América Latina y el Corolario Trump-Monroe

Doce representantes de los países latinoamericanos que integran Shield of the Americas posan junto al presidente de Estados Unidos en un podio de dos alturas, durante un acto oficial en el Hotel Trump National Doral, en Miami. Todos están de pie, formando dos filas ordenadas. Detrás de ellos se alinean las trece banderas de los países firmantes. En el centro del fondo destaca el logotipo de ‘Shield of the Americas’, un gran escudo de color rojo predominante que incluye el mapa del continente americano y las palabras ‘Shield of the Americas’ y ‘Doral 2026’ en letras grandes. A ambos lados del escenario cuelgan cortinas rojas.
Los 12 representantes de países latinoamericanos y Trump en la fotografía de familia del Shield of the Americas (7/03/2026). Foto: Daniel Torok, Official White House Photo (Dominio Público).

Mensajes clave

  • El gobierno de Estados Unidos (EEUU) persigue reconstruir por medio del “corolario Trump a la Doctrina Monroe” (en adelante el Corolario Trump-Monroe) su hegemonía en el hemisferio occidental. Su prioridad es excluir a otras potencias extra hemisféricas, especialmente China.
  • Ante el giro táctico y estratégico de EEUU, América Latina está dividida y carece de una sola voz y de liderazgo regional.
  • América Latina no tiene una doctrina internacional propia ni una estrategia coordinada.
  • La mayoría de los países con gobiernos de centroderecha y derecha se ha alineado con Washington. Las naciones gobernadas por la izquierda democrática y alejadas del régimen chavista han sido críticas. Los aliados de Venezuela (Nicolás Maduro) han mostrado su repulsa y su temor a ser los siguientes.

Análisis

La cercanía geográfica explica la compleja relación entre EEUU y América Latina, como muestra la frase atribuida a Porfirio Díaz: “pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de EEUU”. La cercanía ha creado estrechos vínculos y tensiones con EEUU, potencia emergente y expansionista en el siglo XIX y hegemónica en el XX y el XXI. Desde su nacimiento las repúblicas latinoamericanas buscaron preservar su identidad y autonomía. 

La tensión tradicional, con sus muchas derivadas y la diversidad de intereses, ha remergido tras la publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) (diciembre de 2025) y de la Estrategia de Defensa Nacional (EDN) (enero de 2026) y de la operación militar de EEUU en Venezuela (3 de enero de 2026). El Corolario Trump-Monroe reactualizó la “Doctrina Monroe” como patrón de la estrategia de EEUU, recordando que las relaciones hemisféricas no han sido uniformes en los últimos dos siglos.

De la Doctrina Monroe al Corolario Trump-Monroe (1823-2025)

Los recién independizados EEUU contemplaron con cierta superioridad a las nuevas repúblicas latinoamericanas. Inicialmente (1808-1846) esperaban preservar su independencia más que dominar otros países. La Doctrina Monroe (1823), en alusión al presidente James Monroe, aunque elaborada por el secretario de Estado John Quincy Adams, defendía a las repúblicas americanas amenazadas por las monarquías europeas. Incluso fue respaldada por Simón Bolívar, que invitó a EEUU al Congreso Anfictiónico de Panamá, y por otros líderes independentistas. Era un aviso a las potencias europeas para que no apoyaran a España en la reconquista de su imperio perdido tras la restauración de Fernando VII.

Washington temía que el ejemplo español fuera seguido por el Reino Unido. El texto proponía una “América para los americanos”, pero sin asimilar “americano” a estadounidense y trataba en pie de igualdad a las naciones latinoamericanas, a las que llamaba “hermanas”, asegurando haber reconocido su independencia. Dado su escaso poder de entonces, su capacidad de enfrentarse a los imperios europeos o iniciar aventuras expansionistas era muy limitada.

Todo cambió en 1845 cuando el presidente James Polk usó la Doctrina Monroe para justificar el expansionismo en Texas y Oregón. Combinada con el Destino Manifiesto (la preponderancia en el hemisferio occidental y la expansión al Pacífico), la Doctrina Monroe comenzó a asociarse al “imperialismo yanky” y a sus tendencias hegemónicas e intervencionistas. Durante la guerra contra México (1847-1848), EEUU conquistó más de la mitad del territorio de su vecino. En la década de 1850, Washington vio con agrado la aventura de William Walker en Nicaragua.

La Guerra de Cuba (1898) transformó EEUU en una potencia regional que buscaba proyectar su influencia sobre el Caribe y América Central. En 1902 promovió la secesión de Panamá de Colombia y salió en defensa de Venezuela ante una probable intervención del Reino Unido y Alemania. Estas tendencias intervencionistas se plasmaron en el “corolario Roosevelt” de la Doctrina Monroe (1904), por Theodore Roosevelt, que se arrogaba el derecho de intervenir en los asuntos internos de cualquier país de América Latina y el Caribe, sin descartar la invasión, ante la menor señal de inestabilidad o perjuicio para sus intereses. Esto es un antecedente de la estrategia trumpista de intervenir en las repúblicas latinoamericanas.

Fue sólo el comienzo, hasta los años 30, de las intervencionistas diplomacia del dólar y de la política de las cañoneras, plasmadas en la Enmienda Platt en la Constitución cubana (1901) o en las aventuras en México, Haití y la República Dominicana en la segunda década del siglo XX y luego en Nicaragua. Franklin D. Roosevelt (1933-1945), con su política de “buena vecindad”, abandonó el intervencionismo y trató por igual a las naciones latinoamericanas, incluyendo el respeto a regímenes “sultanísticos” como el de Trujillo en República Dominicana o el de Somoza en Nicaragua. Según su famosa frase: “Somoza es un hijo de p…, pero es nuestro hijo de p…”.

La Guerra Fría y el miedo a la expansión soviética desataron el anticomunismo con intervenciones indirectas (Guatemala, 1954). Tras la Revolución Cubana (1959) hubo acciones más claras: Bahía de Cochinos, Cuba (1962), República Dominicana (1965), Nicaragua y la Contra (años 80), Granada (1983) y Panamá (1989). En paralelo, la Administración Kennedy lanzó la efímera Alianza para el Progreso, una apuesta reformista para frenar el avance comunista, concretada en la victoria del democristiano Eduardo Frei (Chile, 1964).

Sin el fantasma del comunismo, en las décadas de 1990 y 2000, Washington impulsó el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), una política global diseñada por George Bush padre y continuada por Bill Clinton. El proyecto, inicialmente recibido con esperanza, comenzó a ser cuestionado tras la llegada de Hugo Chávez y el posterior giro a la izquierda, dado su rechazo al libre comercio y sus vínculos con el “socialismo del siglo XXI”. Tras los atentados del 11S, EEUU se centró en Oriente Medio, dejando un vacío que comenzó a ser ocupado por China, especialmente en América del Sur.

América Latina, la ESN y la EDN, el Corolario Trump-Monroe y la operación Resolución Absoluta

Esta dinámica se rompió con el regreso de Donald Trump. Al inicio de su mandato dijo que América Latina sería un escenario periférico (“No los necesitamos. Nos necesitan”), aunque el tiempo lo desmintió. Junto a Gaza y Ucrania el hemisferio occidental fue central. Su estrategia es clara: castigar a los enemigos, disciplinar a los tibios y ayudar a los aliados. El castigo se ve en sus políticas antimigratorias, en el despliegue militar contra el narcotráfico en el Caribe, en la captura de Maduro y en su disputa con Gustavo Petro. El disciplinamiento se aplica a Brasil y a Panamá, por el Canal. Incluso ha alcanzado un modus vivendi con México, dada la prudencia de Claudia Sheinbaum. Finalmente, el premio para sus aliados: cercanía con Nayib Bukele, salvamento financiero y político/electoral para Javier Milei y apoyo a Nasry Asfura en las elecciones hondureñas.

A fines de 2025 se publicó la ESN que eleva el hemisferio occidental a la máxima prioridad. Previamente intentó construir una esfera de influencia regional con la ofensiva sobre Panamá creyendo que Pekín controlaba el Canal mediante la compañía hongkonesa Hutchison Holdings, concesionaria de un puerto en el Pacífico y otro en el Atlántico. En medio de las amenazas, que incluían la recuperación del Canal, Washington firmó unos acuerdos de seguridad que ampliaban temporalmente su presencia militar, descartando la instalación de bases. Además, Hutchison Holdings accedió a vender las terminales portuarias a un conglomerado liderado por BlackRock, mientras Panamá cancelaba su participación en la Franja y la Ruta. La expulsión de los intereses chinos la ha profundizado el Tribunal Supremo panameño al fallar contra el derecho de Hutchison de operar en puertos claves panameños. Por su parte China aseguró que el gobierno “pagará un alto precio político y económico” si no cambia su postura.

La ESN reinstaura la esfera de influencia a partir del Corolario Trump-Monroe, que recupera el Corolario Roosevelt dentro de la competencia con China en América Latina. Ambos corolarios, más que una doctrina normativa, son la afirmación de la primacía estratégica que justifica una política coercitiva (presión diplomática, sanciones, despliegue militar) frente a países como Panamá y Venezuela. Los ejes hemisféricos de la ESN, enlist and expand (alistar e incrementar), son la vía más directa para alcanzar sus objetivos: encuadrar a los amigos tras sus metas, incrementando su número y favoreciendo a los gobiernos, partidos políticos y movimientos afines para que, por convicción o presión, elijan EEUU como primer socio, descartando otros. La prioridad es el predominio hemisférico y la exclusión de potencias ajenas, especialmente China, garantizando la operatividad de las cadenas globales de abastecimiento y el acceso a productos estratégicos (minerales, tierras raras e hidrocarburos).

La respuesta de Pekín fue el “Documento sobre la política de China hacia América Latina y el Caribe”, que busca ganarse a sus países con un tono y un estilo más empático y menos agresivo. Califica a América Latina como “tierra llena de vigor y esperanza” y propone trabajar conjuntamente para construir una “comunidad de futuro compartido». China no sólo ofrece una plataforma inclusiva en prácticamente todos los ámbitos sino también propone mejorar las condiciones de vida y la presencia de la región en el mundo. Allí donde las formas todavía cuentan, la diferencia a favor de China es notable. Buscando articular un relato más próximo al “sur global”, Pekín ha diseñado un imperialismo con apariencia de rostro humano que propone programas de cooperación para promover el desarrollo mutuo, la construcción de la civilización, la paz y la conectividad entre los pueblos.

La posición de Washington ha sido ratificada en la EDN, del 24 de enero de 2026, producida por el Pentágono, ahora Departamento de Guerra. Se vuelve a insistir en la prioridad de la defensa de las fronteras interiores (la Homeland Security), indisolublemente ligada a la defensa del hemisferio occidental. Los puntos estratégicos incluyen Groenlandia y Canadá, palancas para controlar el Ártico y sus rutas, el canal de Panamá y el golfo de América (o de México).

Un mes después de publicarse la ESN se tuvo una idea de su alcance. La operación Resolución Absoluta, en Venezuela, convirtió la teoría en realidad. Era una gran demostración de poder y de uso de la fuerza y un aviso para navegantes. No en vano fue el primer golpe militar de EEUU en América del Sur. La captura de Maduro, en una operación armada en territorio soberano de otro país sin acuerdo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, buscó reinstaurar su influencia regional. EEUU pasó a controlar importantes recursos naturales, incluyendo una de las mayores reservas de petróleo (cerca del 17% de las reservas mundiales), además de gas natural y minerales, que siguen teniendo gran importancia.

La Casa Blanca está pendiente también de Haití, una amenaza por la presencia de bandas armadas que lo han convertido en un feudo del narco, generador de inestabilidad regional y presión migratoria. Washington ha respaldado el cronograma institucional que fijaba el 7 de febrero para disolver el Consejo Presidencial de Transición cuyos poderes pasaban al primer ministro, Alix Didier Fils-Aimé. Ante la maniobra de varios consejeros (cuatro de siete) para prolongar su mandato y apartar al manda https://www.realinstitutoelcano.org/comentarios/las-razones-de-la-victoria-de-javier-milei/ tario, EEUU retiró el visado a varios miembros del gobierno, acusándolos de respaldar a las pandillas y frenar el cambio del primer ministro. El 3 de febrero, el destructor USS Stockdale y varios guardacostas llegaron a Puerto Príncipe, para apoyar a Fils-Aimé que finalmente recibió el traspaso de poderes de manos del presidente del Consejo Presidencial de Transición (CPT), Laurent Saint-Cyr.

De momento, el secretario de Estado Marco Rubio es el más influyente en la política latinoamericana, como demuestran los casos de Cuba, Haití, donde se ha enfrentado al narcotráfico y la corrupción, y Guatemala, respaldando a un gobierno de centro-izquierda en su lucha contra el crimen organizado y contra los grupos que frenan las reformas democráticas. Por ahora ha hecho prevalecer su criterio frente a otros políticos próximos a Trump. Sin ir contra las bases trumpistas, que rechazan involucrarse en acciones externas a gran escala, Rubio, más conservador que MAGA, ha centrado su estrategia en compatibilizar las prioridades de Trump, lucha contra la emigración y el narcotráfico, con la ofensiva contra los gobiernos autoritarios aliados de China (Venezuela y Cuba) y el respaldo a sus socios más allá de su ideología, que van de la derecha hondureña y el mileísmo argentino a la izquierda democrática guatemalteca.

El éxito en Venezuela ha servido como un trampolín para potenciar el despliegue en la región. Una sucesión de intervenciones y presiones desde México a Chile, que buscan ratificar su hegemonía frente a la penetración china y reforzar la seguridad interna ante la amenaza del narcotráfico. Frente al desafío de Pekín, Trump ha promovido la conferencia “Shield of the Americas” (Escudo de las Américas) en Miami, que busca reunir a gobiernos afines: Asfura (Honduras), Bukele (El Salvador), Rodrigo Chaves, acompañado de la electa Laura Fernández (Costa Rica), Milei (Argentina), Rodrigo Paz (Bolivia), Santiago Peña (Paraguay) y José Antonio Kast (Chile). El objetivo es discutir temas de seguridad regional, combate contra las drogas y contrarrestar la creciente influencia de China, escenificando la influencia estadounidense al alinear a numerosos presidentes de la región.

Washington recela de la presencia china en sectores críticos e infraestructuras estratégicas. La oficina del hemisferio occidental del Departamento de Estado indicó que Perú podría verse privado de supervisar el puerto de Chancay, en manos de “chinos depredadores”. Terminó con una advertencia regional: “Apoyamos el derecho soberano de Perú a supervisar [sus] infraestructuras críticas… Que esto sirva de advertencia para la región y el mundo: el dinero barato chino cuesta soberanía”.

EEUU acusó al gobierno de Gabriel Boric de “socavar la seguridad regional y subvertir la soberanía” y anunció la revocación del visado del ministro de Transportes y Telecomunicaciones y de dos de sus principales asesores. En el trasfondo de las sanciones se encuentra la propuesta, en evaluación, de dos empresas chinas de construir un cable submarino para conectar Valparaíso con Hong Kong.

Además de contener el avance de China, EEUU se ha centrado en el combate del narcotráfico y el crimen organizado vistos como fenómenos que desafían su seguridad nacional. El descabezamiento del Cártel Jalisco Nueva Generación ha sido visto como una demostración del compromiso de Sheinbaum en la lucha contra los cárteles. La captura de “El Mencho” era una de las peticiones más urgentes de Donals Trump.

La embajada estadounidense ha intervenido directamente en las elecciones de segundo término en Guatemala, advirtiendo su desagrado por la elección de magistrados o autoridades universitarias vinculadas al narcotráfico y al crimen organizado. 

Ante este giro de EEUU, América Latina se ha mostrado dividida. En líneas generales, los gobiernos de centroderecha y de derecha se han alineado con Washington, mientras los de la izquierda democrática y alejados de Maduro han sido críticos. Finalmente, los aliados de Venezuela (Maduro) han mostrado su repulsa y su temor.

Figura 1. Postura latinoamericana ante Trump

2025Marzo de 2026
Aliados de TrumpArgentina Paraguay Perú Ecuador República Dominicana Guatemala El Salvador Costa Rica PanamáArgentina Paraguay Chile Bolivia Perú Ecuador Venezuela (Delcy Rodríguez) República Dominicana Guatemala El Salvador Honduras Costa Rica Panamá
Críticos de TrumpMéxico Brasil Chile Uruguay ColombiaMéxico Brasil Uruguay Colombia
Contrarios a TrumpBolivia Venezuela (Maduro) Honduras Nicaragua CubaNicaragua Cuba
Fuente: elaboración propia.

La postura crítica de México y Brasil y la izquierda democrática

Tras el 3 de enero, las dos grandes potencias regionales, México y Brasil, dirigidas por Claudia Sheinbaum y Lula da Silva, impulsaron la elaboración de un comunicado conjunto al que se adhirieron otros gobiernos progresistas: Colombia (Petro), Chile (Boric) y Uruguay (Yamandú Orsi). El texto expresaba su “rechazo frente a las acciones militares ejecutadas unilateralmente en territorio venezolano, las cuales contravienen principios fundamentales del derecho internacional” y reafirmaba su apoyo al no intervencionismo: “la situación en Venezuela debe resolverse exclusivamente por vías pacíficas mediante el diálogo, la negociación y el respeto a la voluntad del pueblo”.

En sus declaraciones individuales, México y Brasil se habían situado contra la intervención sin aludir a la dictadura venezolana. Lula afirmó que la captura de Maduro y los bombardeos “habían cruzado una línea inaceptable” y eran un “precedente extremadamente peligroso para toda la comunidad internacional”. Sheinbaum se acogía a los principios rectores de la política exterior mexicana desde los años 30, la Doctrina Estrada, que defiende la no intervención y la autodeterminación de los pueblos.

Ambas posturas tuvieron un amplio eco. Petro afirmó que la acción fue «aberrante» y destruyó «el Estado de derecho a nivel mundial… Se han orinado sangrientamente sobre la soberanía sagrada de toda Latinoamérica». El presidente colombiano, que temió una acción similar en su país, terminó acercándose a Trump, con un diálogo telefónico que rebajó la tensión entre los dos gobiernos y concluyó con una visita a Washington en febrero. Orsi rechazó la intervención y aseguró que el fin no justifica los medios. Y Boric, que definió a Maduro de dictador en diferentes ocasiones, alertó sobre nuevas injerencias regionales: “Hoy es Venezuela, mañana puede ser cualquier otro”.

México y Brasil han mostrado diferentes estrategias tras el ataque a Venezuela. Sheinbaum, más allá de su compromiso de seguir apoyando a Cuba con petróleo, ha vuelto a buscar el diálogo con Trump. Primero con una subida de aranceles dirigida contra China y, segundo, con la entrega de 37 narcos a Washington. El 22 de febrero el ejército asestó un duro golpe al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) tras abatir a su máximo líder, “El Mencho”, cuando iba a ser apresado. Todo en un contexto de una renovada presión de Trump para que sus tropas penetren en México a combatir a los cárteles. Finalmente, ha reducido su apoyo a Cuba al envío de ayuda humanitaria ante la posible sanción a los países que envíen petróleo a la isla.

Brasil, por el contrario, desplegó su diplomacia presidencial para aunar esfuerzos frente a EEUU. Lula, que acusó a Trump de querer ser “dueño” de una “nueva ONU”, ha ido endureciendo el tono tras superar las tensiones arancelarias. Mantuvo una amplia agenda con otros líderes críticos, incluyendo conversaciones telefónicas con Xi Jinping, Vladímir Putin y Narendra Modi, así como con Mark Carney (Canadá); Sheinbaum; Recep Tayyip Erdoğan (Turquía) y Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, entre otros. Dentro de los BRICS se alineó con Rusia y China en su apoyo a Irán, en contra de la India, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. Esta postura crítica le favorece internamente en un año de elecciones presidenciales y con un electorado muy sensibilizado que mostró su desagrado en las encuestas por la presión trumpista a favor de Jair Bolsolnaro.  

Los países alineados con EEUU

El ataque a Venezuela evidenció que Trump cuenta con un bloque de países alineados con su estrategia, empezando por la propia Venezuela, que con Delcy Rodríguez se ha subordinado a Washington. El más destacado es Argentina. Milei calificó lo ocurrido de “excelente noticia para el mundo libre” y valoró “la decisión y determinación” de Trump, anhelando que Edmundo González Urrutia asumiera la presidencia, lejos de los planes de EEUU. Lo ocurrido animó a Milei a impulsar con otros 10 países, según él, un nuevo bloque regional. Su objetivo es reunir a aquellas naciones ideológicamente afines para promover “las ideas de… libertad” y enfrentarse al “cáncer del socialismo” y otras corrientes políticas similares. El grupo buscaría coordinar posiciones y actuar conjuntamente en foros internacionales, aunque habrá que ver cómo gestiona su superposición con el proyecto de Shield of the Americas. El presidente reiteró su intención de impulsar una alianza regional basada en principios económicos y políticos, como el libre comercio o el respaldo a María Corina Machado, que chocan con el proteccionismo de Trump o su falta de apoyo a la oposición venezolana. Esta iniciativa recuerda los igualmente frustrados proyectos de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y el Foro para el Progreso de América del Sur​​ (PROSUR), ambos asentados en la convergencia de posturas políticas o ideológicas similares.

El alineamiento de Argentina se explica porque la supervivencia política de Milei depende de Trump. Su apoyo destrabó un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), tras conceder un swap de 20.000 millones de dólares y permitió calmar el mercado cambiario antes de las elecciones legislativas de octubre, alejando el fantasma de la devaluación. La ayuda del Tesoro estadounidense, anunciada por el secretario Scott Bessent a días de los comicios, explica en parte su fervor trumpista. La alianza entre EEUU y Argentina se ha potenciado tras el anuncio del acuerdo marco de comercio e inversiones que prioriza a EEUU como socio comercial y de inversión para el cobre, el litio y otros minerales críticos, en una velada alusión a China.

También están con la Casa Blanca los presidentes Bukele (El Salvador), Peña (Paraguay), Paz (Bolivia) y Noboa (Ecuador) quien afirmó que “a todos los criminales narco chavistas les llega su hora». José Raúl Mulino (Panamá) comparó lo ocurrido con la captura del general Manuel Antonio Noriega en 1989. Luis Abinader (República Dominicana) matizó más, eludió hablar de intervención y destacó que su país nunca reconoció la legitimidad de Maduro tras las elecciones de 2024 y reafirmó su disposición a colaborar con el restablecimiento de la democracia, la paz y la concordia en Venezuela. Guatemala pasó en 24 horas de instar a que se detuvieran de inmediato las operaciones militares a expresar su “apoyo… para reconstruir la institucionalidad democrática” venezolana. Otros dos presidentes Kast (Chile) y Asfura (Honduras) apoyaron a EEUU, mostrando su alineamiento con Trump a partir de su llegada al poder. El nuevo presidente José Maria Balcázar no acudirá a la Cumbre de Miami debido a los efectos del fenómeno meteorológico de El Niño, aunque su antecesor José Jerí estaba invitado.

Los aliados supervivientes del régimen de Maduro

El extinto régimen de Maduro se fue quedando solo en el contexto regional al perder aliados como Ecuador o Bolivia. Esto quedó de manifiesto el 3 de enero, cuando sólo Cuba, Honduras (que ya cambió de posición con el nuevo presidente) y Nicaragua apoyaron a Maduro. Las palabras de Miguel Díaz-Canel en un discurso en La Habana (“daré mi sangre y mi vida por Maduro”) muestran que el ataque a Venezuela es un gran reto, ya que se queda sin su principal suministrador de petróleo en medio de las diversas crisis (económica, social, energética y sanitaria) que golpean el país. La sensación es que en esta nueva estrategia seguirá La Habana, algo que Trump insinuó y que Rubio, secretario de Estado e hijo de emigrantes cubanos, ansía. La Casa Blanca ha dado pasos significativos para acelerar el colapso del régimen. No sólo cortando el hilo umbilical (Venezuela) que mantenía vivos a los herederos de Fidel Castro sino imponiendo un bloqueo petrolero.

El régimen asegura que no claudicará, pero, ante el deterioro económico, se ha abierto a negociar. Según algunas fuentes se estaría hablando en México con Alejandro Castro, hijo de Raúl, aunque no se sabe si con el consentimiento del régimen o sin él. Nicaragua trata de capear el temporal bajando el perfil, con gestos hacia Washington (liberando presos políticos o cancelando el visado libre para los cubanos) mientras continúan las purgas que consolidan el poder de Rosario Murillo ante una previsible sucesión.

La intervención de EEUU en Venezuela y la profundización del bloqueo a Cuba no han provocado, por ahora, movilizaciones de carácter antiimperialista a lo largo del continente. Sin embargo, de continuar el comportamiento agresivo de Trump, unilateralista e intervencionista es muy probable que renazca el antiimperialismo, el rechazo a EEUU, un fenómeno muy enraizado en la cultura política latinoamericana y estrechamente vinculado al fuerte nacionalismo existente en la región, tanto a izquierda como a derecha.

Conclusiones: a la búsqueda de la “doctrina Bello” y del “momento Metternich”

América Latina repite desde los años 90 las mismas fórmulas ante los retos internacionales. Los resultados suelen ser similares, al quedar relegada a una posición periférica en el mundo. Afronta esos desafíos dividida y sin coordinación dando cada país primacía a las dinámicas locales sin capacidad de afrontar con mayor fortaleza el reto de las potencias grandes o incluso medianas.

Estas falencias evidencian que la región carece de una doctrina internacional propia y una estrategia y coordinada. Herramientas ambas para alcanzar mayor relevancia. Una doctrina que, como recuerda Eduardo Posada Carbó, la región no necesita crear al tener la “doctrina Bello”. Andrés Bello, el más importante intelectual en español del siglo XIX, en su Principios del derecho de gentes (1832) defiende el derecho internacional como mecanismo a utilizar por los Estados más pequeños frente a las potencias dominantes. Bello rechaza la intervención de un Estado sobre otro (salvo en casos excepcionales) pues “la injerencia… es ilegítima, es atentatoria contra la independencia de los Estados” y defiende, desde posiciones liberales, la igualdad entre los Estados (“La república más débil goza de los mismos derechos y está sujeta a las mismas obligaciones que el imperio más poderoso”).

Sin embargo, una doctrina es una condición necesaria pero no suficiente para que América Latina muestre su peso internacional. Se requiere que sea acompañada de una estrategia que aúne los esfuerzos nacionales frente a las amenazas de una potencia hegemónica. Esto resulta inviable en una América Latina fragmentada y dividida entre países que aspiran a mostrarse como aliados incondicionales de EEUU y otros que buscan rivalizar con ellos.

Esto obstaculiza la posibilidad de crear un “momento Metternich”, entendido como la capacidad de que un liderazgo regional pueda reunir sensibilidades diferentes en aras de una estrategia común ante una potencia que actúa unilateralmente. La principal enseñanza del canciller austriaco fue su habilidad para forjar una coalición de enemigos (Reino Unido, Austria, Rusia y Prusia) con grandes diferencias entre sí, ante el espanto provocado por la Francia napoleónica.

América Latina se encuentra lejos de alcanzar ese momento, dada la inexistencia de una voluntad política común y por el éxito de la estrategia trumpista de divide et impera. Trump ha logrado profundizar las fracturas empleando diversos caminos: castigar a los enemigos, disciplinar a los tibios y ayudar a los aliados.

En 2026, Trump saldrá reforzado en América Latina. Sobre todo, por el castigo electoral al oficialismo, la mayoría de izquierda. Trump contaba con muy pocos aliados regionales en su regreso al poder: apenas Milei y Perú, con la muy debilitada Dina Boluarte, ya destituida por el Congreso. Tenía la simpatía de países más pequeños: Paraguay, Ecuador, El Salvador y Costa Rica. Enfrente, una heterogénea gama de rivales ideológicos y enemigos existenciales. De un lado, el grupo encabezado por Brasil, junto a Chile y Colombia. Tampoco Sheinbaum estaba, a priori, próxima al mandatario. Del otro, Bolivia, Honduras y las dictaduras cubana, nicaragüense y, sobre todo, Maduro.

En este escenario adverso ya comenzó un cambio favorable a sus intereses, que posiblemente se acentúe en 2026. En 2025 Noboa fue reelegido en Ecuador y se desmoronaron dos décadas de hegemonía masista, antiestadounidense, en Bolivia, donde Paz, se alinea con EEUU, como Asfura en Honduras y Kast en Chile. Su estrategia de apoyo a los aliados dio resultados en Argentina. Este año comenzó con el descabezamiento del régimen de Maduro y colocando a Venezuela como un país controlado. 2026 viene cargado de elecciones. Más allá de las sorpresas, la izquierda puede perder en Colombia. Si se cumplen las encuestas, tras el triunfo del populismo de derecha (favorable a Trump) en Costa Rica, seguirá Perú. La pugna en Brasil será muy cerrada, con Lula como favorito. Todo seguirá igual en la dictadura nicaragüense, donde unos comicios sin garantías ratificarán la continuidad de la dictadura Ortega-Murillo. La escenificación de ese predominio acaba de verse en la cumbre (Shield of the Americas) convocada por Trump. Sólo con una doctrina como la Bello y una estrategia común, América Latina podría presentarse ante la comunidad internacional con una postura creíble y como un actor que merece ser escuchado.