Las elecciones en Bosnia y Herzegovina: el difícil equilibrio entre lo étnico y lo cívico

Bandera de Bosnia y Herzegovina ondeando sobre el edificio del Parlamento en Sarajevo, bajo un cielo nublado.
Bandera de Bosnia y Herzegovina sobre el Parlamento en Sarajevo. Foto: tulcarion / Getty Images.

Mensajes clave

  • La cuestión de fondo de las elecciones de 2026 es determinar si Bosnia y Herzegovina (ByH) puede pasar de una arquitectura concebida primordialmente para poner fin a la guerra a otra capaz de gobernar eficazmente un Estado europeo en tiempos de paz.
  • La disputa electoral enfrenta tres concepciones distintas del Estado: una Bosnia más cívica y funcional; una Bosnia basada en la representación garantizada de bosníacos, croatas y serbios; y una Bosnia muy descentralizada, con amplias competencias para las llamadas “entidades”, especialmente la Republika Srpska.
  • El mayor reto de ByH es encontrar un equilibrio entre lo étnico y lo cívico. Proteger la representación de los tres pueblos constituyentes sigue siendo esencial para la estabilidad, pero mantener indefinidamente un sistema en el que la pertenencia étnica determina buena parte de los derechos políticos dificulta una ciudadanía común, la gobernabilidad y la convergencia con la UE.
  • Hay una lección de la antigua Yugoslavia que puede resultar útil para la Bosnia actual, ya que en la época comunista se la solía llamar “pequeña Yugoslavia”. Una de las principales causas de la desintegración y destrucción del Estado comunista fue que sus pueblos optaron primero por resolver las “cuestiones nacionales” –la creación de Estados étnicamente puros– y después abordar el proceso de transición hacia la democracia. Esta elección condujo a los pueblos yugoslavos a guerras sangrientas. Por tanto, resulta evidente que una nación cívica constituiría la garantía para la pervivencia y el funcionamiento efectivo del Estado bosnio.

Análisis

Introducción

El próximo 4 de octubre, Bosnia y Herzegovina (ByH) celebrará elecciones generales. Los ciudadanos elegirán a los tres miembros de la Presidencia de ByH, a los representantes de la Asamblea Parlamentaria estatal y del Parlamento de la Federación de ByH, así como al presidente y los vicepresidentes de la Republika Srpska, su Asamblea Nacional y los parlamentos de los 10 cantones que integran la Federación.

El panorama electoral está marcado por una elevada fragmentación. A los comicios concurren 75 partidos políticos, 29 coaliciones y cuatro candidatos independientes. El censo electoral incluye 3.414.364 votantes, de los cuales 48.074 están registrados para votar desde el extranjero. El umbral electoral se sitúa en el 3%.

Más allá de la competición entre partidos y candidatos, estas elecciones vuelven a plantear una cuestión estructural que acompaña a ByH desde el final de la guerra en 1995: si el país continuará reproduciendo un sistema caracterizado por vetos y bloqueos de carácter etnonacional, redes clientelares y crisis institucionales recurrentes, o si podrá avanzar hacia una mayor responsabilidad política, con el fortalecimiento de las instituciones estatales, una concepción más cívica de la ciudadanía bosnia y una integración más efectiva en la UE.

La elevada fragmentación de la oferta electoral ilustra una de las características estructurales del sistema político bosnio. Uno de los rasgos más llamativos de las elecciones de 2026 es, precisamente, la persistencia de una clase política extraordinariamente estable en el tiempo.[1] El problema, sin embargo, no es únicamente generacional. La principal dificultad reside en la capacidad de las elites consolidadas para apoyarse en estructuras partidistas muy arraigadas, redes clientelares, recursos institucionales y vínculos económicos que dificultan la entrada de nuevos competidores y reducen la movilidad del sistema político. Entre ellos destaca la compra de votos. Aunque este fenómeno puede verse favorecido por la vulnerabilidad económica de determinados sectores sociales, su importancia trasciende esa dimensión. La compra del voto convierte el derecho de sufragio en una mercancía y transforma recursos económicos o clientelares en influencia política directa.

Según una encuesta de la Coalición para unas Elecciones Libres y Justas Pod Lupom (“Bajo la Lupa”), realizada en el marco de un proyecto financiado por la UE, el 73,9% de los ciudadanos considera que las elecciones en ByH no son ni libres ni justas.[2] El dato resulta especialmente significativo porque la desconfianza no se dirige únicamente hacia los partidos políticos, sino hacia buena parte de las instituciones y actores vinculados al proceso electoral. Un 11,2% de los encuestados afirma haber presenciado personalmente compra de votos u otra forma de fraude electoral. Sólo el 9,28% de los ciudadanos declara confiar en los partidos políticos, mientras que apenas un 5,04% expresa confianza en las autoridades y los cargos públicos. Cabe subrayar que la desconfianza de los bosnios está por debajo de la media en la región. El Balkan Barometer 2025 muestra una desconfianza especialmente alta hacia las instituciones políticas en los Balcanes Occidentales: un 77% declara tener poca o ninguna confianza en los partidos políticos, alrededor del 70% en los parlamentos y aproximadamente el 65% en las elecciones. Uno de los factores principales de ello es la percepción de que la política sirve a los partidos más que al Estado.[3]

Para comprender la actual fragmentación política y la desconfianza ciudadana en el Estado y sus instituciones en ByH es necesario partir tanto de la experiencia yugoslava como del orden constitucional establecido por los Acuerdos de Dayton, que pusieron fin a la guerra de 1992-1995.

Yugoslavismo y Acuerdos de Dayton

La dificultad para construir una identidad cívica común en la Bosnia contemporánea resulta especialmente significativa si se tiene en cuenta que ByH fue, durante buena parte de la etapa socialista yugoslava, uno de los territorios donde la identificación supranacional yugoslava alcanzó mayor peso. En este texto, “bosnio” se utiliza en sentido cívico, referido al conjunto de los ciudadanos de ByH, mientras que “bosníaco” designa a uno de los tres pueblos constituyentes del país, el de la mayoría musulmana (laicos y religiosos) junto con serbios y croatas.

Figura 1. Proporción de ciudadanos que se identifican específicamente como “yugoslavos” (%)

República / provincia1961197119811991
Yugoslavia total1,71,35,43,0
Bosnia-Herzegovina8,41,27,95,5
Croacia0,41,98,22,2
Montenegro0,32,15,34,2
Eslovenia0,20,41,40,6
Serbia Central0,21,44,82,5
Vojvodina0,22,48,28,7
Kosovo0,50,10,10,2
Macedonia0,10,20,7–
Fuente: elaboración propia.

Los censos de la República Federativa Socialista de Yugoslavia permiten observar la evolución de la categoría nacional “yugoslava”. Como demuestran los datos, la proporción de ciudadanos que se identificaban específicamente como “yugoslavos” en lugar de hacerlo como serbios, croatas, musulmanes, eslovenos, macedonios o montenegrinos, no siguió una trayectoria lineal.[4] Descendió entre 1961 y 1971 (por la crisis política del modelo comunista), pero experimentó un fuerte incremento durante la década de 1970. En el censo de 1981 aproximadamente 1,2 millones de habitantes de Yugoslavia, el 5,4% de la población, se declararon yugoslavos. Esta identificación fue especialmente significativa en algunos de los territorios con mayor heterogeneidad étnica. En 1981 Vojvodina, Croacia y Bosnia y Herzegovina registraban porcentajes cercanos al 8%, mientras que Kosovo, Macedonia y Eslovenia presentaban niveles muy inferiores.

En ByH la categoría “yugoslavo/no declarado” alcanzó alrededor del 8,4% en 1961, descendió hasta el 1,2% en 1971 y volvió a situarse en torno al 7,9% en 1981. Estas oscilaciones no pueden interpretarse exclusivamente como cambios en el sentimiento nacional. También reflejan la evolución de las propias categorías censales yugoslavas y, en particular, el reconocimiento progresivo de los musulmanes eslavos de Bosnia como una nacionalidad diferenciada. La identidad yugoslava ofrecía un marco supranacional capaz de convivir con identidades nacionales particulares y, especialmente en Bosnia, proporcionaba una referencia política compatible con una sociedad profundamente mezclada. Sin embargo, la identidad yugoslava nunca consiguió sustituir a las identidades nacionales[5] en ByH. A diferencia de repúblicas yugoslavas con una mayoría nacional más definida, Bosnia constituía un espacio profundamente interdependiente en el que bosníacos, serbios y croatas convivían sin que ninguno de ellos representara una mayoría absoluta. El mantenimiento de un marco político común era, por tanto, particularmente importante para preservar esa convivencia. La desaparición de Yugoslavia transformó esa pluralidad interna en uno de los principales ejes de la guerra de 1992-1995.

Los Acuerdos de Dayton, firmados en 1995, convirtieron ByH en un Estado independiente, por primera vez en su historia. Dayton cumplió su objetivo fundamental: detener el conflicto armado y establecer un marco institucional que hiciera posible la coexistencia de las partes enfrentadas. Sin embargo, lo hizo incorporando al propio sistema político buena parte de las divisiones territoriales y etnonacionales producidas por la guerra. El complejo sistema surgido de los Acuerdos de Dayton distribuye el poder entre el Estado central, la Federación de Bosnia y Herzegovina, la Republika Srpska, los cantones y otras instituciones. Ese sistema protege el equilibrio entre bosníacos, serbios y croatas, pero también permite que los partidos bloqueen decisiones con relativa facilidad. El bloqueo político crónico es la raíz de la desconfianza de los bosnios en las instituciones y la elite política.

En el nivel estatal, Bosnia y Herzegovina dispone de una Presidencia colectiva integrada por tres miembros: uno bosníaco y uno croata, elegidos desde la Federación, y uno serbio, elegido desde la Republika Srpska. Esta estructura reproduce en el vértice del Estado el principio de representación de los tres pueblos constituyentes. A esta arquitectura se añade el Distrito de Brčko, que posee un estatuto especial de autonomía bajo la soberanía de ByH y no constituye una tercera entidad equivalente a las otras dos. El sistema se completa con una dimensión internacional excepcional: la Oficina del Alto Representante para Bosnia y Herzegovina (OHR), creada para supervisar la aplicación civil de los Acuerdos de Dayton y dotada posteriormente de amplias facultades de intervención institucional.

Las elecciones generales de Bosnia y Herzegovina de 2026

Como en cualquier proceso electoral, las elecciones generales de ByH servirán para redefinir la distribución del poder entre partidos, entidades e instituciones. Sin embargo, su significado político va más allá de la mera competición electoral. El eje central de la competición política sigue siendo, una cuestión básica: ¿qué tipo de Estado debe ser Bosnia y Herzegovina?

Las principales fuerzas políticas pueden situarse, con matices importantes, en torno a tres grandes modelos. El primero apuesta por un Estado más cívico, funcional y relativamente más centralizado; el segundo defiende la lógica consociacional de Dayton y sostiene que bosníacos, croatas y serbios deben conservar mecanismos específicos para controlar su propia representación política; y el tercero concibe Bosnia y Herzegovina como un Estado muy descentralizado, en el que las entidades –y especialmente la Republika Srpska– deben preservar o ampliar sus competencias.

Estas posiciones no coinciden de manera automática con las tres comunidades nacionales, pero la estructura electoral y constitucional del país hace que la competición política continúe organizada, en gran medida, alrededor de ellas.

El bloque croata: representación propia

Entre los principales bloques políticos, el croata es probablemente el que formula con mayor precisión su principal reivindicación constitucional: garantizar que los representantes croatas sean elegidos fundamentalmente por votantes croatas. Los croatas son considerablemente menos numerosos que los bosníacos dentro de la Federación de ByH, que está formada por un 70,4% de bosníacos, un 22,4% de croatas y un 7,2% de serbios y otros.[6] Por ello, buena parte de sus partidos sostiene que el sistema electoral actual permite que el electorado bosníaco influya decisivamente en la elección del miembro croata de la Presidencia. De ahí derivan las principales demandas de los partidos croatas: reforma de la ley electoral, garantías de “representación legítima” y mecanismos que aseguren que tanto el miembro croata de la Presidencia como los representantes croatas en la Cámara de los Pueblos dependan efectivamente del electorado croata.

El actor dominante sigue siendo el partido HDZ BiH, dirigido por Dragan Čović, que conserva una posición hegemónica en buena parte de las áreas de mayoría croata. En 2026 su candidata a la Presidencia es Darijana Filipović. Dentro de este espacio existen, sin embargo, distintos grados de ambición territorial. El HDZ BiH suele presentar sus demandas en términos de igualdad constitucional, federalismo y reforma electoral. Otros sectores formulan propuestas más explícitas, como una circunscripción electoral croata propia o incluso una tercera entidad territorial. En junio de 2026, por ejemplo, HDZ 1990 volvió a plantear públicamente la creación de una unidad electoral croata dentro de la Federación.

No se trata de un proyecto equiparable al secesionismo promovido desde una parte del nacionalismo serbio. Su objetivo principal no es abandonar ByH, sino modificar las reglas internas de representación.

El bloque serbio: ¿la autonomía o la secesión?

En la Republika Srpska existe un consenso político amplio en torno a una idea básica: la defensa de la entidad, de sus competencias constitucionales y de una interpretación fuertemente descentralizada de ByH. La gran división no gira, por tanto, en torno a la existencia de la Republika Srpska, sino al alcance de su autonomía y a la relación futura con el Estado bosnio.

El SNSD (Alianza de Socialdemócratas Independientes, principal partido político de la República Srpska) durante años dominado por Milorad Dodik, ha llevado esa lógica mucho más lejos que el resto de las grandes fuerzas serbias. Su discurso ha reclamado repetidamente la recuperación de competencias transferidas desde las entidades hacia el Estado en ámbitos como justicia, fiscalidad y defensa, y ha utilizado abiertamente la posibilidad de una futura independencia de la Republika Srpska como instrumento político. Pero reducir toda la política serbia al SNSD sería un error.

El SDS (Partido Democrático Serbio), pese a su origen histórico como gran partido nacionalista serbio de la guerra de los años 90, actúa hoy de manera mucho más institucional. Defiende la autonomía de la Republika Srpska, pero no reproduce necesariamente la estrategia permanente de confrontación con las instituciones estatales característica del SNSD.

El PDP (Partido de Progreso Democrático) también defiende con firmeza las prerrogativas de la entidad, aunque concentra buena parte de su discurso en la corrupción, la gestión y la necesidad de sustituir al sistema de poder construido alrededor del SNSD.

SDS y PDP son adversarios de SNSD, pero eso no los convierte en fuerzas cívicas bosnias. La defensa de la Republika Srpska y de los intereses nacionales serbios sigue siendo un elemento transversal de prácticamente todo el espectro político de la entidad. La diferencia fundamental reside en los medios y en los objetivos finales: para unos, la autonomía de la entidad debe ejercerse dentro del marco bosnio; para otros, constituye un paso hacia una eventual soberanía plena.

El espacio bosníaco: entre la primacía del Estado y el proyecto cívico

El espacio político bosníaco es mucho más fragmentado y resulta menos fácil de reducir a una sola concepción institucional. El SDA (Stranka Demokratske Akcije), dirigido por Bakir Izetbegović (hijo de Alija Izetbegovic), sigue siendo el principal partido histórico del electorado bosníaco. Defiende con firmeza la integridad territorial de ByH, el fortalecimiento de las instituciones estatales y la protección de los intereses políticos bosníacos. Se opone tanto a una eventual tercera entidad croata como a cualquier transferencia adicional de competencias desde el Estado hacia la Republika Srpska. Su modelo apunta hacia un Estado central más fuerte, aunque no debe confundirse con un proyecto estrictamente cívico de “un ciudadano, un voto”. El SDA continúa siendo sociológica, histórica y electoralmente un partido fundamentalmente bosníaco.

Otro actor relevante es el SBiH (Partido para Bosnia y Herzegovina), vinculado actualmente a Semir Efendić. Su discurso es marcadamente pro-Estado y bosnio-céntrico: considera que la arquitectura de Dayton concede demasiado peso a las estructuras étnico-territoriales y defiende una mayor capacidad de las instituciones centrales. Aunque su base electoral es abrumadoramente bosníaca, su proyecto se articula más alrededor de la fortaleza del Estado que de una mera representación comunitaria.

Una posición distinta ocupa el NyP (Pueblo y Justicia) de Elmedin Konaković. Surgido del entorno político del SDA, conserva una base principalmente bosníaca y una orientación social más conservadora que la de SDP (Partido Socialdemócrata de ByH). Sin embargo, ha intentado diferenciarse mediante un discurso más pragmático, centrado en reformas, integración europea, lucha contra el clientelismo y cooperación con partidos croatas y serbios.

Conclusiones

El debate político bosnio gira en torno de dos conceptos distintos de legitimidad democrática: el concepto étnico, que prioriza la igualdad entre comunidades, y el concepto cívico, que prioriza la igualdad entre ciudadanos. Ésta es una de las tensiones constitucionales más profundas de Bosnia y Herzegovina y explica por qué muchas reformas aparentemente técnicas –la ley electoral, la composición de la Presidencia o la delimitación de circunscripciones– se convierten inmediatamente en conflictos sobre la propia naturaleza del Estado.

Las elecciones de 2026 no resolverán por sí solas las tensiones constitucionales. Pero volverán a medir qué proyecto dispone de mayor legitimidad política: una Bosnia organizada ante todo como pacto entre pueblos constituyentes, una Bosnia profundamente descentralizada en la que las entidades conserven amplias prerrogativas, o una Bosnia más cívica en la que el ciudadano sustituya progresivamente a la comunidad nacional como sujeto central del sistema político.

El principal desafío de Bosnia y Herzegovina no consiste únicamente en elegir nuevos dirigentes, sino en transformar la lógica mediante la cual se ejerce el poder. Tres décadas después de Dayton, la cuestión central ya no es sólo si el acuerdo sigue garantizando la paz –objetivo que ha cumplido en gran medida–, sino si el sistema político construido sobre sus fundamentos es capaz de generar gobernabilidad, legitimidad democrática y reformas sostenidas. Existe el difícil equilibrio entre los étnico y lo cívico: por un lado, cualquier reforma debe preservar las garantías de seguridad política y representación de bosníacos, serbios y croatas, sin las cuales resulta difícil imaginar un consenso constitucional estable; por otro, mantener indefinidamente un sistema en el que la pertenencia étnica determina buena parte de los derechos políticos, las instituciones y los vetos puede obstaculizar la construcción de una ciudadanía común y dificultar la convergencia con los estándares políticos y jurídicos de la UE.

Hay una lección de la antigua Yugoslavia que puede resultar útil para la Bosnia actual, ya que en la época comunista se la solía llamar la “pequeña Yugoslavia”. Una de las principales causas de la desintegración y destrucción de la Yugoslavia comunista fue que sus pueblos optaron primero por resolver las “cuestiones nacionales” –la creación de Estados étnicamente puros– y después abordar el proceso de transición hacia la democracia. Esta elección condujo a los pueblos yugoslavos a guerras sangrientas. Por tanto, resulta evidente que una nación cívica constituiría la garantía para la pervivencia y el funcionamiento efectivo del Estado bosnio.


[1] Este análisis se basa en las entrevistas con los analistas de los think-thanks bosnios realizadas por la autora al comienzo de septiembre de 2026.

[2] Istraživanje Pod lupom, “Građani ne vjeruju izborima”, https://www.vijesti.ba/clanak/774103/gradjani-misle-da-izbori-nisu-slobodni-i-posteni-ali-vecina-izlazi-na-naredne-izbore.

[3] BALKAN BAROMETER 2025 PUBLIC OPINION, https://www.rcc.int/balkanbarometer/key_findings_2025/2/.

[4] Elaboración propia a partir de los datos de “Yugoslavs and Europeans compared: supranational polities and supranational identification”, https://www.researchgate.net/publication/363273564_Yugoslavs_and_Europeans_Compared_Supranational_Polities_and_Supranational_Identification.

[5] Mira Milosevich (2000), Los tristes y los héroes. Historias de nacionalistas serbios, Espasa Calpe, Madrid..

[6] “Los croatas en Bosnia y Herzegovina”, https://hrvatiizvanrh.gov.hr/print.aspx?id=5812&url=print.