Resumen ejecutivo
El Índice Elcano de Presencia Global confirma el ascenso sostenido de China en el sistema internacional durante las últimas décadas. Este avance se ha articulado principalmente a través de la dimensión económica, que constituye el núcleo de su proyección exterior, aunque en la última década también se aprecia un crecimiento significativo de su presencia militar. El patrón resultante refleja una estrategia de expansión integral, con una base económica robusta y un componente de seguridad cada vez más visible.
La distribución geográfica de esta proyección revela dos rasgos centrales. En primer lugar, la prioridad concedida a su vecindad inmediata, especialmente en Asia-Pacífico, donde China ha consolidado su posición como actor dominante. En segundo lugar, una estrategia de reducción de riesgos que apuesta por la diversificación de socios y mercados, con el objetivo de mitigar vulnerabilidades derivadas de tensiones con las principales potencias occidentales.
En este contexto, China ha reducido su exposición relativa a Estados Unidos (EEUU), la Unión Europea (UE) y Japón, al tiempo que ha intensificado sus vínculos con el denominado sur global. No obstante, esta reorientación no es homogénea. Su presencia se encuentra firmemente asentada en Asia-Pacífico, seguida de América Latina, mientras que en África y Oriente Medio la evolución ha sido más moderada y desigual.
De cara al futuro, el escenario es incierto. El año 2024 marca el primer ejercicio en el que se observa una reducción de la presencia global china, tanto en términos absolutos como relativos. Este cambio podría señalar un punto de inflexión en la trayectoria expansiva de China o, alternativamente, una corrección coyuntural en un proceso de largo recorrido.
Este documento plantea cuestiones relevantes acerca de la trayectoria internacional de China, así como del carácter global o regional de dicha potencia. Se espera que sirva para proporcionar datos y evidencia robusta sobre la evolución de la globalización y la multipolaridad.
Introducción
Bien es sabido que el proceso de globalización de las últimas décadas no podría entenderse sin el auge de Asia, particularmente de China, y el progresivo desplazamiento del centro de gravedad de la economía mundial hacia el Pacífico. Un ascenso apoyado en una estrategia de desarrollo orientada a la exportación y en un rápido avance tecnológico que, mediante un papel activo del Estado, ha transformado profundamente su estructura productiva. Desde las estrategias iniciales de atracción de procesos de deslocalización industrial en los eslabones de menos valor añadido, China ha ido consolidando sus capacidades productivas mediante un proceso de aprendizaje y desarrollo tecnológico y una política industrial activa que le ha permitido ascender hacia actividades de mayor valor añadido, e incluso alcanzar el liderazgo en tecnologías más avanzadas, desafiando la tradicional primacía de EEUU, la UE y Japón.
El modelo político y económico chino se extiende a la concepción que tiene China sobre el orden internacional, marcadamente Estado-céntrica y postwestfaliana. En ella, la soberanía y el control político ocupan un lugar central, frente al paradigma neoliberal de mayor primacía de los mercados y de los actores privados, y en consecuencia un papel estatal más difuso (Esteban, 2025). El superávit comercial de China le otorgó una creciente capacidad de financiación exterior, en parte orientada al mercado de deuda estadounidense, fortaleciendo así una interdependencia comercial y financiera entre ambos que era entendida, hasta fechas recientes, como un mecanismo de seguridad internacional. Pero a medida que se intensificaba esa interdependencia y China ascendía posiciones en las cadenas de producción más tecnológicas, la lógica predominantemente cooperativa ha evolucionado hacia una rivalidad directa con EEUU, con implicaciones para la UE, y al desarrollo de estrategias de autonomía estratégica (Esteban et al., 2025).
La globalización actual está por tanto caracterizada por una creciente fragmentación y rivalidad geoestratégica (Gracia y González, 2025). Frente a la idea de un espacio global homogéneo, se configura una articulación de la economía mundial en torno a distintos espacios de integración regional, que por otro lado ya fueron los focos centrípetos de la globalización hasta ahora conocida, y una gobernanza ampliada a sus respectivas áreas de influencia.
La brecha entre la proyección real de los países y las narrativas interesadas sobre su expansión e influencia es una de las claves para entender el nuevo orden internacional. Por ello esta publicación analiza la evolución de China en el Índice Elcano de Presencia Global aportando datos desagregados geográficamente, con el objetivo de conocer con precisión de qué modo se articula con las distintas regiones del mundo y cómo se alinean estos resultados con sus prioridades declaradas en su estrategia de política exterior. Desde esta perspectiva, cabe preguntarse hasta qué punto China es realmente una potencia global, si ha incrementado su proyección de forma homogénea en todas las regiones o si dicha proyección adopta patrones similares en todas ellas. Una publicación que se suma a ejercicios previos dedicados a EEUU (Olivié y Gracia, 2024) y a la UE (Olivié y Gracia, 2020), completando así un análisis geográfico del modo en que se han articulado geográficamente los principales protagonistas del procesos de globalización de las últimas décadas.
Imagen: Vista de una zona portuaria en Kowloon, Hong Kong, China. Foto: Chunyip Wong / Getty Images.
