La resiliencia de las cucarachas: la nueva oleada de protestas en la India es fundamentalmente política

Multitud de manifestantes concentrados en Jantar Mantar, Nueva Delhi, durante una protesta estudiantil contra la filtración de los exámenes NEET UG, el 20 de julio de 2026. Los asistentes sostienen banderas de la India y pancartas reivindicativas, mientras algunos levantan los brazos frente a una carpa negra.
Buzón oficial de voto por correo en Washington D. C. Foto: Sumita Roy Dutta (CC BY-SA 4.0).

En un comentario anterior, se avanzaba una premisa que todo primer ministro en la India nunca debería ignorar: la maquinaria de control y represión de la protesta sólo puede volverse en contra del gobierno en una sociedad participativa y dinámica como la de la India.

Cuando el presidente del Tribunal Supremo, Surya Kant, insultó a los jóvenes sin empleo, no pensó que la trampa estaba en la comparación: las cucarachas son conocidas por su resistencia.

En una convocatoria previa de julio, de cara a la apertura de la sesión del monzón del Parlamento, coincidieron en Delhi tres manifestaciones: la de la National Conference, que reclamaba que Jammu y Cachemira recupere la condición de estado autónomo; la de organizaciones de mujeres, que exigían aplicar la ley de cuotas de representación femenina; y la marcha al Parlamento del Partido Popular de las Cucarachas (CJP, por sus siglas en inglés), que pedía la dimisión del ministro de Educación por la filtración de exámenes. La oleada más reciente, desde finales de septiembre, gira en torno a los cambios en los censos de votantes.

Una representación desigual que no refleja la sociedad actual

Según estimaciones de población de las Naciones Unidas, la media de edad en la India es de 29 años. La generación Z supera el 27% y es el mayor grupo de edad del país. Electoralmente, son casi el 23% de los votantes, aunque este porcentaje varía según el estado. Igualmente, la generación Y, o mileniales, representan el 22%, y los más jóvenes, la Generación Alpha, aunque no voten, están en torno al 20%, lo que perpetúa la tendencia hacia un electorado fundamentalmente joven. La generación Z tiende a votar menos que el resto, aunque la Comisión Electoral no publica datos de participación por edad. Según encuestas de Lokniti-CSDS, los jóvenes de 18 a 21 años votan unos seis puntos por debajo de la media y los de 22 a 25, por encima: en torno al 68%, frente al 65,8% de la media nacional en las elecciones generales de 2024. La preferencia política no sigue un patrón claro, con diferencias entre grupos de edad y, sobre todo, entre estados.

Ni el 10% de los diputados de la Lok Sabha, o Cámara Baja, tiene 40 años o menos, mientras que la edad media es de 56 años. Cabe preguntarse si hay una desconexión entre la mayoría joven y la minoría sénior; parte de las razones por las que los partidos políticos no ofrecen escaños a los jóvenes tienen que ver tanto con el sistema electoral indio como con las mismas estructuras de los partidos políticos. Asimismo, si bien las mujeres son el 48% de la población, sólo hay 74 diputadas, lo que equivale al 14% de la Lok Sabha.

La participación de ellas en las protestas es transversal. En julio, diversas organizaciones de mujeres convocaron una dharna (protesta pacífica) en Jantar Mantar para exigir la aplicación de la ley de reserva del 33% de escaños (Ley Nari Shakti Vandan Adhiniyam). A finales de septiembre, las más jóvenes denunciaban la inseguridad en los campus tras la violación grupal de una joven de 17 años en un parque cercano a un campus de la Universidad de Delhi. Pero la mayor convocatoria ha sido la del CJP, en cuyas filas destacan las jóvenes.

La oposición denuncia la ingeniería electoral y el debilitamiento de la democracia

La mayor movilización se debe a la “revisión intensiva especial” (SIR, por sus siglas en inglés) del censo electoral que gestiona la Comisión Electoral de la India (CEI). Desde 2025, por fases, el SIR busca eliminar de las listas a fallecidos, trasladados, nombres duplicados y no ciudadanos o “inmigrantes ilegales extranjeros”. En los borradores de 30 estados y territorios, al menos 130 millones de electores aparecieron clasificados como ausentes, desplazados, fallecidos o duplicados. Si bien la Comisión aclara que no se trata de eliminados de las listas definitivas y que, tras las reclamaciones, el recorte final ha sido menor. No obstante, los ciudadanos temen que el plazo para reclamar expire sin que puedan entrar en el censo electoral.

En el pasado, hubo revisiones anuales e intensivas: en las primeras se solicitaron correcciones sobre un registro provisional; en las segundas se parte de cero, de puerta a puerta. Lo habitual es que el censo crezca: en las ocho revisiones intensivas anteriores, el electorado aumentó; sólo esta vez ha disminuido. Ahora, aunque los funcionarios han visitado los domicilios, el elector debe devolver un formulario firmado y, si no figura en la lista de 2002-2003, aportar uno de los 11 documentos prescritos (el Supremo ordenó añadir también el Aadhaar o número de identidad, sin valor de prueba de ciudadanía), que a parte del electorado le resulta difícil conseguir por pobreza, migración laboral o falta de documentos de sus padres.

La Fase I del SIR fue previa a las elecciones de Bihar; la segunda abarcó 12 estados y territorios, entre ellos Bengala Occidental, Tamil Nadu y Kerala, que votaron en abril de 2026, y, en 2027, habrá elecciones en siete asambleas estatales, incluidos estados clave como Uttar Pradesh, Punyab y Guyarat. La tercera fase sigue en marcha. Las “cucarachas” denuncian un patrón de exclusión en el que, según varios análisis, los musulmanes están sobrerrepresentados; la Comisión lo niega, alegando que las listas no recogen la religión. No obstante, es fácil distinguirla por los nombres de las personas y basta una errata en el registro de un nombre para que salga del listado final. La primera victoria del partido de Narendra Modi en Bengala Occidental, que puso fin al gobierno del Trinamool Congress (TMC), que gobernaba desde 2011, ha sido una señal de alarma.

Ni vagos, ni conformistas: los jóvenes lideran la defensa de la democracia india

Se teme que lo ocurrido en Bihar y Bengala con las listas de votantes se repita en las elecciones de 2027 en las siete asambleas estatales. En Bengala, de unos nueve millones de nombres borrados, el 63% eran hindúes y el 34% musulmanes, que son el 27% de la población. También comunidades hindúes de origen migrante, como los matuas, mayoritariamente namasudras (casta registrada o dalit) han sido desproporcionadamente afectadas, con tasas de exclusión entre el 88 y el 94%. Paradójicamente, buena parte de ellos son votantes del partido de Modi (BJP).

Esta nueva convocatoria de protestas del CJP alude a la salud de las instituciones democráticas, la transparencia electoral y el derecho a la protesta. Según The Indian Express, dos de los tres comisionados, Sukhbir Singh Sandhu y Vivek Joshi, objetaron formalmente al menos 14 veces en 10 meses por decisiones sobre el SIR adoptadas, según ellos, sin su conocimiento y supuestamente tomadas por el jefe de la Comisión, Gyanesh Kumar, cuya dimisión reclaman los manifestantes. Por ley, los tres comisarios han de tomar decisiones conjuntamente y por mayoría.

Las dificultades para manifestarse impiden organizarse como hace unos meses. Respecto a la ubicación, la policía de Delhi sostiene que Jantar Mantar sólo admite con seguridad unas 1.000 personas, mientras esperaba unas 7.000 para el 10 de octubre, por lo que se denegó el permiso; un día después, se retiró al lugar su condición de recinto de protestas. Los medios cifran entre 20.000 y más de 60.000 los policías y paramilitares desplegados, con miles de detenidos preventivamente, incluidos dirigentes del CJP y líderes estudiantiles.

Estas protestas polarizan más que las anteriores: si en mayo y julio la temática era económica (paro, filtración de exámenes), ahora es más política. Los partidos de la oposición en el bloque INDIA participan en las protestas: el Partido del Congreso, con Rahul Gandhi y su hermana Priyanka, brevemente detenidos; el Aam Aadmi Party (AAP), la Izquierda, el TMC, el Partido Socialista (o Samajwadi, SP), el Shiv Sena (UBT) y el Partido del Congreso Nacionalista (Sharadchandra Pawar, NCP-SP). Las protestas también se extendieron a Bengaluru, Chennai, Kolkata y Mumbai.

Quizá sea el carácter político lo que haya provocado una sobrerreacción del gobierno, aunque la convocatoria reunió a menos gente que en julio. Pero su extensión geográfica y temporal puede inquietar a un liderazgo que no sabe hasta qué punto afectará a sus perspectivas electorales. En estos cálculos puede perderse de vista el problema de fondo: la determinación de las “cucarachas” es una amenaza o una oportunidad, tanto para renovar la democracia india como para reconectar a su liderazgo con la mayor parte de su población.

La magnitud de las elecciones, con casi 970 millones de electores y organizadas en fases a lo largo de unas seis semanas, es un ejercicio de participación sin parangón. Desde la independencia, no han faltado previsiones sobre el fracaso inevitable de la democracia india debido a su extensión, su población y, en especial, su diversidad. En la India confluyen las frustraciones juveniles de otros países y se observa la misma deriva global de retroceso democrático: V-Dem la califica como “autocracia electoral” y Freedom House, como “parcialmente libre” (62 puntos sobre 100).

Aun así, la democracia persiste en la participación ciudadana y, para sobrevivir, necesita el dinamismo de la población joven; en la gestión de la protesta radica la clave de su evolución. Cuando el presidente del Tribunal Supremo, Surya Kant, insultó a los jóvenes sin empleo, no pensó que la trampa estaba en la comparación: las cucarachas son conocidas por su resistencia.