Documentos de Trabajo (DT) - Real Instituto Elcano Feeds Elcano Copyright (c), 2002-2018 Fundación Real Instituto Elcano Lotus Web Content Management <![CDATA[ El rompecabezas de la desigualdad social en Cuba de 1980 a 2010 ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/dt5-2021-fuente-bailey-el-rompecabezas-de-la-desigualdad-social-en-cuba-de-1980-a-2010 2021-04-09T10:54:47Z

En la Cuba de hoy existen dos perspectivas claramente diferenciadas sobre el racismo y la desigualdad racial. Este análisis permite destacar las formas en que distintos datos pueden mostrar un panorama completamente diferente sobre la desigualdad racial en un contexto dado.

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Resumen

En la Cuba de hoy existen dos perspectivas claramente diferenciadas sobre el racismo y la desigualdad racial. Por un lado, los funcionarios del gobierno argumentan que Cuba es un país racialmente igualitario y que, si bien aún subsisten vestigios de un racismo histórico, no hay discriminación sistemática. Por el otro, actores y organizaciones de movimientos sociales denuncian que el racismo y la discriminación son sistémicos y afectan a vastos sectores de la población afrocubana. Para llevar estas dos perspectivas al terreno del diálogo académico, nuestra estrategia de análisis ha sido examinar comparativamente ambas narrativas, así como las bases empíricas en las cuales se apoyan. Utilizando por primera vez de forma sistemática los datos arrojados por los censos cubanos de 1981, 2002 y 2012, así como diversas fuentes no censales, tanto cuantitativas como cualitativas, analizamos cómo ha evolucionado la desigualdad racial en Cuba en las últimas décadas. Nuestro análisis de los datos censales sugiere que la estratificación racial tiene poco impacto en áreas como la educación, la salud, algunas ocupaciones y las posiciones de liderazgo. Sin embargo, hemos hallado que un sector privado llamativamente racializado y en expansión está generando profundas brechas en los ingresos según el color de la piel, más allá del alcance de los datos censales oficiales. Nuestro análisis permite destacar las formas en que distintos datos pueden mostrar un panorama completamente diferente sobre la desigualdad racial en un contexto dado. Más aún, también ponemos de relieve que pueden registrarse contradicciones significativas en las experiencias de vida de las personas en relación con el racismo y la desigualdad racial dentro del contexto de un mismo país.

Índice

Resumen – 2
(1) Introducción – 3
(2) Raza y revolución en Cuba – 5
(3) Desigualdad racial: los datos censales – 7
(4) El censo de 1981 – 9
(5) Los censos de 2002 y 2012 – 12
(6) Desigualdad racial: más allá de las estadísticas oficiales – 19
(7) Conclusiones – 24
Referencias – 27

(1) Introducción

Fue una sorpresa, incluso para quienes seguimos los acontecimientos culturales y políticos de Cuba: el 20 de noviembre de 2019, el Consejo de Ministros aprobó un “Programa nacional” contra el racismo y la discriminación racial. De acuerdo con el comunicado de prensa oficial, el objetivo del programa es “combatir y eliminar definitivamente los vestigios de racismo, prejuicios raciales y discriminación racial que subsisten en Cuba” (Díaz-Canel, 2019). Para implementar este programa, las autoridades prometieron crear una comisión gubernamental encabezada por el presidente de la República. El programa llama la atención porque las autoridades del gobierno han sido, en general, reacias a aceptar públicamente que el racismo o la discriminación constituyen un problema social en Cuba. Por ejemplo, un funcionario de alto rango, Rodolfo Reyes Rodríguez, al presentar un informe ante el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD, por sus siglas en inglés) de las Naciones Unidas, declaró que “en Cuba no hay discriminación racial institucionalizada ni estructural”. El funcionario atribuyó su conclusión a la “naturaleza mestiza” del pueblo cubano y al hecho de que el principio de igualdad está incorporado en todo el ordenamiento jurídico del país y en las políticas sociales de la revolución (Reyes Rodríguez, 2018; véase también Castro, 2003).

Las autoridades gubernamentales reconocen algunos de los efectos adversos del racismo en la vida y las oportunidades de las personas en la Cuba actual. Sin embargo, el discurso oficial suele restringir el alcance de esos efectos al terreno de lo que califica como “vestigios”, a errores aislados y a actitudes ancladas en un pasado muy lejano. Tal como lo ha expresado el mismo funcionario, “[a] pesar de que el país erradicó la discriminación racial institucionalizada y estructural… subsisten prejuicios raciales en la conducta y expresiones de algunas personas” (Reyes Rodríguez, 2018). Más aún, se ha postulado que el conflicto racial es una noción importada, una fabricación norteamericana que “pretende dividir a la sociedad cubana, trasladando a ella –o magnificando– conflictos inexistentes aquí, como lo relacionado con el tema racial” (Allard et al., 2011). Estos discursos tienen implicaciones inequívocas. Suponen que el racismo es algo arcaico, que es incompatible con la actual organización de la sociedad cubana y no puede ser producto de ella. Es más, dan a entender que esos “vestigios” o remanentes históricos pueden ser superados mediante unas pocas acciones por parte del Estado –como ahora sugiere el Programa nacional– dirigidas a erradicar los prejuicios y actitudes de este tipo en algunos individuos, en vez de apuntar a estructuras e instituciones enraizadas en la supremacía blanca.

Activistas, intelectuales y organizaciones afrocubanas rechazan estas caracterizaciones y hacen una evaluación radicalmente opuesta acerca del prejuicio, la discriminación y la desigualdad raciales en la Cuba contemporánea. De acuerdo con su posición, el racismo sigue vigente en una dimensión institucional importante de la vida cotidiana de Cuba, y señalan que numerosas evidencias respaldan su punto de vista. Por ejemplo, afirman que “[a]mplios sectores de la población afrocubana viven en una situación de marginalidad, como consecuencia de la estructura racializada de la sociedad y la economía” (Comité Ciudadanos por la Integración Racial –CIR–, 2018). Algunos destacados activistas describieron el informe oficial presentado ante el CERD como “lamentable” y “vergonzoso”. La Cofradía de la Negritud (CONEG), una de las organizaciones afrocubanas más antiguas de Cuba, preguntó en una carta abierta al presidente: “Si no hay discriminación y desigualdades raciales estructurales, cuyo enfrentamiento adecuado precisa de la elaboración de políticas del Estado, ¿para qué el presidente tiene que dar atención expresa a esta cuestión?” (CONEG, 2019; véase también Morales, 2018).

Aquí radica un dilema fundamental. Las organizaciones antirracistas alegan que los afrocubanos están en una posición de desventaja respecto de muchos factores socioeconómicos asociados a la movilidad ascendente, pero esta crítica no resulta congruente con los datos censales que respaldan la narrativa oficial sobre igualitarismo. Un censo nacional es una fuente de datos diseñada en el mundo entero para captar de manera única procesos nacionales, configurar políticas públicas y tener un cuadro oficial de la situación del país (Loveman, 2014). De hecho, la oficina de estadísticas oficiales de Cuba emitió un informe sobre desigualdad racial en el censo de 2012 en el que declaraba a modo de conclusión: “Con independencia que puedan presentarse vestigios de racismo y discriminación racial, los resultados generales del Censo no muestran diferenciales entre los grupos de personas según su color de piel que puedan ratificar de forma concreta que efectivamente esta problemática está presente cuantitativamente de forma crítica en la sociedad cubana actual” (Oficina Nacional de Estadísticas e Información –ONEI–, 2016, p. 62). Los actores y organizaciones de movimientos sociales, en cambio, denuncian una creciente desigualdad en sectores clave de la economía, en el mercado de trabajo y en los patrones habitacionales. Frente a los informes oficiales y los datos censales, plantean la urgente necesidad de pensar en aquellos “que padecen la desigualdad y la pobreza más allá de las estadísticas [oficiales]” (Abreu, 2019a).

¿Cómo evaluar estas visiones tan dispares sobre racismo y desigualdad en la Cuba contemporánea? Para abordar este dilema decidimos analizar distintas ventanas que nos abrían el censo y otras fuentes no censales de información sobre el tema de la desigualdad racial durante el período comprendido entre las décadas de 1980 y 2010. En cuanto al primer recurso, aprovechamos por primera vez un análisis original basado en los datos del censo de 2002 (IPUMS, 2002), la única muestra censal cubana que se encuentra a disposición de los investigadores. Asimismo, reconstruimos estimaciones clave sobre estratificación racial a partir de tablas de datos crudos y del análisis de los censos de 1981 y 2012 (INSIE, 1985; ONEI, 2016). Esta estrategia de investigación nos ha permitido trazar una comparación entre los indicadores de 1981 y 2012 y nuestros cálculos de 2002 para generar una perspectiva longitudinal sobre la estratificación racial en Cuba. Nuestro trabajo es el primero en medir de qué manera la desigualdad racial ha evolucionado en Cuba a lo largo de las últimas cuatro décadas, usando para ello estos tres puntos de datos censales. En cuanto a las fuentes de información por fuera de los censos, escuchamos las reclamaciones de los movimientos sociales y revisamos otras fuentes y análisis para abordar procesos de estratificación social por color de la piel que pueden no ser fácilmente medibles a través de los datos censales. Estas fuentes incluyen resultados de investigación publicados y otras fuentes no censales de información, tanto cuantitativa como cualitativa. También destacamos las voces y denuncias de activistas y organizaciones anitrracistas que, desde hace tiempo, constituyen fuentes importantes para las investigaciones académicas.

Por lo tanto, recurrimos a los datos censales, pero también miramos “más allá” de ellos, como solicita Abreu (2019a). En general, nuestras conclusiones, basadas en los censos respaldan muchos de los principios igualitarios que dominan el discurso oficial. Sin embargo, los hallazgos que presentamos basados en otros datos respaldan indiscutiblemente un discurso alternativo: existen estructuras sociales y económicas que generan y profundizan cada vez más las desigualdades raciales en la Cuba de hoy. La incorporación estratégica de otras fuentes de datos que contrastan y contradicen los datos aportados por los censos es una contribución específica de nuestro trabajo de investigación. Este enfoque nos permite intervenir en debates académicos sobre el complejo impacto de la Revolución cubana de 1959 sobre la estratificación racial. Específicamente, nuestro enfoque nos permite avanzar más allá de análisis anteriores, que se basaban primordialmente en el censo de 1981 para medir dicho impacto (Fuente, 2001). En términos más amplios, nuestro análisis destaca cómo distintos datos pueden mostrar un panorama completamente diferente acerca de la desigualdad racial en un contexto dado, la necesidad de incluirlos en el análisis académico y la manera de hacerlo. Algunos de estos indicadores ilustran lo que el sociólogo Edward Telles (2004) ha descrito como las dimensiones horizontal y vertical de las relaciones raciales. También ponemos de relieve que pueden registrarse contradicciones significativas en las experiencias de vida de las personas en relación con el racismo y la desigualdad racial dentro del contexto de un mismo país, que van desde aquellas que reflejan éxitos loables, a las que ponen al descubierto fracasos insostenibles.

Alejandro de la Fuente
Afro-Latin American Research Institute, Harvard University.

Stanley R. Bailey
Departamento de Sociología, University of California, Irvine.

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<![CDATA[ Elementos de discusión para una reforma de la gobernanza de la Unión Económica y Monetaria ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/dt4-2021-martinezmongay-feas-otero-steinberg-elementos-discusion-para-reforma-de-gobernanza-de-union-economica-y-monetaria 2021-03-26T11:40:49Z

El presente documento plantea una serie de cuestiones para el debate sobre la reforma de la UEM, incluyendo la Unión Bancaria, la Unión de los Mercados de Capitales, el Semestre Europeo y la Unión Política.

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Resumen

La adopción del Next Generation EU (NGEU) podría representar un cambio sustancial en el proceso de integración europea, y en especial en la reforma de la Unión Económica y Monetaria (UEM), incluyendo las uniones financiera, fiscal y política. El NGEU forma parte de la respuesta de la UE al COVID-19, un shock no económico y global, cuyos efectos económicos son asimétricos. Mientras que algunos Estados miembros, como Alemania, podrían recuperar los niveles de actividad pre-COVID en 2021, otros no lo harían hasta entrado 2023. En algunos países, los niveles de deuda pública han llegado a máximos históricos, los déficit se han situado muy por encima del 3% del PIB y las cuentas públicas están estructuralmente muy desequilibradas. En estas condiciones, el cumplimiento estricto de las obligaciones impuestas por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC) llevaría a una contracción económica profunda y prolongada en la Unión. No es de extrañar, pues, que el debate en la UE se centre especialmente en la reforma de las reglas fiscales. Sin embargo, los diferentes elementos de la gobernanza de la UEM están íntimamente relacionados y toda propuesta de reforma parcial debería enmarcarse en un proyecto global de reforma de la UEM. El presente documento plantea una serie de cuestiones para el debate sobre la reforma de la UEM, incluyendo la Unión Bancaria, la Unión de los Mercados de Capitales, el Semestre Europeo y la Unión Política. El objetivo es estimular la reflexión de expertos españoles a fin de preparar propuestas consensuadas para la reforma de la gobernanza económica de la Unión, en especial el PEC.

Índice

Resumen – 3
Elementos de discusión para una reforma de la gobernanza de la Unión Económica y Monetaria – 3
1.Un shock global, pero asimétrico – 4
2. La reacción de la UE y el Next Generation EU – 5
3. Cómo profundizar en la Unión Económica y Monetaria – 8
3.1. Profundizar en el mercado único – 9
3.2. Completar la Unión Bancaria y la Unión de Mercados de Capitales – 10
3.3. Unión Fiscal: reglas versus autoridad –11
3.4. Las reglas fiscales y sus propuestas de reforma –12
a. Estándares fiscales –14
b. Indicadores observables –15
c. Gasto estructural primario –15
d. La regla de oro –16
e. La regla de deuda –16
f. División de funciones –17
g. Revisión de utilidad de las reglas fiscales – 17
3.5. La creación de una Capacidad Fiscal Central – 18
3.6. La función del MEDE – 20
3.7. El Semestre Europeo –21
3.8. Marco institucional: el Eurogrupo –22
4. Avanzar en la Unión Política –23

Elementos de discusión para una reforma de la gobernanza de la Unión Económica y Monetaria.

Las medidas económicas –fiscales, monetarias y regulatorias– adoptadas en la UE para mitigar los efectos del COVID-19 podrían representar un cambio de momento, cuando no de paradigma, en el proceso de integración europea.

El presente documento de trabajo pretende plantear una serie de cuestiones para orientar la reflexión de un grupo de expertos españoles a fin de preparar propuestas consensuadas para el diseño de la gobernanza económica de la Unión Económica y Monetaria (UEM) post-COVID-19. Los elementos que se consideran en este trabajo para identificar una serie muy abierta de temas para el debate se enmarcan, por un lado, en la naturaleza de esta crisis y en cómo interactúa con aspectos estructurales de las economías de los Estados miembros y, por otro, en la respuesta económica, política e institucional de la Unión, en particular, pero no sólo, el llamado Next Generation EU (NGEU). El tipo de propuestas que podrían hacerse depende de forma fundamental de hasta qué punto esta respuesta representa un cambio profundo en el consenso sobre el futuro de la Unión (el así llamado “momento Hamiltoniano”), que podría llevar a un salto cualitativo en el proceso de integración europea –una transformación significativa de la arquitectura institucional de la Unión–, o tan sólo representa un cambio puntual en el momento político de la UE, que permitiría al menos salvar algunos de los escollos existentes para un mejor funcionamiento de la arquitectura actual pero que se plasmará en pequeños cambios graduales hacia una mayor y mejor integración.

Carlos Martínez Mongay
Economista

Con la colaboración de:

Enrique Feás
Investigador principal del Real Instituto Elcano
| @EnriqueFeas

Miguel Otero Iglesias
Investigador principal del Real Instituto Elcano |
@miotei

Federico Steinberg
Investigador principal del Real Instituto Elcano |
@Steinbergf

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<![CDATA[ España en el mundo en 2021: perspectivas y desafíos ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/policy-paper-espana-en-mundo-2021-perspectivas-desafios 2021-02-25T12:20:50Z

Novena edición del trabajo colectivo que elabora anualmente el Real Instituto Elcano para analizar la posición internacional de España durante 202, cuya coyuntura viene lógicamente marcada por la pandemia del COVID-19, y hacer balance de lo ocurrido durante el anterior.

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Ver también:

Resumen

Ésta es la novena edición del trabajo que elabora el equipo de investigadores del Real Instituto Elcano para analizar los principales rasgos del escenario internacional en el nuevo año y los desafíos a los que debe enfrentarse España durante 2021. La coyuntura viene lógicamente marcada por la pandemia y el análisis se centra en cómo su impacto afectará en los próximos meses a la posición internacional del país, a la Unión Europea (UE) y al resto del mundo. El documento arranca con un panorama general de la política exterior española donde destaca el propósito del Gobierno de impulsar, en un contexto de crisis sanitaria y económica y de fuerte polarización política interna, una nueva Estrategia de Acción Exterior. En esta primera sección también se analizan las cuestiones relativas a la presencia global de España, la gestión de la imagen del país y la diplomacia cultural.

A continuación, se examinan los efectos sobre España de las perspectivas económicas mundiales en sus distintas facetas (estímulos fiscales, estabilidad financiera, comercio, energía, demografía y dinámicas migratorias) y las principales amenazas a la seguridad. Esa dimensión está marcada por la rivalidad geopolítica dominante entre Estados Unidos (EEUU) y China, que entra en una nueva etapa por la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca, e incluye el tratamiento de las cuestiones de defensa y del terrorismo yihadista. La tercera sección analiza el papel de España en los asuntos globales y en los foros de gobernanza multilateral, donde este año adquiere singular importancia la gestión de la salud pública y la transformación tecnológica, mientras la Agenda 2030 sirve de marco para articular los contenidos relativos a la cooperación al desarrollo, la acción climática, la promoción de los derechos humanos y la igualdad de género. En cuarto lugar, se examina el momento actual de la UE y sus esfuerzos para dar respuesta a la crisis junto a otros asuntos como la Conferencia sobre el futuro de Europa, la nueva relación con el Reino Unido o la rivalidad con Rusia. El documento realiza finalmente un repaso a los desafíos de la acción exterior española en los diferentes espacios regionales: EEUU, América Latina, Magreb y Oriente Medio, África Subsahariana y Asia–Pacífico, para cerrar con unas conclusiones.

Contenidos

Presentación: ¿qué podemos esperar de 2021?

  1. La acción exterior entre la pandemia y la renovación estratégica
  2. Perspectivas económicas y de seguridad
  3. España y los desafíos globales
  4. España y los desafíos europeos
  5. España y los desafíos regionales

Conclusiones

Presentación: ¿qué podemos esperar de 2021?

Por noveno año consecutivo, el Real Instituto Elcano publica un documento que examina las perspectivas y desafíos internacionales del nuevo año desde un enfoque español. Aunque estas palabras de presentación siempre han tenido un contenido institucional dominante, me ha gustado añadir también una breve reflexión de fondo sobre el año y de ahí la apostilla “¿qué podemos esperar?” que invariablemente he introducido en estas casi 10 ediciones de la serie. La cuestión es que, en 2021, más que esperar, desesperamos, y lo que hacemos es ansiar que termine la espera. Pocos sentimientos más nítidos y compartidos literalmente por todo el mundo que ese anhelo de recuperar cuanto antes la situación de relativa normalidad que la pandemia nos ha arrebatado. De volver, simplemente, a la situación de hace justo un año.

No obstante, y para demostrar que las sensaciones de desazón son siempre relativas, recuerdo que antes incluso de que el coronavirus fuese una noticia secundaria que los corresponsales de prensa en China mencionaban en la sección de internacional de periódicos o telediarios, ya pensábamos que vivíamos malos tiempos. En mi felicitación navideña que precedió al malhadado 2020, decía que todo a nuestro alrededor parecía desmoronarse. Quién podía pensar que las dos grandes democracias del mundo, el Reino Unido y EEUU, a las que he admirado siempre, estarían en la deplorable situación del Brexit o de una presidencia de Trump que parecía no tener fin. Que Francia ardía casi cada semana, que Italia no sabíamos por dónde caminaba, que América Latina se arrastraba desde el Rio Grande a la Patagonia entre revueltas populares y Estados fallidos, o casi. Y que aquí en casa, cuando creíamos por fin haber normalizado España (otro país europeo más, una democracia aburrida, como debe ser), resulta que sí, que éramos otro país europeo más, pero con todos sus problemas y pocas de sus soluciones. Europa no es ya la solución de nuestros problemas, como vaticinó Ortega, sino una más de nuestras cuitas.

A veces digo que el futuro no es lo que era, pero, como se ve, resulta que el pasado tampoco. Idealizamos la situación de hace tan solo 365 días, que no era en absoluto envidiable, y tal vez tendemos a exagerar los males presentes, sin reparar quizá en sus lados esperanzadores. Ya he advertido otros años en esta sección sobre esa tendencia a fijarnos solo en los aspectos negativos de la realidad mundial y no apreciar los avances o el simple transcurrir sin graves sobresaltos. Es un efecto del sesgo de los medios de comunicación. Good news is no news, las buenas noticias no venden aunque, como señalaba el viejo Hegel, los períodos felices de la humanidad carecen de historia, en ellos no pasa gran cosa. Justo al contrario de lo que ahora nos ocurre, anegados de noticias, usualmente no buenas. Una pequeña anécdota personal: cuando me llegan las noticias sobre España de la prensa extranjera, que elabora a diario el Real Instituto Elcano, casi las valoro al peso. Mucho peso, mucho papel, mala cosa.

Por supuesto que, para todas aquellas tragedias que ha supuesto la enfermedad, ese mal de muchos no es consuelo, y resulta casi frívolo querer sugerir tal cosa. No lo estoy haciendo. Sin duda, el COVID–19 quedará en nuestra memoria para siempre como un azote que nos arrebató muchas vidas, generó mucho dolor (todavía por estallar), agotó a sanitarios y servidores públicos, arruinó negocios, dificultó la educación e impidió a todos disfrutar de muchos abrazos. Pero sí quiero decir que, como analistas, siempre hay que sobreponerse a esa tentación (tan alimentada por las redes sociales) de explotar el miedo.

Ahora tenemos perspectiva para valorar que, sin perjuicio de los graves problemas que existían, tampoco estábamos tan terriblemente mal hace un año. Y estoy seguro de que pronto valoraremos también las luces que se encendieron mientras padecíamos la sombra generalizada de muertes, urgencias hospitalarias abarrotadas y confinamiento. Podemos fijarnos en la enorme vulnerabilidad que 2020 nos ha mostrado, pero también en el hecho de que la humanidad entera haya tomado conciencia de que se enfrentaba a una misma experiencia y que debía responder unida (algo que ni siquiera puede predicarse del otro gran desafío global que es el cambio climático). Y, entre otras alegrías que matizan la calamidad, hemos asistido al espectacular desarrollo tecnocientífico de la vacuna, celebrado el paso adelante en la integración europea y el final del Brexit y, sobre todo, respirado aliviados por el relevo en la Casa Blanca. Aquí en casa, aunque no puedo evitar la preocupación por un panorama tan polarizado y esa duradera tormenta perfecta de crisis económica, política y territorial, la calidad del sistema democrático inaugurado en 1978 encaja golpes, fuertes, pero resiste, pese a quien pese. Y nuestra política exterior, aunque también sufre por un contexto doméstico muy delicado, no se desvía de los parámetros estratégicos euroatlánticos.

Pues bien, nuestra voluntad con esta publicación es, una vez más, hacer esa mirada ponderada. Advertir peligros y debilidades. Pero también apuntar avances y fortalezas. Y, al mismo tiempo que se hace un repaso a los grandes temas del contexto internacional y europeo en el momento actual o que se explora cierta prospectiva sobre cómo evolucionará la agenda en el horizonte inmediato, introducir una mirada específicamente española. Dónde se coloca nuestro país en cada uno de los ejes temáticos y geográficos que examinamos; y qué es lo que podría hacerse para defender mejor, a corto, pero también a medio–largo plazo, nuestros intereses y valores. El equipo completo de investigadores, desde el campo de especialización de cada uno, bajo la coordinación de Ignacio Molina, pero conformando un producto coral, analiza todo eso de modo simultáneo y con el máximo rigor posible.

Un enfoque riguroso que es ya marca del Real Instituto Elcano y que no deja de proporcionar satisfacciones, incluso en un año tan complicado donde la mayor parte de nuestras actividades tuvieron que realizarse de modo virtual, sin que, por cierto, eso impidiese la visita presencial de SSMM los Reyes a final de mayo a la sede del Instituto, justo cuando acababa el estado de alarma, para analizar con expertos internacionales la situación de la pandemia en el mundo. Ahora que se van a cumplir 20 años desde nuestra fundación, es imposible no agradecer ese apoyo activo de quien durante todo este tiempo ha sido y es nuestro presidente de honor, primero como Príncipe de Asturias y luego como Rey Felipe VI. Un apoyo que tratamos de corresponder trabajando a favor de los intereses y valores de España en el mundo. Reflexionando con rigor e independencia intelectuales sobre los cambios que se están produciendo en el orden internacional, en el proceso de integración europea y en el papel que nuestro país puede y debe desempeñar en ambos.

El teletrabajo ha potenciado nuestra productividad con numerosas publicaciones y un sinfín de actos virtuales. La audiencia de nuestra producción ha aumentado significativamente. Las visitas a la web se han incrementado hasta superar los dos millones en 2020. Y las menciones en medios de comunicación se han casi duplicado hasta llegar a más de 4.000, destacando especialmente la presencia en medios de comunicación internacionales (casi la mitad de las totales). Además, 2020 nos ha traído la gran satisfacción de saber que el Real Instituto Elcano ha ascendido, al menos en lo que se refiere a reputación entre sus pares, al segundo puesto de think-tanks de Europa Occidental y al 11º del mundo de los dedicados a Política Exterior y Relaciones Internacionales, según el 2020 Global Go To Think Tanks Index (GGTTI) que elabora cada año la Universidad de Pensilvania. Un reconocimiento que debe servir como acicate e incentivo. No es verdad, y lo sabemos: no somos mejores que Chatham House o la alemana SWP, pero quizá podemos hacer que este vaticinio acabe siendo una profecía autocumplida.

Pero no nos paramos en los éxitos logrados. De cara a 2021, nuestro Plan de Actuación es más nutrido que nunca y está lógicamente marcado por el COVID–19 y el análisis de cómo afectará al devenir de nuestro país, de la UE y del resto del mundo. Abordaremos de manera prioritaria y transversal los esfuerzos que se deberán realizar desde España para aprovechar los recursos e iniciativas impulsados desde el ámbito europeo en respuesta a la crisis, y que ofrecen una oportunidad única para acelerar (y reorientar, al menos en algunos ámbitos) la imprescindible modernización económica, social e institucional de nuestro país. Este reto otorga mayor sentido, si cabe, al trabajo que ya veníamos impulsando sobre el ecosistema de influencia de España en la UE desde nuestra Oficina de Bruselas, que nos está permitiendo comprender mejor cómo se pueden moldear algunas de las grandes políticas europeas, como son las tecnológicas e industriales, o las centradas en la energía y el cambio climático, sin olvidar las que han adquirido un renovado protagonismo a raíz de la crisis, como las dedicadas a la dimensión social del proyecto europeo, las migraciones, la sanidad o la cooperación al desarrollo.

Por otro lado, seguiremos estudiando el papel que la UE puede desempeñar en el escenario internacional. La pandemia ha recrudecido la rivalidad entre EEUU y China, por lo que resulta obligado analizar el posicionamiento de la UE ante dicho fenómeno, sobre todo a la luz de la llegada de Joe Biden a la presidencia estadounidense que permite pensar en una relación transatlántica más equilibrada. A su vez, ello podría influir en el debate actualmente en curso sobre el futuro de la OTAN, al que también prestaremos atención. Y a las consecuencias de la rivalidad geopolítica entre Washington y Pekín para la relación de la Unión y sus Estados miembros con las distintas regiones relevantes para España, como América Latina, el Magreb, Asia–Pacífico y África Subsahariana (españoles por favor, volvamos a mirar al sur de una vez). A nivel global, la pandemia parece también haber acelerado algunas de las grandes tendencias que ya veníamos examinando, como la digitalización, la desinformación, el proteccionismo, las debilidades de la gobernanza multilateral y la dualización de nuestras sociedades (globalizados versus territorializados) generando mayor desigualdad e incluso pobreza absoluta.

Por supuesto, la crisis sanitaria, económica y geopolítica derivada del virus no puede hacernos perder de vista otras temáticas importantes no directamente relacionadas, como el terrorismo yihadista, la agresividad de Rusia o el Brexit. Por último, cabe mencionar que inauguraremos una nueva línea de trabajo sobre el papel de las ciudades globales, como Madrid o Barcelona, en el orden internacional, aprovechando la reciente incorporación del Ayuntamiento de Madrid a nuestro Patronato. Seguimos cansinamente pensando el mundo como un orden de Estados (eso nos dicen las estadísticas), como si fueran mónadas auto–subsistentes, cuando la globalización muestra que la estructura profunda del mundo –el verdadero deep state– es un orden de flujos societarios entre grandes (ya inmensas y crecientes) áreas metropolitanas. El mundo futuro, al menos su infraestructura, puede que sea más de las áreas metropolitanas que de los Estados.

Antes de terminar, no puedo obviar una nota personal porque estas palabras, que son de presentación, también tienen que servir de despedida. Son las últimas en mi calidad de presidente y quiero aprovechar para expresar mi satisfacción y gratitud a toda la comunidad que conforma el Real Instituto Elcano por estos nueve años. Al Patronato y su Comisión Ejecutiva, a los miembros del Consejo Científico, al vicepresidente y al director, y por supuesto a todo el equipo humano que ha hecho posible tanto logro. Creo poder afirmar que el Instituto está hoy consolidado. En la parte investigadora, lo demuestra la ambición de los proyectos, el impresionante y creciente número de publicaciones, el plantel de brillantes investigadores (que es multidisciplinar y roza la igualdad de género), las numerosas actividades desarrolladas, o los 24 Grupos de Trabajo que funcionan en la actualidad (integrados por un conjunto de 800 especialistas). En la parte institucional, destaca un Manual de Transparencia y Buenas Prácticas cuyos contenidos se respetan, una participación en las más importantes redes internacionales de think-tanks, o una financiación sólida y diversificada (17% de patronos públicos, 66% de privados y un 17% de otras fuentes, incluyendo proyectos competitivos) que nos otorga estabilidad y autonomía. Pero todavía queda mucho margen para la mejora y estoy seguro de que el nuevo presidente, José Juan Ruiz, liderará nuevos progresos. Desde aquí le deseo la mejor de las suertes y mi total colaboración desde el Patronato.

Y les dejo ya con la lectura del trabajo. Verán que en 2021 el protagonismo seguirá siendo de la pandemia o, más rigurosamente, de su impacto. Hace unos meses reflexionaba sobre las consecuencias duraderas que tendrá, no sólo en el ámbito sanitario o económico sino también en el social y político. Y expresaba mi temor de que ahora se impusiera el instinto de buscar refugio en lo conocido, en la tribu, la nación, la religión, las comunidades “naturales”, para intentar blindarse, en paradójica negación de la indiscutible experiencia cosmopolita que se ha vivido. Pues sociedad tras sociedad, y ante el miedo y la incertidumbre hemos buscado refugio envolviéndonos como caracoles asustados en una doble concha institucional: las familias y los hogares, de una parte y, sobre todo, los Estados, que salen enormemente fortalecidos de la pandemia.

En las relaciones internacionales ya hemos asistido a algo de eso y ni siquiera el área Schengen ha resistido el cierre de fronteras. A corto plazo, a pesar del esfuerzo contra la enfermedad que ha compartido toda la humanidad, no ha avanzado el multilateralismo y ni siquiera la globalización, sino que más bien se han reforzado fronteras y Estados. La pandemia primero, y la crisis económica después, están generando una poderosa re–estatalizacion, justo cuando, a consecuencia de la globalización, parecían estar perdiendo protagonismo, y que está siendo aprovechada por los malos para una verdadero “asalto a la democracia”, como ha denunciado Freedom House en su informe La democracia confinada.

No tenemos aún perspectiva para saber si esa tendencia de regreso al pasado, a una Westfalia global, y al particularismo se confirmará. Si a partir de ahora tendremos más populismos, nacionalismos y conflictividad, o si la gobernanza europea y global saldrá vencedora. Sólo tengo la certeza de que España debe recobrar la mirada que la sacó del ensimismamiento y la lanzó a los 40 años mejores de nuestra historia tras la Constitución de 1978. De una parte, mirar afuera, al mundo, a Europa y más allá (al sur), abandonando tentaciones endogámicas y particularistas. Y de otra, mirar más al futuro que al pasado, para abordar los problemas de nuestros hijos y nietos antes de las querellas de los abuelos. Pues, de momento, les dejamos a los jóvenes una terrible herencia de duda pública.

Pero aunque todo puede empeorar indefinidamente, y a veces ocurre, no tiene por qué ser así. Es más, depende de nosotros evitarlo.

Emilio Lamo de Espinosa
Presidente del Real Instituto Elcano
| @EmilioLamo

Conclusiones

Pocos años han suscitado tantas esperanzas como el que empezamos hace unas semanas. 2020 se ha instalado ya en el imaginario colectivo como una cifra maldita y hay ganas de superarlo, aunque es obvio que un pésimo balance anual en absoluto garantiza que el siguiente ejercicio vaya a ser mejor. Los historiadores podemos dar cuenta de muchos casos de expectativas frustradas en el pasado y, por tanto, sabemos bien que los acontecimientos no se detienen ni transforman por el mero hecho de haber cambiado de almanaque en la pared. Cuando acababa 1914 y los europeos pensaban en el año tan desagradable que dejaban atrás, tras la decisión alemana de romper las hostilidades atacando rápidamente a Francia en verano para golpear luego a Rusia, todos imaginaban que la tragedia sería corta (como tantas otras que habían ocurrido en el viejo continente durante el siglo XIX) y deseaban superar cuanto antes el conflicto con no demasiadas muertes y los consabidos reequilibrios diplomáticos. Pero la “guerra de movimientos” fracasó y al arrancar 1915 todavía quedaban casi cuatro años más de pesadilla en las trincheras y de ampliación del número de beligerantes por prácticamente todo el mundo. Es más, como bien sabemos, a la desdicha de la Gran Guerra se le sumó una mortífera pandemia (infaustamente conocida como “Gripe Española”) que duró de marzo de 1918 a abril de 1920, y dejó casi 50 millones de muertes adicionales.

No conviene, pues, pecar de optimistas, aunque tampoco hay que caer en el pesimismo que podría dejar traslucir el párrafo anterior y creer que estamos condenados a un período largo de desgracias como las que vivieron nuestros antepasados hace un siglo. El comienzo de un nuevo año no conlleva ninguna magia sanadora, pero sí es momento oportuno para hacer un balance reposado del anterior, un análisis equilibrado de dónde estamos y una proyección razonada de lo que nos espera a partir de ahora. No sirve para conjurar los males, pero sí permite prepararse para el inmediato futuro, deslizando junto al análisis objetivo de los hechos algunos elementos prescriptivos que permitan mejorar la capacidad de respuesta. Contribuir a ello es el objetivo de este ejercicio. Solo intentarlo, en momentos tan complicados de desazón, ya hace que valga la pena. Un ejercicio de coyuntura y prospectiva sobre la acción exterior de España que venimos desarrollando desde hace casi 10 años con un elevado grado de acierto en las predicciones.

Es verdad que decimos eso con mucha cautela porque los pronósticos son siempre arriesgados y hay que tener la modestia para reconocer que, si la edición del año pasado se hubiese publicado en febrero en vez de en marzo, habríamos sido incapaces de adivinar el extraordinario y terrible impacto del coronavirus en lo que quedaba de año. Baste recordar que en enero de 2020 se aventuraba un año tranquilo, de tregua olímpica y relativa bonanza económica global. Había razones para esperar que las relaciones EEUU-China disfrutasen una distensión temporal, que la nueva legislatura en la UE alcanzase con cierta calma su velocidad de crucero tras resolver el Brexit, y que nuestra diplomacia pudiera aprovechar el tiempo perdido después de un 2019 con el Gobierno en funciones. La realidad fue la contraria: un desplome brutal de la prosperidad mundial, un deterioro generalizado del multilateralismo en la gobernanza de la salud, los intercambios comerciales, los flujos migratorios o la convivencia cultural (incluyendo el simbólico aplazamiento de los Juegos de Tokio), una exacerbación de las tensiones Washington-Pekín, ni un instante de tranquilidad para las instituciones europeas y una acción exterior española sometida de modo súbito a enormes desafíos: fronteras, turismo, acción consular, reputación y la crucial negociación en Bruselas de un plan de recuperación.

No obstante, me alegra constatar que, una vez que el COVID–19 apareció en nuestras vidas, el equipo Elcano fue capaz de apuntar muy rápidamente a unos escenarios que requieren poca enmienda once meses después. Y todavía es más grato recalcar que los escenarios que entonces dibujábamos no sucumbían al catastrofismo y señalaban algunos desarrollos positivos que podría traer la pandemia y que se han confirmado. Merece citarse la previsión de que la enfermedad podría ayudar a tomar más conciencia de nuestra fragilidad y facilitar consensos en la acción climática y otros aspectos de la Agenda 2030, incluyendo por supuesto los necesarios esfuerzos sanitarios compartidos. También se auguraba un paso adelante en el proceso de integración que se ha producido tanto ad intra, con esa apuesta ambiciosa por el fondo Next Generation EU, como externamente, tomando por fin en serio el debate sobre la autonomía estratégica en el terreno tecnológico, industrial y de la seguridad. Y en esta misma sección de conclusiones se acariciaba la derrota electoral de Donald Trump evocando a un posible nuevo presidente que volviera a querer proyectar a EEUU como a city upon a Hill, y a ser respetado por sus aliados como antaño.

Este es un producto coral que, sobre todo, pretende asociar los acontecimientos europeos y mundiales con la posición de España. Con la doble necesidad de conectar mejor lo externo con los desarrollos domésticos y de proyectar más nuestro país hacia fuera. Como dijimos hace un año, la urgencia de derrotar la pandemia no debe hacer perder de vista que nuestro país también tiene la obligación de comparecer en los debates y procesos de decisión sobre la globalización, la UE y las demás regiones que nos importan, empezando por América Latina y el norte de África. Y que hace falta abordar con rigor la necesidad de mejorar la capacidad española para moldear las relaciones internacionales y el futuro de Europa de acuerdo con nuestros intereses nacionales y los valores mayoritariamente compartidos. En ese sentido, es satisfactorio observar que, pese a las terribles exigencias del corto plazo, el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación acaba de renovar la programación estratégica de la acción exterior.

Desde su autonomía intelectual, el Real Instituto Elcano procura contribuir a hacer posible una España más internacionalizada y un mundo más español. Cumplimos ahora 20 años en ese empeño, que además coinciden, como recordaba hace poco nuestro presidente de honor, SM el Rey, en su reciente recepción al Cuerpo Diplomático acreditado en España, con el quinto centenario de la gesta de Juan Sebastián Elcano surcando los océanos de los cinco continentes. Números redondos para las efemérides que, ya que no está el contexto para celebraciones festivas, sí deben al menos servir para conmemorar que la trayectoria navegando por el mundo ya es larga. En el caso del Instituto, este año no puedo evitar una mención al presidente saliente, Emilio Lamo de Espinosa, que contribuyó a fundarlo como primer director y entre otras muchas aportaciones, lanzó esta serie anual.

Comienza ahora una nueva etapa donde solo cabe renovar nuestro compromiso de seguir contribuyendo (con análisis, valoraciones y recomendaciones) a una conversación colectiva y enriquecedora. Con el Gobierno, pero también con el conjunto de las fuerzas políticas representadas en las Cortes, con las empresas del patronato y con los demás actores sociales, con el mundo académico y, por supuesto, con el conjunto de la ciudadanía individual. Queremos ayudar a estar mejor informados y preparados para nuevos retos. Si son oportunidades, para aprovecharlas, y si son otros infortunios, para superarlos cuanto antes. Al fin y al cabo, en la Primera Guerra Mundial ganó quien fue más capaz de resistir.

Charles Powell
Director del Real Instituto Elcano
| @CharlesTPowell

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<![CDATA[ Los desafíos de España en el ámbito aeroespacial: hacia la creación de una Agencia Espacial Española y la adopción de una Ley global sobre el Espacio ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/dt3-2021-defaraminan-desafios-espana-ambito-aeroespacial-agencia-espacial-espanola-y-ley-global-sobre-espacio 2021-02-10T01:02:59Z

Se analizan los progresos que ha realizado España en materia aeroespacial y los aspectos que aún quedan por desarrollar, tales como la creación de una Agencia Espacial Española y la elaboración de una Ley sobre las Actividades en el Espacio Ultraterrestre, como han hecho otros países del entorno.

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Índice

Resumen – 2
(1) La implicación española en materia espacial – 2
(2) La ESA, el CDTI y el INTA – 5
(3) El impacto de la crisis económica de 2008, la recuperación y la pandemia del COVID-19 – 9
(4) Los retos para España: una Ley y una Agencia – 15

Resumen 1

En este Documento de Trabajo se analizan los progresos que ha realizado España en materia aeroespacial y los aspectos que aún quedan por desarrollar, tales como la creación de una Agencia Espacial Española y la elaboración de una Ley sobre las Actividades en el Espacio Ultraterrestre, como han hecho otros países del entorno.

(1) La implicación española en materia espacial

España, en estos últimos años está llevando a cabo importantes esfuerzos en materias relacionadas con el espacio ultraterrestre, tales como la aprobación de la Estrategia de Seguridad Aeroespacial Española, la Estrategia Nacional de Ciberseguridad o Centro de Operaciones de Vigilancia Espacial (COVE) y, sin duda, el Consejo Ministerial de la Agencia Europea del Espacio (ESA) celebrado en Sevilla en noviembre de 2019. Además, España, como miembro de la UE se encuentra obligada a seguir los criterios que se determinan con carácter general para los países miembros. En este sentido, el Tratado de Lisboa ha definido con claridad los intereses espaciales y ningún Estado miembro de la UE debería sustraerse a este cometido. En efecto, en el marco del Título XIX del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE), dedicado a la Investigación y Desarrollo Tecnológico y Espacio y, en particular, su artículo 189 establece que, a fin de favorecer el progreso científico y técnico, la competitividad industrial y la aplicación de sus políticas, la Unión elaborará una Política Espacial Europea. Para ello podrá fomentar iniciativas comunes, apoyar la investigación y el desarrollo tecnológico, además de coordinar los esfuerzos necesarios para la exploración y utilización del espacio. Por otra parte, resulta importante la referencia que se refleja en el Tratado de Lisboa sobre la voluntad de la Unión de establecer las relaciones que sean apropiadas con la Agencia Espacial Europea.

Siguiendo esta idea vale recordar la sugerencia del embajador de España Lacleta Muñoz cuando, hablando sobre las actividades de España en materia de Espacio ultraterrestre, indicaba que “en el terreno jurídico, aunque España sea parte contratante en los más importantes tratados internacionales… nuestra actividad ha sido más bien escasa... Personalmente, creo que deberíamos participar en el propósito europeo de establecer unas normas jurídicas internas de carácter general adecuadas a nuestras actividades e intereses en el espacio ultraterrestre”.2

En esta línea, el Consejo de Seguridad Nacional, reunido en el Palacio de la Zarzuela bajo la presidencia del Rey Felipe VI, acordó el procedimiento para la elaboración de la Estrategia de Seguridad Aeroespacial,3 una iniciativa ya contemplada en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2017, con el propósito de hacer frente a las amenazas de diversa índole a las que están sometidos el espacio aéreo y ultraterrestre. En el Real Decreto de 2017 se señalaba la “vulnerabilidad del espacio aéreo y ultraterrestre” y se indicaba que determinadas infraestructuras, como las energéticas, los flujos de información financiera, o el normal funcionamiento de determinados servicios básicos para la sociedad, se encuentran subordinados al buen uso del espacio ultraterrestre y el ciberespacio.

Habrá de tenerse en cuenta que el espacio aéreo puede ser escenario de violaciones a la seguridad y al orden internacional por parte de actores estatales y no estatales. Las acciones contra la aviación comercial y sistemas de control de navegación y todo tipo de tráficos ilícitos por vía aérea son ejemplos de la potencial alteración del orden mundial. Asimismo, el abaratamiento de costes que facilita el acceso a la tecnología satelital ofrece grandes oportunidades en ámbitos como la exploración espacial, pero al mismo tiempo acarrea importantes riesgos como el incremento de la basura espacial. Sin olvidar que la competición entre Estados por el acceso, uso y control del espacio ultraterrestre va a seguir creciendo dado su gran valor estratégico y comercial y que el despliegue de tecnologías antisatélite, diseñadas para deshabilitar o destruir satélites, podría incrementar la tensión global.

En este sentido, el 16 de julio de 2018 el actual Gobierno de Pedro Sánchez, en el marco del Consejo de Seguridad Nacional, acordó la elaboración de la “Estrategia de Seguridad Aeroespacial”4 con el fin de afrontar las amenazas de diversa índole que afectan al espacio aéreo y ultraterrestre con la idea de poner en marcha la creación de un Consejo de Seguridad Aeroespacial. Debemos saludar, también, el hecho de que el astronauta de la Agencia Europea del Espacio de nacionalidad española, Pedro Duque, haya sido nombrado en su momento ministro de Ciencia, Innovación y Universidades y en la actualidad ministro de Ciencia e Innovación, puesto que, dada su experiencia en estas materias, su nombramiento resulta un acicate importante para la industria espacial española y las investigaciones en el espacio ultraterrestre. Nos encontramos en un buen momento para poner en marcha la creación de una Agencia Espacial española y comenzar la elaboración de una Ley del Espacio que aglutine los principales problemas que plantea el espacio ultraterrestre, así como su efectiva gestión.

Recientemente, siguiendo esta tendencia, el Ejército del Aire ha puesto en marcha una importante iniciativa como es la creación del Centro de Operaciones de Vigilancia Espacial (COVE) para 2019, por medio del control operativo del radar español de vigilancia del espacio (S3TSR)5 situado en Morón de la Frontera en Sevilla. En el futuro, este radar tendrá también el control operativo del radar situado en la estación radionaval de Santorcaz en Madrid,6 así como la integración de datos procedentes de los telescopios de Puertollano en Ciudad Real, de San Fernando en Cádiz y de Montsec en Lleida y del Teide en Tenerife. Sin olvidar la ya citada Estrategia de Seguridad Aeroespacial, para hacer frente a las amenazas de diversa índole a las que están sometidos el espacio aéreo y ultraterrestre.

Cabe destacar que la participación de España en la Agencia Europea del Espacio (ESA), como uno de sus socios fundadores, ha marcado una importante seña de identidad relativa al interés en materia de actividades espaciales en las que nuestro país participa, en mayor o menor grado, con los Programas de la ESA. Sobre todo, porque las empresas y centros de investigación españoles tienen una implicación cada vez más profunda en las misiones de la ESA, con lo que, sin duda, se acrecienta el desarrollo tecnológico y científico español; no obstante, quedan aún algunas importantes lagunas jurídico-institucionales que colmar.

Tengamos en cuenta que, en términos económicos, España contribuye, como el resto de los Estados miembros de la Agencia, al presupuesto obligatorio de la ESA en función de su Producto Nacional Bruto. Además, España participa, en el marco de su agenda política y económica,7 en los Programas opcionales de la ESA, como por ejemplo Galileo, la Estación Espacial Internacional (ISS) y los satélites de Observación de la Tierra. Es interesante destacar que las operaciones científicas se llevan a cabo en España8 desde el Centro Europeo de Astronomía Espacial que la ESA tiene en Villanueva de la Cañada en Madrid (ESAC).

Por tanto, cada país miembro de la ESA tiene que pagar al Programa obligatorio una contribución proporcional a su PIB, con la cual se financian sobre todo las actividades científicas y los gastos de funcionamiento.9 Por lo que respecta al resto de los Proyectos de desarrollo tecnológico, incluidos los de observación de la Tierra, las telecomunicaciones, la preparación de astronautas o los proyectos de las naves espaciales tripuladas, se financian con el dinero que los países deciden aportar para cada Proyecto, dado que estos programas optativos son especialmente estratégicos y con gran impacto en la política industrial de los Estados miembros.10

Las contribuciones, obligatoria y opcional, de España generan retornos que revierten en forma de contratos para la industria española; de tal modo que, para la comunidad científica, esta participación supone la posibilidad de investigar con la más avanzada tecnología espacial.

Juan Manuel de Faramiñán Gilbert
Catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de Jaén, titular de la Cátedra Jean Monnet (1997-2017), e investigador sénior asociado del Real Instituto Elcano


1 El autor es, además, director internacional emérito de la Red Latinoamericana y del Caribe de Universidades e Instituciones que investigan la tecnología, la política, la ciencia y el derecho del espacio ultraterrestre (ReLaCa-Espacio), miembro del Centro Europeo de Derecho del Espacio de la Agencia Europea del Espacio y antiguo miembro de su Junta Directiva (Board of the European Centre of the Space Law of European Space Agency), miembro vocal de la Junta Directiva del Centro Español de Derecho Espacial (sito en la Asociación Española de Empresas Tecnológicas de Defensa, Aeronáutica y Espacio, TEDAE), miembro del Instituto Internacional de Derecho del Espacio de la Federación Astronáutica Internacional (International Institute of Space Law International Astronautical Federation), antiguo miembro de la Subcomisión de Ética para el Espacio Ultraterrestre de la UNESCO (Sub-Commission on the Ethics of Outer Space of the World Commission on the Ethics of Scientific Knowledge and Technology –COMEST– de la UNESCO), miembro del Specialised panel of arbitrators established pursuant to the optional rules for arbitration of disputes relating to outer space activities of Permanent Court of Arbitration (PCA).

2 J.M. Lacleta Muñoz, “El Derecho en el espacio ultraterrestre”, Documento de Trabajo, nº 18/2005, Real Instituto Elcano, 8/IV/2005.

3 Para el estudio de la Estrategia Española de Seguridad Aeroespacial véase J.M. de Faramiñán Gilbert, “Comentarios sobre el reto de una estrategia española de seguridad aeroespacial y ciertas lagunas jurídicas”, en Freedom, Security & Justice: European Legal Studies, Rivista quadrimestrale on line sullo Spazio europeo di libertà, sicurezza e giustizia, nº 2, 2019, pp. 17-34.

4 Boletín Oficial del Estado, nº 103, martes, 30/IV/2019, Sec. I, p. 43482. Orden PC/489/2019, de 26 de abril, por la que se publica la Estrategia de Seguridad Aeroespacial Nacional, aprobada por el Consejo de Seguridad Nacional. La presentación estuvo a cargo de Iván Redondo, secretario de Seguridad Nacional y director del Gabinete de la Presidencia, quien que indicó son muy pocos los países que disponen de una estrategia destinada al control del espacio aéreo y del espacio ultraterrestre con importantes implicaciones de carácter militar, económico, industrial y de comunicaciones y a enfrentar las amenazas que se pueden  producir en estos espacios provenientes de acciones terroristas, proliferación de armas de destrucción masiva, espionaje, conflictos armados, ciberamenazas o el uso ilegal de aeronaves no tripuladas.

5 La primera fase de este proyecto se plantea operativa para noviembre de 2019 con la capacidad de detectar objetos con el porte de dos metros a una distancia de 1.000 kilómetros y de 10 centímetros a una distancia menor. Dado que se trata de un radar modular y escalable que puede ir mejorando su alcance se calcula que para el año 2012 podrá detectar objetos de un porte de 45 centímetros a 1.000 kilómetros de distancia y de siete centímetros a una distancia menor.

6 Operativo para el seguimiento y detección de objetos en órbitas bajas.

7 Actualmente están en órbita numerosas misiones científicas de la ESA (o con participación científica de la ESA), cubriendo observaciones astronómicas en diferentes bandas espectrales, estudiando el Sol, la interacción Sol-Tierra, los planetas Venus, Marte y Saturno, y para la observación más detallada de un cometa. Misiones tales como XMM-Newton, Integral, Herschel, Planck, Hubble, SOHO, Cluster, Proba-2, Venus Express, Mars Express, Cassini-Huygens y Rosetta.

8 Para mayor información, véanse: V. Claros Guerra y R. León Serrano, Historia de la Estación de seguimiento de satélites de Villafranca del Castillo (VILSPA), 1975-2009, Ministerio de Defensa, INTA, Ingeniería y Servicios Aeroespaciales S.A., Madrid, 2011; y V. Claros Guerra, “La evolución de las telecomunicaciones vía satélite entre España e Iberoamérica y su impacto social (1957-2008)”, Discurso de ingreso en el Real Academia Hispano-Americana de Ciencias, Artes y Letras, Cádiz, 2009.

9 http://www.esa.int/esl/ESA_in_your_country/Spain (consultado 20/VIII/2019). El presupuesto total de la ESA en 2012 superaba ligeramente los 4.000 millones de euros. Para 2015 la Agencia Espacial Europea (ESA) había elevado su presupuesto ese año en un 8% hasta los 4.433 millones de euros. Contribuyen al total de ese presupuesto los Estados miembros de la ESA, con 3.230 millones de euros, la Comisión Europea, con 1.000 millones de euros, y la Organización Europea para la Explotación de Satélites Meteorológicos (Eumetsat), con unos 300 millones de euros.

10 J.M. de Faramiñán Gilbert y M.C. Muñoz Rodríguez, “España y el Espacio Ultraterrestre”, Revista on-line Infoespacial.com, 10/XII/2015.

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<![CDATA[ La unificación monetaria y cambiaria en Cuba: normas, efectos, obstáculos y perspectivas ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/dt2-2021-mesa-unificacion-monetaria-y-cambiaria-en-cuba-normas-efectos-obstaculos-y-perspectivas 2021-02-05T11:58:33Z

El Documento de Trabajo analiza las normas legales, los efectos potenciales, los obstáculos, el momento y las perspectivas de la unificación monetaria-cambiaria decretada en Cuba el 1 de enero de 2021.

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Índice

Resumen – 3
Introducción – 3
(1) Análisis de las normas legales de la unificación – 4
(1.1) Tasa de cambio – 5
(1.2) Subsidios a las empresas estatales – 7
(1.3) Ajuste de salarios – 8
(1.4) Ajuste de pensiones y prestaciones de asistencia social – 9
(1.5) Incremento de precios – 10
(1.6) Impuestos – 12
(2) Efectos potenciales – 12
(2.1) Inflación – 12
(2.2) Desempleo – 17
(2.3) Poder adquisitivo de la población – 19
(2.4) Necesidad de expandir el sector no estatal, especialmente el privado – 20
(2.5) Reemplazo de subsidios de precios por subsidios a personas vulnerables – 22
(2.6) ¿Habrá dolarización de la economía? – 24
(2.7) Efectos positivos a mediano y largo plazo – 25
(3) Obstáculos a la unificación – 26
(4) ¿Por qué ahora? – 28
(5) Perspectivas – 29
Agradecimientos – 31
Bibliografía – 32

Resumen

Desde 1994 Cuba ha tenido dos monedas: el peso nacional (CUP) y el “peso convertible” (CUC). Ninguna de las dos se negocia en el mercado internacional y el valor del CUC es fijado unilateralmente por el gobierno. Esta dualidad genera distorsiones adversas. Después de una década de discusión y anuncios fallidos, se decretó el inicio de la unificación monetaria-cambiaria el 1 de enero de 2021. Este Documento de Trabajo analiza: (1) las normas legales; (2) los efectos potenciales; (3) los obstáculos; (4) el momento; y (5) las perspectivas de la unificación. Se basa en series estadísticas económico-sociales completas del período 1989-2020, legislación, explicaciones de los altos dirigentes, ensayos de académicos cubanos y extranjeros y medios de comunicación.

Introducción

Hay un consenso excepcional entre los economistas, dentro y fuera de Cuba, de que la “dualidad monetaria” (peso nacional, CUP, y peso convertible, CUC) causa efectos negativos que deben ser eliminados con la unificación monetaria y cambiaria para fomentar el crecimiento económico. La doble moneda fue introducida por Fidel Castro en 1994, como una de las medidas para afrontar la crisis del decenio de 1990 (“Período Especial en Tiempos de Paz”) tras la desaparición de la Unión Soviética. En su peor momento, el dólar llegó a cambiarse por 150 pesos cubanos y forzó la creación del CUC para controlar la devaluación del peso (Rodríguez, 2020). Además, Castro introdujo el dólar como moneda de curso legal hasta que lo eliminó en 2004. Ninguna de las dos monedas se transa en el mercado mundial. Su valor lo fija unilateralmente el gobierno.

Hay varias tasas de cambio: en el sector estatal empresarial, el CUP se cambia a la par con el CUC (1 CUP = 1 CUC = US$1), pero para la población la tasa de cambio es 1 CUC = 24 CUP. Además, hay otra tasa en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, 1 CUC = 10 CUP. La dualidad monetaria y las diversas tasas de cambio, unidas a la reintroducción parcial del dólar en 2019, provoca efectos negativos. Entre otros, distorsiona los precios, incentiva las importaciones y desincentiva las exportaciones, segmenta a la población pagada en CUP pero debe que comprar muchos bienes y servicios en CUC, y baja la productividad laboral en las empresas estatales, las cuales reciben costosos subsidios fiscales cuando sufren pérdidas.

El debate sobre la unificación monetaria y cambiaria comenzó en 2011, cuando el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) aprobó los “Lineamientos” para un nuevo modelo económico (“actualización”), que incluía un avance hacia la unificación. El VII Congreso (2016) decidió concluir dicho proceso. Desde 2018 Cuba sufre otra crisis económica, la peor desde la década de 1990, causada por un factor interno y tres externos. El interno es el modelo de planificación central, con predominio de las ineficientes empresas estatales sobre el mercado y el sector privado (un modelo fracasado en todo el mundo incluyendo Cuba ).1 Los tres factores externos son la crisis de Venezuela –el principal socio comercial y subsidiador de la economía cubana, que ha reducido sustancialmente el comercio, compra de servicios médicos e inversión–, las sanciones impuestas por Donald Trump entre 2017 y 2020, y la pandemia .

El gobierno cubano promulgó en 2014 las normas para implementar la unificación monetaria: el “Día Cero” (Resoluciones/2014). Raúl Castro la anunció para 2017 y para 2019, pero esto no ocurrió. En 2020 las más altas autoridades cubanas (el presidente, el ministro de Economía y Planificación, el encargado de la implementación de los Lineamientos) informaron que se consumaría la unificación monetaria y cambiaria, que el CUC desaparecería y el CUP sería la moneda unificada pero devaluada. Sin embargo, esto tampoco ocurrió. Finalmente, el 1 de enero de 2021 comenzó el proceso de unificación, llamado “Ordenamiento Monetario”.

Este Documento de Trabajo analiza las normas de la unificación, identifica los obstáculos, evalúa sus efectos a corto, medio y largo plazo, intenta contestar la interrogante de por qué ahora, en medio de otra crisis, y explora sus perspectivas. Se basa en una colección estadística de indicadores económicos y sociales de 1989 (en vísperas de la crisis de los 90) y de 2007 a 2019 (cuando se introdujeron reformas estructurales que no dieron el fruto esperado). Además, se examina la legislación, las explicaciones de las autoridades cubanas, la literatura académica más reciente y los medios de comunicación oficiales e independientes.2

Carmelo Mesa-Lago
Catedrático de Servicio Distinguido Emérito de Economía y Estudios Latinoamericanos, Universidad de Pittsburgh


1 Las reformas estructurales de Raúl Castro en 2007-2018, no cambiaron substancialmente el modelo de planificación central ni impidieron la caída del PIB. En 2020, el ministro de Economía ratificó que “se mantendrá la planificación centralizada… la capacidad de tomar a nivel central las principales decisiones económicas”, pero agregó que buscaban mecanismos para descentralizar la asignación de recursos (Falcón y otros, 2020b).

2 Debido a que la unificación monetaria ha estado en debate por 10 años, hay una extensa literatura dentro y fuera de Cuba imposible de resumir. Entre los principales ensayos: Monreal, 2017, 2018a, 2018b, 2019a, 2020a, 2020b; Pérez, 2017, 2018, 2019, 2020; Infante, 2018; Marquetti, 2018; Triana, 2018; Nova, 2019; Benavides, Carranza y Monreal, 2020; Pérez Villanueva, 2020a, 2020b, 2020c; Torres, 2020. Fuera de Cuba: De la Torre e Ize, 2014; Vidal, 2014, 2020; Di Bella y Romeu, 2017; Hernández -Catá, 2017; Di Bella et al, 2018; Linde, 2028; Luis, 2018, 2020a, 2020b; De Miranda, 2020; Morales, 2020; y varios números de Cuba Standard, 2018-2020.

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<![CDATA[ Lengua y cultura en español en el Japón de la era Reiwa ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/badillo-lengua-y-cultura-en-espanol-en-japon-era-reiwa 2021-02-01T12:36:49Z

Primer estudio que revisa la situación de las relaciones culturales bilaterales de España y Japón en el cambiante escenario internacional y la nueva era Reiwa, analiza la evolución de la política cultural japonesa y sus vinculaciones con la proyección internacional del poder blando del país, y profundiza en la presencia de la lengua española en el sistema educativo nipón.

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Ver también: Presentación virtual “Lengua y cultura en español en el Japón de la era Reiwa”. #ReiwaEspañol.

Índice

1. Resumen Ejecutivo – 5
2. Presentación – 11
3. Cultura y educación en el Japón contemporáneo – 23
3.1. ¿Un “superpoder” blando? Cultura y política cultural en el Japón
contemporáneo – 23
3.2. Otakus globales de la cultura kawaii – 37
3.3. La construcción de la relación bilateral España-Japón – 46
3.4. El campo cultural en la relación bilateral – 55
3.5. Un caso especial: la presencia hispanoamericana en Japón (y viceversa) – 70
3.6. La enseñanza del español en Japón – 80
3.7. El español y el sistema educativo japonés – 93
3.8. El español más allá del sistema educativo formal – 130
4. A modo de conclusión – 143
Anexo – 147
Referencias – 161

Resumen Ejecutivo

El Real Instituto Elcano –el más importante de los think tanks especializados en relaciones internacionales en España y uno de los más relevantes de Europa en este campo– inició en 2020 una serie de estudios acerca de la circulación de la cultura de España y en español en Asia. Gracias a la colaboración del Instituto Cervantes y de IAG-Iberia se ha elaborado este primer estudio que revisa la situación de las relaciones culturales bilaterales de España y Japón, la evolución de la política cultural japonesa y de sus vinculaciones con la proyección internacional del soft power del país y profundiza en la transformación del sistema educativo nipón y la oferta de lenguas internacionales en todos los niveles de la enseñanza, para comprender especialmente la dimensión  de la presencia del español en las escuelas, los institutos y los campus universitarios japoneses.

El presente de Japón se delimita temporalmente por dos acontecimientos. El primero, que marca trágicamente los últimos años de la reciente historia nipona, es el seísmo del 11 de marzo de 2011, el posterior tsunami y el accidente que produjo en la central nuclear de Fukushima. El último son los Juegos Olímpicos de verano que tendrían que haber encendido su antorcha el 24 de julio de 2020, y que tras la crisis mundial del COVID-19 lo harán justo un año después. Entre Fukushima y los Juegos queda una década en la que Japón ha vivido ajustes económicos (los llamados Abenomics) aplicados para evitar la recesión, profundos cambios en su política de seguridad para tener más presencia militar exterior y la abdicación el 30 de abril de 2019 del Emperador Akihito en favor de su hijo Naruhito, que marca el comienzo de una nueva era de la historia japonesa, bautizada como Reiwa, y cierra las tres décadas de la era Heisei. La marcha, por razones de salud, del influyente primer ministro ABE Shinzō a finales de 2020 –reemplazado por su anterior secretario jefe de gabinete, SUGA Yoshihide– es una marca más del inicio de un nuevo ciclo en la historia y la sociedad japonesas de la nueva era imperial. No es extraño que uno de los últimos programas de la política cultural nipona se haya bautizado como Beyond 2020, remarcando el valor inaugural del año olímpico de un nuevo tiempo de recuperación nacional tras Fukushima. El paisaje de fondo lo ha definido tanto en Asia como en todo el mundo su vecino, China, al superar a Japón en 2010 como segunda economía del mundo y desafiar la hegemonía global estadounidense.

La sociedad japonesa vive, como tantas otras, una tensión respecto a su identidad vinculada, por un lado, a los hechos de su pasado reciente que hacen de la revisión histórica un territorio de permanente conflicto –como muestran, por ejemplo, las discusiones sobre la historia nacional que se enseña en el sistema educativo– y, por otro, al temor de que la globalización transforme un patrimonio cultural preservado durante varios siglos de sakoku y el consiguiente “efecto galápagos” cultural. Japón es, también, una sociedad que se siente al tiempo parte de una patria común asiática y, sin embargo, una cultura única y diferenciada. La expansión imperial y los 15 años de guerras que van desde el incidente de Manchuria hasta las bombas atómicas que ponen fin a la guerra del Pacífico obligan a una reevaluación y reconciliación de los japoneses con su identidad cultural tradicional a través de un complicado proceso, el Nihonjinron, que, acompañado del milagro económico nipón de la segunda mitad del siglo XX, contribuye al interés renovado de Occidente por la cultura japonesa, en muchos campos. La acción del Estado en la cultura ha sido un factor clave en este asunto. Influida por el modelo estadounidense, la política cultural japonesa se asienta primero en torno a la promoción de las artes y solo desde los 90 se recupera la idea de una acción cultural estatal que deja de ser un tabú para asentarse sobre el paradigma de la cultura como instrumento de construcción nacional. En 2001 esos principios se consolidan definitivamente con la aprobación de una primera ley básica de cultura, la BACPA. El interés de los japoneses por su propia cultura hace muy difícil a las industrias culturales extranjeras –salvo las estadounidenses– tener presencia en el mercado japonés, tan atractivo como difícilmente accesible. Las grandes compañías de la industria cultural son esencialmente locales y se asientan en un mercado interno muy poderoso y estable.

Japón ha encontrado en su industria cultural y creativa un modo de reemplazar las limitaciones impuestas por el artículo 9 de la Constitución de 1947 a una influencia exterior de hard power; primero mediante la cooperación al desarrollo y, en este siglo, canalizando el soft power que le proporciona su sector cultural y creativo. Cuando el gobierno japonés puso en marcha Cool Japan, Japón ya era cool. A diferencia de otros países que articularon políticas culturales y creativas destinadas a la consolidación del sector cultural interior y exterior, el gobierno japonés encontró en el auge de la cultura popular nipona en el mundo un instrumento de poder blando que, inicialmente, no formaba parte de sus políticas culturales –sí de las industriales y las exteriores– y ha ido permeando las políticas públicas japonesas. Las políticas culturales, en especial la revisión de la ley básica de cultura en 2017, han combinado en los últimos años desarrollo industrial interno con proyección exterior en el Cool Japan, un ejemplo que debe tenerse en cuenta para cualquier planificación de diplomacia cultural, como también la Estrategia para la Economía Cultural (2017) de ABE Shinzō, que vincula la política cultural interior, el turismo y la promoción internacional del país con el objetivo de potenciar el “poder cultural japonés” (Nihon’nobunka-ryoku).

Las relaciones entre España y Japón tienen su origen en las décadas de las grandes navegaciones transoceánicas que dieron comienzo al proceso globalizador contemporáneo en el siglo XVI, con la llegada a Asia Oriental de los primeros comerciantes y misioneros llamados entonces “bárbaros del sur” y las primeras embajadas japonesas a Europa. Tras los siglos del sakoku y la apertura al mundo del final del siglo XIX, Europa ha vivido un cíclico japonismo fascinada por las formas estéticas y filosóficas de Japón, la expresión de sus contradicciones culturales y la autenticidad de su literatura, sus artes visuales o su arquitectura. Europa y Japón han pasado de la conflagración que acabó con el sueño imperial japonés a mediados del siglo XX a una voluntad de cooperación estratégica en un contexto internacional marcado por la disputa entre China y EEUU por la hegemonía mundial, cuya última concreción es el Acuerdo de 2019. En ese contexto europeo, España y Japón han estrechado progresivamente los vínculos de sus sociedades, de sus economías y de sus intereses geoestratégicos. El camino es aún muy inicial, pero aprovechando las conmemoraciones de la última década se han concretado en los acuerdos de Asociación España-Japón para la Paz, el Crecimiento  y la Innovación (2013-2018), a cuya finalización le siguió un Acuerdo de Asociación Estratégica (2018) en el contexto de los firmados por Japón con la UE en materia de Asociación Económica (desde el 1 de enero de 2019) y Asociación Estratégica. Aunque nuestra relación bilateral es activa y ha construido fuertes lazos entre las dos sociedades, España y Japón no son aún grandes socios comerciales. En 2017 Japón suponía tan sólo el 0,86% del mercado exterior español (y sólo el 7,7% de las exportaciones totales a Asia), y España el 0,57% de las exportaciones mundiales de Japón (sólo el 3,86% de las exportaciones a Europa), según los datos de UN Comtrade.

España debe continuar potenciando los vínculos entre las dos sociedades, como hizo con la elevación de la relación bilateral a “Asociación Estratégica” durante la visita de ABE Shinzō a España en octubre de 2018, que debe ahora traducirse en una mayor cooperación en todos los campos. El Foro España-Japón es, con sus 21 ediciones, buen ejemplo de una estrategia que debe ampliarse y profundizarse. Las comunicaciones ofrecen una vía para aumentar la movilidad turística y mejorar la relación de las dos sociedades. España atrae a los japoneses –cada año un 0,5% de la población japonesa nos visita–, y cada vez más españoles visitan Japón, como muestran las cifras récord de 2019. Las conexiones aéreas existentes deben potenciarse y aumentar en un futuro como clave para estimular las relaciones de ambas sociedades en todos los ámbitos.

Aunque la relación bilateral es positiva y fructífera, queda mucho por hacer en el campo de la cultura. Más instrumentos para fomentar la cooperación cultural (tanto entre instituciones como en el tejido empresarial) deben promoverse. Sólo la industria de los videojuegos ha conseguido establecer vías de colaboración con el tejido local que no se encuentran en otros sectores en los que aún puede aumentar la colaboración. Los clubes de fútbol y La Liga se han convertido, en apenas una década, en un escaparate importantísimo –si no el principal– de España en Japón. El interés de la competición futbolística española ha estimulado una mayor atención por nuestra sociedad y nuestra cultura. La colaboración entre las instituciones y las empresas (desde La Liga a cada uno de los grandes clubes) debe seguirse de cerca desde las instituciones de diplomacia pública para aprovechar al máximo esta oportunidad.

El español sigue siendo un idioma irrelevante en el sistema educativo japonés, en el que el inglés ocupa una posición central que lo incorpora –en la última modificación del Plan Curricular– a la enseñanza primaria obligatoria desde los ocho años. Sólo algunos centros privados, ubicados en zonas con población migrante latinoamericana, ofrecen en esas edades cursos complementarios de español para los niños matriculados, muchos de ellos pertenecientes a las comunidades de migrantes japoneses retornados de América latina o descendientes de estos, los llamados nikkei. La comunidad nikkei podría ser clave para una mayor circulación del español y la cultura en español en Japón, pero no sólo son una comunidad débil y socialmente poco visible, sino que además tienen la carga de una “doble limitación” comunicacional por sus dificultades tanto en  la lengua de herencia como en la del país de adopción. La cooperación de todos los países hispanohablantes debería servir para que el español pueda aprenderse en las regiones japonesas con más población latinoamericana desde los primeros años de  escolarización.

En la educación secundaria, la última reforma curricular ha reforzado la enseñanza de idiomas, pero la convivencia de otras lenguas con el inglés es insignificante: sólo el 0,3% de los centros en todo el país ofrece algún idioma distinto a inglés en secundaria, y sólo el 0,1% de los estudiantes está matriculado en ellos. Los últimos datos del Ministerio de Educación (MEXT) muestran que el francés es el idioma (sin contar el inglés) con más oferta y demanda: 12 centros permiten estudiarlo en el país a 2.216 estudiantes, mientras que el español sólo puede seguirse en tres centros y apenas tiene 161 estudiantes en la secundaria obligatoria (Zenki Chutō kyōiku). Respecto al Bachillerato (Zenki Chutō kyōiku), en 2019 sólo 44.753 estudiantes cursaron idiomas adicionales al inglés en alguno de los 677 centros que los ofrecían; de ellos, el 44% eligió el chino y el 25% el coreano, con el francés como la lengua no asiática preferida y el español con cifras una vez más exiguas: en 2019 tenía tan sólo 2.863 estudiantes en 96 centros por todo el país. En el acceso a la universidad, el español está fuera de los cinco idiomas que los estudiantes japoneses pueden elegir para la prueba de idioma extranjero (inglés, francés, alemán, chino desde 1997 y coreano desde 2002). El intento, por ahora infructuoso, de reforma de los exámenes de ingreso a la universidad puede ser una oportunidad para incorporar al español en el proceso de evaluación. En esa dirección se han dirigido los esfuerzos diplomáticos realizados por los embajadores hispanohablantes, que han orientado en los últimos años varias cartas al gobierno japonés para promover la incorporación del español a las pruebas de acceso a la universidad. El aplazamiento de la reforma de las pruebas de acceso a la universidad ha dejado la situación, por el momento, pendiente de resolución.

En un sistema educativo tan dependiente de los procesos internos y externos de evaluación, es imprescindible seguir de cerca los cambios en el examen de acceso a la universidad para garantizar que el español tenga en ese proceso una presencia que contribuya a su integración en el currículum de Educación Secundaria y, sobre todo, Bachillerato. La paralización del proceso de externalización de las de inglés  hace necesaria una observación minuciosa de las políticas públicas educativas para coordinar las actuaciones más adecuadas. La buena disposición inicial del gobierno japonés a la diversificación de los idiomas en el examen de acceso a la universidad debe consolidarse vigilando tanto los costes del examen como la disponibilidad geográfica de acceso al ejercicio, las dos claves que han aparecido más fuertemente en el debate nacional sobre este asunto en 2019. Tanto la certificación DELE como SIELE deben ser apoyados por España, pero es comprensible que, tanto por razones logísticas como  de costes, el SIELE sea el examen preferido por la administración japonesa, además de –por su modelo institucional– aquel en el que será más operativo que exista un posicionamiento conjunto de las 19 embajadas hispanohablantes.

El urgente objetivo de internacionalización de la universidad japonesa es una buena oportunidad para incrementar sus vínculos con la universidad española. Tras la desregulación universitaria de los 90 y la conversión de los campus en corporaciones que compiten por la financiación, la internacionalización se ha convertido en uno de  los valores clave  de todo el sistema de educación superior, tanto en la construcción  de redes de colaboración científica como en la formación de estudiantes con mayores competencias en la globalización a través de programas como el Top Global University. Pese a la centralidad del inglés en el proceso internacionalizador, este contexto puede servir para promover una mayor presencia del español en los campus, tanto en los estudios culturales y lingüísticos como en las escuelas de negocios, en especial teniendo en cuenta la fuerte competencia por la diferenciación de los programas en el abundante tejido universitario privado. Hoy, los datos son aún muy pobres, aunque mejores que en la enseñanza preuniversitaria: mientras el 99% de los campus ofrece a sus estudiantes cursos de inglés, un 83% ofrece chino, un 65% francés, un 63% alemán o coreano y, muy por detrás, el español sólo puede cursarse en un 31% de las universidades niponas en 2018. Tan sólo 16 de las 786 universidades de Japón ofertan estudios especializados de español: dos estatales (la Universidad de Estudios Extranjeros de Tokio y la Universidad de Osaka), dos locales (Universidad de Osaka y Universidad Provincial de Aichi) y 12 privadas.

El actor central en la dinamización del proceso de promoción del español y la cultura de España en Japón es el Instituto Cervantes, acompañado por la Consejería Cultural de la Embajada española en Tokio y la Consejería de Educación, cuyas actividades se coordinan desde Pekín. El Instituto Cervantes está presente en 47 países del mundo, pero sólo cuenta con una sede en Japón. La expansión del Instituto Cervantes en otras zonas del país es una opción que sigue pendiente de desarrollo. El Instituto Cervantes podría satelizar sus actividades en ciudades como Osaka, Nagoya, Kobe y Kioto, reforzando tanto la oferta de cursos de idioma como la certificación y el refuerzo de    la promoción cultural. El reconocimiento de la certificación externa en el acceso a la universidad puede resultar determinante en la expansión del Instituto Cervantes en el país y en ese sentido el trabajo del centro tokiota es más que reseñable, sobre todo en dos aspectos que se han revisado en este informe: la cohesión de la comunidad hispanista y el refuerzo de su papel de liderazgo en las acciones de promoción del español a través del Observatorio del Español en Japón y la dinamización de las acciones coordinadas entre las embajadas hispanohablantes para promover el reconocimiento de la lengua española en el sistema educativo japonés.

Ángel Badillo Matos
Investigador principal del Real Instituto Elcano
| @angelbadillo

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<![CDATA[ Estudio de posicionamiento de España como destino turístico ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/estudio-posicionamiento-de-espana-como-destino-turistico 2021-01-22T10:05:32Z

España, como destino turístico, está un escalón por debajo de su competencia en la valoración de los turistas de los mercados maduros, pero ocupa la primera posición en los mercados lejanos. Su posición como país de preferencia del turismo es consistente con su posición como país realmente visitado, por lo que cabe esperar una cierta estabilidad en el flujo turístico.

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Ver también:

Indice

Nota previa – 3
1. Introducción – 4
1.1. Muestra – 5
2. El comportamiento turístico – 11
2.1. Destinos – 11
2.2. Motivo del viaje, estancia y actividades. Patrones de comportamiento turístico – 16
2.3. Los turistas que han viajado a España y valoran su experiencia – 24
2.4. Comportamientos diferenciales de los patrones. El comportamiento de compra – 31
2.5. Perfiles sociodemográficos – 40
2.6. Resumen – 43
3. El impacto de la experiencia turística. Valoración – 44
3.1. Medidas del impacto. Valoración de España como destino turístico y comparación con otros destinos. Niveles de valoración – 45
3.2. La distribución del riesgo. Debilidades (fuentes de riesgo) y fortalezas (fuentes de seguridad) de España y de otros destinos turísticos. Capacidad para producir impacto – 47
3.3. Resumen – 56
4. Preferencias de destino turístico. Actitudes y percepciones – 57
4.1. Destinos preferidos. España como destino turístico ideal – 57
4.2. Percepción de España y de otros destinos turísticos (expectativas) – 58
4.3. Fortalezas de los destinos turísticos deseados. Posición de España – 60
4.4. Demandas hacia España como destino turístico – 63
4.5. Resumen – 69
5. Conclusiones 70

Nota previa

Este informe es el principal resultado del proyecto de investigación emprendido por el Real Instituto Elcano y Turespaña, a partir de un Convenio firmado el 29 de junio de 2020 y cuyo objetivo era aportar conocimiento de los mercados para la elaboración de la nueva Estrategia de Turismo Sostenible 2030 de la Secretaría de Estado de Turismo, y la Estrategia de Marketing de Turespaña para los próximos años.

El proyecto se ha desarrollado a través de una encuesta realizada en 33 países o en áreas específicas dentro de algunos de los países más grandes (China y EEUU), con un total de 17.300 entrevistas.

El trabajo de campo se produjo en plena pandemia de COVID-19, durante el mes de septiembre de 2020, a través de las plataformas de internautas gestionadas por la empresa Toluna.

Lo que se presenta a continuación es el informe referido a los resultados generales, para toda la muestra. Cada uno de los 33 mercados específicos cuenta con su propio informe.

Introducción

En España, que se mueve entre el segundo y el tercer lugar como destino turístico en el mundo, hay una larga tradición de medición detallada del comportamiento turístico, tanto interior como exterior, mediante encuestas a residentes y encuestas a no residentes que llegan a nuestro país (Frontur y Egatur son las mediciones correspondientes a los no residentes), cuyos datos están disponibles actualmente en el Instituto Nacional de Estadística (INE). Estas encuestas permiten observar algo tan relevante como la relación entre los perfiles de los turistas, los comportamientos y el gasto turístico, resultando que los patrones de comportamiento (“qué hacen”) discriminan mucho más que los perfiles (“cómo son”).

Ya en 2007, en un informe del Instituto de Estudios Turísticos1 se puede leer que: “Se hace constar desde el principio que hay ciertas variables, como el nivel de renta, la actividad profesional y los tramos de edad y el sexo, que, pese a su importancia, tienen un poder tan reducido de discriminación entre los distintos segmentos de gasto que su inserción como variables adicionales solo habría logrado oscurecer el análisis”.

Por eso, se ha comenzado este estudio preguntando a los turistas de cada país emisor qué hicieron en su último destino turístico. Esto ha permitido observar ciertos patrones de comportamiento que son, vistos como preferencias, lo que se conoce como preferencias reveladas. Ciertos países emisores se caracterizan por un mayor o menor peso de algunos de estos patrones de comportamiento: este es el primer dato que se va a analizar.

Sean cuales sean los comportamientos de los turistas, su experiencia en el país de destino y el impacto de esa experiencia configura una valoración, razón por la cual a continuación se ha preguntado a los turistas hasta qué punto su experiencia fue buena o mala y qué sustentó que así fuese.

Es necesario tener en cuenta que medir valoraciones tiene una importancia específica, porque en ese proceso de interacción se producen conflictos (motivos de insatisfacción) y sintonías (causas de satisfacción). Cuando se pregunta a alguien conocido por su estancia en el destino, por su respuesta se puede captar de inmediato si ha habido algún conflicto importante, solo una cierta frustración de expectativas o si, en general, todo lo importante ha ido bien, valga la simplificación. El conflicto divide y la sintonía vincula, de manera que un país de destino, cuando el turista vive conflictos en su estancia, incurre en un cierto riesgo como destino turístico, mientras que si el turista experimenta sintonía, el país afianza su posición en el mercado turístico internacional.

Los aspectos que se asocian a malas valoraciones permiten identificar fuentes de riesgo y los que se asocian a buenas percepciones, son fuentes de seguridad. Puesto que neutralizar el riesgo es algo vital para mejorar la posición en un mercado, resulta crucial estudiar esas fuentes para conocer su impacto específico.

En esta secuencia de hechos (comportamientos de los turistas, que configuran experiencias) e impactos (percepción de la experiencia), hay una secuencia lógica, aunque esté lejos de producirse de forma mecánica: la marca del destino mejorará, se deteriorará o se estancará, entre las opciones a disposición de los turistas.

Estrategia analítica
Estrategia analítica

Se ha terminado la medición preguntando a los turistas por sus preferencias declaradas, es decir, sobre su destino turístico ideal. Para establecer una relación directa entre preferencias y expectativas (qué se espera encontrar en el destino ideal), se ha medido la percepción de los destinos más deseados, incluso sin experiencia previa en los mismos, es decir, como mera expectativa. Además, en el caso de España, se ha profundizado en las palancas (los cambios, las medidas) que podrían mejorar el posicionamiento de nuestro país en los distintos mercados de origen.

5. Conclusiones

Los datos de comportamiento de los turistas muestran una clara segmentación del mercado, según la cual la mitad del turismo es de larga duración (es decir, de más de una semana), con un éxito notable de la oferta española en la atracción de ese tipo de turismo. Ese patrón de comportamiento presenta una variedad interesante de actividades, con alta diversidad de focos de atención y con una componente cultural en el subgrupo más pequeño. Lo que sugiere esta doble caracterización es que España tiene la oportunidad de atraer mayores volúmenes de ese grupo mayoritario de turistas con una mayor exposición de la oferta diversa que llama su atención, más allá de la playa: gastronomía, ciudades, pueblos, naturaleza. Este grupo además destaca por sus compras de productos de moda.

España, como destino turístico, está un escalón por debajo de su competencia en la valoración de los turistas de los mercados maduros, pero ocupa la primera posición en los mercados lejanos. A la luz de lo que justifica, según los entrevistados, las valoraciones bajas, el principal problema en los mercados maduros es la masificación que perciben en la oferta turística española. Por el contrario, las fortalezas principales son el clima, el entorno y la gastronomía.  Puesto que los patrones de comportamiento, tal como hemos subrayado, ponen de manifiesto una considerable apertura a consumos turísticos no masificados, España podría atraer más visitantes reforzando su oferta no masificada.

La posición de España en términos de preferencia para próximos viajes es muy buena, por encima de Francia, tanto globalmente como en los mercados maduros. La posición de España como país de preferencia del turismo es consistente con su posición como país realmente visitado, por lo que cabe esperar una cierta estabilidad en el flujo turístico.

España está valorada de forma tan positiva como la media de los destinos turísticos más preferidos, ideales, y eso sucede en la generalidad de los mercados, por lo que las diferencias en la experiencia, algo desfavorables para España en los mercados maduros, no se transfieren a las expectativas y preferencias.

Cuando examinamos lo que sustenta las valoraciones positivas de los países más deseados como destinos turísticos y los comparamos con España, vemos que en España tienen menos peso la mayoría de los elementos que encabezan el ranking de lo que esperan encontrar los turistas en el conjunto de los países más deseados como destino turístico. Resumiendo, España encuentra sus ventajas competitivas diferenciales en la oferta de costa y playas, y, en mucha menor medida, en el precio. Esto se ajusta muy bien al tópico, pero choca con las valoraciones de la experiencia real de los turistas en España, que es muy positiva para una gran variedad de actividades, y con sus patrones de comportamiento, que indican una apreciable disponibilidad a complementar o sustituir el turismo de sol y playa.

España no ocupa el primer lugar como destino turístico ideal, pero sí es una alternativa mayoritaria como sustituto de aquel. Cuando examinamos las palancas que podrían activarse para acercar a España a ese ideal, vemos que hay muchas posibilidades de lograrlo actuando, mientras se mantenga el peligro de la COVID-19, sobre la seguridad sanitaria, y sobre las alternativas al turismo masificado. También el precio tiene un papel relevante como palanca movilizadora en todos los mercados, especialmente en los lejanos.


1 EGATUR. Informe monográfico. Segmentación del gasto de los turistas que llegan a España, 2007. Instituto de Estudios Turísticos. Se puede consultar íntegramente aquí.
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<![CDATA[ La globalización en tiempos de pandemia ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/olivie-la-globalizacion-en-tiempos-depandemia 2020-12-15T10:57:59Z

La crisis del COVID-19 tiene un efecto desglobalizador en las relaciones internacionales, posiblemente mayor del que supuso la Gran Recesión. Además, las relaciones “blandas”, que han liderado la globalización en los últimos años, se están viendo particularmente afectadas por las restricciones a los movimientos internacionales de personas.

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Índice

Resumen – 5
Introducción – 7
1. La globalización pre-COVID-19 – 9
2. De pandemia a sindemia: el efecto de la crisis del COVID-19 en los intercambios mundiales – 13
2.1. Dimensión económica – 13
2.2. Dimensión militar – 18
2.3. Dimensión blanda – 20
3. Conclusiones – 29
Referencias – 31

Resumen1

En los últimos meses se ha publicado un gran número de estimaciones y proyecciones acerca del comportamiento del comercio e inversión mundiales y de los movimientos internacionales de migrantes, turistas y estudiantes en este año de pandemia. Tanto  es así, que, a fecha de hoy, se dispone de predicciones de los registros, en 2020, para casi todas las variables que componen el Índice Elcano de Presencia Global (o, en su defecto, para proxies de las mismas).

Estas nuevas estadísticas han permitido actualizar el análisis del impacto del COVID-19 en la globalización (vista desde el valor agregado del Índice Elcano de Presencia Global) que publicamos en abril de este año (Olivié y Gracia, 2020b). Ahora sí, en lugar de suponer las consecuencias de la pandemia para las relaciones internacionales sobre la base del impacto que tuvo la Gran Recesión, podemos basarnos en el comportamiento real o estimado del comercio, las capacidades militares, los turistas o la cooperación al desarrollo en los primeros meses del año, o incluso en los primeros tres trimestres.

Con este mayor nivel de certeza, se eliminan los escenarios que dibujábamos en abril para la globalización económica y militar. El valor agregado de la proyección económica mundial podría contraerse en un 12,0% y el de la militar aumentar en un 7,6%. En el caso de la dimensión blanda se mantienen los escenarios dado el impacto, aún incierto, de la pandemia en la tecnología, la cultura y la información. Con previsiones o proyecciones para el resto de las variables de esta dimensión, ésta podría contraerse entre un 9%   y un 14,3% en este año. Como resultado, podríamos asistir, con la pandemia global, a una desglobalización de entre el 7,5% y el 8,8%, la mayor variación negativa anual que observaríamos en toda la serie del Índice Elcano de Presencia Global, incluyendo los años de desintegración de la Unión Soviética o la Gran Recesión.

Estos resultados, necesariamente provisionales mientras no podamos observar el impacto real de la pandemia en nuestra serie, han de tomarse con todas las cautelas necesarias, como subrayan las fuentes de los datos que empleamos. No obstante,  sí apuntan inequívocamente a una caída abrupta de los intercambios mundiales, en casi todos los planos. También apuntan, a diferencia de la Gran Recesión, a una fuerte contracción de los intercambios blandos, que habían sido la punta de lanza de la globalización en los años previos a esta crisis.

Introducción

En abril de este año, todavía al calor de las primeras semanas de pandemia en Europa, publicamos un ARI en el que tratamos de adelantarnos al que podría ser el efecto de  la crisis sanitaria mundial (y de sus derivadas económicas, políticas y sociales) en la globalización (Olivié y Gracia, 2020b).

Para ello nos servimos del Índice Elcano de Presencia Global. Dado que se calcula hoy para 130 países, que contribuyen al 99% de la economía mundial y en los que vive el 94% de la población del planeta, el valor agregado de la proyección exterior de este grupo de países puede utilizarse como un proxy de la globalización.

Sin apenas datos o estimaciones oficiales sobre el comportamiento del comercio,  la inversión internacional, los desplazamientos de personas o el impacto en ciencia, optamos, en aquel trabajo, por tratar de imaginar si esta crisis sería igual, peor o simplemente distinta de la de finales de los 2000, a efectos de su impacto en el volumen y la naturaleza de los intercambios mundiales.

Una crisis igual, o incluso peor, que la Gran Recesión hubiese acelerado, naturalmente, las tendencias mundiales recientes: una globalización económica languideciente, un estancamiento de la globalización militar (tras la puesta al día de los grandes actores asiáticos) y una globalización blanda o suave que asume el liderazgo de los intercambios internacionales.

Pero dibujamos también un tercer escenario, el de una crisis distinta. A nadie se le escapaba que las restricciones a los movimientos internos e internacionales de personas, que se iban multiplicando y extendiendo de un continente a otro, frenarían considerablemente el turismo, las migraciones, los movimientos internacionales de estudiantes universitarios o el deporte como formas de proyección global. Así las cosas, la dimensión blanda de la globalización, más dinámica en la globalización post Gran Recesión y post económica, podría verse súbitamente interrumpida. Mientras el comercio de servicios digitales o mercancías, las inversiones productivas en el exterior o las innovaciones tecnológicas podrían seguir desarrollándose, en parte reinventándose, en un contexto de confinamiento mundial, estas facetas blandas de la globalización son particularmente susceptibles a las restricciones a los movimientos internacionales de personas. Con una segunda ola de contagios (y las medidas de control consiguientes) prácticamente inmediata a la primera en dos de las regiones del mundo que más participan en la globalización (América del Norte y Europa), la contracción de la globalización blanda que se produjo a raíz de la Gran Recesión ha quedado ampliamente superada.

Con este texto queremos actualizar nuestro anterior análisis acerca del efecto de la actual crisis en la globalización, mirada desde el Índice Elcano de Presencia Global. Por una parte, contamos ya con los datos del Índice para 2019, publicados el pasado verano (Olivié y Gracia, 2020a), lo que nos ofrece una imagen más actualizada de la globalización pre-pandemia. Por otra parte, en los últimos meses, diversos organismos internacionales (varios de ellos, fuente de nuestros datos de presencia global) han publicado datos provisionales, estimaciones o proyecciones de los intercambios internacionales en 2020.

En el primer epígrafe, retomamos los ya 30 años de datos del Índice Elcano de Presencia Global para observar las principales características y transformaciones de la globalización en las últimas décadas. En el segundo epígrafe recogemos los análisis y previsiones acerca del comportamiento de las variables económicas, militares y blandas del Índice. De este modo, para muchas de ellas, podemos, en el tercer epígrafe, remplazar los escenarios que dibujamos sobre la base de la última crisis por las previsiones u observaciones de comportamiento efectivo de estos indicadores en la actual. El último epígrafe agrega el impacto en la globalización y concluye.

Figura 1. Índice Elcano de Presencia Global
Figura 1. Índice Elcano de Presencia Global

Iliana Olivié
Investigadora principal y coordinadora del Proyecto Índice Elcano de Presencia Global
| @iolivie


1 La autora agradece a Juliana Pinzón, ayudante de investigación en prácticas en el Real Instituto Elcano, su inestimable apoyo en la labor documental y estadística.

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<![CDATA[ Sistema de Indicadores de la Distancia entre Imagen y Realidad (SIDIR). Análisis del caso español. Séptima edición 2020 ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/gonzalezenriquez-martinezromera-sistema-indicadores-distancia-imagen-realidad-sidir-caso-espanol-7ed-2020 2020-12-14T02:30:43Z

Séptima edición del informe del SIDIR que presenta la diferencia entre la realidad española y la evaluación de España realizada por la opinión pública internacional, identificando aquellos aspectos en los que la realidad del país es mejor que su imagen exterior.

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Índice

(1) Introducción y metodología – 4
(2) Resultados – 8
(2.1) Aspectos en los que la realidad es similar a la imagen – 9
(2.2) Aspectos en los que la realidad es peor que la imagen – 16
(2.3) Aspectos en los que la realidad es mejor que la imagen – 32
(3) En conlclusión – 37
(4) Anexo – 39

(1) Introducción y metodología

Un año más, el objetivo de esta edición del SIDIR es mostrar la diferencia entre la realidad española y la evaluación de España realizada por la opinión pública internacional, con especial interés en identificar aquellos aspectos en los que la realidad del país es mejor que la imagen proyectada al exterior.

Este análisis permite medir la distancia entre la posición de España en los rankings internacionales de imagen y su posición en los rankings elaborados con datos objetivos, relativos a las 55 primeras economías del mundo: Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, EEUU, México, Perú, Venezuela, Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Finlandia, Grecia, Países Bajos, Irlanda, Italia, Noruega, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa, Rusia, Rumanía, Suecia, Suiza, Arabia Saudí, Australia, Corea del Sur, China, Filipinas, India, Indonesia, Irán, Irak, Israel, Japón, Malasia, Nueva Zelanda, Pakistán, Catar, Singapur, Taiwán, Tailandia, Turquía, EAU, Argelia, Egipto, Nigeria, Sudáfrica, Bangladés y Vietnam; estos dos últimos países han sustituido a los que ocupaban en la edición anterior los puestos 54º y 55º, Kazajistán y Ucrania.

La fuente utilizada para medir la imagen externa de España es la encuesta anual que desde 2009 elabora el Reputation Institute en colaboración con el Real Instituto Elcano, el llamado Country RepTrak. En concreto, se utiliza la imagen proyectada por España en los países del antiguo G-8 (EEUU, Canadá, Francia, Italia, Alemania, Reino Unido, Rusia y Japón), de tal manera que la valoración obtenida por España en estos ocho países se compara con la obtenida por los otros 54 países sometidos a evaluación.

La imagen de España, tal y como resulta convertida en variable operativa en las clasificaciones de dicha encuesta, se compone de 24 elementos de valoración: 17 de ellos miden el grado de acuerdo, en una escala de 1 a 100, con frases que indican posibles aspectos positivos de un país (“es un país hermoso”, “es un país que valora mucho la educación”, “es un país seguro”, etc.), y los siete restantes recogen recomendaciones de los encuestados tales como “recomendaría ese país para estudiar”, “para trabajar”, “para vivir”, o “para visitar”. En conjunto, los 24 elementos abordan los principales aspectos relevantes en la configuración de la imagen de un país, desde el aspecto político-institucional al económico y tecnológico, pasando por el cultural, el educativo o el relativo a la calidad de vida. En base a los resultados obtenidos en las encuestas, los 55 países son clasificados por orden de valoración media en cada uno de los elementos en evaluación. Como ejemplo, bajo estas líneas puede observarse la clasificación de los países según la valoración que recibieron en función de lo recomendable que es visitarlos. En este caso España aparecía en 2019 en la séptima posición en un ranking encabezado por Nueva Zelanda.

Recomendaría visitar…
Recomendaría visitar…

La posición de España en estas 24 clasificaciones es el indicador utilizado para la variable “imagen” que va a compararse con la realidad española obtenida a través de diversas fuentes estadísticas internacionales. Esa comparación plantea varios desafíos: (1) definir las variables objetivas que pueden considerarse equivalentes en la realidad al elemento que se valora en la encuesta; (2) identificar fuentes estadísticas en las que se recojan datos para todos los países valorados en la encuesta sobre imagen; (3) simultanear en el tiempo las mediciones de imagen y realidad; y (4) identificar la evolución española al margen de su posición en los rankings.

(1.1) Definir las variables objetivas que pueden considerarse equivalentes en la realidad al elemento valorado en la encuesta

En ocasiones este ejercicio es sencillo, como sucede en el caso de la posición de España según el número de turistas que recibe. Esta es una variable sobre la que existe información fiable y que puede compararse con la imagen de España como país atractivo para el turismo, recogida en la pregunta “¿Recomendaría este país para visitarlo?”. En este caso, la posición de España en la variable de imagen es la 7ª mundial, mientras que en el indicador objetivo, que recoge el número de visitantes recibidos, España es la 2ª potencia mundial, sólo por debajo de Francia. Sin embargo, en otras ocasiones la identificación de una variable objetiva ha resultado imposible porque el elemento que se valora es intrínsecamente subjetivo. Por ejemplo, este sería el caso del atributo “la gente de ese país es simpática”, pues no existe ninguna medición objetiva que permita conocer el grado de “simpatía” de los individuos de un país. De la misma forma, tampoco existen estadísticas internacionales respecto a la “calidad de productos y servicios” o la “confiabilidad de la población”. En relación con este último atributo existen encuestas que miden hasta qué punto los ciudadanos de cada país confían los unos en los otros, pero eso no equivaldría a un indicador que mostrase hasta qué punto cumplen su palabra y dicen la verdad (y por tanto son confiables). Por estas razones, cinco de los ítems que componen la imagen han tenido que ser excluidos de la comparación con variables objetivas, los tres nombrados más el “uso eficiente de los recursos públicos” y “ocio y entretenimiento”, quedando el listado final reducido a 19 elementos frente a los 24 recogidos en la encuesta de imagen.

En otras ocasiones, la definición del atributo es tan amplia e internamente heterogénea que dificulta la elección de un único indicador objetivo para su comparación. A este respecto, en anteriores informes del SIDIR dicho problema era solventado incluyendo varios indicadores objetivos para cada uno de estos atributos, duplicándose, triplicándose e incluso cuadruplicándose las comparaciones imagen-realidad correspondientes. Así, en la pasada edición del SIDIR la valoración internacional de España en lo relativo a los atributos “entorno económico”, “responsabilidad internacional”, “cultura”, “sistema educativo” y “ocio y entretenimiento” eran comparados en cada caso con más de una variable objetiva.

Por ejemplo, el atributo “Ese país valora la educación: tiene universidades de gran calidad y un sistema educativo excelente” era comparado con cuatro indicadores: porcentaje del PIB destinado al sistema educativo, resultados de los alumnos españoles en las pruebas PISA, presencia de universidades españoles en los primeros niveles de los dos principales rankings internacionales y presencia de los MBA españoles en el ranking internacional que mide su calidad.

Por su parte, el atributo “Ese país es un participante responsable en la comunidad global; apoya buenas causas, y sus líderes son personas respetadas internacionalmente” se comparaba con los datos de inversión en ayuda al desarrollo, con los de presencia de fuerzas militares españolas en misiones de paz multinacionales y, en la anterior versión del SIDIR, con la emisión de gases de efecto invernadero (CO2).

Esta comparación de un atributo (imagen) con varios indicadores objetivos daba lugar en ocasiones a resultados poco claros porque ocurre en algunos casos que España se encuentra en los rankings de imagen por encima de su realidad en uno de los elementos internos del atributo, pero por debajo en otros. Por ello, para mejorar la claridad y sencillez de la comparación, en esta séptima edición del SIDIR se ha optado por comparar esos atributos internamente heterogéneos, es decir, “educación”, “responsabilidad internacional”, “cultura” y “entorno económico”, con sólo un indicador objetivo, eligiendo aquel que se ha considerado que lo refleja mejor; mientras que el atributo “ocio y entretenimiento”, como ya se ha indicado anteriormente, ha sido excluido de la comparación al estimarse que ninguna de las variables disponibles lo refleja de manera suficientemente fiel.

No obstante, en el Anexo se han incorporado los datos correspondientes a esos indicadores objetivos ahora excluidos del cuerpo central del informe, para permitir a los interesados seguir su evolución temporal en relación con las ediciones anteriores del SIDIR.

Existen dos atributos en los que un mismo indicador es utilizado como contraparte objetiva: “lo recomendaría como país para vivir” y “lo recomendaría como país para trabajar”. Aunque es importante saber que España resulta más atractiva como país para vivir que como país para trabajar, no existen dos indicadores objetivos diferentes para comparar ambos atributos, puesto que trabajar en un país exige generalmente vivir en él y, análogamente, muchos de los que deciden trasladarse a vivir en un país necesitan trabajar en él para poder mantenerse. En este caso el indicador utilizado es la tasa de migración neta per cápita, definida como la diferencia entre el stock de inmigrantes y de emigrantes (incluyendo a los individuos inactivos) con respecto a la población total del país.

Por otra parte, en algunos casos es inevitable que la fuente utilizada como variable objetiva tenga un componente significativo de percepción subjetiva o esté básicamente construida sobre ella. Así, para los atributos relativos al “entorno político e institucional” y al “entorno económico” se han utilizado como fuente los Worldwide Governance Indicators del Banco Mundial, que a su vez se elaboran a partir de la opinión de expertos. Esto es debido a la falta de fuentes objetivas que midan estos aspectos con criterios y metodología similares para el conjunto de países incluidos en la muestra. Como ocurre con otros índices que intentan medir fenómenos difícilmente cuantificables (como por ejemplo el de Transparencia Internacional sobre corrupción), la percepción de individuos bien informados por su posición social, económica o política es lo más cercano que puede encontrarse a una medición objetiva.

En otro caso, la variable objetiva de la comparación está formada, a su vez, por un conjunto de encuestas. Se trata del atributo “el país ofrece un estilo de vida atractivo, la gente disfruta viviendo allí”. Aquí se trata de medir el disfrute o la felicidad de los individuos de cada país, y, siendo la felicidad por definición un estado de ánimo y por tanto subjetivo, la única comparación posible es la que puede realizarse con los datos que miden esa felicidad a partir de encuestas a los individuos. En este caso se han utilizado los datos del World Happiness Report elaborado por la ONU, que se basa a su vez en varias encuestas internacionales.

(1.2) Identificar fuentes estadísticas en las que se recojan todos los países valorados en la encuesta sobre imagen

Este requisito implica, por ejemplo, desechar las numerosas fuentes estadísticas que se refieren sólo a la UE o sólo a los países de la OCDE. En los casos en que la fuente estadística utilizada recoge la mayoría del resto de los 54 países de la encuesta, pero deja fuera a algunos de ellos, éstos últimos han sido eliminados también de la clasificación de imagen para hacer comparables ambas escalas. El caso más destacado es el de Taiwán, que aparece recogido en el Country RepTrak pero que está ausente en numerosas estadísticas internacionales dado su limitado reconocimiento internacional.

(1.3) Simultanear en el tiempo las mediciones de imagen y realidad

Aunque la última oleada de la encuesta de imagen internacional se ha realizado en el año 2020, la publicación de estadísticas internacionales suele sufrir un retraso de al menos un año respecto al momento al que hacen referencia los datos. Ello obliga a utilizar la encuesta del Country RepTrak 2019, realizada a comienzos de ese año, para simultanear la comparación de sus datos con los de las estadísticas disponibles más recientes (por lo general de 2018).

(1.4) Mostrar la evolución anual de la imagen y de la realidad españolas al margen de su posición en los rankings

El objetivo del SIDIR es proporcionar, para cada momento, la medición de la distancia entre la posición de España en el ranking de imagen y su posición en los rankings basados en datos objetivos. No obstante, al tratarse de la medida de una distancia, su evolución en el tiempo puede deberse tanto a cambios en la posición en el ranking de valoración subjetiva como a cambios en la posición en los rankings de indicadores objetivos. Por tanto, la lectura e interpretación de la evolución de la distancia debe ser muy cuidadosa, ya que la posición en un ranking internacional puede alterarse a raíz de cambios experimentados por terceros países. De tal manera, España podría mejorar en cualquier atributo y, sin embargo, ver disminuida su posición en el ranking porque otro país ha mejorado más o porque nuevos países con un resultado mejor que el español han sido incluidos en la encuesta.

Por ello, para medir específicamente el avance o retroceso de la distancia entre imagen y realidad españolas de año en año, se realiza una comparación entre el porcentaje de aumento o retroceso de la puntuación obtenida por España en cada uno de los atributos en la encuesta (en una escala de valoración 0-100) y el porcentaje de aumento o retroceso en los indicadores objetivos. Esta comparación permite medir la evolución de la distancia entre la imagen de España y su realidad, al margen de cuál haya sido la evolución de los demás países. Es decir, no mide los cambios de posición en un ranking internacional, sino únicamente la evolución nacional. Este resultado es útil para medir la eficacia de las políticas dedicadas a la mejoría del prestigio de España y lo español.

En algunos casos la fuente utilizada para conocer los datos objetivos ha introducido ciertos cambios metodológicos que impiden una comparación adecuada. En esos casos no se presentan los datos de evolución temporal.

Carmen González Enríquez
Directora del Observatorio de la Imagen de España
, Real Instituto Elcano

José Pablo Martínez Romera
Ayudante de investigación, del Observatorio de la Imagen de España, Real Instituto Elcano
| @jpmromera

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<![CDATA[ La presencia de España en Europa en las crisis del euro y de la pandemia ]]> http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/dt24-2020-malodemolina-presencia-de-espana-en-europa-en-crisis-del-euro-y-de-la-pandemia 2020-12-10T09:45:57Z

Se realiza una revisión sintética y selectiva de los principales hitos de la presencia de España en la UE con la finalidad de contribuir a identificar los posibles elementos que pueden contribuir a definir una estrategia para reforzar su proyección.

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Índice

Resumen – 2
(1) Introducción – 2
(2) Europa: motor de la modernización española – 6
(3) La gran crisis – 8
(4) La respuesta europea: la nueva arquitectura – 11
(5) La irrupción de la crisis sanitaria por la pandemia ha dado nuevos impulsos a la necesidad de introducir un germen de unidad fiscal – 17
(6) Consideraciones finales – 22
Referencias bibliográficas – 23

Resumen

La participación de España en la UE ha sido globalmente una historia de éxito. No obstante, ha sufrido notables vaivenes y no siempre se ha correspondido con su importancia relativa en el conjunto comunitario. En este documento de trabajo se realiza una revisión sintética y selectiva de los principales hitos de la presencia de España en la UE con la finalidad de contribuir a identificar los posibles elementos que pueden contribuir a definir una estrategia para reforzar su proyección. Se presta particular atención al retroceso sufrido con la crisis financiera y del euro y a los retos y oportunidades que se ofrecen con la crisis sanitaria. Se defiende que el peso de un país de tamaño mediano o pequeño depende de lo acertado de su estrategia europea. Y se concluye que en los momentos de transformación que vive la UE, la estrategia de España debe orientarse a la preservación de la arquitectura existente, frente a los riesgos de retroceso, y a impulsar reformas viables y realistas que suplan las carencias más apremiantes. Las innovaciones introducidas en la respuesta a la pandemia han establecido precedentes que pueden facilitar avances importantes. Las posiciones maximalistas no tienen visos de prosperar y su defensa no se corresponde con el papel que España puede desempeñar. Es imprescindible un enfoque selectivo basado en propuestas técnicamente sólidas y susceptibles de suscitar consensos.

(1) Introducción

La integración de España en Europa ha sido la guía y el motor de la modernización de la economía española y de su aproximación a los países más avanzados. La adhesión a la Comunidad fue una historia de éxito tanto desde el prisma doméstico como desde la perspectiva europea. Ello explica que, durante la primera etapa de la adhesión, España fuera considerada un arquetipo de los beneficios de la buena marcha del proyecto. Sin embargo, a pesar de este reconocido rasgo distintivo, la influencia de España en la UE no siempre se ha correspondido con su peso real y sus contribuciones al diseño europeo han sido puntuales. El escaso protagonismo se hizo patente, sobre todo, a partir del duro impacto de la crisis financiera, que afloró las fragilidades de la arquitectura de la Unión, evidenció su limitada y torpe capacidad de respuesta ante escenarios imprevistos y, a la vez, colocó a España en el grupo de países problemáticos, lastrados por sus desequilibrios en medio del torbellino de la crisis de la deuda. Difícilmente se podía ser influyente y mantenerse cercano al núcleo central de la toma de decisiones europeas cuando en poco espacio de tiempo se pasó de las filas de los miembros modélicos a la lista de los países incumplidores, y cuando la opinión pública, sin abandonar su europeísmo, empezó a estar dominada por la profunda cicatriz social que dejo la crisis y la crítica hacia los excesos austeridad en la respuesta de la política europea.1

Para España nunca fue fácil articular su estrategia europea y hacerla presente en las instituciones. Por nuestra tardía incorporación, legado del pasado dictatorial, y por nuestro síndrome de país intermedio: no somos un país lo suficientemente grande para haber sido considerado entre los principales actores, ni lo suficientemente pequeño como para poder contentarnos con hacer una política de alineamiento o seguidismo de otros países grandes. A los pocos años del ingreso, España fue capaz compartir el liderazgo de una de las grandes ideas que hicieron avanzar la construcción europea: la plena apertura de los mercados (Mercado Único) a cambio del apoyo financiero a los países rezagados con los fondos estructurales y de cohesión. Esa política dio grandes frutos para Europa y para España. Y, más adelante, España consiguió colocarse en el pelotón de cabeza con la entrada en el euro desde su creación.

Paradójicamente, a partir de ese éxito, y cuando se tenía una posición más ventajosa, se fueron diluyendo los perfiles de la estrategia europea de España. La euforia por los beneficios conseguidos en crecimiento y renta per cápita desvió la atención y la dedicación de recursos humanos desde las metas europeas a tareas y objetivos domésticos. Y lo que fue más grave, los excesos en los que se incurrió durante esa larga etapa expansiva nos colocaron en una posición de vulnerabilidad ante la crisis financiera, lo que hizo que España se convirtiera por unos años en uno de los flancos más débiles del edificio europeo. Y ello se tradujo en una notable pérdida de influencia.

Durante la crisis, la UE se vio forzada a innovar bajo la presión de unos acontecimientos dramáticos que pusieron al límite su propia capacidad de supervivencia. El foco estuvo en el riesgo de fractura de la moneda única, pero la instabilidad de la UEM puso en peligro el conjunto del proyecto. Los fallos que emergieron como consecuencia de los problemas de competitividad, los excesos de endeudamiento público y privado, las burbujas inmobiliarias y la proliferación de las crisis bancarias evidenciaron la grave carencia que suponía la inexistencia de un prestamista de última instancia para los países del área del euro (Regling, 2019). Las innovaciones, a contracorriente, se centraron en la improvisación, primero, y en la formalización después de los programas de ayuda financiera y rescate de los países amenazados, acompañados por unos mecanismos de condicionalidad que suscitaban nuevos problemas en la definición de los papeles respectivos de la solidaridad y la responsabilidad y en la demarcación de los límites de la soberanía nacional en el manejo de las políticas económicas. Y el BCE tuvo que modificar en profundidad su esquema de política monetaria para adentrarse en la compra de deuda de los países estresados y más generalmente con la introducción de medidas no convencionales de política monetaria que culminó con la adopción de una estrategia de relajación cuantitativa.

Durante el período en el que se gestaron los cambios institucionales de la UE para dar respuesta a los retos de la crisis, la posición española estuvo muy condicionada por la necesidad de defenderse frente a los riesgos que amenazaban a su economía y a su propia supervivencia en el área del euro. Dentro del clima de confusión y desconfianza entonces reinante, los planteamientos españoles frente a los problemas europeos estuvieron fundamentalmente orientados a obtener cierta compresión en la interpretación de las reglas de estabilidad ante las adversas circunstancias por las que atravesaba, en la activación de mecanismos para frenar el contagio en los mercados de deuda e incluso en la disponibilidad de financiación que aliviase la sequía de los mercados, pero siempre con la preocupación de soslayar el recurso a un programa europeo de rescate completo que hubiese supuesto la intervención de su economía. No obstante, España contribuyó de manera constructiva al diseño del dispositivo temporal de la Facilidad Europea de Estabilidad Financiera y al Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera. Y lo que fue quizá más significativo, apoyó sin reservas, en medio de las adversidades en el sector de las cajas de ahorro, el lanzamiento de la Unión Bancaria, que fue un paso trascendental para la superación de la crisis y para abrir la reflexión sobre la necesidad de completar la arquitectura de la UEM, con desarrollos más ambiciosos en la integración financiera y fiscal, y sobre sus implicaciones políticas para la legitimación democrática.

Una vez superada la fase más dura de la crisis, la UEM había sido capaz de taponar las vías de agua y mantener a flote el proyecto, a pesar de que la respuesta había sido tardía, renqueante e insuficiente. Pero el entramado de la moneda única seguía siendo incompleto y era percibido como tal. Se hizo apremiante la búsqueda de una respuesta a esa situación inestable que despejase los temores de un nuevo agravamiento de la fragilidad. Las instituciones se apresuraron a elaborar una hoja de ruta de avances graduales pero ambiciosos que se plasmó en el denominado Informe de los Cinco Presidentes en el que se esbozaron las principales ideas para completar y fortalecer la UEM.

Un diseño más acabado de la integración financiera redundaría en un soporte más sólido de la moneda única pero no sería suficiente. El meollo de la transformación que se proponía requería complementar la integración monetaria y financiera con la introducción algunos elementos tasados de unión fiscal que vinieran a acompasar el impacto de las políticas nacionales y a descargar la política monetaria de las tareas que tuvo que asumir en situaciones de emergencia. El Informe de los Presidentes señalaba también que los pasos más avanzados del proceso propuesto tendrían importantes derivaciones en el plano de la responsabilidad democrática y la unión política, que habrían de ser abordadas en paralelo con desarrollo de los nuevos ingredientes a lo largo de un horizonte dilatado de tiempo.

En España, el resultado satisfactorio del rescate bancario y la progresiva superación de la crisis ayudaron a mejorar su posición ante los restantes países miembros y las Instituciones europeas. La articulación de algunas reformas y la paulatina mejora del crecimiento y del empleo hicieron que se percibiera a España como como un socio más fiable y se le abrieran nuevas posibilidades de alcanzar un puesto entre los países influyentes. A España la avalaban el cumplimiento de la mayor parte de los compromisos europeos, incluso en condiciones muy adversas, y el mantenimiento de la orientación europeísta de la opinión pública, las fuerzas políticas y el proyecto gubernamental. Desde esa posición se abría una nueva oportunidad para recuperar el prestigio y la influencia perdidas y para reanudar una etapa en la que las propuestas españolas se puedan abrir camino y ser tenidas en cuenta.

La dinámica de recuperación europea y española se vio, sin embargo, dramáticamente interrumpida por la intensa conmoción mundial de la situación de emergencia sanitaria del COVID-19 que ha dañado adicionalmente las frágiles estructuras de gobernanza internacional. España, además, se ha encontrado entre los países más duramente afectados y su economía se ha visto abocada a una contracción sin presentantes, con una intensidad muy superior de la que tuvo la Gran Recesión. Y frente a ella no se encuentra entre los mejor preparados para afrontarla por la pesada herencia en términos de endeudamiento de la crisis anterior y por los importantes problemas estructurales que sigue arrastrando en parcelas importantes de su tejido económico por el escaso avance de las reformas pendientes. Sobre todo, por el mal funcionamiento del mercado de trabajo, donde el alto nivel de desempleo estructural y la acusada dualidad siguen actuando como factores de amplificación de las perturbaciones contractivas.

La posición de fragilidad con la que España se enfrenta a la crisis de la pandemia supone a la vez un nuevo reto y una oportunidad para la consolidación de una mayor influencia en la gobernanza comunitaria. La superación de esta peculiar crisis requerirá de la movilización a corto plazo de abultadas partidas de gasto público no financiables ni por la forzosamente debilitada capacidad recaudatoria de impuestos ni por el potencial de captación de recursos en los mercados financieros. El margen para conseguir que esta inesperada conmoción no devenga en un retroceso de proporciones superiores a la década perdida que supuso la crisis financiera anterior depende crucialmente de la reacción europea y de su apoyo efectivo a las políticas expansivas necesarias. Lo que coloca a la relación de España con la UE en el centro de la articulación de la respuesta de la política económica. Sin la ayuda de Europa, España estaría condenada a recaer en una nueva grave crisis de deuda que pesaría como una losa en el crecimiento económico y el desarrollo del Estado del bienestar en los próximos 10 años.

Afortunadamente, Europa ha reaccionado con diligencia y audacia proveyendo cuantiosos fondos para la articulación de una respuesta expansiva con un componente de solidaridad, que no fue capaz de introducir en ocasiones anteriores. España se encuentra así con mejores resortes que activar frente a la crisis, pero para hacer valer la mejora de la posición española se hace imprescindible pasar de las proclamas europeístas genéricas y de los programas de integración maximalistas a la concreción de propuestas precisas y viables que respondan a los intereses comunitarios y nacionales.

En la aportación española al Informe de los Cinco Presidentes de 2015 se encuentran algunos ejemplos de planteamientos maximalistas sobre el futuro de la UEM que, si bien reforzaban el perfil europeísta, difícilmente constituían una propuesta con visos de viabilidad. En aquel documento se apostaba por una Unión Fiscal completa que implicase la transferencia de soberanía a la Unión de las políticas de ingresos y gastos, un presupuesto común para la eurozona e instrumentos de deuda comunes (Comisión Europea, 2015). En un momento tan difícil como el que vive la UE, la estrategia de un país como España debe estar orientada a reforzar las líneas de defensa de la construcción europea existente y apoyar las reformas viables que suplan las carencias más apremiantes. Las posibilidades de avance, aprovechando los precedentes innovadores introducidos frente a la pandemia, son limitadas por lo que es imprescindible ser muy selectivo en los nuevos proyectos, y adquiere mayor relevancia la definición de estrategias orientadas a conservar y fortalecer los pilares que aseguren la supervivencia del proyecto frente a las corrientes adversas que perviven.

El objetivo de este trabajo es proporcionar una visión sintética de la experiencia española en la UE con la pretensión de contribuir a la que estrategia europea de España sirva de apoyo frente a las inestabilidades que amenazan al proyecto y para aumentar así la influencia en las decisiones comunitarias. Se trata de una visión retrospectiva de la trayectoria seguida por España en la UE orientada a la problemática actual de la revisión de su propia arquitectura y de la respuesta a la pandemia.

José Luis Malo de Molina
Economista


1 Araceli Mangas Martín lo formula en los siguientes términos: “Es cierto que desde 2004, de forma entonces poco perceptible, pero bien evidente en el segundo mandato del presidente Rodríguez Zapatero, España se ha vuelto un Estado insignificante en la UE aun perdurando nuestra lealtad y compromiso europeo” (Mangas Martín, 2011).

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