Mensajes clave
- Este ARI ve la luz en un momento decisivo: el mandato de negociación del Consejo fue acordado en junio de 2026, el Parlamento Europeo adoptará su posición este otoño y, a continuación, comenzarán los diálogos tripartitos sobre el Fondo Europeo de Competitividad (FEC). Esas fechas dejan poco margen para influir en el diseño del Fondo, cumplir con el objetivo de aprobar toda la legislación del marco financiero plurianual (MFP) en 2027 y dar comienzo a los programas en enero de 2028.
- El FEC es un instrumento central del MFP propuesto para el periodo 2028-2034, destinado a impulsar las tecnologías estratégicas, la transformación industrial y las transiciones ecológica y digital.
- Aunque no parece probable que, por sí solo, logre colmar con su presupuesto las carencias de inversión en Europa, el FEC podría tener una incidencia considerable en caso de que los recursos se destinen principalmente a las prioridades estratégicas y se logre movilizar la inversión privada de manera eficaz.
- La gobernanza del FEC ha sido un motivo de controversia considerable: la Comisión propuso un modelo muy centralizado, mientras que el Consejo hizo hincapié en el papel de los Estados miembros.
- El Consejo ha mejorado la coordinación con los instrumentos de la UE que ya existen, pero sigue apreciándose una indeterminación que entraña el riesgo de generar solapamientos, fragmentaciones e ineficiencias.
- El FEC supone un cambio destacado en el presupuesto de la UE en favor de un enfoque basado en la competitividad, lo que plantea interrogantes sobre su equilibrio con el objetivo tradicional de la cohesión territorial y su contribución al proceso de transformación de la industria europea.
Análisis
1. Introducción
La publicación del Informe Draghi en 2024 situó a la competitividad en el centro de la agenda política europea (Draghi, 2024). El cambio quedó plasmado en las orientaciones políticas de la Comisión Europea para el período 2024-2029 y sirvió de punto de referencia clave para el diseño del próximo MFP.
A raíz de la percepción de que la arquitectura de financiación actual de la UE se encuentra demasiado fragmentada y presenta una escasa armonización con la incipiente agenda de la Unión en materia de competitividad, el FEC pasó a ser una de las propuestas más destacadas de la Comisión para el MFP de 2028-2034.
Según la Comisión, cerca del 90% de los recursos disponibles en el marco del MFP de 2021-2027 y la iniciativa NextGenerationEU se asignan por adelantado a varios programas, a objetivos tradicionales en materia de política o a dotaciones nacionales, por lo que el margen para reaccionar ante nuevos desafíos económicos, tecnológicos y geopolíticos es más bien limitado.
Con el fin de solventar esas deficiencias, el FEC pretende unificar los diversos instrumentos existentes en un marco común, fortalecer el vínculo entre la investigación, la innovación y la implantación industrial, y dirigir el gasto de la UE de un modo más directo a la competitividad, las tecnologías estratégicas y la seguridad económica. Junto con Horizonte Europa, el FEC representaría alrededor del 30% de la propuesta de presupuesto de la UE.
El FEC contempla los siguientes objetivos generales. En primer lugar, tiene por objeto establecer un mecanismo de inversión capaz de potenciar la competitividad europea en tecnologías, actividades y sectores estratégicos que impulsen todo el ciclo de innovación y desarrollo empresarial. En segundo lugar, continuaría integrando inversiones relacionadas con la defensa en la estructura general del presupuesto de la UE. En tercer lugar, aspira a utilizar los instrumentos presupuestarios de la UE para movilizar inversiones privadas, institucionales y nacionales en tecnologías estratégicas y ecosistemas industriales.
Tal y como se destacó en el Informe Draghi, la competitividad de la UE será el tema más crucial en los años venideros. La falta de competitividad en sectores específicos frente a grandes potencias como EEUU o China debe atajarse de manera urgente. Para ello, es necesario invertir –a gran escala– en las tecnologías y los sectores que abanderan el cambio tecnológico, responder al aumento de los riesgos geopolíticos, híbridos y cibernéticos y proteger las cadenas de valor críticas. Hace falta transformar la base industrial en Europa, que cada vez es más limpia y digital. No se puede separar la competitividad de Europa de su capacidad industrial renovada, y el FEC puede aportar el marco necesario para hacer posible esa transformación.
La estructura de gobernanza del FEC es especialmente significativa en ese sentido, ya que determina quién define las prioridades para el gasto y cómo se asignan los recursos entre sectores, tecnologías y territorios. Según la propuesta de la CE, el FEC se basa principalmente en instrumentos de gestión centralizada y prioridades estratégicas definidas a nivel de la UE.
La creación del FEC también debe entenderse en el contexto del debate más amplio sobre el MFP 2028-2034, y en particular en el marco de tensión creciente entre la cohesión territorial y la inversión impulsada por la competitividad. Pese a que la política de cohesión siempre ha tenido por objeto reducir las disparidades regionales mediante asignaciones a las regiones menos desarrolladas, el FEC refleja una lógica de intervención diferente, centrada en un enfoque competitivo hacia sectores estratégicos, el liderazgo tecnológico, la escala y el impacto económico. Por lo tanto, el diseño del FEC plantea interrogantes sobre el equilibrio futuro entre la cohesión social, económica y territorial y la competitividad dentro del presupuesto de la UE. También sobre cómo deberían destinarse los fondos de la UE a la transformación de su industria para estar a la altura de los competidores mundiales y seguir adelante con los programas europeos en el plano ecológico y digital.
Estos acontecimientos resultan de especial relevancia para España. En el próximo MFP, España podría tener ocasión de beneficiarse del aumento del apoyo a sectores estratégicos como la energía renovable, la descarbonización industrial, las tecnologías digitales y las industrias relacionadas con la defensa. No obstante, el FEC seguirá la lógica de efectuar asignaciones competitivas a proyectos de programas seleccionados con fondos no preasignados a Estados miembros o sectores específicos. Este énfasis en la capacidad de innovación, la excelencia tecnológica y la competitividad industrial podría favorecer a regiones y Estados miembros que ya cuentan con ecosistemas de industria e investigación más sólidos.
Este ARI ve la luz en un momento decisivo: el mandato de negociación del Consejo se acordó en junio de 2026, el Parlamento Europeo adoptará su posición en sesión plenaria este otoño y los diálogos tripartitos sobre el Fondo Europeo de Competitividad (FEC) están a punto de celebrarse. Ese calendario deja poco margen para influir en el diseño del Fondo, cumplir con el objetivo de aprobar toda la legislación del marco financiero plurianual (MFP) en 2027 y dar comienzo a los programas en enero de 2028.
Con ese telón de fondo, estas son las preguntas que se plantean en este ARI: ¿hasta qué punto representa esta propuesta del FEC un cambio en la gobernanza, las prioridades y la lógica de asignación de la política de industria e innovación de la UE? ¿Cuáles son sus limitaciones para la competitividad de la UE?
Sobre la base de otros ARI anteriores acerca de la propuesta de la Comisión (Kölling, 2025) y las negociaciones en torno a la política de cohesión en el próximo MFP (Kölling, 2026), en este ARI se examinan en primer lugar las negociaciones sobre el FEC. Se analizan los principales cambios introducidos desde la publicación de la propuesta de la Comisión, se evalúan las prioridades políticas y los mecanismos de gobernanza del Fondo y se examina la posición adoptada por el Parlamento Europeo. Asimismo, se comenta el nuevo planteamiento para la financiación destinada a la competitividad de la UE. En el apartado de conclusiones, se analizan las implicaciones que podría tener este marco para España.
2. El estado de las negociaciones
La Comisión Europea presentó el Fondo Europeo de Competitividad (FEC) en julio de 2025 como uno de los instrumentos emblemáticos de su propuesta para el Marco Financiero Plurianual (MFP) para el período 2028-2034. Siguiendo la lógica del programa Horizonte Europa ya existente, la propuesta introdujo un modelo de gobernanza que otorgaba un papel prominente de la Comisión a la hora de determinar las prioridades y asignar los recursos. Este aspecto suscitó inmediatamente el debate entre los Estados miembros, muchos de los cuales acogieron con beneplácito los objetivos del Fondo, pero cuestionaron el grado de centralización contemplado en la propuesta.
Por su parte, los grupos de trabajo del Consejo y los titulares ministeriales de Industria examinaron la propuesta –en el Consejo de Competitividad (Industria)– en el marco de las negociaciones generales del MFP. Una cuestión fundamental fue el equilibrio de poder entre la Comisión y los Estados miembros, puesto que varios países apostaban por un papel más destacado del Consejo a la hora de establecer las prioridades estratégicas y supervisar su puesta en práctica. En junio de 2026, el Consejo de Asuntos Generales acordó una orientación general parcial para el Reglamento del FEC que constituye el mandato formal del Consejo para negociar con el Parlamento Europeo (Consejo, 2026). Frente a la propuesta de la Comisión, el Consejo introdujo una serie de modificaciones, tales como una mayor participación de los Estados miembros en la gobernanza y en la determinación de las prioridades (véase a continuación).
El Parlamento Europeo tendrá un papel destacado a la hora de confeccionar el diseño definitivo del FEC. Se exige la aprobación del Parlamento para adoptar el MFP de 2028-2034, y el PE también es órgano colegislador en las negociaciones sobre el Reglamento del FEC conforme al procedimiento legislativo ordinario. La Comisión ITRE del PE presentó su proyecto de informe, con el que dieron comienzo oficialmente las deliberaciones parlamentarias el 20 de abril de 2026 (PE, 2026). Posteriormente, se plantearon más de 3000 enmiendas, lo que deja entrever el carácter delicado de la propuesta. Está previsto que se lleve a cabo una votación en comisión a lo largo de 2026, seguida de una votación en plenaria para establecer la posición negociadora del Parlamento. Una vez adoptada esa posición, darán comienzo las negociaciones interinstitucionales (diálogos tripartitos) entre el Parlamento, el Consejo y la Comisión.
Las negociaciones hasta la fecha han dejado entrever los siguientes puntos de desacuerdo. En primer lugar, la preferencia de la Comisión por un instrumento flexible y fuertemente centralizado entra en conflicto con la petición de los Estados miembros de contar con más peso en la determinación de la orientación estratégica del Fondo y vincular las decisiones de los proyectos a las estrategias industriales de la UE (cuestión de la gobernanza del FEC). También se aprecia tensión en cuanto a la flexibilidad en la ejecución, puesto que el Parlamento Europeo y los Estados miembros aspiran a un fortalecimiento de la rendición de cuentas y los mecanismos de supervisión. En segundo lugar, el FEC refleja la tensión existente entre la competitividad y la cohesión en el nuevo presupuesto plurianual de la UE, ya que los recursos se dirigen a los sectores estratégicos en lugar de al desarrollo territorial. En tercer lugar, el FEC tampoco está prestando la atención necesaria a los sectores industriales que han acometido la doble transición energética y digital y que, hasta la fecha, han recibido financiación a través de los fondos Next Generation. También ha suscitado inquietud la relación entre el FEC y Horizonte Europa, en particular la cuestión de que la política en materia de investigación se supedite a los objetivos industriales y de competitividad.
3. Un análisis del contenido y la gobernanza del FEC
3.1 Contenido
Se ha presentado el Fondo Europeo de Competitividad como el nuevo instrumento de la UE para fomentar la competitividad y la innovación, así como la seguridad económica y la autonomía estratégica. En consonancia con los objetivos de la UE, la Comisión ha planteado un presupuesto de 234.300 millones de euros para el periodo 2028-2034, en el marco de la nueva rúbrica presupuestaria del MFP dedicada a la competitividad. El objetivo consiste en dar “un fuerte impulso a la competitividad para que Europa garantice la seguridad de las cadenas de suministro, potencie la innovación y lidere la carrera mundial por la tecnología limpia e inteligente”.
Este enfoque tan ambicioso ha derivado en un nuevo instrumento complejo y multisectorial con múltiples líneas de actuación y una gobernanza específica.
En primer lugar, una estructura nueva. El FEC, según la propuesta presentada por la Comisión, se articula en torno a cuatro ejes temáticos, complementados por un nuevo mecanismo de financiación y la conexión con el nuevo programa Horizonte Europa. He aquí los cuatro ejes propuestos para el FEC: (a) transición limpia y descarbonización industrial (26.200 millones de euros en la propuesta de presupuesto); (b) salud, biotecnología y bioeconomía (20.400 millones); (c) liderazgo digital (51 500 millones); y (d) seguridad, defensa y espacio (125.200 millones), la mayor asignación, que asciende al 45% de todo el Fondo (56% si se excluye InvestEU). Estos ejes se ven complementados por el mecanismo horizontal InvestEU-FEC, con un presupuesto de 11.000 millones de euros. Al FEC hay que añadir el programa marco de I+D+i (Horizonte Europa), el cual, con 175.000 millones de euros, deja la rúbrica 2 del MFP (Competitividad) en 409.000 millones.
En segundo lugar, la complejidad es una de las características principales del nuevo FEC. El Fondo integrará 14 programas ya existentes (por ejemplo, instrumentos de defensa como el EDIP o el FED, LIFE, STEP, el Fondo de Innovación, COSME para PYME, Conectar Europa, el Programa Europa Digital y el Programa Espacial Europeo). Abordará ámbitos estratégicos como la seguridad, el espacio y la defensa, la transición limpia y la descarbonización, donde se incluye el medio ambiente, la digitalización, la salud y la biotecnología. En el plano conceptual, estará vinculado a la financiación para I+D+i del programa Horizonte Europa con el fin de abarcar todo el proceso de inversión para las empresas europeas. Además, financiará acciones específicas en materia de espacio y defensa, entre ellas las adquisiciones comunes y los proyectos europeos.
Asimismo, el FEC incluirá un mecanismo financiero horizontal mediante la integración de InvestEU, el mecanismo del BEI que ofrece garantías y financiación combinada con recursos privados y otras fuentes. El Fondo también podría actuar a través de asociaciones público-privadas o empresas conjuntas, con un uso flexible de un amplio abanico de instrumentos de financiación.
3.2 Gobernanza
El marco de gobernanza del FEC establecido en la propuesta de la Comisión se diseñó con una lógica similar a la de otros programas gestionados directamente por la UE, como, por ejemplo, Horizonte Europa (Debande, 2026). De este modo, la Comisión contaría con suficiente flexibilidad para ajustar prioridades y reasignar recursos en función del devenir geopolítico y económico (Lausberg, 2026). No obstante, en las negociaciones en el Consejo salieron a la luz inquietudes de los Estados miembros por lo que atañe a la concentración del poder decisorio a nivel supranacional. Varios gobiernos sostuvieron que, habida cuenta de la escala y la importancia política del Fondo, los Estados miembros deberían tener un mayor protagonismo en las decisiones sobre su orientación estratégica. El texto del Consejo aprobado en junio de 2026 (ST10625/26) refleja estas preocupaciones. La modificación más destacada en materia de gobernanza es la incorporación del artículo 13 ter, en el que se establece una función consultiva para el Comité General del FEC. A partir de ahora, este comité debería asesorar a la Comisión acerca de la orientación y las prioridades estratégicas del FEC, así como sobre las tendencias en materia de competitividad, deficiencias del mercado, apoyo a las PYME, cooperación transfronteriza y armonización de las políticas de investigación, innovación e industria.
Otra modificación importante es el requisito de celebrar reuniones estratégicas antes de que se aprueben los primeros programas de trabajo y, de nuevo, una vez transcurridos tres años. Estas reuniones permiten que los Estados miembros efectúen aportaciones en una fase inicial, mientras que a la Comisión se le solicita que redacte un documento estratégico plurianual para someterlo a deliberación. Pese a que la Comisión sigue siendo autónoma y las recomendaciones “se tendrán en cuenta […], sin que ello suponga una obligación para la Comisión”, este mecanismo crea una nueva capa de coordinación que no existía en la propuesta original.
Otro cambio es el vínculo formal establecido entre el FEC y las estructuras de gobernanza de Horizonte Europa. Asimismo, el texto del Consejo exige la celebración de reuniones conjuntas, sesiones estratégicas y deliberaciones sobre las prioridades compartidas en relación con las actividades de I+i. De este modo, al crear un puente institucional entre la política industrial y la política de investigación, se responde a la preocupación de que el FEC pudiera eclipsar o provocar una fragmentación del programa Horizonte Europa.
El texto del Consejo de la Unión Europea establece también un Consejo de Partes Interesadas del FEC. Ese Consejo del FEC incluirá a representantes de la industria, inversores, mundo académico y PYME. El Consejo del FEC asesorará en cuanto a tendencias a largo plazo en materia de competitividad, carencias de inversión y prioridades estratégicas.
Además, el Consejo de la UE introduce disposiciones de gobernanza relativas al seguimiento, tales como obligaciones de presentación de informes ante el Parlamento Europeo y el Consejo o mecanismos para evaluar la distribución territorial de la financiación. Los casos detectados de concentración excesiva podrían debatirse en el seno del Comité General del FEC.
Además, el texto del Consejo permite que los Estados miembros designen puntos de contacto nacionales, con lo que se establece un mecanismo de gobernanza más interconectado entre la Comisión y las estructuras administrativas nacionales (ST 10625/26).
Al mismo tiempo, en el aspecto formal, el FEC sigue siendo un programa de gestión directa de la UE. La Comisión sigue asumiendo la responsabilidad de preparar los programas de trabajo, administrar el presupuesto, seleccionar proyectos y reasignar recursos.
En resumen, tras las modificaciones introducidas por el Consejo, el FEC deja de encarnar un modelo de gobernanza ejecutiva centralizada para convertirse en un mecanismo de coordinación mejor estructurado, sin dejar de estar bajo la gestión directa de la UE. Desde el punto de vista de la gobernanza, el cambio no consiste tanto en transferir las facultades decisorias de la Comisión a los Estados miembros como en fortalecer su capacidad para ejercer su influencia e imponer su veto sobre las prioridades estratégicas antes de que se tomen decisiones sobre su ejecución.
4. La interrelación entre el FEC y otros programas de la UE, y las implicaciones territoriales correspondientes
La interrelación entre el FEC y otros programas de la UE es una de las características centrales de su diseño. Como ya se ha mencionado, el FEC unificará bajo un único marco estratégico los 14 programas de la UE que en la actualidad funcionan bajo el paraguas del MFP. Sin embargo, en lugar de asimilar estos programas, el objetivo del FEC consiste en actuar de mecanismo de coordinación que armonice las políticas de investigación, innovación, industria e inversión en torno a una agenda común en materia de competitividad. La agrupación de los programas bajo un marco normativo común con instrumentos financieros normalizados, al tiempo que se abarca una amplia variedad de tecnologías, sectores y objetivos políticos, podría mejorar la coherencia entre las políticas y facilitar la transición desde la investigación a la implantación final en el mercado. No obstante, las voces críticas alegan que, sin contar con una priorización clara ni una definición explícita del valor añadido de la UE, los recursos podrían dispersarse en exceso hasta hacer mella en el enfoque estratégico y las señales del mercado. Como señala Lausberg (2026), el marco propuesto no aclara en demasía de qué modo se llevará a cabo la coordinación con programas como el Fondo de Innovación y el mecanismo Conectar Europa, lo que incrementa el riesgo de que se produzcan solapamientos, duplicaciones e ineficiencias administrativas.
Por lo tanto, la eficacia del FEC no depende únicamente de sus disposiciones internas en materia de gobernanza, sino también de su capacidad para establecer con claridad las complementariedades con los instrumentos ya existentes (Consejo, 2026). El Consejo ha introducido mecanismos de gobernanza para hacer frente a estas inquietudes y reforzar la coordinación y la fijación de prioridades entre los distintos programas. En cualquier caso, sigue habiendo interrogantes de peso en cuanto a la relación entre el FEC y los instrumentos de financiación existentes de la UE.
La relación con Horizonte Europa resulta especialmente significativa. Aunque la propuesta del Consejo introduce mecanismos para incrementar la coherencia entre los dos programas, entre ellos las reuniones conjuntas y los debates estratégicos, varios autores han manifestado su preocupación por el hecho de que la mayor integración entre Horizonte Europa (2028-2034) y el FEC pudiese afectar a la autonomía de la política de investigación de la UE. En concreto, la creciente orientación de los fondos para investigación hacia la competitividad y los objetivos industriales puede alterar el equilibrio entre la investigación impulsada por la excelencia y las políticas de innovación orientadas a misiones.
Además, la relación entre el FEC y los planes de asociación nacionales y regionales, aparte de su interacción con los programas a nivel de la UE, plantea serios interrogantes, en particular en el caso de las políticas delicadas desde el punto de vista territorial. Según Kölling (2025), se prevé que el gasto en política de cohesión caerá en torno a un 12%, mientras que cabe vaticinar que los recursos asignados al FEC aumentarán aproximadamente un 139%. Esta reasignación refleja una transición más amplia desde políticas de desarrollo de base territorial a objetivos sectoriales y estratégicos en materia de competitividad. Además, la agenda del FEC no es neutral desde el punto de vista territorial. La capacidad de innovación, la competitividad industrial y las infraestructuras necesarias para absorber las inversiones tienden a concentrarse en las zonas de las capitales, en las regiones metropolitanas y en regiones industriales especializadas. En consecuencia, lo más probable es que un fondo organizado principalmente en torno a prioridades sectoriales acabe asignando los recursos a las zonas en las que ya existen esos sectores y donde se encuentran los ecosistemas de innovación más sólidos (Rodríguez Pose y Bartalucci, 2026). Por ejemplo, Rodríguez Pose y Bartalucci (2026) sostienen que un número relativamente reducido de regiones, como Mediodía-Pirineos (Toulouse/Airbus), Bremen y Hamburgo (industria aeroespacial y naval) y Friul-Venecia Julia y Liguria (construcción naval italiana), podrían acaparar la mayor parte de las inversiones de la expansión prevista para la industria de defensa. En cambio, en la mediana de las regiones de la UE, se aprecia que menos del 0,2% de la población activa trabaja en el sector manufacturero relacionado con la defensa. La implicación es que los efectos económicos de la dimensión de defensa de la agenda de competitividad seguirán siendo en buena medida invisibles para gran parte de la Unión. Esta pauta no solo resulta evidente entre Estados miembros diferentes, sino también a nivel nacional. Los Estados miembros acceden al nuevo marco de financiación con niveles muy dispares en cuanto a gasto en investigación y desarrollo, resultados en materia de innovación, capacidades industriales y capacidad administrativa. Por lo general, los países septentrionales y occidentales de Europa albergan una mayor cantidad de instituciones de investigación importantes, de empresas innovadoras y de agrupaciones industriales estratégicas, mientras que muchos Estados miembros del sur y el este de Europa siguen enfrentándose a escollos estructurales por lo que respecta a ecosistemas de innovación, absorción tecnológica y acceso a inversión privada. En ese sentido, si el FEC no se acompaña de mecanismos eficaces de equilibrio territorial, podría agudizar las disparidades regionales al concentrar los recursos en territorios prósperos con un alto grado de innovación y ofrecer escasas oportunidades en regiones menos desarrolladas.
5. El enfoque del Parlamento Europeo
En su resolución de 7 de mayo de 2025 sobre el presupuesto a largo plazo para la UE en un mundo en constante cambio, el PE destacó la competitividad, la descarbonización y la innovación como prioridades centrales para el próximo MFP. Del mismo modo, en su resolución de 8 de mayo de 2025 sobre la política de competencia, el PE acogió con agrado el programa de la Comisión para impulsar la competitividad (Parlamento Europeo, 2025). No obstante, los desacuerdos en torno al equilibrio entre los objetivos de competitividad, la autonomía de la investigación y la cohesión territorial han sido evidentes, con diferencias de amplio calado entre los principales grupos políticos.
En su posición sobre el próximo MFP, el Parlamento abogó por un aumento del presupuesto de la UE, oponiéndose a la idea de que las nuevas prioridades, entre ellas la defensa y la competitividad, deberían financiarse mediante una reducción en el gasto destinado a ámbitos más tradicionales. Las nuevas prioridades deberían contar con financiación adecuada, y políticas como la agricultura, la pesca y el desarrollo regional deberían seguir recibiendo apoyo suficiente. El Informe ITRE sobre el FEC, hecho público en abril de 2026, incluye más de 354 enmiendas a la propuesta de la Comisión, con el fin de crear un instrumento más acorde con la cadena de investigación e innovación y ofrecer una mayor previsibilidad y un enfoque más concreto.[1]
Un elemento central de la posición del Parlamento tiene que ver con la autonomía de Horizonte Europa. El PE refrendó la Declaración de Varsovia, firmada por los Estados miembros en marzo de 2025, en la que se reafirmaba que el Programa Marco de Investigación e Innovación (Horizonte Europa) debería seguir siendo un instrumento aparte con sus propios programas de trabajo (Consejo, 2025). Se propone una estrecha vinculación entre ambos instrumentos al introducir en el FEC “acciones de itinerario de transición” que servirán de puente entre ambos fondos y promoverán la comercialización y la ampliación de las acciones en materia de innovación financiadas por el programa Horizonte Europa.
Sobre los cuatro ejes propuestos, los ponentes del Parlamento apuestan por prestar más atención a las infraestructuras energéticas e industriales y los recursos críticos. Se han renombrado los ejes de actuación de la siguiente manera: (a) infraestructuras energéticas, descarbonización industrial y tecnologías limpias (en lugar de la propuesta de la Comisión de “transición energética y descarbonización industrial”); (b) infraestructura digital y liderazgo digital flexible (en lugar de “liderazgo digital”); (c) salud, biotecnología y prosperidad sostenible (en lugar de “salud, biotecnología, agricultura y bioeconomía”); y (d) recursos críticos, seguridad, industria de defensa y el espacio (en lugar de “industria de defensa y el espacio”).
En el informe del PE, también se propone incluir líneas asignadas en cada eje. En concreto, se destaca la esfera de las materias primas críticas y se separa de las actividades de seguridad, defensa y el espacio dentro del cuarto eje actual. El informe del Parlamento también aumenta la asignación para el eje de transición limpia y descarbonización industrial de 26.200 millones a 30.730 millones de euros. Introduce una línea presupuestaria específica para descarbonización industrial y tecnología limpia, dotada con 10.000 millones de euros, que aporta una mayor visibilidad y permite destinar los fondos de manera específica, mientras concentra la mayoría de la dotación (14.730 millones de euros) en la segunda línea, relativa a las redes de transporte de energía.
Al mismo tiempo, el PE ha tratado de reforzar la rendición de cuentas democrática del FEC. En la propuesta de la Comisión, su papel en la gobernanza del FEC se mantendría relativamente limitado. La orientación general parcial del Consejo respondió a estas inquietudes al introducir obligaciones adicionales en materia de seguimiento y presentación de informes ante el PE y el Consejo. El Parlamento ha seguido defendiendo que una coordinación estratégica más sólida entre los instrumentos de financiación de la UE debería ir acompañada de un control parlamentario, de requisitos claros en materia de presentación de informes y de mecanismos de seguimiento eficaces. Por lo tanto, ha tratado de garantizar que el FEC no acabe convirtiéndose en un instrumento ejecutivo de la Comisión con escasa supervisión democrática.
Asimismo, los ponentes proponen aumentar a 257.700 millones de euros el presupuesto del FEC desde los 234.300 millones propuestos por la Comisión. Sin embargo, esta cantidad sigue siendo inferior a los 264.400 millones de euros propuestos por la Comisión de Presupuestos del Parlamento en su proyecto de informe del 15 de abril sobre el presupuesto total de la UE.
6. La política industrial y el Fondo Europeo de Competitividad
Tal y como han señalado el Informe Draghi y el Consejo Europeo, Europa debe acometer varias transformaciones importantes para aumentar su competitividad y desempeñar un papel de liderazgo en la economía mundial. Para lograr cambios reales en la estructura industrial, que constituye la base de la capacidad competitiva de la UE, se deben cumplir varios objetivos, y el FEC tendrá que estar preparado para responder en consecuencia.
El primer objetivo es acelerar la innovación. En la actualidad, las empresas de la UE se enfrentan a una creciente competencia por parte de empresas estadounidenses y chinas, en particular en cuanto a tecnologías digitales avanzadas e inteligencia artificial.El FEC debería favorecer a las industrias innovadoras ayudando a financiar todo el ciclo de vida empresarial, desde la I+D básica a la innovación aplicada y la producción final. La coordinación con el programa Horizonte Europa es uno de los desafíos fundamentales que aún no se ha abordado plenamente.
El segundo objetivo, de acuerdo con Draghi, es garantizar una energía accesible y reducir el alto precio de la energía que tan esencial resulta para la industria y el desarrollo de la IA. Desde 2022, a raíz de la invasión rusa de Ucrania y el conflicto en Oriente Medio, los mercados energéticos han experimentado una subida de los precios que ha supuesto un incremento de los costes para las empresas europeas y, por lo tanto, ha hecho necesaria la inversión en renovables y en nuevas infraestructuras energéticas. Al mismo tiempo, la UE es líder mundial en el proceso de descarbonización industrial y de transición hacia una economía circular, aspecto que debería fomentarse mediante incentivos de la UE y ayudas específicas del FEC, en especial en los sectores de automoción y vehículos eléctricos y en industrias con un alto consumo energético.
El tercer objetivo es la seguridad del suministro y la seguridad estratégica general. La UE es muy vulnerable a algunas cadenas de valor críticas y presenta dependencias estratégicas de Asia y, en particular, China, sobre todo en el ámbito de las materias primas críticas y los semiconductores. Asimismo, necesita que el FEC apuntale sus capacidades en seguridad civil, ciberseguridad y defensa en el contexto mundial actual. Tal y como afirma Draghi, con un gasto en defensa considerablemente inferior al de EEUU y una industria de defensa obsoleta, Europa debe impulsar sus inversiones en este sector. Ante esta situación compleja, el FEC deberá cambiar por completo las reglas del juego y convertirse en un instrumento eficaz para llevar a cabo estas transformaciones.
Por un lado, la propuesta incluye varios aspectos positivos, entre ellos sus objetivos principales. Por lo que respecta a sus objetivos, el artículo 3.1 del Fondo de Competitividad plantea el objetivo general de incrementar la competitividad de la UE mediante la financiación de innovación disruptiva; tecnologías críticas, estratégicas y de doble uso, lo que incluye su fabricación y desarrollo industrial; y el desarrollo de infraestructuras críticas en energía, transporte, sectores digitales, seguridad industrial civil, defensa y el espacio, con especial atención a las cadenas de valor críticas. Otro punto positivo es el hecho de que los proyectos amparados por los reglamentos sobre materias primas críticas y sobre la industria de cero emisiones netas se beneficiarán de manera automática al ser directamente elegibles para la financiación del FEC.
Otra característica valiosa es la introducción de medidas concretas para impulsar la competitividad de las PYME, así como la posibilidad de cofinanciar proyectos importantes de interés común europeo (PIICE), lo que facilita el acceso a estos megaproyectos europeos a más Estados miembros.
Por lo que respecta al funcionamiento en la práctica, el FEC recurrirá a un mecanismo de asignación competitiva, basado en el “principio de excelencia” de Horizonte Europa, mediante convocatorias de propuestas y conforme a los programas de trabajo definidos por la Comisión Europea. En esos documentos se determinarán los criterios de elegibilidad para cada convocatoria específica. Asimismo, se prevé la posibilidad de realizar invitaciones directas y asignaciones por la vía rápida para programas europeos con incidencia transnacional. El uso de este enfoque competitivo resulta positivo para seleccionar los proyectos de mayor excelencia, pero conlleva que no se efectúe una regionalización previa de sus recursos ni una programación anticipada por sectores o países (dotaciones nacionales) –a diferencia del enfoque adoptado para los fondos estructurales–, lo que someterá a presión la organización interna y las colaboraciones público-privadas de los Estados miembros.
Por otra parte, el Fondo, según la propuesta de la Comisión, no presta suficiente atención a la necesidad de financiar la transformación en curso del sector industrial en Europa, iniciada gracias a los fondos Next Generation tras la crisis de la COVID, en respuesta al doble desafío de la transición ecológica y digital. Así lo ha destacado España en las reuniones del Consejo (Gobierno de España, 2026), y se trata de un punto crucial que quizás debería abordarse en las negociaciones con el Parlamento.
La referencia a sectores industriales vinculados al objetivo de respaldar la transición ecológica y la descarbonización es demasiado general. El eje específico incluye medidas en el ámbito de la energía —facilitar la electrificación de industrias con un alto consumo eléctrico, la captura de carbono y el almacenamiento energético, así como iniciativas de eficiencia energética, redes energéticas y producción de combustibles sostenibles— y las soluciones limpias —transporte limpio (vehículos, barcos), la fabricación de tecnologías limpias (cero emisiones netas), la economía circular, la gestión del agua y las mejoras medioambientales—. Por lo tanto, el eje de “Transición limpia y descarbonización industrial” es muy amplio, carece de un enfoque específico en el sector manufacturero y no hace mención a ningún sector industrial concreto (por ejemplo, acero, aluminio, productos químicos, automoción, farmacéuticas o construcción naval) a los que la UE está dando respuesta a nivel interno mediante estrategias y planes específicos. De hecho, el enfoque del FEC no consiste en financiar “sectores” específicos, sino en dar acceso a fondos para construir cadenas de valor estratégicas. Es una meta más ambiciosa, pero también más compleja.
Para contribuir de manera eficaz a la competitividad europea, podrían introducirse varios cambios durante el proceso de diálogo tripartito.
Primero, el FEC debería ayudar a sostener el proceso de modernización, digitalización y descarbonización de la industria europea y considerarlo una prioridad, no una medida posible cualquiera. Debería contarse con una orientación y un enfoque específicos para llevarlo a buen puerto. El resultado debería consistir en programas de trabajo específicos que aborden este objetivo, con escasa o nula cofinanciación nacional. Debería darse cabida a las propuestas y prioridades nacionales con la coordinación europea que fuese necesaria.
En segundo lugar, esta prioridad tendría que reflejarse en la estructura de gobernanza específica, en la función del Comité General y sus formaciones conexas, así como en el Consejo Estratégico de Partes Interesadas del FEC y en InvestEU. En este momento, no se hace referencia a los planes europeos para los sectores del acero, los productos químicos y la automoción presentados por la Comisión en 2025 y 2026, y tampoco se ha asignado financiación a estos planes sectoriales. Esta interacción necesaria entre los planes industriales y el FEC como instrumento específico puede ser abordada por la nueva función consultiva del Comité General y debería tenerse en cuenta en los planes de trabajo específicos que presente la Comisión a través de los comités correspondientes.
En tercer lugar, el PE puede ayudar a multiplicar al máximo el volumen de recursos destinados al FEC. Aunque este tema guarda relación con las negociaciones del MFP, debería haber una conexión entre ambas negociaciones durante los diálogos tripartitos para dejar patente la importancia de los objetivos de este nuevo instrumento. La posición de España de cara a las negociaciones globales del presupuesto del MFP es aumentar el presupuesto hasta el 2 % del PIB de la UE para estar a la altura de las aspiraciones y necesidades de la Unión. El FEC debería ser –junto con la cohesión, el medio ambiente y la política agrícola común– un elemento fundamental de esta ecuación.
Conclusiones
En el presente informe se ha planteado en qué medida representa el FEC un cambio en la gobernanza, las prioridades y la lógica de asignación de la política de industria e innovación de la UE, así como cuáles son sus limitaciones para la competitividad de la Unión.
Las negociaciones sobre el FEC están vinculadas al paquete del MFP, por lo que las deliberaciones sobre gobernanza, prioridades políticas y asignaciones financieras irán evolucionando en paralelo. Los Estados miembros tratarán de llegar a acuerdos que concilien los intereses nacionales, las prioridades sectoriales y los objetivos más generales de la UE. La orientación general parcial del Consejo somete todos los procedimientos de comitología al procedimiento de examen y refuerza el papel del Comité General del FEC, por lo que los Estados miembros pueden ejercer un control previo sobre la ejecución. En ese sentido, este cambio es más un fortalecimiento del control intergubernamental en el marco de la gestión directa que una consolidación del poder ejecutivo de la Comisión. Asimismo, el PE se está centrando menos en la justificación del propio FEC y está prestando más atención a sus mecanismos de gobernanza, el volumen presupuestario y la relación con Horizonte Europa y sus implicaciones para la cohesión económica, social y territorial. En consecuencia, el diseño final del Fondo no solo dependerá de las negociaciones sectoriales específicas, sino también de la decisión definitiva sobre el paquete presupuestario global.
Por lo que respecta a las prioridades, el FEC supone un cambio considerable en las prioridades de gasto de la UE. En lugar de respaldar ámbitos concretos de actuación política mediante instrumentos separados, servirá de marco integrado centrado en las tecnologías estratégicas, la capacidad industrial y la seguridad económica. La ponderación del eje de la seguridad, la defensa y el espacio, que representa más de la mitad del Fondo, pone de manifiesto que, en el próximo MFP, la “competitividad” se define en términos muy amplios. El FEC debería centrarse en las capacidades industriales de Europa, lo que equivale a asignar financiación y prioridad suficientes frente a otros ejes, e incluir los programas de descarbonización y modernización de la industria.
En cuanto a la asignación, el FEC sustituye las dotaciones nacionales y la programación de base territorial por convocatorias competitivas basadas en la excelencia, por lo que los fondos responden más a la calidad de los proyectos que a las necesidades territoriales. El seguimiento de la distribución geográfica introducido por el Consejo reconoce el riesgo de concentración, pero no lo rectifica, puesto que la excelencia sigue siendo el único criterio de adjudicación. De este modo, el FEC acentúa la tensión entre competitividad y cohesión territorial que se desprende de toda la propuesta de MFP para 2028-2034.
Aunque parece poco probable que su presupuesto vaya a subsanar las carencias de inversión de la UE, el FEC podría tener una repercusión importante si la asignación de los recursos se centra en las prioridades estratégicas y se utiliza la inversión privada de un modo eficaz.
Para España, el FEC presenta oportunidades y riesgos: podría respaldar sectores como la energía renovable, la descarbonización industrial, las tecnologías digitales y las industrias de defensa, pero también podría suponer un escollo para la organización interna y la coordinación subnacional si la financiación se concentra en proyectos que favorezcan a los territorios más competitivos. El FEC también debería responder al objetivo europeo de incrementar la competitividad y centrarse en la continuación del proceso de transformación de la industria europea y española tras los fondos Next Generation.
Bibliografía
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[1] El 20 de abril de 2026, los componentes, que fueron el eurodiputado Christian Ehler (DE/Partido Popular Europeo, PPE) y el eurodiputado Dan Nica (RO/Socialistas, S&D), presentaron el proyecto de informe ante la Comisión de Industria, Investigación y Energía (ITRE). El informe definitivo del PE se someterá a votación en la sesión plenaria de octubre de 2026.
