Desde el comienzo de los ataques de Estados Unidos (EEUU) e Israel sobre Irán los contendientes han ido escalando el conflicto hacia los escenarios energéticos más severos previstos por los analistas. EEUU e Israel obviaron las opciones de menor intensidad, como el bloqueo de las exportaciones iraníes o una presión militar intermitente, para apostar directamente en los dos primeros días de guerra por ataques de alta letalidad, intensidad y extensión geográfica, incluyendo el asesinato del líder supremo iraní Alí Jamenei y objetivos militares y civiles.
La rápida escalada ha materializado los peores escenarios de los analistas, pese a lo cual la subida de precios inicial del petróleo no parece reflejar en su totalidad los riesgos geopolíticos.
En correspondencia, la respuesta iraní ha sido masiva y sus misiles y drones no sólo se han dirigido contra objetivos militares sino también contra objetivos civiles, puertos, aeropuertos e infraestructuras energéticas de los países del Golfo, con lo que se ha entrado en un escenario de escalada descontrolada. A diferencia de anteriores enfrentamientos armados, cuando todas las partes evitaron blancos energéticos para contener la escalada, y aunque siempre se especuló con la posibilidad de que los ataques afectaran al flujo energético, Irán atacó objetivos energéticos y amenazó con atacar los petroleros y metaneros en tránsito.
Los ataques han afectado a las instalaciones energéticas de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Kuwait, Omán y Qatar. La refinería saudí de Ras Tanura, la mayor del país con una capacidad de 550.000 barriles diarios paró su actividad con daños menores que no afectaron a su la terminal petrolera, que cuenta con una capacidad de exportación de unos seis millones de barriles diarios. Tampoco fueron importantes los daños al puerto de Jebel Ali en Dubái (EAU), el puerto comercial más activo de Oriente Medio y un centro importante de exportación y tránsito de productos petrolíferos, que se cerró en los primeros días de la guerra para volver a operar el 2 de marzo.
Al día siguiente, los drones iraníes alcanzaron los tanques de almacenamiento de la terminal de Fuyaira situados en el emirato del mismo nombre de EAU. Es un puerto clave para abastecer de combustible a los barcos que transitan por el estrecho de Ormuz y el tercer mayor centro de aprovisionamiento de crudo y productos derivados del mundo. Aunque las operaciones de almacenamiento quedaron suspendidas, la terminal ha seguido operando. En Kuwait, Irán ha atacado la refinería de Mina Al Ahmadi, y en Omán la de Duqm, aunque ambas seguían operando. Varios campos petroleros del Kurdistán iraquí han sido también cerrados por precaución ante la intensificación de los ataques con drones y misiles a su capital Erbil por parte de milicias pro-iraníes, tras haber constituido objetivos preferentes en el pasado.
Irán también ha amenazado con cerrar el estrecho de Ormuz, por donde discurre el 20% del comercio mundial de petróleo, atacando cualquier buque en tránsito. Irán ya habría atacado varios petroleros y el aumento del riesgo ha llevado a las aseguradoras a cancelar los seguros de guerra en la zona. EEUU ha insistido en que el estrecho sigue abierto y en que Irán carece de las capacidades necesarias para mantener un cierre prolongado, pero lo cierto es que el flujo de petroleros se ha reducido drásticamente y desde el comienzo de la guerra no parece haber tránsito de metaneros. El 3 de marzo el presidente Donald Trump anunció en su red social que EEUU proporcionaría seguro contra el riesgo político al comercio marítimo, especialmente al energético que discurra por Ormuz, además de escolta a petroleros.
Quizás el mayor efecto sobre los mercados energéticos haya sido el ataque con drones del 2 de marzo a la planta qatarí de Ras Laffan, la mayor planta de exportación de gas natural licuado (GNL) del mundo. Qatar es el sexto productor de gas natural mundial y el segundo exportador de GNL junto con Australia, representando el 20% de las exportaciones mundiales de gas natural, sólo por detrás de EEUU, que también transitan por Ormuz. Qatar Energy, propietaria de la planta, procedió al cierre por precaución, pues los daños sufridos por las instalaciones serían menores. A ello se suma el cierre de algunos campos israelíes de gas ante el riesgo de ataques iraníes y el cese de exportaciones a Egipto, ya muy afectado por una recurrente crisis energética y que deberá buscar ahora nuevas fuentes de suministro.
Los ataques de Israel y EEUU parecen seguir centrados en objetivos militares y de mando y control, pero también alcanzaron la terminal petrolera de Kharg, por la que Irán exporta el grueso de su petróleo, aunque los desperfectos causados por ahora no han impedido que Irán siga cargando petroleros, según las imágenes recogidas por satélite. Los ataques a las instalaciones portuarias de Bandar Abbas afectaron a dos petroleros reconvertidos empleados por la Armada iraní (Nedaja) para proporcionar apoyo logístico en despliegues marítimos de largo alcance, pero sin afectar por el momento a la central térmica ni a la refinería de la localidad.
La rápida escalada ha materializado los peores escenarios de los analistas, pese a lo cual la subida de precios inicial del petróleo no parece reflejar en su totalidad los riesgos geopolíticos. Los precios del barril de petróleo Brent abrieron con subidas del 13% el lunes 2 de marzo y, aunque luego se moderaron notablemente, el 3 de marzo volvieron a subir con fuerza en un rango del 6-8% que fue igualmente moderándose durante la jornada. El 4 de marzo las subidas del Brent fueron todavía más modestas, en el entorno del 1,5%. El barril de Brent pasaba así de los 72 dólares el viernes previo a los ataques a los 82,58 dólares registrados en la mañana del 4 de marzo. Se trata de subidas importantes, pero las estimaciones proyectaban que un escenario de escalada descontrolada como el actual llevaría a subidas superiores, en el entorno de los 15 dólares por barril, por lo que todavía parece quedar recorrido al alza para los precios del petróleo. A título comparativo, la invasión rusa de Ucrania llevó al barril de Brent por encima de los 130 dólares.
El efecto ha sido aún más fuerte sobre los precios del gas natural. Las noticias del cierre de la planta de GNL qatarí de Ras Laffan repercutieron con intensidad sobre los mercados del gas natural, que registraron subidas cercanas al 30% del TTF, de referencia en Europa, el 2 de marzo y del 20% al día siguiente, para caer en la mañana del 4 de marzo un 10%. Los futuros del TTF para mayo pasaron de unos 32 €/MWh el viernes previo a los ataques a 47,6 €/MWh en la mañana del 4 de marzo. Aunque la Unión Europea (UE) apenas importó en 2025 el 4% del total de su gas natural de Qatar y España menos del 2%, las subidas de precios se explican por la competencia de los clientes asiáticos qataríes. En 2024, el 80% de las exportaciones de GNL de Qatar se dirigían a Asia: 20% a China, 12% a la India, 10% a Corea del Sur, 7% a Pakistán, 6% a Taiwán y 3% a Japón.
Esos importadores deberán recurrir a suministradores alternativos si Qatar mantiene su principal planta de GNL cerrada y el tránsito por Ormuz sigue interrumpido de manera prolongada. Europa y Asia deberían competir por los suministros estadounidenses, pues Australia es un suministrador lejano y caro para Europa. La capacidad de EEUU para aumentar las exportaciones de GNL es muy limitada e incapaz de suministrar los volúmenes adicionales necesarios para sustituir a Qatar, por lo que el ajuste se producirá vía aumento de precios y destrucción de la demanda. Siguiendo con la comparación previa, tras la invasión rusa de Ucrania los precios del TTF superaron los 300 €/MWh, todavía muy lejos de los niveles actuales.
Llegada la escalada a este peldaño, existe no obstante el riesgo de que el descontrol pueda seguir subiendo. En primer lugar, los países árabes del Golfo podrían atacar las instalaciones energéticas de Irán en represalia a los ataques recibidos. Esta vez no les ha servido impedir el sobrevuelo de aviones estadounidenses e israelíes sobre sus territorios para librarse de los ataques iraníes (incluso Omán, que albergó negociaciones entre Irán y EEUU, ha visto cómo los drones iraníes atacaban sus infraestructuras) y ahora se enfrentan a la posibilidad de entrar en un conflicto armado. No pueden limitarse a seguir defendiéndose mientras continúen los ataques iraníes y tendrán que contraatacar si los daños humanos o materiales aumentan significativamente. La expectativa de un nuevo conflicto regional encapsulado dentro de otro en curso afectará a los mercados significativamente porque se multiplican los riesgos de impacto y duración. Y una vez dentro de una guerra sin restricciones, parece difícil que los daños económicos hagan entrar en razón a los contendientes.
En el momento de escribir estas líneas no se han destruido activos energéticos de forma irreparable y buena parte de los cierres de instalaciones se han tomado por precaución. Si los ataques terminasen con esta situación de las infraestructuras energéticas regionales la producción volvería rápidamente a los niveles habituales y los precios retornarían gradualmente a la normalidad. En cambio, si se generalizan los ataques contra campos de gas y petróleo, terminales de exportación e instalaciones de procesamiento, la recuperación postbélica llevaría meses y las subidas de precios serían mucho mayores y más prolongadas.
Respecto a Ormuz, parece difícil que Irán pueda imponer un cierre prolongado y total de la navegación por el estrecho. Tanto para las potencias regionales como las extrarregionales, incluida China, el cierre permanente representa una amenaza existencial para su economía: Irak ya ha tenido que reducir su producción de petróleo al no poder exportarlo y carecer de suficiente capacidad de almacenamiento y, si el cierre se mantiene, otros productores deberán reducir también su producción. Subir ese último peldaño suprimiría las restricciones al uso de la fuerza que todavía observan sus rivales y el daño económico privaría a Irán de los apoyos que le restan. Por eso es importante trabajar por la desescalada mientras los daños no resulten irreparables: sin ingenuidad, pero con determinación.
