El epicentro geopolítico de Asia Occidental y meridional. Parte II: la India, Irán e Israel

Vista panorámica del puerto de Shahid Beheshti (Chabahar, Irán), con barcos pesqueros, contenedores, grúas e instalaciones portuarias junto al golfo de Omán, bajo un cielo despejado.
Puerto Shahid Beheshti (Chabahar, Irán.) Foto: ArefBarahuie / Getty Images.

Mensajes clave

  • La crisis de Ormuz ha demostrado con claridad que Asia meridional forma parte del complejo regional securitario de Oriente Medio.
  • Esta crisis también ha expuesto las contradicciones y limitaciones de la doctrina de autonomía estratégica de la India, especialmente en el mantenimiento simultáneo de relaciones con Israel e Irán.
  • Los distintos proyectos de conectividad suponen una vía de escape para una India necesitada de alternativas, pero a la vez, están poniendo a prueba su capacidad de gestionar a sus socios y navegar las rivalidades en el Golfo.

Análisis

Introducción

En esta segunda entrega de dos análisis sobre la conexión entre estas dos regiones asiáticas, se tratarán las relaciones de la India con Israel e Irán. En Oriente Medio o Asia Occidental, Nueva Delhi intenta equilibrar sus intereses nacionales con las presiones derivadas de la política exterior estadounidense y con su rivalidad regional con Pakistán y China. A estos difíciles equilibrios hay que añadir el bloqueo del estrecho de Ormuz y las operaciones militares de Israel contra Palestina y el Líbano, además de Irán.

En un momento de cambio vertiginoso, el primer análisis, publicado hace casi un año, trataba de la relación entre Irán y Pakistán, también compleja, a la vista de los propios equilibrios que ambos tienen que hacer entre los intereses nacionales y la influencia de los actores intra y extrarregionales. Si este análisis se hubiera hecho entonces, algunos elementos habrían variado sustancialmente. El principal es el ataque a Irán, que a todas luces y en vista de sus capacidades, auguraba ser un error estratégico. Otro, es el giro en el papel de Pakistán, especialmente, la importancia que ha recuperado y que se refleja en su papel como mediador entre Teherán y Washington. En estos meses, han entrado en escena diferentes elementos que ya se perfilaban con anterioridad y que comenzaron a ser evidentes desde la guerra de los 12 días.

Efectivamente, la solidez de las rivalidades y el habitual patrón de establecer alianzas líquidas en el vecindario iraní, junto a la velocidad de los cambios, se conjugan para dificultar el análisis. A ello, se suma la imprevisibilidad en el comportamiento de Estados Unidos (EEUU), que lleva a que estos países busquen alternativas extrarregionales. Por su parte, el revisionismo israelí tiene repercusiones geopolíticas y de seguridad más allá de Oriente Medio. Las consecuencias no son sólo de seguridad, sino también geoeconómicas y geoestratégicas, en virtud de la instrumentalización de la economía realizada por las dos potencias hegemónicas y de la importancia de esta región para la conectividad global.

Asimismo, hay que sumar el efecto económico que en la India y Pakistán provoca el aumento de los precios de la energía. La dependencia de los hidrocarburos procedentes de la región del golfo Pérsico para la India y Pakistán se cifra en torno al 55% y 80% para el petróleo y 50% y 99% del gas natural licuado, respectivamente. Reducir estas dependencias es clave, especialmente, ante las sanciones por la compra de combustible de Rusia e Irán. Este último es la mejor alternativa para ambos países y, sin embargo, las sanciones impiden el acceso a unos recursos que se encarecen a medida que el conflicto se prolonga en el tiempo.

Desde el despliegue del proyecto de la Iniciativa de la Hoja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés), la conectividad ha sido una de las formas con las que cada país dibuja sus visiones geopolíticas y geoeconómicas. Mientras que Pakistán forma parte del BRI a través del Corredor Económico China-Pakistán (CECP), la India ha tenido que buscar alternativas. Sin embargo, las dos rutas con las que el gobierno de Nueva Delhi contaba para esquivar el cerco al que China y Pakistán le pueden someter, y que implican a Irán e Israel, estén cuestionados por los conflictos actuales en Asia Occidental.

La India e Irán: un test para la autonomía estratégica

Irán y la India han estado históricamente conectados a través de la cultura. El persa fue la lengua de la corte mogola durante más de tres siglos, sólo destronada por la llegada de los británicos y la imposición del inglés. La elite, la diplomacia, el arte, la arquitectura, todo evidenciaba las conexiones entre los imperios safaví y mogol, elementos que han llevado a que esta historia común sea un elemento de reconocimiento mutuo.

El Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC, por sus siglas en inglés) es un proyecto clave para que la India acceda, a través de Irán a Rusia, Asia Central y Europa. El INSTC, que conecta Bombay con San Petersburgo, adquiere mayor relevancia como alternativa a Ormuz y Suez, al recortar el tiempo de tránsito un 40% y suponer un ahorro en gastos de transporte del 30%. Además del ahorro de costes respecto de la ruta de Suez, este corredor pretende hacer frente a lo que la India considera un cerco estratégico que China ejerce sobre ella a través del llamado “collar de perlas” o la red de puertos en su entorno marítimo.

Además del peso de las sanciones a Irán sobre los intereses de India, los ataques de EEUU a instalaciones militares en este país cercanas al puerto de Chabahar, ha paralizado las inversiones indias en la terminal de Shahid Beheshti de este puerto. Esta está construida y gestionada por el gobierno indio a través de la compañía estatal de Puertos de la India Global Ltd. Chabahar, enclave que, en otras circunstancias, permitiría a Irán esquivar el bloqueo en Ormuz y tener acceso directo al océano Índico.

Afganistán es clave también en la relación de la India con Irán, dado que es un Estado bisagra entre tres subregiones asiáticas: Asia Central, meridional y Occidental. Su importancia estratégica es clave para el continente asiático y la conectividad entre estas subregiones. En este momento, se mantiene la convergencia entre Teherán y Nueva Delhi respecto a Afganistán, posición que justifican como un giro pragmático hacia las autoridades de facto afganas, con el objetivo de evitar la reproducción de un escenario similar al del primer periodo de control talibán.

El equilibrio de Irán con Afganistán y Pakistán afecta también su relación con la India, especialmente en un escenario bélico entre Kabul e Islamabad del que apenas se habla debido al desplazamiento de la atención mediática hacia Ormuz. Los bombardeos que el gobierno de Pakistán lleva a cabo en territorio afgano tienen, en buena parte, explicación en su rivalidad con la India. En concreto, el gobierno de Islamabad mantiene que el Movimiento Talibán de Pakistán opera desde suelo afgano, desde donde comete atentados terroristas en su territorio. La acusación de que la India apoya a este grupo, además de grupos insurgentes e independentistas baluchíes, le ha llevado a enfrentarse también con Irán, ante lo que ve como una estrategia conjunta para cercar su frontera occidental.

De la misma manera, para la India, la extensión de las tensiones de Ormuz al océano Índico, su propio vecindario marítimo, aumenta el precio que tiene que pagar por un conflicto que afecta a dos de sus socios en Asia Occidental, tanto su relación con Irán como con Israel, dos de los principales contendientes, junto a EEUU. El alejamiento del gobierno del primer ministro Narendra Modi con la Administración Trump se ve agravado por el papel protagonista que su rival, Pakistán, ha adoptado como mediador en esta guerra. La política exterior india de mirar a Asia Occidental como estrategia de diversificación para su provisión de energía pasa por momentos complicados. El primer revés que situó a Delhi frente a las dificultades de las dinámicas regionales de Oriente Medio y su necesidad de reconfiguración se produjo a raíz de los atentados del 7 de octubre de 2023 en Israel.

La India e Israel: una confusa maraña de intereses e ideología

Los atentados de Hamás afectaron las expectativas respecto de otro corredor logístico planteado como alternativa para conectar la India con el Mediterráneo: el India-Middle East-Europe Economic Corridor (IMEC). Este proyecto, lanzado durante la cumbre del G20 en Delhi de 2023, fue concebido por la Administración de Joe Biden para ofrecer una alternativa al BRI.

Con el IMEC, la India gestiona el segundo de los puertos que construyó en la región: el de Haifa, gestionado en un 70% por el conglomerado empresarial del magnate Gautam Adani, muy cercano a Modi, en cooperación con la empresa israelí Gadot. El cambio de política de la India hacia Israel ha sido marcado en las últimas décadas, especialmente, de la mano de Modi, el único primer ministro de India en visitar Israel en 2017, aunque un año después, también fuera el primero en visitar a la autoridad palestina en Ramala.

La postura india hacia Israel ha cambiado, aunque este giro sea más aparente que sustancial. La partición de Palestina fue vista desde la India como una imposición británica contra los árabes. El líder del movimiento por la independencia del Partido del Congreso Indio, Jawaharlal Nehru, apoyó a los árabes en su lucha antiimperialista, equiparando las experiencias de la India y Palestina por el uso de la religión por parte de los británicos (sionismo en Palestina, electorados separados entre hindúes y musulmanes en la India). Así, para la India de entonces, aceptar Israel equivalía a aceptar Pakistán, identificando las particiones de ambos territorios como legados coloniales.

La India, por tanto, se situó del lado árabe, también porque servía para equilibrar el peso de Pakistán como Estado de mayoría musulmana y no ser vista como hostil a esta religión. De esta forma, se alineaba con países árabes identificados como repúblicas revolucionarias y antiimperialistas, mientras que Pakistán se alió con EEUU y los países conocidos como pro-statu quo, que eran, en general, monarquías.

No obstante, la India no dejó de ver en Israel un socio con el que escapar de las dinámicas de la bipolaridad, lo que le llevó a comprarle armamento a lo largo de décadas. Tel Aviv, a cambio, apoyó a India en sucesivos enfrentamientos bélicos con Pakistán. Así, Delhi ha reconocido el apoyo de Israel en momentos clave de su historia, como el aislamiento al que fue sometida tras las pruebas nucleares de 1998, la guerra de Kargil en 1999 y la escalada bélica con Pakistán en mayo de 2025, en los que respaldó diplomática y técnicamente a la India proveyendo imágenes satélite o drones suicida.

La visibilidad de las relaciones bilaterales no era del todo pública, hasta la visita del ministro de Exteriores, Jaswant Singh, el primero en viajar a Israel en junio de 2000. No obstante, los líderes indios suelen acompañar estas visitas con manifestaciones de apoyo a la causa palestina para no dañar del todo sus relaciones con los países árabes del Golfo y evitar proveer a Pakistán con munición para atacarle en foros internacionales.

De esta manera, las visitas y acuerdos tendrán como principal objetivo la gestión fronteriza y el contraterrorismo. Por ejemplo, Israel ayudó a la India a construir una “valla inteligente” en sectores de su frontera con Pakistán provista de sensores, videovigilancia de alta definición y torres fortificadas no tripuladas con ametralladoras controladas a distancia. Esta valla está inspirada en la que separa Israel de Gaza y Jordania y se especula con el despliegue de una valla similar en Cachemira. Además, la India se sitúa entre los tres países con mayor vigilancia y monitoreo de internet, para lo cual ha confiado en empresas israelíes como el Grupo NSO (Pegasus), Cognyte y Septier.

A pesar del énfasis que el gobierno de Nueva Delhi hace en que la relación con Israel se basa principalmente en sus intereses nacionales, existen otros factores ideológicos que lo alinean con este país y, por consiguiente, lo contrapone con Irán. Por una parte, la matriz ideológica del partido gobernante, el Partido Nacionalista Indio (BJP), tiene raíz en el movimiento de la Asociación de Voluntarios Nacionales (Rastriya Swayamsevak Sangh, RSS). Las bases ideológicas de la hindutva apuntan a favorecer una ciudadanía de segunda para miembros de otras religiones, específicamente, para los musulmanes. La cuestión es que los esfuerzos por separar la doctrina doméstica de la exterior no siempre sobreviven a la práctica, en vista de algunas decisiones de política exterior. Es una realidad que existe una securitización de la identidad musulmana en la India similar a la realizada con los palestinos, árabes y musulmanes en Israel.

Aunque haya continuidad en el papel de Israel en la política exterior india, en buena medida, estas ideas también explican la mayor convergencia en cooperación de contraterrorismo, defensa y comercio armamentístico. En la actualidad, Israel es el cuarto proveedor de armamento, el 34% del total. No debe sorprender tampoco que el gobierno de Modi se haya acercado, más que a ningún otro país, a los Emiratos Árabes Unidos (EAU), cuyas autoridades firmaron los Acuerdos de Abraham y que cuentan también con una relación estrecha con la industria armamentística israelí. Los cuatro países que conforman el agrupamiento I2U2 (India, Israel, EEUU y EAU) comparten no sólo intereses, sino una visión. El I2U2 puede considerarse el Quad de Asia Occidental, complementario al Quad del Indo Pacífico que reúne a EEUU, la India, Japón y Australia.

Hay que tener en cuenta, igualmente, que la política de la India hacia los socios árabes del Golfo tiene mucho que ver con la diáspora. En esta región hay más de nueve millones de ciudadanos indios, fundamentalmente, en Arabia Saudí y EAU. Según datos del Ministerio de Exteriores indio, en Irán hay apenas unos 10.000 desplazados y en Israel, poco más de 100.000 miembros pertenecen a la comunidad judía de origen indio y 42.000 son no residentes. A raíz de los atentados de Hamás, el gobierno indio envió a unos 20.000 ciudadanos entre 2023 y 2025 para realizar trabajos, principalmente, en construcción y cuidados, y sustituir la mano de obra palestina.

Conclusiones

Estas relaciones demuestran que Asia Occidental y meridional forman un complejo de seguridad. Muestra de ello son las reacciones dentro y fuera de las dos regiones respecto del acuerdo de defensa firmado entre Arabia Saudí y Pakistán en septiembre de 2025, poco después del ataque de Israel a Qatar. Los saudíes buscaron en los pakistaníes la disuasión en un país bien conocido por ellos.

El acuerdo estipula que cualquier ataque contra uno de los dos puede ser considerado un ataque entre ambos. En declaraciones de un alto delegado del gobierno saudí, se incluye todo tipo de armamento, dando a entender que el arma nuclear está en la ecuación. El anuncio del acuerdo se venía gestando con el punto de partida del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) firmado en 2015. De ahí la importancia de Pakistán como negociador con Irán para los saudíes.

No quiere esto decir que los países del Golfo desdeñen su relación con la India, habida cuenta de que forman parte integral del IMEC y de la diversificación que esta ofrece a sus respectivas visiones 2030 de diversificación económica. Para equilibrar estas asociaciones, la India ha remarcado la retórica de la idea de autonomía estratégica. Sin embargo, la dificultad de mantener la neutralidad frente a los conflictos de la región pone a prueba la eficacia de dicha estrategia.

En la práctica, la India parece más situada de un lado que de otro, a pesar de ser muy reacia a tomar postura. De esta manera, su cercanía hacia Israel y EAU parece contraponer su aparente neutralidad con Irán. La imagen más viva de esta contradicción es la visita de Modi a Israel dos días antes de que éste, junto a EEUU, declarase la guerra a Irán. Asimismo, otro momento que cuestiona la retórica de buena relación con Irán, y que mina la confianza en EEUU, fue el ataque en marzo de 2026 de un submarino estadounidense a la fragata iraní IRIS Dena, que se encontraba participando en maniobras multilaterales navales en la bahía de Bengala a invitación de la India.

Finalmente, de producirse un cambio de régimen en Irán que quedara bajo la influencia de EEUU e Israel, se puede prever un aumento de los intereses de la India en este país. Por ello, el gobierno de Islamabad se ha asegurado un asiento en primera fila. Es por ello clave, tanto para los países de Asia Occidental como para los de Asia del sur, el desarrollo de esta guerra y de las consecuencias de los cambios que puedan suceder.