Lengua y Cultura - Real Instituto Elcano Feeds Elcano Copyright (c), 2002-2018 Fundación Real Instituto Elcano Lotus Web Content Management <![CDATA[ España en el mundo en 2021: perspectivas y desafíos ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido??WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/policy-paper-espana-en-mundo-2021-perspectivas-desafios 2021-02-25T12:20:50Z

Novena edición del trabajo colectivo que elabora anualmente el Real Instituto Elcano para analizar la posición internacional de España durante 202, cuya coyuntura viene lógicamente marcada por la pandemia del COVID-19, y hacer balance de lo ocurrido durante el anterior.

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Resumen

Ésta es la novena edición del trabajo que elabora el equipo de investigadores del Real Instituto Elcano para analizar los principales rasgos del escenario internacional en el nuevo año y los desafíos a los que debe enfrentarse España durante 2021. La coyuntura viene lógicamente marcada por la pandemia y el análisis se centra en cómo su impacto afectará en los próximos meses a la posición internacional del país, a la Unión Europea (UE) y al resto del mundo. El documento arranca con un panorama general de la política exterior española donde destaca el propósito del Gobierno de impulsar, en un contexto de crisis sanitaria y económica y de fuerte polarización política interna, una nueva Estrategia de Acción Exterior. En esta primera sección también se analizan las cuestiones relativas a la presencia global de España, la gestión de la imagen del país y la diplomacia cultural.

A continuación, se examinan los efectos sobre España de las perspectivas económicas mundiales en sus distintas facetas (estímulos fiscales, estabilidad financiera, comercio, energía, demografía y dinámicas migratorias) y las principales amenazas a la seguridad. Esa dimensión está marcada por la rivalidad geopolítica dominante entre Estados Unidos (EEUU) y China, que entra en una nueva etapa por la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca, e incluye el tratamiento de las cuestiones de defensa y del terrorismo yihadista. La tercera sección analiza el papel de España en los asuntos globales y en los foros de gobernanza multilateral, donde este año adquiere singular importancia la gestión de la salud pública y la transformación tecnológica, mientras la Agenda 2030 sirve de marco para articular los contenidos relativos a la cooperación al desarrollo, la acción climática, la promoción de los derechos humanos y la igualdad de género. En cuarto lugar, se examina el momento actual de la UE y sus esfuerzos para dar respuesta a la crisis junto a otros asuntos como la Conferencia sobre el futuro de Europa, la nueva relación con el Reino Unido o la rivalidad con Rusia. El documento realiza finalmente un repaso a los desafíos de la acción exterior española en los diferentes espacios regionales: EEUU, América Latina, Magreb y Oriente Medio, África Subsahariana y Asia–Pacífico, para cerrar con unas conclusiones.

Contenidos

Presentación: ¿qué podemos esperar de 2021?

  1. La acción exterior entre la pandemia y la renovación estratégica
  2. Perspectivas económicas y de seguridad
  3. España y los desafíos globales
  4. España y los desafíos europeos
  5. España y los desafíos regionales

Conclusiones

Presentación: ¿qué podemos esperar de 2021?

Por noveno año consecutivo, el Real Instituto Elcano publica un documento que examina las perspectivas y desafíos internacionales del nuevo año desde un enfoque español. Aunque estas palabras de presentación siempre han tenido un contenido institucional dominante, me ha gustado añadir también una breve reflexión de fondo sobre el año y de ahí la apostilla “¿qué podemos esperar?” que invariablemente he introducido en estas casi 10 ediciones de la serie. La cuestión es que, en 2021, más que esperar, desesperamos, y lo que hacemos es ansiar que termine la espera. Pocos sentimientos más nítidos y compartidos literalmente por todo el mundo que ese anhelo de recuperar cuanto antes la situación de relativa normalidad que la pandemia nos ha arrebatado. De volver, simplemente, a la situación de hace justo un año.

No obstante, y para demostrar que las sensaciones de desazón son siempre relativas, recuerdo que antes incluso de que el coronavirus fuese una noticia secundaria que los corresponsales de prensa en China mencionaban en la sección de internacional de periódicos o telediarios, ya pensábamos que vivíamos malos tiempos. En mi felicitación navideña que precedió al malhadado 2020, decía que todo a nuestro alrededor parecía desmoronarse. Quién podía pensar que las dos grandes democracias del mundo, el Reino Unido y EEUU, a las que he admirado siempre, estarían en la deplorable situación del Brexit o de una presidencia de Trump que parecía no tener fin. Que Francia ardía casi cada semana, que Italia no sabíamos por dónde caminaba, que América Latina se arrastraba desde el Rio Grande a la Patagonia entre revueltas populares y Estados fallidos, o casi. Y que aquí en casa, cuando creíamos por fin haber normalizado España (otro país europeo más, una democracia aburrida, como debe ser), resulta que sí, que éramos otro país europeo más, pero con todos sus problemas y pocas de sus soluciones. Europa no es ya la solución de nuestros problemas, como vaticinó Ortega, sino una más de nuestras cuitas.

A veces digo que el futuro no es lo que era, pero, como se ve, resulta que el pasado tampoco. Idealizamos la situación de hace tan solo 365 días, que no era en absoluto envidiable, y tal vez tendemos a exagerar los males presentes, sin reparar quizá en sus lados esperanzadores. Ya he advertido otros años en esta sección sobre esa tendencia a fijarnos solo en los aspectos negativos de la realidad mundial y no apreciar los avances o el simple transcurrir sin graves sobresaltos. Es un efecto del sesgo de los medios de comunicación. Good news is no news, las buenas noticias no venden aunque, como señalaba el viejo Hegel, los períodos felices de la humanidad carecen de historia, en ellos no pasa gran cosa. Justo al contrario de lo que ahora nos ocurre, anegados de noticias, usualmente no buenas. Una pequeña anécdota personal: cuando me llegan las noticias sobre España de la prensa extranjera, que elabora a diario el Real Instituto Elcano, casi las valoro al peso. Mucho peso, mucho papel, mala cosa.

Por supuesto que, para todas aquellas tragedias que ha supuesto la enfermedad, ese mal de muchos no es consuelo, y resulta casi frívolo querer sugerir tal cosa. No lo estoy haciendo. Sin duda, el COVID–19 quedará en nuestra memoria para siempre como un azote que nos arrebató muchas vidas, generó mucho dolor (todavía por estallar), agotó a sanitarios y servidores públicos, arruinó negocios, dificultó la educación e impidió a todos disfrutar de muchos abrazos. Pero sí quiero decir que, como analistas, siempre hay que sobreponerse a esa tentación (tan alimentada por las redes sociales) de explotar el miedo.

Ahora tenemos perspectiva para valorar que, sin perjuicio de los graves problemas que existían, tampoco estábamos tan terriblemente mal hace un año. Y estoy seguro de que pronto valoraremos también las luces que se encendieron mientras padecíamos la sombra generalizada de muertes, urgencias hospitalarias abarrotadas y confinamiento. Podemos fijarnos en la enorme vulnerabilidad que 2020 nos ha mostrado, pero también en el hecho de que la humanidad entera haya tomado conciencia de que se enfrentaba a una misma experiencia y que debía responder unida (algo que ni siquiera puede predicarse del otro gran desafío global que es el cambio climático). Y, entre otras alegrías que matizan la calamidad, hemos asistido al espectacular desarrollo tecnocientífico de la vacuna, celebrado el paso adelante en la integración europea y el final del Brexit y, sobre todo, respirado aliviados por el relevo en la Casa Blanca. Aquí en casa, aunque no puedo evitar la preocupación por un panorama tan polarizado y esa duradera tormenta perfecta de crisis económica, política y territorial, la calidad del sistema democrático inaugurado en 1978 encaja golpes, fuertes, pero resiste, pese a quien pese. Y nuestra política exterior, aunque también sufre por un contexto doméstico muy delicado, no se desvía de los parámetros estratégicos euroatlánticos.

Pues bien, nuestra voluntad con esta publicación es, una vez más, hacer esa mirada ponderada. Advertir peligros y debilidades. Pero también apuntar avances y fortalezas. Y, al mismo tiempo que se hace un repaso a los grandes temas del contexto internacional y europeo en el momento actual o que se explora cierta prospectiva sobre cómo evolucionará la agenda en el horizonte inmediato, introducir una mirada específicamente española. Dónde se coloca nuestro país en cada uno de los ejes temáticos y geográficos que examinamos; y qué es lo que podría hacerse para defender mejor, a corto, pero también a medio–largo plazo, nuestros intereses y valores. El equipo completo de investigadores, desde el campo de especialización de cada uno, bajo la coordinación de Ignacio Molina, pero conformando un producto coral, analiza todo eso de modo simultáneo y con el máximo rigor posible.

Un enfoque riguroso que es ya marca del Real Instituto Elcano y que no deja de proporcionar satisfacciones, incluso en un año tan complicado donde la mayor parte de nuestras actividades tuvieron que realizarse de modo virtual, sin que, por cierto, eso impidiese la visita presencial de SSMM los Reyes a final de mayo a la sede del Instituto, justo cuando acababa el estado de alarma, para analizar con expertos internacionales la situación de la pandemia en el mundo. Ahora que se van a cumplir 20 años desde nuestra fundación, es imposible no agradecer ese apoyo activo de quien durante todo este tiempo ha sido y es nuestro presidente de honor, primero como Príncipe de Asturias y luego como Rey Felipe VI. Un apoyo que tratamos de corresponder trabajando a favor de los intereses y valores de España en el mundo. Reflexionando con rigor e independencia intelectuales sobre los cambios que se están produciendo en el orden internacional, en el proceso de integración europea y en el papel que nuestro país puede y debe desempeñar en ambos.

El teletrabajo ha potenciado nuestra productividad con numerosas publicaciones y un sinfín de actos virtuales. La audiencia de nuestra producción ha aumentado significativamente. Las visitas a la web se han incrementado hasta superar los dos millones en 2020. Y las menciones en medios de comunicación se han casi duplicado hasta llegar a más de 4.000, destacando especialmente la presencia en medios de comunicación internacionales (casi la mitad de las totales). Además, 2020 nos ha traído la gran satisfacción de saber que el Real Instituto Elcano ha ascendido, al menos en lo que se refiere a reputación entre sus pares, al segundo puesto de think-tanks de Europa Occidental y al 11º del mundo de los dedicados a Política Exterior y Relaciones Internacionales, según el 2020 Global Go To Think Tanks Index (GGTTI) que elabora cada año la Universidad de Pensilvania. Un reconocimiento que debe servir como acicate e incentivo. No es verdad, y lo sabemos: no somos mejores que Chatham House o la alemana SWP, pero quizá podemos hacer que este vaticinio acabe siendo una profecía autocumplida.

Pero no nos paramos en los éxitos logrados. De cara a 2021, nuestro Plan de Actuación es más nutrido que nunca y está lógicamente marcado por el COVID–19 y el análisis de cómo afectará al devenir de nuestro país, de la UE y del resto del mundo. Abordaremos de manera prioritaria y transversal los esfuerzos que se deberán realizar desde España para aprovechar los recursos e iniciativas impulsados desde el ámbito europeo en respuesta a la crisis, y que ofrecen una oportunidad única para acelerar (y reorientar, al menos en algunos ámbitos) la imprescindible modernización económica, social e institucional de nuestro país. Este reto otorga mayor sentido, si cabe, al trabajo que ya veníamos impulsando sobre el ecosistema de influencia de España en la UE desde nuestra Oficina de Bruselas, que nos está permitiendo comprender mejor cómo se pueden moldear algunas de las grandes políticas europeas, como son las tecnológicas e industriales, o las centradas en la energía y el cambio climático, sin olvidar las que han adquirido un renovado protagonismo a raíz de la crisis, como las dedicadas a la dimensión social del proyecto europeo, las migraciones, la sanidad o la cooperación al desarrollo.

Por otro lado, seguiremos estudiando el papel que la UE puede desempeñar en el escenario internacional. La pandemia ha recrudecido la rivalidad entre EEUU y China, por lo que resulta obligado analizar el posicionamiento de la UE ante dicho fenómeno, sobre todo a la luz de la llegada de Joe Biden a la presidencia estadounidense que permite pensar en una relación transatlántica más equilibrada. A su vez, ello podría influir en el debate actualmente en curso sobre el futuro de la OTAN, al que también prestaremos atención. Y a las consecuencias de la rivalidad geopolítica entre Washington y Pekín para la relación de la Unión y sus Estados miembros con las distintas regiones relevantes para España, como América Latina, el Magreb, Asia–Pacífico y África Subsahariana (españoles por favor, volvamos a mirar al sur de una vez). A nivel global, la pandemia parece también haber acelerado algunas de las grandes tendencias que ya veníamos examinando, como la digitalización, la desinformación, el proteccionismo, las debilidades de la gobernanza multilateral y la dualización de nuestras sociedades (globalizados versus territorializados) generando mayor desigualdad e incluso pobreza absoluta.

Por supuesto, la crisis sanitaria, económica y geopolítica derivada del virus no puede hacernos perder de vista otras temáticas importantes no directamente relacionadas, como el terrorismo yihadista, la agresividad de Rusia o el Brexit. Por último, cabe mencionar que inauguraremos una nueva línea de trabajo sobre el papel de las ciudades globales, como Madrid o Barcelona, en el orden internacional, aprovechando la reciente incorporación del Ayuntamiento de Madrid a nuestro Patronato. Seguimos cansinamente pensando el mundo como un orden de Estados (eso nos dicen las estadísticas), como si fueran mónadas auto–subsistentes, cuando la globalización muestra que la estructura profunda del mundo –el verdadero deep state– es un orden de flujos societarios entre grandes (ya inmensas y crecientes) áreas metropolitanas. El mundo futuro, al menos su infraestructura, puede que sea más de las áreas metropolitanas que de los Estados.

Antes de terminar, no puedo obviar una nota personal porque estas palabras, que son de presentación, también tienen que servir de despedida. Son las últimas en mi calidad de presidente y quiero aprovechar para expresar mi satisfacción y gratitud a toda la comunidad que conforma el Real Instituto Elcano por estos nueve años. Al Patronato y su Comisión Ejecutiva, a los miembros del Consejo Científico, al vicepresidente y al director, y por supuesto a todo el equipo humano que ha hecho posible tanto logro. Creo poder afirmar que el Instituto está hoy consolidado. En la parte investigadora, lo demuestra la ambición de los proyectos, el impresionante y creciente número de publicaciones, el plantel de brillantes investigadores (que es multidisciplinar y roza la igualdad de género), las numerosas actividades desarrolladas, o los 24 Grupos de Trabajo que funcionan en la actualidad (integrados por un conjunto de 800 especialistas). En la parte institucional, destaca un Manual de Transparencia y Buenas Prácticas cuyos contenidos se respetan, una participación en las más importantes redes internacionales de think-tanks, o una financiación sólida y diversificada (17% de patronos públicos, 66% de privados y un 17% de otras fuentes, incluyendo proyectos competitivos) que nos otorga estabilidad y autonomía. Pero todavía queda mucho margen para la mejora y estoy seguro de que el nuevo presidente, José Juan Ruiz, liderará nuevos progresos. Desde aquí le deseo la mejor de las suertes y mi total colaboración desde el Patronato.

Y les dejo ya con la lectura del trabajo. Verán que en 2021 el protagonismo seguirá siendo de la pandemia o, más rigurosamente, de su impacto. Hace unos meses reflexionaba sobre las consecuencias duraderas que tendrá, no sólo en el ámbito sanitario o económico sino también en el social y político. Y expresaba mi temor de que ahora se impusiera el instinto de buscar refugio en lo conocido, en la tribu, la nación, la religión, las comunidades “naturales”, para intentar blindarse, en paradójica negación de la indiscutible experiencia cosmopolita que se ha vivido. Pues sociedad tras sociedad, y ante el miedo y la incertidumbre hemos buscado refugio envolviéndonos como caracoles asustados en una doble concha institucional: las familias y los hogares, de una parte y, sobre todo, los Estados, que salen enormemente fortalecidos de la pandemia.

En las relaciones internacionales ya hemos asistido a algo de eso y ni siquiera el área Schengen ha resistido el cierre de fronteras. A corto plazo, a pesar del esfuerzo contra la enfermedad que ha compartido toda la humanidad, no ha avanzado el multilateralismo y ni siquiera la globalización, sino que más bien se han reforzado fronteras y Estados. La pandemia primero, y la crisis económica después, están generando una poderosa re–estatalizacion, justo cuando, a consecuencia de la globalización, parecían estar perdiendo protagonismo, y que está siendo aprovechada por los malos para una verdadero “asalto a la democracia”, como ha denunciado Freedom House en su informe La democracia confinada.

No tenemos aún perspectiva para saber si esa tendencia de regreso al pasado, a una Westfalia global, y al particularismo se confirmará. Si a partir de ahora tendremos más populismos, nacionalismos y conflictividad, o si la gobernanza europea y global saldrá vencedora. Sólo tengo la certeza de que España debe recobrar la mirada que la sacó del ensimismamiento y la lanzó a los 40 años mejores de nuestra historia tras la Constitución de 1978. De una parte, mirar afuera, al mundo, a Europa y más allá (al sur), abandonando tentaciones endogámicas y particularistas. Y de otra, mirar más al futuro que al pasado, para abordar los problemas de nuestros hijos y nietos antes de las querellas de los abuelos. Pues, de momento, les dejamos a los jóvenes una terrible herencia de duda pública.

Pero aunque todo puede empeorar indefinidamente, y a veces ocurre, no tiene por qué ser así. Es más, depende de nosotros evitarlo.

Emilio Lamo de Espinosa
Presidente del Real Instituto Elcano
| @EmilioLamo

Conclusiones

Pocos años han suscitado tantas esperanzas como el que empezamos hace unas semanas. 2020 se ha instalado ya en el imaginario colectivo como una cifra maldita y hay ganas de superarlo, aunque es obvio que un pésimo balance anual en absoluto garantiza que el siguiente ejercicio vaya a ser mejor. Los historiadores podemos dar cuenta de muchos casos de expectativas frustradas en el pasado y, por tanto, sabemos bien que los acontecimientos no se detienen ni transforman por el mero hecho de haber cambiado de almanaque en la pared. Cuando acababa 1914 y los europeos pensaban en el año tan desagradable que dejaban atrás, tras la decisión alemana de romper las hostilidades atacando rápidamente a Francia en verano para golpear luego a Rusia, todos imaginaban que la tragedia sería corta (como tantas otras que habían ocurrido en el viejo continente durante el siglo XIX) y deseaban superar cuanto antes el conflicto con no demasiadas muertes y los consabidos reequilibrios diplomáticos. Pero la “guerra de movimientos” fracasó y al arrancar 1915 todavía quedaban casi cuatro años más de pesadilla en las trincheras y de ampliación del número de beligerantes por prácticamente todo el mundo. Es más, como bien sabemos, a la desdicha de la Gran Guerra se le sumó una mortífera pandemia (infaustamente conocida como “Gripe Española”) que duró de marzo de 1918 a abril de 1920, y dejó casi 50 millones de muertes adicionales.

No conviene, pues, pecar de optimistas, aunque tampoco hay que caer en el pesimismo que podría dejar traslucir el párrafo anterior y creer que estamos condenados a un período largo de desgracias como las que vivieron nuestros antepasados hace un siglo. El comienzo de un nuevo año no conlleva ninguna magia sanadora, pero sí es momento oportuno para hacer un balance reposado del anterior, un análisis equilibrado de dónde estamos y una proyección razonada de lo que nos espera a partir de ahora. No sirve para conjurar los males, pero sí permite prepararse para el inmediato futuro, deslizando junto al análisis objetivo de los hechos algunos elementos prescriptivos que permitan mejorar la capacidad de respuesta. Contribuir a ello es el objetivo de este ejercicio. Solo intentarlo, en momentos tan complicados de desazón, ya hace que valga la pena. Un ejercicio de coyuntura y prospectiva sobre la acción exterior de España que venimos desarrollando desde hace casi 10 años con un elevado grado de acierto en las predicciones.

Es verdad que decimos eso con mucha cautela porque los pronósticos son siempre arriesgados y hay que tener la modestia para reconocer que, si la edición del año pasado se hubiese publicado en febrero en vez de en marzo, habríamos sido incapaces de adivinar el extraordinario y terrible impacto del coronavirus en lo que quedaba de año. Baste recordar que en enero de 2020 se aventuraba un año tranquilo, de tregua olímpica y relativa bonanza económica global. Había razones para esperar que las relaciones EEUU-China disfrutasen una distensión temporal, que la nueva legislatura en la UE alcanzase con cierta calma su velocidad de crucero tras resolver el Brexit, y que nuestra diplomacia pudiera aprovechar el tiempo perdido después de un 2019 con el Gobierno en funciones. La realidad fue la contraria: un desplome brutal de la prosperidad mundial, un deterioro generalizado del multilateralismo en la gobernanza de la salud, los intercambios comerciales, los flujos migratorios o la convivencia cultural (incluyendo el simbólico aplazamiento de los Juegos de Tokio), una exacerbación de las tensiones Washington-Pekín, ni un instante de tranquilidad para las instituciones europeas y una acción exterior española sometida de modo súbito a enormes desafíos: fronteras, turismo, acción consular, reputación y la crucial negociación en Bruselas de un plan de recuperación.

No obstante, me alegra constatar que, una vez que el COVID–19 apareció en nuestras vidas, el equipo Elcano fue capaz de apuntar muy rápidamente a unos escenarios que requieren poca enmienda once meses después. Y todavía es más grato recalcar que los escenarios que entonces dibujábamos no sucumbían al catastrofismo y señalaban algunos desarrollos positivos que podría traer la pandemia y que se han confirmado. Merece citarse la previsión de que la enfermedad podría ayudar a tomar más conciencia de nuestra fragilidad y facilitar consensos en la acción climática y otros aspectos de la Agenda 2030, incluyendo por supuesto los necesarios esfuerzos sanitarios compartidos. También se auguraba un paso adelante en el proceso de integración que se ha producido tanto ad intra, con esa apuesta ambiciosa por el fondo Next Generation EU, como externamente, tomando por fin en serio el debate sobre la autonomía estratégica en el terreno tecnológico, industrial y de la seguridad. Y en esta misma sección de conclusiones se acariciaba la derrota electoral de Donald Trump evocando a un posible nuevo presidente que volviera a querer proyectar a EEUU como a city upon a Hill, y a ser respetado por sus aliados como antaño.

Este es un producto coral que, sobre todo, pretende asociar los acontecimientos europeos y mundiales con la posición de España. Con la doble necesidad de conectar mejor lo externo con los desarrollos domésticos y de proyectar más nuestro país hacia fuera. Como dijimos hace un año, la urgencia de derrotar la pandemia no debe hacer perder de vista que nuestro país también tiene la obligación de comparecer en los debates y procesos de decisión sobre la globalización, la UE y las demás regiones que nos importan, empezando por América Latina y el norte de África. Y que hace falta abordar con rigor la necesidad de mejorar la capacidad española para moldear las relaciones internacionales y el futuro de Europa de acuerdo con nuestros intereses nacionales y los valores mayoritariamente compartidos. En ese sentido, es satisfactorio observar que, pese a las terribles exigencias del corto plazo, el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación acaba de renovar la programación estratégica de la acción exterior.

Desde su autonomía intelectual, el Real Instituto Elcano procura contribuir a hacer posible una España más internacionalizada y un mundo más español. Cumplimos ahora 20 años en ese empeño, que además coinciden, como recordaba hace poco nuestro presidente de honor, SM el Rey, en su reciente recepción al Cuerpo Diplomático acreditado en España, con el quinto centenario de la gesta de Juan Sebastián Elcano surcando los océanos de los cinco continentes. Números redondos para las efemérides que, ya que no está el contexto para celebraciones festivas, sí deben al menos servir para conmemorar que la trayectoria navegando por el mundo ya es larga. En el caso del Instituto, este año no puedo evitar una mención al presidente saliente, Emilio Lamo de Espinosa, que contribuyó a fundarlo como primer director y entre otras muchas aportaciones, lanzó esta serie anual.

Comienza ahora una nueva etapa donde solo cabe renovar nuestro compromiso de seguir contribuyendo (con análisis, valoraciones y recomendaciones) a una conversación colectiva y enriquecedora. Con el Gobierno, pero también con el conjunto de las fuerzas políticas representadas en las Cortes, con las empresas del patronato y con los demás actores sociales, con el mundo académico y, por supuesto, con el conjunto de la ciudadanía individual. Queremos ayudar a estar mejor informados y preparados para nuevos retos. Si son oportunidades, para aprovecharlas, y si son otros infortunios, para superarlos cuanto antes. Al fin y al cabo, en la Primera Guerra Mundial ganó quien fue más capaz de resistir.

Charles Powell
Director del Real Instituto Elcano
| @CharlesTPowell

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<![CDATA[ Lengua y cultura en español en el Japón de la era Reiwa ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido??WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/badillo-lengua-y-cultura-en-espanol-en-japon-era-reiwa 2021-02-01T12:36:49Z

Primer estudio que revisa la situación de las relaciones culturales bilaterales de España y Japón en el cambiante escenario internacional y la nueva era Reiwa, analiza la evolución de la política cultural japonesa y sus vinculaciones con la proyección internacional del poder blando del país, y profundiza en la presencia de la lengua española en el sistema educativo nipón.

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Ver también: Presentación virtual “Lengua y cultura en español en el Japón de la era Reiwa”. #ReiwaEspañol.

Índice

1. Resumen Ejecutivo – 5
2. Presentación – 11
3. Cultura y educación en el Japón contemporáneo – 23
3.1. ¿Un “superpoder” blando? Cultura y política cultural en el Japón
contemporáneo – 23
3.2. Otakus globales de la cultura kawaii – 37
3.3. La construcción de la relación bilateral España-Japón – 46
3.4. El campo cultural en la relación bilateral – 55
3.5. Un caso especial: la presencia hispanoamericana en Japón (y viceversa) – 70
3.6. La enseñanza del español en Japón – 80
3.7. El español y el sistema educativo japonés – 93
3.8. El español más allá del sistema educativo formal – 130
4. A modo de conclusión – 143
Anexo – 147
Referencias – 161

Resumen Ejecutivo

El Real Instituto Elcano –el más importante de los think tanks especializados en relaciones internacionales en España y uno de los más relevantes de Europa en este campo– inició en 2020 una serie de estudios acerca de la circulación de la cultura de España y en español en Asia. Gracias a la colaboración del Instituto Cervantes y de IAG-Iberia se ha elaborado este primer estudio que revisa la situación de las relaciones culturales bilaterales de España y Japón, la evolución de la política cultural japonesa y de sus vinculaciones con la proyección internacional del soft power del país y profundiza en la transformación del sistema educativo nipón y la oferta de lenguas internacionales en todos los niveles de la enseñanza, para comprender especialmente la dimensión  de la presencia del español en las escuelas, los institutos y los campus universitarios japoneses.

El presente de Japón se delimita temporalmente por dos acontecimientos. El primero, que marca trágicamente los últimos años de la reciente historia nipona, es el seísmo del 11 de marzo de 2011, el posterior tsunami y el accidente que produjo en la central nuclear de Fukushima. El último son los Juegos Olímpicos de verano que tendrían que haber encendido su antorcha el 24 de julio de 2020, y que tras la crisis mundial del COVID-19 lo harán justo un año después. Entre Fukushima y los Juegos queda una década en la que Japón ha vivido ajustes económicos (los llamados Abenomics) aplicados para evitar la recesión, profundos cambios en su política de seguridad para tener más presencia militar exterior y la abdicación el 30 de abril de 2019 del Emperador Akihito en favor de su hijo Naruhito, que marca el comienzo de una nueva era de la historia japonesa, bautizada como Reiwa, y cierra las tres décadas de la era Heisei. La marcha, por razones de salud, del influyente primer ministro ABE Shinzō a finales de 2020 –reemplazado por su anterior secretario jefe de gabinete, SUGA Yoshihide– es una marca más del inicio de un nuevo ciclo en la historia y la sociedad japonesas de la nueva era imperial. No es extraño que uno de los últimos programas de la política cultural nipona se haya bautizado como Beyond 2020, remarcando el valor inaugural del año olímpico de un nuevo tiempo de recuperación nacional tras Fukushima. El paisaje de fondo lo ha definido tanto en Asia como en todo el mundo su vecino, China, al superar a Japón en 2010 como segunda economía del mundo y desafiar la hegemonía global estadounidense.

La sociedad japonesa vive, como tantas otras, una tensión respecto a su identidad vinculada, por un lado, a los hechos de su pasado reciente que hacen de la revisión histórica un territorio de permanente conflicto –como muestran, por ejemplo, las discusiones sobre la historia nacional que se enseña en el sistema educativo– y, por otro, al temor de que la globalización transforme un patrimonio cultural preservado durante varios siglos de sakoku y el consiguiente “efecto galápagos” cultural. Japón es, también, una sociedad que se siente al tiempo parte de una patria común asiática y, sin embargo, una cultura única y diferenciada. La expansión imperial y los 15 años de guerras que van desde el incidente de Manchuria hasta las bombas atómicas que ponen fin a la guerra del Pacífico obligan a una reevaluación y reconciliación de los japoneses con su identidad cultural tradicional a través de un complicado proceso, el Nihonjinron, que, acompañado del milagro económico nipón de la segunda mitad del siglo XX, contribuye al interés renovado de Occidente por la cultura japonesa, en muchos campos. La acción del Estado en la cultura ha sido un factor clave en este asunto. Influida por el modelo estadounidense, la política cultural japonesa se asienta primero en torno a la promoción de las artes y solo desde los 90 se recupera la idea de una acción cultural estatal que deja de ser un tabú para asentarse sobre el paradigma de la cultura como instrumento de construcción nacional. En 2001 esos principios se consolidan definitivamente con la aprobación de una primera ley básica de cultura, la BACPA. El interés de los japoneses por su propia cultura hace muy difícil a las industrias culturales extranjeras –salvo las estadounidenses– tener presencia en el mercado japonés, tan atractivo como difícilmente accesible. Las grandes compañías de la industria cultural son esencialmente locales y se asientan en un mercado interno muy poderoso y estable.

Japón ha encontrado en su industria cultural y creativa un modo de reemplazar las limitaciones impuestas por el artículo 9 de la Constitución de 1947 a una influencia exterior de hard power; primero mediante la cooperación al desarrollo y, en este siglo, canalizando el soft power que le proporciona su sector cultural y creativo. Cuando el gobierno japonés puso en marcha Cool Japan, Japón ya era cool. A diferencia de otros países que articularon políticas culturales y creativas destinadas a la consolidación del sector cultural interior y exterior, el gobierno japonés encontró en el auge de la cultura popular nipona en el mundo un instrumento de poder blando que, inicialmente, no formaba parte de sus políticas culturales –sí de las industriales y las exteriores– y ha ido permeando las políticas públicas japonesas. Las políticas culturales, en especial la revisión de la ley básica de cultura en 2017, han combinado en los últimos años desarrollo industrial interno con proyección exterior en el Cool Japan, un ejemplo que debe tenerse en cuenta para cualquier planificación de diplomacia cultural, como también la Estrategia para la Economía Cultural (2017) de ABE Shinzō, que vincula la política cultural interior, el turismo y la promoción internacional del país con el objetivo de potenciar el “poder cultural japonés” (Nihon’nobunka-ryoku).

Las relaciones entre España y Japón tienen su origen en las décadas de las grandes navegaciones transoceánicas que dieron comienzo al proceso globalizador contemporáneo en el siglo XVI, con la llegada a Asia Oriental de los primeros comerciantes y misioneros llamados entonces “bárbaros del sur” y las primeras embajadas japonesas a Europa. Tras los siglos del sakoku y la apertura al mundo del final del siglo XIX, Europa ha vivido un cíclico japonismo fascinada por las formas estéticas y filosóficas de Japón, la expresión de sus contradicciones culturales y la autenticidad de su literatura, sus artes visuales o su arquitectura. Europa y Japón han pasado de la conflagración que acabó con el sueño imperial japonés a mediados del siglo XX a una voluntad de cooperación estratégica en un contexto internacional marcado por la disputa entre China y EEUU por la hegemonía mundial, cuya última concreción es el Acuerdo de 2019. En ese contexto europeo, España y Japón han estrechado progresivamente los vínculos de sus sociedades, de sus economías y de sus intereses geoestratégicos. El camino es aún muy inicial, pero aprovechando las conmemoraciones de la última década se han concretado en los acuerdos de Asociación España-Japón para la Paz, el Crecimiento  y la Innovación (2013-2018), a cuya finalización le siguió un Acuerdo de Asociación Estratégica (2018) en el contexto de los firmados por Japón con la UE en materia de Asociación Económica (desde el 1 de enero de 2019) y Asociación Estratégica. Aunque nuestra relación bilateral es activa y ha construido fuertes lazos entre las dos sociedades, España y Japón no son aún grandes socios comerciales. En 2017 Japón suponía tan sólo el 0,86% del mercado exterior español (y sólo el 7,7% de las exportaciones totales a Asia), y España el 0,57% de las exportaciones mundiales de Japón (sólo el 3,86% de las exportaciones a Europa), según los datos de UN Comtrade.

España debe continuar potenciando los vínculos entre las dos sociedades, como hizo con la elevación de la relación bilateral a “Asociación Estratégica” durante la visita de ABE Shinzō a España en octubre de 2018, que debe ahora traducirse en una mayor cooperación en todos los campos. El Foro España-Japón es, con sus 21 ediciones, buen ejemplo de una estrategia que debe ampliarse y profundizarse. Las comunicaciones ofrecen una vía para aumentar la movilidad turística y mejorar la relación de las dos sociedades. España atrae a los japoneses –cada año un 0,5% de la población japonesa nos visita–, y cada vez más españoles visitan Japón, como muestran las cifras récord de 2019. Las conexiones aéreas existentes deben potenciarse y aumentar en un futuro como clave para estimular las relaciones de ambas sociedades en todos los ámbitos.

Aunque la relación bilateral es positiva y fructífera, queda mucho por hacer en el campo de la cultura. Más instrumentos para fomentar la cooperación cultural (tanto entre instituciones como en el tejido empresarial) deben promoverse. Sólo la industria de los videojuegos ha conseguido establecer vías de colaboración con el tejido local que no se encuentran en otros sectores en los que aún puede aumentar la colaboración. Los clubes de fútbol y La Liga se han convertido, en apenas una década, en un escaparate importantísimo –si no el principal– de España en Japón. El interés de la competición futbolística española ha estimulado una mayor atención por nuestra sociedad y nuestra cultura. La colaboración entre las instituciones y las empresas (desde La Liga a cada uno de los grandes clubes) debe seguirse de cerca desde las instituciones de diplomacia pública para aprovechar al máximo esta oportunidad.

El español sigue siendo un idioma irrelevante en el sistema educativo japonés, en el que el inglés ocupa una posición central que lo incorpora –en la última modificación del Plan Curricular– a la enseñanza primaria obligatoria desde los ocho años. Sólo algunos centros privados, ubicados en zonas con población migrante latinoamericana, ofrecen en esas edades cursos complementarios de español para los niños matriculados, muchos de ellos pertenecientes a las comunidades de migrantes japoneses retornados de América latina o descendientes de estos, los llamados nikkei. La comunidad nikkei podría ser clave para una mayor circulación del español y la cultura en español en Japón, pero no sólo son una comunidad débil y socialmente poco visible, sino que además tienen la carga de una “doble limitación” comunicacional por sus dificultades tanto en  la lengua de herencia como en la del país de adopción. La cooperación de todos los países hispanohablantes debería servir para que el español pueda aprenderse en las regiones japonesas con más población latinoamericana desde los primeros años de  escolarización.

En la educación secundaria, la última reforma curricular ha reforzado la enseñanza de idiomas, pero la convivencia de otras lenguas con el inglés es insignificante: sólo el 0,3% de los centros en todo el país ofrece algún idioma distinto a inglés en secundaria, y sólo el 0,1% de los estudiantes está matriculado en ellos. Los últimos datos del Ministerio de Educación (MEXT) muestran que el francés es el idioma (sin contar el inglés) con más oferta y demanda: 12 centros permiten estudiarlo en el país a 2.216 estudiantes, mientras que el español sólo puede seguirse en tres centros y apenas tiene 161 estudiantes en la secundaria obligatoria (Zenki Chutō kyōiku). Respecto al Bachillerato (Zenki Chutō kyōiku), en 2019 sólo 44.753 estudiantes cursaron idiomas adicionales al inglés en alguno de los 677 centros que los ofrecían; de ellos, el 44% eligió el chino y el 25% el coreano, con el francés como la lengua no asiática preferida y el español con cifras una vez más exiguas: en 2019 tenía tan sólo 2.863 estudiantes en 96 centros por todo el país. En el acceso a la universidad, el español está fuera de los cinco idiomas que los estudiantes japoneses pueden elegir para la prueba de idioma extranjero (inglés, francés, alemán, chino desde 1997 y coreano desde 2002). El intento, por ahora infructuoso, de reforma de los exámenes de ingreso a la universidad puede ser una oportunidad para incorporar al español en el proceso de evaluación. En esa dirección se han dirigido los esfuerzos diplomáticos realizados por los embajadores hispanohablantes, que han orientado en los últimos años varias cartas al gobierno japonés para promover la incorporación del español a las pruebas de acceso a la universidad. El aplazamiento de la reforma de las pruebas de acceso a la universidad ha dejado la situación, por el momento, pendiente de resolución.

En un sistema educativo tan dependiente de los procesos internos y externos de evaluación, es imprescindible seguir de cerca los cambios en el examen de acceso a la universidad para garantizar que el español tenga en ese proceso una presencia que contribuya a su integración en el currículum de Educación Secundaria y, sobre todo, Bachillerato. La paralización del proceso de externalización de las de inglés  hace necesaria una observación minuciosa de las políticas públicas educativas para coordinar las actuaciones más adecuadas. La buena disposición inicial del gobierno japonés a la diversificación de los idiomas en el examen de acceso a la universidad debe consolidarse vigilando tanto los costes del examen como la disponibilidad geográfica de acceso al ejercicio, las dos claves que han aparecido más fuertemente en el debate nacional sobre este asunto en 2019. Tanto la certificación DELE como SIELE deben ser apoyados por España, pero es comprensible que, tanto por razones logísticas como  de costes, el SIELE sea el examen preferido por la administración japonesa, además de –por su modelo institucional– aquel en el que será más operativo que exista un posicionamiento conjunto de las 19 embajadas hispanohablantes.

El urgente objetivo de internacionalización de la universidad japonesa es una buena oportunidad para incrementar sus vínculos con la universidad española. Tras la desregulación universitaria de los 90 y la conversión de los campus en corporaciones que compiten por la financiación, la internacionalización se ha convertido en uno de  los valores clave  de todo el sistema de educación superior, tanto en la construcción  de redes de colaboración científica como en la formación de estudiantes con mayores competencias en la globalización a través de programas como el Top Global University. Pese a la centralidad del inglés en el proceso internacionalizador, este contexto puede servir para promover una mayor presencia del español en los campus, tanto en los estudios culturales y lingüísticos como en las escuelas de negocios, en especial teniendo en cuenta la fuerte competencia por la diferenciación de los programas en el abundante tejido universitario privado. Hoy, los datos son aún muy pobres, aunque mejores que en la enseñanza preuniversitaria: mientras el 99% de los campus ofrece a sus estudiantes cursos de inglés, un 83% ofrece chino, un 65% francés, un 63% alemán o coreano y, muy por detrás, el español sólo puede cursarse en un 31% de las universidades niponas en 2018. Tan sólo 16 de las 786 universidades de Japón ofertan estudios especializados de español: dos estatales (la Universidad de Estudios Extranjeros de Tokio y la Universidad de Osaka), dos locales (Universidad de Osaka y Universidad Provincial de Aichi) y 12 privadas.

El actor central en la dinamización del proceso de promoción del español y la cultura de España en Japón es el Instituto Cervantes, acompañado por la Consejería Cultural de la Embajada española en Tokio y la Consejería de Educación, cuyas actividades se coordinan desde Pekín. El Instituto Cervantes está presente en 47 países del mundo, pero sólo cuenta con una sede en Japón. La expansión del Instituto Cervantes en otras zonas del país es una opción que sigue pendiente de desarrollo. El Instituto Cervantes podría satelizar sus actividades en ciudades como Osaka, Nagoya, Kobe y Kioto, reforzando tanto la oferta de cursos de idioma como la certificación y el refuerzo de    la promoción cultural. El reconocimiento de la certificación externa en el acceso a la universidad puede resultar determinante en la expansión del Instituto Cervantes en el país y en ese sentido el trabajo del centro tokiota es más que reseñable, sobre todo en dos aspectos que se han revisado en este informe: la cohesión de la comunidad hispanista y el refuerzo de su papel de liderazgo en las acciones de promoción del español a través del Observatorio del Español en Japón y la dinamización de las acciones coordinadas entre las embajadas hispanohablantes para promover el reconocimiento de la lengua española en el sistema educativo japonés.

Ángel Badillo Matos
Investigador principal del Real Instituto Elcano
| @angelbadillo

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<![CDATA[ La cultura en el “poder suave”: una revisión metodológica del Índice Elcano de Presencia Global ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido??WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/dt21-2020-badillo-la-cultura-en-el-poder-suave-revision-metodologica-indice-elcano-de-presencia-global 2020-11-06T11:17:43Z

El documento discute el interés de recoger algunos otros indicadores para la construcción de la variable Cultura dentro del Índice Elcano de Presencia Global, en especial el comercio internacional de bienes culturales.

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Índice

Resumen – 2
(1) La circulación mundial de la cultura – 2
(1.1) UNESCO – 3
(1.2) Eurostat – 6
(1.3) Ministerio de Cultura (España) – 7
(2) La circulación de los bienes culturales – 8
(3) La circulación de los servicios culturales – 9
Conclusiones – 11
Anexo – 12
Referencias – 22

Resumen

Hasta ahora, la medición de la variable Cultura dentro del Índice Elcano de Presencia Global se ha realizado exclusivamente a partir del comercio audiovisual, computando las exportaciones de servicios audiovisuales y relacionados (producciones cinematográficas, programas de radio y televisión, y grabaciones musicales) ofrecidas por la estadística comercial de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Este documento discute el interés de recoger algunos otros indicadores para la construcción de la variable del índice, en especial el comercio internacional de bienes culturales.

(1) La circulación mundial de la cultura

Estudiar la proyección mundial de la cultura supone, sobre todo, utilizar las fronteras y las aduanas como el punto de control de la entrada y la salida de los bienes y los servicios culturales que circulan en el mundo. Esto supone contemplar los mercados culturales como los lugares en los que la cultura producida en un país es accesible, consumida, por los ciudadanos de otro. Tenemos que asumir que, en términos de mercados y circulación aduanera, todo el contenido cultural producido en un país es “cultura nacional”. Pero interpretar toda la cultura producida en un país como cultura nacional presenta al menos dos cuestiones que debemos discutir.

El primero es el que podemos encontrar cuando los contenidos producidos hibridan sus códigos culturales para facilitar su acceso a mercados externos. En el audiovisual o en la música este caso es muy evidente: ¿podríamos considerar, por ejemplo, que no es cultura nacional la música pop creada en inglés desde un país no anglófono por creadores nacionales? Si una serie o una película incorpora tramas o contenidos que no son propios del país, ¿podemos pensar que no es cultura nacional? Para poder revisar, de forma práctica, la proyección exterior de la cultura de un país en el mundo parece imprescindible obviar la cuestión del contenido y la complejidad metodológica y conceptual que implicaría, y considerar que es nacional toda la cultura producida dentro de un Estado por personas físicas o jurídicas nacionales de ese Estado. “Nacional”, como adjetivación de la cultura, se usa en este trabajo en un sentido puramente fiscal, o de origen, y no en referencia al contenido.

El segundo problema que se presenta, y este sí es más complejo, es la deslocalización de la producción física de bienes culturales que –como en tantos otros tipos de bienes– se ha producido en ciertos mercados. Este es el caso de los países asiáticos, que se han convertido en grandes productores globales de bienes destinados a mercados exteriores. Muchos países del mundo, por ejemplo, imprimen sus libros o producen los soportes digitales para sus contenidos en China. Es imprescindible garantizar, por tanto, que las fuentes utilizadas para la medición de la proyección mundial de la cultura diferencien los insumos o la deslocalización de ciertas fases del proceso productivo en las distintas cadenas de valor del producto o el servicio cultural final.

¿Y qué consideramos cultura? Este es un asunto que ha constituido una larga controversia durante años para el análisis de políticas públicas culturales (qué áreas cubre, protege e impulsa y cuáles no), la economía de la cultura o los acuerdos de comercio (sobre todo en torno al concepto de “excepción cultural” aplicado a ciertos contenidos). Más aún, la revolución tecnológica y la expansión del hipersector infocomunicacional han abierto más el territorio para incorporar muchos subsectores que –unas veces por el prejuicio de pertenecer a la “cultura de masas” y otras por el de tener un elevado componente tecnológico– permiten hablar hoy de un macrosector: el de las industrias creativas y culturales, un paradigma controvertido y más bien difuso que desde hace más de dos décadas ha redefinido tanto las políticas públicas como el campo de la economía cultural.

¿Qué sectores engloba entonces la cultura cuando la medimos, por ejemplo, para comprender su circulación internacional? Pese a que la aparición de “cuentas satélite” para el sector cultural en muchos países en la última década ha contribuido a iluminar este asunto, como acertadamente apunta un análisis del Banco Mundial, “trade in cultural goods and services is among the most opaque areas in economic statistics” (Kabanda, 2016, p. 2). Pero la estadística cultural no sólo es controvertida y reciente, su heterogeneidad metodológica es otra marca de nacimiento. Comparemos tres fuentes: UNESCO, Eurostat y el enfoque del Ministerio de Cultura de España.

Ángel Badillo Matos
Investigador Principal del Real Instituto Elcano

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<![CDATA[ Dos instantáneas sobre las noticias del COVID-19 ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido??WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/comentario-badillo-dos-instantaneas-sobre-noticias-covid-19 2020-05-19T05:05:54Z

¿Cómo se ha informado acerca del COVID-19? ¿Qué países comenzaron a informar antes y cuáles más tarde? ¿Cuál es la presión informativa de este tema sobre la opinión pública?

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¿Cómo se ha informado acerca del COVID-19? ¿Qué países comenzaron a informar antes y cuáles más tarde? ¿Cuál es la presión informativa de este tema sobre la opinión pública? Para responder a algunas de estas preguntas venimos analizando, de forma intensiva, las noticias publicadas en algunos de los mayores países del mundo en busca del modo en el que la noticia sobre la nueva epidemia pasó a ocupar el centro de la conversación pública.1

“Las implicaciones políticas, económicas y de todo orden que tienen tanto la fecha efectiva del descubrimiento del virus como de la difusión de noticias sobre él son incalculables”.

Primero: los plazos. Los datos disponibles a la fecha de redacción de este texto permiten afirmar que las primeras hospitalizaciones por la neumonía en Wuhan se produjeron en torno a mediados de diciembre de 2019. Coincidiendo con el fin de año occidental, el 31 de diciembre, la agencia oficial de noticias china difundió por primera vez la noticia de los 27 casos de neumonía detectados en Wuhan, la capital de la provincia de Hubei, todos relacionados con el mercado de pescado de la ciudad. La nota es recogida inmediatamente por las principales agencias internacionales. Tras un primer comunicado ese mismo día, la Organización Mundial de la Salud (OMS) comenzó en los siguientes días a publicar boletines regulares acerca del brote y la situación en Wuhan, primero hablando del nCoV (novel-coronavirus) y, desde el 11 de febrero, de COVID-19, las siglas en inglés de la enfermedad del coronavirus 2019 (Coronavirus Disease 2019).

Las implicaciones políticas, económicas y de todo orden que tienen tanto la fecha efectiva del descubrimiento del virus como de la difusión de noticias sobre él son incalculables, y seguirán ocupando, no cabe duda, una parte vertebral del debate en torno a la pandemia durante meses. Ante todo, por la responsabilidad de las autoridades chinas en el control de la información relativa al virus en un país cuyas restricciones permanentes a la libre circulación de información son permanentemente denunciadas por las organizaciones internacionales. China ocupa el puesto 177 (de 180 países) en la clasificación internacional de libertad de expresión y sigue teniendo a día de hoy más de 100 periodistas encarcelados, recuerda RSF. Amnistía Internacional fue muy explícita al respecto a principios de febrero: "Los profesionales médicos de China trataron de dar la alarma sobre el virus. Si el Gobierno no hubiera intentado minimizar el peligro, el mundo podría haber respondido a la propagación del virus a tiempo". El oftalmólogo del Hospital Central de Wuhan, Li Wenliang, denunció el 30 de diciembre de 2019 la presencia de una nueva enfermedad, similar al temible SARS de 2002, y la noticia saltó de los grupos privados de WeChat a Weibo al día siguiente, dando inicio al año de la pandemia. Gracias al valor de Li Wenliang, las autoridades de Wuhan se vieron obligadas a reconocer la existencia de 27 pacientes afectados por una nueva enfermedad “prevenible y controlable”. Li fue obligado, el 3 de enero, a firmar una declaración asegurando que las informaciones que había difundido eran falsas; a los pocos días fue contagiado por una de sus pacientes en el hospital, mientras las autoridades trataban de reprimir el uso del hashtag “#WuhanSARS” en las redes sociales. El 7 de febrero, Li falleció por coronavirus. En ese momento, la enfermedad que trató de desvelar había matado ya a casi 600 personas en China.

Fueron esas primeras –y valientes– filtraciones las que obligaron al Estado chino a desvelar las primeras informaciones sobre la nueva enfermedad el 31 de diciembre, pusieron en alerta a los gobiernos de todo el mundo y activaron a las instituciones internacionales. Los medios occidentales le prestaron muy poca atención al coronavirus en esas primeras semanas, aunque el aparato ruso de desinformación sí comenzó entonces a difundir algunos de los bulos que comenzaron a circular por las redes, especialmente el que se refería a la autoría estadounidense del virus como arma biológica, transportada a China durante los juegos militares que se habían celebrado en Wuhan en octubre de 2019, destinada a acabar selectivamente con los enemigos de EEUU –se llegó a hablar de un diseño biológico destinado a ser especialmente mortal en China–, destruir a la UE e instaurar un nuevo orden internacional. La implicación de las grandes farmacéuticas, el papel de Bill Gates como cerebro de la trama (“Gates of hell”, era el lema de esos mensajes) y el objetivo último de reducir la población mundial son algunas de las apocalípticas ideas que circularon durante esas semanas en las redes sociales.

“Los medios occidentales le prestaron muy poca atención al coronavirus en esas primeras semanas, aunque el aparato ruso de desinformación sí comenzó entonces a difundir algunos de los bulos que comenzaron a circular por las redes”.

La mayor parte de la catarata de paranoia que circuló durante las primeras semanas en las redes sociales de occidente procedía de Rusia, como ha venido mostrando el observatorio de desinformación de la UE. Hay, sin embargo, una diferencia sustancial: la participación china replicando las técnicas y los instrumentos que habíamos visto en Rusia. Un reciente –y controvertidoinforme europeo del Servicio de Acción Exterior subraya que, aunque en menor medida, China está acompañando el esfuerzo ruso de dirigir campañas de desinformación sobre el coronavirus hacia Europa y su vecindario. Buena parte de esas campañas se dirigen, comprensiblemente, a lo que más que desinformación debemos llamar soft power; en palabras del SEAE “desviar cualquier responsabilidad por el estallido de la pandemia y subrayar la ayuda bilateral”. En la medida en que no puede probarse –a día de hoy– que el virus no haya aparecido de forma natural, es más que comprensible la preocupación china por evitar que al virus se le atribuya el gentilicio “chino” como a la gripe de 1918 se la etiquetó de “española”. Las referencias al virus como “gripe china” o incluso como Kung flu que surgieron de la Casa Blanca fueron rápidamente rechazadas por las autoridades del país. La decisión, el 11 de febrero, de la OMS de llamar COVID-19 a la enfermedad obedece a denominarla con un término que "pueda pronunciarse y no aluda a una localización geográfica específica, un animal o un grupo de personas".

COVID-19 en los medios del mundo

El intensivo seguimiento que desde el Real Instituto Elcano estamos haciendo de la pandemia y sus consecuencias geopolíticas nos permite tener algunas impresiones rápidas del modo en el que esta coyuntura excepcional se está reflejando en los medios mundiales en los últimos –y vertiginosos– cuatro meses. Y las diferencias son muy significativas.

Hemos trasladado esos datos a una herramienta en línea que permite ver, día a día, la cantidad de noticias dedicadas a la pandemia de COVID-19 desde el 1 de enero al 25 de abril de 2020. El gráfico activo permite seleccionar la fecha dentro de los últimos cuatro meses y observar la presión informativa en torno al COVID-19 en los medios nacionales y locales de una treintena de países.

 

Comprensiblemente, los medios de comunicación asiáticos fueron los primeros en ocuparse del nuevo virus, primero los chinos (en torno al comienzo de la cuarentena en Wuhan, el 23 de enero) y, más tarde y en menor medida, Corea del Sur y Japón. Conforme la epidemia se convertía en una amenaza internacional y con su llegada a Europa, los medios de nuestro entorno empezaron a tratar el asunto ya de un modo central. Los datos permiten apreciar claramente tres períodos:

  1. Un primer momento, desde inicios de enero hasta el final de febrero, en que el virus es tratado intensivamente por los medios asiáticos, pero apenas fuera de la región. Hacia el 22 de febrero, la situación en Italia hace que en ese país ya la mitad de las informaciones de los medios se dediquen al COVID; para entonces, los medios del resto de los países revisados ya están dedicando el 20% de su agenda a la enfermedad.
  2. Entre el 6 y el 10 de marzo se produce una variación muy importante, con los medios de muchos países dedicando la mitad de su repertorio informativo al virus, en un contexto internacional ya desbordado y con la presión informativa en Europa superando el 60%-80% de la agenda diaria. Es el sur de Europa donde esa presión es más importante, pero a partir de esos días son los medios europeos los que más atienden a la pandemia. Solamente a partir de la segunda mitad del mes de marzo los medios norteamericanos lideran la presión informativa, cercana al 80% de media. Curiosamente, en esas fechas Japón y Corea del Sur se mantienen en torno al 40%. Contemplando todos los países revisados, el 24 de marzo se produjo la mayor atención mediática, con el 61,4% de las noticias dedicadas a la epidemia en la treintena de países revisados.
  3. Finalmente, la presión informativa comienza también su agotamiento y su desescalada a partir del 10 de abril, con la mayor parte de los países revisados mostrando indicadores cercanos al 50%.

España en las noticias mundiales del COVID-19

La otra pregunta que nos hemos formulado revisando la información circulante en los medios internacionales sobre el COVID-19 es la del riesgo reputacional para España de aparecer en el centro del escenario, como consecuencia del grave impacto que la enfermedad está teniendo en nuestro país. Ya explicamos en un texto anterior que la enfermedad emergió en las agendas públicas con China en el centro del escenario hasta la irrupción de Italia que, para finales de febrero, pasó a convertirse en el principal punto de interés para los medios mundiales. Los medios británicos y alemanes son quienes mayor atención prestaron a la situación italiana, más incluso que a China a partir de esa fecha. Irán, en las primeras semanas de la pandemia, y el Reino Unido desde la primera semana de abril, se incorporaron también a la agenda mediática de los países que revisamos. Estudiando las noticias publicadas por medios nacionales del Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y EEUU, España es el tercer país más mencionado, siempre por detrás de China e Italia, cuando se trata la actualidad del COVID-19.

Los datos sobre la presencia de España en las noticias mundiales del COVID-19 nos hacen preguntarnos también en qué momentos nuestro país ha ocupado el escenario. Para ello, hemos revisado expresamente las informaciones sobre COVID en las que se mencionaba a España en Alemania, EEUU, Italia, Portugal, el Reino Unido y Francia.

 

La entrada de España en el escenario informativo internacional se produce en torno al 1 de febrero, con la aparición de los primeros casos en Europa, también en nuestro país. Un día después, la confirmación del segundo caso tiene también la atención de los medios internacionales. El segundo pico de atención inicial se produce con las primeras muertes confirmadas por coronavirus en los primeros días de marzo, con especial atención a la situación en la Comunidad de Madrid. La declaración del estado de alarma el 14 de marzo marca la culminación del crescendo de las noticias sobre la pandemia en España en los días anteriores.

Hay que subrayar la atención que dedican el Reino Unido, EEUU o Alemania a la situación española ese día (siempre tras Portugal, cuya atención a España es siempre muy elevada). El volumen de noticias dedicado por los medios alemanes o británicos a España es desde entonces muy notable.

Es imprescindible seguir observando el interés de los medios internacionales por la incidencia de la pandemia –al menos en esta fase– en España para comprender adecuadamente el impacto que puede tener no sólo en el corto plazo sino en la reputación a medio y largo término. Como bien saben los especialistas en comunicación pública, los medios no sólo definen, sino que resaltan (y también relajan) las condiciones de las crisis. Si esta es una crisis sanitaria mundial sin precedentes, comprender el modo en el que es presentada y representada por los medios debe ser parte del análisis complejo del fenómeno.

Ángel Badillo
Investigador principal, Real Instituto Elcano | @angelbadillo


1 Unas primeras notas sobre esta cuestión se publicaron en el blog del Real Instituto Elcano, “COVID-19: una gripe sin gentilicio”. La base de datos utilizada es Media Cloud, un proyecto del MIT Center for Civic Media y el Berkman Klein Center for Internet and Society de la Universidad de Harvard. Distribuidos en colecciones nacionales, los medios revisados han sido un total de 20.518 para 28 países. Los gráficos presentados en este análisis pueden consultarse en línea en https://public.tableau.com/profile/angel5981#!/vizhome/COVIDnews_2020/Dashboard1?publish=yes.

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<![CDATA[ Sobre el patrimonio cultural de la humanidad en el espacio ultraterrestre ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido??WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari120-2019-pardo-sobre-el-patrimonio-cultural-de-la-humanidad-en-el-espacio-ultraterrestre 2019-12-13T08:42:56Z

Los objetos y sitios relacionados con las históricas misiones merecen la consideración de patrimonio cultural de la humanidad y su preservación para las generaciones futuras.

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Tema

Desde el lanzamiento del satélite Sputnik, en 1957, a las misiones Apolo y la exploración de Marte, la joven era espacial ha sido testigo de uno de los grandes hitos de la humanidad en el espacio ultraterrestre. Los objetos y sitios relacionados con las históricas misiones merecen la consideración de patrimonio cultural de la humanidad y su preservación para las generaciones futuras.

Resumen

En las famosas huellas de Neil Armstrong están depositados los sueños de la humanidad a lo largo de miles de años. La fascinación por la Luna y su impacto en la nuestra cultura fueron decisivos para superar los 384.400 km de distancia que separan la Tierra del Mar de la Tranquilidad, donde alunizó el Apolo 11 hace 50 años. El creciente interés en preservar no sólo aquellos objetos relacionados con las históricas misiones a la Luna sino también los lugares del alunizaje, tiene su origen en el incremento de proyectos gubernamentales y privados de algunos países, como China,1 la India2 y EEUU, que ha anunciado el retorno de la NASA al satélite en 2024,3 así como la puesta en marcha de proyectos armamentísticos de seguridad y defensa, propuestos por algunos Estados.4 En este contexto parece conveniente trasladar los valores de la cultura a la ciencia, la tecnología y las políticas espaciales para contribuir a la preservación de la utilización pacífica del espacio ultraterrestre. ¿Merecen los vestigios de las primeras misiones espaciales la consideración de patrimonio cultural de la humanidad?

Análisis

Cultura, ciencia y espacio

Como dice un verso de Federico García Lorca, cuando sale la Luna el corazón se siente una isla en el infinito.5 Desde sus orígenes el hombre ha buscado en los astros respuestas para intentar comprender el orden que rige su propia existencia. En 1965 el arqueólogo norteamericano Alexander Marshak interpretó las muescas halladas en unos huesos del período auriñaciense como un patrón lunar que fijaba las distintas fases de la Luna.6 Los antropólogos consideraron que la evolución de este conocimiento pudo sentar las bases para el desarrollo de materias basadas en el tiempo, como la astronomía, la agricultura, las matemáticas, el calendario7 y, tal vez, la poesía, porque la ciencia y el arte comparten un único espacio.

Seguramente gracias a una alquimia de emociones y creatividad, la Luna se convirtió en una fuente de inspiración para el ser humano.La mitología lunar ha estado presente en prácticamente todas las civilizaciones: uno de los poemas más antiguos que existen es un texto sumerio, El descenso de Inanna, quehabla sobre la muerte y la resurrección de esta deidad, hija de la Luna.8 En Egipto, dioses como Thot y Osiris relacionaban el influjo del satélite sobre el crecimiento y el decrecimiento del Nilo y, en Grecia, Homero inmortalizó su admiración por la diosa de la Luna con sus cánticos a Selene.9

Figura 1. Copa ática, Selene (detalle), 490 aC
Figura 1. Copa ática, Selene (detalle), 490 aC. Fuente: Museos Estatales de Berlín
Fuente: Museos Estatales de Berlín.

Desde los poemas órficos, a Safo, Fontaine, Keats, Shakespeare, Apollinaire, Borges, García Lorca y tantos otros, los poetas se han rendido a la magia de la astronomía, durante cientos de años. Son muchas las historias en la literatura universal con alusiones constantes a la Luna y viajes al espacio. El poeta greco-sirio, Luciano de Samósata escribió, en el siglo II, un relato humorístico llamado La vera historia sobre un imaginario viaje a la Luna con asombrosas descripciones de los selenitas.10 Otras culturas crearon personajes fantásticos como la princesa Kaguya, proveniente de la Luna, protagonista de El cortador de bambú, uno de los cuentos más antiguos de Japón.11

En pleno renacimiento, la cosmología aristotélica tuvo un enorme protagonismo en La divina comedia de Dante, donde hay más de 100 pasajes relacionados con la astronomía. Cada una de las tres partes o cantigas en las que se divide, Inferno, Purgatorio y Paradiso, finaliza con la palabra stelle (estrella, en italiano).12 En el siglo XVI otro poeta italiano, Ludovico Ariosto, describió en Orlando furioso el viaje a la Luna de Astolfo, en el carro en llamas del profeta Elías, para encontrar un remedio para la locura de Orlando.

Figura 2. Dante y su Divina comedia, por Domenico di Michelino, siglo XV
Figura 2. Dante y su Divina comedia, por Domenico di Michelino, siglo XV. Fuente: Catedral de Santa Maria del Fiore, Florencia
Fuente: Catedral de Santa Maria del Fiore, Florencia.

Todos estos viajes espaciales que los poetas imaginaron, también fascinaron a ingenieros y militares desde la Edad Media. Las referencias más antiguas que se conocen sobre los futuros cohetes multietapa aparecieron en el Manual del dragón (siglo XIV), editado por Jiao Yu y Liu Bowen durante la dinastía Ming.13 Pero, sin duda, uno de los hallazgos más relevantes en este campo tuvo lugar en 1961, cuando se descubrió en una biblioteca de Sibiu, Rumanía, el antiguo manuscrito de Conrad Haas,14 un ingeniero militar que trabajó para el Reino de Hungría y el Principado de Transilvania, con textos e ilustraciones visionarios que se adelantaron cientos de años a la tecnología de los cohetes multietapa. Otro tratado muy avanzado para su época fue Artis magnae artilleriae pars prima, que data de 1650 y cuyo autor, Kazimierz Siemienowicz, un ingeniero de origen polaco y lituano, teorizó sobre el futuro funcionamiento de los cohetes.15

Figura 3. Conrad Haas, manuscrito de Sibiu, siglo XVI
Figura 3. Conrad Haas, manuscrito de Sibiu, siglo XVI. Fuente: Archivo Nacional, Sibiu
Fuente: Archivo Nacional, Sibiu.

El gran astrónomo y matemático alemán Johannes Kepler también sufrió el hechizo de la Luna. En 1608 escribió en latín una obra que muchos consideran la primera de ciencia ficción. Somnium narra la historia de Duracotus, un joven islandés que emprende un viaje onírico a la Luna, junto a su madre, por un conjuro mágico. La obra tuvo graves consecuencias personales para el científico, debido a la identificación que se hizo en la época del propio Keppler con el personaje principal, llegando a motivar la condena de su madre por brujería.16

En el siglo XIX no podemos olvidar las obras de Julio Verne, De la Tierra a la Luna, y de H.G. Wells, Los primeros hombres en la Luna, de 1901. El mundo cinematográfico también se estrena a principios del siglo XX con el Viaje a la Luna de Georges Méliès,17 al que sucedieron un sinfín de grandes producciones como la última sobre el alunizaje del Apolo 11, El primer hombre del director Damien Chazelle.

Figura 4. Le voyage dans la lune, de Georges Méliès
Figura 4. Le voyage dans la lune, de Georges Méliès

La Luna no sólo ha sido fuente de inspiración para artistas, creadores y científicos, los antropólogos han estudiado cómo pueblos de todo el mundo han reconocido en la superficie de la Luna figuras de animales o imágenes cotidianas relacionadas con su vida tribal (el fenómeno conocido como pareidolia lunar), que varían según en qué lugar del planeta nos encontremos. Mientras en Occidente estamos acostumbrados a ver una cara o un hombre en la Luna, en otras culturas, sobre todo en Oriente, Japón, Indonesia, la India, pero también los bosquimanos y tribus de Norte América, ven a una liebre en la Luna. Un animal con una larga tradición en la mitología maya y azteca, donde la diosa de la Luna Ixchel aparece siempre representada al lado de una liebre.18

Figuras 5 y 6. Lápida lunar, Tlaxiaco, período postclásico (1000-1521); y representación de la diosa maya Ixchel con conejo, 600-900
 
Fuentes: Museo Nacional de Antropología y Museo Nacional de Yucatán.

En la cultura china la diosa Chang E vive en la Luna con una liebre que prepara elixires para la vida Figuras 5 y 6. Lápida lunar, Tlaxiaco, período postclásico (1000-1521); y representación de la diosa maya Ixchel con conejo, 600-900. Fuentes: Museo Nacional de Antropología y Museo Nacional de Yucatáneterna. Entre los audios grabados de los astronautas del Apolo 11 hay una conversación entre Houston y el astronauta Edwin “Buzz” Aldrin en la que bromean con la posibilidad de encontrar en la superficie a una hermosa diosa china con un conejo.19< La influencia de la diosa Chang E sigue vive todavía en el siglo XXI, dando nombre al programa espacial chino en la cara oculta de la Luna.

El Programa Apolo con la participación de España

El Programa Apolo fue un programa espacial tripulado desarrollado por EEUU en la década de 1960, en el marco de la carrera espacial con la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Un total de seis misiones lograron posarse sobre la superficie lunar (Apolo 11, 12, 14, 15, 16 y 17) con la excepción del Apolo 13, que tuvo que regresar a causa de un incidente técnico. Para que las naves Apolo llegaran a su destino fue necesaria la construcción del cohete Saturno V, diseñado por el científico de origen alemán Wernher von Braun y su equipo, con 110,64 m de altura y un peso de 2.700 toneladas en el momento del despegue.20 El 20 de julio de 1969, Neil Armstrong y Edwin “Buzz” Aldrin alunizaron en el satélite terrestre con la primera nave diseñada para volar en el vacío sin ninguna capacidad aerodinámica, el módulo lunar (LEM, Lunar Extravehicular Module). Bajo el nombre Manned Space Flight Network (MSFN, Red de Vuelos Espaciales Tripulados) la NASA diseñó una red mundial de comunicaciones específicamente diseñadas para el Programa Apolo. Se construyeron tres antenas que aseguraron las transmisiones en California, Australia y España. La participación española a través de las estaciones de Madrid, en Fresnedillas de la Oliva y en Robledo de Chavela, y el Centro Espacial de Maspalomas en Gran Canaria, fue decisiva para la llegada del hombre a la Luna, asegurando el correcto funcionamiento de las comunicaciones durante el desarrollo de los programas Apolo.21

Figura 7. Alunizaje en el Mar de la Tranquilidad
Figura 7. Alunizaje en el Mar de la Tranquilidad. Fuente: NASA
Fuente: NASA.

De Elcano a la Estación Espacial Internacional

Hace 500 años el ansia por superar las fronteras de su entorno también llevó a la humanidad a la primera vuelta al mundo, comandada por Magallanes y completada por Elcano. La nao Victoria partió de Sevilla en 1519 y regresó a Cádiz en 1522. No hay ninguna certeza sobre cuál fue el destino final de la nave, pero es probable que se reparara y volviera a utilizarse en otras expediciones marítimas, hasta su desaparición en alta mar durante un viaje de regreso a España desde Santo Domingo.22

Figura 8. Sevilla en el siglo XVI, atribuido a Alonso Sánchez Coello
Figura 8. Sevilla en el siglo XVI, atribuido a Alonso Sánchez Coello. Museo de América, Madrid.
Museo de América, Madrid.

¿Qué hubiera ocurrido si mientras la nao Victoria permanecía en las atarazanas de Sevilla, donde se reparaban los buques antes de emprender nuevos viajes, se hubiera tomado la decisión de preservarla como símbolo de una epopeya? Es fácil teorizar con la perspectiva de los siglos, pero aún hoy en día encontramos dilemas similares. La vida de la Estación Espacial Internacional (ISS) puede llegar pronto a su fin, aunque la NASA ha anunciado que probablemente se alargará su vida útil con fines turísticos y comerciales.23 Su construcción, durante 10 años fue el resultado de un extraordinario prodigio de la ingeniería de la humanidad, pero también de la cooperación internacional. Sus predecesoras, la estación norteamericana Skylab o las estaciones rusas Salyut o Mir, se desintegraron en su reentrada a la atmosfera, hundiéndose en el Océano Pacífico. Algunos de los restos de la estación Skylab pueden verse hoy en el Esperance Municipal Museum, en Australia, junto a la localidad donde fueron encontrados.

Figura 9. Restos de la estación espacial Skylab, caídos en Australia durante su reentrada en 1979
Figura 9. Restos de la estación espacial Skylab, caídos en Australia durante su reentrada en 1979. Source: Esperance Museum, Australia, © Ben Cooper/LaunchPhotography.com
Source: Esperance Museum, Australia, © Ben Cooper/LaunchPhotography.com.

El final más probable para la ISS será una reentrada controlada a la Tierra, que implicará la destrucción de la práctica totalidad de la estación y su entierro en las profundidades del océano. Sin embargo, aun siendo un ejercicio intelectual estéril, porque hoy en día ningún organismo ni Estado se plantea conservar la Estación Espacial Internacional por su significación histórica para la humanidad, dos hipotéticas actuaciones podrían contribuir a su preservación.24 La primera, mantenerla en la órbita baja donde se encuentra ahora, a 400 km. Ello implicaría hacer un seguimiento permanente de su órbita para que se mantuviera estable. La segunda opción sería desplazar la estación a una órbita más elevada, a 1.200 km, donde, tal vez, podría permanecer de forma estable durante 100 años, pero para ello sería necesario atravesar la zona con más desechos espaciales y donde hay un mayor tráfico de satélites de observación de la Tierra. En definitiva, la idea de conservar la Estación Espacial Internacional no deja de ser un pensamiento romántico que hoy por hoy presenta dificultades técnicas, financieras y políticas insalvables.

El valor universal de la exploración espacial

Menos utópica, pero aún incipiente, es la conservación de los vestigios de las primeras misiones espaciales de la humanidad en el espacio ultraterrestre. Un patrimonio que ha sido objeto de estudio, desde los años 80, por especialistas de distintas disciplinas, universidades25 y agencias espaciales. La UNESCO ha abordado indirectamente el estudio del patrimonio espacial tecnológico, dentro del patrimonio astronómico, pero hasta la fecha no ha analizado su posible protección en un contexto internacional. Podríamos definir el patrimonio espacial como el conjunto de bienes objetos muebles e inmuebles, lugares y paisajes relacionados con las primeras exploraciones espaciales de la humanidad, que tienen una significación histórica, cultural, científica o técnica, y que podrían clasificarse en función de su ubicación: en los propios cuerpos celestes, en órbita o en la Tierra.

Figura 10. Rover lunar de la misión Apolo 15
Figura 10. Rover lunar de la misión Apolo 15. Fuente: NASA
Fuente: NASA.

En el año 2011, consciente de la evolución del sector espacial, la NASA elaboró unas Recomendaciones para los Estados con programas espaciales con el fin de proteger y preservar el valor histórico y científico de los artefactos espaciales estadounidenses situados en la Luna.26 En 2012 la misma agencia espacial publicó un listado de “objetos hechos por el hombre que se encuentran en la superficie de la Luna”,27 tanto de procedencia estadounidense (cerca de 800), de Rusia (25), como de China (uno), la India (dos) Japón (cinco) y la Agencia Espacial Europea. En este registro hay objetos de todo tipo, desde restos de las propias misiones hasta una pequeña escultura del artista belga Paul van Hoeydonck: un astronauta y una placa conmemorativa con los nombres de los astronautas y cosmonautas fallecidos, que fue depositada en la superficie del satélite durante la misión Apolo 15. Fuera de este listado, hay otros objetos curiosos como el Moon Museum una pequeña oblea de cerámica que contiene trabajos de seis artistas contemporáneos como Robert Rauschenberg, Forrest Myers y Andy Warhol. Supuestamente esta oblea estaba anexada a la pata del módulo lunar que aterrizó en la Luna con el Apolo 12 y podría permanecer en su superficie junto con otros efectos personales de los astronautas.28

Figura 11. Fallen Astronauts
Figura 11. Fallen Astronauts. Fuente: NASA
Fuente: NASA.

Atendiendo a nuestra clasificación, además de los objetos que se encuentran en los cuerpos celestes, están aquellos ubicados en el mismo espacio, como el satélite Vanguard 1, el más antiguo aún en órbita, desde 1954. Evidentemente no podemos considerar como patrimonio espacial los miles de satélites artificiales que orbitan la Tierra y las toneladas de desechos espaciales; únicamente, como afirma la NASA, aquellos objetos espaciales con un valor histórico y científico al que añadimos la dimensión cultural.

Por último, está el patrimonio espacial situado en la Tierra. La estación terrena OTC de Carnarvon en Australia, que se empleó durante los años 60 para mejorar las comunicaciones de la NASA y el Proyecto Apolo, es un patrimonio inscrito en el Consejo de Patrimonio de Australia Occidental por su significado cultural nacional e internacional,29 que cuenta incluso con un museo dedicado a las actividades espaciales. El centro de control de la misión Apolo se ha restaurado recientemente para su exhibición en el Johnson Center en Houston, Florida,30 y tiene la consideración de National Historic Landmark (NHL) en EEUU. En el marco de la conferencia internacional organizada por la UNESCO “Astronomy and World Heritage: Across time and continents” que tuvo lugar en Kazan en 2009, se analizaron las conexiones entre el patrimonio mundial y el patrimonio espacial situado en determinadas zonas terrestres, como el centro espacial de Baikonur.31

Figura 12. Apolo 11, módulo de mando Columbia
Figura 12. Apolo 11, módulo de mando Columbia. Fuente: Smithsonian National Air and Space Museum
Fuente: Smithsonian National Air and Space Museum.

Otros muchos objetos se exhiben en centros de todo el mundo, principalmente en la Federación de Rusia y EEUU, países pioneros de la exploración espacial. El museo de Cosmonautas en Moscú, en memoria de Yuri Gagarin, y el Smithsonian en Washington conservan las piezas más icónicas de las primeras misiones: trajes, módulos de mando y cartas de navegación astral.

En relación con los lugares donde se realizaron las expediciones en la Luna, según los expertos,32 podríamos hablar de más de 80 sitios arqueológicos que han sido testigos de los avances de la humanidad en la exploración espacial, desde las primeras sondas lunares rusas y norteamericanas hasta las misiones del Programa Apolo o del programa chino Chang-E, en la cara oculta de la Luna.

Figura 13. Sitios relacionados con los alunizajes del programa Apolo (verde), NASA Surveyor (amarillo) y sondas Luna rusas (rojo)
Figura 13. Sitios relacionados con los alunizajes del programa Apolo (verde), NASA Surveyor (amarillo) y sondas Luna rusas (rojo). Fuente: National Space Science Data Center, NASA
Fuente: National Space Science Data Center, NASA.

¿Protección y preservación del patrimonio espacial?

Las diversas medidas que podrían adoptarse para la protección internacional del patrimonio espacial dependerán del lugar en el que se encuentre. Aquellos objetos muebles o inmuebles situados en zonas terrestres obviamente no plantean ninguna problemática ya que cada Estado los inscribe en el registro que considere más apropiado para preservar su legado. En cuanto a los objetos que se encuentran en el espacio ultraterrestre, también resulta lógico pensar que el derecho de propiedad de los artefactos lanzados al espacio no sufre ninguna alteración, como así lo ratifica el derecho espacial. Por tanto, cada Estado, también en este caso, puede otorgar a sus bienes la condición que considere. Cuestión aparte es la protección técnica y las garantías reales de preservación.

Los sitios que podemos considerar arqueológicos y que se encuentran en el espacio ultraterrestre, como los lugares donde alunizaron las misiones Apolo o donde se encuentran los restos de las primeras sondas lunares, tienen una consideración jurídica más compleja al tratarse de espacios que se encuentran fuera de la jurisdicción nacional de los Estados. Según el artículo I del Tratado del Espacio “La exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros Cuerpos celestes, deberán hacerse en provecho e interés de todos los países e incumben a toda la Humanidad”; el artículo II del mismo Tratado establece que “El espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, no podrán ser objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera”; y, por último, el artículo 11 del Acuerdo de la Luna enuncia que “La Luna y sus recursos naturales son patrimonio común de la humanidad…”.

Otro espacio en la Tierra que también tiene la consideración de patrimonio común de la humanidad es el que, en derecho del mar, se conoce como la “Zona”, es decir los fondos marinos y oceánicos fuera de la jurisdicción nacional de los Estados. ¿Qué ocurriría si hoy encontráramos los restos de la nao Victoria en los fondos marinos? En este caso aplicaríamos la Convención que existe de la UNESCO sobre el Patrimonio Cultural Subacuático de 2011 que establece que todos los Estados partes tienen la responsabilidad de proteger el patrimonio cultural subacuático en la “Zona”.

En el caso del patrimonio que se encuentra en el espacio ultraterrestre, no existe todavía convención internacional alguna que le haya otorgado una condición y protección especial, por lo que no hay una obligación por parte de los Estados que lleven a cabo misiones en la Luna de proteger este patrimonio, más allá de unas recomendaciones que puedan elaborar las distintas agencias espaciales.

En todo caso, la convención de la UNESCO podría ser un buen punto de partida para la futura regulación del patrimonio espacial, con algunas salvedades. Se consideran patrimonio subacuático aquellos pecios de más de 100 años de antigüedad. Esta condición, sin embargo, no parece relevante para el patrimonio espacial, ya que el factor tiempo no altera el hecho de que siempre serán los primeros vestigios de la exploración espacial. Por otra parte, la convención de la UNESCO también refuerza la idea sobre la consideración de este patrimonio como “cultural” de la humanidad y no tan sólo científico o espacial. Si los antiguos galeones hundidos son patrimonio cultural, también deberían tener la misma consideración los restos de las misiones espaciales.

En el año 2013 el proyecto de ley estadounidense Lunar Legacy Project,33 asignado a un comité del Congreso, abordó por primera vez la protección jurídica de los artefactos de las misiones Apolo. El proyecto establecía la voluntad de declarar Parque Histórico Nacional a los sitios de alunizaje del Apolo 11. La administración del parque incluía: asegurar una supervisión adecuada de los lugares de alunizaje, la gestión del acceso a los sitios a través de la coordinación con otras naciones y entidades espaciales, así como asegurar una catalogación precisa de elementos en el Parque en colaboración con el director de la Smithsonian. Finalmente, propone que el gobierno de EEUU presente la candidatura de Base Tranquilidad, en la Luna, como Patrimonio Mundial de la UNESCO.

El proyecto presentado suponía un gran avance en la protección del patrimonio espacial pero sus propuestas no se ajustaban al derecho espacial internacional vigente. En primer lugar, porque ningún Estado puede hacer reivindicación alguna sobre Base Tranquilidad y, en segundo lugar, porque la Convención sobre el Patrimonio Mundial de la UNESCO no acepta designaciones para la consideración de Patrimonio de la Humanidad que no se encuentren dentro del territorio de un Estado. La Convención actual, por tanto, no permite ninguna designación fuera del Planeta.

Últimos avances en la preservación del patrimonio cultural de la humanidad en el espacio ultraterrestre

En el ámbito académico, dentro de la celebración de las XLI Jornadas del Instituto Iberoamericano de Derecho Aeronáutico, del Espacio y de la Aviación Comercial (organismo consultivo de NNUU), celebradas en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Aeronáuticos y Espaciales de Madrid, en 2014, se presentó la ponencia “Sobre el Acuerdo de la Luna y el Patrimonio Cultural del Espacio Ultraterrestre”34 con una propuesta para la elaboración de una declaración conjunta por parte de la Comisión sobre la Utilización Pacífica del Espacio Ultraterrestre (COPUOS) y la UNESCO como un primer paso para el reconocimiento para la salvaguarda de este patrimonio.

Recientemente, en 2018 se fundó en EEUU un organismo no gubernamental llamado For all Moonkind,35 observador de COPUOS, para concienciar a la comunidad internacional y a la sociedad civil sobre la necesidad de proteger objetos y sitios relacionados con las históricas misiones a la Luna. Este organismo ha impulsado en 2019 el desarrollo en EEUU de un proyecto de Ley llamado “Un pequeño paso para la preservación del patrimonio de la humanidad en el espacio ultraterrestre”,36 por el que las empresas estadounidenses que vayan a realizar actividades en la Luna deberán adoptar las recomendaciones de la NASA. Si la Ley se acaba aprobando en el Congreso de EEUU, será interesante analizar la respuesta de la comunidad internacional porque afecta sólo a las empresas estadounidenses.

Conclusiones

A pesar de las dificultades, la fascinación que nos produce observar los vestigios de civilizaciones pasadas, como las líneas de Nazca en Perú, o espacios naturales únicos, como la biosfera de la Isla de Robinson Crusoe en el archipiélago de Juan Fernández en Chile, nos obliga a pensar en la conveniencia de proteger, también, nuestras huellas en la exploración espacial para las generaciones futuras. En nuestra opinión, sería necesario obtener un reconocimiento y un consenso internacional para la protección del patrimonio espacial que tiene una consideración histórica y cultural. La protección de determinados sitios en la Luna también sería deseable, aun siendo más compleja por tratarse de territorios que se encuentran fuera de la jurisdicción nacional de los Estados.

En un momento en el que la futura gobernanza de los asuntos espaciales se enmarca en una mayor militarización del espacio37 y donde una carrera por la explotación de los recursos naturales ya no es un escenario hipotético,38 parece fundamental trasladar los valores de la cultura a la ciencia, la tecnología y las políticas espaciales para preservar una utilización pacífica del espacio ultraterrestre. Una declaración de la UNESCO sobre la significación cultural del patrimonio espacial de la humanidad en la Tierra y en el espacio ultraterrestre podría:

  • Reconocer la necesidad de ampliar el significado de la exploración espacial para la sociedad más allá de la ciencia y la tecnología, considerando las actividades espaciales como parte fundamental del desarrollo cultural de la humanidad en el espacio ultraterrestre.
  • Recordar la importancia que la creatividad y la imaginación, como la máxima expresión cultural del hombre, han tenido a lo largo de la historia en el desarrollo de las actividades espaciales.
  • Reconocer el impacto que la exploración espacial ha tenido en la evolución del pensamiento a través de las distintas manifestaciones culturales que, desde la Tierra, han acompañado la aventura de la humanidad en el espacio.
  • Reafirmar la importancia de la huella dejada por la humanidad en el espacio ultraterrestre, fruto de los extraordinarios logros obtenidos en los últimos 50 años, y la necesidad de respetar y proteger los vestigios de la exploración espacial para las generaciones futuras.
  • Encontrar las vías a través de la cooperación internacional para preservar el patrimonio espacial de carácter cultural, histórico y científico, dentro del marco de la protección del medio ambiente espacial y los objetivos de desarrollo sostenible.
  • Confirmar que la Comisión para la Utilización del Espacio Ultraterrestre con fines Pacíficos (COPUOS) se encuentra en una posición única, como el principal órgano de Naciones Unidas encargado de facilitar la cooperación internacional en las actividades espaciales, para coordinar con la UNESCO y otros órganos de Naciones Unidas las acciones futuras que conduzcan a la salvaguarda del patrimonio cultural de la humanidad en el espacio ultraterrestre.
  • Exhortar a todos los Estados a trabajar conjuntamente para que las tecnologías espaciales y sus aplicaciones contribuyan a preservar el legado cultural de la humanidad en la Tierra y en el espacio ultraterrestre.

Elvira Prado
Instituto Iberoamericano de Derecho Aeronáutico del Espacio y de la Aviación Comercial


2 Andrew Jones,Chandrayaan-2: India’s lunar maneuvers continue”, Space News.

3 Véase Programa Artemisa de la NASA.

4 EEUU, Francia y la India, entre otros. Véase Victor Mallet (20199, “France follows US to set up military space command”, Financial Times, 14/VII/2019.

5 Federico García Lorca, La Luna Asoma – Canciones de Luna (Canciones 1921-1924).

7 Véase Jules Cashford (2018), La Luna. Símbolo de transformación, Atlanta, p. 30.

8 Ibid. p. 42

9 Ibid. p. 25

11 World Digital Library, La historia del cortador de bambú.

12 Véase Alejandro Gangui (2008), La cosmología de la Divina Comedia, Instituto de Astronomía y Física del Espacio, CONICET.

13 Cesare Rossi, Flavio Russo et al. (2009), Ancient Engineers’ Inventions: Precursors of the Present, Springer, 2009.

14 NASA, “Romanian rocketry in the 16th century”, Technical Reports Server.

15 Science History Institute, Artis Magnae Artilleriae.

17 Georges Méliè (1902), Voyage dans la Lune.

18 Véase Cashford (2018), op. cit., p. 267-299.

19 NASA, “Transcription of the Technical Air-to-Ground Voice Transmission (GOSS NET 1) from the Apollo 11 mission”.

20 Rod Pyle (2019), Misión: la Luna, Edición 50 Aniversario, p. 63.

21 Véase José Manuel Urech Ribera (2011), Estaciones de la NASA cerca de Madrid: 45 años de historia (1963-2008), Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial.

22 Sanlúcar y la primera vuelta al mundo, “La historia de la nao Victoria”.

24 Spacedaily (2018), “ISS end of life options”, 7/VIII/2018.

25 Alice Gorman (2010), “Space heritage. Towards an international agreement”, Asia Pacific Regional Space Agency Forum 2010, Flinders University; Olga Dluzhnevskaya (2012), “From heritage of astronomy to space technological heritage: a perspective”, presentación en el Observatorio de Pulkovo, San Petersburgo; y Olga Dluzhnevskaya y Mikhail Marov (2015), “Human creative genius: from astronomy heritage to space technology”, Proceedings of the International Astronomical Union, vol. 11, General Assembly A29A (Astronomy in Focus).

27 Véase NASA, “Catalogue of manmade material on the Moon”, NASA History Program Office, 7/V/2012.

30 “National Historic Landmarks Related to American Aviation”, rev. 2011: “Apollo Mission Control Center (designated October 3, 1985)”.

31 Mikhail Marov (2016), “Space technology world heritage: basic concepts”, en Astronomy and World Heritage: Across Time and Continents, Kazan Federal University, pp. 235-267.

33 Lunar Legacy Project.

34 Elvira Prado (2014), “Sobre el Acuerdo de la Luna y el Patrimonio Cultural del Espacio”, XVI Jornadas del Instituto Iberoamericano de Derecho Aeronáutico, del Espacio y de la Aviación Comercial.

37 France24 (2019), “Macron announces creation of a French space force”, 13/VII/2019; y CNN Politics (2019), “Trump launches Space Command”, 29/VIII/2019.

38 Naciones Unidas (2019), “Informe de la Subcomisión de Asuntos Jurídicos sobre el 58 periodo de Sesiones de la Comisión sobre la Utilización del Espacio Ultraterrestre con Fines Pacíficos”, (COPUOS) A/AC.105/1203, p. 36.

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<![CDATA[ La promoción de las industrias culturales y creativas como herramienta para la acción exterior de España ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido??WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari113-2019-alvarezrubio-et-al-promocion-de-industrias-culturales-y-creativas-como-herramienta-para-accion-exterior-espana 2019-11-28T09:32:46Z

Las industrias culturales y creativas se han convertido en un elemento central de las economías contemporáneas. Este análisis pretende contribuir a la reflexión en torno al modo en que el esfuerzo coordinado entre las administraciones públicas, las empresas culturales y creativas, y la sociedad civil puede convertir a este sector clave en parte activa de la acción exterior de España.

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Tema

Las industrias culturales y creativas se han convertido en un elemento central de las economías contemporáneas. Este análisis pretende contribuir a la reflexión en torno al modo en que el esfuerzo coordinado entre las administraciones públicas, las empresas culturales y creativas, y la sociedad civil puede convertir a este sector clave en parte activa de la acción exterior de España.

Resumen

En España las industrias culturales y creativas suponen un 2,4% del PIB, de acuerdo con la cuenta satélite de la cultura, y ascienden al 3,2% si se considera el conjunto de actividades económicas vinculadas con la propiedad intelectual. La promoción de las industrias culturales y creativas como herramienta para la marca país debería ser una de las líneas prioritarias de nuestra acción exterior en un esfuerzo coordinado entre las administraciones públicas, las empresas culturales y creativas, y la sociedad civil, para consolidar los importantes beneficios que genera tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Contemplando el idioma español y el potencial de la riqueza patrimonial y artística, planteamos varios retos cruciales (acceso a la financiación, atomización, desestructuración, acceso a los mercados digitales globales) y tres líneas de actuación para contribuir a la acción exterior desde el sector cultural y creativo: las ayudas y becas, la colaboración público-privada y el fomento del turismo cultural.

Análisis: la situación actual

¿Dónde estamos? Las industrias culturales y creativas y la revolución digital

“El arte y el hombre son indisociables. No hay arte sin hombre, pero quizá tampoco hombre sin arte. Pero con éste, el mundo, se hace más inteligible, más accesible y más familiar. Es el medio de un perpetuo intercambio con lo que nos rodea, una especie de respiración del alma, bastante parecida a la física, sin la que no puede pasar nuestro cuerpo. El ser aislado o la civilización que no llegan al arte están amenazados por una secreta asfixia espiritual, por una turbación moral”. Así expresa René Huyghe, historiador y filósofo del arte,1 el valor del arte para el hombre.

El arte es, por lo tanto, “algo intrínsecamente humano, quizás la forma más intensa del individualismo que el mundo ha conocido”, en palabras de Oscar Wilde.2

Esta cualidad humanística del arte, que podemos asociar a las industrias culturales y creativas, es un valor al alza en un entorno de cambios vertiginosos, en los que la revolución digital y la acumulación masiva de datos está transformando el mundo a una velocidad inusitada. Una revolución que, ante nuestro asombro, automatiza cada vez más procedimientos y tareas que hasta el momento habían sido inequívocamente humanos.

Antes los cambios incesantes, nos preguntamos qué es lo que seguiremos haciendo los humanos en esta sociedad cada vez más automatizada: ¿dónde podremos aportar algo mejor de lo que ya hace un algoritmo? Y ahí es donde podemos apreciar que existen actividades en las que los humanos siguen teniendo una ventaja respecto de las máquinas. Tareas de carácter social y creativo como la creación de nuevas ideas, la comunicación compleja, o el reconocimiento de patrones son reconocidas como cualidades mucho más difíciles de emular por la inteligencia artificial, y ganarán cada vez más importancia en la sociedad y economía digital. De ahí el valor de esas actividades “intrínsecamente humanas”, de las actividades culturales y creativas, que se basan precisamente en ese tipo de habilidades.

La importancia de las industrias culturales y creativas en esta nueva economía digital ya hace tiempo que viene siendo anunciada en el ámbito internacional. Ya en el año 2010, la Comisión Europea publicó su Libro Verde Liberar el potencial de las industrias culturales y creativas, en el que señalaba que “el valor inmaterial determina cada vez más el valor material, ya que los consumidores desean obtener “experiencias” nuevas y enriquecedoras”.3

Como señalaba la Comisión Europea en dicho Libro Verde, el valor de mercado de los productos se determina cada vez más en base a su originalidad, singularidad, rendimiento y apariencia. Además, el mercado laboral demanda trabajadores creativos y con gran capacidad para la comunicación y la resolución de problemas; y las decisiones en torno a la localización de empresas se toman cada vez más teniendo en cuenta factores como la disponibilidad en el lugar de una fuerza de trabajo creativa y la calidad de vida que la zona ofrece a los trabajadores.

Todos estos son factores que refuerzan el valor estratégico de lo que se ha denominado industrias culturales y creativas (ICC), que emplean a más de 7 millones de personas en la UE y suman un 4,2% del PIB.

Pero el valor de las ICC no se queda ahí, puesto que, por su valor simbólico, generan un “efecto arrastre”, fomentando el crecimiento de otras áreas económicas como el turismo; crean e inspiran tecnologías y servicios digitales, y producen beneficios para la educación, la inclusión y la innovación social. En definitiva, crean una “marca-país” con sinergias positivas para otros muchos sectores.

Queda claro, por lo tanto, que hoy en día las ICC son un sector estratégico, tanto por el valor económico que tienen por sí mismas, como también por su valor cultural y simbólico, que genera externalidades positivas en otros muchos sectores económicos y realidades sociales.

Remarcada esa importancia, cabe preguntarse a qué nos referimos cuando hablamos de “industrias culturales y creativas”. El propio Libro Verde intentaba dar respuesta a dicha pregunta.

Industrias culturales son las que producen y distribuyen bienes o servicios que, en el momento en el que se están creando, se considera que tienen un atributo, uso o fin específico que incorpora o transmite expresiones culturales, con independencia del valor comercial que puedan tener. Además de los tradicionales sectores artísticos (artes escénicas y visuales, o patrimonio cultural, incluido el sector público), también abarcan el cine, el vídeo, la televisión y la radio, los videojuegos, los nuevos medios de comunicación, la música, los libros y la prensa.

Industrias creativas son aquellas que utilizan la cultura como material y tienen una dimensión cultural, aunque su producción sea principalmente funcional. Aquí se incluye a la arquitectura y el diseño, que integran elementos creativos en procesos más amplios, así como subsectores tales como el diseño gráfico, el diseño de moda o la publicidad.

¿En qué situación están las ICC en España? Dimensión económica e imagen exterior

En España, las ICC suponen un 2,4% del PIB, de acuerdo con la cuenta satélite de la cultura con datos de 20154, y ascienden al 3,2% si se considera el conjunto de actividades económicas vinculadas con la propiedad intelectual. En cuanto al empleo, asciende en 2017 a 584.300 personas, un 3,1% del empleo global, lo que supone aproximadamente un incremento del 7,3% respecto de 2015. Por lo tanto, las ICC tienen un tamaño considerable en la economía de nuestro país y, además, en términos de empleo son una industria en ascenso que se está recuperando rápidamente de la crisis, como se muestra en la Figura 1.

Figura 1. Empleo medio anual cultural: evolución de 2000 a 2016 (medias anuales en miles)
Figura 1. Empleo medio anual cultural: evolución de 2000 a 2016 (medias anuales en miles). Fuente: Anuario de Estadísticas Culturales 2017, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Además, se trata de un sector con un saldo comercial positivo, que en 2016 ascendió a 111,4 millones de euros, lo que refleja aún más su valor como sector estratégico para la competitividad de la economía española.

Figura 2. Evolución del comercio exterior de bienes culturales, 2007-2016
Figura 2. Evolución del comercio exterior de bienes culturales, 2007-2016. Fuente: Anuario de Estadísticas Culturales 2017, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Específicamente, el principal sector exportador dentro de las ICC en España es el de libros y prensa (véase la Figura 3).

Figura 3. Comercio exterior de bienes culturales por tipo de producto, 2016 (millones de euros)
Figura 3. Comercio exterior de bienes culturales por tipo de producto, 2016 (millones de euros). Fuente: Anuario de Estadísticas Culturales 2017, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Queda clara, por lo tanto, la importancia para la competitividad de la economía española de las ICC, así como su potencial exportador y de creación de empleo en un escenario en el que es cada vez más complicado lograr nuevos yacimientos de empleo.

Sin embargo, el potencial de las ICC en España no acaba de ninguna forma ahí, puesto que, como hemos señalado con anterioridad, además de su valor económico, las ICC tienen un valor simbólico que permite un efecto arrastre hacia otros sectores, muy especialmente el turístico.

Ello es así porque desempeñan un papel fundamental para configurar la idea de España en el imaginario colectivo, generando una imagen positiva cuyas externalidades acaban por notarse en otros sectores. Este es el gran potencial de las ICC para su uso como herramienta para la marca España, que debemos cultivar cuidadosamente en nuestra actividad de promoción.

Las ICC son generalmente reconocidas como uno de los elementos clave para determinar el poder blando de un país. Así, de acuerdo con el Índice Elcano sobre Presencia Global, la importancia de la proyección exterior de la cultura española ha crecido durante las últimas décadas. De acuerdo con los cálculos realizados por este Índice, su importancia para contribuir a la presencia global de España ha ido en ascenso, especialmente a través de la crisis económica, pasando de representar un 3,3% de importancia respecto del total en 1990 al 4,6% en 2010 y al 7,2% en 2016.

Figura 4. Presencia global de España, Índice Elcano de Presencia Global
Figura 4. Presencia global de España, Índice Elcano de Presencia Global. Fuente: Índice Elcano de Presencia Global 2016, Real Instituto Elcano

Como se puede ver en la Figura 4, se trata, además, de uno de los valores en los que España alcanza mayor puntuación.

En el mismo sentido, cuando se analiza la imagen de España en el extranjero a través de encuestas, de nuevo vemos como uno de los aspectos mejor valorados suele ser la cultura.

Figura 5. Valoración de España en distintos aspectos en el conjunto de países (escala de 0 a 10)
Figura 5. Valoración de España en distintos aspectos en el conjunto de países (escala de 0 a 10). Fuente: 7ª oleada Barómetro de la Imagen de España, febrero-marzo 2017, Real Instituto Elcano

Fortalezas y retos de las ICC en España

Sin embargo, al analizar la Figura 5, y si comparamos la valoración que recibe la cultura española en comparación con la que recibe como destino turístico o culinario, podemos llegar a la conclusión de que existe un amplio margen de mejora.

Este potencial salta a la vista aún más si tenemos en cuenta las posibilidades de promoción de nuestra cultura a través de la lengua. De acuerdo con el Anuario 2017 del Instituto Cervantes,6 en el mundo hay más de 477 millones de personas con el español como lengua materna y más de 21 millones de estudiantes de español como lengua extranjera. Este es un valor creciente para nuestras industrias exportadoras, y especialmente para las culturales. Hoy en día, el español es ya la segunda lengua de comunicación internacional en Internet, tanto por número de usuarios como por páginas web, y se estima que la lengua española genera el 16% del valor económico del PIB y del empleo en España.7

Pero eso no es todo. El amplio potencial de las ICC en España para reforzar su presencia global se deriva también de nuestra riqueza en patrimonio cultural y artístico. En la actualidad España tiene 46 bienes inscritos en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO (el tercer país del mundo por detrás de Italia y China), 16 inscritos en la Lista de Patrimonio Cultural Inmaterial y 48 reservas en la Red Mundial de Reservas de la Biosfera.

Todo este potencial ya sitúa a España como segundo destino turístico mundial, por detrás de Francia y delante de EEUU, con 82,2 millones de visitantes extranjeros en 2017,8 y como líder del ranking mundial de competitividad turística que elabora el Foro Económico Mundial.

Estas fortalezas en el plano lingüístico, patrimonial y turístico se retroalimentan unas a otras reforzando, como hemos visto en las Figuras anteriores, la imagen de España en el mundo. El cuarto factor de esos activos son las ICC, que si bien tienen ya una presencia importante para contribuir a nuestra imagen-país, tanto cuantitativa como cualitativamente, todavía tienen margen para incrementar su aportación, aprovechando las oportunidades que les ofrecen las otras tres, y enriqueciéndolas todavía más a su vez.

Las ICC, sin embargo, afrontan varios retos que, bien solucionados, permitirían a España dar un salto hacia delante que le permita convertirse en una referencia creativa ineludible, como ya son otros países de su entorno como Francia, el Reino Unido y EEUU.

En primer lugar, se trata de un sector que suele tener graves problemas de acceso a la financiación, lo que lastra la internacionalización de las empresas y dificulta su crecimiento. Las causas de este obstáculo se encuentran, por un lado, en las carencias en habilidades empresariales de los trabajadores de las ICC, que suelen centrarse más en el desarrollo de sus proyectos culturales, y menos en la consolidación de planes de negocio. Por otro lado, se trata de un sector de alta innovación y basado en activos intangibles, lo que frena a las entidades financieras a invertir, pese a los grandes avances de nuestro país en la protección de los derechos de propiedad intelectual.

En segundo lugar, se trata de un sector excesivamente atomizado, formado mayoritariamente por autónomos o por empresas de menos de cinco trabajadores. En 2015 había 112.037 empresas en el sector de las ICC en España, que representaban el 3,5% del total, y tan sólo el 6,7% tenían más de cinco trabajadores.

Figura 6. Empresas ICC, 2015
Figura 6. Empresas ICC, 2015. Fuente: Plan de Fomento de las Industrias Culturales y Creativas 2017, MECD

Además, se trata de un sector todavía poco estructurado, con escasez de redes de cooperación intrasectorial, y con baja interactividad hacia otros sectores de actividad económica, especialmente el sector digital, que debe ser precisamente la principal puerta de acceso para que nuestros contenidos culturales lleguen a todo el mundo.

Por último, y relacionado con lo anteriormente citado, el tercer reto que afrontan nuestras ICC es adaptarse a los mercados digitales globales, en los que la competencia es mucho mayor y es necesaria una innovación constante, para adaptarse a los nuevos comportamientos de los usuarios y afrontar los retos del modelo de negocio digital (las dificultades de monetización, la competencia del contenido generado por los propios usuarios, la piratería, etc.).

Se trata de retos cruciales, dado el horizonte de integración en el Mercado Único Digital Europeo9 y el avance hacia una economía más basada en los contenidos intangibles, en las que la imagen país y los valores asociados a ésta son cada vez más fundamentales.

¿Qué elementos e instrumentos habría que tener en cuenta? ¿Cómo cabría aprovecharlos de la forma más eficaz y eficiente?

Decía Peter Drucker que la eficiencia es: “Hacer mejor lo que ya estás haciendo”.10 Considerado el mayor filósofo de la administración del siglo XX, este autor aplica a aspectos gerenciales que son potencialmente objeto de mejora como a otros en los que ya se parte de un buen nivel, la necesidad de continuar evolucionando, aprendiendo, adaptándonos, de forma que se realice el trabajo de manera eficaz, eficiente, diferente y, sobre todo, mejor. La búsqueda de la eficiencia debería ser un hábito, algo que hacemos de manera inconsciente, pero para ello es necesario creer que haciendo las cosas mejor, los principales beneficiarios vamos a ser nosotros mismos.

La promoción de las ICC en el exterior no escapa a esta visión. Además de constituir la faceta propiamente creativa y reflexiva de la actividad humana, las ICC determinan la vida práctica de los hombres y, en concreto, la vida económica y social. Por ello, se necesita definir qué elementos o instrumentos se deberían tener en cuenta a la hora de hacer de estas ICC un factor central para la redefinición de los modelos productivos y de crecimiento económico de nuestra sociedad en el ámbito internacional.

Líneas de actuación: ayudas y becas

A través de la puesta en marcha de diferentes líneas de acción centradas en ayudas económicas y becas para la formación en el exterior, se muestra un compromiso de apoyo y un estímulo claro al tejido cultural español en el ámbito internacional, con el objetivo de dinamizar y facilitar la colaboración entre empresas, entidades y profesionales, contribuir a la formación de trabajadores culturales especializados, y aportar alianzas estratégicas que incidan en la consolidación, modernización y desarrollo de la cultura española.

Teniendo en cuenta el continuo crecimiento a nivel nacional e internacional del mercado español de contenidos digitales,11 y que el acceso al mercado exterior es más fácil gracias a la tecnología, es fundamental centrar las líneas de actuación en la modernización e innovación de las ICC. Es necesario impulsar la internacionalización de nuestras industrias culturales y creativas, promoviendo inversiones en creación y difusión de contenidos digitales culturales en productos y servicios, aumentando la calidad de la oferta legal de contenidos digitales culturales en Internet, e incrementando la generación de empleo fomentando el desarrollo, la profesionalización y la vertebración de este sector.

Asimismo, fomentar la cultura española en el exterior también supone impulsar su inclusión en redes internacionales y europeas de oferta cultural, que favorezcan los vínculos entre nuestro país y los países de nuestro entorno europeo e internacional, promoviendo la participación activa de la ciudadanía y del sector privado en los procesos culturales que se vayan creando.

Por otro lado, aprovechando los grandes profesionales de reconocido prestigio y experiencia en el ámbito artístico, creativo y de gestión cultural con los que cuenta España, así como los jóvenes profesionales con amplia formación capaces de responder a los nuevos retos a los que se enfrentan las ICC, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, se considera necesaria la implementación de ayudas y becas formativas en el exterior.

Estos instrumentos permitirán, por un lado, facilitar la difusión de la cultura española en distintos centros extranjeros a través de proyectos culturales específicos, apoyando y potenciando la lengua española en los mismos, y, por otro, la participación de profesionales extranjeros del sector cultural en programas especializados como prácticas formativas impartidas por organismos e instituciones especializadas de indudable prestigio en este ámbito creativo.

Líneas de actuación: colaboración público-privada

Existe una clara necesidad de poner en marcha una política de colaboración con otras muchas administraciones, entidades e instituciones públicas y privadas, a fin de llevar a cabo proyectos comunes, cuyo impulso deba estar regido por un interés compartido por la consolidación de foros de diálogo cultural, jornadas de encuentro e intercambio de experiencias, así como por convocatorias para el diálogo entre agentes económicos, creadores, expertos y profesionales.

El propio carácter dinámico de las ICC provoca la necesidad de impulso de la innovación y modernización de este sector buscando una internacionalización del mismo en el marco de un mercado global de consumidores de bienes y servicios de gran tamaño que no deja de crecer. La buena reputación en el exterior de la creatividad nacional busca sinergias entre el sector público y privado que permitan ver a la cultura como catalizadora para la conversión eficiente de conocimiento en nuevos productos, servicios y procesos y, a los artistas, capaces de crear prototipos de nuevas soluciones, modelos económicos, sociales y empresariales, con las nuevas tecnologías de la información y comunicación como medios de expresión en muchas ocasiones.

Esta colaboración también se manifiesta en la participación del sector privado en la financiación de proyectos culturales, fomentando el mecenazgo cultural y facilitando el acceso a nuevas fuentes de financiación, permitiendo con ello la internacionalización de nuestro sector cultural y creativo. Sin duda, ello contribuirá a dos objetivos: por un lado, a aumentar la competitividad de las ICC en el exterior, así como a reforzar y cohesionar el sector; y por otro, a promover el reconocimiento social a esta labor privada de apoyo y de estímulo del tejido cultural español, con el fin de dinamizar y facilitar la colaboración internacional entre todos los sectores implicados.

Los Espacios Creativos, también llamados “incubadoras, hubs o viveros de proyectos y empresas culturales”, han adquirido en los últimos años una gran relevancia como respuesta a una nueva economía colaborativa que requiere de iniciativas de colaboración entre los agentes del sector y una mayor conexión con el resto de agentes del sistema de innovación de su entorno, lo que contribuye, en definitiva, a la mejora de competitividad de las ICC en el exterior.

La organización de estos encuentros persigue el impulso del proceso asociativo, el incremento de la conectividad entre los distintos agentes en nuestro país, Europa y el resto del mundo, así como la reflexión que sobre el papel juegan dichos espacios en el emprendimiento y la innovación, y el debate sobre la sostenibilidad económica y las posibilidades de financiación, tanto público como privada.

Líneas de actuación: fomento del turismo cultural

Otro de los elementos a los que prestar especial atención, por sus posibilidades como motor económico y de desarrollo, es el fomento del turismo cultural dentro de los diferentes planes de ayudas y programas específicos, como elemento estratégico en las propuestas de acción y promoción de la cultura española en el exterior.

Que España sea el tercer destino turístico mundial por detrás de Francia y EEUU, el primer destino vacacional del mundo, que el número de visitantes extranjeros se encuentre en continuo crecimiento y que sea el líder del ranking mundial de competitividad turística que elabora el Foro Económico Mundial, como anteriormente se ha señalado, no puede sino suponer una oportunidad para el fomento de la oferta turística cultural a nivel internacional.

Figura 7. Impacto sobre el turismo, 2015
Figura 7. Impacto sobre el turismo, 2015. Fuente: Plan de Fomento de las Industrias Culturales y Creativas 2017, MECD

En este sentido, promover la elaboración de protocolos de actuación, acuerdos o convenios de colaboración entre distintas instituciones y organismos del sector público y privado, fomentará la creación, consolidación y modernización de la industria turística cultural en el exterior. Ello permitirá apoyar el establecimiento de actividades conjuntas entre ambos sectores, mejorando la producción y distribución de los insumos culturales, y favoreciendo el consumo en el marco de la oferta turística en nuestro país.

En suma, y tal y como pone de relieve el Plan de Fomento de las Industrias Culturales y Creativas 2017 de la Dirección General de Industrias Culturales y del Libro del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, “el desarrollo de las industrias creativas determina, pues, la expansión de una cultura y es, en ese sentido, una tarea que nos compromete a todos, pero en especial a quienes hemos aceptado la responsabilidad pública de su promoción y, con ella, la de dar continuidad de futuro a la relevante presencia histórica de la cultura española en el mundo”.

Para ello, es necesario recordar lo que señala Simon Anholt (2003) sobre la dimensión cultura-patrimonio como marca-país, y es que ésta “confiere a los países riqueza, dignidad, fidelidad y les proporciona respeto en el extranjero y calidad de vida dentro de las fronteras”.

Conclusiones

¿Cuál es el resultado potencial que cabría obtener?

Las ICC españolas han alcanzado en los últimos años un gran crecimiento y fuerte presencia en el exterior de nuestro país. Tanto los sectores vinculados con la innovación y la creatividad como el diseño, la moda, la arquitectura, la publicidad, los nuevos medios de comunicación, los videojuegos y las artes interactivas, como los sectores culturales más tradicionales vinculados a las artes escénicas, las artes visuales, el patrimonio cultural, el cine, la televisión, la radio, la música, los libros y la prensa, han conseguido un gran impacto a nivel internacional, generando un importante crecimiento económico de dichas industrias, y su traslación en una muy buena imagen de España como marca.

El trabajo de estos años ha generado una serie de oportunidades que miran al futuro con optimismo. Estas oportunidades se enmarcan en la importancia de la creatividad y la innovación como rasgos distintivos de las industrias culturales, así como su carácter dinámico. Además, la diversidad de contenidos culturales y creativos han generado una oferta que da amplia respuesta a las crecientes demandas del mercado internacional. En este sentido, hay una presencia española destacada en la gran mayoría de manifestaciones culturales, desde las más clásicas hasta las más innovadoras.

La evolución de la tecnología y la consolidación de la economía digital ha supuesto una dinámica de renovación permanente de oportunidades de negocio, la aparición de nuevos formatos, tipos de contenido y formas de distribución al público, nuevas aplicaciones para productos ya existentes, nuevas opciones de desarrollo de una carrera creativa, así como nuevas fórmulas de captación de ingresos.

Todo este potencial de desarrollo y presencia internacional de las ICC debe ser apoyado desde la Administración General del Estado en una estrategia más amplia de acción tanto dentro como fuera de España porque sus grandes beneficios repercuten de forma importante tanto en otros sectores económicos como en la propia imagen de marca de nuestro país.

Esta estrategia de acción, que en España se articula a través del antes citado Plan de Fomento de las Industrias Culturales y Creativas liderado por la Secretaría de Estado de Cultura, debería tener su reflejo en el exterior a través de la estrecha coordinación de las principales instituciones públicas bajo el patrocinio del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación como responsable de la acción exterior del Estado.

En este esfuerzo conjunto debería tener un papel preponderante la Secretaría de Estado de Cultura, Acción Cultural Española (AC/E), el Instituto Cervantes, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y TURESPAÑA, junto con el Alto Comisionado para la Marca España y la promoción del español, implicando de forma activa a las grandes empresas, los sectores culturales más destacados y el conjunto de la sociedad civil.

El diseño de una estrategia de acción exterior específica para el fomento de las ICC supondría aunar capacidades con el establecimiento de líneas prioritarias de actuación por parte de las administraciones públicas, facilitando la coordinación de recursos públicos hacia el sector cultural y creativo, un sector claramente vinculado a la marca-país y con un alto valor económico y simbólico, generando beneficios también dentro de España a través de su influencia en el sector del turismo, como hemos comentado al comienzo de este texto.

Esta estrategia de acción exterior serviría de apoyo a las ICC en su expansión internacional, no sólo en mercados ya consolidados como la UE o Iberoamérica, sino en mercados emergentes en Asia y África. La calidad, innovación y diversidad del producto cultural y creativo español reforzaría la imagen de país multiplicando los retornos positivos y reforzando la influencia política de España en la esfera internacional.

Nuestra política exterior no debe ser ajena a las ventajas de tener una posición de protagonismo en el llamado “poder blando”. La progresiva influencia de la acción cultural en el desarrollo de las relaciones internacionales a través de la “diplomacia cultural” es una realidad evidente en la que muchos países de nuestro entorno han realizado importantes inversiones con buenos resultados.

Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, la globalización de la economía, y la movilidad masiva de personas por razones de trabajo, turismo, ocio o necesidad hacen de los sectores culturales y su desarrollo industrial un instrumento muy destacado a tener en cuenta en el diseño de una estrategia política de acción en el exterior.

Desde la Secretaría de Estado de Cultura se han venido desarrollando, en el marco de sus competencias y respondiendo a los objetivos marcados por el Plan Cultura 2020, un conjunto de actuaciones para favorecer la internacionalización de la cultura española. El objetivo es mejorar el desarrollo de la competitividad del producto cultural y creativo mediante el establecimiento de medidas que incrementen su acceso al mercado internacional, su presencia en eventos, ferias, congresos, festivales de teatro o cine fuera de nuestras fronteras, así como mejorando la oferta turística cultural a través de aplicaciones vinculadas a las nuevas tecnologías.

Entre estas medidas se destaca la puesta en marcha en 2018 de un plan de acción anual de promoción cultural de España en el exterior, en coordinación con Acción Cultural Española y el Instituto Cervantes, con el que se pretende incentivar y coordinar las acciones de fomento de la cultura a nivel internacional.

Otras de las medidas ha sido la mejora de la aplicación informática “INFOX Cultura”, que asegure una efectiva consulta de información sobre actividades y programas de proyección cultural en el exterior entre las distintas instituciones públicas con competencia en materia internacional. Previo mapeo de las principales bases de datos de las distintas unidades de la Secretaría de Estado de Cultura, así como de otras instituciones que realizan actividades culturales en el exterior, permitirá de forma inmediata y aprovechando las nuevas tecnologías, la consulta e información de las acciones que se lleven a cabo en el exterior.

A la vista de lo expuesto, la promoción de las industrias culturales y creativas como herramienta para la Marca España debería ser una de las líneas prioritarias de nuestra acción exterior en un esfuerzo coordinado entre las administraciones públicas, las empresas culturales y creativas, y la sociedad civil, para consolidar los importantes beneficios que genera tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

En efecto, y como señaló Alexander Graham Bell, “grandes descubrimientos y mejoras implican invariablemente la cooperación de muchas mentes”. En nuestro caso, estamos seguros de que la cooperación de todos para la promoción de nuestras ICC es el mejor camino para la proyección exterior de España y el refuerzo de nuestra imagen de marca país.

Borja Álvarez Rubio
Subdirector general de Industrias Culturales y Mecenazgo, Ministerio de Cultura y Deporte

Camilo Vázquez Bello
Subdirector general de Cooperación y Promoción Internacional de la Cultura, Ministerio de Cultura y Deporte

Ángela Gutiérrez Sánchez de León
Jefa de Gabinete del Subsecretario de Ciencia, Innovación y Universidades, Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades


1 René Huygue (1977), El Arte y el hombre, vol. 3, Planeta, Barcelona, p. 32.

2 Oscar Wilde (1970), Obras completas, Aguilar, Madrid, p. 1291.

3 Bruselas, 27/IV/2010, COM (2010) 183 final, p. 2.

4 Cuenta satélite de la cultura en España, Avance de resultados 2010-2015 (Base 2010).

5 El Índice Elcano de Presencia Global agrega y cuantifica, sobre la base de datos objetivos, la proyección exterior y el posicionamiento internacional de 100 países en función de las tres dimensiones que conforman su presencia: económica, militar y blanda. Dentro de la categoría de “presencia blanda”, uno de los factores que se tienen en cuenta es la influencia cultural. Para más información, véase Web Presencia Global.

6 “El español: una lengua viva”, Informe 2017, Instituto Cervantes.

7 J.L. García Delgado, J.A. Alonso y J.C. Jiménez (2012), “El valor económico del español”, Fundación Telefónica, Madrid.

8 Instituto Nacional de Estadística.

9 Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones (2015), “Una Estrategia para el Mercado Único Digital de Europa”, Bruselas, 6/V/2015, COM (2015) 192 final.

10 Peter F. Drucker (2007), Gestión del conocimiento, Deusto S.A. Ediciones, Barcelona.

11 El mercado de contenidos digitales en España experimentó un incremento del 5% en 2015 con respecto al año anterior (fuente: AMETIC).

12 Ministerio de Educación Cultura y Deporte (2016), “Plan de Fomento de las Industrias Culturales y Creativas 2017”, Dirección General de Industrias Culturales y del Libro, Secretaría de Estado de Cultura, Secretaría General Técnica.

13 Simon Anholt (2003), Brand New Justice: The Upside of Global Branding, Butterworth-Heinemann, Londres.

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<![CDATA[ La sociedad de la desinformación: propaganda, «fake news» y la nueva geopolítica de la información ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido??WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/dt8-2019-badillo-sociedad-de-desinformacion-propaganda-fake-news-y-nueva-geopolitica-de-informacion 2019-05-14T01:13:35Z

Nuevas condiciones en la producción, circulación y consumo de información han hecho de la desinformación una herramienta geoestratégica de primera magnitud que, conectada con las técnicas híbridas, requiere un replanteamiento de la acción de los Estados y de la UE en un tema que afecta de manera muy importante a la opinión pública europea.

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Índice

Tema – 3
Resumen – 3
Introducción – 3
Información y desinformación en la esfera pública – 4
Propaganda: construyendo el consenso social – 5
Los efectos sociales de los medios – 6
La revolución no será televisada: medios y política – 7
La sociedad de la (des)información – 12
Un modelo integral de desinformación – 13
Primer nivel: estratégico – 14
Segundo nivel: la producción y recolección de información – 17
Tercer nivel: la difusión de información – 17
Los medios transnacionales – 17
Las redes sociales – 19
Verificar la desinformación: la emergencia de los fact-checkers – 22
La respuesta europea a la desinformación – 25
Conclusiones: una nueva geopolítica de la información-mundo – 30
Referencias – 32

Tema

Nuevas condiciones en la producción, circulación y consumo de información han hecho de la desinformación una herramienta geoestratégica de primera magnitud que, conectada con las técnicas híbridas, requiere un replanteamiento de la acción de los Estados y de la UE en un tema que afecta de manera muy importante a la opinión pública europea.

Resumen

La desinformación ha emergido como un asunto de relevancia pública a través de varios escándalos que en el escenario internacional han recuperado el debate en torno a la circulación internacional de información, sus conexiones con los intereses geoestratégicos de ciertos países y los efectos que producen en los ciudadanos. Es un debate recurrente, pero en esta ocasión tiene ingredientes nuevos: la naturaleza de las redes digitales permite utilizarlas no solo para difundir información, sino también para atacar mediante técnicas informáticas servidores de datos (para modificarlos, robarlos o destruirlos); las redes sociales y la personalización de la información que se recibe a través de ellas suponen nuevas formas de ruptura de la esfera pública, y los ciudadanos han incorporado las prácticas de producción y consumo de información digital sin excesivo conocimiento de las lógicas de estos nuevos medios, trasladando las de los medios de comunicación tradicionales. Este texto analiza las transformaciones que han dado lugar al nuevo ecosistema y propone, desde el estudio de las iniciativas europeas sobre desinformación, un modelo de análisis de la situación y el refuerzo de la acción coordinada europea desde España.

Introducción

Llénalos de noticias incombustibles. Sentirán que la información los ahoga, pero se creerán inteligentes. Les parecerá que están pensando, tendrán una sensación de movimiento sin moverse. Y serán felices. (Ray Bradbury, Fahrenheit 451, 1953)

En 2016 los diccionarios Oxford eligieron el término post-truth (‘posverdad’) como palabra del año y la definieron así: “Relating to or denoting circumstances in which objective facts are less influential in shaping public opinion than appeals to emotion and personal belief” (BBC, 2016). Nuestro Diccionario de la Lengua Española incorporó su equivalente en español en la revisión de finales de 2017: “Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. En apenas un par de años, los “hechos alternativos”, la desinformación, las fake news y la posverdad se han convertido en el eje del debate en torno a la comunicación, especialmente en el contexto internacional. La relación entre la realidad y su discurso es un debate recurrente que encuentra nuevos términos y nuevos acontecimientos para volver a la discusión pública.

Ilustración 1 . Frecuencia diaria de aparición de ciertos términos en los medios estadounidenses
Ilustración 1 . Frecuencia diaria de aparición de ciertos términos en los medios estadounidenses
Aparición de los términos disinformation, fake news y post truth en los medios nacionales estadounidenses desde el 1 de enero de 2000 hasta mayo de 2019. Los círculos representan el total; el gráfico de barras, la evolución diaria. Elaboración propia sobre datos de MediaCloud. Datos en noticias por día.

Ángel Badillo Matos
Investigador principal de Lengua y Cultura española, Real Instituto Elcano
| @angelbadillo


1 Traducción de Francisco Albelenda, editorial Planeta, 1985.

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<![CDATA[ La relación cultural de Estados Unidos y España ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido??WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/dt6-2019-badillo-relacion-cultural-de-estados-unidos-y-espana 2019-04-15T09:05:53Z

La influencia de la cultura estadounidense ha convertido en muchas de sus expresiones en estándares de la cultura mainstream mundial, un proceso que sólo se ha acelerado con la mundialización de los flujos en las redes digitales. Ese proceso se ha vivido también en la relación cultural entre EEUU y España, con los matices de la particular historia de nuestro país en el último siglo.

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Índice

Introducción
Un tiempo político contra la diversidad
Un modelo cultural, ¿sin política cultural?
Acción exterior en cultura, información y educación
Un caso de éxito: el programa Fulbright
La potencia económica de la cultura estadounidense
Tres tensiones: piratería, privacidad y fiscalidad digital
La presencia cultural de España en EEUU
Las instituciones estatales
Las instituciones culturales autonómicas
El Instituto Cervantes en EEUU
Conclusiones: una relación fructífera y un contexto de dificultades
Referencias

Resumen

La influencia de la cultura estadounidense ha convertido en muchas de sus expresiones en estándares de la cultura mainstream mundial, un proceso que sólo se ha acelerado con la mundialización de los flujos en las redes digitales. Ese proceso se ha vivido también en la relación cultural entre EEUU y España, con los matices de la particular historia de nuestro país en el último siglo.

Introducción1

“Believe it or not, entertainment is part of our American diplomacy.
It’s part of what makes us exceptional, part of what makes us such a world power.”
(Barack Obama, discurso en los estudios Dreamworks, California, 26/XI/2013)

Si hay un país en el mundo que representa las capacidades del “poder suave”, ese es EEUU. No porque no disponga de “poder duro”, sino por la capacidad que el país ha tenido de combinar ambos en la consolidación de su liderazgo mundial durante décadas y, en el campo cultural, de producir una simbiosis entre las iniciativas pública y privada para conseguir ser la referencia occidental en el mundo de la post-Guerra Mundial y hasta hoy. Como cantaba Renato Carosone a los jóvenes italianos de los años 50, atraídos por el American way of life –que jugaban al béisbol, bebían whisky con soda, bailaban rock’n’roll y fumaban Camel– “te haces el americano, pero naciste en Italia”. Esa “seducción” cultural se ha etiquetado durante estas últimas décadas como una forma de dominio imperialista, como arma de propaganda masiva, o simplemente como una cultura popular irresistible. Pero, en todo caso, la influencia de la cultura estadounidense ha convertido en muchas de sus expresiones en estándares de la cultura mainstream mundial, un proceso que sólo se ha acelerado con la mundialización de los flujos en las redes digitales.

Ese proceso se ha vivido también en la relación cultural entre EEUU y España, con los matices de la particular historia de nuestro país en el último siglo. Durante la dictadura franquista, la relación bilateral tiene su punto de clivaje en las consecuencias geopolíticas de la Guerra Fría que llevan a EEUU a reconocer al régimen español con la firma de un primer acuerdo militar y de ayuda (1953, renovado en 1963) y a promover su incorporación a Naciones Unidas (la famosa “cuestión española” resuelta en 1955), con las contradicciones que eso suponía tanto frente a las fuerzas democráticas españolas, del exilio exterior e interior, como al debate público norteamericano e internacional, el llamado a veces asunto de los friendly tyrants. Los esfuerzos de acercamiento a las elites españolas (por ejemplo, los intercambios promovidos por la Comisión Fulbright desde 1958) y la diseminación de propaganda mantuvieron el principio de “avoid involvement, while maintaining sufficient flexibility to protect our interests”, como literalmente se expresaba el Departamento de Estado estadounidense en 1970. Durante más de una década, el programa Fulbright se constituye como el único vínculo institucional de los dos países en los campos académico y cultural.

Cuando en 1970 se firma el Convenio de Amistad y Cooperación, la ciencia, la educación y la cultura se incorporan como piezas de la relación que sirven para “superar el carácter estrictamente militar de los pactos de 1953”, dando origen a los Non Military Agreements (NMA) que seguirán desarrollándose en los años siguientes, en paralelo a los programas Fulbright. La firma del Tratado de Amistad y Cooperación comenzó el proceso de recuperación de una relación normalizada por las instituciones democráticas en ambos países, en la cual las dimensiones culturales, educativa y científica se apreciaban como central precisamente para diversificar una relación demasiado asentada sobre las cuestiones de defensa, y de hecho así pasaron a constituir acuerdos complementarios desde ese momento, siguiendo la directriz expresada por Kissinger en 1972 de “try to project an image of attaching importance to our non-military, as well as our defense, cooperation with Spain”. A raíz de la firma del Tratado y el siguiente Convenio, se creó un Comité Conjunto Hispano-Norteamericano para la Cooperación Cultural y Educativa que dispuso de fondos para promover actividades culturales y educativas durante los 14 años de su existencia, lo que –como explicaba hace algunos años su directora– “no tiene parangón en la historia de los intercambios culturales y educativos entre los Estados Unidos y otros países, al dedicar fondos procedentes básicamente de un tratado militar y de defensa a fines culturales y educativos”. Los términos de los acuerdos subrayan fundamentalmente la centralidad de la ciencia –en especial el apoyo a la medicina y las ciencias biológicas –, de la mejora del sistema educativo y de los programas de intercambio como el eje de la relación institucional, siguiendo la línea iniciada en 1958.

Una década después, una nueva Comisión de Intercambio Cultural, Educativo y Científico se crea a partir del Acuerdo firmado en materia de Cooperación Educativa, Cultural y Científica, prorrogado hasta 2004 y desde entonces de manera indefinida, y cuyo texto incide una vez más en las cuestiones educativas y científicas, y apenas desglosa las culturales. La centralidad de las dimensiones educativa y científica en la relación bilateral en materia de diplomacia pública es, como vemos, indiscutible, lo que si bien resulta comprensible –tanto por la importancia del tejido universitario como de la producción científica estadounidense– deja el ámbito cultural en manos de la iniciativa privada y de la sociedad civil, como ocurre con la política cultural interior.

Ángel Badillo Matos
Investigador principal de Lengua y Cultura española, Real Instituto Elcano
| @angelbadillo


1 Algunas partes de este texto reproducen un reciente informe realizado desde el Real Instituto Elcano sobre la circulación de la cultura en español en EEUU, del que son autores Jéssica Retis-Rivas, Azucena López Cobo y Ángel Badillo, que se encuentra en prensa y será publicado en 2019.
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<![CDATA[ Hacia un nuevo paradigma para la diplomacia cultural española ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido??WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari8-2019-alvarezvalencia-hacia-paradigma-diplomacia-cultural-espanola 2019-01-23T01:58:33Z

La diplomacia cultural española necesita abordar un nuevo paradigma con un espíritu innovador y mediante un debate colaborativo con las diplomacias culturales de los países que trabajan con el fomento del español y de las culturas hispánicas.

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Tema

El cumplimiento de objetivos, las novedades en la escena internacional y las contradicciones políticas han dejado a la diplomacia cultural española ante la necesidad de abordar un nuevo paradigma con un espíritu innovador y mediante un debate colaborativo con las diplomacias culturales de los países que trabajan con el fomento del español y de las culturas hispánicas en el complejo contexto actual de la globalización.

Resumen

Tras una primera fase de recuperación y adaptación a las prácticas democráticas, la diplomacia cultural española acertó a diseñar, a finales de los 80 y primeros años 90 del siglo pasado una arquitectura institucional y un paradigma de actuación con el iberoamericanismo como clave de bóveda que ha sido una historia de éxito durante casi dos décadas. A pesar de las sucesivas adaptaciones, la evolución de la escena internacional, el cumplimiento de objetivos y las contradicciones políticas hacen preciso ser coherentes con las transformaciones y dar respuesta a las innovaciones mediante un debate colaborativo que culmine en una reforma institucional y fije un nuevo paradigma.

Análisis

Elaborado a finales de los años 80 y principios de los 90, el paradigma que ha regido durante los últimos 30 años la diplomacia cultural española ha sido una demostración de resiliencia y durabilidad en el campo de las estrategias de políticas públicas.

Como sucede con los paradigmas —con Thomas S. Kuhn, hablamos de un conjunto de referencias, modos de pensar y estrategias compartido por la comunidad que actúa en un campo de conocimiento o de acción, en este caso, la diplomacia cultural— también éste se fue configurando gracias a un proceso acumulativo, con ensayos y errores, durante los años de la Transición y sustituyó a aquel otro, completamente obsoleto ya desde mucho antes, que el régimen franquista había mantenido en pie con respiración asistida.

Creado con una administración socialista en el poder y en un momento de gran brillo internacional de España, su lanzamiento coincidió con los Juegos Olímpicos de Barcelona, la Exposición Universal de Sevilla y el V Centenario del descubrimiento de América. Se construyó a partir de una lectura inteligente del estado de las relaciones internacionales y de la evolución de la cultura y fijaba unos objetivos ambiciosos y flexibles. Combinó una conceptualización acertada y una arquitectura institucional eficaz.

Se deja resumir en cuatro conceptos: idioma, Iberoamérica, Europa y UNESCO. Ponía el acento en el idioma español, aprovechaba la posición ventajosa que en aquellos momentos tenía España como líder de las culturas del español y del portugués, hacía valer nuestra condición de enlace con las instituciones europeas y asumía la filosofía de la UNESCO que priorizaba la cooperación y la diversidad cultural.

Aceptada como estrategia de Estado, gozó de un alto consenso político durante sus primeros 15 años, un período en el que hubo alternancia de partidos en el Gobierno, una segunda oleada de creación institucional y un aumento de la participación de los gobiernos autonómicos y locales. También creció el protagonismo de las grandes empresas multinacionales españolas, de los proyectos del tercer sector y de instituciones culturales no gubernamentales como la asociación hispanoamericana de Academias de la Lengua (ASALE). Y tuvo que dar una respuesta ex novo a los primeros grandes desafíos con origen en el proceso globalizador y en la impresionante irrupción de la galaxia digital en el mundo de la cultura.

En los 30 años transcurridos, se han cumplido muchos objetivos del paradigma. Desde la consolidación y expansión del Instituto Cervantes hasta una docena de programas de cooperación, de los que recordamos Ibermedia como ejemplo; desde la Asociación de Academias de la Lengua hasta la impresionante difusión del español en las cuatro esquinas del mundo.

Pero, tras 15 años de logros, en la segunda etapa de la vida del paradigma, las relaciones internacionales cambiaron, la cultura dio un giro espectacular y empezaron a acumularse hechos o innovaciones, para los que los recursos paradigmáticos no ofrecían una respuesta adecuada. Durante los últimos años, por la fuerza de la crisis económica y la subordinación de una estrategia específica a las exigencias impuestas por el rigor de las haciendas, la propia y la de la UE, la utilidad del paradigma se ha reducido aún más.

Ciertamente, muchos de los fallos del paradigma se han detectado y han sido sometidos a debate. La producción de conocimiento sobre la diplomacia cultural de 2004 a 2014 ha visto un persistente, e interesante, debate referido muchas veces al reparto de competencias y la arquitectura institucional.

En simultáneo, también ha habido formulaciones nuevas de interés en el conjunto de las instituciones. Iniciativas que tal vez no han llegado a completar su desarrollo pero que han ido poniendo en pie los factores de renovación suficiente para alimentar un paradigma emergente llamado a sustituir al aún en vigor.

La salida de la crisis económica y la llegada de nuevos responsables, con nuevas ideas, a las instituciones de la diplomacia cultural coinciden, desde mi punto de vista, con una necesidad perentoria de desarrollar hasta sus últimas consecuencias las tendencias emergentes y consensuar entre todos los agentes de la acción cultural exterior, tanto públicos como privados, una nueva estrategia que sustituya a la de los años 90.

Dicho en términos kuhnianos, estamos ante la oportunidad de hacer efectivo un cambio real de paradigma.

Conceptos y contextos

En el contexto actual de la globalización, la diplomacia cultural se revela como una de las apuestas estratégicas de los gobiernos para alcanzar una mejor posición de los países en un tablero internacional multilateral, de perfiles confusos y sometido a un devenir poco previsible en el plano de las noticias, la comunicación y la imagen o reputación. También es un elemento clave para facilitar el entendimiento de los Estados y mejorar la comunicación entre las sociedades contribuyendo a los avances en pos de una gobernanza global o de una solución de los conflictos y desafíos que afectan al conjunto de la humanidad tal y como quedan reflejados en la Agenda 2030.

Aunque podemos retrotraer el origen de sus prácticas a la edad clásica con momentos de esplendor en la edad moderna —al anunciar la ampliación del Museo del Prado prevista para 2019 alguien recordaba cómo los monarcas españoles usaron ese espacio para recibir a los embajadores y mostrarles el poder que expresaban las obras que les rodeaban firmadas por pintores de enorme reputación en su momento—, la noción de diplomacia cultural que manejamos actualmente fue acuñada en los años 40 del siglo XX.

Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, y estando en vigor el ideal de construir un sistema de relaciones internacionales que hiciera imposible o alejara la amenaza de una nueva guerra, se pusieron en práctica dos líneas de acción en la diplomacia de las grandes potencias en las que la cultura jugaba un papel importante.

En la primera, se utilizaba la información y la propaganda para dulcificar el impacto de la fuerza militar en las opiniones públicas, influir en el escenario internacional o neutralizar a los adversarios y ampliar el número de aliados. En la segunda, se usaba la cultura nacional como una herramienta que facilitaba el entendimiento mutuo, la comunicación entre los Estados y las relaciones profundas y a largo plazo entre las sociedades.

En este contexto, a finales de 1949, Francia crea la figura de los “asesores culturales” en sus embajadas y durante esos años se reinterpreta el papel de los institutos culturales que se habían creado mucho antes o inmediatamente antes (Fundación Humboldt, Alianza Francesa y la Dante Alighieri a finales del XIX, el British Council en los años 30) y aparece la primera generación de institutos culturales tal y como los conocemos.

Los argumentos acuñados por Joseph Nye a partir del concepto de soft power o poder blando han tenido la fortuna de generar un paradigma de gran alcance mediático o académico, aunque su poder de explicación no haya llegado en ningún momento a ser completo.

Con ese contexto, al mencionar “diplomacia cultural” la primera asociación dirige a una fuente de poder que los gobiernos ponen en acción mediante el recurso a la cultura (y también a los valores que priman en la política interior y al modelo que se defiende en la política exterior) para ganar prestigio y obtener la confianza de los demás en las relaciones internacionales.

La diplomacia cultural es un componente fundamental de la diplomacia pública y sirve a las otras dimensiones de la diplomacia de una nación al ser una manifestación fácil de asimilar por cualquier público —desde los gobiernos a las grandes multitudes anónimas—, con espacio “gratuito” en los medios de comunicación y perfectamente configuradas para transmitir mensajes positivos apareciendo como una fuente casi natural de admiración.

Ángel Badillo resume las líneas de actuación y el lugar de la diplomacia cultural: (a) la difusión y enseñanza del idioma propio; (b) la cooperación internacional para el desarrollo del campo cultural; y (c) la difusión del patrimonio cultural y la creación cultural contemporánea. La diplomacia cultural forma parte de la política comunicacional exterior y en la misma la cultura desempeña una tarea central pero quedando subordinada a objetivos vinculados a la imagen exterior del país.

La diplomacia cultural es una actividad compleja. Relacionada directamente con las relaciones culturales internacionales y con la difusión o venta de productos culturales en el mercado global, exige el manejo de nociones, estrategias y exigencias éticas que deben ser conocidas por los profesionales que la ponen en práctica.

Diferentes expertos insisten en que el éxito de una diplomacia cultural depende en gran medida de que sus contenidos sean conocidos y asumidos por todos los actores no gubernamentales del país que participan de alguna manera en las relaciones internacionales y destacan también la idoneidad de intentar que haya la mayor coherencia posible entre la cultura que se hace viajar y la cultura que se promueve por medio de las políticas internas.

Fundamentadas en una filosofía compartida pero no siempre coincidente, durante las últimas décadas han proliferado diferentes maneras de diseñar y aplicar la diplomacia cultural creando un extenso rango de prácticas que podemos situar entre las estrategias de China y de Jamaica, quedando las opciones de EEUU y de los grandes países europeos como los referentes de un cierto estilo clásico.

En este sentido, los modelos francés y alemán apuestan por el idioma, el modelo británico por la mutuality y la educación, y el modelo chino por la revitalización de grandes proyectos que vinculan la cultura y el comercio, como sucede con la Ruta de la Seda.

La perspectiva española

Desde un punto de vista español, y al igual que sucedió con la política cultural, el uso de la cultura en el ejercicio de la diplomacia experimentó un proceso de profunda transformación cuando el régimen franquista fue quedando atrás y avanzaron las prácticas de la democracia.

La gran mutación llegó en la segunda mitad de los años 80 con la creación de la AECI —en la que se integró poco después la Dirección General de Relaciones Culturales— y en los primeros años 90 coincidiendo con un momento de gran irradiación internacional de España.

Esa primera oleada de institucionalización, según la terminología usada por Elvira Marco, incluyó la creación del Instituto Cervantes, el inicio de los Congresos de la Lengua, la puesta en marcha de las Cumbres Iberoamericanas, la apertura de las casas de América y Árabe y la cada vez mayor integración de la cultura española en los programas y proyectos europeos.

En el trasfondo de aquella gran operación política hubo un paradigma que contenía una lectura del estado de la cultura en el mundo, una afirmación del posicionamiento de nuestro país en el tablero internacional y una definición de objetivos y la estrategia para conseguirlos. Simultáneamente, y con el espíritu de la Transición aún vivo, hubo también una firme voluntad de preservar es paradigma como una política de Estado ya desde el principio.

La historia de ese paradigma es una historia de éxito, desde la promoción del español y de las culturas hispánicas en el mundo, la cooperación cultural con América Latina y el Caribe y el Instituto Cervantes. Esta es una valoración en la que coinciden la mayoría de los historiadores, los analistas y los que han participado en ella.

Durante las casi tres décadas transcurridas, los cambios de gobierno tuvieron un impacto mayor o menor pero el modelo pervivió. Es algo que puede decirse al considerar la segunda oleada de reformas institucionales sucedida en torno al año 2000, con la creación de las sociedades estatales para la acción cultural exterior (SEACEX, SECC y SEEI).

Y también se puede afirmar cuando se analiza con suficiente perspectiva la oscilación y la rivalidad del protagonismo entre los Ministerios de Cultura y de Asuntos Exteriores en este dominio. El cambio de Gobierno en 2004 tuvo un impacto particular y agudizó una disputa de competencias entre Ministerios que llegó a su más alto grado en 2009. Pero se resolvió con una mini crisis ministerial y con la apertura de una reflexión de conjunto sobre la arquitectura institucional y de competencias que culminó con la aprobación del Plan de Acción Cultural Exterior (PACE) en 2010.

No obstante, la suerte del PACE no fue la mejor. Llegó con la crisis económica instalada en el país y se quiso llevar a la práctica cuando en el conjunto del sector público no sólo cultural se abordaba una reducción administrativa y se tenía que hacer frente a unos cortes de financiación que iban a ser el mayor condicionante de las políticas culturales durante los años siguientes.

A lo largo de la crisis, hemos asistido a una tercera oleada de institucionalización con la fusión de las tres agencias estatales citadas en una sola empresa, Acción Cultural Española, que ha puesto en pie y mantenido el Programa de Internacionalización de la Cultura Española. También hemos visto la creación de un Alto Comisionado del Gobierno para la Marca España, —que llegó con competencias pero sin presupuesto, y que desarrollaba una idea lanzada desde el Real Instituto Elcano años antes— para potenciar la promoción de la marca España conjugando todos los intereses y con prioridad para los económicos y los métodos de las relaciones públicas.

El Cervantes reaccionó ante la amenaza real que se insinuaba para el liderazgo de España en el dominio iberoamericano creando un oportuno espacio de colaboración con el SIELE y estableciendo una colaboración estrecha con los institutos de México, el Caro y Cuervo colombiano y el Inca Garcilaso de la Vega peruano. Con ello se estaba creando el embrión de lo que, —según lo expuesto por el nuevo director del Cervantes, Luis García Montero, ante la reunión del Patronato en octubre de 2018—, puede convertirse en un futuro EUNIC iberoamericano o panhispánico.

AECID centró una parte de sus esfuerzos en la elaboración del nuevo plan estratégico de cooperación, con un cambio de acento en la cooperación cultural atento a la Agenda 2030 y a las nuevas realidades de la comunicación Sur-Sur.

Por otra parte, la reflexión estratégica —siempre fundamental en este dominio— tuvo su continuación con aportaciones valiosas, pero con efecto limitado sobre las políticas —como sucedió en 2014 con el documento dedicado a la acción exterior en su conjunto promovido por el Instituto Elcano—. Pero señaló salidas de futuro en medio del duro impacto que la crisis económica tenía, y siguió teniendo, debido a la austeridad de los recursos y la subordinación de la diplomacia cultural a la diplomacia económica.

Conclusiones

Todos estos son elementos que podemos considerar propios de una situación de crisis, pero también factores característicos de un paradigma emergente.

Por lo demás, la creación de un nuevo paradigma no depende sólo de la creación institucional ni del reparto de competencias. Es extraordinariamente importante que acierte a la hora de identificar los cambios y las innovaciones que se han producido o se están produciendo en el campo en que nos movemos y de la capacidad que tenga para darles una respuesta adecuada. Innovaciones que, sin ánimo de ser exhaustivo, podrían incluir las siguientes:

  1. Una nueva valoración y nuevo uso, tanto social como político, de la identidad cultural de las naciones (o comunidades supra o subnacionales) condicionados en gran medida por ciertas dinámicas de la globalización, el impacto de las migraciones y el crecimiento de los movimientos xenófobos.
  2. La extensión de las políticas culturales a nivel mundial, gracias en parte al empuje de la UNESCO, que incluye una mayor conciencia de la importancia que la diplomacia cultural tiene para todos los países, también los más pequeños. En ese mismo sentido, la necesidad de incorporar todas las prácticas culturales, también las de acción exterior, a los objetivos de la sostenibilidad.
  3. El reforzamiento de los mecanismos y experiencias de cooperación, intercambio y coproducción en el campo cultural con la incorporación cada vez más sólida de las dinámicas Sur-Sur.
  4. El fortalecimiento de una visión distinta de la dinámica de las culturas conforme se van asentado más y más los efectos de la dialéctica entre lo global y lo local.
  5. La transformación profunda de las redes y los medios digitales de distribución y difusión de la cultura con el crecimiento de las grandes plataformas y la hipertrofia de “la cultura del autorretrato” como una de las prácticas omnipresentes en las redes sociales.
  6. La dificultad cada vez mayor para establecer un canon o un repertorio de cada cultura nacional con un alto nivel de consenso entre académicos, instituciones y creadores. De manera paradójica, esas elecciones se hacen automáticas cuando se recurre pura y simplemente a la agitación de los “estereotipos nacionales”.
  7. Los cambios en el escenario de la diplomacia cultural global con la ofensiva de China, la irrupción de los BRIC, los nuevos ensayos de la UE y la consolidación de los países del África subsahariana como actores de interés para el diálogo intercultural.
  8. La evolución del concepto mismo de diplomacia cultural con la separación entre una visión teórica dominante y un conjunto de prácticas cada vez más heterogéneas y complejas.
  9. El cuestionamiento cada vez más firme de la idea de que el liderazgo de la promoción global del español le corresponde a España por ser el único Estado con capacidad y recursos para hacerlo.
  10. Unido a los progresos de la diplomacia cultural en países como México, Colombia, Perú y Chile y la aparición de una visión diferente de los recursos y de las relaciones desde Iberoamérica con los países de la Cuenca del Pacífico. Y todo ello ligado a los avances sustantivos de la diplomacia cultural la región América Latina de la mano de la SEGIB y gracias a otras dinámicas regionales.
  11. La entrada de otros países de la UE, (Francia, Italia y Alemania) en programas de colaboración hasta hace poco sólo iberoamericanos, junto al nuevo papel de España en la relación de la UE con América Latina y el Caribe.
  12. Los cambios en la demografía de las lenguas con las excelentes perspectivas de la lusofonía en África. Un hecho que merece la revisión de las relaciones entre las políticas de promoción del español y del portugués y que podrían afectar a la continuidad de las políticas iberoamericanas según se vienen practicando desde los años 90 del siglo pasado.
  13. Los cambios notables de la situación del español y de las culturas hispánicas en EEUU y Brasil con retrocesos y desafíos que exigen respuestas de nuevo tipo.
  14. Los reajustes de la cooperación cultural europea motivados por el Brexit y el nuevo reparto de cartas que supone la entrada en acción de los mecanismos culturales del Servicio Exterior Europeo.
  15. Por último, pero no en último lugar, un hecho nuevo pero de enorme importancia para la acción cultural exterior española lo constituye la dinámica de la diplomacia cultural impulsada por el gobierno de coalición de la Generalitat de Cataluña. La nueva diplomacia cultural española debe encontrar una solución inteligente e innovadora también para este tipo de cuestiones.

No es una panorámica exhaustiva ni pretende serlo. Pero contiene bastantes de los hechos, de las preguntas, que, correctamente interpretados, deben ser tenidas en cuenta en ese proceso de producción de un nuevo paradigma de la diplomacia cultural española en el que están embarcados los agentes gubernamentales de la diplomacia española.

Los cambios anunciados en la política presupuestaria, y una percepción generalizada de que España está dejando atrás la crisis económica, coinciden con la renovación en la dirección de las instituciones públicas y con la sensación de que hemos entrado en una coyuntura en la que se puede abordar la cuarta oleada de reforma institucional —un proceso iniciado con el salto de Marca España a España Global— al tiempo que se forja un nuevo consenso con la participación de los agentes públicos y la sociedad civil.

Transformar el paradigma emergente al que me he referido hasta consolidarlo como un nuevo paradigma normalizado para los próximos 10 o 15 años es una tarea que adquiere, además, toda su dimensión cuando se piensa como tarea española y como tarea de todos los países históricamente condicionados a actuar en el seno de una alianza de diplomacias culturales.

Una alianza que tendrá como prioridad la continuidad de proyectos tan interesantes y exigentes como la difusión del español en medios donde crecen los obstáculos del ultranacionalismo, obligada a actuar en momentos en que los circuitos digitales desvalorizan la dimensión presencial de la distribución cultural o inmersa en un contexto global desde el que parece obligado dirigir todas las miradas, también las de la acción cultural exterior, a las prioridades de la Agenda 2030.

Joan Álvarez Valencia
Director de la Cátedra de Diplomacia Cultural del Instituto Europeo de Estudios Internacionales

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<![CDATA[ “El español se cuida solo”: desafíos para una geopolítica lingüística del español ante el horizonte multilateral ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido??WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/dt2-2019-badillo-hernandez-espanol-cuida-solo-politica-linguistica-multilateral 2019-01-18T01:30:40Z

El reto ahora es trasladar la política panhispánica del ámbito estrictamente lingüístico al de la acción cultural, delimitando un espacio institucional de coordinación de todos los países hispanohablantes que permita diseñar e implementar estrategias multilaterales.

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Índice

(1) Introducción
(2) La situación actual: el festín de los indicadores
(3) Elementos e instrumentos: geopolítica de las lenguas
(4) Un aprovechamiento eficaz del multilateralismo
(5) La esperanza en los resultados de un tiempo de incertidumbres
(6) Referencias

Introducción1

En una visita a los estudios cinematográficos Dreamworks en Glendale, California, el presidente de EEUU Barack Obama expresó una idea central para la acción exterior de cualquier país en materia de cultura:

“Lo crean o no, el entretenimiento es parte de nuestra diplomacia estadounidense. Es parte de lo que nos hace excepcionales, parte de lo que nos hace tal poder global. […] Cientos de millones de personas puede que nunca pisen EEUU, pero gracias a ustedes han experimentado una pequeña parte de lo que nos hace un país especial. Han aprendido algo sobre nuestros valores. Hemos dado forma a una cultura mundial a través de ustedes”.2

En estas pocas palabras, el presidente Obama apuntaba muchas de las claves de este campo: la importancia de la cultura en el poder global, la centralidad del entretenimiento como herramienta de seducción de públicos externos y el papel del sector cultural privado en esos procesos. En las últimas décadas, universidades y centros de investigación han contribuido al reconocimiento de la importancia de la combinación de las formas tradicionales con los nuevos instrumentos “suaves” o “blandos” de influencia exterior. Muchos países han comprendido las ventajas de la diplomacia pública, tanto porque se beneficia de la transferencia de valores procedentes de campos como la cultura, la educación o la ciencia, como porque sus costes son indudablemente más bajos que los de otras formas de proyección exterior. Y unos pocos, además, han conseguido vincular las políticas culturales interiores con las exteriores para promover, junto a la influencia exterior, una mayor oferta para sus ciudadanos mientras se impulsar el crecimiento económico y de empleo de los sectores culturales y creativos.

Con una limitada capacidad de influencia global, una industria cultural modesta –con la excepción de un sector editorial bien asentado en América Latina, mientras afronta con incertidumbre la transición digital– y un aparato institucional de acción cultural exterior cuyas competencias se reparten sin un objetivo estratégico claro,3 España ha puesto en las últimas décadas toda su esperanza en el español como el pedestal desde el que podía asomarse a la circulación global de la cultura, en términos de influencia, y promover el crecimiento de su sector cultural industrial. Cuando España comenzó a tomar conciencia del papel de la cultura como herramienta de acción exterior, muchos países hispanohablantes no lo habían hecho aún, lo que dio a nuestro país una posición pionera, si no entre los países europeos, sí en el contexto de los que comparten el español como idioma.

Ángel Badillo
Investigador principal del Real Instituto Elcano
| @angelbadillo

Rosana Hernández
Investigadora de la Fundación Rafael del Pino en el Observatorio del Instituto Cervantes en la Universidad de Harvard (2016-2018)


1 Las ideas expresadas en este texto reflejan los puntos de vista de sus autores.

2 Palabras de Barack Obama en visita a los estudios Dreamworks en California, 26/XI/2013 (la traducción es de los autores).

3 Véase Lamo de Espinosa y Badillo (2016).

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