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estudios internacionales y estratégicos

La política exterior y de seguridad de Barack Obama: ¿Hacia un nuevo paradigma geopolítico estadounidense?

Charles Powell. DT 20/2015 - 29/12/2015

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Índice

Introducción – 3
1. La ‘revolución’ Obama – 3
2. Barack Hussein Obama: un presidente estadounidense para el siglo XXI – 5
3. La weltanschauung de Obama: la Estrategia de Seguridad Nacional de 2010 – 7
4. De las musas al teatro: la difícil implementación de una política revisionista – 11
4.1. Diplomacia e instituciones multilaterales – 12
4.1.1. La lucha contra el cambio climático – 12
4.1.2. De los Objetivos del Milenio a los de Desarrollo Sostenible – 12
4.1.3. El acuerdo nuclear con Irán – 13
4.2. El auge de China y sus consecuencias para Asia-Pacífico – 14
4.3. La frustrante relación con Rusia – 17
4.4. La (eterna) lucha contra el terrorismo global – 19
4.5. Oriente Medio: la pesadilla de nunca acabar – 21
4.6. Unas relaciones transatlánticas decepcionantes – 26
4.7. América Latina: el vecino invisible – 29
5. Conclusión: la ‘doctrina Obama’ y su posible legado – 30

Introducción1

Este artículo pretende ofrecer una interpretación coherente de los cambios producidos en la política exterior y de seguridad de Estados Unidos bajo la presidencia de Barack Obama. Para ello, presentamos en primer lugar un breve análisis de los factores biográficos que han podido contribuir a moldear lo que los estudiosos del Foreign Policy Analysis denominan el ‘código operativo’ del presidente. A continuación realizamos un análisis pormenorizado de la Estrategia de Seguridad Nacional de 2010, tanto para ayudarnos a comprender la weltanschauung (visión del mundo) de Obama cuando llegó a la presidencia como por su posible valor predictivo. En el cuerpo central del artículo se analizan los principales aspectos de la política exterior y de seguridad de la administración norteamericana, procurando entrelazar sus aspectos más definitorios. Por último, el texto cierra con un apartado en el que se plantea la existencia y naturaleza de una posible ‘doctrina Obama’, y concluye con algunas reflexiones sobre la posible continuidad de la política exterior y de seguridad del presidente una vez finalizado su segundo mandato, en enero de 2017.

1. La ‘revolución’ Obama

El triunfo de Barack Hussein Obama en los comicios presidenciales de noviembre de 2008 se debió en no poca medida a su capacidad para convencer a amplios sectores del electorado norteamericano que su elección permitiría una rectificación radical de la política exterior y de seguridad de su inmediato predecesor, George W. Bush (2001-09). Cabe afirmar incluso que, con la posible excepción de Jimmy Carter, ningún candidato presidencial se había esforzado tanto como el senador por Illinois por distanciarse de su predecesor, al menos desde 1945. Como se recordará, Carter llegó a la Casa Blanca en 1977 con la promesa de cortar de raíz con el realismo supuestamente amoral cultivado por sus predecesores Richard Nixon (1969-74) y Gerald Ford (1974-77) durante la era de la détente (distensión), atribuible en buena medida a la visión estratégica de Henry Kissinger, a quienes culpaba de haberse aliado con las peores dictaduras del mundo por motivos exclusivamente geopolíticos, dando la espalda a la promoción de la democracia y los derechos humanos. El presidente sureño procuró mantenerse fiel a dicha promesa, pero la toma de rehenes norteamericanos por parte del régimen de los ayatolás instaurado en Irán tras la caída del Shah y la invasión soviética de Afganistán en 1979 supusieron un duro choque con la realidad, del que nunca se recuperó. Por su parte, Obama alcanzó la presidencia con el objetivo nada modesto de ‘resetear’ (reset) o reiniciar la política exterior estadounidense, lo cual permitiría, entre otros objetivos, poner fin a la presencia militar norteamericana en Irak y Afganistán, forjar una nueva relación con el mundo musulmán, replantear la ‘guerra global contra el terror’ declarada por Bush, cerrar el centro de detención de Guantánamo, y reconocer el cambio climático como una amenaza existencial para la seguridad nacional.

Durante la campaña de 2008, en la que la política exterior adquirió cierto protagonismo debido a la situación de Irak, el futuro presidente aludió reiteradamente a los cambios acaecidos en el mundo durante los dos mandatos de Bush. A su entender, durante esos años se había producido una aceleración notable del proceso de globalización, cuya manifestación más visible era el creciente peso económico y político de algunas potencias emergentes, sobre todo China, que se traducía a su vez en una fragmentación cada vez mayor del poder. El candidato también reconoció que Estados Unidos se enfrentaba a numerosos retos transnacionales, siendo el terrorismo yihadista tan solo uno de ellos, para hacer frente a los cuales resultaba imprescindible buscar la cooperación de otros estados, llegando a afirmar que “América no puede responder por si sola a las amenazas de este siglo”. De ahí que criticase duramente tanto el unilateralismo de su predecesor como su tendencia a “intimidar a otros países para que acepten los cambios que nosotros hemos tramado por nuestra cuenta”.2 De forma algo más ambigua, Obama también prometió recuperar la tradición multilateralista de la diplomacia estadounidense encarnada en su día por el presidente Woodrow Wilson (1913-21).

Por motivos obvios, el aspecto del programa internacional del senador por Illinois que mayor interés suscitó durante la campaña de 2008 fue su compromiso de poner fin a la presencia de tropas estadounidenses en Irak y Afganistán, que suscitaba un rechazo cada vez mayor en la opinión publica estadounidense. A pesar de ello, salvo las promesas de cerrar Guantánamo y de poner fin a las torturas sistemáticas realizadas en centros como el de Abu Ghraib, estas cuestiones no ocuparon un lugar especialmente destacado en los debates electorales, debido en parte al protagonismo creciente adquirido por la grave crisis financiera que se produjo a raíz del colapso de Lehman Brothers en septiembre de 2008, tan solo dos meses antes de la cita con las urnas. Por todo ello, si bien Obama se había presentado a las elecciones como un candidato que pretendía transformar la política exterior y de seguridad de Estados Unidos, cuando se instaló en el Despacho Oval en enero de 2009 no resultaba sencillo predecir su actuación futura como presidente. Tan es así que en el espacio de pocos meses fue definido por distintos expertos como un realista3, un internacionalista liberal4, un aislacionista5, e incluso un neoconservador.6 Dependiendo de la fuente consultada, Obama podía ser un frío defensor del interés nacional contrario al intervencionismo7, un idealista seducido por el sueño de la armonía universal8, un izquierdista inspirado por odios anticoloniales9, o incluso un mero apaciguador, incapaz de plantar cara a los enemigos de América.10

Charles Powell
Director del Real Instituto Elcano | @CharlesTPowell

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1 Una versión anterior de este artículo se publicó en: UE-EE.UU.: Una relación indispensable para la paz y la estabilidad mundiales. Cuadernos de Estrategia 177. Instituto Español de Estudios Estratégicos. Instituto de Estudios Europeos de la Universidad San Pablo-CEU (Ministerio de Defensa, Madrid, 2015).

2 LIZZA, Ryan, ‘The Consequentialist. How the Arab Spring remade Obama’s foreign policy’, The New Yorker, 2 de mayo, 2011.

3 ZAKARIA, Fareed, ‘Obama the realist’, Newsweek, 5 de diciembre, 2009.

4 TOMASKY, Michael, ‘Do conservatives know what they’re embracing?’, The Guardian, 11 de diciembre, 2009.

5 BLANKLEY, Tony, ‘Obama the isolationist?’, The Washington Times,  21 de junio, 2010.

6 PODHORETZ, John, ‘Barack the necon’, New York Post, 1 de septiembre, 2010.

7 AJAMI, Fouad, ‘A cold-blooded foreign policy’, Wall Street Journal, 30 de diciembre, 2009.

8 KAGAN, Robert, ‘The perils of wishful thinking’, American Interest, 5:3, enero-febrero 2010.

9 D’SOUZA, Dinesh, ‘How Obama thinks’, Forbes Magazine, 27 de septiembre, 2010.

10 KRAUTHAMMER, Charles, ‘Obama’s French lesson’, National Review, 2 de octubre, 2010.