Repercusiones del 20º Congreso del Partido Comunista de China: más Xi y más partido

Repercusiones del 20º Congreso del Partido Comunista de China. Xi Jinping a su llegada a la COP21 en París (2015)

Tema

Se analizan los cambios en el liderazgo del Partido Comunista de China y en sus estatutos, así como sus principales prioridades políticas tras la celebración de su 20º Congreso Nacional.

Resumen

Los cambios en los estatutos del Partido Comunista de China y en la composición de sus principales órganos durante su 20º Congreso Nacional evidencian una concentración del poder en manos de Xi Jinping sin precedentes desde el periodo maoísta y un énfasis en el control del partido sobre el resto del régimen y la sociedad. Los cambios son tan profundos respecto al momento en el que Xi llegó al poder hace una década que podemos hablar de un tercer periodo dentro de la historia de la República Popular China. Al no haberse establecido un sucesor claro para Xi, es muy probable que continúe al frente del partido más allá de 2027.

Análisis

Los congresos nacionales del Partido Comunista de China (PCCh) generan una gran expectación porque, dentro del opaco sistema político de la República Popular China (RPC), son de enorme utilidad para conocer los equilibrios de poder en la cúpula del Partido y las líneas maestras de su programa político para el siguiente lustro. Para poder analizar estos elementos tenemos que fijarnos especialmente en el informe del secretario general ante el congreso, en las modificaciones de los estatutos del Partido y en quienes pasan a ocupar sus principales órganos de poder, especialmente el Comité Permanente del Politburó.

Prioridades políticas

El informe presentado por Xi Jinping al 20º Congreso del PCCh como balance de su anterior mandato fue muy acrítico y laudatorio con las medidas que se habían desarrollado bajo su supervisión. Por tanto, es esperable que en términos generales nos encontremos con un proyecto político continuista en los próximos cinco años, orientado a avanzar en el objetivo de convertir a China en 2049 en un “gran país socialista moderno”.

Los únicos elementos críticos que se mencionaron tuvieron que ver con actores externos, con fuerzas independentistas y con algunas cuestiones relacionadas con el estado en el que estaba el partido cuando Xi asumió su secretaría general: un liderazgo del partido “débil, vacío y diluido”, “burocratismo, hedonismo y extravagancia” con “casos de corrupción profundamente chocantes”. Este último punto puede interpretarse como una reprobación al trabajo de sus inmediatos predecesores.

Una de las políticas sobre las que había más expectación era la estrategia de China para combatir el COVID-19. Aquí el mensaje de Xi fue claro, en su respuesta al COVID-19 habían priorizado “al pueblo y sus vidas” lo que les había permitido alcanzar “avances tremendamente alentadores tanto en la respuesta a la epidemia como en el desarrollo social y económico”. También subrayó que la cooperación de China en la lucha contra la pandemia le había valido un “amplio reconocimiento internacional”. Se repetían las ideas ya apuntadas antes del congreso en algunos de los principales órganos de comunicación del Partido como el Diario del Pueblo, argumentando a favor de mantener la política del COVID-cero. Esto no es de extrañar teniendo en cuenta el importante capital político que ha invertido Xi en desarrollar esta política y en los enormes desafíos que supondría relajarla, teniendo en cuenta el nivel de eficacia de las vacunas chinas, el alto número de población anciana no vacunada y el escaso porcentaje de la población con anticuerpos. Si quedaba alguna duda, el gobierno de Shanghái anunció durante el congreso que va a construir un centro de cuarentena con 3.250 camas de capacidad y el actual secretario general del Partido en esta ciudad, Li Qiang, ha sido nombrado número dos en la jerarquía del Partido y previsiblemente será el próximo primer ministro del país. Esto puede ser interpretado como una señal a los cuadros del Partido de que una estricta implementación de la política del COVID-cero es un valioso mérito a ojos de Xi Jinping y merecedor de promoción. Por tanto, no se anticipa un cambio significativo en la estrategia contra el COVID-19 al menos hasta después de la primera sesión de la 14ª Asamblea Popular Nacional en marzo de 2023.

El nombramiento de Li Qiang como número dos y próximo primer ministro, a pesar de no tener experiencia previa en el gobierno central, indica que Xi ha priorizado la lealtad del próximo primer ministro a su capacidad. Li fue jefe de gabinete de Xi en el Comité Provincial del Partido de la provincia de Zhejiang entre 2004 y 2007 y entre sus principales méritos está haber estado al frente de dos de las grandes economías locales de China como son la de Zhejiang y Shanghái, donde ha mostrado un fuerte apoyo al desarrollo del sector privado y la innovación tecnológica. Esto puede ser un activo a la hora de continuar desarrollando una ambiciosa política industrial orientada al liderazgo tecnológico en sectores estratégicos. El nombramiento de Li como nuevo primer ministro implicará una relación mucho más jerárquica entre el secretario general del Partido y el primer ministro de lo que venía siendo habitual en las últimas décadas. Esto podría llevar a una implementación más eficiente de las prioridades económicas de Xi a costa de reducir los contrapesos internos.

En un contexto económico de previsible desaceleración económica, las autoridades chinas van a poner énfasis en el control del partido, como evidencian los cambios en sus estatutos que serán comentados con más detalle en el apartado posterior. Además, para mantener la estabilidad social también se van a continuar impulsando políticas que contribuyen a aumentar la popularidad de Xi a la vez que le permiten reforzar su control del partido y de sectores sociales influyentes como el empresarial. La alta frecuencia con la que Xi mencionó en su informe la corrupción, 25 veces, y la política de “prosperidad común”, siete veces, parece apuntar a que serán cuestiones prioritarias.

La intensificación de la lucha contra la corrupción ha sido una de las medidas más reconocibles del gobierno de Xi Jinping. Esto le ha servido para aumentar su respaldo entre la población, eliminar rivales políticos y consolidar su control del Partido y del Ejército Popular de Liberación. Dada la enorme sensibilidad de este tema, no es de extrañar que Xi haya colocado a una persona de su máxima confianza, Li Xi, al frente de la Comisión Central para la Inspección Disciplinaria del PCCh. Este es el órgano más importante de control interno del Partido y se encarga de supervisar que sus cuadros no cometan irregularidades. Li, actual secretario del Partido en Cantón, tiene una larga vinculación personal con Xi, y, durante su mandato como jefe del Partido en Liaoning, implementó de manera entusiasta el llamamiento de Xi a aplicar una disciplina más estricta dentro del partido.

El énfasis de Xi en la redistribución en un contexto de menor dinamismo económico está orientado a mantener apoyo social para un régimen que tiene en la mejora del bienestar material de la población uno de los puntales de su legitimidad. Esto previsiblemente perjudicará a los sectores económicamente más favorecidos y habrá que ver si no deriva en una contracción de la actividad empresarial.

Cambios en los estatutos del partido

Como es costumbre en los congresos nacionales del partido, se han aprobado modificaciones en sus estatutos con el objetivo de actualizar la doctrina que le sirve de guía. Destaca la introducción de dos nuevos principios las “dos determinaciones” (liangge queli) y las “dos salvaguardas” (liangge weihu). Aunque ambos conceptos se acuñaron en 2018, su uso se ha intensificado notablemente desde la sexta reunión plenaria del 19 Comité Central del PCCh en noviembre de 2021. Las “dos determinaciones” son: el establecimiento de Xi Jinping como el “núcleo” (hexin) del Comité Central del PCCh y de todo el partido; y el establecimiento del Pensamiento de Xi Jinping sobre el Socialismo con Características Chinas para una Nueva Era como ideología rectora. Ambos puntos se consideran esenciales para alcanzar el segundo objetivo centenario del PCCh: convertir la RPC en un “gran país socialista moderno en todos los ámbitos” cuando se cumplan 100 años de su fundación en 2049.  Las “dos salvaguardas” son la salvaguarda del estatus de Xi como núcleo del PCCh y la centralidad de la autoridad del Partido dentro de China. Estos cambios resumen perfectamente las principales repercusiones del 20º Congreso: más Xi Jinping y más Partido, siendo particularmente evidente en las “dos salvaguardas” la interrelación entre una mayor concentración del poder en manos de Xi y un mayor peso político del Partido.  

La adopción de estos dos principios sobre la forma de ejercer el poder dentro del partido supone la formalización institucional de la sustitución del liderazgo colectivo por un liderazgo autocrático. El principio de liderazgo colectivo es propio de los partidos leninistas y con él se pretende reducir el riesgo de concentración excesiva del poder inherente a su principal principio organizativo: el centralismo democrático. Dentro del PCCh se puso especial énfasis en el liderazgo colectivo durante el periodo reformista, impulsado por Deng Xiaoping. Así se quería evitar que el líder principal no tuviera contrapesos y que se pudieran repetir políticas trágicas como las que impulsó Mao Zedong durante el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural en contra del criterio de una parte significativa de la cúpula del régimen. Sin embargo, al finalizar el mandato de Hu Jintao en 2012 era un sentir mayoritario dentro de la cúpula del Partido que era necesario volver a una mayor concentración del poder para que el partido pudiera superar la difícil situación que enfrentaba: estancamiento en el proceso de toma de decisiones debido al faccionalismo que dividía al partido, altísimos niveles de corrupción, rápida deceleración económica, severo deterioro medioambiental y creciente descontento social. Sólo así se explica que una figura que al principio de su mandato no tenía una gran autoridad dentro del partido pudiera consolidar su poder de una manera tan rápida, pues dependió de la aquiescencia de otros para ello. La respuesta del Partido ante una situación de crisis fue concentrar el poder en un líder fuerte y Xi ha desarrollado a lo largo de sus mandatos múltiples medidas para ello como una intensa campaña anticorrupción que ha alcanzado a figuras políticas rivales del Partido y del Ejército, la promoción del culto a su persona, la promoción de sus protegidos vulnerando los procesos habituales dentro del Partido y del Ejército, y la creación de nuevos órganos de gobierno encabezados por él mismo.

La identificación oficial que se hace a partir de ahora en los estatutos del Partido de Xi Jinping como su núcleo y del pensamiento de Xi como la ideología rectora del Partido para afrontar los retos actuales de China van a reforzar todavía más el culto a su persona y un estilo de liderazgo personalista. Esto va a dificultar que puedan articularse puntos de vista alternativos o voces discrepantes que pudieran ejercer de contrapeso, pues una mayor identificación de Xi con el Partido facilita que cualquier disenso con él pueda interpretarse como un ataque contra el conjunto del Partido.

Respecto al reforzamiento de la autoridad del Partido sobre el conjunto del régimen, se continúa con una tendencia que Xi impulsó desde su primer mandato y que se reforzó durante el segundo. Lo que se hace ahora es reflejar en los estatutos del Partido lo que ya se recogió en la reforma constitucional de marzo de 2018, la única bajo el liderazgo de Xi Jinping, que estableció el liderazgo del PCCh como una provisión constitucional vinculante al incluirlo en el artículo primero de la constitución, donde se añade que “El liderazgo del Partido Comunista de China es un rasgo definitorio del socialismo con características chinas”. Hasta entonces, el principio del liderazgo del partido estaba recogido en su preámbulo como una mera guía, lo que no es de extrañar pues la actual constitución china se aprobó en 1982, en el contexto de un intenso debate dentro del PCCh sobre la separación entre el Partido y la administración del Estado.

Otro cambio importante para consolidar la autoridad del Partido y del propio Xi vinculada a esa reforma constitucional fue la creación de la Comisión de Supervisión Nacional. Esta comisión se encarga de la supervisión directa de la labor de los cargos públicos y está supervisada a su vez por la Comisión Central para la Inspección Disciplinaria del PCCh, que cumple la misma función con los cargos del Partido. La subordinación del nuevo órgano estatal a su contraparte del Partido es evidente, no solo por el papel que tuvo Zhao Leji, entonces secretario de la Comisión Central para la Inspección Disciplinaria, en la inauguración de la Comisión de Supervisión Nacional, sino también porque se situó al frente de la segunda a Yang Xiaodu, quien siguió ejerciendo como vicesecretario de la primera.

Un elemento que desde luego no parece prioritario en la reforma del Partido es una mayor incorporación de la mujer en sus principales órganos de poder. Ya no es que en el nuevo Comité Permanente del Politburó no haya ninguna mujer, pues nunca la ha habido, sino que, por primera vez en 25 años, todos los puestos del Politburó están copados por hombres y se ha reducido significativamente el número de mujeres en el Comité Central de 20 a 12.

Cambios al frente del partido

Tras el 20º Congreso, la jerarquía en la cúspide del Partido es la siguiente: Xi Jinping, Li Qiang, Zhao Leji, Wang Huning, Cai Qi, Ding Xuexiang y Li Xi. Tres de ellos acaban de ser elegidos para ocupar altos cargos personales dentro del Partido durante los próximos cinco años: Xi Jinping para un nuevo mandato como secretario general, Cai Qi como primer secretario de la Secretaría Central del PCCh en sustitución de Wang Huning y Li Xi como secretario de la Comisión Central de Inspección Disciplinaria del PCCh en sustitución de Zhao Leji. Es decir, que Xi seguirá ocupando el cargo de mayor rango dentro del Partido, Cai Qi será el facilitador del trabajo diario del Poliburó y su Comité Permanente, y Li Xi será quien dirija la lucha contra la corrupción. En cuanto al resto, la próxima primavera se prevé que sean nombrados respectivamente como primer ministro, Li Qiang, presidente de la Asamblea Popular Nacional, Zhao Leji, presidente de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, Wang Huning, y primer viceprimer ministro, Ding Xuexiang.

Dejando al margen a Xi Jinping, los otros seis miembros del nuevo Comité Permanente del Politburó le deben a Xi su nombramiento dentro de este organismo. Salvo Wang Huning, todos ellos tienen unos largos vínculos personales con Xi antes de que éste saltara a la política nacional, ya sea por sus relaciones familiares, como Zhao Leji y Li Xi, o por haber trabajado a las órdenes de Xi en Fujian, Cai Qi, en Zhejiang, Li Qiang, o en Shanghái, Ding Xuexiang. Wang Huning también tiene una estrecha relación personal con Xi, pues es su ideólogo de cabecera y lo acompaña en algunos de sus viajes más importantes dentro y fuera de China. A diferencia del resto de miembros del nuevo Comité Permanente del Politburó, Wang es más un académico, un intelectual, que un político o un gestor. De ahí que, aunque Wang también haya colaborado estrechamente tanto con Jiang Zemin como con Hu Jintao, no haya establecido redes de patronazgo significativas dentro del Partido y no sea visto como una amenaza por Xi.

Para calibrar el grado de poder acumulado por Xi dentro del Partido hay que tener en cuenta que uno de los elementos centrales que vertebra la distribución del poder dentro del Partido son las redes de patronazgo de las que participan sus miembros. Esto hace que la cúpula del mismo no esté compuesta solo por aquellos que ostentan los principales puestos en sus órganos directivos, sino también por líderes veteranos que acumulan un enorme capital político dentro del Partido gracias a las tupidas redes de vínculos personales que mantienen dentro del mismo. El 20º Congreso del Partido ha evidenciado que el poder de Xi apenas tiene contrapesos en las altas esferas del partido, toda vez que él y sus seguidores monopolizan los principales cargos formales al frente del Partido y que los principales líderes veteranos han perdido su anterior influencia.

En relación con los líderes veteranos, Jiang Zemin, de 96 años, ni siquiera pudo asistir al congreso y Hu Jintao, de 79, protagonizó uno de los momentos más sonados del Congreso al ser sacado del mismo justo antes de las votaciones al Comité Central del Partido. Independientemente de si se debió a un problema de salud, como aseguran los medios oficiales chinos y parecen indicar estas imágenes, o si fue la escenificación de una humillación pública orquestada por el propio Xi, lo que resulta evidente es que ni Hu ni la facción que encabezó, vinculada a la Liga de las Juventudes Comunistas de China, tienen capacidad de limitar el poder de Xi. Además de que ninguno de sus miembros forma parte del nuevo Comité Permanente del Politburó, los dos que formaban parte del 19º Comité Permanente del Politburó no han sido reelegidos para el 20º por lo que en breve abandonarán la vida política a pesar de no haber superado la edad acostumbrada de retiro. Es más, el que durante años fuera la principal figura emergente de esta facción, Hu Chunhua, ha perdido su puesto en el Politburó con lo que este grupo de facto deja de ser un factor relevante en la cúpula del Partido al no tener presencia en sus principales órganos de poder.

En cuanto al posible sucesor de Xi, este es uno de los motivos por los que se presta tanta atención a la composición del Comité Permanente del Politburó, ya que nos puede dar pistas sobre futuras transiciones al frente del Partido. Si nos fijamos en la edad, Ding Xuexiang, de 60 años, es el único que es significativamente más joven que Xi. Por consiguiente, entre los actuales miembros del Comité Permanente de Politburó, es el único que podría ser un sucesor plausible de Xi, sin que mediara una retirada prematura e inesperada de éste. La gran virtud de Ding como potencial sucesor a ojos de Xi es su lealtad, pues ha sido su jefe de gabinete tanto en Shanghái como a partir de que asumiera la presidencia de la RPC en 2013. En este sentido, sería un candidato propicio para asegurar el legado de Xi. Aunque frecuentemente se menciona que carece de algunas de las credenciales que en las últimas décadas se han dado por supuestas para asumir el liderazgo del Partido, como haber dirigido una unidad administrativa de rango provincial u ocupado un alto cargo en el Consejo de Estado, esto no tiene por qué ser impedimento para que Xi lo designe como su sucesor. Además, si fuera nombrado primer viceprimer ministro la próxima primavera, podría ir adquiriendo experiencia de gestión económica. 

Conclusiones

Con un Comité Permanente del Politburó monopolizado por Xi y sus protegidos y sin líderes veteranos que puedan cuestionar su autoridad, el actual secretario general del Partido tendrá un margen de control sobre el mismo sin precedente desde el periodo maoísta. Es más, siendo el reforzamiento de la autoridad del Partido una de las prioridades políticas de Xi, también será insólito su nivel de control sobre el resto del régimen (la administración del Estado y el Ejército) y el conjunto de la sociedad.

Al no haber un sucesor claro entre los nuevos miembros del Comité Permanente del Politburó, es muy posible que Xi, de 69 años, esté pensando en optar a un cuarto mandato en 2027. Esto no tendría por qué crear inestabilidad en el próximo lustro, mientras Xi no tuviera problemas de salud. En cualquier caso, a medida que vaya envejeciendo y su salud pueda deteriorarse, más urgente será identificar un posible sucesor. De esta forma se reduciría el riesgo de desestabilización interna del Partido en una hipotética lucha por la sucesión. Riesgo que se ha abierto al eliminar el sistema que permitió una sucesión ordenada y pacífica al frente del mismo en 2002 y 2012.   

El enorme poder acumulado por Xi y la previsible duración de su mandato al menos por dos décadas, apuntan a que tendrá una impronta tan profunda sobre China que podríamos afirmar que se abre un tercer periodo en la historia de la RPC. Tras el periodo maoísta y el periodo reformista, estamos en el periodo xiista.


Imagen: Xi Jinping a su llegada a la COP21 en París (2015). Foto: COP PARIS (Wikimedia Commons / CC0).