Giro de guion en el Sahara Occidental

Paisaje desértico del Sahara Occidental, con un terreno arenoso y pedregoso atravesado por huellas de vehículos. A la izquierda, sobre una pequeña elevación, se encuentra un todoterreno blanco de la MINURSO, con las siglas UN en el lateral. A la derecha, un puesto del Frente Polisario formado por una pequeña estructura cubierta con lonas.
Vehículo de la MINURSO junto a un puesto del Frente Polisario en el Sahara Occidental. Foto: Gregor Rom (CC BY-SA 4.0).

Aunque cabe esperar que cada una de las partes implicadas tratará de hacer una lectura sesgada a su favor, el choque registrado en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) entre Washington y Moscú, con ocasión de la votación de la Resolución que debería, como mínimo, prorrogar un año más el despliegue de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sahara Occidental​ (MINURSO), las deja a todas malparadas.

(…) la comunidad internacional se queda sin ojos y oídos para conocer de primera mano lo que allí ocurre y, de hecho, sin posibilidad real de disuadir a los contendientes del uso de la fuerza.

Así queda, en primer lugar, la propia MINURSO, teniendo en cuenta que su mandato finalizaba el 31 de octubre. Aunque nunca llegó a desplegar sobre el terreno los 2.700 efectivos (1.700 militares y 1.000 civiles) aprobados en el plan de paz de 1991, su entidad actual, con apenas 359 (155 militares y 204 civiles), es una clara muestra del cansancio acumulado y del creciente desinterés por resolver un conflicto que ya acumula medio siglo. Al desaparecer ahora sin mandato, cuando sus funciones reales no iban más allá de elaborar informes burocráticos sobre las rupturas del alto el fuego que se vienen produciendo desde noviembre de 2020, la comunidad internacional se queda sin ojos y oídos para conocer de primera mano lo que allí ocurre y, de hecho, sin posibilidad real de disuadir a los contendientes del uso de la fuerza.

También Estados Unidos (EEUU) –o, mejor dicho, Donald Trump– queda señalado negativamente al no haber sido capaz de sacar adelante una Resolución que pretendía despejar definitivamente el camino de Rabat para lograr el reconocimiento a sus pretensiones soberanistas sobre los 260.000 km2 de la antigua colonia española. El veto de Moscú –primero en toda la historia del conflicto– ha frustrado el plan, evidentemente consensuado con Rabat, de eliminar la palabra “Referéndum” del nombre de la MINURSO (con lo que, de seguir existiendo, pasaría a llamarse MINUSO), abrir el dialogo a interlocutores distintos al Frente Polisario, acelerar el desmantelamiento de la Misión –reduciendo sus efectivos a la mitad de manera inmediata– e imponer el plan de autonomía marroquí de 2007 (con los añadidos del Documento Técnico Único de Negociación presentado por Marruecos en la reunión celebrada en Madrid en febrero de 2026) como la “única base” aceptable para negociar. 

Por su parte, Rusia ha decidido salirse de su acostumbrada postura abstencionista en relación con este conflicto, bloqueando con su veto la propuesta estadounidense y, por tanto, impidiendo su aprobación a pesar de los 11 votos favorables, más la abstención de China, Pakistán y Somalia. Su propuesta alternativa –recogiendo los términos que eran habituales hasta la entrada en escena de Trump– apenas ha recibido tres votos favorables (el suyo propio, junto a Argelia y Somalia) y ha sido tumbada por el veto estadounidense. Aunque su argumento formal para rechazar el texto estadounidense ha sido su insistencia en que eso suponía “predeterminar unilateralmente la soberanía” del territorio a favor de Rabat, como si su gesto fuese motivado por un sincero interés en la suerte de los saharauis, todo hace suponer que lo más probable es que se trate únicamente de un nuevo pulso con Washington. Un pulso que le permite a Rusia contar con una baza adicional con la que jugar en su momento al “intercambio de cromos” en el marco de algunos de los contenciosos en el que ambas potencias están tratando de imponer su dictado.

Del mismo modo, tampoco Marruecos puede ocultar su decepción, aunque el majzen se haya apresurado en proclamar que lo ocurrido es una “satisfacción”. Es obvio que su verdadero deseo era que se aprobara el texto elaborado por Washington, considerando que de ese modo se podría dar por hecho que el resto del proceso de resolución del conflicto se desarrollaría a su gusto. La decepción no le ha impedido, en un alarde de funambulismo diplomático, reaccionar de inmediato demandando el completo desmantelamiento de la MINURSO y la suspensión del proceso político que lleva desarrollando la ONU desde hace décadas; es decir, la eliminación de las reuniones periódicas y de los informes regulares del Consejo de Seguridad sobre el Sáhara Occidental. Un funambulismo que no puede ocultar el fiasco de su diplomacia, convencida de que le bastaba con ofrecer algunas licencias de pesca adicionales a Moscú para contar, como de costumbre, con su abstención.

Malparado queda igualmente el Frente Polisario y su principal valedor, Argelia. Hace ya mucho que el tiempo corre a favor de Marruecos, mientras la República Árabe Saharaui Democrática sigue perdiendo aliados, incluso en el seno de la Unión Africana, donde Rabat ha logrado ir sumando aliados, y tampoco Argelia parece tener margen de maniobra para poder ir más allá del apoyo que ha mostrado hasta ahora a quienes alberga en los campamentos de Tinduf. Y tampoco cabe imaginar que por la vía militar vayan sus combatientes a lograr dar un vuelco drástico a esa dinámica.

En cualquier caso, nada de lo ocurrido cambia el panorama general, con EEUU alineado con Rabat, al igual que los principales gobiernos europeos implicados en el asunto (incluyendo España), y con Marruecos viendo cada vez más cerca el momento en el que se reconozca definitivamente su pretensión soberanista sobre el Sahara Occidental.

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Autores

Jesús A. Núñez Villaverde