Inmigración y mercado de trabajo en España (III): la inmigración africana

Vista aérea de la ciudad de Murcia. Cientos de edificios de diferentes alturas y colores, donde destaca la torre de la Catedral de la ciudad, en el centro, de color amarronado. Al fondo, algunas concentraciones de árboles y vegetación, aunque el paisaje es árido.
Vista aérea de la ciudad de Murcia. Foto: N4nO / Getty Images.

Mensajes clave

  • La inmigración de origen africano en España supone un 17% del total y un 20% de la procedente de fuera de la Unión Europea (UE). La inmigración marroquí supone casi tres cuartas partes del total de la inmigración africana.
  • Su nivel educativo medio es el menor de entre todos los grupos de inmigrantes: una quinta parte no terminó la educación primaria y sólo una décima parte tiene un título universitario.
  • Es la inmigración con mayores debilidades en su incorporación al mercado de trabajo, especialmente en el caso de las mujeres inmigrantes marroquíes: sólo el 42% de ellas trabaja o busca trabajo.  
  • Su tasa de paro es la más alta, especialmente en el caso de los inmigrantes marroquíes (27%): triplica la de los autóctonos (8%) y es mucho más alta que la de los subsaharianos (16%).
  • Suponen el 3% del total de ocupados en España, pero el 15% de los ocupados en el sector agrícola. Su papel en la agricultura es básico para el sector en varias zonas de agricultura intensiva en el sur del país. En Murcia, el 36% de los trabajadores agrícolas son inmigrantes de origen africano, el 34% en Almería y el 24% en Huelva.
  • El abandono escolar entre sus adolescentes es el más alto: el 55% de los inmigrantes subsaharianos de entre 16 y 20 años no cursa estudios y lo mismo pasa con el 26% de los marroquíes. Entre estos últimos, el problema afecta mucho más a los varones (37%) que a las mujeres (16%).
  • La tasa de natalidad de las inmigrantes marroquíes es la más alta de entre todos los grupos de inmigrantes y por ello el peso de la población de este origen en las segundas generaciones es mayor que entre las primeras. Un 31% de los nacidos en España de padre y madre inmigrantes, lo son de padres inmigrantes marroquíes.

Análisis

Este ARI es el tercero de la serie que el Real Instituto Elcano está realizando sobre la integración laboral de los inmigrantes en España. En el primero, titulado “Inmigración y mercado de trabajo en España”, se analizaba el conjunto de la población inmigrante y sus características más relevantes desde la perspectiva de su relación con el mercado de trabajo, mientras que en los siguientes se profundiza en cada uno de los grandes colectivos según su origen geográfico. En este caso, el estudio se centra en los inmigrantes de origen africano, cuya llegada se remonta al siglo pasado, primero a pequeña escala desde antiguos territorios españoles como Guinea Ecuatorial y el Sáhara Occidental, y a partir de la década de 1980 con flujos de mayor intensidad procedentes principalmente de Marruecos, convertido desde entonces en el principal país de origen de los inmigrantes africanos en España.

Como en el resto de ARI de esta serie, las principales fuentes utilizadas son el Padrón Continuo de Población, la Estadística Continua de Población y la Encuesta de Población Activa (microdatos de la EPA del 4º Trimestre de 2024), todos ellos del Instituto Nacional de Estadística (INE). A partir de dichos datos, este análisis muestra en primer lugar las características básicas de la inmigración africana en España, para posteriormente presentar los datos relativos a su integración en el mercado de trabajo, tanto en su conjunto como para los dos subgrupos cuyo tamaño muestral en la EPA permite obtener resultados estadísticamente significativos: marroquíes y subsaharianos.

El contexto: tamaño, evolución, composición y características de la inmigración africana en España

Tal y como se viene haciendo en anteriores documentos de esta serie, conviene recordar la definición de migrante internacional que usa la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y su División de Población y que se utiliza aquí: un inmigrante internacional es una persona que vive en un país diferente al que nació, independientemente de cuál sea su estatus legal en el país de residencia. Así, definidos como “nacidos en el extranjero”, y según los datos consolidados más actuales ofrecidos por la Estadística Continua de Población del INE, el número total de inmigrantes africanos en España a 1 de enero de 2024 es de 1.524.788 personas (Figura 1), lo que supone el 3% del total de residentes en nuestro país y el 17% de la población inmigrante, porcentaje este último que ha experimentado poca variación desde comienzos de siglo. La presencia de una inmigración africana en España –básicamente marroquí– comenzó a ser notoria localmente en los años 80 del siglo XX, muy concentrada en áreas rurales del Mediterráneo. Su número se triplicó entre 1992 (71.292 personas) y 1999 (213.012), aunque estos datos deben considerarse con gran escepticismo, dado el escaso registro que se hacía de la inmigración en España antes del año 2000.

A diferencia de los inmigrantes del resto de continentes, muy variados en su composición interna, en el caso africano un solo país, Marruecos, ha sido siempre el principal componente de esta inmigración.  Así, a 1 de enero de 2024, vivían en España 1.092.892 personas nacidas en Marruecos, lo que equivalía al 72% del total de los nacidos en África (Figura 2). El 26% de estos inmigrantes de origen marroquí disponía de la nacionalidad española, porcentaje relevante pero lejano al 45% de los inmigrantes latinoamericanos y al 52% de los ecuatoguineanos, los únicos africanos con acceso a la vía rápida de nacionalización.[1] Al margen de los inmigrantes procedentes de Marruecos, los únicos colectivos africanos con más de 40.000 personas residiendo en España son el senegalés y el argelino (95.812 y 87.854 respectivamente).     

La pirámide de edad de la población de origen africano apenas difiere de la del resto de la inmigración procedente de países de menor renta per cápita que la española, con una elevada concentración entre los 25 y los 49 años, la franja con mayor actividad laboral. Sin embargo, sí se aprecia una diferencia notable respecto al género. La inmigración africana es la única en la que se aprecia un claro dominio masculino: el 61% de los inmigrantes africanos residentes en España son hombres, porcentaje que se eleva por encima del 80% entre los malienses y gambianos (87% y 82% respectivamente). El único país del continente con información desagregada cuya población en España resulta ser mayoritariamente femenina (63%) es Guinea Ecuatorial.    

En cuanto a su distribución territorial, los inmigrantes africanos están menos concentrados que el resto de los inmigrantes en las principales áreas urbanas y en los archipiélagos. Se distribuyen de modo más homogéneo por la geografía española, con una presencia mayor en aquellas provincias con un importante peso del sector agroalimentario, ya sea en forma de cultivos intensivos y/o de industria cárnica y conservera (Cataluña, Almería y Murcia). Ceuta y Melilla constituyen casos especiales: en ambas ciudades la población de origen marroquí tiene un peso muy superior al del resto de España: el 21% de los residentes en Melilla y el 11% de los residentes en Ceuta son nacidos en Marruecos, aunque el conjunto de toda la población de origen marroquí (es decir, incluyendo a los hijos y nietos de marroquíes) se estima entre el 40 y el 55%.[2]  

La integración de los inmigrantes africanos en el mercado laboral español

A partir de los microdatos de la Encuesta de Población Activa(EPA, 4º trimestre de 2024), se identifican aquí los principales rasgos que definen el modo e intensidad de la integración de los inmigrantes africanos en el mercado de trabajo español. Los datos se refieren a los individuos de entre 25 y 59 años, para excluir a los jóvenes aún en formación y a los adultos ya retirados del mercado laboral y constituir así un conjunto comparable al de los autóctonos (definidos como nacidos en España con ambos progenitores también nacidos en España), entre los cuales la actividad laboral es muy baja fuera de ese intervalo de edades. Los datos se comparan también con los de los inmigrantes procedentes de otros países de renta per cápita menor que la española[3] e igualmente se desagregan internamente para comparar entre sí a los dos subgrupos africanos cuya muestra en la EPA es lo suficientemente grande como para que esa comparación sea significativa y cuya suma alcanza el 94% del total: marroquíes y subsaharianos.[4]

Un primer factor que determina la integración en el mercado laboral es el educativo y en este aspecto el nivel de los inmigrantes procedentes de África es especialmente bajo: una quinta parte de los inmigrantes africanos de entre 25 y 59 años no terminó su educación primaria (21% de los marroquíes y 19% de los subsaharianos). Un 9% de los marroquíes y un 6% de los subsaharianos son analfabetos. En el extremo contrario, sólo un 10% de los inmigrantes africanos posee un título universitario, porcentaje mucho menor al de los inmigrantes asiáticos y latinoamericanos.  En conjunto, ningún otro grupo de inmigrantes arroja resultados tan bajos en el terreno educativo. La principal diferencia entre el nivel formativo de marroquíes y subsaharianos es el mayor porcentaje de individuos con formación secundaria no obligatoria entre los marroquíes.

Los datos para los inmigrantes de origen africano encubren una importante diferencia de género que, en el caso de los marroquíes, es negativa para las mujeres y en el de los subsaharianos lo es para los hombres.

Análogamente, las tasas de actividad y, muy especialmente, las de ocupación[5] del conjunto de los inmigrantes procedentes de África son claramente inferiores a las de los autóctonos y al del resto de inmigrantes analizados. Sin embargo, en este caso existen diferencias notables entre los dos subgrupos africanos, ya que los marroquíes presentan tasas mucho más bajas. En concreto, la tasa de actividad es 19 puntos porcentuales menor entre los marroquíes que entre los subsaharianos y la de ocupación 23 puntos inferior.

La especialmente baja participación de los inmigrantes marroquíes en el mercado de trabajo se debe a la muy escasa actividad laboral de las mujeres de este grupo, que en la mayoría de los casos no son activas fuera del hogar. Así, mientras el 73% de las subsaharianas trabajan o buscan empleo de forma activa, en el caso de las marroquíes dicho porcentaje es sólo del 42%.

Pese a la baja tasa de actividad de los inmigrantes africanos, que en principio debería pronosticar una baja tasa de paro, ésta se sitúa en un altísimo 25%, más del doble que la tasa de los latinoamericanos y más del triple que la de los autóctonos. De nuevo, se observa aquí una importante disparidad entre marroquíes y subsaharianos, con un desempleo mucho más alto entre los primeros.

La ocupación de los inmigrantes de origen africano presenta una alta concentración en el sector agrario, en el que se ocupa el 15% de los marroquíes y el 18% de los subsaharianos: ningún otro grupo tiene un porcentaje tan alto de sus ocupados en este sector. Sólo el 3% de los autóctonos trabaja en la agricultura, la pesca y la ganadería, y los porcentajes son aún menores para los inmigrantes latinoamericanos y asiáticos. Su ocupación es también mayor que la de los demás grupos inmigrantes en la industria (especialmente la alimenticia y, dentro de ésta, la cárnica) y en la construcción, pero menor en la hostelería y en las actividades del hogar. Dentro del grupo, los inmigrantes marroquíes están más presentes en la construcción y el comercio –en el caso del comercio a menudo como autónomos o empresarios– mientras que los subsaharianos se ocupan más en el sector agroalimentario.

La inmigración africana supone, en total, sólo un 3% del total de empleados en España, pero su peso es muy superior en el sector agrícola, donde representan al 15% de los ocupados. Este porcentaje se distribuye de modo muy desigual en el territorio: la dependencia del sector agrario respecto a los inmigrantes de origen africano es muy superior en las provincias con una alta dedicación a la agricultura intensiva, como Almería, Huelva y Murcia. En Murcia, el 36% de los trabajadores agrícolas son inmigrantes de origen africano, el 34% en Almería y el 24% en Huelva.

El siguiente sector por el peso de los inmigrantes africanos entre sus ocupados es el de la “Construcción” (6%), seguido por la “Hostelería” (5%) y las “Actividades del Hogar” (4%).

En cuanto a su “situación profesional”, el perfil de la comunidad africana es similar al de la latinoamericana a pesar de sus distintos niveles formativos y vías de acceso a la nacionalidad: una inmensa mayoría trabaja como asalariada en el sector privado, una minoría lo hace por cuenta propia y, en conjunto, tiene una presencia marginal en el sector público (algo en lo que coinciden todos los grupos de inmigrantes procedentes de países de menor renta). Aunque el 27% de los inmigrantes africanos ya dispone de la nacionalidad española, lo que les permite superar la barrera legal en el acceso al funcionariado, su escasísima presencia en el sector público, muy inferior a la de los inmigrantes latinoamericanos, parece relacionarse con su menor nivel formativo.

En cuanto al emprendimiento, los datos vuelven a mostrar un elemento diferenciador entre marroquíes y subsaharianos: el 11% de los marroquíes está empleado como autónomo o empresario, frente al 4% de los subsaharianos. La cuarta parte de los marroquíes que trabaja en el comercio lo hace como autónomo (25%) y otro 8% como empresario con asalariados. Es probable que muchos de los marroquíes que trabajan como asalariados en el comercio sean empleados por empresarios marroquíes, pero los datos no permiten confirmar esta hipótesis.

En línea con su nivel educativo y principales sectores de ocupación, más de un tercio de los trabajadores africanos (y más de la mitad en el caso de los subsaharianos) se concentra en “ocupaciones elementales”, cifra muy superior a la de los trabajadores latinoamericanos y asiáticos. Por el contrario, la suma de africanos en ocupaciones de “cuello blanco” como son “Directores y gerentes”, “Técnicos y profesionales científicos e intelectuales” y “Contables y administrativos” se limita al 8%, claramente por detrás del resto. A su vez, la EPA no detecta ningún inmigrante procedente de África enrolado en las Fuerzas Armadas, para lo cual se exige la nacionalidad española (de esta norma se exceptúa a los inmigrantes nacionales de Guinea Ecuatorial).

Respecto a los ingresos salariales de los inmigrantes africanos, la estadística de bases medias de cotización de la Tesorería General de la Seguridad Social (TGSS)[6] sólo detalla de manera separada los datos de los nacionales de Marruecos.  

Según esos datos, la base media de los cotizantes marroquíes en diciembre de 2024 fue de 1.554 euros mensuales, en su conjunto un 32% inferior a la de los españoles, aunque la brecha entre las bases de cotización de las mujeres marroquíes con respecto a las mujeres españolas se amplía al 38%: 1.288 euros frente a 2.082 euros. De hecho, de todas las nacionalidades recogidas en la estadística de la TGSS, la base media de cotización femenina más baja es la correspondiente a las marroquíes, con 81 euros por debajo del siguiente colectivo femenino de menores ingresos salariales, las bolivianas.

En cuanto a la generación 1.5 de inmigrantes de origen africano en España, es decir, nacidos en países africanos y llegados a España como niños o adolescentes, los datos de la EPA nos permiten identificar qué porcentaje de los que se encuentran entre los 16 y los 20 años sigue estudiando a esas edades, una vez acabada la fase de escolarización obligatoria. Éste es un dato relevante porque pronostica futuras situaciones en relación con el mercado de trabajo. El 65% de los inmigrantes africanos de entre 16 y 20 años sigue estudiando, un porcentaje similar al de los latinoamericanos (66%) pero muy por debajo del de los autóctonos (86%) y también por debajo de los asiáticos (77%). Expresado en el sentido contrario, el abandono escolar entre los adolescentes inmigrantes africanos es del 35%, el más alto en España, que, a su vez, es uno de los más altos en la Unión Europea (UE) debido al gran peso de los estudiantes inmigrantes en el conjunto del alumnado. Esta alta tasa de abandono escolar implica dificultades para la futura integración en el mercado de trabajo de los que no siguen estudiando, que se verá constreñida a tareas elementales de poca exigencia formativa y, por tanto, de bajos salarios y malas condiciones laborales.

El problema afecta mucho más a los jóvenes de origen subsahariano: un 55% no sigue estudiando, frente al 26% de los de origen marroquí. Entre los jóvenes de origen marroquí se produce una llamativa diferencia a favor de las mujeres: el abandono entre ellas es del 16%, frente al 37% en el caso de los varones. Esto implica que, a medio plazo, la desventaja educativa de las mujeres inmigrantes marroquíes frente a los hombres de su grupo se desvanecerá y se convertirá en su contrario (desventaja educativa de los hombres).

La muestra en la EPA de inmigrantes de segunda generación (nacidos en España) de origen paterno y materno africano es demasiado pequeña para producir datos significativos. Es probable que, como ocurre con el conjunto de la segunda generación de inmigrantes procedentes de países de menor renta, los resultados educativos de la generación 2.0, incorporados desde el principio al sistema educativo español, sean en conjunto insuficientes y preocupantes, pero algo mejores que los de la generación 1.5, cuyos miembros pueden haber llegado a cualquier edad durante su infancia o adolescencia. Sería necesario contar con información sobre este tema, información que ahora el sistema educativo no produce, especialmente para el caso de los descendientes de inmigrantes marroquíes, no sólo por su tamaño si no por su alta fecundidad: la inmigración marroquí, que representa el 11% de la total, produce el 20% de los nacimientos de madre inmigrante, es decir, duplica la tasa de natalidad media de las mujeres inmigrantes.[7] De hecho, el peso de los inmigrantes marroquíes de segunda generación (nacidos en España, hijos de padre y madre nacidos en Marruecos) es ya del 31% sobre el total de inmigrantes de segunda generación en España, es decir, triplica el peso de los inmigrantes nacidos en Marruecos sobre el total de inmigrantes de primera generación (11%).

Conclusiones

En conjunto, la inmigración africana supone el 17% de la total residiendo en España y de ella casi tres cuartas partes (72%) están formadas por la inmigración marroquí, la más antigua en España. Ésta constituye la de mayor tamaño en el país (alrededor de 1.100.000 personas), aunque está a punto de ser superada por la colombiana si se mantiene la tendencia actual. La inmigración procedente del resto del continente africano es muy heterogénea en su origen: ninguno de los grupos nacionales supera los 100.000 individuos y la mayoría tiene menos de 40.000.

Como en el resto de los colectivos inmigrantes procedentes de países de menor nivel de renta que la española, la franja de edad en la que se concentra la inmigración africana es la que se sitúa entre los 25 y los 49 años. Sin embargo, presenta dos características poco comunes en otros grupos de inmigrantes: una fuerte masculinización (más varones que mujeres) y una mayor presencia en el medio rural y semiurbano, frente a la tendencia a la concentración de los demás inmigrantes en las grandes ciudades.

El nivel educativo de los inmigrantes africanos en España es especialmente bajo en comparación con el del resto de los inmigrantes y mucho más bajo que el de la población autóctona. Este hecho condiciona de modo decisivo su integración laboral, restringiéndola a las actividades más elementales, que exigen menor cualificación. Su concentración ocupacional en la agricultura es otra consecuencia de ese nivel educativo.

Los bajos salarios –y por tanto las reducidas aportaciones a la Seguridad Social– son otra derivada de esta combinación de modesto nivel formativo y ocupación en actividades elementales: los salarios medios de los empleados marroquíes están entre los más reducidos de los que identifica por nacionalidad la TGSS para ambos sexos y son los más bajos en el caso de las mujeres.  

Sus tasas de actividad y ocupación son muy inferiores a las de otros grupos de inmigrantes, en buena parte por la baja participación en el mercado de trabajo de las mujeres inmigrantes marroquíes. La tasa de paro es especialmente alta entre los marroquíes, con un 27%, más del triple que la de los autóctonos (8%), y sustancialmente más alta que la de los subsaharianos (16%).  

Su ocupación en la agricultura es crucial para el sector, especialmente en las provincias de mayor dedicación a la agricultura intensiva (Murcia, Almería, Huelva).

Los datos sobre el muy alto abandono escolar de los adolescentes inmigrantes africanos son preocupantes porque auguran dificultades para la integración laboral y social de las segundas generaciones.

La alta fecundidad de las inmigrantes marroquíes, sustancialmente mayor que la del conjunto de los inmigrantes, pronostica un futuro demográfico en el que la población de origen marroquí en España va a ocupar una parte creciente de la población total.


[1] Los naturales de países de habla hispana de América Latina, Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial, Portugal, o de origen sefardí, pueden solicitar la nacionalidad española tras dos años de estancia regular en el país. Para el resto de los inmigrantes, la norma exige 10 años de estancia previa.

[2] No se publican datos sobre el tamaño de la población de origen marroquí en Ceuta y Melilla. Aquí puede verse una estimación ya antigua: https://www.realinstitutoelcano.org/analisis/melilla-lecciones-inadvertidas-de-integracion-ari. En la actualidad, más del 90% de los recién nacidos en Ceuta o Melilla recibe un nombre musulmán (INE).

[3] En este análisis, la agrupación “Africanos” incluye a todos aquellos inmigrantes procedentes de este continente cuyos países de origen están identificados en la EPA. Salvo que se diga otra cosa, la población analizada se circunscribe a la franja de edad de entre 25 y 59 años. Para una información más detallada de las características de estas agrupaciones ver el ARI “Inmigración y mercado de trabajo en España”.

[4] Los países subsaharianos con muestra en la EPA son los siguientes: Angola, Cabo Verde, Camerún, Etiopía, Gambia, Ghana, Guinea, Guinea Bissau, Guinea Ecuatorial, Malí, Mauritania, Nigeria, R.D. Congo, Senegal y Sudáfrica. Los norafricanos no marroquíes, en su mayoría argelinos, representan un 6% del total de la muestra de inmigrantes de origen africano en la EPA.

[5] La tasa de actividad se define como el porcentaje de la población del grupo de edad de referencia (en este caso de entre 25 y 59 años) que está ocupada o en búsqueda de empleo, mientras que la tasa de ocupación se define como el porcentaje de la población del grupo de edad de referencia (en este caso de entre 25 y 59 años) que está ocupada. La tasa de paro se calcula sobre el total de población activa en esas edades (no sobre el total de población en esas edades).

[6] La EPA no incluye preguntas sobre ingresos salariales, por lo que se recurre a la estadística de bases medias de cotización de la TGSS, donde los individuos aparecen clasificados por nacionalidad y no por país de nacimiento. La base máxima en 2025 es de 4.909 euros mensuales.

[7] INE, Movimiento Natural de la Población. Nacimientos. Datos de 2024.