Mensajes claves
- La intervención militar de Estados Unidos (EEUU) en Venezuela tendrá serias repercusiones económicas y también políticas en Cuba.
- La quiebra de los sólidos lazos tejidos por Fidel Castro y Hugo Chávez puede acelerar el desplome del régimen cubano.
- La crisis que puede provocar la política petrolera de la Administración puede tener efectos más graves sobre Cuba que la caída de la Unión Soviética.
Análisis
Introducción
Todo indica que la intervención militar de EEUU en Venezuela, el 3 de enero de 2026, no fue una excepción, sino un precedente y una advertencia para presionar y amenazar a otros gobiernos, entre ellos el cubano, el principal aliado del expresidente Nicolás Maduro. A diferencia de sus antecesores, Donald Trump no distingue entre regímenes políticos, sino sólo entre países fuertes (China y Rusia) y débiles, como considera a la mayoría de sus vecinos del sur convertidos en potenciales objetivos de su afán imperialista.
Desde inicios de siglo, Fidel Castro y Hugo Chávez promovieron una alianza económica y política plasmada en 2004 en la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), encabezada por ambos países como alternativa al proyecto del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que EEUU abandonó en 2005. La caída del precio del petróleo y la crisis venezolana llevaron a la disminución del valor comercial de estos acuerdos en los últimos 10 años. No obstante, siguen siendo imprescindibles para la economía cubana. Las presiones de EEUU sobre el régimen venezolano podrían derivar en un desmantelamiento de las relaciones comerciales y financieras con Cuba, aunque todavía no es posible afirmar con certeza qué ocurrirá.
Cuba depende de la llegada de petróleo de Venezuela, México y Rusia. Al haber militarizado EEUU las rutas marítimas del Caribe, controlado el paso de buques con amenazas de imponer aranceles a proveedores actuales y potenciales, el tan necesario petróleo llega en menor cantidad. Incluso, con esos suministros, había apagones de días enteros. Cuba no tiene capacidad financiera ni competitividad exportadora para generar las divisas necesarias para reemplazar las compras de petróleo venezolano en el mercado internacional, cuyo suministro se articula mediante acuerdos específicos basados en una alianza política, que implica la exportación de servicios médicos y de otros profesionales cubanos, un esquema difícil de reproducir en otros países con las mismas proporciones y condiciones financieras.
La pérdida de ese flujo profundizaría la crisis energética y paralizaría la mayor parte del transporte, las industrias y los servicios, lo que implicaría una significativa contracción del PIB cubano, mayores presiones inflacionarias y un aumento del coste social de una crisis que se ha agravado en la última década. La acumulación de tensiones económicas y sociales se acelera, ya que la situación de Venezuela y las interrupciones en el suministro de combustible erosionan la capacidad de gestionar la crisis y reduce los márgenes de gobernabilidad.
Venezuela alberga las mayores reservas petrolíferas del mundo, una de las principales justificaciones de la operación Resolución Absoluta, pero Cuba no cuenta con recursos estratégicos ni es un foco del narcotráfico que azota a todo el continente. ¿Cómo justificaría Donald Trump un ataque militar contra Cuba? Con la democracia no, ya que le es indiferente. De momento, las declaraciones del presidente estadounidense de que Cuba puede ser el próximo objetivo sólo preparan el terreno de futuras negociaciones, siguiendo su lema de que “life is a big deal”. Este texto analiza los efectos económicos y políticos para Cuba del cambio de gobierno en Venezuela con mayor control de EEUU.
¿Cuánto depende la economía cubana de la alianza con Venezuela?
La Figura 1, con información oficial de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) de Cuba, complementada con estimaciones propias, mide la importancia de las relaciones comerciales con Venezuela para la economía cubana y permite evaluar cómo ha evolucionado esa dependencia en la última década. Se comparan los niveles de intercambio de 2014, cuando la relación bilateral alcanzó su máximo, con datos más recientes disponibles para 2024.
Figura 1. Cuba: disminución de las relaciones comerciales con Venezuela
| UM | 2014 | 2024 | Cambio 2024-2014 | |
|---|---|---|---|---|
| Exportaciones de bienes a Venezuela | Dólares a precios corrientes | 2.069,5 | 11,2 | -99% |
| Importaciones de bienes de Venezuela | Dólares a precios corrientes | 5.188,8 | 900,9 | -83% |
| Exportaciones de servicios a Venezuela* | Dólares a precios corrientes | 7.100,0 | 4.783,1 | -33% |
| Intercambio comercial con Venezuela* | Dólares a precios corrientes | 14.358,3 | 5.695,2 | -60% |
| % del total | Precios corrientes | 45% | 31% | -32% |
| % del PIB | Precios constantes | 20% | 9% | -55% |
Los datos muestran que en 2014 el intercambio económico entre Cuba y Venezuela tenía una magnitud excepcional para el tamaño de la economía cubana y su comercio internacional. Las exportaciones de bienes cubanos a Venezuela superaban los 2.000 millones de dólares, incluyendo una participación mayoritaria de medicinas y productos farmacéuticos. Las importaciones de bienes desde Venezuela se ubicaban por encima de los 5.000 millones de dólares, dominadas por el suministro de petróleo y derivados.
El déficit en el balance comercial de bienes se compensaba con el mayor componente del intercambio: las exportaciones de servicios, que alcanzaban alrededor de 7.100 millones de dólares y correspondían principalmente a los llamados servicios profesionales, con predominio de los servicios médicos. En conjunto, este intercambio superaba los 14.000 millones de dólares en 2014 y representaba aproximadamente el 45% del comercio exterior total de Cuba, cerca del 20% del PIB, lo que refleja el carácter estratégico de la relación con Venezuela.
A partir de ese punto, los datos muestran una significativa contracción del vínculo comercial. Destaca, en primer lugar, el colapso prácticamente total de las exportaciones de bienes cubanos hacia Venezuela, que caen un 99%, lo que indica que este componente del comercio bilateral ha quedado prácticamente desmantelado. En segundo lugar, las importaciones de bienes de Venezuela, asociadas fundamentalmente al petróleo, se reducen en un 83%. La agencia Reuters y estimaciones del profesor Jorge Piñón coinciden en indicar que estos volúmenes cayeron desde cerca de 90.000-100.000 barriles de petróleo diarios (bpd) en 2015 a un rango mucho menor de 32.000-35.000 bpd en 2024 y 26.000-27.000 bpd en 2025. La reducción de los volúmenes, junto con la caída del precio del crudo, explicaría la contracción en dólares corrientes de un pilar fundamental del intercambio.
En contraste, las exportaciones de servicios muestran una mayor resiliencia relativa, con una caída del 33% en el período. Esto indica que la relación Cuba-Venezuela fue cambiando hacia un esquema cada vez más concentrado en servicios profesionales, lo que reforzó su carácter político y su difícil replicabilidad en otros mercados. Como resultado, el intercambio comercial total se redujo en un 60% en términos nominales. Su peso en el comercio exterior cubano cayó del 45% al 31% y su importancia relativa en el PIB descendió del 20% al 9%. No obstante, Venezuela continúa siendo un socio económico de primer orden para Cuba, lo que pone de relieve la vulnerabilidad externa de la economía cubana ante cualquier interrupción adicional de estos flujos.
Los indicadores de la Figura 2 muestran cómo la disminución de las relaciones comerciales con Venezuela se ha reflejado en el desempeño macroeconómico de Cuba durante la última década. Los indicadores presentados permiten identificar una alta correlación entre la caída del intercambio bilateral y el empeoramiento de los principales agregados macroeconómicos.
Figura 2. El empeoramiento de la macroeconomía cubana en los últimos 10 años
| UM | 2014 | 2024 | Cambio 2024-2014 | |
|---|---|---|---|---|
| PIB | Precios constantes en pesos | 52.184,0 | 50.693,3 | -3% |
| Inflación | % dic/dic | 2,1% | 70%* | 33,3 veces |
| Balance fiscal | % PIB corriente | -2,2% | -7,3% | 3,3 veces |
| Exportaciones | Dólares a precios corrientes | 17.812,0 | 9.513,3 | -47% |
| Importaciones | Dólares a precios corrientes | 13.865,0 | 8.923,9 | -36% |
| Intercambio comercial | Dólares a precios corrientes | 31.677,0 | 18.437,2 | -42% |
| Balance comercial | Dólares a precios corrientes | 3.947,0 | 589,5 | -85% |
La Figura 2 muestra que el PIB cubano no sólo dejó de crecer, sino que acumuló una caída cercana al 3% en el período, un desempeño marcado por el colapso de la actividad económica a partir de 2020. Paralelamente, se observa un gran incremento de la inflación, debido en parte a la monetización de déficits fiscales excesivos en un contexto de contracción productiva.
Los desequilibrios internos se han movido a la par de los externos. Los datos evidencian una caída dramática de las exportaciones, las importaciones y del intercambio comercial total con el resto del mundo. La reducción del 85% del balance comercial explica por qué la economía cubana lleva varios años sin capacidad para cumplir con sus compromisos financieros con acreedores, inversores extranjeros y proveedores internacionales, configurando una situación de permanente default financiero.
En las dinámicas de la macroeconomía cubana y del intercambio con Venezuela habría también que mencionar el efecto de las sanciones, tanto a Venezuela como las directas a Cuba. En el caso venezolano, éstas se endurecieron desde 2017 y, de forma más decisiva, desde enero de 2019, cuando EEUU sancionó a Petróleos de Venezuela SA (PDVSA), centrando el castigo económico en la industria petrolífera, afectando la capacidad de exportación y los esquemas de suministro de crudo y combustibles. En el caso de Cuba, tras un breve período de flexibilización durante la Administración Obama, las sanciones se endurecieron con la primera Administración de Donald Trump.
La crisis económica cubana también pone de manifiesto el fracaso de las reformas internas. Las transformaciones impulsadas durante el primer gobierno de Raúl Castro nunca se profundizaron lo suficiente como para influir en la competitividad, atraer inversión extranjera de forma sostenida o desarrollar sectores exportadores capaces de ofrecer alternativas viables a la alianza con Venezuela. En la práctica, el gobierno cubano ha insistido en intentar replicar el modelo de exportación de servicios profesionales –principalmente médicos– hacia otras geografías.
A pesar de la creciente participación del sector privado cubano en el comercio interno y externo y en diversas actividades de servicios, éste se sigue enfrentando a obstáculos para su expansión (las empresas privadas sólo pueden emplear hasta 100 trabajadores). Gran parte de su actividad cambiaria y financiera se realiza por canales informales debido a la crisis de liquidez en divisas del sistema financiero nacional. La mayoría de las industrias cubanas siguen monopolizadas por ineficientes empresas estatales y por un oscuro conglomerado empresarial (Grupo de Administración Empresarial SA, GAESA) administrado por instituciones militares. Todo ello se traduce en la acumulación de distorsiones que afectan la productividad y la competitividad empresarial.
El aparato militar-empresarial cubano apostó en gran medida por el turismo, comprometiendo en él la mayor parte de los escasos recursos financieros. Sin embargo, las inversiones se concentraron casi exclusivamente en la construcción de hoteles, sin atender otras áreas, como la infraestructura eléctrica y de transporte, la producción de alimentos y la calidad y estabilidad de los servicios complementarios. En este contexto, el turismo no ha logrado recuperarse del efecto de la pandemia. En 2025, la llegada de turistas extranjeros se redujo un 20% y las perspectivas para 2026 no son nada halagüeñas. La inversión extranjera tampoco ha servido para amortiguar el shock venezolano. Las sanciones y el detrimento de la credibilidad en la solvencia y estabilidad financiera del modelo económico cubano, incluso entre los aliados internacionales del régimen cubano, han frenado la llegada de capitales internacionales.
El precedente soviético y el riesgo de un shock externo amplificado
El posible desmantelamiento del intercambio económico entre Cuba y Venezuela y el brusco recorte en el suministro de petróleo remiten inevitablemente a lo ocurrido a comienzos de los años 90, tras la desaparición de la Unión Soviética. En aquel momento, la pérdida del principal aliado económico representó un golpe muy duro para la economía cubana. Un shock de naturaleza similar hoy tendría consecuencias muy severas, pero con una diferencia fundamental: las condiciones económicas, financieras e institucionales de partida son más desfavorables que entonces.
A finales de los años 80, Cuba tenía una infraestructura no tan descapitalizada, con ciertos niveles de reservas financieras e inventarios, y un capital humano en mejores condiciones. Además, el liderazgo político gozaba de una mayor cohesión interna y de un reconocimiento internacional hoy inexistente. La economía tendría que afrontar el shock venezolano y petrolero tras varios años de recesión –prácticamente en caída libre desde 2020– y con desequilibrios profundos en el plano fiscal, monetario y externo.
No existe información pública ni verificable que permita hacer una estimación fiable sobre los inventarios estratégicos de petróleo en Cuba. Las autoridades no publican datos sobre niveles de almacenamiento. Lo que sí se sabe, por la evidencia empírica, es que se opera con márgenes muy estrechos. Los apagones, la reducción de la generación eléctrica y las restricciones al transporte sugieren que no existen colchones amplios de reservas energéticas que permitan sostener la economía durante un período muy prolongado sin el suministro venezolano. Las presiones sobre otros proveedores tienden a encarecer y dificultar la sustitución de flujos, reduciendo aún más la capacidad inmediata de reacomodo.
La reducción o desaparición del intercambio con Venezuela implicaría efectos similares a los observados en los años 90, pero amplificados por la fragilidad acumulada y por el cerco energético. Se produciría una caída adicional del PIB, mayores disrupciones en la balanza de pagos, contracciones en exportaciones e importaciones, y un deterioro del balance fiscal, cuyo déficit volvería a ampliarse tras cierta reducción reciente. Todo ello tendría un efecto devastador en el consumo de los hogares, agravando los niveles actuales de pobreza y escasez.
Como ocurrió en los 90, un shock externo de esta naturaleza tendría consecuencias sobre la estabilidad monetaria. Son previsibles mayores presiones inflacionarias y un aumento de la tasa de cambio informal sobre una economía que no ha logrado resolver sus problemas de inflación y en la que el mercado cambiario informal sigue desempeñando un papel central a pesar de los intentos del Banco Central de recuperar cierto control. En estas condiciones, el daño económico y social sería mayor que el sufrido hace tres décadas.
La encrucijada de la política exterior
Un Trump radiante dijo, pocos días después de la operación militar en Venezuela, que no haría falta intervenir en Cuba, ya que lo que quedaba de la Revolución se encargaría de su propia caída. La desastrosa situación socioeconómica fue calificada por Marco Rubio como propia de un “Estado fallido”. Con ello, parece resucitar, en otro contexto, la Doctrina de la Fruta Madura de John Quincy Adams, que postulaba en 1823 que Cuba caería automáticamente en la órbita de EEUU.
El secretario de Estado Marco Rubio, de origen cubano, estuvo durante años al frente de aquellos republicanos y exiliados cubanos que pedían la caída del régimen en Cuba, por las buenas o por las malas. Ahora podría haber llegado el momento de poner fin a la dictadura ya poscastrista del partido único que vive un declive histórico. Al igual que la venezolana, la crisis cubana ha provocado un éxodo de ciudadanos de alrededor de dos millones de personas. El cierre de la vía marítima entre EEUU y Cuba sólo ha evitado otra oleada de balseros como en los años 90.
En términos políticos, el fin de Maduro y una Venezuela bajo mayor control de EEUU obligan al gobierno cubano a reorientar su política exterior. En el actual escenario, el régimen corre el riesgo de perder sus nexos con la Revolución Bolivariana sin la posibilidad de encontrar socios ideológicamente afines en otras geografías. El actual escenario plantea múltiples riesgos para el internacionalismo médico cubano; podríamos estar cerca del fin de los denominados proyectos sur-sur de Cuba, de la iniciativa ALBA y de la exportación de la Revolución.
Al mismo tiempo, la clara advertencia de Washington a China y Rusia de que EEUU sigue dominando –si es necesario por la fuerza– su patio trasero, especialmente América Central y el Gran Caribe, obstaculiza la posibilidad de que Cuba pueda expandir sus relaciones con China, Rusia e Irán. Por tanto, al régimen no le quedan muchas opciones y corre el riesgo de quedar en una especie de vacío geopolítico
Un aliado potencial del gobierno podría ser su primer socio comercial e inversor, la Unión Europea (UE). Sin embargo, es poco probable que esté dispuesta a desafiar a EEUU en el tema cubano cuando tiene otros asuntos más complejos a los que hacer frente en política exterior, como Groenlandia y el expansionismo de Trump. Las tibias declaraciones de la UE tras el 3 de enero sugieren poco apoyo a Cuba y a su gobierno autoritario, que sigue siendo objeto de las críticas del Parlamento Europeo.
A Cuba no le quedan muchos aliados en América Latina. Brasil podría ser un socio político importante en una región dividida frente a EEUU, pero económicamente no es alternativa a Venezuela. Las relaciones financieras han estado empañadas por los impagos acumulados de la deuda. México parece ser uno de los principales amortiguadores regionales parciales en el frente energético. La presidenta Claudia Sheinbaum parece inclinada a mantener el suministro de crudo y combustibles a Cuba. Sin embargo, Sheinbaum también se enfrenta a una relación compleja con Washington y, en los próximos meses, deberá gestionar un desafío decisivo: la revisión obligatoria del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), crucial para la estabilidad de su economía.
La necesidad de negociar
En el nuevo escenario geopolítico, el gobierno se verá obligado a buscar algún tipo de negociación. El problema es que históricamente ha mostrado poca disposición a comprometerse con cambios económicos y políticos significativos como parte de cualquier negociación. Una aparente sobrestimación de parte de la élite política de su fortaleza interna y del peso político internacional de Cuba ha socavado la racionalidad de su postura negociadora. Del otro lado, las constantes amenazas y presiones de Donald Trump tampoco facilitan que fructifique un proceso de negociación y diálogo.
A nivel interno, cada día aumenta la probabilidad de un resurgimiento de protestas a gran escala, como las del 11 de julio de 2021. El gobierno sólo pudo detenerlas desplegando fuerzas policiales y de seguridad, y arrestando a cientos de personas, muchas de las cuales pasaron a engrosar la lista de presos políticos. Este es un escenario que el gobierno claramente querría evitar, dado el precedente venezolano y el interés de Rubio en un cambio de régimen en La Habana.
¿Qué futuro le espera al gobierno de Díaz-Canel ante la perspectiva del mayor deterioro social y un repunte de las protestas? EEUU frenó la migración a partir de 2024 al incluir Cuba, junto con Venezuela, en la lista negra de países con altísimas restricciones de entrada. Así, se limitó al extremo la opción de salida que impulsó a casi dos millones de cubanos a abandonar la Isla después de la pandemia. Al limitarse la opción de salida sólo queda alzar la voz frente a un régimen que ha provocado un profundo deterioro económico y social, que restringe el pluralismo político mediante la persecución y prohibición de la oposición y la protesta.
El gobierno de Díaz-Canel podría ser el próximo objetivo de Donald Trump, empecinado en reconquistar y subyugar lo que considera su “home region”, su casa. No se puede descartar que Cuba sea atacada militarmente si no negocia con EEUU. Trump ya sugirió que el gobierno “llegue a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde” y Rubio añadió: “Si viviera en La Habana y estuviera en el Gobierno, estaría preocupado”. Sin embargo, una operación militar se enfrentaría a complejas barreras de legitimación interna –jurídicas y el Congreso–, en tanto sería más difícil sostener un casus belli basado en vínculos verificables con el narcotráfico o en la existencia de un interés económico y estratégico sustancial que justifique la acción bajo los parámetros de la seguridad nacional estadounidense.
Ante un eventual ataque militar de EEUU, la capacidad de resistencia cubana sería limitada, dada la debilidad del régimen y la desventaja en equipamiento y tecnología, tras la progresiva merma de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Ante la hostilidad de su vecino y tras el intento fallido de invasión en la Bahía de Cochinos, Cuba llegó a destinar, hasta 1989, más del 6% del PIB en defensa. El derrumbe de sus vínculos con los países socialistas en la postguerra fría provocó una caída sustancial de hasta el 2,88% del PIB según los últimos datos oficiales (2018). De 50.000 efectivos, el 80% corresponde al ejército de tierra y sólo 8.000 integran la fuerza aérea. Aunque el servicio militar es obligatorio para los hombres y existen milicias de defensa territorial, no se puede asegurar que amplios sectores de la ciudadanía se sumen al enfrentamiento armado para defender una Revolución en pleno declive.
Las necesidades económicas, las amenazas militares y la situación geopolítica obligarán al régimen, en algún momento, a negociar posibles salidas con Washington. Entonces, levantar sanciones para permitir inversiones de EEUU y del poderoso lobby cubanoamericano podría ser de beneficio mutuo y, en principio, no pondría en peligro la estabilidad política. La liberación de presos políticos podría ser otro gesto para calmar los ánimos de Trump y Rubio, con un coste bajo para el régimen. Otras concesiones –como una apertura democrática– serían previsiblemente descartadas por la élite política, pues implican riesgos sustanciales para un gobierno con legitimidad erosionada y escaso o nulo respaldo.
En una eventual negociación, el gobierno cubano podría, además de liberar a los casi 1.000 presos políticos, generar oportunidades a empresas estadounidenses para reconstruir un país cuya infraestructura está destrozada por casi siete décadas de Revolución y la devolución de bienes estadounidenses nacionalizados, a cambio de levantar las sanciones, incluyendo las Leyes extraterritoriales Helms-Burton –que este año cumple 30 años– y Torricelli, que reclaman la devolución de las propiedades de EEUU antes de la Revolución. Aunque lo último puede ser de interés para Trump y para una parte de la comunidad cubanoamericana que dice apoyar, el gobierno de Díaz-Canel tiene mucho menos que ofrecer que el de Venezuela.
Conclusiones: los escenarios a los que se enfrenta el régimen
Mientras la atención internacional se dirigía hacia Irán y Groenlandia, el régimen cubano intentó ganar algo de tiempo para valorar los posibles escenarios, repensar sus opciones e intentar mover ficha en el tablero geopolítico. El régimen de 1959 sobrevivió no sólo a 13 presidentes estadounidenses sino también al intento de George W. Bush de iniciar la transición democrática desde EEUU mediante el nombramiento de un Cuba Transition Coordinator, que luego cayó en el olvido. Las presiones sobre el régimen cubano no sólo podrían centrarse en amenazas militares, sino también con medidas financieras y energéticas cortando su dependencia de Venezuela y del combustible importado. La dependencia económica cubana de Venezuela si bien ha disminuido, sigue siendo alta y representa alrededor del 30% del comercio exterior de Cuba. Si este intercambio se redujera o cesara, Cuba se enfrentaría a enormes dificultades para sustituirlo. Es imposible que el arreglo de “médicos por petróleo” pueda replicarse en otros países a escala comparable. Tampoco existe una solución interna inmediata. No hay políticas económicas ni reformas que, a corto plazo, puedan compensar un efecto de tal magnitud. Cuba requeriría apoyo internacional, ya sea de sus aliados tradicionales o mediante negociaciones con EEUU.
El escenario financiero más optimista es que el gobierno venezolano logre en eventuales negociaciones una flexibilización de las sanciones y un desbloqueo de los buques petroleros a cambio de compromisos en cuanto a los intereses estadounidenses detrás de las acciones militares: acceso a petróleo, mayor control del narcotráfico y transición democrática. Y que EEUU permita que sigan fluyendo los suministros de petróleo para evitar una crisis humanitaria y migratoria, siguiendo el mismo pragmatismo político aplicado a Venezuela para priorizar la estabilidad sobre un cambio de régimen desorganizado y caótico.
El escenario económico más catastrófico para Cuba sería una retirada inmediata o acelerada de las misiones médicas (principal rubro de exportación del país) y del envío del petróleo. El suministro de crudo se enfrenta a dificultades adicionales debido al bloqueo de los buques petroleros y a las amenazas a terceros proveedores. La economía cubana no cuenta con sectores productivos con la competitividad necesaria para sustituir los ingresos provenientes de la exportación de servicios médicos, ni hay divisas para comprar petróleo en otros mercados. Si el suministro va a cero se paralizará la economía.
Habrá que ver qué apoyo ofrecen México, Brasil, Rusia, China y la UE. Hasta ahora, los apoyos financieros han sido escasos debido a la falta de credibilidad del modelo económico y su alto endeudamiento. En el contexto internacional actual –marcado por una política exterior estadounidense más impredecible y ajena a las normas del derecho internacional– es probable que los gobiernos prioricen otros intereses y eviten asumir costes adicionales. Sus propias negociaciones con Washington en materia comercial y arancelaria, así como sus prioridades geopolíticas y territoriales, pueden reducir aún más la disposición a ayudar a Cuba.
Por lo que ocurrió en Venezuela y puede ocurrir en otros países, está claro que en su segundo mandato Donald Trump ha dejado de ser un aislacionista jacksoniano para definir un mundo a su antojo sin visos de que alguien se interponga en su camino. De momento, China y Rusia no han protestado demasiado por la operación militar en Venezuela. Brasil está en una posición minoritaria y la UE comienza a definir su postura frente a la amenaza de EEUU de tomar Groenlandia y, por tanto, atacar un país aliado y miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). En una eventual escalada contra el régimen cubano, no está claro que La Habana pueda contar con respaldos externos suficientes para disuadir o contener la presión estadounidense.
