Nuevos paradigmas militares en la era de la Competición Estratégica: el caso de las operaciones anfibias y la guerra mosaico

El Joint Interagency Combined Space Operations Center (JICSpOC) en la base de la Fuerza Aérea Schriever en Colorado. Foto: Air Force / US Department of Defense

Tema

En la era de la Competición Estratégica entre grandes potencias, cambian las tecnologías, las capacidades, los conceptos operativos y las formas de hacer la guerra.

Resumen

La finalización de la denominada Posguerra Fría ha dado paso a un período de transición conocido como de Competición Estratégica en la que las grandes potencias tienen que adaptar sus instrumentos militares a las nuevas condiciones tecnológicas y operativas. Todavía es pronto para tener una visión completa de los efectos que la Competición Estratégica tendrá sobre los paradigmas militares que regirán tanto en el ejercicio de la disuasión cómo en un hipotético enfrentamiento. No obstante, las evaluaciones recientes del ambiente operativo muestran que se va conformando una nueva forma de hacer la guerra mediante la confrontación entre sistemas operativos y no, como hasta ahora, en un enfrentamiento entre fuerzas.

Análisis

Las fuerzas armadas de las grandes potencias comienzan a revisar sus doctrinas y estrategias, incluidas las relacionadas con las operaciones anfibias debido a las crecientes restricciones para proyectar el poder militar. Como ejemplo, y en sus primeras declaraciones públicas1 tras ocupar el cargo, el comandante del Cuerpo de Marines de EEUU (US Marine Corps, USMC), el general David Berger, denunció la falta de preparación del Cuerpo para una confrontación con adversarios como China o Rusia porque no está en óptimas condiciones para apoyar campañas navales o disuadir una amenaza activa. Reivindica la necesidad de que EEUU y el Cuerpo de Marines se adapten a una nueva forma de hacer la guerra, entendiendo por tal “el paradigma o marco mental que emplean los estrategas y analistas militares para planificar, preparar y desarrollar las guerras de la nación” según el concepto de Christopher Dougherty.2

La comparación de las visiones estratégicas de EEUU y China puede servir para contextualizar el contexto geopolítico en el presente período de Competición Estratégica, e inferir su desarrollo futuro. La última Estrategia de Defensa Nacional estadounidense (NDS 2018) reconoce que la postura militar de Washington ha atravesado un período de “atrofia estratégica” durante el cual se ha ido erosionando su ventaja competitiva. Constata un mayor desorden global, caracterizado por el debilitamiento del orden internacional basado en normas, lo que crea un entorno de seguridad más complejo y volátil que cualquier otro que se haya experimentado en la memoria reciente. Identifica la Competición Estratégica entre grandes potencias, no el terrorismo, como la principal preocupación en la defensa nacional de EEUU y se anuncia el riesgo que representan las ambiciones “revisionistas” de China y Rusia.

La NDS 2018 describe el ámbito operacional partiendo del cambio que supone la pérdida de libertad de acción global para la aplicación del poder militar estadounidense. Se admite que ese poder encontrará oposición en cada dominio operacional, dentro de un campo de batalla más letal y disruptivo, abarcando todos los dominios (multidominio), muy dinámico, y global. En el ámbito de competición los adversarios tratarán de neutralizar tanto los conceptos operativos como las redes (networks) de combate simultáneamente con el empleo constante de acciones en la “zona gris”.

La NDS 2018 contempla el entorno de seguridad sustancialmente afectado por los rápidos y continuos avances tecnológicos que cambian el modo de hacer la guerra. Las nuevas tecnologías como la computación quántica, el análisis de datos, la inteligencia artificial, la robótica, la energía dirigida, la hipersónica o la biotecnología se aplican a los nuevos sistemas de armas y a las nuevas operaciones que se diseñan para las guerras del futuro.

La visión estratégica de China queda expuesta en el documento de julio de 2019, cuya traducción del título en inglés es “China’s National Defense in the New Era”. Partiendo de que, a medida que el centro de gravedad económico y estratégico mundial sigue avanzando hacia Asia y el Pacífico, la región se ha convertido en un foco de competencia importante de los países, lo que ha traído incertidumbres a la seguridad regional. En el documento se admite, y emplea, la denominación de Competición Estratégica e indica que la situación actual es de escalada, ya que EEUU ha “ajustado” su estrategia y puesto en práctica políticas unilaterales, lo que ha provocado e intensificado la competición, desequilibrando geopolíticamente el mundo.

Según el documento, la seguridad nacional china se enfrenta a los riesgos derivados de la “sorpresa tecnológica”. Las nuevas y avanzadas tecnologías militares se están desarrollando rápidamente y, con ello, la competición militar internacional está experimentando cambios profundos y continuos. La guerra está evolucionando en sus formas de acción incluyendo el ámbito informativo y el de percepciones y los sistemas de armas tienden a ser de mayor precisión, largo alcance, inteligentes, sigilosos y no tripulados. En consecuencia, China debe invertir en las nuevas tecnologías para que el Ejército de Liberación Popular (ELP) reduzca su desventaja respecto a sus competidores.

El documento citado, orientado básicamente a la zona del Océano Pacífico, preconiza una estrategia de defensa activa: no atacar a menos de ser atacados y perseguir la victoria mediante la contención, subrayando la unidad de actuación mediante la defensiva a nivel estratégico con la ofensiva a nivel operacional y táctico.

Cambio de paradigmas

Desde la Guerra del Golfo, China y Rusia han seguido y estudiado, detenidamente, la “forma de hacer la guerra” de EEUU para diseñar y adoptar estrategias y conceptos operativos de oposición, dando por sentado la, por ahora, superioridad militar de EEUU. Por ello, la Gran Estrategia de China determina una postura defensiva activa en la costa del Pacifico, mientras establece para Eurasia otra apoyada en el comercio, la Iniciativa de la Franja y de la Ruta, lo que le permite, mediante la financiación de estructuras viarias, ejercer influencia en amplias zonas del continente, y en África y América del Sur, sin necesidad de ocupación física del territorio. Este diseño estratégico de naturaleza imperial abre nuevos cauces para el partenariado Pekín-Moscú. Su finalidad es la de establecer los cimientos de un nuevo orden mundial más favorable a sus postulados, para lo que se esfuerzan en erosionar las normas y usos internacionales del anterior orden.

Hasta ahora, la postura militar de EEUU ha funcionado gracias a disponer de una plena libertad de acción estratégica, materializada en el hecho de poder efectuar la acumulación y comenzar las operaciones en el momento y lugar de su elección, así como desplazarse a largas distancias (proyección de fuerzas) sin oposición. Ese ambiente permisivo y de libertad de acción comenzó a deteriorarse debido a la proliferación de nuevas tecnologías que restringían o denegaban el acceso, por lo que se hizo necesario articular una estrategia –Third Offset Strategy– para compensar el crecimiento de los riesgos operacionales y estratégicos.

Rusia y China han habilitado conceptos operativos mediante la interacción de la geografía, modos de empleo táctico y la concepción de armas adecuadas para apoyar estrategias defensivas y la consecución de la superioridad operacional destruyendo puntos vitales del despliegue enemigo. La finalidad de esas estrategias y conceptos de empleo es crear “teorías de victoria” plausibles, disuadiendo del enfrentamiento militar directo con EEUU y sus aliados. Según la RAND Corporation, la nueva doctrina del ELP entiende la forma de hacer la guerra como una confrontación entre sistemas operativos diferentes, una guerra de sistemas en la que cada uno bate los puntos críticos del sistema adversario para colapsar su funcionamiento y hacerlo incapaz de atacar o defenderse, en lugar de utilizar el desgaste o la maniobra para obtener ventaja sobre el enemigo. Según la nueva doctrina, el modo de acción de la guerra moderna no se centra en la aniquilación de las fuerzas enemigas en el campo de batalla, sino en deshacer, paralizar o destruir la capacidad de actuación del sistema operativo del enemigo.

El concepto sistémico ha impregnado la literatura doctrinal del ELP durante más de dos décadas y ha tenido un enorme impacto en su organización, equipamiento y adiestramiento para hacer frente a contingencias. La confrontación de sistemas requiere que China logre la “superioridad integral” en todos los dominios, para lo que los sistemas operativos del ELP deben ser lo suficientemente multidimensionales y multifuncionales para librar la guerra en todos estos ámbitos.

La presunta denegación de la maniobra, el concepto A2/AD y las operaciones de litoral

El empleo del fuego y el movimiento, la maniobra, han constituido hasta ahora la esencia del arte militar y se emplea en los niveles estratégico, operacional y táctico, así como en cada uno de los tres dominios físicos y en el ámbito multidominio. El poder marítimo y aéreo dotaba a las grandes potencias de una capacidad de maniobra que se ha tratado de mitigar mediante estrategias “anti-acceso” que han cristalizado en torno al concepto A2/AD (anti-access/area denial), un término que se emplea, en gran medida, sin gran concreción, dependiendo su correcto significado del contexto en que se emplee. Las estrategias anti-acceso se recomiendan cuando el adversario tiene superioridad estratégica y cuando la geografía es un factor influyente para el desgate de las fuerzas del adversario, lo que potencia su decepción estratégica y operacional.

La capacidad de maniobra se ha ido restringiendo a medida que han aparecido tecnologías y sistemas de armas que ponen en peligro los medios navales y aéreos, la percepción de la situación, la función de mando y control y los nodos del despliegue del sistema operacional del atacante. El concepto A2/AD tiene dos componentes: el de “anti-acceso”, que se aplica mientras las fuerzas rivales se desplazan hacia un teatro de operaciones, y el de “denegación de zona”, que se aplica cuando ya han llegado al mismo para limitar su capacidad de maniobra. China ha desarrollado un “escudo” A2/AD constituido por sistemas de vigilancia por radar, misiles de crucero antibuque instalados en lanzadores terrestres móviles, buques de litoral y submarinos, así como lanzadores móviles de misiles tierra-aire, a los que hay que añadir la cualidad de hiper-velocidad. Debido a que los retornos de radar y las emisiones de calor son más detectables, estos sistemas A2/AD obtienen una ventaja relativa sobre las fuerzas marítimas y aéreas estadounidenses. A la construcción del “escudo” se une la rápida expansión de su Armada para poder competir con EEUU en un contexto operativo menos favorable para EEUU que el actual.

Otro ámbito afectado por los conceptos A2/AD son las operaciones en el litoral. Estas se encuadran en el dominio marítimo que incluye los océanos, mares, estuarios, bahías e islas, con sus correspondientes litorales y espacios aéreos. Según la doctrina estadounidense, la zona litoral se divide en dos porciones: el área marítima que debe controlarse para realizar operaciones en tierra y el ámbito terrestre que se apoya desde la mar. Sin embargo, las operaciones anfibias, marítimas y aéreas en el litoral se han visto alteradas por el empleo de armas y sensores capaces de actuar a distancias de cientos de millas tanto hacia el mar como hacia tierra, creando por mutación un ámbito físico nuevo con personalidad, dejando obsoletas en ese ámbito las operaciones navales y terrestres tal como las conocemos.

Sea cual sea su eficacia para limitar la capacidad de maniobra de las estrategias y capacidades anti-acceso, su implantación progresiva en las últimas décadas está creando “burbujas A2/AD” que amenazan con crear enclaves cerrados a la libertad de acción y a la capacidad de maniobra que han garantizado el orden internacional de las últimas décadas. Como resultado, las grandes potencias globales o regionales ya no podrán proyectar sus fuerzas como lo han venido haciendo hasta ahora y tendrán que combatir de otra manera para mitigar los riesgos de las estrategias anti-acceso.

La transformación de las operaciones navales y anfibias: el concepto “mosaico”

Los cambios tecnológicos y doctrinales y sus efectos sobre el campo de batalla justifican la adaptación de las estructuras de fuerza y de las operaciones al nuevo paradigma de hacer la guerra. El rediseño de la fuerza en EEUU viene obligado por la vulnerabilidad de las bases avanzadas a las armas de largo alcance, independientemente de su emplazamiento aéreo, marítimo o terrestre, así como la de los grandes buques y aquellos con amplia huella electrónica, acústica u óptica (más en la superficie que en las profundidades submarinas).

Se admite que la situación presenta un problema militar, ya que ciertos aspectos del arte operativo naval no se han desarrollado para asimilar el tipo de guerra futuro y los potenciales adversarios muestran gran capacidad y rapidez para contrarrestar la capacidad de maniobra de EEUU. La Armada y los Marines reconocen que necesitan activar enfoques navales integrados para aplicar sus capacidades de combate, adaptarlas para hacer frente a los desafíos emergentes e identificar las carencias de capacidad que deben superarse.

En un momento en que las capacidades de potenciales adversarios han ampliado el alcance de las armas, se desdibuja la línea divisoria entre tierra y mar que diferenciaba el ámbito de empleo de las fuerzas navales del de los marines que se empleaban como entidades separadas en espacio de batalla marítimo dividido artificialmente. Para fomentar la sinergia de la actuación conjunta, las Fuerzas Navales deben ser capaces de aplicar de manera flexible las capacidades operativas de la Armada y los Marines tanto en el mar como en tierra. El cometido de los Marines bajo este concepto será neutralizar los sensores terrestres y las armas antibuque del adversario que amenacen a la Armada y, luego, utilizar sus propios medios aéreos y sistemas móviles de artillería y misiles para negar el libre uso de los mares al adversario. El cometido de la Armada es obtener y mantener el control del mar lo que permite, a su vez apoyar a los Marines. Una vez establecido el problema a resolver se identifica el “estado final” o efectos a alcanzar mediante fuerzas navales capaces de operar en litorales hostiles con la libertad de acción necesaria para obtener y mantener la percepción de la situación, desplegar solidas capacidades de negación para detener agresiones en el litoral, controlar el mar en ambiente hostil y conducir operaciones de proyección del poder marítimo.

La idea central del proceso de adaptación es que las organizaciones operativas actuarán con unidad de mando, emplearán las capacidades navales y de Marines en red, así como doctrina y principios operativos comunes. Para contrarrestar la negación del mar por los adversarios, se desactivará su red de ataques al sistema de mando, control e inteligencia (C4ISR) y se superarán desventajas en el ámbito de capacidades y/o armas. En resumen, la Armada y el Cuerpo de Marines tratan de crear un sistema naval modular, escalable e integrador de sensores, armas y apoyo basados tanto en la mar como en tierra que proporcione las capacidades y presencia adelantada para responder eficazmente a las crisis, abordar contingencias de mayor entidad en espacio geográfico y disuadir la posible agresión en los litorales disputados. Un aviso a China.

En EEUU, y mientras desarrollan nuevas formas de combatir la Armada y el Cuerpo de Marines (Littoral Operations in a Contested Environment), el Ejército (Multi-Domain Operations) y la Fuerza Aérea (Multi-Domain Battle), la Agencia para el desarrollo de proyectos avanzados de defensa (Defense Advanced Research Project Agency, DARPA) está desarrollando el concepto “mosaico” (Mosaic Warfare). Se compone de un conjunto de redes a base de sensores de bajo coste, nodos de mando y control de multidominio y conjuntos de aviones y drones para aumentar la letalidad del conjunto en lugar de la superioridad en cada dominio.

Figura 1. Representación del concepto mosaico. Fuente: Presentación de la DARPA Strategic Technology Office, diapositiva 8
Figura 1. Representación del concepto mosaico

Para potenciar la “letalidad”, DARPA propone conectar sistemas no tripulados, emplear capacidades del espectro electromagnético y otras capacidades disponibles para superar al adversario de una forma creativa y evolutiva adaptándose a las condiciones del campo de batalla para aprovechar las vulnerabilidades creadas al enemigo mediante la desagregación y redistribución de sensores para proporcionar información gestionada por inteligencia artificial. El concepto describe la forma de conducir una maniobra multidominio contra un adversario que disponga de capacidades de ataque de precisión, introduciendo la concepción de la batalla como un “sistema complejo emergente” entendiendo por emergencia la adaptación del sistema a los cambios del ambiente en que actúa. Lo más significativo del concepto “mosaico” es que cuestiona la utilidad de sistemas de armas tradicionales multipropósito y onerosos como los aviones de quinta generación, los portaaviones o los drones (monolithic systems) por su limitada capacidad de actuación dentro de un sistema de sistemas. Por el contrario, en el “mosaico” cualquier sistema (o unidad) que tenga ciertas características funcionales podría combinarse con otros para proporcionar la capacidad de combate necesaria en el momento y lugar decidido por el Mando, al igual que las baldosas de un mosaico.

Conclusiones

La denominada competición estratégica entre grandes potencias se presenta como una situación fluida que sirve como referencia para los análisis geopolíticos. La competición desarrolla un marco dinámico muy diferente a los más estáticos órdenes bipolar de la Guerra Fría y hegemónico Posguerra Fría.

Los diversos instrumentos de la Gran Estrategia de China dotan de ventaja competitiva a Pekín. La postura de defensiva estratégica militar china cara al espacio del Pacífico Oriental y Sur es parte de la maniobra estratégica de la que forma parte la Iniciativa de la Franja y de la Ruta y los planes tecnológicos, económicos y militares a ella asociados.

En el ámbito de defensa puede decirse que EEUU actúa como si hubiese reconocido la perdida de la iniciativa estratégica en el ámbito militar, recuperarla significaría habilitar nuevas doctrinas desequilibrantes que materialicen la transición de la era industrial a la digital. Al concepto chino de confrontación y destrucción de sistemas para hacer la guerra se opone el concepto estadounidense del mosaico, ambos tratan de obtener una ventaja asimétrica, que imponga complejidad a los adversarios aprovechando el poder de sistemas de combate dinámicos, coordinados y autónomos.

Los conceptos operativos y la forma de hacer la guerra se ven obligados a adaptarse al nuevo contexto tecnológico y estratégico de confrontación. También anuncian una profunda reestructuración de la industria de defensa en el futuro para desarrollar sistemas de combate rápidos, letales, flexibles, progresivos y fungibles. En resumen, habrá que “atacar en otra dirección”.

Enrique Fojón
Infante de Marina y miembro del Grupo de Trabajo sobre Tendencias de Seguridad y Defensa del Real Instituto Elcano


1 Tom Bowman (2019), “The Marine’s top General talks about a changing corps”, NPR, 4/VI/2019.

2 Christopher M. Dougherty (2019), “Why America needs a new way of war”, Centre for a New American Security, junio.

3 Departamento de Defensa (2018), US National Defense Strategy.

4 Robert Martinage (2014), “Toward a New Offset Strategy”, Centre for Strategic and Budgetary Assessments.

5 “La creencia sobre lo que constituye un poder militar eficaz y como debe emplearse en el ámbito operacional y en el táctico”, según Christopher P. Twomey (2010), The Military Lens: Doctrinal Difference and Deterrence Failure in Sino-American Relations, Cornell University Press, Nueva York, p. 22.

6 Jeffrey Engstrom (2018), “Systems Confrontation and System Destruction Warfare”, RAND Corporation.

7 El acrónimo incluye varias acepciones como la de una zona inaccesible para las fuerzas, una familia de tecnologías o una estrategia, por lo que no es recomendable su uso indiscriminado, tal y como ha argumentado el antiguo jefe de operaciones navales de la Marina estadounidense, John Richardson (2016), “Deconstructing A2AD”, The National Interest, 3/X/2016.

8 Sam J Tamgredi, “Anti-Access Warfare as Strategy”, Naval War College Review, invierno 2019.

9 Sebastien Roblin (2019), “A2/AD: the phrase that terrifies the US military (and China and Russia love it)”, The National Interest, 9/IV/2019.

10 David H. Berguer (2019), “Notes on designing the Marine Corps of the future”, War on the Rocks, 5/XII/2019.

El Joint Interagency Combined Space Operations Center (JICSpOC) en la base de la Fuerza Aérea Schriever en Colorado. Foto: Air Force / US Department of Defense