructuras y aceptación panameña de la estrategia del Canal; (c) presión a la dictadura cubana y, en menor medida, a la nicaragüense; y (d) tensión con Brasil y México. De ahí que el reto de ALC sea gestionar las tensiones derivadas de sus vínculos con EEUU y China. La solución es dual.
Buscando una América Latina pro-Trump
En el bienio 2024-2026, América Latina, salvo México y Brasil, y en menor medida Uruguay, se ha alineado con EEUU. Desde 2024, en las ocho elecciones realizadas han triunfado candidatos pro-Trump.
Figura 1. Victorias pro-Trump desde 2024
| Año | País | Presidente electo | Posición respecto a Trump | Resultado |
|---|---|---|---|---|
| 2024 | El Salvador | Nayib Bukele | Aliado político/modelo de “mano dura” | Reelegido con el 84,7% |
| 2025 | Ecuador | Daniel Noboa | Muy próximo | Reelegido: 55,6% en 2ª vuelta |
| 2025 | Bolivia | Rodrigo Paz | Centroderecha moderada, pro EEUU, no estrictamente trumpista | Ganó en 2ª vuelta |
| 2025 | Chile | José Antonio Kast | Derecha, próximo ideológicamente a Trump | Ganó en 2ª vuelta |
| 2025 | Honduras | Nasry Asfura | Apoyo explícito de Trump | Ganó con el 40,27% |
| 2026 | Costa Rica | Laura Fernández | Derecha, alineada con el bloque pro-Trump | Amplia mayoría |
| 2026 | Colombia | Abelardo de la Espriella | Respaldado por Trump | Ganó en 2ª vuelta |
| 2026 | Perú | Keiko Fujimori | Derecha conservadora, alineada con EEUU | Estrecho margen |
Las dos victorias más vinculadas a Trump fueron las de Honduras y Colombia. Trump respaldó personalmente a Nasry Asfura y amenazó con retirar la ayuda a Honduras si éste no ganaba. Finalmente venció por menos de un punto a Salvador Nasralla. En Colombia, Abelardo de la Espriella, respaldado por Trump, ganó por menos de un punto. En 2025 la victoria de Javier Milei en las legislativas se debió al swap del Tesoro estadounidense de 20.000 millones de dólares y a las declaraciones de Trump condicionando la ayuda financiera al triunfo mileista. Keiko Fujimori, en Perú, pese a no recibir ningún gesto de respaldo electoral, en cuanto asumió el cargo adoptó dos decisiones favorables a la Casa Blanca: nombrar canciller a Carlos Espá –cercano a EEUU– y romper relaciones con Irán.
La reciente gira de Marco Rubio por Colombia, Ecuador y Perú permitió escenificar esta alianza ideológica y militar. El viaje reforzó los vínculos con gobiernos próximos a Trump y se centró en China y en el combate al crimen organizado. En lo referente al desafío chino, al llegar a Perú, Rubio insistió en la idea subyacente sobre Pekín: “Los proyectos respaldados por el Partido Comunista chino pasan por alto los marcos legales del Perú y amenazan la transparencia y la seguridad de los datos”. En Colombia, Rubio anunció una “época dorada” con Colombia, una etapa de cooperación sin precedentes. Dos memorandos de entendimiento expresaron la voluntad de cooperar en el desarrollo de energía nuclear de uso estrictamente civil y el procesamiento de minerales críticos y tierras raras. Estas iniciativas se unen a la promesa de apoyo financiero a Bogotá por 1.000 millones de dólares.
La gira también estuvo marcada por el esfuerzo en transmitir la idea de que todos afrontan los mismos problemas de seguridad (redes y grupos criminales). Por ello, posteriormente se anunció el deseo de redirigir los fondos del programa de Financiamiento Militar Extranjero, destinados a Eslovaquia, Macedonia del Norte, Túnez e Irak, hacia estos tres países y Panamá. Si en Perú oficializó su ingreso al Escudo de las Américas, en Ecuador, tras definirlo como uno de sus principales aliados regionales, designó al grupo narco Los Tiguerones como organización terrorista. Rubio premiaba el cumplimiento por Ecuador de diversas condiciones favorables a Washington, como acuerdos migratorios y cooperación para operaciones contra organizaciones criminales. Simultáneamente, se firmó con la República Dominicana un pacto sobre explotación de tierras raras. Finalmente, el Departamento de Estado anunció un acuerdo con Bolivia sobre seguridad.
El triple objetivo del Corolario Trump
La apariencia de una región aliada con EEUU convive con otra que, pese a la proximidad con Trump, no desea romper con China, algo inviable económica y comercialmente. Washington tampoco lo busca o promueve. La Administración tiene un triple objetivo: (a) control de materias primas estratégicas; (b) control sobre infraestructuras críticas; y (c) lucha contra los cárteles y la migración. Por eso, resulta prioritario frenar la presencia china en sectores económicos y de defensa estratégicos y preservar la influencia política. Como señala el Corolario: “Queremos un hemisferio… que apoye cadenas de suministro cruciales y asegure nuestro acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave”. EEUU no se opone a la relación económico-comercial con China, no tendría cómo, siempre que no amenace su seguridad y su influencia en terrenos como tecnologías o infraestructuras estratégicas.
La rivalidad entre EEUU y China ha entrado en una fase de pugna por el control de las cadenas de suministro, tecnologías críticas e infraestructura. El subsecretario de Defensa, Elbridge Colby, llamó a sus socios regionales a proteger sus activos críticos como “su contribución para garantizar una paz duradera… Lo único que les pedimos es que trabajen con nosotros para impedir que cualquier actor pueda reclamar y explotar recursos clave”. Los países con activos estratégicos –minerales críticos, puertos, infraestructura digital– merecen la atención de Washington, como se ha visto en 2026.
Venezuela
La operación Resolución Absoluta no sólo provocó la detención de Maduro, sino que también sometió a Venezuela y a su petróleo a la tutela de Washington. El 6 de enero se anunció la entrega de entre 30 y 50 millones de barriles de crudo no sancionado y el secretario de Energía, Chris Wright, dijo que iban a vender el crudo almacenado y luego, de forma indefinida, hacer que la producción fuera saliendo al mercado.
Tras el acuerdo bilateral de fines de agosto, las empresas estadounidenses podrán explotar la mayor parte de las reservas, hasta 65.000 millones de barriles, más del 21% de las reservas venezolanas. Según Trump, esto supone duplicar las reservas estimadas, 46.400 millones de barriles a fines de 2023, sin coste alguno para el contribuyente estadounidense y reduciría el precio de la gasolina, incrementado por la Guerra de Irán.
El Canal de Panamá
Panamá canceló oficialmente las concesiones portuarias que durante más de dos décadas estuvieron en manos de PPC, una filial de CK Hutchison. Un fallo de la Corte Suprema declaró inconstitucionales las concesiones de las terminales de Balboa, en el Pacífico, y Cristóbal, en el Atlántico, operadas por PPC. Tras la decisión judicial, el Estado asumió el control, incluidas grúas, vehículos y sistemas informáticos, estableció un esquema de operación transitoria durante 18 meses y convocó una nueva licitación.
Esta decisión tiene una clara dimensión geopolítica. El Canal es uno de los principales corredores del comercio global y un punto neurálgico del tránsito de contenedores y energía entre Asia y el este de EEUU. Si bien las concesiones portuarias no estaban en la vía interoceánica, bajo soberanía panameña, la presencia de una empresa de Hong Kong en los accesos del Canal fue cuestionada por Washington. En 2025 Trump sostuvo que China “controlaba” el Canal, lo que intensificó la presión y coincidió con negociaciones de CK Hutchison para vender sus activos a un consorcio liderado por BlackRock. China atribuyó la operación a la presión estadounidense y el proceso se estancó.
Este fallo supuso un logro en la contención de la influencia china en infraestructuras estratégicas, visto por Pekín como un alineamiento político con EEUU. China habría instruido a empresas estatales a suspender nuevos proyectos y evalúa redireccionar sus flujos comerciales hacia otros puertos. El caso panameño apunta a una tendencia mayor, ya que las infraestructuras, especialmente las logísticas, son ahora geopolíticamente esenciales. Puertos, corredores marítimos y nodos de transbordo no son sólo activos comerciales, también son plataformas estratégicas. Panamá, cruce de rutas interoceánicas, vuelve a ser clave en la disputa global, aunque el Canal no ha sido el único frente de EEUU para impedir la penetración china en ALC.
Chile
En febrero, EEUU alegó que el cable submarino proyectado entre Hong Kong y Valparaíso socavaba la seguridad regional y anunció restricciones de visado a tres miembros del gobierno de Gabriel Boric. Esta presión se relacionaba con el proyecto “Chile China Express”, con empresas chinas. El proyecto, oficialmente en suspenso pero inviable, puso de manifiesto que EEUU está dispuesto a presionar a sus socios más cercanos ideológicamente si cree que su seguridad está amenazada. De hecho, en el gobierno chileno –pese a la cercanía con Trump– existe un gran malestar con Washington, ya que su embajador afirmó que los disturbios de 2019 fueron promovidos por la izquierda. La respuesta del canciller chileno fue que los embajadores “no deben opinar de política interna”.
Argentina
La cercanía con Trump no ha evitado tensiones provinciales. La plana mayor de la Cooperativa Calf, que abastece de luz, gas, agua y fibra óptica a Neuquén, la novena ciudad argentina y la mayor de la Patagonia, y presta sus servicios en las proximidades de Vaca Muerta, viajó en abril a la sede central de Huawei. Sus directivos querían conocer herramientas de IA para monitorizar redes eléctricas y fibra óptica. La embajada de EEUU advirtió en julio a los 18 máximos directivos de Calf que denegarían o revocarían sus visados de turismo y negocios si contrataban con Huawei. China acusó a Washington de presionar a diversos países latinoamericanos, como Argentina, para sustituir a sus proveedores tecnológicos, después de advertencias sobre riesgos de espionaje, ciberataques e interrupciones de redes asociados a empresas chinas.
En 2025 se suspendió el proyecto de observatorio astronómico en San Juan, el más grande de su tipo en América del Sur, reteniendo durante nueve meses en la aduana piezas esenciales. Si bien el gobierno de Milei rechazó comentar si EEUU influyó en la decisión, Washington sí se había mostrado preocupado por el radiotelescopio, al temer que se usara para el rastreo de satélites. El proyecto, puesto en marcha por Néstor Kirchner, fue apoyado por Cristina Kirchner y Mauricio Macri.
Guatemala
EEUU se ha centrado en la modernización y control de rutas bioceánicas como la que une Puerto Quetzal, en el Pacífico, con el Caribe. La inversión aspira a transformar la logística regional y reforzar la seguridad de América Central. El proyecto de 600 millones de dólares no sólo impulsará la economía local, sino que también supondrá una clara apuesta geopolítica y un fortalecimiento de las alianzas estratégicas. El acuerdo, firmado en mayo de 2025 por autoridades militares guatemaltecas y estadounidenses, marca un hito en la cooperación bilateral. El puerto busca ser un centro logístico regional, integrando desarrollo económico y seguridad marítima.
Brasil y México
Las relaciones con las dos potencias regionales, Brasil y México, son muy diferentes, aunque marcadas por tensiones entremezcladas con acercamientos. En el terreno comercial, México se ha alineado con EEUU ante China para no perder parte del mercado estadounidense, ya que el 80% de sus exportaciones totales, un tercio de su PIB, se dirigen a EEUU. De ahí los aranceles mexicanos a la importación de productos chinos (calzado, automoción, textil y juguetes). Los gravámenes aduaneros fueron aprobados en diciembre pasado, ante la revisión del tratado de libre comercio T-MEC.
Si bien EEUU y México concuerdan en materia comercial, no ocurre lo mismo en cuestiones militares y lucha contra la droga. México y Brasil no aceptan los ataques terrestres contra los cárteles. La intervención militar estadounidense es una línea roja que ni Claudia Sheinbaum ni ningún gobierno mexicano podría traspasar. De todas formas, aunque encubierta, la presencia de EEUU es una realidad, como muestra la muerte en Chihuahua de dos operativos del servicio secreto o la implicación de Washington en la caída de “El Mayo” Zambada, líder del cártel de Sinaloa. Incluso, las relaciones con la DEA, tirantes con López Obrador, han mejorado con Sheinbaum, y se puede hablar de cierta colaboración, como ocurre con la campaña conjunta contra los drones de los cárteles en la frontera. Además, el Senado mexicano autorizó en cuatro ocasiones el acceso de militares de EEUU con fines de adiestramiento.
En Brasil, Trump trata de influir electoralmente apoyando a Flávio Bolsonaro. Si bien su estrategia funcionó en Argentina y Honduras, el intervencionismo estadounidense despertó al nacionalismo brasileño, beneficiando, al menos a corto plazo, la reelección de Luiz Inácio “Lula” da Silva. La tensión con EEUU reforzó el acercamiento con Pekín en torno a los BRICS. Lula y Xi Jinping hablaron por teléfono en agosto para estrechar la relación bilateral días después de que Trump confirmara aranceles del 25% a las exportaciones brasileñas. De todas formas, Brasil y EEUU mantienen una fuerte relación comercial. EEUU tiene, de forma recurrente, superávit comercial y es la mayor fuente de inversión extranjera directa (IED). En 2025 las exportaciones de Brasil a EEUU llegaron casi a los 38.000 millones de dólares, frente a los 100.000 millones a China.
Por su tamaño y menor dependencia de EEUU, Brasil puede intentar mantener buenas relaciones con las dos superpotencias. Al anunciar inversiones por 440 millones de dólares en inteligencia artificial, repartió los proyectos entre empresas estadounidenses y chinas, manifestando su esfuerzo por gestionar las relaciones con los dos. Algo más de la mitad del total se destinará a un proyecto de infraestructura de supercomputación en Río de Janeiro, junto a las chinas Huawei Technologies e iFlytek.
El Escudo de las Américas
Es este un proyecto poco explicado, con una doble idea subyacente. La primera, que los países latinoamericanos aumenten el gasto en la lucha contra el narcotráfico, una petición del subsecretario de Defensa para que la región asuma mayores compromisos con su seguridad. La segunda, aumentar la coordinación con EEUU para combatir a los cárteles, incluyendo operaciones terrestres.
El Escudo de las Américas, presentado en marzo de 2026, sintetiza el Corolario Trump: una coalición de países para combatir cárteles, compartir inteligencia y cooperar en materia militar y de seguridad. De los 18 países participantes, 12 son latinoamericanos: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Honduras, Panamá, Paraguay y Perú. Guatemala, pese a su cercanía a EEUU y a que su gobierno de centroizquierda colabora en temas migratorios y de seguridad, no fue invitada.
El Escudo ya ha empezado a tomar cuerpo. La Operación Lanza del Sur, en el Caribe desde septiembre de 2025, ha hundido 69 narcolanchas y matado a 230 personas en un año. Coordinada por la Fuerza de Acción Conjunta, luego integrada en la Fuerza de Acción Conjunta del Hemisferio Occidental, de objetivos más amplios, busca ser la herramienta del Comando Sur en la lucha contra el narcotráfico. Su responsable, el general Francis Donovan, unifica el mando táctico y operativo. La idea es integrarlo con sus 18 socios. El aumento de las acciones en el Caribe se ha traducido en una mayor presencia militar en Panamá (los Ejercicios Panamax 2026 fueron los mayores desde que comenzaron en 2003) y en Puerto Rico, con la reactivación de la Base Naval Roosevelt Roads, en desuso desde 2004.
Pete Hegseth, jefe del Pentágono, confirmó que planea atacar a los narcotraficantes “en tierra”, como ya hacen en aguas internacionales. Altos mandos militares de EEUU, Colombia y Ecuador se reunieron en agosto en la localidad ecuatoriana de San Lorenzo, fronteriza con Colombia, para coordinar estrategias contra bandas criminales y mafias del narcotráfico en la frontera común. El primer resultado fue la puesta en marcha, en el Pacífico, de nuevas interceptaciones por fuerzas estadounidenses. Su objetivo son las embarcaciones empleadas para abastecer combustible a Los Choneros, la banda más grande de Ecuador.
China y los límites del Corolario Trump
Más allá del aumento de la presencia económica y diplomática china, EEUU sigue siendo hegemónico en comercio e inversiones. La presencia de Pekín en ALC ha crecido desde 2001 hasta transformarse en su segundo socio comercial, el primero de América del Sur. En términos absolutos, el comercio entre China y América Latina pasó de unos 14.000 millones de dólares en 2000 a cerca de 500.000 millones en 2022, multiplicándose por 35. La inversión aumentó de forma sustancial. La CEPAL estima que la inversión acumulada superó los 203.000 millones entre 2000 y 2024. Esta presencia, inicialmente concentrada en petróleo y minería, se diversificó hacia energía eléctrica y renovable, automoción, telecomunicaciones, infraestructuras, logística y minerales críticos, mientras las empresas chinas han incrementado su presencia en sectores vinculados a las nuevas cadenas de suministro. Esta evolución ha reducido la primacía estadounidense.
EEUU continúa siendo el principal socio de ALC: mantiene la primacía financiera y comercial y es su primer inversor. Su liderazgo comercial está condicionado por el fuerte vínculo con México. El informe Mapping US Investment in Latin America and the Caribbean, del Atlantic Council (julio de 2026), en línea con nuestro “¿Por qué importa América Latina?”, matiza el progresivo desplazamiento de EEUU, aunque éste sigue siendo el principal inversor extranjero, tanto por volumen como por su continuidad y diversificación inversora. Ésta tiene ventajas cualitativas respecto a la china: genera más empleo por unidad de capital invertido, es fuerte en proyectos greenfield y más propensa a incentivar la I+D.
No obstante, las inversiones mineras son relativamente reducidas. Entre 2020 y 2024 la inversión se situó en torno a los 200 millones de dólares anuales, aproximadamente la vigésima parte de la china. Además, la inversión estadounidense se concentra fundamentalmente en México, Brasil y Guyana, con casi el 70% de sus proyectos desde 2020. China utiliza su capacidad financiera para consolidar posiciones en minerales críticos, infraestructura, logística, tecnología y nuevas industrias.
La preocupación de Washington no responde a la pérdida de la primacía económica, sino a que China ha desarrollado un entorno comercial y estratégico al margen de EEUU. Desde un triple punto de vista (político, estratégico y económico), quiere expulsar a China de ALC, especialmente en el control de infraestructuras críticas y recursos estratégicos. Pero, dado el peso económico de China, su estrategia debe limitarse a estos dos últimos aspectos, ya que su margen de acción en las relaciones económico-comerciales sino-latinoamericanas es menor. De hecho, parte de ALC mantiene una alianza geopolítica y militar con EEUU (el Escudo de las Américas) y otra económico-comercial con China. Los ejemplos abundan. Tan solo en los últimos meses se ha visto a aliados próximos a EEUU, como Chile, Ecuador y Argentina, cortejando a Pekín.
El ministro de Exteriores chileno, Francisco Pérez Mackenna, viajó en agosto en visita oficial para “profundizar la cooperación bilateral”. El gobierno conservador de Kast no puede distanciarse en este punto de Boric, al ser China su principal socio comercial. Compra el 53% de las exportaciones de cobre y el 70% del litio, los dos pilares de su futuro económico.
El Banco Central de Argentina y el Banco Popular de China renovaron en agosto un swap de 17.000 millones de euros, extendiendo su vigencia de tres a cinco años. El nuevo convenio, ratificado por Milei, prolonga una herramienta financiera en vigor desde 2009, con Kirchner, y conserva el tramo activado en 2023 por Alberto Fernández. El comercio explica buena parte del acuerdo. China fue el principal origen de las importaciones en el primer semestre de 2026, el 22,5% de las compras de bienes. Entre enero y junio, Argentina exportó a China mercancías por más de 4.200 millones de euros, un 59,1% más que durante el mismo período de 2025, mientras que las importaciones alcanzaron casi los 7.000 millones de euros, con un descenso interanual del 3,8%.
El presidente de Ecuador, Noboa, viajó en agosto a Pekín, en una visita de Estado de ocho días. Se reunió con Xi y otros altos cargos y concretaron acuerdos de cooperación por 42,7 millones de dólares, 28 millones en salud y seguridad y 14,7 millones en educación, producción y prevención de riesgos. China expresó su confianza para invertir en industrias verdes y generación de energía fotovoltaica. Noboa ha explicado los motivos de su estrategia dual con EEUU y China (político-militar una y económico-comercial la otra), basada en el pragmatismo. Se pretende potenciar los beneficios para Ecuador a partir de los lazos existentes con todos los países con los que mantienen relaciones diplomáticas y comerciales: “Mientras se atrae inversión trabajando con las condiciones macroeconómicas, marco legal y muchos otros factores internos, la seguridad representa un elemento también determinante, no sólo para la vida de los ecuatorianos y el desenvolvimiento de nuestra sociedad, sino que contribuye decisivamente a las condiciones que guían la decisión de inversionistas y complementan los esfuerzos y acciones concretas del Gobierno en favor del pueblo y el país”.
China parece respetar la esfera de interés e influencia creada por Trump, como en Cuba y Venezuela. Pekín ha condenado el intervencionismo de EEUU, pero sin hacer nada relevante, quizá teniendo en mente a Taiwán. Ha tenido gestos con Cuba en las últimas décadas, especialmente este último año, pero su apoyo parece estar limitado por consideraciones estratégicas, económicas y políticas. China está lejos de asumir un papel que supere la retórica y que implique arriesgar su propia relación con EEUU.
Conclusiones
El despliegue y exhibición de fuerza y liderazgo hegemónico de EEUU en ALC tiene dos puntos débiles. El primero, la coyuntura político-electoral propicia gracias a los triunfos de candidatos cercanos a Trump. Es una ventaja coyuntural que podría ser efímera, dada la presencia del voto de castigo a los oficialismos, de modo que el péndulo electoral podría moverse, incluso a corto plazo, hacia el otro lado. El segundo, la actitud hegemonista (el estilo avasallador de Trump) sobre América Latina puede despertar el antimperialismo nacionalista. Algo de esto ya ocurre en Brasil.
EEUU busca reafirmar su preeminencia hemisférica, más allá de lo estrictamente militar, en telecomunicaciones, inteligencia artificial, puertos, minerales críticos, energía, infraestructura y cadenas globales de suministro. Tras el encuentro entre Trump y Xi, en mayo, se avizora una cierta e inestable “convivencia pacífica” al haberse pasado de la “competencia estratégica” a la “estabilidad estratégica”. Se acordó avanzar hacia una relación de Estabilidad Estratégica Constructiva y crear una Junta de Comercio y otra de Inversiones para institucionalizar aspectos centrales de su interdependencia.
Esta entente abre, de mantenerse, una ventana de oportunidad para América Latina. El momento es el adecuado dado el creciente interés global por la región y por su potencial. Nunca en el pasado, como señaló el secretario general Iberoamericano Andrés Allamand, las grandes potencias habían estado tan atentas. En el discurso de China, EEUU, la UE y la India se repiten argumentos y conceptos similares: socios preferentes, socios clave con los cuales formar una comunidad.
Todo apunta a que sus países se dirigen hacia un mundo en el que podrán, al menos a corto plazo, mantener una estrategia dual: (a) geopolítica con EEUU y Corolario Trump, especialmente con el Escudo de las Américas; y (b) económica y comercial con China en aquello en lo que no esté en juego la seguridad de EEUU, dado que China seguirá siendo clave en América Latina. Como señaló el canciller chileno: “no somos ni antichinos ni antiestadounidenses, somos prochilenos. Tenemos que construir nuestro propio camino, un camino de soberanía, que nos permita… tomar las decisiones. EEUU y China son fundamentales y muy relevantes para [nuestro] futuro”.
Este escenario podría deteriorarse a corto o medio plazo, ya que la relación entre las dos superpotencias podría empeorar por las causas más diversas. Para no quedar atrapada en este enfrentamiento, América Latina debería diversificar sus vínculos políticos y económicos con viejos y nuevos aliados, como la UE y la India, y coordinarse para no negociar de forma aislada. Solo México y Brasil pueden hacerlo individualmente. Tampoco la región debe caer en la ingenuidad de que negociar con China es menos costoso que hacerlo con EEUU, por más facilidades que ésta ponga.
Más coordinación, más cooperación y más colaboración, dadas las dificultades históricas de la integración, le darían a una América Latina más pragmática, un mayor peso global y más margen de maniobra. Más que hacia una integración institucionalizada y articulada por la diplomacia presidencial, se debería marchar hacia la creación de amplias coaliciones de intereses sobre temas concretos (infraestructuras, educación, salud, IA, materias primas críticas, combate al narcotráfico, etc.).
[1] En adelante, Corolario Trump-Monroe.
