Mensajes clave
- En este análisis se presenta la nueva edición del Índice Elcano de Presencia Global. En la primera parte se analizan los principales resultados de 2025, y en la segunda parte se contrastan algunas de las ideas más extendidas sobre la globalización conocida (1990-2025).
- En 2025 el ranking sigue liderado por EEUU seguido de China que son, junto con Rusia, los países que mayores incrementos de presencia registran respecto al año anterior.
- El mundo no se está desglobalizando. A pesar de que el ritmo de crecimiento es menor, los valores agregados de presencia económica y blanda son hoy muy superiores a los registrados en 1990. No ocurre lo mismo con la dimensión militar, que experimentó un descenso a lo largo del comienzo de siglo, y vuelve a crecer en los últimos años.
- Desde el punto de vista geográfico, la globalización está altamente concentrada en tres grandes regiones –Europa, Norteamérica y Asia–, que tienen procesos avanzados de integración regional. Por el contrario, África, América Latina y Oriente Medio han registrado un crecimiento muy bajo, cuestionando el automatismo entre globalización y desarrollo y la extensión mundial de la misma.
- El diagnóstico difiere si se miran los datos en valor absoluto o en cuota sobre el total. China y EEUU son los países que más presencia han ganado, y la cuota mundial china es hoy superior a la de la entonces Unión Soviética, pero se ha producido también un reparto en posiciones medias del ranking en dos fases diferenciadas, una hasta 2010 que recoge el auge europeo, y otra desde entonces empujada por los países asiáticos.
- Pero el mundo actual es menos multipolar de lo que a menudo se sostiene. Agrupaciones como BRICS o N11 apenas han visto incrementado su peso relativo en estas décadas, incluso la brecha Norte-Sur Global –excluidos China y EEUU– estaría hoy en niveles similares a los años 90.
Análisis
Crecen las dudas sobre si nos encontramos en el inicio de un nuevo orden mundial, no sólo por la configuración de un nuevo equilibrio de poder sino también por la transformación de los parámetros básicos del paradigma dominante. Desde los años 90, la globalización fue entendida por muchos como un proceso inevitable e irreversible dentro de una narrativa optimista centrada en la apertura externa y la creciente integración como un mecanismo de estabilidad y una oportunidad de desarrollo. Un proceso aparentemente desideologizado, donde lo geográfico se difuminaba en favor de una imagen unificada del mundo. Además de una mayor interdependencia económica, se configuraban también vínculos de otra naturaleza, como los culturales, científico-tecnológicos o interpersonales, que parecían dibujar un orden internacional menos militarizado. Un mundo en transición desde la lógica bipolar de la Guerra Fría hacia una configuración más multipolar, con un número creciente de países que reclamaban voz propia en una red cada vez más densa de instituciones y organismos multilaterales.
Pero hoy, poco más de tres décadas después, el relato es otro. Ya desde la Gran Recesión conceptos como desglobalización, slowbalisation o estancamiento secular empezaron a extenderse para describir un escenario marcado por el menor dinamismo del comercio internacional y la creciente rivalidad geopolítica. La pandemia, las tensiones tecnológicas entre EEUU y China y la guerra contra Ucrania alimentaron la idea de la transformación de la globalización hasta entonces conocida. El retorno de Donald Trump a la presidencia de EEUU y, en concreto, el denominado Liberation Day, representan en cierto modo el inicio de una nueva era de globalización de creciente incertidumbre, y fragmentación geográfica y geopolítica, en la que la interdependencia externa puede constituir ahora una vulnerabilidad estratégica.
El mundo actual es sustancialmente distinto al de la década de 1990. El relato de la multipolaridad que ha predominado durante décadas, asociado al ascenso de economías emergentes y una mayor pluralidad de actores en los organismos multilaterales, ha sido reemplazado por la rivalidad geopolítica entre EEUU y China y un mundo dividido en las categorías de Norte y Sur Global. Pero, ¿hemos transitado desde la bipolaridad de la Guerra Fría a una nueva bipolaridad?, ¿nos estamos realmente desglobalizando?, ¿estamos en una nueva era de la globalización?
Para abordar estas cuestiones hacemos uso del Índice Elcano de Presencia Global, una herramienta de análisis de las relaciones internacionales que mide la proyección exterior de los países en base a una batería de indicadores agrupados en tres dimensiones: económica, militar y blanda. En la primera parte de ese análisis se presentan los resultados de 2025 y su comparación con el año anterior, y en la segunda parte se examinan cuatro narrativas ampliamente extendidas sobre la globalización y su evolución desde 1990.
1. Resultados de la nueva edición del Índice Elcano de Presencia
Los resultados de la nueva edición del Índice Elcano de Presencia Global muestran un ranking de 2025 liderado por EEUU y seguido por China, Alemania, el Reino Unido y Japón (Figura 1). Dentro de las primeras 20 posiciones existe un grupo heterogéneo de países desde el punto de vista geográfico: dos norteamericanos (EEUU y Canadá); cinco asiáticos; dos de Oriente Medio (EUA y Arabia Saudí); y 11 países europeos, cuatro de los cuales no son miembros de la UE (Reino Unido, Rusia, Turquía y Suiza).
Figura 1. Ranking 2025 del Índice Elcano de Presencia Global
La Figura 2 muestra los cambios en valor absoluto respecto al año anterior. Destaca en primer lugar que los incrementos se concentran, en este orden, en China, Rusia y EEUU, mientras que el resto de los países registran pérdidas significativas o aumentos muy leves de su presencia global. China y EEUU aumentan fundamentalmente por una mayor presencia económica y, en menor medida, también militar. Pero se produce una notable divergencia en la evolución de su presencia blanda: mientras que China continúa aumentándola, EEUU la reduce. El contexto doméstico en EEUU, los cambios registrados en políticas migratorias, en la atracción de estudiantes internacionales y en la cooperación al desarrollo, entre otras, están mermando el poder blando estadounidense. Por su parte, Rusia experimenta un aumento de su presencia global explicado casi exclusivamente por el aumento de su proyección militar, que crece en torno a un 14% respecto al año anterior, mientras reduce su presencia económica y su proyección blanda.
Entre los países que pierden presencia en 2025 destacan varios europeos y otras potencias del denominado Norte Global, como Japón y Australia. España, por su parte, se mantiene en la posición 13ª entre Italia y Australia, y es de los pocos países europeos que no ve reducido el valor de su presencia respecto al año anterior. Si bien su crecimiento es muy modesto, de tan sólo 0,5 puntos, España ha podido compensar pérdidas en algunos indicadores como Manufacturas o Cultura con ascensos en Turismo, Deportes e Información, entre otros. Este comportamiento contrasta con el de otros socios comunitarios, que muestran descensos leves, como Francia e Italia, o más pronunciados, como los Países Bajos y Alemania, lastrados principalmente por la caída de su presencia económica.
Figura 2. Variación 2024-2025 en las principales posiciones del ranking de Presencia Global
2. La globalización en perspectiva histórica: contraste de narrativas
Este apartado propone una mirada histórica de la evolución de la globalización en términos de presencia global. Para ello, se identifican cuatro narrativas ampliamente extendidas sobre la globalización desde 1990 y se contrastan con los resultados del Índice Elcano de Presencia Global.
2.1. Narrativa 1: nos estamos desglobalizando
Una de las ideas más extendidas es que, tras la euforia globalizadora de las últimas décadas, nos encontramos en un período de desglobalización. Como señalábamos en la introducción, existen sin duda argumentos para pensar en ello y no es un diagnóstico nuevo. Sin embargo, debemos diferenciar los cambios en los marcos normativos de los datos registrados. Si atendemos a la evolución agregada del Índice Elcano de Presencia Global entre 1990 y 2025 (Figura 3), no se observa un proceso de desglobalización entendido como una reducción sostenida del valor agregado mundial de los distintos indicadores considerados. De hecho, el nivel de presencia global en 2025, aunque ligeramente inferior al máximo alcanzado en 2023, continúa muy por encima de los registros de 2010 y, más aún, de los de 1990.
Figura 3. Evolución agregada del Índice Elcano de Presencia Global (1990-2025)
Sí se aprecia una tendencia más errática a partir de la Gran Recesión, así como un descenso en el agregado total del 0,5% en 2025 respecto al año anterior. Por dimensiones, la presencia económica agregada se contrae un 1,2% y la blanda lo hace en un 0,1%, mientras que la presencia militar crece un 1,5%, marcada por el incremento del número de tropas desplegadas en el exterior.
Este desigual comportamiento por dimensiones sugiere que, a pesar de que no se haya producido una reducción sustantiva de la globalización en su conjunto, sí se puede estar produciendo un cambio en su naturaleza. Si atendemos a la variación en los diferentes periodos de las tres dimensiones (Figura 4), podemos apreciar este cambio de patrón.
Figura 4. Tasa de variación por dimensiones y período
En una primera etapa, y debido al carácter predominantemente económico de la globalización, fue esta dimensión la que mostró un mayor dinamismo, interrumpido por la crisis de 2010. Desde entonces, la dimensión blanda tomó el relevo como motor principal de crecimiento de presencia global, tendencia que se vio abruptamente frenada por la pandemia. Por su parte, la dimensión militar, que había perdido peso relativo desde los años 90 como reflejo de la desmilitarización de las relaciones internacionales posterior a la Guerra Fría, ha recuperado dinamismo en los últimos años, tanto por el aumento de tropas desplegadas –en gran medida como consecuencia de la invasión rusa de Ucrania– como por el incremento del equipamiento militar. De hecho, el número de tropas desplegadas hoy en el mundo se sitúa en niveles similares a los de los años 90, pero no sucede lo mismo con el equipamiento militar, a pesar del crecimiento en algunas regiones, especialmente Asia.
2.2. Narrativa 2: todas las regiones del mundo han aumentado su proyección exterior
Otra idea extendida es que la globalización ha generado el incremento generalizado de la proyección exterior de todas las regiones del mundo, implicando una desconcentración en términos geográficos frente al mundo de los 90. Para verificarlo, organizamos los resultados por regiones geográficas y atendemos a la evolución agregada de la presencia global de cada región tanto en términos de valor absoluto como de cuota, esto es, el peso de su registro sobre el total mundial.
Figura 5. Evolución del valor de presencia global por regiones
La Figura 5 muestra la evolución del valor de presencia global al agregar los países que componen cada región –que supone la desagregación geográfica de la Figura 3–. La primera evidencia es el alto grado de concentración en Europa, Asia y Norteamérica. No en vano, estas regiones no sólo concentran las economías con mayores niveles de desarrollo, sino que además han protagonizado algunos de los procesos de integración regional más intensos (UE, T-MEC y ASEAN), en los que la integración regional fue concebida, en gran medida, como un instrumento de competitividad exterior. En segundo lugar, la evolución desde 1990 es también muy desigual entre regiones. Desde entonces el aumento de presencia global de Asia-Pacífico se acerca a los 3.500 puntos, mientras que Europa y Norteamérica habrían aumentado 2.079 y 1.385 puntos, respectivamente. En cambio, los incrementos son mucho más modestos para Oriente Medio, África y América Latina.
Figura 6. Evolución de la cuota de presencia global por regiones
El desigual incremento entre regiones implica necesariamente una reconfiguración geográfica de la globalización en términos de cuota de presencia global (Figura 6). Asia prácticamente duplica su cuota entre 1990 y 2025, con una aceleración especialmente intensa a partir de 2010. De hecho, desde entonces supera a Norteamérica, que hoy registra más de 6 puntos porcentuales menos, cuando en 1990 la diferencia era de más de 10 puntos a su favor. No obstante, la caída norteamericana se registra fundamentalmente antes de 2010, manteniéndose posteriormente en niveles relativamente estables e incluso registrando incrementos puntuales. En contraste, Europa experimenta una caída sostenida e intensa precisamente desde entonces, aunque continúa siendo la región con mayor presencia global agregada. El resto de las regiones mantienen niveles significativamente inferiores. Oriente Medio registra un ligero incremento asociado principalmente a su papel energético, mientras que América Latina y África reducen su peso relativo.
Una interpretación de los resultados en términos de cuotas lleva a una interpretación en términos de juego de suma cero, mientras que los cambios en valor absoluto ofrecen otra lectura. En cualquier caso, la evolución de los resultados es muy desigual entre regiones y presenta una alta concentración en tres de ellas. Ello conecta por un lado con las tesis de que el proceso de globalización es en buena medida la agregación de tres procesos de regionalización y, por otro, con aquellas que apuntan a un impacto negativo de la misma o al menos menores beneficios en las regiones menos desarrolladas.
2.3. Narrativa 3: China gana presencia global por delante de EEUU y Europa
Otra de las ideas extendidas es que China ha aumentado su proyección exterior mientras que EEUU y buena parte de los países europeos la han perdido. Esta percepción ha ganado fuerza en el discurso político occidental, particularmente en sectores vinculados al movimiento MAGA, hasta el extremo de considerar que el actual orden económico internacional perjudica a EEUU, reflejando un cambio profundo respecto al consenso globalizador dominante en los años 90.
La Figura 7 muestra los principales incrementos y descensos en valor absoluto entre 1990 y 2025. China habría sido el país que mayor incremento de presencia global habría registrado, pero EEUU sería el segundo. A cierta distancia aparecen otras economías asiáticas, como la India, Corea del Sur y Japón, reflejando ese desplazamiento del eje de la economía mundial hacia Asia. Entre los países europeos, Alemania, el Reino Unido y los Países Bajos también habrían registrado aumentos, junto con Irlanda, España y Suiza, aunque más moderados que los asiáticos. También aparece Emiratos Árabes Unidos, destacando dentro de los países de su región, y Canadá, dentro del proceso de integración regional en Norteamérica. De los 150 países para los que calculamos el Índice, tan sólo 13 de ellos tendrían hoy menos presencia global que en 1990. El más significativo es Rusia, que no alcanzaría hoy en día los valores registrados por la antigua URSS.
Figura 7. Principales aumentos y descensos de presencia global 1990-2025, valor absoluto
La mayoría de los países han aumentado su presencia global, pero de manera muy desigual, siendo EEUU y China, y en menor medida otros asiáticos y europeos, los que mayores incrementos registran. Esta desigual evolución en valor absoluto modifica evidentemente las cuotas de presencia global (Figura 8), donde EEUU habría pasado del 23,8% en 1990 al 19,5% en 2025, mientras que China pasa del 2,5% al 11,6% en el mismo período. Los países europeos registran un incremento más moderado, pero además la UE muestra una pérdida sostenida de su presencia en el resto del mundo, es decir, considerando únicamente su proyección exterior descontando los vínculos intracomunitarios. Desde 2005 la UE mantenía un nivel de presencia global superior al de EEUU. Sin embargo, a partir de 2020 se observa una caída significativa, coincidiendo con el impacto del Brexit y con el impacto de la pandemia. Ello no implica que la pérdida de presencia de la UE se deba a la salida del Reino Unido, que incluso ha perdido más presencia desde entonces, sino al menor dinamismo de grandes economías como Alemania y Francia. En consecuencia, en 2025 EEUU supera por primera vez en la serie el valor de presencia global de la UE.
Figura 8. Evolución de la cuota de presencia global de EEUU, China y la UE
2.4. Narrativa 4: hemos transitado desde la bipolaridad de la Guerra Fría (EEUU-URSS) a un mundo multipolar, ahora remplazado por una nueva bipolaridad (EEUU-China)
Para contrastar esta idea haremos uso, por un lado, el Índice de Herfindahl-Hirschman sobre los 150 países del mundo, cuyo descenso indicaría una desconcentración hacia un mundo más multipolar. Por otro lado, agregamos los países que hoy están considerandos dentro del Norte y Sur Global, pero descontando a EEUU y China, con el objetivo de saber si, más allá de la dinámica de las dos grandes potencias, se está produciendo una convergencia en el resto de los países. Por último, recuperamos dos categorías ampliamente usadas para referirse a los países emergentes: BRICS y Next-11.
Lo que se aprecia (Figura 9) es una tendencia general de desconcentración de la presencia global en el mundo hasta comienzos de la década de 2010, reflejo de una mayor multipolaridad, y cierta reversión de esta tendencia desde entonces, aunque sin llegar a los niveles de los años 90. Por entonces, seis países registraban una cuota de presencia superior al 5% (EEUU, la URSS, Alemania, el Reino Unido, Francia y Japón), mientras que en 2025 sólo EEUU, China y Alemania superan ese registro. Bien es cierto que la cuota de China hoy supera la que tenía la URSS en 1990 –11,6% y 8,2%–, pero se ha producido también una redistribución en diferentes tramos del ranking. En 1990 los 20 primeros países acumulaban más del 82% del agregado mundial de presencia global, y en 2025 el 78%. El resto de los 130 países para los que se calcula el Índice habrían ganado tan solo 4 puntos porcentuales de cuota mundial en 35 años.
Figura 9. Evolución del índice Herfindhal-Hirschman por dimensiones de presencia global
Esta dinámica desconcentración ha estado particularmente impulsada por la dimensión económica, coherente con un período de elevada transnacionalización productiva e industrialización de países periféricos, con el consiguiente incremento de vínculos productivos y financieros en la economía mundial. Por el contrario, la dimensión militar muestra mayores niveles de concentración, al estar dominada por un número muy reducido de potencias. Entre ambas está la dimensión blanda, que presenta una tendencia de cierta concentración desde 2000. Ello sería compatible con una creciente concentración de capacidades científico-tecnológicas en pocos países al tiempo que se pueden estar desconcentrando otros indicadores de esta dimensión, como turismo o deportes. En conjunto, los resultados sugerirían que la globalización ha dispersado la presencia global sobre todo en el plano económico, pero mucho menos en el militar y en el blando, dando lugar en todo caso a una multipolaridad asimétrica.
Desde otra perspectiva, el análisis de multipolaridad lleva a matices relevantes. La Figura 10 muestra la evolución agregada de la presencia global del Norte y del Sur Global, pero sin considerar a EEUU y China, con el objetivo de interpretar la evolución del resto de países sin la distorsión que generan las dos grandes potencias.
Figura 10. Evolución agregada del valor de presencia del Norte y Sur Global, sin considerar EEUU ni China
Los resultados muestran un crecimiento de la brecha entre ambas agrupaciones hasta 2010 y una notable reducción desde entonces, aunque interrumpida por la pandemia. Pero la diferencia entre Norte y Sur Global –excluidos China y EEUU– es hoy mayor a la que se registraba en 1990. La explicación a este resultado contraintuitivo es precisamente el comportamiento de los países europeos, con un marcado crecimiento hasta la Gran Recesión, reemplazado desde entonces por países asiáticos, pero no así por otras regiones emergentes. Según estos resultados, el mundo de 2010 era menos multipolar de lo que el relato sostenía.
Durante ese período en el mundo financiero se popularizaron una serie de etiquetas para identificar a los países emergentes, como BRICS o Next-11 –que agruparía a Bangladés, Egipto, Indonesia, Irán, México, Nigeria, Pakistán, Filipinas, Corea del Sur, Turquía y Vietnam–. Si atendemos a la evolución de los resultados de estas agrupaciones (Figura 11), se aprecia un crecimiento muy tímido de su cuota de presencia global. La cuota de presencia global de los BRICS, excluida China, aumenta a partir de 2010, retrocede en los años siguientes y vuelve a expandirse con fuerza tras la pandemia. Con todo, desde 1990 el incremento acumulado apenas alcanza dos puntos porcentuales y uno en el caso de los Next-11.
Figura 11. Evolución de la cuota de presencia global de los BRICS (sin China) y de los Next-11
Conclusiones
Ante la pregunta de si nos encontramos ya en un nuevo orden mundial la primera respuesta es que probablemente todavía no, pero el mundo está claramente transitando hacia algo diferente hasta lo que ahora habíamos conocido. La globalización, como proceso histórico, es dependiente de la trayectoria del pasado y es, además, un proceso irreversible, pero en el sentido de que la alteración de consensos existentes no implica un retorno al punto inicial previo, sino que configuran un nuevo punto de partida. El ciclo histórico que comenzaba en los años 90 parece haber llegado a su fin, cambiando irremediablemente el paradigma de la globalización.
En este sentido, 2025 terminaba con un ranking de presencia global liderado por EEUU, con China todavía a una distancia considerable, y con presencia aún notable de países europeos en las primeras posiciones. Respecto al año anterior, los incrementos se concentraron, en este orden, en China, Rusia y EEUU, mientras que el resto de los países registran pérdidas significativas o aumentos muy leves. España se mantiene en la 13ª posición y, aunque con un crecimiento muy modesto, es de los pocos países europeos que no ve reducido el valor de su presencia respecto al año anterior.
Pero no parece que el mundo esté experimentando una menor globalización en términos absolutos, sino más bien un cambio tanto en la intensidad como en la naturaleza del proceso y en su configuración geográfica. Los datos apuntan, por tanto, no a una desglobalización de facto, compatible con una creciente fragmentación institucional y normativa, sino a una transformación ya perceptible desde la crisis de 2010: un menor dinamismo económico, y una globalización crecientemente impulsada primero por la dimensión blanda y, más recientemente, por la militar.
Desde el punto de vista geográfico, no todas las regiones han experimentado la misma tendencia durante estas décadas. Mientras que los países asiáticos han incrementado de manera notable su proyección exterior, ésta se ralentiza para las potencias tradicionales occidentales, particularmente los países europeos desde la Gran Recesión. Pero sigue siendo un proceso altamente concentrado en tres grandes regiones –Europa, Norteamérica y Asia–, precisamente los espacios que han desarrollado procesos más avanzados de integración regional. El resto de las regiones –África, América Latina y Oriente Medio– han registrado en cambio un crecimiento muy bajo de su presencia global, cuestionando el automatismo entre globalización y desarrollo y la extensión mundial de la misma. En cierto modo, parte de lo que se ha denominado globalización debería denominarse regionalización, como agregación de articulaciones dentro de grandes bloques.
El mayor dinamismo de Asia, y particularmente de China, ha implicado una profunda reconfiguración de la distribución geográfica de la presencia global, alterando los equilibrios relativos existentes desde el final de la Guerra Fría. Ahora bien, en valor absoluto EEUU es, tras China, el país que más ha incrementado su presencia desde los 90, lo que le ha permitido sostener una cuota alta que además ha crecido en los últimos años. Estos resultados plantean cierta inconsistencia en el discurso MAGA trumpista, dado que más que una pérdida de relevancia de EEUU, hemos asistido a la consagración de China, un país de 1.500 millones de habitantes –más del 17% mundial– que ha experimentado un notable desarrollo en este período. Esta reconfiguración geográfica no debería, por tanto, interpretarse en términos de un juego de suma cero, sino fruto de la incorporación en la economía mundial de nuevas potencias de gran tamaño.
El retroceso es más nítido en el caso europeo, tanto en la proyección exterior de la UE como la de sus Estados miembros. El crecimiento de su presencia global se interrumpió en 2010, y cae sostenidamente coincidiendo con la salida del Reino Unido. De hecho, en 2025 EEUU superó el valor de presencia global de la UE por primera vez en la serie.
A la luz de los datos de presencia global, el mundo es menos multipolar de lo que a menudo se sostiene. Agrupaciones como los BRICS o Next-11 apenas han visto incrementado su peso relativo en estas décadas, incluso la brecha Norte-Sur Global estaría hoy en niveles similares a los años 90. Sí se detecta un tránsito desde la bipolaridad de los años 90 hacia mundo más desconcentrado geográficamente, por el ascenso de la UE hasta 2010 y, posteriormente, por el fuerte crecimiento de China. Pero tampoco se produce una tendencia clara de nueva bipolaridad porque, junto con el auge chino y también la existencia de la UE, se ha producido también un reparto en posiciones medias del ranking en dos fases diferenciadas, una hasta 2010 que recoge el auge europeo, y otra desde entonces empujada por los países asiáticos. En cierto modo, en estas décadas la multipolaridad habría estado más representada en el plano normativo que respalda por resultados tangibles.
Pero más allá de los resultados, lo que ya ha cambiado es el relato sobre la globalización. La visión occidental convive hoy con otras miradas que cuestionan el consenso de las últimas décadas y sugieren que, más que al fin de la globalización, asistimos al agotamiento de una determinada forma de entender el mundo. Nadie sabe con certeza si hemos entrado ya en un nuevo orden o seguimos en ese claroscuro donde surgen los monstruos. Lo que sí parece claro es que la desaparición de un consenso abre un período de incertidumbre en el que se redefinirán las reglas, los protagonistas y, en última instancia, el devenir de la globalización.
