Sistema de Indicadores de la Distancia entre Imagen y Realidad (SIDIR). Análisis del caso español. Cuarta edición 2017

Diferencia entre las posiciones españolas en los rankings de indicadores objetivos y en el de imagen. Gráfico: Real Instituto Elcano

Índice

(1) Introducción – 4
(2) Resultados – 9
(2.1) Aspectos en los que la realidad es similar a la imagen – 9
(2.2) Aspectos en los que la imagen es mejor que la realidad – 19
(2.3) Aspectos en los que la realidad es mejor que la imagen – 28
(3) Resumen de los datos – 37

(1) Introducción y metodología

El objeto de este informe es presentar la diferencia entre la realidad española y la evaluación de España realizada por la opinión pública internacional, identificando aquellos aspectos en los que la realidad del país es mejor que su imagen exterior. Con una mejor divulgación se podrá, por tanto, lograr un avance en el prestigio del país.

El resultado permite medir la distancia entre las posiciones de la imagen y de la realidad de España en un ranking en el que se sitúan las 55 primeras economías del mundo: Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, EEUU, México, Perú, Venezuela, Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Finlandia, Grecia, Países Bajos, Irlanda, Italia, Noruega, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa, Rusia, Rumanía, Suecia, Suiza, Ucrania, Arabia Saudí, Australia, Corea del Sur, China, Filipinas, India, Indonesia, Irán, Irak, Israel, Japón, Kazajistán, Malasia, Nueva Zelanda, Pakistán, Qatar, Singapur, Taiwán, Tailandia, Turquía, EAU, Argelia, Egipto, Nigeria y Sudáfrica.

La fuente que se utiliza para medir la imagen externa de España es la formada por las encuestas anuales que desde el 2009 elabora el Reputation Institute y la explotación que realiza de ellas para España por encargo del Real Instituto Elcano. En concreto, se utiliza la imagen de España en los países del antiguo G-8 (EEUU, Canadá, Francia, Italia, Alemania, Reino Unido, Rusia y Japón) medida en el Country RepTrak durante febrero y marzo de 2016: en el análisis de esta encuesta la puntuación (valoración) obtenida por España en estos ocho países se compara con la obtenida por los otros 54 países sometidos a evaluación.

La imagen de España, tal y como resulta convertida en variable operativa en las clasificaciones de dicha encuesta, se compone de 24 elementos de valoración: 17 de ellos miden el acuerdo con frases que indican posibles aspectos positivos de un país (“es un bello país”, “es un país que valora mucho la educación”, “es un país seguro”, etc.) y los siete restantes recogen recomendaciones de los encuestados tales como “recomendaría ese país para estudiar”, “para trabajar”, “para vivir” o “para visitar”. En conjunto, los 24 elementos abordan todos los aspectos relevantes en la configuración de la imagen de un país, desde el aspecto político-institucional al económico y tecnológico, pasando por el cultural, el educativo o el relativo a la calidad de vida. En base a los resultados obtenidos en las encuestas, los 55 países son clasificados para cada uno de los elementos de valoración. Como ejemplo, bajo estas líneas puede observarse la clasificación de los países según la valoración que reciben en cuanto al atributo “Seguridad”, medido en función del nivel de acuerdo con esta frase: “es un país seguro: ofrece un ambiente seguro tanto para los visitantes como para sus habitantes”. En este caso, España aparecía en 2016 en el puesto 16 en un ranking encabezado por Suiza. Como se verá más adelante, España es en realidad el 9º país más seguro de entre las 55 principales economías del mundo.

La posición de España en estas 24 clasificaciones constituye la variable “imagen”, que va a compararse con la realidad española obtenida a través de diversas fuentes estadísticas internacionales. A este respecto cabe reseñar que dichas comparaciones plantean varios desafíos: (a) definir las variables objetivas que pueden considerarse equivalentes en la realidad al elemento que se valora en la encuesta; (b) identificar fuentes estadísticas en las que se recojan todos los países valorados en la encuesta sobre imagen; y (c) simultanear en el tiempo imagen y realidad.

(a) Definir las variables objetivas que pueden considerarse equivalentes en la realidad al elemento que se valora en la encuesta

A veces este ejercicio es sencillo, como en el caso de la posición de España según el número de turistas que recibe al año como variable objetiva comparable con su clasificación en la pregunta “Recomendaría este país para visitarlo”. Sin embargo, en ocasiones la identificación de una variable objetiva ha resultado imposible porque el elemento que se valora es intrínsecamente subjetivo. Es, por ejemplo, el caso del atributo “la gente de ese país es simpática”, pues no existe ninguna medición objetiva internacional que permita conocer el grado de “simpatía” de los individuos de un país. De la misma forma, tampoco existen estadísticas internacionales respecto a la “oferta de ocio y entretenimiento” o la “confiabilidad de la población”. En relación a este último atributo, existen encuestas que miden hasta qué punto los ciudadanos de cada país confían los unos en los otros, pero eso no equivaldría a un indicador que mostrase hasta qué punto cumplen su palabra y dicen la verdad (y, por tanto, son confiables). Por estas razones, cinco de los ítems de la imagen han tenido que ser excluidos de la comparación con variables objetivas, los tres nombrados más la “calidad de productos y servicios” y el “uso eficiente de los recursos públicos”, quedando el listado final reducido a 19 elementos frente a los 24 recogidos en la encuesta de imagen.

En otras ocasiones, el atributo incluye internamente varios componentes diferentes que pueden corresponderse, a su vez, con diferentes variables objetivas. Este es el caso, por ejemplo, del atributo “entorno económico”, el cual se define en la encuesta como “ofrecer un entorno favorable para hacer negocios, contando con una economía estable de bajo riesgo y una infraestructura desarrollada”. A este respecto se han utilizado tres variables objetivas de comparación: la clasificación de “calidad regulatoria” del Worldwide Governance Indicators, la densidad de la infraestructura de transporte y la ratio de suscripciones a banda ancha. En los casos como éste, en que un atributo se corresponde con indicadores objetivos de ámbitos diversos, la comparación se ha duplicado o triplicado, realizándose de forma separada para cada uno de ellos. Así, en relación a este atributo, los resultados se muestran dispares: mientras que la imagen internacional de España como país para hacer negocios es acorde con la realidad en base a la infraestructura de transporte, en lo referente a su calidad regulatoria la realidad está por debajo de dicha imagen, al contrario de lo que sucede con la realidad española en cuanto a la implantación de Internet.

En una ocasión sucede lo contrario, que un solo indicador objetivo se ha utilizado para medir dos atributos de la imagen: “lo recomendaría como país para vivir” y “lo recomendaría como país para trabajar”. Aunque es importante saber que España resulta más atractiva como país para vivir que para trabajar, no existen dos indicadores objetivos diferentes para comparar ambos atributos, puesto que trabajar en un país exige generalmente vivir en él y, análogamente, para vivir en un país suele ser necesario trabajar en él. En este caso el indicador utilizado ha sido la tasa de migración neta per cápita, definida como la diferencia entre el stock de inmigrantes y de emigrantes (lo que incluye a los individuos inactivos) en relación a la población total del país.

Por otra parte, en algunos casos es inevitable que la fuente utilizada como variable objetiva tenga un componente significativo de percepción externa o esté básicamente construida sobre ella. Así, para los atributos relativos al “entorno político e institucional” y al recién citado “entorno económico e institucional” se ha utilizado como fuente estadística el Worldwide Governance Indicators del Banco Mundial, que a su vez se elabora a partir de la opinión de expertos. Esto es debido a la falta de una fuente objetiva que mida dicha eficacia con criterios y metodología similares para el conjunto de países incluidos en la muestra. Como ocurre con otros índices que intentan medir fenómenos difícilmente cuantificables (como, por ejemplo, el de Transparencia Internacional sobre corrupción), la percepción de individuos bien informados por su posición social, económica o política es lo más cercano que puede encontrarse a una medición objetiva.

En otro caso, la fuente de la variable objetiva de la comparación es, a su vez, un conjunto de encuestas. Se trata del atributo de la encuesta por el cual “el país ofrece un estilo de vida atractivo, disfrutando la gente que vive allí”. Aquí se trata de medir el disfrute o la felicidad de los individuos de cada país, y siendo la felicidad por definición un estado de ánimo y por tanto subjetivo, la única comparación posible es la que puede realizarse con los datos que miden esa felicidad a partir de encuestas a los individuos. En este caso se han utilizado los datos del World Happiness Report elaborado por la ONU, que se basan a su vez (entre otras fuentes) en varias encuestas internacionales.

Por último, no siempre es fácil decidir si los datos de la variable objetiva deben utilizarse en sus términos absolutos o relativos al tamaño de la población. Por ejemplo, en relación al número de universidades incluidas en los primeros puestos de los rankings internacionales: ¿el indicador relevante es el número absoluto o el relativo a la población de cada país? En este informe se ha decidido continuar con el criterio adoptado en la pasada edición, es decir, utilizar el dato ponderado, en la medida que el número de universidades punteras que puede producir un país está relacionado con su tamaño demográfico.

(b) Identificar fuentes estadísticas en las que se recojan todos los países valorados en la encuesta sobre imagen

Esto ha supuesto, por ejemplo, desechar las numerosas fuentes estadísticas que se refieren sólo a la UE o a los países de la OCDE. En los casos en que la fuente estadística utilizada recoge la mayoría del resto de los 54 países de la encuesta pero dejando fuera a algunos de ellos, éstos últimos han sido eliminados también de la clasificación de imagen para hacer comparables ambas escalas. El caso más destacado es el de Taiwán, que aparece recogido en la encuesta pero que está ausente en numerosas estadísticas internacionales dado su limitado reconocimiento internacional.

(c) Simultanear en el tiempo imagen y realidad

Aunque la última oleada de la encuesta de imagen internacional se ha realizado en el año 2017, la publicación de estadísticas internacionales suele sufrir un retraso de al menos un año respecto al momento al que se refieren los datos. Ello obliga a utilizar la encuesta del Country Reptrak 2016.

Comparabilidad de los resultados con los de la edición anterior

Conviene recordar que el objetivo del SIDIR es proporcionar, para cada momento, la medición de la distancia entre la posición de España en el ranking de imagen y su posición en el ranking de datos objetivos. Al tratarse de la medida de una distancia, su evolución en el tiempo puede deberse a cambios en la posición en el ranking de imagen o cambios en la posición en el ranking que se deduce de las estadísticas internacionales. Por tanto, la lectura e interpretación de la evolución de la distancia debe ser muy cuidadosa, ya que la posición en un ranking internacional puede alterarse por los cambios experimentados por los demás países. España podría mejorar en cualquier atributo y, sin embargo, ver disminuida su posición en el ranking porque otro país ha mejorado más, o porque nuevos países con un resultado mejor que el español se han incluido en la encuesta de imagen.

En cualquier caso, para facilitar la comparación entre los resultados de diferentes años del SIDIR y medir específicamente el avance o retroceso de la distancia entre imagen y realidad de año en año, se realiza una comparación entre el porcentaje de aumento o retroceso de la puntuación obtenida por España en cada uno de los atributos en la encuesta (en una escala 0-100) con el porcentaje de aumento o retroceso en los datos objetivos. Esta comparación permite medir la evolución de la distancia entre la imagen de España y su realidad, al margen de cuál haya sido la evolución de los demás países. Es decir, no mide los cambios de posición en un ranking internacional, sino la evolución nacional. Este resultado interesa especialmente a los que desean medir la eficacia de las políticas dedicadas a la mejoría del prestigio de España y lo español.

Esta es la 4ª edición del SIDIR, que seguirá actualizándose anualmente a la luz de los datos de imagen de España y de las estadísticas internacionales. La aparición de nuevas fuentes de información estadística o de clasificaciones basadas en datos objetivos, así como el acceso a nuevos datos de opinión, o la realización de las modificaciones metodológicas que resulten apropiadas, convierten el SIDIR en un sistema abierto cuyo objetivo es ofrecer cada año una foto de la distancia entre la posición del país en las encuestas de imagen internacional y su realidad tal y como es reflejada en las fuentes estadísticas y clasificaciones internacionales.

Carmen González Enríquez
Directora del Observatorio Imagen de España (OIE)
 | @rielcano

José Pablo Martínez Romera
Ayudante de investigación, Real Instituto Elcano