Ver también: Presentación virtual “Lengua y cultura en español en el Japón de la era Reiwa”. #ReiwaEspañol.

Índice

1. Resumen Ejecutivo – 5
2. Presentación – 11
3. Cultura y educación en el Japón contemporáneo – 23
3.1. ¿Un “superpoder” blando? Cultura y política cultural en el Japón
contemporáneo – 23
3.2. Otakus globales de la cultura kawaii – 37
3.3. La construcción de la relación bilateral España-Japón – 46
3.4. El campo cultural en la relación bilateral – 55
3.5. Un caso especial: la presencia hispanoamericana en Japón (y viceversa) – 70
3.6. La enseñanza del español en Japón – 80
3.7. El español y el sistema educativo japonés – 93
3.8. El español más allá del sistema educativo formal – 130
4. A modo de conclusión – 143
Anexo – 147
Referencias – 161

Resumen Ejecutivo

El Real Instituto Elcano –el más importante de los think tanks especializados en relaciones internacionales en España y uno de los más relevantes de Europa en este campo– inició en 2020 una serie de estudios acerca de la circulación de la cultura de España y en español en Asia. Gracias a la colaboración del Instituto Cervantes y de IAG-Iberia se ha elaborado este primer estudio que revisa la situación de las relaciones culturales bilaterales de España y Japón, la evolución de la política cultural japonesa y de sus vinculaciones con la proyección internacional del soft power del país y profundiza en la transformación del sistema educativo nipón y la oferta de lenguas internacionales en todos los niveles de la enseñanza, para comprender especialmente la dimensión  de la presencia del español en las escuelas, los institutos y los campus universitarios japoneses.

El presente de Japón se delimita temporalmente por dos acontecimientos. El primero, que marca trágicamente los últimos años de la reciente historia nipona, es el seísmo del 11 de marzo de 2011, el posterior tsunami y el accidente que produjo en la central nuclear de Fukushima. El último son los Juegos Olímpicos de verano que tendrían que haber encendido su antorcha el 24 de julio de 2020, y que tras la crisis mundial del COVID-19 lo harán justo un año después. Entre Fukushima y los Juegos queda una década en la que Japón ha vivido ajustes económicos (los llamados Abenomics) aplicados para evitar la recesión, profundos cambios en su política de seguridad para tener más presencia militar exterior y la abdicación el 30 de abril de 2019 del Emperador Akihito en favor de su hijo Naruhito, que marca el comienzo de una nueva era de la historia japonesa, bautizada como Reiwa, y cierra las tres décadas de la era Heisei. La marcha, por razones de salud, del influyente primer ministro ABE Shinzō a finales de 2020 –reemplazado por su anterior secretario jefe de gabinete, SUGA Yoshihide– es una marca más del inicio de un nuevo ciclo en la historia y la sociedad japonesas de la nueva era imperial. No es extraño que uno de los últimos programas de la política cultural nipona se haya bautizado como Beyond 2020, remarcando el valor inaugural del año olímpico de un nuevo tiempo de recuperación nacional tras Fukushima. El paisaje de fondo lo ha definido tanto en Asia como en todo el mundo su vecino, China, al superar a Japón en 2010 como segunda economía del mundo y desafiar la hegemonía global estadounidense.

La sociedad japonesa vive, como tantas otras, una tensión respecto a su identidad vinculada, por un lado, a los hechos de su pasado reciente que hacen de la revisión histórica un territorio de permanente conflicto –como muestran, por ejemplo, las discusiones sobre la historia nacional que se enseña en el sistema educativo– y, por otro, al temor de que la globalización transforme un patrimonio cultural preservado durante varios siglos de sakoku y el consiguiente “efecto galápagos” cultural. Japón es, también, una sociedad que se siente al tiempo parte de una patria común asiática y, sin embargo, una cultura única y diferenciada. La expansión imperial y los 15 años de guerras que van desde el incidente de Manchuria hasta las bombas atómicas que ponen fin a la guerra del Pacífico obligan a una reevaluación y reconciliación de los japoneses con su identidad cultural tradicional a través de un complicado proceso, el Nihonjinron, que, acompañado del milagro económico nipón de la segunda mitad del siglo XX, contribuye al interés renovado de Occidente por la cultura japonesa, en muchos campos. La acción del Estado en la cultura ha sido un factor clave en este asunto. Influida por el modelo estadounidense, la política cultural japonesa se asienta primero en torno a la promoción de las artes y solo desde los 90 se recupera la idea de una acción cultural estatal que deja de ser un tabú para asentarse sobre el paradigma de la cultura como instrumento de construcción nacional. En 2001 esos principios se consolidan definitivamente con la aprobación de una primera ley básica de cultura, la BACPA. El interés de los japoneses por su propia cultura hace muy difícil a las industrias culturales extranjeras –salvo las estadounidenses– tener presencia en el mercado japonés, tan atractivo como difícilmente accesible. Las grandes compañías de la industria cultural son esencialmente locales y se asientan en un mercado interno muy poderoso y estable.

Japón ha encontrado en su industria cultural y creativa un modo de reemplazar las limitaciones impuestas por el artículo 9 de la Constitución de 1947 a una influencia exterior de hard power; primero mediante la cooperación al desarrollo y, en este siglo, canalizando el soft power que le proporciona su sector cultural y creativo. Cuando el gobierno japonés puso en marcha Cool Japan, Japón ya era cool. A diferencia de otros países que articularon políticas culturales y creativas destinadas a la consolidación del sector cultural interior y exterior, el gobierno japonés encontró en el auge de la cultura popular nipona en el mundo un instrumento de poder blando que, inicialmente, no formaba parte de sus políticas culturales –sí de las industriales y las exteriores– y ha ido permeando las políticas públicas japonesas. Las políticas culturales, en especial la revisión de la ley básica de cultura en 2017, han combinado en los últimos años desarrollo industrial interno con proyección exterior en el Cool Japan, un ejemplo que debe tenerse en cuenta para cualquier planificación de diplomacia cultural, como también la Estrategia para la Economía Cultural (2017) de ABE Shinzō, que vincula la política cultural interior, el turismo y la promoción internacional del país con el objetivo de potenciar el “poder cultural japonés” (Nihon’nobunka-ryoku).

Las relaciones entre España y Japón tienen su origen en las décadas de las grandes navegaciones transoceánicas que dieron comienzo al proceso globalizador contemporáneo en el siglo XVI, con la llegada a Asia Oriental de los primeros comerciantes y misioneros llamados entonces “bárbaros del sur” y las primeras embajadas japonesas a Europa. Tras los siglos del sakoku y la apertura al mundo del final del siglo XIX, Europa ha vivido un cíclico japonismo fascinada por las formas estéticas y filosóficas de Japón, la expresión de sus contradicciones culturales y la autenticidad de su literatura, sus artes visuales o su arquitectura. Europa y Japón han pasado de la conflagración que acabó con el sueño imperial japonés a mediados del siglo XX a una voluntad de cooperación estratégica en un contexto internacional marcado por la disputa entre China y EEUU por la hegemonía mundial, cuya última concreción es el Acuerdo de 2019. En ese contexto europeo, España y Japón han estrechado progresivamente los vínculos de sus sociedades, de sus economías y de sus intereses geoestratégicos. El camino es aún muy inicial, pero aprovechando las conmemoraciones de la última década se han concretado en los acuerdos de Asociación España-Japón para la Paz, el Crecimiento  y la Innovación (2013-2018), a cuya finalización le siguió un Acuerdo de Asociación Estratégica (2018) en el contexto de los firmados por Japón con la UE en materia de Asociación Económica (desde el 1 de enero de 2019) y Asociación Estratégica. Aunque nuestra relación bilateral es activa y ha construido fuertes lazos entre las dos sociedades, España y Japón no son aún grandes socios comerciales. En 2017 Japón suponía tan sólo el 0,86% del mercado exterior español (y sólo el 7,7% de las exportaciones totales a Asia), y España el 0,57% de las exportaciones mundiales de Japón (sólo el 3,86% de las exportaciones a Europa), según los datos de UN Comtrade.

España debe continuar potenciando los vínculos entre las dos sociedades, como hizo con la elevación de la relación bilateral a “Asociación Estratégica” durante la visita de ABE Shinzō a España en octubre de 2018, que debe ahora traducirse en una mayor cooperación en todos los campos. El Foro España-Japón es, con sus 21 ediciones, buen ejemplo de una estrategia que debe ampliarse y profundizarse. Las comunicaciones ofrecen una vía para aumentar la movilidad turística y mejorar la relación de las dos sociedades. España atrae a los japoneses –cada año un 0,5% de la población japonesa nos visita–, y cada vez más españoles visitan Japón, como muestran las cifras récord de 2019. Las conexiones aéreas existentes deben potenciarse y aumentar en un futuro como clave para estimular las relaciones de ambas sociedades en todos los ámbitos.

Aunque la relación bilateral es positiva y fructífera, queda mucho por hacer en el campo de la cultura. Más instrumentos para fomentar la cooperación cultural (tanto entre instituciones como en el tejido empresarial) deben promoverse. Sólo la industria de los videojuegos ha conseguido establecer vías de colaboración con el tejido local que no se encuentran en otros sectores en los que aún puede aumentar la colaboración. Los clubes de fútbol y La Liga se han convertido, en apenas una década, en un escaparate importantísimo –si no el principal– de España en Japón. El interés de la competición futbolística española ha estimulado una mayor atención por nuestra sociedad y nuestra cultura. La colaboración entre las instituciones y las empresas (desde La Liga a cada uno de los grandes clubes) debe seguirse de cerca desde las instituciones de diplomacia pública para aprovechar al máximo esta oportunidad.

El español sigue siendo un idioma irrelevante en el sistema educativo japonés, en el que el inglés ocupa una posición central que lo incorpora –en la última modificación del Plan Curricular– a la enseñanza primaria obligatoria desde los ocho años. Sólo algunos centros privados, ubicados en zonas con población migrante latinoamericana, ofrecen en esas edades cursos complementarios de español para los niños matriculados, muchos de ellos pertenecientes a las comunidades de migrantes japoneses retornados de América latina o descendientes de estos, los llamados nikkei. La comunidad nikkei podría ser clave para una mayor circulación del español y la cultura en español en Japón, pero no sólo son una comunidad débil y socialmente poco visible, sino que además tienen la carga de una “doble limitación” comunicacional por sus dificultades tanto en  la lengua de herencia como en la del país de adopción. La cooperación de todos los países hispanohablantes debería servir para que el español pueda aprenderse en las regiones japonesas con más población latinoamericana desde los primeros años de  escolarización.

En la educación secundaria, la última reforma curricular ha reforzado la enseñanza de idiomas, pero la convivencia de otras lenguas con el inglés es insignificante: sólo el 0,3% de los centros en todo el país ofrece algún idioma distinto a inglés en secundaria, y sólo el 0,1% de los estudiantes está matriculado en ellos. Los últimos datos del Ministerio de Educación (MEXT) muestran que el francés es el idioma (sin contar el inglés) con más oferta y demanda: 12 centros permiten estudiarlo en el país a 2.216 estudiantes, mientras que el español sólo puede seguirse en tres centros y apenas tiene 161 estudiantes en la secundaria obligatoria (Zenki Chutō kyōiku). Respecto al Bachillerato (Zenki Chutō kyōiku), en 2019 sólo 44.753 estudiantes cursaron idiomas adicionales al inglés en alguno de los 677 centros que los ofrecían; de ellos, el 44% eligió el chino y el 25% el coreano, con el francés como la lengua no asiática preferida y el español con cifras una vez más exiguas: en 2019 tenía tan sólo 2.863 estudiantes en 96 centros por todo el país. En el acceso a la universidad, el español está fuera de los cinco idiomas que los estudiantes japoneses pueden elegir para la prueba de idioma extranjero (inglés, francés, alemán, chino desde 1997 y coreano desde 2002). El intento, por ahora infructuoso, de reforma de los exámenes de ingreso a la universidad puede ser una oportunidad para incorporar al español en el proceso de evaluación. En esa dirección se han dirigido los esfuerzos diplomáticos realizados por los embajadores hispanohablantes, que han orientado en los últimos años varias cartas al gobierno japonés para promover la incorporación del español a las pruebas de acceso a la universidad. El aplazamiento de la reforma de las pruebas de acceso a la universidad ha dejado la situación, por el momento, pendiente de resolución.

En un sistema educativo tan dependiente de los procesos internos y externos de evaluación, es imprescindible seguir de cerca los cambios en el examen de acceso a la universidad para garantizar que el español tenga en ese proceso una presencia que contribuya a su integración en el currículum de Educación Secundaria y, sobre todo, Bachillerato. La paralización del proceso de externalización de las de inglés  hace necesaria una observación minuciosa de las políticas públicas educativas para coordinar las actuaciones más adecuadas. La buena disposición inicial del gobierno japonés a la diversificación de los idiomas en el examen de acceso a la universidad debe consolidarse vigilando tanto los costes del examen como la disponibilidad geográfica de acceso al ejercicio, las dos claves que han aparecido más fuertemente en el debate nacional sobre este asunto en 2019. Tanto la certificación DELE como SIELE deben ser apoyados por España, pero es comprensible que, tanto por razones logísticas como  de costes, el SIELE sea el examen preferido por la administración japonesa, además de –por su modelo institucional– aquel en el que será más operativo que exista un posicionamiento conjunto de las 19 embajadas hispanohablantes.

El urgente objetivo de internacionalización de la universidad japonesa es una buena oportunidad para incrementar sus vínculos con la universidad española. Tras la desregulación universitaria de los 90 y la conversión de los campus en corporaciones que compiten por la financiación, la internacionalización se ha convertido en uno de  los valores clave  de todo el sistema de educación superior, tanto en la construcción  de redes de colaboración científica como en la formación de estudiantes con mayores competencias en la globalización a través de programas como el Top Global University. Pese a la centralidad del inglés en el proceso internacionalizador, este contexto puede servir para promover una mayor presencia del español en los campus, tanto en los estudios culturales y lingüísticos como en las escuelas de negocios, en especial teniendo en cuenta la fuerte competencia por la diferenciación de los programas en el abundante tejido universitario privado. Hoy, los datos son aún muy pobres, aunque mejores que en la enseñanza preuniversitaria: mientras el 99% de los campus ofrece a sus estudiantes cursos de inglés, un 83% ofrece chino, un 65% francés, un 63% alemán o coreano y, muy por detrás, el español sólo puede cursarse en un 31% de las universidades niponas en 2018. Tan sólo 16 de las 786 universidades de Japón ofertan estudios especializados de español: dos estatales (la Universidad de Estudios Extranjeros de Tokio y la Universidad de Osaka), dos locales (Universidad de Osaka y Universidad Provincial de Aichi) y 12 privadas.

El actor central en la dinamización del proceso de promoción del español y la cultura de España en Japón es el Instituto Cervantes, acompañado por la Consejería Cultural de la Embajada española en Tokio y la Consejería de Educación, cuyas actividades se coordinan desde Pekín. El Instituto Cervantes está presente en 47 países del mundo, pero sólo cuenta con una sede en Japón. La expansión del Instituto Cervantes en otras zonas del país es una opción que sigue pendiente de desarrollo. El Instituto Cervantes podría satelizar sus actividades en ciudades como Osaka, Nagoya, Kobe y Kioto, reforzando tanto la oferta de cursos de idioma como la certificación y el refuerzo de    la promoción cultural. El reconocimiento de la certificación externa en el acceso a la universidad puede resultar determinante en la expansión del Instituto Cervantes en el país y en ese sentido el trabajo del centro tokiota es más que reseñable, sobre todo en dos aspectos que se han revisado en este informe: la cohesión de la comunidad hispanista y el refuerzo de su papel de liderazgo en las acciones de promoción del español a través del Observatorio del Español en Japón y la dinamización de las acciones coordinadas entre las embajadas hispanohablantes para promover el reconocimiento de la lengua española en el sistema educativo japonés.

Ángel Badillo Matos
Investigador principal del Real Instituto Elcano
 | @angelbadillo