Kazajistán: ¿la llave del mundo?

Kazajistán: ¿la llave del mundo?. Protestas en Aktobé (Kazajistán) de 2022. Foto: Esetok / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

Los disturbios que han estallado en Zhanaozén, ciudad al oeste de Kazajistán, por la subida de los precios del gas licuado y que rápidamente se han extendido a otras ciudades kazajas (entre ellas a la antigua capital, Almaty, y la actual Nursultán), arrojan ya un balance de 225 víctimas mortales, alrededor de 4.500 heridos y 10.000 detenidos, según las fuentes gubernamentales.[1] La poca transparencia de las decisiones del presidente kazajo, Kasim-Yomart Tokaev, y su reacción a los disturbios, al más puro estilo soviético –pedir ayuda a Moscú, acusar de complot a los “terroristas extranjeros” y buscar rápidamente un chivo expiatorio para acusarle de alta traición– dificultan un análisis sobre lo qué está pasando en Kazajistán. Sin embargo, por el momento parecen claros los siguientes puntos: (1) Tokaev está dispuesto usar todos los instrumentos para conservar su poder; (2) Rusia sigue siendo la clave del orden de seguridad en Asia Central; (3) el caso de Kazajistán, junto a los conflictos de Bielorrusia, Ucrania, Nagorno-Karabaj, Uzbekistán, así como la desesperación del Kremlin por estar perdiendo el control político en las antiguas exrepúblicas soviéticas, demuestra que el proceso de desintegración de la Unión Soviética, desaparecida formalmente el 25 de diciembre de 1991, todavía no ha concluido, como tampoco lo ha hecho el proceso de reimperialización de Rusia comenzado con la llegada al poder de Vladimir Putin. Los imperios mueren lentamente.

La poca transparencia de las decisiones del presidente kazajo, Kasim-Yomart Tokaev, y su reacción a los disturbios, al más puro estilo soviético (…) dificultan un análisis sobre lo qué está pasando en Kazajistán.

Mira Milosevich-Juaristi

La causa principal de los disturbios es la subida de los precios del gas licuado, pero los motivos verdaderos están en la brecha social, económica y política entre una elite corrupta (la antigua nomenclatura comunista), que se enriqueció rápidamente después de la independencia de Kazajistán de la URSS en 1991 gracias a los recursos naturales del país (gas, petróleo, uranio), y una ciudadanía que no ha participado en la distribución de la riqueza. El hecho de que los manifestantes culpen de esta situación a Nursultán Nazarbáyev, “el padre de la nación”, que estuvo en el poder desde 1991 a 2019, refleja la fragilidad del sistema político del país más grande e influyente de Asia Central, y el fracaso de la transición desde la condición de provincia de un imperio a la de un Estado nación.

El sistema político de Kazajistán, al igual que el de otros cuatro países, y exrepúblicas soviéticas de Asia Central (Uzbekistán, Kirguistán, Turkmenistán y Tayikistán) es de “Estado postsoviético híbrido”: son frágiles, con posibilidad de convertirse en Estados fallidos (Kirguistán, Turkmenistán y Tayikistán, sobre todo); sus gobiernos son autocráticos (una mezcla de sistema parlamentario y presidencialismo). La corrupción, la falta de transparencia legal y legislativa, el clientelismo, el escaso respeto a los derechos humanos y la fuerte represión de todas las organizaciones de la sociedad civil son rasgos propios de estos Estados. La abundancia de recursos naturales (principalmente gas y petróleo) les ha permitido conservar su relativa autonomía (en relación con Rusia), pero han impedido diversificar su economía. Asimismo, los cinco países intentan conservar su neutralidad en la política exterior.

Tokaev ha declarado que los “terroristas y grupos extranjeros, en su mayoría procedentes de Afganistán,” son los provocadores de los disturbios. El pasado 5 de enero, destituyó a todos los miembros del gobierno y hombres clave de los servicios de Seguridad e Inteligencia: Karim Masimov, el jefe del Comité de Seguridad Nacional (CSN), al que además ha acusado de “alta traición” por no desvelar la existencia de “los campos de entrenamiento de las personas que han incitado los disturbios”, y a Azamat Abdimomúnov, el subjefe del CSN. Llama la atención que no haya sido destituido el número dos del CSN, Samat Abish, sobrino de Nazarbáyev, ya que toda la purga parece una lucha entre los oligarcas kazajos y un ritual para desvincular a Tokaev de Nazarbáyev[2].

Los disturbios en Kazajistán no representan un fenómeno nuevo en los países del espacio postsoviético, pero sí lo es la petición de ayuda de Tokaev a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC). Solo 24 horas después de la solicitud de Tokaev, Rusia envió al país un contingente de pacificación de 3.000 efectivos, un ejemplo seguido por otros países miembros, aunque en proporción mucho más modesta. La OTSC fue creada en 1992 como una alianza militar en el marco de seguridad de la región. Sus miembros actuales son Rusia, Bielorrusia, Armenia, Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán (han salido de la organización Azerbaiyán, Georgia y Uzbekistán, y son países observadores Afganistán y Serbia). Las bases militares rusas en Tayikistán y Kirguistán le permiten actuar como líder regional indiscutible en materia de seguridad. A pesar de que la OTSC es una alianza militar, a imitación de la OTAN, e implica la defensa colectiva de cada uno de sus miembros, el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán en Nagorno-Karabaj demostró que ningún país iba a involucrarse en el conflicto para defender a Armenia. Así, la OTSC sirve sobre todo como un marco para garantizar la influencia de Rusia en la región e impedir los conflictos interétnicos (o por el agua) de los cinco países de Asia Central. Hasta ahora, la OTSC nunca ha enviado tropas a ninguno de los países miembros. Su primera intervención se ha producido a causa de disturbios internos de uno de los aliados (de allí la necesidad de definir a los manifestantes como “terroristas extranjeros”). El Kremlin ha definido los disturbios de Kazajistán como una “revolución de color” (apoyo de Occidente a las transiciones a la democracia de los países con régimen autocrático). En el contexto de las conversaciones entre EEUU, la OTAN y la OSCE con Rusia, que se celebraron entre los días 10 y 13 de enero, el liderazgo militar de Rusia en la OTSC supone una demostración de fuerza y una advertencia a Occidente de que Moscú no va a permitir más cambios de régimen en el espacio postsoviético, como ha ocurrido en Ucrania (pero no en Bielorrusia, gracias al apoyo de Moscú). Otro de los mensajes del Kremlin está dirigido a China, un actor cuyas inversiones económicas en la región se están traduciendo en su presencia política mayor, y a Irán, cuyos lazos históricos con Asia Central le hacen un aliado “natural” de los musulmanes de la zona.

El objetivo de Tokaev es mantenerse en el poder. Al margen de su estilo “soviético”, una de las claves para “estabilizar la situación”, aparte del uso de la fuerza militar y policial, ha sido el bloqueo de Internet y el impedimento de la comunicación de manifestantes a través de las redes sociales (que, como se ha demostrado, ha sido una de las claves del éxito de las manifestaciones en Ucrania y Bielorrusia).

El objetivo del Kremlin es mantener su influencia en Asia Central y seguir ejerciendo su papel de “protector” en la región. Para Rusia, ésta representa una de las claves de su seguridad nacional, ya que comparte con Kazajistán 6.846 kilómetros de frontera. Existe la probabilidad de que estos países se conviertan en Estados fallidos debido a problemas internos, tales como la radicalización de la población musulmana local; el narcotráfico (todo el opio y heroína de Afganistán entran en Europa por la ruta de Asia Central); las tensiones étnicas, sobre todo en Kirguistán, que pueden provocar una guerra abierta dada la profunda división entre el norte y el sur de país (musulmanes / rusos ortodoxos);  la escasez de agua en la región, un motivo de continuas disputas regionales; el conflicto de Nagorno-Karabaj entre Armenia y Azerbaiyán, que representa una amenaza para la estabilidad de toda la región; así como las disputas étnicas en el Valle de Ferganá, la tierra más fértil de la zona, que fue dividida artificialmente –sin tener en cuenta la composición étnica y religiosa– por Stalin entre Kazajstán, Uzbekistán y Tayikistán, con el fin de fortalecer el control central del Kremlin e impedir la creación de fuertes identidades nacionales. Para Rusia, los países de Asia Central son la zona buffer entre Rusia y Oriente Próximo y, hasta ahora, Moscú ha tenido un papel relativamente constructivo en la estabilización de la zona.

El geógrafo inglés Halford J. Mackinder consideró que Asia Central, y en particular Kazajistán, era el heartland planetario (…) y que la potencia que llegase a dominarla tendría la llave del mundo.

Mira Milosevich-Juaristi

El geógrafo inglés Halford J. Mackinder consideró que Asia Central, y en particular Kazajistán, era el heartland planetario –dada su excepcional ubicación geográfica entre Europa, Rusia, Asia y Oriente Medio– y que la potencia que llegase a dominarla tendría la llave del mundo. El siglo XIX fue escenario del Gran Juego de las disputas imperiales entre Rusia y el Imperio Británico. Quizá Kazajistán ya no sea la llave del mundo, pero sí puede ser la clave de lo que seguirá pasando en el largo proceso de desintegración de la URSS y la pérdida de influencia de Rusia en el espacio postsoviético y, en consecuencia, el uso de fuerza militar para recuperarlo. Kazajistán se puede convertir en una nueva Georgia o Ucrania, aunque lo más probable es que sea una “Bielorrusia de Asia Central”, un país cuyo gobierno, igual que el de Alexandr Lukashenko, acepta todas las condiciones de Moscú a cambio de su apoyo para mantenerse en el poder.


[1] Kazajistán cifra en 225 los muertos en las violentas protestas y en 4.500 los heridos. Véase Heraldo Internacional, 15/I/2022, https://www.heraldo.es/noticias/internacional/2022/01/15/kazajistan-cifra-muertos-protestas-violentas-protestas-heridos-1546497.html

[2] “Tokáyev lanza una purga en la seguridad kazaja y tranquiliza a Putin: La situación se estabiliza”, https://www.elconfidencial.com/mundo/2022-01-08/purga-seguridad-tranquiliza-putin-situacion-estabiliza_3355229/

Imagen: Protestas en Aktobé (Kazajistán) de 2022. Foto: Esetok / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)