Ucrania, entre la guerra y la paz injusta

Una bandera de Ucrania corona el tejado de un edificio del gobierno. Sobre el cielo azul, destaca la parte superior del edificio, de color blanco y tejas marrones, y el mástil y la bandera ondeando.
Bandera de Ucrania sobre un edificio del gobierno. Foto: Bartoshd / Getty Images.

Mensajes clave

  • Ucrania se sitúa entre dos riesgos: el de una guerra prolongada que desgaste aún más al país y a los apoyos de sus aliados y el de una paz “digna” que no coincide con sus objetivos políticos y estratégicos anteriores.
  • La guerra sigue siendo un conflicto de objetivos políticos incompatibles, no sólo territoriales. Ucrania lucha por su supervivencia soberana y su anclaje occidental, mientras Rusia busca impedirlo y revisar el orden europeo post 1991.
  • Un elemento central de la estrategia rusa es el uso del tiempo como arma estratégica. Moscú apuesta a que antes colapsarán las Fuerzas Armadas de Ucrania, que la economía rusa castigada por las severas sanciones.
  • La paz como objetivo de negación y supervivencia, no de victoria total. Ante la imposibilidad de una derrota completa de Rusia o una recuperación íntegra del territorio, la guerra ha redefinido sus fines: para Ucrania y sus aliados, la prioridad es impedir que Moscú controle el país o utilice una tregua para rearmarse, mientras Rusia busca un “éxito estratégico” que consolide sus conquistas, bloquee la entrada de Ucrania en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y limite su soberanía. Así, las negociaciones giran en torno a territorio, neutralización y garantías, y el lenguaje ha evolucionado de “paz justa” a “paz digna y duradera”.
  • Fatiga social y apertura creciente para negociar en Ucrania. La población ucraniana muestra un agotamiento profundo y una redefinición pragmática de la victoria: detener la guerra con garantías de seguridad creíbles, incluso aceptando concesiones territoriales limitadas, aunque sigue existiendo un rechazo mayoritario a retirarse de zonas aún controladas.
  • Endurecimiento gradual de la opinión pública rusa. Aunque el apoyo a las negociaciones sigue siendo mayoritario, aumenta la proporción de rusos que prefieren continuar la guerra, lo que sugiere una normalización del conflicto prolongado y un menor apetito social por compromisos si la diplomacia fracasa.
  • Europa puede influir en los acuerdos de paz: condicionando garantías de seguridad, acelerando la integración de Ucrania en la Unión Europea (UE) y liderando su reconstrucción y modernización militar.

Análisis

Introducción

Desde que comenzó la invasión rusa a gran escala de Ucrania hemos analizado este conflicto a través de sus tres niveles: político, estratégico y táctico. También lo hemos examinado como un espejo que refleja aspectos diversos: la ruptura de la arquitectura de seguridad y defensa europea, la política revisionista y revanchista de Rusia, el heroísmo del pueblo ucraniano, la dependencia de Ucrania de la ayuda occidental y, en particular, de Estados Unidos (EEUU), la unidad de los Veintisiete en su apoyo al país vecino, así como la guerra en Ucrania ha acelerado la transformación del orden liberal internacional. Sin embargo, desde que la Administración de Donald Trump ha impulsado las conversaciones sobre un posible acuerdo de paz, la guerra en Ucrania se ha convertido en el símbolo más visible de la transformación de la relación transatlántica y de la prioridad de Washington por recuperar la estabilidad estratégica con Rusia.

A parte del empeño personal del presidente estadounidense de acabar con la contienda, cabe destacar que tanto este intento, como los anteriores durante la Administración Biden, se han basado en la idea de que después del fracaso de la ofensiva ucraniana en 2023, y a pesar de las enormes pérdidas humanas y materiales de Rusia, Ucrania está perdiendo lentamente la guerra, y que postponer un acuerdo de paz, podría suponer un pacto peor que el propuesto en el momento. En noviembre de 2022, el jefe del Estado Mayor de EEUU, el general Mark Milley, secundado por Lloyd Austin, entonces secretario de Estado de Defensa, aconsejó a Ucrania negociar una paz con Rusia porque Kyiv se encontraba en una posición de fuerza, debido a que Rusia había cosechado varios fracasos en su ofensiva, pero sobre todo porque las probabilidades de que Ucrania logre la victoria militar directa de expulsar a Rusia del país “no eran altas, militarmente”.

La guerra: tres niveles del conflicto

Nivel político

Los objetivos políticos de los actores implicados son profundamente incompatibles y no han cambiado desde el comienzo de la guerra, aunque han ido adaptándoselos a las realidades del campo de batalla.

Para Ucrania, la guerra sigue siendo una cuestión de supervivencia estatal. No se trata sólo de preservar el control territorial, sino, y sobre todo, de asegurar la soberanía y la independencia nacional frente a Rusia que niega su autonomía histórica. Kyiv vincula directamente la cuestión de su soberanía a la aspiración del país de integrarse en las instituciones euroatlánticas. La guerra ha acelerado el anclaje de Ucrania en el espacio político occidental, convirtiendo su resistencia en una defensa de seguridad europea y en una afirmación de pertenencia a Europa.

Rusia concibe a Ucrania como un espacio estratégico imprescindible para su interés y seguridad nacional y como un elemento clave de la identidad nacional rusa. La invasión expresa una voluntad del Kremlin de revisar el orden liberal internacional surgido tras 1991, sobre todo la ampliación de la Alianza Atlántica, cuestionando la legitimidad de las fronteras post soviéticas y el derecho de las antiguas repúblicas soviéticas a elegir alianzas. El objetivo ruso no es únicamente territorial, sino político: impedir que Ucrania consolide un sistema político soberano y occidentalizado.

Para la UE (y para la Administración Biden) la guerra es una defensa del principio de integridad territorial y del rechazo a los cambios de fronteras por la fuerza. Sin embargo, desde 2022, este compromiso normativo convive con unos límites prácticos: evitar una escalada directa con Rusia, gestionar el coste económico y político del apoyo prolongado, y mantener la cohesión interna entre aliados. Así, la defensa de Ucrania se ha convertido en un ejercicio de equilibrio entre principios y contención auto impuesta.

La guerra afronta tres ambiciones políticas diferentes: la supervivencia (Ucrania), la revisión y revanchismo (Rusia) y la contención y disuasión (la UE y la OTAN). Ninguna de ellas encaja fácilmente en un compromiso negociado, sobre todo teniendo en cuenta la postura del Kremlin que considera que Rusia está ganando la guerra y que por ello puede sostener sus exigencias maximalistas, entre los cuales especialmente destacan el reconocimiento de facto y de jure de los territorios conquistados y la retirada de las tropas ucranianas del Donetsk en la región de Donbás, que todavía no ha conquistado. Así, Ucrania se sitúa entre dos riesgos: el de una guerra prolongada que desgaste aún más al país y a los apoyos de sus aliados y el de una paz injusta que no coincide con sus objetivos políticos y estratégicos anteriores.

Nivel estratégico

En el plano estratégico, la guerra en Ucrania ha evolucionado desde una ofensiva rápida concebida como operación decisiva hacia un conflicto prolongado de desgaste, en el que el tiempo, los recursos y la resiliencia industrial pesan tanto como las maniobras militares. La dimensión estratégica ya no se define por avances territoriales espectaculares, sino por la capacidad de sostener el esfuerzo bélico, degradar al adversario y resistir la presión acumulativa. En este marco, la guerra se aproxima cada vez más a un equilibrio inestable en el que ninguna de las partes logra imponer una victoria clara, pero todas buscan evitar una derrota política.

El fracaso inicial de Rusia en 2022 marcó el primer gran giro estratégico del conflicto. La tentativa de tomar Kyiv rápidamente y forzar un colapso político del Estado ucraniano no sólo resultó fallida, sino que reveló errores de planificación, subestimación de la resistencia ucraniana y limitaciones operativas significativas.

Desde los fracasos durante 2022, la estrategia rusa ha mostrado una capacidad de adaptación significativa tras los reveses iniciales. Moscú ha reconfigurado su enfoque, combinando defensas en profundidad, movilización parcial, incremento de la producción militar y aprendizaje operativo en el campo de batalla.

Un elemento central de la estrategia rusa es el uso del tiempo como arma estratégica. Moscú apuesta a que antes colapsarán las Fuerzas Armadas de Ucrania, que la economía rusa castigada por las severas sanciones. Desde finales de 2022, la estrategia del Kremlin ha sido no pretender una victoria rápida, sino la creación de una presión prolongada que desgaste la cohesión ucraniana y erosione el apoyo occidental. Además, Rusia ha recurrido sistemáticamente a ataques contra infraestructuras críticas, especialmente energéticas, con el objetivo de debilitar la economía ucraniana, afectar la moral de la retaguardia y dificultar la capacidad del Estado para sostener el esfuerzo bélico.

Ucrania ha logrado importantes éxitos estratégicos y operativos, especialmente en 2022, con contraofensivas como Járkov y la recuperación de Jersón. Estos avances demostraron la eficacia de la combinación entre moral nacional, inteligencia occidental y empleo flexible de fuerzas.

Sin embargo, la contraofensiva de 2023 evidenció los límites estructurales del esfuerzo ucraniano. Las defensas rusas, densamente minadas y apoyadas por artillería masiva, redujeron la capacidad de lograr rupturas decisivas. La guerra se consolidó como un conflicto donde la recuperación territorial resulta extremadamente costosa y lenta. Ucrania combate con determinación, pero su autonomía estratégica está condicionada por la continuidad y escala del respaldo aliado.

Para Occidente, la ausencia de una definición clara de victoria contribuye a una estrategia de contención y reacción más que de resolución. Su estrategia refleja un dilema estructural: proporcionar apoyo suficiente para impedir una victoria rusa, pero sin cruzar umbrales que conduzcan a una escalada directa entre la OTAN y Rusia.

Nivel táctico

En el nivel táctico, la guerra en Ucrania ha adquirido rasgos propios de un conflicto de alta intensidad, caracterizado por la combinación de elementos que recuerdan conflictos del siglo XX (líneas de trincheras, posiciones fortificadas, campos minados extensivos y artillería masiva como principal instrumento de destrucción) y de la tecnología del siglo XXI. Los drones han transformado profundamente el campo de batalla. Los sistemas FPV, baratos y letales, de unidades relativamente pequeñas, pueden destruir vehículos blindados y posiciones defensivas con medios de bajo coste. El resultado es una guerra tecnológicamente avanzada pero tácticamente lenta, en la que la adaptación constante se convierte en condición de supervivencia. Tácticamente, la guerra se ha convertido en una maquinaria de desgaste que hace improbable una resolución de victoria militar de alguno de los dos bandos.

La paz

Desde 2022, los objetivos de Ucrania y sus aliados –una victoria de Kyiv que supondría la recuperación del todo territorio ocupado por Rusia incluida Crimea, el colapso de la economía rusa, esperanza en un cambio de régimen en Moscú y una eventual desintegración de la Federación Rusa– al no cumplirse han evolucionado. El objetivo actual es más sencillo: seguir negando Ucrania a Rusia; eso es, que Moscú no consiga un acuerdo de paz que le permita controlar Kyiv, ni rearmarse para seguir amenazando a los países vecinos y a la seguridad europea. También los objetivos no cumplidos de Rusia –una rápida conquista de Ucrania y el cambio de su gobierno por uno más favorable y controlable por Moscú– han evolucionado. En lugar de una victoria total, Rusia busca un “éxito estratégico”, que refleje sus líneas rojas, eso es, quedarse con Crimea y con el territorio conquistado y el no conquistado de la región de Donbás que reclama como “parte histórica de Rusia”, limitar el número de soldados de las Fuerzas Armadas ucranianas, vetar la entrada de Ucrania en la OTAN. De las intensas negociaciones de paz se saben pocos detalles, pero se centran en cuatro puntos: cesión ucraniana de territorio a Rusia; limitaciones a la expansión de la OTAN, una zona desmilitarizada en Donetsk y un mecanismo de verificación para evitar un nuevo acuerdo Minsk. La narrativa sobre el conflicto está cambiando en Ucrania: su gobierno ya no habla de una  “paz justa”, sino de “una paz digna y duradera”, mientras Moscú sigue insistiendo en “una paz que solucione raíces históricas del conflicto”.

El mayor escollo: Donetsk

Durante meses, funcionarios rusos han sugerido que Moscú no dejará de combatir hasta que Ucrania entregue alrededor de 5.000 km2 de la región de Donetsk que Kyiv aún controla. Donetsk es central para toda la narrativa bélica del Kremlin: desde 2014, la propaganda rusa ha presentado el Donbás (Donetsk y Lugansk) como “territorios históricos rusos” y ha descrito la invasión como una misión para “salvar” a la población rusa y rusófona. Conquistar el resto de Donetsk también ayudaría a Putin a construir un relato de victoria a partir de un costoso estancamiento. Si Rusia obtiene en la mesa de negociación lo que no ha logrado por la fuerza, lo presentará como una victoria en la guerra, por haber dictado los términos de su final. Dado el altísimo precio pagado por las tropas y las familias ucranianas en la defensa del Donbás, cualquier concesión allí sería de un enorme valor político que probablemente el gobierno de Zelenski no puede asumir si ambiciona ser reelegido. Además, la parte de Donetsk controlada por Ucrania es una de las zonas más fortificadas de frente, con líneas defensivas que se remontan a 2014. Si Rusia la obtuviera, Ucrania perdería un colchón clave y quedaría más expuesta ante cualquier hipotética ofensiva rusa.

Opinión pública sobre las conversaciones de paz

Todas las partes involucradas en la guerra notan una fatiga. Vitaliy Kim, gobernador de la provincia meridional ucraniana de Mikolaiv y un aliado clave de Volodímir Zelenski, declaró que “todo el mundo está muy cansado”, subrayando que la mayoría de los ucranianos define ahora la victoria como detener la guerra con garantías de seguridad creíbles para que sus hijos puedan recuperar una vida normal. “Sólo somos 40 millones de personas y todo el mundo está exhausto. Nuestros soldados no pueden luchar durante cuatro a diez años”. Al otro lado de la frontera, en la región rusa de Bélgorod, las comunidades de primera línea también están agotadas: pueblos vaciados, infraestructuras eléctricas atacadas repetidamente y residentes que ignoran las sirenas mientras se dirigen al trabajo.

En julio de 2025, un 69% de los ucranianos estaban a favor de una paz negociada para poner fin a la guerra. Hasta ahora, los ucranianos siempre han rechazado la idea de conseguir un acuerdo de “paz por territorios”. Sin embargo, como señaló Vitaliy Kim, “el territorio es importante, pero aún más importante son las vidas humanas y la situación es que no sabemos qué va a ocurrir mañana”. En enero de 2026 una encuesta del Instituto Internacional de Sociología de Kyiv reveló que el 40% de los ciudadanos aceptaría ceder la región del Donbás a cambio de garantías de seguridad firmes que eviten futuras invasiones de Rusia. Sin embargo, el 52% de la población rechaza la exigencia de Moscú de la retirada de Ucrania de las zonas que aún controla al este del país.

Según los datos de la encuesta pública realizada por el Centro Levada en enero de 2026, hay un notable endurecimiento de la actitud del público ruso hacia la guerra en Ucrania. El apoyo a las conversaciones de paz cae: la proporción de rusos que creen que su país debería continuar con las operaciones militares en lugar de continuar las negociaciones de paz con Ucrania aumentó hasta en un 25% (seis puntos porcentuales), aumentando del 25% en diciembre de 2025 al 31% en enero de 2026. Durante el mismo período, la proporción de encuestados que están a favor de iniciar negociaciones de paz en lugar de continuar con las operaciones militares disminuyó en un 9% (5,4 puntos porcentuales), del 66,4% en diciembre al 61% en enero. Si bien la encuesta indica que el apoyo a las conversaciones de paz inmediatas siguió siendo mayor que el apoyo a que la guerra continúe, si las conversaciones de paz fracasan, el equilibrio podría cambiar hacia una mayor aceptación de la escalada. Estas tendencias apuntan a una posible mayor normalización de una larga guerra y a la reducción del apetito público por el compromiso en Rusia.

Conclusiones y recomendaciones

Existe la sensación de que se perdió la oportunidad de negociar un acuerdo de paz con una Rusia debilitada en 2022 o aprovechar para armar a Ucrania suficientemente para ganar la guerra. Desde entonces, cualquier acuerdo de paz será peor. El empuje estadounidense para acabar la guerra refleja el giro estratégico y obliga a Europa a asumir mayores responsabilidades estratégicas y militares, no sólo respecto a Ucrania. El margen europeo aumenta en responsabilidad, sobre todo en la defensa primaria, pero se está estrechando en la autonomía política efectiva.

Una paz digna, aunque injusta para Ucrania, sería recibir sólidas garantías de seguridad que protegen su soberanía y la integridad territorial, así como de protegerla de un eventual futuro ataque ruso, aceptables para Ucrania y aceptables para Rusia.

La ausencia de Europa en la mesa de negociaciones pone de relieve que no puede frenar un acuerdo impuesto por la Administración Trump, porque no tiene la capacidad de llenar el eventual vacío si Washington corta la venta del armamento estadounidense y deja de compartir la inteligencia con Kyiv. Sin embargo, Europa puede influir: condicionar las garantías, la integración occidental de Ucrania y la sostenibilidad estratégica del resultado final. Ante todo, debe acelerar la adhesión de Ucrania (y Moldavia) a la UE. Probablemente la integración de Ucrania en la UE no se producirá en 2027, pero debería producirse antes 2030. Además, Europa debe liderar la reconstrucción económica y estabilización política de Ucrania, y financiar la modernización de las Fuerzas Armadas con capacidades interoperables de la OTAN.

En el quinto año de la guerra, es probable que Rusia y Ucrania sigan luchando y sigan negociando, desgastando sus propias fuerzas y las del adversario, aunque también seguirán insistiendo en lo “constructivas” que son las negociaciones cuando hablen con el presidente Trump o sus enviados.