Mediterráneo y Oriente Medio - Real Instituto Elcano Feeds Elcano Copyright (c), 2002-2018 Fundación Real Instituto Elcano Lotus Web Content Management <![CDATA[ España en el mundo en 2021: perspectivas y desafíos ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/policy-paper-espana-en-mundo-2021-perspectivas-desafios 2021-02-25T12:20:50Z

Novena edición del trabajo colectivo que elabora anualmente el Real Instituto Elcano para analizar la posición internacional de España durante 202, cuya coyuntura viene lógicamente marcada por la pandemia del COVID-19, y hacer balance de lo ocurrido durante el anterior.

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Resumen

Ésta es la novena edición del trabajo que elabora el equipo de investigadores del Real Instituto Elcano para analizar los principales rasgos del escenario internacional en el nuevo año y los desafíos a los que debe enfrentarse España durante 2021. La coyuntura viene lógicamente marcada por la pandemia y el análisis se centra en cómo su impacto afectará en los próximos meses a la posición internacional del país, a la Unión Europea (UE) y al resto del mundo. El documento arranca con un panorama general de la política exterior española donde destaca el propósito del Gobierno de impulsar, en un contexto de crisis sanitaria y económica y de fuerte polarización política interna, una nueva Estrategia de Acción Exterior. En esta primera sección también se analizan las cuestiones relativas a la presencia global de España, la gestión de la imagen del país y la diplomacia cultural.

A continuación, se examinan los efectos sobre España de las perspectivas económicas mundiales en sus distintas facetas (estímulos fiscales, estabilidad financiera, comercio, energía, demografía y dinámicas migratorias) y las principales amenazas a la seguridad. Esa dimensión está marcada por la rivalidad geopolítica dominante entre Estados Unidos (EEUU) y China, que entra en una nueva etapa por la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca, e incluye el tratamiento de las cuestiones de defensa y del terrorismo yihadista. La tercera sección analiza el papel de España en los asuntos globales y en los foros de gobernanza multilateral, donde este año adquiere singular importancia la gestión de la salud pública y la transformación tecnológica, mientras la Agenda 2030 sirve de marco para articular los contenidos relativos a la cooperación al desarrollo, la acción climática, la promoción de los derechos humanos y la igualdad de género. En cuarto lugar, se examina el momento actual de la UE y sus esfuerzos para dar respuesta a la crisis junto a otros asuntos como la Conferencia sobre el futuro de Europa, la nueva relación con el Reino Unido o la rivalidad con Rusia. El documento realiza finalmente un repaso a los desafíos de la acción exterior española en los diferentes espacios regionales: EEUU, América Latina, Magreb y Oriente Medio, África Subsahariana y Asia–Pacífico, para cerrar con unas conclusiones.

Contenidos

Presentación: ¿qué podemos esperar de 2021?

  1. La acción exterior entre la pandemia y la renovación estratégica
  2. Perspectivas económicas y de seguridad
  3. España y los desafíos globales
  4. España y los desafíos europeos
  5. España y los desafíos regionales

Conclusiones

Presentación: ¿qué podemos esperar de 2021?

Por noveno año consecutivo, el Real Instituto Elcano publica un documento que examina las perspectivas y desafíos internacionales del nuevo año desde un enfoque español. Aunque estas palabras de presentación siempre han tenido un contenido institucional dominante, me ha gustado añadir también una breve reflexión de fondo sobre el año y de ahí la apostilla “¿qué podemos esperar?” que invariablemente he introducido en estas casi 10 ediciones de la serie. La cuestión es que, en 2021, más que esperar, desesperamos, y lo que hacemos es ansiar que termine la espera. Pocos sentimientos más nítidos y compartidos literalmente por todo el mundo que ese anhelo de recuperar cuanto antes la situación de relativa normalidad que la pandemia nos ha arrebatado. De volver, simplemente, a la situación de hace justo un año.

No obstante, y para demostrar que las sensaciones de desazón son siempre relativas, recuerdo que antes incluso de que el coronavirus fuese una noticia secundaria que los corresponsales de prensa en China mencionaban en la sección de internacional de periódicos o telediarios, ya pensábamos que vivíamos malos tiempos. En mi felicitación navideña que precedió al malhadado 2020, decía que todo a nuestro alrededor parecía desmoronarse. Quién podía pensar que las dos grandes democracias del mundo, el Reino Unido y EEUU, a las que he admirado siempre, estarían en la deplorable situación del Brexit o de una presidencia de Trump que parecía no tener fin. Que Francia ardía casi cada semana, que Italia no sabíamos por dónde caminaba, que América Latina se arrastraba desde el Rio Grande a la Patagonia entre revueltas populares y Estados fallidos, o casi. Y que aquí en casa, cuando creíamos por fin haber normalizado España (otro país europeo más, una democracia aburrida, como debe ser), resulta que sí, que éramos otro país europeo más, pero con todos sus problemas y pocas de sus soluciones. Europa no es ya la solución de nuestros problemas, como vaticinó Ortega, sino una más de nuestras cuitas.

A veces digo que el futuro no es lo que era, pero, como se ve, resulta que el pasado tampoco. Idealizamos la situación de hace tan solo 365 días, que no era en absoluto envidiable, y tal vez tendemos a exagerar los males presentes, sin reparar quizá en sus lados esperanzadores. Ya he advertido otros años en esta sección sobre esa tendencia a fijarnos solo en los aspectos negativos de la realidad mundial y no apreciar los avances o el simple transcurrir sin graves sobresaltos. Es un efecto del sesgo de los medios de comunicación. Good news is no news, las buenas noticias no venden aunque, como señalaba el viejo Hegel, los períodos felices de la humanidad carecen de historia, en ellos no pasa gran cosa. Justo al contrario de lo que ahora nos ocurre, anegados de noticias, usualmente no buenas. Una pequeña anécdota personal: cuando me llegan las noticias sobre España de la prensa extranjera, que elabora a diario el Real Instituto Elcano, casi las valoro al peso. Mucho peso, mucho papel, mala cosa.

Por supuesto que, para todas aquellas tragedias que ha supuesto la enfermedad, ese mal de muchos no es consuelo, y resulta casi frívolo querer sugerir tal cosa. No lo estoy haciendo. Sin duda, el COVID–19 quedará en nuestra memoria para siempre como un azote que nos arrebató muchas vidas, generó mucho dolor (todavía por estallar), agotó a sanitarios y servidores públicos, arruinó negocios, dificultó la educación e impidió a todos disfrutar de muchos abrazos. Pero sí quiero decir que, como analistas, siempre hay que sobreponerse a esa tentación (tan alimentada por las redes sociales) de explotar el miedo.

Ahora tenemos perspectiva para valorar que, sin perjuicio de los graves problemas que existían, tampoco estábamos tan terriblemente mal hace un año. Y estoy seguro de que pronto valoraremos también las luces que se encendieron mientras padecíamos la sombra generalizada de muertes, urgencias hospitalarias abarrotadas y confinamiento. Podemos fijarnos en la enorme vulnerabilidad que 2020 nos ha mostrado, pero también en el hecho de que la humanidad entera haya tomado conciencia de que se enfrentaba a una misma experiencia y que debía responder unida (algo que ni siquiera puede predicarse del otro gran desafío global que es el cambio climático). Y, entre otras alegrías que matizan la calamidad, hemos asistido al espectacular desarrollo tecnocientífico de la vacuna, celebrado el paso adelante en la integración europea y el final del Brexit y, sobre todo, respirado aliviados por el relevo en la Casa Blanca. Aquí en casa, aunque no puedo evitar la preocupación por un panorama tan polarizado y esa duradera tormenta perfecta de crisis económica, política y territorial, la calidad del sistema democrático inaugurado en 1978 encaja golpes, fuertes, pero resiste, pese a quien pese. Y nuestra política exterior, aunque también sufre por un contexto doméstico muy delicado, no se desvía de los parámetros estratégicos euroatlánticos.

Pues bien, nuestra voluntad con esta publicación es, una vez más, hacer esa mirada ponderada. Advertir peligros y debilidades. Pero también apuntar avances y fortalezas. Y, al mismo tiempo que se hace un repaso a los grandes temas del contexto internacional y europeo en el momento actual o que se explora cierta prospectiva sobre cómo evolucionará la agenda en el horizonte inmediato, introducir una mirada específicamente española. Dónde se coloca nuestro país en cada uno de los ejes temáticos y geográficos que examinamos; y qué es lo que podría hacerse para defender mejor, a corto, pero también a medio–largo plazo, nuestros intereses y valores. El equipo completo de investigadores, desde el campo de especialización de cada uno, bajo la coordinación de Ignacio Molina, pero conformando un producto coral, analiza todo eso de modo simultáneo y con el máximo rigor posible.

Un enfoque riguroso que es ya marca del Real Instituto Elcano y que no deja de proporcionar satisfacciones, incluso en un año tan complicado donde la mayor parte de nuestras actividades tuvieron que realizarse de modo virtual, sin que, por cierto, eso impidiese la visita presencial de SSMM los Reyes a final de mayo a la sede del Instituto, justo cuando acababa el estado de alarma, para analizar con expertos internacionales la situación de la pandemia en el mundo. Ahora que se van a cumplir 20 años desde nuestra fundación, es imposible no agradecer ese apoyo activo de quien durante todo este tiempo ha sido y es nuestro presidente de honor, primero como Príncipe de Asturias y luego como Rey Felipe VI. Un apoyo que tratamos de corresponder trabajando a favor de los intereses y valores de España en el mundo. Reflexionando con rigor e independencia intelectuales sobre los cambios que se están produciendo en el orden internacional, en el proceso de integración europea y en el papel que nuestro país puede y debe desempeñar en ambos.

El teletrabajo ha potenciado nuestra productividad con numerosas publicaciones y un sinfín de actos virtuales. La audiencia de nuestra producción ha aumentado significativamente. Las visitas a la web se han incrementado hasta superar los dos millones en 2020. Y las menciones en medios de comunicación se han casi duplicado hasta llegar a más de 4.000, destacando especialmente la presencia en medios de comunicación internacionales (casi la mitad de las totales). Además, 2020 nos ha traído la gran satisfacción de saber que el Real Instituto Elcano ha ascendido, al menos en lo que se refiere a reputación entre sus pares, al segundo puesto de think-tanks de Europa Occidental y al 11º del mundo de los dedicados a Política Exterior y Relaciones Internacionales, según el 2020 Global Go To Think Tanks Index (GGTTI) que elabora cada año la Universidad de Pensilvania. Un reconocimiento que debe servir como acicate e incentivo. No es verdad, y lo sabemos: no somos mejores que Chatham House o la alemana SWP, pero quizá podemos hacer que este vaticinio acabe siendo una profecía autocumplida.

Pero no nos paramos en los éxitos logrados. De cara a 2021, nuestro Plan de Actuación es más nutrido que nunca y está lógicamente marcado por el COVID–19 y el análisis de cómo afectará al devenir de nuestro país, de la UE y del resto del mundo. Abordaremos de manera prioritaria y transversal los esfuerzos que se deberán realizar desde España para aprovechar los recursos e iniciativas impulsados desde el ámbito europeo en respuesta a la crisis, y que ofrecen una oportunidad única para acelerar (y reorientar, al menos en algunos ámbitos) la imprescindible modernización económica, social e institucional de nuestro país. Este reto otorga mayor sentido, si cabe, al trabajo que ya veníamos impulsando sobre el ecosistema de influencia de España en la UE desde nuestra Oficina de Bruselas, que nos está permitiendo comprender mejor cómo se pueden moldear algunas de las grandes políticas europeas, como son las tecnológicas e industriales, o las centradas en la energía y el cambio climático, sin olvidar las que han adquirido un renovado protagonismo a raíz de la crisis, como las dedicadas a la dimensión social del proyecto europeo, las migraciones, la sanidad o la cooperación al desarrollo.

Por otro lado, seguiremos estudiando el papel que la UE puede desempeñar en el escenario internacional. La pandemia ha recrudecido la rivalidad entre EEUU y China, por lo que resulta obligado analizar el posicionamiento de la UE ante dicho fenómeno, sobre todo a la luz de la llegada de Joe Biden a la presidencia estadounidense que permite pensar en una relación transatlántica más equilibrada. A su vez, ello podría influir en el debate actualmente en curso sobre el futuro de la OTAN, al que también prestaremos atención. Y a las consecuencias de la rivalidad geopolítica entre Washington y Pekín para la relación de la Unión y sus Estados miembros con las distintas regiones relevantes para España, como América Latina, el Magreb, Asia–Pacífico y África Subsahariana (españoles por favor, volvamos a mirar al sur de una vez). A nivel global, la pandemia parece también haber acelerado algunas de las grandes tendencias que ya veníamos examinando, como la digitalización, la desinformación, el proteccionismo, las debilidades de la gobernanza multilateral y la dualización de nuestras sociedades (globalizados versus territorializados) generando mayor desigualdad e incluso pobreza absoluta.

Por supuesto, la crisis sanitaria, económica y geopolítica derivada del virus no puede hacernos perder de vista otras temáticas importantes no directamente relacionadas, como el terrorismo yihadista, la agresividad de Rusia o el Brexit. Por último, cabe mencionar que inauguraremos una nueva línea de trabajo sobre el papel de las ciudades globales, como Madrid o Barcelona, en el orden internacional, aprovechando la reciente incorporación del Ayuntamiento de Madrid a nuestro Patronato. Seguimos cansinamente pensando el mundo como un orden de Estados (eso nos dicen las estadísticas), como si fueran mónadas auto–subsistentes, cuando la globalización muestra que la estructura profunda del mundo –el verdadero deep state– es un orden de flujos societarios entre grandes (ya inmensas y crecientes) áreas metropolitanas. El mundo futuro, al menos su infraestructura, puede que sea más de las áreas metropolitanas que de los Estados.

Antes de terminar, no puedo obviar una nota personal porque estas palabras, que son de presentación, también tienen que servir de despedida. Son las últimas en mi calidad de presidente y quiero aprovechar para expresar mi satisfacción y gratitud a toda la comunidad que conforma el Real Instituto Elcano por estos nueve años. Al Patronato y su Comisión Ejecutiva, a los miembros del Consejo Científico, al vicepresidente y al director, y por supuesto a todo el equipo humano que ha hecho posible tanto logro. Creo poder afirmar que el Instituto está hoy consolidado. En la parte investigadora, lo demuestra la ambición de los proyectos, el impresionante y creciente número de publicaciones, el plantel de brillantes investigadores (que es multidisciplinar y roza la igualdad de género), las numerosas actividades desarrolladas, o los 24 Grupos de Trabajo que funcionan en la actualidad (integrados por un conjunto de 800 especialistas). En la parte institucional, destaca un Manual de Transparencia y Buenas Prácticas cuyos contenidos se respetan, una participación en las más importantes redes internacionales de think-tanks, o una financiación sólida y diversificada (17% de patronos públicos, 66% de privados y un 17% de otras fuentes, incluyendo proyectos competitivos) que nos otorga estabilidad y autonomía. Pero todavía queda mucho margen para la mejora y estoy seguro de que el nuevo presidente, José Juan Ruiz, liderará nuevos progresos. Desde aquí le deseo la mejor de las suertes y mi total colaboración desde el Patronato.

Y les dejo ya con la lectura del trabajo. Verán que en 2021 el protagonismo seguirá siendo de la pandemia o, más rigurosamente, de su impacto. Hace unos meses reflexionaba sobre las consecuencias duraderas que tendrá, no sólo en el ámbito sanitario o económico sino también en el social y político. Y expresaba mi temor de que ahora se impusiera el instinto de buscar refugio en lo conocido, en la tribu, la nación, la religión, las comunidades “naturales”, para intentar blindarse, en paradójica negación de la indiscutible experiencia cosmopolita que se ha vivido. Pues sociedad tras sociedad, y ante el miedo y la incertidumbre hemos buscado refugio envolviéndonos como caracoles asustados en una doble concha institucional: las familias y los hogares, de una parte y, sobre todo, los Estados, que salen enormemente fortalecidos de la pandemia.

En las relaciones internacionales ya hemos asistido a algo de eso y ni siquiera el área Schengen ha resistido el cierre de fronteras. A corto plazo, a pesar del esfuerzo contra la enfermedad que ha compartido toda la humanidad, no ha avanzado el multilateralismo y ni siquiera la globalización, sino que más bien se han reforzado fronteras y Estados. La pandemia primero, y la crisis económica después, están generando una poderosa re–estatalizacion, justo cuando, a consecuencia de la globalización, parecían estar perdiendo protagonismo, y que está siendo aprovechada por los malos para una verdadero “asalto a la democracia”, como ha denunciado Freedom House en su informe La democracia confinada.

No tenemos aún perspectiva para saber si esa tendencia de regreso al pasado, a una Westfalia global, y al particularismo se confirmará. Si a partir de ahora tendremos más populismos, nacionalismos y conflictividad, o si la gobernanza europea y global saldrá vencedora. Sólo tengo la certeza de que España debe recobrar la mirada que la sacó del ensimismamiento y la lanzó a los 40 años mejores de nuestra historia tras la Constitución de 1978. De una parte, mirar afuera, al mundo, a Europa y más allá (al sur), abandonando tentaciones endogámicas y particularistas. Y de otra, mirar más al futuro que al pasado, para abordar los problemas de nuestros hijos y nietos antes de las querellas de los abuelos. Pues, de momento, les dejamos a los jóvenes una terrible herencia de duda pública.

Pero aunque todo puede empeorar indefinidamente, y a veces ocurre, no tiene por qué ser así. Es más, depende de nosotros evitarlo.

Emilio Lamo de Espinosa
Presidente del Real Instituto Elcano
| @EmilioLamo

Conclusiones

Pocos años han suscitado tantas esperanzas como el que empezamos hace unas semanas. 2020 se ha instalado ya en el imaginario colectivo como una cifra maldita y hay ganas de superarlo, aunque es obvio que un pésimo balance anual en absoluto garantiza que el siguiente ejercicio vaya a ser mejor. Los historiadores podemos dar cuenta de muchos casos de expectativas frustradas en el pasado y, por tanto, sabemos bien que los acontecimientos no se detienen ni transforman por el mero hecho de haber cambiado de almanaque en la pared. Cuando acababa 1914 y los europeos pensaban en el año tan desagradable que dejaban atrás, tras la decisión alemana de romper las hostilidades atacando rápidamente a Francia en verano para golpear luego a Rusia, todos imaginaban que la tragedia sería corta (como tantas otras que habían ocurrido en el viejo continente durante el siglo XIX) y deseaban superar cuanto antes el conflicto con no demasiadas muertes y los consabidos reequilibrios diplomáticos. Pero la “guerra de movimientos” fracasó y al arrancar 1915 todavía quedaban casi cuatro años más de pesadilla en las trincheras y de ampliación del número de beligerantes por prácticamente todo el mundo. Es más, como bien sabemos, a la desdicha de la Gran Guerra se le sumó una mortífera pandemia (infaustamente conocida como “Gripe Española”) que duró de marzo de 1918 a abril de 1920, y dejó casi 50 millones de muertes adicionales.

No conviene, pues, pecar de optimistas, aunque tampoco hay que caer en el pesimismo que podría dejar traslucir el párrafo anterior y creer que estamos condenados a un período largo de desgracias como las que vivieron nuestros antepasados hace un siglo. El comienzo de un nuevo año no conlleva ninguna magia sanadora, pero sí es momento oportuno para hacer un balance reposado del anterior, un análisis equilibrado de dónde estamos y una proyección razonada de lo que nos espera a partir de ahora. No sirve para conjurar los males, pero sí permite prepararse para el inmediato futuro, deslizando junto al análisis objetivo de los hechos algunos elementos prescriptivos que permitan mejorar la capacidad de respuesta. Contribuir a ello es el objetivo de este ejercicio. Solo intentarlo, en momentos tan complicados de desazón, ya hace que valga la pena. Un ejercicio de coyuntura y prospectiva sobre la acción exterior de España que venimos desarrollando desde hace casi 10 años con un elevado grado de acierto en las predicciones.

Es verdad que decimos eso con mucha cautela porque los pronósticos son siempre arriesgados y hay que tener la modestia para reconocer que, si la edición del año pasado se hubiese publicado en febrero en vez de en marzo, habríamos sido incapaces de adivinar el extraordinario y terrible impacto del coronavirus en lo que quedaba de año. Baste recordar que en enero de 2020 se aventuraba un año tranquilo, de tregua olímpica y relativa bonanza económica global. Había razones para esperar que las relaciones EEUU-China disfrutasen una distensión temporal, que la nueva legislatura en la UE alcanzase con cierta calma su velocidad de crucero tras resolver el Brexit, y que nuestra diplomacia pudiera aprovechar el tiempo perdido después de un 2019 con el Gobierno en funciones. La realidad fue la contraria: un desplome brutal de la prosperidad mundial, un deterioro generalizado del multilateralismo en la gobernanza de la salud, los intercambios comerciales, los flujos migratorios o la convivencia cultural (incluyendo el simbólico aplazamiento de los Juegos de Tokio), una exacerbación de las tensiones Washington-Pekín, ni un instante de tranquilidad para las instituciones europeas y una acción exterior española sometida de modo súbito a enormes desafíos: fronteras, turismo, acción consular, reputación y la crucial negociación en Bruselas de un plan de recuperación.

No obstante, me alegra constatar que, una vez que el COVID–19 apareció en nuestras vidas, el equipo Elcano fue capaz de apuntar muy rápidamente a unos escenarios que requieren poca enmienda once meses después. Y todavía es más grato recalcar que los escenarios que entonces dibujábamos no sucumbían al catastrofismo y señalaban algunos desarrollos positivos que podría traer la pandemia y que se han confirmado. Merece citarse la previsión de que la enfermedad podría ayudar a tomar más conciencia de nuestra fragilidad y facilitar consensos en la acción climática y otros aspectos de la Agenda 2030, incluyendo por supuesto los necesarios esfuerzos sanitarios compartidos. También se auguraba un paso adelante en el proceso de integración que se ha producido tanto ad intra, con esa apuesta ambiciosa por el fondo Next Generation EU, como externamente, tomando por fin en serio el debate sobre la autonomía estratégica en el terreno tecnológico, industrial y de la seguridad. Y en esta misma sección de conclusiones se acariciaba la derrota electoral de Donald Trump evocando a un posible nuevo presidente que volviera a querer proyectar a EEUU como a city upon a Hill, y a ser respetado por sus aliados como antaño.

Este es un producto coral que, sobre todo, pretende asociar los acontecimientos europeos y mundiales con la posición de España. Con la doble necesidad de conectar mejor lo externo con los desarrollos domésticos y de proyectar más nuestro país hacia fuera. Como dijimos hace un año, la urgencia de derrotar la pandemia no debe hacer perder de vista que nuestro país también tiene la obligación de comparecer en los debates y procesos de decisión sobre la globalización, la UE y las demás regiones que nos importan, empezando por América Latina y el norte de África. Y que hace falta abordar con rigor la necesidad de mejorar la capacidad española para moldear las relaciones internacionales y el futuro de Europa de acuerdo con nuestros intereses nacionales y los valores mayoritariamente compartidos. En ese sentido, es satisfactorio observar que, pese a las terribles exigencias del corto plazo, el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación acaba de renovar la programación estratégica de la acción exterior.

Desde su autonomía intelectual, el Real Instituto Elcano procura contribuir a hacer posible una España más internacionalizada y un mundo más español. Cumplimos ahora 20 años en ese empeño, que además coinciden, como recordaba hace poco nuestro presidente de honor, SM el Rey, en su reciente recepción al Cuerpo Diplomático acreditado en España, con el quinto centenario de la gesta de Juan Sebastián Elcano surcando los océanos de los cinco continentes. Números redondos para las efemérides que, ya que no está el contexto para celebraciones festivas, sí deben al menos servir para conmemorar que la trayectoria navegando por el mundo ya es larga. En el caso del Instituto, este año no puedo evitar una mención al presidente saliente, Emilio Lamo de Espinosa, que contribuyó a fundarlo como primer director y entre otras muchas aportaciones, lanzó esta serie anual.

Comienza ahora una nueva etapa donde solo cabe renovar nuestro compromiso de seguir contribuyendo (con análisis, valoraciones y recomendaciones) a una conversación colectiva y enriquecedora. Con el Gobierno, pero también con el conjunto de las fuerzas políticas representadas en las Cortes, con las empresas del patronato y con los demás actores sociales, con el mundo académico y, por supuesto, con el conjunto de la ciudadanía individual. Queremos ayudar a estar mejor informados y preparados para nuevos retos. Si son oportunidades, para aprovecharlas, y si son otros infortunios, para superarlos cuanto antes. Al fin y al cabo, en la Primera Guerra Mundial ganó quien fue más capaz de resistir.

Charles Powell
Director del Real Instituto Elcano
| @CharlesTPowell

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<![CDATA[ ¿De verdad la “primavera árabe” ha sido un fracaso? ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/comentario-amirah-de-verdad-primavera-arabe-ha-sido-un-fracaso 2021-01-12T11:27:50Z

En 2018 muchos habían dado por muerta la “primavera árabe”, pero en 2019 millones de ciudadanos volvieron a salir a las calles de países árabes para manifestarse pacíficamente y pedir cambios en sus sistemas de gobierno antidemocráticos.

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Este comentario fue publicado en el diario El Mundo (17/12/2020), coincidiendo con el 10º aniversario del inicio en Túnez de las revueltas árabes.

Si alguien cree que se pueden desmontar regímenes autoritarios que poseen muchos recursos y grandes apoyos externos en pocos años y sin fuertes sacudidas, entonces es normal que vea en la llamada “primavera árabe” un estrepitoso fracaso. Si, por el contrario, se entiende que las revueltas árabes que comenzaron en Túnez a finales de 2010 fueron el inicio de un proceso largo, complejo y con muchos altibajos, entonces se concluirá que una década es poco tiempo para juzgar el éxito o fracaso de un proceso transformador de dimensiones históricas.

“En 2019 millones de ciudadanos volvieron a salir a las calles de países árabes para manifestarse pacíficamente y pedir cambios en sus sistemas de gobierno antidemocráticos (…)”

Tras la euforia inicial que provocó la caída de los autócratas de Túnez y Egipto en 2011, a manos de millones de manifestantes pacíficos armados con pancartas y teléfonos móviles, el estado de ánimo pasó a ser de inquietud y preocupación. La violencia extrema empleada por algunos regímenes como el de Siria, las injerencias externas de todo tipo y la radicalización de algunas revueltas generaron frustración y rechazo hacia la idea de una “primavera árabe” (una denominación equivocada desde el primer momento, por imprecisa y predisponente de un resultado exitoso).

Ya en 2018 muchos habían dado por muerta esa “primavera árabe”, ahogada en sangre, destrucción y caos. Sin embargo, en 2019 millones de ciudadanos volvieron a salir a las calles de países árabes para manifestarse pacíficamente y pedir cambios en sus sistemas de gobierno antidemocráticos, dominados por militares (Argelia y Sudán) y por repartos de cuotas sectarias de poder (Líbano e Irak). Las movilizaciones tuvieron en común la ausencia de una ideología dominante y un alto grado de civismo y de madurez política por parte de los manifestantes, que evitaron chocar frontalmente con las fuerzas de seguridad. Para muchos occidentales, esas movilizaciones prodemocracia pasaron desapercibidas.

“Como respuesta a las muestras de malestar social y a las peticiones de reforma acentuadas durante la última década, algunos dirigentes árabes están intentando imponer una versión más cruda de la “estabilidad autoritaria”.

En distintos puntos de Oriente Próximo y el Magreb existen amplias muestras de los fracasos acumulados por los viejos regímenes que se aferran al poder por todas las vías. Los antiguos contratos sociales se están incumpliendo por parte de los propios regímenes que los impusieron décadas atrás. La corrupción rampante, el rápido crecimiento demográfico, el agotamiento del modelo rentista basado sobre todo en los hidrocarburos, la falta de reformas sustanciales y las sacudidas geopolíticas están provocando la creciente erosión de la seguridad económica y el deterioro de los sistemas de protección en las sociedades árabes.

Como respuesta a las muestras de malestar social y a las peticiones de reforma acentuadas durante la última década, algunos dirigentes árabes están intentando imponer una versión más cruda de la “estabilidad autoritaria”. Para ello, están recurriendo a una mayor represión y a la asfixia de las libertades, como hace el régimen de Abdelfatah al-Sisi en Egipto. Cuentan con el apoyo explícito o tácito de aliados internacionales que favorecen cualquier tipo de estabilidad a corto plazo frente a inciertas transiciones hacia nuevos sistemas políticos. Ese apoyo externo se manifiesta de distintas formas, incluido el fomento de carreras armamentísticas en esa parte del mundo.

Existe una fuerte tentación de retratar la mal llamada “primavera árabe” con la imagen de un bombardeo, de un atentado terrorista o de una caravana de refugiados. Esas imágenes son reales, pero incompletas. Reflejan síntomas de los males de fondo que aquejan a los países árabes, pero no suelen referirse a las causas de raíz de esos males. Tampoco recogen la lucha de millones de ciudadanos árabes por tener una vida más digna y por vivir en Estados funcionales que ofrezcan seguridad, servicios sociales y oportunidades económicas.

Asociar las luchas por la dignidad de la ciudadanía árabe con el fracaso es algo que conviene a los regímenes antidemocráticos que aspiran a perpetuarse en el poder, a pesar de que son ellos mismos quienes crean las condiciones para una mayor frustración social. Hay pocas dudas de que las movilizaciones en países de Oriente Próximo y el Magreb –que se han visto reducidas drásticamente debido a las medidas sanitarias por la pandemia del COVID-19– retornarán en un plazo no lejano. La duda es si, en un contexto de mayor desigualdad y de crisis agravadas por las devastadoras consecuencias económicas de la pandemia, los regímenes árabes escucharán más las demandas de sus ciudadanos.

Haizam Amirah Fernández
Investigador principal de Mediterráneo y Mundo Árabe en el Real Instituto Elcano y profesor de Relaciones Internacionales en IE University | @HaizamAmirah

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<![CDATA[ El mundo tras la tormenta: como un caracol dentro de su concha… ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/dt22-2020-lamodeespinosa-el-mundo-tras-la-tormenta-como-un-caracol-dentro-de-su-concha 2020-11-20T01:00:06Z

Este documento de trabajo trata de abordar un análisis transversal de los efectos de la pandemia, antes de intentar territorializar esos efectos en un análisis geopolítico, todo ello desde la perspectiva de las consecuencias y enseñanzas de la pandemia.

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Índice

(1) Un comentario inicial: desprevenidos pero avisados – 3

(2) Solidaridad global frente a vulnerabilidad – 5

(3) Como un caracol en su concha: la familia y el Estado – 6

(4) Con cuatro consecuencias en el medio plazo – 9
(4.1) Crisis económica – 10
(4.2) Digitalización – 10
(4.3) Desglobalización limitada – 11
(4.4) Desigualdad y pobreza – 14

(5) Y una poderosa aceleración geopolítica – 16

A finales del año 2019 apareció en Wuhan, una inmensa ciudad china hasta entonces casi desconocida en Europa (pero de más de 10 millones de habitantes y donde se habían instalado 300 de las mayores empresas del mundo), un nuevo virus de la familia de los coronavirus, bautizado como COVID-19 , que pronto se extendió por toda China, después por Asia, y llegó a Europa a comienzos de 2020, para saltar posteriormente a América y África. Cuando escribo estas líneas no ha terminado su expansión futura, que dependerá de dos variables: encontrar medicación adecuada y/o la vacuna, que pueden retrasarse meses.

Nada nuevo. Ha habido muchas zoonosis en el pasado, y habrá otras en el futuro.

En todo caso, un millón y medio de muertes sobre unos 7.000 millones de habitantes del planeta. Para poder comparar, la gripe española de 1918 causó unas 50 millones de muertes y anualmente mueren en el mundo más de 17 millones de personas por enfermedades cardiovasculares, 9 millones de cáncer, casi 4 millones de enfermedades respiratorias y 1,5 millones a causa de accidentes de tráfico.

Este documento de trabajo trata de abordar, primero, un análisis transversal de los efectos de la pandemia –un análisis institucional–, antes de intentar territorializar esos efectos en un análisis geopolítico, todo ello desde la perspectiva de las consecuencias y enseñanzas de la pandemia.

(1) Un comentario inicial: desprevenidos pero avisados

Para comenzar hay que destacar que se trata de una experiencia nueva que el mundo no había sufrido desde la gran gripe llamada “española”, experiencia que ha succionado sociedad tras sociedad como un agujero negro, y que no sabemos bien ni cuándo nos liberará ni en qué condiciones lo hará. Miles de millones de personas encerradas en sus casas, calles vacías, universidades, escuelas, teatros, calles y aeropuertos desérticos, como en una pesadilla distópica. Una catástrofe sanitaria que ha obligado a un confinamiento y paralización total durante semanas (la “Gran Pausa”) y que trae consigo una crisis económica global nunca vista, con caídas del PIB superiores al 10%, que sin duda será seguida después por otra crisis social e, inevitablemente, política, de un alcance actualmente difícil de prever. Condiciones, pues, en las que es no ya difícil, sino inútil, hacer previsiones de futuro y menos un pronóstico o una terapia; incertidumbre radical o incertidumbre “knightiana” (identificada en 1921 por Frank H. Knight)1 la llaman los economistas.

Pero es importante señalar que en absoluto se trata de un evento inesperado. Al contrario, y por ello, Nassim Taleb considera que el COVID-19 no es un cisne negro, porque era previsible.2 Epidemiólogos y expertos en sanidad pública, organismos internacionales como la OMS, think tanks y analistas de la globalización, y todas las estrategias de seguridad nacional de los países, advertían de la pandemia como un riesgo sistémico global, a la par con el cambio climático. Así, por ejemplo, la española Estrategia de Seguridad Nacional (de 2017) señalaba entre los desafíos a tratar “la inestabilidad económica, la vulnerabilidad energética, los movimientos migratorios, las emergencias y catástrofes, las epidemias y pandemias y el cambio climático”. Y añadía acertadamente:

“España, un país que recibe más de 75 millones de turistas al año, con puertos y aeropuertos que se cuentan entre los de mayor tráfico del mundo, un clima que favorece cada vez más la extensión de vectores de enfermedades, con una población envejecida y una situación geopolítica polarizada, no está exenta de amenazas y desafíos asociadas a enfermedades infecciosas, tanto naturales como intencionadas.”

Como es evidente ahora, un análisis más que acertado y preciso. Y esta es la primera enseñanza de la pandemia del COVID-19: que se menosprecia a los expertos. Se sabía y se esperaba, pero no nos preparamos pues no planificamos, ni para el largo plazo (como el cambio climático) ni para lo poco probable (aunque seguro) como son como las zoonosis.3

Como ocurre con el cambio climático, se hace pues imprescindible generar, en el marco de la OMS, un sistema internacional de vigilancia y control más sensible que el actual, que disponga de un stock de material sanitario y/o de una red actualizada de proveedores que pueda activarse a corto plazo. La siguiente pandemia no debería coger desprevenida a la humanidad.

¿Qué consecuencias puede tener esta pandemia? A pesar de las enormes dificultades, debemos intentar otear el futuro (o al menos el presente) y algo sensato sí se puede decir. Y, como siempre, tenemos dos escuelas sobre las consecuencias de la pandemia.

Para algunos, nada será igual tras la pandemia (por ejemplo, J. Gray y H. Kissinger), que se percibe como un game changer radical. Otros, más escépticos o prudentes, aseguran que se trata más bien de un acelerador de tendencias ya existentes, un catalizador (por ejemplo, Richard Haas y Josep Borrell). Parece que las dos cosas al tiempo: un acelerador de tendencias ya existentes, pero que nos lleva a un mundo en buena parte nuevo. Es cierto que la historia tiene una fuerte dependencia de senda, y nadie puede librarse de la mochila de su pasado, ni los individuos ni las sociedades. Pero el cambio salta de la cantidad a la calidad, y la prolongación de la pandemia está haciendo aflorar escenarios nuevos por mucho que lleven décadas gestándose.

Y puede –es una hipótesis, sólo algo más que una conjetura– que a la larga los efectos de la pandemia sean mayores en el ámbito micro, de la vida cotidiana, que en el macro, en la vida de los Estados y los países. Pues efectivamente –como veremos– tanto el teletrabajo como la digitalización en general están cambiando hábitos y rutinas cotidianas, desde el modo de consumir o disfrutar del ocio a las culturas empresariales, los modos de hacer negocios o de relacionarse, los viajes y los transportes urbanos, las pautas residenciales, la educación en todos sus niveles e incluso en la mayor informalidad en el vestir. En qué medida estos nuevos hábitos persistirán cuando acabe la pandemia es hoy discutible, pero no parece irrazonable sospechar que muchos han llegado para quedarse, y se están arraigando con profundidad.

Pero nos interesa hoy más lo que está ocurriendo en el ámbito macro, y aquí la continuidad se manifiesta de entrada en que las consecuencias del COVID-19 se solapan sobre las consecuencias aun no resueltas de la Gran Recesión de 2008. Como ha escrito Roubini,

“Después de la crisis financiera de 2007-09, los desequilibrios y los riesgos que prevalecen en la economía mundial se vieron exacerbados por errores de política… los gobiernos en su mayoría patearon la lata en el futuro, creando importantes riesgos a la baja que hicieron inevitable otra crisis. Y ahora que ha llegado, los riesgos son cada vez más agudos.”4

Es decir, si esta crisis es tan determinante es porque, en realidad, no habíamos superado aún la anterior y, más en concreto, el alto endeudamiento que generó. Volveremos sobre esto, pero conviene no olvidar que esta crisis sanitaria viene a reforzar la crisis económica de 2008 de la que el mundo (al menos muchos países, y sin duda España) no se había recobrado aún.

(Descargar PDF para leer todo el documento)

Emilio Lamo de Espinosa
Catedrático emérito de Sociología (UCM) y presidente del Real Instituto Elcano | @PresidenteRIE


1 Frank H. Knight (1921), Risk, Uncertainty and Profit, Houghton Mifflin Company, Boston y Nueva York.

2 “El cisne blanco del coronavirus era previsible”, entrevista a N. Taleb, en Bloomberg, 31/III/2020.

3 Ya en 2019, en el blog que mantenían Gary Becker y Richard Posner, se discutieron los riesgos y las consecuencias económicas de una posible pandemia global. Puede verse en https://www.becker-posner-blog.com/2009/05/the-economics-of-the-flu-epidemic--posner.html.

4 Nouriel Roubini (2020), The Coming Greater Depression of the 2020s, Project Syndicate, 28/IV/2020.

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<![CDATA[ El nuevo “Gran Juego”: implicaciones de un acuerdo de asociación estratégica entre China e Irán ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari102-2020-blecua-feijoo-nuevo-gran-juego-implicaciones-de-un-acuerdo-de-asociacion-estrategica-entre-china-iran 2020-09-04T12:53:35Z

El anuncio de un acuerdo de asociación estratégica con Irán pone en evidencia la voluntad de China de asumir un papel geopolítico más decidido, incluso si ello implica desafiar a EEUU directamente.

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Tema

El anuncio de un acuerdo de asociación estratégica con Irán pone en evidencia la voluntad de China de asumir un papel geopolítico más decidido, incluso si ello implica desafiar a EEUU directamente.

Resumen

El reciente anuncio de un acuerdo de asociación estratégica entre China e Irán ha encendido las alarmas en EEUU sobre las implicaciones de una posible alianza entre sus principales rivales. Si bien no se ha firmado todavía un texto oficial y las filtraciones de un supuesto protocolo secreto sobre cooperación en materia de defensa y seguridad deben ser tomadas con cautela, las implicaciones geopolíticas de tal iniciativa tienen tal relevancia que alterarían sustancialmente los actuales parámetros del orden internacional. Al margen de las motivaciones de los diferentes actores, esta iniciativa podría poner en marcha dinámicas e ideas que serán difíciles de obviar en el futuro en el ámbito de las finanzas, el comercio, las infraestructuras, la defensa y la seguridad, no sólo en la región sino a escala global.

Análisis

Hasta ahora, Pekín había evitado desafiar la política norteamericana en Oriente Medio, colaborando con los esfuerzos multilaterales por mantener el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC) sin cruzar las líneas rojas de la estrategia de máxima presión contra Irán. Incluso la iniciativa estrella del presidente Xi, la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), había tenido hasta ahora una modesta proyección hacia el Golfo Pérsico, a pesar de la importancia estratégica de la conexión con esta región como medio para garantizar el suministro energético de China. Igualmente, las evidencias disponibles hasta ahora mostraban una China con escaso apetito por implicarse directamente en los conflictos de la región, con una marcada preferencia por que existiera una estabilidad y seguridad de los suministros energéticos internacionales garantizados por EEUU.

Sin embargo, la filtración de un posible acuerdo de asociación estratégica entre China e Irán ha encendido las alarmas en EEUU sobre las implicaciones de una posible alianza entre sus principales rivales. Según diversos analistas, esta pesadilla geopolítica sería una consecuencia de la propia política norteamericana de los últimos años, que ha perseguido simultáneamente la confrontación con China y el aislamiento de Irán sin tomar en cuenta las consecuencias. Tampoco han faltado voces que consideran que el posible acuerdo demuestra que el objetivo último de China es sustituir a EEUU como potencia hegemónica global. Así, este último movimiento de China en la región se interpreta de forma muy diferente por quienes lo consideran una prueba definitiva de la amenaza para la supremacía global norteamericana o quienes consideran que es simplemente una reacción defensiva ante las medidas hostiles de Washington.

Precisamente, este ensayo describe y analiza las implicaciones de la proyección china sobre Oriente Medio -con el caso de Irán como paradigma- desde el conjunto de su perspectiva geopolítica, caracterizada por planteamientos estratégicos a largo plazo.

Revisitando la geografía política de Asia

China e Irán han estado unidos desde la antigüedad por relaciones comerciales y culturales, privilegiados por una geografía que situó durante siglos al Imperio Persa como el lugar de conexión de las rutas que unían el Imperio del Centro con Roma y Bizancio. Hace ahora aproximadamente 750 años, Marco Polo en su viaje hacia China ya tuvo que atravesar Irán.

Igualmente, España tuvo un protagonismo destacado en estos contactos entre Occidente y los imperios de Asia. La embajada enviada por el rey Enrique III de Castilla a Tamerlán en 1403 también atravesó Irán en su camino hacia Asia Central. El embajador Clavijo dejó un apasionante relato de ese viaje que culminó con una alianza entre ambos reinos, una de las más extraordinarias iniciativas de la historia de la diplomacia española. En la época de Felipe III se renovaron los contactos diplomáticos entre el Imperio Hispano-Portugués y Persia, por motivos de los intereses en el comercio con Asia. Sin embargo, el desarrollo de las rutas transatlánticas a partir del siglo XVII hizo abandonar los azarosos viajes a través de Asia Central e Irán, que llevaban ya siglos de decadencia, hasta que en el siglo XIX la rivalidad entre Rusia y Gran Bretaña en Asia, denominada el “Gran Juego” por los estrategas victorianos, volvió a despertar el interés por esas regiones durante un tiempo olvidadas.

En su reciente colección de ensayos, precisamente con el título de El retorno del mundo de Marco Polo, Robert Kaplan considera que Eurasia está emergiendo nuevamente como concepto estratégico. Estaría definido como una nueva unidad de comercio, transporte y, también, de conflictos, con todos estos ámbitos interconectados por la globalización, la tecnología y la geografía. Es en este contexto geopolítico donde tendrá lugar una nueva y feroz competencia entre los diferentes actores interesados, que curiosamente reencarnan los viejos imperios del pasado y del orden poscolonial: China, EEUU, Irán, Rusia, Turquía y la UE.

La lógica de la nueva ruta de la seda

Esta evocación de los antiguos viajes por las estepas de Eurasia ha renacido con el ímpetu que China ha puesto en una nueva ruta de la seda que incremente la integración de infraestructuras y comercio a lo largo de este supercontinente y que, al mismo tiempo, reduzca su dependencia de las rutas marítimas, muy vulnerables frente a un posible bloqueo de los estrechos de Malaca, Ormuz o Bab el Mandab por parte de EEUU u otro poder marítimo hostil. Hay que notar que ello no quiere decir que China renuncie a convertirse en un poder naval, como demuestra su estrategia del “collar de perlas”, es decir, las bases que China ha ido situando desde la isla de Hainan hasta el mar Rojo, y que tienen como objetivo principal asegurar esta ruta marítima. Sin embargo, es muy consciente de que, en caso de confrontación, el poder naval norteamericano es aún netamente superior.

Esta nueva ruta de la seda terrestre y su paso por Irán es parte fundamental de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (Belt and Road Initiative, BRI), un marco general de cooperación internacional que el presidente Xi propuso al comienzo de su mandato en 2013. Su nombre hace referencia a un cinturón económico que conecta a China con Europa, similar a la ruta de la seda, tanto por tierra (a través de Asia Central) como por mar (a través del estrecho de Malaca o desde Pakistán, combinando una parte terrestre y una marítima). Desde 2015 la traducción más popular ha sido la correspondiente a BRI, aunque el nombre en chino siempre ha sido el mismo. Sus objetivos primeros fueron promover la conectividad, la coordinación de iniciativas y el desarrollo de los países pertenecientes al continente euroasiático. Como corresponde a muchas de las políticas chinas, mientras que sus metas estratégicas a largo plazo suelen ser diáfanas, su formulación práctica ha sido y es bastante laxa, y ha ido evolucionando de forma conjunta a los intereses de China tanto geográficamente como desde el punto de vista de las actividades que incluye.

Además de ayudar al despliegue de todo tipo de infraestructuras de transporte y de energía, la BRI ha ido incorporando nuevas actividades como agricultura, construcción, turismo, fabricación, integración financiera e intercambios culturales, científicos y tecnológicos hasta llegar a una ruta de la seda digital -telecomunicaciones, almacenamiento y computación en la nube, y sobre todo seguridad e identificación digital-. En el ámbito geográfico, lo que empezó siendo Eurasia ha terminado incluyendo África, Oceanía, Latinoamérica e incluso el Ártico.

En 2019 la Oficina para la Promoción de la BRI, un órgano del Partido Comunista de China (PCC) que suministra alguna información oficial sobre la BRI, indicaba que 125 países eran ya firmantes de ésta. En el mismo año, un informe del Banco Mundial sobre la BRI titulado Belt and Road Economics: Opportunities and Risks of Transport Corridors identificaba 70 “corredores” de la BRI que conectaban diferentes países con China y por los que conjuntamente circulaba el 40% del comercio exterior de mercancías de China. Este mismo informe estimaba que las inversiones ejecutadas o planeadas sobrepasaban el medio billón de dólares. Otros informes sitúan la inversión total en proyectos activos -en ejecución o aprobados- en más de 3 billones de dólares en 2020. Casi la mitad del valor total de los proyectos corresponde al despliegue de infraestructuras relacionadas con el transporte.

Un acuerdo con Irán se convertiría en un nuevo paradigma del modelo que persigue la BRI. Hasta ahora, el caso más destacado de relación de China dentro de la BRI tiene lugar con Pakistán, una alianza que cubre infraestructuras de transporte y marítimas, y cooperación económica y militar. Sin embargo, carece del componente energético del acuerdo con Irán y tiene una dimensión geopolítica diferente. En el plano de las infraestructuras de conexión terrestres, un acuerdo con Irán completaría la ruta que, partiendo de Xinjiang, pasa por Kazajistán, Kirguizistán, Uzbekistán y Turkmenistán, para llegar a Irán y continuar hacia Turquía, Europa y el Mediterráneo. Desde el punto de vista marítimo, la posición de Irán en el Golfo Pérsico da continuidad a las rutas que se dirigen hacia la Península Arábiga y el Mar Rojo. La geografía de Asia condiciona las rutas de transporte posibles mucho más de lo que parece simplemente observando un mapa político.

La continuidad geográfica y la viabilidad de la ruta requiere el paso por Irán y Afganistán. Existen alternativas para Pakistán en la ruta hasta Europa, pero no para Irán. Al ocupar todo el ancho entre el Caspio y el Índico, Irán es paso obligado de cualquier ruta terrestre que quiera evitar Rusia. Afganistán tiene frontera practicable con China, aunque más compleja que otros pasos. Sin embargo, Pakistán está presente en la zona de Cachemira (rivales ambos de la India) y es la ruta más corta hacia el Índico (a ese lado de la India, por tanto, sin contar Myanmar). En resumen, Irán es imprescindible como paso y además ofrece el puerto de Chahbahar, complementando así Gwadar (Pakistán) dentro de la estrategia del “collar de perlas”.

Desde la perspectiva china, la inversión a lo largo de las rutas de comercio sin duda reduce los costes de transporte y crea nuevos mercados, mientras que las inversiones en energía asegurarían el suministro de una manera estable. También, la inversión en infraestructuras, que habitualmente tiene como condición ser ejecutada por empresas chinas, puede aliviar la sobrecapacidad de éstas, muchas veces con participación de capital público y con dificultades para dimensionarse eficientemente. La componente financiera es asimismo importante por su capacidad para reforzar el papel del yuan en las transacciones internacionales. Un valor añadido de estas inversiones internacionales es servir para desarrollar la economía de las provincias del oeste y del sur, tradicionalmente lejos de las provincias marítimas del este de China, considerablemente más ricas.

La lógica de la BRI con respecto a las infraestructuras físicas puede extenderse con facilidad a las tecnologías de la información y las comunicaciones. De hecho, los principales proveedores chinos ya han desplegado diversos tipos de infraestructuras y de soluciones en la nube, en especial en Asia, y están recuperando terreno rápidamente con respecto a los proveedores tradicionalmente líderes en este sector -procedentes de EEUU-. En esta nube china se encontrarían los recursos para almacenar y procesar los datos generados en las industrias involucradas. Por consiguiente, es absolutamente lógico que las empresas chinas tanto en su propio país como en el extranjero utilicen esta nueva infraestructura, particularmente las que participan en la BRI. Así que un escenario típico para una BRI digital es que todas las compañías y regiones que participan en los despliegues opten por sistemas de comunicación chinos -como la 5G-, una nube china y servicios relacionados con la AI, igualmente chinos.

A partir de aquí, generalizando las opiniones de expertos como Simón y Speck en su trabajo para el Real Instituto Elcano sobre Europe in 2030, se produce un escenario en el que China, después de haber invertido fuertemente en infraestructuras relacionadas con el transporte como ferrocarriles, puertos, aeropuertos o satélites de navegación, empieza a hacerlo también en infraestructuras de telecomunicaciones y de energía de países más pequeños y/o con necesidades de infraestructuras y financiación. El escenario mencionado continua con el desarrollo de parques industriales, situados cerca de nudos de comunicaciones. Su objetivo sería desplegar allí agrupaciones -clusters- industriales y tecnológicos que operaran conjuntamente con compañías chinas y plataformas comerciales de importación-exportación.

Siguiendo toda la ruta lógica explicada más arriba, China comenzó a mediados de 2018 a promover una “ruta de la seda digital” que sería una extensión de la BRI para incluir tecnologías como las comunicaciones móviles 5G, la computación cuántica, la nanotecnología, la AI, el big data, blockchain, la computación en la nube y la navegación por satélite. Todo ello con el propósito de ayudar a otros países a construir infraestructuras digitales y a desarrollar la seguridad en el uso de Internet -entendida en el sentido que le da China para proteger el ciberespacio nacional de interferencias foráneas-. De acuerdo con la visión del gobierno chino, el objetivo sería “construir una comunidad de destino común en el ciberespacio”. Las metas de esta ruta de la seda digital serían: (1) crear nuevos mercados a los que exportar las tecnologías originadas en China; (2) establecer una base mayor de datos que permita mejorar los desarrollos tecnológicos chinos; (3) crear las infraestructuras digitales que apoyen el despliegue de la BRI; y (4) impulsar la percepción sobre la buena voluntad y disposición de China en los países beneficiarios.

Se podría decir que, dado el tamaño de su mercado, China absorbe las economías de países más pequeños que están en su órbita. Es una estrategia de éxito asegurado, una atracción basada en el poder de mercado, no en la fuerza y, aunque el resultado en términos de gobernanza es parecido, no solamente no causa bajas, sino que generalmente contribuye al incremento de la renta bruta. Esta estrategia no ha dejado de levantar críticas respecto al carácter abusivo de las relaciones de dependencia creadas en los países receptores por el endeudamiento excesivo para financiar estos proyectos y, como consecuencia, la UE ha desarrollado una alternativa propia para la conectividad en Eurasia dirigida a contrarrestar la posición de predominio que ha ido adquiriendo China.

Desde un punto de vista histórico reciente, se puede comparar la BRI con el plan Marshall de EEUU después de la Segunda Guerra Mundial, aunque con unas dimensiones mucho más ambiciosas. Ambos coinciden en su objetivo fundamental que, por supuesto, consiste en ayudar a naciones con economías en dificultades y necesitados de inversión extranjera que sustente su desarrollo. Pero también coinciden en las ventajas comunes al financiar la compra de productos y servicios generados en estos dos países, de “clientelizar” las industrias de los países así ayudados para convertirse en posibles mercados cautivos, de consolidar su correspondiente influencia geopolítica y, no menos importante, de reforzar la posición de sus monedas en las transacciones internacionales.

China entra en el “Gran Juego”

En este marco, Irán siempre ha tenido una importancia considerable por su situación estratégica, pero también más recientemente por su relevancia geopolítica y su peso económico, sobre todo como productor petrolífero.

Irán es un país con un tamaño demográfico, económico y con una cantidad de talento nada desdeñables que lo hacen atractivo per se. Por otro lado, supone una vía de acceso inmejorable hacia Europa. Además, Irán se encuentra en una situación económica crítica, necesitado de una cuantiosa inversión extranjera para sostener su economía después de las sanciones de EEUU; necesidades de financiación exacerbadas debido a los desastrosos efectos de la pandemia del COVID-19 en el país.

Desde el punto de vista de China, la posición estratégica de Irán es clave y en gran medida complementaria a la de Pakistán. Así que el desarrollo de infraestructuras de transporte como carreteras y ferrocarriles que lo comuniquen con las rutas a través de Asia Central no deja de tener todo el sentido económico. Al igual que lo es crear nuevos puertos que sirvan de terminales de las rutas terrestres, de enclaves logísticos de las rutas marinas, y que eventualmente puedan proporcionar apoyo a operaciones militares en la región. El caso más notorio es quizá el del puerto de Chahbahar en Irán, del que la India se está retirando debido a las sanciones de EEUU y donde China podría entrar como reemplazo.

Por supuesto, el factor energético es esencial para China en su relación con Irán, puesto que es muy deficitaria en este aspecto y está necesitada de asegurar el suministro de productos petrolíferos fuera del control de EEUU.

Pasando a la parte digital del interés, Irán tiene las economías de escala necesarias como para hacer atractivo el despliegue de comunicaciones móviles 5G y soluciones en la nube. También tiene un sector bancario que aún tiene mucho por desarrollar en las fortalezas chinas de comercio electrónico y pago por el móvil, más aún si se tiene en cuenta que las sanciones incluyen las dificultades de acceso a los sistemas occidentales de pagos. Además, la integración financiera forma parte de la estrategia china de ir paulatinamente creando una moneda de reserva en torno al yuan, sea físico o digital.

De hecho, la entrada de Irán en un sistema financiero alternativo liderado por China tendría un efecto considerable sobre el control hegemónico que ejerce actualmente EEUU sobre el sistema financiero internacional, pues podría acarrear la incorporación de Rusia y de otros países insatisfechos con el creciente uso geopolítico que Washington está haciendo de las sanciones financieras y comerciales y comenzar a constituir una posible, por mucho que inicialmente modesta, alternativa.

El acuerdo y sus implicaciones

El pasado agosto de 2020 el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Javad Zarif, viajo a Pekín para negociar la hoja de ruta de una nueva asociación estratégica entre ambos países que expandiría exponencialmente las inversiones chinas en sectores clave de la economía iraní a cambio fundamentalmente de un suministro garantizado de su petróleo. Este acuerdo tendría también un componente militar y de seguridad, incluyendo entrenamiento, cooperación antiterrorista, inteligencia y transferencia de armas.

El momento elegido para el anuncio de este acuerdo estratégico es asimismo relevante para ambos países, pues las discusiones sobre el mismo se iniciaron en 2016 pero solamente ahora se ha anunciado públicamente la voluntad de suscribirlo. Precisamente, las informaciones, probablemente interesadas desde Teherán, que se han filtrado del acuerdo estratégico entre China e Irán, hablan de unos términos en los que se menciona la habitual preferencia china por el largo plazo -25 años-, de comercio y de cooperación militar, y de inversión en infraestructuras de transporte como carreteras, ferrocarriles de alta velocidad y puertos, pero también en el sector financiero y en telecomunicaciones.

A corto plazo, el peso del acuerdo está en el sector energético. A cambio de las inversiones chinas, Irán ofrecería ventajosas condiciones en el suministro de petróleo, un descuento que se cifra en torno a un 12% sobre el precio medio semestral del crudo similar más otros posibles descuentos, dos años para efectuar el pago y poder hacerlo en diversas monedas de las que China tiene exceso de reservas. Algunos expertos han estimado el efecto conjunto de todas estas condiciones es una rebaja del precio del petróleo en torno a un 30%. China sería cliente preferente, no sólo para el suministro sino también como socio en proyectos del sector de la energía. En este mismo terreno energético, China se comprometería a invertir 280.000 millones de dólares para ayudar a desarrollar la industria petrolera, gasista y petroquímica iraní, y lo haría en el período de los cinco primeros años del acuerdo, que, siguiendo la habitual forma de los acuerdos chinos, podría repetirse o ampliarse en los siguientes períodos de cinco años.

Al margen de que se trate de un excelente acuerdo mercantil para China en su tradicional capacidad negociadora, existen otras implicaciones geopolíticas de largo alcance que tienen que ver sobre todo con la dimensión de cooperación militar y de seguridad del acuerdo. La orientación de la red de infraestructuras iraníes hacia China tiene la ventaja adicional de dar acceso a través de Iraq al corazón de Oriente Medio. El año pasado se firmó un acuerdo de desarrollo de infraestructuras que cuenta con una aportación iraquí de 10.000 millones de dólares, complementados por una cantidad varias veces superior por parte China. La integración de Iraq en ese nuevo corredor del BRI aumentaría de forma sustantiva los efectos del partenariado estratégico con Irán.

El alcance real del acuerdo, cuyo estatus y contenido real a la fecha de escribir estas notas sigue sin estar clara, implicaría un considerable cambio de paradigma para China de implicaciones geopolíticas profundas. Hay que tener en cuenta que, aunque China ha sido el mayor mercado para el crudo iraní desde finales de los 90, hasta ahora ha apoyado las sanciones de EEUU para que anule su programa nuclear. Entre 2006 y 2015 China ha votado a favor de las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre sanciones económicas y embargos a Irán. Igualmente, ha bajado a 200.000 barriles diarios sus importaciones de petróleo iraní que llegaron a ser cuatro veces mayores y ha reducido su comercio en un 30% desde el pico de 50.000 millones de dólares alcanzado en 2014.

Sin embargo, el debate sobre una alianza estratégica entre China e Irán ha sido recibido con sorpresa y encendido las alarmas en Washington. EEUU ha convertido a Irán en uno de sus grandes enemigos y la máxima presión en contra del régimen iraní ha sido uno de los ejes fundamentales de la política internacional de la Administración actual. Hasta ahora, Pekín ha procurado no cruzar las líneas rojas de Washington en relación con Irán, evitando desafiar las sanciones de forma directa. Si se confirman las informaciones sobre una serie de protocolos secretos de cooperación militar, que podrían incluir a Rusia, y darían acceso a bases iraníes por parte de fuerzas de ambos países, el panorama estratégico de la región cambiaría radicalmente.

La primera pregunta en el caso de que el acuerdo se ratifique e implemente sería, sin duda, qué sucedería con las sanciones estadounidenses al comercio con Irán y cómo reaccionarían los demás países a ese desafío directo al régimen de sanciones sobre el que Washington ha basado de forma creciente su política internacional. No existe aún una respuesta unánime.

Hay voces que mantienen que China debe correr con los gastos y las consecuencias de sus nuevas vulnerabilidades en su carrera de alianzas, y que incluso este posible acuerdo China-Irán se puede considerar como una muestra de que las sanciones a Irán han tenido algún efecto. Otras opinan que debe dejarse que la posible alianza siga su curso, pero solamente si se ejerce una política sistemática de contención sobre China, contrarrestando sus iniciativas con una movilización de los países occidentales que hagan contraofertas más atractivas a las propuestas chinas.

Por otro lado, hay analistas que opinan que básicamente el acuerdo sería el resultado de la contraproducente política de EEUU de aislar a China y sancionar a Irán sin pensar en las consecuencias de no ofrecer espacio para el compromiso. Esta línea argumental es ampliamente compartida en las cancillerías europeas y el Servicio de Acción Exterior Europeo, que han defendido de forma consistente una política de interacción pragmática con ambos Estados, combinando incentivos positivos y exigencias realistas. Como declaró el alto representante, Josep Borrell, el considerar a China un rival sistémico no implica enfocar la relación como una rivalidad sistemática abocada a la confrontación.

La siguiente cuestión es cómo implementar el acuerdo en la práctica, sobre todo en su parte económica. ¿Existe un sistema de intercambio comercial suficientemente desarrollado paralelo al actual o se implementaría como alguna versión de la economía del trueque? Quizá en este contexto hay que leer unas declaraciones del economista jefe del Banco de China argumentando a favor de que se utilicen sistemas de pagos internacionales diferentes de los estándares globales. Aquí la tecnología blockchain que China desarrolla para transacciones financieras internacionales podría ser una parte de esta nueva solución. A este respecto, a fecha de 2019 China tiene acuerdos de intercambio directo de moneda (swaps) con 20 países a lo largo de la BRI y aboga por el llamado Cross-Border Interbank Payment System (CIPS), un sistema que la propia China puso en marcha en 2015 como una alternativa al habitual sistema de pagos internacionales interbancarios SWIFT, con sede en Bélgica y controlado por EEUU. Sin embargo, es probable que estas alternativas actualmente ni sean capaces de manejar el volumen de transacciones ni dispongan de los mecanismos necesarios para acuerdos como el de Irán. En 2019 CIPS incluía alrededor de 40 países y regiones signatarios de la BRI, y según sus propios datos llevaba a cabo transacciones con 96 países y regiones.

¿Alianza estratégica o movimiento táctico?

Las reacciones al anuncio de este acuerdo en Irán son más complejas. En comparación con China, Irán es un país más transparente, menos homogéneo y donde existe un debate interno dentro de los círculos de poder -y respecto al acuerdo- y un parlamento donde las diferentes facciones del régimen se enfrentan con acritud. Este debate tiene su base en el intenso nacionalismo iraní, que no ve con buenos ojos salir de la hegemonía norteamericana para someterse al patronazgo chino. De hecho, en algunos sectores, incluyendo al ex presidente Ahmadinejad, se ha comparado este acuerdo al que en 1828 cedió una parte considerable del sur del Cáucaso al entonces Imperio Ruso.

A este respecto, el ex presidente iraní ha declarado públicamente su desconfianza ante posibles acuerdos secretos que no hayan sido claramente explicados al pueblo iraní, una posición oportunista que contrasta con sus acciones de gobierno en el pasado pero indica la sensibilidad del tema. Al mismo tiempo, el acuerdo tiene como telón de fondo la pugna entre el presidente Rohani y los neoconservadores que aspiran a derrotarle en las próximas elecciones. La alianza estratégica con China reforzaría la posición de Rohani y le proporcionaría recursos con que reconstruir la economía, algo que sus oponentes neoconservadores no ven con buenos ojos.

La perspectiva de China también es peculiar. Para empezar, China ha procurado quitarle importancia a este acuerdo, insistiendo en que es simplemente parte de su programa de alianzas habitual con países amigos y volviendo, por una vez en esta etapa de la presidencia de Xi, al viejo adagio de Deng Xiaoping: “esconde tus capacidades y aguarda el momento”. Sea como fuere, conociendo esta aproximación tradicional de China y otros ejemplos recientes de diplomacia más agresiva, quizá sea ésta la prueba más concluyente de que el acuerdo es verdaderamente importante, pues en otro caso hubiera sido utilizado, sobre todo dentro de sus fronteras, para consolidar su imagen como potencia mundial.

Merece también la pena detenerse un momento en el pensamiento de Xi para evaluar este acuerdo. En sus libros y sus discursos defiende que un líder debe entender las corrientes históricas y aprovecharlas, no ir en su contra: “In observing the world, we should not allow our views to be blocked by anything intricate or transient. Instead, we should observe the world through the prism of historical laws” (Xi Jinping, 2017, The Governance of China, vol. II, p. 481). Y que uno de los componentes críticos de la actual evolución es el desarrollo económico. Mucho más relevante que elusivos conceptos occidentales, que no han demostrado su capacidad de conseguir este tipo de desarrollo en muchos casos, y mucho más relevante que el conflicto. En el pensamiento de Xi, es la falta de desarrollo económico lo que genera la posibilidad de un conflicto: “In the interest of peace, we need to foster a keen sense of a global community of a shared future. Prejudice, discrimination, hatred and war can only cause disaster and suffering, while mutual respect, equality, peaceful development and common prosperity represent the right path to take” (ibid., p. 485).

China es también consciente de que ninguna potencia mundial ha salido bien parada en los últimos 100 años -y quizá nunca- de los conflictos en esta parte de Asia, y que, igual que todos los que le han precedido, debe guardar un complejo equilibrio entre el mundo árabe, persa, otomano e, incluso, Israel. A este respecto hay que notar que las compañías chinas han invertido en Irán entre 2005 y 2018 menos de lo que lo han hecho en Arabia Saudí y en los Emiratos Árabes Unidos, y un monto muy parecido al complicado Egipto. Pero también es cierto que China no tiene prisa. El tiempo juega a su favor ahora mismo. Esta es otra parte del discurso habitual de Xi, la venida de un nuevo mundo multipolar, diferente a la hegemonía de EEUU, y donde China tiene la oportunidad de desarrollar todo su potencial y ejercer su liderazgo, aunque no necesariamente como hegemón único ni para todo el mundo.

Por otro lado, el escaso entusiasmo con que el acuerdo ha sido recibido en ambas capitales indica que, más que un matrimonio por amor, se trata de un arreglo por necesidad y que ambos países hubieran preferido encontrar un modus vivendi mutuamente satisfactorio con Washington, al menos por el momento. El anuncio de este acuerdo parece igualmente ir dirigido a advertir a EEUU del posible coste de llevar su estrategia de contención de China demasiado lejos más que a presentar un desafío geopolítico en toda regla. Además, puede ser un instrumento para aumentar la capacidad de negociación de ambos países con EEUU en diferentes frentes.

Conclusiones

La estrategia que adopte la Administración norteamericana que salga de las próximas elecciones será clave para aclarar estos interrogantes y definir la respuesta que darán tanto China como Irán. Al mismo tiempo, el acuerdo entre China e Irán ha puesto en marcha dinámicas e ideas que será difícil de obviar en el futuro. El anuncio de esta alianza dirigida a cimentar una colaboración a largo plazo en el ámbito de las finanzas, comercio, infraestructuras, defensa y seguridad puede crear una nueva realidad que no existía anteriormente en términos de nueva geopolítica. En todo caso, parafraseando una de las célebres paradojas de Oscar Wilde, la única diferencia entre las alianzas eternas y los acuerdos tácticos a corto plazo es que los últimos duran más tiempo.

Agradecimientos y notas

Esta nota no hubiera sido posible escribirla sin la ayuda de Ángel Álvarez en Madrid, Ángel Gómez de Ágreda también en Madrid y Farhad Azarmi en Teherán. Mario Esteban ha hecho también considerables sugerencias que han contribuido a la mejora del texto. Una versión reducida de este artículo se ha publicado en Global Strategy. Igualmente, una parte del análisis presentado forma parte del libro Tecno-socialismo con características chinas (C.F. González, en publicación).

Ramón Blecua.
Embajador en Misión Especial para Mediación y Diálogo Intercultural, Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación | @BlecuaRamon

Claudio Feijoó.1
Director para Asia, Universidad Politécnica de Madrid, y co-director del Campus Sino-Hispánico, Tongji University | @claud10


1Las opiniones vertidas son las de los autores y no de sus instituciones. Se aplican los habituales descargos de responsabilidad.
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<![CDATA[ La adicción de la UE a los falsos dilemas en el Mediterráneo ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/comentario-amirah-adiccion-de-ue-a-falsos-dilemas-en-el-mediterraneo 2020-07-24T01:16:29Z

¿Qué ha impedido a la Unión Europea tener más éxito a la hora de transformar el Mediterráneo?

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(*) Este comentario fue publicado originalmente en inglés en el dossier A Geopolitical Sea: The New Scramble for the Mediterranean, editado por Giuseppe Dentice y Valeria Talbot, y publicado por ISPI el 17/VII/2020.

Hay algo profundamente viciado en las relaciones de la UE con su vecindario mediterráneo. Después de más de 50 años de cooperación, acuerdos, declaraciones y planes europeos con el sur del Mediterráneo y los países árabes, tan sólo ha surgido un nuevo Estado democrático (Túnez). Un observador benévolo diría que ese proceso de democratización no se inició precisamente gracias al apoyo decidido que la UE brindó a una población que pedía liberarse de un régimen autoritario. Un observador más franco concluiría, por el contrario, que la sociedad tunecina logró derrocar a su antiguo autócrata a pesar del apoyo que éste recibió de ciertos poderes europeos hasta el último minuto. Ese es el resumen de décadas de retórica pro-democracia por parte europea.

“El Mediterráneo es una de las zonas en las que la UE ha hecho más esfuerzos (…) para replantearse los marcos de cooperación. Sin embargo, ha fracasado en el cumplimiento de todos y cada uno de los objetivos anunciados en la Declaración de Barcelona de 1995”.

El Mediterráneo es una de las zonas en las que la UE ha hecho más esfuerzos y a las que ha dedicado más creatividad e imaginación para replantearse los marcos de cooperación. Sin embargo, la UE ha fracasado en el cumplimiento de todos y cada uno de los objetivos anunciados en la Declaración de Barcelona de 1995. Veinticinco años después, el Mediterráneo está hoy lejos de ser “un espacio común de paz, estabilidad y prosperidad compartida”. La “zona de libre comercio euromediterránea”, anunciada para 2010, ni existe ni se espera que exista en un futuro cercano. La “consolidación de la democracia y el respeto de los derechos humanos” pertenece al terreno de la ficción. La “colaboración euromediterránea para una mayor comprensión y acercamiento entre los pueblos” deja mucho que desear. En resumen, el fracaso es innegable y la frustración generada, profunda. Ni la Política Europea de Vecindad (PEV) ni la Unión para el Mediterráneo (UpM) han cambiado esas realidades para mejor.

Entonces, ¿qué ha impedido a la UE tener más éxito a la hora de transformar el Mediterráneo? Una de las principales razones que explican las inconsistencias y la falta de coherencia entre los discursos de la UE y el resultado de sus políticas se encuentra en una idea excesivamente simplificadora y muy extendida. Durante decenios, la UE ha estado atrapada en lo que percibe como un “dilema entre valores e intereses”: si quería ser fiel a sus valores, tendría que presionar para lograr una auténtica reforma democrática, pero si trataba de defender sus intereses inmediatos, tendría que mantener relaciones amistosas con las autocracias.

El problema de este percibido “dilema entre valores e intereses” radica en la definición de los intereses. Los valores parecen ser más fáciles de identificar y de ubicar en un marco temporal. Sin embargo, la forma en que se definen los intereses depende de factores tales como: (1) quién define esos intereses; (2) el período de tiempo para evaluar si se han logrado con éxito o no; y (3) quién evalúa los costes y beneficios de anteponer esos intereses a los valores. Desde hace muchos años, el problema de la definición de los intereses ha generado una falsa dicotomía entre la seguridad y la democratización en la vecindad mediterránea de Europa. Huelga decir que los regímenes no democráticos se sienten cómodos con esa dicotomía y la promueven activamente.

Se puede argumentar que los intereses a corto plazo son más fáciles de identificar que los intereses a más largo plazo. Este cortoplacismo ha guiado las políticas y acciones europeas durante años, mientras que las condiciones regionales se han ido deteriorando. En la última década, el mundo ha sido testigo del surgimiento de fenómenos alarmantes generados en la región árabe. Entre ellos figuran guerras civiles, conflictos bélicos regionales, guerras por delegación, carreras armamentísticas, crisis migratorias, oleadas de refugiados, el uso de armas de destrucción masiva, el aumento del sectarismo y del extremismo religioso, la aparición de proyectos totalitarios como el autoproclamado Estado islámico, el reforzamiento del autoritarismo represivo y el deterioro de las relaciones entre los Estados y las sociedades en varios países. El número de Estados fallidos o en proceso de quiebra en el sur y el este del Mediterráneo no ha hecho más que aumentar, y no hay motivos para creer que esa tendencia haya tocado techo.

“Al definir sus intereses, la UE ha sido incapaz de medir los efectos secundarios de contemporizar con regímenes cuya naturaleza va en contra del buen gobierno y el Estado de derecho”.

Al definir sus intereses, la UE ha sido incapaz de medir los efectos secundarios de contemporizar con regímenes cuya naturaleza va en contra del buen gobierno y el Estado de derecho. Al apoyar la estabilidad a corto plazo a cualquier precio, la UE se ha dedicado de hecho a preservar el statu quo mediante el apoyo a “autocracias iliberales”. Esos regímenes practican el capitalismo de amiguetes, se apoyan en la corrupción y el nepotismo, producen una distribución muy desigual del poder y la riqueza y, en última instancia, generan frustración y resentimiento entre sus poblaciones. Es hora de que la UE evalúe si esos efectos secundarios comprometen sus intereses, el bienestar y la seguridad de los Estados y las sociedades europeas a más largo plazo.

Debido a su adicción a los falsos dilemas y a las dicotomías engañosas (“seguridad frente a democratización”, “cooperación con los gobiernos o con las sociedades”), la UE ha perdido muchas oportunidades y se ha hecho menos relevante como impulsora de una transformación positiva en su vecindad inmediata al sur. Es evidente que ni la UE ni sus Estados miembros pueden por sí solos democratizar esos países; sin embargo, tienen suficiente influencia para desempeñar un papel crucial en el avance del buen gobierno y la democracia, algo que no están utilizando.

Algunas de las consecuencias de la adicción de la UE a los falsos dilemas es que se apoderan de su voluntad política para defender sus valores, la hacen incurrir en prácticas que tienen efectos adversos a largo plazo y le impiden desarrollar una visión clara sobre cómo proteger sus intereses futuros.

“(...) la pandemia del COVID-19 puede ser un factor agravante de los problemas y un multiplicador de los conflictos que existen en torno al Mediterráneo”.

En el nuevo contexto internacional marcado por una emergencia mundial, la pandemia del COVID-19 puede ser un factor agravante de los problemas y un multiplicador de los conflictos que existen en torno al Mediterráneo. Los países del sur y el este ya estaban sometidos a una gran presión debido a la debilidad de los sistemas de protección social y a la elevada tasa de desempleo juvenil, incluso antes de que fueran golpeados por el coronavirus. Es muy probable que las consecuencias económicas y de seguridad de la pandemia causen una mayor desestabilización en esa región tan volátil. Este debería ser el momento de claridad para que la UE se desintoxique de su adicción a los falsos dilemas y comience una corrección de rumbo, largamente esperada, en sus relaciones con el Mediterráneo. El riesgo de no hacerlo es que podría tener que lidiar pronto con un vecindario más fracturado, conflictivo e inestable.

Sea cierto o no que Albert Einstein definió la locura como “hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”, no se requiere de un genio para darse cuenta de que actuar constantemente sobre la base de falsos dilemas y dicotomías engañosas termina por producir resultados indeseados y contraproducentes.

Haizam Amirah Fernández
Investigador principal del Real Instituto Elcano y profesor asociado del Instituto Empresa (IE) | @HaizamAmirah

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<![CDATA[ Crisis económica y desafección política en Túnez: los desafíos de la post-pandemia ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari85-2020-lopez-hernando-crisis-economica-y-desafeccion-politica-tunez-desafios-post-pandemia 2020-06-15T12:52:49Z

El impacto económico y social de la crisis del COVID-19 corre el riesgo de acentuar las fracturas dentro de la sociedad tunecina.

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Tema

El impacto económico y social de la crisis del COVID-19 corre el riesgo de acentuar las fracturas dentro de la sociedad tunecina. Las elecciones presidenciales y legislativas de 2019 mostraron la atomización del escenario político en ese país. Algunos ya plantean la necesidad de refundar la Segunda República tunecina surgida de la Constitución de 2014.

Resumen

Los 100 primeros días del gobierno de Elyes Fakhfakh, resultado de las transacciones entre partidos tras las elecciones de octubre de 2019, han coincidido con la crisis provocada por la pandemia del COVID-19 . Tras la detección, el 2 de marzo, del primer caso de contagio, el nuevo ejecutivo adoptó una batería de medidas preventivas (confinamiento, suspensión de toda conexión aérea y marítima desde el 13 de marzo, interrupción de las actividades escolares, cierre de mezquitas y limitación de la movilidad). Esas medidas, que han sido respetadas por la mayoría de la ciudadanía, podrían haber influido en la limitada incidencia de la pandemia en el país. Sin embargo, la crisis del COVID-19 ha intensificado los desafíos que debe afrontar Túnez. El impacto económico y social de la emergencia sanitaria corre el riesgo de acentuar las fracturas dentro de la sociedad tunecina, si no tienen éxito los planes de recuperación económica, lo que requerirá un apoyo y compromiso firme por parte de la UE y sus Estados miembros.

Análisis

Las elecciones presidenciales y legislativas de 2019: una “insurrección electoral” contra el statu quo

La muerte del presidente de la República, Beji Caid Essebsi, el 25 de julio de 2019 alteró el ciclo electoral tunecino . Las elecciones presidenciales, que debían haber tenido lugar el 17 de noviembre de 2019, fueron adelantadas al 15 de septiembre para cumplir con la Constitución que establece un plazo para su celebración de entre 45 y 90 días después de que la presidencia quede vacante. La muerte de Essebsi, sin haber llegado a promulgar un controvertido proyecto de reforma de la ley electoral, impidió que entrara en vigor la prohibición de presentar candidaturas a aquellas personas encausadas judicialmente, a las que se hubieran beneficiado de una financiación procedente del exterior o que hubieran efectuado donaciones a la población.

La adopción de esta ley hubiera tenido incidencia directa en las presidenciales de 2019, ya que habría impedido concurrir a los comicios a Nabil Karoui, uno de los candidatos mejor valorados en las encuestas, muy por delante de quien por entonces era el primer ministro, Youssef Chahed. 1 El encarcelamiento en agosto por blanqueo de dinero de Karoui, empresario y fundador de la cadena Nessma TV, que le había servido de instrumento para alcanzar popularidad y difundir su imagen de hombre caritativo, fue visto como una operación política y planteó dudas sobre la imparcialidad de la justicia.

El adelanto de la elección presidencial sirvió de test para las elecciones legislativas del 6 de octubre , mostrando la tendencia a la dispersión del voto y la profunda crisis del sistema de partidos, visible con la desintegración de Nidaa Tounes, el partido político que había ganado las elecciones legislativas y presidenciales en 2014. 2

El dégagisme, término acuñado por el semanario Jeune Afrique y derivado de la palabra dégage, tan usada en Túnez desde la caída de Ben Alí –y con posterioridad en todo el norte de África–, implicaba la voluntad de la población de “largar” fuera de la vida pública a los políticos, especialmente a los que se les consideraba corrompidos. Esa idea venía imponiéndose en el electorado tunecino, cada vez más en contra de los partidos y en favor de personalidades independientes o de fuera del sistema. La revista Nawaat, fundada digitalmente como blog disidente durante la dictadura y renacida en enero de 2010 en papel, calificó las elecciones de 2019 como “insurrección electoral contra el statu quo”.

Los sucesivos gobiernos postrevolucionarios se han mostrado incapaces de diseñar una estrategia de desarrollo con el fin de reducir las desigualdades en materia de infraestructuras y servicios básicos de salud y educación. Esa incapacidad ha alimentado en el interior del país los sentimientos de rechazo hacia las elites de la zona costera que, desde la independencia, han monopolizado los procesos de toma de decisión.

Los resultados de la primera vuelta de las presidenciales confirmaron la tendencia a la desafección hacia los partidos, visible ya en las elecciones municipales de 2018, 3 con una importante abstención que superó el 50% (la participación fue del 48,78%). Los candidatos más votados en esa primera vuelta fueron dos outsiders, el profesor de derecho constitucional Kais Saied y el citado Nabil Karoui. El candidato Saied, conocido en los medios desde que en 2011 crease el Centro de Derecho Constitucional para la Democracia y participase activamente en los debates de la Asamblea Constituyente, obtuvo el 18,40% de los sufragios, mientras que Karoui consiguió el 15,58%. Abdelfattah Mouru, candidato de Ennahda, el partido islamista que en las elecciones constituyentes de 2011 había recibido el 37,04% de los votos y en las legislativas de 2014 el 27,79%, no obtuvo más que el 12,88%. Tan sólo otro candidato, el ministro de Defensa, Abdelkrim Zbidi, apoyado por Afek Tounes y el descompuesto Nidaa Tounes, superó el 10% (10,73%). El descalabro de los otros partidos, incluido el del primer ministro Youssef Chahed (Tahya Tounes) con un 7,38%, fue mayúsculo. El antiguo presidente Moncef Marzouki, elegido por la Asamblea Constituyente de 2011, tan sólo obtuvo el 2,97% de los sufragios, mientras que los antiguos primeros ministros en la primera legislatura tras la revolución, Mehdi Jomaa y Hamadi Jebali, únicamente obtuvieron el 1,82% y el 0,22%, respectivamente.

Figura 1. Resultados de las elecciones legislativas del 6 de octubre de 2019
  Votos % votos Escaños
Ennahda 561.132 19,55 52
Qalb Tounes 416.004 14,49 38
Partido Desturiano Libre 189.356 6,6 17
Corriente Democrática 183.473 6,39 22
Coalición al-Karama 169.651 5,91 21
Movimiento del Pueblo 129.604 4,52 15
Tahya Tunes 116.582 4,06 14
Unión Republicana del Pueblo 59.924 2,09 3
Aich Tunsi 46.401 1,62 1
Al Badil (Alternativa tunecina) 46.046 1,6 3
Esperanza y Trabajo 45.196 1,57 2
Afek Tunes 43.892 1,53 2
Nidaa Tunes 43.213 1,51 3
Machruu Tunes 40.869 1,42 4
Errahma 40.071 1,4 4
Frente Popular 32.226 1,12 1
Unión Democrática Social 29.828 1,04 1
Corriente del Amor 17.749 0,62 1
Partido Socialista Desturiano 16.235 0,57 1
Voz de los Agricultores 9.366 0,33 1
Listas independientes 46.006 1,6 11
Otros partidos o listas 587.490 20,47 0
Sufragios expresados 2.870.314 97,41
Votos Blancos 26.403 0,9
Votos nulos 49.704 1,68
Votos anulados 207 0,01
Total 2.946.628 100 217
Abstención 4.120.312 58,3
Inscritos/participación 7.065.885 41,7
Fuente: elaboración propia con datos de la Instancia Superior Independiente para las Elecciones.

El grado de desafección política se confirmó en las elecciones legislativas celebradas el 6 de octubre, tres semanas después de la primera vuelta de las presidenciales y una semana antes de la segunda vuelta. La participación cayó del 68,36% en 2014 al 41,7%. Aunque Ennahda se impuso con el 19,63% de los votos, ha ido perdiendo apoyos en las sucesivas elecciones legislativas (en las constituyentes de 2011 obtuvo 1.501.320 votos, pasando a 947.034 en 2014 y a 561.132 en 2019). El segundo partido fue Qalb Tounes (14,55%), la formación creada en junio de 2019 por Nabil Karoui quien, pese a su encarcelamiento, había logrado pasar a la segunda vuelta de las presidenciales que se celebrarían el 13 de octubre.

Ninguno de los partidos restantes superó el 7% de votos en las legislativas, dando lugar a un Parlamento muy fragmentado (20 partidos representados, en ocho grupos parlamentarios, más 12 diputados independientes), lo que hacía presumible la dificultad de obtener una mayoría estable para la formación de gobierno. Nidaa Tounes, el partido vencedor en las elecciones de 2014, sólo obtuvo tres escaños.

Figura 2. Grupos parlamentario de la Asamblea de Representantes del Pueblo (2019)
Figura 2. Grupos parlamentario de la Asamblea de Representantes del Pueblo (2019)
Fuente: elaboración propia.

Junto a la atomización del panorama político, la mayoría de los partidos que obtuvieron representación eran formaciones jóvenes (seis de ellas surgidas en 2019) y los restantes habían sido creados después de la revolución de 2011. Tan sólo Ennahda es un partido histórico que cuenta con más de cuatro décadas de trayectoria.

Ennahda obtuvo representación en todas las gobernaciones, si bien descendió de 68 a 54 diputados, perdiendo presencia en las grandes aglomeraciones urbanas. Aun así, mantuvo su fuerza en el sur, en las provincias de Gabès, Tataouine, Médenin y Kébili, en las que logró entre el 23% y el 41% de los votos, precisamente allí donde son mayores los índices de paro y de pobreza. El segundo partido, Qalb Tounes, carece de implantación en esas regiones, pero rivalizó con Ennahda en el Gran Túnez y se hizo fuerte en el norte del país (Bizerta, Bèja, Jendouba y Le Kef), así como en algunos puntos costeros de mayor desarrollo como Sfax, Mehdía y Sousse.

Una semana después de las legislativas, tuvo lugar la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. La participación fue más elevada que en las dos citas electorales de las semanas anteriores, alcanzando el 55,01% (aunque este porcentaje fue cinco puntos inferior al de las presidenciales de 2014). Kais Saied fue el vencedor, con el 72,71% de los votos, lo que le proporcionó una importante legitimidad. 4 Según el sondeo a pie de urna realizado por Sigma Conseil , sus apoyos no habrían venido tanto de los votantes de partidos, como de aquellos que se habían abstenido en las legislativas (estos habrían aportado el 31% de sus votos), mientras que el resto de los sufragios habría procedido de votantes de Ennahda (20,8%), de al-Karama (Coalición por la Dignidad, 7,3%) y, en menor proporción, de Tahya Tounes, Partido Desturiano Libre (PDL) y otros partidos. Este mismo sondeo señalaba la juventud del electorado que había votado por Saied (el 90% de los jóvenes de entre 18 y 25 años, así como el 83% de los que tenían entre 26 y 44 años) y su elevado nivel de instrucción (más del 80% de los de nivel secundario y universitario, frente al 42% de los sin estudios).

Hacia una recomposición de los equilibrios institucionales

Como partido vencedor en las legislativas, Ennahda recibió el encargo del presidente de la República para formar gobierno en noviembre, designando como candidato a primer ministro a Habib Jemli, antiguo secretario de Estado de Agricultura entre 2011 y 2014 durante los gobiernos de la troika y figura próxima al partido. Su intento para constituir un gobierno de personalidades “independientes”, formado sobre la base de la competencia y la integridad, fracasó al ser percibido como una maniobra de Ennahda para camuflar su control e influencia sobre el ejecutivo. Aunque Qalb Tounes respaldó, junto al movimiento al-Karama, la elección de Rached Gannuchi como presidente de la Asamblea de Representantes del Pueblo, el partido de Karoui no apoyó la candidatura de Jemli, quien no consiguió los 109 votos requeridos. Su candidatura sólo recibió el apoyo de los diputados de Ennahda y de los de al-Karama, coalición heterogénea formada en 2019 con un programa que propugna una recuperación de los valores conservadores islámicos, al tiempo que reclama una ruptura clara con el régimen anterior y sus elites. 5

Ante esta situación, el presidente Kais Saied pidió a los diferentes partidos que propusieran nombres entre los que escoger un nuevo candidato que intentase formar gobierno antes de recurrir a la repetición de las elecciones. Entre los propuestos, los tres que obtuvieron más crédito fueron el economista Hakim Ben Hammouda, antiguo ministro de Finanzas entre 2014 y 2015, Fadhel Abdelkefi, antiguo ministro de Desarrollo en 2016, y Elyes Fakhfakh, quien había ocupado las carteras de Turismo y Finanzas durante los primeros años tras la revolución. La elección por el presidente Saied de este último fue inicialmente muy criticada, no sólo por haber sido el candidato que suscitaba menor consenso entre los partidos, sino también por la escasa aceptación que su figura había recibido en las elecciones presidenciales en las que, como candidato del partido Ettakatol, tan sólo había recibido 11.532 votos, el 0,33%. Se especuló sobre si esta elección pudo haber estado motivada por la voluntad del presidente de buscar un candidato débil que le permitiera la puesta en práctica de su proyecto populista de democracia directa a través de un cambio constitucional.

Las transacciones entre los diferentes partidos para la formación de gobierno se mostraron arduas y complicadas. A lo largo de un mes, se vivió un duelo entre Ennahda y el presidente de la República, que reflejaba la tensión entre dos instituciones y dos legitimidades –el parlamento y la presidencia– y entre dos figuras políticas –Gannuchi y Saied–, acusado éste último de querer minar la legitimidad parlamentaria.

En su ronda de contactos para formar gobierno, Fakhfakh dejó fuera a Qalb Tounes, en contra de la posición de Gannuchi, que preconizaba la formación de un gobierno de concentración nacional en el que debía participar el partido de Karoui. Finalmente, en el último momento antes de que venciera el plazo, fue aprobada la propuesta de gabinete presentada por Fakhfakh el 27 de febrero por 129 votos. El nuevo gobierno se sustentaba en un “Memorándum contractual para un gobierno de coalición: un gobierno de claridad y de restablecimiento de la confianza ”, firmado por los partidos Ennahda, Attayar, Movimiento del Pueblo, Tahya Tounes y el grupo parlamentario La Reforma. 6 Fuera del ejecutivo quedaban en la oposición Qalb Tounes, el PDL y la Coalición al-Karama, así como otros pequeños partidos.

El impacto económico y social de la crisis del COVID-19

Los 100 primeros días del gobierno Fakhfakh han coincidido con la crisis del COVID-19. Tras la detección el 2 de marzo del primer caso de contagio, un tunecino residente en Italia, el nuevo ejecutivo adoptó una batería de medidas preventivas: confinamiento de viajeros procedentes del exterior, suspensión del enlace marítimo con Génova a partir del 4 de marzo y de toda conexión aérea y marítima desde el 13 de marzo, interrupción de las actividades escolares, cierre de mezquitas y reducción de la movilidad. Defendida por el nuevo jefe de gobierno, esta política anticipativa fue respaldada por el presidente de la República, quien anunció el establecimiento de un toque de queda entre las 6 de la tarde y las 6 de la mañana a partir del 18 de marzo. La adopción temprana de estas medidas podría haber influido en la limitada incidencia de la pandemia en el país. 7 A finales de abril, se hizo pública una estrategia de desconfinamiento que incluía una primera fase de 20 días, a partir del 4 de mayo, y dos fases de 10 días que concluirían el 14 de junio, tras las que se irían reanudando progresivamente las actividades.

La paralización de la actividad económica (cierre total del 47% de las empresas y funcionamiento exclusivo de las agroalimentarias y farmacéuticas), además de la interrupción del turismo, obligaron a concertar un plan de medidas con la patronal UTICA y con el sindicato UGTT con el que contrarrestar la crisis económica más grave desde la independencia del país. El gobierno aprobó un paquete de ayudas de 876 millones de dólares. Los salarios íntegros de 1,5 millones de tunecinos quedaron garantizados durante el mes de abril, al tiempo que fueron articuladas medidas para facilitar a las empresas el aplazamiento de impuestos y cotizaciones sociales y el acceso al crédito. El despido quedó prohibido por decreto durante el confinamiento, al tiempo que se ampliaron los esquemas de protección social hacia los trabajadores de la economía informal, que en 2018 representaban el 53,4% de la mano de obra, según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo .

Para afrontar los costes sanitarios y el impacto socioeconómico de la crisis, el gobierno ha conseguido movilizar recursos financieros en el exterior. En marzo, la UE movilizó un donación de 250 millones de euros e Italia ofreció un crédito de 50 millones de euros. En abril, el Banco Islámico de Desarrollo concedió un crédito de 279 millones de dólares, el FMI aprobó una ayuda de emergencia de 745 millones de dólares y el Banco Mundial de 35 millones. Todo ello contribuirá a aumentar el nivel de endeudamiento externo del país que, en marzo de 2020, rondaba el 80% del PIB.

Las estimaciones del retroceso que sufrirá la economía tunecina durante 2020 varían según las fuentes. El FMI preveía en abril una contracción del 4,3% del PIB, mientras que el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) reducía en mayo esa contracción al 2,3%. Para hacerse una idea, en 2011, el año de la revolución que derrocó a Ben Ali, la economía tunecina se contrajo en un 1,9%. La crisis ha evidenciado las carencias estructurales del país: una economía frágil, unos servicios públicos insuficientes y un sistema sanitario al borde de la quiebra, lo que para el jefe del gobierno hace necesario modificar el modelo económico basado en las exportaciones y en el sector turístico.

La pandemia del COVID-19 ha mostrado la pervivencia de las desigualdades socioeconómicas y territoriales que estuvieron en el origen de las protestas antiautoritarias de 2011 en las que se reclamaba dignidad, justicia social y el fin de la corrupción. Aunque, durante los últimos 10 años, las tasas de pobreza han retrocedido, esta reducción ha sido desigual, produciendo un aumento de las disparidades regionales entre las regiones costeras y del Gran Túnez y las del interior del país. De acuerdo con los datos recogidos por el Observatorio Social Tunecino , el número de protestas sociales entre 2016 y 2019 fue de 42.028. La conflictividad social alcanzó un pico de 10.452 en 2017, concentrándose en las regiones del centro y sur del país con un nivel de desarrollo inferior a la media nacional.

El mapa de la propagación de la epidemia reproduce estas desigualdades, afectando con mayor intensidad a las zonas más desarrolladas y abiertas al exterior en las que existe una mejor infraestructura sanitaria. El aislamiento de las regiones del interior y el sur del país ha limitado la propagación del COVID-19, aunque es en estas zonas menos favorecidas donde se han concentrado los movimientos de protesta. El informe del Observatorio Social Tunecino correspondiente al mes de abril recoge 254 movimientos sociales, mostrando cómo el confinamiento no ha interrumpido las protestas. A las reivindicaciones tradicionales, vinculadas a cuestiones como el acceso al agua potable o el acceso al empleo, se han añadido otras protestas relacionadas bien con la distribución de alimentos y de las ayudas sociales para los sectores más golpeados por la crisis, o bien con las desigualdades regionales en el acceso a la salud, así como con el bloqueo que el cierre de fronteras terrestres –como la de Ras Jedir con Libia– ha tenido para el regreso al país de ciudadanos a los que la pandemia encontró fuera.

Las medidas de apoyo adoptadas por el gobierno para tratar de limitar el impacto de la crisis sobre los sectores más vulnerables de la sociedad han puesto al descubierto que cerca de una tercera parte de los tunecinos viven en una situación de precariedad. La población beneficiaria de los diferentes programas de asistencia social (Programa Nacional de Ayuda a las Familias necesitadas, creado en 1986 como medida de acompañamiento al Plan de Ajuste Estructural; y el Programa Amen Social, creado en 2019, para atender a la población con un bajo nivel de renta y a los receptores de pensiones inferiores a 180 dinares tunecinos) 8 es de 3.220.000 personas. Esta cifra sitúa en un 27,5% el porcentaje de la población en situación de vulnerabilidad severa o muy severa. 9

¿Agotamiento de la Segunda República?

Las tensiones entre la Kasbah, el Bardo y Cartago, sedes respectivas del gobierno, de la Asamblea de Representantes del Pueblo (el Parlamento) y de la presidencia de la República, se han exacerbado durante los primeros 100 días del gobierno. El temor a que Fakhfakh pudiera aprovechar la excepcionalidad de la crisis para reforzar la posición de la presidencia del gobierno quedó de manifiesto durante los debates parlamentarios sobre el impacto del COVID-19. El Parlamento retrasó 15 días la delegación de poderes especiales para gobernar por decreto durante dos meses solicitada por el primer ministro, autorizándola sólo por un plazo de un mes y sobre un conjunto de temas más reducido del inicialmente solicitado. Además, se estableció que los decretos aprobados por el gobierno debían ser convalidados por el Parlamento en un plazo de cinco días. Para poder realizar este control, se modificó el reglamento interior del Parlamento, permitiendo la actividad parlamentaria y el voto de los diputados a distancia. Esta situación aplazó hasta mediados de abril la aprobación de 13 decretos urgentes, entre ellos el de apoyo a las categorías sociales precarias y el de las ayudas a las empresas perjudicadas.

El presidente del Parlamento y líder de Ennahda, Rached Gannuchi, mantiene también un pulso con el presidente Saied, pugnando en terrenos como la política exterior, que es uno de los ámbitos, junto a la defensa, en los que la Constitución de 2014 atribuye prerrogativas a la presidencia de la República. El 11 de enero, tras el fracaso en la investidura del gobierno Jemli propuesto por Ennahda, el líder islamista realizó una visita relámpago al presidente turco Erdogán en Estambul, cuyo régimen sintoniza con la ideología islamista de Ennahda. Esa visita fue muy cuestionada por invadir competencias del jefe del Estado. Los contactos mantenidos por Gannuchi con el presidente del Gobierno de Acuerdo Nacional de Libia, Fayez al-Sarraj, tras la recuperación de una base militar en manos de las fuerzas del mariscal Haftar, a principios de mayo, han reactivado las críticas de las fuerzas políticas de oposición contra el presidente del Parlamento por asumir competencias que no le corresponden. Por su parte, Saied ha aprovechado cuantas ocasiones se han presentado para criticar el sistema de partidos y la labor del Parlamento, propugnando un sistema de democracia directa al considerarlo más equitativo que el vigente régimen semi-parlamentario.

La idea de un agotamiento de la Segunda República tunecina, surgida de la Constitución de 2014 , es compartida por el secretario general del sindicato UGTT, Nureddin Tabboubi, quien aboga por la celebración de un referéndum para redefinir el sistema político y acabar con la parálisis impuesta por la actual Constitución. A su juicio, el actual sistema hunde al país en la miseria política, económica y social. En este debate, el presidente Kais Saied ha arreciado sus críticas contra un sistema electoral que, en su condición de constitucionalista, considera la base de la partitocracia que impera en el Parlamento, en la que los partidos anteponen sus intereses a los de la voluntad popular. En una cena en la Academia Militar durante el mes de Ramadán, el presidente reafirmó su idea de que “la legalidad no será una manifestación completa de la legitimidad más que si expresa la voluntad soberana del pueblo ”. Un comentarista político en el diario La Presse llegó a hablar de un frente común entre el presidente y la central sindical a favor de un cambio constitucional.

El partido islamista Ennahda, la minoría mayoritaria en el Parlamento, ha llevado a cabo, a juicio de Zouhair Maghzaoui, dirigente del Movimiento del Pueblo, una de las formaciones integrantes de la coalición gubernamental, una política ambigua, con un pie en el gobierno en el que cuenta con siete carteras y otro en la oposición, por su complicidad con el grupo mayoritario de la oposición, Qalb Tounes, partido que ha sufrido ya la defección de un cuarto de sus diputados. La alianza entre Ennahda y la formación de Karoui en la Comisión de Reglamento Interior del Parlamento, que controlan junto con la Coalición al-Karama, se ha concretado en la defensa de una controvertida ley contra el transfuguismo. La discusión de este proyecto de ley ha sido utilizada por el presidente Saied para reforzar sus críticas contra los intereses partidistas, considerándolo anticonstitucional, ya que los diputados son elegidos directamente por el pueblo y no por los partidos. Ennahda aboga por la entrada en el gobierno de este aliado ocasional, Qalb Tounes, argumentando la necesidad de formar un gobierno de unidad nacional para hacer frente a la crisis, en contra de la opinión del propio Fakhfakh y del presidente Saied, quienes rechazan la inclusión en el ejecutivo de fuerzas como Qalb Tounes o el PDL por no compartir los idearios de la revolución de 2011.

El presidente Saied, con prerrogativas limitadas y sin el respaldo de una fuerza política en el Parlamento, ha aprovechado la crisis del COVID-19 para intentar preservar el espacio político que le catapultó a la presidencia de la Republica. En sus declaraciones y discursos, se presenta como el adalid de la cuestión social y defensor de aquellos colectivos que han pagado un precio mayor por el confinamiento sanitario. Para ello, ha instado al gobierno a acelerar el desembolso de las ayudas, ha propuesto la modificación del Código Penal para que los especuladores sean considerados “criminales de guerra” y ha defendido que los bienes y fondos de las elites implicadas en casos de corrupción durante el régimen de Ben Ali sean recuperados por el Estado y distribuidos entre los sectores más necesitados.

Estas disensiones entre instituciones van acompañadas de una fuerte polarización en torno al papel que la religión debe desempeñar en la sociedad. Aunque el partido Ennahda proclamó en su congreso de 2016 que se desvinculaba del ideal de partido religioso, éste ha seguido buscando oportunidades para islamizar la sociedad. Un ejemplo de ello es cuando propuso en diciembre de 2019 una ley para imponer la zakat (el azaque o limosna ritual islámica). Esa propuesta fue rechazada por 93 votos frente a los 74 de Ennahda y su socio al-Karama. La defensa de la laicidad del sistema la lidera el minoritario PDL, heredero del espíritu desturiano, que ha hecho de la recusación de Gannuchi su bandera, aprovechando la desconfianza con la labor del presidente del Parlamento que alcanza, según el barómetro político de Sigma-Conseil (abril de 2020), al 63% de la población.

Conclusiones

La crisis del COVID-19 ha intensificado los desafíos que debe afrontar Túnez. La ausencia de respuestas a las reivindicaciones de carácter social y económico que impulsaron la revolución de 2011, así como la desconexión entre una gran parte de la población y las elites políticas, han impulsado los sentimientos de desafección hacia una transición política que, aunque aplaudida desde el exterior, ha mostrado sus dificultades para mejorar la situación social y económica del país. Los resultados electorales de las elecciones presidenciales y legislativas de 2019 mostraron la atomización del escenario político y la proliferación de opciones y candidatos. Asimismo, quedó patente la falta de identificación del electorado con una fuerza política capaz de abordar las cuestiones pendientes como la justicia social, la corrupción y el reequilibrio regional. El impacto económico y social de la emergencia sanitaria corre el riesgo de acentuar las fracturas dentro de la sociedad tunecina si no tienen éxito los planes de recuperación económica, lo que requerirá un apoyo y compromiso firme por parte de la UE y sus Estados miembros.

En el plano político, la erosión del consenso alcanzado en la Constitución de 2014 sobre el carácter semi-parlamentario del sistema político puede intensificarse si la ciudadanía percibe que sus expectativas siguen sin ser satisfechas. La pandemia ha evidenciado la distancia entre el “utopismo antisistema” del presidente Saied y el “realismo pragmático” del gobierno, presidido por su apadrinado Fakhfakh, que debe hacer frente a una cotidianidad cargada de descontentos y de incertidumbres. Entre éstas últimas está el saber si la magnitud de la crisis empujará al presidente de la República a intentar avanzar en su proyecto populista de sustituir el sistema de democracia representativa por otro de democracia directa. Estaría por ver el impacto que ello tendría en las relaciones con un gobierno con frágil respaldo parlamentario, obligado a gestionar con pragmatismo los desafíos de una crisis socioeconómica que ahonda los problemas estructurales del país. Una refundación del sistema político en clave presidencialista acentuaría las tensiones con Ennahda, partido que desde 2011 ha defendido las virtudes de un sistema parlamentario con el que evitar las tentaciones autoritarias de una presidencia de la República fuerte, como ocurrió con Bourguiba y Ben Ali.

Bernabé López García
Catedrático honorario de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid y codirector del Taller de Estudios Internacionales Mediterráneos (TEIM)

Miguel Hernando de Larramendi
Catedrático de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad de Castilla-La Mancha y director del Grupo de Estudios sobre las Sociedades Árabes y Musulmanas (GRESAM) | @mhlarramendi


1 Larbi Chouikha, (2019), “Le processus électoral tunisien en 2019: instabilité institutionnelle et jeu des acteurs”, Revista de Estudios Internacionales Mediterráneos, nº 27, pp. 170-183.

2 Bosco Govantes (2019), “Túnez – Elecciones legislativas y presidenciales 2019: el abismo de la incertidumbre política”, Observatorio Político y Electoral del Mundo Árabe y Musulmán (OPEMAM), 28/X/2019.

3 Miguel Hernando de Larramendi y Bosco Govantes (2018), “Las elecciones municipales de Túnez de mayo de 2018: contexto y lecturas”, ARI, nº 77/2018, Real Instituto Elcano.

4 Giulia Cimini (2019), “Tunisia’s electoral fatigue and the bumpy road ahead”, Aspenia online, 16/X/2019.

5 Théo Blanc y Ester Sigillò (2019), Beyond the Islamists vs. Secularists cleavage: the rise of new challengers after the 2019 Tunisian elections, Policy Brief 2019/27, Middle East Directions (MED), European University Institute.

6 Integrado por Machrouu Tounes, al-Badil, Afek Tounes, Nidaa Tounes y Aich Tounes.

7 Hasta el 1 de junio se habían contabilizado 1.084 casos de contagio y 48 muertes.

8 Equivalente a 56 euros mensuales.

9 Azzam Mahjoub (2020), Pandémie COVID-19 en Tunisie: les inégalités, les vulnérabilités à la pauvreté et au chômage, Forum tunisien pour les Droits Économiques et Sociaux.

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<![CDATA[ Treinta años de políticas mediterráneas de la UE (1989-2019): un balance ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/dt7-2020-khader-amirah-treinta-anos-de-politicas-mediterraneas-ue-1989-2019-un-balance 2020-04-24T01:26:17Z

Este documento de trabajo busca presentar una visión crítica de las últimas grandes políticas mediterráneas de la UE, analizando el contexto, el texto y el pretexto de cada una de estas políticas.

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Versión en inglés: Thirty years of EU-Mediterranean Policies (1989-2019): an assessment.

Índice

(1) Introducción – 3
(2) La Asociación Euromediterránea: el Proceso de Barcelona (1995) – 4
(2.1) Contexto europeo e internacional – 4
(2.2) Estructura y objetivos – 5
(2.3) Dificultades y deficiencias – 7
(2.4) Incoherencias y falta de voluntad política – 10
(3) La Política Europea de Vecindad (2004-2019) – 12
(3.1) Orígenes de la nueva política – 12
(3.2) Del multilateralismo al bilateralismo – 14
(3.3) El dilema entre valores e intereses – 15
(4) La Unión para el Mediterráneo (2007-2019) – 17
(4.1) Proliferación de iniciativas hacia el Mediterráneo – 17
(4.2) Reacciones a la iniciativa francesa – 18
(4.3) La complicada lógica de la “unión de proyectos” – 19
(5) La UE ante el “despertar árabe” de 2011 – 20
(5.1) Un vecindario que reclama cambios – 20
(5.2) El dilema acentuado y la oportunidad perdida de la UE – 21
(5.3) Lecciones pendientes del “despertar árabe” – 23
(6) Conclusiones – 24
Bibliografía – 26

(1) Introducción1

Desde la perspectiva de la Unión Europea (UE), 1989 fue un annus mirabilis. La caída del Muro de Berlín y el final de la Guerra Fría representaron acontecimientos de gran importancia histórica y geopolítica, no sólo para las relaciones internacionales, sino, más concretamente, para las relaciones entre la UE y el Mediterráneo. Esto no quiere decir que se hubiera ignorado a la orilla sur del Mediterráneo, pero la Guerra Fría había eclipsado muchos de sus problemas y desafíos. El sur del Mediterráneo tan sólo había ejercido como “tablero” para las políticas y estrategias de EEUU y la Unión Soviética. Desde una perspectiva occidental, el sur del Mediterráneo no se consideraba como una región per se, sino simplemente como una línea de comunicación y una ruta para el comercio y los flujos de petróleo que podría verse amenazada por la presencia de la Unión Soviética. En pocas palabras, el Mediterráneo fue percibido simplemente como un teatro secundario del antagonismo entre las superpotencias.

A principios de los años 90, la UE o algunos de sus estados miembros estaban involucrados en políticas multilaterales (Política Mediterránea Renovada) o en iniciativas de cooperación más pequeñas (Diálogo 5+5 y Foromed), o incluso en el Diálogo Mediterráneo de la OTAN. Sin embargo, con el fin del sistema bipolar, la UE cambió su foco de atención hacia la brecha Norte-Sur. Consideró que la Política Mediterránea Renovada no era lo suficientemente ambiciosa como para evitar una posible desestabilización derivada de las disparidades sociopolíticas y económicas. Como consecuencia de ello, se planteó la necesidad de forjar una política más integral hacia el Mediterráneo. Este cambio de interés se produjo en un momento en que algunos pensadores políticos polémicos pero influyentes, como Samuel Huntington, plantearon la cuestión de la dimensión cultural de la seguridad, argumentando que el “choque de civilizaciones”2 ocurre motivado por la militancia de inspiración religiosa contra los valores occidentales.

Dicha tesis es particularmente perniciosa porque se basa en viejos estereotipos y los refuerza bajo el disfraz de la erudición crítica. De hecho, la idea de confundir el fundamentalismo islamista con el islam como religión no es nueva. Ya en 1979, Edward Said, en su libro de referencia, Orientalismo, observó que “las imágenes negativas del islam son mucho más prevalentes que cualquier otra, reduciendo al islam no a lo que ‘es’ […] sino a lo que sectores prominentes de una sociedad en particular consideran que es”.3 Pero el momento de la publicación del artículo de Samuel Huntington en la revista Foreign Affairs en 1993, justo después del colapso de la Unión Soviética, fue sin duda un factor que contribuyó a la propagación mundial de la tesis del “choque de civilizaciones”, donde el “islam” (y no sólo los grupos islamistas) es presentado como una especie de chivo expiatorio para todo lo que a Occidente no le gusta en los ámbitos políticos, sociales y económicos mundiales.

Preocupada por la falacia de tal tesis, la UE sintió la urgencia de demostrar los peligros que pueden derivarse de un diagnóstico tan simplista que hace demasiado hincapié en la noción de choque de civilizaciones. Para la gran mayoría de los europeos, estaba claro que muchas de las preocupaciones relacionadas con la seguridad en el sur del Mediterráneo no eran de índole militar ni tenían una base cultural, sino que son principalmente “problemas de seguridad blanda”4, como las disparidades económicas, la brecha demográfica, los flujos migratorios y la persistencia de regímenes autoritarios. La idea de una “nueva asociación” surgió en este contexto de visiones conflictivas en torno a la seguridad en el Mediterráneo.

Este documento de trabajo busca presentar una visión crítica de las últimas grandes políticas mediterráneas de la UE, analizando el contexto, el texto y el pretexto de cada una de estas políticas.

Bichara Khader
Profesor emérito de la Universidad Católica de Lovaina y fundador del Centro de Estudios y de Investigaciones sobre el Mundo Árabe Contemporáneo (CERMAC)

Haizam Amirah Fernández
Investigador principal de Mediterráneo y Mundo Árabe, Real Instituto Elcano. Profesor de Relaciones Internacionales en IE School of Global and Public Affairs | @HaizamAmirah


1 Este documento de trabajo ha sido publicado como capítulo en J.M. Beneyto Pérez (dir.), J. Maillo González-Orús y B. Becerril Atienza (coords.) (2020), Tratado de Derecho y Políticas de la Unión Europea, Tomo X: “Las relaciones de la Unión Europea con áreas regionales y terceros Estados”, Editorial Aranzadi, enero.

2 S. Huntington (1993), “The clash of civilizations?”, Foreign Affairs, vol. 72, nº 3, verano, pp. 22-49.

3 E. Said (1981), Covering Islam: How the Media and the Experts Determine How We See the Rest of the World, Pantheon Books p. 144. Véase también E. Said (1979), Orientalism, Vintage Books.

4 S. Stavridis y N. Fernández-Sola (coords.) (2009), Factores políticos y de seguridad en el área euro-mediterránea, Prensas de la Universidad de Zaragoza.

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<![CDATA[ El coronavirus en los países árabes: ¿Tormenta pasajera, oportunidad de cambio o hecatombe regional? ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari39-2020-amirah-coronavirus-paises-arabes-tormenta-pasajera-oportunidad-de-cambio-o-hecatombe-regional-version-arabe 2020-04-07T02:11:33Z

La pandemia del COVID-19 está sacudiendo a los países árabes con fuerza.

جائحة كوفيد-19 جاءت لتهز الدول العربية بشدة. في هذه الورقة نقوم بتحليل السياق الإقليمي، ردود فعل الحكومات، الآثار الاقتصادية والاجتماعية المحتملة، كيف يمكن أن تؤثر هذه الأزمة على الأنظمة السياسية، المخاطر التي قد تواجه البلدان المجاورة، وكذلك بعض الفرص التي قد تتيحها هذه الجائحة لحل عدد من المشاكل والصراعات التي تعصف بالمنطقة العربية.

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Versión original en español: El coronavirus en los países árabes: ¿tormenta pasajera, oportunidad de cambio o hecatombe regional?

Versión en inglés: Coronavirus in Arab countries: passing storm, opportunity for change or regional catastrophe?

فيروس كورونا في الدول العربية: عاصفة عابرة، فرصة للتغيير أم كارثة إقليمية؟

هيثم عميره فرناندث

الموضوع

جائحة كوفيد-19 جاءت لتهز الدول العربية بشدة. في هذه الورقة نقوم بتحليل السياق الإقليمي، ردود فعل الحكومات، الآثار الاقتصادية والاجتماعية المحتملة، كيف يمكن أن تؤثر هذه الأزمة على الأنظمة السياسية، المخاطر التي قد تواجه البلدان المجاورة، وكذلك بعض الفرص التي قد تتيحها هذه الجائحة لحل عدد من المشاكل والصراعات التي تعصف بالمنطقة العربية.

الملخص

انتشرت جائحة كوفيد-19 في جميع أنحاء العالم في وقت تقع فيه المنطقة العربية تحت ضغوط كبيرة من مختلف الأنواع. من المحتمل أن تؤدي ردود فعل الدول العربية ضد التهديد الذي يمثله فيروس كورونا المستجد إلى تعقيد بعض المشاكل القائمة في المنطقة، خاصة في سياق دولي مليء بالتحديات. وقد ينتج عن ذلك أن تتحول الصعوبات الاجتماعية والاقتصادية إلى أزمات سياسية وأن تزيد حدة مطالب التغيير التي تنتشر عبر بلدان الشرق الأوسط والمغرب العربي. ما لم يتم توفير لقاح فعال ضد هذا الوباء، فإن التكلفة الاقتصادية والاجتماعية للقيود الصارمة التي تفرضها الحكومات العربية قد تكون باهظة الثمن، وقد لا تستطيع المجتمعات تحملها طويلاً.

التحليل

منطقة غير مهيأة لمكافحة مرض كوفيد-19

على الرغم من وجود اختلافات كبيرة بين الدول العربية الـ 22 من حيث أنظمتها الصحية والموارد المتاحة في مواجهة الوباء، فإن المنطقة ككل غير مهيأة للتعامل مع تأثير مرض معدي وقاتل كمرض كوفيد-19 الذي ينتشر بسرعة حول العالم. معظم سكان العالم العربي، والبالغ عددهم 435 مليون نسمة، يعيشون في بلدان حيث الخدمات الصحية التي تقدمها الدولة شحيحة أو فقيرة جداً أو غير موجودة عملياً. وترتبط الأسباب بنقص الموارد المادية، وارتفاع الإنفاق الحكومي في مجالات أخرى مثل الدفاع، والخلل في أداء مؤسسات الدولة، وسوء الإدارة، وهجرة الأدمغة، وانعدام الشفافية في نقل المعلومات وإدارة الأزمات، وقلة الثقة في السلطات، والنزاعات المسلحة، والنزوح السكاني جراء الحروب، وغيرها من الأسباب.

حتى الآن، يعتبر انتشار مرض كوفيد-19 في الدول العربية محدوداً، مقارنة بمناطق أخرى من العالم. ومع ذلك، فإن بعض الدول الأكثر تأثرا بفيروس كورونا المستجد تتواجد في الجوار المباشر للعالم العربي (في دول مثل إيطاليا وإسبانيا وإيران). بالإضافة إلى ذلك، تتمتع المنطقة بعلاقات تجارية وجيوسياسية وثيقة مع دول في أوروبا وأمريكا الشمالية وشرق آسيا، حيث لا يزال فيروس كورونا موجوداً أو في مرحلة الإنتشار. علاوة على ذلك، يرجع انخفاض عدد الحالات المؤكدة حتى الآن في البلدان العربية إلى انخفاض نطاق الاختبار من قبل خدماتها الصحية. بالإضافة إلى ذلك، هناك شكوك كثيرة حول أن السلطات في هذه البلدان لا تبلغ عن جميع المعلومات التي لديهم عن الإنتشار الفعلي للمرض.

من جانبها، حذرت منظمة الصحة العالمية في منتصف مارس/آذار من أن جائحة كوفيد-19 لم تصل بعد إلى ذروتها في الشرق الأوسط وشمال أفريقيا، محذرة من أنه يجب على المنطقة الاستعداد للأسوأ في أقرب وقت ممكن. كما اشتكت منظمة الصحة العالمية من أن دول المنطقة لم تقدم معلومات كافية عن حالات الإصابة على الرغم من خطورة الوضع، وحثتها على بذل جهود أكبر لمكافحة فيروس كورونا.

هناك العديد من العوامل التي قد تسهل الانتشار السريع لفيروس كورونا المستجد في المنطقة العربية، مثل العلاقات البشرية مع البلدان التي ضربها الوباء (إيران ودول أوروبا وشرق آسيا)، وارتفاع الكثافة السكانية في العديد من المدن العربية، وندرة وسائل الكشف عن حالات العدوى وعلاجها، والقرب الاجتماعي المرتبط بالثقافات العربية والمتوسطية، فضلاً عن ارتفاع نسبة الشباب ذوي الحركية العالية التي قد تسهم في انتشار الوباء في بيئاتهم الاجتماعية والأسرية.

ويجدر الإشارة هنا إلى أن المجتمعات العربية أصغر سناً بكثير من تلك الموجودة في مناطق أخرى من العالم. على سبيل المثال، العمر الوسيط (العمر الذي يقسم السكان إلى مجموعتين متساويتين من ناحية العدد) في الأردن هو 23,8، في مصر 24,6، في الجزائر 28,5 وفي المغرب 29,5، مقارنة بـ 47,3 في إيطاليا، 44,9 في إسبانيا و 38,4 في الصين. هذه الإحصائيات السكانية قد تقلل من الوفيات الناجمة عن الوباء في تلك البلدان، حيث يبدو أن كبار السن هم الأكثر عرضة للخطر. ومع ذلك، تتميز المنطقة العربية بمعدلاتها النسبية المرتفعة للأمراض الأخرى التي يمكن أن تزيد معدل الوفيات من جائحة كوفيد-19، مثل أمراض القلب والأوعية الدموية والسكري. بالإضافة إلى ذلك، ينتمي العديد من أفراد النخب الحاكمة في هذه البلدان إلى المجموعات الأكثر تعرضاً للخطر بسبب فيروس كورونا نتيجة لسنهم المتقدم.

كما هو الحال في أجزاء أخرى من العالم، استغرقت الحكومات العربية بعض الوقت قبل تقييم خطورة مرض كوفيد-19 واتخاذ خطوات للتخفيف من انتشاره ومن أجل احتواءه. ومع ذلك، بمجرد أن رأت آثار الوباء على بلدان أخرى، شهدت دول الشرق الأوسط وشمال أفريقيا بعضاً من أشد تدابير العزل والاحتواء، على الأقل على الورق. وتشمل هذه التدابير إغلاق الحدود، وإلغاء الرحلات الجوية، وإيقاف خطوط الطيران، وحجر السكان في منازلهم، وإغلاق أماكن العبادة، وحظر الصلوات الجماعية، وتعليق تصاريح العمل للأجانب، وإعادة السياح إلى بلدانهم. وقد تم فرض أشكال مختلفة من حظر التجول في عدة دول: حظر التجول الليلي في تونس منذ 18 مارس/آذار، وفي السعودية منذ يوم 23، وفي مصر منذ اليوم التالي؛ حظر تجول في مدينة بغداد منذ 17 مارس/آذار؛ وفي أشد الحالات، حظر تجول على مدار الساعة في الأردن اعتباراً من 21 مارس/آذار وحتى إشعار آخر. ومن المتوقع أن تزداد إجراءات الاحتواء على المدى القصير مع انتشار الوباء حول العالم.

الأثار الاجتماعية والاقتصادية

إلى جانب الصعوبات التي ينطوي عليها تنفيذ تدابير رقابة اجتماعية على نطاق واسع، حتى بالنسبة للأنظمة ذات القدرة القسرية العالية والطبيعة الاستبدادية، فإن التكلفة الاقتصادية والاجتماعية للقيود الصارمة التي تفرضها الحكومات العربية قد تكون باهظة الثمن، وقد لا تستطيع المجتمعات تحملها. في الحالات الأشد صعوبة، تلك التي يواجهها ملايين اللاجئين والنازحين داخلياً الذين يعيشون في مخيمات أو مساكن دون الحد الأدنى من شروط النظافة والصحة، يمكن أن تكون التكلفة البشرية ساحقة إذا وصل الوباء إليهم. ما لم يتم توفير لقاح فعال ضد مرض كوفيد-19، يمكن أن تصبح العديد من المناطق في الشرق الأوسط وشمال أفريقيا بؤر انتشار جديدة للفيروس الذي يسبب هذا المرض (SARS-CoV-2 )، مما قد يؤدي إلى عزلة المنطقة عن بقية العالم لفترة طويلة من الزمن في أسوأ الأحوال.

في غضون أسابيع قليلة أثرت جائحة فيروس كورونا على اقتصادات المنطقة بطريقة مباشرة، فقد تلقى قطاع السياحة الضربة الأولى مع إلغاء الكثير من الرحلات والخدمات السياحية في بعض الدول العربية التي تعتمد على السياحة كمورد أساسي للدخل ولخلق فرص العمل. بالإضافة إلى ذلك، فقد قامت المملكة العربية السعودية في 4 مارس/آذار بتعليق إصدار تأشيرات العمرة وكذلك زيارة الحرم النبوي في المدينة المنورة بسبب انتشار فيروس كورونا. ومن جهة أخرى، قد تضطر المملكة العربية السعودية لإلغاء موسم تأدية شعائر الحج والذي يحل موعده هذا العام أواخر شهر يوليو/تموز. ومن الجدير بالذكر أن العدد الإجمالي للحجاج يتجاوز الـ 20 مليون حاج سنوياً، مع جميع الأنشطة الاقتصادية التي تترتب عليه داخل وخارج المملكة العربية السعودية.

للحصول على فكرة أوضح حول أهمية قطاع السياحة على المستوى الاقتصادي والاجتماعي في بعض الدول العربية، فلا بد من معرفة أن هذا القطاع يساهم بشكل مباشر وغير مباشر بحوالي 15٪ من الناتج المحلي الإجمالي لمصر، و 14٪ في حالة الأردن، و 12٪ في تونس و 8٪ في المغرب. وبما أن السياحة قطاع يتطلب عمالة كثيرة، فإن الشلل شبه الكامل لنشاطها الاقتصادي بسبب الأزمة العالمية الناتجة عن فيروس كورونا يمثل ضربة قاسية للعمالة وسبل العيش لعدد كبير من الأسر. ويأتي هذا بعد أن تنبأت فيه التوقعات في بداية العام الحالي بنمو كبير في عائدات السياحة في جميع أنحاء المنطقة خلال عام 2020. ولكن في غضون أسابيع قليلة تحطمت هذه التوقعات التفاؤلية.

في غالبية الدول العربية تم تقليص أو وقف النشاط الاقتصادي ليشمل جميع المجالات تقريبا بعد اعتماد تدابير لمكافحة جائحة كوفيد-19. ويشمل ذلك إغلاق المحلات التجارية والخدمات غير الأساسية والمراكز التعليمية وأماكن العمل والأنشطة الترفيهية، مما يجعل سيناريو الانهيار الاقتصادي ممكناً، إما لقطاعات محددة أو لأنظمة إقتصادية وطنية. سيعتمد هذا إلى حد كبير على مدة الاضطراب الذي يسببه فيروس كورونا، وكذلك على السياسات الاقتصادية التي تتخذها الحكومات العربية لحماية الشركات والعمالة والقطاعات المنتجة في بلادها. ولن يساعد في تفادي الإنهيار حقيقة أن التراجع في الطلب المحلي سوف تتفاقم آثاره بسبب الركود العالمي المعلن، وذلك نتيجة انخفاض الطلب الخارجي من طرف الشركاء التجاريين الرئيسيين، وخاصة في أوروبا وآسيا.

وإن لم يكن كل هذا كافياً، فقد تفاقمت أزمة كوفيد-19 بسبب حرب أسعار النفط التي شنتها المملكة العربية السعودية في 7 مارس/آذار، والتي تسببت في سقوط سعر النفط الخام إلى أدنى مستوى منذ نحو 20 عاماً (حوالي 25 دولاراً للبرميل). وقد تسبب في ذلك انخفاض الطلب من الصين، المستورد الرئيسي للنفط السعودي، بمجرد أن أصابها فيروس كورونا، مما جعل السلطات السعودية تسعى إلى التوصل إلى اتفاق لخفض الإنتاج مع الدول الأخرى المنتجة للنفط. وقد أدى رفض روسيا لخفض إنتاجها إلى اتخاذ السعودية قرراً بزيادة إنتاجها وتقديم خصومات للمشترين من أجل الحصول على حصة أكبر من السوق. ورداً على ذلك قامت روسيا بدورها بزيادة إنتاجها من النفط. وقد أدى هذا العرض المفرط، الذي تزامن مع التباطؤ الاقتصادي الناجم عن جائحة كوفيد-19، إلى انهيار مفاجئ في أسعار النفط، وهو أمر لم يتم التنبؤ به في أي من التوقعات الرئيسية في بداية العام.

فيروس كورونا: عامل يؤدي إلى تفاقم المشاكل القائمة

بالنسبة للدول ذات الأنظمة الريعية التي تعتمد على الدخل الناتج عن بيع النفط والغاز، فإن الانخفاض الحاد في الأسعار في ذروة جائحة كوفيد-19 يشكل مشكلة كبيرة لميزانياتها العامة. هذا الوضع يؤثر بشكل مباشر على منتجي الطاقة في الخليج، ولكنه أيضاً يؤثر على دول أخرى مثل الجزائر. منذ أكثر من عام، شهدت الجزائر احتجاجات شعبية واسعة النطاق (تعرف بإسم الحراك) لم يسبق لها مثيل من حيث مدتها والموقف الحضاري الذي أظهره المتظاهرون على مدار 56 أسبوعاً متتالياً. وقد تم تعليق هذه المظاهرات في 20 مارس/آذار بسبب الزيادة في حالات الكوفيد-19 ولتجنب خطر العدوى في بلد يعاني من بنية تحتية صحية سيئة.

أظهر الحراك في الجزائر أن هناك شعور واسع الانتشار بأن النظام السياسي متصلب وأنه يتطلب إصلاحات عميقة لبناء دولة مدنية ترتكز على الفصل بين السلطات والحكم الرشيد. عندما كان في استطاعة حكام الجزائر الحصول على عائدات عالية من بيع المحروقات، فقد تمكنوا وقتها من شراء السلام الاجتماعي من خلال دعم السلع التموينية وإعطاء المنح المالية. ولكن مع الانخفاض الحاد المتوقع في الإيرادات هذا العام، إلى جانب الانخفاض المقلق في احتياطيات النقد الأجنبي، فإن التوقعات بالنسبة للجزائر خلال السنوات القليلة المقبلة لا تبعث على الطمأنينة. كل هذا مع رئيس جديد للجمهورية (عبد المجيد تبون) الذي فاز في انتخابات مشكوك فيها أجريت في 12 ديسمبر/كانون الأول. في الوقت الحالي لا يبدو أن شرعيته ورأس ماله السياسي سيكونان كافيين للمرحلة القادمة، والتي يمكن أن تشهد صعوبات متزايدة بسبب الاضطرابات الناتجة عن جائحة فيروس كورونا.

كما سيواجه المغرب من جانبه انخفاضاً كبيراً في الإيرادات في عام 2020، على الرغم من أن نطاقه غير معروف حتى الآن. وقد أعلنت المندوبية السامية للتخطيط في منتصف مارس/آذار أن هذا العام سيكون الأسوأ بالنسبة للاقتصاد المغربي منذ 1999، فبالإضافة إلى تراجع السياحة، يمكن للركود العالمي أن يقلل بشكل كبير من التحويلات التي يرسلها المغاربة العاملون في الخارج، خاصة في أوروبا، والتي تمثل أكثر من 6٪ من الناتج المحلي الإجمالي المغربي. ومن ناحية أخرى، فإن انخفاض الطلب الداخلي والخارجي، والذي سيعتمد مدى تأثيره على عوامل خارجة عن سيطرة السلطات المغربية، يتزامن مع انخفاض متوقع في الإنتاج الزراعي بسبب الجفاف، كما حدث بالفعل في عام 2019. في ظل هذه الخلفية، من المرجح أن يشهد المغرب تزايداً في الاحتجاجات الشعبية التي شوهدت في السنوات الأخيرة بسبب نقص الفرص واللامساواة الاقتصادية والتفاوت التنموي بين الجهات.

بالنسبة لتونس، فإن جائحة كوفيد-19 هو أول اختبار صعب للحكومة الجديدة التي تم تشكيلها في فبراير/شباط، بعد الانتخابات التي أجريت في 6 أكتوبر/تشرين الأول الماضي. تونس هي الديمقراطية الوحيدة في المنطقة العربية ولكنها تعاني من مشاكل اقتصادية مزمنة سيزيدها الوباء الحالي سوءاً بسبب انخفاض الدخل من السياحة والتجارة مع أوروبا. وقد أطلقت الحكومة التونسية، مثلها مثل الحكومة المغربية وغيرها من حكومات المنطقة، حملة تبرعات من السكان لتغطية النفقات التي لا تستطيع الدولة تقديمها من أجل مكافحة فيروس كورونا.

ومن جهتها، شهدت كل من العراق ولبنان مظاهرات منذ أكتوبر/تشرين الأول 2019 داعية إلى القضاء على الفساد ومطالبة بأن تؤدي الدولة وظائفها الأساسية. ولا يمكن للإخفاقات المتعددة لهاتين الدولتين إلا أن تسوء مع وصول الجائحة الجديدة، في غياب القادة السياسيين ذوي الشرعية والقدرة على حل المشاكل الهائلة التي تواجه هاتين الدولتين المتآكلتين بسبب الطائفية. من ناحية، يعاني العراق من انخفاض حاد في عائدات النفط بسبب حرب الأسعار التي شنتها السعودية مؤخراً. ومن ناحية أخرى، يواجه لبنان العديد من الأزمات المتزامنة والعميقة، بدءاً بالأزمة المصرفية التي دفعت البلاد إلى الإعلان عن أول تخلف عن سداد الديون في تاريخها في 7 مارس/آذار. وقد أدى الانخفاض الحاد في قيمة الليرة اللبنانية (فقدت أكثر من 40٪ من قيمتها منذ أكتوبر/تشرين الأول الماضي) ونقص العملة الأجنبية إلى إغلاق شركات وفقدان وظائف وتضخم الأسعار وصعوبات كبيرة في استيراد السلع الأساسية بما في ذلك المواد الطبية والصحية. وحتى قبل اندلاع أزمة كوفيد-19 كان الوضع في لبنان على حافة الكارثة.

كل من سوريا واليمن وليبيا تشهد صراعات مسلحة منذ سنوات وتخضع لجميع أنواع التدخلات الخارجية التي تغذي الحروب الأهلية. من اللافت للنظر أن هذه البلدان الثلاثة قد أعلنت عن عدد منخفض للغاية من الإصابات بفيروس كورونا. ربما يرجع ذلك إلى انخفاض نطاق الاختبار وكذلك حجب المعلومات من قبل الأطراف المتحاربة على جميع المستويات. ربما أحد التفسيرات هو أن مخاطر السفر في هذه البلدان يمكن أن تقلل من انتشار فيروس كورونا. ومع ذلك، فإن العواقب المحتملة ستكون مدمرة في حال تفشي المرض في هذه البلدان، خاصة بالنسبة لملايين اللاجئين والنازحين داخلياً الذين يفتقرون إلى الرعاية الصحية ووسائل الوقاية. في حال حدوث حالات طوارئ معقدة في مناطق النزاع أو في مخيمات اللاجئين في البلدان المجاورة فلن يكون من السهل إطلاقاً أن تتمكن المساعدة الدولية من احتواء الفيروس.

مصر هي أكبر دولة من حيث عدد السكان في المنطقة (يقتنها حوالي ربع سكان العالم العربي)، وقد سجلت واحدة من أعلى أعداد الإصابات بين الدول العربية وفقا لسلطاتها. ومع ذلك، فإن الإحصاءات الرسمية لا تقدم أي ضمان بشأن دقتها. ويبدو أن النظام المصري يؤكد ذلك بقراره طرد مراسلين من بعض وسائل الإعلام الدولية التي نشرت أنباء حول هذا الموضوع. وقد أظهرت وثيقة مسربة أن اثنين من كبار الضباط في القوات المسلحة المصرية توفيا نتيجة لإصابتهما بمرض كوفيد-19، مما يشير إلى أن الوباء أكثر انتشاراً مما هو معلن.

من الأرجح أن يكون التأثير الاقتصادي للوباء على مصر كبيراً بسبب انخفاض إيرادات السياحة، والهبوط المتوقع في حركة النقل البحري عبر قناة السويس وتضاؤل التحويلات المالية التي يرسلها المصريون من الدول المنتجة للنفط، وكل هذا سيؤثر على وصول العملات الأجنبية التي تحتاج إليها مصر بشدة لإستيراد مواد أولية وأغذية. وكذلك يمكن أن ينتشر فيروس كورونا بسرعة عبر المدن المصرية، خاصة في القاهرة، بسبب كثافتها السكانية العالية. وهناك أيضاً خطر أن ينتشر الوباء داخل السجون المكتظة في مصر، والمعروفة بظروفها الصحية السيئة.

وقد أظهرت أزمة كوفيد-19 الترابط القائم بين السكان والأنظمة الاقتصادية في كل من إسرائيل وفلسطين، بحيث أجبر انتشار الفيروس المسبب للمرض قادة إسرائيل والسلطة الفلسطينية وحماس على التعاون فيما بينهم من أجل منع انتشار العدوى على نطاق واسع بين سكان إسرائيل والضفة الغربية وقطاع غزة. أحد الدلائل على استثنائية هذا الوضع هو أن الحكومة الإسرائيلية سمحت لعشرات الآلاف من العمال الفلسطينيين من الضفة الغربية بالمبيت في إسرائيل وهو ما كان ممنوعاً سابقا طوال فترة الطوارئ الصحية من أجل تقليل المخاطر من العدوى. ومع ذلك فإن الخطر الأكثر إثارة للقلق يكمن في غزة، وهي واحدة من أكثر المناطق في العالم من حيث الكثافة السكانية. وتفتقر غزة إلى البنية التحتية الصحية وإمدادات المياه والكهرباء التي يحتاجها سكانها البالغ عددهم 1,8 مليون نسمة نتيجة للحصار الإسرائيلي وسوء الإدارة من قبل حكومة حماس المحلية والدمار الذي خلفته ثلاث حروب مع إسرائيل بين عامي 2008 و 2014.

فيما يخص الدول الست الأعضاء في مجلس التعاون الخليجي (الإمارات العربية المتحدة، البحرين، السعودية، عُمان، قطر والكويت)، فهي تمتلك موارد وأنظمة صحية أكثر كفاءة من بقية الدول العربية. ومع ذلك، فإن الاضطرابات الاقتصادية وانخفاض أسعار النفط يضعان مزيداً من الضغوط على مواردها المالية والخدمات العامة. وقد طبقت جميع هذه البلدان تدابيراً واسعة النطاق لاحتواء انتشار الوباء. ومع ذلك، هناك خطر كبير من الإصابة بالعدوى بين العمال الأجانب (في بعض دول الخليج العربي هؤلاء يمثلون غالبية السكان)، وخاصة أولئك الذين يعملون في قطاعات البناء والخدمات والذين يعيشون في ظروف مزدحمة لا تتوفر فيها الخدمات الصحية المناسبة.

من جهة أخرى، يمكن أن يكون لهذا الوضع الجديد تأثير كبير على قطاعات السياحة والنقل الدولي في دول الخليج، وكذلك على قطاع العقارات والفعاليات العالمية الكبرى التي ستقام في تلك المنطقة، مثل إكسبو 2020 في دبي، المقرر افتتاحه في 20 أكتوبر/تشرين الأول والذي يُتوقع أن يجذب 25 مليون زائر. وأيضاً، تتولى المملكة العربية السعودية هذا العام رئاسة مجموعة العشرين (G-20 )، وهو أمر ذو أهمية قصوى بالنسبة للحاكم الفعلي للبلاد (ولي العهد)، ولكن جائحة كوفيد-19 تمثل تحدياً ضخماً يجعل من الصعب أداء هذه الوظيفة بنجاح في وقت حرج بالنسبة للنظام الدولي.

الفرص في زمن الكوفيد-19

من الواضح أن دول الشرق الأوسط والمغرب العربي لا تتعاون حالياً فيما بينها لتقديم استجابات جماعية للتهديد الذي تمثله جائحة كوفيد-19 لجميع هذه الدول على حد سواء. وعلى الرغم من أن معظم سكان العالم العربي والبالغ عددهم حوالي 435 مليون نسمة خاضعون الآن لأشكال مختلفة من الحجر المنزلي، إلا أنه لم يكن هناك تنسيق حكومي بين بلدانهم ولم تعقد اجتماعات بين قادتهم ولا حتى عبر الإنترنت . ومن جهتها التزمت جامعة الدول العربية بصمت مطلق وكل ما استطاعت أن تفعله هو تأجيل القمة العربية التي كان من المقرر عقدها في الجزائر العاصمة يوم 30 مارس/آذار.

ومن الواضح أيضاً أن الدول العربية تضيع اليوم فرصة للتغلب على انقساماتها السياسية وللتعاون في مكافحة انتشار فيروس كورونا المستجد في المنطقة. ومع ذلك، لم يفت الأوان بعد لبدء تنسيق التدابير المتخذة على المستوى الإقليمي، وكذلك لإطلاق مبادرات للتعاون والدعم المتبادل على المستويات المادية والتقنية والمالية. وتشكل هذه الأزمة فرصة فريدة لجامعة الدول العربية لإظهار فائدتها، في الذكرى الـ 75 لتأسيسها، من خلال القيام بأكثر من مجرد إصدار بيانات الاستنكار والشجب. وبإمكان حالة الطوارئ الحالية أن تعمل أيضاً على إعادة تنشيط المبادرات الإقليمية مثل اتحاد المغرب العربي، الذي تأسس في عام 1989، والذي هو الآن في حالة شبه سبات.

الأزمة العالمية الناتجة عن جائحة كوفيد-19 تمثل فرصة لتغيير أسس التعاون الدولي بين المناطق التي من المحتمل أن تتضرر بشدة من الآثار الاقتصادية للوباء ومن الركود العالمي الذي يلوح في الأفق. يجب على الاتحاد الأوروبي أن يبدأ في التفكير الآن –حتى قبل انتهاء حالة الطوارئ الصحية– بشأن سبل إعادة إطلاق التعاون الأورومتوسطي، بالتزامن مع الذكرى الـ 25 لتأسيس مسار برشلونة. من المحتمل جداً أن تكون هناك حاجة إلى جهود وموارد كبيرة لإعادة الإعمار على جانبي البحر الأبيض المتوسط بعد انتهاء أزمة فيروس كورونا. وقد حان الوقت الآن لكي يثبت "الاتحاد من أجل المتوسط" ما إذا كان بإمكانه المساعدة في إخراج المنطقة بأسرها من أزمة عميقة، بالتعاون من مؤسسات إنمائية أخرى متعددة الأطراف. فإذا فشلت هذه المنظمة في ذلك، فإنها ستثبت عدم جدواها. وفي غضون ذلك، أعلن الاتحاد الأوروبي في أواخر مارس/آذار أنه سيمنح 450 مليون يورو للمغرب و 250 مليون يورو لتونس لمكافحة جائحة كوفيد-19 والتصدي للتحديات الاقتصادية الناتجة عنها. ومن المؤكد أن هذه بداية جيدة، لكنها لن تحقق غرضاً كبيراً إذا لم يصاحبها جهد إقليمي وعالمي لإعادة إعمار البلدان على جانبي البحر الأبيض المتوسط.

المنطقة العربية شهدت احتجاجات شعبية وثورات ضد العديد من الأنظمة طوال العقد الحالي بسبب إخفاقاتها الاقتصادية وإدارتها غير الفعالة وممارساتها الفاسدة وأساليبها الاستبدادية. موجات "الصحوة العربية" المتتالية التي اجتاحت معظم الدول العربية (خاصة بدءاً في عامي 2011 و 2019) نتجت بشكل رئيسي عن تردي وضع الأمن الاقتصادي وتدهور أنظمة الحماية الاجتماعية. الخطر الرئيسي الآن هو أن تؤدي جائحة كوفيد-19 إلى تقويض ما تبقى من الأمن الاقتصادي وأنظمة الحماية الاجتماعية التي لا تزال قائمة. مما لا شك فيه أن هذا الوباء نفسه يوفر فرصة للتفاوض على عقود اجتماعية جديدة في الدول العربية في وقت أدى فيه فيروس (SARS-CoV-2 ) إلى تعليق الاحتجاجات في دول المنطقة. ولكن للأسف لا توجد مؤشرات على حدوث ذلك في المستقبل القريب. من المعروف أن العديد من البلدان العربية الأكثر اكتظاظاً بالسكان تعيش تحت ضغوط اقتصادية واجتماعية هائلة. قد تعمل حالة الطوارئ الصحية الحالية على تقليل تلك الضغوط بشكل مؤقت، ولكن إذا استمرت حرارة الإحتجاجات في الارتفاع، فقد ينفجر هذا الغطاء بمزيد من الضراوة عندما تنتهي هذه الأزمة، خاصة إذا تراكمت المزيد من الإخفاقات من قبل الدول العربية نتيجة سوء إدارتها للأزمة الصحية والعواقب الاقتصادية المترتبة على الركود المحلي والدولي.

فرصة أخرى قد تفتحها حالة الطوارئ الصحية الحالية هي وقف القتال في المناطق التي تعاني من الصراع المسلح مثل اليمن وسوريا وليبيا والعراق وغزة. يجب استخدام هذه الأزمة لتغيير مسار الصراعات، أولاً عن طريق وقف انتشار فيروس كورونا (الذي يهدد جميع الأطراف المتحاربة) ثم عبر اتخاذ تدابير لبناء الثقة وخطوات نحو حل تلك النزاعات. ولا ينبغي للمجتمع الدولي أن يهمل هذه الفرص التي قد تولد الآن. وفي هذا السياق، دعا الأمين العام للأمم المتحدة، أنطونيو غوتيريس، يوم 23 مارس/آذار إلى "وقف إطلاق نار عالمي فوري في جميع أنحاء العالم"، مذكّراً بأن الوقت قد حان "لوضع النزاع المسلح في مكان مغلق والتركيز معاً على القتال الحقيقي في حياتنا".

اﻟﺧﻼﺻﺔ

مرض كوفيد-19 –والذي هو أخطر جائحة تصيب العالم منذ أكثر من قرن– جاء ليهز الدول العربية بشدة. يأتي ذلك في وقت تعيش فيه المنطقة تحت ضغوط كبيرة بسبب ضعف أنظمة الحماية الاجتماعية وارتفاع معدلات البطالة خاصة بين الشباب. هذه هي بعض العوامل التي أدت إلى احتجاجات شعبية كبيرة وثورات ضد الأنظمة في العديد من البلدان العربية خلال العقد الحالي. في حال حدوث انتشار واسع النطاق لجائحة كوفيد-19 فسيكون له آثار سياسية واقتصادية وأمنية من شأنها أن تؤدي إلى المزيد من زعزعة الاستقرار في هذه المنطقة المضطربة.

حتى الآن تفاوتت الاستجابة للوباء بشكل كبير بين دول الشرق الأوسط والمغرب العربي، على الرغم من أن معظمها قد اتخذ تدابير وقائية تشمل الحجر الاجتماعي ووقف الكثير من الأنشطة الاقتصادية. على الرغم من أن البيانات الرسمية تشير إلى انتشار محدود مقارنة بمناطق أخرى من العالم، إلا أن الحكومات العربية تدرك أن بعض بؤر تفشي فيروس كورونا المستجد موجودة في جوارها المباشر (في دول مثل إيطاليا وإسبانيا وإيران). بالإضافة إلى ذلك، تتمتع المنطقة بعلاقات تجارية وجيوسياسية وثيقة مع دول في أوروبا وأمريكا الشمالية وشرق آسيا، حيث لا يزال فيروس كورونا موجوداً أو في مرحلة الإنتشار. علاوة على ذلك، يجب توخي الحذر عند أخذ البيانات الرسمية التي تقدمها الحكومات العربية، وذلك بسبب احتمال اخفائها للمعلومات وأيضاً بسبب ندرة وسائل الكشف عن حالات الإصابة والوفيات.

لا يزال من المبكر التكهن بالأثر الذي ستتركه جائحة كوفيد-19 على دول الشرق الأوسط والمغرب العربي، ولكن توجد أدلة كافية على أنه سيكون لها تكلفة اقتصادية عالية والعديد من التبعات الاجتماعية والسياسية. ما لم يتم تسويق لقاح فعال ضد هذا المرض، فأن الدول العربية ستواجه، مثلها مثل دول أخرى كثيرة في العالم، معضلة كبيرة: إما أن تخفف من تدابير الوقاية التي لها تكلفة اجتماعية واقتصادية عالية، مما يفتح الباب لمزيد من الإصابات والوفيات، أو أن تحافظ على هذه التدابير بينما يتدهور الاقتصاد وتزداد الاضطرابات الاجتماعية. في انعدام آليات المشاركة السياسية من قبل المواطنين ومساءلة من هم في السلطة، فإن إدارة هذه المرحلة الطارئة قد تزيد من تردي العلاقة بين الدولة والمجتمع.

ستكون النتيجة النهائية لهذه الأزمة بالنسبة للدول العربية مشروطة بعدة عوامل مثل مدة حالة الطوارئ الصحية الدولية، وفعالية السياسات الحكومية حيثما وجدت في التخفيف من آثارها الصحية والاجتماعية والاقتصادية، وتقييم المواطنين لأداء حكامهم، من بين أمور أخرى. ومع ذلك، في ظل الديناميكيات العالمية السريعة التغير، فإن العديد من العوامل التي ستحدد نهاية هذه الأزمة تخرج عن سيطرة الحكومات العربية، لأنها تعتمد على الوضع العالمي الذي يحدد بدوره العديد من مصادر دخل هذه الدول (الطاقة والتجارة والسياحة والنقل وما إلى ذلك) وفرص العمل التي قد تتوفر لسكانها.

قد تكون جائحة كوفيد-19عاملاً يؤدي إلى تفاقم المشاكل القائمة وإشعال الصراعات في المنطقة العربية، ولكنها أيضاً يمكن أن تمثل فرصة لزيادة التعاون الإقليمي والتحرك نحو الحكم الرشيد وتغيير مسار النزاعات المسلحة التي تعصف اليوم بالعديد من البلدان في المنطقة. ومن المرجح ألا يكون الوباء الناجم عن فيروس كورونا المستجد هو آخر التحديات العالمية التي ستواجهها الأجيال الشابة في الدول العربية، مما يجعل التعاون بين دولهم أكثر إلحاحا وكذلك الاستعداد بشكل أفضل لمواجهة التحديات العالمية القادمة.

ربما تكون هذه هي المرة الأولى في تاريخ الدول العربية التي تواجه فيها خطر عدو مشترك مرض معدي وقاتل ذو انتشار عالمي لا يأتي من دولة أو جيش. وكذلك، لا توجد سوابق لتهديد مشترك لا ينبثق من صراعات على السلطة أو تحالفات تمليها حسابات جيوسياسية.

من الواضح أن الطريقة التي ستدير بها الدول العربية الأزمة الصحية والاقتصادية الناتجة عن جائحة كوفيد-19 ستحدد مستقبل المنطقة وسيكون لها آثار قوية على دول الجوار. إذا استطاعت الأنظمة العربية أن تدير هذه الأزمات بدرجة مقبولة من النجاح، فسيمكن لها أن تخرج معززة من هذا الوضع. وعلى العكس من ذلك، إذا لجأت هذه الأنظمة إلى التكتيكات المعتادة في المنطقة عند التعامل مع الكوارث (إنكار الأدلة، الإستجابة بطريقة غير منسقة ومتأخرة، البحث عن اللوم في الخارج وإطلاق العنان لطابعها الاستبدادي)، وقتها سيكون بمقدور فيروس كورونا أن يعمق الشروخ وأن يفاقم المشاكل التي تعانيها المنطقة العربية، مما سيخلق عدم استقرار لها ولجيرانها في أسوأ وقت ممكن.

هيثم عميره فرناندث
اﻟﺑﺎﺣث اﻟرﺋﻳﺳﻲ ﻓﻲ ﻗﺳم اﻟﻣﺗوﺳط واﻟﻌﺎﻟم اﻟﻌرﺑﻲ ﻓﻲ معهد إلكانو الملكي للدراسات الدولية والاستراتيجية في مدريد
تويتر: @HaizamAmirah

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<![CDATA[ La importancia de las divisiones sociopolíticas en la (no) formación de gobierno en Israel ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari15-2020-priego-importancia-de-divisiones-sociopoliticas-en-la-no-formacion-de-gobierno-en-israel 2020-02-23T06:31:46Z

El elemento clave de la inestabilidad política de Israel son las divisiones sociopolíticas o cleavages que conforman su sociedad.

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Tema

El elemento clave de la inestabilidad política de Israel son las divisiones sociopolíticas o cleavages que conforman su sociedad.

Resumen

El pasado 11 de diciembre la Knéset aprobaba –por segunda vez en 2019– su autodisolución. Ni las elecciones celebradas en abril, ni las celebradas en septiembre han servido para conformar una mayoría suficiente (61 diputados) sobre la que sustentar a un ejecutivo. Los dos grandes partidos –el Likud y la coalición Azul y Blanco– no han logrado aglutinar los apoyos necesarios para evitar la celebración de unas nuevas elecciones (el 2 de marzo de 2020) que serán las terceras en un período de sólo 11 meses. La extrema pluralidad de la sociedad israelí y su consiguiente fragmentación parlamentaria, han provocado que Israel viva en una interinidad nunca conocida.

Este análisis pretende dar a conocer la situación política actual de Israel y como ésta afecta tanto a la política exterior de Israel como a la estabilidad de toda la región. Para ello se dividirá el documento en las siguientes partes: (1) debido a sus particulares condiciones, se analizará sucintamente el sistema político israelí para entender mejor lo que está ocurriendo en Israel; (2) se revisarán los elementos que llevaron a la convocatoria electoral de abril, sus resultados y cuáles fueron las condiciones que provocaron la disolución de la Knéset; y (3) se evaluarán las elecciones de septiembre atendiendo a la campaña, a los resultados y, sobre todo, a las consecuencias que se derivan de este proceso. En este punto, se prestará atención especial a las divisiones sociopolíticas o cleavages que conforman la sociedad israelí ya que, bajo mi punto de vista, son el elemento clave de la inestabilidad política de Israel.

Análisis

(1) El sistema político israelí1

Si bien es cierto que el Estado de Israel cuenta con un sistema parlamentario, éste posee algunas particularidades que deben ser tenidas en cuenta ya que en buena medida están en la base de su ajetreada vida política.

El del Estado de Israel es un sistema parlamentario unicameral (Knéset) donde el presidente (Nesí Hamediná) propone a un candidato a primer ministro (Rosh HaMemshala) que debe lograr la confianza de la cámara, cuya mayoría se sitúa en 61 escaños. Si bien es cierto que desde su creación Israel ha mantenido este procedimiento clásico, como consecuencia de los reiterados momentos de bloqueo político, en la década de los 90 Israel introdujo la elección directa del primer ministro con un procedimiento similar al de los regímenes presidenciales. Esta modificación constitucional no se mantuvo ya que, al contrario de lo que se creía, no logró los objetivos esperados y lamentablemente el bloqueo político continuó.

También es necesario mencionar que la circunscripción electoral en Israel es única y que además adoptó el sistema D’Hondt como forma de reparto de escaños. Para evitar la hiper-fragmentación de la Knéset, la representación de los pequeños partidos está limitada por una barrera electoral del 3,25% que, en la práctica, se suele traducir en cuatro escaños.2 La realidad es que, tras más de 70 años de existencia, Israel nunca ha conocido una mayoría absoluta, por lo que siempre ha necesitado de pactos postelectorales para conformar ejecutivos. Es por esta razón por la que los pactos en Israel poseen “rango de ley” y, por tanto, los partidos tienen que respetarlos o bien salirse de la coalición gubernamental en el caso de no estar dispuestos a cumplirlos. Esto fue lo que ocurrió con Yisrael Beitenu al final de la legislatura de 2015 y que dio lugar a la situación actual.

En lo que al sistema de partidos se refiere, aunque Israel siempre ha sido claramente multipartidista, eso no quita para que haya habido períodos en los que determinados partidos políticos hayan tenido un peso específico en el sistema. Por ejemplo, desde su creación en 1947 y hasta 1977, el Partido Laborista o Ha’Avoda3 dominó todos y cada uno de los gobiernos de Israel, aportando líderes tan carismáticos como David Ben Gurion y Golda Meier. Por otro lado, desde finales de los 70 hasta finales de los 80 fue el Likud quien dominó la esfera pública, transformando tanto la concepción de la seguridad como la economía del país. Ya en el siglo XXI la tónica no ha sido muy distinta y el Likud (2001-2006 y 2009-2019) y su escisión Kadima4 (2006-2009) han sido los dominadores de la política israelí. Ahora, tras el fracaso de Netanyahu por formar gobierno, está por ver si esta dinámica se mantiene o si entramos en un período nuevo.

Otro elemento que debemos incluir en esta introducción es la heterogénea composición de la Knéset. La principal causa de la hiper-fragmentación han sido las diferentes oleadas de inmigrantes (olim) que han ido “formando” la diversidad del pueblo de Israel. Su población presenta una naturaleza tan plural que hace de su sociedad una de las más heterogéneas y, por tanto, ricas del mundo. Son muchos los colectivos sociales en los que se puede dividir la sociedad israelí (árabes, etíopes, askhenazíes, haredíes, seculares, etc.), lo que traducido al plano político genera una serie de divisiones sociopolíticas o cleavages5 que, si bien es cierto que aportan un interesante pluralismo político al configurar partidos políticos muy variopintos, también hace muy complicada la gobernabilidad del país. Así, podemos destacar los siguientes seis cleavages como principales dentro de la sociedad israelí: (1) el nacional; (2) el religioso; (3) el étnico; (4) la seguridad nacional; (5) la inmigración; y (6) la organización económica y social.

(1.1) Nacional

La primera y más importante de las fracturas que presenta Israel es la división entre la población judía (75%) y los árabes6 (21%). Si bien es cierto que todos son ciudadanos del Estado de Israel, los árabes se quejan por ser tratados en muchas ocasiones como ciudadanos de “segunda clase”7 y, sobre todo, por sentir que tanto su compromiso como su lealtad con Israel se pone en cuestión8 en demasiadas ocasiones. Sin ir más lejos, en las elecciones de septiembre de 2019 Netanyahu propuso instalar cámaras en los colegios electorales árabes para “vigilar” que no se producían irregularidades en el proceso electoral.

Así, como consecuencia del cleavage nacional encontramos el surgimiento de diferentes partidos árabes-israelíes –Balaad y Ta’al– que en los comicios de 2015 y en los de septiembre de 2019 se presentaron en una sola candidatura, aunque habitualmente lo hacen por separado.

Precisamente sobre este cleavage ha girado uno de los asuntos más controvertidos de las dos campañas: la legalidad o no de las mencionadas cámaras de seguridad en los centros de votación de mayoría árabe.

(1.2) Religioso

El Estado de Israel tiene una relación muy particular con la religión judía. Tal es así, que autores judíos seculares como Gideon Levy han calificado a Israel de “semiteocracia”9 basándose en hechos tales como que algunas “leyes religiosas” sean obligatorias en todo el país.10 De hecho, la ruptura de la coalición liderada por el primer ministro Netanyahu vino propiciada por una controvertida proposición de ley que extendía el reclutamiento obligatorio a los estudiantes de las yeshivás.

Es necesario precisar que este cleavage no debe ser entendido como una división entre judíos religiosos y seculares sino más bien entre los ortodoxos (haredim)11 y el resto12 de la población ya que, debido a la participación de partidos religiosos en buena parte de los gobiernos, desde el Estado se ha privilegiado la corriente ultraortodoxa13 frente a las otras más moderadas, como la reformista y la conservadora.14 Es por esto por lo que en Israel encontramos partidos religiosos como el Shas y la coalición Yahadut Hatorah Hameuḥedet,15 cuyos programas han estado centrados en el mantenimiento de la intencionada confusión entre iglesia y Estado. Este grupo de partidos ha sido calificado por Galnor y Blander16 como el grupo de la Halakha17 por su especial atención a la observancia de las normas religiosas.

Frente a estos partidos religiosos estarían los que apuestan por la separación radical entre iglesia y Estado, donde encontramos tanto a los tradicionales (Likud, HaAvoda) como aquellos surgidos en los últimos años (Yisrael Beitenu, Kulanu, Meretz y Yamina), cuyas posiciones están cercanas laicismo radical. Este cleavage provoca un choque frontal de propuestas que conduce irremediablemente a situaciones como las ocurridas en septiembre y abril, haciendo imposibles las coaliciones de gobierno.

En las dos campañas de 2019 los partidos religiosos han defendido vehementemente sus posiciones, lo que ha hecho imposible conformar una coalición tanto en el bloque de la derecha como en el de la izquierda.

(1.3) Étnico

En lo que a la composición étnica de la población judía de Israel se refiere, podemos hacer una diferencia entre los mizrachi, o judíos procedentes del Norte de África y Oriente Medio, y los azkenazíes, cuyo origen lo tenemos que buscar en Europa Central y Oriental. Si bien los mizrachi han sufrido cierta discriminación basada en la asunción de estereotipos tales como personas excesivamente cálidas, poco formadas y con escasas habilidades profesionales, por su parte los azkenazíes han sabido cultivar una imagen mucho más benigna de su comunidad.

En la práctica, los azkenazíes han disfrutado de un mejor nivel socioeconómico gracias a la promoción de una autoproclamada superioridad cultural y política. Como forma de defensa de los intereses de los mizrachi, en 1984 se produjo una escisión del partido Agudat Israel que cristalizó en la formación del partido Shas, cuya base electoral se centró en la población sefardí del Norte de África. Además de las diferencias étnicas, sus postulados económicos se diferenciaban de los del resto de partidos religiosos al poner un mayor acento en las posiciones sociales como forma de reducir las diferencias económicas existentes entre sefardíes y askenazíes. Este hecho se ha traducido en una mayor cercanía del partido Shas a los laboristas.

Por su parte, los askenazíes tradicionalmente han votado al partido de los judíos hasídicos Agudat Israel y en menor medida a su escisión mitnagdí Déguel HaTorá, que en la actualidad conforman la coalición Yahadut HaTorah.

(1.4) Seguridad nacional

La seguridad nacional es uno de los aspectos que más, por no decir el que más, influye en la política de Israel. Tanto las complejas relaciones con los palestinos como sus siempre convulsas relaciones con los países árabes han generado profundas divisiones en la clase política israelí. Así, podemos distinguir entre los postulados duros de los denominados “halcones” y aquellos que plantean opciones más cooperativas, las “palomas”. En buena medida, el nacimiento y posterior desarrollo del Likud se explica gracias a este cleavage, ya que sus posiciones en seguridad nacional son mucho más extremas que las de HaAvoda. Sin embargo, en las últimas elecciones la coalición Kahol ve Lavan (Azul y Blanco) ha planteado opciones de seguridad muy similares, restando por ello parte de su electorado tradicional al Likud. De hecho, si bien es cierto que durante las campañas electorales de abril y septiembre el líder de Kahol ve Lavan, Benny Gantz, ha mantenido una intencionada ambigüedad respecto de la anexión del Valle del Jordán, recientemente ha admitido su voluntad de llevarlo a cabo en el caso de alcanzar el gobierno en marzo.22

Es en este cleavage en el que debemos encuadrar los debates sobre la aceptación o no de dos Estados (uno palestino y otro israelí) y, sobre todo, las anexiones de las zonas controladas por Israel en Cisjordania, cuestión sobre la que también son muy activos los partidos sionistas –HaBait HaYehudi y Tkuma–,23 que en 2019 formaron la coalición Yamina.

(1.5) Inmigración

La inmigración conforma un cleavage que gira en torno a las diferentes oleadas de inmigrantes (aliyah) que han llegado a Israel. En lo que a la inmigración se refiere, la sociedad israelí divide a su población entre aquellos judíos que conformaban el Yishuv,24 a los que se unen los que llegaron en las primeras décadas de la existencia de Israel, y aquellos otros inmigrantes más tardíos que llegaron sobre todo procedentes de la antigua Unión Soviética y en menor medida de América Latina. El caso más claro de partido formado sobre la base de este cleavage es el liderado por Avigdor Liberman –Yisrael Beitenu–, cuya base electoral es esencialmente población procedente de la ex Unión Soviética.

En líneas generales sus postulados respecto a la economía, a la cuestión palestina y a la presencia pública de la religión son diferentes a aquellos que poseen los que descienden de familias del Yishuv.

(1.6) Organización económica y social

Israel ha pasado de ser una economía con un alto grado de intervención pública, a ser uno de los Estados más liberales del mundo. La primera transformación llegó a finales de los 70 con el Likud y la siguiente llegó en la presente década con el boom tecnológico promovido por los gobiernos Netanyahu. Este cleavage ha provocado por un lado el surgimiento de partidos como Kulanu, que abogan por una mayor liberalización económica, y por el otro de formaciones como Meretz, que han recogido el malestar del movimiento de “los indignados” para entrar en las instituciones israelíes.

Precisamente, estos partidos han centrado la campaña en asuntos tales como el mantenimiento del Estado del bienestar, la reducción de la desigualdad o el papel que debe tener el Estado en la economía de Israel.

Los cleavages aquí esbozados son, en mi opinión, la base sobre la que los diferentes partidos políticos israelíes fijan sus posiciones en relación con los asuntos que preocupan y afectan a la sociedad israelí. Estas posiciones son las que marcan la compatibilidad entre los diferentes partidos y, por tanto, las que determinan la viabilidad o la imposibilidad de formar coaliciones de gobierno.

Figura 1. Relación entre los cleavages y los partidos políticos en Israel
  Cleavage Cleavage Cleavage Cleavage Otros25
Cámaras de Seguridad (colegios árabes) Reclutamiento de Haredim Uniones civiles no autorizadas por rabinos Transporte público en Sabbat Solución dos Estados Anexión Zonas C de Cisjordania Economía neoliberal Sentencias Tribunal Supremo Inmunidad por corrupción
Kahol ve Lavan X V V V ¿? ¿? X X X
Likud V ¿? X X X V V V V
Lista Unida X N/D V V V X X X X
Shas V X X X N/D ¿? X V V
Yisrael Beitenu V26 V V V X V V V X
Yahadut Hatorah V X X X N/D ¿? X V V
Yamina V ¿? ¿? X X V V V V
Ha’Avoda-Gesher X V V V V X X X X
Unión Democrática X V V V V X; X X X
Fuente: elaboración propia con información del Jerusalem Post.

(2) El año electoral

En el pasado año 2019 se celebraron en Israel dos elecciones parlamentarias. Los principales temas sobre los que giraron las dos campañas electorales, tanto la de abril como la de septiembre, fueron los siguientes:

  1. La instalación de cámaras en los colegios electorales donde votan los árabes-israelíes. Durante las elecciones de abril salió a la luz que miembros del Likud habían instalado ilegal y secretamente cámaras en los colegios de mayoría árabe. El argumento para llevar a cabo esta medida era asegurarse de que los comicios se desarrollaban de forma legal, lo que ponía en cuestión la lealtad de los árabes con el Estado de Israel. Durante la segunda campaña, el Likud trató de “legalizar” la medida aprobando una ley en la Knéset, propuesta que fracasó al no encontrar los apoyos necesarios.
  2. Asuntos relacionados con la secularidad del Estado. Uno de los asuntos que más divide a la sociedad israelí es el compromiso de los estudiantes de las yeshivás con las Fuerzas de Defensa Israelíes (IDF). De hecho, la propuesta de Avigdor Lieberman para que el alistamiento fuera obligatorio fue lo que propició el colapso del último gobierno de Netanyahu. Mientras que el Likud y los partidos religiosos siguen defendiendo su exención, la izquierda y los partidos seculares abogan por una igualdad de todos los ciudadanos ante la obligatoriedad del servicio militar. Junto a este tema también se puso en cuestión que los rabinos siguieran manteniendo el monopolio de la celebración de matrimonios y que el transporte público no funcionara durante el Sabbat.
  3. Asuntos de seguridad. Casi de forma permanente la cuestión de “los dos Estados” ocupa una parte importante de los debates electorales en Israel. Si bien es cierto que el Likud no niega expresamente la posibilidad de que existan dos Estados, sus políticas en Cisjordania lo hacen cada vez más difícil. Entre estas medidas estarían las promesas realizada por Netanyahu de anexionarse la Zona C de Cisjordania.27 Si bien es cierto que sobre la anexión de la zona C sólo Lieberman ha secundado a Netanyahu, sobre la cuestión de los dos Estados los partidos políticos mantienen posiciones intencionadamente difusas.
  4. Política económica neoliberal. Israel es uno de los Estados que más ha liberalizado su economía. Si bien hasta los 70 su economía era esencialmente agrícola y el Estado tenía un papel muy importante, desde la llegada al poder del Likud, Israel ha vivido un proceso de liberalización económica cuya culminación ha sido la transformación digital emprendida por los diferentes gobiernos de Netanyahu. Esta liberalización ha llevado a Israel a ser el país de la OCDE con mejores cifras macroeconómicas, pero al mismo tiempo la sociedad Israel ha tenido que acostumbrarse a unas cifras de desigualdad no conocidas hasta el momento.

Estos cuatro asuntos han centrado los debates electorales de abril y septiembre. Sin embargo, no debemos verlos como hechos aislados, sino como cuestiones que se enmarcan en los diferentes cleavages que desde hace años están presentes en la sociedad israelí.

(2.1) Las elecciones de abril de 2019

El ciclo electoral comenzó el pasado 9 de abril, cuando Israel celebró unas elecciones anticipadas que ponían fin de forma apresurada al último gobierno de Netanyahu. Las desavenencias entre los partidos que formaban la heterogénea coalición de gobierno provocaron que el 24 de diciembre de 2018 el primer ministro Benjamín Netanyahu disolviera la Knéset acabando así con el que era su cuarto gobierno. Además de reforzar su ejecutivo, con esta medida Netanyahu pretendía ganar tiempo y, por tanto, evitar que su reelección coincidiera con el inicio de su horizonte penal.

Figura 2. Israel: resultados electorales de las elecciones de abril
  % de votos Escaños Diferencia con 2005 Favorable a Netanyahu
Likud 26,46 35 +5
Kahol ve Lavan 26,13 35 +24 No
Shas 5,99 8 +1
Yahadut Hatorah 5,78 8 +2
Jadash/Ta'al 4,49 6 +6 No
Ha‘Avoda 4,43 6 -13 No
Yisrael Beitenu 4,01 5 -1 No
Derecha Unida 3,70 5 -3
Meretz 3,63 4 -1 No
Kulanu 3,54 4 -6
Balaad 3,34 4 -3 No
Fuente: Comité Electoral Central.28.

A pesar de que las encuestas apuntaban a que el Likud podría formar gobierno con la ayuda de los partidos religiosos y de Yisrael Beitenu, tal y como se aprecia en la Figura 3, las desavenencias por los “asuntos religiosos” y, en menor medida, la corrupción, hicieron imposible un ejecutivo de coalición formado por la derecha laica (Likud, Yisrael Beitenu) y por los partidos religiosos (Shas y Yahadut Hatorah).29

Figura 3. Cleavages insalvables para una coalición de gobierno (abril)
Figura 3. Cleavages insalvables para una coalición de gobierno (abril). Fuente: elaboración propia a partir de información publicada por el Jerusalem Post
Fuente: elaboración propia a partir de información publicada por el Jerusalem Post.

Por ello, la estrategia de Netanyahu, lejos de reforzar su mayoría parlamentaria, ha provocado una situación nunca conocida en Israel: la imposibilidad de formar un gobierno tras la celebración de dos procesos electorales.

(3) Las elecciones de septiembre de 2019

Tras la nueva disolución de la Knéset se convocaron elecciones para el 17 de septiembre. Si bien los dos grandes partidos no presentaron cambios sustanciales en sus candidaturas,30 otras formaciones como los laboristas o la izquierdista Meretz sí que lo hicieron. Por el lado de la izquierda los laboristas volvieron al liderazgo de Amir Peretz, y por su parte Meretz se unió con Ehud Barack bajo una coalición que llevaba por nombre Unión Democrática. En lo que a la derecha se refiere, por un lado, la derecha radical31 se unió en una heterogénea coalición electoral (Yamina) y, por otro, el partido de Moshe Kahlon –Kulanu– se integró en el Likud bajo la promesa de que ocuparía la cartera de finanzas en un futuro gobierno. Quizá el cambio más radical ocurrió en la comunidad árabe-israelí, cuando los partidos árabes (Jadash, Taal y Baalad), para evitar un nuevo gobierno de Netanyahu, decidieron presentarse a las elecciones en una sola coalición denominada Lista Conjunta.

Como muestra la Figura 4, los dos grandes partidos, especialmente el Likud, fueron los únicos que empeoraron sus resultados respecto a abril. Sin embargo, en lo que a los bloques se refiere, las diferencias no fueron significativas, lo que se tradujo de nuevo en la nueva imposibilidad para la formación de gobierno.

Figura 4. Israel: resultados electorales de septiembre de 2019
  % de votos Diferencia con abril Escaños Diferencia con abril
Kahol ve Lavan 25,93 -0,2 33 -2
Likud 25,09 -1,37 32 -3
Lista Conjunta 10,62 +2,79 13 +3
Shas 7,44 +1,45 9 +1
Yisrael Beitenu 6,99 +2,98 8 +3
Yahadut Hatorah 6,06 +0,28 7 -1
Yamina 5,88 +2,18 7 +1
Ha’Avoda-Guesher 4,80 +0,37 6 0
Unidad Democrática 4,34 +0,71 5 +1
Fuente: Comité Electoral Central.32

A pesar de que la coalición Kahol ve Lavan fue la lista más votada, el 25 de septiembre el presidente de Israel encargó a Netanyahu la formación de gobierno ya que los apoyos del Likud (55), sin alcanzar los ansiados 61 escaños, eran mayores que los presentados por la lista más votada (54).33 La situación de partida no era muy diferente a la de abril: Netanyahu contaba con el apoyo de su propio partido (32), con el de los ortodoxos, con el Shas (nueve) y con Yahadut Hatorah (siete) y, por último, con los de Yamina (siete). Sin embargo y, a pesar de los esfuerzos realizados por Netanyahu durante las cuatro semanas que duró su mandato de formación de gobierno, el primer ministro no fue capaz de convencer a Lieberman para que apoyara su candidatura. Si bien las desavenencias sobre los asuntos religiosos seguían bloqueando la negociación, en esta ocasión fue la acusación formal34 dictada por el fiscal general Mandelblit contra Netanyahu, la que cerró definitivamente la puerta de un gobierno de coalición liderado por el actual primer ministro.

El 21 de octubre Netanyahu comunicó al presidente Rivlin que no había logrado conformar una mayoría de 61 diputados, por lo que comenzaba el turno de Benny Gantz. Entre los apoyos que había logrado reunir la coalición Kahol ve Lavan (33) estaban, además de los de su propio partido, los de los Laboristas (seis) y los de la Unión Democrática (cinco). Pendientes estaban los 10 escaños de la Lista Conjunta de los árabes que, aunque rechazaron la opción de entrar en un futuro gobierno de coalición, se pusieron a disposición de Gantz para su investidura, aunque sería más correcto decir que se ofrecieron para evitar que Netanyahu volviera a liderar un gobierno.35 En el mejor de los casos, Gantz podría aglutinar un total de 54, muy lejos de los 61 necesarios para la investidura.

La mayoría de gobierno propuesta por Gantz además de insuficiente era altamente inestable ya que los partidos árabes plantearon dudas sobre la figura del propio Benny Gantz. Además de su vaguedad sobre la viabilidad de un hipotético Estado palestino, los árabes criticaron algunas declaraciones hechas por Gantz durante la campaña de abril donde presumía de haber devuelto a Gaza a la Edad de Piedra o de haber asesinado a más de 1.300 terroristas durante el tiempo que fue jefe del Estado Mayor del gobierno de Netanyahu. Recientemente, Gantz se ha mostrado favorable a la anexión del Valle del Jordán, lo que de cara a marzo puede complicar aún más su relación con los partidos árabes.

Figura 5. Cleavages insalvables para una coalición de gobierno (septiembre)
Figura 5. Cleavages insalvables para una coalición de gobierno (septiembre)Fuente: elaboración propia a partir de información publicada por el Jerusalem Post
Fuente: elaboración propia a partir de información publicada por el Jerusalem Post.

Siguiendo con las dificultades de Gantz para formar gobierno, también tenemos que mencionar que a pesar de contar con el apoyo de los partidos de izquierda y de los árabes, Gantz todavía necesitaba convencer a Lieberman para que le apoyase, ya que con los grupos anteriormente mencionados se quedaba a siete escaños de la mayoría absoluta.

Figura 6. Cleavages insalvables para una coalición de gobierno
Figura 6. Cleavages insalvables para una coalición de gobierno. Fuente: elaboración propia a partir de información publicada por el Jerusalem Post
Fuente: elaboración propia a partir de información publicada por el Jerusalem Post.

Si bien las discrepancias entre Lieberman y Gantz eran profundas en temas clave como la visión económica, el papel del Tribunal Supremo y el control sobre los ciudadanos árabes-israelíes, el principal obstáculo estribaba en que Gantz necesitaba el apoyo de los partidos árabes36 para formar gobierno. Para Lieberman, la única opción viable de gobierno pasaba por una coalición entre el Likud y Kahol ve Lavan,37 algo que ya había sugerido el presidente Reuvén Rivlin en los encuentros de septiembre38 cuando se iniciaron las conversaciones poselectorales. Aunque Benny Gantz rechazó formar parte de un gobierno en el que estuviera Netanyahu, este no era el único obstáculo que salvar ya que las discrepancias entre el Likud y Kahol ve Lavan todavía eran, y aún son, tan significativas que el acuerdo resultó imposible.

Figura 7. Cleavages insalvables para una coalición de gobierno
Figura 7. Cleavages insalvables para una coalición de gobierno. Fuente: elaboración propia a partir de información publicada por el Jerusalem Post
Fuente: elaboración propia a partir de información publicada por el Jerusalem Post.

Conclusiones

En el futuro inmediato, Israel se prepara para votar por tercera vez en menos de un año. Se trata de unas elecciones que nadie deseaba ya que todos los partidos, de una manera u otra, empiezan a sufrir el desgaste de tantas convocatorias electorales. Los desacuerdos son tan grandes que, tal y como dijo el presidente Rivlin, puede que no sea la última vez que los israelíes voten. El nivel de tensión es tal que hasta la propia fecha de los comicios ha sido un problema. Debido a los plazos marcados por la legislación israelí las elecciones deberían celebrarse entre el 2 y el 17 de marzo. En un primer momento se pensó en el 10 de marzo, aunque finalmente se descartó la fecha por coincidir ésta con la celebración del Purim, una efeméride que podíamos equiparar con el Carnaval y que es muy popular en Israel. En segundo lugar, se planteó posponer los comicios una semana –al 17 de marzo– pero el día coincide con la conmemoración de la muerte de un importante Rebbe hasídico, lo que provocó el veto de los partidos ultraortodoxos. Finalmente, se ha optado por el 2 de marzo que, sin ser ni mucho menos una fecha adecuada por coincidir con una importante reunión del AIPAC (American Israel Public Affairs Committee) y con el Día de los Caídos de Israel, parece la opción menos mala.

Ante la inminente convocatoria electoral, los partidos israelíes han comenzado a configurar sus candidaturas. En la izquierda, los laboristas de HaAvodá mantienen su alianza con Guesser y se unen a Meretz en un intento de aglutinar todo el voto de izquierda. En la derecha radical, el partido de Bennet y el de Smotrich parece que concurrirán juntos a los comicios, aunque en esta ocasión no podrán reeditar el pacto a tres con Rafi Peretz que los llevó en septiembre a obtener siete diputados. Por último, ni el Likud ni Kahol ve Lavan cambiarán a sus líderes para marzo, aunque la formación de Netanyahu sí que celebró unas interesantes primarias a las que concurrieron el propio primer ministro y su rival político Gideon Saar.40

De cara al día 2 de marzo, parece complicado hacer pronósticos no sólo sobre cuáles serán los resultados, sino también sobre cómo se podrían articular las coaliciones, ya que las posiciones de los partidos políticos están muy polarizadas. Según las encuentras publicadas en diciembre y en enero, ninguno de los bloques alcanzaría los deseados 61 escaños necesarios para formar gobierno y el único partido capaz de desbloquear la situación sigue siendo Yisrael Beitenu.

Figura 8. Encuestas electorales para el 2 de marzo de 2020
Partidos M.Rishon 19/XII/19 Maariv 1/I/20 Walli 9/I/20 Cha-13 16/I/20 Cha12 16/I/20 Kan 23/I/20 Mejor Peor Diferencia
Kahol ve Lavan 38 36 35 34 34 35 38 34 +/-4
Likud 34 30 33 31 32 31 34 30 +/-4
Lista Conjunta 14 13 13 14 13 13 14 13 +/-1
Shas 8 8 8 6 8 8 8 6 +/-2
Yahudat Hatorah 7 7 8 7 7 8 8 7 +/-1
Hayemin Hehadash 7 6 8 7     7 6 +/-2
Yisrael Beitenu 7 8 8 8 8 8 8 7 +/-1
HaAvoda-Guesher-Meretz 5 5 941 9 8 9 9 5 +/-4
Otzma Yehudit       4     4 4 0
Yamina   7   4 10 8 10 4 +/-6
Bloque derecha42 56 51 55 55 57 55 57 51 +/-6
Bloque izquierda 57 54 57 57 55 57 57 54 +/-3
Fuente: Haaretz.

Aunque las encuestas no hacen presagiar un desbloqueo de esta situación política, podemos plantear algunos escenarios de futuro:

  1. Una coalición entre el Likud y Kahol ve Lavan sería complicada ya que además de las diferencias anteriormente señaladas, haría falta que Netanhayu se retirara de la escena pública. Esta condición parece improbable salvo acción judicial inesperada o que Gantz y Netanyahu aceptaran la propuesta hecha por el presidente Rivlin en septiembre: Gantz asumiría la jefatura del gobierno hasta que Netanyahu solventara sus problemas con la justicia. La coalición entre Likud y Kahol ve Lavan evitaría complicados pactos a tres o a cuatro bandas que convierten al ejecutivo en organizaciones mucho más inestables. Además, esta opción dotaría al gobierno de una amplia mayoría parlamentaria que iría desde los 64 a los 72 diputados.
  2. Un acuerdo de toda la izquierda incluyendo a los árabes parece cada vez más difícil, sobre todo después de que Gantz haya asumido algunas de las tesis del Likud como la de anexionarse el Valle del Jordán. En este punto habrá que esperar a las próximas encuestas, aunque es de prever que esta nueva postura le reste votos por la izquierda y está por ver que éstos se compensen por la derecha. También habrá que esperar a ver cómo funciona la alianza entre Meretz y HaAvodá aunque, por el momento, atendiendo a las encuestas (un máximo de nueve) resulta complicado pensar que el ascenso de esta coalición izquierdista sea tal como para poder suplir los 13 o 14 escaños de los partidos árabes.
  3. Un acuerdo de toda la derecha que incluya a los partidos religiosos es la opción más plausible, aunque en este pacto difícilmente podría incluirse a Yisrael Beitenu. En este escenario, difícilmente se alcanzarían los 61 escaños, sobre todo porque el Likud parece haber alcanzado un techo electoral en los 34 escaños. Los partidos religiosos tampoco son capaces de superar los ocho y en el mejor de los casos la derecha radical consigue 10. Sería necesario que Yisrael Beitenu abandonara sus políticas laicistas o que se convenciera a los laboristas de entrar en el ejecutivo. Otra opción sería lograr la escisión de Yesh Atid de la coalición Kahol ve Lavan. Si bien puede parecer difícil, hay que recordar que su líder, Yair Lapid, ya formó parte de los ejecutivos de Netanyahu.

En lo que a coaliciones de bloques se refiere, las opciones tampoco son sencillas ya que las posiciones están muy fijadas, y salvo cambio inesperado, no parece que ningún partido vaya a adoptar una opción transversal que permita un cambio político en Israel. Habrá que esperar a las elecciones o a la aparición de un cisne negro, que quizá podría ser el prometido Plan de Paz de Trump, que bien podría trastocar las previsiones que se han hecho hasta ahora. Otro elemento que podría alterar el curso de las elecciones es el futuro de Netanyahu, ya que cuando en las encuestas se preguntó por la intención de voto a un Likud liderado por Gideon Saar los resultados bajaban en cuatro o cinco escaños.43

Alberto Priego
Profesor del Departamento de Relaciones Internacionales, Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, Universidad Pontificia de Comillas | @AlbertoPriego


1 Para una visión detallada del Sistema Político Israelí véase Gideon Rahat y Reuven Hazan (2013), “Israel”, en Phillips Shively y Paulette Kurzer (eds.), Comparative Governance, McGraw Hill, Nueva York.

2 La Ley Básica de Israel declara que las elecciones deben celebrarse un martes del mes de Chesvan, un período que va desde finales de septiembre a noviembre.

3 Literalmente significa “El trabajo”, por lo que ha sido traducido como Laborista.

4 Literalmente significa “Adelante”.

5 Este trabajo sigue la definición clásica de Lipset y Rokan y, por tanto, los cleavages son rupturas o fracturas profundas basadas en la historia de las sociedades que permiten a los individuos posicionarse sobre temas que pueden ser polémicos o controvertidos. Véase Seymour Martin Lipset y Stein Rokkan (2008), Structures de clivages, systèmes de partis et alignement des électeurs: une introduction, Éditions de l’ULB, Bruselas.

6 El Estado de Israel los denomina israelíes-árabes, aunque la mayoría prefieren recibir la denominación “palestinos en Israel”.

7 Una de las principales diferencias es que los árabes no realizan el servicio militar.

8 Miriam Berger (2019), “Palestinian in Israel”, Foreign Policy, 18/I/2019.

9 Gideon Levy (2009), “Let’s face the facts, Israel is a semi-theocracy”, Haaretz, 10/XII/2009.

10 Entre otras, podemos citar la prohibición de circular en transporte público durante el Shabbat o la inexistencia de matrimonio civil.

11 Haredim significa literalmente “aquellos que tiemblan ante Dios”.

12 En este grupo podemos incluir tanto a los no religiosos (hilonis) como a aquellos que observan los mandamientos básicos (masoratis).

13 Dentro de los ultraortodoxos también hay varias corrientes que podrían resumirse en dos: los hasídicos y los mitnagdíes.

14 Los rabinos ortodoxos tienen competencias exclusivas estatales atribuidas por el Estado, como la supervisión de las conversiones y la celebración de matrimonios. Asimismo, las sinagogas ortodoxas reciben más ayuda económica que las reformistas o las conservadoras.

15 Judaísmo Unido por la Torá es una coalición compuesta por dos partidos: Déguel HaTorah (Nuestra bandera es la Torá) y Agudat Israel (Unión de Israel).

16 Itzhak Galnoor y Dana Blander (2018), The Handbook of Israel’s Political System, Cambridge University Press, Cambridge, p. 336.

17 Se trata del conjunto de reglas o leyes religiosas derivadas de la tradición escrita y oral.

18 Su significado sería “Judío del Este”.

19 Su significado sería “Judío del Oeste”.

20 Esencialmente proceden de Europa Central y EEUU.

21 Aziza Khazzoom (2008), Shifting Ethnic Boundaries and Inequality in Israel: Or, How the Polish Peddler Became a German Intellectual, Stanford University Press.

23 Literalmente se traduce por “Resurrección”.

24 Aquellos que llegaron antes de la creación del Estado de Israel aunque, siendo generosos, también incluiríamos los llegados en los años posteriores.

25 Debido a los problemas con la justicia del primer ministro Netanyahu, se creó un debate sobre el alcance de las Sentencias del Tribunal Supremo y, sobre todo, acerca de la inmunidad del primer ministro frente a las investigaciones judiciales.

26 A pesar de estar de acuerdo con la instalación de cámaras de seguridad en los colegios electorales árabes, el 9 de septiembre Yisrael Beitenu votó en contra en la Knéset ya que a juicio de su líder la medida podría ser utilizada con fines electoralistas por el Likud.

27 Esta área acordada en Oslo supone el 66% del futuro Estado Palestino, lo que haría inviable su supervivencia. “Netanyahu promete la anexión del valle del Jordán si es reelegido”, El País, 11/IX/2019.

29 Un gobierno de Likud, Shas, Judaísmo Unido por la Torá y Unión de Derechas sumaría 56 escaños. Si a estos se le hubieran sumado los votos de Yisrael Beitenu llegarían a los 61 escaños necesarios para la formación de gobierno.

30 El partido de centro-derecha Kulanu se integró en el Likud bajo la promesa de que su líder Moshe Kahlon ocuparía la cartera de finanzas en un futuro gobierno.

31 En abril se habían presentado como Unión de Partidos de Derechas.

33 Eran 54 y no 57 los apoyos con los que contaba Gantz ya que tres diputados de la Lista Conjunta rechazaron apoyar esta candidatura.

34 Netanyahu ha sido acusado de fraude, soborno y trato de favor en tres casos (1000, 2000 y 4000) distintos.

35 La situación era muy similar a la de 1992, cuando los árabes prometieron apoyar a un gobierno, en este caso liderado por Rabin, aunque en ningún caso se plantearon entrar en el gobierno.

36Liberman: no nos sentaremos con los partidos árabes”, Israel Noticias, 24/IX/2019.

38 La propuesta del presidente Rivlin era que Netanyahu fuera primer ministro y Gantz vicepresidente, con la particularidad de que si Netanyahu fuera finalmente imputado, Gantz actuaría como primer ministro con plenos poderes.

39 Debido a los problemas con la justicia del primer ministro Netanyahu, se creó un debate sobre el alcance de las Sentencias del Tribunal Supremo y, sobre todo, acerca de la inmunidad del primer ministro frente a las investigaciones judiciales.

41 En la encuesta se consideró a HaAvoda (cinco escaños) y Meretz (cuatro) por separado y en la Figura 8 se presentan unidos.

42 No se incluye a Yisrael Beitenu en la coalición.

43 Maariv realizó una encuesta el 20 de diciembre en el que preguntaba por la intención de voto a un Likud liderado por Netanyahu y a un Likud liderado por Saar. Mientras que la primera opción obtenía 35 escaños, la segunda se quedaba en 30. Véase “¿Qué dicen las más recientes encuestas rumbo a las elecciones de 2020 en Israel?”, Enlace Judío, 20/XII/2020.

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<![CDATA[ Argelia 2019: la sociedad ha cambiado, el sistema aún no ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari118-2019-amirah-argelia-2019-la-sociedad-ha-cambiado-el-sistema-aun-no 2019-12-10T08:30:40Z

Argelia ha vivido acontecimientos extraordinarios a lo largo de 2019. El tercer intento de las elecciones presidenciales, previsto para el 12 de diciembre y ampliamente rechazado por la sociedad, no resolverá la profunda crisis política en el país, si no hay reformas de fondo en el sistema.

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Tema

Argelia ha vivido acontecimientos extraordinarios a lo largo de 2019. La masiva movilización social forzó la renuncia del presidente Abdelaziz Buteflika y provocó el aplazamiento de las elecciones presidenciales en dos ocasiones. El tercer intento, previsto para el 12 de diciembre y ampliamente rechazado por la sociedad, no resolverá la profunda crisis política en el país, si no hay reformas de fondo en el sistema.

Resumen

Argelia está viviendo un momento crítico. Las protestas pacíficas contra el actual sistema de gobierno no han cesado desde febrero. Hay un estado de ánimo extendido reclamando una transición democrática y buen gobierno. Frente a eso, el sistema sólo ofrece reemplazar al jefe del Estado mediante unas elecciones sin garantías de libertad ni limpieza, y sin realizar unas mínimas reformas que satisfagan las demandas sociales. El pulso entre esas dos posiciones continuará más allá de las elecciones del 12 de diciembre, y podría acentuarse mientras no haya vías de diálogo y una búsqueda de consensos básicos. Todo eso en un contexto de un deterioro económico acelerado por la caída de ingresos y por la parálisis que genera la prolongada crisis política. La estabilidad regional del Magreb y del Mediterráneo occidental está condicionada por la salida que se busque para el actual conflicto político en Argelia.

Análisis

Es poco común que los países suspendan sus elecciones presidenciales. Cuando eso sucede, suele ser una señal de problemas en el sistema político. Es aún más inusual que un país posponga esas elecciones dos veces seguidas, y más si se hace en un plazo de dos meses. Este ha sido el caso de Argelia en 2019. Lo que hace que la situación argelina sea única es que el tercer intento del régimen de celebrar las elecciones aplazadas ha sido recibido con un amplio rechazo por parte de grandes sectores de la población argelina. También es bastante excepcional que una movilización popular que pide reformas políticas profundas continúe durante casi un año entero de manera pacífica y notablemente cívica (al menos en el momento de escribir estas líneas). No cabe duda de que algo profundo ha cambiado en la sociedad argelina, así como en la relación entre el Estado y la ciudadanía, pero aún quedan muchas preguntas por responder sobre el futuro del país y la salida al pulso actual entre el régimen sostenido por los militares y la sociedad movilizada.

¿Qué ha cambiado en 2019?

Una profunda sensación de humillación invadió a los argelinos en febrero de 2019, cuando se anunció oficialmente que el presidente Abdelaziz Buteflika tenía previsto presentar su candidatura para un quinto mandato en las elecciones presidenciales previstas para el 18 de abril. El viejo Buteflika, enfermo y casi desaparecido de la escena pública, era visto por muchos argelinos como la fachada de una estructura de poder que ellos consideraban corrupta y paralizante para sus aspiraciones. La gota que colmó el vaso fue cuando le pouvoir (término utilizado por los argelinos para referirse a las opacas redes de poder que dirigen el país) intentó prorrogar el cuarto mandato y mantener el statu quo que tanto les había beneficiado durante décadas.

El impacto emocional de las decisiones políticas explica muchos de los acontecimientos extraordinarios que se han sucedido en Argelia durante 2019, pero también de lo que se necesita para romper el actual estancamiento. Los poderes fácticos confiaban en que podrían contener el malestar social mediante el recurso a viejos trucos que habían funcionado antes. Esta actitud, que muchos consideraron arrogante, no tenía en cuenta los límites de la paciencia de la población, ni la energía que se podía liberar si ésta descubría que el sentimiento de humillación era ampliamente compartido. La memoria traumática de la guerra civil de los años 90 ya no era un impedimento para las expresiones populares de descontento, generalizadas y pacíficas, contra el régimen político.

La masiva y continuada movilización popular (llamada hirak) tomó a casi todos por sorpresa. Se podría argumentar que la traumática historia reciente de Argelia, sumada al proceso de aprendizaje después de las revueltas árabes de 2011, ha dado como resultado el alto nivel de madurez política mostrado por la población argelina. El carácter pacífico y cívico de las manifestaciones –alejándose de consignas ideológicas divisorias, destacando el orgullo del sentimiento nacional y reconociendo la diversidad entre los argelinos como fuente de fortaleza– ha generado un sentimiento de unidad e incluso ha tenido un efecto terapéutico después de mucho sufrimiento en el pasado reciente. Casi un año compartiendo el espacio público para manifestarse sin violencia ha ayudado a muchos argelinos a redescubrir su propio país y a sus conciudadanos.

¿Un Estado civil o militar?

El Ejército Nacional Popular de Argelia ha desempeñado un papel central en la vida política del país desde su independencia en 1962. Ese papel se ha hecho mucho más evidente tras el estallido del hirak en febrero de 2019. La cúpula militar, encabezada por el jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Ahmed Gaid Salah, forzó la dimisión de Buteflika, tras 20 años gobernando el país, como resultado de la mayor movilización política desde la independencia. Este movimiento fue seguido por una ola de detenciones de figuras clave de las elites políticas y empresariales, principalmente las asociadas al “clan Buteflika”, empezando por su influyente hermano Said, pero también de algunos miembros de los partidos de la “oposición” y activistas de la sociedad civil.

El objetivo de los militares desde el inicio del hirak ha sido forzar la celebración de elecciones presidenciales cuanto antes para limitar las posibilidades de tener que hacer concesiones al movimiento popular. Gaid Salah, que se ha hecho famoso por pronunciar discursos públicos casi semanales, ha intentado diferentes tácticas para debilitar al hirak –como atacar la presencia de banderas bereberes en las manifestaciones– sin mucho éxito. En todo caso, su tono amenazador y su falta de empatía lo han convertido en un actor político impopular que no parece apto para negociar una transición ni para hacer ofertas creíbles a la población.

En el actual sistema político argelino, los militares hacen todo lo posible para mantener su poder detrás de una fachada de constitucionalismo y un pluralismo electoral poco creíble. Para los militares, es crucial preservar sus intereses materiales y sus amplias prerrogativas. Esto incluye tener el control exclusivo del enorme presupuesto de defensa (alrededor de 10.000 millones de dólares en 2018, siendo Argelia el quinto mayor importador de armas del mundo en el período 2014-2018, lo que representó el 56% del total de importaciones de armas en el continente africano). También significa supervisar los asuntos estratégicos, desempeñar un papel central en la política y asegurarse la inmunidad por sus acciones pasadas, presentes o futuras.

Para muchos argelinos, las fuerzas armadas son la institución más fiable y la última garantía para salvaguardar la independencia y la soberanía nacionales. Sin embargo, como ha quedado claro tras más de nueve meses de manifestaciones populares masivas, la sociedad argelina ha expresado su voluntad de vivir en un “Estado civil” (dawla madaniya), más que en un Estado dirigido por los militares (dawla askariya), que cuente con instituciones independientes, procesos electorales creíbles y gobernantes legítimos.

La crisis política no desaparecerá en Argelia mientras persista la contradicción entre el régimen militar de facto y el texto de la Constitución argelina de 2016. Los artículos 7 y 8 establecen, entre otras cosas, que “el pueblo es la fuente de todos los poderes. La soberanía nacional pertenece exclusivamente al pueblo. El poder constituyente pertenece al pueblo. El pueblo ejerce su soberanía a través de las instituciones que él se otorga. El pueblo también la ejerce por la vía del referéndum y a través de sus representantes electos”. Los argelinos ya no están dispuestos a aceptar el statu quo y están diciendo basta. Nada captura mejor ese estado de ánimo que las pancartas vistas en algunas manifestaciones con el texto “La presidencia está al servicio de su excelencia el pueblo”.

Un estancamiento insostenible

Después de haber pospuesto las elecciones presidenciales que estaban programadas primero para el 18 de abril y luego para el 4 de julio, el jefe de la junta militar presionó para que se celebraran antes de fin de año. La fecha elegida fue el 12 de diciembre. A menos que se produzca algún acontecimiento inesperado, es sumamente improbable que las elecciones por sí solas –en caso de que lleguen a celebrarse, y sin una revisión a fondo de los sistemas político y electoral– puedan hacer que las cosas vuelvan a la normalidad en Argelia. Eso se debe a que el trasfondo del pulso actual entre los militares y el hirak es la incompatibilidad manifiesta entre el enfoque de “reemplazo” de los primeros y el enfoque de “transición” de los segundos. Mientras que la junta militar prefiere reemplazar al jefe de Estado sin hacer cambios políticos fundamentales, el heterogéneo movimiento de protesta pide una transición democrática, con una separación efectiva de poderes y líderes que no estén asociados a los métodos y abusos de la vieja guardia.

Un problema que puede complicar aún más la situación en Argelia es la crisis económica que se avecina como resultado de la parálisis política. Mientras los militares no pueden tranquilizar a los manifestantes sobre su voluntad de reformar el sistema y mientras los manifestantes no logran nombrar representantes y alumbrar nuevos líderes, la economía de Argelia está sufriendo las consecuencias de las malas políticas del pasado, la falta de reformas y la volatilidad de los ingresos de los hidrocarburos. Las reservas de divisas de Argelia se están reduciendo a un ritmo acelerado (de cerca de 200.000 millones de dólares en 2014 a 65.000 millones en julio de 2019).

Para un país que importa la gran mayoría de lo que consume (casi el 70%), esta tendencia debería ser una fuente importante de preocupación debido a las repercusiones sociales de una disminución incesante de las reservas internacionales. Los abundantes subsidios y los proyectos públicos también dependen en gran medida de esas reservas, que se han utilizado en el pasado reciente para comprar paz social. Es sólo cuestión de tiempo antes de que las actuales demandas políticas se transformen, además, en demandas económicas, lo que podría desembocar en un movimiento de desobediencia civil, con la consiguiente desestabilización del país y probable represión por parte de las fuerzas policiales.

Elecciones sin soluciones a la vista

El tercer intento de celebrar unas elecciones presidenciales en Argelia durante 2019, previstas para el 12 de diciembre, ha recibido el rechazo de amplios sectores de la sociedad argelina. Los manifestantes, que llevan 42 semanas de movilizaciones contra la continuidad de figuras del antiguo régimen, desconfían de un proceso impuesto por la cúpula militar y sin las mínimas garantías de que será libre y transparente, empezando por la selección de los candidatos. Los cinco que pasaron los filtros pertenecen a la vieja guardia de la era Buteflika, habiendo sido cuatro de ellos ministros. Los dos que ocuparon el cargo de primer ministro (Abdelmajid Tebboune y Ali Benflis) aparecen como los que tienen más opciones para convertirse en el nuevo presidente de la República Argelina Democrática y Popular.

A pesar de la imagen de normalidad que quiere transmitir el régimen, las elecciones le plantean un importante reto. Para poder perpetuarse, el sistema actual necesita que haya votantes en los colegios electorales, o al menos un número mínimamente creíble de electores, para poder argumentar que el proceso ha sido “democrático”, al menos en apariencia. Si en el pasado los niveles de participación fueron muy bajos, en esta ocasión se podría batir un récord de urnas casi vacías. No ayuda a dar credibilidad al proceso el hecho de que las autoridades argelinas no hayan permitido la presencia de observadores internacionales en las elecciones. Tampoco puede haber mucha credibilidad si las autoridades ejercen un control férreo sobre los medios de comunicación (que ignoran las movilizaciones sociales), o detienen a activistas, manifestantes y periodistas cada vez en mayores números según se acerca la fecha de las elecciones.

En Argelia, le pouvoir se ha ganado la desconfianza de la población a lo largo de los años, aunque más si cabe durante 2019. Esa desconfianza se extiende a las actuales autoridades y a las instituciones que controlan. Eso queda reflejado en los términos que emplea el hirak para referirse a los grupos en el poder (con frecuencia descritos como “bandas” o “mafias”). La actitud de las autoridades desde el pasado febrero no ha contribuido a acercar posiciones ni a crear una atmósfera tendente al diálogo. Una muestra de ello es que el ministro del Interior calificó el pasado 3 de diciembre a quienes se oponen a las elecciones de “pseudo-argelinos”, “traidores”, “homosexuales”, “mercenarios” y “perversos”. No es la primera vez que un alto representante del poder responde a las demandas de cambio con desprecio y actitudes ofensivas.

El problema de fondo, más allá de lo que ocurra el 12 de diciembre, es que el próximo jefe del Estado carecerá de legitimidad para un número demasiado elevado de argelinos. Las presiones a las que estará sometido serán enormes. Por un lado, el nuevo presidente le deberá el cargo a los militares y no podrá hacer muchas cosas contrarias a su voluntad. Por otro lado, las demandas políticas y económicas de la población argelina no se evaporarán con la elección de un nuevo presidente, sin que antes se hayan hecho reformas de fondo en el sistema. Ante este escenario, no parece que las autoridades cuenten con un “plan B”.

El riesgo es que un creciente deterioro de la situación política y económica del país lleve a una fragmentación de las instituciones del Estado, lo que podría conducir –en un caso extremo, pero no inimaginable– a una peligrosa situación de ingobernabilidad, máxime si a la crisis política se suma una crisis económica. Argelia es el mayor país mediterráneo, árabe y africano. La estabilidad en esos tres ámbitos regionales está condicionada por la salida que se busque para el actual conflicto político en Argelia.

Conclusiones

El sistema político argelino surgido tras la independencia en 1962 (la primera república argelina) está mostrando signos de agotamiento. A lo largo de 2019, la población argelina está pidiendo el establecimiento de una “segunda república” con diferentes reglas de juego. El cambio generacional se siente en las calles de Argelia y en su ciberespacio, y viene acompañado de una nueva cultura política con valores superiores como la libertad, la dignidad y la transparencia. Un problema que Argelia comparte con varios de sus vecinos en el sur y este del Mediterráneo es que ese cambio generacional y de valores aún no se ha sentido en las altas esferas del establishment político-militar.

Queda por ver si una salida pacífica al actual estancamiento que amenaza la estabilidad de Argelia y su vecindario podría provenir de las generaciones más jóvenes de oficiales militares, y si éstas deciden reducir la exposición política de las fuerzas armadas, manteniendo al mismo tiempo su supervisión de las cuestiones estratégicas. Eso permitiría entablar un diálogo nacional que dé pie a una transición política que avance hacia el buen gobierno. Ese paso es imprescindible para la llegada al poder de gobernantes legítimos, capaces de desarrollar políticas y reformas necesarias para afrontar los grandes retos del país. En Argelia, como en el resto del Magreb y de Oriente Medio, si no hay más libertad y desarrollo, habrá más frustración y caos.

Haizam Amirah Fernández
Investigador principal de Mediterráneo y Mundo Árabe, Real Instituto Elcano | @HaizamAmirah

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