La desinformación climática se ha convertido en un factor determinante en la forma en que la sociedad entiende y debate el cambio climático. La complejidad del fenómeno, la dificultad de aplicar soluciones inmediatas y el impacto de las redes sociales han favorecido la circulación de contenidos falsos o engañosos que generan confusión y desconfianza. En situaciones de incertidumbre, especialmente tras fenómenos meteorológicos extremos o desastres naturales, distinguir entre información veraz y desinformación resulta cada vez más difícil.
Aun así, existe un amplio consenso social sobre la existencia del cambio climático. Según una encuesta del Real Instituto Elcano realizada en 2024, el 93% de la población española cree que el cambio climático existe y el 84% considera que tiene un origen antropogénico, vinculado a la actividad humana y al uso de combustibles fósiles. Sin embargo, las redes sociales y sus algoritmos amplifican contenidos alineados con las creencias de cada usuario, favoreciendo la creación de cámaras de eco y facilitando la viralización de mensajes desinformativos.
En el 16º episodio de la 6ª temporada de Conversaciones Elcano, conversamos con Andrea Briones, ayudante de investigación del Real Instituto Elcano, sobre cómo se construye y difunde la desinformación climática. El episodio adelanta algunas conclusiones del informe “Percepciones sociales de la crisis climática y desinformación”, elaborado en el marco del proyecto IBERIFIER Plus, el Observatorio Ibérico de Medios Digitales, financiado por la Comisión Europea.
Los peligros de la desinformación climática
Uno de los principales riesgos de la desinformación climática es la creación de confusión sobre el cambio climático y sus impactos. Más allá de negar la evidencia científica, muchas narrativas desinformativas aprovechan la complejidad del fenómeno para sembrar dudas en el debate público y retrasar medidas de mitigación y adaptación necesarias. La desinformación reduce así la capacidad de las sociedades para responder a uno de los grandes desafíos globales actuales.
Europa se está calentando más rápido que la media global y el Mediterráneo es uno de los territorios más vulnerables al cambio climático. En España ya son más frecuentes las olas de calor intensas, las sequías y los fenómenos meteorológicos extremos, pero esta creciente exposición no siempre va acompañada de una percepción real del riesgo. En este contexto, las redes sociales y sus algoritmos amplifican contenidos engañosos que generan ruido, fatiga informativa y desconfianza, con consecuencias directas sobre la conversación pública y la toma de decisiones políticas.
Por qué funcionan los bulos climáticos
A pesar del amplio consenso científico sobre el cambio climático y su origen antropogénico, respaldado por entre el 97% y el 99% de la comunidad científica y por organismos como el IPCC, los bulos climáticos siguen encontrando terreno fértil. Parte de la explicación está en cómo procesamos la información: tendemos a aceptar aquello que confirma nuestras creencias previas y a rechazar lo que las contradice. Además, el cambio climático afecta a cuestiones sensibles como la economía, la energía, la movilidad o los estilos de vida, lo que hace que deje de percibirse solo como un tema científico y se convierta también en un debate político e identitario.
Las redes sociales y los algoritmos amplifican este fenómeno al priorizar la viralidad y reforzar las cámaras de eco. Los bulos suelen apelar a emociones fuertes como el miedo, la frustración o la desconfianza y ofrecen explicaciones simples y categóricas frente a los matices y las proyecciones complejas de la ciencia. En un entorno de sobreabundancia informativa, la repetición constante de mensajes engañosos puede acabar sembrando dudas incluso entre personas concienciadas con el cambio climático.
La evolución de la narrativa de la desinformación
La desinformación climática ha evolucionado en los últimos años. Inicialmente, predominó el negacionismo climático clásico, centrado en negar la existencia del cambio climático, su origen humano o sus impactos. Algunos mensajes atribuían los cambios del clima únicamente a causas naturales o presentaban el consenso científico como una manipulación, pese a la evidencia que vincula el calentamiento global con las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de la actividad humana. También eran frecuentes los bulos que utilizaban episodios aislados de frío o temperaturas extremas para desacreditar una tendencia climática global y de largo plazo.
Hoy la desinformación climática ha evolucionado hacia formas más sutiles. En muchos casos ya no se niega directamente el cambio climático, sino que se cuestionan las políticas climáticas, las soluciones propuestas o las instituciones y figuras públicas vinculadas a la acción climática. También han ganado peso las teorías de la conspiración y los contenidos manipulados o deepfakes, especialmente en redes sociales, donde los algoritmos favorecen la difusión rápida de mensajes emocionales y polarizados.
La desinformación climática en España
Los fenómenos meteorológicos extremos se han convertido en uno de los principales escenarios de difusión de desinformación climática en España. En momentos de incertidumbre, cuando debería centrarse la atención en la prevención de riesgos y la gestión de la emergencia, proliferan narrativas que desvían el foco, alimentan la confusión o erosionan la confianza en las instituciones.
Un ejemplo claro fue la DANA de 2024, tras la que circularon mensajes que presentaban como contradictorias las sequías y las lluvias torrenciales, pese a que el cambio climático está asociado a fenómenos meteorológicos más extremos y erráticos. Aunque este fenómeno forma parte de la dinámica habitual del Mediterráneo, la ciencia señala que el calentamiento de la atmósfera y de los mares puede intensificar estos episodios. Estudios posteriores concluyeron que el cambio climático aumentó la probabilidad e intensidad de la DANA de 2024. Sin embargo, antes de la publicación de esos análisis, las teorías conspirativas sobre geoingeniería, manipulación climática o destrucción de presas y embalses ya se habían propagado, desmentidas posteriormente por medios de verificación como Maldita.es y Newtral.
La vulnerabilidad ante la desinformación
No existe un único perfil vulnerable a la desinformación climática. La aceptación de estos mensajes depende del tipo de contenido, del contexto y de quién lo difunde, aunque solemos pensar erróneamente que los bulos afectan siempre a otros. Más que el negacionismo climático explícito, muchas narrativas apelan a la desconfianza hacia las instituciones, el miedo a perder libertades o la sensación de control externo. Aunque factores como el nivel educativo o la alfabetización mediática o digital pueden influir, los estudios destacan especialmente el peso de la ideología y de la identidad política.
En España, una encuesta del Real Instituto Elcano analizó qué factores están asociados a una mayor aceptación de narrativas cercanas a la desinformación climática, especialmente las vinculadas al negacionismo clásico. El estudio comparaba el grado de acuerdo con afirmaciones respaldadas por el consenso científico y con otras asociadas a discursos desinformativos sobre el cambio climático.
Por su parte, IBERIFIER Plus está estudiando cómo se relacionan las percepciones sociales sobre el cambio climático y la desinformación. Los resultados, próximos a publicarse, muestran que la ideología política y la visión proambiental son variables clave para explicar la aceptación o rechazo de determinadas narrativas. Según estos análisis, las personas con mayor sensibilidad ambiental tienen entre un 10% y un 25% menos de probabilidad de aceptar mensajes desinformativos.
Combatir la desinformación climática
Frente a la desinformación climática, una de las herramientas más eficaces es la verificación de la información. Comprobar quién publica un contenido, acudir a fuentes fiables y revisar la trazabilidad de los datos permite distinguir entre información fundamentada y mensajes engañosos. En este ámbito desempeñan un papel clave las organizaciones de fact-checking y las redes internacionales de verificación, que analizan campañas de desinformación y desmienten bulos. También gana importancia el llamado argument-checking, que no solo verifica datos concretos, sino también las premisas y razonamientos detrás de determinados discursos.
Sin embargo, la evidencia muestra que verificar un contenido una vez se ha hecho viral no siempre es suficiente, debido a la rapidez con la que circula la desinformación. Por eso cada vez cobra más relevancia el prebunking, una estrategia basada en adelantarse a los bulos y explicar previamente las técnicas de manipulación para que las personas puedan reconocerlas más fácilmente. A ello se suman medidas institucionales y regulatorias impulsadas por la Unión Europea y organismos internacionales, como la Ley de Servicios Digitales o iniciativas sobre integridad de la información climática.
En España, la Estrategia Nacional contra las Campañas de Desinformación y organismos como la Oficina Española de Cambio Climático buscan reforzar el acceso a información rigurosa y basada en evidencia. En última instancia, la mejor defensa sigue siendo una ciudadanía crítica, acostumbrada a contrastar la información antes de compartirla.
Recursos:
Los ciudadanos ante el cambio climático. Lara Lázaro Touza, Carmen González Enríquez, José Pablo Martínez. 6 de junio de 2026.
La lucha contra la desinformación: cambio de modelo. Félix Arteaga. 15 de septiembre de 2020.
Informe IBERIFIER «El impacto estratégico de la desinformación en España». Ángel Badillo Matos, Félix Arteaga. Febrero de 2024.
Conversaciones Elcano 3X06: ¿Cómo combatir la desinformación? María Santillán O’Shea, Álvaro Vicente, Ángel Badillo Matos. 7 de julio de 2026.
Conversaciones Elcano 5X14: La desinformación: miedo, bulos y poder. Ignacio Urbasos Arbeola, Marta Driessen, Ángel Badillo Matos. 25 de abril de 2026.
Créditos del audio:
Conversaciones Elcano 5X14: La desinformación: miedo, bulos y poder. Ignacio Urbasos Arbeola, Marta Driessen, Ángel Badillo Matos. 25 de abril de 2026.
Imagen: Un edificio abandonado en Letur (Albacete) tras el paso de la tormenta DANA, con paredes derruidas y restos de su estructura. Foto: Emiliano García-Page Sánchez (CC BY-SA 2.0).
