Terrorismo Internacional - Real Instituto Elcano Feeds Elcano Copyright (c), 2002-2018 Fundación Real Instituto Elcano Lotus Web Content Management <![CDATA[ Vínculos sociales y terrorismo yihadista: ¿qué conduce de la radicalización violenta a la implicación terrorista? ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari39-2021-vicente-vinculos-sociales-y-terrorismo-yihadista-que-conduce-de-radicalizacion-violenta-a-implicacion-terrorista 2021-03-29T11:33:19Z

Un análisis sobre los vínculos sociales que unen a un grupo de jóvenes radicalizados en el yihadismo en España con diferentes actores del movimiento yihadista global revela que el número y la intensidad de esos lazos influyen en que unos individuos se impliquen en actividades terroristas mientras que otros decidan no hacerlo.

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Tema

Un análisis sobre los vínculos sociales que unen a un grupo de jóvenes radicalizados en el yihadismo en España con diferentes actores del movimiento yihadista global revela que el número y la intensidad de esos lazos influyen en que unos individuos se impliquen en actividades terroristas mientras que otros decidan no hacerlo.

Resumen

No todos los individuos que se radicalizan en el salafismo yihadista y disponen de vínculos sociales en el movimiento yihadista terminan por participar en actividades terroristas. Explicar por qué unos lo hacen y otros no requiere un análisis diferencial del tipo, el número y la intensidad de sus lazos personales con activistas yihadistas o con estructuras dedicadas a la movilización terrorista. A partir del estudio de los vínculos de una muestra de jóvenes que siguieron trayectorias opuestas tras su radicalización yihadista en España entre 2012 y 2019, este análisis constata una mayor inclinación a la implicación terrorista entre aquellas personas radicalizadas cuyas conexiones sociales con el yihadismo global eran más numerosas o de mayor fortaleza. Estos hallazgos pueden ser aplicados en el diseño e implementación de las respuestas institucionales y sociales ante a la radicalización violenta conducente al terrorismo.

Análisis

La investigación empírica ha constatado la importancia de las redes sociales en la radicalización y el reclutamiento yihadista. Quienes adoptan la ideología del salafismo yihadista, incluso hasta el punto de facilitar o participar en acciones violentas, suelen hacerlo en la compañía de otros sujetos ya radicalizados o que están igualmente en proceso de radicalización. En esa interacción social, los individuos componen visiones comunes sobre la realidad, moldean y refuerzan sus identidades compartidas, y pueden acabar predisponiéndose a la implicación terrorista.1 La evidencia existente sobre el caso español lo pone de manifiesto: el 90% de los yihadistas condenados o muertos en España desde 2012 hasta 2018 se radicalizó en contacto con otras personas.2 Además, tres cuartas partes de ellos tenían vínculos sociales previos a sus respectivos procesos de radicalización y reclutamiento con otros yihadistas activos dentro o fuera del país. Esos vínculos sociales estaban basados en lazos preexistentes de vecindad –en siete de cada 10 casos–, amistad –en seis de cada 10– y parentesco –en la mitad de los casos–, que pueden combinarse entre sí.3

Ahora bien, no todos los individuos que se radicalizan en el salafismo yihadista y disponen de conexiones personales con sujetos insertos en el movimiento yihadista global terminan por participar en actividades terroristas. Explicar la eventualidad de que sujetos radicalizados acaben o no implicándose obliga a analizar las características de los vínculos personales que les unen con activistas yihadistas, así como con estructuras dedicadas a la movilización terrorista (como ocurre en determinados espacios de plataformas virtuales o lugares de culto salafistas). Así, ¿inciden por igual todos los lazos sociales en el tránsito individual que conduce de la radicalización yihadista a la implicación en actividades relacionadas con el terrorismo? ¿El número de esos vínculos puede producir variaciones en los efectos sobre la implicación? ¿Es posible que dependa de la mayor o menor intensidad de los lazos?

Para responder a los tres interrogantes, este análisis distingue categorías correspondientes al tipo, al número y a la intensidad de los vínculos sociales y estudia empíricamente, combinando métodos cuantitativos y cualitativos, su efecto diferencial sobre una muestra de 44 jóvenes que siguieron trayectorias opuestas tras haber experimentado un proceso de radicalización yihadista en España entre 2012 y 2019, es decir, a lo largo del ciclo de movilización sin precedentes que promovieron en Europa Occidental organizaciones yihadistas activas en Siria e Irak, como Estado Islámico y, en mucha menor medida, la rama territorial de al-Qaeda o entidades afines a esta última. La caracterización social de los sujetos incluidos en la muestra, los datos relativos a sus procesos de radicalización y la información sobre si terminaron o no implicados en actividades relacionadas con el terrorismo yihadista proceden de una extensa revisión documental de informes policiales y de archivos judiciales, al igual que de la asistencia a vistas orales celebradas en la Audiencia Nacional; por otra parte, de entrevistas semiestructuradas con cuatro de los individuos incluidos en la muestra y con familiares y amigos de otros cuatro jóvenes, así como con expertos policiales, profesionales de primera línea y trabajadores del medio penitenciario.4 Estas fuentes permitieron también trazar los vínculos sociales de los jóvenes que integran la muestra de estudio y registrar sus afiliaciones.

Todos los jóvenes de la muestra, un total de 44, tienen en común haber iniciado sus procesos de radicalización cuando tenían entre 14 y 17 años (M = 16,3; SD = 0,85), sin que exista una diferencia estadísticamente significativa (t-test: p>0,05) en las edades de los implicados (M = 16,4; SD = 0,67) y de los no implicados (M = 16,2; SD = 0,99). La muestra incluye 25 varones y 19 mujeres. En lo que se refiere a su distribución geográfica, 10 de ellos residían en la provincia de Barcelona, nueve en la ciudad autónoma de Melilla, seis en la provincia de Girona, cinco en la ciudad autónoma de Ceuta y cuatro en la Comunidad de Madrid. Los 10 individuos restantes vivían en otras seis provincias. Todos los jóvenes incluidos en la muestra llegaron a compartir los objetivos y a justificar las tácticas de sus organizaciones yihadistas de referencia. Pero solo 23 (el 52,3%) terminaron implicándose en actividades relacionadas con el terrorismo, mientras que 21 (el restante 47,7%) no lo hicieron.

El rastreo de sus vínculos personales con actores insertos en el movimiento yihadista permitió dibujar una red social de 136 nodos (individuos u organizaciones) y 202 vínculos. Red social –en su acepción de social networks y no de social media– es entendida aquí como el conjunto de vínculos directos entre los sujetos de la muestra de estudio y el yihadismo global. Los actores con los que estaban conectados pertenecen a dos categorías: por una parte, activistas yihadistas tanto en España como en Europa y Siria. Entre ellos se incluyen fundamentalmente individuos condenados por actividades yihadistas, pero también, en menor medida, sujetos integrados en la escena salafista yihadista, aunque no hayan sido procesados o sentenciados por delito alguno. Por otra parte, entidades dedicadas, principal o complementariamente, a la movilización yihadista, ya fueran comunidades virtuales o lugares de culto. Los vínculos entre los jóvenes que integran la muestra de estudio y los actores con los que estaban conectados fueron tanto previos al proceso de radicalización yihadista (ocurre así con los lazos preexistentes de parentesco, amistad y vecindad), como forjados durante el proceso de radicalización (caso de los vínculos organizativos con activistas que actúan en plataformas virtuales o mezquitas, así como la propia participación en estos entornos propicios para la movilización).

La red social que se deriva del análisis de los vínculos sociales que unen a los jóvenes de la muestra con esas dos categorías de actores puede visualizarse mediante un sociograma (Figura 1). Los nodos rojos representan a los jóvenes implicados y los nodos azules a los no implicados. Los activistas yihadistas con los que estaban conectados están representados por los nodos de color gris claro, mientras que las entidades de movilización yihadista con las cuales tenían vínculos aparecen como nodos de color gris oscuro.

Figura 1. Sociograma de los vínculos sociales de los individuos incluidos en la muestra
Figura 1. Sociograma de los vínculos sociales de los individuos incluidos en la muestra
Fuente: elaboración propia.

(1) Tipo, número e intensidad de los vínculos personales en el movimiento yihadista global

Para evaluar los rasgos de los vínculos sociales que operan de manera efectiva en el reclutamiento yihadista en España, este estudio se sirve de una metodología mixta. El análisis cuantitativo de la red social permite detectar regularidades empíricas en los lazos que unen a los individuos que integran la muestra con el movimiento yihadista global, lo que permite aislar aquellas características que diferencian a los jóvenes implicados de los no implicados. La metodología cualitativa, por su parte, captura el significado que adquirieron las conexiones sociales y los mecanismos a través de las que ejercieron su impacto. Con todo, los resultados del análisis de las denominadas redes oscuras –aquellas que, como ocurre en el crimen organizado o el terrorismo, se dedican a actividades delictivas– deben ser tomados con cautela, por causa de las limitaciones metodológicas que a menudo afectan a la recogida de datos de estructuras relacionales que operan de manera encubierta, en condiciones de ilegalidad y conjurando el riesgo de infiltración.5

Los resultados del análisis cuantitativo bivariante (esto es, el cruce individual de cada uno de los factores analizados –tipo, número e intensidad de los lazos– con la variación individual en la implicación terrorista) ofrecen una primera aproximación a los efectos de los lazos personales (Figura 3).6 Por un lado, la existencia de vínculos previos de parentesco y amistad muestra una relación estadísticamente significativa con la implicación yihadista: mientras que el 56,5% de los jóvenes que participaron en actividades terroristas tenían lazos de parentesco con otros individuos que estaban comprometidos con el movimiento de la yihad global, sólo el 14,3% de los jóvenes no implicados mantenían este tipo de conexiones sociales. Además, el 39,1% de los jóvenes implicados estaban conectados con otros yihadistas a través de relaciones de amistad, pero sólo un 9,5% de los no implicados disponían de vínculos de esa naturaleza con pares radicalizados. Lazos de otra naturaleza, como los de vecindad o las conexiones organizativas con activistas y estructuras de movilización, no parecen tener un efecto significativo en el proceso de reclutamiento.

Asimismo, este análisis preliminar revela que los jóvenes implicados se diferencian de los no implicados también por el número de sus vínculos dentro del movimiento yihadista global. Mientras que los primeros mantenían una media de siete vínculos con activistas o estructuras de movilización, los segundos sólo mantenían vínculos con un promedio de aproximadamente tres actores. Sin embargo, la intensidad de esos vínculos –medida a través de un indicador agregado de todas las conexiones– no parece guardar relación con la eventualidad de que un individuo radicalizado acabe o no implicándose. Finalmente, es importante subrayar que el sexo también aparece asociado a la trayectoria de los sujetos analizados: mientras que el 73,9% de los implicados eran hombres, el 61,9% de los igualmente radicalizados, pero no implicados, eran mujeres.

Figura 3. Resultados del análisis bivariante
 

Implicados
(n = 23)

No implicados
(n = 21)

Total
(n = 44)

Variable %    
Sexo (1)

Hombre

73,9

38,1

56,8

Mujer

26,1

61,9

43,2

Vínculos de parentesco con activistas (2)

56,5

14,3

36,4

No

43,5

85,7

63,6

Vínculos de amistad con activistas (1)

39,1

9,5

25,0

No

60,9

90,5

75,0

Vínculos de vecindad con activistas

43,5

52,4

47,7

No

56,5

47,6

52,3

Vínculos organizativos con activistas

65,2

47,6

56,8

No

34,8

52,4

43,2

Vínculos organizativos con entidades de movilización

21,7

4,8

13,6

No

78,3

95,2

86,4

  Media (SD)
Número de vínculos (1)  

6,61 (4,63)

2,67 (2,33)

4,73 (4,18)

Fortaleza de los vínculos  

1,81 (0,76)

1,45 (0,73)

1,64 (0,76)

(1) p<0.05.
(2) p<0.01.
Fuente: el autor

 

El análisis multivariante, con las variables que fueron estadísticamente significativas en el análisis preliminar, permite controlar las posibles interrelaciones entre ellas. Una precisión metodológica se hace necesaria en este punto, pues el tamaño reducido de la muestra de estudio podría despertar dudas acerca de la validez del estudio. Atendiendo a esta circunstancia, se realizó un primer análisis con el método de regresión logística de Firth, apropiado por sus cualidades para mitigar sesgos en el análisis de resultados binarios en universos compuestos por un número limitado de casos.7 Sin embargo, los análisis utilizando tanto el método de Firth como el método convencional de regresión logística binaria arrojaron resultados equivalentes. Los resultados que se obtuvieron utilizando este último procedimiento pueden apreciarse en la Figura 4, que recoge el modelo completo (1) con todas las variables y el modelo final (2), en el que se incluyen únicamente los predictores significativos.8

En concreto, el modelo final descarta que el tipo de vínculos sociales entre jóvenes radicalizados y los distintos actores del movimiento yihadista global expliquen la participación en actividades terroristas. Por el contrario, apunta a que el número de vínculos sociales sí permite diferenciar a los jóvenes implicados de los no implicados. Es decir, confirma que los primeros estaban conectados con el movimiento yihadista por medio de un número marcadamente superior de vínculos con activistas y estructuras de movilización. En este sentido, por cada vínculo adicional, las posibilidades de que un joven acabara implicándose se incrementaron 1,46 veces. El modelo final también muestra que el sexo tiene una relación significativa con la participación terrorista. Las posibilidades de participar fueron 6,27 veces mayores entre hombres que entre mujeres.9

Figura 4. Análisis de regresión logística
  Modelo 1 Modelo 2

Variable

B

SE

ExpB

p

B

SE

ExpB

p

Sexo (1)

1.703

0.840

5.493

0,043

1.837

0.791

6.276

0,20

Vínculos de parentesco con activistas

1.352

0.918

3.867

0,141

       

Vínculos de amistad con activistas

0.548

1.037

1.730

0,597

       

Número de vínculos (2)

0.275

0.134

1.317

0,039

0.378

0.137

1.460

0,006

Constante (2)

-2.647

0.849

0.071

0,002

-2.516

0.816

0.081

0,002

(1) p<0.05.
(2) p<0.01.
Fuente: el autor.

Ahora bien, ¿por qué el tipo de lazos sociales no parece explicar la inclinación a participar en actividades terroristas? ¿Es posible que la fortaleza de los vínculos más importantes –y no la del conjunto de la red social que configuran– sí desempeñe un papel en el proceso? ¿A qué se debe que el tamaño de la red, entendido como el número total de lazos sociales de un individuo, sí influya en la predisposición para la acción? El análisis cualitativo de la evidencia documental consultada, así como de las entrevistas realizadas en el marco de esta investigación, permite inferir algunas claves para entender los resultados del análisis cuantitativo.

(1.1) La proximidad social puede inhibir la implicación yihadista

Un buen número de casos incluidos en la muestra de estudio revela que los vínculos sociales preexistentes desempeñaron un papel destacado en fases iniciales del proceso de radicalización yihadista, durante las cuales se producen la transmisión e internalización de la ideología. Familiares y amigos actuaron así generando conciencia sobre la causa del yihadismo global y estableciendo una asociación positiva entre los jóvenes y el movimiento salafista yihadista. Sin embargo, la relevancia de este tipo de vínculos personales tendió a disminuir cuando la movilización avanzó hacia la construcción de una predisposición para la acción y al acceso a oportunidades para el reclutamiento.

Más aún, la evidencia estudiada apunta a que la proximidad social puede ser determinante en los intentos por inhibir la implicación de menores y jóvenes en actividades terroristas. Padres, hermanos mayores y parejas sentimentales actuaron tratando de impedir que se produjera la participación, bien por razón de la especial peligrosidad de algunas acciones –por lo general, relacionadas con el desplazamiento a la zona de conflicto en Siria e Irak– o por consideraciones de interés personal, como las de eludir las consecuencias penales que podrían derivarse de situaciones de negligencia parental. En otros casos, optaron por promocionar formas legales y no violentas de movilización ajustadas a las premisas ideológicas del salafismo yihadista, por ejemplo, persuadiendo a chicas jóvenes para que permanecieran en sus hogares y se convirtieran en madres, en lugar de trasladarse al califato para engendrar allí a nuevos combatientes.

Este comportamiento de los vínculos preexistentes refleja que los lazos sociales que canalizan ideas y actitudes extremistas no necesariamente promueven conductas violentas. Ocasionalmente, los procesos de influencia social relacionados con la radicalización violenta adquieren una orientación eminentemente cognitiva, sin ninguna aspiración conductual inmediata. Así y todo, una cautela debe imponerse en la interpretación de estos resultados: puesto que la muestra sólo reúne a sujetos detenidos o muertos en España, es altamente probable que hayan quedado infrarrepresentados los casos en los que los lazos inmediatos actuaron no sólo en la socialización sino también en la conexión estructural con el yihadismo global, pues esto ocurrió a menudo entre jóvenes que lograron desplazarse a Siria e Irak acompañados de miembros de su círculo social más próximo.

(1.2) La estabilidad e intensidad de las conexiones radicales refuerza el compromiso conductual con el yihadismo

Un elemento que diferencia las dinámicas sociales de los jóvenes implicados y no implicados es la duración de sus intercambios con activistas del yihadismo global. Los jóvenes no implicados estuvieron en mayor medida relacionados con activistas a través de vínculos transitorios, forjados a menudo en plataformas virtuales, pero también en contextos comunitarios. En ausencia de enlaces previos directos, los lazos débiles facilitaron un contacto inicial entre los jóvenes y el movimiento yihadista: ofrecieron un primer acceso a ideas, información y contenidos propagandísticos, así como una oportunidad para interactuar con simpatizantes de la causa sin asumir excesivos riesgos.

Sin embargo, ese tipo de vínculos se han demostrado frágiles en su duración. En ocasiones, su disolución se produjo por decisión de los propios jóvenes, cuando estos se sintieron crecientemente inseguros con el avance del proceso de reclutamiento, pero también a iniciativa de los activistas, quizá estimando elevado el riesgo para su propia seguridad. La desaparición de esas conexiones ha obedecido igualmente a factores exógenos, como la política de suspensión de perfiles radicales que han implementado distintas plataformas virtuales. También a causa de la intervención de agentes pertenecientes al entorno cercano de los jóvenes, quienes actuaron como influencias compensatorias al oponerse activamente a los objetivos y tácticas del movimiento yihadista.

En contraste, los jóvenes implicados tendieron a disponer de enlaces más sólidos y estables con el movimiento yihadista global. Algunos de ellos lograron reparar y consolidar sus frágiles vínculos con activistas, lo que les condujo a implicarse progresivamente en la difusión de propaganda yihadista, la publicación de mensajes enaltecedores del terrorismo o a la planificación de su desplazamiento a Siria, a veces en un ejercicio por demostrar la sinceridad de su compromiso.

En otros casos, la estructura relacional era lo suficientemente densa como para que la desaparición de vínculos no representara un riesgo real. El caso más ilustrativo de esto último lo proporciona la célula de Ripoll que atentó en Barcelona y Cambrils en agosto de 2017, provocando 16 muertos y más de 150 heridos. El pequeño grupo se había formado en el contexto de múltiples lazos sociales que se solapan: con la excepción del imán Es Satty, entre el resto de sus nueve miembros había hermanos, primos, vecinos, amigos del colegio y compañeros de equipo de fútbol. La prolongada interacción entre ellos, así como su creciente aislamiento social, facilitaron que el discurso radical reverberara internamente, y que se activaran mecanismos de presión grupal conducentes a la implicación. De esta suerte, los sólidos lazos afectivos y emocionales promovieron la cohesión interna, reforzaron el compromiso individual y evitaron la deserción de sus integrantes.

(1.3) La abundancia de vínculos favorece mayor exposición a ideas radicales y un acceso ventajoso a oportunidades para la implicación

En la medida en que no todos los vínculos radicales apoyan la participación en actividades yihadistas –como ocurre con los vínculos preexistentes–, ni todos los que la promueven logran facilitarla –caso de los vínculos débiles–, mantener un alto número de lazos personales con actores del yihadismo global ha sido un factor fundamental para que jóvenes radicalizados accedieran a oportunidades para el reclutamiento y la acción. De este modo, puesto que sólo ciertas conexiones sociales logran conducir de manera efectiva hacia la implicación, cuanto más numerosos fueron los vínculos con el movimiento yihadista, mayores fueron las posibilidades de que individuos radicalizados acabaran participando en actividades terroristas.

Esta característica de las redes sociales extensas no es el único factor que ayuda a entender la importancia que adquiere en los procesos individuales que conducen a la implicación el hecho de disponer de un alto número de vínculos con actores del yihadismo. La evidencia estudiada apunta a que la integración en entornos sociales en los que el salafismo yihadista encontró un terreno fértil, ya fueran estos círculos familiares, grupos de amigos o comunidades locales, generó una fuerte sensibilización con respecto a los asuntos que centran el discurso de las organizaciones yihadistas, así como una mayor disposición a participar en actividades de esa naturaleza y un acceso ventajoso a oportunidades para el reclutamiento. Además, vivir en entornos locales donde se produjeron altos niveles de movilización yihadista condujo a algunos jóvenes españoles a percibir la yihad como una forma de acción colectiva que gozaba de aceptación pública y que incluso constituía una tendencia popular, una suerte de moda, lo que estimuló deseos de emulación.

Ello ocurrió en casos donde se han producido auténticas “bolsas” o “caldos de cultivo” (comúnmente denominados hotbeds en inglés) de radicalización yihadista, como ha ocurrido en las barriadas de El Príncipe, en Ceuta, y en la de La Cañada de Hidum, en Melilla. El arraigo en este tipo de contextos sociales no sólo afectó a la percepción de los jóvenes sobre la participación en actividades yihadistas, sino que también moduló sus preferencias para la acción. Además de asegurar la transferencia de la ideología, estar conectado con una amplia red de activistas yihadistas y entidades de movilización generó incentivos específicos que favorecen la implicación como, por ejemplo, expectativas de satisfacer un sentido de pertenencia, obtener aceptación colectiva o recibir apoyo social.

No obstante, la configuración de extensas redes sociales radicales no siempre precedió a la radicalización, sino que a veces fue consecuencia de ella. Así, para varios jóvenes implicados que integran la muestra de estudio, el proceso de formación de las redes sociales ocurrió a raíz de una apertura cognitiva hacia el salafismo yihadista. Movidos por un interés por hallar respuestas a inquietudes de cariz religioso, o por adquirir un mejor entendimiento de acontecimientos que ocurrían en el mundo musulmán, entablaron contacto con multitud de seguidores en plataformas virtuales. La ampliación del circulo social radical permitió a su vez conectar con activistas que facilitaron la participación terrorista.

Conclusiones

El análisis sobre los efectos de los vínculos sociales en la implicación yihadista, tal y como ha sido examinado en relación con una muestra de 44 jóvenes radicalizados en el salafismo yihadista en España entre 2012 y 2019, permite sugerir varias líneas de actuación tanto en el ámbito de la prevención de la radicalización violenta como en la intervención con sujetos asociados con el yihadismo global.

En primer lugar, la mayor probabilidad de que los individuos que disponen de un gran número de vínculos con el movimiento yihadista global acaben implicándose en actividades terroristas subraya la necesidad de actuar en aquellos contextos donde emergen y se configuran estas extensas redes sociales. Por un lado, ello implica identificar las áreas que sirven de “bolsas” o “caldos de cultivo” para la radicalización violenta e intervenir tanto a través de la acción policial, con la desarticulación de las células y grupos que reclutan en esas zonas, como a través de la acción social desde las instituciones del gobierno local y mediante entidades de la sociedad civil, acabando –como propone la Comisión Europea en su Agenda Contraterrorista aprobada en diciembre de 2020–10 con la exclusión, la marginación y la discriminación que dominan en esos entornos locales. En España, durante los últimos años, estos puntos de alta concentración geográfica en la movilización yihadista se han localizado sobre todo en las barriadas de El Príncipe, en Ceuta, y la Cañada de Hidum, en Melilla. Si bien la acción policial ha sido intensa en ambas, lo que ha podido contribuir a menoscabar la consideración social de la yihad global entre sus poblaciones, siguen sin corregirse los problemas relacionados con la precariedad económica, la falta de infraestructuras, la segregación espacial y el bajo nivel educativo, entre otros.

Por otro lado, impedir la configuración de extensas redes sociales radicales obliga también a dirigir la atención sobre las plataformas virtuales. Existen dudas de si las estrategias de eliminación de perfiles asociados con movimientos extremistas (lo que se ha dado en llamar de-platforming) son eficaces para acabar con la difusión del discurso radical. Sin embargo, este tipo de medidas tienen una utilidad contrastada en la interrupción del ciclo de reclutamiento de nuevos seguidores por parte de organizaciones yihadistas. Algunos de los jóvenes de la muestra que mantenían una firme predisposición para la acción vieron frustrados sus planes tras el bloqueo de sus perfiles en Facebook, Twitter o Instagram, al verse incapaces de restituir virtualmente los contactos desaparecidos o de encontrar nuevas conexiones con capacidad para facilitar la implicación. Ahora bien, si la neutralización de los perfiles no ocurre en los momentos iniciales del proceso de radicalización, es posible que la comunicación entre jóvenes radicalizados y activistas yihadistas acabe trasladándose a espacios que ofrecen mayor confidencialidad y en los que intervenir resulta más complicado. Así, actuar en el ámbito online en plazos de tiempo corto, como está promoviendo la CE, es decisivo para frenar el fortalecimiento de los vínculos débiles forjados en la red.

Asimismo, evitar la consolidación de los contactos radicales pasa por impulsar iniciativas en el ámbito de la prevención de la radicalización tanto a nivel educativo como social. Un buen ejemplo de lo primero son las acciones desarrolladas en algunos países europeos para fomentar entre jóvenes estudiantes el desarrollo de facultades socioemocionales como las relacionadas con la identificación y resistencia a las presiones grupales.11 De igual modo, es ya una práctica extendida en el contexto europeo la capacitación de progenitores, profesionales de primera línea (como educadores o trabajadores de atención social) y miembros de las comunidades locales en la detección de vulnerabilidades frente a procesos de radicalización. Estas actuaciones podrían encontrar desarrollo o mayor impulso en España a través del Plan Estratégico Nacional de Prevención y Lucha contra la Radicalización Violenta, aprobado en octubre de 2020.

Finalmente, el análisis ofrecido en estas páginas ha puesto de manifiesto que los procesos de radicalización en el ámbito privado de la familia, así como en los grupos de amigos y en las relaciones sentimentales, pueden tener una orientación exclusivamente cognitiva y, por tanto, no necesariamente trascienden al plano de las conductas ilegales y violentas. Esta es una consideración relevante ante, por ejemplo, cualquier decisión relativa a la guarda y custodia de menores en familias radicalizadas, pues la protección del desarrollo integral de niños y adolescentes exige valorar cuidadosamente los supuestos en los que se producen situaciones de riesgo y desamparo. Una respuesta adaptada a cada caso obliga a valorar esta circunstancia, de manera que se cumpla con el principio del interés superior del menor que siempre rige en la adopción de cualquier medida en este ámbito. Por el momento, España no ha desarrollado una respuesta consistente a este respecto: casos similares de niños y adolescentes expuestos a la radicalización de sus allegados han sido resueltos tanto con la separación de los menores respecto de su núcleo familiar como con su permanencia en la familia de origen y la preservación de las relaciones familiares. Una pauta coherente debería también imponerse en el trato que se preste ante el eventual retorno a España de las mujeres y niños de nacionalidad española que permanecen actualmente en los campos sirios donde se encuentran retenidos miles de personas que se desplazaron al califato declarado por Estado Islámico y sus descendientes.

Álvaro Vicente
Investigador del Programa sobre Radicalización Violenta y Terrorismo Global, Real Instituto Elcano | @alvaro_vicentep


1 A este respecto, Marc Sageman (2004), Understanding Terror Networks, University of Pennsylvania Press, Filadelfia, pp. 137-174; Quintan Wiktorowicz (2005), Radical Islam Rising. Muslim Extremism in the West, Rowman & Littlefield Publishers, Oxford, caps. 2 y 4; Mohammed Hafez y Creighton Mullins (2015), “The radicalization puzzle: a theoretical synthesis of empirical approaches to homegrown extremism”, Studies in Conflict and Terrorism, vol. 38, nº 11, pp. 958-975; Sean C. Reynolds y Mohammed M. Hafez (2019), “Social network analysis of German foreign fighters in Syria and Iraq”, Terrorism and Political Violence, vol. 31, nº 4, pp. 661-686; Murat Haner, Ashley Wichern y Marissa Fleenor (2020), “The Turkish foreign fighters and the dynamics behind their flow into Syria and Iraq”, Terrorism and Political Violence, vol. 32, nº 6, pp. 1329-1347; y Shandon Harris-Hogan y Kate Barrelle (2020), “Young blood: understanding the emergence of a new cohort of Australian jihadists”, Terrorism and Political Violence, vol. 32, nº 7.

2 Fernando Reinares, Carola García-Calvo y Álvaro Vicente (2019), Yihadismo y yihadistas en España. Quince años después del 11-M, Real Instituto Elcano, Madrid, p 82, .

3 Ibid., pp. 101-102.

4 Los informes policiales y archivos judiciales consultados por el autor en la Audiencia Nacional pertenecen a los sumarios 4/2015, 9/2016 y 3/2017 del Juzgado Central de Instrucción (JCI) 1; 1/2014 y 2/2017 del JCI 2; 7/2015, 4/2016, 13/2016 y 10/2017, del JCI 3; 4/2015, del JCI 4; 5/2014, 3/2016, 8/2016 y 9/2018 del JCI 5; 2/2016 y 1/2017 del JCI 6; a los procedimientos abreviados 21/2014, del JCI 1; 7/2015 y 14/2015 del JCI 3; así como a los expedientes de reforma 5/2014, 15/2014, 1/2015, 2/2015, 3/2015, 4/2015, 2/2016 y 16/2016, del Juzgado Central de Menores. Las vistas orales se corresponden con los sumarios 4/2015, 7/2015, 1/2016, 4/2016, 5/2016, 8/2016, 3/2017, 9/2018, 15/2018 y las diligencias previas 68/2014. Las entrevistas semiestructuradas, un total de 16, fueron realizadas por el autor entre mayo de 2018 y septiembre de 2020 en distintos emplazamientos, como un centro penitenciario, un centro de menores, oficinas y cafeterías de Madrid, Ceuta, Melilla, Barcelona, Ripoll y Topas.

5 Estas dificultades metodológicas tienen que ver tanto con la posibilidad de identificar erróneamente vínculos irrelevantes para el estudio –lo que constituyen falsos positivos–, como la de omitir nodos o vínculos que sí pertenecen a la red, lo que representan falsos negativos. A ese respecto, véanse James F. Morris y Richard F. Deckro (2013), “SNA data difficulties with dark networks”, Behavioral Sciences of Terrorism and Political Aggression, vol. 5, nº 2, pp. 70-93; y también Luke M. Gerdes (2015), Illuminating Dark Networks, Cambridge University Press, Cambridge.

6 Los análisis bivariados realizados fueron la prueba exacta de Fisher y el test t de Student.

7 David Firth (1993), “Bias reduction of maximum likelihood estimates”, Biometrika, 80, nº 1; y Carlisle Rainey y Kelly McCaskey (2019), “Estimating logit models with small samples”.

8 Para la realización del modelo de regresión logística binaria se utilizó el programa SPSS, versión 27. El modelo completo se obtuvo utilizando el método intro, mientras que el modelo final se obtuvo con el método hacia delante (forward stepwise), que introduce secuencialmente las variables en función de su nivel de correlación con la variable dependiente.

9 El modelo de regresión logística binaria obtenido es estadísticamente significativo. El test de bondad de ajuste de Hosmer y Lemeshow indica que el modelo se ajusta a los datos (χ2: 12.475; p = 0.131). El modelo explica el 46,7% de la variación en la participación yihadista (R2 de Nagelkerk) y clasifica correctamente el 70,5% de los casos. La sensibilidad es del 65,2% y la especificidad del 76,2%.

11 Iniciativas en esta dirección han sido impulsadas en el Reino Unido, en el marco de su estrategia Prevent, así como en Suecia. Véase, respecto al caso británico, Department for Education (2015), The prevent duty. departmental advice for schools and childcare providers, y, en relación con el caso sueco, Ministry of Culture (2015), “Government Communication 2014/15:144. Actions to make society more resilient to violent extremism”; así como las unidades desarrolladas por Mission:Democracy, entre otras.

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<![CDATA[ España en el mundo en 2021: perspectivas y desafíos ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/policy-paper-espana-en-mundo-2021-perspectivas-desafios 2021-02-25T12:20:50Z

Novena edición del trabajo colectivo que elabora anualmente el Real Instituto Elcano para analizar la posición internacional de España durante 202, cuya coyuntura viene lógicamente marcada por la pandemia del COVID-19, y hacer balance de lo ocurrido durante el anterior.

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Ver también:

Resumen

Ésta es la novena edición del trabajo que elabora el equipo de investigadores del Real Instituto Elcano para analizar los principales rasgos del escenario internacional en el nuevo año y los desafíos a los que debe enfrentarse España durante 2021. La coyuntura viene lógicamente marcada por la pandemia y el análisis se centra en cómo su impacto afectará en los próximos meses a la posición internacional del país, a la Unión Europea (UE) y al resto del mundo. El documento arranca con un panorama general de la política exterior española donde destaca el propósito del Gobierno de impulsar, en un contexto de crisis sanitaria y económica y de fuerte polarización política interna, una nueva Estrategia de Acción Exterior. En esta primera sección también se analizan las cuestiones relativas a la presencia global de España, la gestión de la imagen del país y la diplomacia cultural.

A continuación, se examinan los efectos sobre España de las perspectivas económicas mundiales en sus distintas facetas (estímulos fiscales, estabilidad financiera, comercio, energía, demografía y dinámicas migratorias) y las principales amenazas a la seguridad. Esa dimensión está marcada por la rivalidad geopolítica dominante entre Estados Unidos (EEUU) y China, que entra en una nueva etapa por la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca, e incluye el tratamiento de las cuestiones de defensa y del terrorismo yihadista. La tercera sección analiza el papel de España en los asuntos globales y en los foros de gobernanza multilateral, donde este año adquiere singular importancia la gestión de la salud pública y la transformación tecnológica, mientras la Agenda 2030 sirve de marco para articular los contenidos relativos a la cooperación al desarrollo, la acción climática, la promoción de los derechos humanos y la igualdad de género. En cuarto lugar, se examina el momento actual de la UE y sus esfuerzos para dar respuesta a la crisis junto a otros asuntos como la Conferencia sobre el futuro de Europa, la nueva relación con el Reino Unido o la rivalidad con Rusia. El documento realiza finalmente un repaso a los desafíos de la acción exterior española en los diferentes espacios regionales: EEUU, América Latina, Magreb y Oriente Medio, África Subsahariana y Asia–Pacífico, para cerrar con unas conclusiones.

Contenidos

Presentación: ¿qué podemos esperar de 2021?

  1. La acción exterior entre la pandemia y la renovación estratégica
  2. Perspectivas económicas y de seguridad
  3. España y los desafíos globales
  4. España y los desafíos europeos
  5. España y los desafíos regionales

Conclusiones

Presentación: ¿qué podemos esperar de 2021?

Por noveno año consecutivo, el Real Instituto Elcano publica un documento que examina las perspectivas y desafíos internacionales del nuevo año desde un enfoque español. Aunque estas palabras de presentación siempre han tenido un contenido institucional dominante, me ha gustado añadir también una breve reflexión de fondo sobre el año y de ahí la apostilla “¿qué podemos esperar?” que invariablemente he introducido en estas casi 10 ediciones de la serie. La cuestión es que, en 2021, más que esperar, desesperamos, y lo que hacemos es ansiar que termine la espera. Pocos sentimientos más nítidos y compartidos literalmente por todo el mundo que ese anhelo de recuperar cuanto antes la situación de relativa normalidad que la pandemia nos ha arrebatado. De volver, simplemente, a la situación de hace justo un año.

No obstante, y para demostrar que las sensaciones de desazón son siempre relativas, recuerdo que antes incluso de que el coronavirus fuese una noticia secundaria que los corresponsales de prensa en China mencionaban en la sección de internacional de periódicos o telediarios, ya pensábamos que vivíamos malos tiempos. En mi felicitación navideña que precedió al malhadado 2020, decía que todo a nuestro alrededor parecía desmoronarse. Quién podía pensar que las dos grandes democracias del mundo, el Reino Unido y EEUU, a las que he admirado siempre, estarían en la deplorable situación del Brexit o de una presidencia de Trump que parecía no tener fin. Que Francia ardía casi cada semana, que Italia no sabíamos por dónde caminaba, que América Latina se arrastraba desde el Rio Grande a la Patagonia entre revueltas populares y Estados fallidos, o casi. Y que aquí en casa, cuando creíamos por fin haber normalizado España (otro país europeo más, una democracia aburrida, como debe ser), resulta que sí, que éramos otro país europeo más, pero con todos sus problemas y pocas de sus soluciones. Europa no es ya la solución de nuestros problemas, como vaticinó Ortega, sino una más de nuestras cuitas.

A veces digo que el futuro no es lo que era, pero, como se ve, resulta que el pasado tampoco. Idealizamos la situación de hace tan solo 365 días, que no era en absoluto envidiable, y tal vez tendemos a exagerar los males presentes, sin reparar quizá en sus lados esperanzadores. Ya he advertido otros años en esta sección sobre esa tendencia a fijarnos solo en los aspectos negativos de la realidad mundial y no apreciar los avances o el simple transcurrir sin graves sobresaltos. Es un efecto del sesgo de los medios de comunicación. Good news is no news, las buenas noticias no venden aunque, como señalaba el viejo Hegel, los períodos felices de la humanidad carecen de historia, en ellos no pasa gran cosa. Justo al contrario de lo que ahora nos ocurre, anegados de noticias, usualmente no buenas. Una pequeña anécdota personal: cuando me llegan las noticias sobre España de la prensa extranjera, que elabora a diario el Real Instituto Elcano, casi las valoro al peso. Mucho peso, mucho papel, mala cosa.

Por supuesto que, para todas aquellas tragedias que ha supuesto la enfermedad, ese mal de muchos no es consuelo, y resulta casi frívolo querer sugerir tal cosa. No lo estoy haciendo. Sin duda, el COVID–19 quedará en nuestra memoria para siempre como un azote que nos arrebató muchas vidas, generó mucho dolor (todavía por estallar), agotó a sanitarios y servidores públicos, arruinó negocios, dificultó la educación e impidió a todos disfrutar de muchos abrazos. Pero sí quiero decir que, como analistas, siempre hay que sobreponerse a esa tentación (tan alimentada por las redes sociales) de explotar el miedo.

Ahora tenemos perspectiva para valorar que, sin perjuicio de los graves problemas que existían, tampoco estábamos tan terriblemente mal hace un año. Y estoy seguro de que pronto valoraremos también las luces que se encendieron mientras padecíamos la sombra generalizada de muertes, urgencias hospitalarias abarrotadas y confinamiento. Podemos fijarnos en la enorme vulnerabilidad que 2020 nos ha mostrado, pero también en el hecho de que la humanidad entera haya tomado conciencia de que se enfrentaba a una misma experiencia y que debía responder unida (algo que ni siquiera puede predicarse del otro gran desafío global que es el cambio climático). Y, entre otras alegrías que matizan la calamidad, hemos asistido al espectacular desarrollo tecnocientífico de la vacuna, celebrado el paso adelante en la integración europea y el final del Brexit y, sobre todo, respirado aliviados por el relevo en la Casa Blanca. Aquí en casa, aunque no puedo evitar la preocupación por un panorama tan polarizado y esa duradera tormenta perfecta de crisis económica, política y territorial, la calidad del sistema democrático inaugurado en 1978 encaja golpes, fuertes, pero resiste, pese a quien pese. Y nuestra política exterior, aunque también sufre por un contexto doméstico muy delicado, no se desvía de los parámetros estratégicos euroatlánticos.

Pues bien, nuestra voluntad con esta publicación es, una vez más, hacer esa mirada ponderada. Advertir peligros y debilidades. Pero también apuntar avances y fortalezas. Y, al mismo tiempo que se hace un repaso a los grandes temas del contexto internacional y europeo en el momento actual o que se explora cierta prospectiva sobre cómo evolucionará la agenda en el horizonte inmediato, introducir una mirada específicamente española. Dónde se coloca nuestro país en cada uno de los ejes temáticos y geográficos que examinamos; y qué es lo que podría hacerse para defender mejor, a corto, pero también a medio–largo plazo, nuestros intereses y valores. El equipo completo de investigadores, desde el campo de especialización de cada uno, bajo la coordinación de Ignacio Molina, pero conformando un producto coral, analiza todo eso de modo simultáneo y con el máximo rigor posible.

Un enfoque riguroso que es ya marca del Real Instituto Elcano y que no deja de proporcionar satisfacciones, incluso en un año tan complicado donde la mayor parte de nuestras actividades tuvieron que realizarse de modo virtual, sin que, por cierto, eso impidiese la visita presencial de SSMM los Reyes a final de mayo a la sede del Instituto, justo cuando acababa el estado de alarma, para analizar con expertos internacionales la situación de la pandemia en el mundo. Ahora que se van a cumplir 20 años desde nuestra fundación, es imposible no agradecer ese apoyo activo de quien durante todo este tiempo ha sido y es nuestro presidente de honor, primero como Príncipe de Asturias y luego como Rey Felipe VI. Un apoyo que tratamos de corresponder trabajando a favor de los intereses y valores de España en el mundo. Reflexionando con rigor e independencia intelectuales sobre los cambios que se están produciendo en el orden internacional, en el proceso de integración europea y en el papel que nuestro país puede y debe desempeñar en ambos.

El teletrabajo ha potenciado nuestra productividad con numerosas publicaciones y un sinfín de actos virtuales. La audiencia de nuestra producción ha aumentado significativamente. Las visitas a la web se han incrementado hasta superar los dos millones en 2020. Y las menciones en medios de comunicación se han casi duplicado hasta llegar a más de 4.000, destacando especialmente la presencia en medios de comunicación internacionales (casi la mitad de las totales). Además, 2020 nos ha traído la gran satisfacción de saber que el Real Instituto Elcano ha ascendido, al menos en lo que se refiere a reputación entre sus pares, al segundo puesto de think-tanks de Europa Occidental y al 11º del mundo de los dedicados a Política Exterior y Relaciones Internacionales, según el 2020 Global Go To Think Tanks Index (GGTTI) que elabora cada año la Universidad de Pensilvania. Un reconocimiento que debe servir como acicate e incentivo. No es verdad, y lo sabemos: no somos mejores que Chatham House o la alemana SWP, pero quizá podemos hacer que este vaticinio acabe siendo una profecía autocumplida.

Pero no nos paramos en los éxitos logrados. De cara a 2021, nuestro Plan de Actuación es más nutrido que nunca y está lógicamente marcado por el COVID–19 y el análisis de cómo afectará al devenir de nuestro país, de la UE y del resto del mundo. Abordaremos de manera prioritaria y transversal los esfuerzos que se deberán realizar desde España para aprovechar los recursos e iniciativas impulsados desde el ámbito europeo en respuesta a la crisis, y que ofrecen una oportunidad única para acelerar (y reorientar, al menos en algunos ámbitos) la imprescindible modernización económica, social e institucional de nuestro país. Este reto otorga mayor sentido, si cabe, al trabajo que ya veníamos impulsando sobre el ecosistema de influencia de España en la UE desde nuestra Oficina de Bruselas, que nos está permitiendo comprender mejor cómo se pueden moldear algunas de las grandes políticas europeas, como son las tecnológicas e industriales, o las centradas en la energía y el cambio climático, sin olvidar las que han adquirido un renovado protagonismo a raíz de la crisis, como las dedicadas a la dimensión social del proyecto europeo, las migraciones, la sanidad o la cooperación al desarrollo.

Por otro lado, seguiremos estudiando el papel que la UE puede desempeñar en el escenario internacional. La pandemia ha recrudecido la rivalidad entre EEUU y China, por lo que resulta obligado analizar el posicionamiento de la UE ante dicho fenómeno, sobre todo a la luz de la llegada de Joe Biden a la presidencia estadounidense que permite pensar en una relación transatlántica más equilibrada. A su vez, ello podría influir en el debate actualmente en curso sobre el futuro de la OTAN, al que también prestaremos atención. Y a las consecuencias de la rivalidad geopolítica entre Washington y Pekín para la relación de la Unión y sus Estados miembros con las distintas regiones relevantes para España, como América Latina, el Magreb, Asia–Pacífico y África Subsahariana (españoles por favor, volvamos a mirar al sur de una vez). A nivel global, la pandemia parece también haber acelerado algunas de las grandes tendencias que ya veníamos examinando, como la digitalización, la desinformación, el proteccionismo, las debilidades de la gobernanza multilateral y la dualización de nuestras sociedades (globalizados versus territorializados) generando mayor desigualdad e incluso pobreza absoluta.

Por supuesto, la crisis sanitaria, económica y geopolítica derivada del virus no puede hacernos perder de vista otras temáticas importantes no directamente relacionadas, como el terrorismo yihadista, la agresividad de Rusia o el Brexit. Por último, cabe mencionar que inauguraremos una nueva línea de trabajo sobre el papel de las ciudades globales, como Madrid o Barcelona, en el orden internacional, aprovechando la reciente incorporación del Ayuntamiento de Madrid a nuestro Patronato. Seguimos cansinamente pensando el mundo como un orden de Estados (eso nos dicen las estadísticas), como si fueran mónadas auto–subsistentes, cuando la globalización muestra que la estructura profunda del mundo –el verdadero deep state– es un orden de flujos societarios entre grandes (ya inmensas y crecientes) áreas metropolitanas. El mundo futuro, al menos su infraestructura, puede que sea más de las áreas metropolitanas que de los Estados.

Antes de terminar, no puedo obviar una nota personal porque estas palabras, que son de presentación, también tienen que servir de despedida. Son las últimas en mi calidad de presidente y quiero aprovechar para expresar mi satisfacción y gratitud a toda la comunidad que conforma el Real Instituto Elcano por estos nueve años. Al Patronato y su Comisión Ejecutiva, a los miembros del Consejo Científico, al vicepresidente y al director, y por supuesto a todo el equipo humano que ha hecho posible tanto logro. Creo poder afirmar que el Instituto está hoy consolidado. En la parte investigadora, lo demuestra la ambición de los proyectos, el impresionante y creciente número de publicaciones, el plantel de brillantes investigadores (que es multidisciplinar y roza la igualdad de género), las numerosas actividades desarrolladas, o los 24 Grupos de Trabajo que funcionan en la actualidad (integrados por un conjunto de 800 especialistas). En la parte institucional, destaca un Manual de Transparencia y Buenas Prácticas cuyos contenidos se respetan, una participación en las más importantes redes internacionales de think-tanks, o una financiación sólida y diversificada (17% de patronos públicos, 66% de privados y un 17% de otras fuentes, incluyendo proyectos competitivos) que nos otorga estabilidad y autonomía. Pero todavía queda mucho margen para la mejora y estoy seguro de que el nuevo presidente, José Juan Ruiz, liderará nuevos progresos. Desde aquí le deseo la mejor de las suertes y mi total colaboración desde el Patronato.

Y les dejo ya con la lectura del trabajo. Verán que en 2021 el protagonismo seguirá siendo de la pandemia o, más rigurosamente, de su impacto. Hace unos meses reflexionaba sobre las consecuencias duraderas que tendrá, no sólo en el ámbito sanitario o económico sino también en el social y político. Y expresaba mi temor de que ahora se impusiera el instinto de buscar refugio en lo conocido, en la tribu, la nación, la religión, las comunidades “naturales”, para intentar blindarse, en paradójica negación de la indiscutible experiencia cosmopolita que se ha vivido. Pues sociedad tras sociedad, y ante el miedo y la incertidumbre hemos buscado refugio envolviéndonos como caracoles asustados en una doble concha institucional: las familias y los hogares, de una parte y, sobre todo, los Estados, que salen enormemente fortalecidos de la pandemia.

En las relaciones internacionales ya hemos asistido a algo de eso y ni siquiera el área Schengen ha resistido el cierre de fronteras. A corto plazo, a pesar del esfuerzo contra la enfermedad que ha compartido toda la humanidad, no ha avanzado el multilateralismo y ni siquiera la globalización, sino que más bien se han reforzado fronteras y Estados. La pandemia primero, y la crisis económica después, están generando una poderosa re–estatalizacion, justo cuando, a consecuencia de la globalización, parecían estar perdiendo protagonismo, y que está siendo aprovechada por los malos para una verdadero “asalto a la democracia”, como ha denunciado Freedom House en su informe La democracia confinada.

No tenemos aún perspectiva para saber si esa tendencia de regreso al pasado, a una Westfalia global, y al particularismo se confirmará. Si a partir de ahora tendremos más populismos, nacionalismos y conflictividad, o si la gobernanza europea y global saldrá vencedora. Sólo tengo la certeza de que España debe recobrar la mirada que la sacó del ensimismamiento y la lanzó a los 40 años mejores de nuestra historia tras la Constitución de 1978. De una parte, mirar afuera, al mundo, a Europa y más allá (al sur), abandonando tentaciones endogámicas y particularistas. Y de otra, mirar más al futuro que al pasado, para abordar los problemas de nuestros hijos y nietos antes de las querellas de los abuelos. Pues, de momento, les dejamos a los jóvenes una terrible herencia de duda pública.

Pero aunque todo puede empeorar indefinidamente, y a veces ocurre, no tiene por qué ser así. Es más, depende de nosotros evitarlo.

Emilio Lamo de Espinosa
Presidente del Real Instituto Elcano
| @EmilioLamo

Conclusiones

Pocos años han suscitado tantas esperanzas como el que empezamos hace unas semanas. 2020 se ha instalado ya en el imaginario colectivo como una cifra maldita y hay ganas de superarlo, aunque es obvio que un pésimo balance anual en absoluto garantiza que el siguiente ejercicio vaya a ser mejor. Los historiadores podemos dar cuenta de muchos casos de expectativas frustradas en el pasado y, por tanto, sabemos bien que los acontecimientos no se detienen ni transforman por el mero hecho de haber cambiado de almanaque en la pared. Cuando acababa 1914 y los europeos pensaban en el año tan desagradable que dejaban atrás, tras la decisión alemana de romper las hostilidades atacando rápidamente a Francia en verano para golpear luego a Rusia, todos imaginaban que la tragedia sería corta (como tantas otras que habían ocurrido en el viejo continente durante el siglo XIX) y deseaban superar cuanto antes el conflicto con no demasiadas muertes y los consabidos reequilibrios diplomáticos. Pero la “guerra de movimientos” fracasó y al arrancar 1915 todavía quedaban casi cuatro años más de pesadilla en las trincheras y de ampliación del número de beligerantes por prácticamente todo el mundo. Es más, como bien sabemos, a la desdicha de la Gran Guerra se le sumó una mortífera pandemia (infaustamente conocida como “Gripe Española”) que duró de marzo de 1918 a abril de 1920, y dejó casi 50 millones de muertes adicionales.

No conviene, pues, pecar de optimistas, aunque tampoco hay que caer en el pesimismo que podría dejar traslucir el párrafo anterior y creer que estamos condenados a un período largo de desgracias como las que vivieron nuestros antepasados hace un siglo. El comienzo de un nuevo año no conlleva ninguna magia sanadora, pero sí es momento oportuno para hacer un balance reposado del anterior, un análisis equilibrado de dónde estamos y una proyección razonada de lo que nos espera a partir de ahora. No sirve para conjurar los males, pero sí permite prepararse para el inmediato futuro, deslizando junto al análisis objetivo de los hechos algunos elementos prescriptivos que permitan mejorar la capacidad de respuesta. Contribuir a ello es el objetivo de este ejercicio. Solo intentarlo, en momentos tan complicados de desazón, ya hace que valga la pena. Un ejercicio de coyuntura y prospectiva sobre la acción exterior de España que venimos desarrollando desde hace casi 10 años con un elevado grado de acierto en las predicciones.

Es verdad que decimos eso con mucha cautela porque los pronósticos son siempre arriesgados y hay que tener la modestia para reconocer que, si la edición del año pasado se hubiese publicado en febrero en vez de en marzo, habríamos sido incapaces de adivinar el extraordinario y terrible impacto del coronavirus en lo que quedaba de año. Baste recordar que en enero de 2020 se aventuraba un año tranquilo, de tregua olímpica y relativa bonanza económica global. Había razones para esperar que las relaciones EEUU-China disfrutasen una distensión temporal, que la nueva legislatura en la UE alcanzase con cierta calma su velocidad de crucero tras resolver el Brexit, y que nuestra diplomacia pudiera aprovechar el tiempo perdido después de un 2019 con el Gobierno en funciones. La realidad fue la contraria: un desplome brutal de la prosperidad mundial, un deterioro generalizado del multilateralismo en la gobernanza de la salud, los intercambios comerciales, los flujos migratorios o la convivencia cultural (incluyendo el simbólico aplazamiento de los Juegos de Tokio), una exacerbación de las tensiones Washington-Pekín, ni un instante de tranquilidad para las instituciones europeas y una acción exterior española sometida de modo súbito a enormes desafíos: fronteras, turismo, acción consular, reputación y la crucial negociación en Bruselas de un plan de recuperación.

No obstante, me alegra constatar que, una vez que el COVID–19 apareció en nuestras vidas, el equipo Elcano fue capaz de apuntar muy rápidamente a unos escenarios que requieren poca enmienda once meses después. Y todavía es más grato recalcar que los escenarios que entonces dibujábamos no sucumbían al catastrofismo y señalaban algunos desarrollos positivos que podría traer la pandemia y que se han confirmado. Merece citarse la previsión de que la enfermedad podría ayudar a tomar más conciencia de nuestra fragilidad y facilitar consensos en la acción climática y otros aspectos de la Agenda 2030, incluyendo por supuesto los necesarios esfuerzos sanitarios compartidos. También se auguraba un paso adelante en el proceso de integración que se ha producido tanto ad intra, con esa apuesta ambiciosa por el fondo Next Generation EU, como externamente, tomando por fin en serio el debate sobre la autonomía estratégica en el terreno tecnológico, industrial y de la seguridad. Y en esta misma sección de conclusiones se acariciaba la derrota electoral de Donald Trump evocando a un posible nuevo presidente que volviera a querer proyectar a EEUU como a city upon a Hill, y a ser respetado por sus aliados como antaño.

Este es un producto coral que, sobre todo, pretende asociar los acontecimientos europeos y mundiales con la posición de España. Con la doble necesidad de conectar mejor lo externo con los desarrollos domésticos y de proyectar más nuestro país hacia fuera. Como dijimos hace un año, la urgencia de derrotar la pandemia no debe hacer perder de vista que nuestro país también tiene la obligación de comparecer en los debates y procesos de decisión sobre la globalización, la UE y las demás regiones que nos importan, empezando por América Latina y el norte de África. Y que hace falta abordar con rigor la necesidad de mejorar la capacidad española para moldear las relaciones internacionales y el futuro de Europa de acuerdo con nuestros intereses nacionales y los valores mayoritariamente compartidos. En ese sentido, es satisfactorio observar que, pese a las terribles exigencias del corto plazo, el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación acaba de renovar la programación estratégica de la acción exterior.

Desde su autonomía intelectual, el Real Instituto Elcano procura contribuir a hacer posible una España más internacionalizada y un mundo más español. Cumplimos ahora 20 años en ese empeño, que además coinciden, como recordaba hace poco nuestro presidente de honor, SM el Rey, en su reciente recepción al Cuerpo Diplomático acreditado en España, con el quinto centenario de la gesta de Juan Sebastián Elcano surcando los océanos de los cinco continentes. Números redondos para las efemérides que, ya que no está el contexto para celebraciones festivas, sí deben al menos servir para conmemorar que la trayectoria navegando por el mundo ya es larga. En el caso del Instituto, este año no puedo evitar una mención al presidente saliente, Emilio Lamo de Espinosa, que contribuyó a fundarlo como primer director y entre otras muchas aportaciones, lanzó esta serie anual.

Comienza ahora una nueva etapa donde solo cabe renovar nuestro compromiso de seguir contribuyendo (con análisis, valoraciones y recomendaciones) a una conversación colectiva y enriquecedora. Con el Gobierno, pero también con el conjunto de las fuerzas políticas representadas en las Cortes, con las empresas del patronato y con los demás actores sociales, con el mundo académico y, por supuesto, con el conjunto de la ciudadanía individual. Queremos ayudar a estar mejor informados y preparados para nuevos retos. Si son oportunidades, para aprovecharlas, y si son otros infortunios, para superarlos cuanto antes. Al fin y al cabo, en la Primera Guerra Mundial ganó quien fue más capaz de resistir.

Charles Powell
Director del Real Instituto Elcano
| @CharlesTPowell

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<![CDATA[ Evaluación de proyectos a pequeña escala en materia de prevención de la radicalización violenta: una visión aplicada ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari121-2020-vicentegarciacalvo-evaluacion-de-proyectos-pequena-escala-en-materia-de-prevencion-de-radicalizacion-violenta-vision-aplicada 2020-10-30T10:49:41Z

Este análisis captura lecciones específicas extraídas de la experiencia de nuevos agentes de implementación en el desarrollo de marcos de evaluación de proyectos de prevención de la radicalización violenta a pequeña escala.

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Tema

Este análisis captura lecciones específicas extraídas de la experiencia de nuevos agentes de implementación en el desarrollo de marcos de evaluación de proyectos de prevención de la radicalización violenta a pequeña escala.

Resumen

La prevención de la radicalización violenta (comúnmente expresada en las siglas en inglés P/CVE, por preventing/countering violent extremism) es un campo de investigación y aplicación práctica todavía en proceso de construcción que ha atraído en los últimos años a profesionales de distintos ámbitos –la academia, el sector privado, la seguridad, la sociedad civil y la administración pública– con limitada experiencia directa en este campo. Sus contribuciones al marco europeo de P/CVE se enfrentan al reto de desarrollar una cultura de evaluación que ayude a comprender qué funciona y qué puede mejorarse. Este Documento de Trabajo captura lecciones específicas extraídas de la experiencia de nuevos agentes de implementación en el desarrollo de marcos de evaluación de proyectos P/CVE a pequeña escala. Está basado en evidencia recogida durante el Proyecto EU H2020 MINDb4ACT. Los hallazgos se refieren a tres dimensiones: (1) la conceptualización del proceso (los objetivos de la evaluación); (2) su operacionalización (las herramientas de evaluación); y (3) el análisis (la interpretación y comunicación de resultados).

Análisis

(1) Introducción

El modelo europeo de respuesta a la violencia extremista quedó establecido tras los atentados yihadistas del 7 de julio de 2005 en Londres. La UE aprobó entonces una nueva estrategia que establece la prevención de la radicalización y el reclutamiento como uno de los cuatro pilares de actuación frente al terrorismo, superando así el tradicional enfoque exclusivamente securitario/reactivo en favor de uno que incorpora la perspectiva preventiva/anticipatoria.1 Con el cambio de paradigma llegó también la ampliación progresiva y generalizada del mapa de actores implicados en la lucha contra esa amenaza, dando así entrada a agentes no gubernamentales en un ámbito de actuación hasta entonces reservado a las fuerzas de seguridad, operadores jurídicos y decisores políticos.

El ecosistema europeo de prevención y lucha contra la radicalización violenta (P/CVE en adelante) lo integran desde hace ya más de una década un conjunto heterogéneo de actores (decisores políticos, actores de primera línea, sector privado, investigadores académicos, organizaciones no gubernamentales, fuerzas y cuerpos de seguridad, etc.). Su participación en un campo de investigación e intervención práctica todavía en fase de desarrollo se ha visto favorecido, en buena medida, por los esfuerzos gubernamentales por empoderar a actores de base y de la sociedad civil tanto en la definición del problema como en el diseño e implementación de las respuestas a través de partenariados público-privados.2 Ello es reflejo del enfoque comprehensivo e integral (los denominados whole of goverment approach y whole of society approach), que desde las administraciones públicas y la sociedad civil se han adoptado para articular una respuesta integral frente a un fenómeno complejo y de naturaleza multifacética en el que intervienen factores individuales y grupales de carácter psicológico, socio-económico o político, vinculados a acontecimientos en los ámbitos local, nacional e internacional.3

La creciente llegada de nuevos actores a la escena europea de P/CVE no ha estado, sin embargo, exenta de dificultades. Atraídos por las posibilidades de influir en la agenda pública y en los procesos de toma de decisiones, así como de acceder a nuevas oportunidades de financiación e intervención, profesionales de distintos sectores se han iniciado en P/CVE transfiriendo competencias y conocimientos construidos en otras disciplinas o ámbitos de actuación. A menudo sin experiencia específica en prevención de la radicalización violenta, su desempeño en este campo ha puesto de manifiesto algunas carencias. De entre estas, destaca la falta de una cultura de evaluación que arroje evidencia científica acerca de qué esfuerzos están dando resultados, lo que ha sido resaltado en ambientes políticos y académicos en los últimos años. Tras la movilización yihadista sin precedentes desencadenada en numerosos países de la UE por el estallido del conflicto sirio en 2012, la Radicalisaton Awareness Network (RAN), el organismo dependiente de la Comisión Europea para la prevención y lucha contra la radicalización, constató en 2018 la escasa base de conocimiento existente respecto a la eficacia e impacto de los esfuerzos institucionales e intergubernamentales en materia de P/CVE.4

La evaluación no sólo es una oportunidad de examinar la calidad y efectividad de esas medidas e iniciativas, sino que es también una herramienta de control indispensable para asegurar los principios de transparencia y rendición de cuentas propios de los programas y las políticas públicas en las democracias liberales.5 Contribuye, además, a la mejora de las políticas públicas al informar la toma de decisiones. Con ello y con todo, es ya un lugar común afirmar que la evaluación de políticas y proyectos relacionados con la prevención de la radicalización violenta es todavía un terreno poco desarrollado, en el que los numerosos retos conceptuales, analíticos y operativos han impedido alcanzar niveles de calidad equiparables a los de otros espacios de actuación en los que convergen esfuerzos públicos y privados, como ocurre, por ejemplo, con la ayuda humanitaria.6 Muestra de ello es el estado de la literatura disponible en esta materia: escasa en volumen; limitada en su robustez metodológica y teórica; y sesgada en su enfoque, pues el grueso de lo publicado está centrado en el análisis de intervenciones de prevención terciaria (dirigidas a lograr el desenganche, des-radicalización y rehabilitación de terroristas), o de proyectos desarrollados en países externos a la UE, donde las organizaciones terroristas ejercen un control territorial efectivo o cuentan con niveles significativo de apoyo social en sus comunidades de referencia.7

Sin embargo, esta producción científica puede resultar de utilidad limitada para actores que se inician en el ámbito P/CVE, pues se enfrentan a retos muy distintos. Este Documento de Trabajo aboga, pues, por el desarrollo de una cultura de evaluación entre estos agentes basada en las lecciones aprendidas de esfuerzos similares. Para desarrollar mecanismos de institucionalización del aprendizaje en evaluación, este informe expone la experiencia y lecciones aprendidas en esa materia desarrollada en el marco del proyecto europeo H2020 MINDb4ACT (2017-2020),8 identificando retos del diseño, implementación y análisis de la evaluación en proyectos dirigidos a la prevención de la radicalización violenta. Su utilidad no se limita a intervenciones dirigidas a una ideología específica, pues en el marco del MINDb4ACT se han trabajado distintos extremismos, si bien ha predominado el salafismo yihadista. El documento propone buenas prácticas y recomendaciones dirigidas tanto a decisores políticos como a otros actores y partes interesadas para la inclusión de una estrategia de evaluación realista en sus intervenciones.

(2) Intervenciones a pequeña escala para la prevención de la radicalización violenta

Orientado a la mejora de las capacidades del sistema europeo de P/CVE, el proyecto MINDb4ACT adoptó un enfoque eminentemente práctico a través del desarrollo de 15 intervenciones a pequeña escala en cuatro dominios (centros educativos, instituciones penitenciarias, entornos urbanos e Internet) de nueve países europeos representativos de los ejes geográficos de la Unión.9 Financiado por la Comisión Europea a través de su programa Horizonte 2020, MINDb4ACT es, en buena medida, reflejo y consecuencia de la configuración del ecosistema europeo de P/CVE. El consorcio que impulsó el proyecto es representativo del llamado enfoque multiagencia, en el que conviven decisores políticos, sector privado, tercer sector, academia (universidades y think tanks), y fuerzas y cuerpos de seguridad. Aunque con conocimiento y experiencia en materia de P/CVE, la mayoría de los socios contaba con una trayectoria incipiente en intervención y evaluación de proyectos diseñados específicamente en este ámbito.

Una serie de elementos armonizan las 15 intervenciones piloto desarrolladas en el curso del proyecto MINDb4ACT:

  • Metodología: los diseños de las intervenciones piloto responden a las necesidades de distintos colectivos profesionales que trabajan en contextos donde los procesos de radicalización violenta tienden a ocurrir o a ser detectados (los ya mencionados ámbitos de la educación, las prisiones, las ciudades e Internet). La metodología empleada para llevar a cabo la evaluación de necesidades es conocida como Living Lab, un proceso de inteligencia colectiva que permite trabajar de forma horizontal, sin jerarquías, a profesionales y otros actores relevantes en dos propósitos: en primer lugar, la identificación de carencias y/o necesidades existentes en el ámbito P/CVE; y, en segundo lugar, el co-diseño de la solución a esas necesidades o carencias, es decir, el resultado de la intervención en sí misma. En todos los casos, las intervenciones fueron desarrolladas a pequeña escala, es decir, consistieron en proyectos de corta duración, en los que participó un reducido equipo de personas dedicadas a su diseño, implementación y evaluación (a menudo, no más de dos profesionales), disponiendo de presupuestos limitados y actuando sobre espacios de intervención muy acotados.
  • Objetivos: las intervenciones buscan generar impactos sobre la actividad profesional por medio del desarrollo y transferencia de conocimientos, metodologías y técnicas. No se trata, pues, de proyectos dirigidos a comunidades o individuos vulnerables a experimentar procesos de radicalización violenta, sino a colectivos profesionales que afrontan los retos de la radicalización violenta en su ámbito de trabajo (actores de primera línea, funcionarios, educadores, etc.).10 Las necesidades detectadas han dado lugar a intervenciones dirigidas al desarrollo de competencias profesionales (programas formativos especializados y de alto nivel) o a herramientas de acceso a información, gestión de casos o comunicación interprofesional.
  • Limitaciones: debido a los marcos que impone el propio programa financiador, las intervenciones están construidas sobre horizontes temporales cortos (aproximadamente de un año de duración), con presupuestos ajustados, aunque con la perspectiva de ampliar el número de beneficiarios directos en posteriores reediciones de los proyectos. Por tanto, son experiencias piloto de las que se espera extraer lecciones que permitan su mejora y sostenibilidad.
  • Modelo de evaluación: en la práctica totalidad de los casos, los proyectos han sido evaluados por los propios equipos encargados del diseño y desarrollo de la iniciativa. Esta evaluación interna es una práctica extendida en intervenciones piloto de bajo presupuesto, lo que permite adoptar un enfoque de “ensayo y error” para refinar el proyecto antes de su replicación. Aunque las evaluaciones llevadas a cabo por evaluadores externos garantizan objetividad y conocimiento técnico, a menudo son costosas y requieren de competencias que no son fáciles de encontrar en muchos contextos. La falta de familiaridad con el proyecto y con los agentes relevantes por parte de los evaluadores externos suponen también una limitación importante en un ámbito como el de P/CVE, en el que la confianza entre actores facilita el acceso a la información. En este sentido, apostar por una evaluación interna de las intervenciones no es sólo el enfoque más pragmático en el caso de proyectos con recursos limitados (económicos y/o temporales), sino que también favorece la profesionalización de los profesionales/evaluadores. Por otro lado, las dudas acerca de la fiabilidad de los resultados de evaluaciones internas pueden verse contrarrestadas con un diseño estructurado y metodológicamente solvente, y con una orientación basada en criterios de evaluación estandarizados, como el marco establecido por la OCDE y los DAC Standards.12

¿Qué retos han afrontado los agentes de implementación en el diseño de la evaluación de sus intervenciones? ¿Cuáles han sido las limitaciones y soluciones durante la fase de implementación? ¿De qué modo han analizado los resultados? Las siguientes páginas capturan lecciones específicas extraídas del desarrollo de un marco de evaluación en proyectos P/CVE dentro de MINDb4ACT.

(3) Una evaluación en tres fases: diseño, implementación y análisis

(3.1) El diseño

En el marco de un ciclo de políticas públicas, la evaluación siempre figura como la última de las fases del proceso (véase la Figura 1). La práctica demuestra, sin embargo, que el diseño de una evaluación debe ser contemplado desde el mismo principio de la intervención para prever, entre otros aspectos, los resultados que quieren medirse, el tipo de datos que se necesitan y el momento en que se deben recoger. Un error común entre agentes de implementación con limitada experiencia en intervención en materia de P/CVE es no incorporar el diseño de la evaluación como un elemento integral de la planificación del proyecto, lo que puede limitar su utilidad, en la medida en que será difícil abordar a posteriori los principales interrogantes que suscite la intervención.

Figura 1. Ciclo de políticas públicas en P/CVE
Figura 1. Ciclo de políticas públicas en P/CVE
Fuente: Peter Romaniuk (2015), “Does CVE work? Lessons learned from the global effort to counter violent extremism”, Global Center on Cooperative Security, p. 11.

La formulación de una evaluación se inicia con la definición de sus objetivos. Cuando los proyectos tienen un ciclo de vida corto (se diseñan e implementan en el espacio de un año, aproximadamente), es muy probable que la evaluación se enfoque fundamentalmente a estudiar el producto (output evaluation) o su resultado a corto plazo (outcome evaluation) y, en menor medida, a analizar los efectos en el medio término (impact evaluation). La valoración sobre la calidad y relevancia de los contenidos de un curso sobre prevención de la radicalización violenta constituye una muestra de lo primero; la comprobación de la medida en que los asistentes han mejorado su conocimientos y aptitudes en esa área es ejemplo de lo segundo; finalmente, la revisión del grado en que esas competencias se han transferido a la práctica profesional es reflejo de lo tercero.

Uno de los primeros retos que afrontan los implementadores es hacer partícipes del diseño de la evaluación a todos los actores directa o indirectamente relacionados con la intervención, particularmente aquellos que se convertirán en sus usuarios finales. Una evaluación debe ser un proceso inclusivo y transparente, que recoja las inquietudes de quienes intervienen de un modo u otro en la puesta en marcha de un proyecto, pueden asegurar su sostenibilidad, o van a experimentar o estudiar sus efectos en el tiempo. Ello facilitará la posterior recogida de datos y asegurará la toma en consideración de los resultados que se obtengan. Las experiencias de evaluación desarrolladas en MINDb4ACT demuestran que a menudo las necesidades difieren entre los agentes de implementación, los decisores políticos, los investigadores académicos o las comunidades locales: mientras que unos están interesados principalmente en conocer los resultados del proyecto, otros también esperan saber si los recursos invertidos se han utilizado de forma óptima y responsable. Conviene hallar un equilibrio entre los intereses de los actores consensuando las preguntas que articularán el trabajo de evaluación, y que pueden estructurarse siguiendo criterios estandarizados como los de la DAC de la OCDE (relevancia, coherencia, eficiencia, eficacia, impacto y sostenibilidad). Factores como los medios económicos, temporales y humanos deben ser también tenidos en cuenta.

Alcanzar una visión compartida entre profesionales y actores relevantes es igualmente importante al examinar la Teoría del Cambio de la intervención, en la que se esquematiza la cadena de resultados que conduce desde los insumos y actividades del proyecto hasta sus efectos.13 Formular de manera colectiva las hipótesis sobre cómo se produce el cambio y el modo en que la intervención puede desencadenarlo permitirá a todos los actores ser realistas en relación con los efectos que se persiguen y llegar a un criterio común acerca de lo que se entiende por éxito (o fracaso) del proyecto.

La experiencia indica que las expectativas de los agentes de implementación en el ámbito de P/CVE son altas en relación con el fortalecimiento de las capacidades profesionales y sus posibilidades de medición. Algunos de los cambios esperados constituyen modificaciones cognitivas (como, por ejemplo, aumentos en el conocimiento, una mejora de la confianza profesional o transformaciones actitudinales) que son difíciles de medir de un modo riguroso. Supervisar cambios de índole conductual (por ejemplo, la aplicación de determinadas prácticas o la intensificación de la colaboración interprofesional) entraña también ciertas dificultades, particularmente en contextos laborales donde las complejas dinámicas de trabajo pueden ralentizar la incorporación de nuevas culturas de actuación (como en centros penitenciarios o en la atención social). Ser realista obliga a definir criterios de evaluación que contemplen las condiciones y características del contexto de intervención, y a descartar objetivos difícilmente alcanzables, como el de pretender establecer relaciones causales entre el proyecto y un determinado resultado cuando no es posible definir grupos de control o aislar otros factores que han podido contribuir, facilitar o afectar el resultado. Ser realista comporta también elegir apropiadamente los indicadores de la evaluación, tanto en términos cuantitativos (algunos evaluadores suelen inclinarse por definir un número muy elevado) como cualitativos (existe también la tendencia a definir indicadores que no pueden medirse utilizando los datos disponibles).

A menudo, el interés está en conocer los efectos sobre la práctica profesional, o incluso a nivel institucional, pero para medir el impacto en el largo plazo es necesario que haya transcurrido tiempo suficiente tras la finalización del proyecto, y esta es una opción poco viable para programas construidos sobre horizontes temporales cortos. No obstante, no se debe renunciar a la posibilidad de evaluar esos efectos cuando se produzca la finalización del proyecto. En cualquier caso, una alternativa viable dentro del calendario del proyecto consiste en evaluar la medida en que la intervención ha contribuido a avanzar en una trayectoria definida hacia impactos en el largo plazo, es decir, comprobar la distancia que se ha recorrido entre el punto de partida y el objetivo final. Otros interrogantes relevantes que puede responder la evaluación tienen que ver con la relevancia y sostenibilidad de una intervención (por ejemplo, si sus participantes actúan como agentes multiplicadores transfiriendo conocimientos y técnicas a otros profesionales de sus propias organizaciones o si los conocimientos adquiridos son retenidos en el tiempo).

Conviene también ser consciente de los factores externos al proyecto que condicionan la capacidad de evaluar los indicadores definidos. De entre los más importantes, cabe considerar que la incidencia de la radicalización violenta en Europa Occidental es limitada cuando se compara con la de terceros países, incluso en contextos en los que aparentemente ocurre con mayor frecuencia. Algunos de los proyectos llevados a cabo en MINDb4ACT en prisiones y ámbitos urbanos con profesionales que trabajan con colectivos susceptibles de experimentar procesos de radicalización muestran que las posibilidades reales de medir el impacto de una intervención son moderadas en tanto en cuanto el número de casos sobre los que los profesionales podrán aplicar competencias, herramientas o protocolos suele ser reducido. De igual modo, examinar los resultados de la intervención en clave de género puede resultar complejo si no existe un relativo equilibrio entre hombres y mujeres entre los participantes del proyecto (en algunos sectores, particularmente en el ámbito de la seguridad, la presencia de mujeres es todavía significativamente inferior a la de hombres)14 o entre la población diana de la intervención (como es bien sabido, existe mayor incidencia de radicalización violenta entre hombres que entre mujeres). También es posible que criterios éticos, deontológicos y de protección de datos impidan acceder a la información necesaria para evaluar los criterios seleccionados.

(3.2) La implementación

La elección y configuración de los instrumentos de recogida de datos constituye otro de los retos para agentes de implementación con limitada experiencia de intervención en el ámbito P/CVE. Una buena estrategia para la selección de las herramientas de recopilación de datos debe basarse en los objetivos y preguntas de la evaluación, y debe tener como principio rector la triangulación de la información, es decir, la combinación de distintos instrumentos de recogida de datos (preferiblemente conjugando metodologías cuantitativas y cualitativas) y de diferentes fuentes de información. En la experiencia de MINDb4ACT, los profesionales que buscan capturar cambios cognitivos o conductuales en colectivos profesionales (conocimiento, actitudes, prácticas o relaciones) utilizaron pre tests y post tests, encuestas de valoración y sesiones de evaluación, así como, en menor medida, revisión de documentos y observación directa.

Aun cuando la elección de los instrumentos resulte acertada, limitaciones prácticas y problemas analíticos pueden acabar afectando la validez y utilidad de los resultados. Una buena planificación de los tiempos resulta fundamental para que la evaluación dé respuesta a los interrogantes formulados. La experiencia de los profesionales en el contexto de MINDb4ACT demuestra que medir la eficacia e impacto de un proyecto requiere generalmente de una toma de datos de referencia, previa al inicio de la intervención, pero también transcurrido un tiempo (a menudo, superior a los tres meses) tras la finalización de esta; de lo contrario, los cambios producidos por el proyecto no podrán ser monitorizados y analizados de modo objetivo. Asimismo, varios profesionales indicaron que el uso de instrumentos de recogida de datos online (fundamentalmente encuestas virtuales) tiende a generar ratios de respuesta más bajos e información menos exhaustiva que la obtenida con instrumentos similares utilizados en metodologías offline, lo que sin duda puede repercutir negativamente en la relevancia de los datos.

Otra de las dificultades operativas a que se enfrentan los profesionales estriba en lograr acceso a las fuentes de información. La mayoría de las evaluaciones sobre proyectos dirigidos a colectivos profesionales adoptan un enfoque centrado en el participante. Generar un clima de confianza y sensibilizar a los beneficiarios de la intervención sobre la utilidad de la evaluación será crucial para lograr su compromiso y despejar cualquier circunstancia que pudiera disuadirles de implicarse en ella. En un ámbito tan sensible como el de la prevención de la radicalización violenta, los profesionales pueden mostrarse reticentes a compartir opiniones o información basada en situaciones reales, pueden tener dudas éticas o, sencillamente, pueden estar sobrecargados por el trabajo ordinario o no considerar la evaluación como una prioridad. Poner en valor la repercusión positiva de la evaluación en la mejora de políticas públicas e incluso en la labor profesional de los encuestados es fundamental. La valoración de los actores relevantes del proyecto es también valorada como útil por algunos profesionales, razón por la que lograr su apropiación del proceso debe ser tenido como objetivo prioritario desde el principio. Alternativamente, puede aumentarse el conjunto de datos recopilados implicando en la evaluación a actores no involucrados en el proyecto a través de metodologías como paneles de expertos o informantes clave (key informants).15

Otra limitación analítica que puede emerger a lo largo del procedimiento de evaluación deriva de una concepción estrecha de la información que puede ser puesta a disposición de los evaluadores. En el diseño de los instrumentos de recogida de datos conviene tener en cuenta que el objetivo ideal de una evaluación no es sólo valorar si un proyecto ha funcionado o no en términos generales. Preferiblemente, debe poder arrojar luz acerca de qué elementos específicos del proyecto han funcionado y cuáles no, para qué beneficiarios, de qué modo, bajo qué circunstancias, en qué medida y por qué. Contemplar algunos de esos interrogantes y establecer variables que permitan segmentar las respuestas (por ejemplo, según género, ámbito profesional, experiencia en P/CVE, etcétera) permitirá un análisis pormenorizado y realista.

Finalmente, otra de las principales preocupaciones de los evaluadores durante la implementación del proceso es la gestión de los criterios éticos. Para que el procedimiento resulte ajustado a la normativa en esa materia, los participantes de la evaluación deben ser conocedores de los objetivos y consecuencias de su colaboración y deben tener garantizado el anonimato y la confidencialidad de sus respuestas, así como su derecho a retirarse de la actividad en cualquier momento, entre otros aspectos. Proporcionar un consentimiento informado con información relevante y exhaustiva es ya una práctica extendida. Con todo, el principal reto mencionado por los agentes de evaluación de MINDb4ACT es el de asegurar en el procedimiento de reclutamiento un equilibrio entre la protección de datos y la voluntariedad de la participación. Podría parecer razonable que la mejor forma de alcanzar ese equilibrio es delegar el reclutamiento de los participantes en la evaluación en los propios actores relevantes; sin embargo, es posible que ello afecte a la capacidad de los sujetos para negarse libremente a participar en la evaluación cuando la propuesta llega de sus superiores jerárquicos.

(3.3) El análisis

La identificación y control de los sesgos constituye una de las grandes dificultades que afectan al análisis de los resultados. De entrada, los agentes de implementación pueden sentirse tentados de ocultar resultados negativos y enfatizar los positivos por temor a los costes reputacionales de una intervención que no logra los cambios esperados o por el riesgo a perder la financiación para dar continuidad al proyecto. Una definición realista de los efectos que se persiguen y de los resultados que se esperan obtener de la evaluación puede rebajar la presión sobre los profesionales que evalúan sus propias iniciativas. La falta de una cultura de evaluación entre actores inexpertos puede también ocasionar una deficiente comprensión sobre la utilidad de una evaluación, que no sólo debe servir para identificar buenas prácticas, sino que también debe conducir al establecimiento de los cambios necesarios en la intervención a fin de optimizar su desarrollo. Resultados negativos no necesariamente revelan el fracaso de una intervención, sino la necesidad de introducir mejoras en su diseño e implementación.

Lecciones aprendidas del proyecto MINDb4ACT también demuestran que los agentes de implementación con menor experiencia suelen ignorar en el análisis los efectos indirectos e indeseados producidos por sus proyectos. A menudo, los efectos indeseados que más preocupan a los profesionales en el ámbito de P/CVE son los denominados efectos iatrogénicos, como la estigmatización de comunidades y colectivos.16 Sin embargo, otra serie de resultados no deseados pueden quedar fuera del radar de los agentes implementadores, como aquellos que afectan al contexto organizativo e institucional en el que se desarrolla la intervención. Es posible que esos resultados no pasen desapercibidos a otros actores que intervengan en el análisis de los datos recogidos, por lo que potenciar su implicación es altamente aconsejable.

La transparencia del proceso y la triangulación de los datos han sido identificados como pasos clave para asegurar un análisis consistente de la intervención. Admitir las limitaciones metodológicas y analíticas de la evaluación y compartir los datos en bruto con actores relevantes favorece la rendición de cuentas y la credibilidad del proceso. De igual modo, contrastar los datos cuantitativos y cualitativos de la evaluación arrojará una imagen realista del modo en que la intervención ha contribuido a los cambios esperados. Las opiniones y valoraciones de los beneficiarios deben ser confrontadas con las de otras fuentes de información para conocer el alcance real de los resultados.

La identificación de sesgos en la respuesta de los beneficiarios de la intervención resulta también crucial para asegurar la fiabilidad del análisis. Algunos agentes de implementación en MINDb4ACT indicaron que las opiniones de los beneficiarios tendieron a ser menos positivas que la de otros participantes en la evaluación. En ocasiones, esto se debió a que los participantes en el proyecto son exigentes en sus expectativas acerca del modo en que la intervención puede resolver sus necesidades. Su valoración debe ponderarse con el hecho de que la prevención de la radicalización violenta es todavía un ámbito de investigación e intervención en proceso de desarrollo. Las respuestas a los retos que entraña en cualquier ámbito de actividad (ya sea en centros penitenciarios o en ciudades, escuelas o el entorno virtual, entre otros posibles) están todavía basadas prioritariamente en el “ensayo y error” y en un enfoque personalizado y altamente contextual, lo que limita la disponibilidad de recursos formativos, protocolos o herramientas avanzados. En consecuencia, algunas de las necesidades identificadas por los profesionales pueden ser atendidas de un modo limitado y quizá no del todo satisfactorio.

Asimismo, una inapropiada elección de los beneficiarios de la intervención también puede sesgar los resultados. La evaluación de una herramienta por profesionales que carecen de las competencias para hacer uso de ella (por ejemplo, conocimiento de una lengua o acceso a un público potencial sobre el que aplicarla) previsiblemente arrojará una valoración tendenciosa que no ayuda a una comprensión del modo en que el instrumento contribuye a mejorar la práctica profesional. De igual modo, en proyectos que adoptan el enfoque multiagencia y tienen como grupo diana a un conjunto heterogéneo de profesionales con necesidades profesionales y expectativas diferentes, es esperable que el rendimiento de los distintos colectivos será desigual durante el proyecto y su percepción de los resultados también diferirá.

La necesidad de un enfoque pragmático y realista vuelve a ponerse de manifiesto en la elaboración de recomendaciones a partir de los resultados de la evaluación. El reto está en evitar formular sugerencias que sean difíciles de llevar a la práctica o que no se desprendan de forma lógica de los resultados del proyecto. Algunos profesionales pueden tener la tentación de proponer la replicación y escalamiento de su intervención en otros contextos o lugares cuando los resultados de la evaluación no demuestran que la necesidad que inspiró el proyecto sea generalizada en un sector o ámbito de trabajo. Los evaluadores deben abstraerse de las prioridades de la agenda política y las preocupaciones de la opinión pública en relación con el terrorismo y la radicalización violenta, y apostar por la sostenibilidad de sus propuestas sólo cuando su pertinencia resulte clara. Una buena estrategia para formular recomendaciones realistas consiste en seguir los criterios SMART (Specific, Measurable, Achievable, Relevant and Time bound). Asimismo, la práctica demuestra que los actores relevantes tienen un mejor conocimiento del contexto en el que se interviene y que su diagnóstico de la situación puede ser especialmente útil para la definición de recomendaciones accionables.

Fomentar una cultura de evaluación en el ámbito de P/CVE requiere también que los resultados de las intervenciones sean diseminados en abierto para que todos los actores que forman parte de la comunidad puedan conocer las lecciones aprendidas y evitar los errores comunes durante la práctica. Favorecer el intercambio de experiencias y conocimientos y promover buenas prácticas es clave para una mejora de las competencias en evaluación. Evaluadores inexpertos pueden sentirse inseguros compartiendo sus limitados resultados, pero esa es la única vía para ampliar la base de conocimiento en esta materia. A ello contribuirá desarrollar formatos de diseminación de resultados más allá del informe del proyecto (por ejemplo, a través de participación en workshops, seminarios científicos, publicación de artículos o posts).

Conclusiones

La experiencia y lecciones aprendidas a partir de la evaluación de 15 intervenciones piloto desarrolladas en nueve países europeos para prevenir la radicalización violenta, dentro del marco del proyecto H2020 MINDb4ACT, informan una serie de recomendaciones dirigidas a generar una cultura de evaluación en el ámbito P/CVE:

  • Inclusividad: tanto agentes de implementación como actores relevantes deben entender la lógica de un proceso inclusivo. Para los primeros, una evaluación participativa facilitará la recogida de datos y asegurará que los resultados sean tomados en consideración por los actores responsables de la sostenibilidad de la intervención. Para los segundos, la apropiación del proceso asegurará su utilidad, en la medida en que sólo así dará respuesta a sus intereses y necesidades y reflejará soluciones viables, que apunten a metas alcanzables de un modo que optimice los medios disponibles. No lograr implicar a los actores relevantes en los trabajos de evaluación desde el principio del proyecto, o perder su complicidad a lo largo del proceso, puede impedir que la evaluación llegue a informar la toma de decisiones y, por tanto, contribuir verdaderamente a una política basada en evidencia.
  • Pragmatismo: durante la evaluación, es fundamental gestionar las expectativas de todos los actores implicados, tanto en términos de la ambición del proceso, como en relación con los objetivos establecidos y los resultados esperados. Ello permitirá un marco de trabajo riguroso y fiable, en el que los esfuerzos no se dirijan estérilmente a probar resultados que puedan ser cuestionados externamente. El realismo debe primar en el diseño de los criterios de evaluación, pero también en la implementación de los trabajos, promoviendo así que se recojan datos pormenorizados que permitan una mejor comprensión del modo en que un proyecto contribuye a un cambio determinado. Finalmente, el pragmatismo también debe imponerse en el análisis, pues las recomendaciones que deriven de la evaluación deben ser accionables para introducir verdaderas mejoras en P/CVE.
  • Transparencia y ética: optar por un modelo de evaluación interna es una decisión pragmática en proyectos de corta duración y limitado presupuesto. Permite optimizar recursos a la vez que fortalece las competencias de los agentes de implementación. Sin embargo, su utilidad puede verse afectada por la cautela con la que suelen interpretarse sus resultados. Asegurar un proceso transparente con actores relevantes y decisores políticos permitirá contrarrestar esas dudas. Para ello, es importante que los evaluadores mantengan una comunicación regular y fluida con el resto de actores involucrados o interesados en la intervención: compartir el diseño metodológico de la evaluación y de los instrumentos de recogida de datos, para posibilitar su validación; informar sobre la marcha de la implementación del proceso; y ofrecer los datos brutos recopilados así como cualquier otro elemento utilizado en el análisis (relación de documentos analizados, personas entrevistadas, etc.), para que puedan ser estudiados independientemente. La transparencia debe imponerse también en la relación con los participantes de la evaluación, cumpliendo así con los estándares éticos. Los sujetos evaluados deben ser informados sobre los objetivos y las consecuencias de su implicación en la evaluación. Ser transparentes con ellos también favorecerá un mayor grado de implicación en el proceso. Finalmente, la transparencia con el resto del ecosistema P/CVE debe materializarse en la publicación y diseminación de los resultados de la evaluación, lo que permitirá un intercambio de buenas prácticas y de hallazgos empíricos.
  • Utilidad/finalidad: los objetivos de la evaluación deben resultar claros tanto para los evaluadores como para los actores relevantes, de manera que estos sean quienes guíen el trabajo a desarrollar. Debe considerarse que una evaluación puede servir a distintos propósitos: mientras que los profesionales tendrán interés en conocer los resultados de una intervención, los decisores políticos pueden utilizar los resultados para adoptar decisiones en relación con la distribución de recursos o el aumento de la inversión. Además, la evaluación no siempre tiene como única finalidad la de comprobar si una determinada intervención funciona o no; también arroja luz acerca de qué elementos han funcionado y cuáles no, para qué beneficiarios, de qué modo, bajo qué circunstancias, en qué medida y por qué.
  • Perspectiva de género: la incorporación de una perspectiva de género en la evaluación de proyectos P/CVE responde a la necesidad de entender de un modo comprehensivo los efectos diferenciales de la intervención sobre sus beneficiarios y, en última instancia, a nivel institucional y organizativo. Una recogida de datos segmentada en clave de género debe ser considerada en el propio diseño de la evaluación, ejecutada durante la implementación y reflejada en el análisis. Idealmente, deben también plantearse recomendaciones dirigidas a introducir cambios que mejoren los impactos de la intervención en esta dimensión.

Álvaro Vicente
Investigador del Programa sobre Radicalización Violenta y Terrorismo Global, Real Instituto Elcano, y miembro del Proyecto H2020 MINDb4ACT | @alvaro_vicentep

Carola García-Calvo
Investigadora principal del Programa sobre Radicalización Violenta y Terrorismo Global, Real Instituto Elcano, y miembro del Proyecto H2020 MINDb4ACT | @carolagc13


1 Council of the European Union (2005), “The European Union counter-terrorism strategy”, Bruselas.

3 Mohammed Hafez y Creighton Mullins (2015), “The radicalization puzzle: a theoretical synthesis of empirical approaches to homegrown extremism”, Studies in Conflict and Terrorism, vol. 38, nº 11, pp. 958-975.

5 Agencia Estatal de Evaluación de las Políticas Públicas y la Calidad de los Servicios (AEVAL) (2015), “Guía práctica para el diseño y evaluación de políticas públicas”, Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, Madrid, pp. 24-25 y 92.

6 Peter Romaniuk (2015), “Does CVe work? Lessons learned from the global effort to counter violent extremism”, Global Center on Cooperative security.

7 A.R. Feddes y M.A. Galluci (2019), “Literature review on methodology used in evaluating effects of preventive and de-radicalisation interventions”, Journal for Deradicalization, nº 19, pp. 1-27, ; National Consortium for the Study of Terrorism and Responses to Terrorism (2016), “Surveying CVE metrics in prevention, disengagement and deradicalization programs: report to the US Department of Homeland Security”, University of Maryland, ; Eric Rosand, Emily Winterbotham, Michael Jones y Franziska Praxl-Tabuchi (2018), “A roadmap to progress: the state of the global P/CVE agenda”, The Prevention Project and Royal United Services Institute. Existen notables excepciones, como las iniciativas impulsadas por la RAN EU o el trabajo desarrollado en la evaluación de Channel UK, pero se trata de acciones restringidas a unos pocos contextos (virtual-counter-narrative campaigns y educativo).

8 El proyecto MINDb4ACT, “Mapping, identifying and developing skills and opportunities in operating environments to co-create innovative, ethical and effective actions to tackle radicalisation leading to violent extremism”, liderado por el Real Instituto Elcano, ha sido financiado por la Comisión Europea a través de su programa Horizonte 2020, en virtud del Grant Agreement No 74054.

9 Puede encontrarse más información del proyecto.

14 Por poner sólo un ejemplo, según datos de Eurostat las mujeres representan hoy el 17% del total de los miembros de las Law Enforcement Agencies en la EU. Véase “Eurostat Statistics, Police officers, EU-28, 2009-2017”.

15 Hofman y Sutherland (2018), op. cit.

16 Lasse Lindekilde (2011), “Neo-liberal governing of “radicals”: Danish radicalization prevention policies and potential iatrogenic effects”, International Journal of Conflict and Violence, vol. 6, nº 1, pp. 109

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<![CDATA[ AQMI face au hirak: modulation du discours en attendant une fenêtre d'opportunité en Algérie ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari54-2020-altuna-aqmi-face-au-hirak-modulation-discours-attendant-fenetre-opportunite-algerie 2020-04-23T07:38:54Z

Quelles sont les similitudes et les différences entre le discours utilisé par AQMI dans sa propagande officielle lors des manifestations qui ont eu lieu en Algérie en 2011 et ceux du hirak en 2019?

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Version originale en espagnol: AQMI frente al hirak: modulación del discurso a la espera de una ventana de oportunidad en Argelia

Thème

Quelles sont les similitudes et les différences entre le discours utilisé par AQMI dans sa propagande officielle lors des manifestations qui ont eu lieu en Algérie en 2011 et ceux du hirak en 2019 ?

Résumé

Ce document présente une approximation de l'évolution du discours d'al-Qaïda au Maghreb Islamique (AQMI) en analysant les similitudes et les différences observées au niveau de la langue, du ton et du style utilisés dans la propagande officielle de cette organisation au cours des manifestations qui ont eu lieu en Algérie en 2011 et celles du mouvement populaire de protestation communément nommé hirak. Notre analyse montre qu’en s'appuyant sur les enseignements tirés de la période 2011-2012, la stratégie discursive d’AQMI a évolué, essayant de se positionner de la meilleure façon possible pour rentabiliser le résultat du hirak quel que soit son résultat.

Mots clés

Terrorisme djihadiste, Algérie, al-Qaïda, AQMI, hirak

Analyse

Ce document examine les similitudes et les différences palpables dans le discours d'al-Qaïda au Maghreb Islamique (AQMI) en comparant la langue, le ton et le style de sa propagande lors des manifestations qui ont eu lieu en Algérie en 2011 et lors du mouvement de protestation populaire – connu sous le nom de hirak – articulé autour des manifestations massives et pacifiques qui sans interruption ont lieu plusieurs jours par semaine depuis le 16 février 2019.

Ayant suffisamment de recul, il est possible de décrire les manifestations de 2011 comme une tentative de surfer sur la vague révolutionnaire qui avait commencé à secouer la région. Cependant, décrire la vague actuelle de protestations dans le pays de manière succincte aurait comme conséquence de passer à côté d’un bon nombre de nuances dont la prise en compte est nécessaire pour avoir, dans la mesure du possible, une image fidèle à la réalité. De plus, présenter ces événements comme faisant partie du soi-disant « Printemps Arabe » nous priverait d'une explication profonde et notamment ne nous permettrait pas de relier ce qui se passe actuellement aux problèmes non résolus de la Guerre d'Indépendance, des événements d'octobre 1988, de la décennie noire, etc. De même, ne pas limiter dans le temps les manifestations populaires qui ont des objectifs parfois différents nous empêcherait également d’approfondir la réflexion et de couvrir plusieurs niveaux d’analyses.

Aussi, et pour les besoins de notre analyse, tous les documents originaux produits par AQMI et relatifs aux manifestations de 2011 et celles de 2019 ont été compilés. Les critères sur lesquels se fonde le choix des documents analysés sont les suivants : Premièrement, que le document puisse être considéré comme officiel, c'est-à-dire qu'il provienne d'une des agences médiatiques d'AQMI (al-Andalus Media ou Ifrīqiyā al-Muslima) et qu'il ait été publié à travers ses canaux habituels. De même, le document doit avoir été initialement publié en arabe, démarquant ainsi le public ciblé par le message. Deuxièmement, que le sujet principal du document soit bien les manifestations qui ont eu lieu en Algérie en 2011, le mouvement populaire de protestation communément appelé hirak, ou, à défaut, autour des événements directement liés à celui-ci, tels que l'organisation des élections, l'annonce de réformes, etc.

Compte tenu de ces paramètres, l'échantillon analysé est composé de huit (8) documents distincts se rapportant aux manifestations de 2011 (six documents format audio et deux documents format vidéo) et neuf (9) documents au sujet du hirak (sept documents format audio et deux documents manuscrits). Les titres originaux, les dates de publication et les formats sont détaillés ci-dessous dans les figures 1 et 2.

Figure 1. Documents publiés par AQMI sur les manifestations de 2011
Titre original Date de publication Format
نداء إلى أهلنا الثائرين في الجزائر 9/I/2011 Audio
رسالة إلى أهل العلم والدعوة 29/I/2011 Audio
لقاء مؤسسة الأندلس مع الشيخ أبي عبيدة يوسف العنابي 20/VI/2011 Audio
11 دخلوا عليهم الباب 15/VII/2011 Vidéo
2 ادخلوا عليهم الباب 15/VII/2011 Vidéo
ه1432 خطبة عيد الأضحى لعام 11/XI/2011 Vidéo
خطاب لأهلنا في الجزائر وحرض المؤمنين 15/I/2012 Audio
قاطعوا مهزلة الانتخابات 18/IV/2012 Audio

Note : deux des documents analysés, bien qu'ils soient directement liés et répondent strictement aux critères qui définissent l'échantillon analysé, ont été publiés début 2012.
Source : l'auteur.

Figure 2 . Documents publiés par AQMI au sujet du hirak
Titre original Date de publication Format

الجزائر والخروج من النفق المظلم

10/III/2019 Audio
قراءة سياسية للقرارات الأخيرة لرئاسة الجزائر 20/III/2019 Manuscrit
بيان تكذيب وتحذير! 30/III/2019 Manuscrit
نعيذكم بالله أن تتراجعوا 4/IV/2019 Audio
اللقاء الصحفي للشيخ عبيدة يوسف العنالي مع الصحفي وسيم نصر 30/V/2019 Audio
يا أحرار الجزائر لا تبرحوا أماكنكم 13/VIII/2019 Audio
كلمات بين يدي الأحداث في الجزائر 20/XI/2019 Audio
وخاب كل جبار عنيد 8/XII/2019 Audio

Note : certains documents mis sous la catégorie des documents audio intègrent aussi des courtes vidéos contextuelles en guise d'introduction au message principal.
Source : l'auteur.

Historiquement, l'une des forces du réseau al-Qaïda – et par la suite des organisations sous son égide – réside dans sa capacité à interpréter les événements et à articuler un discours qui rejoint directement la perception et l'opinion de son public cible tout en privilégiant sa propre stratégie et ses finalités. Illustration de ces stratégies déjà utilisées par le passé et dans d’autres contextes, la présentation de la guerre de Bosnie comme un génocide de la population musulmane, la caractérisation de l'invasion de l'Irak en 2003 comme une réédition des croisades promues par l'église catholique au Moyen Âge ou représenter allégoriquement – à partir de 2011 – Bachar al-Assad comme s'il s'agissait d'une extension de la figure coranique du pharaon.

Il est évident qu'AQMI, en tant qu'organisation terroriste qui cherche à exercer une pression à travers la violence sur le système politique algérien dans le but de le renverser, a un intérêt particulier à générer des périodes d'instabilité pour pouvoir en tirer profit. En tant que tel, un mouvement de protestation contre le régime établi comme c’est le cas de l'Algérie actuellement, représente une fenêtre d'opportunité extrêmement intéressante pour cette organisation. Or, les difficultés inhérentes à développer une analyse solide, cohérente et raisonnée concernant un processus en constante évolution ne sont pas étrangères à la construction de la stratégie discursive de toute organisation de ce type. Et les défis sont pour autant nombreux : combiner les dynamiques mondiales et locales, continuer à nourrir son propre mythe, répondre aux attentes du militantisme sans affecter le recrutement et ne pas faire preuve d’incohérences, etc.

Similitudes entre 2011 et 2019 : ce qui se passe et qui sont les coupables

Comme dans toute stratégie de communication qui se respecte, et bien que pratiquement une décennie se soit écoulée entre les deux processus, il y a des parties fondamentales du discours d'AQMI qui demeurent inchangées. De toute évidence, il est nécessaire d'avoir un corpus narratif qui peut être lu et interprété également par l'émetteur et le récepteur, une base commune à partir de laquelle il est possible d’incorporer de nouveaux éléments au contenu.

Dans ce sens, le premier point qui se répète comme un mantra, c'est la représentation des événements comme la continuation d'un processus d'indépendance inachevé décrit comme « fallacieux ».2 En effet, Abdelmalek Droukdel, émir suprême d’AQMI, explique dans son premier discours concernant les manifestations de 2011 que celles-ci sont le fait « à la fois de la nature insurgée du peuple algérien et de son intégrité morale ».3 Il considère que ces mouvements refont régulièrement surface sous la forme de soulèvements populaires ou de révolutions comme cela s'est déjà produit – toujours selon AQMI – en 1988 et 1992. De même, et arborant la voie de la victimisation assez caractéristique de l'argumentaire djihadiste, AQMI justifie l'échec des différents processus en blâmant l'Occident en général et la France en particulier pour le soutien apporté au régime apostat et collaborationniste.

De la même façon, un autre raisonnement qui se répète de manière transversale et avec lequel AQMI essaie de se dégager de toute responsabilité pour les échecs passés est, selon les propres mots d'Abdelmalek Droukdel, « tant que nous ne considérons pas le retard de l'indépendance comme faisant partie de l'échec de la guerre de libération nous ne pourrons pas considérer le retard de l'implantation d'un État islamique comme l'échec du djihad ».4

Un autre aspect fondamental de la communication d'AQMI concernant ces deux processus est celui de signaler l'institution militaire comme l'ennemi principal. En effet, AQMI estime que cela est le cas, pas uniquement après la destitution d'Abdelaziz Bouteflika en avril 2019, suite à laquelle le rôle réel de l'élite militaire algérienne a été mis en évidence encore une fois, mais aussi depuis le début des manifestations en début 2011. Ceci, bien entendu, sans manquer d’inclureégalement parmi ses objectifs prioritaires « tous ces hauts fonctionnaires et institutions politiques dont le rôle découle de leur impiété ».5 Les appels à la repentance de l'ennemi ne sont pas uniquement une constante dans les deux périodes analysées, mais ils se produisent d’une manière plus fréquente en comparaison avec d'autres documents de propagande en dehors des périodes couvertes par cette étude.

Enfin, il convient de souligner l'importance qu’AQMI confère au rôle joué par les oulémas et les imams pendant les périodes des manifestations populaires. En effet, dans sa stratégie de communication, et à plusieurs reprises, AQMI met l'accent sur deux aspects différents : d'une part, l'organisation dénonce le rôle des prédicateurs et autres membres du clergé qui sont au service du régime, avertissant les manifestants des effets négatifs que les conseils de ces derniers pourraient avoir sur la mobilisation populaire. D’autre part, et peut-être plus important encore, tant en 2011 qu'en 2019, et dans une tentative claire de tirer profit de la situation pour légitimer ses positionnements, AQMI lance un appel pressant aux « prédicateurs et imams à rejoindre la jeunesse musulmane et à mener la bataille [...] dans le but de renverser le système apostat et laïque et d'établir un régime islamique »,6 exhortant à plusieurs reprises ces derniers à déclarer le djihad.

Différences entre 2011 et 2019 : le ton du discours et le rôle de l'AQMI

Contrairement à ce qui s'est passé en 2011, avec de nombreux fronts ouverts en évolution constante qui ont absorbé une bonne partie des ressources médiatiques d'AQMI, en 2019 une caractérisation et une sophistication bien évidente du message peuvent être clairement remarquées à la fois. Cependant, il est pertinent de s'arrêter sur quelques différences observées dans son discours concernant les deux périodes.

Tout d'abord, un aspect particulier attire fortement l'attention : le ton du discours est adouci. En effet, lors qu’on compare les deux périodes, le ton utilisé dans le discours de l'organisation tout au long de 2011 se distingue par son style plus agressif, passionné et chargé d’inflexions, avec des interpellations constantes au destinataire du message et des appels explicites à l'action. Le contraste avec le ton général du discours de l'organisation dans ses messages au sujet du hirak en 2019 est clair. En effet, le discours en 2019 se caractérise par un style plus calme, moins précipité, plus judicieux et pondéré.

De plus, tout au long de 2011 on peut remarquer son caractère plus direct et plus assertif, un discours plus émotionnel visant à agiter et à inciter le récepteur du message en faisant appel à ses sentiments les plus élémentaires. L'organisation terroriste semble toutefois avoir reformulé sa stratégie de communication dans ses discours faisant allusion au hirak en 2019 puisque, sans renoncer à sa fermeté habituelle, une modulation plus réfléchie est notable. De plus, AQMI réduit la virulence du ton et reprend un discours plus religieux – principalement axé sur des analogies entre le temps présent et celui de la Sunna tout en citant les travaux d'ulémas de renom de manière décontextualisée. Ceci montre une organisation ayant atteint une certaine maturité par rapport à 2011 et cherchant à inspirer confiance afin de projeter une image de supériorité morale. On pourrait dire que l’organisation retrouve en quelque sorte les axes classiques de la communication qaédienne : élitisme, rectitude, autorité, prépondérance...

Par ailleurs, une des différences les plus notables est, peut-être, l'évolution de la perception qu'AQMI a de son rôle dans les deux processus ou, en d'autres termes, l'image qu'elle souhaite projeter. En effet, notons ici qu’en 2019, AQMI a réduit considérablement son égocentrisme assez caractéristique et transversal de ces précédents discours tout au long de 2011 et 2012, privilégiant désormais une position plus distanciée, en mettant en avant les événements et le peuple algérien. À travers ses messages de 2011 et début 2012, AQMI met l'accent continuellement sur son rôle comme déclencheur et facilitateur de ce qui semblait être une révolution naissante. Notons ici que l'utilisation du pronom « nous », les interpellations directes, les appels à l'action et les assertions sont une caractéristique transversale dans toute sa production pendant cette période.

A titre d’exemple, on retrouve cette tendance dans les paroles d'Abū 'Ubayda Yūsuf al-'Anābī, chef du conseil des notables et membre de la shūra7 de l'organisation : « Nous pensons que le djihad mondial joue un rôle important dans le succès de ces révolutions, principalement pour deux raisons : d'une part, nous avons été les premiers à appeler explicitement le peuple à se rebeller et à plusieurs reprises contre les régimes despotiques [...]. D'un autre côté, il est indéniable que l'une des raisons fondamentales du succès des révolutions est le déclin du rôle des Américains et des croisés qui, grâce à la pression constante des coups des moudjahidines, ont été contraints de reculer et ne sont pas en mesure de soutenir les régimes collaborationnistes contre lesquels le peuple se rebelle, comme cela s’est produit en 1991-1992 ».8

Comparativement, l'approche adoptée par AQMI en 2019 est nettement différente, en cédant totalement le protagonisme au peuple et en restant en retrait des évènements tout en le soutenant. En effet, alors qu’en 2011-2012 l’organisation avait adopté dans ses harangues un discours violent et dynamiseur, celui de 2019 est bien diffèrent à tout point de vue. Dans le cas présent, AQMI prend du recul, louant le rôle joué par le peuple algérien et saluant les jalons que le hirak va atteindre progressivement. Les changements dans l'utilisation des pronoms sont aussi notables, avec des séparations claires entre le nous et le vous. Le ton est clairement plus condescendant et les recommandations moyennant l'utilisation de verbes tels que « exhorter » ou « conseiller » au lieu d'interpellations et d'exhortations directes à l'action ne passent pas inaperçus.

À titre d'exemple, cette citation tirée d'un communiqué officiel de l’organisation publié fin mars : « Nous sommes heureux de vos manifestations décisives et nous sommes contents de constater, étant donné que nous suivons de près les événements, votre prudence et votre connaissance approfondie des stratégies et des astuces dont ils sont capables les hypocrites et les apostats (qui vous gouvernent) ».9 Ou celle d'Abū 'Ubayda Yūsuf al-'Anābī, extraite du dernier message publié par l'organisation en 2019 et dans laquelle l'adoucissement du ton peut être clairement apprécié : « Afin de ne pas manquer l'occasion historique de provoquer un changement radical dans le système de gouvernement en Algérie, et dans le seul objectif de conseiller notre bien-aimée umma, nous offrons à notre peuple ces conseils pratiques dans l'espoir qu'ils puissent contribuer à créer le changement souhaité ».10

Par ailleurs, une autre différence dans le discours d'AQMI concernant les deux processus réside dans son évaluation des possibilités de succès d'un mouvement pacifique. À cet égard, compte tenu du fait que l'une des principales caractéristiques du hirak a été sa nature pacifique, AQMI a été contrainte de moduler sa position. En 2011, lorsqu'on lui demandait ce qu’il pensait de ceux qui prétendent que les révolutions pacifiques ont démontré l'échec de la lutte armée pour obtenir le changement souhaité, Abū 'Ubayda Yūsuf al-'Anābī a déclaré que « quiconque prétend une telle chose est soit un ignorant, soit a une opinion partielle et veut falsifier la vérité ».11

Tenant compte du fait que la caractéristique fondamentale du courant salafiste-djihadiste est l'utilisation de la violence comme moyen d'atteindre ses fins politiques, AQMI a rencontré des obstacles majeurs pour ancrer son message à mesure que les événements évoluent sans perdre en cohérence. Un exemple intéressant de ceux-ci sont les références régulières aux slogans utilisés dans les manifestations massives du hirak ; bien que, dans plus de la moitié des documents analysés sur le processus, AQMI cite ou montre les slogans de protestation en vidéo, il ne reproduit en aucun cas les deux slogans les plus caractéristiques : « pacifique, pacifique », se référant au caractère des manifestations, et « nous voulons un État civil, pas militaire ». En effet, dans l'analyse du discours, ce qui est dit est aussi important que ce qui est omis.

De même, étant donné la transversalité du caractère pacifique et soutenu dans le temps des protestations, et dans une tentative de reformulation des positionnements précédents sur le sujet, al-'Anābī loue le pacifisme du mouvement puisque selon lui « grâce à ce caractère il a obtenu l'approbation et l’inclusion de tous les citoyens ». Néanmoins, il affirme que « c'est un phénomène naturel chez des peuples soumis, qui n'ont pas d'armes pour se défendre et qui ont généralement peur des guerres ». En plus, malgré le fait qu'il supplie Allah « d'accorder, par ce mouvement pacifique, une victoire définitive », il conclut en affirmant que « si la révolution pacifique échoue, le peuple doit accepter les faits et se convaincre qu'il n'y a pas d'autre solution que la lutte armée ».12

D'autre part, à travers l'analyse des documents susmentionnés, il y a aussi une réduction de la dispersion géographique du discours et une plus grande attention – presque exclusive – portée à la scène locale algérienne. Il va sans dire que les différentes révolutions que l'Occident a baptisées Printemps Arabe, et plus précisément celles qui font partie de la principale zone géographique d'action d'AQMI, ont monopolisé l'attention de l'organisation terroriste dans sa stratégie de communication en 2011. Cependant, en plus des mentions de la Libye et de la Tunisie, et dans une moindre mesure du Maroc, en 2011 et 2012 il y a également des mentions constantes de l'Égypte, de la Syrie et du Yémen, analysant même parfois la situation sur la base de documents vidéo.

Cette attitude contraste fortement avec la stratégie de communication adoptée depuis le début des manifestations en 2019 où elle ne détourne à aucun moment l'attention de l'Algérie, allant même jusqu’à afficher le drapeau national,13 un geste paradoxal dans une organisation de ce type. D’autre part, bien que ni le Soudan, le Liban ou l'Irakne soient des contextes proches pour AQMI, il est surprenant de ne trouver aucune mention de ces scénarios, à part un bref aperçu dans le message de félicitations à l'occasion de l''Īd al-Aḍḥā. Une pratique qui, en revanche, ne sort pas de l'ordinaire, car il s'agit d'un événement que l’AQMI – comme d'autres organisations djihadistes – saisit généralement pour faire le point sur la situation globale des différents fronts d’intérêt.

De même, en 2019, force est de constater une diminution notable du degré de complotisme, habituellement assez élevé dans le discours d'AQMI. Il est vrai qu'Abdelmalek Droukdel, avait déjà approuvé en 2017 les propos d'al-Zawahiri établissant que « la ligne qui sépare l'ennemi proche de l'ennemi éloigné n'est plus claire [...]. Combattre l'ennemi lointain et non le proche c'est ignorer deux fois la même réalité parce que […] l'ennemi lointain n'agit qu’à travers l'ennemi proche comme intermédiaire ».14 Pourtant, si en 2011 AQMI avait insisté sur l'ingérence étrangère – croisée et sioniste – non seulement comme une cause fondamentale du sous-développement et de la corruption morale dans le monde arabe, mais aussi comme le principal obstacle entre les révolutions et le changement réel, avec des allusions et des références constantes aussi bien historiques qu’actuelles, en 2019 l'utilisation de cet outil rhétorique est considérablement limitée. À tel point qu'en 2019 les mentions d'ingérence néo-colonialiste non seulement diminuent en nombre, mais elles se concentrent exclusivement sur les relations entre le régime algérien et la France.

Conclusions

Compte tenu de la discréditation et la dévaluation de la légitimité des différents partis attachés aux courants islamistes en raison de leur proximité au pouvoir ces dernières années et de la nature civile des manifestations – où l'islamisme a brillé par son absence – la feuille de route d'AQMI vise à ne pas disparaître complètement de la scène algérienne. Et c'est à cette fin que l'organisation terroriste a consacré une grande partie de ses efforts comme en témoignent le grand nombre de documents publiés.

L'élargissement progressif de son rayon d'action géographique ces dernières années et les résultats obtenus dans d'autres contextes ne cachent pas les difficultés croissantes de l'organisation à maintenir des niveaux de recrutement, d'enracinement, voire même de violence en Algérie. Cependant, les forces de sécurité algériennes ont réussi à réduire leur capacités à des niveaux record.15 En fait, Droukdel lui-même dans un entretien publié dans le magazine Inspire en 2017 a admis que « bien que d'autres fronts tels que la Tunisie, la Libye, le Sahel et le Sahara connaissent un réveil djihadiste sans précédent, le front algérien est depuis longtemps enlisé dans une guerre de longue durée […] et souffre d'une absence presque complète d'individus qui veulent soutenir (la cause) ».16

Outre les enseignements tirés des différents processus révolutionnaires de 2011, deux conclusions principales peuvent être déduites de cette analyse : d'une part, à travers l'adoucissement du ton et du message, AQMI vise à retrouver une présence ne serait-ce que minime sur la scène nationale, en prônant la progressivité, en adoptant des positions moins radicales dans l'application de sa doctrine, puisque cela a remporté de bons résultats sur d'autres fronts.

D’autre part, les changements observés dans son discours montrent clairement comment AQMI se prépare à tirer profit du résultat du hirak quel qu'il soit. En effet, l’incapacité du hirak à atteindre ses objectifs pourrait finir par frustrer une partie du mouvement et amener certaines de ses franges à se radicaliser, ouvrant à nouveau la porte à une possible reprise du recrutement dans les rangs d’AQMI. Enfin, la stratégie adoptée jusqu'à présent par l'organisation pourrait lui permettre, au fur et à mesure de l'évolution du mouvement, de reprendre des appels à la violence plus explicites, exposant à nouveau les limites de la route pacifique ou, le moment venu, de reprendre l'initiative concernant l'utilisation de la violence en essayant de générer une confrontation entre l'État et les masses qui, à moyen terme, pourrait fonctionner à son avantage.

Sergio Altuna Galán
Chercheur associé dans le Programme sur la Radicalisation Violente et le Terrorisme Global de l'Institut Royal Elcano | @wellesbien


1 Bien qu'il s'agisse de deux parties du même document audiovisuel, les deux parties de la vidéo «ادخلوا عليهم الباب » sont comptées indépendamment en raison du fait qu'elles ont initialement été publiées comme telles.

2 Extrait du document intitulé «نداء إلى أهلنا الثائرين في الجزائر », publié le 09/01/2011. Traduction de l'auteur.

3 Extrait du document intitulé «لقاء صحفي للشيخ أبي عبيدة يوسف العنابي مع الصحفي وسيم نصر », publié le 30/05/2019. Traduction de l'auteur.

4 Extrait du document intitulé «قاطعوا مهزلة الانتخابات », publié le 18/04/2012. Traduction de l'auteur.

5 Extrait du document intitulé «لقاء صحفي للشيخ أبي عبيدة يوسف العنابي مع الصحفي وسيم نصر », publié le 30/05/2019. Traduction de l'auteur.

6 Extrait du document intitulé «نداء إلى أهلنا الثائرين في الجزائر », publié le 09/01/2011. Traduction de l'auteur.

7 Conseil consultatif qui agit en tant qu'organe à travers lequel la prise de décision par consensus est effectuée.

8 Extrait du document intitulé «لقاء أبو عبيدة يوسف العنابي مع مؤسسة الأندلس », publié le 20/06/2011. Traduction de l'auteur.

9 Extrait du document intitulé «بيان تكذيب وتحذير », publié le 30/03/2019. Traduction de l'auteur.

10 Extrait du document intitulé « وخاب كل جبار عنيد », publié le 08/12/2019. Traduction de l'auteur.

11 Extrait du document intitulé «لقاء أبو عبيدة يوسف العنابي مع مؤسسة الأندلس », publié le 20/06/2011. Traduction de l'auteur.

12 Extrait du document intitulé «لقاء صحفي للشيخ أبي عبيدة يوسف العنابي مع الصحفي وسيم نصر », publié le 30/05/2019.

13 Utilisé à plusieurs reprises comme fond d’écran dans le document intitulé «وتستمر معركة تحرير الجزائر » publié le 22/02/2020.

14 Magazine Inspire #17, publié le 13/08/2017. Traduction de l'auteur.

15 M. Bachir y A. Kharief (2018), “ANALYSIS: the slow death of al-Qaeda in Algeria”, 01/02/2018, Middle East Eye.

16 Magazine Inspire #17, publié le 13/08/2017. Traduction de l'auteur.

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<![CDATA[ ¡Castigo de Alá! El movimiento yihadista global ante la crisis del COVID-19 ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari52-2020-altuna-garciacalvo-castigo-de-ala-movimiento-yihadista-global-ante-crisis-covid-19 2020-04-21T01:47:49Z

Se analizan las comunicaciones emitidas por dos principales organizaciones del yihadismo global –al-Qaeda y Estado Islámico– sobre la pandemia del coronavirus y sus posibles implicaciones en materia de seguridad para nuestras sociedades

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Tema

Este documento analiza las comunicaciones emitidas por dos principales organizaciones del yihadismo global –al-Qaeda y Estado Islámico– sobre la pandemia del coronavirus y sus posibles implicaciones en materia de seguridad para nuestras sociedades.

Resumen

La crisis del COVID-19 no ha pasado desapercibida para el movimiento yihadista global, caracterizado por su gran capacidad de resiliencia y adaptación a los nuevos contextos. Las dos principales organizaciones de referencia en la actualidad han difundido comunicaciones oficiales en las que ofrecen su particular visión de los hechos. Sin embargo, aunque el diagnóstico es coincidente, la respuesta varía en función de si nos referimos a al-Qaeda, más ideológico, o a Estado Islámico, que se dirige de forma más directa y enérgica a sus seguidores. En cualquier caso, ambas organizaciones yihadistas tratan estratégicamente de sacar provecho en este momento de incertidumbre. Ante las lecciones que estos grupos puedan extraer de la pandemia, nuestras sociedades deben estar preparadas ante eventuales evoluciones de la amenaza, como por ejemplo el bioterrorismo.

Palabras clave

Terrorismo yihadista, COVID-19, coronavirus, al-Qaeda, Estado Islámico.

Análisis

La crisis del COVID-19 y el frenético desarrollo de los acontecimientos que han acompañado la evolución de la pandemia no han pasado desapercibidos para el yihadismo global. Todo lo contrario, la magnitud de los acontecimientos retrata perfectamente la naturaleza del movimiento: uniformidad y monotonía en su exégesis de lo acontecido, homogeneidad en su oportunismo acelerado y heterogeneidad y desacuerdo en la respuesta. Momentos de incertidumbre y grandes cambios como los actuales resultan especialmente apetecibles para el salafismo-yihadista en tanto en cuanto ponen de manifiesto algunas de nuestras debilidades como sociedad, explotables por las organizaciones violentas inspiradas en esta ideología. Ahora bien, no es menos cierto que la pandemia también ha dejado al descubierto las costuras del movimiento, evidenciando la contienda abierta entre los múltiples posicionamientos doctrinales existentes y certificando la incoherencia de no pocas de sus lecturas al respecto de la pandemia.

Por norma general resulta relativamente complicado seguir la comunicación oficial de los grupos yihadistas en tiempo real. De hecho, el acceso a este tipo de contenido se volvió sensiblemente más difícil tras el duro golpe asestado por Europol a sus sistemas de diseminación a finales de 2019.1 Además, los automatismos tecnológicos desarrollados hacen que, afortunadamente, los documentos duren poco tiempo en la red y resulten más difícilmente accesibles. Por otro lado, la exitosa estrategia inicialmente desarrollada por Estado Islámico –posteriormente replicada por otras organizaciones yihadistas– de descentralizar la producción mediática y empoderar al individuo supuso un crecimiento exponencial del número de simpatizantes activamente involucrados en la producción de contenidos. Estos acólitos –conocidos en la jerga como munāṣirūn– exhiben un elevado nivel de compromiso y aunque no representan oficialmente a la organización son capaces de generar contenidos de sorprendente factura técnica que sirven no sólo para amplificar la percepción subjetiva de la amenaza sino también para deformar el tamaño real de los diferentes grupos terroristas y difuminar su estructura organizativa.

Analizar cómo se están interpretando los acontecimientos desde el yihadismo global requiere, pues, alejarse de llamativos pósteres e infografías con idealizados combatientes y representaciones del virus sobre el fondo de alguna ciudad europea. Huelga decir que también el clickbait llegó hace tiempo a los medios terroristas; generar ruido mediático en el momento apropiado o atraer la atención de su público objetivo sobre un contenido en particular son elementos fundamentales de su estrategia. El presente documento fundamenta su análisis y sus conclusiones exclusivamente en la información obtenida de las comunicaciones oficiales publicadas por las dos principales organizaciones yihadistas de ámbito global, al-Qaeda y Estado Islámico, así como en los mensajes difundidos por reconocidos eruditos y académicos de la corriente salafista yihadista.

Lecturas, demagogia y discordia

Una panorámica general de las diferentes interpretaciones de lo ocurrido no deja entrever grieta alguna: ¡castigo de Alá! No obstante, aunque se puede sentenciar que existe una lectura general compartida entre los grupos, hay matices que merece la pena explorar. El castigo divino a los países no musulmanes, motivo de regocijo, atendería a múltiples causas, una de ellas compartida: su infidelidad (kufr).2 Sin embargo, donde al-Qaeda ve la usura, pilar de las economías occidentales, como causa fundamental de la ira de Alá, Estado Islámico interpreta la pandemia como una venganza contra Occidente por lo que hicieron en los sitios de Baghuz, Sirte y Mosul, donde “aprovecharon el confinamiento para que la enfermedad y el hambre hicieran parte del trabajo sucio”.3 Aunque para llegar a estas reflexiones el tratamiento y las referencias sobre la pandemia han ido evolucionando desde que comenzase siendo descrita como “un castigo impuesto a la nación idólatra de China por sus crímenes contra la comunidad uigur”,4 pasase por tratarse de “la venganza de Alá contra Irán por su apoyo al régimen sirio”5 o la penitencia de Occidente por haber sentado las bases del capitalismo. La lectura de la actualidad en clave yihadista es complicada y, evidentemente, su exégesis les hace incurrir en inconsistencias.

Algo que pone de acuerdo a ambos grupos es la clara discriminación que, en su opinión, la pandemia realiza de las naciones según sean o no de mayoría musulmana. El COVID-19 ha golpeado de forma dispar a lo largo y ancho del planeta y el impacto en países o comunidades musulmanas, mucho menor al menos por el momento, sería según al-Qaeda “una consecuencia de sus pecados y una oportunidad de retornar a lecturas más ortodoxas de la religión”.6 Es más, numerosos argumentos orientados a explicar el porqué de este contagio desigual presentan, como no podría ser de otra forma, elevadas dosis de hipocresía. Si bien por un lado se alaba la importancia que el islam concede a la higiene como medio de prevención de contagios, algo por otro lado cierto, se llega a explicitar que el contagio es imposible si las abluciones se realizan correctamente o que “quien piense que se infectará con la enfermedad de Corona acabará enfermando y quien piense que Alá lo protegerá de esta no la contraerá”.7

La demagogia también ha tenido una especial incidencia en la lectura que desde el salafismo yihadista se ofrece. Mención especial para algunos eruditos yihadistas como Abu Muhammad al-Maqdisi, para quien el Coronavirus ha cerrado el debate sobre si las mujeres se deben o no cubrir el rostro imponiendo el uso obligatorio de mascarillas.8 Otro argumento de resonancia transversal en la comunidad de eruditos yihadistas es la exaltación de Abdallah Corona, apelativo utilizado por Abu Basir al-Tartusi, por haber conseguido clausurar bares, discotecas y otros centros de corrupción moral y vicio.

Sin embargo, la relativa afinidad existente en la lectura general se desmorona al profundizar en los debates más complejos. Las divisiones existentes nada tienen de nuevo y los acontecimientos actuales, lejos de generar consenso en el seno de la corriente salafista yihadista, hacen aflorar las diferencias. Una de las cuestiones más debatidas es si se debe o no proceder al cierre de mezquitas y en qué términos. Sobre este tema se han posicionado entre otros Abu Basir al-Tartusi y Abdullah al-Muhaysini, cercanos ambos a la órbita de al-Qaeda, quienes coinciden en que “los sermones de los viernes solo podrían prohibirse en un supuesto: cuando los pacientes sean decenas o cientos de miles, o si los contagiados superan en número a los ciudadanos saludables”.9 Una lectura que sin duda contrasta con la posición adoptada por la mayoría de países de mayoría musulmana como, por ejemplo, Arabia Saudí y la República Islámica de Mauritania, por citar solamente dos en los que la religión tiene más peso. No obstante, incluso el Gobierno de Salvación Nacional de Siria, del que forma parte Hayat Tahrir al-Sham –hasta hace poco rama oficial de al-Qaeda en Siria bajo la denominación de Jabhat al-Nusra–, anunció recientemente la suspensión de los sermones de los viernes por motivos de seguridad sanitaria.10

Otro de los temas objeto de debate, tanto entre organizaciones como entre predicadores e ideólogos afines, radica en las súplicas a Alá. La posición de Estado Islámico no admite dudas al respecto: puede implorarse la destrucción de todo aquello que no guarde relación con el islam (la economía, las personas, los bienes materiales, etc.). En el seno de la otra gran organización terrorista, sin embargo, las cosas no están tan claras. Por un lado, la cúpula de al-Qaeda insta a los ciudadanos de Occidente a reflexionar y a convertirse al islam tras haber comprobado que sus ejércitos, su tecnología y sus riquezas de nada sirven frente al coronavirus.11 Por otro lado, entre la pléyade de literatos más o menos cercanos a su órbita encontramos que si bien el doctor Iyad al-Qunaibi se posicionaba contrario a implorar la muerte de no musulmanes (debido a que existe la posibilidad de que se conviertan al islam en el futuro),12 Abu Muhammad al-Maqdisi desmontaba los argumentos de éste en un reciente artículo a modo de réplica titulado “No hay nada de malo en que un musulmán suplique en sus oraciones por la muerte de los infieles, ya sea por coronavirus u otros”.13

Maniobrando para maximizar el rédito en una situación de excepción

La superficialidad de la interpretación de los acontecimientos no debe en ningún momento hacernos desviar la atención de lo importante. Algo característico del terrorismo yihadista, además de su resiliencia y su capacidad de adaptación a los distintos contextos, es su profundo conocimiento de las sociedades occidentales y la a menudo certera lectura de sus debilidades que realizan. Lejos de errar el tiro, la lectura en clave económica y –según sus propias apreciaciones– la consecuente fragilidad actual de las bases sobre las que se sustenta nuestro Estado del bienestar inundan el mensaje de ambas organizaciones, que animan a socavarlos como sea posible. Asimismo, desde ambas organizaciones terroristas se hace hincapié en rentabilizar “el actual derrotismo de buena parte de la sociedad y aprovechar el abatimiento psicológico”14 de la gente, incapaz por el momento de encontrar explicaciones a lo ocurrido.

Disgregar las estrategias específicas que cada organización ha desplegado en su propaganda oficial nos permite profundizar en la materia de forma más rigurosa. Al-Qaeda, organización de tradición más cultivada y elitista, continúa intentando proyectarse como el grupo elegido para guiar a la umma. De hecho, considera su deber consolar a la comunidad en estos complicados momentos y disponer las posibles alternativas estratégicas para salir adelante. Para ello, fundamenta su estrategia en una lectura esencialmente teológica de los acontecimientos y esquematiza las líneas directrices de una estrategia integral en base a conceptos clásicos de la doctrina salafista. Por un lado, insta a eruditos, ulemas y predicadores a que, cercanos como nos encontramos al comienzo del mes de Ramadán –período de conquistas y victorias en el imaginario musulmán–, aprovechen la oportunidad para promover la yihad y llamar al levantamiento frente al opresor. Ello refiriéndose a los gobiernos locales, aunque la separación terminológica entre enemigo cercano y enemigo lejano carezca actualmente de vigencia en la ideología de al-Qaeda.15 Por otro lado, la organización también proyecta sus propias expectativas en Occidente esperando que se produzcan cambios políticos y sociales que favorezcan sus intereses gracias a esta situación de excepción. Por último, apoyándose en conceptos de especial resonancia en la doctrina salafista, también hace un llamamiento para liberar a otros prisioneros musulmanes (descritos como reformistas, es decir, de su misma ideología) y exhorta a la unión de los diferentes grupos bajo un mismo estandarte.16

Estado Islámico, más directo e impetuoso en sus mensajes, demuestra un mayor atrevimiento al exponer sus intenciones. Cabe destacar que, pese al carácter descentralizado de su aún prolífica producción mediática, la gestión de la información relativa a la pandemia recae exclusivamente en el boletín semanal al-Nabā. Además, a diferencia de lo que ocurre con al-Qaeda, Estado Islámico no dispone de una red de eruditos fundamentalistas más o menos cercanos a los planteamientos de la organización que ejerzan –según convenga– como amplificadores o contrapeso ideológico del mensaje. En sus diferentes artículos dedicados a la pandemia, la organización otrora liderada por al-Baghdadi describe a un Occidente atemorizado que suplica para que la pandemia no coincida con atentados en grandes ciudades, teniendo en cuenta que los sistemas de salud se encuentran ya al máximo de su capacidad. Por otro lado, fundamentando la otra pata de su estrategia en su lema característico, “permanecer y expandirse”, la organización terrorista se dice dispuesta a explotar la retirada de tropas internacionales en alguna zona de su interés para intentar retomar la senda de las conquistas.17

No obstante, si bien las estrategias generales de cada grupo permiten vislumbrar los ejes de actuación, existen también consignas vehiculadas a través de otros foros que conviene tener muy en cuenta por su explicitud. Buena parte de estas prescripciones giran en torno al acceso a la información y al mensaje. Ulemas de orientación yihadista como al-Maqdisi y Abu Qatada, teniendo en cuenta la prohibición de acudir a las mezquitas –en vigor en muchos países– urgen a los musulmanes a autoorganizarse en torno mezquitas privadas, independientes y con un mensaje puro, lejos del control de las autoridades. De otra parte, además del plano físico, tampoco se descuida el virtual, haciendo especial énfasis en la situación de aislamiento en la que se encuentran las personas y la indefensión a la que esto expone a colectivos vulnerables. Para explotar esta realidad se hace un llamamiento a redoblar los esfuerzos orientados a hacer que los mensajes estén disponibles en tiempo y forma para el público objetivo.18

Finalmente, los yihadistas también son conscientes de la crisis de liderazgo que atraviesa Occidente. En dicho sentido se pronuncian poniendo de manifiesto el negativo impacto que la pandemia está teniendo sobre la imagen de quienes consideran sus enemigos. Abu Qatada al-Filistini lo ejemplificaba citando las políticas aplicadas por el Reino Unido, a quien acusaba de “dejar morir a sus ancianos para desembarazarse del oneroso coste que suponen para las arcas del Estado”.19 Abu Muhammad al-Maqdisi, por su parte, apuntaba a la merma que la pandemia provocaría en la fascinación que habitualmente Occidente suscita en los ciudadanos de países de mayoría musulmana, alejándolos de su religión y sus raíces.20

Conclusiones

La habilidad de las organizaciones yihadistas a la hora de incorporar la actualidad a su discurso y a sus estrategias propagandistas para no caer en la irrelevancia mediática no implica capacidad real de convertir sus amenazas en realidad. Es importante no quedarnos con lo llamativo o lo provocador y, en tal sentido, varios aspectos deben centrar nuestra atención, tanto en el ámbito internacional, como en el regional y nacional.

El plano internacional es sin duda el más complejo de gestionar. Tanto África como varios países de Oriente Medio se encuentran al principio de la curva de evolución de la pandemia y no son pocas las voces que se pronuncian vaticinando un desastre. La evolución de la pandemia y la gestión que los diferentes gobiernos lleven a cabo podrían tanto agravar algunas de las numerosas crisis existentes como abrir nuevos focos de inestabilidad, creando unas condiciones favorables para la proliferación del radicalismo. Asimismo, la retirada de parte de los contingentes internacionales de zonas en las que se hayan desplegados –aspecto en el cual, además, ya han incidido tanto Estado Islámico21 como la rama de al-Qaeda en el Sahel–22 y la más que posible contracción de las partidas destinadas a la cooperación al desarrollo puede facilitar la expansión territorial de grupos terroristas en zonas transfronterizas o de escaso control por parte de las autoridades locales. Especial atención para los intereses de España merece lo que ocurra en nuestra frontera avanzada, principalmente en el norte de Mali, y en la triple frontera que conforman Mali, Níger y Mauritania.

En esta orilla del Mediterráneo, la amenaza del terrorismo global para Europa en general y España en particular es en la actualidad de naturaleza eminentemente endógena, protagonizada por hombres y mujeres radicalizados en el contexto del conflicto de Siria e Irak, que puede manifestarse a través de planes o comisión de atentados más o menos sofisticados. Sin embargo, a la luz de las lecciones que los yihadistas puedan extraer de la crisis del coronavirus, podrían darse otros más ambiciosos conectados con los directorios de las principales organizaciones yihadistas basadas en el exterior, como los de bioterrorismo.23 En este sentido, la Estrategia Nacional contra el Terrorismo, de febrero de 2019, alude específicamente a fortalecer medidas de control y de los sistemas de alerta temprana, sobre bioterrorismo mediante el uso de sustancias nucleares, radiológicas, biológicas y químicas (NRBQ), capacidades que tras esta crisis deben de ser efectivamente desarrolladas de manera simultánea a otras complementarias para la gestión de pandemias presentes en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2017. Igualmente, ante el endurecimiento del discurso yihadista dirigido a las comunidades musulmanas, conviene abordar la revisión pendiente del Plan Estratégico Nacional de Lucha Contra la Radicalización Violenta (PEN-LCRV), aprobado en 2015, reforzando las acciones en el plano virtual, medio al que el yihadismo global concede especial consideración y que cobra ahora mayor relevancia ante las medidas de distanciamiento social adoptadas.

En suma, las organizaciones yihadistas han demostrado en el pasado su capacidad para adaptarse a una realidad cambiante y sacar provecho de las situaciones de desorden y caos extremo. En este contexto, las comunicaciones oficiales emitidas en las últimas semanas ponen de manifiesto un oportunismo acelerado, lo que no implica capacidad objetiva de convertir sus amenazas en realidad. Sin embargo, este momento debería ser aprovechado por nuestras sociedades para desarrollar y adaptar sus sistemas de prevención y respuesta ante posibles evoluciones de la amenaza yihadista como, por ejemplo, en relación con el bioterrorismo, en las distintas formas en las que este pueda manifestarse. Ante una de las amenazas paradigmáticas del mundo globalizado, la cooperación internacional a todos los niveles será esencial.

Sergio Altuna Galán
Investigador asociado en el Programa sobre Radicalización Violenta y Terrorismo Global del Real Instituto Elcano

Carola García-Calvo
Investigadora principal del Programa sobre Radicalización Violenta y Terrorismo Global del Real Instituto Elcano, y profesora asociada de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC)


2 Carola García-Calvo (2020), “Crisis del coronavirus: la pandemia según los yihadistas”, Blog Elcano, Real Instituto Elcano, 20/III/2020.

3 Al-Nabā, boletín oficial de Estado Islámico, nº 226, 19/III/2020.

4 Al-Nabā, boletín oficial de Estado Islámico, nº 220, 6/II/2020.

5 Al-Nabā, boletín oficial de Estado Islámico, nº 223, 27/II/2020.

6 “The way forward: a word of advice on the coronavirus pandemic”, Mando General de al-Qaeda, 31/III/2020.

8 Artículo publicado en la web IlmRadio el 23/III/2020.

9 Abdullah al-Muhaysini en su blog al-Khandaq (“La Trinchera”), 17/III/2020.

10 Decreto publicado el 2/IV/2020 por la Oficina del Primer Ministro del Gobierno Sirio de Salvación.

11 “The way Forward: a word of advice on the coronavirus pandemic”, Mando General de al-Qaeda, 31/III/2020.

12 Opinión formulada en su canal de Youtube el 23/III/2020.

13 Artículo publicado en la web IlmRadio el 30/III/2020.

14 Al-Nabā, boletín oficial de Estado Islámico, nº 227, 26/III/2020.

15 Inspire#17 (عمليات حرف مسار القطارات إنسباير العدد ), 13/VIII/2017.

16 “The way forward: a word of advice on the coronavirus pandemic”, Mando General de al-Qaeda, 31/III/2020.

17 Al-Nabā, boletín oficial de Estado Islámico, nº 226, 19/III/2020.

18 Abu Muhammad al-Maqdisi en su blog al-Tawhid Awalan, 23/III/2020.

19 Abu Qatada al-Filistini en su canal oficial de difusión de contenidos en Telegram, 18/II/2020.

20 Abu Qatada al-Filistini en su canal oficial de difusión de contenidos en Telegram, 27/III/2020.

21 Al-Nabā, boletín oficial de Estado Islámico, nº 226, 9/IV/2020.

22 “Al Qaeda reclama un nuevo ataque en Malí y pide a Francia que haga ‘como España’ y retire sus tropas”, Europa Press, 10/IV/2020.

23 Fernando Reinares (2020), “COVID-19 y bioterrorismo”, Comentario, nº 29/2020, Real Instituto Elcano, Madrid.

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<![CDATA[ COVID-19 y bioterrorismo ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/comentario-reinares-covid-19-y-bioterrorismo 2020-03-23T11:24:55Z

La pandemia del COVID-19 pone de manifiesto que ni en el nivel nacional, europeo o global, estábamos en condiciones de reaccionar adecuadamente. Extraer lecciones será fundamental para afrontar otras, incluidas las imaginables como bioterrorismo.

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Pongámonos por un momento en la mente de un ideólogo o de un estratega que pertenezca al mando central de alguna importante organización yihadista. Bien podría tratarse de una de las dos organizaciones yihadistas con liderazgo reconocido, estructuras descentralizadas y alcance global, cuyos respectivos repertorios de violencia colectiva tienen en común el hecho de que otorgan preferencia al uso sistemático del terrorismo. Es decir, podría tratarse tanto de al-Qaeda como de Estado Islámico. Pues bien, puestos en la mente de ese ideólogo o de ese estratega al que aludo, consideraríamos plausible que actualmente esté contemplando a través de los medios de comunicación y de las redes sociales, desde algún lugar situado en, por ejemplo, el sur de Asia, en Oriente Medio o en el oeste de África, cómo la pandemia del COVID-19 está alterando drásticamente el funcionamiento ordinario de las instituciones políticas y el normal desenvolvimiento de la sociedad civil en países que definiría, textualmente, como territorio de guerra dominado por infieles y que corresponden al mundo occidental.

“La extensión y la letalidad del COVID-19 están poniendo de manifiesto que ni en el nivel nacional, ni en el europeo, ni en el global, estábamos en condiciones de reaccionar adecuadamente”.

No nos costaría demasiado imaginar, puestos en la mente de ese ideólogo o de ese estratega yihadista, que estos días estuviese además pensando en cómo los atentados del 11 de septiembre de 2001, pese al excepcional impacto que tuvieron, no impidieron que la inmensa mayoría de los estadounidenses, aun sobrecogidos por tan inesperado acto de megaterrorismo, continuasen con sus rutinas cotidianas sin que se clausuraran empresas ni se cancelaran espectáculos. Tampoco se nos antojaría raro que discurriese sobre cómo, pese a su alta letalidad y a la indudable conmoción que ocasionaron, los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid o los del 7 de julio de 2005 en Londres no derivasen en una perturbación tan severa de la vida social y de las economías nacionales. Ni nos resultaría extraño que diera vueltas a cómo el enorme impacto de los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París no hizo que los ciudadanos franceses se confinaran temerosos en sus hogares durante semanas o que las autoridades cerraran escuelas, universidades, salas de concierto, hoteles y restaurantes.

Es muy probable que ese ideólogo o estratega yihadista esté convencido de que la pandemia que se extiende por Europa Occidental y Norteamérica es un castigo que Alá hace recaer sobre los no musulmanes. Puestos en su mente, sin embargo, podemos entender con facilidad que esté mascullando si, una vez que Occidente supere la crisis del coronavirus que en estos momentos observa a través de la prensa online y de las aplicaciones de mensajería instantánea, incluso sin conocer todavía cuáles serán la duración y los efectos finales de la misma, no sería posible volverlo a sumir en otra que conllevara su irreversible decadencia. Una nueva crisis derivada no ya de una gran epidemia o una pandemia desencadenada a partir de un brote natural sino mediante la liberación intencionada de patógenos virales suficientemente dañinos y contagiosos. Ello causaría decenas o centenares de miles de muertos y un pánico en millones de personas que, agravado por el carácter provocado de la propagación de la enfermedad, desbarataría los fundamentos del orden social occidental. Eso es bioterrorismo.

Pero un ataque bioterrorista de esa magnitud, similar o mayor en sus efectos sociales y económicos a los que está produciendo el COVID-19, requiere de unos medios que, como el ideólogo o el estratega en cuya mente nos hemos puesto reconocería, no están hoy al alcance de las organizaciones yihadistas. Aunque tanto al-Qaeda cuando tenía su base en Afganistán, como Estado Islámico mientras impuso su califato en Siria e Irak, han mostrado interés en utilizar con propósitos terroristas bacterias o toxinas, cabe deducir que si no lo han conseguido es debido a su incapacidad para aunar el conocimiento, los materiales y la infraestructura necesarios. Es improbable, más aún respecto a la obtención, multiplicación y diseminación de patógenos virulentos, que estas condiciones cambien a corto plazo, aunque serán distintas si esas organizaciones yihadistas movilizan una masa crítica de extremistas con formación o experiencia científica, consiguen acceso a recursos tecnológicos en laboratorios, se establecen en nuevos santuarios o negocian acuerdos con algún proveedor estatal.

“Las medidas de protección necesarias ante una pandemia como la que estamos viviendo y las que nos prepararían ante otra derivada de un ataque bioterrorista coinciden en gran parte”.

Ahora bien, ¿acaso un ataque bioterrorista diseñado para ocasionar una gran epidemia regional o una pandemia que, como la del COVID-19, previsiblemente incida con especial intensidad sobre las sociedades occidentales no pondría en peligro la vida de los propios terroristas o de musulmanes residentes en ellas? El ideólogo o estratega en cuya mente nos hemos puesto tendría respuestas que dar a esta pregunta. En primer lugar, definiría como acto de martirio la muerte de cualquier yihadista que pereciera tras haberse implicado directa o indirectamente en el ataque. En segundo lugar, aduciría que, antes de llevar a cabo el ataque, su organización cumpliría con la obligación religiosa de instar a los infieles a que se conviertan y de advertir a los musulmanes que emigren hacia territorios del islam. Por último, siempre podrá acudir a algún conocido doctrinario salafista que alegaría un hadiz como prueba literal de que no hay transmisión de enfermedades infecciosas sin permiso de Alá, de que el contagio de una persona sana por otra infectada sólo ocurre si es voluntad de Alá. Añádase a todo ello que los actores individuales y colectivos del yihadismo global cuentan desde 2003 con un edicto religioso que justifica la utilización de armas de destrucción masiva si disponen de ellas y no pueden derrotar a los infieles por otros medios.

La realidad del COVID-19 y la generalizada zozobra que está produciendo en un buen número de naciones occidentales, además de la crisis ocasionada en China, de donde procede el brote de ese coronavirus, o de la inquietud en distintos países de otras regiones del mundo, nos sitúan frente a la amenaza real de una pandemia de origen natural y diseminada involuntariamente. Pero también nos emplaza a reflexionar sobre la amenaza potencial de una epidemia a escala regional o de una pandemia derivada del bioterrorismo. La probabilidad de que una organización yihadista consiga preparar y ejecutar un ataque bioterrorista comparable en sus resultados a la enorme crisis del nuevo coronavirus desencadenada por una masiva infección que tiene en Europa Occidental el epicentro de su transmisión, es baja. Pero la realidad del COVID-19 permite vislumbrar su posibilidad, incluso como amenaza existencial. Sin olvidar que los terroristas inspirados por la ideología del salafismo yihadista no son los únicos supremacistas que, en las últimas décadas, han aspirado a utilizar el bioterrorismo.

Las medidas de protección necesarias ante una pandemia como la que estamos viviendo y las que nos prepararían ante otra derivada de un ataque bioterrorista coinciden en gran parte. Esas medidas, basadas en la prevención, la detección y la respuesta, muy especialmente en lo que atañe a la existencia de vacunas que permitan contener y mitigar la propagación de un virus, pero también a la cobertura de los sectores sociales más vulnerables y al mantenimiento de la seguridad pública, exigen programas de anticipación y emergencia diseñados de manera coordinada en el ámbito nacional, que en escenarios tan interconectados como el de la UE han de ser complementados con iniciativas regionales a su vez enmarcadas en una estrategia global. La extensión y la letalidad del COVID-19 están poniendo de manifiesto que ni en el nivel nacional, ni en el europeo, ni en el global, estábamos en condiciones de reaccionar adecuadamente. Extraer lecciones de lo que está pasando será fundamental para afrontar otras pandemias, incluidas las imaginables como bioterrorismo. El estratega o el ideólogo yihadista en cuya mente nos acabamos de poner también extraerá las suyas.

Fernando Reinares
Director del Programa sobre Radicalización Violenta y Terrorismo Global en el Real Instituto Elcano y catedrático de Ciencia Política y Estudios de Seguridad en la Universidad Rey Juan Carlos | @F_Reinares

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<![CDATA[ AQMI frente al hirak: modulación del discurso a la espera de una ventana de oportunidad en Argelia ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari23-2020-altuna-aqmi-frente-al-hirak-modulacion-del-discurso-espera-una-ventana-de-oportunidad-en-argelia 2020-03-12T02:22:35Z

¿Cuáles son las similitudes y deferencias del discurso utilizado por AQMI en su propaganda oficial alusiva a las protestas que tuvieron lugar en Argelia en 2011 y durante las manifestaciones adscritas al hirak a partir de 2019?

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Versión en francés: AQMI face au hirak: modulation du discours en attendant une fenêtre d'opportunité en Algérie.

Tema

¿Cuáles son las similitudes y deferencias del discurso utilizado por AQMI en su propaganda oficial alusiva a las protestas que tuvieron lugar en Argelia en 2011 y durante las manifestaciones adscritas al hirak a partir de 2019?

Resumen

El presente documento realiza una aproximación a la evolución del discurso de al-Qaeda en el Magreb Islámico mediante el análisis de las similitudes y diferencias apreciadas en el lenguaje, el tono y el estilo utilizado en su propaganda oficial relativa a las protestas que tuvieron lugar en Argelia en 2011 y del movimiento de protesta popular conocido como hirak. A través del análisis realizado queda patente cómo, aplicando las lecciones aprendidas extraídas del período 2011-2012, la estrategia discursiva de la organización terrorista ha evolucionado, intentando posicionarse para rentabilizar el desenlace del hirak sea cual sea.

Análisis

El presente documento examina las similitudes y diferencias apreciables en el discurso de al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) al comparar el lenguaje, el tono y el estilo de su producción propagandística durante las protestas que tuvieron lugar en Argelia en 2011 y del movimiento de protesta popular –conocido como hirak articulado en torno a las manifestaciones transversales pacíficas y multitudinarias que puntualmente se suceden desde el 16 de febrero de 2019.

El paso del tiempo permite fácilmente limitar la descripción de las protestas de 2011 como un amago de cabalgar la ola revolucionaria que comenzó a sacudir la región hace casi una década. Resulta, sin embargo, más complicado describir de manera concisa la actual ola de protestas en el país sin sacrificar con ello muchos de los múltiples y necesarios matices para obtener una imagen clara del fenómeno. Lo que es más, englobar los acontecimientos dentro de la conocida como “Primavera Árabe” nos privaría también de una explicación inevitablemente profunda, convirtiéndose en una simple descripción no razonada de los hechos que no permitiría enlazar lo que ocurre con las cuitas irresolutas de la guerra de Independencia, las manifestaciones y los disturbios de octubre de 1988, el Decenio Negro, etc. Asimismo, no limitar temporalmente un período de manifestaciones populares de objetivos no siempre compartidos nos impediría permear según qué capas de análisis.

A efectos del presente análisis, se han recopilado todos los documentos originales relativos a ambos procesos producidos por AQMI. Los criterios sobre los que se fundamenta la elección de los documentos analizados son los siguientes: en primer lugar, que el documento pueda ser considerado como oficial; es decir, que provenga de alguna de las agencias de medios de AQMI (al-Andalus Media o Ifriqiyā al-Muslima) y hubiese sido publicado a través de sus canales habituales. Y, asimismo, que el documento se publicase inicialmente en árabe, delimitando de esta manera el público objetivo del mensaje. En segundo lugar, que el tema principal del documento sea bien el conato de revolución de 2011, bien el movimiento popular de protesta comúnmente conocido como hirak o, en su defecto, sobre acontecimientos directamente ligados a estos como la organización de elecciones, el anuncio de reformas, etc.

Teniendo en cuenta estos parámetros, la muestra objeto de análisis consta de ocho (8) documentos individuales relativos a las protestas de 2011 (seis documentos de audio y dos documentos de vídeo) y ocho (8) documentos relativos al hirak (seis documentos de audio y dos documentos escritos). Los títulos originales, la fecha de publicación y el formato se detallan a continuación en la Figuras 1 y 2.

Figura 1. Documentos publicados por AQMI sobre las protestas de 2011
Título original Fecha de publicación Formato
نداء إلى أهلنا الثائرين في الجزائر 9/I/2011 Audio
رسالة إلى أهل العلم والدعوة 29/I/2011 Audio
لقاء مؤسسة الأندلس مع الشيخ أبي عبيدة يوسف العنابي 20/VI/2011 Audio
11دخلوا عليهم الباب 15/VII/2011 Vídeo
2 ادخلوا عليهم الباب 15/VII/2011 Vídeo
ه1432 خطبة عيد الأضحى لعام 11/XI/2011 Vídeo
خطاب لأهلنا في الجزائر وحرض المؤمنين 15/I/2012 Audio
قاطعوا مهزلة الانتخابات 18/IV/2012 Audio

Nota: dos de los documentos analizados, pese a guardar relación directa y cumplir estrictamente los criterios que delimitan la muestra objeto de análisis, fueron publicados a principios de 2012.
Fuente: el autor.

Figura 2. Documentos publicados por AQMI respecto del hirak
Título original Fecha de publicación Formato
الجزائر والخروج من النفق المظلم 10/III/2019 Audio
قراءة سياسية للقرارات الأخيرة لرئاسة الجزائر 20/III/2019 Escrito
بيان تكذيب وتحذير! 30/III/2019 Escrito
نعيذكم بالله أن تتراجعوا 4/IV/2019 Audio
اللقاء الصحفي للشيخ عبيدة يوسف العنالي مع الصحفي وسيم نصر 30/V/2019 Audio
يا أحرار الجزائر لا تبرحوا أماكنكم 13/VIII/2019 Audio
كلمات بين يدي الأحداث في الجزائر 20/XI/2019 Audio
وخاب كل جبار عنيد 8/XII/2019 Audio

Nota: algunos de los documentos considerados como documentos de audio incorporan vídeos cortos de contexto como introducción al mensaje principal.
Fuente: el autor.

Históricamente, uno de los puntos fuertes de la red de al-Qaeda –y posteriormente de las organizaciones bajo su paraguas– ha residido en su capacidad de interpretar acontecimientos y articular un discurso que entroncase directamente con la percepción y la opinión de su público objetivo al tiempo que favorecía su estrategia y sus propósitos. Ejemplos de ello en diferentes contextos históricos y geográficos son la representación de la guerra de Bosnia como un genocidio de su población musulmana, la caracterización de la invasión de Irak en 2003 como una reedición de las cruzadas impulsadas por la Iglesia Católica durante la Edad Media o alegorizar –a partir de 2011– a Bashar al-Assad como si de una extensión de la figura coránica del faraón se tratase.

Es evidente que AQMI, como organización terrorista que busca tensionar el sistema a través de la violencia para alterarlo, tiene especial interés en que se generen períodos de inestabilidad de los que poder beneficiase. Y como tal, un movimiento de protesta frente al régimen establecido como el que actualmente vive Argelia supone una ventana de oportunidad enormemente interesante. Ahora bien, las dificultades connaturales al hecho de desarrollar un análisis sólido, congruente y razonado –que no racional– respecto de un proceso en constante evolución no son ajenas a la construcción de la estrategia discursiva de ninguna organización de este tipo. Y los escollos son numerosos: combinar las dinámicas globales y las locales, continuar alimentando su propio mito, cumplir las expectativas de la militancia sin que ello afecte al reclutamiento, no incurrir en inconsistencias discusivas, etc.

Similitudes entre 2011 y 2019: qué ocurre y quiénes son los culpables

Como en cualquier estrategia de comunicación que se precie, y aunque haya transcurrido prácticamente una década entre ambos procesos, hay partes fundamentales del discurso de AQMI que se repiten de manera idéntica. Obviamente, resulta necesario disponer de un estado constructo que pueda ser leído e interpretado de igual manera tanto por el emisor como por el receptor, una base común sobre la que poder incorporar contenidos.

En tal sentido, el primer punto que se repite como un mantra es la representación de los acontecimientos como la continuación de un proceso inconcluso de independencia calificado como “espurio” por Abdelmalek Drukdel2 en su primera alocución respecto de las protestas de 201 1 y que, “debido tanto a la naturaleza insurgente del pueblo argelino como a su integridad moral”,3 de manera recurrente resurge en forma de levantamientos populares o revoluciones como ya ocurriera –siempre según AQMI– en 1988 y en 1992. Asimismo, haciendo gala del victimismo tan característico del argumentario yihadista, AQMI justifica el fracaso de los diferentes procesos culpabilizando a Occidente en general y a Francia en particular por el apoyo brindado al régimen apóstata y colaboracionista.

De la misma manera, otro razonamiento que se repite de forma transversal y con el que AQMI pretende eximirse de responsabilidad alguna respecto de pasados fracasos es, en palabras de Abdelmalek Drukdel, “que hasta que no consideremos el retraso de la independencia como parte del fracaso de la guerra de liberación no podremos considerar el retraso de la implantación de un estado islámico como el fracaso de la yihad”.4

Otro aspecto fundamental de la comunicación de AQMI respecto de ambos procesos es la identificación de la institución militar como enemigo principal. Y no sólo después de que Abdelaziz Bouteflika fuese depuesto en abril de 2019 y el papel real de la elite militar argelina volviese a evidenciarse, sino de forma clara también desde el comienzo de las protestas a principios de 2011. Ello, eso sí, sin perjuicio de incluir también entre sus objetivos prioritarios “a todos aquellos altos funcionarios e instituciones políticas cuya función emane de su impiedad”.5 Las llamadas al arrepentimiento del enemigo no sólo son también una constante en ambos períodos analizados, se suceden de forma más frecuente que en otros documentos propagandísticos.

Por último, merece la pena reseñar la importancia que AQMI concede al papel que desempeñan ulemas e imames durante los períodos de manifestaciones populares. En su comunicación, AQMI incide en dos aspectos diferentes en reiteradas ocasiones: por un lado, denuncia el papel de predicadores y demás clérigos al servicio del régimen, previniendo a su vez a los manifestantes frente a los efectos adversos que seguir sus consejos puede acarrear para la movilización. Por otro, y quizá más importante, tanto en 2011 como en 2019, en un intento claro de aprovechar la coyuntura para legitimar sus posicionamientos, realiza insistentes llamadas para que “predicadores e imames se unan a la juventud musulmana y lideren la batalla […] con el objetivo de derrocar el sistema apóstata y secular y establecer un régimen islámico”,6 instando en repetidas ocasiones a este colectivo a declarar la yihad.

Diferencias entre 2011 y 2019: el tono del discurso y el papel de AQMI

En 2019, quizá liberada de otros frentes urgentes que atender, pueden advertirse con claridad una particularización y una sofisticación evidentes del mensaje. Conviene, no obstante, detenerse en algunas de las diferencias apreciadas en su discurso respecto de ambos períodos.

En primer lugar, un aspecto distintivo llama poderosamente la atención: el tono del discurso se dulcifica. Al comparar ambos períodos, el tono utilizado en el discurso de la organización a lo largo de 2011 destaca por su estilo más agresivo, pasional, cargado de inflexiones, con interpelaciones constantes al receptor del mensaje, con llamadas explícitas a la acción. Algo que contrasta con el tono general del discurso de la organización en sus alocuciones relativas al hirak durante 2019, que se caracteriza por un estilo más pausado, menos atropellado, más juicioso y ponderado.

Además, a lo largo de 2011 se aprecia un carácter más directo y asertivo, un discurso más emocional y dirigido a agitar, a instigar al receptor del mensaje apelando a sus sentimientos más básicos. La organización terrorista, sin embargo, parece haber reformulado su estrategia comunicativa y en sus discursos alusivos al hirak en 2019 ya que, sin abandonar su habitual firmeza, sí se aprecia una modulación más reflexiva. Además, AQMI rebaja la virulencia del tono y reviste de mayor religiosidad su discurso –principalmente mediante el trazado de analogías entre la actualidad y la sunna y citando de forma descontextualizada la obra de reconocidos ulemas–, exhibiendo cierta madurez en comparación con 2011 y buscando transmitir confianza y proyectar una imagen de superioridad moral. Podría decirse que recupera de alguna manera los ejes clásicos de la comunicación qaediana: elitismo, rectitud, autoridad, preponderancia…

Quizá una de las diferencias más destacadas sea la evolución de la percepción que AQMI tiene de su papel en ambos procesos o, dicho de otra manera, la imagen que desea proyectar. Y es que en 2019 AQMI reduce de manera notable el egocentrismo presente de forma transversal en su discurso a lo largo de 2011 y 2012, adoptando una posición más alejada, a la expectativa, cediendo el protagonismo a los acontecimientos y al pueblo argelino. A través de sus mensajes en 2011 y principios de 2012 AQMI incidía continuamente en su papel como detonante y facilitador de lo que se antojaba una revolución incipiente. No obstante, el uso del pronombre “nosotros”, las interpelaciones directas, las llamadas a la acción y las aserciones son una constante transversal en toda la producción durante este período.

Un ejemplo de esto son las palabras de Abu ‘Ubayda Yūsuf al-‘Anābī, líder del consejo de notables y miembro de la shūra7 de la organización: “Creemos que la yihad global juega un papel importante en el éxito de estas revoluciones, principalmente por dos razones: por un lado, nosotros fuimos los primeros en llamar al pueblo clara, explícita y repetidamente a rebelarse contra los regímenes despóticos […]. Por otro, es innegable que una de las razones fundamentales del éxito de las revoluciones es el declive del papel de americanos y cruzados que, gracias a la presión constante de los golpes de los muyahidines, se han visto forzados a retroceder y no se encuentran en disposición de sostener a los regímenes colaboracionistas contra los que se rebela el pueblo como ya ocurriera en 1991-1992”.8

Por el contrario, en 2019 el enfoque adoptado por AQMI es marcadamente diferente, cediendo totalmente el protagonismo al pueblo y manteniéndose a la expectativa en un segundo plano. Si bien durante 2011 las soflamas tienen un carácter más violento y el grupo, en cierta forma, pretende adoptar un papel dinamizador, en 2019 la organización da un paso atrás, alabando el papel desempeñado por el pueblo argelino y elogiando los hitos que el hirak va alcanzando progresivamente. Apreciables son, sin duda, los cambios en uso de los pronombres, con separaciones claras entre el nosotros y el vosotros, el tono más condescendiente y las recomendaciones mediante el uso de verbos como “instar” o “aconsejar” en lugar de las interpelaciones directas y las exhortaciones a la acción.

Sirva como ejemplo esta cita, extraída de un comunicado oficial publicado a finales de marzo: “Nos alegramos por vuestras decisivas manifestaciones y nos complace constatar, dado que seguimos de cerca los acontecimientos, vuestra cautela y vuestro profundo conocimiento de las estrategias y artimañas de las que son capaces los hipócritas y apóstatas (que os gobiernan)”.9 O esta otra, de Abū ‘Ubayda Yūsuf al-‘Anābī, extraída del último mensaje publicado por la organización en 2019 y en el que se aprecia claramente la dulcificación del tono: “Para no desaprovechar la oportunidad histórica de provocar un cambio radical en el sistema de gobierno en Argelia, y con el único objetivo de aconsejar a nuestra querida umma, ponemos en manos de nuestro pueblo estos consejos prácticos con la esperanza de que puedan contribuir a la creación del cambio deseado”.10

Otra de las diferencias en el discurso de AQMI respecto de ambos procesos reside en sus posicionamientos sobre las posibilidades de un movimiento pacífico. En este respecto, teniendo en cuenta que una de las características principales del hirak ha sido su carácter pacífico, AQMI se ha visto obligada a modular su posición. En 2011, al ser preguntado sobre qué respondería a quienes afirman que las revoluciones pacíficas han demostrado el fracaso de la lucha armada para lograr el cambio deseado, Abū ‘Ubayda Yūsuf al-‘Anābī afirmaba que “quien afirma tal cosa o es un inculto o tiene una opinión parcial y quiere adulterar la verdad”.11

Teniendo en cuenta que la característica fundamental de la corriente salafista yihadista es el uso de la violencia como medio para alcanzar fines políticos, AQMI se ha encontrado con obstáculos importantes a la hora de integrar su mensaje en el desarrollo de los acontecimientos sin perder coherencia. Un ejemplo interesante de ello son las menciones a los eslóganes utilizados durante las multitudinarias manifestaciones del hirak; si bien AQMI en más de la mitad de los documentos analizados durante 2019 cita o muestra en vídeo los eslóganes del hirak, en ninguna ocasión reproduce dos de los más característicos: “pacíficas, pacíficas”, en referencia a las manifestaciones, y “queremos un Estado civil y no militar”. En el análisis del discurso tan importante es lo que se dice como lo que se omite.

Asimismo, habida cuenta tanto de la transversalidad del carácter pacífico y sostenido de las protestas, en una suerte de reformulación de anteriores posicionamientos al respecto, al-‘Anābī elogia el pacifismo del movimiento ya que “gracias a este carácter ha obtenido la aprobación y la inclusión de toda la ciudadanía”. No obstante, afirma que “se trata de un fenómeno natural en aquellos pueblos subyugados, que no tienen armas para defenderse y que, generalmente, tienen miedo a las guerras”. Además, pese a que ruega a “Allah para que conceda, a través de este movimiento pacífico, una victoria definitiva”, concluye afirmando que “si la revolución pacífica falla, el pueblo deberá aceptar los hechos y convencerse de que no existe otra solución que la lucha armada”.12

De otra parte, a través del análisis de los anteriormente citados documentos, también se advierte una reducción de la dispersión del discurso y una mayor atención –casi exclusiva– a la escena local argelina. Huelga decir que, las diferentes revoluciones adscritas a lo que desde Occidente se ha dado en llamar Primavera Árabe, y principalmente aquellas que se integran dentro del radio de acción geográfico principal de AQMI, acapararon parte de la atención de la organización terrorista en su estrategia comunicativa. Ahora bien, además de las menciones a Libia y Túnez, y en menor medida a Marruecos, a lo largo de 2011 y 2012 también son constantes las menciones a Egipto, Siria y Yemen, en ocasiones incluso desgranando la situación apoyándose en documentos de vídeo.

Esta actitud contrasta llamativamente con la estrategia comunicativa adoptada desde el comienzo de las protestas en 2019 donde en ningún momento aparta el foco de Argelia. Es evidente que ni Sudán, ni Líbano, ni Irak son contextos cercanos para AQMI, pero resulta sorprendente no encontrar mención alguna a estos escenarios a excepción de una breve reseña en el mensaje de felicitación de la organización con motivo del 'Īd al-Aḍḥā. Algo que, por otro lado, no se sale de lo habitual, pues es un mensaje en el que AQMI –al igual que otras organizaciones yihadistas– suele aprovechar para hacer un repaso del estado general de la situación en los diferentes frentes de su interés.

De igual manera, en 2019 también puede constatarse una sensible disminución del habitual alto grado de complotismo presente en el discurso de AQMI. Cierto es que Abdelmalek Drukdel, emir de AQMI, ya en 2017 hacía suyas las palabras de al-Zawahiri estableciendo que “la línea que separa al enemigo cercano del lejano ya no está clara […]. Combatir al enemigo lejano y no al cercano es ignorar dos veces la misma realidad pues […] el enemigo lejano no actúa sino a través del enemigo cercano”.13 Sin embargo, si en 2011 AQMI insistía en la injerencia extranjera –cruzada y sionista– no sólo como causa fundamental del subdesarrollo y la corrupción moral en el mundo árabe, sino como principal obstáculo interpuesto entre las revoluciones y el cambio real, con alusiones y referencias constantes tanto históricas como actuales, en 2019 el uso de esta herramienta retórica se limita notablemente. Tanto es así que en 2019 las menciones a la injerencia neocolonialista no sólo se reducen en número, también se concentran exclusivamente en la relación del régimen argelino y Francia.

Conclusiones

A la vista del descrédito y del menoscabo de la legitimidad de los diferentes partidos adscritos a corrientes islamistas debido a su proximidad con el poder durante los últimos años y del marcado carácter civil de las protestas –en las cuales el islamismo ha brillado por su ausencia–, la hoja de ruta de AQMI pasa por no desaparecer totalmente de la escena argelina. Y a ello está dedicando, como puede apreciarse por la ingente cantidad de documentos publicados, buena parte de sus esfuerzos.

La progresiva ampliación de su radio de acción geográfico durante los últimos años y los réditos obtenidos en otros escenarios no consiguen disimular las crecientes dificultades de la organización para mantener niveles de reclutamiento, arraigo e incluso violencia a nivel local. No obstante, las fuerzas y cuerpos de seguridad argelinos han conseguido reducir sus capacidades hasta mínimos históricos.14 De hecho, el mismo Drukdel en una entrevista publicada en la revista Inspire en 2017admitía que “pese a que otros frentes como Túnez, Libia, el Sahel y el Sáhara estaban viviendo un despertar yihadista sin precedentes, el frente argelino llevaba tiempo empantanado en una guerra de larga duración (sic.) y adolecía de una ausencia casi completa de individuos dispuestos a apoyar [la causa]”.15

Además de las evidentes lecciones aprendidas respecto de los diferentes procesos revolucionarios de 2011, dos son las conclusiones principales que pueden extraerse de este análisis: de una parte, a través de la dulcificación del tono y del mensaje, AQMI pretende recuperar una mínima presencia en la escena nacional, una posición con un mínimo de aceptación mediante la adopción de posicionamientos menos radicales. La vuelta en cierta forma a propugnar la progresividad en la aplicación de su doctrina que tan buenos resultados le ha granjeado a la organización en otros frentes.

Por otra parte, los cambios apreciados en su discurso muestran claramente como AQMI busca abonar el terreno para explotar el desenlace del hirak sea cual sea. De no lograr sus objetivos, la frustración de una parte del movimiento podría abrir la puerta a que la organización encontrase nuevos filones de reclutamiento. Asimismo, la estrategia adoptada hasta el momento por la organización permitiría, según evolucione el movimiento, retomar llamamientos más explícitos a la violencia exponiendo de nuevo las limitaciones de la vía pacífica o, llegado el momento, retomar la iniciativa en lo que al uso de la violencia se refiere buscando generar una confrontación entre el Estado y las masas que a medio plazo pudiera obrar en su beneficio. A la vista del estado de las cosas la escena regional, con Libia dirigiéndose hacia un nuevo repunte de las hostilidades al borde de otra guerra, la desestabilización de Argelia –en absoluto descartable– tendría consecuencias dramáticas a ambas orillas del Mediterráneo.

Sergio Altuna Galán
Investigador asociado en el Programa sobre Radicalización Violenta y Terrorismo Global del Real Instituto Elcano | @wellesbien


1 Pese a tratarse de dos partes de un mismo documento audiovisual, se contabilizan de forma independiente sendas partes del vídeo “ادخلوا عليهم الباب ” por haberse publicado inicialmente así.

2 Extracto del documento titulado “نداء إلى أهلنا الثائرين في الجزائر ”, publicado el 9/I/2011. Traducción del autor.

3 Extracto del documento titulado “لقاء صحفي للشيخ أبي عبيدة يوسف العنابي مع الصحفي وسيم نصر ”, publicado el 30/V/2019. Traducción del autor.

4 Extracto del documento titulado “قاطعوا مهزلة الانتخابات ”, publicado el 18/IV/2012. Traducción del autor.

5 Extracto del documento titulado “لقاء صحفي للشيخ أبي عبيدة يوسف العنابي مع الصحفي وسيم نصر ”, publicado el 30/V/2019. Traducción del autor.

6 Extracto del documento titulado “نداء إلى أهلنا الثائرين في الجزائر ”, publicado el 9/I/2011. Traducción del autor.

7 Consejo consultivo que actúa como órgano a través de cuyo consenso se lleva a cabo la toma de decisiones.

8 Extracto del documento titulado “لقاء أبو عبيدة يوسف العنابي مع مؤسسة الأندلس ”, publicado el 20/VI/2011. Traducción del autor.

9 Extracto del comunicado titulado “بيان تكذيب وتحذير ”, publicado el 30/III/2019. Traducción del autor.

10 Extracto del documento titulado “وخاب كل جبار عنيد ”, publicado el 8/XII/2019. Traducción del autor.

11 Extracto del documento titulado “لقاء أبو عبيدة يوسف العنابي مع مؤسسة الأندلس ”, publicado el 20/VI/2011. Traducción del autor.

12 Extracto del documento titulado “لقاء صحفي للشيخ أبي عبيدة يوسف العنابي مع الصحفي وسيم نصر ”, publicado el 30/V/2019.

13 Revista Inspire#17, publicada el 13/VIII/2017. Traducción del autor.

14 M. Bachir y A. Kharief (2018), “ANALYSIS: the slow death of al-Qaeda in Algeria”, 1/II/2018, Middle East Eye.

15 Revista Inspire#17, publicada el 13/VIII/2017. Traducción del autor.

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<![CDATA[ Literalidad coránica a medida: las aleyas incompletas de al-Qaeda en el Magreb Islámico ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari54-2019-altuna-literalidad-coranica-a-medida-aleyas-incompletas-de-al-qaeda-en-magreb-islamico 2019-05-16T04:45:12Z

Más de la mitad de las citas coránicas utilizadas por al-Qaeda en el Magreb (AQMI) en su propaganda son literales pero incompletas o truncadas.

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English version: Made-to-measure Qur’anic quotations: the incomplete verses of al-Qaeda in the Islamic Maghreb

Tema

Más de la mitad de las citas coránicas utilizadas por al-Qaeda en el Magreb (AQMI) en su propaganda son literales pero incompletas o truncadas.

Resumen

Un corpus digitalizado compuesto de más de 200 documentos oficiales difundidos por al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) entre 2004 –cuando todavía se denominaba Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC)– y 2017 permite dar una respuesta fundamentada a la pregunta de cuán religioso es realmente su discurso. Asimismo, a través del cotejo sistemático de la totalidad de las citas coránicas mapeadas –más de 1.200– se constata que, aunque la organización en ningún caso modifica o altera el Corán, lo que permite desechar por completo las tesis que apuntan hacia la manipulación de los textos sagrados, sí se caracteriza por utilizar una literalidad a medida. No enfrentando constricción alguna ni en tiempo ni en espacio, en más de la mitad de las ocasiones en las que, a lo largo de 14 años, AQMI cita el Corán en su propaganda –un 52,42% del total– lo hace evocando citas incompletas o truncadas.

Análisis

Es de sobra conocida la lectura literal y descontextualizada que las diferentes organizaciones terroristas cuya ideología común es la del salafismo yihadista hacen de los textos sagrados del islam, pero ¿qué tanto de su discurso es puramente religioso? Asimismo, con el objetivo de desautorizar y erosionar la legitimación de estas organizaciones, sigue arguyéndose con cierta recurrencia que manipulan y distorsionan el hecho religioso. ¿Puede contrastarse tal afirmación? De ser así, teniendo en cuenta la naturaleza del consenso respecto de la sacralidad de las principales fuentes de la revelación, resultaría relativamente sencillo articular estrategias orientadas a explotar tales adulteraciones.

Mediante el mapeo sistemático de más de 1.200 citas coránicas empleadas por al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) entre 2004 –todavía como Grupo Salafista por la Predicación y el Combate (GSPC)1 y 2017, el presente análisis pretende arrojar luz sobre algunos aspectos ligados al uso de los textos sagrados por parte de la organización terrorista. Para ello se ha construido un extenso corpus monolingüe, diacrónico y digitalizado que cubre un total de 203 documentos oficiales publicados por el grupo.2 Entre estos hay 179 documentos audiovisuales (más de 65 horas de audio y vídeo), 20 documentos de texto entre revistas, libros y artículos o ensayos (aproximadamente 800 páginas de texto) y las transcripciones íntegras de cuatro entrevistas a individuos destacados en la organización (véase la Figura 1). La muestra compilada incluye todos aquellos documentos audiovisuales oficiales3 publicados por la organización terrorista en la horquilla de tiempo mencionada, así como otros documentos oficiales escritos cuyo contenido ha sido juzgado como pertinente por el autor.4 No se incluyen en la muestra compilada aquellos comunicados breves utilizados, principalmente, para reivindicar operaciones terroristas exitosas, así como tampoco panegíricos, artículos de opinión y otros contenidos secundarios publicados a través de plataformas como Ifriqīyā al-Muslima.

Figura 1. Distribución anual de los materiales utilizados para la creación del corpus de citas coránicas halladas en la propaganda de AQMI, 2004-2017
Año Audios y vídeos Revistas

Libros y ensayos

Entrevistas

2004 1 2
2005 1 3
2006 2 3
2007 12 1
2008 10 1
2009 12 1
2010 16
2011 15 1
2012 11 2 1
2013 12 1
2014 10
2015 21 (37) 2
2016 14 2 1
2017 10 (26) 3
Notas: (1) la diferencia en la cifra de documentos de 2015 viene dada por la inclusión entre paréntesis de todos los documentos asociados a la serie “غزوة أحد في القرآن ”, un compendio de lecciones impartida por Abu Hassan Rashid al-Bulaydi; (2) la diferencia en la cifra de documentos de 2017 viene dada por la inclusión entre paréntesis de todos los documentos asociados a la serie “شرح كتاب الصيام من بلوغ المرام ”, un compendio de lecciones impartida por Abu Hassan Rashid al-Bulaydi..

Los corpus especializados, como es el caso del que nos ocupa, se centran en una variedad particular o registro del idioma, en este caso el discurso salafista yihadista de AQMI. Hasta el momento, las escasas tentativas de analizar el discurso salafista yihadista utilizando para ello un enfoque cuantitativo se han encontrado con un muro difícil de franquear, los desafíos técnicos que presenta la lengua árabe. Los diferentes estudios y análisis cualitativos son más numerosos, principalmente desde que lenguas otras que el árabe comenzaron a ganar presencia en la propaganda de Estado Islámico. Sin embargo, aún sin ánimo de profundizar en el debate, el árabe continúa siendo no sólo la lengua vehicular de la mayor parte de la propaganda yihadista, sino también, por supuesto, el pilar sobre el que se fundamenta y se construye todo debate ideológico y doctrinal de esta corriente de pensamiento.

La mayor parte de los estudios que abordan de una u otra manera el análisis del discurso o la narrativa yihadista lo hacen a partir de publicaciones como Dābiq, Rumiyah o Inspire. Estos documentos, si bien tienen mayor impacto en Occidente, tienen un público meta específico, lo cual, aun sin desviarse de los principios básicos de la ideología salafista yihadista, define su naturaleza y condiciona el lenguaje utilizado. Asimismo, las traducciones de documentos originales en árabe, incluso aquellas realizadas in house por las propias organizaciones terroristas, comportan un mayor sesgo ya que el proceso de traducción de propaganda yihadista no es sistemático.

De otra parte, existen un buen número de estudios que desde diferentes prismas se han centrado en el funcionamiento y las relaciones de la militancia –principalmente munāṣirūn, fanboys y plataformas oficiales de difusión– en redes sociales como Twitter o Facebook. Este tipo de investigaciones –como las realizadas por J.M. Berger o Charlie Winter, entre otros–5 han arrojado luz sobre el funcionamiento del aparato propagandístico de difusión y la amplificación de su mensaje en las redes, así como del volumen de la militancia activa en Internet o la temática central de cada producto audiovisual individualizado. El presente análisis, sin embargo, se centra principalmente a través de un enfoque cuantitativo, en el uso que AQMI hace del Corán.

Cuando AQMI cita el Corán

Ofrecer una respuesta fundamentada a la pregunta cuán religioso es el discurso yihadista supone todo un desafío. El corpus compilado a efectos del presente análisis se eleva hasta las más de 810.000 palabras; éste ha sido codificado de tal forma que posible extraer todas las citas coránicas del texto para su posterior clasificación atendiendo a los criterios que se desee. Así pues, en los 203 documentos inventariados encuentran cabida exactamente 1.219 citas coránicas, 932 si sólo tenemos en cuenta aquellas citas extraídas de documentos publicados antes de que la organización comenzase a firmar sus publicaciones bajo su denominación actual de AQMI. Aunque quizá no sea la forma más exacta de realizar el cálculo, dichas 1.219 citas equivalen a un total de 27.367 palabras, es decir, el 3,37% del total del corpus. Si, además, aunque su estudio no forme parte del presente documento, incorporamos a nuestros cálculos las citas de hadices –7.014 palabras del total del corpus– obtenemos un total de 34.381 palabras. Es decir, un 4,24% del total del discurso de AQMI son estrictamente citas del Corán y la Sunna, las dos principales fuentes de la revelación y pilar fundamental de la religión musulmana.

Figura 2. Representación gráfica del discurso puramente religioso respecto del total (en %)
Figura 2. Representación gráfica del discurso puramente religioso respecto del total (en %)
Fuente: elaboración propia.

Ahora bien, el discurso puramente religioso no puede reducirse solamente a las citas coránicas. Aunque en ocasiones se introduzcan citas coránicas para conferir al discurso cierta pátina de religiosidad que permita justificar una acción o posicionamiento en particular, dependiendo del documento, es habitual que las citas coránicas vengan acompañadas de una explicación religiosa contextualizada. Este ejercicio, a veces exegético, a veces simplemente didáctico o aclaratorio, constituye un pilar fundamental de la comunicación de AQMI. Utilizando el sistema de codificación anteriormente descrito, se han creado mapas de calor como el que sucede a estas líneas para representar de la manera más fidedigna posible el calado del discurso estrictamente religioso del grupo.

Figura 3. Mapa de calor de un documento del corpus creado con el software MAXQDA
Figura 3. Mapa de calor de un documento del corpus creado con el software MAXQDA
Nota: en verde, las citas coránicas; en azul, su contextualización o exégesis en la propaganda de AQMI. Fuente: elaboración propia.

Los resultados del mapeo de todos los documentos del corpus ofrecen resultados dispares dependiendo del tipo de documento en cuestión, pero permiten constatar que el discurso estrictamente religioso de AQMI representa efectivamente una fracción elevada del total. Los resultados oscilan entre un 2% y un 4% de media en aquellos documentos orientados a proyectar capacidades militares –como por ejemplo buena parte de la serie “ظلال السيوف ”– y hasta más del 50% en documentos de carácter doctrinal e ideológico. Reduciéndolo todo puramente a cifras y porcentajes, AQMI cita el Corán una vez cada 665 palabras, esto es, cada poco más de una página de texto corrido, y, aunque la distribución dista bastante de ser uniforme, cada documento mapeado tiene de media seis citas coránicas.

Las aleyas incompletas de AQMI

Un hecho llama poderosamente la atención tras confrontar exhaustivamente todas las citas invocadas por AQMI en su producción mediática con el Corán.6 Más de la mitad de las citas coránicas a las que hace referencia AQMI en los documentos mapeados son citas parciales o incompletas, concretamente el 52,42% del total. Mediante el cotejo sistemático de la muestra de 1.219 citas coránicas recopiladas en el corpus con el Corán se ha constatado que 639 citas son incompletas. Esto no quiere decir que el contenido de estas haya sido manipulado (taḥrīf), sino únicamente que la cita, ya fuese de una aleya o de un conjunto, no es completa.

Como puede apreciarse en la Figura 4, que ilustra la distribución de las citas coránicas mapeadas por año, la tendencia de citar aleyas incompletas constituye la norma general, siendo 64,07% el porcentaje de citas incompletas utilizadas más elevado, en 2004, y 35,96% el más bajo, en 2010. Cabe destacar también que sólo en tres años –2007, 2010 y 2016– el porcentaje de citas incompletas es inferior al 50% del total.

Figura 4. Distribución anual de citas coránicas en el discurso de AQMI, 2004-2017
Figura 4. Distribución anual de citas coránicas en el discurso de AQMI, 2004-2017
Fuente: elaboración propia.

Recitar aleyas o versículos del Corán incompletos es una práctica habitual en el islam. Dado que la prohibición de tal ejercicio no encuentra respaldo ni el Corán ni en la Sunna, el principio básico aceptado por las diferentes escuelas de jurisprudencia indica que está permitido citar aleyas incompletas siempre que el significado sea completo. Muchas aleyas, especialmente aquellas más largas como 2:282 –la más larga del Corán– comprenden varios significados o ideas completas e independientes; no es infrecuente, por lo tanto, encontrarse con citas incompletas. De hecho, dicha práctica encuentra respaldo, por ejemplo, en el siguiente hadiz:

“Abdullah ibn Masa’ud relató: el Mensajero de Alá, , dijo: ‘Aquel que recite una letra del Libro de Alá será recompensado y su recompensa será multiplicada por diez. No digo que Alif-Lām-Mīm7 sea una letra, sino que Alif es una letra, Lām es una letra y Mīm es otra letra’.” Hadiz clasificado como ṣaḥīḥ o auténtico, Sunan al-Tirmidhī 2910.8

Asimismo, el debate sobre cuánto y cómo debe citarse el Corán, ya fuese en el marco de la oración o simplemente como argumento de autoridad en el discurso argumentativo encuentra reflejo en la literatura hermenéutica islámica, como se muestra en el siguiente extracto:

“Por lo que respecta a la lectura del Corán más allá de las oraciones preceptivas, según Abu Hanifa, debe comenzar al menos con una aleya, incluso si fuese corta. De la misma opinión es Ibn Abbas, quien dijo: ‘recita aquello que puedas del Corán, pues nada en el Corán es insignificante’. De otra parte, Abu Yussuf dijo: ‘la recitación no debe ser menor que una aleya larga, como la Aleya del Trono [Corán 02:255], o al menos tres aleyas cortas pues menos que eso sería contrario a la costumbre y no demostraría lo milagroso del Corán’.”9

El Corán, palabra que podría traducirse como recitación, es un libro complejo y es primordial comprender su naturaleza. No se trata una recopilación cronológica destinada a contar una historia, como podría ser el Génesis, y por lo tanto no debe ser observado como una narrativa secuencial. Sus versículos o aleyas no son estándar ni longitud ni en metro y tanto el principio como el final de cada uno no responde, según la tradición musulmana, a la decisión arbitraria del hombre, sino al dictado de Dios. Así pues, por norma general, cada aleya –o en ocasiones conjunto de estas– trata un tema en particular; dividirlas, puede, por lo tanto, acarrear la modificación del significado completo y limitar o distorsionar el contexto de la revelación literal.

Respondiendo a si está permitido romper una aleya en varias partes, el erudito salafista saudí (nacido en Alepo) Muhammad Salah Al-Munajjid afirmaba que es posible a menos que tal ejercicio condujese a un significado inapropiado, pero estipulaba que resulta preferible completar la cita.10 El ulema,11 actualmente en prisión en Arabia Saudí cimentaba su respuesta en el hecho de que las primeras generaciones de creyentes observaban como mustaḥab12 recitar una azora completa, sin detenerse, por lo que sería apropiado extender tal práctica también a las aleyas. Fundamentaba su conclusión en el siguiente hadiz:

“Jabir ibn Abdullah relató: procedimos en compañía del Mensajero de Alá, , hacia la batalla de Dhat ar-Riqa. Un musulmán había matado a la esposa de idólatra. Él (el marido de la mujer asesinada) juró de la siguiente manera: ‘No descansaré hasta que mate a uno de los compañeros de Muhammad’. Y salió siguiendo los pasos del Profeta, . El Profeta, , acampado en cierto lugar, dijo: ‘¿quién se encargará de la guardia?’. Uno de entre los muhājirūn y otro de entre los anṣār respondieron. El Profeta, , les dijo: ‘posicionaos en la entrada del valle’. Cuando llegaron al lugar, el anṣārī comenzó a orar, de pie, mientras que el muhājir se tumbó a su lado. El idólatra, al verlos a lo lejos, se percató de que eran el puesto de vigilancia de los musulmanes. Disparó una flecha y dio en el blanco (al anṣārī que rezaba de pie). El anṣārī extrajo la flecha de su cuerpo y la tiró. El idólatra continuó disparando y la escena se repitió hasta tres veces. El anṣārī continuó rezando hasta que su compañero se despertó y se dio cuenta de lo ocurrido. Cuando el idólatra se dio cuenta de que había sido descubierto huyó. Cuando el muhājir vio a su compañero sangrando exclamó: ‘¡Subḥān Allāh! ¿Por qué no me has despertado tras el primer disparo?’. A lo que el anṣārī respondió: ‘estaba ocupado recitando una azora y no quería interrumpir la oración’.” Hadiz clasificado como ḥasan, Sunan Abu Dawud.13

Asimismo, en su obra Al-Itqān fī ʻUlūm al-Qurʼān, considerada una herramienta lingüística y estilística fundamental para comprender los significados del Corán, Jalal ad-Din al-Suyuti, profundizando en la correcta pronunciación a la hora de recitar el Corán, referencia la obra de Uthman al-Dani, lingüista y exégeta andalusí. Éste, citaba un hadiz de al-Hakim14 quien ponía en boca de Zayd ibn Thabit, escriba del Profeta según la tradición y uno de los anṣār, las siguientes palabras: “el Corán fue revelado para ser recitado en plenitud”.15

De sobra conocido es el uso sesgado y tendencioso que del hecho religioso hacen las organizaciones salafistas yihadistas y, si bien no es el objetivo del presente documento profundizar en la exégesis de los textos sagrados, sí pretende abrir una puerta a la construcción de contranarrativas. A diferencia de otros colectivos como imames, telepredicadores, etc., AQMI –al igual que otras organizaciones terroristas– no enfrenta constricción alguna ni en tiempo ni en espacio a la hora de crear su mensaje, sino que dispone de las herramientas necesarias para diseñar su estrategia comunicativa y el contenido de su mensaje como considere. No comunica en directo y por lo tanto no se expone al escrutinio ni al debate con terceros en tiempo real. Y, sin embargo, aun sin restricciones a la hora de transmitir su mensaje, opta por utilizar citas parciales en más de la mitad de las ocasiones que invoca el Corán.

Sirvan como ejemplo de lo anteriormente descrito las dos aleyas más utilizadas por AQMI: [Corán 02:217] y [Corán 08:36]. Se trata de dos aleyas sobre las que no existe especial controversia y sobre cuyo significado existe consenso mayoritario (ijmāʿ) en el seno de la umma. La aleya 217 de la azora de la Vaca es la más utilizada por AQMI, un total de 22 veces según los datos extraídos del corpus, todas ellas de forma incompleta. La parte subrayada en la traducción que se presenta a continuación no forma parte de ninguna de las 22 citas utilizadas por AQMI en los documentos compilados para el corpus. Además, aun sin profundizar en ello, resulta conveniente mencionar que la aleya 36 de la azora del Arrepentimiento [Corán 09:36], versículo que en opinión de no pocos mufassirūn abroga la aleya que nos ocupa y cuyo contenido limita las posibilidades de combatir a los infieles durante los meses sagrados solo si los musulmanes son atacados primero, solo aparece en tres ocasiones en el discurso de AQMI, ninguna de ellas de manera íntegra.

[Corán 02:217]: “Cuando te pregunten si está permitido combatir durante los meses sagrados diles: ‘Combatir en ese mes es (un pecado) grave, pero apartar del sendero de Alá –y negar su verdad– y de la Mezquita Sagrada y expulsar de ella a la gente es un sacrilegio mayor a los ojos de Alá, así como la fitna es más grave que matar’. Sabed que (los incrédulos) no dejarán de combatiros hasta conseguir apartaros de vuestra fe si les es posible. Aquellos de entre vosotros que apostaten de su fe y mueran como infieles verán sus obras malogradas en esta vida y en la Otra y se verán abocados al fuego eterno.”16

La aleya 39 de la azora del Botín es la segunda aleya más utilizada por AQMI, un total de 21 veces según los datos del corpus, 19 de ellas de forma incompleta. La parte subrayada en la traducción que se presenta a continuación sólo forma parte de las dos citas completas de esta aleya que encuentran respaldo documental en el corpus.

[Corán 08:39]: “Combatidlos hasta que no quede (rastro de) fitna y Alá pueda ser adorado en toda su gloria. Y si desisten (de combatiros), Alá ciertamente ve lo que hacen”.17

Figura 5. Ilustración de los diferentes formatos de las citas incompletas de las dos aleyas más utilizadas por AQMI [Corán 02:217] y [Corán 08:39]
Figura 5. Ilustración de los diferentes formatos de las citas incompletas de las dos aleyas más utilizadas por AQMI [Corán 02:217] y [Corán 08:39]
Fuente: elaboración propia.

Mediante el cotejo sistemático de las citas coránicas utilizadas por AQMI a lo largo de 14 años puede afirmarse que no incurre en ningún momento en la manipulación del Corán o la alteración de su contenido (taḥrīf). Por el contrario, y aunque en contadas ocasiones, sí se han constatado errores involuntarios, inobservancias –principalmente en la vocalización de algunos términos si nos atenemos a las reglas de tajwīd18 y elipsis menores, errores estos propios del discurso oral.

Sin embargo, tal como se detalla al comienzo de este epígrafe, dicho cotejo sistemático sí permite la cuantificación del número de citas incompletas, indiscutiblemente elevado para una organización cuya actividad, según su propia interpretación, encuentra su razón de ser en la palabra de Dios. Literalidad textual estricta, sí, pero a medida. Esta constatación, unida a las enormes posibilidades que el estudio contextualizado de cada cita coránica y la evolución de su uso en el tiempo plantean, debería suponer un paso importante para seguir profundizando en el análisis del discurso religioso en manos del salafismo yihadista.

Conclusiones

A pesar del creciente interés institucional en el desarrollo de herramientas de contranarrativa y el consiguiente esfuerzo académico en la misma dirección, los resultados cosechados, a la vista de la movilización militante de la que hemos sido testigos en los últimos años, no pueden ser descritos sino como insuficientes. Parte del problema reside en que para la creación de contranarrativas efectivas es necesario conocer en profundidad la narrativa salafista yihadista, y este es un campo en el que, si bien los estudios cualitativos son copiosos, apenas si se han realizado trabajos cuantitativos o de enfoque mixto, sobre todo si nos ceñimos al árabe como principal lengua vehicular del mensaje salafista yihadista.

La sistematización del análisis del discurso religioso a través del uso de herramientas automatizadas no sólo permite la obtención de datos difícilmente refutables, sino que debería tanto facilitar la creación de estrategias y herramientas de contranarrativa de mayor efectividad como posibilitar la adaptación de aquellas ya existentes. La utilización de técnicas de análisis basadas en datos empíricos permite reflejar fielmente la realidad del discurso, contextualizar los resultados obtenidos y, consecuentemente, un estudio mucho más preciso de la evolución de la narrativa de las diferentes organizaciones en un determinado marco temporal.

El presente análisis, mediante el uso de datos extraídos de un corpus monolingüe y diacrónico representativo del discurso de AQMI –lo que asegura la consistencia de los resultados obtenidos–, permite, por un lado, desterrar por completo la idea de que la organización manipula o altera el contenido del Corán. Simple y llanamente, no es así; podremos convenir en que las interpretaciones extremadamente rigoristas a las que se acogen son sesgadas, torticeras, descontextualizadas o que no gozan de aceptación entre el común de los musulmanes, pero en ningún caso violan los límites exegéticos aceptados históricamente por el grueso del islam sunní. Por decirlo de alguna manera, juegan al límite del reglamento, pero dentro de éste. Huelga decir que las conclusiones extraídas no son necesariamente extrapolables a otras organizaciones yihadistas, aunque posibilitan futuros estudios comparativos.

Por otro lado, y lo que sin duda constituye la conclusión más importante del presente documento, se ha constatado que más de la mitad de las citas coránicas utilizadas por AQMI en su producción propagandística durante el período de estudio son incompletas. Ya se ha señalado que son bien conocidas la lectura y el uso sesgado que las organizaciones yihadistas hacen del hecho religioso, favoreciendo ciertos pasajes respecto del resto, distorsionando así la integridad del mensaje revelado. Ahora bien, más allá de la sobrerrepresentación de unas aleyas frente a otras o el amparo en la exégesis más beligerante, un aspecto destaca tras analizar cuantitativamente cómo AQMI cita el Corán y cotejar los resultados con la fuente original. La organización terrorista cita el Corán de forma rigurosa, pero incompleta, truncando más de la mitad de las citas coránicas que utiliza, obviamente, según le conviene. Literalidad sí, pero a medida.

El futuro análisis contextualizado de la invocación de dichas citas incompletas, así como el estudio de la evolución de su uso en el tiempo, servirá sin duda para seguir profundizando no sólo en el conocimiento del discurso religioso del salafismo yihadista, sino también para seguir avanzando en la creación de nuevas estrategias de contranarrativa y en el refinamiento de las existentes.

Sergio Altuna Galán
Investigador asociado en el Programa sobre Radicalización Violenta y Terrorismo Global del Real Instituto Elcano | @wellesbien


1 Se ha fijado 2004 como punto de partida del muestreo precisamente para descartar que la integración del Grupo Salafista por la Predicación y el Combate supusiera cambios sustanciales en el uso de citas coránicas. 2004 supone, asimismo, el comienzo de la etapa de Abdelmalek Droukdel al frente de la organización, desde enero de 2017, tras haberse fusionado con al-Qaeda, denominada al-Qaeda en el Magreb Islámico, pero que continúa liderando.

2 Puede definirse un corpus como una base de datos, una extensa colección de textos auténticos que se han recopilado y digitalizado de acuerdo con un conjunto específico de criterios para poder ser utilizado como muestra representativa de una realidad lingüística. Véase T. McEnery, R. Xiao y Y. Tono (2006), Corpus-Based Language Studies. An Advanced Resource Book, Routledge, Londres y Nueva York.

3 Todos los documentos audiovisuales publicados por el Comité de medios del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (اللجنة الاعلامية للجماعة السلفية للدعوة والقتال ), el Comité de medios de al-Qaeda en el Magreb Islámico (اللجنة الاعلامية لتنظيم القاعدة ببلاد النغرب الإسلامي ) y la Fundación al-Andalus.

4 Los documentos escritos cuya inclusión en el corpus ha sido juzgada como pertinente son todos aquellos documentos oficiales que incluyen un mínimo componente ideológico y doctrinal.

5 Véase J.M. Berger y J. Morgan (2015), The ISIS Twitter Census Defining and Describing the Population of ISIS Supporters on Twitter, The Brookings Project on US Relations with the Islamic World, The Brookings Institution; y C. Winter (2015), The Virtual “Caliphate”: Understanding Islamic State’s Propaganda Strategy, Quilliam International.

6 Para la confrontación de datos se ha trabajado con los materiales disponibles a través del proyecto de Digitalización del Corán de la Universidad Rey Saud, en Riad, Arabia Saudí.

7 Corán 02:01.

8 2910 سنن الترمذي، كتاب فضائل القرآن، حديث رقم

9 2004 المحيط البرهاني في الفقه النعماني، كتاب الطهارات - الصلاة، ص. 298. دار الكتب العلمية

10 Islam Q&A, 206946 رقم السؤال .

11 Lo correcto sería utilizar ʿAlīm, pero en castellano el uso de ulema como singular constituye la forma aceptada.

12 Recomendado, favorecido.

13 198 سنن أبي داود، كتاب الطهارة، حديث

14 Abu Abd-Allah Muhammad ibn Abd-Allah al-Hakim al-Nishapuri, ulema persa y respetado compilador de hadices.

15.129 .جلال الدين السيوطي، الإتقان في علوم القرآن، ص.

16 [Corán 02:217], traducción del autor.

17 [Corán 08:39], traducción del autor.

18 Reglas por las que se rige la recitación del Corán o tilāwa.

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<![CDATA[ La política de la UE contra el terrorismo (I): del Tratado de Maastricht a la Estrategia de Seguridad Interior ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/dt5-2019-albaladejo-politica-ue-terrorismo-tratado-maastricht-estrategia-seguridad-interior 2019-03-25T01:09:14Z

Se pretende analizar, de forma muy resumida, la política antiterrorista de la UE y sus Estados miembros en su período inicial, que abarca desde la entrada en vigor del Tratado de Maastricht (1993) hasta la adopción de la primera Estrategia de Seguridad Interior de la UE (2010). 

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Índice

Resumen
(1) Introducción
(2) El acervo antiterrorista de la UE
 (2.1) La primera fase (noviembre de 1993 hasta septiembre de 2001)
 (2.2) La segunda fase (septiembre de 2001 hasta marzo de 2010)
(3) Conclusiones

Resumen

El 1 de noviembre de 2018 se han cumplido 25 años de la entrada en vigor del Tratado de Maastricht por el que se creó la UE. Sin duda, supuso un hito en el proceso de construcción europea, superando el modelo de Comunidades europeas existente hasta este ese momento. Además, desde el punto de vista general de la seguridad estableció el inicio de la cooperación formal entre sus Estados miembros en el ámbito de los denominados “Asuntos de Justicia e Interior”, abriendo la posibilidad de cooperar también en el marco de la lucha contra el terrorismo, superando el modelo informal que había establecido la cooperación Trevi. Se pretende analizar en este trabajo, de forma muy resumida, la política antiterrorista de la UE y sus Estados miembros en su período inicial, que abarca desde la entrada en vigor del Tratado de Maastricht (1993) hasta la adopción de la primera Estrategia de Seguridad Interior de la UE (2010). En un trabajo posterior se analizará el período comprendido desde 2010 hasta 2018. Las iniciativas han sido múltiples y de naturaleza muy variada, como corresponde a un enfoque global e integral, lo que ha provocado, en ocasiones, una evidente dificultad en su conocimiento y comprensión.

Introducción

Es importante tener en cuenta, con carácter previo, algunas cuestiones clave que marcan el desarrollo de la colaboración antiterrorista en el marco de la UE y sus Estados miembros, explicando su necesidad y oportunidad, pero también su especial complejidad y dificultad:

(1) Que se encuentra integrada en un marco jurídico de cooperación más amplio, como es el de la propia UE. Es decir, tiene que ajustarse a las disposiciones pertinentes de los sucesivos Tratados que, hasta el momento, según la fecha de su firma, durante el período estudiado en este trabajo, han configurado la propia UE: Maastricht (1992), Ámsterdam (1997) y Niza (2000). En consecuencia, las medidas que en cada momento se adoptaron tuvieron que ser conformes a la regulación jurídica vigente en ese momento.

(2) Que las políticas desarrolladas en el ámbito de la UE se han caracterizado durante todos estos años por un proceso continuo de avances, en lo que se ha denominado “construcción europea”, basado en la creación de Instituciones comunes a las que los Estados miembros iban transfiriendo paulatinamente competencias que afectaban a su propia soberanía nacional, entendiendo que la gestión en común de estas competencias transferidas, por unas Instituciones creadas al efecto, sería más eficaz y eficiente. El principio de subsidiariedad establecido en los Tratados obliga a que esta transferencia de competencias sólo se puede hacer en aquellos casos en los que se valora que esa competencia será mejor gestionada a nivel de la UE que por cada Estado miembro en solitario. En estos casos, la competencia en concreto sigue siendo gestionada a nivel nacional. No obstante, en aquellos supuestos en los que la competencia sigue siendo del Estado miembro, pueden establecerse formas de colaboración entre las Instituciones Europeas y los propios Estados miembros, con el fin de ayudar a gestionar de forma más eficiente y eficaz esa competencia que resta nacional.

(3) Que esta transferencia de competencias, en ciertas materias que afectan a lo que se podría denominar el núcleo duro de la soberanía nacional, ha sido especialmente difícil y compleja. Entre ellas, las que se encuentran integradas, como es el caso de las medidas antiterroristas, en los llamados inicialmente, según la terminología del Tratado de Maastricht, Asuntos de Justicia e Interior y que, posteriormente, evolucionaron hacia el desarrollo de un Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia de la UE, como uno de los objetivos de la UE según la terminología del Tratado de Ámsterdam y posteriores. La finalidad fundamental del desarrollo en común de este Espacio es la de permitir, entre otros objetivos, garantizar un adecuado nivel de seguridad a los ciudadanos europeos y a las personas que residen o visitan el territorio de cualquiera de sus Estados Miembros. En este sentido, conviene recordar que, durante varias décadas, desde la creación de las tres Comunidades Europeas –del Carbón y Acero, Económica Europea y Energía Atómica, en los años 1950 hasta 1992, en el que el Tratado de Maastricht creó lo que hoy conocemos como UE– no hubo cooperación en los ámbitos de seguridad y justicia, en general, y, por tanto, tampoco en el ámbito del terrorismo. Incluso durante la negociación de la Conferencia Intergubernamental que dio origen a dicho Tratado, tras decidir el inicio de la cooperación en estas materias de justicia e interior, se estableció como principio fundamental que sigue vigente en la actualidad, tras el Tratado de Lisboa, que la seguridad en el territorio de un Estado miembro es responsabilidad de las autoridades nacionales de ese Estado miembro, estableciéndose entre la UE y sus Estados miembros formas de colaboración y cooperación en este ámbito, pero bajo ciertas condiciones específicas. Esto obligó a una regulación específica, en el Título VI del Tratado, en lo que se denominó el método intergubernamental, caracterizado por la unanimidad en el proceso de toma de decisiones y la limitación del derecho de iniciativa legislativa de la Comisión, en contraposición al denominado método comunitario, caracterizado por la mayoría en el proceso de toma de decisiones y mayores competencias de la Comisión en la iniciativa legislativa, que fue conocido como el III Pilar del Tratado de la UE. Sin embargo, todavía fue necesario vencer las reticencias de números Estados, para poder incluir el terrorismo en dicho ámbito de cooperación (la posición firme y constante de España en esta negociación puede considerarse una de las claves de su inclusión final).

Javier Albaladejo | Comisario principal del Cuerpo Nacional de Policía y consejero del Ministerio de Interior en la Representación Permanente de España ante la UE.

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<![CDATA[ Yihadismo y prisiones: un análisis del caso español ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari123-2018-reinares-garciacalvo-vicente-yihadismo-prisiones-analisis-caso-espanol 2018-11-14T01:28:09Z

En las prisiones españolas ha habido y hay radicalización yihadista. Sin embargo, su relevancia es menor que en otros ámbitos. Los centros penitenciarios de nuestro país también han sido utilizados como espacios para la articulación de grupos yihadistas. Por otra parte, la experiencia de encarcelamiento en dichos establecimientos no ha impedido ni impide un porcentaje significativo de reincidencia en actividades yihadistas.

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Tema

En las prisiones españolas ha habido y hay radicalización yihadista. Sin embargo, su relevancia es menor que en otros ámbitos. Los centros penitenciarios de nuestro país también han sido utilizados como espacios para la articulación de grupos yihadistas. Por otra parte, la experiencia de encarcelamiento en dichos establecimientos no ha impedido ni impide un porcentaje significativo de reincidencia en actividades yihadistas.

Resumen

La importancia de los centros penitenciarios como ámbito de radicalización yihadista, en el caso español, es más limitada que respecto a otros ámbitos en que determinados individuos llegan a interiorizar una visión fundamentalista y belicosa del credo islámico. Pero también han servido, ocasionalmente, como espacio para la articulación de grupos yihadistas e incluso para la ideación o planificación de algún atentado dentro del propio territorio español. Sin embargo, la evidencia empírica sugiere que existe un significativo, si bien al mismo tiempo persistente, grado de reincidencia en actividades yihadistas dentro y fuera de las prisiones. Esto es algo de especial interés considerando, por una parte, el constatable impacto aglutinador a la vez que operativo atribuible a los yihadistas reincidentes y, por otra, el inusual flujo de yihadistas excarcelados que se espera en España a lo largo de la próxima década. En este contexto, las prisiones deben ser cada vez más ámbitos de desradicalización y reintegración social de quienes entraron en las mismas adheridos a las actitudes y creencias de un salafismo violento o las adquirieron durante su internamiento en centros penitenciarios.

Análisis

Los centros penitenciarios son, tanto en el mundo occidental del que forma parte España como fuera del mismo, ámbitos en los que montos más o menos considerables de reclusos han adoptado y adoptan, en mayor o menor grado, la ideología del salafismo yihadista. El encarcelamiento es unas veces suficiente para completar el proceso de radicalización yihadista y otras es parte de un itinerario que discurre, antes o después de la prisión, en ámbitos y entornos diferentes que se combinan. Estimar la relevancia de los procesos de radicalización yihadista en los centros penitenciarios españoles es el primer objetivo de este análisis. Ahora bien, las prisiones son igualmente espacios donde pueden articularse grupos yihadistas. Así, nuestro segundo objetivo es el de atender a esta faceta de la relación entre yihadismo y prisiones en España. En tercer y último lugar, prestaremos atención al impacto que el encarcelamiento tiene sobre la eventual reincidencia en actividades yihadistas de quienes entraron en prisión ya radicalizados o se radicalizaron durante su estancia en uno o más centros penitenciarios.

Para la elaboración de este análisis hemos recurrido, por una parte, al tratamiento cuantitativo y cualitativo de información sobre el tema relativa a la totalidad de individuos condenados y muertos, como consecuencia de su implicación en actividades relacionadas con el terrorismo yihadista, a lo largo del período de tiempo transcurrido entre la penetración del yihadismo global en España a mediados los años 90 del pasado siglo y octubre de 2018. Esa información ha sido recopilada y sistematizada a partir de sumarios y otros documentos judiciales legalmente accesibles, así como a las vistas orales celebradas en la Audiencia Nacional, además de informes policiales y notas de prensa del Ministerio del Interior. Ocasionalmente se ha recurrido también a entrevistas con expertos policiales y, en menor medida, a fuentes de prensa. Así, pues, sobre la base de dicha evidencia, ¿en qué medida han sido y son las prisiones españolas un ámbito de radicalización yihadista? ¿Es posible que dentro de estos centros penitenciarios se hayan articulado grupos yihadistas? ¿Qué cabe aducir sobre la reincidencia de yihadistas radicalizados con experiencia en prisión?

Centros penitenciarios como ámbito de radicalización yihadista

Las prisiones se encuentran entre los ámbitos donde ocurren procesos de radicalización yihadista conducentes a la implicación en actividades terroristas. Los centros penitenciarios son espacios de privación de libertad, cerrados al exterior, muy vigilados y con estrictas normas de funcionamiento. No es infrecuente que, cuando alguien es encarcelado, se vea afectado por desequilibrios emocionales y problemas físicos, así como por crisis existenciales y de identidad que llevan a cuestionamientos personales más profundos. Esta situación puede hacerlo susceptible a la búsqueda de nuevas fuentes de sentido y a la influencia de relaciones personales en las que encuentre maneras para adaptarse a la vida en reclusión, pero también al influjo de la propaganda yihadista y en particular de agentes de radicalización con quienes pueda entrar en contacto dentro de las prisiones.1 Además, en estos establecimientos coinciden delincuentes y terroristas propiamente dichos, lo que crea oportunidades de interacción entre ellos.2

Nuestra evidencia empírica, para el caso español, corrobora que efectivamente las cárceles han constituido y constituyen un ámbito de radicalización yihadista. El 10,5% de los yihadistas condenados o muertos en España desde 1996 –año en que el primer yihadista fue condenado en nuestro país por delitos de terrorismo– hasta octubre de 2018, que se radicalizaron total o parcialmente dentro del territorio nacional, adoptaron la ideología del salafismo yihadista mientras se encontraban recluidos en centros penitenciarios (véase la Figura 1). El registro es significativo, pero corresponde a sólo uno de cada 10 casos. Las prisiones como ámbito de radicalización no alcanzan, pues, la relevancia que a lo largo del mismo período de tiempo adquieren otros espacios como los domicilios privados –el 53,9%–, los lugares de culto –38,8%–, los locales comerciales –30,3%– o los espacios al aire libre –29,6%– entre los entornos de radicalización offline. Queda igualmente muy por debajo de los ámbitos de radicalización online –el 52%–, que a menudo se combinan con otros offline como, por otra parte, estos últimos entre sí.

Figura 1. Yihadistas condenados o muertos en España entre 1996 y octubre de 2018, que se radicalizaron total o parcialmente en el territorio nacional, según distintos ámbitos de radicalización, para distintos periodos de detención o fallecimiento (frecuencias y %)

Ámbitos de radicalización

1995-2003

2004-2011

2012-octubre 2018

Total

Frecuencia

%

Frecuencia

%

Frecuencia

%

Frecuencia

%

Domicilios privados

20

100,0

18

56,2

43

43,0

81

53,3

Lugares de culto

10

50,0

14

43,7

35

35,0

59

38,8

Locales comerciales

7

35,0

12

37,5

27

27,0

46

30,3

Escenarios al aire libre

11

55,0

6

18,5

28

28,0

45

29,6

Centros penitenciarios

9

28,1

7

7,0

16

10,5

Lugares de trabajo

7

35,0

4

12,5

11

7,2

Entorno online

79

79,0

79

52,0

Total

 

(20)

 

(32)

 

(100)

 

(152)

Casos sin dato

 

0

 

6

 

14

 

20

Fuente: elaboración propia.

Las prisiones no aparecían entre los ámbitos de radicalización de los individuos que, condenados en España por actividades relacionadas con el terrorismo yihadista y radicalizados total o parcialmente en nuestro país, fueron detenidos entre 1995 y 2003. Ello no significa que no se dieran ya procesos de radicalización yihadista en los centros penitenciarios españoles durante ese primer período, en especial tras el internamiento de los detenidos como resultado de las operaciones policiales que en 1997 y noviembre de 2001 desmantelaron, respectivamente, una célula del GIA (Grupo Islámico Armado) argelino y la célula que al-Qaeda había fundado en España a mediados de la década de los 90 del pasado siglo. Los efectos que la presencia en prisiones españolas de reclusos yihadistas tuvo sobre la radicalización de otros reclusos se observan a partir de 2004, cuando se incrementó notablemente la cifra como consecuencia de las numerosas detenciones posteriores a los atentados del 11-M.3

Es, pues, a partir de las detenciones o las muertes –que corresponden a los siete integrantes de la red del 11-M que llevaron colectivamente a cabo un acto de terrorismo suicida en Leganés el 3 de abril de 2004– registradas desde este último año, cuando queda de manifiesto la relevancia que habían ido adquiriendo las prisiones como ámbitos de radicalización yihadista. Hasta un 28,1% de los detenidos o fallecidos de 2004 a 2011 se radicalizó, al menos durante parte de su proceso de adoctrinamiento en el salafismo yihadista, en centros penitenciarios. Este porcentaje, que contrasta marcadamente con la ausencia de casos durante el período anterior y que se reducirá a una cuarta parte en el período siguiente, obedece en buena medida al número de individuos, de los que contabilizamos únicamente nueve, sobre cuya radicalización se tuvo constancia tras la desarticulación en 2004 de una importante a la vez que extendida red de radicalización y captación yihadista en prisiones.4

Incluso para ese último período, los porcentajes referidos a otros ámbitos de radicalización, como domicilios particulares, lugares de culto o locales comerciales, son considerablemente mayores que el relativo a centros penitenciarios. Por otra parte, entre los condenados o muertos como consecuencia de actividades relacionadas con el terrorismo yihadista que se radicalizaron total o parcialmente en España y que fueron detenidos o murieron en el período siguiente, es decir, desde 2012 hasta octubre de 2018, el porcentaje de los radicalizados en prisión se reduce a una cuarta parte del correspondiente a los ocho años precedentes y no supera el 7% del total, aunque se trata únicamente de dos individuos menos que en el período anterior. Una vez más, domicilios particulares, lugares de culto o locales comerciales, al igual que –durante este último período– de nuevo los espacios al aire libre y, como novedad, los ámbitos online, que irrumpen con elevados porcentajes, superan con creces en relevancia a la radicalización en los centros penitenciarios.

Si, a fin de ahondar algo más en nuestra aproximación, consideramos la totalidad de yihadistas detenidos –no necesariamente condenados aunque, a 31 de octubre de 2018, cinco de cada 10 de los aprehendidos entre 2013 y 2017 habían sido ya juzgados y sólo el 4,4% de estos absueltos– o también muertos –en este supuesto se incluyen ocho miembros de la célula de Ripoll, responsable de los atentados de agosto de 2017 en Barcelona y Cambrils–5 entre 2013 y octubre de 2018, el porcentaje de individuos radicalizados en centros penitenciarios supondría el 10,1% del total (véase la Figura 2). Este valor sigue, pese a todo y teniendo en cuenta el notable número de casos acerca de los cuales no existe aún información contrastada, quedando muy por debajo de los porcentajes obtenidos para los cuatro ámbitos ya mencionados correspondientes a entornos offline de radicalización y de los entornos online de radicalización.

Figura 2. Yihadistas detenidos o muertos en España entre 2013 y octubre de 2018 según distintos ámbitos de radicalización (frecuencias y %).
Entornos de radicalización

Detenidos o muertos

Frecuencias

%

Domicilios privados

55

39,6

Lugares de culto

43

30,9

Locales comerciales

33

23,7

Aire libre

41

29,5

Lugar de trabajo

0

Prisión

14

10,1

Entornos online

128

92,1

Total

(139)

(139)

Casos sin dato

126

126

Fuente: elaboración propia.

En general, los individuos radicalizados en prisión en España comparten las características sociodemográficas del conjunto de los yihadistas detenidos, condenados o muertos en nuestro país, al margen del ámbito específico o combinación de ámbitos en que se radicalizasen.6 Sin embargo, difieren algo en lo que atañe a las variables del sexo y la edad. En primer lugar, todos los individuos a quienes nos estamos refiriendo son hombres. Aunque las mujeres suponen el 6,5% del total de condenados o muertos por actividades yihadistas en España entre 2004 y octubre de 2018, ninguna de ellas se radicalizó en prisión. La primera mujer condenada por actividades relacionadas con el terrorismo yihadista en España fue detenida y encarcelada en España en 2015. En segundo lugar, los yihadistas condenados o muertos entre 2004 y octubre de 2018 que se radicalizaron total o parcialmente dentro de España y además en prisión comenzaron este proceso a una edad media de 28,7 años, cuatro años por encima de la edad media a la que iniciaron su radicalización el conjunto de yihadistas condenados y muertos en ese mismo período, cualesquiera que fuesen sus ámbitos de radicalización.

En el contexto de las crisis personales a que suele abocar el encarcelamiento, no es infrecuente que el preso busque sentido en la religión y lo haga en relación con la voluntad de redimir una vida de transgresiones, percibidas como pecado de acuerdo con el entendimiento de lo sagrado en su cultura de origen, y la voluntad de iniciar una nueva existencia. 7 En relación con los procesos de radicalización yihadista, la religión de referencia es el islam, pero pueden darse procesos de conversión en reclusos con antecedentes culturales o familiares de otras tradiciones religiosas, que deriven en radicalización yihadista si se dan condiciones favorables para ello, en especial de exposición a propaganda yihadista o interacción con otros individuos radicalizados o con algún agente de radicalización. O puede ocurrir que se vuelva a la religión, caso de reclusos con ascendencia musulmana, para de ahí evolucionar hacia actitudes y creencias yihadistas si se dan condiciones favorables similares a las apenas enunciadas.

Cabe que conversión o reversión religiosas vengan de la mano de individuos ya radicalizados en el salafismo yihadista que, detectando y aprovechando la debilidad y apertura cognitiva de un determinado recluso vulnerable, se ganen su confianza y lo atraigan hacia una visión excluyente y violenta del credo islámico. Este fue el caso Lahcen Ikassrien, marroquí que fue condenado por primera vez en España, por delitos relacionados con el terrorismo yihadista, en 2016, pese a que su implicación en actividades yihadistas se remonta al menos al año 2000.8 Ikassrien inició su radicalización en un centro penitenciario español, tras una condena a cuatro años de prisión por tráfico de drogas, poco antes de este último año. En un diario personal que mantuvo en el tiempo durante el cual estuvo privado de libertad, anotó, entre otras cosas, lo siguiente sobre su experiencia de encarcelamiento:

“Gracias a Dios ha sido un motivo para cambiar el cauce de mi vida, me arrepentí y decidí encaminar mi vida hacia Alah gracias a la amistad con unos hermanos. La cárcel fue mi escuela, donde aprendí mucho […]. Cuando salí decidí no volver a la situación anterior a la prisión, la desviación y los pecados que me llevaron a la cárcel. Decidí cambiar de ambiente y de lugar y busqué un país donde vivir en el islam y en una sociedad islámica. Y solo encontré Afganistán como refugio y me encomendé a Alah”. 9

Prisiones como ámbito en el cual se articulan grupos yihadistas

En España, como en cualquier otro país en cuyos centros penitenciarios se acumule un significativo número de internos yihadistas, estos pueden tratar de sortear las eventuales restricciones que regulan sus vidas en prisión para interactuar entre sí, articularse con el fin de cohesionarse entre ellos y proporcionarse apoyo mutuo. También para promover conjuntamente la radicalización violenta de otros reclusos e incluso contactar con extremistas de su misma orientación ideológica situados fuera de las prisiones. Que los yihadistas encarcelados consigan o no configurarse como grupo dentro de una o varias penitenciarías depende, en el caso español como en otros análogos, del modo en que puedan explotar en beneficio propio las facilidades que encuentren dentro de los centros penitenciarios. Es decir, del modo en que tengan la habilidad de relacionarse unos con otros eludiendo los constreñimientos impuestos por las medidas de tratamiento y vigilancia inherentes a los establecimientos en que se hayan confinados. Su concentración penitenciaria ofrece más oportunidades para dicha articulación, salvo que se obstaculice o impida la comunicación entre ellos, lo cual es tanto más difícil cuanto mayor sea el número de los mismos. Pero estos pueden llegar a sortear esos obstáculos incluso en condiciones de dispersión y aislamiento.

Desde que a mediados de la década de los 90 del pasado siglo se introdujo en España el yihadismo global se han conocido dos ejemplos especialmente relevantes de la manera en que reclusos alineados con ese movimiento consiguieron articularse como grupo, pese a estar en prisión. Entre 2000 y 2002, por ejemplo, se configuró en el centro penitenciario de Topas, en la provincia de Salamanca, un grupo de reclusos simpatizantes de organizaciones como sobre todo al-Qaeda. Su promotor fue Abderrahmane Tahiri, más conocido por el sobrenombre de Mohamed Achraf, un interno marroquí que ingresó en esa prisión con 26 años de edad como delincuente común, pero habiendo hecho ya suyas –es probable que durante el tiempo que llevaba encarcelado desde 1999, aunque quizá con anterioridad– las actitudes y creencias del salafismo más violento.10

Tahiri permaneció en Topas dos años y durante ese tiempo adoctrinó en su misma ideología a no menos de una decena de presos, básicamente marroquíes y argelinos, privados de libertad por actividades de pequeña criminalidad y que en aquellos momentos tenían entre 22 y 38 años de edad.11 Para ello aprovechó una serie de facilidades que encontró dentro del establecimiento. Para mejor ejercer como agente de radicalización consiguió, por ejemplo, que la dirección del mismo pusiese a su disposición un recinto de uso polideportivo, donde dirigió rezos colectivos de internos musulmanes, pero a quienes transmitía a la vez un entendimiento rigorista y belicoso del islam.12 Además, tuvo ocasión de complementar estas reuniones, en el propio centro penitenciario, con otros encuentros de proselitismo más restringidos.

Los integrantes del grupo que eran trasladados a otros centros penitenciarios mantenían entre sí la relación por medio de cartas y trataban de extender su influencia a más prisiones españolas, como ocurrió, entre otras, en la de A Lama, en la provincia de Pontevedra, y en la de Martutene, en la de Guipúzcoa, en uno y otro caso tras la llegada de alguno de ellos.13 Incluso después de que, en junio de 2002, el propio Tahiri fuese trasladado a la prisión de Palma de Mallorca, donde terminó de cumplir condena a finales de este mismo año, sus seguidores en Topas captaron algún nuevo adepto.14 Para entonces, el grupo instituido y dinamizado por Tahiri estaba ya en contacto, a través de quienes eran sus integrantes más destacados, con otros yihadistas que se encontraban presos tanto dentro como asimismo fuera de España.

En España se comunicaban, igualmente por medio de correspondencia escrita, con yihadistas argelinos presos por haber pertenecido a la ya aludida célula del GIA.15 Tahiri mismo se carteaba con quien había sido uno de los dos dirigentes de dicha célula, como también lo hacía con al menos un miembro de la célula de al-Qaeda asimismo mencionada anteriormente, así como con un yihadista residente en Melilla que sería detenido en 2014 por captar a jóvenes musulmanes que después enviaba como combatientes terroristas extranjeros a Siria.16 Fuera de España, Tahiri lo hacía con terroristas presos en EEUU por su participación, en 1993, en el primer atentado yihadista que se llevó a cabo en las Torres Gemelas de Nueva York.17

Además de radicalizar reclusos, articularlos en un grupo y establecer relaciones con otros yihadistas, en prisión es donde Tahiri concibió, antes del 11-S y faltando aún tres años para el 11-M, la ejecución de un importante atentado en España. Para llevarlo a cabo contaba con la implicación de sus seguidores, cuando estuviesen excarcelados. Esto es algo de lo que quedó constancia, entre otros documentos, en una carta que en marzo de 2001 envió desde el centro penitenciario de Madrid III –al cual había sido trasladado entre enero y abril de ese año– a uno de ellos que era de su especial confianza, el argelino Saif Afif, quien permanecía en el de Topas y, ausente temporalmente Tahiri, se ocupaba de mantener su grupo.18 En dicha misiva se da cuenta de cuáles eran sus intenciones y las de sus acólitos, entre quienes incluye al propio destinatario, una vez que pudieran reunirse fuera de prisión:

“Te anuncio una buena nueva, he formado un grupo en el cual están todos los hermanos de los que te había hablado, son como mis hermanos y los conozco bien, están preparados para morir en el nombre de Alá en cualquier instante, espérate sólo que salgan pronto si Alá quiere para que empiece el trabajo y tú si Alá quiere estarás con nosotros, dentro de nuestro grupo, este es nuestro deber, pensar, planificar, preparar, porque después de nuestra salida, si Alá quiere, empezaremos a trabajar enseguida. Sólo nos falta la ejecución. Le pediremos a Alá éxito.”

El hecho de que la cohesión del grupo constituido en Topas se mantuviera a medida que sus integrantes iban siendo excarcelados estimuló que Tahiri, una vez en libertad e instigado además a ello por otro yihadista --en esos momentos afín al GSPC-- que llevaba unos siete años recluido por delitos de terrorismo, diese los primeros pasos, a mediados de 2004, para llevar a la práctica sus propósitos. Pergeñó, en concreto, un acto de terrorismo suicida, mediante un vehículo cargado con 500 kilos de explosivos, contra la Audiencia Nacional.19 La llamada Operación Nova, cuyas tres fases fueron desarrolladas en octubre y noviembre de ese año por la Comisaría General de Información del Cuerpo Nacional de Policía (CNP) impidieron que se materializaran los preparativos de ese atentado. Tahiri y otros miembros de su grupo fueron detenidos y condenados en 2008.20

Ocho años después, si no antes, Tahiri habría iniciado, desde el centro penitenciario de Estremera, en la Comunidad de Madrid, pese a que esta vez se hallaba recluido por delitos de terrorismo, la articulación de un nuevo grupo yihadista.21 Estaba extendido a no menos de 15 o 20 centros penitenciarios e integraba a entre 20 y 30 presos cuando la Guardia Civil lo desmanteló, como resultado de la Operación Escribano, en octubre de 2018. Entre esos presos se encontrarían al menos dos antiguos miembros de la red del 11-M, algunos detenidos a partir de 2012 por actividades relacionadas con el terrorismo yihadista y delincuentes comunes radicalizados durante su internamiento en una versión salafista y belicosa del credo islámico. A menos 11 del total son de nacionalidad española, dos de ellos conversos y el resto de ascendencia musulmana, nacidos sobre todo en Ceuta. 22

En esta ocasión, Tahiri habría emprendido la constitución del nuevo grupo junto a tres internos de su misma ideología, enviando cartas a otros reclusos de cuya pasada trayectoria o reciente orientación tenían conocimiento. Utilizaban con ese fin a personas que les visitaban o a presos comunes, como luego habrían hecho los integrantes del grupo, ya articulado, para transmitirse mensajes entre sí y de una cárcel a otra. También recurrían al correo, pero con claves que sólo ellos conocían. Tahiri hubiera quedado libre, tras cumplir una condena de 14 años por delitos de terrorismo, días después de la Operación Escribano, todo indica que aún radicalizado y con gran animadversión hacia España y las prisiones españolas, sobre cuyos responsables afirmaba en marzo de 2018 que “llevan a cabo una campaña de persecución, acoso y hostigamiento contra los presos musulmanes y los presos políticos islamistas”, entre los que se incluía.23

Reincidentes en actividades yihadistas dentro y fuera de prisión

No son pocos los casos que sugieren, en el caso español, cómo la privación de libertad puede en sí mismo tener efectos positivos sobre la desradicalización y el desenganche en individuos detenidos por actividades relacionadas con el terrorismo yihadista.24 Pero hay yihadistas que ingresan en prisión sin que, durante su estancia, sea provisional o cumpliendo ya condena, se desradicalicen e incluso, una vez excarcelados, continúan justificando el terrorismo. Eso no necesariamente supone que participen en actividades de radicalización o se integren en grupos yihadistas dentro de las cárceles, bien porque optan por no hacerlo --como resultado de su propia experiencia personal en prisión o de otras influencias externas mientras están recluidos—o bien porque el régimen penitenciario lo hace impracticable. Por su parte, entre los yihadistas que salen en libertad sin haberse desradicalizado hay también quienes se desenganchan, cualesquiera que sean las circunstancias y los motivos subyacentes a este comportamiento. Ahora bien, estos individuos, pese a haber estado recluidos en centros penitenciarios, pueden reincidir en sus actividades yihadistas.

En unos casos, esa reincidencia en actividades yihadistas se produce mientras los individuos se encuentran todavía en prisión. En otros, tras haber sido excarcelados. Así, un 7% del total de yihadistas condenados o muertos en España entre 2004 y octubre de 2018 eran reincidentes en su implicación, tanto en actividades preparatorias como operativas relacionadas con el terrorismo inspirado en una visión salafista y belicosa del credo islámico (véase la Figura 3). Este porcentaje de reincidentes en actividades yihadistas es algo más elevado cuando se calcula sólo para los condenados o muertos en los ocho años de 2004 a 2011. Es verosímil que, una vez puedan considerarse todos los casos correspondientes a condenados o muertos en un mismo período de ocho años, de 2012 a 2019, se incremente el porcentaje que ahora se ofrece sólo hasta octubre de 2018, debido al número de detenidos, todavía no juzgados hasta este último mes, pero cuya pasada trayectoria de implicación yihadista, dentro o fuera de España, es conocida.

Figura 3. Yihadistas condenados o muertos en España entre 2004 y octubre de 2018 que reincidieron en sus actividades, según períodos, para distintos ámbitos de reincidencia
Períodos

Ámbito de reincidencia en actividades yihadistas

Total de reincidentes en actividades yihadistas

Total de yihadistas condenados o muertos

% de reincidentes en actividades yihadistas

Dentro de prisión

Fuera de prisión

2004-2011

5

1

6

77

7,8

2012-octubre 2018

8

8

122

6,6

Total

5

10

14

199

7,0

Fuente: elaboración propia.

Estas tasas de reincidencia podrían de cualquier manera estar infraestimando la realidad del fenómeno, debido a la habitual expulsión de yihadistas condenados, si no tienen la nacionalidad española, mientras cumplen su pena de privación de libertad o al término de la misma. Así, los 14 reincidentes constatados entre los yihadistas condenados o muertos en España entre 2004 y octubre de 2018 no eran expulsables, porque eran ciudadanos españoles, porque se encontraban cumpliendo condena en prisión sin haber alcanzado el mínimo de tiempo requerido para ser expulsados o porque no podían serlo debido a otras razones de índole legal.

Entre los condenados o muertos de 2004 a 2011 que reincidieron en actividades yihadistas sobresalen de cualquier modo los miembros de la célula del GIA, mencionada a lo largo del epígrafe precedente, que fue desmantelada en 1997.25 Cinco de ellos lo hicieron mientras se encontraban recluidos, contribuyendo a la radicalización de otros presos, a la cohesión del conjunto de yihadistas internos en centros penitenciarios españoles y a la persistencia de estos vínculos una vez en libertad. Un sexto individuo, asimismo integrante de dicha célula de yihadistas argelinos, reincidió, por su parte, incorporándose a una red terrorista en cuyo seno intervino en la preparación y ejecución de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, después de haber sido excarcelado como consecuencia de un desajuste judicial.26

En relación con los condenados o fallecidos desde 2012 hasta octubre de 2018 que habían reincidido en actividades yihadistas, destacan entre ellos quienes, una vez iniciada la guerra en Siria, se implicaron como emprendedores o dinamizadores de células, grupos y redes (CGR) dedicadas a la radicalización, violenta el reclutamiento terrorista e incluso el entrenamiento previo de individuos que después enviaban a ese país o al contiguo Irak para incorporarse a la rama de al-Qaeda activa en dicha zona de conflicto o a la organización que acabará por denominarse Estado Islámico. Su pasada implicación en círculos y entidades yihadistas, dentro o fuera de España, habiendo estado en prisión o incluso en la Base estadounidense de Guantánamo, conferían a estos individuos un carisma útil para desenvolverse como cabecillas de esos elencos terroristas.27

En cualquier caso, quienes reinciden en actividades yihadistas pese a haber tenido una experiencia en prisión, sea cual fuere la naturaleza de su nueva implicación, tienden a hacerlo en compañía de otros individuos de sus mismas actitudes y creencias, en lugar de desenvolverse al modo de los llamados actores solitarios. Utilizando para ahondar en ello datos referidos al conjunto de los 264 yihadistas que fueron detenidos o que fallecieron en España entre 2013 y octubre de 2018 –sobre los que existe información a este respecto-- cabe considerar como reincidentes a 29 de ellos, es decir un 12% del total. En nueve de cada 10 casos han reincidido formando parte de CGR yihadistas (véase la Figura 4). Pero, como puede observarse, en eso no difieren del conjunto, pues la misma proporción se registra entre los yihadistas detenidos o muertos durante ese mismo período de tiempo que no eran reincidentes.

Figura 4. Yihadistas detenidos o muertos en España entre 2013 y octubre de 2018 según modalidad de implicación, para reincidentes y no reincidentes (en %)
Modalidad de implicación

Reincidentes

No reincidentes

Total

En células, grupos o redes

89,7

87,7

87,9

En solitario

10,3

12,3

12,1

Total

(29)

(235)

(264)

Casos sin dato

0

3

3

Fuente: elaboración propia.

Ahora bien, parece que los individuos reincidentes ejercen, de alguna manera, un considerable impacto sobre la configuración de las CGR dentro de las cuales vuelven a implicarse en actividades yihadistas, tanto en lo que se refiere al tamaño de esos elencos como a las funciones que llevan a cabo sus miembros. Así, el tamaño de las CGR en que se hallaba integrada una gran mayoría de los yihadistas detenidos o muertos en España entre 2013 y octubre de 2018 era marcadamente mayor si contaban con algún miembro reincidente que en caso contrario. El 83,1% de individuos que pertenecían a CGR con algún reincidente se encontraba inmerso en elencos yihadistas con ocho o más miembros (véase la Figura 5). A la inversa, esos elencos yihadistas tenían siete o menos integrantes para el 81,8% de individuos integrados en CGR que no incluían reincidentes.

Figura 5. Yihadistas detenidos o muertos en España entre 2013 y octubre de 2018 según el tamaño de la célula, grupo o red a que pertenecían, para CGR con o sin algún miembro reincidente (en %)
Tamaño de la CGR

Con algún miembro reincidente

Sin ningún miembro reincidente

Total

Hasta 3 miembros

1,4

54,1

37,0

De 4 a 7 miembros

15,5

27,7

23,7

De 8 a 13 miembros

46,5

18,2

27,4

14 miembros o más

36,6

0

11,9

Total

(71)

(148)

(219)

Casos sin dato

0

15

15

Fuente: elaboración propia.

Por otra parte, la distribución según funciones de sus CGR, de los yihadistas detenidos o muertos en España entre 2013 y octubre de 2018 que estaban implicados en compañía revela, asimismo, otro relevante efecto que tiene la presencia de reincidentes entre ellos. Que hubiera algún reincidente incrementaba marcadamente los porcentajes de quienes pertenecían a CGR con funciones de entrenamiento en tácticas de terrorismo u operativas de terrorismo en España cuando dichos valores se comparan con los registrados, respecto a esas mismas funciones, en CGR que carecen de miembros reincidentes entre sus integrantes (véase la Figura 6). En estas últimas, por su parte, el porcentaje que aumenta significativamente corresponde al de individuos que pertenecían a CGR con funciones de propaganda y enaltecimiento o de radicalización y reclutamiento yihadista.

Figura 6. Yihadistas detenidos o muertos en España entre 2013 y octubre de 2018, implicados en compañía, para CGR con reincidentes y no reincidentes, según las funciones del grupo, célula o red a que pertenecían (en %)
Funciones de CGR

CGR sin reincidentes

CGR con reincidentes

Total

Radicalización y reclutamiento

81,8

60,6

74,9

Difusión de propaganda y enaltecimiento

68,2

18,3

52,1

Envío

39,2

46,5

41,6

Financiación

38,5

36,6

37,9

Entrenamiento

16,9

36,6

23,3

Operativas

16,9

32,4

21,9

Apoyo logístico

6,8

--

4,6

Total

(148)

(71)

(219)

Fuente: elaboración propia.

La discusión sobre reincidentes en actividades yihadistas adquiere especial significado en relación con al menos dos aspectos que vinculan yihadismo y prisiones. En primer lugar, porque la radicalización de delincuentes comunes en prisión produce una transferencia de capacidades de la delincuencia común al terrorismo. 28 Este es el caso, por ejemplo, de tres individuos de origen argelino que se radicalizaron mientras estaban encarcelados en España en torno al año 2000, cuando cumplían condena por delitos de delincuencia común y, una vez en libertad, se implicaron en una célula que cometía robos en residencias de lujo situadas en el sur del país para financiar al Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC).29 En segundo lugar, porque al menos 20 de los yihadistas detenidos en España entre 2013 y 2017 han cumplido su pena y ya están en libertad si no han sido expulsados del país, cosa que sólo es posible en el supuesto de individuos de nacionalidad diferente a la española y siempre que no exista impedimento legal al respecto (véase la Figura 7). Entre 2019 y 2026, esto es, en los próximos ocho años, únicamente de acuerdo con la información disponible a 31 de octubre de 2018, serán no menos de 73 los yihadistas que quedarán en libertad y, si se mantienen las tasas de reincidencia conocidas hasta ahora, puede afirmarse que entre ellos habrá quienes ni se desradicalicen ni dejen de volver a implicarse en actividades relacionadas con el terrorismo que desde hace tres décadas inspira la corriente belicosa del salafismo.30

Figura 7. Yihadistas condenados en España entre 2015 y octubre de 2018 según año de detención y período en que concluye su pena de privación de libertad
Año de detención

Período en que concluye la pena de privación de libertad

Total

2015-2018

2019-2022

2023-2026

2027-2030

2031-2034

2013

0

0

11

0

0

11

2014

3

23

1

0

0

27

2015

14

14

6

4

0

38

2016

3

11

0

0

0

14

2017

0

4

3

0

2

9

Total

20

52

21

4

2

99

Fuente: elaboración propia.

Conclusiones

Aunque las prisiones han constituido y constituyen un ámbito de radicalización yihadista en España, su relevancia es, hasta el momento, considerablemente más limitada que la atribuible a otros de los ámbitos en que determinados individuos llegan a interiorizar una visión fundamentalista y violenta del credo islámico. Pero también han servido, ocasionalmente, como espacio para la articulación de grupos yihadistas e incluso para la ideación o planificación de algún atentado dentro del propio suelo español. El desmantelamiento de uno de estos grupos yihadistas formado en prisiones, siete meses después de los atentados del 11-M, introdujo medidas de régimen penitenciario, anteriormente aplicadas a otro tipo de reclusos condenados por delitos de terrorismo, que una vez desarrolladas es muy posible hayan evitado mayores niveles de radicalización yihadista en los centros penitenciarios españoles.31

Sin embargo, la evidencia empírica sugiere también que existe un significativo, si bien al mismo tiempo persistente, grado de reincidencia en actividades yihadistas dentro y fuera de las prisiones. Ello pese a que una parte de los individuos que cumplen o terminan de cumplir condena por actividades relacionadas con el terrorismo yihadista son expulsados legalmente a los países de sus respectivas nacionalidades. Pero no todos los yihadistas reaccionan a la experiencia en prisión del mismo modo. Hay quienes ni se desradicalizan ni se desenganchan de cualquier implicación. Esto resulta de especial interés considerando, por una parte, el constatable impacto aglutinador a la vez que operativo atribuible a los yihadistas reincidentes y, por otra, el inusual el flujo de yihadistas excarcelados que se espera en España a lo largo de la próxima década.

Por eso las prisiones deben ser, en España como en cualquier otro país de nuestro entorno, cada vez menos posibles ámbitos de radicalización yihadista o articulación de grupos yihadistas y cada vez más ámbitos de desradicalización y de reintegración social de quienes entraron en prisión adheridos a las actitudes y creencias de un salafismo violento o bien las adquirieron durante su internamiento en esos establecimientos. España tiene acreditada experiencia en las actuaciones penitenciarias aplicables a los condenados por delitos de terrorismo. El reto ahora es desarrollar con éxito, tanto en los centros penitenciarios que corresponden a la Administración General del Estado como en los que son competencia de la Generalitat de Cataluña, programas de prevención de la radicalización yihadista en concreto y de intervención con internos eventualmente afectados por dicho proceso, entre otras medidas.

Fernando Reinares
Director del Programa sobre Radicalización Violenta y Terrorismo Global, Real Instituto Elcano | @F_Reinares

Carola García-Calvo
Investigadora principal del Programa sobre Radicalización Violenta y Terrorismo Global, Real Instituto Elcano | @carolagc13

Álvaro Vicente
Ayudante de investigación del Programa sobre Radicalización Violenta y Terrorismo Global, Real Instituto Elcano


1 Elizabeth Mulcahy, Shannon Merrington y Peter Bell (2013), “The radicalisation of prison inmates: exploring recruitment, religion and prisoner vulnerability”, Journal of Human Security, vol. 9, nº 1, p. 7.

2 Rajan Basra, Peter R. Neumann y Claudia Brunner (2016), “Criminal Pasts, Terrorist Futures: European Jihadists and the New Crime-Terror Nexus”, The International Centre for the Study of Radicalisation and Political Violence (ICSR), Londres, pp. 29-32.

3 Huberto M. Trujillo, Javier Jordán, José A. Gutiérrez y Joaquín González Cabrera (2009), “Radicalization in prisons? Field research in 25 Spanish prisons”, Terrorism and Political Violence, vol. 21, nº 4, p. 560.

4 Audiencia Nacional, Juzgado Central de Instrucción núm. 5, Sumario 26/2004. Audiencia Nacional, Sala de lo Penal, Sección Tercera, Sentencia 6/2008. Tribunal Supremo, Sala de lo Penal, Segunda Sentencia 618/2008. El hecho de que hasta entonces hubiese presos yihadistas concentrados y no aislados entre sí ni respecto a otros presos comunes, musulmanes o no, favoreció un foco de radicalización yihadista en el centro penitenciario de Topas, en la provincia de Salamanca, que se extendió a otras prisiones españolas. Véase Trujillo et al. (2009), op. cit.

5 Fernando Reinares y Carola García-Calvo (2018a), “Un análisis de los atentados terroristas en Barcelona y Cambrils”, ARI 12/2018, Real Instituto Elcano, Madrid.

6 Sobre dichas características sociodemográficas, con especial atención al país de nacionalidad y el ascendiente migratorio, véase Fernando Reinares y Carola García-Calvo (2018b), “Marroquíes y segundas generaciones entre los yihadistas en España”, ARI 61/2018, Real Instituto Elcano, Madrid.

7 Mulcahy et al. (2013), op. cit., pp. 6-7; y Basra et al. (2016), op. cit., pp. 29-32.

8 Audiencia Nacional, Sala de lo Penal, Sección Primera, Sentencia 25/2016; véase, asimismo, Fernando Reinares (2014), ¡Matadlos! Quién estuvo detrás del 11-M y por qué se atentó en España, Galaxia Gutenberg, Madrid, pp. 42 y 169.

9 Audiencia Nacional, Juzgado Central de Instrucción núm. 5,Sumario 5/2014, folios 5681-5703.

10 Audiencia Nacional, Sala de lo Penal, Sección Tercera, Sentencia 6/2008, pp. 24-25.

11 Sentencia 6/2008, p. 26.

12 Sentencia 6/2008, pp. 26, 32-33, 36, 42, 44, 45, 48-49.

13 Sentencia 6/2008, p. 124.

14 Sentencia 6/2008, p. 146.

15 Audiencia Nacional, Sala de lo Penal, Sección Tercera, Sentencia 14/2001, pp. 33-34; Audiencia Nacional, Sala de lo Penal, Sección Tercera, Sentencia 26/2003, pp. 17-18. El GIA, con base en Argelia, se disolvió tras constituirse en 1998 el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), a partir de una facción de la misma con la que estaban alineados los mencionados individuos cuando fueron detenidos, al cual se adscribieron ya en prisión. La práctica totalidad de quienes, en España, habían estado relacionados con el GIA, se adscribieron al emergente GSPC, que formó una célula en España desmantelada en 2001 y reconstituida en 2002.

16 Sentencia 6/2008, p. 131.

17 Sentencia 6/2008, p. 150.

18 Audiencia Nacional, Sala de lo Penal, Sección Tercera, Sentencia 6/2008, especialmente pp. 138 y 139.

19 Sentencia 6/2008, p. 129-130.

20 Audiencia Nacional, Sala de lo Penal, Sección Tercera, Sentencia 6/2008, especialmente pp. 11-65, 127-222 y 240-247. Tribunal Supremo, Sala de lo Penal, Segunda Sentencia 618/2008, pp. 45-46.

21 Audiencia Nacional, Juzgado Central de Instrucción núm. 1, Auto de 11 de octubre de 2018, p. 3.

22 Algunos de los contenidos del amplio informe presentado a la Audiencia Nacional por la Guardia Civil con motivo de la Operación Escribano se encuentran recogidos en “El frente de cárceles yihadista había captado ya a once españoles”, La Razón, 3/X/2018, y en “La yihad en las cárceles españolas”, La Razón, 7/X/2018.

23 Tahiri dejó constancia de esa hostilidad en al menos tres escritos publicados en Tokata. Boletín de difusión, debate y lucha social, entre julio de 2011 y junio de 2018, estando interno en los centros penitenciarios de Puerto III, Zuera, en la provincia de Zaragoza, y Murcia II. En esos documentos se refiere a España como “un país incivilizado e indecente”; a las cárceles españolas como “una especie de campos de concentración, donde los presos sufren torturas, malos tratos y desamparo” y al Fichero de Internos de Especial Seguimiento (FIES) como una “Inquisición” que afecta sobre todo a los que define como “presos políticos islamistas”, para añadir: “y eso que no hemos hecho nada, somos inocentes de todas las acusaciones falsas contra nosotros, ningún islamista ha matado a nadie, ni ha hecho daño a nadie, ninguno, nos juzgan y condenan por el único hecho de que somos diferentes a ellos por nuestra forma de ser y nuestra creencia, montan una farsa, un montaje y detienen a inocentes y les acusan de terrorismo […]. Están persiguiendo a una religión y no sólo a personas de esa religión. El objetivo es coaccionar a los musulmanes para que dejen su religión y convertirles a la religión del Sistema y sus falsos dioses, el que se resiste lo someten a la Inquisición perpetua. Utilizan todos los métodos contra él hasta eliminarle como sea. Difunden informaciones falsas, ponen denuncias falsas, inventan, manipulan, falsifican, destruyen y ocultan pruebas […]. Tenemos muchos ejemplos como el caso del 11-M, mi caso…”. Véanse: “La paradoja de los cristales rotos”, 29/VII/2011; “La Inquisición penitenciaria. Reflexiones de Mohamed Achraf”, 7/XII/2014; y “Situación de sometimiento, control y exterminio de los presos bajo ‘Protocolo Yihadista’ en las prisiones del Estado”, 2/VI/2018 (todos accedidos por última vez el 8/XI/2018).

24 Fernando Reinares y Carola García-Calvo (2018c), “Spain’s shifting approach to Jihadism post-3/11”, en Lorenzo Vidino (ed.), Deradicalization in the Mediterranean, ISPI, Milán, pp. 53-55.

25 Sentencia 14/2001 y Sentencia 26/2003.

26 Este último es el conocido caso de Allekema Lamari. Véase Reinares (2014), op. cit., pp.53-68.

27 Sobre Abdelbaki Es Satty en particular, véase Reinares y García-Calvo (2018a), op. cit.

28 Basra et al. (2016), op. cit., pp. 20 y 35-40.

29 Nos referimos a individuos condenados por estos delitos en el marco de la Operación Green, que en la Audiencia Nacional llevó a la incoación del Sumario 43/2008.

30 Estos cálculos excluyen a menores condenados por actividades yihadistas que no han recibido una medida de privación de libertad (cuatro casos), así como a adultos que, tras su detención, no fueron enviados a prisión provisional y recibieron condenadas de privación de libertad iguales o inferiores a 24 meses, de modo que no llegaron a entrar en un centro penitenciario (seis casos). Sí se incluye a condenados que estuvieron en prisión provisional, aunque finalmente fuesen condenados a penas de privación de libertad iguales o inferiores a 24 meses.

31 Fernando Reinares (2008), “Tras el 11 de marzo: estructuras de seguridad interior y prevención del terrorismo global en España”, en Charles Powell y Fernando Reinares (eds.), Las democracias occidentales frente al terrorismo global, Ariel, Barcelona, pp. 123-124.

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