Mensajes clave
- La inmigración de origen asiático es minoritaria en España, lo que supone una gran diferencia con otros países europeos en los que esta migración es una de las más numerosas. La población de origen chino supone un tercio del total de los inmigrantes asiáticos en España, seguida por la pakistaní.
- Por su nivel formativo, la inmigración asiática se encuentra en un lugar intermedio entre la latinoamericana y la africana, con una gran diferencia a favor de las mujeres.
- La tasa de actividad de varones y mujeres inmigrantes chinos es muy alta, a diferencia de lo que ocurre con las mujeres de origen indio y, especialmente, pakistaní y bangladesí, que en su inmensa mayoría (75%) no están ocupadas ni en búsqueda de empleo. La tasa de paro del conjunto es muy baja, ya sea por la inactividad de las mujeres del subcontinente indio o por la alta ocupación de la inmigración china.
- Se produce una fuerte concentración de los inmigrantes asiáticos en el sector del comercio y la hostelería, muy superior a la de los demás grupos de inmigrantes o de los autóctonos.
- Casi la mitad de los inmigrantes asiáticos ocupados son autónomos o empresarios, un rasgo muy peculiar de este grupo. Este hecho y su concentración sectorial reflejan un notable aislamiento laboral de la comunidad asiática y muy especialmente de la china.
- Aunque un 15% de estos inmigrantes ha accedido a la nacionalidad española, su presencia en el sector público es prácticamente nula.
- La tasa de abandono escolar de los jóvenes de entre 16 y 20 años procedentes de Asia es alta, del 23%, pero sustancialmente menor que la de los jóvenes inmigrantes latinoamericanos y africanos (34% y 35% respectivamente)
Análisis
Este ARI es el cuarto de la serie que el Real Instituto Elcano está publicando sobre la integración laboral de los inmigrantes en España. En el primero, titulado “Inmigración y mercado de trabajo en España”, se analizaba el conjunto de la población inmigrante y de sus características más relevantes desde la perspectiva de su relación con el mercado de trabajo, mientras que en los dos siguientes se profundizaba en los colectivos latinoamericano y africano respectivamente. El presente análisis se centra en los inmigrantes procedentes de Asia, un grupo en el que domina la población de origen chino.
Análogamente al resto de ARI de esta serie, las principales fuentes utilizadas son el Padrón Continuo de Población, la Estadística Continua de Población y la Encuesta de Población Activa (microdatos de la EPA del 4º Trimestre de 2024), todos ellos del Instituto Nacional de Estadística (INE). A partir de dichos datos este análisis muestra en primer lugar las características básicas de la inmigración asiática en España, para posteriormente presentar datos relativos a su integración en el mercado de trabajo, tanto en su conjunto como para los dos subgrupos cuyo tamaño muestral en la EPA permite analizarlos separadamente y obtener resultados estadísticamente significativos: la inmigración china y la que procede del Indostán o subcontinente indio.[1]
El contexto: tamaño, evolución, composición y características de la inmigración asiática en España
En línea con lo ya apuntado en anteriores ARI de esta serie, conviene recordar la definición de migrante internacional que usa la División de Población las Naciones Unidas: toda persona que vive en un país diferente al que nació, independientemente de cuál sea su estatus legal en el país de residencia. Así, definidos como “nacidos en el extranjero”, y según los datos consolidados más actuales ofrecidos por la Estadística Continua de Población (INE), el número total de inmigrantes asiáticos en España a 1 de enero de 2025 es de 616.222 personas (Figura 1), lo que supone el 1% del total de residentes en nuestro país y el 7% de la población inmigrante. Su presencia ha ido en aumento desde finales del siglo XX, cuando a las tradicionales pero reducidas comunidades filipina e india se les fue sumando una creciente inmigración china. Desde mediados de la década de 1990 la inmigración china es la principal diáspora asiática presente en España.
En la actualidad, con datos referidos al 1 de enero de 2025, la inmigración china supone el 34% del total de la inmigración asiática (209.320 personas) (Figura 2), seguida por la pakistaní (135.696) y la india (73.951). Estos dos últimos grupos han experimentado un gran crecimiento en los últimos 10 años, duplicando su tamaño. Entre el resto de población de origen asiático, la única comunidad que supera los 30.000 miembros es la procedente de Filipinas (60.756).
Prácticamente toda la inmigración de origen asiático en España procede de países de baja renta per cápita, porque la presencia de originarios de territorios ricos, como Japón, Corea del Sur, Israel y Taiwan es anecdótica. Y como toda la inmigración procedente de países de menor renta per cápita que la española, su estructura de edad muestra la concentración en los grupos de mayor actividad laboral, entre los 25 y los 49 años, en la que se encuentran más de la mitad de los individuos (55%) (Figura 3).
Como en el caso de la inmigración africana, pero en menor medida, se produce un predominio masculino en el conjunto de la inmigración asiática (55%), pero con amplias diferencias entre los principales países de origen: mientras que en la inmigración procedente de Bangladés, Pakistán y la India el porcentaje de hombres alcanza cifras similares a las observadas entre los inmigrantes africanos (74%, 71% y 63% respectivamente), en la inmigración llegada desde Filipinas y China el predominio es femenino (65% y 54%).
La mayor concentración de inmigrantes de origen asiático en España se encuentra en Cataluña (Figura 4), y más concretamente en la provincia de Barcelona, donde se registra una presencia significativa de personas procedentes de los principales países de origen. Madrid es la segunda provincia con mayor presencia de inmigrantes asiáticos, pero en este caso debida básicamente a los inmigrantes chinos y filipinos, con escasa participación de indios y pakistaníes. Como ocurre con el conjunto de la inmigración, en amplias zonas del oeste peninsular la presencia de inmigrantes de origen asiático es casi marginal.
La integración de los inmigrantes asiáticos en el mercado laboral español
A partir de los microdatos de la EPA (4º trimestre de 2024), se identifican aquí los principales rasgos que definen el modo e intensidad de la integración de los inmigrantes asiáticos en el mercado de trabajo español. Los datos se refieren a los individuos de entre 25 y 59 años, con el propósito de excluir a los jóvenes aún en formación y a los adultos ya retirados del mercado laboral y poder constituir así un conjunto comparable al de los autóctonos (definidos como nacidos en España con ambos progenitores también nacidos en España), entre los cuales la actividad laboral es muy baja fuera de ese intervalo de edades. Los datos se comparan también con los de los inmigrantes procedentes de otros países de renta per cápita menor que la española[2] e igualmente se desagregan internamente para comparar entre sí a los dos subgrupos asiáticos cuya muestra en la EPA es lo suficientemente grande como para obtener una comparación estadísticamente significativa y cuya suma alcanza el 82% del total: chinos e indostanos (la suma de indios, pakistaníes y bangladesíes).
Un primer factor del que depende la integración laboral es el nivel educativo, ámbito en el que los inmigrantes asiáticos de entre 25 y 59 años se sitúan en un punto intermedio entre latinoamericanos y africanos (Figura 5). Aunque un 2% de los inmigrantes asiáticos son analfabetos, en el extremo opuesto un 26% posee un título de educación superior. Los datos del nivel educativo de la población procedente del Indostán reflejan en su conjunto un nivel mayor que la de procedencia china. Internamente, a pesar del reducido tamaño de las submuestras de indios, pakistaníes y bangladesíes, se observan diferencias significativas a favor de los indios.
Tanto entre los inmigrantes chinos como entre los procedentes de India, Pakistán y Bangladés, existe una brecha formativa favorable a las mujeres (Figura 6): el porcentaje de mujeres con un título universitarios es muy superior al de los hombres.
Respecto a las tasas de actividad y de ocupación,[3] los datos correspondientes al conjunto de inmigrantes asiáticos de entre 25 y 59 años arrojan cifras más altas que las observadas en el caso de los inmigrantes africanos, pero más bajas que las correspondientes a latinoamericanos. Sin embargo, estas cifras totales ocultan una gran diferencia interna entre los dos subgrupos asiáticos, ya que mientras los inmigrantes chinos presentan una tasa de actividad idéntica a la de la población autóctona y una tasa de ocupación superior (Figura 7), los datos correspondientes son mucho menores en el caso de los inmigrantes procedentes del Indostán.
La baja tasa de actividad del conjunto de los inmigrantes indostanos se debe a la muy baja participación en el mercado de trabajo de las mujeres de este grupo (Figura 8), de apenas un 25%. A pesar de su mayor formación, la diferencia con la tasa de actividad masculina alcanza los 67 puntos porcentuales, una diferencia mucho mayor que la encontrada en cualquier otro grupo de inmigrantes en España. Por contraposición, el 89% de las mujeres inmigrantes chinas en España trabaja o busca empleo de forma activa, porcentaje superior al de sus pares masculinos y al de las mujeres autóctonas.
La alta tasa de ocupación de los inmigrantes chinos (hombres o mujeres) junto a la escasa actividad de las mujeres indostanas explican que la tasa de paro para el conjunto de los trabajadores asiáticos sea baja, del 5% (Figura 9), porcentaje inferior al de la población autóctona y equivalente al pleno empleo técnico.
La ocupación de los inmigrantes asiáticos de entre 25 y 59 años presenta una concentración extrema en torno a dos sectores, el comercio (en su inmensa mayoría al por menor, tanto de alimentación como no especializado) y la hostelería. Ambos sectores concentran tres cuartas partes (74%) de los trabajadores de este origen (Figura 10), casi el cuádruple que en el caso de los autóctonos. Esta concentración ocupacional es aún más elevada en el caso de los inmigrantes chinos (el 83% se ocupa en el comercio y la hostelería). Al margen de estos dos sectores, y de una pequeña participación en la industria manufacturera, inmigrantes chinos e indostanos se diferencian por la mayor presencia de los primeros en las actividades profesionales y científicas y de los segundos en los sectores agrícola y de la construcción.
La inmigración asiática apenas supone en su conjunto un 1,3% del total de ocupados en España, pero su peso es muy superior en el comercio y en la hostelería (Figura 11). Debido a la concentración de las inmigrantes filipinas en las tareas del hogar, éste es otro sector en el que la participación laboral de la inmigración de origen asiático supera ese 1,3% del conjunto de los ocupados en España. La EPA no detecta inmigrantes chinos ocupados en el servicio doméstico.
En cuanto a su situación profesional, el perfil de la comunidad asiática es, con diferencia, el más singular de todos los analizados. Por un lado, hasta un 47% trabaja por cuenta propia (Figura 12), ya sea como autónomo o como empresario con asalariados –lo que supone más del triple que los autóctonos y más del cuádruple que los inmigrantes latinoamericanos y africanos–. Estas cifras son aún más altas para el colectivo chino, pues en su caso el número de trabajadores por cuenta propia casi duplica el de aquéllos que lo hacen por cuenta ajena. A su vez, es muy probable que gran parte de los ocupados por cuenta ajena estén empleados por empresarios de su mismo origen, aunque esto, que sugiere la evidencia anecdótica, no se puede confirmar con las bases de datos existentes. Tal escenario, al que se suma una prácticamente nula presencia en el sector público, refleja un notable aislamiento laboral de la comunidad asiática y, muy especialmente, de la china.
Más de dos tercios de los trabajadores asiáticos residentes en nuestro país (68,5%) ocupan puestos en “servicios de restauración, personales, protección y vendedores” (Figura 13), mientras que los empleados en “ocupaciones elementales” se limitan al 9%, cifra muy inferior a la de los otros dos grandes grupos de inmigrantes procedentes de regiones con menor renta per cápita que la española, América Latina y África.
Los inmigrantes asiáticos coinciden con latinoamericanos y africanos en su baja presencia en el conjunto de ocupaciones de “cuello blanco”. En el caso de los asiáticos, estas ocupaciones están “copadas” por los procedentes de China, la India y Filipinas, sin presencia detectable en la EPA de los demás orígenes. Como ocurre en el caso de los inmigrantes africanos, los asiáticos están también completamente ausentes de las Fuerzas Armadas, que exigen la nacionalidad española para la incorporación a sus filas. Sólo un 15% del conjunto de los inmigrantes de origen asiático en España (en el grupo de edad de 25 a 59 años) tiene la nacionalidad española. En el caso excepcional de los inmigrantes filipinos, el porcentaje (para todas las edades) es mucho mayor, del 33%, porque los nacidos en Filipinas se benefician de la misma excepción que los latinoamericanos, andorranos, portugueses, ecuatoguineanos y sefardíes a la norma que exige con carácter general una estancia legal de 10 años previa a la solicitud de ciudadanía. Sin embargo, tampoco en este caso el fácil acceso a la nacionalidad se traduce en presencia en la Administración Pública española ni en las Fuerzas Armadas.
Respecto a los ingresos salariales de los inmigrantes asiáticos, la única fuente disponible, la estadística de bases medias de cotización de la Tesorería General de la Seguridad Social (TGSS)[4] sólo incluye datos relativos a personas de nacionalidad china, los cuales reflejan dos aspectos llamativos. Por un lado, la base media de los cotizantes chinos en septiembre de 2025 se limitó a 1.538 euros, cifra inferior tanto a la de los nacionales de los seis países latinoamericanos incluidos en la estadística de la TGSS, como a la de los marroquíes, a pesar de la nula presencia china en “ocupaciones elementales”, las que generalmente reciben salarios más bajos. Por otra parte, la brecha de género favorable a los hombres es de tan sólo 20 euros (Figura 14), claramente la más reducida de todas las nacionalidades identificadas, incluida la española. Probablemente, el motivo detrás de ambas peculiaridades sea el muy elevado peso en el conjunto de los ocupados chinos de los empresarios y los autónomos, quienes, a diferencia de los asalariados, tienen cierta flexibilidad para reducir su base de cotización declarada. Por tanto, en este caso una menor base de cotización no implicaría necesariamente un menor ingreso real.
Por último, los datos educativos de los inmigrantes asiáticos de la generación 1.5 (aquellos llegados a España como niños o adolescentes) permiten prever una progresiva mejora de la integración y diversificación laboral de esta comunidad. La tasa de abandono escolar de los jóvenes de entre 16 y 20 años procedentes de Asia es del 23%, en una posición intermedia entre el 15% de los autóctonos y los 34% y 35% respectivamente de latinoamericanos y africanos (Figura 15). Por otra parte, a diferencia del resto de grupos, no se aprecia brecha de género en dicho abandono. La muestra de la EPA de jóvenes en esta franja de edad desagregada por origen (chino o indostano) es demasiado pequeña para obtener resultados significativos. En este caso, la evidencia anecdótica española parece indicar un menor abandono escolar y, en general, un mayor éxito educativo de los inmigrantes chinos de generación 1.5 o de segunda generación –en comparación con la media del resto de asiáticos, latinoamericanos y africanos–, pero la muestra de la EPA es demasiado pequeña para confirmar esto.
Conclusiones
La inmigración de origen asiático constituye en España una parte muy pequeña del total, el 7%, en claro contraste con la realidad migratoria de países del centro y norte de Europa en los que este tipo de inmigración es la mayoritaria entre la no europea (Alemania, Reino Unido, Dinamarca, Suecia, Países Bajos, etc.). España no ha tenido un pasado colonial relevante en Asia (excepto en el caso de Filipinas), mientras que esa herencia colonial explica en buena parte la llegada de grandes números de inmigrantes asiáticos al Reino Unido y a los Países Bajos desde mediados del siglo pasado. España tampoco atrae inmigración desde Turquía, origen de buena parte de la inmigración en el centro de Europa occidental. Cuando esa migración turca hacia Europa comenzó a desarrollarse, en los años 60, coincidió con la salida de migrantes desde España, es decir, en una fase en la que nuestro país no atraía, sino que expulsaba población a través de la emigración. Por último, el asilo ha sido una fuente minoritaria de la llegada de inmigración en España, a diferencia de lo ocurrido en países del norte y centro de Europa, que han acogido un asilo nutrido básicamente por población asiática. Cuando el asilo en España ha empezado a alcanzar cifras relevantes, los peticionarios de origen asiático han sido una pequeña minoría en comparación con los latinoamericanos.
El nivel educativo del conjunto de los inmigrantes de origen asiático en España es intermedio entre el latinoamericano y el africano, con una gran diversidad interna y una mayor formación femenina. La tasa de actividad es muy alta en el caso de los varones y también en el de las mujeres chinas, pero muy baja en el caso de las mujeres procedentes del subcontinente indio, pese a su relativamente alto nivel formativo.
La concentración sectorial de esta inmigración en el comercio y en la restauración es muy pronunciada, sectores en los que gran parte de los inmigrantes de origen asiático se ocupan como empresarios o autónomos. Esta posición en el mercado laboral –la del autoempleo– es otra de las grandes peculiaridades de la inmigración de origen asiático. Puede decirse que esta población inmigrante ha creado su propio “nicho” laboral, lo que se traduce también en su muy pequeña presencia en otros sectores que emplean típicamente a inmigrantes, como la construcción y la agricultura (en la que se emplean inmigrantes pakistaníes, pero no chinos) o el servicio doméstico (en el que la presencia asiática se restringe a la filipina). La inmigración asiática está también prácticamente ausente del empleo público.
Con una tasa de abandono escolar relativamente baja (en comparación con la de los inmigrantes latinoamericanos y africanos), la integración laboral futura de los ahora jóvenes inmigrantes asiáticos probablemente avance hacia una mayor diversificación sectorial. En cualquier caso, dado el pequeño tamaño en la EPA de las muestras de los subgrupos (chinos, pakistaníes, indios…) la información sobre este aspecto es poco concluyente.
[1] Si bien el subcontinente indio o Indostán está integrado geográficamente por la India, Pakistán, Bangladés, Nepal, Bután, Sri Lanka y Maldivas, la muestra a la que denominamos “Indostanos” está compuesta únicamente por indios, pakistaníes y bangladesíes, dada la ausencia de inmigrantes de los demás países en la muestra de la EPA.
[2] En este análisis la agrupación “Asiáticos” incluye a todos aquellos inmigrantes procedentes de este continente cuyos países o territorios de origen están identificados en la EPA, a excepción de Japón, Corea del Sur, Taiwan, Arabia Saudí e Israel, quienes apenas suponen el 4% de la muestra asiática en la franja de edad de entre 25 y 59 años. Para una información más detallada de las características de estas agrupaciones ver el ARI “Inmigración y mercado de trabajo en España”.
[3] La tasa de actividad se define como el porcentaje de la población del grupo de edad de referencia (en este caso de entre 25 y 59 años) que está ocupada o en búsqueda de empleo, mientras que la tasa de ocupación se define como el porcentaje de la población del grupo de edad de referencia (en este caso de entre 25 y 59 años) que está ocupada. La tasa de paro se calcula sobre el total de población activa en esas edades (no sobre el total de población en esas edades).
[4] La EPA no incluye preguntas sobre ingresos salariales, por lo que se recurre a la estadística de bases medias de cotización de la Tesorería General de la Seguridad Social, donde los individuos aparecen clasificados por nacionalidad y no por país de nacimiento. La base máxima en 2025 es de 4.909 euros mensuales.
