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Tema: La amenaza del ejército turco de intervenir si el
próximo presidente del país es islamista sumió a Turquía, que está negociando
su ingreso en la UE, en su mayor crisis política desde 1997, cuando un golpe de
Estado “blando” acabó con un Gobierno dominado por los islamistas. La decisión
de convocar elecciones generales anticipadas el 22 de julio, y posiblemente,
también presidenciales al mismo tiempo (por primera vez por votación popular y
no parlamentaria) permitió salir del actual impasse
político, pero no resolverá de por sí el problema fundamental de tener que conciliar
el rígido laicismo turco con una democracia liberal moderna.
Resumen: La crisis surgió a raíz de la amenaza militar de intervenir
si el Partido de la Justicia y Desarrollo (AKP, por sus iniciales en turco),
actualmente en el gobierno y de raíces islamistas, mantiene como candidato a la
presidencia a Abdulá Gül, su ministro de Asuntos Exteriores. El primer ministro,
Recep Tayyip Erdogan, rompió la tradición y desafió abiertamente a las fuerzas
armadas, los autoproclamados guardianes de la constitución laica. Su portavoz
les recordó que, constitucionalmente, las fuerzas armadas son quienes están
obligadas a acatar las órdenes del primer ministro, y no a la inversa. Gül se
negó a retirar su candidatura y, tras la decisión del Tribunal Constitucional,
el bastión del laicismo, de obstaculizar su candidatura por el cuestionable
motivo de que no se había conseguido en el parlamento el quórum necesario para
elegirlo, Erdogan decidió adelantar las elecciones generales previstas para
noviembre. Lo más probable es que, aún así, salga reelegido el AKP.
Análisis
Antecedentes
Las primeras muestras de descontento de la Turquía
“laica” se produjeron el 14 de abril, cuando unas 400.000 personas se reunieron
frente al mausoleo de Mustafá Kemal Atatürk, fundador de la República de
Turquía en 1923, para protestar contra la posible candidatura a la presidencia
del país propuesta por Recep Tayyip Erdogan, el actual primer ministro, cuyo
partido, el AKP, obtuvo una aplastante victoria en las elecciones de 2002 y
ostenta 353 de los 550 escaños del parlamento, el órgano responsable de elegir
al presidente. Una enorme bandera turca se desplegó en el mausoleo entre los
manifestantes de la administración pública, la judicatura y otros segmentos de
la sociedad, conocidos como los “poderes fácticos”, encabezados por el
ejército. Indudablemente, aquella demostración de fuerza persuadió a Erdogan de
no optar a la presidencia, decisión que tomó el 24 de abril, momento en el cual
su familia ya le había pedido también que no presentase su candidatura. El General
Yasar Büyükanit, jefe del Estado Mayor, había expresado su esperanza de que el
próximo presidente fuera alguien leal al principio del secularismo de la república,
“no sólo de palabra, sino también con hechos”.
Todo apuntaba a que Vecdi Gönül, ministro de Defensa,
sería el candidato presidencial. Éste no procede de la rama del Partido del
Bienestar (islamista y precursor del AKP) y su mujer, a diferencia de las de Erdogan
y Gül, no usa hiyab (como se calcula
que hace el 55% de las turcas), prohibido en los edificios públicos. Bülent
Arinç, portavoz del parlamento y peso pesado dentro del AKP, también albergaba
ambiciones presidenciales y, según fuentes cercanas, vetó a Gönül. Arinç
sugirió el mes pasado que el próximo presidente debía ser devoto, e incluso alardeó
de superar tácticamente a Erdogan durante el proceso de nombramiento. También
ha propuesto que se redefina la versión turca del laicismo. Todas estas
declaraciones han molestado tremendamente al ejército. Tomando una decisión
inteligente, el AKP eligió como candidato presidencial a Abdulá Gül, ministro
de Asuntos Exteriores, una figura carismática y respetada en el escenario
diplomático europeo por dirigir los esfuerzos destinados a conseguir el ingreso
de Turquía en la UE.
Sin embargo, esto no ha bastado para aplacar al
ejército, que probablemente no iba a estar dispuesto a aceptar a ningún
candidato del AKP, y varias horas después de que el parlamento votase el 27 de
abril en primera ronda y no consiguiera llegar a un acuerdo en torno a Gül (el
AKP se quedó a 10 votos de la mayoría de dos tercios necesaria), el ejército
publicó una declaración en su página web
en la que señalaba que se habían producido intentos de socavar el secularismo.
Citaba cuatro ejemplos de actos religiosos organizados durante las
celebraciones del día nacional, el 23 de abril, en que se conmemora la convocatoria
del primer parlamento en 1920. En la declaración se criticaba a los
gobernadores por no haber impedido estos actos; el mensaje implícito era que
los órganos estatales no estaban haciendo su trabajo. Después se mencionaban los
debates sobre el secularismo en el contexto del proceso de elección
presidencial y se señalaba abiertamente que las fuerzas armadas no dudarían en
cumplir su obligación legal (en virtud de la Constitución turca de 1980,
redactada en gran parte después del golpe de Estado) de proteger el secularismo,
y que nadie debía dudar de su determinación a hacerlo. Los turcos bautizaron
este ultimátum como “golpe electrónico” o “golpe virtual”. Algunas fuentes se
preguntan si la declaración contaba con el beneplácito expreso de la cúpula
militar. Hay quienes consideran que el momento en que se produjo y lo errático
de su prosa podrían apuntar a que la declaración fue una medida de última hora
para evitar una intervención militar más directa.
La oposición, liderada por el Partido Republicano del
Pueblo (CHP, por sus iniciales en turco), creado en torno a Atatürk, boicoteó
la votación parlamentaria y posteriormente solicitó al Tribunal Constitucional,
el órgano legal de mayor rango (entre cuyos antiguos presidentes figura Ahmet
Necdet Sezer, actual presidente de la República), que anulara esa votación por
no haberse alcanzado el quórum parlamentario necesario de dos tercios de los 550
diputados. El 29 de abril salieron a las calles de Estambul cerca de un millón
de personas para manifestarse por segunda vez contra el Gobierno, profiriendo
gritos de “no a los golpes de Estado” y “no a la sharia” (ley islámica).
El Tribunal falló a favor del CHP el 1 de mayo,
anulando así la votación parlamentaria del día 9 de ese mismo mes, en la que
sólo habría hecho falta el 50% de los votos, un porcentaje con el que el AKP
podía contar fácilmente. La decisión del Tribunal no causó demasiada sorpresa,
puesto que nueve de sus 11 miembros fueron nombrados por Sezer, militante del
movimiento kemalista. Gül declaró que si ese fallo se interpretaba con todo
rigor las votaciones parlamentarias por las que se
eligió a los tres últimos presidentes tendrían que invalidarse.
La elite laica teme que si el AKP llega a controlar la
presidencia además del parlamento y el Gobierno, desaparecería el sistema de
controles y equilibrios. El presidente, que jura lealtad al “carácter secular
de la República”, es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, responsable
de nombrar a determinados cargos superiores, y tiene poder de veto sobre las
leyes que aprueba el parlamento. Sezer no ha dudado en usar ese poder: por
ejemplo, vetó a la persona nombrada por Erdogan como gobernador del Banco de
Turquía. Tanto Sezer como Büyükanit han declarado en diversas ocasiones que
nunca antes se había enfrentado Turquía a una amenaza semejante a la actual. ¿Resultará
cierta esta afirmación?
Islam
político en Turquía
El año 1972
marcó un punto de inflexión en el auge de las políticas islámicas en Turquía,
ya que ese mismo año el Partido de Salvación Nacional (NSP) obtuvo el 11,8% de
los votos y 48 escaños en el parlamento (véase la Figura 1). En 1974, el NSP
formó un Gobierno de coalición con el Partido Republicano del Pueblo y
Necmettin Erbakan, líder del NSP, fue nombrado viceprimer ministro. En las
siguientes elecciones generales, celebradas en 1977, el NSP perdió votos,
descendiendo hasta el 8,6% y 24 diputados, aunque, con todo, siguió ejerciendo
una fugaz influencia en el poder, como parte de una nueva coalición.
Figura 1. Islam político en Turquía: % de votos y escaños en el
parlamento de partidos islamistas, 1972-2002
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|
1972
|
1977
|
1987
|
1991
|
1995
|
1999
|
2002
|
|
Partido
|
V E
|
V E
|
V E
|
V E
|
V E
|
V E
|
V E
|
|
Partido de Salvación Nacional
|
11,8 48
|
8,6 24
|
— —
|
— —
|
— —
|
— —
|
— —
|
|
Partido del Bienestar
|
— —
|
— —
|
7,2 0
|
16,9 62
|
21,4 158
|
— —
|
— —
|
|
Partido de la Virtud
|
— —
|
— —
|
— —
|
— —
|
— —
|
15,4 111
|
— —
|
|
Partido de la Justicia y el
Desarrollo
|
— —
|
— —
|
— —
|
— —
|
— —
|
— —
|
34,0 363
|
V = votos, E = escaños.
Fuente: Ministerio del Interior turco.
Durante la década de 1980, el sucesor del NSP, el
Partido del Bienestar, quedó fuera del parlamento por una serie de cuestiones
relacionadas con el golpe de Estado de 1980 (restricciones impuestas a los
partidos, prohibiciones a determinadas personas a presentarse a las elecciones,
incluido Erbakan, además de cambios en la ley electoral que fijaban un límite
del 10% de los votos para obtener un escaño en el parlamento). En 1991, cuando
Erbakan volvió a tomar las riendas, el Partido del Bienestar regresó al
parlamento uniendo sus fuerzas con las de otros dos partidos para superar la
barrera del 10% y ya en 1995, sin necesidad de coligarse, fue el partido más
votado al obtener 158 escaños, lo que causó una conmoción entre la clase
política. Por aquel entonces, el Partido del Bienestar había logrado movilizar
a las clases bajas urbanas, empobrecidas por los cambios en las políticas
económicas que se produjeron a partir de 1980, y ocupaba el vacío dejado por el
debilitamiento
de los partidos de izquierdas. El Partido
del Bienestar resultaba especialmente atractivo entre quienes emigraban a
Estambul y Ankara desde las zonas rurales, vivían en barriadas y trabajaban en
unas condiciones rudimentarias, ya que les ofrecía servicios sociales que el
Estado no les facilitaba. Malise Ruthven señala que “la emigración del campo a
la ciudad suele conllevar un aumento de la religiosidad, ya que una práctica
religiosa más intensa y con mayor conciencia propia compensa los ritmos de vida
más relajados de la vida rural… con lo que las clases marginadas de las urbes
se vuelven particularmente susceptibles a los mensajes de predicadores
populistas”. Los votos al Partido del
Bienestar reflejaban asimismo la enorme pérdida de confianza en un sistema
político corrupto y desacreditado y la creencia de que las reglas del juego de
un partido islamista serían más limpias.
El Partido del Bienestar formó el primer gobierno
de coalición de Turquía dirigido por un partido islamista, aunque en junio de
1997 un golpe de Estado “blando” le obligó a abandonar el poder (era la cuarta
vez que se obligaba a un gobierno electo a abandonar el poder desde 1960, pero
sin derramamiento de sangre). El Tribunal Constitucional disolvió el partido en
1998 y Erbakan fue de nuevo inhabilitado. El sucesor del Partido del Bienestar,
el Partido de la Virtud, obtuvo el 15% de los votos en las elecciones generales
de abril de 1999, lo que le convirtió en el principal partido de la oposición,
con 111 escaños. En 2001, el Tribunal Constitucional ilegalizó el Partido de la
Virtud y en 2002 el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), un nuevo
partido fundado por Erdogan y Gül como escisión del AKP, obtuvo una victoria
aplastante en las elecciones generales, con un 34% de los votos. El Partido de
la Virtud se reorganizó bajo el nombre de Partido de la Felicidad, pero no
obtuvo más que un 2% de los votos. Prácticamente todos los partidos
tradicionales, considerados corruptos por los votantes, fueron eliminados del parlamento,
lo que supuso un enorme golpe para el statu
quo kemalista. Los resultados del AKP fueron en gran medida una victoria
personal de Erdogan y Gül, que habían fundado el partido tras romper con el
provocador Erbakan, que trató de situar al país en la senda islamista.
Ninguna de las
sucesivas ilegalizaciones de los partidos islamistas han sido efectivas; más
bien se ha producido el efecto contrario: la conversión del islam político en
una fuerza de masas. La clase dirigente laica no supo comprender que el
islamismo turco era un movimiento más que un partido, y que estaba “enraizado
en la cultura local, en las relaciones personales, en las redes de la
comunidad, y conectado a la política nacional de partidos a través de las organizaciones
de ciudadanos”. El AKP es un
movimiento de base que ha logrado enfrentarse con éxito al paternalismo
autoritario y centralizado del sistema político. Esto explica por qué ha
logrado mantener el impulso político, a pesar de todas las ilegalizaciones por
las que ha pasado.
Erdogan, antiguo alcalde de Estambul de
gran dinamismo, no pudo asumir el cargo de primer ministro con carácter
inmediato (fue asumido por Gül) por haber cumplido una condena de 10 meses de
cárcel en 1999 y haber sido inhabilitado de por vida para ejercer un cargo
público por incitar al odio religioso con ocasión de la lectura en público de
un poema (“Las mezquitas son nuestros cuarteles, las cúpulas nuestras corazas,
los minaretes son nuestras bayonetas y los creyentes, nuestros soldados”). Como
no podía ocupar su escaño parlamentario por ese motivo, no pudo ocupar el cargo
de primer ministro hasta marzo de 2003, una vez que el parlamento controlado
por el AKP modificó la constitución y Erdogan ganó las elecciones celebradas
para cubrir un escaño vacante en el parlamento.
El AKP lleva 50 años siendo el partido de mayor éxito
de Turquía. Su historial de reformas en todos los frentes es superior al de
cualquier otro, como era necesario si el Gobierno quería convencer a la UE de
que iniciara negociaciones de adhesión como lo hizo en 2005, más de 40 años
después de que Turquía se hubiera convertido en miembro asociado de la entonces
CEE. Uno de los motivos de que el AKP sea proeuropeo es que cree que la
pertenencia a la UE permitirá un mayor grado de libertad para ejercer la
religión musulmana (las actividades de algunas minorías cristianas en Turquía
también se ven significativamente restringidas). En vez de flirtear con Estados
islamistas como Irán (como hizo Erbakan) y aprobar políticas nacionales de
carácter populista, Erdogan, ayudado enormemente por Gül (que fue portavoz y secretario
de Estado para las Relaciones con el Mundo Islámico del Gobierno de Erbakan),
se puso a la fundamental tarea de reformar el poder judicial, la Constitución y
la economía (se ha conseguido contener la inflación, la renta media per cápita
se ha duplicado prácticamente entre 2003 y 2006 hasta alcanzar los 5.477 dólares
y han tenido lugar grandes entradas de inversión extranjera directa). Ha
mejorado el respeto de los derechos humanos y la libertad de prensa, aunque no
lo suficiente, y se ha reducido el poder de los militares, especialmente en el
Consejo de Seguridad Nacional, una especie de gobierno en la sombra, aunque
tampoco lo suficiente, como ponen de manifiesto los últimos acontecimientos. El
AKP no ha destruido el orden secular ni ha creado una sola ley que intente
allanar el camino hacia el fundamentalismo islámico. En cuanto se ha producido
el más mínimo intento de adoptar medidas radicales como la propuesta de
tipificar el adulterio como delito, la sociedad ha reaccionado de forma
inmediata y el Gobierno ha dado marcha atrás.
Al AKP no le agrada el calificativo de neoislamista,
prefiere que se le compare con algún partido cristianodemócrata europeo (como
el alemán, por ejemplo) pero entendido en un contexto musulmán. El razonamiento
del AKP es que, del mismo modo que no se forma ningún escándalo porque un
católico practicante ascienda al poder, tampoco debería formarse, y mucho menos
proferirse amenazas, porque un demócrata musulmán lo haga. Sin embargo, el caso
de Turquía es un caso muy especial.
La modalidad
turca de secularismo
El secularismo (inspirado en el principio y la
práctica de la laïcité francesa) es
la base de la República, fundada en 1923, y muchos turcos consideran que, de no
ser por él, Turquía no sería actualmente el país más democrático del mundo
musulmán. Con todo, el islam sigue siendo la religión predominante en el país y
las personas son libres de practicarlo, pero al mismo tiempo está
microgestionado por la Dirección de Asuntos Religiosos del Gobierno, que redacta
los sermones y mantiene un control sobre los imanes, algo que choca con el
concepto occidental de libertad de culto. La educación islámica en Turquía, a
diferencia de lo que ocurre en el resto del mundo musulmán, se organiza siguiendo
la línea de enseñanza religiosa europea, no los modelos islámicos tradicionales.
Para los fundadores de la República, el islam era una fe que debía limitarse a
la esfera privada y era intolerable organizarlo de tal forma que desempeñara un
papel influyente en la vida pública, ya que lo contrario sería volver al atraso
del pasado otomano. Kemal Atatürk abolió el califato, sustituyó la ley islámica
por la legislación occidental, introdujo el alfabeto latino y concedió a las
mujeres el derecho a votar y a acceder a todas las profesiones. El amplio
movimiento conocido como kemalismo sigue siendo actualmente una especie de
religión estatal, a la cual jura firme lealtad un amplio sector de la sociedad
(funcionarios, académicos, periodistas, diplomáticos, estudiantes
universitarios, el ejército y las clases profesionales).
Resulta significativo que la frase “Turquía es laica y
seguirá siendo laica”, más que un llamamiento a una mayor democracia, fuera el
lema que más enérgicamente se gritaba durante las masivas manifestaciones
públicas de Ankara y Estambul. En Turquía, el laicismo se identifica más con
occidentalización y modernidad que con democracia. De hecho, si se pidiera a
los fervientes kemalistas que, con total sinceridad, dijeran si preferían
sacrificar el laicismo o una democracia liberal, probablemente la mayoría renunciaría
a la democracia, en vez de decir que los dos conceptos deberían ser
complementarios, como lo son en Occidente.
Aunque el AKP no ha incorporado ninguna ley islámica a
la legislación turca, sigue teniendo que ganarse la mente y el corazón de los
laicistas del medio urbano (conocidos como “turcos blancos”), a diferencia de
lo que ocurre con los votantes, más religiosos, de las zonas rurales (y los que
emigraron a las ciudades). Cinco años después de que el AKP accediera al poder,
la elite laica sigue temiendo que el partido cuente con un programa oculto y
que, si llegase a controlar la presidencia además del parlamento y el Gobierno,
estaría en posición de dirigir el país hacía una teocracia islámica. A nivel
local, donde muchos de los ayuntamientos están controlados por el AKP, se ha
producido ya cierta tendencia progresiva hacia la islamización (prohibición del
alcohol en algunos pueblos, por ejemplo). Tampoco hay que olvidar que Turquía
comparte frontera con Irak, Irán y Siria y que los militares sienten una honda
preocupación sobre la seguridad nacional.
El AKP ha demostrado ser un partido político
proeuropeo y moderno, pero esto no ha sido suficiente. Los “poderes fácticos”
siguen anclados en el pasado, especialmente el ejército, y aún no han llegado a
aceptar del todo la nueva realidad. Por tanto, era inevitable, y Erdogan debía
haberlo sabido, que al reivindicar el derecho democrático del AKP a nombrar a
un candidato a las elecciones presidenciales fuera a producirse un enfrentamiento.
De hecho, puede incluso que se haya tratado deliberadamente de llevar la
situación a un punto crítico.
En Occidente nunca se ha comprendido del todo el
laicismo turco, como tampoco se entienden sus Fuerzas Armadas, que hoy por hoy
sigue siendo la institución más respetada del país, según los sondeos de
opinión. La tendencia de los generales en prácticamente los últimos 50 años
puede parecer antidemocrática, pero como señalaba el columnista Metin Munir,
podría decirse que los políticos a los que derrocaron los militares eran más
antidemocráticos que los propios militares y que los medios empleados para derrocarlos. El
primer golpe de Estado, en 1960, acabó con un Gobierno que se había vuelto
corrupto y déspota, había aplastado a la oposición y silenciado a los medios de
comunicación; el primer ministro, Adnan Menderes, fue ahorcado. El segundo
golpe, en 1971 (en forma de ultimátum) provocó la caída de Süleyman Demirel y,
en 1980 el ejército se hizo con el poder en un momento en que el país se
encontraba prácticamente en estado de guerra civil, con constantes
enfrentamientos en las calles entre la izquierda y la derecha. En 1997, el
ejército alzó de nuevo la voz y puso fin a un Gobierno dominado por los
islamistas, sin necesidad de sacar un solo tanque a las calles. El poder fue
devuelto a los civiles de forma relativamente rápida y la presidencia fue
asumida por antiguos militares o por figuras cercanas a la línea de pensamiento
del ejército.
La debilidad y fragmentación de la oposición, tanto a
la derecha como a la izquierda del espectro político, tampoco contribuye a la
causa del laicismo. Existen motivos sólidos para creer que esta oposición
pretendía conseguir en el Tribunal Constitucional y en las manifestaciones
masivas lo que no ha podido conseguir en las urnas. No parece existir nadie en
torno al cual pudieran ponerse de acuerdo como candidato presidencial. Un
candidato sólido y pragmático podría ser Kemal Dervis, antiguo ministro de
Economía, que actualmente trabaja en las Naciones Unidas, si alguien lograra
convencerle de que volviera a la vida política del país.
Irónicamente, el 10% de los votos necesarios para
conseguir representación en el parlamento, un umbral fijado principalmente para
los partidos kurdos, también está perjudicando los intereses de la oposición
del AKP y, por ende, de la elite laica. El parlamento no está equilibrado: el AKP
cuenta tan sólo con el 34% de los votos, pero con casi dos tercios de los
escaños. Como resultado, la candidatura islamista a la presidencia está
generando un reordenamiento de los partidos políticos. Dos de los partidos que
en su día dominaron Turquía pero que hoy por hoy han pasado a ser partidos
conservadores insignificantes, el Partido de la Madre Patria (ANAP) y Partido
de la Recta Vía (DYP), van a unirse bajo la bandera del Partido Demócrata.
Conclusión:
Turquía ha cambiado
considerablemente en los 10 años posteriores al golpe de Estado “posmoderno”. El proceso de adhesión a la UE, parcialmente
paralizado desde el pasado diciembre por no haberse conseguido resolver el ya
duradero conflicto en torno a Chipre, ha sido un tremendo catalizador del
cambio. Los militares, sin embargo, no han modificado suficientemente su forma
de pensar. Oli Rehn, comisario europeo para la Ampliación de la UE, recordó a
los generales que la UE se basa en una serie de principios entre los que se
incluye “la supremacía del poder democrático civil sobre el militar” y que si
un país quería “convertirse en miembro de la Unión debía respetar esos
principios”.
Los militares consiguieron restar importancia a esa
advertencia, en parte porque Europa cada día adopta una postura distinta con respecto
al ingreso turco en la UE y está perdiendo influencia entre las fuerzas armadas
y apoyo entre los ciudadanos, cuyo entusiasmo va en descenso. La elección de Nicolas
Sarkozy como nuevo presidente de Francia fue una mala noticia para las
expectativas turcas de cara a la UE, ya que éste se muestra inflexible en su
postura contraria al ingreso turco. Washington, para quien Ankara es un aliado
crucial (su ejército es el segundo de mayor tamaño en la OTAN) y con quien han
empeorado sus relaciones como consecuencia de la guerra en Irak (que ha
provocado un aumento del sentimiento antiamericano entre los turcos), tampoco se
mostró demasiado enérgico en su denuncia contra los generales, por miedo a
contrariarles.
El modo en que termine resolviéndose la cuestión no
sólo resultará importante para Turquía, sino también para el resto del mundo
musulmán y para quienes creen que pueden conciliarse laicismo y democracia. Si
el parlamento no aprueba los cambios constitucionales de
forma que el presidente pueda ser elegido por votación popular, puede que la
cuestión se someta a referéndum en las mismas fechas que las elecciones
generales previstas para el 22 de julio. Según una reforma propuesta, el
presidente podría ocupar un máximo de dos mandatos de cinco años cada uno, en
vez de uno de siete años, y el mandato del parlamento duraría cuatro años en
vez de cinco. Gül dijo que se presentaría a las elecciones presidenciales si
finalmente la votación fuera popular. Así, parece inevitable una nueva
confrontación con los militares, a menos que el AKP cambie
de opinión y proponga una figura no islamista como presidente.
La mejor opción para Turquía sería que el AKP resultara
reelegido y accediera a la presidencia y que se redujera el poder tanto del ejército
como del presidente. El rey Juan Carlos I de España, que ascendió al trono en 1975
tras la muerte del General Franco, hizo la confidencia de que la democracia de
su país no se consolidaría realmente hasta que los socialistas llegaran al
poder (lo hicieron en 1982). Y lo mismo puede decirse de que un islamista se
convierta en presidente de Turquía, ya que eso significaría que el país ha
llegado a su mayoría de edad como democracia moderna.
William
Chislett Periodista y escritor
Mientras que a la mujer de Erdogan se le ha permitido
entrar en la Casa Blanca en Washington con un hiyab, no se le permite llevarlo en el palacio presidencial de
Ankara. La cuestión del hiyab en
Turquía es extremadamente compleja. En noviembre de 2005, el Tribunal Europeo
de Derechos Humanos rechazó una apelación de una estudiante que en 1998 había
denunciado que no se le había permitido entrar en un aula de la Universidad de
Estambul por llevar la cabeza cubierta con el pañuelo islámico. El fallo,
fundamentado en la necesidad de “preservar el carácter laico de las
instituciones educativas”, supuso una amarga decepción para Erdogan, que
esperaba recibir apoyo de la UE y poder relajar así las restricciones al uso
del hiyab. En el Reino Unido, por
ejemplo, una estudiante habría ganado ese caso, mientras que en Francia se han
endurecido las leyes que regulan el uso de símbolos religiosos como parte de la
vestimenta. No existe ninguna postura oficial al respecto en el seno de la UE.
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