Presencia Global - Real Instituto Elcano Feeds Elcano Copyright (c), 2002-2018 Fundación Real Instituto Elcano Lotus Web Content Management <![CDATA[ La globalización en tiempos de pandemia ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/olivie-la-globalizacion-en-tiempos-depandemia 2020-12-15T10:57:59Z

La crisis del COVID-19 tiene un efecto desglobalizador en las relaciones internacionales, posiblemente mayor del que supuso la Gran Recesión. Además, las relaciones “blandas”, que han liderado la globalización en los últimos años, se están viendo particularmente afectadas por las restricciones a los movimientos internacionales de personas.

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Índice

Resumen – 5
Introducción – 7
1. La globalización pre-COVID-19 – 9
2. De pandemia a sindemia: el efecto de la crisis del COVID-19 en los intercambios mundiales – 13
2.1. Dimensión económica – 13
2.2. Dimensión militar – 18
2.3. Dimensión blanda – 20
3. Conclusiones – 29
Referencias – 31

Resumen1

En los últimos meses se ha publicado un gran número de estimaciones y proyecciones acerca del comportamiento del comercio e inversión mundiales y de los movimientos internacionales de migrantes, turistas y estudiantes en este año de pandemia. Tanto  es así, que, a fecha de hoy, se dispone de predicciones de los registros, en 2020, para casi todas las variables que componen el Índice Elcano de Presencia Global (o, en su defecto, para proxies de las mismas).

Estas nuevas estadísticas han permitido actualizar el análisis del impacto del COVID-19 en la globalización (vista desde el valor agregado del Índice Elcano de Presencia Global) que publicamos en abril de este año (Olivié y Gracia, 2020b). Ahora sí, en lugar de suponer las consecuencias de la pandemia para las relaciones internacionales sobre la base del impacto que tuvo la Gran Recesión, podemos basarnos en el comportamiento real o estimado del comercio, las capacidades militares, los turistas o la cooperación al desarrollo en los primeros meses del año, o incluso en los primeros tres trimestres.

Con este mayor nivel de certeza, se eliminan los escenarios que dibujábamos en abril para la globalización económica y militar. El valor agregado de la proyección económica mundial podría contraerse en un 12,0% y el de la militar aumentar en un 7,6%. En el caso de la dimensión blanda se mantienen los escenarios dado el impacto, aún incierto, de la pandemia en la tecnología, la cultura y la información. Con previsiones o proyecciones para el resto de las variables de esta dimensión, ésta podría contraerse entre un 9%   y un 14,3% en este año. Como resultado, podríamos asistir, con la pandemia global, a una desglobalización de entre el 7,5% y el 8,8%, la mayor variación negativa anual que observaríamos en toda la serie del Índice Elcano de Presencia Global, incluyendo los años de desintegración de la Unión Soviética o la Gran Recesión.

Estos resultados, necesariamente provisionales mientras no podamos observar el impacto real de la pandemia en nuestra serie, han de tomarse con todas las cautelas necesarias, como subrayan las fuentes de los datos que empleamos. No obstante,  sí apuntan inequívocamente a una caída abrupta de los intercambios mundiales, en casi todos los planos. También apuntan, a diferencia de la Gran Recesión, a una fuerte contracción de los intercambios blandos, que habían sido la punta de lanza de la globalización en los años previos a esta crisis.

Introducción

En abril de este año, todavía al calor de las primeras semanas de pandemia en Europa, publicamos un ARI en el que tratamos de adelantarnos al que podría ser el efecto de  la crisis sanitaria mundial (y de sus derivadas económicas, políticas y sociales) en la globalización (Olivié y Gracia, 2020b).

Para ello nos servimos del Índice Elcano de Presencia Global. Dado que se calcula hoy para 130 países, que contribuyen al 99% de la economía mundial y en los que vive el 94% de la población del planeta, el valor agregado de la proyección exterior de este grupo de países puede utilizarse como un proxy de la globalización.

Sin apenas datos o estimaciones oficiales sobre el comportamiento del comercio,  la inversión internacional, los desplazamientos de personas o el impacto en ciencia, optamos, en aquel trabajo, por tratar de imaginar si esta crisis sería igual, peor o simplemente distinta de la de finales de los 2000, a efectos de su impacto en el volumen y la naturaleza de los intercambios mundiales.

Una crisis igual, o incluso peor, que la Gran Recesión hubiese acelerado, naturalmente, las tendencias mundiales recientes: una globalización económica languideciente, un estancamiento de la globalización militar (tras la puesta al día de los grandes actores asiáticos) y una globalización blanda o suave que asume el liderazgo de los intercambios internacionales.

Pero dibujamos también un tercer escenario, el de una crisis distinta. A nadie se le escapaba que las restricciones a los movimientos internos e internacionales de personas, que se iban multiplicando y extendiendo de un continente a otro, frenarían considerablemente el turismo, las migraciones, los movimientos internacionales de estudiantes universitarios o el deporte como formas de proyección global. Así las cosas, la dimensión blanda de la globalización, más dinámica en la globalización post Gran Recesión y post económica, podría verse súbitamente interrumpida. Mientras el comercio de servicios digitales o mercancías, las inversiones productivas en el exterior o las innovaciones tecnológicas podrían seguir desarrollándose, en parte reinventándose, en un contexto de confinamiento mundial, estas facetas blandas de la globalización son particularmente susceptibles a las restricciones a los movimientos internacionales de personas. Con una segunda ola de contagios (y las medidas de control consiguientes) prácticamente inmediata a la primera en dos de las regiones del mundo que más participan en la globalización (América del Norte y Europa), la contracción de la globalización blanda que se produjo a raíz de la Gran Recesión ha quedado ampliamente superada.

Con este texto queremos actualizar nuestro anterior análisis acerca del efecto de la actual crisis en la globalización, mirada desde el Índice Elcano de Presencia Global. Por una parte, contamos ya con los datos del Índice para 2019, publicados el pasado verano (Olivié y Gracia, 2020a), lo que nos ofrece una imagen más actualizada de la globalización pre-pandemia. Por otra parte, en los últimos meses, diversos organismos internacionales (varios de ellos, fuente de nuestros datos de presencia global) han publicado datos provisionales, estimaciones o proyecciones de los intercambios internacionales en 2020.

En el primer epígrafe, retomamos los ya 30 años de datos del Índice Elcano de Presencia Global para observar las principales características y transformaciones de la globalización en las últimas décadas. En el segundo epígrafe recogemos los análisis y previsiones acerca del comportamiento de las variables económicas, militares y blandas del Índice. De este modo, para muchas de ellas, podemos, en el tercer epígrafe, remplazar los escenarios que dibujamos sobre la base de la última crisis por las previsiones u observaciones de comportamiento efectivo de estos indicadores en la actual. El último epígrafe agrega el impacto en la globalización y concluye.

Figura 1. Índice Elcano de Presencia Global
Figura 1. Índice Elcano de Presencia Global

Iliana Olivié
Investigadora principal y coordinadora del Proyecto Índice Elcano de Presencia Global
| @iolivie


1 La autora agradece a Juliana Pinzón, ayudante de investigación en prácticas en el Real Instituto Elcano, su inestimable apoyo en la labor documental y estadística.

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<![CDATA[ La cultura en el “poder suave”: una revisión metodológica del Índice Elcano de Presencia Global ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/dt21-2020-badillo-la-cultura-en-el-poder-suave-revision-metodologica-indice-elcano-de-presencia-global 2020-11-06T11:17:43Z

El documento discute el interés de recoger algunos otros indicadores para la construcción de la variable Cultura dentro del Índice Elcano de Presencia Global, en especial el comercio internacional de bienes culturales.

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Índice

Resumen – 2
(1) La circulación mundial de la cultura – 2
(1.1) UNESCO – 3
(1.2) Eurostat – 6
(1.3) Ministerio de Cultura (España) – 7
(2) La circulación de los bienes culturales – 8
(3) La circulación de los servicios culturales – 9
Conclusiones – 11
Anexo – 12
Referencias – 22

Resumen

Hasta ahora, la medición de la variable Cultura dentro del Índice Elcano de Presencia Global se ha realizado exclusivamente a partir del comercio audiovisual, computando las exportaciones de servicios audiovisuales y relacionados (producciones cinematográficas, programas de radio y televisión, y grabaciones musicales) ofrecidas por la estadística comercial de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Este documento discute el interés de recoger algunos otros indicadores para la construcción de la variable del índice, en especial el comercio internacional de bienes culturales.

(1) La circulación mundial de la cultura

Estudiar la proyección mundial de la cultura supone, sobre todo, utilizar las fronteras y las aduanas como el punto de control de la entrada y la salida de los bienes y los servicios culturales que circulan en el mundo. Esto supone contemplar los mercados culturales como los lugares en los que la cultura producida en un país es accesible, consumida, por los ciudadanos de otro. Tenemos que asumir que, en términos de mercados y circulación aduanera, todo el contenido cultural producido en un país es “cultura nacional”. Pero interpretar toda la cultura producida en un país como cultura nacional presenta al menos dos cuestiones que debemos discutir.

El primero es el que podemos encontrar cuando los contenidos producidos hibridan sus códigos culturales para facilitar su acceso a mercados externos. En el audiovisual o en la música este caso es muy evidente: ¿podríamos considerar, por ejemplo, que no es cultura nacional la música pop creada en inglés desde un país no anglófono por creadores nacionales? Si una serie o una película incorpora tramas o contenidos que no son propios del país, ¿podemos pensar que no es cultura nacional? Para poder revisar, de forma práctica, la proyección exterior de la cultura de un país en el mundo parece imprescindible obviar la cuestión del contenido y la complejidad metodológica y conceptual que implicaría, y considerar que es nacional toda la cultura producida dentro de un Estado por personas físicas o jurídicas nacionales de ese Estado. “Nacional”, como adjetivación de la cultura, se usa en este trabajo en un sentido puramente fiscal, o de origen, y no en referencia al contenido.

El segundo problema que se presenta, y este sí es más complejo, es la deslocalización de la producción física de bienes culturales que –como en tantos otros tipos de bienes– se ha producido en ciertos mercados. Este es el caso de los países asiáticos, que se han convertido en grandes productores globales de bienes destinados a mercados exteriores. Muchos países del mundo, por ejemplo, imprimen sus libros o producen los soportes digitales para sus contenidos en China. Es imprescindible garantizar, por tanto, que las fuentes utilizadas para la medición de la proyección mundial de la cultura diferencien los insumos o la deslocalización de ciertas fases del proceso productivo en las distintas cadenas de valor del producto o el servicio cultural final.

¿Y qué consideramos cultura? Este es un asunto que ha constituido una larga controversia durante años para el análisis de políticas públicas culturales (qué áreas cubre, protege e impulsa y cuáles no), la economía de la cultura o los acuerdos de comercio (sobre todo en torno al concepto de “excepción cultural” aplicado a ciertos contenidos). Más aún, la revolución tecnológica y la expansión del hipersector infocomunicacional han abierto más el territorio para incorporar muchos subsectores que –unas veces por el prejuicio de pertenecer a la “cultura de masas” y otras por el de tener un elevado componente tecnológico– permiten hablar hoy de un macrosector: el de las industrias creativas y culturales, un paradigma controvertido y más bien difuso que desde hace más de dos décadas ha redefinido tanto las políticas públicas como el campo de la economía cultural.

¿Qué sectores engloba entonces la cultura cuando la medimos, por ejemplo, para comprender su circulación internacional? Pese a que la aparición de “cuentas satélite” para el sector cultural en muchos países en la última década ha contribuido a iluminar este asunto, como acertadamente apunta un análisis del Banco Mundial, “trade in cultural goods and services is among the most opaque areas in economic statistics” (Kabanda, 2016, p. 2). Pero la estadística cultural no sólo es controvertida y reciente, su heterogeneidad metodológica es otra marca de nacimiento. Comparemos tres fuentes: UNESCO, Eurostat y el enfoque del Ministerio de Cultura de España.

Ángel Badillo Matos
Investigador Principal del Real Instituto Elcano

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<![CDATA[ ¿Actor regional o global? El perfil internacional de la UE ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/policy-paper-actor-regional-o-global-perfil-internacional-de-la-ue 2020-07-22T12:01:44Z

Haciendo uso del Índice Elcano de Presencia Global, este policy paper describe el perfil internacional de la UE. Se observa hasta qué punto los contenidos de la estrategia global de la UE están alineados con el volumen, naturaleza y distribución geográfica de la proyección exterior de la Unión.

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Versión original en inglés: Regional or global player? The EU’s international profile.

Contenidos

Resumen – 7

Introducción – 7

  1. Presencia, no poder – 11
  2. No sólo presencia blanda – 15
  3. Hacia la tecnología y la seguridad – 19
  4. La diversidad de la UE – 23
  5. Un Atlántico más cercano – 27
  6. Nuestros vecinos – 33
  7. Ampliación – 35
  8. América Latina: el espacio atlántico amplio – 37
  9. Conexión con Asia – 39
  10. Conclusiones – 41

Anexo metodológico – 43

Referencias – 47

Resumen

La nueva “Comisión geopolítica” tiene la labor de repensar el rol internacional de la UE, así como su papel global. Esta reflexión debe construirse, necesariamente, sobre la base de la actual estrategia global de la UE, publicada en 2016, que insiste en la necesidad de incrementar sus capacidades militares y de centrarse en su vecindad próxima y extendida.

Haciendo uso del Índice Elcano de Presencia Global, este policy paper describe el perfil internacional de la UE. Se observa hasta qué punto los contenidos de la estrategia global de la UE están alineados con el volumen, naturaleza y distribución geográfica de la proyección exterior de la Unión.

Tal y como se afirma en la estrategia global, hay una brecha considerable entre la presencia de la UE y su influencia internacional. En esta misma línea, y a diferencia de otros grandes actores globales, su perfil blando destaca frente a unas comparativamente débiles capacidades militares. Sin embargo, y a pesar de lo que asevera el documento estratégico, la proyección exterior de la UE está fuertemente concentrada en algunas facetas específicas de las relaciones internacionales y Estados miembros. Esto también se vincula a su asignación geográfica, con una importancia decreciente de la vecindad próxima y extendida (incluidos los países candidatos) con respecto a Europa Occidental no comunitaria, América del Norte y, en menor medida, América Latina. Por otra parte, las consecuencias exactas del Brexit y de la actual pandemia del COVID-19 en la presencia global de la UE son aún inciertas.

Introducción1

La UE renovó su documento estratégico para la política exterior y de seguridad en 2016. La literatura académica ha analizado la actual estrategia (Una visión común, una actuación conjunta: una Europa más fuerte. Estrategia global para la política exterior y de seguridad de la Unión Europea – a partir de ahora EGUE) (CE, 2016) desde distintas perspectivas. Dichos análisis resultan particularmente útiles dado que la Comisión geopolítica tiene la misión de reevaluar la política exterior de la Unión y su papel estratégico (Biscop, 2019).

Algunos autores se han centrado en la relevancia y puesta en práctica de sus principios clave como, por ejemplo, la resiliencia (Wagner y Anholt, 2016; Tocci, 2019), politización (Barbé y Morillas, 2019) y diferenciación, co-apropiación y flexibilidad de la UE en relación a sus vecinos del Este (Rodríguez Prieto, 2018). Aunque, según distintos trabajos, la estrategia es una guía realista para la política exterior y de seguridad de la UE en el corto plazo (Davis Cross, 2016; Grevi, 2016; Juncos, 2017; Smith, 2017), también se ve seriamente cuestionada por el reto que supone el proceso del Brexit (Biscop, 2016; Sidiropoulos, 2016; Smith, 2017) y la pandemia global del COVID-19. También se ha cuestionado hasta qué punto este documento reconoce el actual orden transicional (Howorth, 2016; Newman, 2018).

Desde una perspectiva geográfica, la estrategia se centra en las fronteras de la UE y su vecindad extendida, adoptando una aproximación más regional que global (Dijkstra, 2016; Grevi, 2016; Juncos, 2017; Winn, 2019).2 En este sentido, países vecinos como los que se incluyen en el Instrumento Europeo de Vecindad (Johansson-Nogués, 2018), la región del Norte de África y Oriente Medio (Harders et al., 2017) y Rusia (Korosteleva, 2019) se describen ahora como una fuente de retos, lo que también se refleja en la aproximación del documento a algunas políticas como la migratoria (Ceccorulli y Lucarelli, 2017) o la de seguridad (Legrand, 2016).

Este policy paper tiene la finalidad de contribuir a este debate mediante el análisis de la EGUE –tanto sus afirmaciones sobre la naturaleza de la proyección exterior de la UE como sus objetivos para la acción exterior– desde la perspectiva del Índice Elcano de Presencia Global. En primer lugar, se detalla la brecha entre la presencia global de la UE y su poder internacional. En segundo lugar, analizamos la naturaleza de su presencia (blanda, dura, tecnológica…). En tercer lugar, nos centramos en la construcción interna de la proyección de la Unión para, en último lugar, analizar su composición geográfica por destinos.

En lo que se refiere a la construcción interna de la presencia global de la UE, la Unión se define aquí incluyendo al Reino Unido, que es el modo en que está considerada en la EGUE y teniendo en cuenta que, aunque el Brexit ha sido ya aprobado, el período de transición continuará aún, al menos, hasta finales de 2020. Además, como se detalla más abajo, el impacto preciso del Brexit en la proyección exterior de la Unión es aún incierto.

La finalidad del Índice Elcano de Presencia Global es la de reflejar el volumen y la naturaleza de la proyección de países o grupos de países fuera de sus fronteras y sobre la base de tres dimensiones –económica, militar y blanda– que a su vez se componen de 16 variables –desde los bienes primarios hasta las capacidades militares o la cooperación al desarrollo–. El objetivo del Índice es doble. Por una parte, pretende contribuir al debate sobre la conceptualización y medición del proceso de globalización. Por otra, permite analizar la política exterior de los países incluidos en el cálculo, por ejemplo, comparando esfuerzos y medios con el nivel efectivo de presencia internacional, definiendo los perfiles de presencia por sectores o valorando la relación entre presencia e influencia. Por tanto, su segundo objetivo es el de proveer de una herramienta para el diseño de la política exterior (Figura 1).

Figura 1. Índice Elcano de Presencia Global
Figura 1. Índice Elcano de Presencia Global
Fuente: Real Instituto Elcano, Índice Elcano de Presencia Global.

Desde su primera publicación en 2011 (Olivié et al., 2011), el Índice ha ido sumando países a su cálculo de proyección exterior (hasta los 120 que incluye actualmente). En la edición de 2012 se incluyó el cálculo de la presencia de la UE en el resto del mundo. La construcción de la presencia global de la UE se calcula agregando la de todos sus Estados miembros y restando los intercambios intra-europeos.3 Esto permite calibrar a la UE como actor global, a la vez que permite observar las distintas contribuciones de los 28 Estados miembros en distintas dimensiones (esto es, la económica, militar y blanda) y variables (desde el despliegue de tropas hasta la ayuda internacional) (Olivié y Gracia, 2018b).

Aunque estos datos y análisis han resultado útiles para comprender distintos aspectos del papel internacional de la UE, no resuelven las dudas acerca de algunos aspectos relevantes que, además, son tratados en la EGUE. Éstos se refieren a la distribución geográfica de la presencia global de la UE tales como, por ejemplo, la magnitud de sus vínculos trasatlánticos, o con su vecindad próxima y ampliada (que es, como se menciona arriba, uno de los conceptos geográficos clave de la EGUE). Resolver estas dudas plantea un reto metodológico importante puesto que exige re-conceptualizar ciertos indicadores para poder desagregarlos geográficamente (como la capacidad militar o la ciencia) y complementar la base de datos del Índice con fuentes oficiales adicionales y/o fuentes de datos europeas.4 El resultado, sin embargo, ofrece una base adecuada para el análisis del patrón geográfico de las relaciones externas que se dibuja en la EGUE.

Iliana Olivié
Investigadora principal y coordinadora del Proyecto Índice Elcano de Presencia Global
| @iolivie

Manuel Gracia
Investigador del proyecto Índice Elcano de Presencia Global
| @mgraciasn


1 Los autores agradecen a Davide Rognini su inestimable labor de ayuda de investigación.

2 Sobre esto, M.E. Smith (2016) argumenta que, muy al contrario, la aproximación geográfica de la EGUE sigue siendo excesivamente amplia y no se concentra suficientemente en la vecindad europea.

3 Para más detalles sobre esta metodología, véase Olivié, Gracia, Sidiropoulos y Gruzd (2018).

4 Se llevó a cabo una desagregación similar para el caso piloto de un Estado miembro, España. Los detalles de la metodología y los resultados están disponibles en Olivié, Gracia y Gomariz (2017).

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<![CDATA[ ¿El fin de la globalización? Una reflexión sobre los efectos de la crisis del COVID-19 desde el Índice Elcano de Presencia Global ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari43-2020-olivie-gracia-fin-de-la-globalizacion-reflexion-efectos-crisis-covid-19-indice-ecano-de-presencia-global 2020-04-14T03:39:11Z

La crisis sanitaria, económica, social y política generada por la pandemia del virus COVID-19 también reconfigurará las relaciones internacionales y la globalización.

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Versión en inglés: The end of globalisation? A reflection on the effects of the COVID-19 crisis using the Elcano Global Presence Index.

Tema

La crisis sanitaria, económica, social y política generada por la pandemia del virus COVID-19 también reconfigurará las relaciones internacionales y la globalización.

Resumen

Al igual que ocurrió tras la crisis de 2008, la actual pandemia y sus derivadas podrían ralentizar la globalización o, incluso, provocar una des-globalización. Habrá efectos en la reconfiguración de las relaciones internacionales; efectos que tratamos de adelantar y desgranar en este trabajo, planteando tres escenarios futuros y haciendo uso del Índice Elcano de Presencia Global.

En un primer escenario, contemplamos la posibilidad de que los efectos estructurales en la globalización sean similares a los de la crisis de finales de los 2000, tanto en volumen como en naturaleza; lo que significaría una continuidad de los rasgos del proceso de globalización en todas sus dimensiones económica, militar y blanda.

En el segundo, consideramos efectos mayores (equiparables a la mayor reducción en cada variable registrada durante la anterior crisis), con una caída superior de los intercambios mundiales en todos sus planos. En este caso, se haría patente la des-globalización, con reducciones en las dimensiones blanda y económica del 10% y 9%, respectivamente.

El tercer y último escenario tiene en consideración las particularidades de esta crisis frente a la anterior. Si se materializara este escenario, se mantendría un proceso de globalización sustentado, particularmente en la dimensión blanda, en buena medida debido a las variables de información, tecnología y ciencia.

Análisis

Introducción

Desde su inicio, en los años 70 del siglo pasado, la actual globalización ha pasado por distintas fases en las que ha crecido, decrecido o mutado. Muchos de esos cambios responden, a su vez, a cambios estructurales en la economía y geopolítica mundiales que se podrían resumir, por una parte, en el auge de las potencias emergentes asiáticas y, por otra parte, y relacionado con lo anterior, en el cambio del epicentro de la actividad mundial del Atlántico al Pacífico.

La Gran Recesión de finales de los 2000 y principios de los 2010 vino, en buena medida, a acelerar y consolidar dichos cambios, como muestran los resultados del Índice Elcano de Presencia Global. Cabe esperar, pues, que la actual crisis sanitaria, económica, política y social mundial tenga también su impacto en las relaciones internacionales y en el proceso mismo de globalización.

Si bien es aún prematuro adelantar, exactamente, cuál será dicho impacto, hay derivadas que ya se están produciendo (como, por ejemplo, la interrupción de la producción y del consumo y, por lo tanto, del comercio) y otras que cabe esperar como consecuencia de la drástica reducción en el flujo internacional de personas. Muchos de estos efectos en el corto, medio y largo plazo ya están siendo documentados y adelantados por organismos multilaterales, medios de comunicación y espacios de análisis. En este sentido, este ARI viene a sumarse a trabajos previos realizados desde el Real Instituto Elcano que reflexionan acerca de las consecuencias de la actual crisis para el proceso de globalización (Ortega, 2020; Fanjul, 2020).

Este trabajo se estructura de la siguiente manera. Sirviéndonos del Índice Elcano de Presencia Global, el primer epígrafe caracteriza el proceso de globalización reconfigurado tras la crisis de finales de los 2000. Sobre la base de estudios previos, el segundo epígrafe recorre los principales efectos que cabe esperar en las dimensiones económica, militar y blanda de la globalización. El tercer epígrafe dibuja tres posibles escenarios para el medio plazo: los efectos transformadores de la actual crisis podrían ser similares a los de la anterior, más profundos, o de una naturaleza distinta.

(1) El mundo post-Gran Recesión y pre-coronavirus: globalización, sí, pero más lenta y más blanda

Las políticas de liberalización económica implementadas en buena parte del planeta en los años 70 a 90 dieron pie a un aumento rápido de los intercambios económicos internacionales. A esta globalización económica se han sumado siempre (en sus distintas oleadas) otras formas de internacionalización, militar o blanda, que han implicado el movimiento internacional de personas (tropas desplegadas, migrantes, turistas, estudiantes, deportistas en competiciones internacionales, cooperantes) o de ideas (mediante los intercambios de información, culturales, científicos, tecnológicos o educativos). Y si bien la conceptualización académica de la globalización ha reconocido siempre estas otras facetas no estrictamente económicas, el seguimiento del proceso de internacionalización ha solido centrarse en su dimensión más económica. Esto es así, entre otros motivos, debido a la mayor disponibilidad de estadísticas en este campo (Held et al., 1999; Rosenau, 1997; Keohane y Nye, 2000; Conley, 2002; Scholte, 2004; Lee, 2004; Marber, 2005; Caselli, 2008; Figge y Martens, 2014).

Es en parte por este foco en lo económico que, al llegar la crisis financiera mundial en 2008, y la posterior Gran Recesión, distintos análisis auguraron la ralentización de la globalización, su fin o incluso un “estancamiento secular” (Altman, 2009; Summers, 2014; Postelnicu, Dinu y Dabija, 2015). Visto así, de hecho, sí se produjo una ralentización (incluso una reversión en algunas variables y años) de la internacionalización económica (notablemente de determinados flujos comerciales y de la inversión directa extranjera).

Sin embargo, si nos servimos del Índice Elcano de Presencia Global para observar este fenómeno, podemos concluir que la globalización no se ha revertido, aunque sí ralentizado y mutado hacia formas más blandas de internacionalización (Olivié y Gracia, 2020).

El Índice Elcano de Presencia Global (Figura 1) se creó con el doble objetivo de servir de instrumento para explorar la proyección exterior de los países para los que se calcula (tanto su volumen como su naturaleza) pero también de observar las tendencias globales en los procesos de internacionalización. Dado el alto número de países para el que se calcula en la actualidad (120) y, por lo tanto, su representatividad en términos de población y de PIB mundiales, puede también emplearse para el estudio del proceso mismo de globalización (Olivié et al., 2017; Olivié et al., 2018).

Figura 1. Estructura del Índice Elcano de Presencia Global (variables, dimensiones y sus pesos en el índice compuesto)
Figura 1. Estructura del Índice Elcano de Presencia Global (variables, dimensiones y sus pesos en el índice compuesto). Fuente: Real Instituto Elcano, Índice Elcano de Presencia Global
Fuente: Real Instituto Elcano, Índice Elcano de Presencia Global.

Podemos diferenciar tres etapas en el proceso de globalización desde 1990: (a) una primera fase de des-globalización –entre 1990 y 1995– que coincide con la reconfiguración geopolítica de Europa, cuando la presencia global agregada decreció a una tasa media anual del -0,7%; (b) un segundo período de crecimiento continuado de la globalización que comienza en 1995 y termina en 2011, con un incremento acumulado del 43% en todo el período (por lo tanto una tasa media anual del 2,7%); y (c) la etapa actual, con subidas y bajadas moderadas que arrojan una tasas media de variación de algo menos del 1% (Figura 2).

Es importante tener en cuenta, en primer lugar, que el Índice Elcano de Presencia Global recoge tendencias estructurales (por ejemplo, rara vez turbulencias financieras puntuales o cambios políticos se traslucen en los resultados del Índice). En segundo lugar, captura los cambios en las dimensiones y variables con un cierto retardo temporal, de en torno a dos años, de ahí que los efectos de la crisis de 2008-2009 no se reflejen en el Índice hasta 2011 y que, muy probablemente, los efectos de la crisis provocada por la pandemia del COVID19 no impacten en los valores del índice hasta 2021 o 2022. Con estas salvedades, es importante señalar que el último año para el que tenemos datos (2018) recoge un aumento de la globalización sin precedentes desde el estallido de la crisis de finales de los 2000: el valor agregado del Índice para los 120 países para los que se calcula se sitúa hoy en los 12.646 puntos, habiendo aumentado desde 12.199 el año anterior.

Por lo tanto, según estos datos, el mundo no ha estado experimentando un proceso de des-globalización (hasta la fecha). Ésta se ha ralentizado desde el inicio de la década, pero no se ha producido una contracción del proceso más que en dos años concretos (un -0,7% en 2014 y un -1,4% en 2015) y estaba, antes de la actual crisis, recuperándose.

Figura 2. Presencias global, económica, militar y blanda, 1990-2018 (en valor índice)
Figura 2. Presencias global, económica, militar y blanda, 1990-2018 (en valor índice). Fuente: Real Instituto Elcano, Índice Elcano de Presencia Global
Notas: (a) la serie temporal del Índice Elcano de Presencia Global incluye datos para 1990, 1995, 2000, 2005, 2010 y datos anuales para el período 2010-2018; las observaciones de 1990 se extienden para el período 1990-1994, los de 1995 para 1995-1999, los de 2000 para 2000-2004 y los de 2005 para 2005-2009; y (b) las dimensiones económica, militar y blanda se expresan en términos absolutos; por lo tanto, no se están aplicando los pesos de las dimensiones para el cálculo del Índice Elcano de Presencia Global.
Fuente: Real Instituto Elcano, Índice Elcano de Presencia Global.

Las distintas variables y dimensiones (económica, militar y blanda) también han contribuido de distinta manera a la velocidad de globalización en los últimos años. Entre 1990 y 2005, el principal vector de globalización fue la dimensión económica, que creció a tasas de entre el 3,5% y el 6%. La dimensión blanda también contribuyó positiva pero modestamente al proceso durante esta etapa, con tasas de crecimiento de entre el 0,7% y el 2,2%. Mientras tanto, se producía una cierta des-globalización de lo militar, con tasas de crecimiento negativas durante la mayor parte del período (Figura 3).

Sin embargo, estas tendencias cambian fuertemente a mediados de los 2000. La dimensión blanda pasa a liderar el proceso de globalización, con tasas de crecimiento medio anual de entre el 3,6% y el 5%. La dimensión económica pasa a ser mucho menos dinámica, con crecimientos interanuales bajos o incluso negativos (en 2016 y 2017), así como se produce una cierta recuperación de la esfera militar, con tasas de crecimiento positivas en 2015 y 2016.

En definitiva, durante este período de globalización lenta, la naturaleza de este proceso también ha cambiado: la dimensión blanda remplaza la económica como su principal vector. Asimismo, la contracción estructural de lo militar durante las dos primeras décadas ha dado ahora lugar a una recuperación modesta pero continuada de esta dimensión.

Figura 3. Variaciones anuales de presencia global, económica, militar y blanda, 1990-2018 (en %)
Figura 3. Variaciones anuales de presencia global, económica, militar y blanda, 1990-2018 (en %). Fuente: Real Instituto Elcano, Índice Elcano de Presencia Global
Notas: (a) la serie temporal del Índice Elcano de Presencia Global incluye datos para 1990, 1995, 2000, 2005, 2010 y datos anuales para el período 2010-2018; las observaciones de 1990 se extienden para el periodo 1990-1994, los de 1995 para 1995-1999, los de 2000 para 2000-2004 y los de 2005 para 2005-2009; y (b) las dimensiones económica, militar y blanda se expresan en términos absolutos; por lo tanto, no se están aplicando los pesos de las dimensiones para el cálculo del Índice Elcano de Presencia Global.
Fuente: Real Instituto Elcano, Índice Elcano de Presencia Global.

(2) ¿Qué dejará el coronavirus en términos de intercambios mundiales?

La reflexión acerca del posible impacto de la actual crisis sanitaria, y el escenario posterior sobre el proceso de globalización en su conjunto, y particularmente sobre sus distintas dimensiones e indicadores, requiere una serie de consideraciones previas.

En primer lugar está la dimensión temporal. Es necesario diferenciar los análisis sobre el efecto a corto plazo de la propia emergencia sanitaria y las medidas tomadas para contenerla, de los efectos en el medio y largo plazo. A nivel macroeconómico el debate, todavía incipiente, se está centrando en el propio shock –de oferta y/o de demanda y sus efectos– (Camaduro y Papadia, 2020; Carlsson-Szlezak, Reeves y Swartz, 2020; Fornaro y Wolf, 2020) y en las respuestas políticas necesarias en función de los diferentes diagnósticos (McKibbin y Fernando, 2020; OECD, 2020b). Pero tanto las consecuencias del shock como la dimensión de la respuesta dependerán a su vez de la duración de la emergencia sanitaria y de las medidas de confinamiento. Por otro lado, parece no haber duda de que la gravedad de la situación requiere la necesidad de reactivación de grandes políticas de Estado (Bénassy-Quéré et al., 2020; Krugman, 2020; Saez y Zucman, 2020; De Grauwe, 2020; Gali, 2020; Wolf, 2020).

En cualquiera de los casos, los análisis coincidirían en que la crisis a la que nos enfrentamos tendrá un importante impacto económico en todas las dimensiones de los intercambios internacionales (OECD, 2020b, 2020a) y al mismo tiempo, tanto su duración como las diferentes respuestas que se adopten afectarán, también de distinta manera, al ritmo y la naturaleza de la globalización (IMF, 2020).

En segundo lugar, a pesar de las numerosas comparaciones con la situación económica en la II Guerra Mundial y los años posteriores, cabe destacar, por una parte, que las diferencias económicas son notables –por ejemplo, no habrá necesidad de reconstrucción de grandes infraestructuras, lo que hubiera permitido contrarrestar el shock de oferta–. Pero, sobre todo, los aires de la época son otros (Hernández, 2020). Nos encontramos hoy en un contexto de reversión de los procesos de integración y fortalecimiento de las identidades nacionales, y lo global es, además, el principal mecanismo de extensión de la crisis sanitaria actual y de sus efectos. Ya antes de la erupción de la crisis sanitaria provocada por el coronavirus, asistíamos a una guerra comercial entre EEUU y China que enmascaraba una carrera tecnológica, y que se ve avivada ahora por el modo de gestionar la crisis sanitaria y la carrera por la obtención de la vacuna (Campbell y Doshi, 2020). En cualquier caso, existen dudas acerca del impacto de la pandemia en esta pugna geopolítica, y particularmente en los efectos sobre China, en términos de crecimiento, de cohesión interna y de imagen internacional (Esteban, 2020). En este mismo sentido, en el momento en que se escriben estas líneas, la emergencia sanitaria es todavía incipiente en EEUU.

Por lo tanto, esta crisis irrumpe en un momento en el que parte de la comunidad internacional cuestiona los pilares sobre los que se venía sosteniendo el mundo desde el fin de la II Guerra Mundial, y particularmente, su gobernanza multilateral o el sentido y la existencia misma de la UE. En definitiva, se trata de una crisis sanitaria de naturaleza irremediablemente global que estalla en un contexto de auge de identidades nacionales.

(2.1) Dimensión económica

Parece unánime la opinión acerca del impacto negativo que tendrá la actual crisis en la economía mundial, tanto en el corto como en el medio plazo. En lo que respecta a los mercados de bienes energéticos y materias primas, la crisis del coronavirus aparece en un contexto de caída de precios del petróleo por el enfrentamiento entre Rusia y Arabia Saudí, que ha arrastrado al resto de materias primas (Escribano, 2020).

En términos comerciales e inversores, la pandemia se desata en un contexto de elevada transnacionalización productiva e inversora, con un proceso manufacturero fragmentado, y dispersado geográficamente, organizado en las denominadas cadenas globales de producción (Molina, 2020).

Sin embargo, la actual situación también pone de manifiesto la vulnerabilidad de los modelos de producción actuales, caracterizados por la denominada producción flexible (series de producción cortas, minimización de stocks y aprovisionamiento constante en flujo tenso), respecto a lo ocurrido en sus países proveedores (Treceño, 2020; Haren y Simchi-Levi, 2020). Como señala Fanjul (2020), esta crisis incrementa la valoración del riesgo de dependencia geográfica respecto a China, lo que puede desarrollar estrategias de diversificación geográfica de proveedores, que puede no afectar negativamente al comercio en términos agregados, o puede incidir en una tendencia de relocalizaciones hacia países de origen y la consecuente reducción del volumen de intercambios comerciales.

En lo que respecta a las exportaciones de servicios, si bien en los últimos años habían venido incrementándose notablemente de la mano de los procesos de transnacionalización productiva, es esperable una importante reducción de estos flujos debido al impacto en el sector turístico mundial. Así, en economías de marcado perfil terciarizado y anclado en la variable turística, como es el caso de España, la pandemia global tendrá un impacto importante por la vía de la caída en la llegada de turistas a las fronteras.

Y en lo que respecta al stock exterior de inversión extranjera directa (quinto indicador incluido dentro de la dimensión económica), su evolución dependerá de la reconfiguración de esa dimensión productiva transnacionalizada, y también del impacto en los mercados financieros internacionales en el medio plazo (Álvarez-Pickman, 2020).

(2.2) Dimensión militar

En principio no cabe esperar un vínculo directo entre la crisis del coronavirus y la dimensión militar, tal y como se incorpora ésta al Índice Elcano de Presencia Global. Si bien es cierto que el ejército ha adquirido un importante papel en la gestión de la crisis sanitaria en la práctica totalidad de países, por el momento, dicho papel se limita a los territorios nacionales. No obstante, no es descartable que en un futuro se puedan llegar a poner en marcha misiones internacionales orientadas a gestionar recrudecimientos puntuales de la emergencia sanitaria en países concretos y particularmente en desarrollo.

(2.3) Dimensión blanda

Como se explica en el primer epígrafe, la dimensión blanda ha sido el principal vector de globalización tras la crisis de finales de los 2000. A diferencia de lo que ocurrió entonces, en esta ocasión sí cabe esperar un impacto significativo, aunque desigual, en varias de sus facetas. Entre las variables golpeadas estarán, previsiblemente, las que impliquen el movimiento de personas como el turismo, la migración, la educación o los deportes (Molina, 2020). Como ejemplo de esto último, véase la cancelación de citas deportivas internacionales, incluidos los Juegos Olímpicos.

Por el contrario, otras formas de proyección blanda pueden verse reforzadas como consecuencia de la crisis del coronavirus. Es el caso de la información, dado el esperable incremento del volumen de noticias internacionales, así como la mejora de la infraestructura física necesaria para el uso de Internet, en un contexto de confinamiento y de aumento del teletrabajo. Podría ser también el caso de la variable de ciencia, dado el esfuerzo investigador que se está generando ya en los ámbitos de las ciencias (vacunas o tratamientos médicos, pandemias y cambio climático) y de las ciencias sociales (análisis de impacto y exploración de respuestas en los ámbitos económico, político o social).

Existen otros indicadores de la dimensión blanda en los que, como resultado de distintos factores con efectos contrapuestos, el impacto neto de la crisis podría ser positivo o negativo. El indicador de la variable de tecnología recoge las patentes orientadas al exterior, que guardan un vínculo con la dimensión comercial y que, por tanto, podrían reducirse. No obstante, al igual que con la variable de ciencia, el comportamiento de las patentes podría también incrementarse por las necesidades de nuevos desarrollos tecnológicos que repercutirán en el incremento de inversiones I+D.

La variable de cultura se encontraría en una situación similar. Medida con los intercambios de servicios audiovisuales, si en los próximos años predominara el repliegue económico en las propias fronteras y la caída del comercio mundial, éste arrastraría también estos intercambios. No obstante, de esta dinámica podrían escapar, concretamente, los intercambios digitales, más aún teniendo en cuenta que el confinamiento mundial ha incrementado el consumo en el domicilio de todo tipo de producciones cinematográficas, series o música.

Por último, en lo que se refiere a la cooperación al desarrollo, distintos gobiernos podrían optar por un aumento de los desembolsos de ayuda al desarrollo, con el objetivo de contribuir a la conservación de los bienes públicos globales, particularmente en materia de salud global, o bien podríamos asistir a una reducción de los mismos en un nuevo contexto de fortalecimiento de identidades nacionales y, con ello, de reducción de los espacios de cooperación multilateral (Olivié, 2020).

(3) ¿Cómo afectará esto al proceso de globalización?

Una forma de aproximarse a la respuesta es calibrando (con todas las cautelas y reservas necesarias) su impacto en el agregado del Índice Elcano de Presencia Global. Para ello, podemos basarnos en el efecto transformador que tuvo en éste la anterior crisis de 2008 (epígrafe 1 de este trabajo) y también las previsiones de impacto de la actual epidemia en las distintas variables y dimensiones del Índice (epígrafe 2).

(3.1) Escenario A: una crisis como la de 2008

Por lo general, los cambios estructurales se ven reflejados en el Índice Elcano de Presencia Global al cabo de dos años, aproximadamente. Téngase en cuenta que la edición 2018 del Índice, publicada en 2019, recoge los datos de las 16 variables disponibles a 31 de diciembre de 2018. Dichos datos suelen hacer referencia generalmente a 2017 o, en algún caso, incluso a 2016. Siendo así, los efectos estructurales de la crisis que se inicia con la quiebra de Lehman Brothers en otoño 2008 se empiezan a observar en la edición 2010 de nuestro Índice, y se extienden hasta mediados de ese decenio.

Si la actual emergencia sanitaria, y sus consecuencias económicas, políticas y sociales tuvieran una magnitud semejante a la de hace una década, cabría prever una variación en el agregado del Índice Elcano de Presencia Global similar a la que tuvo el mismo Índice en el período 2010-2015, en todas y cada una de sus variables y dimensiones (Figura 4).

(3.2) Escenario B: una crisis peor que la de 2008

Algunos analistas prevén unos efectos económicos, políticos y sociales devastadores y más profundos que los que tuvo la crisis de 2008. Si nos situáramos en este escenario, podríamos ver cómo las distintas variables del Índice registran, posiblemente a partir de la edición 2022, el peor valor diferencial posible de los observados para cada uno de los indicadores en el período 2010-2018 (Figura 4).

(3.3) Escenario C; una crisis distinta de la de 2008

Por último, también cabría esperar que esta crisis, con sus particularidades y diferencias respecto de la de 2008, tuviera un comportamiento distinto por variables, tal y como observábamos en el epígrafe anterior.

Éste sería el caso, por ejemplo, de la variable de energía. Tal y como señalábamos, los precios de la energía se sitúan en niveles históricamente bajos y al mismo tiempo se prevé un mantenimiento de las políticas vinculadas al cambio climático, y particularmente del proceso de sustitución de fuentes energéticas fósiles. Cabe más bien esperar un comportamiento de esta variable, dentro de la dimensión económica, similar a la registrada en los últimos años (Escribano y Lázaro, 2020), lo que arrastraría también un comportamiento similar de la variable de bienes primarios. Siendo así, su variación en los próximos años podría situarse en el entorno del -2,6% medio anual, que es el valor promedio registrado en el período 2015-2018 (Figura 5).

Algo similar cabría esperar para la variable de manufacturas, en la dimensión económica, que ya acusaba un enfriamiento del comercio internacional. También sería el caso de las tropas desplegadas y el equipamiento militar en la dimensión militar, que en principio no reaccionarán significativamente a la actual crisis. En la dimensión blanda, este comportamiento cabría ser esperable para la variable de cultura, que podría verse más afectada por una disminución del comercio internacional o, por el contrario, por un incremento del consumo en este tipo de servicios. También en esta última dimensión, podría ser el desempeño de la cooperación al desarrollo, que evolucionará como resultado de la tensión entre la mayor presión para contención de este gasto público, por una parte, y la demanda de una mayor protección de los bienes públicos globales, por otra.

En lo que se refiere a los servicios, podría haber un impacto significativo en el sector turístico, quizá equiparable al peor de los desempeños en el período 2010-2018 (por lo tanto, el mismo registro que en el escenario B), como también ocurriría con otras variables que implican el flujo de personas: las migraciones, el turismo, los deportes y la educación.

Hay un tercer grupo de variables que podrían comportarse en el futuro inmediato de forma similar a cómo lo hicieron en el primer momento post-Gran Recesión (y, por lo tanto, igual que en el escenario A). Éste es el caso de las inversiones, vistas las perspectivas de re-localización de la producción y la sensibilidad de esta variable al comportamiento de los mercados financieros internacionales. En la dimensión blanda podrían seguir este patrón la información (visto el aumento de este tipo de consumo y el crecimiento previsible en la capacidad instalada) y la tecnología y la ciencia (por la que apostaron las grandes potencias que no sufrieron la crisis como buena parte de las economías europeas).

Figura 4. Tres escenarios para la globalización post-COVID19 (%)
  Escenario A
Crisis como la de 2008
Tasa promedio (2010-15)
Escenario B
Crisis peor que la de 2008
Mayor reducción (2010-18)
Escenario C
Crisis distinta de la de 2008
Tasas promedio Figura 5
Energía 7,2 -7,3 -2,6
Bienes primarios -0,5 -36,7 -10,5
Manufacturas 3,3 -3,3 -0,5
Servicios 1,3 -1,4 -1,4
Inversiones 1,0 -12,4 1,0
Tropas -3,4 -8,3 0,5
Equipamiento militar 4,0 -1,9 -0,2
Migraciones -1,0 -1,1 -1,1
Turismo 3,5 1,9 1,9
Deportes -1,3 -1,7 -1,7
Cultura 11,2 -11,7 1,2
Información 16,5 -3,1 16,5
Tecnología 3,1 -27,4 3,1
Ciencia 3,2 -16,5 3,2
Educación 4,3 -1,2 -1,2
Cooperación al desarrollo 4,7 -12,2 1,3
Fuente: elaboración propia en base al Índice Elcano de Presencia Global.

 

Figura 5. Escenario C. Una crisis distinta de la de 2008
  Argumentos + Argumentos - Juicio (%)
Energía Dependencia petróleo Guerra precios, políticas cambio climático -2,6
Bienes primarios   Vínculo precios petróleo, mercados financieros -10,5
Manufacturas Transnacionalización existente CGV Relocalización, parón productivo -0,5
Servicios Transnacionalización existente CGV Relocalización, parón productivo, turismo -1,4
Inversiones Transnacionalización existente CGV, fusiones y adquisiciones financieras Relocalización, crisis financiera 1,0
Tropas Misiones sanitarias Repliegue nacional 0,5
Equipamiento militar     -0,2
Migraciones Crisis migratorias Repliegue nacional -1,1
Turismo   Repliegue nacional, crisis sanitaria 1,9
Deportes   Cancelación eventos y competiciones -1,7
Cultura Consumo digital Reducción multiculturalismo 1,2
Información Aumento noticias, aumento infraestructura internet   16,5
Tecnología Aumento desarrollos tecnológicos Reducción comercio 3,1
Ciencia Aumento publicaciones   3,2
Educación   Reducción movimientos -1,2
Cooperación al desarrollo Salud global Repliegue nacional 1,3
Fuente: elaboración propia en base al Índice Elcano de Presencia Global.

Sólo en uno de los tres escenarios, el B, se produciría una des-globalización efectiva, que se daría en todas las dimensiones y, particularmente, en la económica, que se reduciría, para la suma de la presencia económica de los 120 países para los que se calcula el Índice, y respecto del dato más reciente que es el valor del Índice en 2018, en más de 630 puntos (9%). La reducción de la dimensión blanda sería, aproximadamente, de la mitad (10%) y la militar decrecería en menos de 100 puntos (Figuras 6 y 7). El resultado neto sería el de una caída de la presencia global agregada de los 120 países para los que se calcula el Índice de 1.065 puntos en valor índice, o el 8,5% respecto de su valor en 2018, lo que nos devolvería a los niveles de globalización poscrisis.

Si los efectos transformadores fueran similares a los de la anterior crisis (escenario A) habría, de hecho, una continuidad en el proceso de globalización, con incrementos acumulados, sobre todo, en la dimensión blanda (más de 200 puntos en valor índice, más del 6%), y, en menor medida, en la económica (que aumentaría algo menos de 150 puntos, poco más del 2%). Esto es, un aumento de la presencia global agregada de 391 puntos o el 3,1%, sólo 0,7 puntos porcentuales menos que la variación de 2017 a 2018.

Por último, si se diera un escenario diferente, con efectos transformadores diferenciados de esta crisis respecto de la anterior, nos encontraríamos, prácticamente, con un parón de la globalización. Ésta apenas continuaría, con un crecimiento de la presencia global agregada de tan sólo 0,7% (88 puntos en valor índice). Sería el resultado de un mayor dinamismo de la presencia blanda, que se incrementaría en más de 120 puntos (el 3,6%), frente a una dimensión económica en leve retroceso (el -0,5%) y una dimensión militar prácticamente inalterada.

Figura 6. Presencia global agregada, proyecciones por escenarios A, B y C (variaciones en valor índice respecto del valor de 2018)
Figura 6. Presencia global agregada, proyecciones por escenarios A, B y C (variaciones en valor índice respecto del valor de 2018). Fuente: elaboración propia en base al Índice Elcano de Presencia Global
Fuente: elaboración propia en base al Índice Elcano de Presencia Global.

 

Figura 7. Presencia global agregada, proyecciones por escenarios A, B y C (variaciones en porcentaje respecto del valor de 2018)
Figura 7. Presencia global agregada, proyecciones por escenarios A, B y C (variaciones en porcentaje respecto del valor de 2018). Fuente: elaboración propia
Fuente: elaboración propia.

Conclusiones

Al igual que ocurrió con la crisis de finales de los 2000, la actual tendrá un impacto en las relaciones internacionales. Es previsible también que estos efectos supongan una aceleración de los cambios estructurales que ya se venían dando en el proceso de globalización.

En este sentido, cabe destacar, en cualquiera de los tres escenarios identificados, que a pesar de las previsibles restricciones a los movimientos de personas (que afectarán a las variables de educación, turismo o migraciones), sería la dimensión blanda la que lideraría la globalización, como de hecho ocurrió tras la crisis de 2008. Esto sería así por el esperable dinamismo de las variables de información, tecnología y ciencia, lo que vendría a acrecentar y consolidar la brecha tecnológica entre países y regiones y cómo ésta moldea, de forma creciente, el papel de distintos países o bloques (como China, EEUU y Europa) en la escena internacional.

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<![CDATA[ Indicadores de tecnología para medir la presencia global de un país ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari115-2019-alvarez-natera-marin-indicadores-de-tecnologia-para-medir-la-presencia-global-de-un-pais 2019-12-05T07:37:44Z

Este documento aborda la idoneidad de los indicadores disponibles en el ámbito de la tecnología, argumentando tanto sus puntos fuertes como débiles para su posible inclusión en la dimensión blanda del Índice Elcano de Presencia Global.

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Tema

Este documento aborda la idoneidad de los indicadores disponibles en el ámbito de la tecnología, argumentando tanto sus puntos fuertes como débiles para su posible inclusión en la dimensión blanda del Índice Elcano de Presencia Global.

Resumen

La ciencia, la tecnología y la innovación (CTI) constituyen un pilar básico para la comprensión del desarrollo relativo alcanzado por los países y, al mismo tiempo, son un elemento clave para aproximar las posibilidades de acceso a un mayor grado de presencia global. La internacionalización de flujos, actividades y factores implica considerar necesariamente el ámbito externo de los sistemas nacionales de innovación y es por ello que los conceptos ligados a las formas que adopta la internacionalización de la CTI sirven de base para justificar las mediciones y los indicadores de este proceso. En este documento se aborda la idoneidad de los indicadores disponibles en el ámbito de la tecnología con el propósito de argumentar tanto sus puntos fuertes como débiles para su posible inclusión en la dimensión blanda del Índice Elcano de Presencia Global. La primera sección contiene una introducción a las bases conceptuales, a la que le sigue, en la sección segunda, una revisión de indicadores disponibles. La sección tercera responde la pregunta de por qué sería necesario modificar el indicador actual de tecnología, mientras que en la sección cuarta se discute la propuesta alternativa de indicadores. Finalmente, la sección quinta esboza algunas consideraciones de carácter metodológico.

Análisis

(1) Bases conceptuales

En esta sección se realiza una breve argumentación teórica acerca de la internacionalización de los sistemas de innovación, las formas que adopta y qué indicadores están disponibles, aportando algunas bases conceptuales para el desarrollo del resto del documento.

El proceso de internacionalización creciente no deja exento el ámbito del cambio tecnológico y la innovación. El incremento de los intercambios comerciales y la creciente internacionalización del factor capital, junto al vertiginoso avance de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), definen un mapa internacional en el que la tecnología sigue una dinámica sin precedentes. Un aspecto clave es que la tecnología –el conocimiento– que se requiere para resolver problemas técnicos, económicos y sociales, no se ciñe exclusivamente a las fronteras físicas o administrativas, sino que puede ser utilizado en procesos innovadores de países distintos a aquél en el que es originariamente generado.

Esta corriente entronca directamente con las diferentes formas de internacionalización de la tecnología, siendo notorio el protagonismo que ha alcanzado la actividad de las empresas multinacionales en la definición de estrategias de innovación sobre bases internacionales y en la determinación del patrón internacional de las cadenas de valor regionales y globales. Estas formas de internacionalización de la actividad económica y tecnológica son de interés para gobiernos y académicos, por cuanto el objetivo de competitividad sigue estando presente en las bases que definen las distintas políticas de cambio estructural necesario para hacer avanzar las economías hacia un proceso sostenible de desarrollo (Álvarez et al., 2019). La nueva fase de desarrollo de las TIC ha ido estableciendo las bases de lo que ha pasado a denominarse la era digital y, ante la elevada complejidad de las tecnologías, se hace más relevante que nunca el acceso internacional a la diversidad de fuentes de información y de conocimiento. Estas fuentes pueden situarse en cualquier parte del mundo, bien sea una institución, bien un individuo, y su búsqueda, asimilación y adaptación requiere a su vez de la internacionalización de organizaciones y actores innovadores.

La presencia global de la tecnología de un país, por lo tanto, requiere tener en cuenta cómo se internacionaliza el conocimiento generado en el interior de un sistema nacional de innovación a partir de las capacidades propias (Lall, 1992). La manera más tradicional de aproximar tales capacidades ha sido a través de los esfuerzos y resultados en los ámbitos científico y tecnológico, habiendo sido muy utilizados tanto los indicadores de recursos humanos e inversiones en investigación y desarrollo (I+D), como los de patentes y publicaciones para atender a los outputs o resultados. Los esfuerzos metodológicos en el plano internacional han quedado plasmados en diferentes guías metodológicas que han servido a los países para generar estadísticas y medir el grado de desarrollo de los sistemas de innovación, entre los que cabe destacar el compendio de indicadores que se encuentra en el Manual de Oslo (OECD/EUROSTAT, 2018).1

Aproximar la presencia global de tales capacidades implica tener en cuenta el flujo entre países y, para ello, cabe comenzar por la diferenciación básica entre “tecnología incorporada” (en productos, en bienes de capital) o “desincorporada” (en patentes, en know-how). Además, en la pionera taxonomía que desarrollaron Archibugi y Michie (1995), que con el paso del tiempo se ha convertido en una referencia obligada a la hora de explicar y entender la internacionalización de la tecnología y la innovación, se alude a tres formas básicas: “explotación internacional”, “colaboración internacional” y “generación internacional”.

La primera, la explotación internacional de tecnologías, responde a un mecanismo de mercado según el cual la internacionalización de las innovaciones se da fundamentalmente por los intercambios comerciales entre países, entendiéndose como la consecuencia –y no necesariamente la causa– de la expansión de los flujos comerciales de mercancías. En ésta se asentaría la dualidad que conforman la innovación y la difusión, respondiendo a la presencia de países innovadores en los que surgen las innovaciones tecnológicas que se difunden internacionalmente entre los países seguidores (Verspagen, 1997). Esta dualidad refleja una brecha tecnológica definida por aquellas economías que desarrollan una base productiva centrada en industrias de elevado valor añadido, especializadas en producir y exportar productos intensivos en tecnología, frente a aquéllas de menor desarrollo industrial y tecnológico, que pasarían a adquirirlos en el comercio internacional y a adaptar la tecnología transferida. Esta forma de internacionalización responde a la dinámica del mercado internacional y, por lo tanto, su medición y comparación se realiza a través de indicadores de importaciones y exportaciones de mercancías; en particular, las exportaciones de bienes manufacturados con alto componente de tecnología, como son equipos eléctricos y electrónicos, instrumentos de precisión, productos químicos y farmacéuticos (Archibugi y Filippetti, 2015).

Además, ante la relevancia que han alcanzado las tecnologías digitales, pueden añadirse otros indicadores tales como las exportaciones de bienes y servicios TIC (UNCTAD, 2017), e igualmente el comercio de derechos de propiedad intelectual, cuyo volumen se ha triplicado en las últimas dos décadas, según la información que proporciona el Banco Mundial. El VI Manual de Balanza de Pagos del Fondo Monetario Internacional (FMI, 2009) establece y recopila las estadísticas correspondientes a los pagos y cobros por derechos de propiedad intelectual entre residentes y no residentes, entre los que se incluyen patentes, marcas, copyrights, procesos y diseños industriales y franquicias, así como el uso de acuerdos de licencias, productos originales y prototipos (derechos sobre obras literarias, manuscritos, software, trabajos cinematográficos y discos), al igual que otros relacionados con televisión, cable y emisiones vía satélite.

Por su parte, las relaciones de colaboración internacional se han convertido en un mecanismo propicio para superar las limitaciones de escala de la I+D que definen la magnitud de la inversión, y la diversidad de fuentes de información y de conocimiento, pudiendo distinguirse entre colaboración internacional científica y tecnológica. Esta última se expresa a través de consorcios que vinculan empresas para realizar proyectos de tal envergadura que individualmente serían inalcanzables, proyectos conjuntos en los que se estimula también la cooperación público-privada cuando confluyen empresas junto a centros de la Administración pública. Su aproximación empírica también se realiza a través de alianzas tecnológicas entre empresas y proyectos internacionales en colaboración, y la co-invención o patentes de propiedad de agentes de más de un país, siendo esta última válida también para aproximar la generación internacional de tecnología junto a la inversión en I+D que realizan las empresas en el extranjero a través de su red multinacional.

(2) Indicadores disponibles

Las metodologías para la construcción de indicadores y recopilación homogénea de estadísticas en el ámbito de la CTI responden a numerosos esfuerzos realizados fundamentalmente por los organismos internacionales, tal como se ha mencionado anteriormente. Basándose en los sistemas nacionales de innovación, Castellacci y Natera (2011) representan las capacidades nacionales en los procesos de innovación, organizando una batería de indicadores en seis dimensiones: (a) innovación y capacidades tecnológicas; (b) educación y capital humano; (c) infraestructuras; (d) competitividad económica; (e) capital social; y (f) factores políticos e institucionales. A éstas se añadieron, posteriormente, cuatro dimensiones para abarcar más procesos sociales: riqueza y bienestar de la población, estructura industrial, internacionalización y condiciones medioambientales.

Si bien todas esas dimensiones representan características importantes del posicionamiento de los países, para evaluar la presencia global consideramos que hay dos dimensiones fundamentales: las capacidades científicas y tecnológicas, y los procesos de internacionalización. En la Figura 1 se muestra una selección de indicadores de acuerdo a ambas. Puede observarse que se han incluido algunos indicadores que reflejan capacidades nacionales stricto sensu, tales como el gasto en I+D o la ejecución pública y privada del mismo, lo que obedece al convencimiento de que son las condiciones básicas, la expresión del esfuerzo interno, lo que está directamente relacionado con la presencia tecnológica global. A estos se suman los ingresos por comercio de derechos de explotación del conocimiento generado en el país, las publicaciones, que muestran la producción científica, y las patentes y marcas, aceptadas como indicadores de los resultados tecnológicos. Le siguen un conjunto de indicadores de internacionalización, de explotación internacional de la tecnología, tales como las exportaciones de bienes y servicios TIC, y las de alta tecnología, ya mencionadas en la sección anterior y sobre los que se volverá más adelante en este documento.

Figura 1. Selección de indicadores para la medición de presencia global desde la CTI
Capacidades científicas y tecnológicas
Indicador Descripción Fuente
Gasto en investigación y desarrollo como porcentaje del PIB (GID % PIB) Gastos corrientes y de capital (público y privado) en trabajo creativo realizado sistemáticamente para incrementar los conocimientos. Investigación básica, aplicada, desarrollo experimental. Banco Mundial; OECD; UNESCO
Total de personal de I+D (tiempo completo equivalente) Personal empleado o contribuyentes externos integrados en actividades de I+D, y las que prestan servicios directos en tales como gerentes de I+D, administradores, técnicos, administrativos. UNESCO; OECD
GID ejecutado por el Gobierno Gasto total en I+D ejecutado por todas las unidades del gobierno central (federal), regional (estatal) o local (municipal), incluidos los fondos de seguridad social. UNESCO; OECD; RICYT
GID ejecutado por el sector empresarial Gasto en I+D ejecutado por todas las organizaciones que desempeñan actividades empresariales en el país. UNESCO; OECD; RICYT
Pagos recibidos por el uso de propiedad intelectual (balanza de pagos, US$ precios corrientes) Pagos realizados entre residentes y no residentes por el uso autorizado de activos intangibles, no financieros, no fabricados, y derechos de propiedad (patentes, derechos de autor, marcas registradas, procesos industriales y franquicias) y licencias por uso de originales producidos de prototipos (películas y manuscritos). Banco Mundial; UNCTAD
Artículos de revistas científicas y técnicas (por millón habitantes) Número de artículos científicos y de ingeniería publicados en física, biología, química, matemáticas, medicina clínica, investigación biomédica, ingeniería y tecnología, ciencias de la tierra y el espacio. Banco Mundial
Solicitudes de patentes, residentes (per cápita) Solicitudes de todo el mundo a través del procedimiento del Tratado de Cooperación de Patentes, o con oficina nacional para derechos exclusivos de una invención, un producto o proceso que proporciona una nueva forma de hacer algo o solución técnica. Banco Mundial
Solicitudes de marca registrada (no residentes) Solicitudes para registrar una marca registrada en una oficina nacional o regional de Propiedad Intelectual (IP) realizadas por personas que no residen en el país. Banco Mundial
Internacionalización
Exportaciones de bienes de TIC (% del total de exportaciones de bienes) Las exportaciones de bienes TIC incluyen computadoras y equipos periféricos, equipos de comunicación, equipos electrónicos de consumo, componentes electrónicos y otros bienes (varios). Banco Mundial; UNCTAD
Exportaciones de servicios de TIC (% del total de exportaciones de servicios) Las exportaciones de servicios de TIC incluyen servicios de computadoras y comunicaciones (telecomunicaciones, correos y servicios de mensajería) y servicios de información (datos informáticos y transacciones de servicios de noticias). Banco Mundial
Exportaciones de alta tecnología (% exportaciones manufacturadas) Exportaciones de productos con alta intensidad de I + D, como en el sector aeroespacial, computadoras, productos farmacéuticos, instrumentos científicos y maquinaria eléctrica. Banco Mundial
Exportaciones de alta tecnología (US$ corrientes) Exportaciones de productos con alta intensidad de I + D (sector aeroespacial, computadoras, productos farmacéuticos, instrumentos científicos y maquinaria eléctrica. Banco Mundial
Fuente: elaboración propia y Castellacci y Natera (2011)

La evaluación de las condiciones medioambientales es una tercera dimensión que consideramos importante discutir porque, si bien esta dimensión no engloba únicamente actividades de CTI, existe una clara interacción entre ambas: En la confluencia de actividades de CTI y sector productivo, hay efectos relevantes en los actuales sistemas de producción (vía externalidades negativas) y, además, los cambios para reconfigurar estos sistemas hacia procesos más sostenibles están estrechamente vinculados a las oportunidades tecnológicas. La Figura 2 muestra una selección de algunos indicadores. El primero, el de consumo de energía renovable, es un buen ejemplo de cómo las tecnologías en el sector energético contribuyen a un consumo más sostenible, lo que tiene implicaciones directas positivas sobre el planeta.

Figura 2. Indicadores medioambientales para la medición de presencia global desde la CTI
Indicador Descripción Fuente
Consumo de energía renovable (%consumo total de energía final) Proporción de energía renovable en el consumo total de energía final. Banco Mundial
Emisiones de CO2 (toneladas métricas per cápita) Emisiones de dióxido de carbono derivadas de la quema de combustibles fósiles y fabricación de cemento. Incluyen CO2 por consumo de combustibles sólidos, líquidos, gaseosos y quema de gas. Banco Mundial
Consumo de energía de combustibles fósiles (% del total) El combustible fósil comprende carbón, petróleo, petróleo y productos de gas natural. Banco Mundial
Uso de energía (kg de petróleo equivalente) por US$1,000 PIB Antes de la transformación a otros combustibles de uso final: producción local más importaciones y cambios en existencias, menos las exportaciones y los combustibles suministrados a buques y aeronaves de transporte internacional. Banco Mundial
Combustibles renovables y residuos (% del total de energía) Biomasa sólida y líquida, biogás, residuos industriales y residuos municipales. Banco Mundial
Otras emisiones de gases de efecto invernadero, HFC, PFC y SF6 (miles TM equivalente CO2) Son las emisiones de subproductos de hidrofluorocarbonos, perfluorocarbonos y hexafluoruro de azufre. Banco Mundial
Emisiones totales de gases de efecto invernadero (kt de CO2 equivalente) Las emisiones totales de gases de efecto invernadero en kt de CO2 equivalente se componen de los totales de CO2 emitidos. Banco Mundial
Productividad del agua (PIB constante US$ 2010 por m3 de extracción de agua dulce) La productividad del agua se calcula como el PIB en precios constantes dividido por la extracción total anual de agua. Banco Mundial
Fuente: elaboración propia a partir de Natera (2019).

Finalmente, dentro de las posibilidades de medición de las actividades de CTI encontramos una serie de indicadores compuestos (OECD, 2008). Aunque existe una amplia variedad de propuestas, aquí se presentan tres de ellas: el Índice Global de Innovación (Global Innovation Index, GII), el de Desempeño Industrial Competitivo (Competitive Industrial Performance Index, CIP) y el Indicador de Competitividad Global (Global Competitiveness Index, GCI). En la Figura 3 se describen las principales características de tales indicadores.

Tanto el GII como el CIP y el GCI son opciones para expresar en una única medida las capacidades nacionales en los procesos de innovación, con distintos enfoques dependiendo de la composición de los índices. Esta información está disponible e incluso se utiliza como herramienta para evaluar el avance de los países, aunque debe ser tomada con cautela: hay una pérdida sustancial de información cuando indicadores de tan distinta naturaleza se mezclan en una figura unidimensional. Además, existen consideraciones teóricas y metodológicas que incluso pueden llegar a invalidar su utilización como herramienta de análisis (Lall, 2001), lo que lleva a recomendar su uso como indicador descriptivo y general, teniendo en cuenta que sólo da una idea inicial de la posición relativa de los países en términos de sus capacidades.

Figura 3. Estructura de los indicadores compuestos GII, CIP, GCI
Indicador Organismo responsable Dimensiones Sub-dimensiones
Global Innovation Index (GII) Universidad de Cornell, INSEAD, Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI) Insumos para la innovación Instituciones
Capital humano e investigación
Infraestructura
Sofisticación del mercado
Sofisticación empresarial
Productos para la innovación Productos de conocimiento y de tecnologías
Productos creativos
Competitive Industrial Performance Index (CIP) Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) Capacidad de los países de producir y exportar bienes manufacturados Valor añadido a la manufactura per capita
Exportaciones de bienes manufacturados per capita
Profundidad y acumulación tecnológica Intensidad de la industrialización
Calidad de las exportaciones
Impacto del país en las manufacturas mundiales Manufacturas del país en relación con las manufacturas del mundo
Exportación de manufacturas del país sobre exportaciones globales de manufacturas
Global Competitiveness Index (GCI) Foro Económico Mundial (FEM) Requisitos básicos Instituciones
Infraestructura
Macroeconomía
Salud y educación primaria
Potenciadores de la eficiencia Educación superior y capacitación
Eficiencia del mercado de bienes
Eficiencia del mercado laboral
Desarrollo del mercado financiero
Preparación tecnológica
Tamaño del mercado
Factores de innovación y sofisticación Sofisticación empresarial
Investigación, desarrollo e innovación
Fuente: Natera (2019).

Más recientemente se han hecho otros desarrollos de indicadores que aproximan las capacidades nacionales a través de la medida de proximidad entre los productos que los países exportan (Hidalgo y Hausmann, 2009), con el indicador de complejidad económica (Economic Complexity Index, ECI) y el mapa de espacio de producto (Product Space). La intuición que está detrás es que son las capacidades nacionales las que permiten que los países puedan desarrollar sus sectores industriales, por lo que si un país exhibe una alta diversidad de productos es porque domina distintas tecnologías y tiene un alto nivel de capacidades. Estos indicadores, por lo tanto, hacen una medición indirecta de capacidades a través de las exportaciones.

(3) Por qué sería necesario modificar el indicador actual de tecnología

El Índice Elcano de Presencia Global (Olivié y Gracia, 2018) aproxima “la proyección efectiva real de los países fuera de sus fronteras en los ámbitos económico, político y social (exportaciones realizadas, turistas recibidos, competiciones deportivas internacionales ganadas…)”. Atendiendo a esta definición, en el desarrollo metodológico que se ha llevado a cabo para la construcción del Índice Elcano se ha optado por incluir, como indicador correspondiente a la tecnología, el de “Patentes orientadas al exterior”, aproximado como el número de solicitudes de patentes relacionadas entre sí, depositadas en uno o más países extranjeros para proteger la misma invención. La fuente de datos utilizada es la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI Statistics Database).

Las limitaciones que muestra el análisis de patentes como indicador de desarrollo tecnológico, también son aplicables aquí para medir cuál es la presencia global de un país en el ámbito de la tecnología. Lo más relevante está relacionado con el hecho de que la patente per se no garantiza que el avance tecnológico tenga efectos reales en el mercado y se comercialice. A este respecto, hay que tener en cuenta que sólo una parte de las innovaciones se patentan, y también que algunas invenciones no son técnicamente patentables. En ciertos sectores el ciclo de vida de los productos es tan corto que no vale la pena patentarlos y, además, las patentes son indicadores deficientes en sectores en los que la mayoría de las innovaciones no están patentadas (Basberg, 1987). A pesar de todas las dificultades, las estadísticas de patentes siguen siendo válidas para analizar el cambio técnico –las invenciones más valiosas tienden a ser patentadas en los sistemas de patentes más importantes, particularmente en la Oficina de patentes de Estados Unidos (USPTO)– y bien es cierto que sigue sin haber otro indicador mejor en términos de la cantidad de datos disponibles y el potencial detalle industrial, organizativo y tecnológico (Griliches, 1990).

Las patentes constituyen, por lo tanto, una fuente de información importante en el análisis de internacionalización de la tecnología. Sin embargo, el número de patentes como tal no nos indica si un país tiene una mayor o menor presencia global. De hecho, para un correcto uso de las patentes como indicador de internacionalización, es necesario someterlas a un tratamiento minucioso de la información que contienen. El paso previo para aproximar cuál es la fuente de conocimiento y cuál el país al que se le puede otorgar es distinguir entre inventor (el que posee el conocimiento) y solicitante (el que accede al derecho de propiedad intelectual).

La utilización de las patentes como indicador, ampliamente aceptado en el análisis económico de la internacionalización, se ha dirigido a conocer tanto la colaboración como la generación internacional de tecnología. Entre los principales objetivos se encuentra, por ejemplo, la aproximación al flujo de información entre países que contienen las citas de los documentos de patentes, bien a publicaciones científicas, bien a otras patentes; o bien la comprobación de la importancia de la conectividad internacional a través de la coautoría internacional de patentes, cuando la nacionalidad de inventores y solicitantes en una misma patente difieren. De una forma u otra, podría aproximarse la presencia global, pero ello implicaría un análisis específico, manual e individualizado de las patentes y, dada la magnitud del manejo de información que se requeriría, el análisis tendría que ceñirse por lo general a una categoría sectorial, clase tecnológica o país. Por todo lo anterior, el número de patentes internacionales sólo está revelando capacidad de generación de conocimiento tecnológico y no que el país en el que se encuentra el inventor o el solicitante del derecho de propiedad del conocimiento patentable tenga necesariamente una mayor presencia global.

Teniendo en cuenta que la presencia global de un país en el plano de la tecnología puede tener carácter de tangible y de intangible, se realiza a continuación una propuesta de indicadores que podría resultar plausible y que podría ser susceptible de someterse a discusión en el seno de la construcción metodológica del Índice Elcano de Presencia Global.

(4) Discusión y propuesta de nuevos indicadores sobre la presencia global en tecnología

Como se ha mostrado en las secciones anteriores, son diversos los indicadores que aproximan la posición internacional de los países en relación a sus capacidades tecnológicas e innovadoras. La elección de indicadores que aquí se propone responde a las diferentes formas de internacionalización de la tecnología y, en particular, a la de su explotación y comercialización internacional, proceso que es reflejo de las capacidades innovadoras del país de origen.

Un primer indicador que permitiría aproximar la presencia tecnológica global son las “Exportaciones de alta tecnología –como porcentaje de las exportaciones de manufacturas–” (véase la Figura 1), que permiten valorar y comparar el grado de penetración de la tecnología desarrollada en un determinado país en los mercados internacionales.

En este tipo de exportaciones se incluyen los bienes manufacturados con una elevada intensidad en I+D, tales como aeroespacial, computadoras, productos farmacéuticos, instrumentos científicos y de precisión, y maquinaria eléctrica. Dicha clasificación, elaborada por la OCDE en colaboración con EUROSTAT, adopta un enfoque de producto que permite una mejor aproximación que la sectorial al análisis del comercio internacional y la competitividad global de los países (Hatzichronoglou, 1997). El motivo es que muchos de los productos fabricados por industrias de alto contenido tecnológico son de intensidad media e incluso baja en I+D, mientras que algunos productos fabricados por sectores de medio o bajo contenido tecnológico son, por el contrario, intensivos en I+D. Pese a las ventajas que presenta, una de las principales limitaciones es que sólo considera la intensidad en I+D, cuando hay otras características tales como el conocimiento técnico, el personal científico, y la tecnología incorporada en las patentes, que son especialmente relevantes en la alta tecnología. La información referente a las exportaciones de alta tecnología está disponible en las bases de datos del Banco Mundial, que proporcionan una serie histórica desde 1983 para 128 países, con una cobertura de información del 46,27%.

La creciente digitalización de la economía y la sociedad, consecuencia del desarrollo de las TIC, y su rápida expansión en actividades productivas y la provisión de servicios, hace imprescindible considerar un indicador adicional relacionado con el papel que juegan estas tecnologías en el comercio internacional. Es por ello que se sugiere un segundo indicador que también permitiría analizar la presencia tecnológica global de los países a través de las “Exportaciones de servicios TIC –como porcentaje de las exportaciones de servicios–” (véase la Figura 1). Aunque la intensidad en I+D de los servicios TIC es relativamente inferior a la de sus manufacturas,2 es especialmente relevante el destinado a las infraestructuras de red en los servicios de telecomunicaciones y al desarrollo de software en los servicios de tecnología e información, posicionándose así este tipo de servicios entre las industrias de mayor intensidad tecnológica (OCDE, 2015; Galindo-Rueda y Verger, 2016).

El indicador permite, por tanto, analizar la competitividad tecnológica de los países en los mercados internacionales dado que las empresas innovadoras, independientemente de su localización, con frecuencia utilizan intensivamente servicios TIC. La información estadística sobre esta variable está disponible en las bases de datos del Banco Mundial, iniciándose la serie histórica en 1970 para un total de 126 países y mostrando una cobertura del 40,12%. Es cierto que las principales limitaciones de este indicador están vinculadas a que la información procede de la Balanza de Pagos, y pueden surgir discrepancias por no existir una única fuente de información, al tiempo que convivir diferentes metodologías en la recopilación de la misma. No obstante, es un buen indicador para analizar en qué medida los países se suman y posicionan en la denominada economía digital.

Si bien las exportaciones de bienes de alta tecnología y las exportaciones de servicios TIC son indicadores de presencia global de tecnología incorporada, también resulta conveniente incluir un indicador que refleje el comercio internacional de tecnología “desincorporada”, esto es, de la cesión de derechos de propiedad intelectual a no residentes. Así, el tercer indicador que se propone es el de los “Ingresos por licencias, o ingresos por el uso de propiedad intelectual” (véase la Figura 1). Este tipo de intercambios comerciales recogen los ingresos exteriores por pagos tecnológicos, reflejando la cesión internacional del conocimiento desarrollado en el país de origen para su implementación en el exterior, y representando la explotación de competencias tecnológicas en mercados distintos al nacional. De ahí que este indicador resulte idóneo a la hora de posicionar globalmente a los países en el ámbito tecnológico. La información referente a los ingresos por licencias está disponible en las bases de datos del Banco Mundial y de la UNCTAD y proporciona una serie histórica desde 1970 para 132 países con una cobertura del 60,5%. Los inconvenientes que puede presentar este indicador son similares a los mencionados para las exportaciones de servicios TIC, en particular, el hecho de que la información proviene de la balanza de pagos. A pesar de ello, los ingresos por licencias constituyen un indicador de uso generalizado de internacionalización de tecnología desincorporada.

Aunque aquí se proponen exclusivamente los tres anteriores, sería interesante discutir otros indicadores relacionados. Tal como se mencionó anteriormente, la inclusión de una dimensión medioambiental gana especial relevancia ante las exigencias actuales que se derivan del cambio climático, presente en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, lo que requiere, entre otras medidas, una extensiva implementación de energías renovables en todos los ámbitos económicos y sociales. Es más, estos sectores, pioneros en el desarrollo de determinadas tecnologías con un elevado grado de penetración internacional, facilitan la inclusión en los mercados internacionales de aquellos países con un mayor compromiso medioambiental, así como su compromiso con la innovación.

Cabe igualmente mencionar a las industrias creativas, lo que supondría la incorporación de nuevos aspectos en la explotación internacional del conocimiento vinculados a las artes, la cultura, los negocios y la tecnología. Las industrias creativas, que comprenden el ciclo de creación, producción y distribución de bienes y servicios, cuyo input principal es el capital intelectual, engloban actividades tan diversas como la producción digital (impresores y escáneres 3D), los contenidos audiovisuales (videojuegos, industria cinematográfica, radiodifusión y animación digital) y el diseño (arquitectura y moda y joyería), entre otros (UNCTAD, 2008). Constituyen así un conjunto de actividades basadas en el conocimiento, con un elevado potencial en la generación de ingresos a través del comercio internacional y de derechos de propiedad intelectual, al tiempo que pueden promover la inclusión social, la diversidad cultural y el desarrollo humano.

Por último, si bien hay otras dimensiones de la presencia global, tales como la capacidad de coordinar grandes proyectos internacionales de desarrollo tecnológico, la disponibilidad de grandes instalaciones internacionales y la capacidad y presencia en redes virtuales internacionales y de logística y distribución, la falta de información estadística homogénea y comparable a nivel internacional hace que decaigan en esta propuesta específica de indicadores.

(5) Consideraciones metodológicas

Los cambios en la metodología de la definición de indicadores tienen la ventaja de actualizar la visión de lo que pretenden medir (en este caso, la presencia global) y proporcionar información más útil para la descripción del fenómeno. Sin embargo, estos cambios generan una ruptura en la comparabilidad de la información. Con el fin de garantizar la calidad de las mediciones, se esbozan a continuación dos sugerencias:

  1. Mantener la posibilidad de comparabilidad con mediciones anteriores: para garantizar esta posibilidad pueden seguirse dos estrategias. La primera consiste en mantener ambas metodologías durante un lapso determinado (cercano a la cantidad de mediciones realizadas en la historia del indicador); así se puede comparar la posición de cada país en la presencia global respecto a su historia y, al mismo tiempo, ir construyendo una nueva cronología que permita describir las nuevas dimensiones. La segunda opción es la construcción de mediciones pasadas (de años anteriores) con la nueva metodología, dado que de esta manera se genera una serie histórica con información comparable, que permite realizar conjeturas sobre el cambio en el posicionamiento de los países en la esfera global.
  2. Incrementar el número de países incluidos en la muestra para dar una mejor percepción del proceso global: la complejidad de los procesos socioeconómicos se expresa mejor cuando es posible abarcar todas las distintas facetas de la evolución global, es decir, mediante la inclusión de países que estén atravesando por distintos patrones de desarrollo. Para ello, es importante que en la selección de los nuevos indicadores se tome en cuenta el número de países para los que se cuenta con información estadística y el período en el que se han realizado las distintas mediciones.

Isabel Álvarez
Instituto Complutense de Estudios Internacionales, ICEI-UCM | @gmialvare

José Miguel Natera
CONACYT –Universidad Autónoma Metropolitana– Unidad Xochilmico | @jmnatera

Raquel Marín
Instituto Complutense de Estudios Internacionales, ICEI-UCM

Referencias

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Hidalgo, C.A., y R. Hausmann (2009), “The building blocks of economic complexity”, Proceedings of the National Academy of Sciences, vol. 106, nº 26, pp. 10570-10575.

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Verspagen, B. (1997), “Estimating international technology spillovers using technology flows matrices”, Weltwirtshchaftliches Archiv, vol. 133, nº 2, pp. 26-24.


1 Los esfuerzos de adaptación de la Red de Indicadores en Ciencia y Tecnología (RICYT) en el ámbito de América Latina han derivado en el Manual de Bogotá, el reciente Manual de Valencia sobre transferencia de conocimiento e, incluso, el Manual de Santiago sobre internacionalización.

2 Las exportaciones de bienes TIC no se consideran idóneo por incluir productos que entran en la definición del indicador de exportaciones de alta tecnología.

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<![CDATA[ Deporte para la diplomacia pública: hacia una visión compleja ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari60-2019-fernandezpena-deporte-para-diplomacia-publica-hacia-vision-compleja 2019-05-24T11:38:42Z

El deporte cuenta con una extraordinaria potencialidad como herramienta de diplomacia pública.

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Tema

El deporte cuenta con una extraordinaria potencialidad como herramienta de diplomacia pública.

Resumen

El deporte adquiere un protagonismo que va mucho más allá de su territorio originario y cuenta con una extraordinaria potencialidad como herramienta de diplomacia pública. La política exterior española tiene en el deporte una valiosa herramienta de proyección. Ha de mirar al deporte con una perspectiva poliédrica, compleja e interconectada, que contemple a los actores deportivos españoles con proyección global (clubes, ligas, deportistas y patrocinadores) como sólidos pilares de un objetivo común.

Análisis

El fenómeno deportivo cuenta con un protagonismo apabullante en las sociedades actuales: por su presencia social como práctica; por su vertiente de espectáculo que domina los medios tradicionales y los nuevos; y por su capacidad de influencia a escala nacional e internacional, traspasando su ámbito natural. Sus dimensiones económicas, de salud, educativas, legales, comunicacionales o como herramienta diplomática convierten al deporte en un territorio síntesis de las pulsiones de las sociedades actuales. Podría decirse que el deporte es un microcosmos del macrocosmos de la sociedad en general, y no pocas veces se ha constituido en avanzadilla de tendencias futuras en aspectos como el tecnológico y el científico.

Según Peter Sloterdijk 1, la cultura de los medios ha erosionado, quizá sin remedio, el tradicional concepto de cultura, de la cultura humanística de los clásicos. Esta vieja cultura transmitida a través de la escuela se basaba en el estudio de aquello que marcaba el canon o modelo en las diferentes disciplinas, sobre todo las humanísticas, y que era compartido por millones de personas gracias a la generalización de la educación obligatoria. Supuestamente, esa transmisión del canon humanístico nos haría mejores, pero, según el autor alemán, la realidad es que no sirvió en el siglo XX para evitar dos guerras mundiales ni los desastres humanos derivados de las ideologías autoritarias.

En este sentido, el deporte ofrece ese papel integrador que antaño proporcionaban los cánones humanísticos en la cultura occidental. Con su mezcla de energías positivas y su capacidad de suscitar la simpatía global, puede convertirse en el sustituto social del humanismo como elemento cohesionador y promotor de paz. Para Sloterdijk, el significado del deporte en las sociedades actuales va más allá. La práctica deportiva y el deporte representan la pulsión del orgullo, de la reivindicación personal. Y, además, es mucho más que simple actividad física, se convierte en un elemento que se transfiere a nuestra vida diaria. Un nuevo espíritu de autosuperación ha impregnado nuestra sociedad. Existe una ética del esfuerzo que permite a los seres humanos mirar siempre hacia arriba, mejorar, superarse. En este sentido, el hombre se mueve por dos tipos de impulsos o instintos: los impulsos timóticos (del griego Thymós, que significa coraje) y los eróticos (búsqueda del placer y el amor). El impulso timótico se refiere al orgullo, al coraje, a la exigencia de justicias y al sentimiento de dignidad. Este impulso se encuentra mejor que en ningún otro entorno en la superación personal que conlleva el deporte. La combinación de los impulsos eróticos y timóticos explican la condición humana en su complejidad.

La mediación del deporte: el papel de los medios

Los medios son espejos y constructores de la realidad social y actúan en una simbiosis perfecta con el deporte desde los inicios de la sociedad de masas. De hecho, el deporte es un medio de comunicación en el sentido de facilitador de la comunicación entre personas e instituciones, lo que lo convierte en una importante herramienta diplomática, como veremos. Ya Pierre de Coubertin, impulsor de los Juegos Olímpicos modernos, observó a finales del siglo XIX el extraordinario papel que los medios tendrían en su proyecto de impulsar la práctica deportiva en una visión compleja, que iba más allá del mero ejercicio físico, y que conllevaba vertientes educativas, de convivencia y de relaciones internacionales y se conectaba con la tradición humanística griega a través de un discurso de paz y la simbología olímpica.

El deporte es garantía de éxito de cara a las audiencias televisivas. Asegura emoción a través de las ricas y plásticas imágenes del esfuerzo, el sufrimiento y la superación. Por otra parte, la incertidumbre del resultado final en la competición deportiva también contribuye al amplio seguimiento de un producto televisivo que rompe con la idea de guion, de que todo está preparado. En la vieja televisión hoy triunfa lo espontáneo y los resultados no controlados.

Es por ello que, en su vertiente de espectáculo, el deporte se constituye en un contenido básico de los medios, que garantizan audiencias o subscripciones a los operadores de medios de comunicación. Como consecuencia de esto y de la competencia entre operadores, el coste de los derechos audiovisuales se ha incrementado de forma exponencial en los últimos 25 años. Es el caso de los Juegos Olímpicos y los derechos audiovisuales del fútbol en las grandes ligas europeas.

Esta dependencia de los ingresos audiovisuales, y otros conectados con la comunicación como el merchandising y el patrocinio, marca la estructura de ingresos de los clubes deportivos y de las grandes organizaciones deportivas. Los clubes globales se parecen en su estructura de ingresos cada vez más a empresas de entretenimiento. Sin embargo, una vez que controlan el corazón de los aficionados, que dominan el territorio de las emociones, buscan abrirse a lo racional. Son ya varios los clubes que han creado plataformas de generación de conocimiento, transferencia y formación en colaboración con universidades y centros de investigación. Es el caso del Barça Innovation Hub Universitas del FC Barcelona o del Mareo Lab del Sporting de Gijón, entre otros.

El Olimpismo y el nacimiento del deporte global

La internacionalización del deporte se inaugura a finales del siglo XIX con la creación de los Juegos Olímpicos modernos a partir del Congreso de la Sorbona de París en junio de 1894 y la celebración de los primeros Juegos Olímpicos en Atenas, casi dos años después, en abril de1896. Su punto culminante fue el 10 de abril de 1896, con la celebración de la primera maratón de la historia. El campeón fue un pastor griego de 23 años llamado Spyridon Louis. Tardó 2 horas, 58 minutos y 50 segundos en recorrer la distancia entre Maratón y el estadio Panathinaikó de Atenas, construido cuando Atenas era una provincia romana y que se restauró con motivo de los primeros Juegos Olímpicos modernos. El pastor de la región de Ática, Spyridon Louis, entra en ese estadio ante el entusiasmo de los 70.000 compatriotas que lo abarrotaban, junto a dos príncipes griegos que lo acompañan en los últimos metros hasta la meta y, seguidamente, lo cogen en brazos para llevarlo ante el Rey de Grecia. Sloterdijk 2 recrea especialmente ese momento clave en la historia. Durante la entrada de Spyridon Louis en el estadio, comenta lo siguiente:

“Era como si una nueva clase de energía hubiera sido descubierta, una forma de electricidad sin la que uno ya no podría representarse el way of life de la era que se iniciaba. Lo que ocurrió aquella tarde radiante, hacia las cinco, tenemos que clasificarlo como una nueva epifanía. Se presentaba ante el público moderno, una categoría hasta entonces desconocida, de dioses del momento [...] dioses en los que no se cree, sino que se experimentan. En esa hora se abría un nuevo capítulo en la historia del entusiasmo”.

Los Juegos Olímpicos modernos nacen de la pasión de su fundador Pierre de Coubertin por el humanismo, por la cultura clásica y por la educación integral de los jóvenes. Los elementos pseudorreligiosos creados en torno a los Juegos, los símbolos y los ritos, tan cargados de significado, de tanta plasticidad y telegenia, son mucho más que puros elementos estéticos. Entre la parte institucional de los Juegos, que apela constantemente a lo ritual y simbólico, y el nuevo mundo de las marcas, del patrocinio y de los logos existen más concomitancias de las que parecen. Quizá en esa cercanía, no siempre tan obvia, es donde reside una de las claves del éxito comercial de los Juegos Olímpicos, basado en estos elementos que interactúan y se conectan para dotar de más valor y potencial a cada uno de ellos: los medios audiovisuales, los símbolos, los ritos y las marcas. Toda marca moderna, con su representación a través de logos y símbolos, esconde algo de pseudorreligioso y ritual. Pierre de Coubertin entendió rápidamente el papel fundamental de los medios de masas en las sociedades industriales. Quizá, una de sus grandes intuiciones haya sido crear elementos sintéticos de identificación como los anillos olímpicos, que resumen de súbito la intensidad de la institución de los Juegos y evocan sus significados. Probablemente, existe un mecanismo psicológico común que une a marcas, ritos y símbolos, pues todos ellos remiten a algo, evocan alguna cosa que no está presente. Así, marcas de patrocinadores, símbolos y ritos olímpicos se encuentran en un territorio común que beneficia a ambos. Esto explica por qué cualquier iniciativa de marketing para generar ingresos por parte del Comité Olímpico Internacional debería pensar siempre en el sustento cultural, educativo y simbólico que ofrece a los Juegos Olímpicos su valor añadido. Constituyen una de las bases de su éxito comercial, a la que se une su expansión mundial a través de las televisiones que financian los Juegos.

La diplomacia deportiva

El deporte juega un papel central como herramienta de entendimiento y como plataforma facilitadora de la comunicación entre individuos, organizaciones o Estados, desde los orígenes de su teorización en las sociedades industriales de finales del siglo XIX. En este sentido, pese a su complejidad como fenómeno, el deporte encierra un elemento emocional y es gran promotor de entusiasmos, lo que, bien encauzado, permite que sea utilizado para tender puentes de comunicación, para el entendimiento.

La política no es el único instrumento de poder en las sociedades actuales, sino que han surgido nuevos actores con una capacidad de mando en ocasiones mayor que los propios Estados 3. Uno de ellos sin duda ninguna son las organizaciones deportivas globales, los clubes de fútbol y, en general, los grandes protagonistas del deporte internacional. Consideramos aquí al deporte un poder blando, con gran capacidad de ejercer influencia y de promover los intereses de un Estado ante terceros, siguiendo la definición clásica de diplomacia.

En la llamada diplomacia deportiva se conjugan factores de diferente índole. En ella el papel de los viejos y nuevos medios resulta vital. La diplomacia deportiva es un campo de convergencia entre las relaciones internacionales y, específicamente, la diplomacia tradicional, la comunicación y la creación de la imagen, o la difusión cultural y económica.

En la actualidad, los éxitos de los deportistas y los equipos españoles proyectan una incuestionable imagen positiva de nuestro país a escala internacional. La modernización del deporte en España comienza con la preparación de los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992 y se extiende hasta nuestros días. El deporte tiene la capacidad de despertar simpatías y admiraciones y abrir puertas en ámbitos distintos a los de su territorio. Así, el palco en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos construye un complejo de significados que entroncan con la diplomacia tradicional, mostrando que estos acontecimientos despliegan un valor añadido, son mucho más que mero deporte. En estas ceremonias las presencias, pero también las ausencias, en ocasiones explican no poco sobre cuestiones geoestratégicas. Del mismo modo, los grandes actores del deporte español son destacados protagonistas en las televisiones globales y líderes en los medios sociales, desplegando lo que Manfredi 4 llama diplomacia digital. Así, el FC Barcelona y el Real Madrid cuentan con más de 140 millones de seguidores en Facebook y Twitter. Son de este modo, grandes constructores de significado y proyección de la imagen de su institución, pero también, por extensión, del país al que pertenecen.

En el territorio de la política, la UE introdujo el concepto de diplomacia deportiva en 1986, aunque en la actualidad adquiere el sentido de cooperación con terceros países, principalmente aquellos que están interesados en formar parte de la Unión. Aquí se entiende la diplomacia deportiva como herramienta para promover los valores de la UE a través de proyectos deportivos inclusivos.

Sin embargo, los orígenes de la diplomacia deportiva se pueden rastrear en la llamada tregua Olímpica o Ekecheiria de los Juegos de la antigüedad, instaurada en el siglo IX antes de Cristo, que suponía el fin de todas las hostilidades en el territorio griego un mes antes del inicio de los Juegos. La tregua se extendió a tres meses antes de los Juegos en el siglo V antes de Cristo. Siguiendo mecanismos parecidos a los de su promotor Pierre de Coubertin, el Comité Olímpico Internacional instó a todos a observar la tregua Olímpica el 21 de julio de 1992 a raíz de la guerra en la antigua Yugoslavia de cara a los Juegos de Barcelona. En esos mismos Juegos se observa la puesta en práctica de instrumentos de diplomacia olímpica con el regreso de Sudáfrica a unos Juegos Olímpicos después de casi cuatro décadas. Más recientemente, el mundo olímpico ha conseguido que las dos Coreas participaran conjuntamente bajo la bandera unificada en los Juegos de Pyeongchang. Ambos Estados han firmado un acuerdo para presentar una candidatura conjunta a los Juegos de 2032, en una muestra de que el deporte puede constituirse en cauce de distensión y abrir las puertas a una reunificación.

Entre los presidentes del COI que pusieron en práctica con gran visión los valores diplomáticos del deporte, Juan Antonio Samaranch ocupa un lugar destacado. Durante su largo mandato de más de 20 años, Samaranch desplegó en multitud de ocasiones las capacidades diplomáticas del deporte e hizo renacer el valor de la tregua olímpica, tal y como se ha comentado. El propio presidente español del COI comenta en sus memorias la estrecha interrelación entre deporte y diplomacia y como coadyuva a su nombramiento como presidente del COI:

“El llegar a la capital moscovita como vicepresidente del COI podía ser de gran utilidad para mi función diplomática al frente de la embajada y tender muchos puentes al servicio de los intereses españoles, tal y como sucedió. Y residir permanentemente en la ciudad que debía organizar los próximos Juegos, conocer el país y su cultura, establecer contactos con las autoridades de una superpotencia, con los directivos del comité organizador, me situaba en una atalaya excepcional para observar el futuro. Muchos miembros del COI visitaban Moscú, y yo tuve la facilidad de desplazarme tantas veces como creí necesario para mantener relación con ellos y estrechar el contacto personal. Gracias a estas relaciones me di cuenta de que contaba con suficientes apoyos y que tenía serias posibilidades de resultar elegido 5”.

Conclusiones

Una visión compleja del deporte

Tal y como hemos señalado, el mundo del deporte, de lo local a lo global, se constituye en una síntesis, es un microcosmos del macrocosmos de las sociedades actuales. Se convierte así en una atalaya desde la que mirar al presente para tratar de proyectarse exitosamente en el futuro. La perspectiva académico-científica que aquí presentamos con respecto al estudio del deporte es compleja. Intenta aunar dos mundos que se separaron con la revolución científica: el mundo de las ciencias puras, de lo biológico, lo mecanicista y el de las humanidades y las ciencias sociales. O, como diría Morin 6, el de los hechos biofísicos y el de los antropológico-sociales y culturales. Esta visión holística, que intenta aprehender la totalidad, observa el deporte como una realidad compleja. Lo contrario sería según Morín “la inteligencia ciega (que) destruye los conjuntos y las totalidades, aísla todos los objetos de sus ambientes. No puede concebir el lazo inseparable entre el observador y la cosa observada. Las realidades clave son desintegradas. Pasan entre los hiatos que separan a las disciplinas”.

En el germen teórico sobre el deporte moderno de Pierre de Coubertin ya está esa visión que trasciende su ámbito originario, el de la preparación física, para vincularse rápidamente con la educación y proyectarse más adelante en otros ámbitos, directos y obvios o ya no tan cercanos, como por ejemplo cuando se utiliza al deporte como herramienta de cohesión y desarrollo social.

Desde este enfoque sistémico que persigue la comprensión compleja no hablamos de ciencia del deporte, sino de ciencias aplicadas al deporte. El hecho biológico o físico, de mejora del rendimiento, es clave en el deporte, pero en él colaboran preparadores físicos, médicos y psicólogos de forma clara y otros aparentemente no tan obvios como los comunicadores. En las vertientes comunicativas del deporte convergen las relaciones internacionales, la diplomacia, la economía, el derecho o la educación, tratando de ofrecer una mirada más rica y compleja:

“Comprender algo de un asola manera da como resultado un conocimiento frágil. Marvin Minsky ha dicho que es necesario comprender al menos en dos sentidos diferentes para entenderlo realmente. Cada modo de pensar acerca de algo fortalece y profundiza cada uno de los otros modos de pensarlo. Comprender algo en varios sentidos distintos produce una comprensión global, más rica y de diferente naturaleza que cualquier forma única de comprensión 7”.

Tal y como hemos visto, el deporte adquiere un protagonismo que va mucho más allá de su territorio originario y cuenta con una extraordinaria potencialidad como herramienta de diplomacia pública. La política exterior española tiene en el deporte una valiosa herramienta de proyección. Ha de mirar al deporte con una perspectiva poliédrica, compleja e interconectada, que contemple a los actores deportivos españoles con proyección global (clubes, ligas, deportistas y patrocinadores) como sólidos pilares de un objetivo común.

Emilio Fernández Peña
Institut de Recerca de l’Esport de la Universitat Autònoma de Barcelona


1 Sloterdijk, Peter (2012), Has de cambiar tu vida, Pre-Textos, Madrid.

2 Ídem, (p. 124).

3 Naïm, Moisés (2013), El fin del poder, Penguin Random House, Madrid.

4 Manfredi, Juan Luis (2014), “El desafío de la diplomacia digital”, ARI nº 15/2014, Real Instituto Elcano, Madrid.

5 Samaranch, Juan Antonio (2002), Memorias olímpicas (pp. 51-52)., Planeta, Barcelona

6 Morin, Edgar (2011), Introducción al pensamiento complejo, Gedisa, Barcelona.

7 Johnson, Steven, (2003), Sistemas emergentes (p. 212) Turner Fondo de Cultura Económica, Madrid.

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<![CDATA[ Un mundo, diferentes perspectivas: análisis de los resultados de la encuesta de ponderación 2018 del Índice Elcano de Presencia Global ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari7-2019-gracia-olivie-santana-encuesta-ponderacion-2018-indice-elcano-presencia-global 2019-01-16T04:06:24Z

Los resultados de la encuesta elaborada en 2018 confirman una tendencia de fortalecimiento de formas de proyección duras –dimensión económica y militar– en detrimento de formas de proyección blandas, que habían caracterizado décadas previas de globalización.

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Tema

Este documento analiza los resultados de la encuesta de ponderación de los distintos indicadores incluidos en el Índice Elcano de Presencia Global, realizada en junio de 2018.

Resumen

El cálculo del Índice Elcano de Presencia Global requiere determinar el peso otorgado a cada uno de sus componentes. Con ese propósito, elaboramos de manera periódica encuestas a expertos en relaciones internacionales, que opinan sobre los indicadores más relevantes en la proyección exterior de los países en la actualidad. Los resultados de la encuesta elaborada en 2018 confirman una tendencia de fortalecimiento de formas de proyección duras –dimensión económica y, fundamentalmente, dimensión militar– en detrimento de formas de proyección blandas, que habían caracterizado décadas previas de globalización. No obstante, esta tendencia general es matizable en función del país de origen de la persona que responde o de la institución a la que pertenece, condicionado por la actualidad y particularidades estructurales de su entorno, configurándose distintas percepciones sobre una misma realidad.

Análisis

Introducción

Uno de los elementos clave en la construcción de un índice sintético es la determinación de los coeficientes de ponderación de los distintos indicadores que lo componen. Aunque se pretenda establecer una medida objetiva de un fenómeno concreto, mediante la inclusión de variables homogéneas para todos los países, la agregación de esas variables tiene que realizarse bajo algún criterio.

En el caso del Índice Elcano de Presencia Global, esta ponderación de los distintos indicadores se establece a partir de los resultados obtenidos de una encuesta que realizamos, cada tres años aproximadamente, a personas expertas en relaciones internacionales, seleccionadas a través del informe de la Universidad de Pennsylvania que identifica los principales think-tanks en el mundo.1 El cuestionario requiere la asignación de un valor a los distintos indicadores, otorgando mayor peso a aquellos que el encuestado considere más relevantes en la proyección exterior de un país en la actualidad (véase el Anexo).

Evidentemente, este cuestionario introduce criterios subjetivos en la ponderación del Índice, al incorporar opiniones personales condicionadas tanto por el país de origen o lugar de residencia del encuestado como por el momento en el que se realiza la encuesta. Por este motivo, y con el fin de dar solidez a la evolución del Índice, los coeficientes definitivos se obtienen a partir de la agregación de los resultados de las distintas encuestas realizadas a lo largo de los últimos años. De este modo, la encuesta realizada en 2018, cuyos principales resultados analizamos en este documento, se sumará a las realizadas previamente en 2015, 2012 y 2010.2

No obstante, resulta interesante detenerse en los resultados particulares de cada encuesta, comprobar la evolución respecto a encuestas previas y las diversas respuestas que ofrecen personas desde distintas regiones del mundo. Éste es el objetivo fundamental de este documento: presentar los resultados de la última encuesta y analizar sus tendencias fundamentales.

Los resultados que aquí presentamos corresponden a la encuesta que realizamos entre el 8 y el 28 de junio de 2018. Por aquel entonces, la actualidad mediática en el plano de las relaciones internacionales estaba centrada en el encuentro entre los presidentes de Estados Unidos y de Corea del Norte, con la firma del denominado “acuerdo de Sentosa” para la desnuclearización del país asiático, que se unía al histórico acercamiento entre las dos Coreas producido en el mes de abril. Sin embargo, como es sabido, ello no ha impedido el recrudecimiento de las relaciones internacionales durante este año, con el agravamiento de las guerras de Siria y Yemen y los consiguientes conflictos cruzados entre las diferentes potencias mundiales. Y, en consecuencia, también el debate en torno a la cuestión migratoria se ha intensificado, tensando las relaciones entre Estados miembros de la Unión Europea. En el plano estrictamente económico, hemos asistido a una escalada de tensión que ha cuestionado el sistema multilateral de negociaciones arancelarias vigente desde el fin de la II Guerra Mundial. Estos conflictos se han avivado de manera evidente durante este año, tanto en el plano del comercio internacional entre China y Estados Unidos, como en el plano geopolítico, en términos más generales, entre Estados Unidos y Rusia. Dichas tensiones en las relaciones internacionales salpicaron los preparativos del Mundial de Fútbol, que daría comienzo en Rusia unas semanas después del inicio de nuestra encuesta.

Para la realización de la encuesta de 2018, se contactaron 363 centros internacionales dedicados al análisis y el estudio de las relaciones internacionales desde diferentes perspectivas, como la economía, la política, la defensa y la energía. Tratamos de que nuestra selección fuese lo más semejante posible (en su distribución por regiones y principales centros) al universo de think-tanks que recoge el informe de la Universidad de Pennsylvania3 de 2017. En nuestra selección de centros, la distribución fue la siguiente: el 39% de instituciones están situadas en Europa (142 en total), el 22% en América del Norte (81), el 19% en Asia y Oceanía (68), el 11% en América Latina y el Caribe (38), el 5% en África Subsahariana (18) y el 4% en Oriente Medio y Norte de África (16).

En lo que respecta a la representación geográfica, existe una divergencia entre el informe citado y nuestra muestra final (Figura 1). La dificultad para obtener contactos en algunas de las instituciones seleccionadas, las recomendaciones de investigadores del propio Real Instituto Elcano para incluir otros centros, así como la inclusión del Consejo Científico del Real Instituto Elcano llevaron a un aumento de la representación de centros europeos respecto de nuestra muestra inicial.

Figura 1. Centros por regiones según el informe McGann y en la selección para el Índice Elcano de Presencia Global
  McGann (%) Selección (%) Diferencia (puntos porcentuales)
Europa 26,2 39,1 +12,9
Asia y Oceanía 21,5 18,7 -2,8
África Subsahariana 8,5 5 -3,5
América Latina y el Caribe 12,5 10,5 -2
América del Norte 25,2 22,3 -2,9
Oriente Medio y Norte de África 6,1 4,4 -1,7
Fuente: elaboración propia.

La tasa de respuesta entre el total de encuestados fue del 14,3% (del 21,7% si tenemos en cuenta el Consejo Científico), con diferencias notables por regiones. En América Latina la tasa de respuesta fue especialmente alta y muy superior a la del resto de regiones, mientras que en América del Norte y en Oriente Medio y el Norte de África respondieron menos del 9% de las personas contactadas. Esta desigual tasa de respuesta modifica la representatividad geográfica de nuestra muestra inicial (Figura 2).

Figura 2. Respuestas por regiones
  (%) sobre la selección inicial (%) sobre las respuestas totales Diferencia Nº centros Nº respuestas Tasa de respuesta (%)
Europa 39,1 32,7 -6,4 142 17 18,7
Asia y Oceanía 18,7 13,5 -5,2 68 7 7,7
África Subsahariana 5 7,7 +2,7 18 4 4,4
América Latina y el Caribe 10,5 30,8 +20,3 38 16 17,6
América del Norte 22,3 13,5 -8,8 81 7 7,7
Oriente Medio y Norte de África 4,4 1,9 -2,5 16 1 1,1
Consejo Científico       56 39 42,9
Fuente: elaboración propia.

El resultado final es que Europa sigue siendo la región más representada también dentro de las respuestas, pero en un grado menor a lo que suponía dentro de la muestra inicial. Por el contrario, América Latina pasa a ser la región con mayor sobrerrepresentación, seguida por África Subsahariana. Por lo tanto, si bien la intención del diseño de la encuesta era obtener unos resultados distribuidos geográficamente de la manera más fiel posible a los resultados del informe de la Universidad de Pennsylvania, la desigual tasa de respuesta de las distintas regiones genera leves distorsiones respecto a la selección inicial.

Hacia un mundo más duro

En la anterior encuesta,4 realizada en 2015, detectábamos una tendencia al fortalecimiento de las dimensiones de proyección dura (económica y militar) frente a la blanda. Y los resultados de este año confirman esa tendencia: la ponderación de la dimensión blanda cae casi 9 puntos porcentuales, que son ganados por la dimensión militar (5,2 puntos) y la económica (3,7) (Figura 3). Es decir, en opinión de los encuestados, en 2018 la dimensión militar es más relevante en la proyección de un país hacia el resto del mundo de lo que lo era años atrás. Estos resultados coinciden con un contexto de recrudecimiento de las relaciones internacionales, a pesar de la tendencia de reducción desde 2010 del número total de tropas desplegadas en conflictos armados en el mundo. Desde una perspectiva de más largo plazo, pasaríamos de un contexto de desmilitarización de la proyección exterior desde la década de los 90 y el fin de la Guerra Fría, y el auge de formas de proyección no coercitivas (proyección blanda), a una tendencia de remilitarización del espacio de proyección exterior,5 en un nuevo contexto de tensión entre grandes potencias mundiales (Estados Unidos-China-Rusia-Unión Europea).

Figura 3. Coeficientes de ponderación por dimensiones (puntos porcentuales)
  Promedio de respuestas 2018 Coeficientes actuales Diferencia
Presencia económica 43,7 40 3,7
Presencia militar 25,2 20 5,2
Presencia blanda 31,1 40 -8,9
Fuente: elaboración propia.

Si atendemos a las diferencias en los resultados de los indicadores dentro de cada una de las dimensiones, podemos apreciar también algunos resultados significativos. Dentro de la dimensión económica (Figura 4) gana peso el indicador de servicios, que resultaría ser, en opinión de los encuestados de este año, el indicador de mayor importancia dentro de la proyección económica, por delante incluso del indicador de inversión –que tradicionalmente ocupaba esta posición– y de las exportaciones de manufacturas –de mucha mayor relevancia que el comercio de servicios en el mercado mundial–. De nuevo aquí puede estar influyendo el momento de realización de la encuesta, pues con el fortalecimiento de la tendencia de terciarización de las principales economías desarrolladas y el desarrollo de nuevos servicios asociados a las tecnologías de la información y la comunicación, así como con el mantenimiento de la relevancia del sector financiero y de los servicios asociados a ellos, los servicios han ido cobrando relevancia en la proyección exterior de múltiples economías.

Figura 4. Coeficientes de ponderación de la dimensión económica (puntos porcentuales)
  Promedio de respuestas 2018 Coeficientes actuales Diferencia
Energía 8,6 8 0,6
Bienes primarios 5,3 6 -0,7
Manufacturas 8,9 8 0,9
Servicios 10,6 8 2,6
Inversión 9,8 10 -0,2
Fuente: elaboración propia.

El aumento de peso de la dimensión militar se reparte también de forma desigual, con un incremento mayor para el indicador del equipamiento militar (Figura 5), en línea con los resultados de encuestas anteriores. De hecho, el peso relativo de estos dos indicadores se ha invertido desde la encuesta inicial, en la que se otorgaba un peso ligeramente superior a las tropas desplegadas en la configuración de la proyección exterior de los países.

Figura 5. Coeficientes de ponderación de la dimensión militar (puntos porcentuales)
  Promedio de respuestas Coeficientes actuales Diferencia
Tropas desplegadas 11,1 9 2,1
Equipamiento militar 14,5 11 3,5
Fuente: elaboración propia.

Todos los indicadores de la dimensión blanda, que en conjunto pierde casi 9 puntos porcentuales, registran un descenso de su peso en el total del Índice (Figura 6). Resulta llamativo que el mayor descenso se produzca en los indicadores de ciencia y educación, tradicionalmente relevantes dentro de la proyección blanda de los países, especialmente de las potencias tradicionales. Este resultado también es llamativo en relación al peso creciente que registra la variable de servicios en la dimensión económica. También se dan descensos notables los indicadores de cultura e información, que precisamente constituyeron uno de los principales motores de globalización durante esa etapa de mayor relevancia de la dimensión blanda. Se produce también un descenso del peso asignado por los entrevistados tanto a las migraciones como a los deportes, siendo los únicos indicadores dentro del índice cuyo peso es inferior al 3%, y esto en un contexto en el que ambas facetas de las relaciones internacionales han protagonizado la actualidad mediática.

Figura 6. Coeficientes de ponderación de la dimensión blanda (puntos porcentuales)
  Promedio de respuestas Coeficientes actuales Diferencia
Migraciones 2,9 4,0 -1,1
Turismo 3,9 4,0 -0,1
Deportes 2,2 3,0 -0,8
Cultura 3,8 5,0 -1,2
Información 3,8 5,0 -1,2
Tecnología 4,1 5,0 -0,9
Ciencia 3,5 5,0 -1,5
Educación 3,7 5,0 -1,3
Cooperación al desarrollo 3,1 4,0 -0,9
Fuente: elaboración propia.

La caída del peso de las migraciones puede relacionarse con un eventual cambio en la propia interpretación del indicador a raíz de la crisis migratoria europea reciente.6 El indicador de migraciones, medido mediante el número de personas inmigrantes en el país, estaba tradicionalmente asociado con el atractivo que podía suponer dicho país en términos de oportunidades económicas y personales para la persona migrante. Sin embargo, el perfil de refugiado que huye de un conflicto en su país de origen hace que la prioridad sea la entrada a un país seguro, que no tiene por qué ser su voluntad concreta y a menudo es un medio de acceso a otro país final de destino. Por este motivo, el número de personas refugiadas no es incluido dentro del indicador de migración, aunque ello no impide que en la mente del encuestado pueda haber una vinculación directa entre ambos fenómenos.

En cuanto a los deportes, resulta llamativo su descenso en un año de celebración del Mundial de Fútbol, cuando tradicionalmente este indicador aumentaba su ponderación precisamente cuando la encuesta se realizaba en un año en el que se celebraban grandes eventos deportivos internacionales, lo que quizá pueda estar relacionado con el marcado carácter geopolítico de este último Mundial de Fútbol de Rusia, que lo aleja de las formas tradicionales de proyección blanda.

Percepciones y realidades en la proyección exterior por regiones

Además de estar condicionados por el momento del tiempo en el que se realiza la encuesta, los resultados pueden diferir en función del país de origen de la persona que responde o de la institución a la que pertenece. A la hora de priorizar los pilares de la proyección de un país hacia el resto del mundo, las respuestas pueden estar influenciadas por situaciones locales específicas, factores históricos, características estructurales o incluso la diferente actualidad mediática en las distintas regiones del mundo. Resulta por ello interesante analizar las respuestas diferenciando el origen del encuestado, con el fin de observar distintas formas de concebir el proceso de globalización en función de quién y desde dónde lo observa.

En el caso de la dimensión económica (Figura 7), son los centros de origen europeo los que le otorgan el mayor peso (un 47% del total de la presencia global de un país). Bien es cierto que el resto de regiones consideran también que ésta es una dimensión muy relevante, constituyendo la principal dimensión de la proyección exterior, con la única excepción de los centros de origen norteamericano, que le otorgan el peso más bajo (36%). Estas diferencias pueden ser explicables por los distintos contextos regionales, desde el impacto de la crisis europea que ha puesto más en relieve la dimensión económica, hasta la importancia mediática que ha adquirido en Estados Unidos la cuestión del saldo comercial, que quizá explicaría el desigual peso otorgado a las exportaciones de manufacturas.

En Europa, además de las manufacturas, cobran importancia las exportaciones de servicios y la inversión en el exterior. Este reparto en el peso de los indicadores de esta dimensión es coherente con las principales características de la inserción externa de la región; un perfil muy similar al que otorgan los encuestados provenientes de centros asiáticos, que es precisamente la otra región del mundo donde más relevancia ha cobrado el desarrollo de cadenas regionales de producción, en entornos productivos crecientemente fragmentados y con un número elevado de países implicados. Por el contrario, los encuestados africanos consideran más determinante las exportaciones de bienes primarios (28%), cuyo peso aumenta también en las respuestas de centros latinoamericanos, en línea con los rasgos primario-exportadores de estas regiones.

Figura 7. Ponderación de la dimensión económica por indicadores y regiones (%)
  Europa Asia y Pacífico África América Latina Norteamérica
Energía 6,5 8 7,9 8,4 6,9
Bienes primarios 5,6 5,8 12,3 7,4 5,9
Manufacturas 11,7 10,9 9,2 9 6,9
Servicios 14 11,6 6,6 10 7,9
Inversiones 8,9 8,7 7,9 9,5 8,2
Dimensión económica 46,7 45,0 43,9 44,3 35,8
Fuente: elaboración propia.

En el caso de la dimensión militar (Figura 8), destaca el mayor peso que tradicionalmente le otorgan los encuestados norteamericanos (27%) aunque, como señalábamos anteriormente, se detecta una tendencia generalizada de incremento de esta dimensión. Los centros de origen africano son los que menor peso asignan a la dimensión militar en la configuración de la proyección exterior, cuando paradójicamente es la dimensión que mayor relevancia tiene actualmente en el perfil de la proyección externa de la región. Además, dentro de esta dimensión militar asignan menor importancia al indicador de tropas desplegadas en el exterior, cuando precisamente ésta es la base de su proyección exterior, vía su contribución a las misiones internacionales de pacificación.7

Figura 8. Ponderación de la dimensión militar por indicadores y regiones (%)
  Europa Asia y Pacífico África América Latina Norteamérica
Tropas desplegadas 12,8 10,0 9,2 9,1 12,2
Equipamiento militar 13,4 16,4 10,8 14,1 14,9
Dimensión militar 26,2 26,4 20,0 23,2 27,1
Fuente: elaboración propia.

Dentro de la dimensión blanda (Figura 9), destaca el mayor peso otorgado por los centros de origen norteamericano (37%), superando incluso la ponderación que otorgaban a la dimensión económica en su conjunto. Por el contrario, los valores más bajos corresponden a las respuestas de centros asiáticos (29%) y europeos (27%). Estas tres regiones han constituido, sin duda, el eje geográfico del proceso de globalización que en las últimas décadas ha estado caracterizado por el crecimiento de la importancia de la dimensión blanda en su proyección exterior.8

Sin embargo, la relevancia asignada a los distintos indicadores que componen esta dimensión difiere entre estas regiones. Así, los encuestados de origen norteamericano consideran de mayor importancia que los europeos a la proyección desde los indicadores de tecnología, cultura o información. Los europeos, además, otorgan también un bajo peso a los indicadores de educación o cooperación al desarrollo, que tradicionalmente han constituido uno de los rasgos característicos de la proyección blanda europea.

Figura 9. Ponderación de la dimensión blanda por indicadores y regiones (%)
  Europa Asia y Pacífico África América Latina Norteamérica
Migraciones 2,9 2,2 1,8 3,1 3,4
Turismo 3,1 2,2 6,1 3,0 2,7
Deportes 2,2 1,8 2,9 2,3 3,7
Cultura 3,1 3,7 4,7 3,6 5,6
Información 2,9 3,5 3,2 3,5 4,5
Tecnología 3,8 4,1 4,7 4,1 5,6
Ciencia 3,9 3,3 5,4 3,8 5,3
Educación 2,7 3,9 4,0 4,4 3,7
Cooperación al desarrollo 2,3 3,9 3,2 4,6 2,7
Dimensión blanda 27,1 28,6 36,0 32,5 37,1
Fuente: elaboración propia.

Dentro de las respuestas de encuestados de Asia y Pacífico, es reseñable el bajo peso asignado al turismo y a los deportes, frente al elevado peso de la tecnología, la educación y la cooperación al desarrollo. No obstante, en este caso las respuestas resultan coherentes con las fortalezas y debilidades de la proyección blanda de la región.

En cambio, los encuestados africanos son los que mayor importancia otorgan al turismo dentro de la proyección blanda, lo que resulta contradictorio con la baja relevancia que los mismos encuestados otorgaban al indicador de servicios dentro de la proyección económica. Es también la región que menor valor otorga a las migraciones, cuando es una de las regiones más afectadas por esta cuestión, tanto como emisor de migración como por el elevado grado de movimientos migratorios dentro de ella. Esta aparente contradicción puede tener explicación por los mismos motivos señalados en el punto anterior, y las diferencias entre la población migrante por motivos económicos y aquella que huye de conflictos específicos. Por el contrario, resulta llamativo el bajo peso de cooperación al desarrollo, que no encaja con el perfil de receptor de ayuda de la región.

Al contrario que en el caso africano, aunque quizá por los mismos motivos, los encuestados latinoamericanos sí conciben la cooperación al desarrollo como uno de los pilares fundamentales de la proyección blanda de los países en la actualidad. Son también los que más peso asignan al indicador de educación, en cuya valoración podrían estar influyendo dos tendencias. Por un lado, América Latina se ha caracterizado tradicionalmente por una elevada movilidad de estudiantes hacia otras regiones del mundo pero, por otro lado, los niveles de educación superior dentro de la región han registrado un importante aumento en los últimos años.9

En definitiva, la percepción del mundo y, en consecuencia, la valoración de qué indicadores deben ser más o menos relevantes en la cuantificación de la proyección exterior de las naciones en la actualidad, es una cuestión subjetiva marcada tanto por el momento de realización de la encuesta como por el origen geográfico de la persona que responde a la misma. Sin embargo, a pesar de todas estas diferencias detalladas en este documento, el ranking de presencia global que resultaría de la aplicación de los coeficientes de las distintas regiones no se alejaría mucho del actual. Este hecho vendría a demostrar la propia robustez del Índice, tal y como queda reflejado en la auditoría metodológica realizada en 2015.10

Las dos primeras posiciones seguirían siendo Estados Unidos y China con cualquiera de las ponderaciones utilizadas (Figura 10). Sí aparecerían cambios entre la tercera y la sexta posición, aunque en dos agrupaciones diferentes (Alemania-Reino Unido y Países Bajos-Canadá). La séptima posición sería ocupada por Rusia con cualquiera de los criterios utilizados, así como la décima por Italia, mientras que con la ponderación de las respuestas europeas habría una trasposición entre el lugar ocupado por los Países Bajos y Canadá. Conforme descendemos en la clasificación, se van reduciendo las diferencias entre los distintos registros de presencia global,11 por lo que es normal que se produzcan mayores alteraciones de posiciones. No obstante, se aprecian también agrupaciones diferenciadas: Corea del Sur – India – España, Suiza – Bélgica – Australia, Singapur – Suecia – Brasil, y una 20ª posición en disputa entre Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos.

Figura 10. Ranking de presencia global en función de las ponderaciones de cada región
  Europa Asia y Pacífico África América Latina Norteamérica Ranking actual
1 EEUU EEUU EEUU EEUU EEUU EEUU
2 China China China China China China
3 Alemania Alemania Alemania Alemania Reino Unido Reino Unido
4 Reino Unido Reino Unido Reino Unido Reino Unido Alemania Alemania
5 Francia Japón Francia Francia Francia Francia
6 Japón Francia Japón Japón Japón Japón
7 Rusia Rusia Rusia Rusia Rusia Rusia
8 Países Bajos Canadá Canadá Canadá Canadá Canadá
9 Canadá Países Bajos Países Bajos Países Bajos Países Bajos Países Bajos
10 Italia Italia Italia Italia Italia Italia
11 Corea del Sur Corea del Sur España España Corea del Sur España
12 India España Corea del Sur Corea del Sur España Corea del Sur
13 España India India India India India
14 Suiza Suiza Suiza Suiza Australia Suiza
15 Bélgica Bélgica Australia Australia Suiza Australia
16 Australia Australia Bélgica Bélgica Bélgica Bélgica
17 Singapur Singapur Brasil Singapur Brasil Singapur
18 Suecia Suecia Singapur Suecia Singapur Suecia
19 Brasil Brasil Suecia Brasil Suecia Brasil
20 EAU Arabia Saudí EAU Arabia Saudí Arabia Saudí Arabia Saudí
Fuente: elaboración propia.

Conclusiones

Para la determinación de los coeficientes de los distintos indicadores que componen el Índice Elcano de Presencia Global, elaboramos encuestas periódicas a expertos de centros dedicados al análisis de las relaciones internacionales. Los resultados de la encuesta elaborada en 2018 confirman una tendencia de fortalecimiento de formas de proyección duras –dimensión económica y, fundamentalmente, dimensión militar– en detrimento de formas de proyección blandas, que habían caracterizado décadas previas de globalización. En cierta medida, estaríamos asistiendo a un cambio de un contexto de desmilitarización de la proyección exterior desde la década de los 90 y el fin de la Guerra Fría, y el auge de formas de proyección no coercitivas (proyección blanda), a una tendencia de remilitarización del espacio de proyección exterior.

No obstante, esta tendencia general es matizable en función del país de origen de la persona que responde o de la institución a la que pertenece. Los centros de origen europeo son los que mayor relevancia otorgan a la proyección económica –y particularmente a las exportaciones de manufacturas y servicios, y el stock de inversión en el exterior–, coherente con las principales características de la inserción externa de la región. Se detecta un perfil similar en las respuestas de centros asiáticos, mientras los centros africanos y latinoamericanos otorgan más relevancia a las exportaciones de bienes primarios. En el caso de la dimensión militar, la tendencia general de fortalecimiento de esta dimensión se enfatiza en las respuestas de origen norteamericano, que son también los que mayor relevancia otorgan a la dimensión blanda en la proyección exterior.

Resulta paradójico que dimensiones especialmente relevantes en la proyección exterior de algunas regiones no sean igualmente percibidas por los respondientes de dichas regiones. Es el caso de la dimensión militar en la proyección africana o la dimensión blanda en la proyección exterior europea y, cada vez más, también en la asiática.

En definitiva, la percepción del mundo y, en consecuencia, la valoración de qué indicadores deben ser más o menos relevantes en la cuantificación de la proyección exterior es una cuestión subjetiva y cambiante. Sin embargo, a pesar de todas estas diferencias detalladas en este documento, el ranking de presencia global que resultaría de la aplicación de los coeficientes de las distintas regiones no se alejaría mucho del actual. En parte esta robustez del Índice Elcano de Presencia Global se debe precisamente a que los resultados de cada encuesta son agregados para determinar los coeficientes definitivos que serán incorporados en la próxima edición del Índice. La situación definitiva de los coeficientes tras la agregación de los resultados de la encuesta analizados en este documento, y la diferencia con los coeficientes actuales, se detalla en la Figura 11.

Figura 11. Coeficientes definitivos tras la incorporación de los resultados de la encuesta 2018 (C’) y comparación con los coeficientes actuales
  C' Coeficientes actuales Diferencia
Presencia económica 41 40 1,0
Presencia militar 23 20 3,0
Presencia blanda 36 40 -4,0
Energía 8 8
Bienes primarios 6 6
Manufacturas 8 8
Servicios 9 8 1,0
Inversiones 10 10
Tropas desplegadas 10 9 1,0
Equipamiento militar 13 11 2,0
Migraciones 4 4
Turismo 4 4
Deportes 3 3
Cultura 4 5 -1,0
Información 4 5 -1,0
Tecnología 5 5
Ciencia 4 5 -1,0
Educación 4 5 -1,0
Cooperación al desarrollo 4 4
Fuente: elaboración propia.

Manuel Gracia
Investigador, Real Instituto Elcano
 | @mgraciasn

Iliana Olivié
Investigadora principal y coordinadora del Proyecto Índice Elcano de Presencia Global, Real Instituto Elcano
 | @iolivie

Néstor Santana
Máster de Economía Internacional y Desarrollo (UCM), ayudante de investigación en prácticas en el proyecto Índice Elcano de Presencia Global durante la elaboración de este documento


Anexo: cuestionario de ponderación del Índice Elcano de Presencia Global (2018)

  1. Si tuviera que medir la presencia global de un país mediante estas 3 dimensiones, ¿qué peso asignaría a cada una de ellas? (Deben sumar un total de 100%).
    1. Presencia económica (energía, bienes primarios, manufacturas, inversiones).
    2. Presencia militar (tropas desplegadas, equipamiento).
    3. Presencia blanda (migraciones, turismo, cultura, deportes, tecnología, ciencia, educación, cooperación al desarrollo, información).
    4. Total [Va facilitando el valor de la suma de los elementos].
  2. ¿Qué peso asignaría a cada componente o variable de la dimensión económica? (Deben sumar un total de 100%).
    1. Energía (petróleo, gas).
    2. Bienes primarios (agricultura, minería…).
    3. Manufacturas (bienes de consumo e intermedios, maquinaria…).
    4. Servicios (transporte, comunicación, servicios financieros…).
    5. Inversiones (stock de inversión directa en el exterior).
    6. Total [Va facilitando el valor de la suma de los elementos].
  3. ¿Qué peso asignaría a cada componente o variable de la dimensión militar? (Deben sumar un total de 100%).
    1. Tropas (número de tropas desplegadas en el exterior).
    2. Equipamiento militar (portaviones, cruceros, fragatas…).
    3. Total [Va facilitando el valor de la suma de los elementos].
  4. ¿Qué peso asignaría a cada componente o variable de la dimensión blanda? (Deben sumar un total de 100%).
    1. Migraciones (stock de inmigrantes residentes en el país).
    2. Turismo (llegada de turistas).
    3. Deportes (medallas olímpicas y puntos FIFA).
    4. Cultura (audiovisual, artes).
    5. Información (noticias en agencias internacionales, sitios de Internet…).
    6. Tecnología (patentes orientadas al exterior).
    7. Ciencia (publicaciones científicas).
    8. Educación (estudiantes extranjeros matriculados en educación terciaria).
    9. Cooperación al desarrollo (desembolsos de ayuda oficial al desarrollo).
    10. Total [Va facilitando el valor de la suma de los elementos].

Con la publicación de los resultados, se acreditará la contribución de los expertos encuestados. Si desea que no hagamos pública su participación en el estudio, por favor, marque esta casilla. Comentarios y sugerencias.


1 James G. McGann (2018), “2017 Global Go To Think Tank Index Report”TTCSP Global Go To Think Tank Index Reports, Universidad de Pennsylvania.

2 Esta metodología fue sometida a evaluación en el año 2017. Para más información, véase M. Domínguez-Torreiro, M. Álvarez-Díaz y M. Saisana (2017), “Auditoría estadística del Índice Elcano de Presencia Global 2016, llevada a cabo por el Joint Research Centre (JRC)”, en I. Olivié y M. Gracia, Informe Elcano de Presencia Global 2017Real Instituto Elcano, e I. Olivié e I. Molina (coords.) (2012), “Medir la presencia internacional de los países: metodología revisada del Índice Elcano de Presencia Global”Documento de Trabajo Real Instituto Elcano, DT nº 9/2012, Real Instituto Elcano.

3 McGann (2018), op. cit.

4 I. Olivié y M. Gracia (2016) “Reponderando el espacio de política exterior”, en Informe Elcano de Presencia Global 2016Real Instituto Elcano.

5 I. Olivié y M. Gracia (2018), “¿Globalización o regionalización?”, en Informe Elcano de Presencia Global 2018Real Instituto Elcano.

6 Nótese que por aquel entonces no se había producido la crisis migratoria centroamericana actual, pero la argumentación sería también válida para este caso.

7 E. Sidiropoulos, S. Gruzd, I. Olivié y M. Gracia (2018), “África, rezagada en presencia global”, en Informe Elcano de Presencia Global 2018Real Instituto Elcano.

8 Olivié y Gracia (2018), “¿Globalización o regionalización?”, op. cit.

9 M. Ferreyra, C. Avitabile, J. Botero, F. Haimovicm y S. Urzúa (2017), Momento decisivo. La educación superior en América Latina y Caribe, Grupo Banco Mundial, Washington DC.

10 Domínguez-Torreiro et al. (2017), op. cit.

11 I. Olivié y M. Gracia (2018), “Estabilidad en el ranking de presencia global”, en Informe Elcano de Presencia Global 2018, Real Instituto Elcano.

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<![CDATA[ España en el mundo: análisis en base al Índice Elcano de Presencia Global 2016 ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari85-2017-olivie-gracia-gomariz-espana-en-el-mundo-analisis-indice-elcano-presencia-global-2016 2017-11-03T12:46:26Z

España mantiene la 12ª posición en el Índice Elcano de Presencia Global, aunque pierda cuota de presencia global en todas sus dimensiones (al igual que otros países de su entorno).

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Ver también versión en inglés: Spain in the world: an analysis of the Elcano Global Presence Index 2016

Tema

España mantiene la 12ª posición en el Índice Elcano de Presencia Global, aunque pierda cuota de presencia global en todas sus dimensiones (al igual que otros países de su entorno).

Resumen

Al igual que el año pasado, con datos de 2016 y con un valor índice de 204,1 puntos, España conserva la 12ª posición en la clasificación de los 100 países para los que se calcula el Índice Elcano de Presencia Global. Por dimensiones, su fortaleza sigue estando en la dimensión blanda (11ª posición), además de la económica (en la que ocupa también la 12ª posición). En el plano militar, el papel internacional de España es más pasivo (17ª posición).

Internamente, esta presencia global se construye desde todas las comunidades y ciudades autónomas, aunque con un mayor protagonismo de las de mayor tamaño económico y/o demográfico (Madrid, Cataluña y Andalucía).

En este ARI calculamos, por primera vez, la distribución geográfica de la presencia global de España por destinos, con la intención de contribuir a una imagen más precisa de la acción internacional española que pueda informar la toma de decisiones en materia de política exterior. Llaman la atención la fuerte concentración de dicha presencia en Europa (que absorbe más del 60%), y, dentro de ésta, del Reino Unido (13,5%), la relativamente escasa importancia de América Latina (la región al completo recibe la misma proporción de presencia española que el Reino Unido) o el carácter fundamentalmente blando (sin apenas presencia de variables económicas) en la región de Asia-Pacífico.

Análisis

España se mantiene en la 12ª posición, pero pierde cuota mundial de presencia

Con un valor índice de 204,1 en 2016, España se mantiene en la 12ª posición de los 100 países para los que se calcula el Índice Elcano de Presencia Global. Como se ha detallado en análisis anteriores, España aumenta considerablemente, respecto de otros países, su presencia global en el período 1990-2016 para el que se calcula el Índice, debido a que éste coincide con un momento de inserción rápida del país en la economía y el sistema político internacional; produciéndose al inicio de este período, por ejemplo, la adhesión a la OTAN o a la UE.1

Figura 1. Primeras posiciones en el Índice de Presencia Global 1990 y 2016 (valor índice)

La nueva metodología aplicada al cálculo del Índice2 sigue reflejando las mismas características de proyección exterior del país que hemos recogido en trabajos anteriores. La acción exterior de España ha tendido a “economizarse”, lo que sitúa al país, en la actualidad, en el puesto 12º del ranking de la dimensión económica de presencia, el mismo que ocupa en el de presencia global. Respecto de esta 12ª posición, España cae a la 17ª si nos ceñimos a la presencia militar, pero sube a la 11ª para la dimensión blanda.

Se puede observar que, en cierta medida, la proyección exterior de España tras la crisis recupera modalidades de presencia más propias de los años 90 que de los años previos a la Gran Recesión. Por ejemplo, la contribución de la variable de turismo, que explicaba un 7,8% de la presencia global de España en 1990, se sitúa en 2016 en el 5%, subiendo 1,7 puntos porcentuales desde 2010. Esta evolución en forma de “U” también se observa en la contribución de los bienes primarios (6,9% en 1990, 5,8% en 2010 y 7,7% en 2016). Reflejando el mismo fenómeno, la cooperación al desarrollo parte de un 1,8% de la presencia global de España en 1990 para situarse en un 3,9% en 2010 y caer al 1,2% en 2016; un nivel similar al de los años 80, cuando el país dejaba de ser receptor de ayuda oficial al desarrollo.

No obstante, el comportamiento de otras variables reflejaría que ciertos cambios estructurales en la naturaleza de la proyección exterior del país no se han visto revertidos con los años de crisis. Por ejemplo, la ciencia, que suponía el 2,3% de la presencia total en 1990 aumenta hasta el 4,1% en 2010 y, de nuevo, hasta el 5,9% en 2016. Lo mismo ocurre con la cultura: del 3,3% en 1990 al 4,6% en 2010 y al 6,0% en 2016.

Que algunas variables con gran valor añadido (al menos potencial) se refuercen con el tiempo en la definición de la presencia global de España no significa, no obstante, que la posición española en estos ámbitos se haya visto también reforzada en relación a los demás países. Esto puede observarse a través de las cuotas de presencia global (esto es, la proporción de presencia agregada de los 100 países que proyecta un país de forma global, en alguna de las dimensiones o en variables específicas) (véase la Figura 2). Al igual que la mayor parte de países de su entorno, España se encuentra en una tendencia de pérdida de cuota de presencia global, en el marco de los efectos persistentes de la crisis en Europa y EEUU y de la emergencia constante del Sur global.3 Esta pérdida se manifiesta, aunque con distintas intensidades, en las tres dimensiones: económica (con una pérdida de 1,5 puntos en la variable de inversiones), militar y blanda; mostrando la dimensión blanda una mayor resistencia que las otras dos (a pesar de la abrupta caída de 4 puntos en la variable de cooperación al desarrollo).

Figura 2. Cuotas de presencia económica, militar y blanda de España, 1990-2016 (en % del total)

Madrid, Cataluña y Andalucía lideran la presencia global de España

Del mismo modo que la presencia global de España tiene su origen en distintas dimensiones (económica, militar y blanda), también se explica con el comportamiento internacional diferenciado de las comunidades y ciudades autónomas. Existe una fuerte relación entre la contribución de esas comunidades y ciudades a la presencia global y su contribución al PIB agregado.4 Siendo así, no resulta sorprendente que las mayores proporciones de presencia internacional se proyecten desde las comunidades de mayor tamaño económico y/o demográfico, esto es, y por este orden, Madrid, Cataluña y Andalucía, que explican conjuntamente el 58,8% de la presencia global de España.

La Figura 3 también muestra que con la nueva metodología de cálculo del Índice siguen apareciendo comunidades y ciudades autónomas con perfiles más “extravertidos” (cuando la contribución a la presencia global agregada supera su contribución al PIB) o “intravertidos” (cuando se da la relación contraria). Son particularmente extravertidas Cantabria (16ª comunidad en PIB y, sin embargo, 7ª en su aportación a la presencia global), la Comunidad de Madrid y Cataluña. Serían, por el contrario, intravertidas, Castilla La-Mancha (9ª en PIB, 13ª en presencia global), Castilla-León, Valencia y Andalucía.

Figura 3. Contribución por comunidades y ciudades autónomas a la presencia global de España (en % de la presencia global total) y contribución al PIB (en % del PIB total)

No obstante, destacan comunidades cuya contribución a la presencia global de España es muy elevada en indicadores concretos, como es el caso de Baleares y Canarias (con fuertes contribuciones en la variable de turismo, como destacábamos en este mismo análisis hace un año), Andalucía y Valencia en bienes primarios y Murcia en energía. Por su parte, Madrid realiza las mayores aportaciones en servicios, inversiones, equipamiento militar, tropas desplegadas, cultura, tecnología, educación y cooperación al desarrollo.5

En el momento en que se escribe este ARI, las tensiones territoriales internas en España se encuentran en uno de sus niveles más altos de la historia reciente. Por este motivo, amerita destacar la muy importante contribución de Cataluña a la proyección exterior del país, pero también la naturaleza de los principales elementos a través de los cuales Cataluña aporta a la presencia global española. Por dimensiones, si bien Madrid es la comunidad autónoma que más participa en las dimensiones económica y militar (19,45% y 3,59%, respectivamente, en 2016), es Cataluña la comunidad que mayor aportación realiza a la proyección exterior del país en la dimensión blanda (7,49% en 2016). Por variables, este liderazgo se da en distintas variables (manufacturas, migraciones, turismo, ciencia, deportes e información), algunas de las cuales destacábamos más arriba como las que revisten un mayor valor añadido (al menos potencialmente) siendo el caso de las manufacturas o la ciencia.

España es, sobre todo, un país europeo

Para todos los 100 países para los que se calcula el Índice, la metodología empleada permite calcular el volumen de presencia global así como sus principales componentes desde el punto de vista sectorial (cómo se distribuye dicho volumen total por dimensiones y variables). Esto a su vez, permite indicar para cada país, en cada dimensión y variable, su cuota de participación y su puesto en el ranking. Además, para los Estados miembros de la UE, se calcula también esta presencia (con sus contribuciones, cuotas, valor índice y puesto en el ranking), ceñida al espacio de la UE –lo que hemos denominado el Índice Elcano de Presencia Europea–.6 Asimismo, se calcula la presencia global de la UE, en la que también se desagregan las contribuciones por origen geográfico, identificando cuáles son las aportaciones relativas de cada Estado miembro. En el caso de España, hace dos ediciones7 sumamos por primera vez la desagregación de la presencia global por origen geográfico (que hemos repasado, para esta edición, en el epígrafe anterior).

Sin embargo, las distintas metodologías desarrolladas hasta la fecha en el marco de este proyecto no han permitido calcular la desagregación por destino geográfico de la presencia global de los países. Este cálculo aplicado a distintos países o regiones se planteó como un importante reto metodológico que, de superarse, aportaría información de gran utilidad puesto que estos datos permitirían responder a preguntas tales como las siguientes: ¿cuál es la magnitud del cambio de eje de la acción exterior latinoamericana de EEUU hacia China?; y ¿cuál es el ritmo y profundidad del proceso de integración europeo (lo que se reflejaría en la magnitud de la presencia de los Estados miembros hacia Europa y su tasa de crecimiento)? Es sabido que China ha aumentado fuertemente su presencia en el mundo en las últimas décadas, pero ¿en qué lugares en concreto?, ¿cuánta acción exterior china (y de qué tipo) se produce dentro de la región asiática y cuánta en otras regiones del mundo?

Realizar este cálculo requiere, muy resumidamente, “bilateralizar” la presencia global de los países en cada uno de sus componentes (variables y dimensiones),8 lo que posiblemente no es factible para cada uno de los 100 países incluidos en este Índice, dada la necesidad de la existencia de bases de datos que desagreguen esta información de manera bilateral en cada una de las variables que componen el Índice.

No obstante, para este trabajo, sí hemos podido realizar este cálculo para España. Con esta nueva información, puede decirse que obtenemos tanto una imagen fija como una evolución de la proyección exterior con un gran nivel de detalle. Sabemos cuál es la presencia global de España, cómo se conforma sectorialmente, geográficamente, pudiéndose además identificar los perfiles combinados geográficos y sectoriales (qué comunidades contribuyen a qué modalidades de presencia) y ahora, además, podemos saber hacia qué regiones y países se proyecta esa presencia. Con todo ello, queremos contribuir a un mayor conocimiento sobre la acción exterior de España, que pueda informar la política exterior.

Este cálculo arroja una base adicional de 5.757 datos que pormenorizan esta distribución geográfica. Incluye la composición por variables y dimensiones de la presencia de España en cada uno de los 25 países y seis regiones para los que hemos recabado información en tres momentos del tiempo (2005, 2010 y 2016). En este trabajo nos limitamos, pues, a resaltar solamente algunos de los principales resultados.

En lo que se refiere a la distribución regional de la presencia, España se proyecta fundamentalmente hacia Europa (61,1% de la presencia total en 2016), siendo muy menores las proporciones de presencia en América Latina (13,6%) y Norteamérica (8,4%), Magreb y Oriente Medio (7,2%) y Asia-Pacífico (7%). Es marginal la proporción de presencia que se dirige hacia África Sub-Sahariana (2,7%) (véase la Figura 4).

Figura 4. Distribución regional de la presencia global de España, 2005-2016 (en valor índice y en % de la presencia global total)

Si bien la importancia relativa de cada región era aproximadamente la misma en 2005, los años posteriores muestran un cambio de tendencia que luego se revertiría durante los años de la crisis. En la segunda mitad de los 2000, Europa acaparó algo menos de presencia (bajando 3,2 puntos porcentuales en 2010), lo que aumentó las proporciones de presencia hacia todas las demás regiones, pero particularmente hacia África Subsahariana (5,6 puntos porcentuales adicionales en 2010). En los primeros años de este decenio, no obstante, esta tendencia se revirtió, volviendo la distribución regional de la presencia global de España un patrón muy similar al de 2005. Esto es, la crisis hace, proporcionalmente, aún más europea la proyección exterior del país.

Como cabía esperar, la naturaleza de la proyección internacional española varía en cada región. Mientras los vínculos con Europa son sobre todo económicos (más del 38% de la presencia económica total en 2016), blandos en mucha menor medida y poco militares (16,8% y 6,2%, respectivamente) –patrón similar al de la presencia en América Latina y del Norte–, con Asia-Pacífico el eje de la proyección exterior está en la dimensión blanda, al igual que con África Subsahariana, donde, además, el protagonismo de la dimensión blanda se comparte con el de la militar. Este eje militar es el que más claramente guía la proyección hacia Magreb y Oriente Medio (véase la Figura 5).

Figura 5. Composición por dimensiones de la distribución regional de la presencia global de España, 2016 (en % de la presencia global total)

Estos datos también se pueden leer sectorialmente: en todas las dimensiones, el principal foco de presencia se sitúa en Europa. En la dimensión económica también tienen importancia América Latina y del Norte, y en mucha menor medida Asia-Pacífico y Magreb y Oriente Medio. En la dimensión militar, la región más importante para España es Europa; muy por detrás están África y Oriente Medio, mientras que en la dimensión blanda la segunda región más importante, después de Europa, es Asia-Pacífico.

Estas cifras vienen a confirmar ciertas intuiciones, como la importancia de Europa en la proyección exterior de España, así como la importancia relativa de América Latina con respecto al resto de las regiones. No obstante, puede ser llamativa la muy alta concentración en Europa, tanto que absorbe el 60% de la presencia global del país. En este contexto, la importancia relativa de América Latina puede resultar sorprendentemente baja. En esta misma línea, pueden resultar también contra-intuitivos los hechos de que la presencia blanda en Asia-Pacífico sea superior a la que se da en América Latina, o que la presencia económica en Asia-Pacífico sea prácticamente insignificante.

Como es lógico, la desagregación por variables muestra también la importancia de Europa como primer destino de presencia en muchas de ellas. Esto es así, con datos de 2016, en todas las variables económicas, en el equipamiento militar y en todas las variables blandas con excepción de los deportes (donde la mayor proporción de presencia se proyecta en Asia-Pacífico) y en América Latina (puesto que la mayor proporción de flujos de ayuda al desarrollo se dirigen a esta región).

Este sesgo europeo también se pone de manifiesto en la distribución internacional de la presencia global de España. Sus 15 principales destinos son, en 2016, el Reino Unido (13,5% de la presencia, aproximadamente la misma proporción que el conjunto de toda América Latina), Francia (7,5%, en buena medida por el efecto frontera), EEUU (7,3%), Alemania (7,1%), Italia (4,1%), Turquía (4%), Portugal (3,7%), Brasil (2,9%), México (2,8%), China (2,4%), Bélgica (1,8%), Venezuela (1,5%), Chile (1,4%), Marruecos (1,0%) y Canadá (1,0%).
También en este caso podemos encontrar algunos resultados contra-intuitivos. Por ejemplo, la importancia de algunos países latinoamericanos no se correspondería con el grado de atención que reciben por parte de los medios de comunicación nacionales. Éste sería el caso de Venezuela, en el que España proyecta menos presencia global que en Bélgica, o el de Argentina, que con el 0,8% de la presencia global total tendría menos importancia en la proyección internacional de España que Canadá.

Pueden sorprender también los datos para Turquía, casi tan “importante” como Italia para España e incluso más que Portugal. En este caso concreto, los resultados se explican con la fuerte presencia militar, vinculada con la participación en la misión de la OTAN en la frontera turca y el despliegue de los misiles Patriot.

Estas proporciones también han ido variando a lo largo del tiempo. Los cinco países en los que más ha crecido, proporcionalmente, la presencia global de España entre 2005 y 2016 son, precisamente, Turquía (3,4 puntos porcentuales), Venezuela (1,1), China (0,8), EEUU (0,8) y el Reino Unido (0,8). Por su parte, los cinco países en los que España pierde mayor proporción de proyección exterior son Portugal (-1,3 puntos porcentuales), Brasil (-0,9), Francia (-0,8), Alemania (-0,8) y Argentina (-0,2).

Estos resultados son coherentes con “re-europeización” de España tras la crisis debido, como señalamos más arriba, a que la tendencia no es homogénea durante el período 2005-2016. Éste se descompone en una pérdida relativa de importancia de Europa en el primer sub-período (2005-2010) y en una ganancia relativa en el segundo (2010-2016).

Como puede verse en la Figura 7, tras cada subida o bajada de presencia (en términos absolutos) pueden esconderse muy distintas combinaciones por dimensiones. Por ejemplo, en Francia, donde España pierde proyección, se da una pérdida acusada de presencia económica que se compensa parcialmente con un aumento de la dimensión blanda.

Conclusión

Tras un rápido aumento que se inicia en los años 90 (y con un perfil propio de una economía emergente y/o de un país europeo periférico), la presencia global de España aumenta fuertemente hasta el estallido de la crisis, lo que provoca una reducción de unos 50 puntos durante el período 2010-2016. Esta pérdida es más que proporcional en la esfera económica (a pesar del crecimiento de las exportaciones) y logra compensarse, aunque sólo parcialmente, con la dimensión blanda.

La presencia global de España se construye principalmente desde Madrid, Cataluña y Andalucía (en línea con la contribución relativa de cada una de estas comunidades al PIB). Destaca la aportación de Cataluña a la proyección exterior blanda de España. También son relevantes las contribuciones al turismo de Canarias y las Islas Baleares o a los bienes primarios por parte de Andalucía y Murcia.

En cuanto a su destino, la proyección de España es fundamentalmente europea. Así lo era antes del estallido de la crisis (a pesar de una cierta diversificación hacia otras regiones en los años previos) y así lo es después, incluso en mayor proporción (a pesar de un descenso en términos absolutos). Los datos de esta distribución geográfica también arrojan algunas sorpresas: la proyección hacia América Latina es posiblemente menor de lo que cabía imaginar (toda la región absorbe la misma proyección que el Reino Unido, individualmente), Turquía es uno de los principales países destinatarios (lo que se debe a la dimensión militar) y hacia Asia-Pacífico se proyectan variables blandas, no económicas. De hecho, esta última es la única región en la que España aumenta presencia global tras la crisis en valores absolutos y esto se debe precisamente a la dimensión blanda.

La información que distribuye geográficamente la presencia global de España permite tener una idea de cómo y dónde se proyecta el país fuera de sus fronteras. Con ello, se pretende ofrecer un insumo más a un diseño informado de la política exterior, de forma que ésta sirva bien para preservar esta proyección (en lo geográfico o en lo sectorial), o bien para moldearla.

Nota metodológica

Para calcular el destino de la presencia global de España mantenemos la estructura y la relación de indicadores del Índice de Presencia Global,9 recogidos en el anexo metodológico del Informe de Presencia Global 2016, pero obteniendo los datos bilaterales país-país.

En la medida de lo posible hemos intentado recurrir a las mismas fuentes de datos que las utilizadas en el cálculo general del Índice, recurriendo a fuentes alternativas cuando era necesario (principalmente a fuentes nacionales, todas ellas especificadas en la Figura 8). En algunos casos, la desagregación bilateral de las variables incluidas en la metodología original del Índice Elcano de Presencia Global presentaba retos metodológicos, que han obligado a recurrir a variables alternativas que permitiesen una aproximación a esa información bilateral.

Los indicadores de la dimensión económica pudieron ser desagregados por destino con relativa facilidad, obteniendo las exportaciones bilaterales de España a cada destino, tanto de cada uno de los tipos de mercancías como de servicios. También fue el caso del stock de inversión en el exterior, que fue desagregado por destinos a partir de fuentes nacionales.

Los datos de presencia militar fueron desagregados a partir de información facilitada por el Ministerio de Defensa, y particularmente el destino geográfico de las tropas españolas desplegadas en el exterior. Para la desagregación del indicador de equipamiento militar se identificaron aquellas misiones que hacen uso efectivo de equipamiento en sus despliegues, considerando un uso de equipamiento proporcional al número de tropas desplegadas. De este modo, en misiones aeronavales se computa presencia tanto de tropas como de equipamiento, mientras que en misiones de entrenamiento u observación no se reflejan medios y despliegue del tipo de equipamiento incluido en la metodología. Agradecemos la ayuda prestada por Félix Arteaga, investigador principal del Real Instituto Elcano, en esta labor.

En el caso de la dimensión blanda, algunas variables pudieron ser “bilateralizadas” recurriendo a fuentes alternativas (como migraciones, turismo, cultura, tecnología o cooperación al desarrollo), pero otras presentaban también retos conceptuales o metodológicos.

Es el caso de deportes, medida en la metodología original del Índice a partir de los puntos FIFA de la selección absoluta de fútbol y el número de medallas olímpicas, para cuya desagregación por destino se ha recurrido a datos de audiencia televisiva. En el primer caso, hemos tomado la audiencia por países de la edición de la Copa Mundial de Fútbol, a partir de los informes de audiencia ofrecidos por la FIFA para cada edición. Sin embargo, no hemos podido obtener esta información para el caso de los Juegos Olímpicos, por lo que ha sido necesario recurrir a una medición alternativa. En concreto, hemos obtenido la información sobre el número de hogares con televisiones en cada país, utilizándola como medida aproximada del potencial de audiencia de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos.

La desagregación geográfica del indicador de información también ha presentado retos por el modo en que está conceptualizado en la metodología original del Índice, medido a partir del número de menciones en noticias de las principales agencias (Associated Press, Reuters, AFP, DPA, ITAR-TASS, EFE, ANSA, Xinhua) y el ancho de banda de Internet en cada país. Para la parte relativa a menciones en prensa se ha recurrido a la misma base de datos (Factiva) pero obteniendo el número de noticias en estas principales agencias relacionadas con España en cada país y región del mundo, considerando el total de idiomas hablados en cada uno de ellos. Para la parte del indicador relativa a Internet, dada la imposibilidad de desagregación geográfica de la variable incluida en la metodología original, se ha recurrido como variable alternativa al número de hogares con acceso a Internet en cada país del mundo, a partir de la información facilitada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones.

Por último, el indicador de ciencia es medido en la metodología original del Índice a partir del número de publicaciones científicas según la Web of Science de Thomson Reuters. Para la desagregación por destinos geográficos de la presencia científica de España se han tomado en consideración aquellos artículos co-publicados por un autor español y otro autor según su país de origen, a partir de la información facilitada por la Web of Science Core Collection de Clarivate Analytics. Agradecemos la colaboración de Sebastien Vellay para la obtención de esta información.

En el caso de las comunidades autónomas, los datos que se utilizan para determinar su contribución son, en su mayoría, fuentes públicas nacionales, como señala la Figura 9. Muchos de éstos vienen desagregados por comunidades; en cambio, como ocurría en la desagregación bilateral de la presencia de España, existen casos que por su naturaleza no tienen una distribución geográfica clara o se expresan en entidades geográficas distintas a las comunidades autónomas. Estos retos metodológicos se explican en el documento sobre la presencia global de España,10 presentado el año pasado, por lo que remitimos al mismo en caso de querer conocer los detalles y adjuntamos el cuadro de origen de cada una de las fuentes de datos.

(Las figuras 8 y 9 de esta nota metodológica pueden encontrarse en el PDF del documento)

Iliana Olivié
Investigadora principal y coordinadora del Proyecto Índice Elcano de Presencia Global, Real Instituto Elcano
| @iolivie

Manuel Gracia
Investigador, Real Instituto Elcano
| @mgraciasn

Mª Dolores Gomariz
Máster de Economía Internacional y Desarrollo (UCM), ayudante de investigación en prácticas en el proyecto Índice Elcano de Presencia Global durante la elaboración de este documento (2017)


1 Iliana Olivié; Manuel Gracia y José Ignacio Díaz (2016), “La presencia global de España”, ARI 67/2016, Real Instituto Elcano.

2 Pueden encontrarse los detalles de dicha metodología en Iliana Olivié y Manuel Gracia (2017), Informe Elcano de Presencia Global 2017, Real Instituto Elcano.

3 Iliana Olivié y Manuel Gracia (2016), Informe Elcano de Presencia Global 2016, Real Instituto Elcano.

4 Para más detalles, véase Olivié, Gracia y Díaz (2016), op. cit.

5 Téngase en cuenta que las variables directamente relacionadas con el gasto público pueden mostrar una cierta sobre-representación de Madrid dada la metodología aplicada. Para más detalles, véase Olivié, Gracia y Díaz (2016), op. cit.

6 Todos estos datos están disponibles, en acceso abierto, en nuestras secciones de Explora y Datos de la web del Índice Elcano de Presencia Global.

7 Iliana Olivié, Carola García-Calvo y Manuel Gracia (coords.) (2015), Informe Elcano de Presencia Global 2015, Real Instituto Elcano.

8 Véanse los detalles en la nota metodológica, al final de este ARI.

9 Olivié y Gracia (2017), op. cit.

10 Olivié, Gracia y Díaz (2016), op. cit.

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<![CDATA[ La presencia global de España ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari67-2016-olivie-gracia-diaz-presencia-global-de-espana 2016-09-15T04:58:29Z

Este documento analiza la evolución de la presencia global de España, la contribución española a la presencia de la Unión Europea y la aportación de las distintas Comunidades Autónomas a la proyección exterior nacional.

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Tema

Este documento analiza la evolución de la presencia global de España, tanto en su ámbito mundial como europeo, así como la contribución española a la presencia de la Unión Europea y, por último, la aportación de las distintas Comunidades Autónomas a la proyección exterior nacional.

Resumen

El Índice Elcano de Presencia Global refleja una rápida inserción exterior de España en las últimas dos décadas y media. Este crecimiento (superior al de Estados Unidos o Portugal) le ha permitido mantener su cuota de presencia global durante el período 1990-2015, a pesar de las disminuciones de cuota desde el estallido de la crisis económica.

La presencia global española es sobre todo blanda, aunque haya tendido a “economizarse”. No obstante, su presencia en el ámbito europeo (recogida en el Índice Elcano de Presencia Europea) vendría a reflejar la tendencia contraria: un “reblandecimiento” de su presencia europea. En ninguno de los dos casos, son las variables de mayor valor añadido (tecnología o educación, por ejemplo), las que más contribuyen a la proyección exterior. A lo largo de todo el período y tanto en el ámbito global como en el europeo, el turismo o los servicios determinan en gran medida la presencia global de España.

Como Estado miembro de la Unión Europea, España también contribuye a la presencia global de esta última; y lo hace de forma significativa, siendo el 6º Estado con mayor contribución. De forma similar, las 17 comunidades autónomas y dos ciudades autónomas definen (cuantitativamente y cualitativamente) la presencia global española. En términos generales, son las comunidades que más contribuyen al PIB y también las que más participan en la proyección exterior del país (Cataluña, Madrid y Andalucía).

Análisis

España, 12º país en presencia global

Con un valor índice de 177,9, España se sitúa en 2015 en el 12º puesto del ranking de países por presencia global (Gráfico 1). Como ya señaláramos en un trabajo anterior1,  entre 1990 y 2015 (período para el que se calcula el Índice Elcano de Presencia Global) la posición de España en el mundo se caracteriza por su rápida inserción, registrándose un crecimiento de su presencia global (que se cuadriplica) superior a la de otros países como Estados Unidos o Portugal (las cuales se multiplican por 2 y por 3,5, respectivamente).

Este período de aumento rápido de presencia global coincide con los primeros años de la transición de España a la democracia y con su inserción en la comunidad internacional (incluyendo, por ejemplo, la adhesión a la Unión Europea y la integración en la OTAN).

Gráfico 1. Top 20 del ranking de presencia global (en valor índice)

Además, acompañando este fuerte crecimiento de su proyección exterior, y a diferencia de lo que ocurre en buena parte de los países europeos o de América del Norte, España mantiene su cuota de presencia global, 2 registrándose entre 1990 y 2015 incluso un muy leve aumento de 4 décimas, que se produce como resultado de las ganancias de cuota durante los años 90 y 2000 (5 y 3 décimas, respectivamente) que la pérdida registrada durante la gran crisis, entre 2010 y 2015 (4 décimas), no contrarresta en su totalidad (Tabla 1).

Aunque el resultado neto para el conjunto del período sea este mantenimiento de presencia, España parece seguir el mismo patrón que otros países occidentales (Italia, Alemania, Francia o Estados Unidos) que son, además, los que sufren mayores pérdidas de cuota de proyección exterior en los últimos 25 años. Son pues, las economías emergentes las que contrarrestan estas pérdidas. Las cinco mayores ganancias de cuota entre 1990 y 2015 son las de China, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Corea del Sur, India y Singapur. Nótese, además, que entre 2010 y 2015, ninguno de estos seis países sufre pérdidas de cuota global en ningún periodo; lo que sí ocurre con los siete países de la parte baja de la Tabla 1.

Tabla 1. Principales variaciones de cuota de presencia global(en puntos porcentuales)

La proyección exterior de España es fundamentalmente blanda, aunque ha tendido a “economizarse”

Este mantenimiento de la cuota española, en relación con la de otros países, se explica con las ganancias durante los 90 y los 2000 en las tres dimensiones (económica, militar y blanda) en las que desagrega la presencia global. Aunque es en la dimensión blanda en la que España obtiene un valor más alto, situándose en un 3% en 2015, pierde 2 décimas, mientras que en las dimensiones económica y militar, el país gana cuota entre 1990 y 2015 (Gráfico 2).

Gráfico 2. Cuota de presencia global de España por dimensiones

Y es que ha sido, históricamente, la contribución de la dimensión blanda3 una de las principales características de la presencia global española (además de ser un hecho diferencial respecto de otros países europeos). En la actualidad, sin embargo, la participación de esta dimensión se ha reducido hasta casi igualar la de la dimensión económica (49,2% y 42,0%, respectivamente, en 2015) (Gráfico 3).

Gráfico 3. Contribuciones por dimensiones a la presencia global de España (en %)

A pesar de una importante diversificación de la presencia global española a lo largo de estas dos décadas y media (en 1990, cinco variables explicaban casi el 78% de su presencia global; en 2015 esta proporción ha descendido hasta el 66,4%), como también hemos destacado en ocasiones anteriores4 son pocas las variables que más definen la proyección exterior de España (dentro de estas dos dimensiones económica y blanda) y, además, éstas no son las de mayor valor añadido.

Por ejemplo, si bien el turismo reduce su contribución del 45% de la presencia global total en 1990 a menos del 19%, sigue siendo la variable individual que más contribuye a la proyección exterior de España. En ambos años, siguen los servicios, con una contribución incluso mayor en 2015 respecto de 1990 (aunque puede haber cambiado la naturaleza y, por lo tanto, aumentado el valor añadido de estos servicios). También destaca el hecho de que si en 1990 las manufacturas contribuían algo más que los bienes primarios (7,0% frente a 6,2%), en 2015 esta relación se ha invertido con contribuciones del 8,9% y del 12,0%, respectivamente. Tanto ahora como hace dos décadas y media, la educación y la tecnología han estado contribuyendo sólo marginalmente a la presencia global de España (Tabla 2).

Tabla 2. Mayores y menores contribuciones a la presencia global de España en 1990 y en 2015 (en %)

España y la construcción de la presencia intra- y extra-europea

El grueso de la presencia global española se proyecta en la Unión Europea. Aunque la metodología actual del Índice Elcano de Presencia Global no permite calcular la presencia europea de los países como proporción de su presencia global, sí disponemos de diversos indicadores que se pueden distribuir geográficamente para observar en qué espacios se proyecta la presencia. En este sentido, los datos sobre exportaciones (de los que se nutren cuatro de las cinco variables que definen la dimensión económica de este Índice) dan cuenta de la magnitud del espacio europeo como lugar de proyección exterior de España. Así, en 2015, según datos de Eurostat, más del 65% de las exportaciones y del 61% de las importaciones5 de España tenían como destino y origen, respectivamente, la Unión Europea.6

En lo que respecta a los distintos pesos de dimensiones y variables en su contribución a la presencia exterior, en el ámbito europeo se puede observar la tendencia contraria a lo que ocurre en la proyección global. Dentro del ámbito de la Unión, el perfil de España ha tendido a “reblandecerse”, aumentando la contribución de la dimensión blanda respecto de la económica; lo que es compatible, por otra parte, con que la presencia económica de España sea mayoritariamente intracomunitaria. Esto se refleja en el desempeño del país en el Índice Elcano de Presencia Europea, que calcula la proyección exterior de los Estados miembros dentro del perímetro de la Unión (Grafico 4).

Gráfico 4. Contribuciones por dimensiones a la presencia europea de España (en %)

España ocupa en 2015 el 5º puesto en el ranking de presencia europea, por detrás de los Países Bajos y por delante de Italia. La posición por delante de la economía italiana en este ranking da muestra precisamente del mayor grado de orientación de España hacia el espacio comunitario. Así, en el ranking de presencia global, España se sitúa 12º, por detrás de Italia, que ocupa el puesto 11º.

Dada la magnitud de la presencia en la Unión Europea en la configuración de la presencia global de España, las principales variables de proyección española hacia Europa son muy similares a las principales variables en la contribución a la presencia global y, como se ha señalado con anterioridad, éstas no son las de mayor valor añadido (Tabla 3). Se dan aportaciones marginales de educación (el 2,4% de la presencia europea total en 2015), o tecnología (0,9%). No obstante, cabe señalar que estas contribuciones de mayor valor añadido sí son ligeramente superiores en la presencia en la Unión Europea que en el conjunto del mundo: mientras la tecnología contribuye un 0,6% a la presencia global de España, lo hace en un 0,9% a la europea, al igual que ocurre con la educación (2,2% en lo global frente a 2,4% en lo europeo) o, sobre todo, la ciencia (4,7% en lo global, 8,6% en lo europeo). Estos datos parecerían coherentes con los mayores niveles medios de desarrollo en Europa, en relación con otras regiones en desarrollo o emergentes como África, América Latina y Asia.

Esta comparación también pone de manifiesto la importante especialización terciaria de España en el marco de las relaciones económicas intra-europeas. Mientras las contribuciones de los bienes primarios y de las manufacturas descienden al 9,6% y al 5,9%, respectivamente, en el ámbito europeo (desde el 12,0% y el 8,9% en lo global), ocurre lo contrario con los servicios, cuya contribución a la presencia europea se sitúa en el 18,2% (el 13,9% en presencia global).

También cabe señalar el peso inferior del turismo en la presencia española en Europa (el 14% en 2015) frente al que registra en la presencia con el conjunto del mundo (casi el 19%); y esto a pesar de la importante afluencia de turistas europeos al territorio español siendo, de hecho, el país que recibe mayor número de turistas de origen europeo. España ocupa el primer puesto en el ranking de recepción de turistas con origen comunitario,7 por delante de Francia e Italia. Si consideramos todos los turistas del mundo (presencia global) desciende al 3er puesto, por detrás de Francia y de Estados Unidos, lo que indica un mayor grado de orientación turística intra-comunitaria a pesar de su menor contribución relativa. Esto se explica, como hemos señalado más arriba, con el mayor peso relativo de otras variables como los servicios, la ciencia y, muy particularmente, las migraciones (siendo éstas, mayoritariamente, de origen intracomunitario).

Tabla 3. Mayores y menores contribuciones a la presencia europea de España en 2005 y en 2015 en (%)

Con todo, la distribución del origen de la presencia global de la Unión Europea8 por Estado miembro muestra un aumento del peso de España en la proyección global de la Unión, hasta situarla en el 6,6% de la presencia global total de la Unión Europea; la 6ª mayor contribución tras las del Reino Unido, Alemania, Francia, Italia y los Países Bajos.

En términos generales, estas contribuciones permanecen relativamente estables desde 2005, que es el primer año para el que tenemos datos. En este contexto, el aumento de la contribución española, de tan sólo 5 décimas de punto porcentual es el 5º mayor en la última década, tras los de Rumanía (0,9), los Países Bajos (0,7), e Irlanda y Luxemburgo (0,6).

Tabla 4. Presencia global de la Unión Europea por estado miembro (en %) y variación 1990-2015 (en puntos porcentuales)

La construcción de la presencia global de España

Al igual que la presencia global de la Unión Europea es el resultado de los perfiles de presencia de sus Estados miembros (la cantidad de presencia, pero también su naturaleza por dimensiones y variables o su orientación intra-o extra-europea), la presencia global de España es reflejo de la proyección de sus 17 comunidades autónomas y dos ciudades autónomas, así como con sus fortalezas y debilidades desde el punto de vista sectorial.

Si la presencia global de España ha registrado un importante aumento desde 1990 y una cierta diversificación –aunque adolece de una concentración en variables de bajo valor añadido en las dimensiones económica y blanda, como hemos señalado más arriba–, las contribuciones por comunidades autónomas deberían registrar características similares.9

En términos generales, son las comunidades autónomas que más contribuyen al PIB español las que más contribuyen también a su presencia global. Así, las cinco mayores contribuciones son las de Cataluña (22,3%), Madrid (17,5%), Andalucía (12,9%), Valencia (8,4%) y País Vasco (6,9%) (Tabla 5).

No obstante, pueden identificarse algunas comunidades más orientadas al interior (cuando su contribución al PIB supera su contribución a la presencia global total) o, por el contrario, extravertidas (cuando la aportación a la presencia global supera la aportación al producto interior). Entre las primeras, más orientadas al interior, nos encontraríamos con 11 comunidades autónomas: Madrid, Andalucía, Valencia, Galicia, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Aragón, Navarra, Asturias, Extremadura y La Rioja. En el segundo grupo habría seis comunidades con mayor orientación hacia el exterior (Cataluña, País Vasco, Canarias, Baleares, Murcia y Cantabria), además de Melilla.

Tabla 5. Presencia global de España por comunidad autónoma (en %) y variación 2005-2015 (en puntos porcentuales)

De forma similar a lo que ocurre con la Unión Europea, en la que sólo tres países (el Reino Unido, Alemania y Francia) explican casi la mitad de su presencia global, en el caso de España también se observa una concentración territorial significativa. Cataluña, Madrid y Andalucía aportan cerca del 53% de la proyección exterior española (Tabla 5). Además, en torno al 70% de la presencia global de España se construye con variables económicas o blandas de Andalucía, Baleares, Canarias, Cataluña, Madrid, País Vasco y Valencia, lo que estaría apuntando, además, a una cierta concentración sectorial (Gráfico 5).

Gráfico 5. Principales contribuciones a la presencia global de España por Comunidades Autónomas y dimensiones (en %)

Esta concentración (además de la especialización en variables de menor valor añadido relativo) también se hace patente cuando se observan las contribuciones a la presencia global de España por comunidades autónomas y por variables individuales. Más del 30% de la presencia global de España se conforma con seis variables (bienes primarios, manufacturas, servicios, inversión, turismo e información) desde cinco comunidades (Andalucía, Baleares, Canarias, Cataluña y Madrid).

Gráfico 6. Principales contribuciones a la presencia global de España por Comunidades Autónomas y variables (en %)

Conclusión

Como resultado de la inserción internacional de España en los años posteriores a la transición a la democracia y, también, de la aceleración del proceso de globalización tras la caída del muro de Berlín, la presencia global de España (reflejada en el Índice Elcano) ha crecido a un ritmo comparativamente elevado durante el período 1990-2015.
Una parte significativa de esta presencia global se ha proyectado en el espacio intra-comunitario, de modo que la relación de España con otros Estados miembros define en gran medida las características de la presencia global española. A estas presencias europea y global contribuyen de forma significativa los servicios, el turismo y los bienes primarios y, de forma muy marginal, la tecnología y la educación; siendo estos resultados del Índice Elcano de Presencia Global otro reflejo del importante proceso de terciarización de la economía española y, en parte, de una terciarización de baja complejidad tecnológica.10

En el ámbito europeo, también cabe destacar el creciente peso de España en la configuración de la presencia global de la Unión Europea, lo que refleja un crecimiento también importante de la proyección española fuera de Europa.

Esta proyección es el resultado, en buena medida, de la presencia exterior de las comunidades autónomas que más contribuyen al PIB español: Cataluña, Madrid y Andalucía. Si bien, dado el perfil de presencia exterior, con una importancia notable del turismo, los servicios y los bienes primarios, algunas comunidades autónomas (con especialización en estos tres ámbitos) registran una contribución a la presencia global de España sensiblemente superior a su contribución a la economía. Éste es el caso de Baleares, Canarias y Murcia.

Nota metodológica

Para calcular la contribución las Comunidades Autónomas a la presencia global de España, mantenemos la estructura y la relación de indicadores que recoge el anexo metodológico de la edición de 2015 del Informe Elcano de Presencia Global,11 con alguna particularidad que se explica a continuación.

La presencia global autonómica, como la de los países que comprenden el análisis de presencia global, se desdobla en tres dimensiones (económica, blanda y militar) y, en el caso de las comunidades autónomas, los datos que se utilizan para determinar su contribución son, en su mayoría, fuentes públicas nacionales. Muchos de éstos vienen desagregados por comunidades; en cambio, otros, por su naturaleza, no tienen una distribución geográfica clara o se expresan en entidades geográficas distintas a la comunidades autónomas.

En relación a la primera de las dimensiones, la económica, los datos sobre la exportación de bienes energéticos, primarios y manufacturados provienen de Datacomex y aquellos sobre inversión directa, de Datainvex, dos bases de datos generadas por la Secretaría de Estado de Comercio, dependiente del Ministerio de Economía y Competitividad. La exportación de servicios, por su parte, supone un problema metodológico, pues las fuentes nacionales no ofrecen datos al respecto desagregados por comunidades. En vista de esta dificultad, se ha tomado como variable proxy los componentes del PIB del sector servicios de cada comunidad autónoma, disponibles en el Instituto Nacional de Estadística, que puedan considerarse transables; esto es, que puedan ser exportados, aunque no se contemple un rubro que expresamente los reconozca como tal.

La presencia militar es otro componente que merece una matización. Es imposible dividir el número de tropas y de equipamiento por comunidades, pues se trata de una administración que depende enteramente del Estado central. Para su desagregación por comunidades, se han utilizado los datos de la Agencia Estatal de Administración Tributaria sobre la recaudación de impuestos a escala autonómica con dos años de retardo sobre el año para el que aplica, presumiendo que ese plazo temporal se traduciría en un aumento de las capacidades militares. Además, para evitar un peso excesivo de aquellas comunidades que, por diversos motivos, concentran la recaudación tributaria (como Madrid y Cataluña), esa participación de las comunidades sobre los Presupuestos Generales del Estado ha sido corregida con su población, de manera que se reparta de manera más uniforme entre las distintas comunidades.

Dentro de la presencia se ha aplicado la misma modificación en el indicador de Información que se ha introducido este año en el cálculo del Índice de Presencia Global para todos los países. Hasta ahora la presencia de cada comunidad en este indicador, se obtenía a partir de los datos sobre el número de hogares con acceso a Internet que ofrece la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información y la Comunicación de los Hogares, realizada por el INE, como criterio de reparto del registro obtenido por España en esta variable. A partir de la edición 2016 del Informe Elcano de Presencia Global, esta información se complementa mediante las menciones concretas en cables de noticias de las principales agencias de comunicación del mundo, a partir de su búsqueda en la base de datos Factiva. La cadena de búsqueda de noticias sobre las comunidades autónomas sigue los mismos criterios a los que se aplican para recabar datos de Información sobre los países del Informe: la unidad temporal (del 1 de enero al 31 de diciembre de cada año analizado); el uso del nombre de la comunidad en castellano y en inglés; el uso de los gentilicios regionales, también en castellano y en inglés; la combinación de los términos con el operador booleano OR; y la selección de servicios de agencias internacionales, excluyendo por tanto a la española EFE, evitando así la sobrerrepresentación de las comunidades en el periodo.

Cuadro A.5. Variables, indicadores y fuentes para el cálculo de la presencia global de España por comunidades autónomas

Iliana Olivié
Coordinadora del Proyecto Índice Elcano de Presencia Global
| @iolivie

Manuel Gracia
Ayudante de investigación del Proyecto Índice Elcano de Presencia Global

José Ignacio Díaz
Ayudante de investigación en prácticas en el Proyecto Índice Elcano de Presencia Global


1 Iliana Olivié y Manuel Gracia (2013), Índice Elcano de Presencia Global 2012, Real Instituto Elcano.

2 Denominamos cuota de presencia global a la presencia global proyectada por el país como proporción de la suma de presencia global de los 90 países para los que se calcula el Índice.

3 Por contribución entendemos la aportación de una determinada dimensión o variable al valor total de presencia global de un país.

4 Olivié y Gracia (2013), Ibid,

5 En el caso de las importaciones la cifra aumentaría al 70% si se excluyen los bienes energéticos.

6 Estas cifras han descendido en los últimos años como consecuencia de, por un lado, el crecimiento generalizado de la globalización que ha provocado el aumento del número de intercambios con otras zonas geográficas y, por otro, la crisis europea y la búsqueda de nuevos destinos de exportación. En 2007 las exportaciones con destino a la Unión Europea fueron el 71% del total exportado, y las importaciones con origen comunitario el 63%.

7 Según datos de Tourspain, en 2015 el principal país de origen de los turistas que llegaron a España era el Reino Unido (23,2%), seguido de Francia (16,3%) y Alemania (16%).

8 La presencia global de la Unión Europea se calcula sumando la proyección de cada Estado miembro fuera de los límites de la Unión, lo que equivale a la suma de la presencia global de cada socio europeo, restando su presencia intra-europea (detrayendo así, por ejemplo, la presencia alemana en Italia). En cierto modo, se trata, para cada Estado miembro, del anverso de la presencia europea, descrita más arriba,

9 Iliana Olivié y Manuel Gracia (2015), “De lo local a lo global: la arquitectura de la proyección exterior de la Unión Europea”, en Olivié, Gracia y García-Calvo (coords,), Informe Elcano de Presencia Global 2015, cap. 2, pp. 23-34, Real Instituto Elcano,

10 Los resultados del Índice de Complejidad Económica elaborado por la Universidad de Harvard sitúan a España en el puesto 30º en un ranking de 121 países para el año 2014, produciéndose un descenso desde el puesto 17º en 1995.

11 Olivié y Gracia (2015), Ibid.

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<![CDATA[ ¿Qué fue del Imperio Británico?: Reino Unido en la globalización ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari45-2016-gracia-que-fue-imperio-britanico-reino-unido-globalizacion 2016-06-07T03:11:17Z

Este documento analiza la evolución de la presencia global de Reino Unido, su perfil de presencia en el mundo y su contribución a la presencia global de la Unión Europea.

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Tema

Este documento analiza la evolución de la presencia global de Reino Unido, su perfil de presencia en el mundo y su contribución a la presencia global de la Unión Europea.

Resumen

Una de las herramientas disponibles para analizar la presencia de un país en un mundo globalizado, y evaluar las consecuencias de un Brexit es el Índice Elcano de Presencia Global, que mide la proyección exterior de 90 países y de la Unión Europea (esto es la presencia agregada extra-europea de sus Estados miembros), así como la presencia de los Estados miembros dentro de la UE. Reino Unido ocupa el cuarto puesto en el ranking de 2015, siendo una economía de alto grado de proyección exterior, es el país que más contribuye a la presencia global de la UE, tanto en términos totales como en presencia económica y blanda.

Análisis1

No deja de resultar paradójico que fuera precisamente un primer ministro británico, Winston Churchill, quien en 1946 hablase de la unión de los Estados europeos. Cierto es que el contexto era el de una Europa asolada por la Segunda Guerra mundial, donde esa unión no se concebía aún en términos de integración económica, ni mucho menos política, sino en torno al Consejo de Europa como foro de encuentro y de coordinación ante una posible expansión del comunismo2.

Reino Unido veía la organización de Europa desde una posición distinta a la del resto de potencias europeas por no compartir intereses en ese momento, no tenía la dependencia francesa del carbón alemán ni el deseo holandés de acceso a más mercados. Puede que al mismo tiempo influyera su particular experiencia de salir victoriosa de la guerra, y no sufrir ocupación en su territorio, para no sentir la necesidad de la integración como vía de supervivencia en el nuevo contexto mundial. Pero la Segunda Guerra mundial supuso el cerrojo definitivo al decadente Imperio británico. A los movimientos independentistas en las colonias, signo de la pérdida de poderío militar y capacidad de dominación, se unían los problemas económicos derivados de la guerra, que aunque menores que los del resto de países europeos, anularon su ya débil liderazgo financiero y comercial. Un hecho simbólico fue la adhesión de Australia y Nueva Zelanda, territorios pertenecientes a la Commonwealth, al tratado regional de seguridad Anzus con Estados Unidos, que expandía su control territorial en plena guerra fría. De hecho, desde 1950 la pertenencia a la Commonwealth dejó de suponer sumisión a la Corona británica.

En ese año Robert Schuman propugnaba poner en común la producción de acero y carbón de Francia y Alemania, y se establecían las bases de la posterior Comunidad Económica Europea (CEE), constituida por el Tratado de Roma de 1957. Una comunidad establecida en torno a una unión aduanera de la que los británicos recelaban y con unos socios comerciales que, en aquel entonces, no se encontraban entre sus principales clientes. Reino Unido no se mantuvo inmóvil ante los avances europeístas, y en 1960 promovió la denominada Asociación Europea de Libre Cambio (EFTA, en inglés), incorporando los países que no se adhirieron a la CEE, con el fin de eliminar entre ellos los derechos de aduana de productos industriales, sin afectar al sector agrícola.

Las particularidades históricas de Reino Unido le habían conferido la idea de seguir siendo una potencia mundial que mantenía importantes lazos con otros territorios de ultramar, y requería una posición propia en cualquier tipo de unión. Sin embargo, pocos años después la mella de los estragos económicos frente al crecimiento que registraban los miembros de la CEE, le hicieron cambiar de estrategia y solicitar formalmente su adhesión. Pero se encontró con la firme oposición francesa, que rechazó dos veces su adhesión. No fue hasta la dimisión de Charles de Gaulle, que paradójicamente había estado refugiado en Reino Unido durante la guerra, cuando se despejó el camino. La incorporación al espacio europeo se materializaba poco después durante el mandato del conservador Edward Heath, desencadenando la paulatina decadencia de la EFTA.

Desde entonces, las relaciones entre Reino Unido y Europa, materializadas en las distintas formas que adoptaron los tratados, han atravesado distintos periodos de tensión. En buena medida marcada por la coyuntura interna británica y por la situación económica en Europa, pero también por distintas concepciones de la utilidad y destino del proyecto comunitario, sobre el que Reino Unido ha mantenido una posición ambivalente y recelosa. Apenas dos años después, su incorporación fue renegociada por el presidente laborista Harold Wilson y aprobada en referéndum.

La llegada de Margaret Thatcher supuso un nuevo pulso con la renegociación del denominado “cheque británico”; en la que Thatcher demostró su contundencia negociadora que, además de cincelar su apodo, le hizo ganar los apoyos que permitieron su tercera reelección consecutiva.

Una actitud mantenida hasta la firma del Tratado de Maastricht en 1992, cuando surgió la posibilidad de descolgarse del proceso seguido por el resto de socios, con el establecimiento de cláusulas de exención que permitieron a Reino Unido no integrarse monetariamente. Se reconocía de manera explícita esa Europa de distintas velocidades, que dejaba un grupo de países avanzando en el proceso de integración, entre los que estaban Francia y Alemania, y Reino Unido por otro. Se constituía por tanto un mercado común en el que estaban incluidas dos monedas llamadas a ser hegemónicas. Una situación cómoda para Reino Unido, mantenida durante las décadas posteriores, incluyendo en ellas la firma del Tratado de Lisboa. Durante ese periodo la economía británica se transformaba, convirtiéndose en uno de los centros financieros y de servicios de la economía global. Quizá por esa personalidad propia en un mundo globalizado, y en un momento de crisis europea, se debaten de nuevo las ventajas y los inconvenientes de pertenencia a un espacio regional común.

Una de las herramientas disponibles para analizar la presencia de un país en un mundo globalizado y evaluar las consecuencias de un Brexit es el Índice Elcano de Presencia Global, que mide la proyección exterior de 90 países y de la Unión Europea (esto es la presencia agregada extraeuropea de sus Estados miembros), así como la presencia de los Estados miembros dentro de la UE. Un índice construido con 16 indicadores agrupados en tres dimensiones –económica, militar y blanda– que permite no solo analizar la evolución de la presencia global de un país sino la naturaleza de la misma, dibujando distintos perfiles de proyección exterior.

¿Cuál es el perfil de presencia de Reino Unido?

Según la edición 2016 del Informe Elcano de Presencia Global, Reino Unido ocupó en 2015 la cuarta posición en el ranking, detrás de Estados Unidos, China y Alemania. Una posición elevada, teniendo en cuenta que se trata de la sexta economía mundial en términos de PIB y la vigésima en términos de población, lo que da cuenta del elevado grado de proyección exterior de Reino Unido.

Gráfico 1. Ranking de Presencia Global 2015

Una presencia que en el caso de Reino Unido, de manera similar al resto de economías occidentales, se apoya fundamentalmente en su dimensión blanda, que supone un 52,9 por cien  frente al 44,2 de la dimensión económica y un 2,9 de la militar. Dentro de ese cajón de presencia blanda se incluyen diversos indicadores en los que Reino Unido se ubica entre los principales países del mundo –como educación, cultura, cooperación al desarrollo o deportes–, concretamente entre los ocho primeros puestos en todos ellos.

Pero además, no hay duda de que Reino Unido es una potencia global, ocupa el sexto puesto en el ranking de presencia económica, por detrás de EE UU, China, Alemania y Rusia. Centro financiero y empresarial, las exportaciones de servicios (segundo exportador mundial) contribuyen con un 15,6 por cien a su presencia global, mientras que las inversiones en el exterior (segundo mundial), suponen el 8,7 por cien. Un perfil al que ha contribuido su papel en el mercado internacional del oro. Desde la llegada de los Moccata a finales del siglo XVII y la firma con Portugal del Tratado de Methuen, por el que Inglaterra accedía al oro brasileño, Londres fortaleció su papel de intermediario en el mercado del metal precioso. De hecho, buena parte del incremento de presencia de Reino Unido en 2014 se debió al aumento de exportaciones de oro con destino, vía Suiza, a los mercados asiáticos, y le sirvió para ascender el año pasado al segundo puesto del ranking. En la edición de este año, los flujos de exportación se normalizan y Reino Unido recupera en 2015 el cuarto puesto que ya ocupaba anteriormente.

A esa importancia en la dimensión blanda y económica se une la militar, donde Reino Unido ocupa el quinto lugar en un ranking que considera el número de tropas desplegadas en el extranjero y el equipamiento militar necesario para su despliegue. Es cierto que dentro de esta dimensión es especialmente contundente el dominio estadounidense tras la caída de la Unión Soviética, pero no deja de ser significativo el mantenimiento entre los primeros puestos en las tres dimensiones de presencia global.

Quizá ello es signo precisamente de su consolidación como actor global. Liderazgo que se aprecia en términos de cuota de presencia global, donde en un contexto de auge de países emergentes, y con el espectacular crecimiento de China, Reino Unido ha podido mantener sus niveles de cuota cuando la mayoría de los países occidentales la han visto mermada. La cuota de presencia global británica crece hasta el año 2000, y el descenso posterior es muy matizado y en cualquier caso mucho menor que el sufrido por EE UU, Alemania, Francia o Japón. Además, gana cuota entre 2010 y 2015, a diferencia de lo ocurrido en los principales países occidentales.

Gráfico 2. Evolución de las cuotas de presencia global de Reino Unido, Alemania, Francia y Japón

Que Reino Unido haya perdido menos cuota de presencia que sus socios comunitarios en estos últimos años, es una de las muestras del menor impacto de la crisis europea, consecuencia entre otras cosas de su no pertenencia a la zona euro. Su mayor orientación extracomunitaria hace sus exportaciones menos dependientes, que no inmunes, de la evolución de la demanda europea. Aún así, en 2015 más del 40 por cien del comercio británico se destinó a la UE.

La presencia de Reino Unido dentro y fuera de la UE

Manteniendo el mismo índice de presencia global pero computando dentro de cada indicador su componente intracomunitario –por ejemplo, exportaciones hacia la UE en lugar de hacia el mundo–, podemos obtener el perfil de presencia de los Estados miembros dentro de la UE. El ranking de presencia europea está liderado por Alemania, y los británicos ocupan el segundo lugar. Qué en términos de presencia global Reino Unido esté por delante de Alemania, pero en términos de presencia europea sea a la inversa, da muestra de su diferente orientación geográfica. Alemania, miembro y cabeza de la zona monetaria común, tiene una marcada presencia económica dentro de la UE. Reino Unido, en cambio, tiene un perfil de presencia blanda más marcado incluso que el que presentaba en términos globales, apoyado en el peso en cultura y migraciones. No obstante, es necesario señalar que al referirnos a esa mayor orientación intra o extracomunitaria lo hacemos en términos de presencia global y de las dimensiones que la definen, siendo matizable si atendemos a alguna variable concreta. Así, por ejemplo, Alemania sí ha consolidado en parte una reorientación geográfica de sus exportaciones de manufacturas, que probablemente ha conseguido al apoyarse en un tejido productivo comunitario en el que ocupa una posición de liderazgo.

Gráfico 3. Ranking de Presencia Europea, 2015

Pero de la misma manera que podemos obtener la presencia dentro de la UE, se puede calcular la presencia de la UE en el mundo y cuánto contribuye cada Estado miembro a la misma. Los datos para 2014 muestran que Reino Unido es el primer contribuyente a la proyección global europea, seguido de Alemania, Francia, Italia, Países Bajos y España. Los primeros tres países constituyen la mitad de la presencia global europea.

Tabla 1. Presencia global de la Unión Europea por Estado miembro, 2005 y 2015 (en %)

Además, Reino Unido mantiene su posición desde 2005 (con una ligera pérdida contribución a la presencia global de la Unión Europea, justificada principalmente por el aumento del número de miembros de la misma), mientras que otros grandes Estados miembros han registrado una pérdida mucho más acentuada. Los dos países que más descienden su contribución en el período 2005-2015 son Alemania (2 puntos) y Francia (1,8). Sin embargo, cabe destacar que el ranking de contribuciones de Estados miembros a la presencia global de la UE apenas ha sufrido cambios a lo largo del último decenio. En cualquier caso, los primeros nueve puestos en 2015 los ocupan los mismos países (y en el mismo orden) que en 2005, y el fortalecimiento de la contribución británica en los últimos años apenas alcanza un punto porcentual.

Una alta contribución a la proyección exterior de la UE indica una mayor orientación extraeuropea de su presencia global. Así es, en diversas dimensiones (las inversiones o la cooperación al desarrollo), Reino Unido da mayores muestras que otros Estados miembros de un perfil de proyección global no europeo, y por ese motivo goza de una alta capacidad para moldear la presencia global de la Unión. Ello es manifiesto, por ejemplo, en la definición estratégica de la política europea de cooperación internacional al desarrollo.

 Gráfico 4. Contribuciones por Estado miembro y variables a la presencia global de la Unión Europea en 2015 (en %)

Esa es la paradoja británica: Reino Unido es el país que más contribuye a la presencia exterior de la UE por la orientación extraeuropea de su inserción. Por tanto, en términos de presencia global, la salida de Reino Unido supondría una importante pérdida de cuota de presencia de la UE. No solo porque se trata de su segunda economía en términos de PIB, sino además por la marcada orientación extracomunitaria de la misma. Y una ejemplificación clara de ese doble juego es la City londinense y su papel como plaza financiera internacional, con gran importancia de las entidades de la eurozona y de las operaciones con la misma.

Conclusiones

El referéndum del próximo 23 de junio añade un nuevo capítulo a la particular relación histórica de Reino Unido con la UE. Una relación que en términos de presencia global parece haber sido provechosa para ambas partes; para uno, por las ventajas asociadas a la participación conjunta con 27 países más y la pertenencia a uno de los principales mercados del mundo; para los otros, por la relevancia y el peso de un socio de marcada orientación global. Reino Unido supone una importante plataforma transoceánica para el resto, y al mismo tiempo una vía de acercamiento a Europa de sus principales socios extracomunitarios, EE UU y China, que se habrían mostrado partidarios de su permanencia en la UE.

Más allá del impacto que una supuesta salida tuviese para unos y otros en distintas dimensiones, en términos políticos supondría materializar la reversibilidad de un proyecto que parecía haber nacido para perpetuarse. Pero quizá el debate de fondo, no resuelto, sea precisamente el contenido y destino de dicho proyecto.

La propuesta presentada por el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, a David Cameron, para conferir un nuevo estatus a Reino Unido, reduce en la práctica los tratados constitutivos a la mera gestión burocrática de un mercado único que comparte distintas monedas, constituido por esferas de gobernanza diferenciadas. Más allá de las medidas concretas del acuerdo, se generaliza la sensación de una Unión cada vez más estrecha y alejada de sus orígenes fundacionales, en los que las instituciones europeas se veían como herramientas de confluencia social y política. Una situación que se añade a la crisis migratoria, con el cuestionamiento del espacio de libre circulación de personas, y a la crisis no resuelta de la zona euro, con su culmen en la dantesca gestión de la cuestión griega, que han generado uno de los momentos más delicados en la historia de la Unión.

Las negociaciones entre Reino Unido y la UE podrían haber supuesto una oportunidad para corregir la deriva del proyecto comunitario. Pero históricamente los británicos han mantenido un papel distante respecto al mismo. En un momento de crisis europea, tanto económica como identitaria, en el que la pertenencia a un mercado común no otorga beneficios económicos tan explícitos ni inmediatos, los británicos han optado por cuestionarse de nuevo su posición en el proceso de integración, preguntando de manera implícita al resto: Quo vadis Europa?

Manuel Gracia
Ayudante de investigación, Real Instituto Elcano
| @rielcano


1 Este análisis se publicó inicialmente en Economía Exterior, número 76 (Primavera 2016). Los datos han sido actualizados con los resultados del Índice Elcano de Presencia Global 2016.

2 Tony Judt (2013). ¿Una gran ilusión? Un ensayo sobre Europa, Madrid, Taurus.

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