¿Qué podemos esperar en el Estrecho de Taiwán tras las elecciones taiwanesas?

Palacio Presidencial de Taipéi iluminado de noche. El Palacio es oficina del presidente y el vicepresidente de la República de China. Elecciones taiwanesas
Palacio Presidencial de Taipéi, sede del gobierno de la República de China (Taiwán). Foto: SU TSUI LING / Getty Images

Tema

Se analizan los resultados de las elecciones generales taiwanesas y sus implicaciones internacionales, planteando posibles escenarios de evolución en el estrecho de Taiwán a corto y medio plazo.

Resumen

El escenario base para el estrecho de Taiwán tras las elecciones taiwanesas será continuista sin grandes iniciativas para modificar el statu quo desde Pekín, Taipéi o Washington. El desgaste del Partido Progresista Democrático (PPD), que ha perdido apoyos en las últimas elecciones y perdido el control del parlamento, dificulta una política aventurista por parte del nuevo gobierno. Por su parte, tanto Biden como Xi han apostado en los últimos meses por reducir las tensiones bilaterales para centrarse en asuntos domésticos en un 2024 que estará marcado por las elecciones presidenciales estadounidenses y los esfuerzos de las autoridades chinas por reactivar su economía.

Análisis

El estrecho de Taiwán es uno de los puntos geopolíticos más calientes del planeta ya que, en palabras del presidente chino, Xi Jinping, es el asunto más importante y peligroso de la relación bilateral entre China y Estados Unidos (EEUU). De ahí que cualquier cambio significativo en las dinámicas de la zona deba ser seguido con atención.

El 13 de enero de 2024 se celebraron elecciones generales en la República de China (Taiwán). Ese día fueron convocados a las urnas casi 20 millones de taiwaneses en una doble cita electoral: presidencial y legislativa. En un sistema bipartidista en el que los dos partidos mayoritarios, el Partido Nacionalista de China (Kuomintang, KMT) y el PPD, tienen la identidad nacional y las relaciones con la República Popular China como principal vector de competencia electoral, es evidente que los resultados de estos comicios tienen importantes repercusiones internacionales. Este análisis va a examinar, por orden de exposición, los resultados de los recientes comicios taiwaneses; las posiciones en materia de política exterior y defensa de los principales actores políticos de la isla, especialmente del presidente electo y su vicepresidenta; las reacciones que se han producido desde el exterior, fundamentalmente desde Pekín, Washington y Bruselas; posibles escenarios de evolución del clima geopolítico en el estrecho de Taiwán a corto y medio plazo.

Resultados electorales

Comenzando por las elecciones presidenciales, el titular evidente es la victoria, por tercera vez consecutiva, del ticket presentado por el PPD. Este es un hito histórico pues es la primera vez que el mismo partido político consigue imponerse en tres comicios presidenciales desde que éstas comenzaron a celebrarse en 1996. Sin embargo, este innegable éxito del PPD tiene algunos matices significativos que indican un cierto agotamiento del electoral taiwanés con este partido que dificultarán la labor del presidente electo y que previenen cualquier tipo de aventurismo político por parte del nuevo gobierno.

La candidatura encabezada por Lai Ching-te (William Lai), y compuesta también por Hsiao Bi-khim (Louise Hsiao) como vicepresidenta, se impuso con el 40% de los votos. Esos casi 5,6 millones de sufragios son 2,5 millones menos que los 8,1 millones que permitieron a Tsai Ing-wen optar a un segundo y último mandato presidencial en 2020. Este descenso de los apoyos a la candidatura del PPD no se explican sólo por el descenso de tres puntos en la participación, pues la presidenta Tsai recibió respetivamente el 56% y el 57% de los votos en 2016 y 2020.

En 2024 ha sido la segunda vez, en las ocho elecciones presidenciales celebradas hasta ahora en Taiwán, que la candidatura presidencial se impone por mayoría simple en vez de por mayoría absoluta. Al igual que en las elecciones de 2000, el PPD ha vencido a una oposición que llegaba dividida. A pesar de anunciar a mediados de noviembre un principio de acuerdo para presentar una candidatura conjunta conformada por sus dos candidatos, el KMT y el Partido Popular de Taiwán (PPT) fueron incapaces de consensuar el método para determinar quién de los dos encabezaría la candidatura y quién irían como candidato a la vicepresidencia. A la postre, el ticket del KMT quedó en segundo lugar, con el 33,5% de los votos; 6,5 puntos menos que el PPD y siete más que el 26,5% recibido por la candidatura del PPT.

El desgaste sufrido por el PPD tras ocho años de gobierno ha sido particularmente evidente en las elecciones legislativas, pues ha perdido el control del parlamento, el Yuan Legislativo. Esto puede dar lugar a dinámicas de cerrojo institucional en las que un gobierno del PPD sea incapaz de aprobar presupuestos e iniciativas legislativas. De los 113 escaños del parlamento, el KMT pasa a controlar 52, 14 más que en la legislatura anterior; el PPD pierde 10, quedándose en 51; el PPT gana tres para quedarse en ocho; y los dos restantes los ocupan dos candidatos independientes ideológicamente afines al KMT. Estamos, por tanto, ante un parlamento fragmentado sobre el que nadie ha conseguido una mayoría absoluta de 57 asientos. Por tanto, el PPT tendrá un papel clave, pues puede decantar el voto del parlamento en un sentido o en otro en aquellas cuestiones en las que no haya consenso entre el KMT y el PPD.

¿Cómo piensan las élites políticas taiwanesas que hay que relacionarse con China?

Aunque ha habido asuntos de la agenda doméstica muy presentes durante la campaña electoral (vivienda, empleo, energía nuclear, sanidad, inflación, natalidad, fraude en internet…), China volvió a ser el tema central de las elecciones presidenciales. Buen ejemplo de ello fue el debate entre los tres candidatos durante dos horas y media en la televisión pública taiwanesa el pasado 30 de diciembre. De los cinco segmentos en los que se dividió el debate, sólo uno estuvo dedicado a cuestiones socioeconómicas, los otros cuatro se centraron en las relaciones con EEUU, el llamado Consenso de 1992 sobre la soberanía de China y Taiwán, la Constitución y su definición del territorio de la República de China, y la interferencia de China la sociedad taiwanesa.

Uno de los errores más frecuentes al caracterizar las posiciones del KMT y el PPD hacia la China continental es definir a los primeros como favorables a la reunificación entre China y Taiwán y a los segundos como favorables a la independencia de la isla, entendiendo como tal la proclamación de un Estado taiwanés, que se arrogaría internacionalmente la soberanía sobre el territorio y la población que controla actualmente la República de China (Taiwán) en vez de sobre toda China. Basta con ver las actitudes de la población taiwanesa hacia el estatus político entre las dos orillas del estrecho para percatarse de que esta perspectiva no es acertada. Según los datos más recientes publicados por el Election Study Center de la National Chengchi University de Taipéi, junio de 2023, apenas el 1,5% de los taiwaneses desea la unificación con China continental tan pronto como sea posible, mientras que sólo el 4,5 desea la independencia de Taiwán tan pronto como sea posible. Por tanto, la inmensa mayoría de la población es favorable al mantenimiento del statu quo, que implica la independencia de facto de Taiwán. La República de China (Taiwán) es un Estado que se arroga internacionalmente la representación política de China y, aunque sólo es reconocido como tal por 12 países, es independiente de facto al contar con instituciones soberanas que regulan un determinado territorio (fundamentalmente la isla de Taiwán) y su población (unos 23 millones de personas). Por tanto, la controversia en el debate interpartidista se centra en cómo gestionar la actual independencia de facto de Taiwán.

El partido en el gobierno desde 2016, el PPD, caracteriza a China fundamentalmente como una amenaza. Para este partido, los riesgos que pueden derivarse de un estrechamiento de los vínculos con China son mayores que los beneficios, debido a la enorme asimetría que existe entre las dos orillas del estrecho. Esto facilitaría que esos vínculos, comerciales, financieros, etc., pudieran usarse desde Pekín para ejercer presión sobre Taiwán. De ahí que el PPD abogue por una política de diversificación de las relaciones internacionales de Taiwán para reducir su dependencia del continente. Este planteamiento quedó recogido en la Nueva Política Hacia el Sur de la presidenta Tsai Ing-wen, dirigida a estrechar los lazos de Taiwán con una serie de países de Asia del Sur, del Sudeste asiático y de Oceanía. El próximo gobierno taiwanés muy probablemente continúe con esta política, lo que podría ofrecer oportunidades para estrechar las relaciones no oficiales con Europa. Aquí previsiblemente destacará el papel de la vicepresidenta electa, Hsiao Bi-khim, que tiene una amplia trayectoria internacional frente a un Lai Ching-te muy centrado en temas domésticos. Hsiao es una de las voces más influyentes dentro del PPD en política exterior y fue la representante de la República de China en EEUU entre 2020 y 2023.

Por el contrario, el KMT ve a China más como una oportunidad que como una amenaza y considera que unas relaciones fluidas con el continente son ventajosas para Taiwán, porque aumentan su prosperidad y su espacio internacional.  Esto no implica abogar por una integración política con la República Popular China y su candidato en las pasadas elecciones, Hou You-yi, rechaza la fórmula de “Un país, dos sistemas” propuesta por Pekín. El TPP, por su parte, no enfatiza tanto en este asunto y se centra más en temas socioeconómicos. En cualquier caso, su posición podría definirse como intermedia entre la de los dos principales partidos.

Estas discrepancias se manifiestan de diferente manera en las diversas convocatorias electorales. Por ejemplo, en 2012 y 2016 el foco se puso sobre la velocidad y la profundidad de la integración económica entre las dos orillas del estrecho y en 2020 sobre las lecciones para Taiwán del deterioro de las libertades en Hong Kong. En las pasadas elecciones el encuadre ha estado marcado por la guerra en Ucrania y las posibilidades de una agresión desde China contra Taiwán. Aquí la posición del PPD es identificar la República Popular China como única responsable de la amenaza contra Taiwán y a sí mismo como el partido más comprometido con la defensa de la isla. Un ejemplo evidente de este énfasis en la visibilización de la amenaza china fue la alarma difundida por el Ministerio de Defensa el 9 de enero tras el lanzamiento de un satélite chino. Por el contrario, el KMT, presentó estos comicios como una elección entre la estabilidad en el estrecho y la prosperidad, garantizados por el KMT, y las tensiones geopolíticas y la crisis económica que provocarían las políticas del PPD. En palabras de Hou You-yi: “El statu quo bajo el gobierno del PPD está llevando a Taiwán peligrosamente cerca de la posibilidad de una guerra. Sin embargo, el statu quo que estoy persiguiendo es paz y estabilidad en el estrecho de Taiwán, y es responsabilidad de los líderes no provocar la guerra”. Esta narrativa está alineada con la difundida desde Pekín, identificando a William Lai y a Hsiao Bi-khim como “separatistas radicales” y culpando a los líderes del PPD de llevar al estrecho de Taiwán al borde de la guerra con estas posiciones independentistas. 

Acciones y reacciones internacionales a las elecciones generales taiwanesas

Durante los meses previos a las elecciones, las autoridades chinas atenuaron sus acciones más beligerantes, puesto que éstas se han mostrado contraproducentes en el pasado. Sin embargo, de manera más sutil pero decisiva, Pekín ha continuado intentando influir sobre los mismos. En este sentido, el objetivo mínimo para Pekín es evitar una declaración formal de independencia, a la vez que, desde una perspectiva más ambiciosa aspiran a favorecer la integración de Taiwán dentro de la República Popular China.

Además de la ya mencionada identificación sistemática del PPD y sus candidatos como un peligro para la seguridad y la prosperidad de los taiwaneses, desde China se ha recurrido a la difusión de noticias falsas y a acciones de influencia como el pago de viajes a China continental para líderes locales. Mención aparte merecen su instrumentalización de los lazos económicos entre las dos orillas del estrecho y la coerción militar. En el ámbito económico China puso en entredicho la continuidad del Acuerdo Marco de Cooperación Económica que mantiene con Taiwán, netamente beneficioso para la isla desde una perspectiva meramente comercial, y retiró el tratamiento tarifario preferencial que tenían 12 tipos de productos petroquímicos taiwaneses; a la vez que se dirigió a sectores empresariales taiwaneses para prometerles mejores condiciones de acceso al mercado chino si mejora el clima político entre las dos orillas del estrecho. En el ámbito, militar hubo un descenso significativo de las violaciones de la zona de identificación aérea de Taiwán desde septiembre de 2023 incluyendo el periodo de campaña electoral. Durante el último cuatrimestre del año su número mensual fue cayendo progresivamente, 225 incursiones en septiembre, 141 en octubre, 110 en noviembre y 80 en diciembre. Si computamos los 28 días de campaña electoral, del 16 de diciembre al 12 de enero, y añadimos el día de las elecciones, se produjeron 55 incursiones. En su lugar, se han utilizado medios más blandos para mantener la presión psicológica sobre la isla, como el lanzamiento de globos de reconocimiento sobre Taiwán. Tras la victoria del PPD también se ha mantenido la preferencia por vías no militares de presión y el 14 de enero Nauru estableció relaciones diplomáticas con la República Popular China, dejando en 12 el número de países que mantienen relaciones diplomáticas oficiales con el gobierno de Taipéi y elevando a 10 el de los que han dejado de hacerlo durante los ocho años de la presidenta Tsai Ing-wen en el poder.

EEUU es un actor cuya voz también se deja sentir en los comicios taiwaneses. Tanto la Casa Blanca como la Cámara de Representantes se posicionaron en los días previos a las elecciones. Aunque ambos dieron muestras de apoyo a la democracia taiwanesa, su mensaje tiene connotaciones diferentes que evidencian el mayor respaldo que suele encontrar Taiwán en el parlamento estadounidense. Partes de la rueda de prensa ofrecida por un alto cargo del Consejo de Seguridad Nacional el 11 de enero están dirigidas a reasegurar a China explicitando el carácter no oficial de la relación entre Washington y Taipéi, la oposición estadounidense a cambios unilaterales en el statu quo por cualquiera de las partes o su no apoyo a la independencia de Taiwán. Por su parte, la Cámara de Representantes aprobó justo el día antes de las elecciones generales taiwanesas dos medidas para oponerse a la presión de China para excluir la participación de Taiwán en los organismos financieros internacionales, poniendo el acento en la necesidad de seguir profundizando en las relaciones bilaterales con Taiwán y en aumentar el espacio internacional de su gobierno.

Por su parte, el Servicio Europeo de Acción Exterior emitió un comunicado tras las elecciones felicitando a los votantes por ese ejercicio democrático y explicitando su oposición a cualquier intento de modificación unilateral del statu quo. Esta declaración mantiene la línea de reforzar las relaciones con la isla en el marco de la política de una sola China.

Conclusiones: Escenarios

A pesar de que el perfil del presidente y la vicepresidenta electos podrían presagiar una mayor proactividad a favor del reconocimiento legal de la independencia de Taiwán, con el consiguiente incremento de la tensión en el estrecho de Taiwán, hay una serie de factores que apuntan a que el escenario base para este 2024 será continuista.

En primer lugar, los resultados de las elecciones presidenciales y legislativas dificultan una política aventurista por parte del nuevo gobierno. La victoria de Lai se ha producido con el menor porcentaje del voto popular para un presidente del PPD desde que Chen Shui-bien ganase en 2000 con el 39,3% de los votos. Además, al haber perdido el control del parlamento, el PPD tendrá que buscar el apoyo de otros partidos que son más favorables a mantener unas relaciones fluidas con China.

A esto hay que añadir que Lai es consciente de la preocupación que genera en la Administración Biden el estallido de una crisis en el estrecho internacional en año electoral y en un contexto internacional tan convulso como el actual. De ahí que publicase una carta abierta en el Wall Street Journal titulada “Mi plan para preservar la paz en el Estrecho de Taiwán” y cuya última frase era “Siempre trabajaré a favor de la paz y la estabilidad por el pueblo de Taiwán y la comunidad internacional”. En esta misma línea, en su discurso de victoria durante la noche electoral el presidente electo se comprometió a seguir la línea de la presidenta Tsai, a “mantener la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán” y actuar conforme a la constitución de la República de China. Habrá que ver si endurece el discurso contra Pekín durante su discurso inaugural el 20 de mayo, pero, por ahora, nada indica que vaya a ser así.

Hasta el momento la posición de Pekín también parece continuista en términos generales. Las autoridades chinas no han aprovechado la victoria de Lai para redoblar la presión sobre Taiwán, como sí hicieron tras la vista de Nancy Pelosi a la isla en agosto de 2022. Los resultados de las elecciones taiwanesas no han obligado a Xi Jinping a modificar su política hacia Taiwán por lo que su posición está siendo reactiva, reciprocando hasta el momento la actitud prudente del presidente electo taiwanés. 2024 no parece el año en el que China vaya a adoptar de forma proactiva una estrategia marcadamente más agresiva hacia Taiwán. En un contexto en el que la prioridad del gobierno chino es la reactivación de la economía, las consecuencias económicas de una escalada militar en el estrecho serían muy perjudiciales para la estabilidad del régimen. De ahí que no sea previsible un incremento de la presión militar china sobre Taiwán, sino el mantenimiento de una estrategia que combina presión económica, diplomática y militar limitadas. Aunque los profundos vínculos económicos que unen a las dos orillas del estrecho son más relevantes para la economía taiwanesa que para la China, también generan dependencias significativas que desincentivan acciones agresivas por parte de Pekín. Aquí destaca el llamado “escudo de silicio”, derivado de la posición dominante de Taiwán en la producción mundial de semiconductores, un 65% del total mundial que se eleva hasta el 90% para los chips más avanzados.

Si no se producen cambios significativos en el statu quo por parte de Taiwán o EEUU, China muy probablemente modulara la intensidad de su presión evitando medidas, como un bloqueo o un ataque militar contra la isla, que pudieran detonar una reacción internacional contra Pekín. El coste podría ser enorme, resultando particularmente contraproducente para China estar en el centro del debate electoral estadounidense por una agresión contra Taiwán, pues también mantiene una estrechísima integración financiera y productiva con EEUU. Es más, el equilibrio militar en el estrecho de Taiwán sigue siendo favorable a EEUU, implicando un enorme desafío a la viabilidad de una guerra de distracción contra Taiwán para buscar apoyo doméstico en un contexto socioeconómico negativo. El riesgo se sencillamente demasiado alto.

Además, como explica el director del Programa de Estudios de Seguridad del MIT, Taylor Fravel, en las guerras que ha iniciado el Partido Comunista de China en momentos de debilidad interna, contra la India en 1962, la URSS en 1969 y Vietnam en 1979, su motivación no ha sido intentar aumentar su popularidad entre la población, sino mostrar su fortaleza para disuadir a sus adversarios de seguir deteriorando la posición geoestratégica de China. Esta fue justo la dinámica que se vivió durante la cuarta crisis del estrecho de Taiwán en el verano de 2022. Entonces el principal mensaje que quisieron lanzar las autoridades chinas fue que el vaciamiento de la política estadounidense de una sola China tendría consecuencias y que estas serían todavía más severas si Washington persistía en esta vía. Este análisis es congruente con la dinámica diplomática de los últimos meses entre EEUU y China. Como se vio nítidamente en el encuentro entre Biden y Xi del pasado noviembre en California, ambos han apostado por reducir las tensiones bilaterales para centrarse en asuntos domésticos. En consecuencia, no parece que ninguno de los principales actores involucrados vaya a impulsar intentos novedosos significativos para modificar el statu quo en el estrecho de Taiwán en los próximos meses. El acontecimiento que podría modificar esta dinámica sería un cambio de gobierno en EEUU a raíz de las elecciones presidenciales del próximo noviembre.