Los desafíos del nuevo gobierno de Modi y las implicaciones para su política exterior

El primer ministro de India, Narendra Modi. Foto: GovernmentZA (CC BY-ND 2.0)

Tema

La segunda victoria electoral por mayoría absoluta del primer ministro Narendra Modi y su partido Bharatija Janata, de centroderecha y nacionalista hindú, confirma su liderazgo y le consolida en el poder de la mayor democracia del mundo.

Resumen

Pese a la situación delicada de la economía y el desgaste en el poder durante su primer mandato, el primer ministro Narendra Modi ha renovado su mayoría absoluta en las elecciones indias celebradas entre el 11 de abril y el 19 de mayo. Su partido, el Bharatija Janata, de centroderecha y nacionalista hindú, ha aumentado su representación parlamentaria con una campaña centrada en asuntos de seguridad y en promover su visión identitaria del país desde el nacionalismo hindú, religión mayoritaria en la India.

El nuevo mandato de las urnas otorga a Modi cinco años más para responder a las expectativas de su electorado en los temas de seguridad e identidad nacional, desarrollar reformas económicas que permitan un crecimiento sostenible con una alta creación de empleo para su población joven, así como repensar una política exterior que le permita mantener la independencia estratégica india en un contexto global cada vez más polarizado.

Análisis

El primer ministro indio, Narendra Modi, ha consolidado su liderazgo con su segunda victoria electoral consecutiva por mayoría absoluta, en los comicios organizados en el país asiático entre el 11 de abril y el 19 de mayo. Modi es el primer jefe de gobierno indio, desde Indira Gandhi a comienzos de la década de los 70, en conseguir dos mandatos sucesivos con una clara mayoría parlamentaria. Su victoria confirma su popularidad y consolida su poder en la mayor democracia del mundo.

El partido político de Modi, el Bharatija Janata Party (BJP), de centroderecha y nacionalista hindú, ha conseguido 303 escaños de un total de 543 en el Lokh Sabha (Parlamento). Esta victoria incluso aumenta su número de diputados desde su histórico resultado de 282 hace cinco años, el mejor en la historia de la formación, ahora superado. Un factor de apoyo adicional lo constituye también una de las participaciones más altas de las últimas convocatorias, con un 67,11% de los 900 millones de personas que tenían derecho a voto.

El renovado apoyo de Modi en las urnas tiene un valor mayor, ya que se ha producido en un entorno económico complicado para la India. Pese a que el índice de crecimiento sigue siendo excelente comparado con los de otras grandes economías, en torno al 7%, las cifras de desempleo están entre las peores de las últimas décadas y el sector agrícola, en el pasado clave para el país, sufre una importante crisis.

Modi ha puesto en marcha durante su primer mandato importantes proyectos y reformas en el campo económico, aunque algunos habían sido recibidos con resistencia y cierto escepticismo. Por ejemplo, en 2016 en un proceso abrupto de desmonetización para favorecer la economía formal y fortalecer el sistema bancario, se retiró de la circulación sobre el 86% del dinero en efectivo, causando dificultades para buena parte de la población india.

Sin embargo, este marco complicado no ha deteriorado el apoyo popular al primer ministro, que ha centrado su campaña electoral prioritariamente en asuntos de seguridad y en promover su visión identitaria del país desde el nacionalismo hindú, religión mayoritaria en la India, en comparación con las elecciones de 2014 donde la reforma de la economía y la lucha contra la corrupción fueron sus ejes fundamentales. Pese a tratarse de una democracia parlamentaria, esta elección se ha caracterizado por una campaña casi presidencialista, centrada en torno al apoyo o rechazo del liderazgo personal de Modi.

La principal fuerza de la oposición, el Partido del Congreso, de centro izquierda y de filosofía secularista en el ámbito religioso, ha sufrido un nuevo revés. Liderado como sucedió en 2014 por Rahul Gandhi, cinco años después del peor resultado electoral de su historia, sólo ha conseguido mejorar marginalmente su apoyo con 52 escaños, que representan menos del 10% del total de diputados en el Lokh Sabha y sólo ocho más que en las últimas elecciones.

Los resultados positivos del partido del Congreso en las elecciones regionales de diciembre de 2018 en estados indios, dentro del esquema federal del país, como Madhya Pradesh, Rajasthan y Chhattisgarh, así como los problemas económicos antes mencionados, habían generado una expectativa de posible cambio. No obstante, el BJP y el primer ministro Modi han obtenido victorias decisivas también en esos estados clave, demostrando que el electorado indio puede dar su voto para cambiar el poder a nivel regional y después apoyar la figura de Modi como líder fuerte en el ámbito nacional.

Al partido del Congreso, que ha dominado la vida política india desde la independencia en 1947, no le ha funcionado su apuesta por Rahul Gandhi como heredero de la dinastía política de la familia Gandhi-Nehru. El liderazgo de Rahul, cuyo bisabuelo (Jawaharlal Nehru), abuela (Indira Gandhi) y padre (Rajiv Gandhi) han gobernado como primeros ministros con el Congreso, está ahora en cuestión y su futuro y el de su partido es uno de los grandes interrogantes post electorales.

Las dos almas de Modi: reformista económico y nacionalista hindú

En las elecciones de 2014 Modi consiguió una victoria histórica con un mensaje claro sobre la importancia de promover reformas económicas, luchar contra la corrupción del Partido del Congreso y crear empleos para la joven población india. En comparación, su campaña para renovar el apoyo del electorado indio en 2019 se ha centrado en la seguridad nacional y la promoción de su visión de la hindutva o modo de vida hindú, en un país diverso que cuenta con una importante minoría de población musulmana de más de 150 millones.

El contexto de la actualidad ha favorecido este énfasis en los temas de seguridad por parte de Modi. En febrero de 2019 un atentado terrorista con un coche bomba costó la vida a 46 efectivos de las fuerzas de seguridad en Pulwama, en el estado de Jammu y Cachemira, al noroeste del país. El ataque fue reivindicado por un grupo islamista basado en Pakistán, el Ejército de Mahoma (Jaish-e-Mohammed) y generó una respuesta militar india con incursiones aéreas en territorio paquistaní y un aumento significativo de la tensión entre dos países con armamento nuclear.

Pakistán respondió a los ataques aéreos en su territorio derribando un caza indio. El piloto capturado del mismo fue devuelto a la India y ese gesto marcó el fin de la escalada del conflicto, pero sus implicaciones han estado muy presentes en toda la campaña electoral con mensajes clave de Modi sobre la importancia de la seguridad y de un liderazgo fuerte para garantizarla, que han sido refrendados de forma masiva por los votantes.

En su otro gran tema de campaña, los mensajes electorales de Modi y el BJP sobre la hindutva y el fin del secularismo han tenido repercusiones fuera de las fronteras indias. En plena contienda electoral fueron recogidos de forma crítica en la portada de la edición internacional de la revista Time, donde se calificaba a Modi como divisor en jefe (Divisor in Chief) y se alertaba de las consecuencias de su retórica hinduista. Su clara victoria parece haber cambiado la perspectiva editorial de la publicación estadounidense, que tras la misma ha publicado otro análisis en el que destaca que el primer ministro ha unido a la India como ningún líder había conseguido hacerlo en décadas.

El propio Modi ha lanzado mensajes conciliatorios sobre cómo planea desarrollar sus próximo cinco años de mandato. En la red social Twitter, uno de los pilares de su política de comunicación y donde cuenta con millones de seguidores, celebró los resultados electorales con un mensaje de unidad: “Juntos crecemos. Juntos prosperamos. Juntos construiremos una India fuerte e inclusiva”. En uno de sus primeros discursos después de la victoria electoral ha destacado que los grupos minoritarios viven con un “miedo imaginado” promovido por otros partidos que han intentado captar sus votos, y que espera que su gobierno pueda conseguir la confianza de todos los indios.

La designación como ministro del Interior de Amit Shah, presidente del BJP desde 2014 y mano derecha de Modi en sus dos victorias electorales, genera dudas sobre un compromiso real con una política más inclusiva. Del ala más dura del partido, durante la campaña, Shah se ha comprometido a limitar la autonomía de Cachemira y a castigar la inmigración ilegal, a la que comparó con termitas que se comían el alimento y los trabajos que pertenecían a los ciudadanos indios.

Pese al foco en asuntos de seguridad e identitarios de la campaña, el nuevo ejecutivo de Modi tendrá que rescatar también la otra dimensión del líder político indio como motor del desarrollo económico del país y seguir trabajando en el reto de afrontar reformas de calado, que permitan atraer más inversión y generar un desarrollo económico acompañado de una creación de empleo significativa para que su población joven se convierta realmente en un dividendo demográfico como apunta Alicia García Herrero.

Política internacional: de la autonomía estratégica a un enfoque multipolar con decisiones complicadas

El peso de la economía india juega un papel fundamental en las aspiraciones de Modi por lograr un nuevo papel para la India como poder global. El año pasado la economía de la India superó en producto interior bruto a la de Francia y las estimaciones apuntan a que en 2020 podrá hacerlo también con el Reino Unido, su antigua potencia colonial, lo que la convertiría en la quinta economía del mundo.

Con este crecimiento consolidado de su capacidad económica, durante su primer mandato Modi consiguió desarrollar una imagen de líder emergente a nivel mundial con una infatigable agenda de eventos internacionales y visitas bilaterales, que facilitaron nuevos compromisos de cooperación para impulsar sus grandes estrategias como el desarrollo industrial con productos elaborados en India (Make in India) y sus proyectos de ciudades inteligentes, energías renovables o desarrollo sostenible.

Con ese capital ya establecido, el nuevo gobierno de Narendra Modi tendrá que tomar en los próximos meses decisiones clave para su futuro en campos como la tecnología, la defensa o la energía que van a marcar su agenda internacional y su política global de alianzas. Desde el fin de la Guerra Fría, la política exterior india ha estado dominada por el principio de la autonomía estratégica, basada en buscar una línea de independencia y no confrontación con las grandes potencias mundiales, en especial EEUU, que permita a la India mantener su soberanía y poder establecer acuerdos de cooperación con distintos actores en diferentes materias.

Sin embargo, en un nuevo mundo multipolar donde mantener relaciones constructivas con actores opuestos es cada vez más complicado en muchos de los temas centrales, este camino parece una vía agotada. En este sentido, el recién nombrado ministro de Asuntos Exteriores, Subrahmanyam Jaishankar, destacó en un evento organizado por el think-tank Observer Research Foundation en mayo de este año la necesidad de repensar la política exterior india: “Podemos estar acercándonos a un tiempo donde el viejo orden haya agotado su curso. El auge de China y la redefinición de los compromisos de Estados Unidos están teniendo ya profundas consecuencias”.

La elección del diplomático Jaishankar como ministro de Asuntos Exteriores refleja la importancia que para el nuevo ejecutivo de Narendra Modi y su política exterior tendrá gestionar este cambio de enfoque y las relaciones con el triángulo formado por EEUU, China y Rusia, países donde el nuevo jefe de la política internacional del país asiático ha ocupado cargos oficiales en el servicio exterior.

En concreto, las relaciones con EEUU pasan por un período complicado. Días después de la victoria electoral de Modi, la Administración Trump ha retirado la condición de país beneficiario del sistema generalizado de preferencias a la India en un contexto de tensiones crecientes en el ámbito comercial entre ambos países. Tras meses de negociaciones bilaterales sin resultados positivos, esta medida, que aumenta la carga impositiva en diferentes productos indios exportados a EEUU, abre la puerta a un nuevo frente de la guerra comercial que el país norteamericano tiene abierta con la mayoría de los actores clave de la economía internacional.

El nuevo gobierno de Modi tiene que afrontar en breve decisiones sobre otras materias que pueden complicar aún más su relación con EEUU como la posibilidad de retomar la compra de petróleo iraní, uno de sus proveedores habituales, la adquisición ya negociada de mísiles S-400 Triumf a Rusia o el posible establecimiento de acuerdos de cooperación con China para desarrollar la red 5G en territorio indio, incluyendo un papel para compañías como Huawei.

Todas estas medidas cuentan con la abierta oposición del gobierno estadounidense, incluso con la amenaza de sanciones o graves consecuencias políticas como el fin de la cooperación en materia de inteligencia militar. Durante las cumbres de la Organización de Cooperación de Shanghái en Kirguizistán y del G20 en Japón en junio, el primer ministro Modi tendrá la oportunidad de reunirse con los líderes de China, EEUU y Rusia, con estos temas como parte fundamental de la agenda.

Un factor clave en este escenario es la evolución de la relación con su vecino chino. Durante el primer mandato del primer ministro Modi las esperanzas de construir un vínculo más significativo en el terreno de la cooperación económica y comercial se vieron truncadas por conflictos en territorios fronterizos y por el desencuentro ante la estrategia china de desarrollo regional de la Franja y la Ruta, que no incluye a la India como actor importante.

Una cumbre informal entre Modi y el presidente Xi Jinping celebrada en la ciudad china de Wuhan en abril de 2018 se planteó como un punto de inflexión en esta dinámica. Tras la misma, los problemas fronterizos parecen estar canalizados a través del diálogo bilateral y la próxima cumbre informal prevista para octubre en la ciudad india de Varanasi podría suponer una oportunidad para retomar programas más ambiciosos de cooperación.

En su mensaje de felicitación a Modi por su triunfo electoral el presidente Xi Jinping destacó que le concedía “gran importancia al desarrollo de las relaciones entre China y la India” y que le gustaría trabajar con el reelegido primer ministro “para mejorar la relación bilateral, aumentar la confianza mutua, expandir la cooperación de forma pragmática y promover la cercana alianza de desarrollo entre ambos países a una nueva dimensión”. El levantamiento del veto chino en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para que se incluya formalmente en una lista de líderes terroristas a Masood Azhar, responsable del grupo Jaish-e-Mohammed, que como hemos señalado se responsabilizó del atentado en Cachemira de febrero de 2019, se interpreta como un gesto chino en esta línea de facilitar una posible mejora en las relaciones bilaterales.

A pesar de que el gobierno de Modi intentará priorizar la dimensión global de su política exterior, los temas de seguridad nacional en el contexto regional seguirán siendo fundamentales para el nuevo ejecutivo. Las tensiones con Pakistán tras el atentado de Pulwama y la subsiguiente reacción militar del gobierno indio se han calmado por el momento, pero la voluntad del primer ministro paquistaní Imran Khan de trabajar con Modi tras su victoria electoral por “la paz, el progreso y la prosperidad en el Sur de Asia” puede verse truncada por la falta de confianza mutua y las promesas electorales de Modi de mano dura ante posibles amenazas para la seguridad si se produce cualquier incidente violento en la región de Cachemira.

La UE, como primer socio comercial y mayor inversor directo en la economía india, seguirá siendo un actor fundamental para los planes económicos del primer ministro Modi como lo demuestran que haya visitado oficialmente nueve países de la UE en su primer mandato, incluyendo cuatro estancias en Alemania y tres en Francia. El compromiso de ambas partes en muchos aspectos de la agenda internacional es un vínculo importante, como ocurre con el desarrollo sostenible y los acuerdos internacionales suscritos para apoyarlo: la Agenda 2030 y los Acuerdos de París sobre Cambio Climático, así como la defensa de un orden internacional multilateral basado en normas compartidas. No obstante, la firma de la Agenda de Acción EU-India 2020 tras una Cumbre bilateral positiva en 2017 no ha podido revitalizar el tantas veces postergado Acuerdo de Libre Comercio. Como en el mandato anterior de Modi, el reto en este campo seguirá siendo convertir intereses compartidos en cooperación en asuntos concretos y relevantes para ambas partes.

Desde la perspectiva española, continúa la necesidad de impulsar la mejora de las relaciones bilaterales, que durante 2017 se vieron fortalecidas gracias a la celebración del 60º aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas y la visita a España del primer ministro Narendra Modi. El nuevo gobierno español debería priorizar en su agenda internacional la devolución de esta visita de Estado con un viaje del presidente Sánchez a la India para afianzar la cooperación política y la empresarial en campos como las infraestructuras, el ferrocarril, la energía renovable y las ciudades inteligentes en lo que respecta a las empresas españolas en la India, y la industria farmacéutica y la TIC, en lo que concierne a las empresas indias en España.

Conclusiones

Con una oposición débil y fragmentada, la segunda mayoría parlamentaria consecutiva de Narendra Modi le otorga un claro mandato para implementar su programa de gobierno. En la historia reciente de la India, ningún líder había conseguido concentrar tanto poder y responsabilidad.

Las consecuencias de su clara apuesta electoral por reivindicar la identidad hindú como parte esencial de la nación india abren la puerta a cambios significativos en la construcción social del país, que ha estado marcado durante décadas por la tradición secularista del Partido del Congreso. Trasladar la retórica de campaña a medidas concretas que no pongan en riesgo la cohesión social y la convivencia pacífica entre comunidades será una de sus tareas más complejas.

El nuevo gobierno de Narendra Modi afronta también el reto de buscar soluciones económicas al problema del desempleo juvenil y poner en marcha reformas que consoliden el desarrollo sostenible de la economía india, al mismo tiempo que toma decisiones estratégicas sobre su política de alianzas a nivel global, con el trasfondo de la lucha de poder entre China y EEUU, que marcarán la trayectoria internacional del país en su nuevo mandato.

Rubén Campos
Investigador senior asociado del Real Instituto Elcano, profesor especializado en Asia Meridional y Sudeste Asiático en diversos cursos de posgrado en España y coordinador de Programas en el Club de Madrid
 | @RubenCamposP