Chinamérica

Izq: Li Keqiang y Ollanta Humala. Dcha: Li Keqiang y Dilma Rousseff. Blog Elcano
(Izq: Li Keqiang y Ollanta Humala. Dcha: Li Keqiang y Dilma Rousseff)
Izq: Li Keqiang y Ollanta Humala. Dcha: Li Keqiang y Dilma Rousseff. Blog Elcano
(Izq: Li Keqiang y Ollanta Humala. Dcha: Li Keqiang y Dilma Rousseff)

Hace algunos años se habló de Chináfrica, sobre todo en análisis franceses. La expresión Chinamérica se utilizó en un principio para designar las relaciones entre Pekín y Washington. Sin embargo, ahora se podría aplicar como descripción de una nueva realidad surgida en la última década, la que une China y América Latina. El viaje de ocho días del primer ministro Li Keqiang por Brasil, Colombia, Perú y Chile, sembrando una ristra de contratos y proyectos, y en la estela de los dos realizados por el presidente Xi Jinping, parece dibujar un nuevo futuro, aún más integrado aunque de forma desigual.

Este comercio, por ejemplo con Brasil, se ha multiplicado por 12 en una década y China es ya el primer socio económico de ese país, lo que importa aún más a las autoridades brasileñas cuando la economía se ha frenado. Esta es una relación que ha permitido a América Latina crecer, aunque, de nuevo, con una excesiva dependencia en la exportación de materias primas. Lo que ha llevado a que cuando la economía china se ha frenado, la de algunos países latinoamericanos se ha parado. Pero China es, sin duda, parte importante del futuro latinoamericano (y europeo, y de tantos otros).

China se esfuerza porque esta relación vaya a más, desde luego en el terreno de los productos primarios. De ahí que, más allá del interés por el petróleo brasileño, el mayor proyecto cuyo estudio de viabilidad han suscrito Li y Dilma Rousseff, junto a Perú, sea el de una vía férrea transoceánica que conecte el Atlántico y el Pacífico, acabando en la costa de Perú, para poder transportar soja, mineral de hierro y otros productos. Su coste estimado va de U$4.500 millones a US$10.000 millones de dólares sólo para la conexión por el norte a través del Amazonas. Según la presidenta, va a abrirle a Brasil “un nuevo camino hacia Asia”.

América Latina está necesitada de inversiones extranjeras, y muy especialmente en infraestructuras. Según un informe de fDi Markets, la inversión extranjera directa ha caído un 39% en la región, de la mano del menor crecimiento (México y Brasil siguen a la cabeza). Por lo que las inversiones chinas son más que bienvenidas. Es más, un informe de la UNCTAD señala que las inversiones en el extranjero procedentes de economías emergentes están creciendo rápidamente: 484.000 millones de dólares en 2014, es decir, un 30% más que el año anterior, de los que más de la mitad corresponden a China (Hong Kong incluido), que se ha convertido en el mayor inversor en el mundo, sólo por detrás de Estados Unidos. “Chinamérica” es sólo una parte de este nuevo paisaje. De hecho, China y la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe) suscribieron en enero pasado un plan de cooperación que busca aumentar el comercio y la inversión, además de los intercambios en tecnología y otras dimensiones.

China, además, está necesitada de abrir nuevos mercados a su industria de infraestructuras, especialmente de ferrocarriles, que se ha desarrollado sobremanera hacia un mercado interior que se está ralentizando. El gobierno ha fusionado las dos principales empresas del sector para evitar que compitieran con precios a la baja en los proyectos internacionales. Esta vía férrea transoceánica permitiría a China saltarse el canal de Panamá –donde se está abriendo uno nuevo– que considera excesivamente controlado por EEUU. Pues esto es parte del pulso global, más bien bajo el concepto de geoeconomía que de geopolítica. También puede contar lo geosocial. No es casualidad, además de intereses como las inversiones en minas de cobre, que el otro destino principal de esta gira de Li haya sido Perú. En este país se encuentra la mayor población étnica china en América Latina. “La lejanía entre Perú y China solamente es geográfica, para el peruano lo cotidiano y lo normal ha sido desde la infancia la vinculación con los chinos”, ha señalado el presidente del Consejo de Ministros peruano, Pedro Cateriano, al recibir a Li en el Museo Nacional de Arqueología de Lima.

Carlos Malamud ha señalado que América Latina, aun aprovechando las oportunidades que brinda China, debe resistirse a cuatro tentaciones: (1) pensar que es una manera de liberarse de EEUU; (2) apostar por una relación birregional estratégica –Pekín prefiere lo bilateral aunque ahora parece también muy interesada en la relación con la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, México y Perú)–; (3) aprovechar el maná chino; y (4) confiar en la omnipotencia de sus exportaciones primarias, especialmente de alimentos, que, como hemos dicho, han llevado a no invertir suficientemente en otro futuro. Cabría añadir la tentación de dejar de mirar a la vez a Europa, pero Rousseff y el uruguayo Tabaré Vázquez siguen apostando también por la UE, con o sin Mercosur.

El desarrollo de esa Chinamérica hace más interesantes a ojos chinos las empresas españolas presentes en América Latina, y debería reforzar la mirada española hacia China. Hace tiempo que se habla de una triangulación de nuevo cuño.