El futuro de las relaciones hispano-tailandesas: entre el potencial y la incertidumbre

Panorámica de Bangkok, capital de Tailandia. Foto: Braden Jarvis (@jarvisphoto)

Tema 1

En el año en que se ha celebrado el 150 aniversario del establecimiento de relaciones entre España y Tailandia, este análisis se pregunta hasta qué punto es posible impulsar un cambio cualitativo en los vínculos bilaterales.

Resumen

Las relaciones entre España y Tailandia están lejos de materializar todo su potencial, especialmente en el ámbito económico y cultural. En el marco de la celebración del 150 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países, este análisis identifica cuáles son las áreas más propicias para potenciar la cooperación bilateral, identifica los factores que pueden condicionar significativamente el devenir de la relación y ofrece algunas recomendaciones para impulsar los vínculos entre ambos países.

Análisis

En 2020 hemos celebrado el 150 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre España y Tailandia. A pesar de ello, las relaciones bilaterales con Tailandia, como sucede con todos los países del Sudeste Asiático salvo Filipinas, han estado siempre a la sombra de las relaciones que España mantenía con otros países asiáticos. Los planes Asia entre 2000 y 2012 se elaboraron muy centrados en China y Japón. El Sudeste Asiático era apenas un apéndice en los mismos. Esto cabe atribuirlo a:

  1. Que el Sudeste Asiático es percibido como una entidad única, sin advertir los matices; no es lo mismo Indonesia, gigantesco Estado insular y musulmán, que Laos, poco poblado, enclavado, comunista y de tradición budista theravada.
  2. La falta de contacto entre las respectivas sociedades civiles, que se extiende también al mundo académico y al mundo empresarial, con la ausencia de una imagen clara de Tailandia en nuestro país y viceversa. Esto tiene como consecuencia que España no haya sabido posicionarse en Tailandia, ni haya sabido encontrar nichos en los que tenga valor añadido y sea competitiva.

Las razones apuntadas tienen un origen último: el desconocimiento. España carece de expertos en el Sudeste Asiático y la enseñanza universitaria sobre la región, sus culturas y sus idiomas es mínima.

Un potencial innegable

Tailandia, con una población de 69 millones de habitantes y un PIB de 543 millones de dólares, es la segunda economía de ASEAN, el cuarto país más poblado de la Asociación y el cuarto país por renta per cápita. Su posición geográfica hace de ella el hub central de la ASEAN continental y la coloca en una posición muy ventajosa para beneficiarse de los distintos proyectos de conectividad en curso (Iniciativa de la Franja y de la Ruta, 2º Plan Maestro de Conectividad de ASEAN, Plan Maestro del grupo Ayerwaddy-Chao Phraya-Mekong-Economic Cooperation –ACMECS–…). Tailandia es clave para dos grandes proyectos: la conexión ferroviaria del sur de China con Singapur, vía Laos, Tailandia y Malasia, y la conexión terrestre entre los mares de Andamán y del Sur de China, como ruta que permita evitar el cuello de botella que es el Estrecho de Malaca. Muchas empresas han advertido estas ventajas de Tailandia y Bangkok es, después de Singapur, la capital de ASEAN con mayor presencia de empresas extranjeras.

Mediante una diplomacia inteligente, Tailandia ha sabido reforzar las ventajas de su posición geográfica con la participación en distintos foros regionales e interregionales, que tienen la conectividad y la cooperación económica y comercial como núcleo principal de sus actividades. Éstos son:

  • ASEAN, de la que Tailandia es uno de los socios fundadores. Es el gran referente de la política exterior tailandesa, la cual tiene una proyección más regional que global. En 2019 Tailandia presidió ASEAN y uno de sus grandes logros fue la conclusión del texto del Partenariado Regional Económico Comprensivo (RCEP), un tratado de libre comercio que aglutinará a 15 de los 16 países de ASEAN+6 (el país que ha optado por quedarse fuera es la India).
  • En el río Mekong, Tailandia es parte de todas las instancias de cooperación entre los Estados ribereños: la Comisión del Río Mekong, la Cooperación Lancang-Mekong, impulsada por China, y la Iniciativa del Bajo Mekong, promovida por EEUU.
  • ACMECS, que agrupa a los ribereños de los ríos Irawaddy, Chao-Phraya y Mekong, esto es, Camboya, Laos, Myanmar, Tailandia y Vietnam. A iniciativa tailandesa, ACMECS aprobó en 2018 su Plan Maestro para el período 2019-2023, centrado en la conectividad. ACMECS proporciona a Tailandia tanto una vía adicional de vincularse con China y la India, como una manera de cohesionar a cinco Estados de la ASEAN continental y jugar con ellos un papel de liderazgo.
  • La Iniciativa de la Bahía de Bengala para la Cooperación Técnica y Económica Multisectorial (BIMSTEC) conecta a Tailandia y Myanmar con cinco Estados del sur de Asia (Bangladesh, Bután, la India, Nepal y Sri Lanka).

Además de ofrecer oportunidades por su ubicación y por su pertenencia a distintas instancias regionales e intrarregionales, Tailandia tiene atractivo por una serie de motivos que se enumeran más abajo y que tienen que ver con su evolución probable. A medio plazo, el sistema socioeconómico tailandés es inviable y es probable que se vea obligado a sufrir una transformación profunda, que ofrecerá muchas oportunidades a quienes apuesten por este escenario. Los elementos a tener en cuenta son los siguientes:

  • Se trata de una sociedad en proceso de modernización, cada vez más interesada en interactuar con el exterior, si bien el proceso se ve frenado por intereses creados.
  • Es una economía proteccionista, en los que una serie de oligopolios muy protegidos influyen sobre manera en las reglas de juego, pero a medio plazo se verá obligada a abrirse por los siguientes motivos: (1) la entrada en vigor del RCEP; (2) dos países de ASEAN –Singapur y Vietnam–, ya tienen Tratados de Libre Comercio en vigor con la UE, que está en distintas fases negociadoras con otros países de ASEAN y a medida que otros países de ASEAN avancen en sus procesos negociadores, Tailandia sentirá la presión para no quedarse atrás; (3) si el Tratado Comprensivo y Progresista del Partenariado Transpacífico se consolida, el riesgo de que parte del comercio se desvíe hacia Malasia, Indonesia y Vietnam puede hacer que Tailandia decida adherirse; y (4) está perdiendo en términos de competitividad y de atractivo para los inversores extranjeros y la única salida es acometer la demorada reforma del sistema económico.
  • Tailandia tiene un ambicioso plan de infraestructuras, el Eastern Economic Corridor, así como otro en fase de planteamiento, el North-South Corridor. Aunque el primero no está avanzando como se esperaba y el segundo apenas está esbozado, la realidad es que Tailandia necesita renovar sus infraestructuras, armonizarlas y homologarlas a estándares internacionales si quiere realmente rentabilizar las ventajas de su posición geográfica y mantener su conectividad.
  • Mediante el plan Thailand 4.0, Tailandia aspira a entrar en la economía de la información y el conocimiento. Las deficiencias del sistema educativo hacen que falte la mano de obra formada y capaz de dar este paso. En el aspecto positivo, cabe mencionar que las autoridades son conscientes de las carencias en formación de recursos humanos.
  • Tailandia es consciente de que tiene que subir en la cadena de valor y pasar del modelo actual de economía intensiva en mano de obra a otra intensiva en capital y conocimiento para salir de la trampa de la renta intermedia. Las bajas tasas de natalidad no proporcionan la mano de obra que necesita la economía y el recurso tradicional a la mano de obra inmigrante, aunque económicamente muy rentable, comporta problemas.

Una coyuntura poco favorable

Lamentablemente, no puede darse por hecho que el evidente potencial de crecimiento de las relaciones hispano-tailandesas vaya a poder materializarse en el corto o medio plazo. Esto dependerá en gran parte de cuatro factores, que conforman un marco poco favorecedor para la profundización de los vínculos entre ambos países. Esto cuatro factores son: (1) la estabilidad política en Tailandia; (2) el estado de las relaciones entre Tailandia y la UE (muy condicionado por lo anterior); (3) el posicionamiento de Tailandia en la competencia estratégica entre EEUU y China; y (4) la evolución de la ASEAN.

Tailandia está lejos de ser la democracia vibrante que fue en el pasado a pesar de la mejora experimentada tras las elecciones de marzo de 2019, que pusieron fin a un lustro de gobierno directo por parte de los militares. En cualquier caso, se mantienen restricciones en torno a varias libertades civiles y derechos políticos, que en parte pueden explicarse por la lucha contra el COVID-19. En cualquier caso, resulta evidente que la profunda polarización de la sociedad tailandesa no queda encauzada satisfactoriamente por un sistema político en el que se prohíbe la participación de figuras y partidos políticos de la oposición con un gran tirón popular, como el Partido Nuevo Futuro. Esta fuerza política, la tercera más votada en las últimas elecciones, fue disuelta en febrero de 2020 por financiación irregular. Además, el 4 de junio de 2020 Wanchalearm Satsaksit fue secuestrado en Phnom Penh, convirtiéndose así en el noveno disidente exiliado que ha desaparecido en los últimos años.

Esta represión está haciendo crecer la desafección entre quienes no apoyan al binomio ejército-corona. El descontento es particularmente visible entre los jóvenes, como muestran las movilizaciones estudiantiles que pueden cristalizar en un movimiento de protesta amplio, debido a las crecientes capas sociales que están sufriendo la crisis del coronavirus. La pandemia, tema central en la agenda política tailandesa, no está teniendo consecuencias particularmente dramáticas en el ámbito sanitario, pero sí en el socioeconómico. El Banco de Tailandia prevé que el PIB nacional se contraiga un 8,1% en 2020 y crezca un 4% en 2021. Estas perspectivas de crecimiento son las peores de la región y se fundamentan en la enorme dependencia de la economía tailandesa del turismo y las exportaciones.

El riesgo de desestabilización es particularmente alto ya que no sólo se está cuestionando el gobierno de Prayut, sino el conjunto del sistema político, pidiendo la redacción de una nueva constitución y un replanteamiento del papel de la monarquía. Este último punto es novedoso y especialmente polarizador debido a que la corona es una institución sagrada para muchos tailandeses. Por tanto, no es en absoluto descartable que la inestabilidad política pueda acrecentarse y llevar tanto a disrupciones de la economía como a una mayor restricción de libertades y derechos, con lo que Tailandia perdería atractivo como socio para España. Entre otras cosas, por el efecto que también tendría sobre las relaciones entre Tailandia y la UE.

Las relaciones entre la UE y Tailandia han estado muy condicionadas en los últimos años por la situación política del país asiático, contrayéndose cuando el país entraba en una deriva autoritaria y se deterioraba la situación de los derechos humanos, y reforzándose cuando se liberalizaba la competencia política. España ha apoyado esta posición común de la UE en el pasado y es previsible que lo siga haciendo en el futuro.

Debe subrayarse que estos vaivenes no sólo afectan a los vínculos políticos, sino también a los económicos, como ha quedado patente en el devenir de las negociaciones de un Acuerdo de Asociación y Cooperación y de un Acuerdo de libre Comercio. Tras la toma de posesión del nuevo gobierno en julio de 2019, el Consejo de Asuntos Exteriores anunció en octubre que era momento de impulsar las relaciones con Tailandia y se reactivaron las negociaciones de un Acuerdo de Asociación y Cooperación que podría servir de marco sobre el que expandir la cooperación bilateral en múltiples áreas. También se dio luz verde a la posible reactivación de las negociaciones sobre un acuerdo de libre comercio, que impulsaría el comercio y las inversiones bilaterales.2

El golpe militar de 2014 también supuso un deterioro muy significativo de las relaciones entre Tailandia y EEUU, del que aún no se han recuperado, si bien en los últimos meses, con el envío de un nuevo embajador norteamericano, EEUU está tratando de mejorar las relaciones. El Sudeste asiático es muy posiblemente la región en la que se manifiesta con especial intensidad la creciente competencia geoestratégica entre China y EEUU, siendo Tailandia un claro ejemplo de esta rivalidad. Tailandia ha sido un aliado tradicional de Washington en el Sudeste asiático, con una alianza militar que se basaba en el interés compartido por limitar la influencia de China y de Vietnam en la región. Sin embargo, a medida que las elites gobernantes tailandesas se alejan de los valores democráticos, en vez de ver a China como una amenaza, la ven como un aliado más fiable que EEUU para respaldar este tipo de régimen.

Esto se ha materializado en una profundización la cooperación entre Tailandia y China en todos los frentes, incluido el militar, que contrasta con la pérdida de relevancia de la colaboración con EEUU en el ámbito de la defensa (entrenamientos, adquisiciones, ejercicios militares conjuntos…). El ejemplo más significativo de esta creciente cooperación militar entre Pekín y Bangkok, particularmente intensa en el ámbito naval, es la compra de submarinos chinos por parte de la armada tailandesa. Esta transacción, aún por materializar, supondría el mayor contrato en la historia del ejército tailandés con un valor de 1.030 millones de dólares.

No obstante, ese viraje hacia China no impide que las elites tailandesas estén muy occidentalizadas en sus gustos y miren mucho más hacia Occidente que hacia China en cuestiones culturales, artísticas y de ocio. El devenir del posicionamiento de Tailandia en la rivalidad entre China y EEUU puede afectar también a sus relaciones con España. Si Tailandia está alineada con EEUU o mantiene una política exterior diversificada, esto no debería suponer un obstáculo para el estrechamiento de las relaciones bilaterales con España. Si se alineara con China y siguiera aumentando significativamente su ya muy elevada dependencia, económica y estratégica de este país, esto podría suponer un problema para algunas de las áreas tradicionales de cooperación entre España y Tailandia, como la cooperación militar y el apoyo de candidaturas en organismos multilaterales.

Un aspecto que sí podría favorecer las relaciones hispano-tailandesas, sería la profundización de la integración económica dentro de la ASEAN, en la que se han propuesto avanzar significativamente de aquí a 2025. Como lo señala la propria organización, la realización de un mercado único y de un régimen de inversión abierto se traduciría en ventajas significativas para las inversiones extranjeras, especialmente en términos de acceso a un mercado regional de más de 600 millones de personas, de libre circulación de mercancías, servicios, e inversiones, así como de igualdad de tratamiento y de protección de los inversores. En este sentido, al ser un mercado relativamente más maduro que la mayoría de los países de la ASEAN, las perspectivas de crecimiento de Tailandia son menores que las de otras economías de la región. Esto es así tanto según estimaciones pre-COVID como según las proyecciones más recientes del FMI y del Banco Asiático de desarrollo. No obstante, Tailandia también cuenta con un entorno relativamente más propicio para hacer negocios y atraer inversión extranjera, lo que hace de este país una excelente base desde la cual invertir en ASEAN. Así lo apuntan varios rankings internacionales como el Índice de Facilidad para Hacer Negocios del Banco Mundial, que coloca a Tailandia (21) como tercer país dentro de la ASEAN detrás de Singapur (2) y Malasia (12), y a la par con economías de la UE y de la OECD como Finlandia, Alemania y Canadá (y por encima de España); o el Informe sobre Competitividad Global del Foro Económico Mundial y el Índice Mundial de Innovación de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, que confirman este tercero puesto en cuanto a las estabilidad macroeconómica, la capacidad de innovación y la sofisticación de su mercado.

Posicionando a España en Tailandia

España no va a ser nunca un actor principal en Tailandia. Ese puesto ya lo tienen ocupado otros países, con más recursos, más redes en el país y una tradición más larga de relaciones estrechas con Tailandia. Pero España sí que puede elevar su perfil en el país y dotar de mayor contenido a las relaciones bilaterales. Para ello debería aprovechar una serie de elementos a los que no está sacando todo el partido posible:

  • La existencia de una de las Oficinas Comerciales más antiguas de Asia con contactos y un buen conocimiento del país.
  • La Cámara de Comercio Hispano-Tailandesa. Creada en enero de 2020, su establecimiento tiene un significado muy positivo: indica que ya existe una masa crítica de empresas españolas en el país. Mediante la vinculación a otras Cámaras de Comercio y mediante la facilitación de los contactos con autoridades tailandesas (siempre es más fácil influir desde una Cámara de Comercio que como un particular), la Cámara contribuirá en los próximos años a elevar el perfil de las relaciones empresariales y ayudará a crear imagen-país.
  • El interés por la lengua y la cultura española. En estos momentos hay departamentos de español en cinco universidades tailandesas. Los graduados en estas universidades suelen sentir una gran simpatía por el idioma y la cultura española y latinoamericana y representan vectores muy importantes de comunicación intercultural.
  • La cooperación en cuestiones de defensa. A finales de los años 70 comenzó un programa en virtud del cual cadetes tailandeses cursaban sus estudios en la Escuela Naval de Marín. Esta experiencia, además de acercar a ambas Armadas, ha creado un grupo de oficiales de la Armada, algunos de los cuales han alcanzado posiciones relevantes, que miran con simpatía a España. Con carácter anual tienen lugar reuniones entre la Dirección General de Armamento y Material del Ministerio de Defensa y la Dirección de Logística de las Fuerzas Armadas tailandesas. En estas reuniones se habla sobre todo de industria de defensa. Existe un cierto grado de complementariedad entre las respectivas industrias de defensa.
  • La liga. Aun habiendo llegado más tarde a Tailandia y habiendo hecho inversiones menos abultadas, la liga española de fútbol es la segunda más seguida en Tailandia y se está revelando como una vía eficaz para difundir la imagen-país. A ello hay que añadir que ha abierto una nueva área en la cooperación bilateral: la deportiva.
  • Aprovechar las oportunidades que Tailandia ofrece para nuestros productos agropecuarios y que no estamos aprovechando lo suficiente.
  • Al igual que España, Tailandia cree en el multilateralismo y están especialmente interesados en la Agenda 2030 y en los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
  • El nivel tecnológico español es complementario del tailandés. A través del CDTI ya se ha iniciado un acercamiento en ciencia e innovación. Los campos que ahora se han mostrado más prometedores para esta colaboración son el de la agrobiotecnología y el de la salud.

Sobre la base de esos elementos, cabe formular las siguientes recomendaciones:

  • Establecer un programa de viajes y visitas de alto nivel en ambos sentidos. La última vez que hubo un viaje de alto nivel en ambos sentidos fue en 2010, cuando el entonces ministro de Asuntos Exteriores tailandés Kasit Piromya visitó España.
  • Encontrar temas de la agenda global en la que compartamos posiciones y utilizarlos para trabajar conjuntamente en temas multilaterales con el objetivo último de crear una cultura de colaboración en foros internacionales. Algunos asuntos donde hay margen para una colaboración fructífera son: los derechos de los discapacitados; los derechos de los trabajadores migrantes; el acceso al agua y al saneamiento como un derecho esencial; la gestión de los océanos y la Economía Azul; y la responsabilidad social corporativa.
  • Reabrir la Agregaduría de Defensa.
  • Crear la Tribuna España-Tailandia como herramienta que permita poner en contacto a ambas sociedades civiles, mundos empresarial y académico, para hablar de temas de interés común.
  • Fomentar las relaciones entre universidades y académicos para aprovechar la presencia que ya existe de lo español en el mundo universitario tailandés.
  • Fomentar la presencia del Instituto Cervantes en Tailandia, aunque fuera a nivel de aula. No es lógico que haya Aulas Cervantes en Indonesia, Malasia y Vietnam y no en Tailandia.
  • Fomentar los estudios sobre el Sudeste Asiático en las universidades españolas como una materia con entidad propia y la formación de expertos capaces de leer y trabajar en tailandés.
  • Estar más presentes en festivales culturales organizados en Tailandia. La participación en estos festivales se ha revelado como el mejor trampolín para promover la cultura y el arte españoles. Por otra parte, el COVID-19 nos ha obligado a descubrir el potencial de las actividades online, que es otra vía posible para difundir contenidos culturales y artísticos a bajo coste.
  • Ofrecer becas para que estudiantes tailandeses cursen estudios de ingeniería en nuestro país. En la Escuela Naval de Marín los cadetes, al tiempo que realizan sus estudios militares, cursan una ingeniería. El resultado es satisfactorio.

Conclusiones

Tras 150 años de relaciones diplomáticas, España y Tailandia aún están lejos de maximizar los réditos de una relación bilateral que muestra un enorme potencial de crecimiento, especialmente en relaciones de defensa, policía y seguridad, cooperación académica, cooperación en ciencia y tecnología y relaciones culturales. Lamentablemente, el contexto actual no es el más propicio para el estrechamiento de los lazos entre los dos países, debido a múltiples factores, entre los que destaca la situación política de Tailandia y la económica en ambos países. En cualquier caso, merece la pena seguir trabajando, conscientes de que se trata de una tarea a largo plazo (en Asia no se consiguen resultados con planteamientos cortoplacistas) y de que hay un potencial que hasta ahora no hemos sabido aprovechar. Para lograrlo, será fundamental aumentar la eficiencia en la asignación de recursos tanto de los actores públicos como privados, a través de acciones coordinadas, también con actores tailandeses. Esto podría generar sinergias e incrementar la presencia sobre el terreno, factor imprescindible para poder estrechar los vínculos bilaterales.

Mario Esteban
Investigador principal del Real Instituto Elcano y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid | @wizma9


1 El autor quisiera agradecer a Ugo Armanini su colaboración en la preparación de este análisis.

2 Por el momento Singapur y Vietnam son los únicos países de la ASEAN que han suscrito un acuerdo de libre comercio con la UE.

Panorámica de Bangkok, capital de Tailandia. Foto: Braden Jarvis (@jarvisphoto)