¿Por qué rechazaron los irlandeses el Tratado de Lisboa? Un análisis de los resultados del referéndum (ARI)

¿Por qué rechazaron los irlandeses el Tratado de Lisboa? Un análisis de los resultados del referéndum (ARI)

Tema: En este ARI se analizan los resultados del referéndum y se examinan los distintos factores que contribuyen a explicar por qué el electorado irlandés votó en contra del Tratado de Lisboa el 12 de junio de 2008.

Resumen: En la primera parte de este ARI se analizará la dinámica observada durante la campaña del referéndum, que como mejor se describe es como extremadamente “negativa” por el lado del “No” y como deslucida, o de exceso de confianza incluso, por el lado del “Sí”. Se mostrará cómo los sondeos de opinión también reflejaron desde el principio que el bando del “No” había adquirido fuerza, aun cuando un amplio porcentaje de los votantes siguiera “indeciso”. Posteriormente se examinarán los resultados de la votación, destacando que, salvo en algunas circunscripciones electorales urbanas acomodadas de la zona de Dublín, en el resto del país se votó “No” de forma contundente. Posteriormente se analizarán algunos de los distintos patrones de voto observados entre el electorado, sobre la base de una encuesta Eurobarómetro Flash post–referéndum realizada por Gallup del 13 al 15 de junio. Las conclusiones de esa encuesta y el análisis de los resultados por circunscripción electoral subrayan que la Irlanda rural, los trabajadores manuales, los jóvenes y las mujeres votaron en contra del Tratado.

Análisis

Dinámica durante la campaña

El 12 de junio de 2008, Irlanda votó el Tratado de Lisboa. Es el único país de la UE que sometió (o que está previsto que someta) la cuestión a votación popular. Se vio obligado a hacerlo como consecuencia de un fallo del Tribunal Supremo irlandés de 1987 que establecía que cada cambio significativo en los Tratados de la Comunidad Europea requiere cambios en la Constitución irlandesa.[1] Esos cambios deben aprobarse mediante votación popular en la que podrán votar sólo los ciudadanos irlandeses (no todos los residentes de Irlanda, aunque sean comunitarios).

Mucho antes de que se emitieran los votos, ya se presagiaban malos augurios. Aunque los principales partidos del Gobierno de coalición (Fianna Fáil, Demócratas Progresistas y Partido Verde) y de la oposición (Fine Gael y Partido Laborista) se mostraron a favor del Tratado de Lisboa, numerosas organizaciones habían puesto en marcha una agresiva campaña en contra del mismo, entre ellas Sinn Féin y la organización Libertas.

Quienes se oponían al Tratado consiguieron asustar a la opinión pública. A pesar de que sus eslóganes carecían de fundamento, se exhibieron carteles por todo el país, de forma muy bien organizada, en los que se afirmaba que: el Tratado de Lisboa conduciría a una legalización del aborto, Irlanda no podría mantener su neutralidad militar, Irlanda se vería obligada a formar parte de una fuerza militar de la UE, aumentarían los impuestos de sociedades y se privatizarían la educación y la sanidad. Con cierta presunción, los partidarios del “No” también trataron de explicar a los irlandeses que el rechazo del Tratado de Lisboa por parte de su electorado asestaría un golpe mortal a éste y obligaría a renegociar puntos clave para Irlanda. Si es cierto que en ocasiones la política da lugar a alianzas extrañas, este referéndum fue un magnífico ejemplo de coalición de organizaciones de izquierda, centro y derecha que se unieron para contar verdades a medias (en el mejor de los casos) para propiciar el “No”.

Por otro lado, los partidarios del “Sí” tampoco se hicieron ningún favor a sí mismos. Cometieron sus propios errores, que propiciaron que la campaña del “No” adquiriera fuerza a lo largo de todo el proceso.

El primer error fue empezar la campaña relativamente tarde, literalmente sólo unas cuantas semanas antes de la votación. En parte, esto se debió a la dimisión del primer ministro (Taoiseach) Bertie Ahern. Aunque Ahern consiguió que su partido, el Fianna Fáil, ganara las elecciones de 2007, de forma algo sorprendente anunció su dimisión en abril de 2008, efectiva a partir del 6 de mayo de ese mismo año. ¿Por qué motivo? Sin duda, nadie discute que, tanto a nivel interno como externo, Bertie Ahern desempeñó un papel central durante su mandato, contribuyendo a la resolución del conflicto en Irlanda del Norte y liderando a la UE en calidad de presidente cuando se acordó el proyecto de Constitución en 2004. Sin embargo, durante el último año sus asuntos financieros personales y profesionales empezaron a cuestionarse. Para ser justos, ningún tribunal ha declarado culpable a Bertie Ahern de recibir pagos ilegales. Sin embargo, antes de las elecciones generales de 2007, hizo una aparición en televisión en la que declaró que, durante su proceso de divorcio en la década de los 90, había recibido “regalos” (ayuda financiera) de amigos, algunos de ellos grandes empresarios, lo que suscitó dudas sobre posibles conflictos de interés con su actividad política. Desde entonces, el escrutinio público de sus actividades financieras, las peticiones de dimisión del Fine Gael en la oposición y el acoso de los medios de comunicación ejercieron una presión excesiva incluso para el más avezado de los políticos. El nuevo primer ministro, Brian Cowen, no empezó realmente la campaña del “Sí” hasta después del 6 de mayo, mucho después de los partidarios del “No”, que habían empezado a manifestarse en contra del Tratado meses antes.

El segundo error de los partidarios del “Sí” es que podría decirse que su campaña pecó de exceso de confianza, dando por hecho, equivocadamente, que el “No” perdería. Por ejemplo, en vez de explicar realmente qué estaba en juego, muchos de sus carteles consistían simplemente en caras de representantes de la Cámara Baja (TD) o de miembros de la oposición acompañadas de un “Vota Sí” ininteligible en una esquina. La campaña del “Sí” tampoco refutó con contundencia las medias verdades esgrimidas por los defensores del “No” que atemorizaban a la opinión pública.

El tercer error fueron las aparentes luchas intestinas percibidas en ocasiones, en particular cuando al primer ministro, Brian Cowen, se le presentaba como un matón que exigía a las fuerzas de la oposición que “acataran” y se limitaran a respaldar la campaña que encabezaría la coalición en el Gobierno.

Evolución de los sondeos de opinión antes del 12 de junio

En vista de todo lo anterior, el número de personas que habrían votado “Sí” nunca llegó a alcanzar realmente el máximo de un 50%+1 necesario para la victoria en los meses y días que precedieron a la votación. Como pudo apreciarse en los sondeos publicados por el Sunday Business Post, en ningún momento desde enero habría optado por el “Sí” más del 45% de los votantes. En abril, los partidarios del “Sí” alcanzaron un mínimo del 35%, pero para mayo aumentaron ligeramente, hasta el 40%. A finales de mayo, aproximadamente un tercio de los votantes seguía sin decidirse.[2]

Días antes de la votación, los datos del Sunday Business Post mostraban que el 42% de los encuestados afirmaba que votaría “Sí”?, el 39% que votaría “No” y un enorme 19% seguía indeciso.[3] De hecho, según los datos de la encuesta Eurobarómetro de la Comisión Europea realizada en Irlanda con posterioridad al referéndum, el 15% del electorado se decidió realmente el último día del referéndum.[4] Por tanto, la clave radicó en conseguir decantar los votos de los indecisos, que seguían siendo un porcentaje importante del electorado.

Análisis de los resultados de la votación

Los resultados de la votación muestran que un 53,4% de los votantes (752.451 en total) votaron en contra del Tratado de Lisboa, mientras que un 46,6% (862.415) lo hicieron a favor. La diferencia bruta de votos entre ambas posturas fue ligeramente inferior a 110.000 votantes.

Al analizar en mayor detalle la dinámica regional del voto, se observa que 33 de las 43 circunscripciones electorales votaron en contra del Tratado de Lisboa y sólo 10 a favor.[5] Aun así, muchas de las que votaron a favor registraron victorias mínimas, como puede apreciarse en los resultados de Carlow–Kilkenny, Clare, Dublin North y Dublin North Central. Las únicas zonas donde el “Sí” ganó con rotundidad fueron las zonas acomodadas de Dublin South, Dublin South–East y Dun Laoghaire (en el sur del condado de Dublín). En términos generales, los votantes de las circunscripciones rurales y las clases obreras votaron en contra del Tratado.

También puede hacerse una observación importante con respecto a la asistencia a las urnas: antes de la votación, se esperaba en gran medida que, cuanto mayor fuera la asistencia, mayores serían las probabilidades de ganar del “Sí”. Esto se debe a que en el primer referéndum sobre el Tratado de Niza celebrado en 2001 (en lo sucesivo, Niza I, en el que se rechazó el Tratado), la asistencia a las urnas fue inferior al 35%. Cuando se celebró el segundo referéndum sobre el Tratado de Niza en 2002 (en lo sucesivo, Niza II), en el que el Tratado se aprobó, la participación fue del 49,47%. Teniendo en cuenta la experiencia de Niza I y Niza II conjuntamente, muchos llegaron a la conclusión lógica de que si la participación se situaba en niveles parecidos a los de Niza II, se aprobaría el Tratado de Lisboa. Sin embargo, no fue así. De forma algo sorprendente, a pesar de que en el referéndum sobre el Tratado de Lisboa la participación fue en realidad superior a los niveles registrados en Niza II, con un 53,1%, el “Sí” no ganó. Aun así, cabe señalar que prácticamente uno de cada dos votantes irlandeses se abstuvo. Tal y como muestran los datos del Eurobarómetro, los tres principales motivos de abstención en este referéndum fueron: que los votantes no entendían las cuestiones planteadas en el referéndum, que estaban demasiado ocupados para votar o que sentían que no estaban bien informados de las cuestiones en juego.[6]

Por qué votaron los irlandeses como lo hicieron

En vista de los datos anteriores, uno bien podría preguntarse por qué votaron tan rotundamente en contra del Tratado los irlandeses de la mayor parte de las zonas del país. En la cumbre de la UE celebrada el 19 de junio, Brian Cowen declaró ante el Consejo que seguía sin saber a ciencia cierta por qué los irlandeses habían votado “No” y que la cuestión debía analizarse en los meses siguientes, a poder ser antes de la siguiente cumbre, que se celebraría en octubre.

Uno de los aspectos por los que empezar sería la propia campaña del “Sí”. Como ya hemos dicho, la dinámica de la campaña muestra que los partidarios del “Sí” empezaron tarde su campaña, la llevaron a cabo de forma mediocre, no refutaron con contundencia las posturas en ocasiones dogmáticas de los partidarios del “No” y no se presentaron como un frente unido en todo momento. Otro motivo de la debacle del “Sí” es que, días antes de la votación, importantes figuras políticas como el comisario de la UE Charlie McCreavy o el propio Brian Cowen admitieron no haber leído el Tratado, lo cual minó la legitimidad de su campaña. Tampoco trataron de ir a Dublín representantes de otros Estados miembros de la UE para dotar de impulso a la campaña del “Sí” y mostrar a los irlandeses por qué deberían votar a favor del Tratado. Esto podría explicar por qué los partidarios del “Sí” no consiguieron cambiar las preferencias de los votantes o aumentar su credibilidad y atraer hacia sí sus votos. Todos esos aspectos aparecen reflejados en la encuesta del Eurobarómetro de la Comisión, en que se destaca que el 68% de los votantes consideró que la campaña del “No” fue más convincente que la del “Sí”, frente al 15% que opinó que la campaña del “Sí” fue mejor que la del “No”.

También sería útil preguntarse qué tipo de votante terminó apoyando en última instancia el “No”. Los datos del Eurobarómetro sugieren que todas estas personas votaron en contra del Tratado de Lisboa:[7]

  • El 65% de todos los votantes de entre 18 y 24 años.
  • El 56% de las mujeres.
  • El 58% de los desempleados.
     
  •  El 74% de los trabajadores manuales.

Por el contrario, el 60% de los trabajadores por cuenta propia, el 58% de los profesionales liberales y el 66% de los altos directivos votaron “Sí”.

El 76% de quienes votaron “No” pensaba que el Tratado podía renegociarse. El 62% de quienes votaron “Sí” pensaba que no.

Entre el electorado existían muchos malentendidos fundamentales sobre lo que implicaba el Tratado de Lisboa: el 22% de quienes votaron en contra tenía la sensación de que no sabían lo suficiente sobre el Tratado y no querían votar a favor de algo con lo que no estaban familiarizados.[8]

Aun así, podría decirse que al menos existieron cuatro problemas principales. A muchos de los votantes jóvenes, la mayoría de los cuales votaron en contra del Tratado, les preocupaba que Irlanda pudiera llegar a perder su neutralidad en materia de política exterior con el Tratado de Lisboa. A muchos votantes del medio rural, conservadores por naturaleza, también les preocupaba que el Tratado pudiera suponer un cambio en la restrictiva legislación irlandesa en materia de aborto (y que, como llegaron a sugerir algunos durante la campaña del “No”, pudiera incluso llevar a una legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo). Y, en un momento de ralentización del crecimiento económico y aumento del desempleo, muchos ciudadanos en general temían que el Tratado de Lisboa alterara la naturaleza de la estructura de impuestos corporativos (con temor a que disminuyeran las inversiones). A muchos les preocupaba también que Irlanda perdiera su comisario y su poder en la estructura institucional de la UE. Todos estos aspectos refuerzan la idea de que la mayoría de los votantes no leyó por completo el documento o no entendió plenamente de qué se trataba.

Conclusiones: En este ARI se han analizado los acontecimientos que rodearon el referéndum irlandés sobre el Tratado de Lisboa. Como mejor podría definirse la campaña en sí es como una campaña agresiva por parte del “No” y como una campaña mediocre, por no decir de exceso de confianza, por parte del “Sí”. En términos de resultados generales, cabe señalar que, salvo en algunas zonas acomodadas de Dublín, las demás circunscripciones electorales (la mayoría rurales) votaron rotundamente en contra del Tratado. Analizando el perfil sociodemográfico de los votantes puede apreciarse que la mayoría de los jóvenes, las mujeres, los desempleados y los trabajadores manuales votaron “No”, mientras que la mayoría de los trabajadores por cuenta propia, los profesionales liberales y los altos directivos votaron “Sí”. Entre las principales cuestiones de política que preocupaban a quienes votaron “No” figuraban el mantenimiento de la neutralidad irlandesa en materia de política exterior, de su estructura de impuestos corporativos y de las estructuras institucionales de la UE que garantizan a Irlanda una voz importante.

Raj Chari
Profesor de Ciencia Política en el Trinity College de Dublín


[1] Para acceder a un análisis del motivo de que se celebren referendos en Irlanda cuando se producen cambios constitucionales, véase http://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=1125246.

[2] Para acceder a un análisis gráfico de la evolución del voto entre enero y mayo de 2008, véase www.falternativas.org/en/content/download/12016/367871/version/3/file/87_Irish_referendum.pdf.

[3]http://www.sbpost.ie/post/pages/p/story.aspx–qqqt=NEWS+FEATURES–qqqs=news–qqqid=33568–qqqx=1.asp.

[4] Comisión Europea, Post–referendum survey in Ireland, 18/VI/2008, p. 4. Se trata de una encuesta Eurobarómetro Flash realizada por Gallup del 13 al 15 de junio, a petición de la Representación de la UE en Irlanda. En total se entrevistó telefónicamente a 2.000 personas seleccionadas al azar, de 18 años en adelante. La encuesta está disponible en http://ec.europa.eu/public_opinion/flash/fl_245_en.pdf.

[5] Para acceder a un desglose de los datos en función de las distintas circunscripciones, véase http://electionsireland.org/results/referendum/refresult.cfm?ref=2008R..

[6] Comisión Europea, op. cit., p. 3.

[7] Comisión Europea, op. cit., p. 6.

[8] Comisión Europea, op. cit., p. 8.