Mensajes clave
- La relación bilateral entre la (Unión Europea) UE y la India requerirá de un enfoque pragmático basado en las convergencias estratégicas, al tiempo que se mitigan las tensiones derivadas de las divergencias normativas.
- A fin de que la asociación estratégica UE-India vaya evolucionando, Bruselas debe reconocer el enfoque indio en materia de asociaciones y adaptarse mediante la adopción de un marco diplomático modular, pragmático y resiliente.
- No obstante, a medio y largo plazo, deberán plantearse en el marco de esta asociación las discrepancias existentes en cuanto a normas y valores, puesto que, a pesar de presentarse en todas las declaraciones oficiales como elementos compartidos, siguen siendo motivo de fricción.
- Estas divergencias proceden de diferencias fundamentales en la cosmovisión de las partes que, como no podía ser de otro modo, reflejan sus distintas interpretaciones del panorama mundial contemporáneo.
Análisis
Introducción
En julio de 2025, se convocó una reunión de académicos europeos noveles para que manifestasen su opinión sobre la relación entre la UE y la India. A partir de esta iniciativa, surgieron dos análisis que reflejan perspectivas distintas sobre el desarrollo de esta asociación. De cara al futuro, a medida que vayan intensificándose las relaciones bilaterales UE-India, Europa deberá contar cada vez más con especialistas en cuestiones relacionadas con la India, mientras que el país asiático tendrá que adquirir sus propios conocimientos especializados para fomentar el entendimiento mutuo.
Esta iniciativa encaja a la perfección con el Proyecto Generación Europa del Real Instituto Elcano, cuyo objetivo consiste en dar voz a la juventud europea en un momento decisivo. Con ese fin, se seleccionaron estudiosos procedentes del sur de Europa, donde el ámbito académico de los estudios indios está menos desarrollado que en el Reino Unido, Francia y Alemania. Es esencial sentar las bases de futuros debates y estudios avanzados sobre la India para profundizar en el entendimiento e integrar las perspectivas diferenciadas del sur de Europa.
La mayoría de los análisis sobre las relaciones entre la UE y la India efectuados hasta el momento se centran en las dimensiones económica y técnica, pero los aspectos normativos parecen más complicados de abordar. Estas divergencias constituyen uno de los principales focos de tensión entre ambos socios. Aunque existe un consenso generalizado sobre la necesidad de estrechar lazos, se antoja igual de importante encarar las dificultades que generan los desencuentros y desajustes normativos a raíz de las distintas cosmovisiones presentes en la mesa de negociaciones.
Las siguientes contribuciones examinarán estas asperezas y formularán recomendaciones al respecto. Un punto de convergencia fundamental entre la UE y la India estriba en la firme convicción de que, ante el clima actual de tensión a nivel mundial, ambas partes deberán liderar los esfuerzos destinados a fomentar el diálogo y la cooperación diplomática. En ambos casos, coinciden en que no se debe emplear como arma la economía mundial y en que ni Estados Unidos (EEUU) ni China deberían dictar las normas del orden internacional.
La interacción con Bharat: influencia de la política interior en la política exterior india e implicaciones para la UE
La política exterior de la India se ha vuelto más asertiva en su viraje hacia los intereses nacionales bajo el mandato del primer ministro Narendra Modi, lo que deja entrever profundas transformaciones internas como el liderazgo centralizado, el relato nacionalista hindú y la contracción del espacio democrático. Estos cambios afectan sobre todo de un modo considerable a la relación entre la India y sus socios exteriores, entre ellos la UE. Bruselas debe afrontar al mismo tiempo las oportunidades de estrechar lazos y las dificultades derivadas de la reticencia de la India hacia los marcos normativos externos. Por lo tanto, el cometido que tiene por delante la UE consiste en forjar una estrategia pragmática y selectiva de acercamiento que concilie sus ambiciones estratégicas con su identidad normativa. Estas son las cuestiones que se deben tener en cuenta:
- Los factores internos son importantes: la contundente postura internacional de la India es un reflejo de tendencias políticas internas como el liderazgo centralizado, el nacionalismo y la reformulación del marco identitario como civilización.
- Divergencia normativa: la India se muestra cada vez más reacia a aceptar dictados externos sobre democracia y derechos, lo que complica la interacción con el marco de valores en el que se basa la política exterior de la UE.
- Peso estratégico: a pesar de las divergencias, la India sigue siendo indispensable para los objetivos de la UE en materia de comercio, gobernanza digital, seguridad y estabilidad multipolar.
- Selección de políticas para la UE: la condicionalidad entraña el riesgo de provocar alienación, mientras que una interacción meramente transaccional podría hacer mella en la identidad de la UE; la opción más viable parece ser un planteamiento selectivo en función de los intereses.
Clima político interno y política exterior
En la política exterior de la India influye sobremanera la dinámica política interna. Desde la llegada al poder de Narendra Modi en 2014, la India ha asumido una postura más enérgica y autónoma, apelando a un resurgimiento nacional y recurriendo a una política de identidad inspirada en el concepto de hindutva. Aunque es posible que esta circunstancia no haya alterado de manera drástica las líneas fundamentales de la política exterior india, algunas implicaciones son obvias: mayor querencia por la multialineación, resistencia a las críticas externas y un rechazo más contundente de las normas universalistas. Estos cambios de cara al exterior se sustentan en tendencias internas más profundas como el cuestionamiento del Estado de derecho, la contracción del espacio cívico, el incremento de la concentración de mercado y el replanteamiento de la identidad nacional a través del prisma conceptual del hindutva. La invocación más recurrente a Bharat, una concepción civilizacional de la nación, es el símbolo de esta redefinición desde la que se presenta la India como la expresión política de una civilización antigua y se refuerza la proyección de su carácter singular de cara al extranjero.
Por lo tanto, aunque se puedan mantener las tradiciones estratégicas de la política exterior india, su manifestación ha evolucionado: la no alineación ha dado paso a la multialineación, mientras que desde Nueva Delhi se insiste cada vez más en que su auge se produzca conforme a sus propias condiciones. En la Conferencia de Bandung de 1955,el universalismo no era motivo de controversia en la India, sino más bien un punto de referencia común. El rechazo actual a las reivindicaciones universalistas rompe con esa postura y marca un cambio de rumbo. En ese sentido, la India se presenta como un Estado-civilización que promueve un orden multipolar que prima la soberanía y opone resistencia a las pretensiones occidentales de imponer normas universales. Este cambio ha acercado la India a una visión del mundo más particularista que agudiza la desconfianza en las normas liberales y consolida la preferencia por la multipolaridad, por lo que el país se ha vuelto más asertivo en su rechazo a las críticas desde el exterior.
La paradoja UE-India
Para la UE, la India es tanto un socio estratégico como un quebradero de cabeza normativo. Los lazos bilaterales se han estrechado de manera considerable en los últimos años. Desde 2018, la UE ha invertido en reforzar esos vínculos con la India en ámbitos importantes como el comercio, la gobernanza digital, la transición verde y la seguridad. Aun así, la India se opone cada vez más a la imposición de marcos normativos externos. Tal y como señaló el ministro de Asuntos Exteriores, S. Jaishankar, en Bruselas en el verano de 2025, “la idea de que una parte del mundo fije las normas para el resto es algo a lo que nos oponemos”. Ahí queda patente el deseo de la India de ser artífice de las normas y no una mera receptora, lo que conlleva implicaciones para la acción exterior de la UE, sobre todo por el anclaje normativo de Bruselas en los derechos humanos, el pluralismo y la gobernanza democrática.
La reciente Comunicación conjunta sobre una nueva Agenda Estratégica UE-India de 2025 hace hincapié en esta dualidad. Se extiende la cooperación a cinco pilares: (a) prosperidad y sostenibilidad; (b) tecnología e innovación; (c) seguridad y defensa; (d) conectividad y cuestiones de alcance mundial; y (e) factores habilitantes como competencias y entendimiento mutuo. La amplitud de esta agenda refleja la apuesta estratégica de la UE por la India como socio indispensable, pero su éxito dependerá del modo en el que se aborden algunas de las divergencias en las que Nueva Delhi insiste cada vez más. Dentro de la UE, el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) y el Parlamento Europeo son los interlocutores más sensibles a una deriva normativa al propugnar constantemente los principios democráticos y los derechos humanos en el marco de las relaciones exteriores. Su postura contrasta con el planteamiento más pragmático de la Comisión y el Consejo, lo que genera tensiones internas en torno al acercamiento de Bruselas a la India. Por otra parte, la concepción india de un orden de base civilizacional, la inclinación primordial por la soberanía y la desconfianza hacia las normas universalistas no hacen sino acentuar las divergencias con el enfoque basado en valores de la UE, incluso a pesar del aumento de la interdependencia.
En un contexto de incertidumbre mundial en el que destaca la imposición de aranceles por parte de la Administración Trump, se antoja necesario llevar a cabo un ligero reajuste de las relaciones India-UE. La interacción debe basarse en objetivos claros y en el respeto mutuo. La excesiva rigidez a la hora de imponer la condicionalidad normativa conllevaría el riesgo de distanciar a una India cada vez más segura de sí misma. Al mismo tiempo, un enfoque meramente transaccional podría restar fuerza a la identidad estratégica de la UE.
Implicaciones para la UE en materia de políticas
La India no se está alineando al cien por cien con Occidente, pero tampoco se está desvinculando. Lo que hace es trazar su propia senda, buscando el equilibrio entre las aspiraciones multipolares y los imperativos internos. Para la UE, se vislumbran cuatro trayectorias posibles: (a) convergencia estratégica: los intereses compartidos prevalecen sobre las divergencias, lo que permite intensificar la cooperación; (b) divergencia normativa: el retroceso democrático en la India añade tensión a las relaciones y socava la confianza; (c) deriva transaccional: la cooperación pasa a ser pragmática pero superficial, con escasa solidez; y (d) renovación democrática (menos probable): las reformas internas de la India reabren un espacio para la convergencia con los valores de la UE y restauran en cierta medida la armonización normativa.
La India está trazando un rumbo propio, moldeado por sus aspiraciones globales y sus perspectivas de multipolaridad.Este derrotero, cada vez más articulado a través del prisma de Bharat, refleja el marco civilizacional y la proyección de base ideológica del auge de la India tanto a nivel nacional como de cara al extranjero. Por su parte, la UE debería centrarse en ámbitos de interés común e interactuar con la India tal y como es: un socio complejo, más asertivo y, aun así, indispensable que gestiona su proyección ascendente según sus propios términos. La alternativa sería apostar por una asociación basada en una ilusión irreal y no en una estrategia.
Entre el espejismo y el interés: replanteamiento de la interacción estratégica de la UE con la India
La UE ve a la India como un posible socio estratégico fundamental. Sin embargo, el incremento de las tensiones a nivel mundial –desde la guerra en Ucrania a la inestabilidad en Oriente Medio y los efectos persistentes de la era Trump– está obligando a replantearse esta asociación desde un punto de vista crítico. Además, el panorama interno de la India y su ambigüedad deliberada en política exterior plantea serias inquietudes a la UE. Esta ambigüedad debería entenderse como un elemento estructural del comportamiento estratégico de la India, no como una desviación táctica o temporal. En este sentido, la UE debería reconsiderar la idea de la afinidad democrática o de la asociación perfectamente simétrica y reconocer a cambio las diferencias estructurales en cuanto a lógica institucional y albedrío estratégico entre la UE y la India. Hay que contar con una estrategia más pragmática que se centre en la cooperación sectorial en ámbitos de interés común –por ejemplo, la seguridad marítima o la gobernanza digital–, principalmente a través de relaciones bilaterales de los Estados miembros dentro de un marco común europeo.
Ambigüedad estratégica india: equilibrio evasivo
La estrategia de la India del equilibrio evasivo revela con claridad la tensión existente entre sus maniobras estratégicas prácticas y el modo de presentarlas. Mientras la India va acumulando capacidades y compite con otras potencias, disipa con cautela los temores de países como China al asegurarles que no tiene intención de plantear dificultades en materia de seguridad. Esta ambigüedad ponderada le sirve para actuar como una potencia flexible y evitar alianzas formales en favor de asociaciones adaptables que le aporten más libertad de movimiento y sustenten una identidad estratégica basada en el movimiento de países no alineados y en su compromiso continuo con la autonomía del país. Esa circunstancia indica que la India podría estar posicionándose de manera deliberada como contrapeso de China, posiblemente con una estrategia real de seducción geopolítica destinada a dejarse querer por todas las potencias importantes.
Relaciones UE-India: el factor civilizacional y las divergencias ideológicas con Europa
En sus relaciones con la India, la UE debe tener en cuenta la identidad civilizacional del país y la percepción que tienen sus élites de las naciones occidentales como paradigmas en declive –a nivel ético, cultural y estratégico– que no merecen ser replicados. Esta postura, vinculada a la ideología del hindutva, alimenta el punto de vista de la India sobre un orden liberal sin legitimidad representado por la UE. En la práctica, el contraste es muy marcado: la UE es lenta, colectiva y normativa. En cambio, la India es ágil, ambigua y muy selectiva. Intentar armonizar los ideales de la India con los de la UE sería un esfuerzo baladí y podría dar pie a situaciones estratégicas embarazosas.
Aun así, la India está manifiestamente interesada en acercarse al mercado europeo y en contar con acceso a tecnologías avanzadas de doble uso. Para Nueva Delhi, la UE es útil: no como aliado estratégico, sino como socio práctico que puede proporcionar beneficios tangibles. La Comunicación conjunta sobre una nueva Agenda Estratégica UE-India de septiembre de 2025, pese a renovar los mecanismos de cooperación sectorial, asume implícitamente una simetría más amplia –o sólo por lo que respecta a capacidades, sino también en cuanto a lógica institucional y perspectivas estratégicas–, al tiempo que minimiza las divergencias civilizacionales y normativas, por lo que reafirma la necesidad de centrarse en una interacción flexible, modular y sectorial.
Vulnerabilidades y limitaciones internas de la India como socio estratégico
La India se enfrenta a muchos escollos internos, como son las divisiones políticas, la desigualdad, el desarrollo tecnológico limitado y la dependencia energética, que merman su potencial de expansión. Estas limitaciones transcienden el ámbito económico y político, y reflejan una reconfiguración más profunda de la arquitectura democrática del país. En este sentido, uno de los riesgos de un acercamiento excesivo por parte de la UE sería partir de una percepción errónea de convergencia e intentar imponer un modelo incompatible desde el punto de vista ideológico, habida cuenta de las tendencias autoritarias y los tintes nacionalistas antiliberales de la India. Más que una potencia clásica, la India es un interlocutor sistémico fundamental que, pese a que quizás no llegue a ser dominante en los próximos años, no cabe duda de que tendrá importancia estratégica.
Recomendaciones estratégicas para la UE
- Aceptar la ambigüedad estructural de la India como socio; dejar atrás la fantasía de la simetría perfecta o la convergencia ideológica profunda. Cuestionar la lógica binaria de “aliado frente a adversario”: la India no tiene cabida en esa dicotomía.
- Reformular la interacción política: asumir el multilateralismo selectivo de la India como permanente y ponderar los objetivos y las ansiedades del país asiático al determinar los intereses estratégicos europeos.
- Optar por una diplomacia modular, pragmática y sólida: fomentar los acuerdos sectoriales con líneas éticas claras y aprovechar la diversidad europea como un activo táctico. Permitir relaciones diferenciadas entre sus Estados miembros y la India dentro de un marco común coordinado y gestionar las divergencias internas en la UE para mantener la cohesión.
- Reconocer la existencia de una competencia real con la India en otros territorios como África y América Latina, donde la UE debería ejercer de facilitador y no de interlocutor paternalista, es decir, aceptar la complejidad en vez de imponer la armonización.
- Europa tiene que aprender a danzar al son de la India sin insistir en bailar un vals rígido: la flexibilidad es la ventaja estratégica definitiva.
Diplomacia parlamentaria en las relaciones UE-India: ¿posible enfoque conjunto para ahondar en el diálogo político y la cooperación estratégica?
Las relaciones entre la UE y la India recibieron un espaldarazo con la aparición de la Nueva Agenda Estratégica UE-India aprobada por el Consejo de Asuntos Exteriores el 20 de octubre de 2025. Este documento estratégico intensifica la relación en ámbitos de interés común, con especial prioridad para la cooperación económica y en materia de seguridad en un contexto geopolítico incierto. En un momento en el que las cadenas de suministro comerciales y energéticas se utilizan cada vez más como bazas de política internacional, tanto la UE como la India se ven conminados a diversificar sus relaciones y a encontrar puntos en común en una asociación estratégica que lleva estancada prácticamente desde su creación en 2004. De cara a este empeño, resulta fundamental invertir a largo plazo en el diálogo político. El presente análisis hace hincapié en la diplomacia parlamentaria como canal para sustentar la interacción política entre la UE y la India y superar las diferencias normativas que se esconden tras el ambicioso marco de cooperación.
Diplomacia parlamentaria en las relaciones UE-India
Aunque suele pasarse por alto, se reconoce desde hace tiempo que la diplomacia parlamentaria es una dimensión importante de las relaciones entre la UE y la India. Desde 2004, los documentos clave sobre política han identificado de manera sistemática los intercambios interparlamentarios como un ámbito importante de cooperación y un componente esencial de la arquitectura institucional que sustenta la asociación estratégica. No obstante, cabe destacar que la nueva agenda quita bastante prioridad a este aspecto. Ahora que la UE y la India pretenden dejar atrás el estancamiento de su relación a través de una asociación ambiciosa que requiere mantener una comunicación diplomática constante, quitar énfasis al compromiso mutuo con la diplomacia parlamentaria en el marco común supone un cambio considerable en la senda de cooperación mutua establecida en 2004.
Entre las distintas plataformas que fomentan el diálogo UE-India, la diplomacia parlamentaria nunca evolucionó hasta adoptar la forma de un mecanismo estructurado, a pesar de su relevancia en el enfoque de ambas partes para la acción exterior. El Parlamento Europeo creó la Delegación para las relaciones con la India en 2007. En cambio, este paso para formalizar las relaciones parlamentarias UE-India nunca suscitó el mismo entusiasmo en la otra parte. El Parlamento indio puso en marcha un órgano equivalente, el Grupo parlamentario por la amistad India-UE, pero sólo de manera intermitente, en 2008 y en el periodo 2014-2019. En consecuencia, los intercambios interparlamentarios entre la UE y la India siguen adoleciendo de falta de estructura y simetría, y se dan sobre todo a través de reuniones interparliamentarias y visitas diplomáticas ad hoc de los comités permanentes del PE relevantes para las iniciativas bilaterales en curso.
Con ese telón de fondo, la decisión de restar prioridad a las relaciones parlamentarias entre la UE y la India en la nueva agenda, unida al uso de un discurso más descafeinado en materia de valores, apunta a dos aspectos principales. En primer lugar, pone de manifiesto un enfoque pragmático hacia cuestiones económicas y de seguridad de carácter urgente. En segundo lugar, transmite el mensaje de que la profundización en el diálogo político puede verse ahora como una barrera para que la asociación estratégica avance.
Contexto estratégico y normativo de una asociación renovada UE-India
La nueva agenda UE-India esboza un plan ambicioso y proyecta a ambas partes como “socios que se benefician mutuamente” en cinco ámbitos de cooperación estratégica: comercio, tecnología, seguridad, conectividad y marcos de interacción estructurada. Años de relaciones bilaterales, principalmente en el sector económico y en defensa, sirven de base para la convergencia en torno a las ventajas compartidas. No obstante, el fortalecimiento de la asociación UE-India conlleva también encontrar canales constructivos para hacer frente a las divergencias normativas persistentes en torno a normas y cuestiones de gobernanza mundial que, junto a otros factores políticos y estructurales, han evitado hasta el momento que Bruselas y Nueva Delhi fuesen socios sólidos.
Dejar de abordar este distanciamiento normativo en cuestiones como crecimiento sostenible, transición energética, protección de datos, derechos humanos y reformas de la gobernanza mundial conlleva el riesgo de complicar las negociaciones UE-India en todos los sectores estratégicos. Además, la transformación en curso del planteamiento de la política interna y el enfoque de política exterior de la India con un gobierno como el que dirige el partido Partido Popular Indio (Bharatiya Janata Party, BJP) choca de plano con el compromiso de la UE relativo a las asociaciones basadas en los valores fundacionales de la Unión, como son la democracia, el Estado de derecho, el pluralismo y los derechos humanos. El modo en el que decidan afrontar estas diferencias la UE y la India constituye un aspecto fundamental de su acercamiento actual que merece una ponderación matizada.
El equilibrio entre la cooperación pragmática y el diálogo político
La India, inmersa en numerosas asociaciones pragmáticas más impulsadas por el interés nacional que por tomas de posición basadas en valores, se ha erigido como un interlocutor global más asertivo y un socio más complicado para la UE. Estos cambios se producen en un contexto internacional más fragmentado en el que la pérdida de importancia del multilateralismo y del derecho internacional en la política mundial, unida al hundimiento percibido del orden liberal, resta relevancia a la diplomacia basada en valores.
La nueva estrategia UE-India es un reflejo de estas complejas relaciones (geo)políticas. Por otra parte, el reajuste de la dimensión normativa de su acción exterior frente a la India puede ayudar a la UE a negociar objetivos a corto plazo como ultimar en 2025 un tratado de libre comercio (TLC) hasta ahora estancado. No obstante, el anclaje de la asociación UE-India en el compromiso compartido de abordar los ámbitos divergentes sigue siendo crucial para garantizar su viabilidad a largo plazo. Se trata de un escollo complejo que exigirá replantearse los mecanismos diplomáticos disponibles que puedan facilitar el diálogo político continuo. Una diplomacia parlamentaria que incluya una diversidad de funciones, interlocutores y niveles puede servir de complemento para los intercambios UE-India impulsados desde la esfera ejecutiva en torno a cuestiones específicas (por ejemplo, comercio, seguridad o clima) y sentar las bases de los esfuerzos a largo plazo destinados a aumentar el entendimiento de las posiciones de las partes, en particular en torno a temas controvertidos y delicados (por ejemplo, derechos humanos, libertades democráticas o asuntos internos).
La cooperación parlamentaria entre la UE y la India no se basa en acuerdos institucionales vinculantes, por lo que depende sobre todo de la voluntad política. La dinámica contextual y estructural influye en la función que puede desempeñar la diplomacia parlamentaria en una asociación renovada entre ambas partes. Cabe destacar que iniciativas parlamentarias como las intervenciones del PE sobre acontecimientos que afectan a los derechos humanos y las libertades democráticas en la India han provocado fricciones en las relaciones UE-India en el pasado. Además, el auge de la preponderancia ejecutiva y el debilitamiento de la resistencia legislativa han hecho que la diplomacia parlamentaria de la India pase a ser una herramienta estratégica en manos del Gobierno para respaldar su política exterior y controlar las percepciones internacionales, lo que podría dejar muy poco margen para las iniciativas independientes. En ese contexto, sigue siendo complejo transformar la diplomacia parlamentaria entre la UE y la India, un canal infrautilizado en la actualidad, en una plataforma de diálogo más dinámica. Ahora bien, dejar de hacer hincapié en su función dentro de una agenda estratégica que proyecta una base normativa compartida no hace sino consolidar las limitaciones existentes, en vez de superarlas.
La nueva agenda estratégica UE-India representa un cambio pragmático hacia una asociación centrada en cuestiones específicas y moldeada por el panorama geopolítico actual. Su viabilidad no depende únicamente de los intereses convergentes, sino también, de un modo crucial, de la conciliación de las diferencias normativas. Pese a haberse utilizado hasta ahora en escasas ocasiones, la diplomacia parlamentaria es un canal disponible que podría servir de complemento a la diplomacia ejecutiva a la hora de convertir las afinidades en resultados tangibles. La reducción de su papel en la nueva agenda estratégica debilita la arquitectura institucional de la asociación en un contexto de realidades políticas complejas. En el plano simbólico, apunta a una interacción más cauta que restringe el diálogo político a los canales ejecutivos. En el plano práctico, conlleva el riesgo de seguir reduciendo la diplomacia parlamentaria a una práctica ad hoc sin ningún tipo de estructura. De hecho, podría hacer mella en la capacidad de abordar las diferencias que surjan, lo que podría dar lugar a retrocesos diplomáticos y limitar las oportunidades de generar confianza política a largo plazo.
Conclusiones ¿Alguna solución?
Estas contribuciones aportan valiosas perspectivas sobre el modo en el que los enfoques normativos divergentes podrían dar forma a la trayectoria a largo plazo de la relación entre la UE y la India. Surge una pregunta fundamental: ¿podría evolucionar esta asociación hacia una mayor armonización ideológica? En un escenario mundial que cambia con rapidez, y a medida que la cooperación siga incrementándose en varios ámbitos, lo más probable es que las fricciones persistan. No obstante, las autoras hacen hincapié en los aspectos sobre los que no existen dudas: la India y la UE saldrían beneficiadas de una interacción más cercana y el momento de actuar es justo ahora.
El 26 de enero, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y el presidente del Parlamento, António Costa, asistieron al Día de la República en Nueva Delhi como invitados de honor, momento en el que se firmó el TLC bilateral. En su anterior visita de febrero a la capital india, cuando viajó junto al Colegio de Comisarios al completo, von der Leyen comentó lo siguiente: “Europa y la India son socios afines, unidos por la convicción de que la democracia es lo mejor para la ciudadanía”.
Sin embargo, aunque la relación se sustente en la convergencia estratégica de intereses, podrían surgir contratiempos derivados de las diferentes cosmovisiones. Términos como “afinidad”, “multilateralismo” y “autonomía estratégica” son ambiguos y se prestan a interpretación. Aunque se ponga el énfasis en los intereses compartidos en el (des)orden mundial actual, estos matices dejan entrever las divergencias subyacentes.
Los textos no se limitan a destacar los escollos principales desde la perspectiva de la UE, sino que también proponen distintas maneras de abordarlos. Estos jóvenes académicos han señalado que los valores políticos fundamentales permean el diálogo estratégico entre ambos socios. La dimensión normativa no debería dejarse de lado en la asociación UE-India. Además, esta relación obliga a Bruselas a afrontar sus propios desafíos internos, los cuales son un reflejo de los aquí examinados. Los movimientos antiliberales están ganando poder de influencia en el seno de las instituciones de la UE y en los Estados miembros, por lo que se suman a una tendencia mundial que constituye un peligro para la democracia y sus principios liberales básicos. La polarización, la desinformación y la radicalización encarnan una amenaza para las libertades políticas, el Estado de derecho y la separación de poderes.
Lo que resultará especialmente interesante será observar la evolución de esta asociación en un momento en el que ambos interlocutores pretenden definir su papel como actores globales frente a un panorama internacional cada vez más adverso.
