Economía Internacional - Real Instituto Elcano Feeds Elcano Copyright (c), 2002-2018 Fundación Real Instituto Elcano Lotus Web Content Management <![CDATA[ Transparencia financiera internacional ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/dt12-2019-perez-transparencia-financiera-internacional 2019-07-12T11:05:41Z

Este documento de trabajo aborda la conceptualización y medición de la transparencia de los sistemas financieros, así como sus conexiones con otras variables como el desarrollo económico, la profundidad democrática y la atracción de las finanzas offshore.

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Índice

Resumen
Introducción
(1) Historia y significado de la transparencia financiera
Los orígenes de la transparencia financiera: la lucha contra el narcotráfico
La toma de conciencia sobre algunos riesgos de la globalización financiera
La lista negra de paraísos fiscales
El 11S y la transparencia financiera
La agenda contra la corrupción y la recuperación de activos públicos
La información fiscal en tiempos de crisis
La Coalición por la Transparencia Financiera
Los flujos financieros ilícitos en la Agenda 2030
Definición de transparencia financiera internacional
(2) ¿Cómo medir la transparencia financiera internacional?
Las estimaciones de flujos financieros ocultos
El índice de secreto financiero
Una propuesta de indicador basado en las revisiones entre pares del GAFI
(3) El estado de la transparencia financiera y su explicación
Las normas de transparencia financiera internacional se cumplen a medias
¿Por qué unos países son más transparentes qué otros?
La relación entre corrupción, finanzas offshore y opacidad financiera
Otras dificultades para avanzar en la transparencia financiera
(4) Conclusiones
Referencias

Resumen

La transparencia financiera internacional consiste en la obtención por parte de los gobiernos de información financiera sobre sus ciudadanos y empresas, y su intercambio con otros gobiernos conforme a reglas acordadas en instituciones intergubernamentales. Su objetivo es combatir los flujos financieros ilícitos.

Desde hace 30 años, algunas de las organizaciones y foros internacionales más importantes han ido regulando diversos aspectos de la transparencia financiera con un resultado desigual por países. Este documento de trabajo aborda la conceptualización y medición de esta cualidad de los sistemas financieros, así como sus conexiones con otras variables como el desarrollo económico, la profundidad democrática y la atracción de las finanzas offshore.

A pesar de la importancia que ha cobrado la transparencia financiera en el contexto de la globalización, sus vínculos con problemas transnacionales tan relevantes como la evasión fiscal, la corrupción y el terrorismo, y su inclusión en la Agenda 2030, los países cumplen de manera muy desigual las normas internacionales en esta materia. En este documento se aboga por la claridad conceptual y métrica sobre la transparencia y los flujos financieros ilícitos como paso previo para comunicar mejor esta agenda y, en última instancia, mejorar su eficacia.

Introducción

La transparencia financiera en la era de la globalización se presenta como una agenda de cooperación entre gobiernos que tiene por objetivo la lucha contra los flujos financieros ilícitos y se relaciona con problemas transnacionales tan relevantes como la evasión fiscal, la corrupción y el terrorismo. Se trata de una agenda dispersa, establecida en cumbres y acuerdos intergubernamentales auspiciados por el G7 y el G20, la OCDE, las instituciones de Bretton Woods y diversas agencias de Naciones Unidas. En 2015 el asunto se convirtió en una prioridad para la ONU, ocupando su propio espacio en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS, meta 16.4) y numerosas referencias en la Agenda de Acción de Addis Abeba sobre financiación del desarrollo (ONU, 2015a) .

Este Documento de Trabajo aborda la conceptualización, medición y explicación de la transparencia financiera. A pesar de su importancia, los países cumplen de manera muy desigual las normas internacionales en esta materia y, tal como se explica en las secciones siguientes, la claridad conceptual y métrica podría ayudar a comunicar mejor la agenda internacional de la transparencia financiera y, en última instancia, mejorar su eficacia.

En la primera parte del Documento, se relata la historia de la transparencia financiera desde la creación del Grupo de Acción Financiera Internacional contra el Blanqueo de Capitales (GAFI) en 1989 hasta la adopción de los ODS en 2015. También se hace referencia a las ONG más implicadas en esta causa y se extrae de su discurso los conceptos clave del documento: flujos financieros ilícitos y transparencia financiera internacional.

Seguidamente, se presentan las principales mediciones que han alimentado los análisis y debates sobre finanzas ilícitas, producidos también en el ámbito de las ONG, y se proponen nuevos indicadores de transparencia financiera basados en el cumplimiento de las 40 recomendaciones del GAFI según su sistema de revisión entre pares. En la tercera parte, el documento explora las relaciones de la transparencia financiera con otras variables como el desarrollo económico, la profundidad democrática, los paraísos fiscales y la industria de finanzas offshore.

Historia y significado de la transparencia financiera

La transparencia es un concepto relacionado con la rendición de cuentas y el buen funcionamiento del Estado democrático de Derecho cuyo uso en la teoría y la práctica política se remonta a la Ilustración.1 La transparencia financiera, entendida como el acceso e intercambio de información financiera sobre individuos y organizaciones por parte de gobiernos, es un subconcepto más nuevo y menos asentado. Se trata de un término colocado en la agenda internacional por una serie de organizaciones de la sociedad civil (OSC) agrupadas en la Coalición por la Transparencia Financiera y progresivamente extendido por gobiernos (Diplomatie, 2017), organizaciones internacionales (UNODC y OECD, 2016) y medios de comunicación (Economist, 2016). Su incipiente éxito se debe probablemente a su eficacia para designar una serie de iniciativas de cooperación internacional que, aun teniendo diversos orígenes, comparten un denominador común: la producción e intercambio de información financiera entre países con la finalidad de reforzar las capacidades de los Estados en políticas tan diversas como la fiscalidad o la lucha antiterrorista.

Los orígenes de la transparencia financiera: la lucha contra el narcotráfico

La primera de estas iniciativas tuvo lugar en 1989 y supuso un punto de inflexión para las leyes de secreto bancario. La Cumbre del G7 celebrada ese año en París adoptó una declaración económica en la que, además de analizar el contexto económico mundial y discutir sobre comercio o deuda pública, dedicó un epígrafe entero a la droga. En dicho apartado, los grandes líderes mundiales se comprometieron a unir esfuerzos en el ámbito nacional e internacional para detener el narcotráfico en su corriente real y financiera. Acordaron ocho medidas de distinto alcance y concreción, la última de las cuales consistía en la creación de una task force paraprevenir la utilización del sistema bancario y las instituciones financieras con el propósito de blanquear dinero proveniente de la droga (G7, 1989).

Esta task force, el GAFI, adoptó 40 recomendaciones sobre blanqueo de dinero (GAFI/FATF 1990) que abogaban por poner límites a las leyes nacionales sobre secreto bancario e intensificar la cooperación internacional en investigaciones, detenciones y extradiciones. Además, planteaban a los Estados exigencias más concretas como tipificar el delito de blanqueo de dinero, participar en distintos instrumentos internacionales de cooperación contra el narcotráfico e imponer obligaciones sobre los bancos para asegurar la identificación de todos los titulares de sus cuentas y depósitos, así como mantener registros y documentos que pudieran servir para investigaciones futuras.

A lo largo de la década de los 90, el GAFI fue prorrogando su mandato hasta consolidarse como una institución permanente. También amplió su alcance a todo el crimen organizado y pasó a vigilar, además de la banca, las denominadas “Actividades y Profesiones Designadas No Financieras” (APDNF), que incluyen abogados, notarios y asesores, así como algunos negocios considerados de riesgo como, por ejemplo, las empresas de remesas de efectivo o los comercios de bienes de lujo. Desde el punto de vista geográfico, el ámbito del GAFI se fue extendiendo de una forma original. En lugar de buscar nuevas adhesiones de Estados, fomentó la creación de instituciones similares en otras regiones, las cuales se adhirieron al GAFI como miembros asociados y acabaron cubriendo todo el mundo.2

Aitor Pérez
Investigador senior asociado, Real Instituto Elcano
| @aitor_ecoper


1 El concepto de transparencia política lo empiezan a usar en el siglo XVIII autores como Kant y Rousseau y, a través de Jeremy Bentham, entra en la tradición política británica donde se instala la máxima “cuanto más estrictamente nos vigilan, mejor nos comportamos” (Hood, 2006; Prat, 2006).

2 Estos organismos y sus fechas de creación son: Caribbean Financial Action Task Force (CFATF), 1992; Asia-Pacific Group on Money Laundering, (APG); Moneyval, un órgano del Consejo de Europa, 1997; Eastern and Southern Africa Anti-Money Laundering Group (ESAAMLG), 1999; Inter-Governmental Action Group against Money Laundering in West Africa (GIABA), 1999; Grupo de Acción FInanciera Internacional de América Latina (GAFILAT), creado en 2000 con el nombre de GAFISUD; Middle East and North Africa Financial Action Task Force (MENAFATF), 2004; Eurasian Group, 2010; Task Force on Money Laundering in Central Africa (GABAC), 2012.

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<![CDATA[ España: ¿líder global en transparencia financiera? ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari80-2019-perez-espana-lider-global-transparencia-financiera 2019-07-08T09:47:01Z

España es el país con mayor transparencia financiera del mundo según las evaluaciones del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), por lo que podría aspirar a ser un líder mundial en la lucha global contra los flujos financieros ilícitos (meta 16.4 de la Agenda 2030).

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Tema

España es el país con mayor transparencia financiera del mundo según las evaluaciones del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), por lo que podría aspirar a ser un líder mundial en la lucha global contra los flujos financieros ilícitos (meta 16.4 de la Agenda 2030).

Resumen

En este análisis se presentan datos de las revisiones entre pares del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) que muestran que España es el país con mejor cumplimiento técnico de sus 40 recomendaciones contra el blanqueo de capitales, considerado el estándar internacional más importante en materia de transparencia financiera. Seguidamente, se indaga en las razones por las cuales el país ha cumplido tan estrictamente con las normas internacionales sobre acceso e intercambio de información financiera y se reflexiona sobre la posibilidad y pertinencia de que España aspire a una posición de liderazgo en este asunto global, que ha pasado a formar parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Para pasar de ser el país más cumplidor a ser líder en esta agenda, España necesitaría completar el desempeño de funcionarios y profesionales con un impulso político que pasaría por una mejor comunicación pública y un papel más activo en foros internacionales. En el Foro de Alto Nivel sobre Desarrollo Sostenible este liderazgo puede ser especialmente necesario pues la meta 16.4 carece todavía de indicadores de seguimiento.

Análisis

La transparencia financiera consiste en la producción e intercambio por parte de los gobiernos de información financiera sobre sus ciudadanos y empresas, generalmente, en el marco de acuerdos y estándares internacionales. El objetivo de la transparencia financiera internacional es combatir eficazmente los flujos financieros ilícitos, movimientos transnacionales de dinero de origen o destino delictivo que se sirven de la globalización financiera para permanecer ocultos a las autoridades nacionales. Se trata de un asunto que ha sido elevado a lo más alto de la agenda de la cooperación internacional en 2015 mediante la adopción de la meta16.4 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la Agenda de Acción de Addis Abeba, pero que se ha venido tratando y regulando en diversos foros intergubernamentales desde hace 30 años.

Entre los distintos acuerdos e iniciativas internacionales sobre transparencia financiera, las 40 recomendaciones del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) contra el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo destacan como el estándar más completo, más antiguo y de mayor alcance geográfico. España es el país del mundo que cumple con mayor rigor estas 40 recomendaciones según el sistema de evaluación mutua del propio GAFI, por lo que podría decirse que es el país con mayor transparencia financiera del mundo.1

En este análisis se aporta más información sobre la posición de España en materia de transparencia financiera a escala mundial y europea con el apoyo de datos tomados del sistema de evaluaciones del GAFI. Seguidamente, se explican las causas históricas de este desempeño, las cuales podrían explicar también por qué esta cualidad española es tan poco conocida dentro y fuera del país. Por último, se realizan una serie de recomendaciones para que España convierta su superioridad técnica en un verdadero liderazgo internacional.

España, el país más cumplidor del GAFI

El GAFI lleva 30 años fijando estándares internacionales de transparencia financiera y comprobando su aplicación país por país. Su sistema de evaluación sobre las 40 recomendaciones contra el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo se encuentra ya en la IV ronda de evaluaciones, en la que España fue el primer país examinado junto con Noruega.

El informe de evaluación de España, emitido en 2014, fue más favorable que el del país nórdico y destacó la solidez de su sistema general contra el blanqueo de capitales y algunos avances concretos, como la puesta en marcha de un registro de titulares reales, basado en la colaboración de los notarios. Posteriormente, conforme se fueron realizando más evaluaciones, el GAFI las fue consolidando en una tabla publicada en su web y se supo que España era el país con mejor cumplimiento técnico de las 40 recomendaciones. Actualmente, con datos de abril de 2019 , España cumple plenamente con 28 recomendaciones, ocupando la primera posición en un ranking de 77 países y destacando sobre el cumplimiento mundial (11 recomendaciones) y de la UE (12), tal y como se representa en la Figura 1.

Figura 1. ¿Cuántas de las 40 recomendaciones GAFI se cumplen plenamente en cada país?
Fuente: elaborado a partir de la IV ronda de evaluaciones GAFI.

Si la comparación entre países tiene en cuenta todo el rango de puntuaciones del GAFI para cada recomendación (cumplidor, ampliamente cumplidor, parcialmente cumplidor e incumplidor) y estas valoraciones se escalan de forma lineal de 0 a 100, a España le correspondería una transparencia del 88% y seguiría ocupando el primer puesto de los 77 países evaluados, los cuales arrojarían un cumplimiento medio del 64%. Dicho esto, las 40 recomendaciones representan un estándar internacional, por lo que el 100% en esta escala no debe considerarse un ideal de transparencia financiera. De hecho, hay otros indicadores de transparencia financiera, como, por ejemplo, el componente cualitativo del índice de secreto financiero de Tax Justice Network (TJN, 2018), en el que el máximo alcanzado por un país se encuentra en el 58%. A España, en ese índice le corresponde un 52% y la 6ª posición sobre 112 países analizados.

En el documento de trabajo del Real Instituto Elcano “Transparencia financiera internacional” se demuestra mediante regresión estadística que la transparencia financiera, cuando se aproxima por el grado de cumplimiento de las recomendaciones del GAFI, correlaciona con el índice de percepción de la corrupción (TI, 2017) y la lista negra de paraísos fiscales de la OCDE (2000). Ello indica que la transparencia financiera es una cualidad propia del buen gobierno democrático y también confirma el discurso de algunas ONG, según el cual el negocio de las finanzas offshore estaría frenando la aplicación de esta agenda internacional.

Desde esta perspectiva, resulta lógico que España, una democracia plena, destaque sobre el resto del mundo en transparencia financiera y que, no siendo un centro financiero offshore, destaque sobre otras democracias que sí lo son, como Suiza. Sin embargo, no es tan evidente por qué España destaca sobre la media europea (Figura 1) o sobre algunos países europeos, como los nórdicos, cuyas instituciones nacionales y cuyo papel en las instituciones internacionales gozan de tan buena reputación (Figura 2).

Figura 2. Cumplimiento pleno de recomendaciones GAFI en Europa
País Número
España 28
Reino Unido 23
Bélgica 21
Austria 18
Italia 18
Noruega 18
Suecia 15
Portugal 12
Eslovenia 11
Irlanda 10
Finlandia 8
Hungría 6
Letonia 6
Suiza 6
Dinamarca 5
República Checa 4
(1) Número de las 40 recomendaciones en las que el país obtiene una calificación C (cumplidor), según la IV ronda de evaluaciones con datos de abril 2019. Fuente: elaboración a partir de GAFI (2019).

¿Por qué España es tan transparente con sus finanzas?

Las recomendaciones del GAFI y sus actualizaciones se han ido aplicando en la UE mediante directivas antiblanqueo y en España, como en los demás países europeos, mediante leyes nacionales de transposición, en las cuales los Estados miembros pueden optar por niveles de cumplimiento más altos respetando los mínimos establecidos por las Instituciones de la UE. Los debates parlamentarios y las exposiciones de motivos de estas normas arrojan luz sobre las motivaciones que pueden llevar a los distintos países a optar por un mayor o menor rigor en materia de transparencia financiera.

En los debates del Parlamento Europeo sobre la directiva antiblanqueo de 2015 y un reglamento relacionado (UE, 2014), casi todos los eurodiputados mostraron su apoyo a la iniciativa de la Comisión, si bien sus discursos se diferenciaron en dos aspectos: contenían distintos argumentos de apoyo a la directiva y, mientras unos introducían ciertos matices, otros planteaban un apoyo sin fisuras. En cuanto a los argumentos utilizados en defensa de la norma, destacaron las referencias a la evasión fiscal, el crimen organizado y la corrupción, en este orden. Además, dos diputados, uno español y otro norirlandés, trajeron a colación la financiación del terrorismo.

Por otra parte, se plantearon objeciones sobre la falta de proporcionalidad de las nuevas exigencias administrativas y su perjuicio para negocios perfectamente legales. Estas objeciones fueron presentadas por diputados liberales y conservadores de países del centro y norte de Europa, mientras que los diputados del sur, independientemente de la ideología, no introdujeron matices de este tipo.

En España, de los debates parlamentarios y exposiciones de motivos de las leyes antiblanqueo y normas relacionadas de menor rango, se deduce que las consideraciones sobre el posible coste administrativo de esta legislación para los negocios han estado totalmente ausentes. Además, se puede comprobar que su vínculo con la lucha antiterrorista ha sido muy importante, sobre todo más en la época en la que el país empezó a destacar en los informes del GAFI.2

La primera ley contra el blanqueo de capitales, Ley 19/1993, vino motivada por la obligación de transponer la Directiva UE correspondiente. Así se constató en su breve exposición de motivos, en la cual ni siquiera se hacía referencia al GAFI a pesar de que sus recomendaciones ya estaban vigentes desde 1990, cuando se estableció el Grupo con España entre sus Estados fundadores. La Ley fue una transposición mecánica de la Directiva europea 91/30B/CEE, la cual sí citaba al GAFI y puso en pie la infraestructura ideada por este organismo internacional y, poco a poco, implantada con mayor o menor solidez en todos los países: una red de sujetos (mayoritariamente bancos) obligados a identificar, documentar y comunicar operaciones financieras sospechosas; una unidad de inteligencia financiera el Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales e Infracciones Monetarias, el SEPBLAC, órgano administrativo encargado de recibir esas comunicaciones, sistematizarlas y derivarlas a otras administraciones; y un órgano encargado de asegurar el buen funcionamiento del sistema, la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales.

Diez años después, la Ley 12/2003, de 21 de mayo, de bloqueo de la financiación del terrorismo, sí contenía un amplio preámbulo. En él se hacía referencia a los atentados del 11 de septiembre de 2001 y al terrorismo de ETA, justificando la necesidad completar el ordenamiento jurídico con medidas eficaces en el ámbito de la prevención. La norma, además de introducir la figura del bloqueo de capitales como medida administrativa, repasaba obligaciones e instituciones similares o iguales a las contempladas por la Ley antiblanqueo de 1993.

El bloqueo preventivo de capitales sospechosos de financiación del terrorismo fue una recomendación especial del GAFI acordada en 2001, después del 11S. En octubre de 2001, se adoptaron un total de nueve recomendaciones especiales contra la financiación del terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva que se sumaban a las tradicionales 40 recomendaciones del GAFI, cuyo nombre completo pasó a ser Grupo de Acción Financiera Internacional contra el Blanqueo de Capitales y la Financiación del Terrorismo. El Gobierno español se sumó con especial interés a este nuevo acuerdo que facilitaba un marco internacional para recabar apoyos en sus investigaciones antiterroristas. Su experiencia demostraba que la cooperación internacional en el ámbito de las finanzas podía dar buenos resultados, como había ocurrido con el desmantelamiento de la cooperativa Sokoa con la ayuda de Francia, y en aquel momento esta cooperación resultaba muy necesaria. La lucha contra ETA se intensificaba entonces como consecuencia de su abandono del alto el fuego en 2000, el asunto volvía a estar entre las principales preocupaciones de los españoles según el CIS y contaba con un consenso político renovado mediante el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo.

Cuando en 2010 se actualizó la ley española antiblanqueo, la UE había adoptado ya su tercera Directiva en la materia, el GAFI había actualizado dos veces sus recomendaciones y se encontraba en la III ronda de revisiones entre pares. España ya había obtenido una evaluación bastante buena en este nuevo marco, incluso antes de actualizar su Ley. Algunas recomendaciones nuevas, como la incorporación de los notarios al sistema de inteligencia financiera, ya se habían aplicado mediante normas de rango menor.

En su preámbulo, la segunda ley antiblanqueo se alineó de forma explícita y directa con las recomendaciones del GAFI, defendió la pertinencia de unificar los regímenes de prevención del blanqueo de capitales y de la financiación del terrorismo, y caracterizó la legislación europea como una norma de mínimos, que debía ser completada, reforzada o extendida atendiendo a los concretos riesgos existentes en cada Estado miembro. Los debates parlamentarios sobre esta medida reflejaron un alto nivel de consenso entre los distintos partidos políticos y, fuera del Congreso, aunque la norma apenas tuvo transcendencia mediática, desde la Administración se declaraba a España “un país líder en materia de prevención de blanqueo de capitales”, añadiendo que “hace unos años la prevención del blanqueo era una política muerta, sólo estaba en los libros y no se aplicaba. En ocasiones, la simple publicación de leyes en el BOE no es suficiente para poner en marcha políticas de este tipo, pues necesitan funcionarios y profesionales que las apliquen” (Notariado, 2010). En los años siguientes, el trabajo de funcionarios y profesionales siguió avanzando en línea con las recomendaciones del GAFI, hasta alcanzar España los niveles de cumplimiento reflejados en las Figuras 1 y 2.

¿Cómo pasar de cumplidor a líder?

A pesar de su destacado cumplimiento técnico, el GAFI no ha calificado a España como un líder en sus informes de evaluación y seguimiento. Por el contrario, sí ha denominado al Reino Unido, segundo en el ranking de cumplimiento, como un líder global en asuntos como la transparencia corporativa. Efectivamente, el Reino Unido, además de mejorar su propia información financiera, por ejemplo, mediante el registro de titulares reales de sociedades, ha influido en los países de la Commonwealth para que avancen en la misma dirección. Además, su papel en el G20 de Londres de 2009 fue muy relevante para aumentar la presión sobre los países más reticentes al intercambio de información. Según algunos autores, como resultado de esta cumbre, se firmaron más de 300 tratados de intercambio de información (Johannesen y Zucman, 2014), un éxito que fue capitalizado por el entonces primer ministro británico Gordon Brown, quien llegó a declarar el fin de los paraísos fiscales.

Para que España ejerza y sea reconocido como líder global en transparencia financiera, además del desempeño de funcionarios y profesionales, necesitaría del impulso de los políticos. Este impulso no sería redundante, pues los paraísos fiscales no han finalizado y la ONU no sabe dónde estamos en relación con la meta 16.4 de la Agenda 2030.3 A continuación se formulan dos recomendaciones en este sentido.

En primer lugar, España podría comunicar mejor su compromiso con las normas internacionales antiblanqueo y otros acuerdos de transparencia financiera, empezando por dar publicidad a las evaluaciones e informes del GAFI, los cuales apenas han transcendido a la opinión pública española. La iniciativa España Global recientemente ha empezado a trabajar la comunicación sobre la fortaleza democrática del país y, teniendo en cuenta la relación lógica y estadística que se da entre transparencia financiera e integridad de las instituciones, los datos de cumplimiento de las recomendaciones del GAFI podrían añadirse a otros indicadores que se exhiben desde su portal. Este ejercicio de comunicación podría servir también de estímulo para seguir avanzando en las 12 recomendaciones del GAFI que España todavía no cumple plenamente y en mejorar también otras evaluaciones, como las del Foro global de intercambio de información con fines tributarios y el Convenio de la OCDE contra el cohecho.

En segundo lugar, en el ámbito internacional, España podría servirse de la autoridad que le da su elevado cumplimiento para elevar la presión sobre otros países que no cumplen tan bien con los acuerdos adquiridos. Esto podría hacerse con una implicación más activa al menos en dos ámbitos. El G20, donde España es invitado permanente, ha sido junto con el G7 el foro político en el que generalmente se han lanzado los acuerdos sobre transparencia financiera que luego han desarrollado instituciones como el GAFI y la OCDE. Este foro podría servir de altavoz para el seguimiento de acuerdos que por el momento se mantiene en un ámbito profesional y técnico y, de esta forma, incrementar la presión entre pares y de la opinión pública sobre los países menos cumplidores. Por otra parte, en el ámbito de Naciones Unidas, dado que la Agenda 2030 no ha conseguido acordar un sistema de seguimiento de la meta 16.4, queda espacio para nuevas propuestas que los Estados miembros tendrían que llevar al Foro de Alto Nivel sobre Desarrollo Sostenible, que se reúne anualmente en Nueva York. Su convocatoria de este año abordará precisamente el ODS 16 sobre la promoción de sociedades justas, pacíficas e inclusivas, en el cual se incluye la meta de eliminación de los flujos financieros ilícitos.

Figura 3. Anexo: cumplimiento de 40 recomendaciones del GAFI en España, UE y el mundo
Bloque   España Mundo
Rec Recomendación   Nota (1) % UE Mundo
Políticas y coordinación R.1 Evaluar los riesgos y aplicar un enfoque basado en el riesgo   C 100 69 55
R.2 Cooperación y coordinación nacional   LC 67 69 68
Blanqueo dinero y confiscación R.3 Delito de lavado de dinero   LC 67 69 75
R.4 Confiscación y medidas provisionales   C 100 69 75
Financiamiento del terrorismo y la proliferación R.5 Delito de financiamiento del terrorismo   C 100 69 73
R.6 Sanciones financieras con el terrorismo   PC 33 69 54
R.7 Sanciones financieras relacionadas con la proliferación   PC 33 69 40
R.8 Organizaciones sin fines de lucro   LC 67 69 41
Medidas preventivas R.9 Leyes de secreto de las instituciones financieras   C 100 69 90
R.10 Diligencia debida del cliente   LC 67 69 61
R.11 Mantenimiento de registros   C 100 69 84
R.12 Personas políticamente expuestas   C 100 69 64
R.13 Corresponsalía bancaria   C 100 69 67
R.14 Servicios de transferencia de dinero o valor   C 100 69 74
R.15 Nuevas tecnologías   C 100 69 70
R.16 Trasnferencias electrónicas   C 100 69 61
R.17 Dependencia de terceros   LC 67 69 65
R.18 Controles internos y sucursales y subsidiarias extranjeras   C 100 69 67
R.19 Países de mayor riesgo   C 100 69 61
R.20 Informes de transacciones sospechosas   C 100 69 82
R.21 Tipping-off y confidencialidad   C 100 69 83
R.22 Profesiones no financieras designadas: diligencia debida   LC 67 69 45
R.23 Profesiones no financieras designadas: otras medidas   C 100 69 50
Titularidad real R.24 Transparencia y titularidad real de las personas jurñidicas   LC 67 69 42
R.25 Transparencia y titularidad real de los acuerdos legales   LC 67 69 45
Poderes y responsabilidades de las autoridades competentes y otras medidas institucionales R.26 Regulación y supervisión de instituciones financieras   LC 67 69 56
R.27 Poderes de los supervisores   C 100 69 77
R.28 Regulación y supervisión de las profesiones no financieras   C 67 69 40
R.29 Unidades de inteligencia financiera   C 100 69 74
R.30 Responsabilidades de las autoridades policiales   C 100 69 86
R.31 Poderes de las autoridades policiales y de investigación   C 100 69 74
R.32 Empresas de remesas   C 100 69 63
R.33 Estadística   C 100 69 57
R.34 Orientación y comentarios   C 100 69 63
R.35 Sanciones   C 100 69 54
Cooperación internacional R.36 Instrumentos internacionales   C 100 69 73
R.37 Asistencia legal mutua   C 100 69 67
R.38 Asistencia legal mutua: bloqueo y confiscación   C 100 69 63
R.39 Extraditación   C 100 69 71
R.40 Otras formas de cooperación internacional   C 100 69 63
TOTAL   Media     88 72 64
    Número de recomendaciones plenamente cumplidas (total España y media UE y mundo)     28 12 11
Fuente: elaboración propia a partir de GAFI (2019).

Aitor Pérez
Investigador senior asociado, Real Instituto Elcano
| @aitor_ecoper

Referencias

Cobham, A. (2018), "Target 2030: illicit financial flows", ARI, nº 81/2018, Elcano Royal Institute.

GAFI/FATF (2019), Consolidated Assessment Ratings, April 2019, (último acceso 29/III/2018).

Johannesen, N., y G. Zucman (2014), "The end of bank secrecy? An evaluation of the G20 tax haven crackdown", American Economic Journal: Economic Policy, vol. 6, nº 1B, pp. 65-91, doi: 10.1257/pol.6.1.65.

Notariado (2010), Nota de prensa: España es un país líder en materia de prevención de blanqueo de capitales, (último acceso 22/XI/2018).

OECD (2000), Towards Global Tax Co-operation, Progress in Identifying and Eliminating Harmful Tax Practices.

Pérez, A. (2018), "Las causas de la transparencia financiera en España: ¿fortaleza democrática o coyuntura crítica?", Revista de Estudios Políticos, vol. 0, nº 179, pp. 231-265, doi: 10.18042/cepc/rep.179.08.

TI (2017), Índice de Percepción de la Corrupción 2017, Nota técnica sobre la metodología, Transparencia Internacional, (último acceso 10/IV/2018).

TJN (2018), Financial Secrecy Index 2018, Londres.

UE (2014), Prevention of the Use of the Financial System for the Purpose of Money Laundering and Terrorist Financing (Debate), (último acceso 31/V/2018).


1 Para más información sobre el concepto y la medición de la transparencia financiera internacional véase el documento de trabajo del mismo nombre.

2 En un artículo de la Revista de Estudios Políticos se analiza más detalladamente esta influencia de la agenda antiterrorista en la aplicación de la normativa internacional de transparencia financiera como una dinámica de coyuntura crítica y trayectoria dependiente (Pérez, 2018).

3 Sobre esta cuestión, que se resume en la falta de indicadores del ODS 16.4, véase Cobham (2018).

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<![CDATA[ El acuerdo UE-Mercosur: ¿quién gana, quién pierde y qué significa el acuerdo? ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari78-2019-malamud-steinberg-acuerdo-ue-mercosur-quien-gana-quien-pierde-que-significa-el-acuerdo 2019-07-01T11:47:25Z

Tras 20 años de negociaciones se ha alcanzado un acuerdo entre la UE y Mercosur. Este análisis explora sus implicaciones económicas y políticas.

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Tema

Tras 20 años de negociaciones se ha alcanzado un acuerdo entre la UE y Mercosur. Este análisis explora sus implicaciones económicas y políticas.

Resumen

El acuerdo UE-Mercosur, que parecía que nunca llegaría, crea un mercado de 780 millones de consumidores prácticamente sin aranceles y supone un espaldarazo a la cooperación internacional y al libre comercio en un entorno de crecientes tensiones comerciales. También abre importantes oportunidades económicas de exportación para muchas empresas y, a la vez, supondrá beneficios para los consumidores europeos, pero generará algunos perdedores a los que se debería compensar con instrumentos al nivel europeo.

Análisis

El viernes 28 de junio de 2019, después de una frenética última ronda de negociaciones en Bruselas, finalmente se firmó el acuerdo político que dará lugar a la firma del esperado Tratado de Asociación entre la UE y el Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay). Los intentos de cerrar el acuerdo se han sucedido en los últimos 20 años y si bien las negociaciones estuvieron suspendidas entre 2004 y 2010, en este último año se abrió un proceso que, más allá de sus altibajos, terminó cerrándose de forma positiva.

Una pregunta que se impone en este punto es por qué esta vez sí se logró cerrar la negociación, mientras que en otras ocasiones fue imposible. Y la respuesta hay que buscarla en el cambiante entorno político internacional, caracterizado por las crecientes tensiones proteccionistas y en la ventana de oportunidad que se ha abierto y tenía riesgos de cerrarse el próximo otoño. Era ahora o nunca. Y se ha logrado el acuerdo. En las próximas páginas se analiza cómo se ha fraguado el acuerdo, cuáles son sus principales implicaciones, quién gana y quién pierde con el mismo y qué puede esperarse en el futuro, con un comentario adicional al papel de España en estas negociaciones.

Qué significa el acuerdo y por qué se ha alcanzado ahora

Uno de los elementos que sin duda ha sido clave, tanto en la parte europea como en la latinoamericana, es el cambio de la coyuntura internacional, la presencia de Donald Trump en la Casa Blanca y sus efectos desestabilizadores sobre la economía internacional, comenzando por sus amenazas al multilateralismo y a la Organización Mundial del Comercio (OMC). Seguramente, ante un entorno internacional más cooperativo, la sensación de urgencia por firmar un tratado tan complejo hubiera sido mucho menor.

En el caso de la UE no hay que olvidar que las amenazas contra Europa en general (incluyendo a la OTAN), y contra Alemania en particular, han llevado a muchos actores europeos a cuestionarse el futuro de la alianza transatlántica y la fiabilidad de EEUU como socio estratégico. A esto se suma el obligado cambio en la composición de la Comisión Europea a partir de octubre, que si bien no ha sido un argumento decisivo sí fue importante en el último momento, ya que una nueva dilación hubiera estirado la negociación durante meses o incluso años.

En lo que a Mercosur se refiere, también ha habido nuevos factores importantes que han influido en la negociación, plasmados en los cambios de gobierno en Argentina y en Brasil, pero también en Paraguay. En este sentido, la postura de los países del Mercosur frente a la globalización y al libre comercio no es igual con los presidentes Mauricio Macri, Jair Bolsonaro, Mario Abdó y Tabaré Vázquez que con Cristina Kirchner, Dilma Rousseff, Fernando Lugo y José Mujica, presentes en 2012, y mucho más favorables al proteccionismo.

Y si bien el triunfo de Bolsonaro y la presencia de Paulo Guedes hicieron temer inicialmente por el futuro de Mercosur, las ideas de este último sobre la apertura internacional de Brasil, junto al fuerte liderazgo asumido por Macri terminaron imponiéndose y reduciendo las fuertes pulsiones proteccionistas presentes en sus países. Como ha señalado Andrés Malamud, la voluntad política de las partes ha sido esencial para sacar adelante el Tratado y “contra análisis y pronósticos, Macri se propuso este acuerdo desde el inicio de su mandato. Para bien o para mal, este resultado no existiría sin su determinación”.

Esto nos lleva a señalar que estamos frente al primer acuerdo que firma Mercosur con otro gran bloque regional. Esto es muy importante porque el bloque estaba muy aislado internacionalmente e incluso durante años prefirió vivir de espaldas a la otra gran instancia regional, la Alianza del Pacífico, formada por Chile, Colombia, México y Perú. Pese a ello, el inicio de la segunda presidencia de Michelle Bachelet en 2014 permitió iniciar una cierta convergencia entre la Alianza y Mercosur, un proceso que aún no ha cristalizado de forma definitiva. De alguna manera esto explica los tres únicos tratados de libre comercio que tiene firmados Mercosur, más allá de los existentes dentro del llamado marco ALADI (Asociación Latinoamericana de Integración) y de los actualmente en negociación pero no cerrados, que son con países económicamente tan poco relevantes como Israel, Egipto y la Autoridad Palestina.

Desde la perspectiva europea no se debe minusvalorar el hecho de que lo ocurrido implica un gran triunfo para la UE, cuyos productos entrarán en los países de Mercosur con claras ventajas sobre los de sus más directos competidores como EEUU o Japón. Al mismo tiempo se demuestra que más allá de la retórica y de la idea de conformar una “alianza estratégica” birregional, por cierto bastante carente de contenidos concretos, América Latina importa, y mucho, a la UE y sus Estados miembros.

Desde ahora, la UE tendrá firmado algún tipo de acuerdo con todos los países latinoamericanos salvo Bolivia y Venezuela. Tratados de Asociación con Chile, México, América Central + Panamá y ahora Mercosur; de Libre Comercio (multipartes) con Colombia, Ecuador y Perú y de Cooperación con Cuba. Incluso Bolivia, durante años muy refractaria a negociar cualquier acuerdo con la UE que implicara el más mínimo contacto con el libre comercio, a través de la cuenta de Twitter de su presidente Evo Morales, se ha mostrado más que satisfecha con el acuerdo alcanzado: “Saludamos el acuerdo comercial alcanzado por la UE y el Mercado Común del Sur (Mercosur), organismo que tiene a Bolivia como miembro en proceso de adhesión. Es importante trabajar juntos en complementariedad y solidaridad en beneficio de nuestros pueblos”.

La importancia del acuerdo es tanto simbólica como real. Se trata, sin lugar a dudas, de un espaldarazo político a las oportunidades que los acuerdos de asociación de este tipo, que combinan la cooperación, el diálogo político y el libre comercio, pueden brindar para evitar la corrosión de las normas de gestión de la globalización. Pero a nivel práctico su impacto también es relevante al aportar una dosis de riqueza y crecimiento extra a los firmantes. Pero tampoco hay que llevarse a engaño, ya que ni este tratado ni ningún otro resolverá los problemas económicos de la UE ni de Mercosur, aunque tampoco los agravará. Ahora bien, a la luz de las numerosas críticas que ya se han escuchado a ambos lados del Atlántico, algunas provenientes de sectores directamente perjudicados, otras de alto contenido político y más dada la proximidad de las elecciones argentinas, también hay que insistir en esta última idea.

Implicaciones económicas, y más allá

A la espera de que los negociadores cierren la letra pequeña, incluyendo los plazos para la desaparición de ciertas barreras arancelarias y para-arancelarias y el futuro de algunos sectores sensibles para alguna de las partes, lo cierto es que este acuerdo crea un mercado integrado de 780 millones de consumidores y rebaja aranceles por valor de 4.000 millones de euros sólo para los exportadores europeos. En la práctica esto constituye el mayor acuerdo firmado hasta la fecha por la UE.

Según un estudio de la Universidad de Manchester, realizado en 2008 a petición de la UE, la firma del Tratado permitiría incrementar el PIB de Argentina en un 0,5%, el de Brasil un 1,5%, el de Uruguay un 2,1% y el de Paraguay hasta un 10%. Por su parte, la mejora del PIB europeo sería del 0,1% en el caso de una apertura comercial completa. Siempre conviene tomar estas estimaciones con cautela. Pero lo cierto es que este acuerdo de libre comercio, como todos los anteriores, permitirá aumentar la producción y la eficiencia a nivel agregado y generará ganancias netas en ambos bloques, que en algunos sectores serán especialmente elevadas dados los altos aranceles existentes. Cosa distinta es cómo se distribuirán esas ganancias y cómo se puede compensar a los perdedores. Pero eso es responsabilidad de los mecanismos de redistribución internos en los distintos países.

Hasta ahora, las relaciones económicas birregionales se habían desarrollado muy por debajo de su potencial, sobre todo en materia comercial (aunque menos en lo relativo a las inversiones). Esto no excluye, sin embargo, que la UE sea el segundo socio comercial del Mercosur, sólo por detrás de China. Por eso este acuerdo abre enormes oportunidades de expansión comercial para ambas partes. En 2018 las exportaciones de bienes de la UE a Mercosur fueron de 45.000 millones de euros y las de servicios de 23.000 millones de euros. La UE es el mayor inversor en Mercosur con un stock de 381.000 millones de euros mientras que el stock de inversión de Mercosur en la UE es de 52.000 millones de euros.

El acuerdo permitirá a las empresas europeas vender sus productos industriales en un mercado hasta la fecha muy protegido, cuyos aranceles al automóvil, calzado y textiles eran del 35%, los de auto-partes del 14%-18%, los de maquinaria del 14%-20%, los de productos químicos del 18% y los de farmacéuticos del 14%-18%. En el sector agrícola, Mercosur también eliminará sus aranceles en productos como el chocolate (arancel actual del 20%), vinos (del 27%) y gaseosas (del 20% al 35%). También elimina aranceles del 28% para productos lácteos, que pasarán a ser administrados mediante cuotas. Esto será especialmente relevante para los quesos europeos. Asimismo, Mercosur se compromete a proteger 357 denominaciones de origen europeas, incluyendo el Jabugo español.

Por último, las empresas europeas tendrán mayor acceso al enorme mercado de compras públicas que realicen los gobiernos de los países del Mercosur, así como a sus sectores de servicios (tecnologías de la información, telecomunicaciones y transportes, entre otros). Junto con el sector automotriz, la producción cárnica y láctea y las denominaciones de origen este había sido uno de los mayores escollos históricos para cerrar el acuerdo en las dos últimas décadas.

Pero más allá de lo estrictamente comercial, el acuerdo asegura el compromiso de los países del Mercosur con el Acuerdo de París sobre Cambio Climático, lo que también constituye un éxito para la UE, que está intentando (sin plantear ultimátums “a la Trump”), que todos sus nuevos acuerdos comerciales incluyan un compromiso ineludible por la lucha contra el cambio climático. Hasta la fecha había dudas sobre la posición de Brasil, como pusieron de relieve las prevenciones de Macron para cerrar el acuerdo, aunque estas también tenían el objetivo de intentar frenar lo más posible la apertura del mercado agropecuario europeo a las exportaciones de Mercosur.

También, como había demandado la UE de forma reiterada, el Acuerdo reconoce altos estándares en materia laboral para los trabajadores que participan en el sector exportador, lo que permite a la UE seguir impulsando sus valores (además de sus intereses) en sus acuerdos comerciales. Se trataba de una demandada fuertemente respaldada por los sindicatos europeos y muchos empresarios, especialmente de las pymes, que veían con preocupación una pérdida de competitividad frente a la competencia latinoamericana. Los debates en el seno del Comité Económico y Social Europeo (CESE) son buena prueba de ello y tienden de alguna manera a restar validez a las acusaciones de opacidad en las negociaciones con Mercosur. Otra cosa es la realidad de las instituciones del Mercosur, menos preparadas para este tipo de debates.

Más allá de algunas de las consideraciones aquí expresadas, también hay que señalar que no todo son ventajas para la parte europea. Como en todo acuerdo comercial habrá ganadores y perdedores. Y los que históricamente se oponían al acuerdo en la UE eran los productores agrícolas, especialmente Francia, Irlanda y Polonia. Aunque la UE ha logrado que los países del Mercosur se comprometan a cumplir los estándares europeos de producción agrícola (que se encuentran entre los más exigentes del mundo en materia sanitaria y fitosanitaria), sin duda el acuerdo aumentará las exportaciones agrícolas desde América Latina, en perjuicio de los productores europeos. Ahora bien, más allá de las presiones de los agricultores y ganaderos de algunos países de la UE, lo cierto es que tanto los consumidores europeos como los latinoamericanos, se encuentran entre los grandes ganadores del acuerdo.

No debe olvidarse que Mercosur es el principal proveedor de productos agrícolas de la UE con el 20% y de casi el 70% de los productos para la alimentación animal, fundamentalmente de Brasil. Cerca del 80% de la carne de vacuno importada en Europa procede igualmente de esa zona. Es evidente que todo esto pondrá mayor presión sobre muchos agricultores europeos. Por eso es crucial que la UE mejore sus herramientas para compensar a los perdedores de los acuerdos de liberalización comercial. Tanto de este como de los demás firmados.

Pese a que la política comercial se negocia en Bruselas y los tratados sólo requieren del refrendo del Parlamento Europeo (y de los parlamentos nacionales si cubren competencias mixtas), su impacto en los distintos países y regiones de la Unión es muy desigual. Por eso resulta imprescindible mejorar la situación económica y el bienestar de los perdedores de la liberalización con instrumentos fiscales centralizados al nivel europeo si se quiere aumentar la legitimidad de los acuerdos comerciales dentro de la UE, que últimamente está en horas bajas. Es necesario, por ejemplo, reformar el Fondo de Ajuste para la Globalización para aumentar sus recursos y hacerlo más flexible, de modo que más individuos y empresas (sobre todo pymes) puedan aprovecharlos.

Conclusiones

Refrendo al libre comercio y escollos a superar

La firma del Tratado vuelve a demostrar el gran interés por los acuerdos de liberalización comercial que existe entre los países partidarios de mantener un sistema económico abierto y basado en reglas estables y predecibles en un contexto de amenazas a la cooperación y crecientes guerras comerciales iniciadas por Trump. También pone de manifiesto que la UE es quien más claramente está liderando esta defensa de las instituciones de cooperación económica, tanto a nivel multilateral (con la propuesta de reforma de la OMC) como preferencial. Este acuerdo UE-Mercosur se suma a los recientemente alcanzados con Japón, Singapur, Canadá, Australia y Vietnam, a los cuales hay que añadir el previamente negociado con Corea y los más de 15 actualmente en fase de negociación.

Por último, se debe subrayar el papel de España, que siempre ha estado interesada, con independencia del color de sus gobiernos, en que este acuerdo llegara a buen puerto. Prueba de ello fue el intento de relanzar las negociaciones a partir de la Cumbre euro latinoamericana de Madrid en 2010, así como otras iniciativas más recientes. En la fase final de la negociación, y cuando parecía que se podría llegar a un nuevo bloqueo, el gobierno español lideró una iniciativa para acelerar el acuerdo. Tras una nota de Francia, Irlanda, Bélgica y Polonia advirtiendo sobre los riesgos que el acuerdo implicaba para los sectores agrario y ganadero, España impulsó la firma de una nueva carta de compromiso con el tratado y las oportunidades que se presentaban, que apoyaron Alemania, los Países Bajos, Letonia, Portugal, la República Checa y Suecia, y que parece que ha sido determinante. Entre otras cosas, esto demuestra la creciente influencia de España en la UE.

Tras la negociación de la letra pequeña, a producirse en los meses venideros, queda la aprobación por parte del Parlamento Europeo y de los parlamentos nacionales de los cuatro países del Mercosur para que el Tratado comience a implementarse. Sería importante que los dos procesos se completaran cuanto antes. Sin embargo, no hay que perder de vista las elecciones presidenciales y parlamentarias argentinas, a celebrar en octubre próximo, en las cuales podría producirse un triunfo del kirchnerismo.

De confirmarse tal escenario, y a tenor de algunas manifestaciones escuchadas en los últimos días, incluyendo al candidato presidencial y al hijo de la candidata a vicepresidenta (y verdadera jefa del movimiento), no sería imposible un rechazo categórico a lo acordado y un nuevo comienzo de las negociaciones. En ese caso tampoco sería descartable que la UE junto a Brasil y Paraguay (y eventualmente también Uruguay) decidieran continuar la marcha solos, sin Argentina (como había comenzado a esbozarse ya en 2013).

Carlos Malamud
Investigador principal del Real Instituto Elcano | @CarlosMalamud

Federico Steinberg
Investigador principal del Real Instituto Elcano y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid | @steinbergf

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<![CDATA[ Europa ante el neo imperialismo ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/comentario-steinberg-europa-ante-el-neo-imperialismo 2019-05-23T01:28:08Z

Cada vez parece más claro que el mundo está volviendo rápidamente al juego imperial, donde las reglas globales se olvidan, los nuevos imperios dictan sus normas en sus áreas de influencia y los países pequeños se someten.

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Hace tiempo que los ciudadanos más informados están pendientes de la guerra comercial. Han oído hablar de la corrosión de las reglas de la globalización y de los ataques de EEUU al sistema multilateral de comercio y a sus socios europeos. También de que la causa del unilateralismo agresivo estadounidense proviene tanto de las pulsiones nacionalistas de Trump como de la preocupación de sus elites –y también de las europeas– ante el rápido desarrollo de la economía china, que con su modelo de capitalismo de Estado permite a sus empresas ir “dopadas” cuando salen a competir al exterior. Asimismo, habrán oído que, de todo esto, lo más peligroso es la guerra comercial entre China y EEUU, cuyo diálogo de sordos parece haberse colapsado y que podría llevar el proteccionismo estadounidense a cotas tan altas como las alcanzadas en 1930 (cuando se aprobó la ley arancelaria Smoot-Hawley), que fueron el inicio de lo que hoy llamamos la desglobalización del período de entreguerras, que estuvo vinculada a una larga recesión acompañada de devaluaciones competitivas y tensiones internacionales. Por último, si se creen los modelos que estiman el impacto económico de la guerra comercial (que siempre hay que tomar con extrema cautela, aunque los hagan los mejores expertos), estarán muy preocupados ante la posibilidad de que esta contienda comercial frene el crecimiento, hunda las bolsas y desencadene una recesión.

“(…) lo que se estaría abriendo paso con cada vez más fuerza sería el neo imperialismo, por el que tanto EEUU como China utilizarían su poder económico y tecnológico para debilitar al otro”

Sin embargo, hasta ahora, el ciudadano medio español ha permanecido ajeno a estos temas. En Europa, los precios de las importaciones casi no han subido y el crecimiento, de momento, no se está viendo seriamente amenazado por el proteccionismo. Pero esto va a cambiar. El anuncio de Trump de incluir a la empresa china Huawei –líder en tecnología 5G– en una lista negra, de forma que ninguna empresa estadounidense pueda hacer negocios con ella ni venderle componentes sin una licencia, va a llevar a que cualquier consumidor con un móvil Huawei tenga que cambiarlo, ya que no podrá actualizar el sistema operativo con Android, producido por Google (tras el anuncio inicial se han dado tres meses de moratoria, pero el momento llegará pronto). Y esto es sólo el principio. Intel también ha anunciado que dejará de venderle componentes a Huawei y sólo es cuestión de tiempo antes de que otras empresas como Microsoft tomen medidas similares. En ese caso, China, que ya ha anunciado una nueva subida de aranceles sobre las importaciones estadounidenses, podría tomar más represalias. Podría prohibir las exportaciones de tierras raras, que son 17 elementos químicos que se utilizan en la producción de bienes de alta tecnología y de los que China tiene el 97% de las reservas mundiales o hasta vender parte de sus ingentes de reservas denominadas en dólares, lo que elevaría súbitamente los tipos de interés en EEUU, reduciendo su crecimiento. Pero, en ese caso, EEUU podría contraatacar revocando el visado a los más de 430.000 estudiantes chinos que actualmente están matriculados en universidades norteamericanas (el año pasado ya se restringió la concesión de visados a estudiantes extranjeros, sobre todo para que puedan trabajar y ganar experiencia tras terminar sus estudios). Y así suma y sigue. Entraríamos en una espiral de confrontación que no se sabría dónde terminaría, y que ya se ha bautizado como una segunda guerra fría (que todos desean que se mantenga fría), y que comenzó como una contienda comercial que mutó en guerra tecnológica.

Los europeos, por lo tanto, empezaremos a notar este conflicto geopolítico en nuestros bolsillos, mientras las economías de EEUU y China se van desvinculando (con dolorosos impactos para las cadenas de suministro globales, al igual que sucedería con un Brexit sin acuerdo) mientras avanzamos lentamente hacia un mundo de bloques enfrentados y mucho menos próspero.

De ser así, lo que se estaría abriendo paso con cada vez más fuerza sería el neo imperialismo, por el que tanto EEUU como China utilizarían su poder económico y tecnológico para debilitar al otro, obligando a los demás países a tomar partido y someterse a las normas del imperio al que se adhieran (las amenazas estadounidenses a las empresas europeas que hagan negocios con Irán o Cuba pueden leerse también en clave neo imperialista).

Esto es especialmente peligroso para los países de la UE que, acostumbrados a un mundo de reglas multilaterales que promovía las ganancias mutuas generadas por la apertura económica y disfrutaba del aumento de la prosperidad (a veces mal repartida), creían haber dejado atrás el nacionalismo y el imperialismo. Europa fue protagonista de ambos: los grandes imperios fueron europeos y el nacionalismo los llevó a enfrentarse. Por eso, como explica el historiador Timothy Snyder, la construcción de la UE fue una forma de organización política que superaba el nacionalismo y trazaba un nuevo camino de esperanza para los países europeos que se habían quedado sin imperio. En otras palabras, la integración europea fue una necesidad existencial para los viejos imperios europeos una vez que se enfrentaron en guerras y perdieron sus territorios de ultramar (y con ello sus mercados) con el proceso de descolonización en las décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial.

Pero la historia no termina como planteaba Francis Fukuyama, sino que se repite (al menos parcialmente), y cada vez parece más claro que el mundo está volviendo rápidamente al juego imperial, donde las reglas globales se olvidan, los nuevos imperios dictan sus normas en sus áreas de influencia y los países pequeños se someten. Y los líderes imperiales, ya sea en EEUU, China o Rusia, no son precisamente admiradores de la democracia liberal que tanto gusta a los europeos. La UE es, a día de hoy y aunque cueste verlo desde dentro, el único lugar del mundo en el que la lógica imperial todavía no se está abriendo camino, y donde la superación del Estado-nación por el proyecto europeo garantiza el Estado de Derecho, la defensa de las minorías y otras muchas cosas. Pero para que esto siga siendo así, tal vez, la Unión se deba empezar a comportar, de puertas afuera, como un imperio; dejando de ser una potencia “herbívora” para convertirse en una “carnívora”.

“La UE es, a día de hoy y aunque cueste verlo desde dentro, el único lugar del mundo en el que la lógica imperial todavía no se está abriendo camino”

Para lograrlo necesitará mayor cohesión interna, confianza y asertividad en su política exterior y una mayor autonomía estratégica en materia de seguridad y defensa. Además, en la medida de lo posible, debe trabajar para preservar (o refundar) todo lo que se pueda del orden liberal basado en reglas que se está desmoronando ante sus ojos. De hecho, a día de hoy, la UE es la única potencia que puede intentar liderar la reforma de la maltrecha Organización Mundial del Comercio en su conjunto. Y otros países, que también quedarían en las periferias de los imperios chino o norteamericano, como Canadá, Japón, Corea del Sur, Australia y los países latinoamericanos, entre otros, estarían encantados de acompañar ese liderazgo europeo para mantener un mundo de reglas y evitar la vuelta de la ley del más fuerte.

Sin embargo, por si el sistema multilateral termina colapsando y el neo imperialismo continúa ganando terreno (algo a día de hoy factible, especialmente si Trump gana las elecciones en 2020), la Unión tiene que prepararse para un mundo de bloques y acuerdos preferenciales cruzados donde las reglas comerciales globales brillen por su ausencia y el derecho internacional sea más la excepción que la regla en las relaciones internacionales. Para ello, tiene que seguir trazando una nutrida red de acuerdos preferenciales donde avance sus intereses comerciales ofensivos, pero también sus valores, desde el respeto a la democracia liberal hasta los derechos humanos y a la sostenibilidad medioambiental.

“(…) hace falta aumentar la legitimidad de los intercambios comerciales, lo que pasa por compensar más y mejor a los perdedores de la liberalización dando contenido al concepto macroniano de “la Europa que protege””

En este nuevo contexto, la política comercial ya no pueda pensarse de forma aislada. Como instrumento de política económica exterior, deberá estar íntimamente vinculada con otras, especialmente la de defensa, la industrial y de innovación tecnológica y la de internacionalización del euro, que requiere como paso previo completar la unión monetaria con una unión bancaria completa, una unión fiscal y eurobonos. Al mismo tiempo, de puertas adentro, y para asegurar que los europeos sigan apoyando la integración económica –que hasta ahora ha formado parte del ADN de la Unión– y se alejen de los postulados nacionalistas que pretenden volver a un Estado nación que en realidad nunca existió (lo que existieron fueron los imperios europeos, y esos ya no volverán), hace falta aumentar la legitimidad de los intercambios comerciales, lo que pasa por compensar más y mejor a los perdedores de la liberalización dando contenido al concepto macroniano de “la Europa que protege”.

Todo ello exigirá a la Unión tener una mayor visión estratégica y seguir construyendo, en palabras del Tratado de Roma, una “Unión cada vez más estrecha”. Si no lo hace, se verá condenada a ser tan sólo una provincia de otro imperio, pero eso seguramente es algo que los europeos no quieren.

Federico Steinberg
Investigador del Real Instituto Elcano y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid | @steinbergf

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<![CDATA[ Efectos económicos del Brexit en el Campo de Gibraltar: un modelo econométrico ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari25-2019-galianobastarrica-efectos-economicos-brexit-campo-de-gibraltar-modelo-econometrico 2019-02-26T05:20:37Z

El laberinto político sin precedentes en el que se ha convertido el proceso de salida del Reino Unido de la UE está generando una incertidumbre creciente sobre sus consecuencias económicas, especialmente en aquellas áreas próximas a las fronteras terrestres con el continente europeo: Irlanda del Norte y, en España, el Campo de Gibraltar.

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Versión en inglés: The economic effects of Brexit in the “Campo de Gibraltar”: an econometric approach.

Tema1

El laberinto político sin precedentes en el que se ha convertido el proceso de salida del Reino Unido de la UE está generando una incertidumbre creciente sobre sus consecuencias económicas, especialmente en aquellas áreas próximas a las fronteras terrestres con el continente europeo: Irlanda del Norte y, en España, el Campo de Gibraltar.

Resumen

La proximidad geográfica con el Peñón genera efectos económicos positivos para los habitantes del Campo de Gibraltar gracias al empleo transfronterizo y a los intercambios de mercancías a través de la frontera. Este impulso económico es necesario en una comarca marcada por altos niveles de desempleo. Sin embargo, la continuidad de estos efectos a largo plazo es cada vez más incierta a medida que, ante el bloqueo institucional en el Reino Unido, ambas partes comienzan a prepararse para un más que probable escenario de Brexit sin acuerdo.

En este contexto, el Campo de Gibraltar aparece más marcado que nunca por el fenómeno fronterizo: un Brexit duro o sin acuerdo, donde no se consigan asegurar los flujos de trabajo, capital y mercancías y se aumenten las barreras (tarifarias o no) al tránsito de los mismos generará importantes consecuencias negativas para la economía de la región. Las pérdidas por el Brexit serán inevitables, pero podrán reducirse considerablemente si se consigue una solución respecto a Gibraltar consensuada con los británicos.

Los modelos económicos, como el que se presenta en este análisis, pueden ser una útil herramienta para arrojar algo de luz sobre un fenómeno tan complejo como el Brexit en el contexto territorial del Campo de Gibraltar. Las predicciones se han realizado bajo dos escenarios alternativos que corresponden a un mayor o menor grado de movilidad de factores productivos entre Gibraltar y el Campo y sus resultados se han comparado con un tercer escenario contrafactual, donde el Reino Unido continúa como Estado miembro de la UE. Todas las predicciones apuntan a un resultado común: el Campo de Gibraltar sufrirá efectos económicos considerablemente peores tras el Brexit si éste concluye sin un acuerdo.

Análisis

La salida del Reino Unido de la UE ha generado uno de los debates más profundos de las últimas décadas sobre el futuro del proyecto europeo en todas sus dimensiones. Un debate que crece en complejidad y volatilidad, que en el Reino Unido se alimenta de la división entre los partidarios de la salida en el referéndum de 2016 y de la falta de articulación de una verdadera alternativa,2 con el laborismo de Jeremy Corbyn dividido entre un euroescepticismo borroso y un apoyo tímido y reticente a la celebración de una segunda consulta.

No obstante, lo complejo del debate no debería sorprendernos demasiado: las relaciones entre ambas partes nunca fueron fáciles desde antes del origen de las Comunidades Europeas y pasaron a ser especialmente tortuosas desde la Cumbre de Fontainebleau de 1984, cuando Margaret Thatcher pronunciaba el famoso “I want my money back”e iniciaba una etapa de concesiones y privilegios a los británicos, que de otra manera quizá hubieran decidido desembarcar del proyecto europeo mucho antes de 2016.

Todas estas cuestiones de ámbito europeo se trasladan al orden local en una frontera que separa a Gibraltar de las siete localidades andaluzas que lo rodean: Algeciras, Los Barrios, Castellar de la Frontera, la Línea de la Concepción, Jimena de la Frontera y Tarifa. En estos municipios unos 10.000 trabajadores3 transfronterizos cuyos ingresos repercuten en toda la economía de la comarca dependen de que la frontera continúe abierta para acudir a su lugar de trabajo. Más aún, el tejido empresarial generado por la proximidad geográfica también observa con preocupación el escenario, cada vez más probable, de un Brexit sin acuerdo.

Análisis sectorial: interacciones económicas entre Gibraltar y el Campo

Las economías de Gibraltar y el Campo están estrechamente relacionadas. La proximidad geográfica hace posible un volumen considerable de intercambio de factores productivos entre ambas: alrededor del 18,5% del Producto Interior Bruto de la economía del Campo de Gibraltar en 2013 se explicaba por la interacción con Gibraltar y es considerablemente superior a la que se daba en años anteriores.4 5

Se han identificado dos tipos principales de interacciones entre las economías de Gibraltar y el Campo: empleo transfronterizo e intercambio de mercancías. El primero hace referencia a los trabajadores con empleo en Gibraltar pero residentes en el Campo y el segundo se refiere al gran número de intercambios de mercancías y servicios que se producen entre ambas zonas. El enriquecimiento ha sido recíproco: Gibraltar también se ve beneficiado de la proximidad geográfica y, hasta ahora, de la pertenencia a un proceso de integración.6

El empleo transfronterizo genera aproximadamente el 11% del empleo total en el Campo de Gibraltar7 y éste se concentra principalmente en el sector comercial, la construcción y la hostelería y restauración. Asumiendo que los trabajadores transfronterizos adoptan el mismo patrón de gasto que el resto de trabajadores del Campo de Gibraltar,8 podemos observar que éstos reinvierten sus ganancias derivadas del trabajo principalmente en gastos relacionados con la vivienda, los alimentos, la restauración y el transporte, generando con ello nuevos ciclos de actividad.

En cuanto al intercambio de mercancías, las importaciones de Gibraltar a España9 se centran principalmente en los sectores de la construcción y venta mayorista y minorista,10 que podemos agrupar dentro del sector comercial.

Este análisis sectorial permite constatar que existen sinergias entre empleo transfronterizo e intercambio de mercancías entre el Campo y Gibraltar: los sectores que más pesan en éstas últimas son las que más trabajadores del Campo emplean. Las estructuras productivas de ambas economías se complementan, de ahí la importancia de mantener los flujos de factores sin imponer obstáculos fronterizos.

Análisis teórico: ¿hacia una teoría de la desintegración económica?

El Brexit supone también una oportunidad de revisión para la doctrina económica. Hasta ahora las teorías de la integración han estudiado el acercamiento entre diferentes economías como un proceso gradual y acumulativo: en el caso de la UE, el punto de partida fue una unión aduanera seguida de un (imperfecto) mercado único que culminaría en una todavía incompleta unión económica y monetaria.

En líneas generales, los procesos de integración económica comienzan por una integración negativa, que consiste en eliminar obstáculos al comercio entre los países integrados. A medida que aumenta el grado de integración el proceso suele decantarse hacia una vertiente positiva, caracterizada por la creación de nuevas instituciones que impulsan y vertebran la integración.11 Para que este proceso resulte exitoso son necesarias dos condiciones: unas posiciones económicas y políticas de partida relativamente similares en los países integrados12 y la existencia de un consenso establecido en torno al criterio formal con el que se aborda la integración, que puede variar entre un enfoque intergubernamental o una lógica supranacional.

La UE no cumplía en sus orígenes con ninguna de las condiciones anteriores: no existían simetrías entre los países fundadores y las diferencias sobre la naturaleza supranacional o intergubernamental que el proyecto europeo debía tomar ralentizaron su desarrollo desde el principio, especialmente en el caso del Reino Unido.13 Aun así y pese a las dificultades en el camino, la UE ha contribuido decisivamente a que sus Estados miembros hayan podido conseguir niveles de riqueza inalcanzables de manera aislada.

El Brexit, sin embargo, altera considerablemente las reglas del juego y pone sobre la mesa la necesidad de analizar los costes de volver a levantar las barreras que tantos años costó eliminar. Este nuevo campo en la doctrina ha recibido el nombre de teoría de la desintegración económica y tiene como objeto de estudio la fragmentación de las cadenas de valor en la economía global, fruto del resurgimiento del proteccionismo.14 El modelo presentado utiliza este enfoque al interpretar los resultados.

¿Cómo aplicar este nuevo paradigma al Brexit? Son dos las ideas clave en este punto: en primer lugar, los distintos estudios hechos hasta el momento coinciden en que el Brexit será perjudicial para la economía británica porque creará nuevos obstáculos al comercio, la inmigración y la inversión extranjera. Sin embargo, discrepan en la magnitud y alcance de esos efectos adversos en el largo plazo y señalan a la incertidumbre como uno de los factores más preocupantes en el corto y medio plazo.15

En segundo lugar, la dinámica política del Brexit ha hecho resurgir un incómodo debate entre las posiciones próximas al euroescepticismo, que se resume en una pregunta: ¿es el proyecto europeo compatible con la soberanía nacional de sus Estados miembros? La teoría de la desintegración económica no cuantifica únicamente la factura de la salida del Reino Unido, sino que también nos hace reflexionar sobre la dirección que el proyecto europeo debería tomar,16 preocupación que la Comisión Europea ha tratado de responder en su Libro Blanco sobre el Futuro de Europa.17

Posibles escenarios tras el Brexit

El modelo presentado analiza los efectos económicos del Brexit en el Campo de Gibraltar bajo dos escenarios alternativos, comparando cada uno de ellos con un escenario contrafactual.18

El primer escenario se define por un Brexit blando, donde la UE y el Reino Unido consiguen negociar un acuerdo que reduce considerablemente las barreras no tarifarias, pero mantiene la obligación de fabricar los productos exportados con estándares europeos. El Reino Unido mantiene plena soberanía sobre su control migratorio y fronteras. En el caso de Gibraltar, se mantiene abierta la frontera pero aumentan los costes burocráticos y las barreras no tarifarias con respecto al escenario contrafactual.

En el segundo escenario, en cambio, el Reino Unido no concluye un acuerdo con la UE y negocia su posición comercial en el seno de la Organización Mundial del Comercio vía la cláusula de la nación más favorecida. Aparecerían importantes restricciones al movimiento de personas, bienes, servicios y capitales entre Gibraltar y la comarca circundante, resultando en una importante contracción de la actividad económica.

Por último, en el escenario contrafactual, el Reino Unido continúa siendo miembro de la UE. Disfruta de las cuatro libertades del mercado único y también rinde cuenta de las obligaciones derivadas de él. La actividad económica entre Gibraltar y la comarca circundante se mantiene como hasta ahora.

Predicciones

Las predicciones bajo los escenarios propuestos se han realizado a partir de una base de datos de variables representativas de la economía del Campo de Gibraltar elaborada específicamente para este modelo. Las variables han sido seleccionadas a través de las interacciones detectadas en el análisis sectorial: empleo transfronterizo e intercambio de mercancías. Al no disponer de datos desagregados para el Campo de Gibraltar, ha sido necesario territorializarlos a partir de datos provinciales mediante una clave de distribución basada en el Valor Añadido Bruto, siguiendo la metodología utilizada por el Instituto de Estadística de Andalucía19 en estudios similares.

Las variables estudiadas son las siguientes: ingresos por habitante, número de trabajadores transfronterizos, nivel de empleo, importaciones de Gibraltar a España, PIB de Gibraltar y renta de los hogares en el Campo. A partir de ellas se ha construido una regresión econométrica utilizando la técnica de Mínimos Cuadrados Ordinarios ajustada para evitar colinealidad y heterocedasticidad. En la misma, los ingresos por habitante actúan como variable explicada y el resto de variables como regresores. La renta de los hogares del Campo se ha utilizado como variable de control para mejorar la calidad de los resultados, pero no forma parte del análisis en las predicciones.

En la predicción consideramos que los datos obtenidos para la construcción del modelo son representativos del año 2018 y que permiten predecir los valores de éste en el período t+1, que tomaremos como el año 2025. Según los diferentes estudios consultados20 para entonces los efectos iniciales de la incertidumbre generada por el Brexit ya se habrán disipado y sólo quedarán los efectos estructurales, que son los que se desea estudiar. Los resultados se presentan en la Figura 1.

Figura 1. Resultados de la predicción por variables

En la Figura 1 se observa que los resultados de la predicción apuntan a una tendencia negativa para todas las variables, que es más acusada en el escenario pesimista. Este primer resultado apoya nuestra hipótesis de trabajo: los efectos económicos del Brexit en el Campo de Gibraltar serían peores en un escenario donde no se permite en absoluto la libre circulación de factores productivos entre ambas economías (Gibraltar y el Campo) que en uno (escenario optimista) donde sí hay cierta libertad de comercio y movimiento de trabajadores.

En cualquier caso, las cuatro libertades (libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales) sólo se dan en el escenario contrafactual, ya que recordemos que en ambos escenarios (tanto pesimista como optimista) el Reino Unido ha salido de la UE y por tanto también del mercado único. De aquí extraemos un segundo resultado importante: sea cual sea la negociación posterior al Brexit, habrá una serie de efectos económicos negativos derivados de la pérdida de las cuatro libertades del mercado único, las cuales según estos resultados son beneficiosas tanto para Gibraltar como para el Campo. De la dinámica negociadora en los próximos meses, especialmente en lo referente a la gestión de fronteras exteriores terrestres del Reino Unido con el resto de Europa (Irlanda del Norte y Gibraltar),21 dependerá gran parte del resultado final para ambas economías.

En tercer lugar, el modelo también corrobora una segunda hipótesis de trabajo: la riqueza del Campo generada por la proximidad geográfica con Gibraltar parece explicarse a través de dos efectos que se suman: el efecto “empleo” y el efecto “comercio”, que al contraerse debido al Brexit provocan un empobrecimiento de la región. En la Figura 1 también queda patente una mayor vulnerabilidad frente al Brexit de las variables correspondientes al empleo transfronterizo o “efecto empleo” (número de trabajadores transfronterizos y empleo total en el Campo de Gibraltar) que las que representan al intercambio de mercancías o “efecto riqueza” (importaciones de Gibraltar a España y PIB de Gibraltar).

Los ingresos por habitante son la variable más importante del modelo, ya que al ser la variable explicada en la regresión MCO22 su tendencia es representativa del comportamiento individual de todas las demás. Es, por tanto, relevante dedicar un análisis específico a las predicciones ofrecidas por el modelo, en las que observamos caídas del 5% en el escenario optimista y del 8% en el pesimista. Pese a que esta diferencia puede parecer reducida, hay que tener en cuenta que comparando una con otra los ingresos por habitante se resienten 1,6 veces más en el escenario pesimista que en el optimista.

No obstante, cabe preguntarse qué efecto tiene más peso en esta caída de los ingresos por habitante y para ello debemos observar el resto de variables. Todas ellas retroceden en ambos escenarios, pero las caídas no son las mismas en el efecto “empleo” que en el efecto “comercio”: mientras que en el primero ésta se reparte de forma muy similar entre trabajadores transfronterizos y nivel de empleo (ambos siguen tendencias casi idénticas), en el caso del efecto “comercio” son las importaciones las que parecen absorber casi en su totalidad el efecto económico negativo del Brexit en el Campo de Gibraltar. En concreto, para el año 2025 se estima que éstas retrocederían un 11% en el escenario optimista y un 18% en el pesimista, mientras que la caída del PIB de Gibraltar se quedaría en un 2% y un 4%. Obtenemos, por tanto, un resultado adicional: los costes del Brexit se manifestarán principalmente en el flujo de mercancías y también, aunque en menor medida, en los niveles de empleo (de todo tipo, no únicamente transfronterizo) en el Campo de Gibraltar.

Por último, las predicciones nos permiten concluir que el Brexit será perjudicial también para Gibraltar sea cual sea el resultado de las negociaciones. Una caída del 2% del PIB de Gibraltar (escenario optimista) ya sería un dato económico preocupante para el Reino Unido, ya que implicaría una pérdida estimada de 38 millones de libras esterlinas,23 unos 43 millones de euros. No obstante, todavía peor sería una caída de las importaciones de cómo mínimo el 11% (escenario optimista) que supondría, excluyendo las importaciones de productos petrolíferos,24 una pérdida de unos 64 millones de euros en una economía que depende claramente de las importaciones para sobrevivir.

Conclusiones

El modelo económico presentado trata de cuantificar y determinar los efectos económicos del Brexit en el Campo de Gibraltar teniendo en cuenta el estado actual de las negociaciones,25 los nuevos aportes de la teoría de la desintegración económica elaborada por Sampson y otros autores26 y la naturaleza singular de las interacciones entre Gibraltar y el Campo.

Estas interacciones explican la riqueza generada en el Campo de Gibraltar por la proximidad geográfica con Gibraltar a través de los efectos “empleo” y “comercio”. Ambos generan en conjunto efectos positivos sobre la economía del Campo de Gibraltar y se complementan: los sectores con más peso en las importaciones de Gibraltar (excluyendo productos petrolíferos) son precisamente los que más mano de obra de trabajadores transfronterizos demandan.

Precisamente por esta dependencia mutuamente beneficiosa, la salida del Reino Unido de la UE producirá efectos económicos negativos para ambas economías que se manifestarán en forma de mayores costes para la circulación de factores productivos, especialmente en el flujo de mercancías (importaciones de Gibraltar), y también, pero en menor medida, en un descenso de los niveles de empleo local y transfronterizo en el Campo.

Estos efectos económicos negativos permanecerán sea cual sea el resultado de las negociaciones, pero podrán reducirse si se toman medidas efectivas para asegurar la movilidad de factores productivos entre Gibraltar y el Campo. Un cierre de la verja por parte de España o una imposición de restricciones a la entrada en el caso de Gibraltar son medidas que perjudicarían a todos los actores implicados. Es necesario dejar atrás antiguos conflictos y buscar soluciones innovadoras que aseguren los flujos económicos existentes, mutuamente beneficiosos para ambas economías.

Luis Galiano Bastarrica
Universidad de Sevilla, Máster de Estudios Económicos Europeos del Colegio de Europa (Brujas)


1 Este análisis está basado en un Trabajo de Fin de Grado realizado en la Universidad de Sevilla entre los meses de enero y junio de 2018. En él no se recogieron acontecimientos posteriores a abril de ese mismo año. El trabajo fue supervisado por Eva Mª Buitrago Esquinas, profesora titular del Departamento de Economía Aplicada III en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Sin su dedicación, compromiso y ayuda no habría sido posible alcanzar los resultados que aquí se presentan.

3 HM Government of Gibraltar (2015a), “Employment survey”.

4 J. Fletcher, Y. Morakabati y K. Male (2015), “An economic impact study and analysis of the economies of Gibraltar and the Campo de Gibraltar, update 2015”, The Gibraltar Chamber of Commerce.

5 Esta cifra no incluye la actividad económica generada por el mercado de productos petrolíferos.

6 HM Government of Gibraltar (2015b), “Abstract of statistics”.

7HM Government of Gibraltar (2015a), op. cit.

8 Instituto de Estadística de Andalucía (2016), “Encuesta de presupuestos familiares”.

9 No se disponía de datos desagregados sobre las importaciones de Gibraltar al Campo.

10 HM Government of Gibraltar (2003), “Input-output study of Gibraltar”, (no se tienen en cuenta los productos financieros).

11 E. Buitrago Esquinas y L. Romero (2013), Economía de la Unión Europea, Ed. Pirámide, Madrid.

12 E. Feás (2017), “Brexit, Cataluña y la teoría de la desintegración económica”.

14 A. Boussie, P. Foley, N. Hill, S. Punhani y G. Zanni (2016), “Brexiting the supply chain”.

15 B. Busch y J. Matthes (2016), “Brexit – the economic impact: a meta-analysis”, IW Report, 10/2016, pp. 1-96.

16 T. Sampson (2017), “Brexit: the economics of international disintegration”, Journal of Economic Perspectives, vol. 31, nº 4, pp. 163-184.

17 Comisión Europea (2017), “Libro Blanco sobre el futuro de Europa”, Comisión Europea, Bruselas.

18 A. Sentence, J. Hawksworth et al. (2016), “Leaving the EU: implications for the UK economy”, PricewaterhouseCoopers LLP, Londres.

19 I. Enrique Regueira (2009), “Estimación municipal del Valor Añadido Bruto en Andalucía”, Documentos de trabajo, nº 1, pp. 1-57.

20 Busch y Matthes (2016), op. cit., pp. 1-96.

21 Pese al distinto estatus territorial de ambos territorios, ambos se enfrentan a desafíos similares respecto al Brexit: salida de la UE evitando mayores costes para sus habitantes. En el caso de Irlanda del Norte, la solución del backstop ya ha encontrado numerosos adversarios en el gobierno británico. La solución en el caso de Gibraltar, pese a haber sido más pacífica hasta la fecha, todavía no puede considerarse completamente solucionada dada la presente inestabilidad institucional británica.

22 En Econometría, MCO hace referencia al método de regresión de Mínimos Cuadrados Ordinarios.

23 HM Government of Gibraltar (2017), “National income, 2004/05 – 2016/2017”.

24 HM Government of Gibraltar (2015b), op. cit.

25 En el momento de realización del estudio se tuvieron en cuenta dichas negociaciones hasta abril de 2018, cuando tuvo que cerrarse el período de investigación. El Brexit es un proceso todavía vivo e incierto que requerirá de nuevas investigaciones a medida que el futuro del Reino Unido vaya aclarándose.

26 T. Sampson (2017), op. cit., pp. 163-184.

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<![CDATA[ Sociedad 5.0: el concepto japonés para una sociedad superinteligente ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari10-2019-ortega-sociedad-5-0-concepto-japones-sociedad-superinteligente 2019-01-25T12:59:35Z

Japón ha desarrollado un potente concepto, Sociedad 5.0, como estado ideal hacia el que debe avanzar el país para sacar todo el provecho posible de las transformaciones tecnológicas en curso, de modo a beneficiar al conjunto de los ciudadanos, sin que nadie se quede atrás.

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Tema

Japón ha desarrollado un potente concepto, Sociedad 5.0, como estado ideal hacia el que debe avanzar el país para sacar todo el provecho posible de las transformaciones tecnológicas en curso, de modo a beneficiar al conjunto de los ciudadanos, sin que nadie se quede atrás, y resolver problemas que plantea la evolución de aquel cuerpo social.

Resumen

En los últimos años, Japón ha ido desarrollando un concepto para resolver sus propios problemas (envejecimiento, natalidad y competitividad) y aprovechar los avances tecnológicos para construir un país y un mundo mejor: el de Sociedad 5.0, en la que nadie se quede atrás. Se trata de poner a la persona en el centro de las transformaciones tecnológicas en curso en la 4ª Revolución Industrial, y en este sentido societal va más allá del concepto alemán de Industria 4.0, o del Made in China 2025. Impulsado por el Gobierno y por la federación empresarial Keidanren, carece de organización y de presupuesto, pero alimenta muchas iniciativas como la próxima Estrategia de Inteligencia Artificial y la iniciativa de Industrias Conectadas impulsada por el Ministerio de Economía, Comercio e Industria. Japón quiere que sea una aportación al mundo, también para favorecer el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo sostenible para 2030.

Análisis1

Introducción

En 2015, bajo el impulso del primer ministro Shinzo Abe, el Gobierno japonés, junto a la federación empresarial (patronal) Keidanren, lanzó su concepto de Sociedad 5.0, que posteriormente refinó. Para algunos analistas, como Lorenz Granrath,2 coordinador de innovación en el Instituto Nacional Japonés para Ciencia y Tecnología Industrial Avanzadas, es un concepto más apropiado que el alemán de Industria 4.0 pues pone a la sociedad, y no solo a la industria, en el centro de la revolución tecnológica en curso. El objetivo es lograr una “sociedad superinteligente”, que no deje a nadie atrás. Se trata de un concepto, o de una estrategia, que carece de una organización, no contempla objetivos parciales (benchmarks) cuantitativos, ni un presupuesto concreto.

El concepto alemán tiene su origen en la estrategia de alta tecnología del Gobierno alemán, de 2014, que definía seis campos prioritarios: la economía y sociedad digital; la economía y la energía sostenible; un entorno innovador del trabajo; la vida sana; la movilidad inteligente; y la seguridad civil.

Sociedad 5.0 se llama así porque sus proponentes consideran que ha habido antes cuatro tipos de sociedades: la Sociedad 1.0 de caza y recolección; la Sociedad 2.0, agrícola; la Sociedad 3.0, industrial; y la Sociedad 4.0, de la información (con un número de adelanto respecto a las revoluciones industriales (RI), de las que en la actualidad nos encontramos en la Cuarta).3 Estamos, según esta visión, ahora viviendo la integración sofisticada del ciberespacio (la información) y del espacio físico (el llamado mundo real) que ha de conformar la Sociedad 5.0, centrada en los humanos, en las personas. Si la creación de conocimiento a partir de la información la realizan los humanos en la Sociedad 4.0, en la siguiente fase de la sociedad humana, la harán sobre todo las máquinas, a través de la Inteligencia Artificial (IA), pero al servicio de las personas. Es una idea que se está haciendo muy presente en diversas estrategias nacionales (y europea) en materia de Inteligencia Artificial o de agenda digital.

Figura 1. La nueva Sociedad 5.0
Figura 1. La nueva Sociedad 5.0

La historia del concepto

El concepto de Sociedad 5.0, sobre todo el enfoque societal y el de “sociedad superinteligente”, surgió por primera vez en 2015 en el marco del 5º Plan Básico de Ciencia y Tecnología para 2016-2021,4 y fue impulsado por la Oficina del Gabinete del primer ministro, Shinzo Abe, que la presentó al mundo en la feria CeBIT de Hannover de 2017, y de Keidanren, la Federación Empresarial (patronal) japonesa. Sus orígenes hay que encontrarlos en el contexto de la Iniciativa para la Revolución Robótica en Japón de 2015-2016, una respuesta a lo que se estaba pensando en Europa, especialmente en Alemania con su Industria 4.0, y a la estrategia Made in China 2025 por parte del vecino gigante asiático. Resultaba “esencial para Japón generar una visión de la sociedad que desea crear y adoptar las reformas necesarias para ello”. Es un ejercicio de prospectiva entendido no como una manera de prever el futuro, sino de hacerlo posible. “Consideramos qué tipo de sociedad queremos crear más que tratar de prever el tipo de sociedad que será”, explican los responsables y los documentos oficiales.

El procesamiento de datos masivos (big data) se está volviendo demasiado complejo para que los humanos lo entiendan, pero la Inteligencia Artificial (IA), que se puede ver como una “distribución y mercantilización de capacidades”, puede ayudar. Y en esto, el concepto de Sociedad 5.0 es más rico y pertinente que el de Industria 4.0.

El desarrollo del concepto y la estrategia de la Sociedad 5.0 está impulsado por el Consejo para la Ciencia, Tecnología e Innovación. Catorce ministerios están implicados en este, especialmente los de Educación; Economía, Comercio e Industria; Sanidad, Trabajo y Bienestar; y Agricultura.

Posteriormente, Sociedad 5.0 se ha situado como elemento central en la Estrategia Integrada de Innovación (aprobada en junio pasado, de 2018 en adelante),5 parte de los planes nacionales “para hacer de Japón el país más innovador”. Pero el desarrollo de la Sociedad 5.0 como tal carece de un marco presupuestario concreto.

Mucho se coordina a través del SIP (Programa Interministerial de Promoción de la Innovación Estratégica), establecido en 2013 y que cuenta con un presupuesto para el año fiscal 2018-19 de 55.500 millones de yenes (433 millones de euros). El objetivo en el 5º Plan era que la inversión pública y privada en I+D fuera de al menos el 4% del PIB (el 1% del PIB, como mínimo, la del Gobierno). Si el crecimiento del PIB se sitúa de promedio en un 3,3% anual, entre 2018 y 2022, la duración del Plan Básico, la inversión gubernamental en I+D podría aproximarse en este período a 26 billones de yenes (unos 210.000 millones de euros). En 2017 el presupuesto público para la IA fue de 77.000 millones de yenes (600 millones de euros) y, para la segunda parte de los SIP (2018-2022), de 150.000 millones de yenes (1.170 millones de euros).

El SIP, en su primer estadio (2014-2018), se ha centrado en 11 desafíos, entre ellos: gestión de infraestructuras, resiliencia ante los desastres naturales, diseño y manufactura innovadora, portadores de energía (bajo carbono, hidrógeno), ciberseguridad, sistemas de conducción autónoma, exploración de recursos oceánicos, electrónica para la energía, materiales estructurales para la innovación, agricultura, bosques y pesca de próxima generación, y tecnología innovadora de combustión.

En su segundo estadio (2018-2022), se centra en 12 desafíos: tecnología con base en el ciberespacio (usando tecnologías de big data y de IA) y en el espacio físico, seguridad (para la creación de una sociedad segura del Internet de las Cosas, IoT), sistemas de conducción autónoma, desarrollo de materiales, tecnología de base cuántica, agricultura y biotecnología, energía y medio ambiente, prevención y gestión de desastres, sanidad y cuidado médico, logística terrestre y marítima, y tecnologías oceánicas.

Funcionarios de la Oficina del Gabinete y otros analistas consideran que Japón dispone de fortalezas en materia de conducción autónoma, desarrollo de nuevos materiales, energía y medio ambiente, prevención de desastres, biotecnología y sanidad. También puede competir internacionalmente en manufactura robótica, atención médica, IoT, analítica de big data, redes, computación de borde (edge computing), sensores, interfaz humana, tecnología de materiales y nanotecnología, y tecnología cuántica. Además, aspiran a construir en tres años plataformas de intercambio de datos entre dominios, de modo que gracias a la IA sea operativas en cinco años. Las mayores debilidades de Japón se refieren al mantenimiento de plantas y la comunicación de datos.

Estrechamente vinculada al concepto de Sociedad 5.0 estará la Estrategia de Inteligencia Artificial en elaboración,6 esperada para abril o mayo de 2019, que también se centrará en el ser humano, incluido un factor que se considera crucial: la formación de recursos humanos, pues en Japón faltan personas capacitadas para utilizar la IA. Hay un déficit en gente formada de cara a esta revolución, un déficit de skills. No hay en Japón suficientes ingenieros para cubrir la demanda, lo que está llevando a dos tipos de políticas. Por una parte, a abrir las posibilidades de inmigración, que estaban muy limitadas, a “trabajadores invitados”, temporales, con buena formación. Por otra a programas de re-formación, re-skilling, de ingenieros. Desde el Ministerio de Economía, Comercio e Industria (METI) se ha lanzado un programa de capacitación de los actuales ingenieros a la IA.

La sociedad japonesa en su conjunto, indican en el Gabinete del primer ministro, no está estructurada para facilitar el uso de la IA. Se requiere rediseñar o reestructurar la sociedad para ello. Se trataría de establecer objetivos lejanos tipo moonshot (el viaje a la luna) que puedan generar innovación, aunque estos objetivos no han sido aún definidos. También se aspira a construir una plataforma que permita utilizar mejor todos los datos en todos los sectores.

Hay varias razones propias para el lanzamiento de este concepto de Sociedad 5.0, y las estrategias subsiguientes. La primera es el temor de Japón de quedarse atrás en avances importantes de la 4RI. Japón ve que se está quedando rezagado en muchos campos respecto a EEUU y a China. La segunda es la necesidad de digitalización de la pequeña y mediana empresa.

La tercera razón es la propia idiosincrasia de una sociedad japonesa envejecida (para 2050 un 40% de la población tendrá más de 40 años, con un sector más amplio que va a requerir cuidado) y con baja natalidad (1,44 hijos por mujer), en la que falta mano de obra, tanto que se está planteando abrir la mano en su sumamente restrictiva política de inmigración. También preocupa la despoblación de las zonas rurales.

Se trata de disipar los temores sociales ante el impacto de la revolución tecnológica y los propios problemas de la sociedad japonesa. Desde la administración se afirma que hay opiniones encontradas, por ejemplo, sobre el impacto de la IA en el empleo.

Muchos ministerios japoneses han desarrollado sus propios conceptos partiendo del de Sociedad 5.0. Así, el Ministerio de Economía, Comercio e Industria ha elaborado el de Industrias Conectadas (“Logros, retos y próximos pasos en la Fabricación con el Internet de las Cosas en Japón”),7 para relacionar la Sociedad 5.0 a los próximos pasos en la manufactura, especialmente a través de nuevos valores creados por distintas conexiones, esencialmente las de cosas con cosas, humanos con máquinas y sistemas/empresas, empresas con empresas, humanos con humanos (diseminación de conocimientos y formación, suministradores con clientes, empresas grandes con pymes, regiones con regiones, campos con digital y distintas formas de colaboración.

¿Qué es la Sociedad 5.0?

El concepto parte del objetivo o deseo de usar la tecnología para crear un futuro mejor. No predice, sino crea. En un horizonte de 10 a 15 años, en que estos desarrollos van a afectar a todos los sectores de la economía y de la sociedad, “La transformación digital –que tiene en su núcleo el Internet de las Cosas, la IA, la robótica y blockchain, junto con los datos– se va a expandir para englobar a todo, a todos y a todo evento”, señala la patronal japonesa. Y va a cambiar las premisas en las que la sociedad se basa.

Una hábil explicación de la Sociedad 5.0 se puede encontrar en el siguiente video divulgativo que muestra cómo las nuevas tecnologías facilitan la vida de una joven colegiala y una anciana en un ámbito rural.

Vídeo: Anuncio del gobierno japonés sobre la Sociedad 5.0 (con subtítulos en inglés)

Una definición oficial de Sociedad 5.0 es la siguiente: “Una sociedad centrada en lo humano que equilibra el progreso económico con la resolución de problemas sociales mediante un sistema que integra de forma avanzada el ciberespacio y el espacio físico”.8

La fusión avanzada del espacio ciber y del físico implica que se van a recolectar todo tipo de datos de sensores instalados en el espacio físico a través del Internet de las Cosas (IoT, en sus siglas en inglés), que se acumularán en el ciberespacio y que serán analizados por una IA que superará las capacidades humanas. Sus resultados serán de nuevo insertados en el espacio físico en robots, coches autónomos o entregas automatizadas. Se generarán así Sistemas Ciberfísicos. Desde un principio se reconoce la necesidad de llegar a un mayor nivel de calidad de la seguridad ante los posibles ciberataques que serán más severos y podrán afectar más gravemente la vida de la gente.

La sociedad superinteligente se caracterizaba ya en 2015 del siguiente modo: “Una sociedad en la que las diversas necesidades de están finamente diferenciadas y satisfechas proporcionando los productos y servicios necesarios en las cantidades requeridas para las personas que los necesitan cuando los necesitan, y en la que todas las personas pueden recibir servicios de alta calidad y vivir una vida cómoda y vigorosa que hace concesiones a sus diversas diferencias, como edad, sexo, región, o idioma”.9 Todo ello a través de la integración de varios sistemas, como la energía, los transportes, la manufactura y los servicios, pero también de funciones de gestión organizativa como los departamentos de personal, contabilidad y jurídicos.

El enfoque de la Sociedad 5.0 una forma de gestionar tres cambios principales: el cambio tecnológico, el cambio económico y geopolítico, y el cambio de mentalidad.10 Para Keidanren, comparada con la Sociedad 4.0, la Sociedad 5.0 se caracteriza por “la solución de problemas, la creación de valor, la diversidad, la descentralización, la resiliencia, y la sostenibilidad y la armonía medioambiental”.

Se espera así impulsar el crecimiento económico y resolver problemas sociales, también a través de la evolución de ciudades inteligentes/superciudades. Los humanos se librarán de varias dificultades. Es decir, progreso en términos de confort, a todas las edades, de vitalidad y de calidad de vida.

Lograrán11 la libertad para perseguir diferentes estilos de vida y contribuciones a la sociedad, con seis “liberaciones”:

  • de centrarse en la eficiencia, con una sociedad en la que se crea valor;
  • de la supresión de la individualidad;
  • de la disparidad;
  • de la ansiedad;
  • y de los límites de recursos y medioambientales.
Figura 2. De la Sociedad 4.0 a la 5.0
De la Sociedad 4.0 a la 5.0 De la Sociedad 4.0 a la 5.0
Fuente: CAO Japan.

Será una sociedad de “la imaginación y la creatividad”, pues en eso los humanos seguirán superando a las máquinas, que permitirán “aumentar” las capacidades de las personas, incluida en materia de sostenibilidad, de inclusión social y otros avances para impulsar la raza humana hacia delante. “La imaginación es clave para moldear el futuro”, señala Keidanren, y tiene a su vez varias formas para cambiar la sociedad.

La estrategia japonesa de IA también recoge “principios sociales”, en línea con los de la Sociedad 5.0: ante todo, como venimos apuntando, debe estar centrada en el ser humano. No sólo debe sustituir, sino también mejorar el trabajo humano, la capacidad y la creatividad (sociedad aumentada o empoderada a través de las máquinas). La educación y la alfabetización y la privacidad: la población necesita ser educada ampliamente sobre la IA y también sobre los derechos individuales de todos a la privacidad en un mundo cada vez más de Gran Hermano, de peligro de vigilancia total. Naturalmente, el Estado debe proteger contra ataques cibernéticos malintencionados y el espionaje. Los últimos principios son la competencia leal, la responsabilidad, la transparencia y el impulso de la innovación.12

Público-privado

Sociedad 5.0 es un buen ejemplo de colaboración público-privada para desarrollar un concepto y una política. El impulso inicial partió el Gobierno, con apoyo inmediato y Keidanren y otros círculos económicos, además de la participación del mundo del académico y en menor medida del sindical. Aún no se ha debatido en el parlamento.

Pero también conceptualmente tiene mucho de relación público-privada a través de los conceptos muy específicamente japoneses de sampo-yoshi (satisfacción de las tres partes que incide en la importancia de negocios enraizados en la sociedad, que deben beneficiar al vendedor, al comprador y a la sociedad) y de mottai-nai (aversión al desperdicio, que recoge el espíritu de simbiosis con la naturaleza).

Además, el factor principal en este cambio, en las reformas necesarias, más que el Gobierno, va a ser la comunidad empresarial, y ver si se puede reformar a sí misma.

La Sociedad 5.0 es un programa civil. Hay que señalar que en Japón, por motivos históricos, todo esto está separado de la investigación que se pueda impulsar desde el Ministerio de Defensa.

Responsables japoneses consideran que entre el modelo de EEUU –esencialmente innovación desde el sector privado, aunque participe también el Pentágono– y el chino –de arriba abajo–, Japón se quiere situar en una situación intermedia, como Europa.

Política para la Sociedad 5.0

El concepto o estrategia no cuenta con objetivos cuantificados que permitan medir los avances (benchmarking). Sí para el caso del control de las medidas del SIP, y se fija un objetivo general de haber mejorado la productividad en un 10% para 2022.

En Keidanren admiten que hay dificultades para que el público entienda este concepto. A veces a la gente en Japón –pese a la aceptación, por ejemplo, de los robots– no le gusta una sociedad orientada a la tecnología. Sus aspectos negativos (sobre todo, en este caso, pérdida de privacidad y mayor desigualdad) generan ansiedad.

Lograr implantar la Sociedad 5.0 no es una cuestión de la industria sola, sino de los ciudadanos, los gobiernos, el mundo académico, etc. Es decir, de toda la sociedad.

La iniciativa japonesa, según Keidanren, señala cinco “muros” a derribar:13

  1. Los Ministerios y Agencias (administración pública), para lo que se necesita una “formulación de estrategias nacionales y la integración del sistema de promoción gubernamental”.
  2. El sistema jurídico, con reformas regulatorias y digitalización administrativa.
  3. Las tecnologías, para formar unos “cimientos de conocimiento”.
  4. Los recursos humanos, con una reforma educativa, alfabetización en tecnologías de la información y especialización en capacitaciones (skills) digitales avanzadas.
  5. La aceptación social, con un consenso social y un examen de las implicaciones sociales y éticas.

Sociedad 5.0 y Agenda 2030

Japón, que considera que otros países se encontrarán pronto con sus mismos problemas, quiere que su concepto Sociedad 5.0 sirva al mundo. “Japón tiene el potencial para causar el cambio más drástico en el mundo” señala un documento de Keidanren ya citado. El Gobierno japonés quiere presentar Sociedad 5.0 en la Cumbre del G20 en Osaka en junio de 2019 y ejercer un liderazgo para lograr un mundo distinto basado en los principios sociales de la IA y de esta idea.

El Gobierno cree que puede también contribuir a la realización de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), no a los 17, pero sí a varios de ellos.14 Aunque la patronal Keidanren estima que “la Sociedad 5.0 es un prerrequisito para muchos de los ODS, no es suficiente en sí misma”, pero sí propone esta base para lograr varios de ellos. Ha hecho suyos estos fines en la última revisión de su Carta de Comportamiento Corporativo.15

Figura 3. Objetivos de Desarrollo Sostenible
Figura 3. Objetivos de Desarrollo Sostenible
Fuente: Naciones Unidas.

Contempla insistir en el papel de las ciudades y regiones (para los ODS 3º, 4º, 5º, 6º, 8º, 11º, 12º y 13º, por ejemplo con los vehículos autónomos disponibles para los mayores que ya no puede conducir; de la energía, con ciudades inteligentes, (7º, 9º y 13º); la prevención y la mitigación de desastres (3º, 6º, 11º y 13º); el cuidado sanitario (3º), la agricultura y la alimentación (2º, 12º, 14º y 15º); la logística, especialmente con el desarrollo de tecnologías del Internet de las Cosas; la manufactura y los servicios (5º, 8º y 9º); las finanzas (1º, 5º, 8º y 9º); los servicios públicos (1º, 3º, 4º, 10º y 16º); y el 17º, de alianzas o partenariados para lograr estos objetivos.

Conclusiones

El concepto japonés es quizá demasiado vago para ser práctico y carente de objetivos concretos para servir de estrategia, pero tiene la virtud de poner al ciudadano, a la persona y las cuestiones sociales, en el centro de las reflexiones sobre las transformaciones tecnológicas en curso y las estrategias a seguir. Japón va por delante en algunos de los problemas que nos empiezan a afectar a las sociedades europeas, y en particular a la española, como el envejecimiento de la población, la baja natalidad y la despoblación de las áreas rurales. De ahí el interés en conocerlo.

También es una forma de ver las transformaciones tecnológicas no sólo como algo inevitable, sino positivo, si se acompañan de una cierta ingeniería social, que conviene debatir de una manera democrática.

De hecho, la insistencia en poner a la persona en el centro de estas transformaciones está teniendo ya cierto impacto más allá de Japón. Por ejemplo, en la Estrategia de Inteligencia Artificial del Gobierno alemán, una de las últimas en ser aprobadas (el pasado 15 de noviembre).16

Andrés Ortega
Investigador senior asociado del Real Instituto Elcano, donde coordina la participación en el Think20 (T20, la red de centros de investigación del G20) y el Grupo de Trabajo sobre Transformaciones Tecnológicas
| @andresortegak


1 Agradecimientos a la Embajada de España en Tokio, a la Oficina del Gabinete del Primer Ministro de Japón (Consejo de Ciencia, Tecnología e Innovación), a Keidanren y a la VDMA (Federación de Ingeniería Alemana, Oficina de Enlace en Japón) por las informaciones suministradas y las entrevistas con ocasión de un reciente viaje a la capital japonesa.

6 Takuya Hirai, ministro de Estado para Política Científica y Tecnológica (2018), Japan’s AI Strategy, presentación, mimeo.

7 Hiroshi Hasegawa, Principal Deputy Director (2018), Connected Industries. Achievements, Challenges and Next Steps in Japan’s Manufacturing IoT, Industrial Machinery Division, Manufacturing Industry Bureau, METI, 28/II/2018.

8 Cabinet Office (2015), op. cit.

9 Ibid.

10 Keidanren (2018a), op. cit.

11 Ibid.

15 Keidanren (2017), Charter of Corporate Behavior.

16 Ministerio Federal de Economía y Energía de Alemania, The Federal Government’s Artificial Intelligence Strategy.

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<![CDATA[ La economía mundial ante 2019 ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari4-2019-steinberg-martinez-economia-mundial-2019 2019-01-11T02:13:36Z

La economía mundial debería continuar creciendo en 2019, aunque menos que en años anteriores. Sin embargo, los riesgos geopolíticos se acumulan y podrían dar sorpresas.

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Tema

La economía mundial debería continuar creciendo en 2019, aunque menos que en años anteriores. Sin embargo, los riesgos geopolíticos se acumulan y podrían dar sorpresas.

Resumen

Según la mayoría de las previsiones, en 2019 se mantendrá el dinamismo económico observado el pasado año –aunque con algo menos de intensidad– gracias a los estímulos fiscales de EEUU, la continuada inyección de liquidez del BCE, una transformación productiva china que sigue su curso previsto y la recuperación de los países productores de petróleo. No obstante, este escenario favorable tendrá que enfrentarse a diversos riesgos geopolíticos, entre los que cabría destacar una intensificación de la guerra comercial entre EEUU y China, una disrupción en la hasta ahora ordenada pero inestable transición económica de este último, una mayor cuota de poder de los partidos antisistema en la UE y una resolución no acordada del Brexit. Si la economía mundial será capaz o no de esquivar estas amenazas es el principal interrogante del año que acaba de comenzar.

Análisis

Desde el punto de vista económico, el año 2019 presenta una paradoja: mientras que el crecimiento económico global (y también el europeo y el español) tiene sólidos fundamentos para mantenerse, la acumulación de incertidumbres geopolíticas va en aumento. Así, si la economía es capaz de seguir ignorando las tensiones políticas como ha hecho hasta ahora, 2019 debería ser otro año de crecimiento. No tan espectacular como los tres anteriores, pero capaz de seguir reduciendo el desempleo y la desigualdad. Sin embargo, si la economía comienza a verse contagiada por la incertidumbre política derivada del auge de los partidos antisistema, la guerra comercial entre China y EEUU o los temores que rodean al Brexit, el crecimiento podría verse lastrado, al igual que ya lo están haciendo los índices bursátiles.

A continuación se hace un breve repaso a las perspectivas económicas para 2019 y a los riesgos geopolíticos que podrían materializarse en cada una de las principales regiones.

Buenas perspectivas para la economía mundial

Tras un 2018 de fuerte crecimiento económico global y cierta corrección en las bolsas (con la mayor caída en los parqués estadounidenses en los últimos 10 años), el escenario base de prácticamente todas las previsiones es que durante 2019 el dinamismo se mantenga con tasas de crecimiento globales alrededor del 3,5%, menores que en los últimos años, pero todavía bastante fuertes (véase la Figura 1). Tanto el comercio internacional, que avanzó un 4,2% en 2018 a pesar de las tensiones proteccionistas, como la inversión, que se situó en el 26,2% del PIB (el mayor nivel desde 1980), muestran que la economía mundial ha recuperado el pulso tras muchos años en la unidad de cuidados intensivos. Asimismo, la inflación, que es un indicador del estado de salud de la economía global, comienza a mostrar algunos síntomas de aceleración. El suave repunte de los precios es, por una parte, una excelente noticia, porque indica que se ha dejado definitivamente atrás la resaca de la crisis (aunque no haya cerrado sus cicatrices), y contribuye a reducir el valor real de la elevada deuda global (la friolera de 182 billones de dólares entre pública y privada). Sin embargo, si la inflación se descontrolara, los bancos centrales se verían obligados a subir los tipos de interés rápidamente, lo que podría frenar el crecimiento y generar inestabilidad, algo especialmente preocupante en EEUU dado que está en una fase más avanzada del ciclo de crecimiento que la zona euro.

En 2019 el fuerte crecimiento vendrá sostenido por cuatro factores: (1) los cuantiosos estímulos fiscales aplicados en EEUU; (2) la continuada inyección de liquidez por parte del BCE, que aunque termine con el programa de expansión cuantitativa mantendrá el nivel de su balance alto por la reinversión de sus ganancias y, por lo tanto, mantendrá el dinero barato y sostendrá el crecimiento de la zona euro; (3) la transformación (relativamente) ordenada del modelo productivo en China, que está logrando sostener tasas de crecimiento en torno al 6% sin caer en una crisis; y (4) el aumento del crecimiento de los países productores de petróleo y otras materias primas impulsado por el alza en los precios, que aunque han caído en los últimos meses de 2018 se mantienen a niveles relativamente elevados, lo que da margen de maniobra a través de mayores ingresos a países como Rusia, Venezuela y Arabia Saudí, entre otros. Además, no se esperan crisis generalizadas en los mercados emergentes (aunque Argentina o Turquía seguirán pasando por dificultades tanto por el endurecimiento de las condiciones financieras mundiales como por cuestiones internas tales como el plan de estabilización acordado por Macri con el FMI o la desconfianza de los mercados con respecto a la política económica de Erdoğan), y la India, junto a otros emergentes asiáticos, podría incluso acelerar su crecimiento.

Figura 1. Tasa de crecimiento de la economía mundial

Más concretamente, el consenso de los analistas apunta a crecimientos por encima del 2,5% en EEUU, algo por debajo del 2% en la zona euro, del 1,5% en el Reino Unido (el Brexit no sale gratis), del 1% en Japón y de casi el 5% en el conjunto de las economías emergentes (el 6,3% si nos fijamos sólo en Asia). La India crecerá alrededor del 7% –un punto más que China–, América Latina por encima del 2%, África subsahariana por encima del 3,5% y Oriente Medio y el Norte de África por encima del 3%. Esto supone que el crecimiento sincronizado de los últimos tres años se debería mantener, aunque con mayor debilidad y de forma algo más desequilibrada.

Sin embargo, un año más, diversos riesgos económicos y geopolíticos amenazan con deteriorar este escenario. De hecho, algunos de estos riesgos ya se han incorporado en las últimas previsiones (a la baja) de crecimiento de los principales organismos internacionales, que señalan que casi todas las posibles sorpresas pueden ser negativas (véase la Figura 2). Lo mismo están anticipando ya los mercados bursátiles, que han tenido un final de 2018 muy negro.

Figura 2. Evolución de previsiones de crecimiento del FMI para 2019

Un rápido vistazo a los riesgos por regiones

En 2019 EEUU volverá a ser el principal motor de la economía mundial pero también el principal foco de riesgos e inestabilidad, tanto por las erráticas políticas de su presidente en su obsesión por cambiar o aislar el capitalismo de Estado de China y reducir los superávit en la cuenta corriente de la UE, como porque su largo ciclo expansivo (que si supera junio sería el más duradero de la Historia Moderna) podría estar llegando a su fin. Su economía se está recalentando, como se refleja en una inflación por encima del 2% y en una tasa de paro de tan sólo el 3,7%, la más baja en décadas. Aunque los cimientos de su crecimiento son sólidos y el dinamismo debería continuar, un adelanto de las subidas de tipos de interés por parte de la Reserva Federal, mayores tensiones con China o una mayor desconfianza ante la política económica del presidente (sobre el que, tras la nueva mayoría demócrata en el Congreso, pende la amenaza de un proceso de impeachment cuyas probabilidades de éxito en cualquier caso serían muy remotas) podrían hacer que el crecimiento fuera menor. De hecho, las fuertes caídas bursátiles de finales de 2018 podrían estar anticipando que la economía estadounidense sólo puede desacelerarse, en especial cuando el impacto de los estímulos fiscales, que son temporales, se vaya desvaneciendo. Y si la inflación sorprende al alza, la Reserva Federal podría verse obligada a subir los tipos de interés más rápidamente de lo previsto, lo que adelantaría el frenazo en la actividad y apreciaría el dólar, generando turbulencias en los mercados cambiarios, sobre todo para las economías emergentes más vulnerables, y poniendo presión sobre un sistema financiero mundial muy endeudado que necesita bajos tipos de interés para una efectiva refinanciación.

Por último, existe el riesgo de que la guerra comercial que EEUU y China ya han iniciado se intensifique. En línea con la política cada vez más aislacionista y adversa al multilateralismo emprendida por la Administración Trump (abandono del acuerdo del París contra el Cambio Climático, salida del Acuerdo Nuclear con Irán, no ratificación del Pacto Mundial sobre Migración…), y con el doble objetivo de reequilibrar el déficit comercial y frenar el auge tecnológico chino, en 2018 se establecieron aranceles por valor de 250.000 millones de dólares sobre las importaciones chinas, a lo que Pekín respondió con medidas proteccionistas equivalentes, una expansión fiscal y la depreciación de su moneda. Si la tensión fuera en aumento y se extendiera a otros países mediante las cadenas internacionales de suministro, el descenso del comercio junto al aumento de la volatilidad en los mercados financieros y de la incertidumbre para las empresas (con la correspondiente caída de sus inversiones) podría llegar a tener un impacto significativo en el crecimiento mundial. Las tensiones comerciales irían además en detrimento de la cooperación económica internacional, esencial en una economía global tan interdependiente, y en la que el diálogo entre EEUU y China (al que habría que sumar a la UE) es imprescindible.

En cuanto al gigante asiático, este no es el único riesgo que acecha a su profunda transición económica, implementada hasta el momento con relativa estabilidad pasando de tasas de crecimiento del 10% hace una década a tasas alrededor del 6% en la actualidad sin que se haya producido un descalabro. A las fricciones propias de esta desaceleración progresiva hay que añadir los riesgos vinculados al crecimiento desmedido del crédito que, si bien ya está empezando a ser contrarrestado por las autoridades con diferentes medidas regulatorias, en el caso de que no se ejecuten con la coordinación necesaria podrían tener efectos contraproducentes sobre el sistema financiero chino y, por extensión, sobre el mundial.

La UE, por su parte, mantendrá su crecimiento, aunque lo hará con menos intensidad que en los últimos tiempos. En un año de elecciones al Parlamento Europeo, designación de una nueva Comisión, fin de la política de expansión cuantitativa del BCE, posible imposición de aranceles a los automóviles europeos por parte de EEUU y la probable (aunque no segura) materialización del Brexit, todos los ojos estarán puestos en la evolución del voto a los partidos antisistema y sus decisiones de política económica en caso de alcanzar el gobierno. Italia, donde ya gobierna una coalición antisistema, es buen ejemplo de lo que podríamos tener por delante: pulsos a la Comisión Europea (a los que finalmente se da marcha atrás porque la gran mayoría de los ciudadanos no quieren abandonar ni la UE ni el euro, y porque los mercados no perdonan las políticas irresponsables) y un ambiente dentro de la Unión cada vez más enrarecido y poco cooperativo, tanto entre los países del norte y el sur por el tema de la solidaridad intra zona euro, como entre los del este (junto a Italia) y los del oeste por la cuestión migratoria. De hecho, las elecciones al Parlamento Europeo de mayo nos dejarán un legislativo europeo todavía más fragmentado, el auge de los partidos euroescépticos y la consiguiente dificultad para que la Unión avance hacia una mayor integración, algo que sigue siendo absolutamente necesario, sobre todo en la unión monetaria. Aun así, el escenario base es que, pese al ruido de fondo, la UE pueda seguir adelante sin descarrilar, aunque tendrá difícil lograr avances por sus divisiones internas. En particular, el proyecto comunitario seguramente seguirá sin poder prestar toda la atención que requieren la reforma de la gobernanza de la moneda única, el cambio climático o la vecindad con una Rusia cuya creciente hostilidad a la UE y la OTAN ha incrementado la tensión militar en el Báltico. Por último, tras dos años de caos, 2019 arrojará algo de luz sobre en qué dirección avanzará el Brexit. Una salida del Reino Unido de la Unión sin acuerdo, escenario poco probable pero posible, tendría un impacto negativo sobre el crecimiento tanto para el Reino Unido como para la UE y la economía mundial en su conjunto.

Lo mismo se podría decir, por supuesto, de las posibles tensiones que pueda haber en Asia Oriental, desde la no resolución o incluso empeoramiento del conflicto entre las dos Coreas a las posibles escaramuzas de China con sus vecinos o la marina estadounidense en Taiwán y en los mares de la China meridional y oriental. Posibles sustos también podrían venir de una Rusia más agresiva y de un Oriente Medio todavía más inestable, ahora que EEUU ha decidido retirarse de Siria y Afganistán. Habrá que prestar especial atención a Irán. El restablecimiento por parte de EEUU de sanciones económicas contra sus sectores energético y financiero está empezando a erosionar más si cabe una economía doméstica que en el último año ha experimentado una intensa inflación y devaluación de su moneda. En caso de no revertirse la situación, las cada vez más probables revueltas sociales que empezasen a sucederse podrían llegar a ser percibidas por el régimen como una amenaza a su existencia, ante lo cual los precedentes históricos indican que la reacción más esperable sería un endurecimiento de sus posiciones que podría conllevar el abandono del Acuerdo Nuclear y el tensionamiento de las relaciones con los vecinos regionales. El principal de ellos, Arabia Saudí, también afronta 2019 sumido en un contexto de inestabilidad a la espera de los efectos que pueda llegar a tener el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en la posición del príncipe heredero Mohamed Bin Salmán dentro de la jerarquía de poder saudí, deterioro de imagen al que igualmente están contribuyendo decisiones controvertidas como la intervención militar en Yemen o el embargo sobre Qatar. En todo caso, si los precios del petróleo vuelven a aumentar, la región disfrutará de una bombona de oxígeno, al igual que les sucederá a Venezuela o Rusia.

La principal incógnita que se cierne sobre Latinoamérica, más allá de la interminable crisis venezolana, son las repercusiones que puedan generar Lopez Obrador y Jair Bolsonaro, en las antípodas ideológicas pero con programas profundamente rupturistas, al frente de las dos principales economías de la región. No obstante, mientras el mexicano ha moderado paulatinamente su discurso e intentará evitar el conflicto abierto con la Administración Trump, las propuestas del brasileño en favor del ultraliberalismo económico y su amenaza a ciertas libertades individuales podrían perturbar gravemente el clima interno y las relaciones con vecinos tales como el propio México, Bolivia, Cuba o Venezuela; país este último que junto a otros de Centroamérica seguirán emitiendo masivos flujos de emigrantes al resto del continente a causa de su intenso deterioro socioeconómico.

Finalmente, en África, mientras la crisis económica, política, migratoria, medioambiental y de seguridad en el Sahel amenaza con cronificarse, habrá que prestar especial atención a Argelia y a la República Democrática del Congo. En el país magrebí, a pesar de que Abdelaziz Buteflika se presenta a la reelección para el que sería su quinto mandato consecutivo, la incertidumbre derivada de su estado de salud e inevitable sucesión es cada vez mayor, mientras que la pandemia de ébola que azota al segundo, la mayor de su historia, amenaza con propagarse a otros países del entorno.

En todo caso, aunque todos estos riesgos geopolíticos latentes no sean menores, el escenario base sigue siendo que no van a explotar este año, aunque lógicamente siempre habrá que estar preparados para algún cisne negro.

Breve nota sobre España

En este contexto de calma inestable, España debería seguir creciendo a buen ritmo –aunque algo menos que en años anteriores– pero con cierta incertidumbre vinculada a los riesgos externos (y en menor medida a los internos). Todas las previsiones apuntan a una suave desaceleración motivada por el freno de algunos vientos de cola de los últimos años, como los bajos precios del petróleo, la abundancia de liquidez, la expansión económica de algunos de sus principales socios comerciales o la inseguridad en destinos turísticos competidores del Mediterráneo.

En cualquier caso, como la inercia de la economía española es importante, más allá de la incertidumbre política, durante 2019 se debería seguir creando empleo y reduciendo el déficit público a buen ritmo. El impacto económico de la interminable crisis política en Cataluña apenas se dejará notar, e independientemente del escenario político y de la aprobación o no de los presupuestos, la producción debería aumentar por encima del 2% a menos que se materialicen algunos de los grandes riesgos externos, en particular un Brexit sin acuerdo, una nueva crisis en Italia (o de nuevo en Grecia) que genere contagio hacia el sur, o políticas económicas erráticas en México o Brasil, donde muchas empresas españolas tienen grandes inversiones.

De hecho, y aunque no sea el escenario base, en el más que probable caso de que no se materializaran ninguno de los riesgos arriba mencionados, y si el precio del petróleo tendiera a la baja, la economía española podría volver a acelerarse un poco.

Conclusiones

En definitiva, el año se presenta con buenas perspectivas económicas pero lleno de curvas geopolíticas. De hecho, 2019 sea tal vez el año en el que mayor es la diversidad de opiniones sobre cómo irá la economía y cómo evolucionarán sus principales indicadores. Los fundamentales macroeconómicos a nivel global son sólidos, pero cada vez hay más voces que ven en el mal comportamiento de las bolsas en 2018 el presagio de una nueva recesión. Asimismo, no existe consenso entre los analistas sobre si el precio del petróleo, que suele ser un buen indicador de la fortaleza o debilidad del ciclo global, subirá o bajará. Por último, hay quienes piensan que como la economía de EEUU y la de los países del norte de la zona euro está operando con un output gap positivo, la inflación comenzará a acelerarse, mientras que según otros seguiremos viendo subidas de precios muy moderadas a pesar de la elevada liquidez, tal y como hemos hecho durante la última década.

Lo que probablemente determinará si 2019 se cierra con mejores o peores resultados que los presentados en las páginas anteriores (y que constituyen el escenario más probable) será la evolución de la confianza y de las expectativas. Ya en 1936, John Maynard Keynes escribía:

“Aún haciendo a un lado la inestabilidad debida a la especulación, hay otra inestabilidad que resulta de las características de la naturaleza humana: que gran parte de nuestras actividades positivas dependen más del optimismo espontáneo que de una expectativa matemática, ya sea moral, hedonista o económica. Quizá la mayor parte de nuestras decisiones de hacer algo positivo, cuyas consecuencias completas se irán presentando en muchos días por venir, sólo pueden considerarse como el resultado de los espíritus animales – de un resorte espontáneo que impulsa a la acción de preferencia a la quietud, y no como consecuencia de un promedio ponderado de los beneficios cuantitativos multiplicados por las probabilidades cuantitativas.”1

Si los riesgos no se materializan y la sensación de incertidumbre se disipa, los animal spirits de los que hablaba Keynes elevarán el consumo y la inversión, haciendo de 2019 otro buen año económico. Por el contrario, si cunde el pesimismo, podríamos entrar en una dinámica de expectativa autocumplida, en la que la economía termine exhibiendo un mal comportamiento precisamente porque todos esperan que así lo haga.

Nadie sabe cuándo llegará la próxima recesión, pero seguramente no será en 2019 y, en todo caso, cuando llegue, no será tan severa como la última. A veces se olvida que las grandes crisis financieras como la de 2007-2009 –que generó la crisis del euro en 2010-2013– sólo se producen cada 100 años.

Federico Steinberg
Investigador del Real Instituto Elcano y profesor del departamento de Análisis Económico de la Universidad Autónoma de Madrid
| @Steinbergf

José Pablo Martínez
Ayudante de investigación del Real Instituto Elcano
| @jpmromera


1 John M. Keynes (2001), Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, Fondo de Cultura Económica, 3ª edición, Argentina, p. 141.

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<![CDATA[ La cumbre del G20 de Buenos Aires: ¿sirve para algo este foro? ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/comentario-steinberg-cumbre-g20-buenos-aires-sirve-para-algo-este-foro 2018-12-04T11:05:15Z

La cumbre del G20 celebrada en Buenos Aires ha puesto de manifiesto tanto las diferencias entre algunas de las principales economías del mundo en los temas clave de la gobernanza económica global, como la utilidad de este foro para servir de espacio de diálogo.

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La cumbre del G20 celebrada en Buenos Aires ha puesto de manifiesto tanto las diferencias entre algunas de las principales economías del mundo en los temas clave de la gobernanza económica global –en particular entre EEUU y el resto– como la utilidad de este foro para servir de espacio de diálogo. A la hora de evaluar la utilidad de estas cumbres informales es importante ser realistas. En un contexto de crecimiento económico internacional y con elevada incertidumbre geopolítica pero con baja probabilidad de una recesión, es poco realista esperar que las grandes potencias vayan a cerrar acuerdos sustantivos. La historia enseña que para que los países coloquen los temas internacionales en lo más alto de la agenda y estén dispuestos a llevar a cabo sacrificios internos en pos de una mayor estabilidad internacional se requiere estar ante una coyuntura económica grave. Eso fue lo que sucedió en las cumbres de Washington y Londres de 2008 y 2009, cuando el G20 tomó medidas radicales tanto para evitar el colapso del sistema financiero internacional como para coordinar un paquete de estímulo fiscal que evitó que la crisis financiera generara una segunda Gran Depresión. De hecho, si bien es cierto que las acciones de los bancos centrales, sobre todo de la FED, fueron decisivas en aquel momento y probablemente se hubieran producido incluso sin la coordinación del G20, el mensaje político que mandaron los líderes de las potencias que representan dos tercios de la población mundial, el 85% de la producción y el 75% del comercio fue clave para alejar el fantasma de un colapso económico-financiero global. Y es que cuando los mercados entran en pánico, sólo el poder político puede estabilizar la situación.

“La lista de incertidumbres económicas no deja de aumentar, pero el escenario base continúa siendo de crecimiento para 2019”

Diez años más tarde, los jefes de Estado y de Gobierno se han reunido en Argentina en un contexto muy diferente. La lista de incertidumbres económicas no deja de aumentar, pero el escenario base continúa siendo de crecimiento para 2019. De hecho, existe un amplio consenso en que ni el Brexit, ni el aumento del proteccionismo, ni el presupuesto italiano, ni el elevado nivel de deuda global, ni la desaceleración de la economía china, ni la volatilidad del precio del petróleo van a desencadenar una crisis sistémica, y tampoco está claro que vayan a afectar de forma significativa a la economía mundial a corto plazo.

Al mismo tiempo, nadie puede negar que la cooperación internacional se encuentra en horas bajas, sobre todo porque su principal valedor durante décadas, EEUU, parece haber perdido el interés en ella. El America First de Donald Trump, que sin duda supone un torpedo en la línea de flotación del multilateralismo, ha desencadenado dos tipos de reacciones. Por un lado, ha dado alas a otros líderes del G20 que se sienten cómodos con la retórica de líder fuerte, el desprecio del derecho internacional y las actitudes unilaterales e iliberales. Sin duda Rusia, Arabia Saudí, el nuevo Brasil y tal vez Turquía podrían entrar en esa categoría. Pero no hay que llevarse a engaño, estos países nunca han tenido demasiada importancia en este foro y es poco probable que la tengan en el futuro (el estilo Trump les da más visibilidad y puede blanquear sus comportamientos, pero eso tendrá poco impacto sobre el devenir de la economía global). La otra reacción, la de los países europeos, Japón, Canadá, Corea del Sur, Australia, Argentina y, hasta cierto punto, también China, la India y México, ha sido la de enfatizar la necesidad de continuar mejorando la coordinación económica internacional. Han insistido en que, en un mundo tan interdependiente, las estrategias unilaterales y cortoplacistas pueden ser muy dañinas a largo plazo, en especial en lo que concierne al cambio climático y al comercio internacional, que son dos áreas en las que resulta evidente que las soluciones a los problemas tienen que ser globales.

“Leyendo el comunicado del G20 teniendo en cuenta este contexto en vez de estar guiados por un idealismo naíf, se pueden encontrar en él algunos elementos para el optimismo”

Leyendo el comunicado del G20 teniendo en cuenta este contexto en vez de estar guiados por un idealismo naíf, se pueden encontrar en él algunos elementos para el optimismo. De hecho, el primer éxito es que ha habido un comunicado, cuyo principal valor estriba en plantear un diagnóstico compartido sobre algunos de los retos económicos globales, como el futuro del empleo o la necesidad de aumentar la inversión para contribuir al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en 2030 (en especial en los temas de género, apoyo a la infancia, infraestructuras y salud), trabajar contra la evasión fiscal y la corrupción y abordar los retos que plantean la inmigración y las crisis de refugiados. Es positivo que exista cierto consenso en cuáles son los temas de la agenda económica de los que deben ocuparse los gobiernos, aunque también es cierto que muchos de estos asuntos requieren sobre todo medidas a nivel interno que, si bien es bueno que se coordinen, no necesitan de una fuerte gobernanza internacional. Donde la cooperación en el seno del G20 es realmente útil es en los asuntos que sí requieren acuerdo entre gobiernos para avanzar. Así, se reitera el compromiso con la actualización del sistema de cuotas y votos del Fondo Monetario Internacional y con la mejora de la estabilidad financiera global. Además, se plantea la necesidad de reformar la Organización Mundial del Comercio (OMC). Este último tema es sin duda esencial porque es la única forma de evitar una guerra comercial a largo plazo. Si bien será un tema muy difícil de abordar porque requiere poner de acuerdo a China y EEUU (por el momento aquí la UE está actuando como el gran mediador), es un paso adelante que se haya acordado iniciar un diálogo. Por último, donde sin duda el comunicado ha sido más desalentador es en el rechazo expreso de EEUU al acuerdo de París sobre cambio climático, con el que el resto de países firmantes siguen comprometidos y que es, sin duda, el mayor reto a largo plazo al que nos enfrentamos.

Pero, además, la reunión del G20 sirvió para que se produjera una reunión bilateral entre Donald Trump y Xi Jinping que, por el momento, supone una pausa en el conflicto comercial entre ambos. EEUU ha aceptado retrasar tres meses los aumentos arancelarios hasta el 25% que impone a un gran número de productos chinos mientras se continúa negociando. Y China, que quiere evitar una guerra comercial a toda costa, podría comenzar a ceder.

En definitiva, nadie debería esperar que una cumbre del G20 vaya a generar resultados espectaculares, especialmente en un entorno de crecimiento económico como el actual. Estos foros son importantes porque permiten a los líderes verse cara a cara –lo que puede servir tanto para acordar que se está en desacuerdo como para consolidar alianzas–, ayudan a definir agendas de retos compartidos (aunque algunos estén más dispuestos que otros a contribuir a su resolución) y, sobre todo, permiten tener un foro que se pueda activar cuando surja una crisis importante, como pasó en 2008.

Federico Steinberg
Investigador principal, Real Instituto Elcano
| @Steinbergf

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<![CDATA[ Juncker y Trump frenan la guerra comercial y resucitan el TTIP, en versión descafeinada ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/comentario-steinberg-juncker-trump-frenan-guerra-comercial-resucitan-ttip-version-descafeinada 2018-07-30T06:03:36Z

EEUU y la UE han decidido, por el momento, frenar su guerra comercial.

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Ver también versión en inglés: Juncker and Trump end the trade war and revive a watered-down version of TTIP

EEUU y la UE han decidido, por el momento, frenar su guerra comercial. Tras una reunión en Washington el pasado 25 de julio, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se han comprometido a trabajar para conseguir una zona de libre comercio transatlántica sin aranceles, subsidios ni barreras no arancelarias (que excluye al sector del automóvil). Para empezar, aunque no está claro cómo se va a conseguir, EEUU exportará más gas natural licuado (GNL) a la Unión (lo que reducirá su dependencia energética de Rusia) y los países de la UE comprarán más productos agrícolas (sobre todo soja) norteamericanos. También se darán pasos atrás en la escalada arancelaria que comenzó hace unos meses cuando EEUU impuso aranceles a las importaciones de acero y al aluminio europeas alegando (absurdamente) razones de seguridad nacional, y que desataron represalias proporcionales por parte de la Unión. Así, mientras las negociaciones estén en marcha, no se establecerán nuevos aranceles (EEUU había prometido imponerlos sobre las importaciones de coches europeos) y se trabajará por eliminar los que acaban de aprobarse. Por último, ambas potencias van a estudiar una reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que le permita volver a jugar el papel de árbitro en la gobernanza de la globalización que, en los últimos tiempos, EEUU le había negado.

“Si el objetivo de Trump era eliminar los aranceles transatlánticos, se podría haber ahorrado este último año de tensiones comerciales”.

En definitiva, tras meses jugando al “a ver quién pestañea primero”, que se habían traducido en una peligrosa escalada arancelaria a la que no se le veía un final y que, además, minaba la confianza entre las partes, se ha optado por rebajar la tensión y buscar una solución negociada. Se trata sin duda de buenas noticias para todos. Ni “las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar” ni “los aranceles son geniales” (Trump dixit, vía Twitter), y el conjunto de la economía mundial tenía mucho que perder si la situación no se reconducía. Aunque la guerra comercial no iba a generar una recesión, y sus efectos se sentirían sólo a medio y largo plazo, la escalada del conflicto era muy peligrosa porque amenazaba con destruir el sistema de reglas multilaterales de la OMC que sostiene el orden liberal internacional sobre el que se asienta gran parte de la prosperidad que se ha generado en las últimas décadas, aunque su reparto haya sido demasiado desigual. Asimismo, la dinámica de confrontación amenazaba con crear una brecha insalvable en la relación transatlántica, que ya se estaba poniendo de manifiesto tanto en la última cumbre del G-7 en Canadá como en la de la Alianza Atlántica en Bruselas.

Sin embargo, tampoco puede afirmarse que todo haya vuelto a la normalidad. Primero, porque Trump sigue siendo un nacionalista impredecible cuya palabra vale bien poco. En la medida en la que esta decisión le permita vender a su electorado que ha logrado doblegar la voluntad de la UE gracias a sus extraordinarias dotes negociadoras, mantendrá su palabra. Pero si no, puede volver a cambiar de opinión, sobre todo cuando vea que el déficit por cuenta corriente de EEUU no baja (y no lo hará mientras siga reduciendo impuestos y desincentivando la tasa de ahorro nacional) y que las exportaciones alemanas a EEUU se mantienen elevadas por el deseo de los norteamericanos de comprar coches de alta gama alemanes.

Segundo, porque lo que en realidad ha sucedido es que hemos vuelto a la agenda de negociación del tratado de comercio e inversiones entre EEUU y la UE (el olvidado TTIP), que se llevaba negociando desde 2013 y que la Administración Trump abandonó en 2017. Si el objetivo de Trump era eliminar los aranceles transatlánticos, se podría haber ahorrado este último año de tensiones comerciales. El TTIP ya había acordado la reducción de prácticamente todos los aranceles a las manufacturas y también planteaba aumentar el comercio de GNL, así como lograr cierta convergencia de estándares regulatorios. Donde se había atascado había sido en la armonización o reconocimiento mutuo de las reglas entre ambos mercados (que son esenciales para facilitar el comercio de servicios), y que se habían topado con importantes resistencias por las diferentes tradiciones regulatorias en cuanto al principio de precaución, la protección al consumidor, la seguridad alimentaria y la regulación financiera, entre otras. Y también por el rechazo de la ciudadanía europea de establecer el mecanismo de arbitraje de inversiones que promovía EEUU y de las autoridades norteamericanas a abrir su jugoso mercado de compras públicas a las empresas europeas. Como ninguno de estos temas va a desatascarse ahora (de hecho, el rechazo que Trump despierta en Europa hará mucho más difícil un ambicioso acuerdo comercial transatlántico), en el mejor de los casos podríamos encontrarnos ante un TTIP light (centrado en aranceles cero), cuyos beneficios ya estaríamos disfrutando desde hace dos años si así lo hubiéramos querido. Pero como a Trump le gusta aparecer como el gran negociador que resuelve problemas, primero tiene que generar un conflicto allí donde no existe, para luego aparentar que lo ha resuelto, cuando simplemente se ha echado atrás, y siempre con actitudes intimidatorias y de desprecio a las reglas que hacen que la convivencia internacional no sea un campo de minas.

Lo importante ahora es confiar en que EEUU y la UE, más allá de frenar su batalla comercial, puedan trabajar con Japón y otras potencias afines para adaptar las reglas del comercio internacional imbricadas en la OMC a la realidad económica actual, de forma que se pueda integrar a China en la gobernanza de la globalización sin ir a una guerra comercial con ella. Ese es el principal reto que tenemos por delante, y también el más difícil. Pero que Trump haya tratado a Juncker como un igual y haya entendido que la UE es su socio clave en esta empresa es una buena noticia.

Federico Steinberg
Investigador Principal del Real Instituto Elcano y Profesor de la Universidad Autónoma de Madrid | @Steinbergf

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<![CDATA[ Comienza la guerra comercial entre EEUU y China: ¿qué hará la UE? ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/comentario-steinberg-comienza-guerra-comercial-eeuu-china-que-hara-ue 2018-06-22T12:00:02Z

EEUU China han entrado en guerra comercial. Y el resto del mundo –incluidos la UE y España– debería estar preocupado. En un mundo de cadenas de producción globales es completamente ilusorio pretender aislar a un país del comercio internacional como pretende hacer EEUU.

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EEUU y China han entrado en guerra comercial. Y el resto del mundo –incluidos la UE y España– debería estar preocupado. Todavía es posible que un acuerdo de última hora relaje la escalada proteccionista entre los dos colosos. Sin embargo, como parece que el objetivo del presidente Trump es tanto mostrar que se está poniendo duro con China ante su electorado (para que su partido tenga un buen resultado en las elecciones de noviembre y él pueda revalidar su mandato en 2020) como frenar el ascenso económico y tecnológico de China, es poco probable que vaya a dar marcha atrás. Esto supone que, a principios de julio, entrarán en vigor aranceles del 25% para 818 productos cuidadosamente seleccionados que China exporta a EEUU por valor de 250.000 millones de dólares anuales (cinco veces más de lo previsto inicialmente). China, por su parte, que quiere dejar claro que no se dejará intimidar por Trump, responderá de forma equivalente, pero como el año pasado importó bienes de EEUU por valor de unos 130.000 millones de dólares, podría recurrir a aranceles más altos o a otro tipo de prácticas proteccionistas (como la depreciación de su moneda o las barreras no arancelarias) para que su respuesta alcance el equivalente a los 250.000 millones de dólares anuales anunciados. Cuando estas medidas se concreten, habremos entrado de lleno en el peligroso juego de las represalias comerciales, y los conflictos que hasta ahora estaban sobre la mesa (aranceles sobre paneles solares, lavadoras, acero y aluminio –y sus correspondientes represalias anunciadas por la UE –, además de la renegociación del NAFTA y la parálisis de la Organización Mundial del Comercio) parecerán un juego de niños.

“En un mundo de cadenas de producción globales es completamente ilusorio pretender aislar a un país del comercio internacional como pretende hacer EEUU”

Aunque el impacto económico de una guerra comercial suele ser lento y tarda en llegar a la economía real, las bolsas, que suelen servir bien como indicadores adelantados, se lo han tomado mal. No es para menos. El proteccionismo reduce gradualmente el potencial de crecimiento económico, carcomiendo la eficiencia en la asignación de recursos a nivel mundial, aumentando los precios de muchos productos y destruyendo empleo en términos netos. Al mismo tiempo, desde el punto de vista geopolítico, mina la confianza entre países –como se vio de manera gráfica en la última cumbre del G-7 en Canadá– y obliga a sus líderes a contraatacar ante las amenazas del otro para no quedar como blandos. Por último, en un mundo de cadenas de producción globales es completamente ilusorio pretender aislar a un país del comercio internacional como pretende hacer EEUU. Por ello, el impacto económico adverso para los propios norteamericanos será importante, aunque con la economía en pleno empleo y creciendo con fuerza, esto no se notará demasiado a corto plazo (y eso Trump lo sabe).

El impacto en Europa

Aunque EEUU no haya utilizado Europa para librar su batalla comercial más importante, para la UE la escalada proteccionista global es muy peligrosa. Por una parte, los países europeos también están inmersos en una dinámica de represalias comerciales a cuenta de los aranceles sobre el acero y el aluminio, que es de mucho menor tamaño que el conflicto con China (2.800 millones de euros según el último anuncio de la Comisión Europea) pero no por ello desdeñable. Además, parece que EEUU anunciará aranceles sobre las importaciones de automóviles en breve, lo que sí que sería muy dañino para la industria europea, en especial para Alemania. Y en España ya se están sufriendo las medidas proteccionistas estadounidenses sobre las aceitunas negras, y estas medidas podrían extenderse a otros productos agrícolas en el futuro si el Departamento de Comercio estadounidense cuestiona todo el sistema de la Política Agrícola Común (PAC) europeo por interpretar que se trata de subsidios que violan las reglas del comercio internacional (algo insólito habida cuenta que la PAC lleva en vigor desde 1957).

“EEUU ha optado por plantear la guerra (comercial) por su cuenta, considerando a los países europeos como rivales comerciales en vez de como socios estratégicos”

Pero lo más preocupante para la UE es que, con sus acciones más recientes, Trump ha dejado claro que no le importa destruir el orden liberal internacional que EEUU creó y lideró desde la Segunda Guerra Mundial y que tanto ha beneficiado a la UE, y también a muchas otras potencias, incluido EEUU mismo. Además, y esto resulta especialmente doloroso para los europeos, pues en vez de liderar una coalición para intentar modificar algunas de las prácticas económicas chinas más distorsionantes (como las subvenciones a las empresas públicas o la violación de los derechos de propiedad intelectual, que también preocupan a la UE), EEUU ha optado por plantear la guerra (comercial) por su cuenta, considerando a los países europeos como rivales comerciales en vez de como socios estratégicos (el hecho de que la UE no fuera advertida de antemano de los aranceles que EEUU iba a imponer sobre su acero y aluminio, y que no aceptara otorgar una exención a la Unión, son buena prueba de ello). Por último, parece que nadie dentro de EEUU está dispuesto a plantarle cara al presidente. En este sentido, llama la atención que la mayoría de los líderes del Partido Republicano parecen muy cómodos con las políticas comerciales del presidente, lo que sugiere que el alma proteccionista del partido, que ha estado adormecida durante las últimas décadas pero que fue muy fuerte durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX, podría estar resucitando.

Aunque las relaciones económicas internacionales de los últimos 50 años no hayan sido ni tan ordenadas, ni tan liberales ni tan globales como la expresión “orden liberal internacional” parece sugerir, en el futuro parece que serán más caóticas y menos liberales. Como ya sucediera en el período de entreguerras, bien pudiera ser que las decisiones de política comercial se guiaran menos por la lógica de la racionalidad y la eficiencia económica (en la que existe la posibilidad de buscar ganancias mutuas) y más como otra herramienta de la política exterior de las principales potencias, que busca aumentar el poder político en el tablero internacional dejando el bienestar económico de la ciudadanía en un segundo plano. Y en un mundo iliberal y en el que impere la ley del más fuerte, la China de Xi Jinping, los EEUU de Trump, la Rusia de Putin y la Turquía de Erdogan –todas ellas potencias con hombres fuertes e instituciones debilitadas– se encontrarán cómodas, mientras que la UE se encontrará especialmente incómoda.

Existe una ventana de oportunidad para que la UE pueda convertirse en líder de este maltrecho orden liberal multilateral basado en reglas, para el que podría contar con el apoyo de países como Canadá, Japón , Australia o los países de América Latina. Incluso es posible que China , que todavía no está en posición de dar la batalla por la hegemonía global a EEUU, pudiera optar por alinearse con la UE de forma táctica durante algunos años, arrastrando así a otras potencias emergentes asiáticas. Pero para conseguirlo, la UE necesitaría tener una mayor visión estratégica, estar dispuesta a exigir a China que abra sus mercados a cambio de alinearse algo más con sus posiciones en su enfrentamiento con EEUU y asumir que seguramente esta batalla se jugará fuera del marco de la Organización Mundial del Comercio, que es el marco natural de movimientos de la Unión. En todo caso, nada puede asegurar ni que la UE vaya a tener éxito en este empeño ni que la economía mundial pueda seguir operando de forma más o menos exitosa con un EEUU introspectivo y cada vez más aislacionista y combativo. En todo caso, para dar esta batalla, la UE necesita fortaleza y cohesión interna. Así que los deberes para afrontar la guerra comercial global empiezan en casa.

Federico Steinberg
Investigador principal del Real Instituto Elcano y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid
| @Steinbergf

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