La irrupción de la inteligencia artificial (IA) está transformando profundamente la economía, la sociedad y el entorno laboral, consolidándose como un eje esencial de futuro. Este impacto se refleja en el auge de empresas del sector, que han alcanzado algunas de las mayores capitalizaciones de mercado de la historia. Unas valoraciones impulsadas por las expectativas de productividad global, un potencial que las grandes potencias mundiales buscan aprovechar.
En paralelo, la IA está reconfigurando el equilibrio geopolítico. Su desarrollo depende de recursos estratégicos como las tierras raras y los semiconductores, cuya producción es costosa y altamente concentrada.
La competencia tecnológica entre Estados Unidos y China se ha intensificado en torno al liderazgo en inteligencia artificial, con ambos países buscando reducir dependencias y reforzar su autonomía estratégica. Por su parte, la Unión Europea trata de posicionarse progresivamente en esta carrera.
Los usos militares de la IA
La inteligencia artificial lleva años utilizándose en el ámbito militar, pero su evolución ha multiplicado su relevancia. Los nuevos modelos permiten procesar grandes volúmenes de información no estructurada y simular escenarios en tiempo real, lo que acelera significativamente la toma de decisiones, aunque con riesgos asociados.
El uso militar de la IA ha generado tensiones entre gobiernos y empresas tecnológicas. El caso de Anthropic y el Departamento de Defensa de Estados Unidos ejemplifica estos límites: la compañía rechazó permitir el uso de su modelo en vigilancia masiva o armas autónomas, lo que llevó a la ruptura del contrato y la calificación de Anthropic como “un riesgo en la cadena de suministro”. Este episodio supone la pérdida de uno de los mayores clientes para Anthropic y de una oportunidad de desarrollo de la frontera de la IA en EEUU.
En este contexto, el Derecho Internacional Humanitario insiste en mantener el control humano en la toma de decisiones militares. No obstante, los avances unilaterales de las grandes potencias y la falta de consenso dificultan la creación de marcos regulatorios comunes, en un momento especialmente sensible por el riesgo de proliferación de armas autónomas.
La Pax Silica
Los semiconductores se han convertido en un elemento central de la competencia geopolítica por la inteligencia artificial. Aunque las materias primas están repartidas globalmente, China concentra gran parte de su extracción y procesamiento. A su vez, el diseño de chips está dominado por empresas estadounidenses como NVIDIA, mientras que la producción se distribuye entre países como Taiwán y Corea del Sur, junto a otras fases repartidas globalmente. Esta cadena de suministro altamente fragmentada refuerza su vulnerabilidad estratégica.
Para evitar esta debilidad, Estados Unidos ha impulsado un “telón de silicio” con el objetivo de reducir su dependencia de China y reforzar la cooperación con sus aliados, asegurando el acceso a tecnologías clave. La llamada “Pax Silica” apunta a un sistema basado en alianzas selectivas y jerarquizadas: un mercado global abierto, pero con un control tecnológico concentrado en países alineados con Washington. Sin embargo, su estabilidad es incierta, ya que esta coalición responde a intereses estratégicos cambiantes y a la necesidad de diversificar riesgos, especialmente frente a la dependencia de Taiwán.
La política industrial de la UE en inteligencia artificial
El uso de las interdependencias como herramienta geopolítica se ha intensificado en los últimos años. Los países que controlan cuellos de botella tecnológicos pueden utilizarlos como palanca en negociaciones económicas y estratégicas. La Unión Europea parte de una posición de desventaja: Estados Unidos concentra alrededor del 75% de la capacidad de clústeres GPU, frente al 15% de China y menos del 5% en la UE.
Además, Europa tiene una presencia limitada en el desarrollo de modelos avanzados y depende en gran medida de proveedores externos en el mercado cloud, dominado por empresas estadounidenses. Esta debilidad tecnológica reduce su capacidad de influencia global y obliga a la UE a apoyarse en la calidad de sus acuerdos estratégicos para reforzar su posición internacional.
Competitividad tecnológica de la UE
La estrategia de la Unión Europea en inteligencia artificial se articula en varias capas. Destaca, en primer lugar, el desarrollo regulatorio, con el Reglamento de IA como referencia, junto con la coordinación entre instituciones europeas y Estados miembros. A ello se suma la creación de una estructura específica, la Oficina Europea de IA, para gestionar e implementar estas políticas.
Sin embargo, la UE afronta un reto clave: reforzar su competitividad tecnológica para reducir riesgos económicos y de seguridad derivados de su dependencia exterior. En esta línea, el plan de acción para el Continente de IA impulsa infraestructuras como supercomputadores y factorías de IA y plantea el desarrollo de futuras gigafactorías para entrenar modelos avanzados.
Para lograrlo, la UE debe equilibrar tres factores: concentrar la inversión pública sin generar tensiones entre Estados; atraer inversión privada; y fomentar el uso y creación de modelos de IA en el tejido empresarial. Esto implica apostar por sectores estratégicos donde los países miembros puedan liderar y promover la colaboración entre empresas, evitando dispersar esfuerzos en todas las áreas.
Liderazgo europeo en tecnologías críticas
Europa controla uno de los pocos cuellos de botella clave en la industria de semiconductores: la maquinaria de litografía avanzada producida por ASML, lo que otorga a Países Bajos una posición de ventaja. Sin embargo, China ya trabaja en desarrollar alternativas, lo que podría erosionar esta ventaja en el futuro.
Más allá de este caso, la Unión Europea debe asumir sus dependencias y apostar por crear nuevos cuellos de botella en tecnologías emergentes. El principal reto es reforzar su ecosistema innovador: aunque Europa destaca en investigación, muchas empresas carecen de capital para escalar sus innovaciones. Atraer inversión privada será clave para transformar innovación en liderazgo tecnológico.
Recursos:
La cuarta capa de la IA como motor de la competitividad. Raquel Jorge Ricart, Darío García de Viedma. 22 de octubre de 2025.
España aspira a albergar una gigafactoría de IA ¿Conseguirá aunar servidores y servicios? Darío García de Viedma. 14 de julio de 2025.
Risk without borders: the malicious use of AI and the EU AI Act’s global reach. Paula Oliver Llorente. 17 de febrero de 2026.
Pax Silica: alianzas, vanguardia y mercado en la geopolítica del chip. Darío García de Viedma. 14 de enero de 2026.
Créditos de audio:
Intervención de Fidel Sendagorta en Conversaciones Elcano 6×04: Entre Washington y Pekín: la encrucijada europea. Fuente: Real Instituto Elcano. 21 de noviembre de 2026.
Imagen: Superordenador MareNostrum 4 en el Barcelona Supercomputing Center. Foto: Vcarceler (Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0).
