El balance sobre igualdad de género “Pekín +25”: la ayuda influye

El balance sobre igualdad de género “Pekín +25”: la ayuda influye. Hillary Rodham Clinton en la IV Conferencia de Naciones Unidas sobre la Mujer en Pekín (1995). National Archives and Records Administration (Wikimedia Commons / Dominio público)

Con la colaboración de Logo Ministerio de asuntos exteriores

En un seminario organizado recientemente por el Real Instituto Elcano en colaboración con varios think-tanks y universidades de Senegal, se analizaron los éxitos y fracasos del país en la reducción de las desigualdades de género.1 Entre los éxitos destacaba la paridad en el acceso a la educación primaria y secundaria, incluso con más niñas que acaban la secundaria que niños, y la reducción de la mortalidad materna en un 39%. Entre los fracasos, la persistencia de las desigualdades en la economía, con un 73% de directivos hombres, y en la política, con sólo un 25% de parlamentarias.

“Entre los éxitos destacaba la paridad en el acceso a la educación primaria y secundaria (…) y la reducción de la mortalidad materna en un 39%. Entre los fracasos, la persistencia de las desigualdades en la economía con un 73% de directivos hombres y en la política”.

A la hora de valorar las alternativas estratégicas de la cooperación al desarrollo para mejorar este balance, se debatieron dos alternativas. La primera sería el apoyo a la reducción de la desigualdad en todos los ámbitos de la vida social, económica y política y en todos sus niveles de decisión, incluidos los más altos. La segunda, sugerida por algunos participantes senegaleses, sería mucho menos ambiciosa y consistiría en concentrarse en la mejora de la autonomía económica de las mujeres, como un primer paso en un proceso de reducción de las desigualdades más largo, pero menos conflictivo. El seminario concluyó que, independientemente de su mayor o menor éxito, la mayoría de las agencias se decantarían por la primera estrategia por cuestión de principios.

La promoción de principios democráticos en el mundo es uno de los usos políticos de la ayuda por parte de las instituciones de cooperación al desarrollo. Las agencias y bancos de desarrollo, de carácter bilateral y multilateral, introducen con su financiación ideas que se incorporan al ideario y normativa de las instituciones financiadas y aspiran a moldear sus políticas. Esta difusión de ideas a menudo se presenta como un ejercicio planificado por parte de un concierto de democracias liberales, pero también puede entenderse como la difusión de normas globales. Este sería el caso del principio de igualdad de género, con cuya difusión están comprometidos los principales donantes y agentes de la cooperación al desarrollo desde la IV Conferencia de Naciones Unidas sobre la Mujer celebrada en 1995.

El balance “Pekín + 25”

“Los mayores éxitos en materia de igualdad de género han tenido lugar en el ámbito de la educación y la salud gracias a los progresos realizados por los países en desarrollo con respecto a su situación de partida de hace 25 años”.

Al igual que Senegal, todos los países han medido su progreso en relación con la Declaración y la Plataforma de Acción surgidas de la Conferencia de Pekín con una amplia batería de indicadores y los han revisado y comparado en foros regionales coordinados por instituciones de Naciones Unidas como CEPAL, UNECA, UNESCA y UNECE, y consolidados en un informe global emitido por ONU Mujeres. El balance final mundial de ONU Mujeres arroja resultados muy distintos por sectores, similares a los de Senegal.

Los mayores éxitos en materia de igualdad de género han tenido lugar en el ámbito de la educación y la salud gracias a los progresos realizados por los países en desarrollo con respecto a su situación de partida de hace 25 años. En el ámbito de la enseñanza, se ha alcanzado la paridad en valores medios mundiales tanto en la educación primaria como en la secundaria. En el ámbito de la salud, el principal éxito ha sido la reducción de las tasas de mortalidad materna en un 38%.

Mientras las cifras de acceso a algunos servicios básicos tienden a igualarse, las desigualdades persisten en el acceso al poder económico y político a escala global. La brecha de género en el mercado laboral mundial es del 31% en términos de empleos y del 13% en términos salariales. Sólo un 25% de los directivos de empresa son mujeres y, a pesar de que el 39% de las mujeres trabajadoras están en la agricultura, sólo un 14% de los propietarios de tierras son mujeres. En el ámbito de la política, la realidad es similar: sólo un 25% de los parlamentarios son mujeres y sólo 14 gobiernos del mundo tienen una composición paritaria como el de España.

La influencia de la ayuda

“(…) la ayuda al desarrollo mundial influye, pero todavía no ha empleado toda su capacidad de influencia en materia de igualdad de género”.

Detrás de estos valores medios mundiales se dan importantes diferencias entre países, las cuales han sido analizadas estadísticamente para identificar qué factores influyen en la reducción de las desigualdades. Un estudio realizado 20 años después de la conferencia de Pekín y 15 después de la adopción de los Objetivos de Desarrollo del Milenio demostró que los avances concretos en el ámbito de la educación y la salud han estado significativamente influidos por el volumen de ayuda dedicado a cada uno de estos sectores, independientemente de la situación inicial del país. Tales avances fueron precisamente la reducción de la mortalidad materna y las diferencias de género en la alfabetización juvenil. En otras palabras, la ayuda al desarrollo ha influido de manera significativa en los aspectos más positivos del balance de “Pekín + 25”.

A estos hallazgos de la literatura académica, cabe añadir que precisamente en los sectores de la salud y la educación es donde las agencias de cooperación han cumplido mejor con el mandato de Pekín de transversalizar la igualdad de género en todos sus proyectos, independientemente de su sector u objetivo. Tal y como se muestra en la Figura 1, basada en datos de la OCDE, la transversalización del género no llega ni al 20% de la ayuda al desarrollo en otros sectores de gran importancia como los servicios e infraestructuras económicos, los sectores productivos o el apoyo presupuestario directo y las operaciones de deuda pública. Se trata de espacios muy indicados para la incidencia en determinados indicadores de igualdad relacionados con el empleo, los salarios y el acceso a puestos directivos, a activos económicos o a la función pública.

Figura 1. La transversalización del género por sectores de la ayuda. Fuente: ayuda sensible al género (marcadores 1 y 2) con respecto al total de la ayuda oficial al desarrollo analizada con perspectiva de género (marcadores 0, 1 y 2) disponible en la base de datos de ayuda CRS. Años 2009-2018. OCDE.

Las diferencias en la transversalización de la ayuda entre países donantes son también importantes. Así como Islandia, Suecia o Nueva Zelanda consiguen transversalizar el género en el 80%, el 71% y el 60% de su ayuda respectivamente, hay donantes del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE por debajo del 10%. España, con una transversalización del 25%, está por debajo de la media y puede también aumentar y mejorar su influencia. Algunas comunidades, como Castilla La-Mancha, el País Vasco, Navarra y Andalucía, han superado a los donantes nórdicos con un 90% de transversalización del género, pero en la AECID, el Ministerio de Educación y el de Sanidad la transversalización ronda el 50%. En el Ministerio de Economía y Competitividad, cuyo presupuesto de ayuda es especialmente importante, la transversalización del género es casi inexistente según los datos de la OCDE.

En otras palabras, la ayuda al desarrollo mundial influye, pero todavía no ha empleado toda su capacidad de influencia en materia de igualdad de género. La ayuda española, tampoco.


1 Este seminario fue realizado en octubre de 2020 con la financiación del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, en colaboración con la Embajada de España en Dakar y el think-tank de África Occidental WATHI. En su mesa sobre igualdad de género participaron además el Observatorio Nacional de la Paridad y el Laboratorio de Análisis de las Sociedades y los Poderes, de la Universidad Gaston Berger de Saint-Louis.