Los españoles y el Islam (ARI)

Los españoles y el Islam (ARI)

Tema: En este documento se analizan las opiniones y actitudes de los españoles ante el islam a partir de los datos del Barómetro del Real Instituto Elcano.

Resumen: No podemos hablar de un rechazo de los españoles hacia el islam: no hay islamofobia en España. Cuando hay crítica de algún elemento del islam no es específico, sino motivado por el laicismo creciente de la sociedad española, que lleva también a criticar determinadas manifestaciones públicas del catolicismo. El proceso de secularización de la sociedad española es, sin duda, el trasfondo desde el que se debe entender estas actitudes.

Análisis

Introducción
Inmediatamente después de los atentados del 11-M, distintos dirigentes políticos y algunos analistas especularon sobre la posibilidad de que desencadenasen una ola de islamofobia en España. En esta visión catastrofista, era la gota que colmaba el vaso de la tolerancia proverbial de los españoles. Anteriormente, la inmigración musulmana a España, procedente sobre todo de Marruecos, ya habría producido en determinados círculos cierta inquietud sobre la amenaza cultural que volverían a representar ‘los moros’ para España. El episodio del islote Perejil hizo revivir viejos fantasmas históricos y aderezó este tipo de especulaciones y análisis cuando menos apresurados.

Pues bien, pasado ya algún tiempo parece que Casandra se equivocaba y no se han dado episodios de violencia islamofóbica. Tampoco la persistencia de la amenaza del terrorismo islamista después del 11-M parece haber producido efectos en el mismo sentido esperado por este tipo de visiones alarmistas.

Con este análisis se pretende llevar a cabo una breve aproximación a la cuestión de cómo son realmente las actitudes de los españoles ante el islam y la cultura musulmana en sí misma. Pero antes de comenzar a analizar una cuestión tan compleja conviene acotar bien el tema para no dar lugar a malentendidos.

Al considerar sólo el aspecto cultural y religioso, se excluyen otros aspectos que muchas veces contaminan los diagnósticos. Por un lado, no se entrará a valorar la cuestión migratoria: si la inmigración procedente de países islámicos es una amenaza o una oportunidad, si hay demasiados o pocos inmigrantes musulmanes, etc.

Tampoco es un análisis de las actitudes ante el terrorismo islamista. Aunque después del 11-M no han faltado las amenazas más o menos directas hacia España en boca de líderes de al-Qaeda, o incluso se han vuelto a producir ataques como el de Yemen contra turistas españoles, que hacen que nos sintamos en el punto de mira del terrorismo islamista, es un hecho que no se han producido reacciones violentas contra los musulmanes en España. Parece evidente, por lo tanto, que los españoles están diferenciando perfectamente el islam del islamismo radical en el que hunde sus raíces el terrorismo. Si la opinión pública no es simplista, ¿por qué deberían serlo los políticos o los analistas? Máxime cuando disponemos de datos que nos permiten sacar conclusiones no apresuradas. El Barómetro del Real Instituto Elcano en sus cinco años de recorrido ha ido realizando preguntas sobre el islam y la religión musulmana en muy distintos aspectos, que permiten hacernos una composición de lugar sobre cómo son las actitudes de los españoles. En lo que sigue se desgranan algunos de los resultados.

No hay islamofobia religiosa en España
Como media de los distintos Barómetros, sobre un 80% de los españoles está preocupado por el fundamentalismo islámico. Pero hay que destacar que los españoles diferencian perfectamente el fundamentalismo islamista del islam. A pesar del sentimiento de amenaza por el terrorismo islamista, sólo un 37% dice tener una opinión negativa sobre la religión musulmana (BRIE 8, febrero de 2005). Algunos pueden pensar que uno de cada tres españoles es una proporción alta de valoraciones en contra. Pero si tenemos en cuenta el contexto de turbulencias e inseguridad provenientes del mundo islámico desde el 11-S, al que por otra parte los españoles no estábamos acostumbrados por nuestro perfil bajo en política exterior, quizá no lo sea tanto.

Otro dato abunda en este veredicto de inocencia. En España encontramos un porcentaje relativamente alto de españoles (40%) a favor de que los musulmanes puedan utilizar la mezquita de Córdoba igual que los católicos.

Hay más motivos para suponer que en España no hay islamofobia, es decir, intolerancia hacia una religión en particular, en este caso la musulmana, sino un laicismo creciente que afecta a todas las religiones, pues sólo un 46% está claramente a favor de la exhibición de los crucifijos católicos en las escuelas.

Por lo tanto, el temor al islamismo radical no produce rechazo del islam en su conjunto. El terrorismo no se atribuye tanto a factores religiosos como de política internacional. Por poner un ejemplo, el 65% de los españoles cree que la amenaza del terrorismo internacional en el mundo es mayor que antes de las acciones contra los talibán en Afganistán.

El velo y el rechazo de la desigualdad de género
Los españoles también parecen diferenciar entre los contenidos teológicos-religiosos y las prácticas ético-morales, siendo más intolerantes en este segundo aspecto que en el primero. Cada cual es libre de creer lo que quiera, pero respetando los derechos y libertades básicas del individuo en la vida pública: esa sería la forma de pensar de los españoles.

Así, según los resultados del BRIE 14 (marzo de 2007) el 61% de los españoles está en contra de que las niñas musulmanas lleven velo en la escuela, frente a un 18% a favor. ¿Es el resultado anterior una manifestación de intolerancia religiosa? Hay motivos para descartar esta explicación. España es un país profundamente igualitarista, en todos los aspectos, desde el Estado de bienestar hasta la política exterior, pasando por las relaciones entre varones y mujeres. La desigualdad de género es rechazada de plano por los españoles, sobre todo en la vida pública, como sabemos por otros estudios y por el apoyo dado a las iniciativas políticas que trabajan en este sentido. A lo anterior hay que unir la creciente tolerancia ante la diversidad sexual, que se corresponde con los valores de una sociedad –insistimos– cada vez más secularizada.

Por todo lo anterior, no debe extrañar entonces que según los resultados del BRIE 11 (marzo de 2006) los españoles unánimemente –¡un 96%!– hagan una valoración crítica de los musulmanes como machistas, que por otra parte, recordemos, es compartida por mujeres de los países musulmanes que son críticas con este aspecto del islam.

En resumen, detrás del rechazo de ciertos aspectos del islam no debemos buscar consideraciones religiosas sino valores igualitaristas desde los que se enjuicia al islam, pero también a otras religiones como la católica cuando se denuncia la exclusión de las mujeres del sacerdocio, o la necesidad del celibato en los sacerdotes varones. Cultura igualitarista, y no islamofobia: esa es la clave desde la que deben leerse los datos.

Los prejuicios y el efecto de la coyuntura internacional
Como indica el anterior resultado, los estereotipos negativos sobre los musulmanes están extendidos en algunos aspectos puntuales. Con todo, debemos considerar una vez más el contexto, pues la coyuntura internacional los está alimentando, como lo prueba el impacto enorme que tuvo la ‘crisis de las caricaturas’, la publicación en algunos medios europeos de caricaturas del profeta Mahoma y la reacción violenta en algunos países musulmanes.

En mayo de 2004 (BRIE 5) un 80% de los españoles consideraba autoritarios a los musulmanes; y un 57% los consideraba violentos.

A principios de 2006, como consecuencia de la coyuntura de crisis, en el BRIE 11 (marzo de 2006) un 90% considera a los musulmanes autoritarios, un 10% más que dos años antes. También, un 68% los considera violentos, de nuevo 10 puntos porcentuales más que en 2004.

La imagen negativa de los países musulmanes en este aspecto contrasta con la imagen de los países occidentales, que parecen la antítesis de los musulmanes. El 80% los considera democráticos, y el 70% pacíficos y tolerantes.

A pesar de lo negativo de estos estereotipos, que como vemos son reforzados por la coyuntura internacional, no hay contaminación sobre otras cuestiones. En 2004 prevalecía la opinión de que eran educados (46%) antes que groseros (41%), y un 44% también pensaba que eran trabajadores aunque, no obstante, un porcentaje similar también creía que eran ociosos. Pues bien, estas percepciones apenas se ven afectadas por la crisis y en estos aspectos no se han reforzado los prejuicios. Por lo tanto, encontramos otro aspecto en el que los españoles son capaces de diferenciar a la hora de hacer valoraciones.

La “crisis de las caricaturas” y la solidaridad de los creyentes
La “crisis de las caricaturas” provocó en España reacciones críticas con la reacción violenta de los países musulmanes, pero también con la publicación de las viñetas. A tenor de los resultados del BRIE 11 (marzo de 2006) los españoles hicieron una valoración negativa de la llamada “crisis de las caricaturas” en su conjunto.

Desde luego, fueron muy críticos con la respuesta violenta de las sociedades árabes, pues hasta un 88% valoró negativamente la reacción –un 53% muy negativamente–. A pesar de todo lo anterior, hay que añadir que la mayoría de los españoles (el 57%) también valoró negativamente la publicación de las caricaturas sobre Mahoma por algunos medios europeos.

Como era previsible, la opinión sobre las caricaturas viene determinada sobre todo por la religiosidad del entrevistado. Cuanto más creyente se considera, mayor es la crítica a la publicación, con lo cual pareció producirse un curioso fenómeno de solidaridad inter-religiosa entre creyentes católicos y musulmanes. Si entre los españoles agnósticos el 41% valora negativamente las caricaturas, entre los muy creyentes el porcentaje alcanza el 70%.

En cualquier caso, independientemente de las convicciones religiosas, los principios democráticos de los españoles son claros. Aunque a los entrevistados no les gustasen las caricaturas, el 72% cree que debe prevalecer la libertad de expresión, frente a sólo un 14% que antepone el respeto a las confesiones religiosas.

En definitiva, podemos decir que la reacción fue ponderada, ya que hay crítica al radicalismo, pero respeto por la religión islámica.

No hay “choque de civilizaciones”
Como consecuencia de las diferencias que se perciben entre los países occidentales e islámicos, en el contexto de la “crisis de las caricaturas” el 74% de los españoles creía que sí se puede hablar de que existe un “choque de civilizaciones”, frente a sólo un 22% que no lo cree (BRIE 11, marzo de 2006). Sin embargo, esta visión se matiza cuando los encuestados opinan sobre otros aspectos, puesto que un 63% también cree que los países musulmanes son distintos entre sí. Y otro tanto sucede con los occidentales: un 72% cree que hablamos de países distintos entre sí.

Además, para un porcentaje relativamente alto, el 38%, la reacción de los países musulmanes no fue del todo espontánea, sino que estuvo manipulada por algunos gobiernos.

En definitiva, aunque la idea del choque de civilizaciones atrae a un número significativo de españoles, éstos no perciben la situación actual como un conflicto irreconciliable entre religiones y/o civilizaciones. Cuando se introducen consideraciones políticas, son capaces de incluirlas y ponderarlas como factores a tener en cuenta.

Desconocimiento
Por lo que acabamos de ver en el apartado anterior, los españoles, acertadamente, parecen apuntar las diferencias entre los países musulmanes como elemento a tener en cuenta. Pero se trata más de una intuición que de una certeza, porque el hecho es que no tienen un conocimiento ni siquiera aproximado de las distintas realidades.

En el Barómetro 5, de febrero de 2004, se pedía a los encuestados que comparasen a distintos países del norte de África y del Magreb, concretamente Marruecos, Libia, Argelia, Túnez, Egipto y Mauritania. A la pregunta de cuál de ellos sería el más “fundamentalista”, un 15% señaló a Libia, otro 15% a Argelia y un 10% a Marruecos. Pero lo significativo es que hasta un 55% no supo diferenciar o los equiparaba sin mayor reparo.

Otro tanto sucedía cuando se preguntaba por cuál era el más “democrático”. Un 10% señalaba a Egipto y otro 10% a Marruecos, pero de nuevo un 66% no se decantaba por ninguno, o bien pensaba que todos eran autoritarios, lo que encajaba con el estereotipo analizado anteriormente.

Por lo tanto, si los españoles desconocen la realidad de los países musulmanes más próximos, es evidente que no pueden tener una idea cabal de la diversidad de una cultura tan vasta como la del islam. Aunque de nuevo no deberíamos culpabilizar sólo al ciudadano medio de su ignorancia, porque el clima actual de tensión entre los dos mundos, alimentado por algunos líderes internacionales, tiende a propiciar visiones simplistas. Desde luego, hay un innegable problema de “demanda” informativa, pero también de “oferta” política y periodística.

Los derechos políticos de los musulmanes en la sociedad española
Finalmente, como prueba de su tolerancia con el islam, los resultados del BRIE 14 (marzo de 2007) indican que sólo un 25% rechaza que los musulmanes residentes en España voten en elecciones municipales. En junio de 2006 (BRIE 15), muy pocos españoles valoraban negativamente las candidaturas a las elecciones autonómicas y municipales que representaban los intereses de los inmigrantes musulmanes.

En este mismo sentido, del BRIE 13 (diciembre de 2006) se deduce que los españoles en su mayoría (59%) también están a favor de la admisión de los musulmanes en el ejército español, aunque también encontremos un 33% en contra. Como vemos, este rechazo es minoritario, pero sucede además que socialmente está muy localizado. Es entre los entrevistados de nivel educativo y estatus socioeconómico más bajo donde se da una mayor reticencia a la admisión de creyentes musulmanes en el ejército español. Por lo tanto, el acceso a la información está condicionando las valoraciones en estos grupos. Lo anterior no impide que también se produzcan sesgos ideológicos, como pone de manifiesto que el rechazo a la admisión en el ejército también sea mayor entre quienes se consideran de derecha.

El problema de la “validez ecológica”
Finalmente, como limitación del análisis, hay que hablar de la cuestión de la “validez ecológica”, no siempre tenida en cuenta en este tipo de aproximaciones, lo cual lleva a extrapolar conclusiones sin demasiado fundamento.

El BRIE y la mayoría de las encuestas hechas en España (y en otros países) sobre estas cuestiones son representativas a nivel nacional, no por Comunidades Autónomas, ni mucho menos por ciudades o barrios, mientras que, como sabemos, una variable fundamental para el análisis la constituye el hecho de que la inmigración musulmana en España está bastante concentrada en un escaso número de espacios (Madrid, Cataluña, Levante y Andalucía), lo que limita el conocimiento directo que los españoles puedan tener del islam.

Desde luego, a largo plazo, para hacernos una idea cabal de la relación entre las dos variables –actitudes ante el islam e inmigración musulmana– habrá que desagregar y bajar a estudiar en profundidad estos contextos concretos, en los que sí sabemos que en algún caso se han producido episodios violentos, aunque ya antes del 11-M (El Ejido, el Maresme, etc.). Es una cuestión demasiado importante como para seguir especulando en el vacío, sin investigaciones en profundidad.

A pesar de lo anterior, los datos de las encuestas representativas de la población española en general ya nos están diciendo algo a tener en cuenta en los análisis desagregados por espacios en el nivel subestatal: al menos sabemos que el contexto cultural general que rodea entornos potencialmente problemáticos no es islamofóbico Esta envolvente de valores y actitudes tolerantes siempre va a representar un freno para hipotéticas involuciones locales y, desde luego, para un efecto imitación que podría extender los conflictos al resto de España.

Por poner un ejemplo, en comparación con la España post-11-M, no sucedía lo mismo en la Alemania de la Reunificación tras la caída del Muro de Berlín, ya que un clima de opinión general nacionalista era el caldo de cultivo ideal para el contagio de la xenofobia en los Länder del Este, que efectivamente se produjo en cadena. Las informaciones sobre ataques en unas ciudades producían ataques en otras, pues hacían pensar a los violentos que no estaban solos, ya que otros compartían sus valores. Los contextos locales de interacción entre grupos de distinta raza o religión son importantes, pero a su vez no se pueden aislar del contexto general de valores. A la hora de buscar explicaciones, tan errónea es la extrapolación excesiva como un contextualismo radical ciego a los factores culturales de índole general.

Conclusiones: Si atendemos sólo a algunas valoraciones generales, desde luego es fácil decir que los españoles recelamos del islam. Ahora bien, sólo hace falta escarbar un poco bajo la fina capa de los prejuicios para encontrar un panorama más rico en matices.

En este sentido, los resultados fundamentales del Barómetro del Real Instituto Elcano son concluyentes. En primer lugar, no hay islamofobia en España. Incluso hemos visto como los creyentes católicos españoles se solidarizaron con los musulmanes a raíz de la “crisis de las caricaturas”. Sin embargo, lo anterior no impide que los españoles sean críticos con determinados aspectos del islam. La media de la población española, muy secularizada, es menos tolerante con algunos aspectos de la cultura musulmana, como la desigualdad de género.

Además, cuando hay rechazo de algún elemento del islam, no es específico, sino motivado por el laicismo creciente de la sociedad española, que lleva también a criticar determinadas manifestaciones públicas del catolicismo. Se defiende el respeto de todas las confesiones, incluida la musulmana, aunque dentro de los principios de una sociedad democrática y de Derecho.

Por otra parte, no se percibe un conflicto irreconciliable entre religiones o “choque de civilizaciones”. Se intuyen diferencias dentro de los países de cultura islámica, aunque, todo hay que decirlo, sobre un trasfondo de profundo desconocimiento incluso de los países musulmanes más próximos nuestro país.

Finalmente, se desea la inclusión de los musulmanes como ciudadanos de pleno derecho en la sociedad española. Vemos con buenos ojos su participación política, pero también su entrada en el ejército español, aunque sin duda la amenaza del terrorismo islámico, ahora sí, al tratarse de una cuestión de seguridad nacional como la defensa, esté provocando recelos en este último aspecto.

El proceso de secularización de la sociedad española es, sin duda, el trasfondo desde el que se debe entender estas actitudes. Aunque la religión católica siga teniendo peso, este es mucho menor que antaño, y esto está indudablemente contribuyendo a crear un entorno más tolerante.

En el análisis también se ha apuntado el peso que tiene la cultura igualitarista de los españoles a la hora de entender las críticas a aspectos del islam como la desigualdad de género. España es uno de los países más igualitaristas del mundo en todos los órdenes, y este rasgo de nuestra cultura se deja traslucir también en este tipo de cuestiones aparentemente tan alejadas.

El igualitarismo ha producido un Estado de Bienestar intensivo en políticas universalistas que facilitan, por ejemplo, el acceso de todos los españoles a la educación. Y precisamente en el análisis de las actitudes ante el islam también debemos tener en cuenta el nivel educativo, que es otra variable que está correlacionada claramente con la tolerancia. En los últimos 30 años se ha hecho en España un gran esfuerzo por facilitar el acceso universal a la educación, y parece que ha tenido sus frutos, al menos en este aspecto, al contribuir a crear un entorno cultural tolerante que inhibe la xenofobia incluso en un momento de tensión que algunos han dado en llamar de “choque de civilizaciones”.

De todos modos, a pesar de que el nivel educativo medio de la población española ha aumentado en los últimos 30 años, como señalábamos en el apartado anterior, es evidente que los españoles no conocen el islam ni los países musulmanes, empezando por los más próximos, como los del Magreb. Iniciativas como la creación de la Casa Árabe pueden ir en la dirección correcta de potenciar el acercamiento de los españoles a esas realidades culturales tan cercanas y tan lejanas al mismo tiempo.

Javier Noya
Investigador Principal de Imagen Exterior de España y Opinión Pública del Real Instituto Elcano