Hechos
La llegada masiva de personas, principalmente jóvenes marroquíes, a Ceuta comenzó a intensificarse de manera crítica el jueves 30 de julio de 2026, generando una situación sin precedentes en la historia de la ciudad autónoma. Se calcula que durante tres días entraron en España, procedentes de Marruecos, entre 50.000 y 60.000 personas, en su mayoría, pero no sólo, bordeando a nado o pasando a pie por el espigón del Tarajal.
Mientras las autoridades se centraban en dar respuesta y gestionar la situación, un gran número de preguntas quedan por responderse: ¿por qué ha ocurrido? ¿a quién beneficiaba esta situación en último lugar? ¿a quién perjudicaba?
La mayoría de las personas que entraron fueron regresando en los dos días siguientes, por lo que el sábado 1 de agosto ya habían vuelto muchas de ellas, se calcula que unas 48.500, y la situación no sólo estaba bajo control, sino que se había regresado a un punto casi de normalidad. Sin duda, puede calificarse como la crisis más breve de la historia de las migraciones en Europa, especialmente comparada con situaciones como la crisis de recepción de migrantes y solicitantes de asilo de 2015 que afectó especialmente a la frontera exterior en Grecia.
Lo que aún está por cerrar es el número de personas que han perdido la vida en ese intento de entrar en España por Ceuta. La cifra crece, mientras se recuperan cadáveres de las aguas de Ceuta, por encima de las 70 personas.
Mientras las autoridades se centraban en dar respuesta y gestionar la situación, un gran número de preguntas quedan por responderse: ¿por qué ha ocurrido? ¿a quién beneficiaba esta situación en último lugar? ¿a quién perjudicaba? Aunque para responder a estas preguntas se necesita tiempo e investigación, lo que sí parecen claros son dos aspectos: por un lado, que las redes sociales son un potente movilizador en el ámbito de las migraciones, y, por otro lado, que la Unión Europea (UE) ha mostrado importantes fisuras en la relación de confianza entre sus miembros.
Redes sociales como potente transmisor de imágenes y narrativas en el ámbito migratorio
Numerosas hipótesis sobre los factores desencadenantes circularon en las primeras 24 horas. El papel de las redes sociales es uno de ellos. Las redes transmiten no sólo imaginarios sobre cómo es la vida en otros lugares, sino que también actúan como “agente” movilizador.
En redes sociales como Facebook, Tiktok, Instagram y Whatsapp llevaban circulando mensajes acerca de la “apertura de la frontera con España” desde al menos una semana. Al principio, se destacó especialmente la difusión del fallo de la sentencia del Tribunal Supremo STS 814/2026, de 29 de junio. Dicha sentencia sí había sido analizada por las autoridades españolas al establecer que las personas interceptadas en el mar cuando intentan acceder a Ceuta y Melilla a nado no pueden ser objeto del procedimiento de rechazo en frontera previsto en la disposición adicional décima de la Ley de Extranjería. La sentencia señala expresamente que al no haberse superado o intentado superar un “elemento de contención” “no cabe aplicar la disposición adicional décima de la Ley de Extranjería a las personas que son interceptadas en el mar, al pretender entrar a nado en las ciudades de Ceuta y Melilla; y, por ello, a estas personas no se les debe aplicar el procedimiento de rechazo en frontera, sino el de devolución”. Por lo que habría dos vías, la primera desplegar elementos de contención en el mar, como de hecho se hizo el día 1 de agosto, o solicitar que el mar sea identificado expresamente en el texto como “elemento de contención”, con una modificación legislativa en dicha Disposición Adicional 10ª que regula el Régimen Especial de Rechazo en frontera en Ceuta y Melilla.
Aunque jurídicamente el alcance de la sentencia es preciso y limitado, su interpretación simplificada en redes sociales pudo contribuir a generar la percepción de que la entrada a nado ofrecía mayores posibilidades de permanencia en España, pero claramente, eso se combinó con mensajes que animaban a “cruzar a España”.
Independientemente del contenido exacto de esos mensajes, un aspecto clave para entender la movilización de los jóvenes es la identificación de los creadores y difusores de dichos mensajes. Se barajan diferentes posibilidades: que fueron difundidos espontáneamente por jóvenes, que fueran coordinados por organizaciones de tráfico de migrantes o promovidas por algún país con intereses geoestratégicos en la región.
Aunque las redes sociales sean por sí solas un potente factor de movilización en la actualidad y en el ámbito migratorio, trasmiten mensajes y narrativas que se leen e interpretan desde las circunstancias personales. El carácter espontáneo, que podría estar avalado porque la mayoría de las personas envueltas eran jóvenes marroquíes, parece ponerse en duda por el gran número de personas que participaron en el paso a Ceuta y su procedencia de distintos lugares del país. Esto hace más difícil pensar que fuese algo totalmente espontáneo y con poca planificación.
Desde las autoridades españolas se ha indicado a las mafias que trafican con personas como difusores de esos bulos e informaciones falsas. Pero también, en diversos medios de comunicación se ha apuntado a diferentes países, desde las autoridades de Marruecos o grupos opositores hasta Estados Unidos (EEUU) e Israel.
Desde una perspectiva más amplia, y más allá de los factores potenciadores, tampoco pueden ignorarse otros factores estructurales. Dos, son especialmente importantes para explicar la reciente situación en Ceuta. Por un lado, la historia de las relaciones hispano-marroquíes en materia migratoria y, por otro, la situación laboral y económica de los jóvenes en Marruecos.
España ha externalizado progresivamente parte del control de sus fronteras hacia Marruecos desde los años 90, lo que ha generado una situación de creciente interdependencia. A sus relaciones y dependencias económicas y energéticas se ha sumado una en términos de gestión de fronteras. Así, la política migratoria se ha situado en el ámbito de la diplomacia, dejando de ser un asunto menor. La cooperación en la gestión de las fronteras, y la dependencia, puede incrementar la capacidad de influencia de los países de tránsito sobre los países de destino, como también muestran otros acuerdos en esta misma línea firmados por la UE o sus Estados miembros con Libia o Turquía. La anterior crisis de Ceuta de junio 2021 ya puso de manifiesto hasta qué punto las tensiones diplomáticas bilaterales pueden traducirse en cambios significativos en la gestión de los flujos fronterizos. Sin duda, la cooperación de Marruecos en esta ocasión ha sido fundamental para que se pueda estar ante una crisis express.
La especial vulnerabilidad de los jóvenes marroquíes constituye también un elemento importante para comprender lo ocurrido. Ellos son, sin duda, uno de los grandes damnificados por lo ocurrido. Aunque Marruecos ha experimentado avances económicos significativos durante las últimas décadas, creciendo a más del 4%, las oportunidades para la población joven siguen siendo limitadas. Según los datos del Banco Mundial basados en estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la tasa de desempleo juvenil (15-24 años) se situaba en torno al 22% en 2025, descendiendo desde su nivel más algo en 2020, un 27%. A ello se añade una elevada proporción de jóvenes que no estudian, no trabajan ni reciben formación (los denominados NEET o NINI, en español). Esos análisis de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y del Banco Mundial han señalado además que el mercado laboral marroquí presenta dificultades para absorber a los nuevos entrantes, especialmente entre los jóvenes, debido a la insuficiente creación de empleo de calidad, los desajustes entre formación y mercado laboral y las persistentes desigualdades territoriales.
En este contexto, la difusión en redes sociales de mensajes que sugerían una posible oportunidad de acceso a Europa pudo encontrar una audiencia especialmente receptiva entre jóvenes y menores que perciben escasas expectativas de movilidad social y económica en su entorno inmediato.
Intercambio epistolar y ¿lecciones aprendidas para la UE?
Para el gobierno español, a pesar de la gestión rápida y eficaz de la situación y de la estrecha cooperación con Marruecos para facilitar el retorno de quienes habían entrado de forma irregular, el juego de las culpas (blame game) habitual en relación con la gestión de las fronteras exteriores de la Unión comenzó muy pronto. Desde distintos países europeos no tardaron en pronunciarse críticas que vinculaban lo ocurrido con la política migratoria del actual gobierno español y, de forma más concreta, con los posibles efectos llamada derivados de determinadas decisiones normativas y judiciales.
Esta posición, que distancia a los Estados europeos con relación a la política migratoria de la UE, quedó reflejada en la carta promovida por Italia y Dinamarca y suscrita por 22 jefes de Estado y de Gobierno de la UE. El documento sostiene que la reciente sentencia del Tribunal Supremo español había sido utilizada para desencadenar una presión excepcional sobre la frontera exterior de la Unión y advierte del riesgo de que se consolide la percepción de que una entrada irregular en territorio europeo puede transformarse posteriormente en una estancia legal. Los firmantes insisten en la necesidad de eliminar los factores de atracción (pull factors), reforzar las fronteras exteriores, combatir a las redes de tráfico de personas y evitar que la instrumentalización de la migración o las amenazas híbridas erosionen la credibilidad de la política migratoria europea.
La carta también reclama una respuesta europea coordinada, incluyendo un mayor apoyo de Frontex, una evaluación de la cooperación con Marruecos y la movilización urgente de los instrumentos disponibles de la Unión para ayudar a España a recuperar el control efectivo de la frontera exterior. Asimismo, recuerda que la protección de las fronteras exteriores, la prevención de la migración irregular y la solidaridad con los Estados sometidos a una mayor presión constituyen responsabilidades compartidas de todos los Estados miembros.
La posición del gobierno español fue radicalmente distinta. En una carta dirigida a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, Pedro Sánchez defendió que España había recuperado el control de la situación en menos de 48 horas, prestado asistencia humanitaria, devuelto a la práctica totalidad de las personas que habían entrado de forma irregular y evitado movimientos secundarios hacia otros Estados miembros, todo ello en estrecha coordinación con Marruecos.
Frente a las críticas procedentes de algunos gobiernos europeos, el Ejecutivo español rechazó que la crisis pudiera explicarse por un supuesto efecto llamada derivado de su política migratoria. Por el contrario, reivindicó los resultados obtenidos durante los últimos años en materia de control fronterizo y cooperación migratoria, subrayando que España constituye una de las fronteras exteriores menos permeables de la Unión Europea, pese a ser el único Estado miembro con una frontera terrestre con África.
La carta también criticó a aquellos gobiernos que respondieron a la crisis cuestionando a España o planteando medidas excepcionales en el espacio Schengen, calificando esas posiciones de contrarias al espíritu de solidaridad europea. Desde la perspectiva española, los acontecimientos de Ceuta demostraban precisamente la necesidad de reforzar los mecanismos comunes de respuesta y recordar que la protección de las fronteras exteriores constituye una responsabilidad compartida por todos los Estados miembros y no únicamente por aquellos situados en la primera línea migratoria.
En consecuencia, más allá de la gestión inmediata de la crisis, el episodio volvió a poner de manifiesto la persistencia de profundas diferencias dentro de la UE sobre las causas de la migración irregular, los instrumentos más adecuados para hacerle frente y el reparto de responsabilidades entre los Estados miembros. A pesar de las menciones a la gestión compartida, la solidaridad hace tiempo que no es un valor común sino muchas veces impuesto a través de la normativa.
Más allá de la política migratoria, este intercambio epistolar y las reacciones que muestra, vuelven a llamar la atención sobre el sistema Schengen y la fragilidad en la que se encuentra en este momento, a pesar de los constantes avisos de Bruselas de que el restablecimiento temporal de controles en las fronteras interiores en Schengen debe justificarse como “último recurso”.
