Nuevas elecciones decisivas en Colombia

Elecciones decisivas en Colombia. Imagen de la bandera colombiana en un jardín en Bogotá

Como hace cuatro años atrás, Colombia vuelve a estar al borde de unas elecciones decisivas, unos comicios que pueden marcar un cambio de época, dependiendo de qué lado caiga la moneda una vez que ésta ha sido echada al aire. Porque, en definitiva, si bien las encuestas siguen dando a Gustavo Petro como claro vencedor en la primera vuelta, cualquier cosa puede pasar y habrá que esperar hasta la noche del domingo 29 de mayo para saber si pudo alcanzar el gran objetivo de su vida, ser el próximo presidente de Colombia. Para ello necesita alcanzar el 50% más uno de los votos, y proclamarse ganador. 

Si esta meta no se cumple, entonces la incertidumbre seguirá lastrando el futuro inmediato del país, un futuro que deberá ser postergado hasta tres semanas después, hasta el domingo 19 de junio. Ese día se celebrará la segunda vuelta y será entonces cuando se sabrá de forma definitiva lo que le espera a Colombia y a los colombianos. ¿Cuáles son, entonces, las opciones que se abren en una circunstancia tan complicada y a la vez tan especial?

Petro podría ganar en la primera vuelta, pero para ello y según las últimas encuestas le faltarían entre cinco y diez puntos, una cantidad bastante considerable. Alcanzar esa meta dependerá básicamente de cómo se resuelva la ecuación entre la voluntad de cambio de la sociedad colombiana y el rechazo al candidato Petro. Si la primera variable lo favorece, la segunda le puede costar perfectamente una nueva derrota electoral.

En este cálculo interviene de forma decisiva el juicio popular a la clase política, de la que Petro, curiosamente, ahora pretende tomar distancia, y la inquina concentrada contra la corrupción y la mala gestión. Sin embargo, se da la paradoja de que, a lo largo de toda su vida, inclusive durante su paso por la guerrilla del M-19, el actual senador y exalcalde de Bogotá ha vivido de la política “tradicional”, y es un claro miembro de la élite colombiana, por más que actualmente reniegue de ella por conveniencia electoral.

Si su discurso es capaz de cautivar más que de preocupar a los numerosos indecisos todavía existentes, sus opciones podrán aumentar. No es sencillo y más llevando a Francia Márquez como candidata a vicepresidenta. El entusiasmo que esta líder social genera en la juventud es innegable, pero su discurso claramente confrontacional no es el más adecuado para un momento como éste. Si Petro no gana el próximo domingo, tendrá que esperar hasta junio, con las dificultades añadidas que esto implica. Pero, si lo hace, obtendrá una amplia legitimidad de origen que facilitará enormemente sus proyectos reformistas e incluso aquellos más rupturistas con el orden tradicional.

La otra cuestión importante que debe dilucidarse en esta primera vuelta es quién acompañará a Petro en el balotaje en el caso de que éste deba celebrarse. Otra vez, según las últimas encuestas, lo más probable es que el elegido sea el exalcalde de Medellín, Federico Fico Gutiérrez, el candidato de centro derecha. Sin embargo, en las últimas jornadas siguen creciendo de forma importante las expectativas del independiente y exalcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, gracias a su potente discurso anticorrupción. Con independencia de quien sea el segundo, todo indica que se volverá a repetir el fenómeno que llevó a Iván Duque a la Casa de Nariño, el armado de la informal, aunque efectiva, coalición de todos contra Petro.

Los estudios demoscópicos vaticinan un final ajustado, muy ajustado, en la segunda vuelta. Si el margen es muy estrecho no habría que descartar acusaciones de fraude provenientes de la candidatura derrotada, cualquiera sea ella. Algo de esto ya ocurrió en las legislativas de marzo pasado, cuando las denuncias tanto de Álvaro Uribe como la del propio Petro no fueron precisamente ejemplares y han abierto las puertas para nuevos cuestionamientos que erosionen el propio mecanismo electoral.

Una derrota de Petro daría lugar no solo a protestas callejeras agitando el fantasma de la manipulación del voto, sino también a un período de continua inestabilidad política e institucional en las semanas/meses posteriores. No se olvide la peregrina teoría esgrimida por Petro que, en fechas recientes, denunció una posible cancelación de las elecciones, algo de difícil implementación. En realidad, de producirse algo así equivaldría directamente a un golpe de Estado. El escritor colombiano Carlos Granés alertaba en un artículo reciente de aquellos políticos que, en lugar de querer gobernar, pretendían cambiar la historia, es decir, pasar a la posteridad. En esa línea y así de contundente se expresó Gustavo Petro cuando en uno de sus últimos actos de campaña señaló: “El domingo cambiaremos la historia de Colombia”. Ese es el problema que enfrenta el país, el deseo del candidato favorito de hacer tabla rasa con el pasado inmediato y pretender transformarlo todo, de arriba abajo, comenzando por la Constitución y olvidando mantener las instituciones necesarias para el funcionamiento de la democracia, como la separación de poderes y la justicia.


Bandera de Colombia en Bogotá. Foto: Reg Natarajan (CC BY 2.0).