Por una nueva política exterior hacia el Magreb
La nueva etapa de relaciones entre España y Marruecos debería resultar en la construcción de una política exterior para el Magreb estable y consensuada para que tenga validez a largo plazo
La nueva etapa de relaciones entre España y Marruecos debería resultar en la construcción de una política exterior para el Magreb estable y consensuada para que tenga validez a largo plazo
Tras ganar las elecciones presidenciales por una mayoría aplastante del 85% de los votos, después de un primer mandato (1999-2004) caracterizado por el éxito en la lucha contra la violencia y la reinserción internacional, el segundo mandato del presidente Abdelaziz Buteflika (2004-2009) estará marcado muy probablemente por la agenda socioeconómica.
La postura española sobre el futuro de Ceuta y Melilla es correcta y sólida. Las críticas que recibe en Marruecos y entre algunos analistas españoles responden al uso de paradigmas históricos o ideológicos superados. El único criterio que debe regir el tratamiento de esta cuestión en España es el establecido por la naturaleza democrática de su legislación y estructura política. Es hora de entender que la cesión de esas ciudades es imposible e inadmisible en la España actual
El 8 de abril de 2004 Abdelaziz Buteflika fue reelegido presidente de Argelia en la primera vuelta con el 84,9% de los votos emitidos. La victoria de Buteflika refuerza su posición en el sistema, aunque la inesperada magnitud de la misma resta credibilidad a unos comicios que pretendían proyectar hacia el exterior una renovada imagen de apertura democratizadora, tras más de una década de guerra civil, en un contexto internacional marcado por los atentados del 11 de septiembre y la guerra contra el terrorismo
La decisión del nuevo presidente de retirar las tropas españolas de Irak ha suscitado un intenso debate en la opinión pública nacional española e internacional. En este análisis se pretende indagar en el significado de esta decisión, desde un punto de vista jurídico y político, para poder así hacer un juicio prospectivo de las eventuales consecuencias de la misma para los intereses de España y para el actual esquema de relaciones internacionales
España vive en estos momentos una situación internacional especialmente compleja y difícil que exige que nuestros políticos y nuestra diplomacia estén a la altura de las circunstancias
La cuestión del Sahara occidental es actualmente uno de los temas inscritos en las agendas del Consejo de Seguridad y de la Asamblea General de la ONU.
Las relaciones entre España y Marruecos han pasado históricamente por distintos estadios, subordinados y marcados, casi exclusivamente, por los vaivenes de las políticas internas de ambos países. Sin embargo, pese a los numerosos altibajos, Perejil incluido, el lenguaje oficial siempre ha manifestado los “deseos recíprocos de reforzar unas relaciones fructíferas entre países hermanos”
La probabilidad de que Japón y Corea del Sur sufran atentados terroristas, la vulnerabilidad de sus tropas, aún en fase de despliegue parcial en Irak, y la relación que verían los electorados entre el envío de soldados y una venganza de la red de al-Qaeda, como ocurrió tras el 11-M, son nuevos factores valorados también por los miembros asiáticos de la coalición en Irak. A la vez, Corea y Japón se enfrentan a delicados equilibrios políticos internos y a próximas elecciones parlamentarias. Ambos países se cuentan entre los grandes importadores de hidrocarburos del Golfo Pérsico. Por añadidura, Japón y Corea ya han sufrido víctimas civiles en Irak y en la última década Japón ha registrado persistentes atentados terroristas, aunque de origen interno. Por otro lado, la operación en Irak reportaría nuevos márgenes de actuación para la política exterior de ambos países, especialmente importantes para Tokio
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