Mensajes clave
- El conflicto de Oriente Medio está pasando de un escenario local, en el que Estados Unidos (EEUU) e Irán alternan combates y negociaciones, a otro regional donde los países árabes y los proxies iraníes tantean el enfrentamiento armado.
- En un escenario favorable de presión militar intermitente y apertura precaria de Ormuz podría mantener la cotización del barril de Brent y del gas en el TTF de referencia para Europa en el tramo alto del rango de los meses previos a los ataques de septiembre.
- En otro escenario desfavorable donde se cronifiquen tanto los bloqueos de Ormuz y Bab el-Mandeb como los ataques a las infraestructuras energéticas, los precios podrían dispararse hasta llevar los precios del Brent por encima de los máximos de mayo pasado y seguir tensionando los del TTF conforme se acerque el invierno.
Análisis
Introducción
Nuestros análisis previos muestran que el conflicto entre EEUU e Irán ha pasado por todos los escenarios posibles, desde el bloqueo, las acciones militares intermitentes y la escalada militar descontrolada que colocaba los mercados energéticos al borde de una disrupción mayor. Desde entonces, ambos países han combinado ataques sobre objetivos militares y energéticos con negociaciones y acuerdos de alto el fuego para encontrar una salida “airosa” de la situación actual. La nueva escalada en Oriente Medio durante el verano ha propiciado el aumento de las tensiones en los mercados energéticos. Este análisis actualiza la situación del conflicto, la evolución de los mercados energéticos y los escenarios contemplados desde su comienzo.[1]
Evolución del conflicto
El conflicto lleva camino de estancarse en una situación intermedia entre la paz y la guerra, en la que ninguna de las dos partes es capaz de imponerse militarmente. EEUU preserva su superioridad militar, aunque no es suficiente para conseguir sus objetivos estratégicos. Puede destruir las instalaciones militares iraníes, aunque no las móviles, y su defensa aérea de las infraestructuras energéticas es eficaz, pero permeable y costosa. Ha demostrado capacidad para interceptar, desviar y destruir buques iraníes, pero no puede evitar el minado del estrecho o dar cobertura permanente a los buques en tránsito. Irán preserva su ventaja geográfica y suficiente capacidad militar para perturbar el tránsito de buques por Ormuz. También ha demostrado su capacidad para causar daños a las infraestructuras energéticas regionales directamente o mediante sus proxies.
Ninguno de los dos países muestra prisa en negociar el final de una guerra, aunque les cause grandes costes y daños económicos. El régimen iraní mantiene el control social y diplomático de la escalada, mientras que la Casa Blanca no siente todavía suficiente presión social a pesar de la subida de la inflación y de los tipos de interés y de la proximidad de las elecciones de medio mandato.
Las defensas aéreas de los países árabes han interceptado un gran porcentaje de los ataques iraníes, pero no la totalidad de ellos. La coordinación operativa de los aliados ha mejorado con la experiencia, pero, en contrapartida, la apertura de nuevos frentes de ataque desde Irak y Yemen por los proxies proiraníes ha obligado a dispersar los medios antiaéreos y a limitar la cobertura de los mercantes debido al coste y a la dificultad de protegerlos.[2]
Sobre Ormuz sigue planeando el temor de una escalada militar pero el fracaso del Acuerdo de Entendimiento de junio no derivó en acciones militares sino en medidas económicas de presión para acentuar las dificultades de la economía de Irán. Hasta finales de agosto, EEUU cesó sus ataques sobre territorio iraní e Irán hizo lo propio sobre el de los países del Consejo de Cooperación del Golfo. Posteriormente, y como muestra la Figura 1, EEUU ha recurrido a la fuerza para imponer el embargo sobre los puertos iraníes, incluso destruyendo sus buques en acciones de represalia por ataques previos iraníes.
Los huzí de Yemen decretaron en julio de 2026 un bloqueo en respuesta al de Arabia Saudí sobre puertos yemeníes que ha derivado en ataques sobre infraestructuras y buques saudíes. Los ataques con drones y misiles de agosto causaron daños en las instalaciones del sur de Arabia Saudí y obligaron a suspender temporalmente parte de sus operaciones.[3] Se han podido interceptar los de septiembre sobre la capital y la terminal de Aramco en Yanbu, pero queda demostrada la voluntad y la capacidad huzí de escalar el conflicto.[4] La escalada no ha derivado todavía en un enfrentamiento abierto pero aumenta el riesgo de que se reactive la guerra civil de Yemen o que se reabra la de 2021-2025 entre Arabia Saudí y Yemen.[5] Mientras, la regionalización del conflicto aumenta la extensión del teatro a preservar y obliga a dispersar o limitar la protección de instalaciones y petroleros.
Por su parte, el gobierno iraquí sigue sin poder controlar ni desarmar a las milicias proiraníes que atacan esporádicamente las bases estadounidenses en Arabia Saudí, lo que a su vez desencadena ataques de respuesta sobre territorio iraquí. La inestabilidad de Irak y la situación en Ormuz mantiene su capacidad exportadora en torno al 10% de su producción, aunque en compensación ha firmado un acuerdo de exportación de crudo con Turquía, 750.000 barriles diarios a través del oleoducto Kirkuk-Ceyhan.
Arabia Saudí ha evitado responder a los ataques iraníes y minusvalorado los de sus proxies, pero los daños sufridos reducen su margen de tolerancia. Lo mismo ocurre con el resto de los aliados árabes, como Emiratos Árabes Unidos (EAU) por su proximidad a Irán y la concentración de sus infraestructuras. Baréin, Qatar y Kuwait disponen de menos capacidad militar que saudíes y emiratíes, pero tampoco muestran apetito por un enfrentamiento directo con Irán. Conocedor de esta situación y de las divergencias entre los países árabes, Irán presiona militarmente lo justo para prevenir coaliciones militares en su contra y ofrece soluciones bilaterales a cada país árabe para dificultar su convergencia.[6] EEUU sigue siendo el principal valedor militar de Arabia Saudí, pero, por si la situación se deteriora y para reforzar su posición, Ryad ha comenzado a articular nuevas alianzas para complementar su capacidad de disuasión.
En respuesta al bloqueo impuesto por los huzí de Yemen el 20 de julio sobre la navegación por el mar Rojo, Arabía Saudí convocó a varios países afectados por el bloqueo –y por la posible exigencia de tasas– para articular una coalición naval multinacional.[7] Esta coalición se añade las operaciones Prosperity Guardian de EEUU y Áspides de la Unión Europea (UE). El 7 de agosto de 2026, Arabia Saudí, Pakistán y Turquía firmaron el Acuerdo Conjunto de Defensa de La Meca que incorporaba a Turquía al acuerdo bilateral de defensa saudí-paquistaní de septiembre de 2025.
En principio, la coalición no está dirigida contra Irán o Israel, ni dispone de mecanismos expresos de defensa colectiva, pero su ambigüedad refuerza la capacidad de disuasión saudí.[8] En agosto, la Coalición Marítima de Defensa Multinacional firmó un pacto de defensa con Pakistán y Turquía. Ninguno de los dos pactos conlleva la defensa colectiva, pero contribuyen a la disuasión saudí. Por su parte, EEUU continúa desarrollando las capacidades regionales frente a los drones desde su Mando de Operaciones Especiales del CENTCOM (US Central Command).[9]
Durante los últimos meses Israel ha rebajado su protagonismo en el día a día del conflicto con Irán, salvo en lo relacionado con Hizbulah en el Líbano o expresando sus reservas a que EEUU llegue a un acuerdo sobre el programa nuclear iraní sin las suficientes garantías de cumplimiento. La reanudación del libre tránsito por el estrecho de Ormuz no está prevista a corto plazo, pero Irán continúa negociando con Omán un acuerdo que dé apariencia de legalidad a cualquier corredor marítimo que puedan controlar una vez cesen los enfrentamientos armados.
El Derecho Marítimo Internacional y la Organización Marítima Internacional se han mostrado ineficaces para imponer la libertad de tránsito por el estrecho de Ormuz (ni Irán, ni EEUU ni los proxies son parte de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (United Nations Convention on the Law of the Sea, UNCLOS), por lo que los costes del conflicto pueden llevar a las partes a aceptar algún tipo de control que de facto proporcione ventajas económicas o políticas a Irán. Ninguno de los países árabes del Golfo aceptaría un acuerdo que reconozca expresamente el control iraní del estrecho o que fijara tasas o rutas de tránsito impuestas por Irán, pero sí algún tipo ambiguo de mecanismos de seguridad y de compensaciones económicas que propiciara el mantenimiento de la seguridad marítima en Ormuz.
Figura 1. Ataques recientes sobre infraestructuras y transportes de energía
| FECHA | DESCRIPCIÓN |
|---|---|
| 07/7/2026 | Ataques iraníes sobre el metanero GNL de Qatar operado por Al Rekayyat y el VLCC de Arabia Saudí operado por Wedyan. |
| 14/7/2026 | Ataques de Irán a dos VLCC (Very Large Crude Carriers) de EAU: Monbasa B y Al Bahyah, ADNOC Logistics & Services. |
| 20-24/7/2026 | Petrolero saudí Masa, operado por Bahri, atacado en el mar Rojo y ataques huzí sobre la ruta alternativa entre Yanbu y Bab el-Mandeb. |
| 27/7/2026 | Ataques huzí sobre instalaciones de Aramco en Abqaiq, estaciones y nodos del oleoducto Este-Oeste e infraestructura de trasporte hacia Yanbu desde la provincia oriental saudí. |
| 27-29/07/2026 | 30 ataques de las milicias proiraníes de Irak con drones sobre fuerzas estadounidenses e infraestructuras energéticas saudíes y ataques de represalia de Arabia Saudí y EEUU sobre Irak. |
| 5/8/2026 | Dos ataques huzí (reivindicados, no corroborados) sobre dos petroleros saudíes frente a Yanbu y en el golfo de Adén. |
| 24/8/2026 | El ataque sobre el VLCC Amzan operado por Bahri a 63 millas náuticas al oeste de Yanbu demostró la capacidad de ataque de los huzí sobre las rutas de exportación alternativas del mar Rojo y de hacerlo a 1.000 km de las bases de lanzamiento de Yemen. |
| 30/8/2026 | EEUU atacó las instalaciones militares de la isla de Larak y los iraníes lanzaron misiles sobre dos bases estadounidenses en Jordania. |
| 31/8-1/9/2026 | Ataques contra un VLCC saudí, Sidr operado por Bahri y otro VLCC liberiano, Senegal Prosperity, operado por Sonokor, que habían cargado en la terminal saudí de Juaymah. |
| 05/9/2026 | EEUU confirmó la destrucción de tres petroleros iraníes en respuesta a ataques iraníes sobre buques estadounidenses. |
| 8-9/9/2026 | EEUU destruyó cuatro petroleros iraníes en el golfo de Omán y otro frente a Kharg. Los huzí atacaron instalaciones petroleras saudíes. |
| 10-12/9/2026 | Ataque de milicias proiraníes sobre el oleoducto Este-Oeste y estaciones de la región de Hiyaz desde territorio iraquí. |
| 19/9/2026 | Ataques con misiles y drones sobre la capital Riad y sobre la terminal de Aramco en Yanbu, mar Rojo. |
Impacto en los mercados energéticos
La escalada descrita ha acabado con la tensa calma de los mercados para reflejarse con fuerza en el aumento de los precios del petróleo hasta rozar los niveles máximos desde el pasado mayo e impulsar los del gas en Europa a máximos desde 2023. El repunte de los flujos de crudo y productos del verano a través de Ormuz parecían apuntalar un equilibrio inestable en el que se evitarían nuevas escaladas descontroladas que impulsaran una espiral de los precios del gas y el petróleo difícil de contener. Se esperaban tensiones en la negociación y algún exceso retórico, pero en general se tendía a descartar el regreso a acciones militares significativas. En esas condiciones de apertura fragmentada y opaca, y con la redirección de exportaciones saudíes y emiratíes por el mar Rojo hacia el golfo de Omán, podía ganarse tiempo mientras se resolvía el conflicto y se reabría Ormuz a la navegación.
En cambio, los últimos ataques de Irán y sus proxies contra las infraestructuras energéticas de Arabia Saudí a principios de septiembre han elevado el riesgo de las perturbaciones de suministro. Al cierre parcial de Ormuz se sumaba la amenaza sobre Bab el-Mandeb y el oleoducto Este-Oeste (en realidad un sistema compuesto por un oleoducto con una capacidad de transporte de crudo de unos 5 mbd y otro paralelo destinado a productos derivados de unos 2 mbd) que son la ruta alternativa para canalizar la producción saudí a los mercados asiáticos y europeos. Algunos analistas han aventurado que la última escalada supone un punto de inflexión en unos precios ya muy tensionados por la pérdida de producción y la bajada de inventarios.
La Agencia Internacional de la Energía apuntaba en su Oil Market Report de septiembre que a esa fecha seguían sin producirse más de 10 millones de barriles diarios (mbd) y que la recuperación de la producción no se daría hasta 2027 por los crecientes riesgos de seguridad. Por Bab el-Mandeb transitan unos 6 mbd, pero los flujos han subido mucho tras el cierre de Ormuz ya que Arabia Saudí venía redirigiendo el grueso de sus exportaciones de petróleo hacia el puerto de Yanbu en el mar Rojo. El ataque contra tres compresores del oleoducto Este-Oeste obligó a su cierre por un período estimado de unas 5-6 semanas, aunque los flujos podrían reiniciarse antes si se confirma una reparación acelerada. Esto ha obligado a volver a redirigir sus exportaciones de petróleo del mar Rojo a Ormuz utilizando la misma operativa opaca y costosa de sus vecinos del Golfo, induciendo a los huzí a atacar otros activos energéticos saudíes en el este del país para obstaculizarlas.
La nueva subida de los precios del petróleo viene otra vez acompañada de subidas todavía mayores en los precios de los productos refinados, sobre todo el diésel.[10] En Europa, a la subida de los combustibles se suma la del gas y la electricidad, que han elevado rápidamente la inflación en la zona euro y obligado al Banco Central Europeo (BCE) a elevar los tipos de interés. La Reserva Federal también ha tenido que subir tipos ante la repercusión en la inflación de la subida de los combustibles. Si la subida de precios del gas y el petróleo se mantiene, la transmisión al crecimiento de la economía podría intensificarse en los próximos meses. En sus previsiones de julio, el Fondo Monetario Internacional (FMI) reconocía que, aunque el impacto de la guerra sobre la inflación y el crecimiento había sido contenido, el proceso de transmisión de precios apenas estaba empezando y que los riesgos para el crecimiento de un recrudecimiento de la guerra son altos.
La nueva escalada en Oriente Medio se produce en un contexto de los mercados energéticos diferente al del comienzo del conflicto. En marzo, los mercados estaban bien suministrados por un exceso de oferta, pero ahora han consumido una parte importante de sus inventarios y reservas estratégicas. Éstas, junto al redireccionamiento de las exportaciones saudíes y emiratíes, permitieron comprar tiempo para desescalar el conflicto, revertir las caídas de producción y reabrir Ormuz. Por el contrario, otros vectores se han sumado al impulso de precios del gas, el petróleo y sus derivados. La intensificación de los ataques ucranianos a los activos energéticos de Rusia (refinerías, petroleros, e incluso el lejano campo de gas de Yamal en el Ártico), ha contribuido a aumentar la tensión sobre los mercados energéticos globales.
La prolongación de estos conflictos y las sanciones asociadas han tenido un impacto continuado sobre la oferta global de gas natural, petróleo y derivados, reduciendo los niveles de almacenamiento de gas y los inventarios de crudo y productos refinados en Europa. La duración del cierre de Ormuz también ha obligado a China a relajar la reducción de sus importaciones de petróleo y erosionado este elemento de estabilización del mercado. La situación en Ormuz también sigue presionando al alza los precios del gas natural licuado (GNL). La cotización del futuro de octubre del TTF, de referencia en Europa, paso del entorno de los 30€/MWh antes de la guerra a doblarse en los máximos de marzo y julio, para finalmente rozar los 80€/MWh el 18 de septiembre.
La competencia entre los compradores asiáticos y europeos por hacerse con los cargamentos de EEUU y otros exportadores, que en el caso europeo tenderá a acrecentarse por el desacoplamiento del gas ruso de los próximos meses.[11] El bajo nivel de los almacenamientos de gas en la UE (un 69% a fecha del 19 de septiembre) puede no obstante ser suficiente para un invierno moderadamente frío, pero mantendrá tensionados los precios.[12] La transmisión a los precios europeos de la electricidad se está haciendo notar en los últimos meses y se prevé que sigan en niveles muy superiores a los de antes del comienzo de la guerra y en máximos desde la crisis de Ucrania (aunque por debajo de los precios alcanzados entonces).
La situación actual de los mercados de gas y petróleo sigue siendo de gran incertidumbre, sin que Irán ni EEUU consigan sus objetivos energéticos sobre Ormuz. Por un lado, Irán no ha conseguido colapsar los mercados energéticos ni elevar los precios del petróleo a niveles inasumibles para EEUU y la economía internacional como pretendía. Tampoco ha podido imponer el régimen de tránsito por Ormuz que lleva reclamando desde el comienzo de la guerra. Los precios del petróleo han subido de forma importante, pero sin alcanzar los 200 dólares por barril con que el régimen iraní amenazó entonces. Algo semejante ha pasado con los mercados de GNL, en los que a pesar de las importantes subidas de los precios del gas en Asia y Europa la espiral de precios ha sido más contenida que durante la crisis energética que siguió a la invasión rusa de Ucrania.
En cambio, EEUU ha conseguido bloquear completamente las exportaciones de petróleo de Irán e infligido un daño muy severo a su economía. También ha conseguido incrementar los flujos de petroleros y metaneros por Ormuz, aunque se realizan en condiciones de elevado coste y riesgo y se reducen drásticamente con ataques como los de septiembre. Aunque, a diferencia de Europa, EEUU no está sufriendo una subida de los precios del gas y la electricidad, las repercusiones económicas siguen al alza: los elevados precios de los combustibles pesan sobre las elecciones de medio mandato y han forzado una subida de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal, aumentando las tensiones sobre la deuda estadounidense.
Tres escenarios actualizados: presión intermitente, bloqueo de Ormuz y Bab el-Mandeb y escalada descontrolada
¿Qué esperar de la evolución de la situación en Oriente Medio y su influencia sobre los mercados del petróleo? La incertidumbre sigue aumentando conforme se suceden los meses sin que ninguna de las partes en conflicto sea capaz de alcanzar sus objetivos y prosiga el deterioro de la situación geopolítica y de los fundamentales del mercado. Para algunos analistas, es imposible ofrecer una perspectiva central de precios en las actuales condiciones[13]. Ante la persistencia de la incertidumbre, se actualizan los tres escenarios propuestos en análisis precedentes: (1) presión militar intermitente y apertura opaca y controlada de Ormuz sin nuevas perturbaciones en el Mar Rojo (2) bloqueo consistente de Ormuz y Bab el-Mandeb y (3) descontrol de la escalada con nuevos ataques a activos energéticos.
Escenario 1: presión militar intermitente y apertura opaca y controlada de Ormuz sin nuevas perturbaciones en el mar Rojo
Sería una situación similar a la mantenida desde el alto el fuego de abril, con tensiones militares esporádicas, pero sin ataques generalizados. En esos meses se restableció parte del flujo petrolero, aunque no está claro en qué medida y los flujos siguen siendo volátiles y opacos. Aunque la Administración estadounidense alegó que estaba casi totalmente normalizado, se estima que los flujos siguieron en torno al 60% de los niveles de antes de la guerra. Los tránsitos se producen en condiciones de gran opacidad, adoptando los procedimientos de la flota fantasma para evitar ser detectados y atacados: desactivación de sistemas de localización y trasbordos barco-a-barco. Además, exigen un esfuerzo militar ingente y costoso en escoltas y desminado, aunque según el CENTCOM, el ejército estadounidense ha escoltado 1.000 millones de barriles de petróleo crudo desde el golfo Pérsico a través del estrecho de Ormuz en el último par de meses.[14] A esto se añaden grandes descuentos para compensar los elevados costes logísticos y de seguro de estos procedimientos.[15]
En estas circunstancias, los precios seguirían el ciclo geopolítico, con subidas con ocasión de una escalada controlada o enfriamiento de las expectativas sobre una solución negociada para Ormuz, y bajadas tras una desescalada o mejores perspectivas sobre la reapertura del estrecho. Así, y tras dispararse durante la segunda semana de septiembre por el deterioro de la estabilidad, los precios del petróleo cayeron con el anuncio de una conferencia regional en Omán para presentar el resultado de las negociaciones entre Irán y Omán para restaurar el tráfico por Ormuz. Su cancelación volvió a impulsarlos y, poco después, los rumores de presiones chinas sobre Irán para contener a sus proxies o las declaraciones de los huzí sobre su renuncia a realizar ataques a petroleros en el mar Rojo volvieron a relajarlos temporalmente.
En función de la evolución de las iniciativas para restablecer la estabilidad regional y reabrir Ormuz, los precios podrían mantenerse en el tramo alto del amplio rango de los 80-110 dólares del verano. El descenso de los inventarios y la prolongación de los cierres de producción de los exportadores del Golfo hasta 2027 se deja notar en los mercados y sólo una mejora sustancial de las condiciones de tránsito por Ormuz y de las expectativas de un acuerdo estable podrían relajar los precios. En este escenario también sería previsible un aumento de los precios del gas en Europa por encima de los niveles previos al verano conforme se acerque el invierno y los niveles de almacenamiento no superen el actual 70%. Sería previsible que la cotización del gas en Europa medido por el TTF tendiera al tramo alto del rango de los 40-80 €/MWh previo al final del verano, muy por encima del entorno de los 30€/MWh de los meses previos a la guerra.
Escenario 2: bloqueo consistente de Ormuz y Bab el-Mandeb
Un cierre continuado de Ormuz y Bab el-Mandeb y el mantenimiento de un bloqueo estadounidense completo sobre Irán (salvo sus limitadas exportaciones por carretera), mantendría la espiral de precios de forma igualmente consistente. La presión añadida de la caída de inventarios podría devolver los precios rápidamente a la parte más alta del rango de los 100-130$ por barril para los futuros del Brent, por encima de los alcanzados en los primeros meses de la guerra, conforme se deteriorasen las expectativas de una apertura siquiera parcial de Ormuz y se extendiesen las perturbaciones a Bab el-Mandeb; de hecho, el barril de Brent al contado ya estaría por encima de esos niveles en el momento de cerrar este análisis.
El efecto en precios tendería a ser mayor ahora porque los fundamentales del mercado son más débiles que entonces. En marzo, el sector petrolero venía de una situación de exceso de oferta, con importantes inventarios y reservas estratégicas acumuladas. Hasta el final del verano, la contención de las importaciones chinas también quitó presión por el lado de una menor demanda. Al regreso de las compras chinas de petróleo se han sumado los efectos de los crecientemente efectivos ataques ucranianos sobre las refinerías de Rusia y sus petroleros en el mar Negro, lo que ha exacerbado la subida de precios de los productos refinados del petróleo. El cierre de Bab el-Mandeb también presionaría las exportaciones de GNL ruso a China conforme se acerque el invierno, aumente la demanda y se cierre la ruta del Ártico. En este escenario se intensificaría la competencia entre Europa y Asia y los precios europeos podrían aumentar por encima de los 80€/MWh a que cotizaba el TTF a mediados de septiembre.
Escenario 3: descontrol de la escalada con nuevos ataques a activos energéticos
El segundo escenario podría fácilmente conducir al tercero, como se observó a principios de septiembre. El pulso entre Irán y EEUU por el control de Ormuz llevó a una rápida escalada que se reflejó rápidamente en los precios. Si las negociaciones para reabrir Ormuz fracasan, Irán y EEUU pueden seguir intercambiando ataques que devuelvan a la región a la situación de guerra abierta de marzo y abril. Además de mantener el bloqueo, EEUU puede seguir atacando a la flota fantasma iraní y sus instalaciones energéticas. Irán, por su parte, puede volver a atacar al sector energético de sus vecinos del Golfo, desde petroleros y metaneros a instalaciones, y solicitar a sus aliados huzí e iraquíes que vuelvan a atacar los activos energéticos saudíes: nuevas ofensivas sobre el oleoducto Este-Oeste y en Bab el-Mandeb podrían afectar gravemente las capacidades de exportación saudí por el mar Rojo, mientras que la intensificación de los ataques a las infraestructuras del este de Arabía Saudí limitarían sus recientes exportaciones opacas por Ormuz, que también estarían amenazadas por ataques directos iraníes.
Dado el deterioro ya mencionado de los fundamentales del mercado, el descontrol de la escalada podría llevar los precios muy por encima de los máximos alcanzados a principios de la guerra en función del alcance, la duración y la intensidad de la escalada. Respecto al gas, si los ataques afectaran nuevamente a las infraestructuras de licuefacción y de exportación de GNL qataríes y se extendieran a las emiratíes, las expectativas de una reducción prolongada de sus exportaciones exacerbaría la competencia entre Asia y Europa por el GNL, pudiendo llevar los precios del TTF a unos niveles muy superiores a los del segundo escenario, aunque parece mantenerse el consenso de que se mantendrían por debajo de los alcanzados tras la invasión rusa de Ucrania.
Conclusiones
La situación actual de los mercados del gas y el petróleo sigue siendo de gran incertidumbre, sin que Irán ni EEUU consigan sus objetivos energéticos. Por el momento, Irán no ha podido colapsar los mercados, elevar los precios del petróleo a los niveles que pretendía ni imponer el régimen de tránsito por Ormuz que reclama. En cambio, EEUU ha conseguido bloquear completamente las exportaciones de crudo de Irán por Ormuz e infligir un daño muy severo a su economía. También ha conseguido aumentar el tránsito de petroleros y metaneros, pero éstos se producen en condiciones de elevado coste y riesgo, reduciéndose drásticamente cuando se producen ataques como los de septiembre.
El impacto del conflicto sobre los mercados energéticos parece haber entrado en una nueva fase determinada por el deterioro de sus fundamentales de oferta y demanda. Para el mismo nivel de intensidad en el conflicto, la prima de riesgo geopolítico ha subido por la duración de la perturbación, la caída de producción, la erosión de los factores de amortiguamiento (inventarios, reservas estratégicas y contención de las importaciones chinas) y el deterioro de las expectativas sobre una solución negociada para la reapertura de Ormuz. En estas condiciones pueden conjeturarse tres escenarios básicos.
- En un escenario similar al previo a la intensificación de los ataques de septiembre, con una presión militar intermitente y una apertura opaca y fragmentada de Ormuz con perturbaciones esporádicas a las rutas de exportación saudíes, los precios del barril de Brent podrían dirigirse al rango de los 80-100$, por encima de los alcanzados a principios del verano, pero por debajo de los máximos de mayo y septiembre. El precio del TTF, de referencia para el gas en Europa podría mantenerse en el tramo superior del rango de los 40-80€/MWh previo al final del verano, manteniendo los precios de la electricidad tensionados.
- Un bloqueo consistente de Ormuz y de Bab el-Mandeb podría llevar los precios del barril de Brent por encima de los niveles alcanzados durante el comienzo de la guerra. Respecto al gas, el TTF seguiría subiendo y transmitiéndose a los precios de la electricidad.
- Una escalada descontrolada con ataques masivos a los activos energéticos regionales y desbordamiento regional podría disparar rápidamente las cotizaciones del Brent y del TTF.
En cualquiera de los escenarios, la prolongación del conflicto y su desbordamiento regional, la incertidumbre sobre cómo desescalar el conflicto y el deterioro de los fundamentales de mercado apuntan a que sus efectos serán duraderos y podrían seguir aumentando con el tiempo. Las políticas públicas deben asumir que podría no tratarse de una crisis temporal y empezar a obrar en consecuencia adoptando medidas de medio y largo plazo para aumentar la resiliencia energética europea.
La evolución de los escenarios anteriores depende de si el conflicto se mantiene en su nivel estratégico bilateral actual o si evoluciona hacia un nivel estratégico de conflicto regional.
- Estados Unidos e Irán pueden seguir soportando el desgaste militar y económico hasta encontrar algún acuerdo que permita “salvar la cara” a la Presidencia de EEUU y a los Guardianes de la Revolución ante sus poblaciones y evitar un conflicto social. Hasta entonces, sólo tienen que hacer demostraciones periódicas de fuerza para alentar la expectativa de una victoria militar.
- Los países árabes del Golfo y los proxies de Irán pueden seguir siendo actores secundarios y resignarse al escenario anterior mientras sus daños sean soportables. Pero también pueden verse obligados a actuar militarmente por su cuenta, como ya actúan los huzí de Yemen o las milicias iraquíes, o a coaligarse con países afines ante la posible apertura de un conflicto regional.
[1] Véase: Jugando con fuego en Irán: entre el umbral nuclear y la perturbación energética, junio 2025; Energía y conflicto en Oriente Medio: viejos escenarios, nuevos riesgos, febrero 2026; Los mercados energéticos ante los últimos peldaños de la escalada en Oriente Medio, marzo 2026; Energía y conflicto en Oriente Medio: actualización de escenarios, marzo 2026.
[2] Hancock, A. y S. Chávez (2026), “US limits air defence time slots for tankers sailing through Hormuz”, Financial Times, 12/IX/2026.
[3] Agencias (2026), “Los hutíes atacan instalaciones petroleras de Arabia Saudí y disparan el precio del petróleo”, El País, 08/VIII/2026.
[4] Nerein, V., Naar, I. y P. Baskar (2026), “In Significant Escalation, Houthis Attack Saudi Capital”, The New York Times, 19/09/2026.
[5] International Crisis Group, “Global Overview”, septiembre 2026.
[6] L. Palti-Guzman (2026), “The Battle for Hormuz Will Reshape the Global LNG Market”, CSIS, 05/VIII/2026.
[7] Turquía, Kuwait, Baréin, Qatar, Jordania, Egipto, Pakistán, Yibuti, Somalia, Bangladés, Yemen y Sudán figuran entre los signatarios y la UE participó en la reunión. Shola Lawal (2026), “Why is Saudi Arabia forming a coalition to protect the Red Sea?”, Al Jazeera, 31/VII/2026.
[8] A. Ricciardiello (2026), “The Makkah Defence Alliance: Towards a New Regional Security Order?”, ISPI Med this Week, 03/IX/2026. Steven A. Cook (2023), “The US-led Middle East Order is over. The Mecca Agreement proves it”, Council on Foreign Relations, 13/VIII/2023.
[9] Lawrence, D.F. (2026), “Centcom creates first ‘multinational’ attack drone task force after months of war with Iran”, Defensecoop, 13/VIII/2026.
[10] Mitrova, T., Palacios, L. y D. Sternoff (2026), “Beyond Crude: Iran War Reveals Refined Products as an Energy Security Blind, Spot”, Center on Global Energy Policy, 28/VIII/2026.
[11] Jaller-Makarewicz, A.M. (2026) “Europe bets on mild winter when it should be cutting gas demand”, Institute for Energy Economics and Financial, 17/IX/2026.
[12] Fulwood, M. (2026), “Hormuz: The Hotel California Phase”, OIES Energy Comment, agosto 2026.
[13] JP Morgan (2026), “Dry Powder”, Oil Markets Weekly, 17/IX/2026.
[14] Andrews, F., Osborne, M. y D. Dias (2026), “Iran War Updates: U.S. embassies across Middle East issue security alerts for Americans”, CBS News, 20/IX/2026.
[15] Raydan, N. (2026), “Hormuz Shuttle Tankers: An Evolving Trend Amid the Iran War”, The Washington Institute, 17/IX/2026.
