España juega europeo

Imagen de las banderas de España y la Unión Europea con la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores, de la Unión Europea y Cooperación al fondo
Banderas de España y la Unión Europea. Foto: Contando Estrelas (CC BY-SA 2.0)

Como tantas veces antes en la historia, el mundo se encuentra en una fase de cambio profundo. Una larga década de crisis encadenadas y el profundo shock geopolítico que ha supuesto la agresión rusa contra Ucrania nos obligan a repensar el papel de Europa en el mundo. Es precisamente en momentos de transformación cuando tenemos la responsabilidad de tomar decisiones que determinarán el mundo en que viviremos en las próximas décadas.

La agresión de Rusia contra Ucrania ha puesto al continente directamente en el centro de este proceso de cambio. El regreso de los horrores de la guerra a Europa ha supuesto un shock por muchas razones: porque nos ha expuesto al sufrimiento repentino de millones de personas y porque nos recuerda que hay regímenes que no dudan en violar las normas más elementales y recurrir brutalmente a la fuerza y utilizar la energía como arma de guerra.

La respuesta europea a la guerra y la pandemia ha sido muy distinta a crisis anteriores. En lugar de actuar por separado o de manera descoordinada, ahora estamos respondiendo conjuntamente, mostrando unidad y solidaridad. De las respuestas nacionales hemos pasado a adoptar soluciones europeas para afrontar juntos la coyuntura más compleja y convulsa en el continente desde 1989.

La presidencia española del Consejo de la UE será una ocasión única para mostrar todo lo que España puede y tiene que ofrecer a Europa.

En este contexto, España ha dado un paso al frente, demostrando su voluntad de formar parte de las soluciones europeas de manera activa. Un objetivo que implica escuchar a nuestros socios, intentar comprender sus necesidades y defender nuestros propios intereses de un modo que contribuya a que, en conjunto, a Europa le vaya mejor. Eso es jugar europeo. Y es también la mejor manera de defender los intereses de los españoles.

Así, hemos participado activamente en la concepción de programas como los fondos Next Generation, el SURE o la compra conjunta de vacunas. En estos momentos hemos lanzado el debate sobre la reforma del mercado eléctrico, la autonomía estratégica abierta o las reglas fiscales e impulsamos el proyecto H2Med, que convertirá a España en un hub de hidrógeno a nivel europeo, a la vez que reforzará la seguridad energética de la Unión y el uso de energías renovables. Y hemos apoyado desde el principio y con determinación a Ucrania y al pueblo ucraniano.

Este va a ser precisamente el espíritu de la presidencia española del Consejo de la UE a partir del 1 de julio. Queremos que sea un proyecto de país. Para ello, habrá reuniones a lo largo de toda la geografía española y estamos trabajando en su preparación con las instituciones a nivel estatal, autonómico y local, pero también con la sociedad civil, el Parlamento, los agentes sociales y la ciudadanía en general.

A través del Comité Organizador de la Presidencia Española, hemos reforzado una coordinación interministerial ya de por sí estrecha en materia de Unión Europea (UE). El diálogo con las comunidades autónomas se ha intensificado para incorporar sus preocupaciones al programa de la presidencia, tanto a través de los mecanismos habituales, como la CARUE, como con un diálogo más intenso para la organización de diversas reuniones.

El resultado de todo este esfuerzo conjunto será un programa ambicioso para forjar consensos europeos frente a las grandes cuestiones a las que se enfrenta la Unión.

Nuestra primera prioridad será devolver la paz a Europa. Y la mejor manera de conseguirlo es mantener la unidad europea en apoyo al pueblo ucraniano, ya sea económico, militar y humanitariamente.

La unidad es esencial para ayudar a Ucrania, pero también para seguir desarrollando el proyecto europeo. Y para seguir reforzando nuestra unidad, tenemos que trabajar por lograr una Europa cohesionada. La cohesión nos hará capaces de actuar con voz y peso propio en el mundo.

Por eso necesitamos una Europa inclusiva, en la que la Europa social no sea un pilar aislado sino un objetivo transversal de la política europea. En el semestre de la presidencia se trabajará para concluir expedientes relacionados con la protección de los trabajadores, el diálogo social y la igualdad de género. También es necesario alcanzar un acuerdo sobre la reforma de las reglas fiscales para que sean más justas, realistas y predecibles, de modo que estemos mejor preparados para la próxima vez que nos enfrentemos a una crisis. La cohesión no sólo ha de ser social, sino también territorial. Es imprescindible avanzar en soluciones a nivel europeo al reto demográfico y al envejecimiento, así como a los desafíos específicos de las regiones ultraperiféricas e islas.

Pero la búsqueda de cohesión por sí sola no basta. La UE tiene que estar preparada para los grandes cambios que se avecinan, adelantándose a ellos para proteger el fututo de los europeos. Esto implica redoblar los esfuerzos para lograr avanzar en la doble transición ecológica y digital. Una transición que debe redundar en beneficio de la ciudadanía de modo justo compensando a los más vulnerables. De igual modo, la lucha contra el cambio climático y la preservación de nuestros espacios naturales debe ir de la mano de una transformación del mercado energético y la promoción decidida de las energías renovables, pero también de una Europa avanzada tecnológicamente, que apuesta por la innovación y la competitividad. Paralelamente, la UE debe estar en la vanguardia de las grandes industrias de nuestro tiempo en el sector energético, con el hidrógeno o las baterías, y en el digital, con la supercomputación o la inteligencia artificial. Sólo así podremos velar que los estándares globales de los mercados del futuro se ajusten a los valores europeos.

Estos valores europeos son los que España también buscará reforzar durante su presidencia, justo cuando se cumplen 30 años de la entrada en vigor del Tratado de Maastricht. Participamos muy activamente en el germen de la ciudadanía europea y hoy reivindicamos preservar uno de los principales logros del proceso de integración, la libre circulación, y ampliar los derechos de los europeos. Todo esto debemos hacerlo sin cerrarnos en nosotros mismos o con una visión excluyente de lo que ha de ser Europa. Por eso trabajaremos para avanzar en el Pacto de Migración y Asilo apostando por una gestión humana, solidaria y efectiva de los flujos migratorios y de los solicitantes de asilo.

El ADN europeo es el de la apertura, pero en un mundo que se cierra y en el que prima la competencia geopolítica es necesario que nos adaptemos, eso sí, sin renunciar a nuestros principios. A la hora de afrontar estas transiciones Europa debe ir dejando atrás la edad de la inocencia y actuar ante un campo de juego internacional desequilibrado, en el que nuestras empresas no compiten en igualdad de condiciones y tienen que afrontar prácticas anticompetitivas y proteccionistas que lastran las oportunidades laborales de los europeos. También debemos afrontar nuestras vulnerabilidades y dependencias de terceros, como quedó patente con los suministros sanitarios o de chips durante la pandemia o el gas ruso tras la invasión de Ucrania. Por ello una de las prioridades de la presidencia española será reforzar nuestra autonomía, especialmente en los ámbitos que pueden tener un impacto negativo en el bienestar de los europeos como el energético, el tecnológico, el alimentario y el sanitario.

Tenemos que ser capaces de seguir profundizando el espacio estratégico europeo. Esto pasa por ofrecer un horizonte realista a los países candidatos, reconociendo sus esfuerzos y acompañando sus reformas. El objetivo de una UE ampliada refuerza la necesidad de repensar las reglas de funcionamiento interno y la integración europea. Para ello, seguiremos explorando de modo ambicioso los instrumentos institucionales que prevé el Tratado de Lisboa y las conclusiones de la Conferencia sobre el Futuro de Europa. Encima de la mesa está agilizar el proceso de toma de decisiones, especialmente en materia de política exterior.

Paralelamente, también reforzaremos la interlocución y la involucración de la Unión en el Mediterráneo, y seguiremos impulsando la Comunidad Política Europea como iniciativa de diálogo estratégica con el conjunto de Europa, con la celebración de una cumbre en Granada.

En la misma línea queremos volver a poner a América Latina y el Caribe en el centro de la agenda europea y reforzar la vecindad sur con la intención de elevar el nivel de interlocución política con ambas regiones y avanzar hacia unas relaciones con la UE más estructuradas. Para ello hemos impulsado la celebración de la Cumbre UE–CELAC y trabajaremos con nuestros socios mediterráneos en prioridades compartidas como energía, seguridad alimentaria o transición ecológica, así como promover una agenda de inversiones ligada al Global Gateway.

Nuestra presidencia también prestará una especial atención al aliado natural de Europa, Estados Unidos. Ha sido la unidad transatlántica que hemos mantenido desde el estallido de la guerra en Ucrania lo que nos ha permitido dar una respuesta a la altura de las circunstancias, mostrando un frente común ante aquellos que querrían derribar los principios sobre los que se construye el orden internacional.

La presidencia española del Consejo de la UE será una ocasión única para mostrar todo lo que España puede y tiene que ofrecer a Europa. Ya lo demostramos hace unos meses con la celebración de la Cumbre de la OTAN en Madrid. Una sociedad tan europeísta como la española estará a la altura del reto.

Será una oportunidad para impulsar soluciones a los problemas actuales y mostrar cómo España juega europeo.


Texto originalmente publicado en Luis Simón, Raquel García e Ignacio Molina (2023), La influencia de España en Europa, Real Instituto Elcano, pp. 25-29.


Tribunas Elcano

Iniciativa del instituto que pretende recoger los análisis realizados por expertos/as sobre temas que están dentro del ámbito de nuestra agenda de investigación. Su publicación no está sujeta a periodicidad fija, sino que irán apareciendo a medida que la actualidad o la importancia de los acontecimientos aconsejen que acudamos en busca de la interpretación que pueda proponer la amplia comunidad académica que colabora con el Real Instituto Elcano, o miembros del equipo de investigación del Instituto.