Ucrania a remolque del Consejo de Comercio y Tecnología (TTC)

Vista general de la reunión inaugural del Consejo de Comercio y Tecnología (TTC) EEUU-UE en Pittsburgh (2021)

La guerra en Ucrania ha rediseñado el foro que la Unión Europea y Estados Unidos crearon en junio de 2021 para coordinarse en cuestiones globales claves del comercio internacional y la tecnología, el Consejo de Comercio y Tecnología (TTC, por sus siglas en inglés). El efecto del conflicto en las cadenas globales de suministro de gases y minerales críticos en la industria de semiconductores, el riesgo de una crisis alimentaria por la falta de exportaciones de las cosechas de trigo producidas en Ucrania, o la guerra de precios de la energía y su impacto en la producción de tecnologías verdes fueron algunas de las causas que llamaron a la puerta del TTC para hacer un viraje hacia Ucrania.

Si la disyuntiva en la primera reunión, celebrada en Pittsburgh en septiembre de 2021, en la que no había guerra, residía en si había que poner a China en el foco de las negociaciones y de los acuerdos –algo que Estados Unidos proponía, pero que la UE descartaba, puesto que concebía el TTC como un foro de cooperación para asuntos únicamente bilaterales–, los resultados del segundo encuentro que se produjo hace apenas unos días en París-Saclay el 15 y 16 de mayo demuestran que la toma conjunta de decisiones hacia un tercer país sí había permeado, en este caso sobre Rusia. Concretamente se han puesto de acuerdo en los mecanismos de control de exportaciones hacia Rusia y en lograr una respuesta coordinada para las sanciones hacia este país. 

Sinergias entre la Unión Europea y Estados Unidos a doble nivel: político y de implementación

Este giro del TTC hacia la guerra en Ucrania se ha traducido en una serie de medidas claras y definidas. Pero, sobre todo, se ha mudado de un nivel de coordinación casi inaudito en los últimos años, tanto en el alto nivel político como en los Grupos de Trabajo donde están los equipos funcionariales y asesores, si se compara con los tiempos de la Administración Trump. Durante aquellos años, algo que se solía manifestar durante conversaciones informales en Washington DC era la dificultad de los funcionarios estadounidenses para llevar ciertas demandas, necesidades o áreas de cooperación hacia las capas más altas de decisión, las capas políticas (“move up the chain”).

En el panorama actual, no ha sido solo el cambio a una nueva Administración Biden-Harris lo que ha devuelto a Estados Unidos su visión de mayor colaboración con la Unión Europea. La propia creación de una comunidad con reuniones periódicas en un espacio de diálogo fijo y sostenido como es el TTC, y en diez Grupos de Trabajo altamente especializados, ha generado también lazos de entendimiento y comunicación más directos entre funcionarios y personas expertas, tanto en el plano de decisión política como en el de ejecución e implementación.

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Grupos del Trabajo del Consejo de Comercio y Tecnología (TTC). Fuente: Factsheet EU-US Trade & Technology Council, 2021.

Ello explica que se hayan llegado a varios acuerdos entre EEUU y la UE en todos los temas, por el momento más orientados a compartir información y a mapear conjuntamente necesidades, y no tanto a cuestiones más ejecutivas. Uno de los resultados más destacados es el Mecanismo de Información de Estándares Estratégicos, que busca promover y defender intereses comunes en la negociación de los estándares internacionales críticos para las tecnologías. Otros acuerdos están pendientes de mayor detalle, como es la propuesta de aumentar la transparencia en la demanda de semiconductores y evitar una “guerra de subsidios”. Este término empezó a escucharse con más intensidad tras el anuncio de la propuesta de Ley Europea de Chips, que busca flexibilizar las normas sobre ayudas estatales, unas normas cuyo objetivo es evitar las subvenciones ilegales e injustas concedidas por los países a las empresas. La idea es adaptar dichas normas, bajo estrictas condiciones, para apoyar la creación de producción europea “primera en su género”, siempre y cuando la ayuda sea proporcionada, necesaria y tenga un impacto paneuropeo medible. Como el TTC abraza temas todavía en desarrollo, será necesario hacer un seguimiento de la ley europea y de la propuesta del TTC al mismo tiempo.

Retos del Consejo de Comercio y Tecnología (TTC)

La representante de Comercio de EEUU, Katherine Tai, resumió en la reunión presencial el significado de este segundo encuentro del TTC: “Buen trabajo y resultados: el premio es que hay aún más trabajo y más resultados”. Así pues, varios retos aparecen.

Primero, en el largo plazo: la supervivencia y sostenibilidad del TTC ante posibles cambios políticos. El año 2024 está tan lejos como cerca. En la UE serán las elecciones para el Parlamento Europeo y finalizará el primer mandato de Ursula Von der Leyen y de su Comisión Europea, salvo que se produzca una renovación. En EEUU se producirán las elecciones presidenciales entre un Partido Demócrata del que no está claro si proseguiría Biden –aunque es probable que otros candidatos sigan en la misma línea–, y un Partido Republicano cuya seña se está regenerando en estos años en la oposición y del que habrá que ver si Trump se vuelve a presentar o no como candidato. A día de hoy, el TTC gravita sobre dos espacios de confianza: el del alto nivel político y el de los funcionarios y personas expertas que conforman cada uno de los diez Grupos de Trabajo. Tanto uno como otro serán relevantes, pero, en caso de que, el primero sufra en algún momento, el papel del servicio público será clave. Para ello, los grupos de trabajo existentes y los sub-grupos que se están creando deberían adquirir un grado de institucionalización propio en caso de posibles reveses.

Segundo, en el corto plazo: será importante mantener la cuestión de Ucrania en la agenda, pero otros temas acuciantes deben seguir en el horizonte. Es el caso del apoyo a las pymes en el uso de tecnologías digitales, o la coordinación en las guías prácticas para mejorar la madurez cibernética de estas empresas.

Tercero, el TTC se beneficiará si aumenta el trabajo que ya ha empezado a hacer para coordinarse ante situaciones de crisis. Ya lo ha hecho al anunciar la creación de un marco de cooperación para garantizar la integridad de los datos en las plataformas tecnológicas en escenarios de crisis, o el compromiso de desarrollar un marco analítico conjunto para identificar la manipulación de la información o la injerencia extranjera. El paso siguiente debería ser pasar de la identificación conjunta de riesgos a respuestas ejecutivas a tales riesgos –más allá de la guerra en Ucrania, también en otros temas.

Cuarto, el TTC es de relevancia para los Estados miembros de la UE. Aunque son las asociaciones industriales europeas y los funcionarios de la UE quienes están trabajando en este tema, el impacto del TTC en el plano nacional es evidente. De ahí, la importancia de que desde la administración pública se realice un seguimiento de las negociaciones y un análisis del efecto de las medidas en los intereses y necesidades del país. Un ejemplo de ello es el PERTE de microelectrónica y semiconductores que ha aprobado el Gobierno de España en mayo de 2022, con una inversión de 12.250 millones de euros. Este PERTE busca tener una aproximación integral, tanto en la fase de I+D de los productos, como en el diseño y fabricación. La vicepresidenta Primera reconoció la ausencia de una estrategia coherente y de recursos hasta ahora. En ese sentido, la creación del PERTE es una oportunidad y, de ahí, el momento de aprovechar la agenda del TTC para darle seguimiento, incrementar la coordinación interministerial y buscar influir en los actores involucrados.


Imagen: Vista general de la reunión inaugural del Consejo de Comercio y Tecnología (TTC) Estados Unidos-Unión Europea en Pittsburgh, EEUU (29/09/2021). Foto: Justin Merriman / EC – Audiovisual Service, © European Union, 2021.