La crisis entre España y Argelia y su impacto en las relaciones migratorias

Frontera entre Argelia y Marruecos. Foto: habib kaki 2 from Zeralda, PDM-owner (Wikimedia Commons/Dominio público)

Argelia es una pieza clave en la política española de gestión de los flujos migratorios provenientes de África. Entre ambos países ha existido durante muchos años una cooperación que ha permitido mantener en cifras bajas la inmigración irregular procedente de Argelia hacia España, pero esa colaboración ha cesado a raíz del cambio de posición del gobierno español respecto al Sáhara Occidental. En el entorno de la quiebra en las relaciones entre ambos países, Argelia dejó de aceptar las devoluciones de inmigrantes irregulares desde España y con ello abrió una espita para un crecimiento descontrolado de la migración. El riesgo es no sólo un aumento sustancial de salidas de inmigración argelina sino una reconfiguración de las rutas de migración subsahariana que ahora entran en Marruecos pasando por el sur de Argelia.

España no ha sido hasta ahora un destino importante para la migración argelina, que ha estado siempre orientada hacia Francia como resultado de la previa relación colonial y el conocimiento del francés entre su población. Unos 70.000 inmigrantes nacidos en Argelia están empadronados en España, una cifra muy menor en comparación con la de sus vecinos marroquíes (800.000).

Sin embargo, en los últimos años se ha producido un continuo aumento de las llegadas irregulares de argelinos a través del Mediterráneo a las costas españolas hasta superar las cifras de marroquíes. En concreto, según los datos que publica Frontex, en 2021 y lo que va de 2022 han llegado por esta vía mediterránea a España 13.000 argelinos y 6.000 marroquíes, en un contexto general de aumento de la inmigración irregular argelina hacia Europa como consecuencia de las dificultades económicas y políticas que atraviesa el país. Esta inmigración harara, como es denominada en Argelia, incluye cada vez más a mujeres y niños –frente a la compuesta tradicionalmente por hombres jóvenes– y utiliza España básicamente como país de paso hacia Francia y el centro y norte de Europa (sobre todo hacia Alemania, Suiza, los Países Bajos e Irlanda). Francia está respondiendo a este aumento de las llegadas irregulares de argelinos con restricciones en la política de visados para Argelia y con devoluciones a España a través de los Pirineos.

Figura 1. Llegadas irregulares por mar a España desde Argelia, 2017-2022. Fuente: Frontex.
Figura 1. Llegadas irregulares por mar a España desde Argelia, 2017-2022. Fuente: Frontex.

Nuestro país ha mantenido durante años una colaboración eficaz con Argelia en lo relativo a la gestión de la inmigración, lo que ha permitido devolver a los inmigrantes irregulares argelinos detectados en suelo español. Esa colaboración se basa en un acuerdo de readmisión firmado en 2002 y ratificado en 2004, en el tratado de Amistad, Vecindad y Colaboración vigente desde 2003, y en el acuerdo de Búsqueda y Rescate en el Mar (SAR) de 2007. La relación migratoria con Argelia ha sido uno de los ejemplos de éxito de las políticas bilaterales emprendidas por el gobierno español desde comienzos de siglo en su empeño por reducir la inmigración irregular.

Por otra parte, Argelia ha sido hasta ahora poco o nada sensible a las presiones de las políticas migratorias de la UE, mucho menos que sus vecinos Marruecos, Túnez o Libia. No ha firmado ningún acuerdo migratorio con la UE y no está interesada en la cooperación para la reducción de la inmigración irregular que atraviesa su territorio hacia Europa. De hecho, prácticamente toda la inmigración irregular subsahariana que llega a Marruecos para dirigirse hacia España, lo hace atravesando previamente el sur de Argelia (Informe CEAR 2021). Sus autoridades no tienen interés en combatir ese tránsito, en parte por no incomodar a los Estados africanos de donde proceden los migrantes, y en parte porque ese tráfico perjudica a Marruecos.

En este contexto, la pandemia del COVID-19 primero y la crisis política provocada por la posición española hacia el Sáhara después han causado una interrupción de la cooperación migratoria. El cierre de fronteras en 2020 y 2021 motivado por la pandemia supuso el fin de las devoluciones de inmigrantes irregulares: los argelinos, como los marroquíes, aprovecharon esa negativa de sus gobiernos a aceptar vuelos de repatriación y emprendieron la salida en números muy superiores. Ya en este año 2022, cuando, tras el control de la pandemia y la reapertura de fronteras, se estaba recuperando la práctica de la devolución, sin haber vuelto completamente a la normalidad previa, esta crisis política la ha interrumpido de nuevo y desde comienzos de abril Argelia no acepta devoluciones desde España.

La ruptura de la cooperación implica que los llegados desde Argelia a las costas españolas son dejados en libertad inmediatamente, puesto que las normas españolas impiden la retención si la devolución es imposible. Supone, por tanto, un marco de oportunidades para la inmigración irregular semejante al de la pandemia y ya se está traduciendo en un aumento de las llegadas hacia el territorio español más cercano a Argelia, como Almería, Murcia o las Baleares. Estas últimas han comenzado a prepararse para la acogida con la instalación de módulos y servicios ante el sustancial aumento de las llegadas en las últimas semanas.

La raíz política de esta interrupción de la cooperación migratoria supone un uso de la migración como arma en las relaciones bilaterales, lo que podría llevar no sólo, como ya ocurre, al rechazo a la readmisión, sino también a una relajación de los controles de las autoridades argelinas sobre las salidas desde sus costas hacia Europa. Dado el tamaño de la población argelina, con más de 44 millones de personas, la juventud de su estructura demográfica y la difícil situación económica que atraviesa el país, la cooperación en materia migratoria es esencial para España y para el conjunto de la UE. A España no le bastan los instrumentos propios de la política migratoria para gestionar esta crisis: de poco serviría en este caso ofrecer nuevos canales de migración legal, acuerdos para contratación en origen u ofertas de becas específicas para estudiantes argelinos, modificaciones en la política de visados, o mayor cooperación en el terreno del control fronterizo, por mencionar algunos de los mecanismos utilizados en la cooperación migratoria con otros países. La naturaleza política de esta crisis, motivada por un hecho ajeno a la migración, en la que ésta es utilizada como un arma de presión, obliga a España a recurrir a las instancias europeas para que este elemento, la relación migratoria, sea incorporado en la respuesta europea al incumplimiento argelino de sus acuerdos con la Unión. No se trata aquí solamente ni en primer lugar de solidaridad con España, sino de defensa de los intereses europeos.


Imagen: Frontera entre Argelia y Marruecos. Foto: habib kaki 2 from Zeralda, PDM-owner (Wikimedia Commons/Dominio público).