¿Hacia un resurgimiento de Estado Islámico en Siria?

20260302 GarciaCalvo Hacia un resurgimiento de estado islamico en Siria
Campo de Al-Hol, en Siria. Foto: Y. Boechat (VOA) (Wikimedia Commons / Dominio Público).

Los recientes enfrentamientos entre el ejército gubernamental y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) en el noreste de Siria tras el colapso de las negociaciones para la integración –acordada en marzo de 2025– de las milicias kurdas en el nuevo ejército nacional, junto con las fugas masivas de familiares y simpatizantes de Estado Islámico del campo de Al-Hol, así como la retirada de las tropas estadounidenses del país, han reavivado los temores de un posible resurgimiento del grupo en una región de gran valor ideológico y simbólico para el yihadismo global. La magnitud de tal riesgo dependerá de la capacidad del presidente sirio, Ahmed al-Sharaa, para culminar la transición política e imponer su autoridad en todo el territorio, incluido el noreste, donde los kurdos, principal socio de la comunidad internacional en la lucha contra Estado Islámico desde 2015, desarrollaron la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (AANES), un proyecto político y de gobernanza propio hoy casi extinguido tras la ofensiva gubernamental de enero de 2026. En un contexto interno complejo, agravado por la presente alta volatilidad regional, la atención sostenida de la comunidad internacional sobre Siria seguirá siendo determinante para anticipar y contener el riesgo.

Estado Islámico busca explotar las fracturas internas de la Siria post-Assad con el objetivo de reconstituirse y recuperar su relevancia en el caos.

Situación de Estado Islámico en Siria

Sin ningún dominio territorial efectivo en la actualidad –como sí ocurrió en la época del califato–, los militantes de Estado Islámico optaron por concentrarse en áreas donde el gobierno de Damasco no había logrado imponer su control: el desierto de Al-Badia y la región de Deir ez-Zor, en la zona fronteriza con Irak, donde finalmente Estados Unidos (EEUU) lanzó misiones contraterroristas desde el aire. Como estrategia de adaptación a esta presión, la matriz yihadista ha extendido en el último año sus redes por todas las provincias sirias, incluidos centros urbanos como Damasco. Aunque sus efectivos están hoy muy lejos de los 100.000 combatientes que acumulaba en el apogeo del califato, fuentes de inteligencia afirman que el grupo contaría hoy con entre 5.000 y 10.000 efectivos, cifra notablemente superior a los 2.000-2.500 que se le atribuían en 2024.

En paralelo, la actividad operativa de Estado Islámico registra una tendencia ascendente: según el Comando Central de los Estados Unidos (CENTCOM), el grupo yihadista se atribuyó 153 ataques en Siria e Irak durante la primera mitad de 2024, frente a los 121 del conjunto de 2023, una perspectiva que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ratifica para 2025. Cabe destacar que el principal incremento de ataques el pasado año se produjo en los meses de abril-mayo, coincidiendo con la reducción de efectivos militares estadounidenses de unos 2.000 a 700 aproximadamente. Las fuerzas militares sirias fueron el objetivo prioritario de estos ataques, en línea con la estrategia de socavar la autoridad del gobierno interino, al que consideran ilegítimo. Recientemente el portavoz del grupo presentaba al presidente al-Sharaa como una “marioneta sin alma” al servicio de los países occidentales.

La salida inminente y definitiva de EEUU –principal impulsor de la coalición internacional contra Estado Islámico– añade un elemento adicional de incertidumbre sobre la aludida capacidad de al-Sharaa para sostener la lucha contraterrorista, si bien el ejército estadounidense podría seguir realizando ataques aéreos contra células y líderes yihadistas en el territorio desde otras bases de la región. El compromiso del gobierno sirio con la lucha antiyihadista culminó con su incorporación como miembro número 90 de la Coalición Internacional contra Estado islámico a finales de 2025.  No obstante, a las referidas dudas sobre su capacidad para ejercer un efectivo control territorial, se suman las concernientes a su competencia para gestionar la presencia de elementos radicales que se han infiltrado en las fuerzas de seguridad, incluidos antiguos combatientes terroristas. Para afrontar el desafío que plantea Estado Islámico, el gobierno deberá contar con redes de inteligencia, fuerzas terrestres y cuerpos de seguridad locales bien preparados y, sobre todo, leales al régimen.

Los acuerdos de 2025 preveían la transferencia del control de las prisiones y campos de detenidos de las FDS a las autoridades de Damasco. Pero la ofensiva militar precipitó ese traspaso, finalmente caótico. Y así, el CENTCOM trasladó preventivamente a unos 5.700 combatientes de Estado Islámico desde una veintena de centros penitenciarios en territorio nacional a bases militares en Irak, con el doble fin de evitar fugas y poder ser juzgados allí. La urgencia estaba justificada por lo ocurrido el 19 de enero en la prisión de Al-Shaddadi, provincia de Hasaka, de donde unos 200 yihadistas escaparon, en línea con la estrategia “Derribando los Muros” que Estado Islámico promueve desde 2019, aprovechando el desgobierno. En torno a 80 de ellos serían detenidos posteriormente, pero el resto permanece todavía en paradero desconocido.

La fuga de familiares y simpatizantes de Estado Islámico del campo de Al-Hol supone igualmente un desafío a la estabilidad en Siria y también a la seguridad de la comunidad internacional. Se calcula que unos 20.000 individuos, en su mayoría mujeres y menores, huyeron durante el traspaso de poderes sin documentación alguna y tras haber destruido los registros generados por las FDS sobre los internos a lo largo de los más de siete años que los custodiaron. Una parte de ellos tratará de regresar a sus respectivos lugares de origen por sus propios medios; otros, simplemente desaparecerán para evitar ser detenidos. Así, es previsible que algunos pretendan buscar el cobijo del grupo.

Implicaciones para Europa y España

Expertos y analistas del ámbito de la lucha contra el terrorismo han venido advirtiendo desde 2019 de los riesgos humanitarios y de seguridad que suponía la existencia de los campos de detención en las provincias del noroeste, cuyas condiciones de habitabilidad y seguridad venían deteriorándose progresivamente.

Las distintas Administraciones de EEUU han presionado en favor de la repatriación a sus países de origen de estos individuos vinculados a Estado Islámico, que languidecían en un limbo legal, incluidos los de la Unión Europea (UE). Igualmente, cierto es que ésta no ha estado entre las prioridades de los Estados miembros por motivos políticos y de seguridad. Aunque a partir de 2022 se forjó un cierto consenso en torno a la repatriación de mujeres y menores, a los que inicialmente se consideraba víctimas. Una opción que nunca ha estado sobre la mesa en el caso de los militantes masculinos, considerados una amenaza para nuestras sociedades. A mediados del pasado año, unas 38.400 personas, en su mayoría esposas, viudas, hijos y familiares de militantes de Estado Islámico, permanecían todavía detenidas en Al-Hol. De ellas, el 42% son sirias, el 36% iraquíes y el 22% nacionales de más de 50 países. El campo de Al-Roj, más pequeño y aún bajo control de las FDS, alberga todavía a unos 2.000 extranjeros, entre ellos numerosos occidentales.

España repatrió a principios de 2023 a dos mujeres y 13 menores a su cargo, y en diciembre de 2025 a una tercera mujer adulta, junto a su hijo de cinco años. Las dos primeras habían abandonado nuestro país en 2012 acompañando a sus maridos, miembros de la Brigada Al Andalus; la tercera lo hizo en 2014 siendo aún soltera. Todas permanecían en Al-Hol desde 2019.  Actualmente, no habría ninguna otra española localizada en la zona. En cuanto a los hombres trasladados a Irak desde prisiones sirias, unos 75 serían europeos, pero sólo uno con nacionalidad española. No está clara la situación de otros dos yihadistas españoles identificados en prisiones locales.

Un posible resurgimiento de Estado Islámico en Siria tendría implicaciones directas para Europa. Tras el establecimiento del califato, miles de ciudadanos europeos viajaron a Siria e Irak en una movilización yihadista sin precedentes que alimentó la oleada de atentados en el continente entre 2015 y 2017. Muchos fallecieron en combate o han regresado ya a sus países de origen; otros siguen detenidos en la zona. Pero una parte permanece en paradero desconocido planteando desafíos para la seguridad a corto y medio plazo: su posible reintegración en las filas del grupo terrorista en Siria para hacer la yihad allí o en otros escenarios de conflicto; o el retorno desordenado a Europa sin procesamientos judiciales ni mecanismos adecuados de seguimiento y rehabilitación. Ambas posibilidades implicarían efectos en el nivel de alerta terrorista en el continente.

Conclusiones

La comunidad de expertos, académicos y profesionales de la seguridad ha abierto un debate en torno a un posible resurgimiento de Estado Islámico, que podría volver a reunir las condiciones –y efectivos– necesarios para poner en riesgo el proceso de transición dirigido por al-Sharaa. Los datos actuales apuntan a que este escenario estaría todavía lejos: el grupo carece de un control territorial efectivo, sus militantes son una fracción de los militantes en la era del califato y, por su parte, al-Sharaa sigue comprometido con el proyecto de integración nacional, así como con la lucha contra el terrorismo. Ahora bien, la tarea no está exenta de dificultades y el factor kurdo puede seguir constituyendo un elemento de inestabilidad en el norte y noroeste del país. Estado Islámico busca explotar las fracturas internas de la Siria post-Assad con el objetivo de reconstituirse y recuperar su relevancia en el caos. Y la comunidad internacional, con su inacción, no puede permitirse brindarle tal oportunidad.